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El poder comunitario de los jardines solidarios en bibliotecas

Miller, Alyssa. “Sharing More Than Food Through the Giving Garden.” Association for Library Service to Children (ALSC) Blog, mayo de 2026. Disponible en: ALSC Blog

Se describe la experiencia de un Giving Garden o “jardín solidario”, una iniciativa vinculada a bibliotecas que combina el cultivo de alimentos con la educación, la participación ciudadana y el fortalecimiento de los vínculos comunitarios.

La autora explica que estos espacios no se limitan a producir frutas, verduras o hierbas para personas que enfrentan inseguridad alimentaria, sino que se convierten en auténticos centros de aprendizaje y convivencia. A través del trabajo compartido en el jardín, personas de distintas edades y procedencias colaboran en una actividad común que fomenta la solidaridad y el compromiso social.

Uno de los aspectos más destacados del proyecto es su dimensión educativa. Los jardines ofrecen a niños y jóvenes la oportunidad de aprender de manera práctica sobre agricultura, sostenibilidad ambiental, nutrición y procedencia de los alimentos. En una época en la que muchas personas están desconectadas de los procesos de producción alimentaria, estas iniciativas permiten comprender el esfuerzo necesario para cultivar alimentos y desarrollar una mayor conciencia sobre el desperdicio y el consumo responsable. Además, el aprendizaje se produce de forma experiencial, favoreciendo la curiosidad y el descubrimiento.

El artículo también pone de relieve el papel de las bibliotecas como agentes de transformación comunitaria. Tradicionalmente asociadas al acceso al conocimiento y a la lectura, las bibliotecas amplían su función al convertirse en espacios donde se promueven actividades relacionadas con la salud, la sostenibilidad y la cohesión social. El jardín se transforma así en una extensión de la misión educativa de la biblioteca, permitiendo que el aprendizaje salga de las salas de lectura y se materialice en experiencias prácticas y colaborativas.

Otro elemento importante es el impacto social del proyecto. Los alimentos cultivados son donados a bancos de alimentos, despensas comunitarias o familias necesitadas, contribuyendo a mejorar el acceso a productos frescos y saludables. Sin embargo, la autora insiste en que el verdadero valor del jardín va más allá de la producción agrícola. El proceso de cultivar juntos genera relaciones de confianza, crea oportunidades de voluntariado y fortalece el sentido de pertenencia a la comunidad. De este modo, el jardín produce simultáneamente alimentos y capital social.

Finalmente, el texto defiende que iniciativas como los Giving Gardens representan una forma innovadora de servicio bibliotecario. Al integrar educación ambiental, acción comunitaria y ayuda social, estos proyectos demuestran cómo las bibliotecas pueden responder a necesidades locales de manera creativa y significativa. Más que simples espacios de cultivo, los jardines solidarios se convierten en lugares donde florecen el aprendizaje, la cooperación y la responsabilidad compartida, reforzando el papel de la biblioteca como institución al servicio del bienestar colectivo.

Las bibliotecas: la institución más democrática que debemos proteger

Shahbaz, A. “Libraries Are the Most Democratic Institution; We Need to Preserve Them.” Iowa State Daily, 2026. Disponible en: Iowa State Daily

Las bibliotecas constituyen una de las instituciones más democráticas de la sociedad contemporánea debido a que garantizan un acceso libre, gratuito y equitativo al conocimiento. El autor sostiene que, en un contexto marcado por la polarización política, la desigualdad económica y la creciente desinformación, las bibliotecas siguen siendo espacios donde cualquier persona, independientemente de su origen, nivel educativo o situación económica, puede acceder a información fiable y desarrollar su capacidad crítica. Esta función las convierte en pilares esenciales para la participación ciudadana y el fortalecimiento de la democracia.

El texto subraya que las bibliotecas son mucho más que depósitos de libros. Actúan como centros comunitarios que ofrecen acceso a recursos tecnológicos, programas educativos, alfabetización digital, apoyo académico y oportunidades de aprendizaje permanente. Gracias a estos servicios, contribuyen a reducir las brechas sociales y digitales que afectan a numerosos colectivos. En este sentido, el autor considera que las bibliotecas representan una inversión pública en igualdad de oportunidades y en la formación de ciudadanos informados y capaces de tomar decisiones fundamentadas.

Shahbaz también alerta sobre las amenazas que enfrentan actualmente estas instituciones. Entre ellas menciona los recortes presupuestarios, las campañas de censura, las prohibiciones de libros y los intentos de limitar la diversidad de perspectivas presentes en las colecciones. A su juicio, estas medidas no solo perjudican a las bibliotecas, sino que erosionan principios democráticos fundamentales como la libertad intelectual, la libertad de expresión y el derecho de acceso a la información. La defensa de las bibliotecas, por tanto, se presenta como una defensa de los valores democráticos mismos.

Finalmente, el autor hace un llamamiento a la ciudadanía para que apoye activamente a las bibliotecas públicas y académicas. Considera que preservar estas instituciones significa proteger espacios de diálogo, aprendizaje y participación que resultan imprescindibles para la salud democrática de cualquier sociedad. En una época caracterizada por la abundancia de información y la dificultad para discernir su calidad, las bibliotecas continúan desempeñando una función insustituible como garantes del acceso equitativo al conocimiento y como motores de cohesión social.

La responsabilidad de proteger nuestras bibliotecas recae sobre todos nosotros. Constituyen la primera barrera frente a la opresión, y cualquiera que pretenda arrebatárnoslas atenta contra los fundamentos de una sociedad bien organizada. Las bibliotecas no son simplemente otra institución financiada por el Estado. Son una condición indispensable para que podamos tener un gobierno verdaderamente nuestro. Un sólido sistema bibliotecario es lo que nos da poder como ciudadanos y, en última instancia, nos pertenece a todos.

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¿Qué es un Bookface, para que sirve y como hacerlo?

Un Bookface es una actividad creativa y fotográfica que consiste en alinear la portada de un libro con una persona o un entorno real, de manera que la imagen de la cubierta se integre visualmente con la realidad y parezca una sola escena.

El Bookface es una técnica fotográfica creativa que consiste en combinar la portada de un libro con una persona, un objeto o un escenario real para crear una ilusión visual en la que ambos elementos parecen formar una única imagen. La clave de esta práctica reside en la alineación precisa entre la ilustración o fotografía de la cubierta y la realidad que la rodea. De este modo, una cara impresa en un libro puede convertirse en el rostro de una persona real, o un paisaje representado en la portada puede prolongarse de manera natural en el entorno donde se realiza la fotografía. El resultado suele ser sorprendente, divertido y visualmente atractivo, lo que explica su enorme popularidad en bibliotecas, centros educativos, librerías y redes sociales.

Esta práctica comenzó a ganar notoriedad durante la década de 2010 gracias a la difusión de fotografías en plataformas digitales bajo etiquetas como #Bookface o #BookfaceFriday. Bibliotecarios, docentes, estudiantes y lectores descubrieron en esta actividad una forma original de acercarse a los libros y de compartir su pasión por la lectura. A diferencia de otras iniciativas de promoción lectora basadas exclusivamente en la recomendación de obras, el Bookface introduce un componente artístico y participativo que invita a los usuarios a interactuar físicamente con los libros y a observar sus portadas desde una perspectiva diferente. La actividad combina elementos de fotografía, diseño visual, creatividad y expresión personal, convirtiendo al libro en protagonista de una experiencia cultural dinámica.

En el ámbito bibliotecario, el Bookface se ha consolidado como una herramienta eficaz para fomentar la lectura y aumentar la visibilidad de las colecciones. Muchas bibliotecas organizan concursos, exposiciones y campañas en redes sociales en las que usuarios y profesionales comparten sus creaciones. Estas iniciativas contribuyen a proyectar una imagen más cercana, innovadora y participativa de las bibliotecas, especialmente entre el público joven. Además, permiten destacar libros que podrían pasar desapercibidos en las estanterías, ya que la búsqueda de cubiertas adecuadas para realizar un Bookface lleva a los participantes a explorar géneros, autores y títulos muy diversos.

Desde una perspectiva educativa, el Bookface también posee un importante valor pedagógico. La actividad estimula la observación, la creatividad y la capacidad de planificación, ya que requiere analizar cuidadosamente las características de la portada, seleccionar el encuadre adecuado y coordinar la posición de los elementos para lograr el efecto deseado. Asimismo, favorece el trabajo colaborativo cuando se realiza en grupo y puede integrarse en proyectos relacionados con la lectura, las artes visuales, la alfabetización mediática o la comunicación digital. Al mismo tiempo, ayuda a desarrollar competencias vinculadas al uso de la imagen y a la comprensión de cómo se construyen los mensajes visuales.

El éxito del Bookface radica en su capacidad para transformar un objeto cotidiano como el libro en una experiencia interactiva y creativa. No se trata únicamente de una fotografía ingeniosa, sino de una forma de establecer nuevas conexiones entre las personas y los libros. Gracias a su sencillez y a los escasos recursos que requiere, cualquier biblioteca, escuela o lector puede participar en esta práctica, convirtiendo la promoción de la lectura en una actividad lúdica, participativa y altamente atractiva para la sociedad digital contemporánea.

Rediseñando la catalogación bibliotecaria en la era de la inteligencia artificial

Two people interacting with an AI cataloging touchscreen in a modern library
Two people using an AI cataloging interface in a bright, spacious library

Program for Cooperative Cataloging (PCC), Library of Congress. PCC Task Group on AI and Machine Learning for Cataloging and Metadata: Final Report. Washington, D.C.: Library of Congress, 2024. PDF. https://www.loc.gov/aba/pcc/taskgroup/TG-Strategic-Planning-AI-final-report.pdf

Este informe final es el resultado del trabajo del Task Group del Program for Cooperative Cataloging (PCC) creado en diciembre de 2023 con el objetivo de analizar el impacto actual y potencial de la inteligencia artificial (IA) y el aprendizaje automático en los procesos de catalogación y gestión de metadatos en bibliotecas. El grupo llevó a cabo un estudio exploratorio basado en una encuesta distribuida en marzo de 2024, que obtuvo 193 respuestas de profesionales del ámbito bibliotecario y de la información.

El documento parte de el informe Environmental scan sobre el uso emergente de la IA en bibliotecas, especialmente en tareas relacionadas con catalogación, descripción bibliográfica, normalización de metadatos y apoyo a la toma de decisiones en sistemas de información. A partir de los resultados de la encuesta, el informe identifica patrones comunes de adopción, preocupaciones profesionales y oportunidades de desarrollo en el uso de estas tecnologías.

Uno de los aportes centrales del informe es la identificación de seis grandes temas transversales que reflejan cómo la comunidad bibliotecaria está interpretando la incorporación de la IA. Estos temas incluyen cuestiones relacionadas con la calidad de los datos, la confianza en los sistemas automatizados, la necesidad de supervisión humana, la formación profesional, la interoperabilidad de sistemas y el impacto organizativo de estas tecnologías en los flujos de trabajo bibliotecarios.

A partir de este análisis, el Task Group formula un conjunto de recomendaciones estratégicas dirigidas al PCC, orientadas a guiar la integración responsable de la IA en la catalogación. Entre estas recomendaciones se incluyen la necesidad de promover la alfabetización en IA entre los profesionales, fomentar marcos de gobernanza y ética, y apoyar el desarrollo de estándares que aseguren la calidad y consistencia de los metadatos generados o asistidos por IA.

El informe también propone líneas de acción institucional, entre las que destacan tres grandes direcciones:

(1) fortalecer la colaboración con comunidades más amplias de gestión de datos y metadatos,

(2) fomentar una cultura de pluralismo tecnológico que no dependa de una única solución o proveedor, y

(3) mejorar la forma en que el PCC documenta, almacena y comparte el conocimiento generado en torno a estas tecnologías.

Finalmente, el documento incluye un compendio de recursos sobre IA y catalogación, destinado a ser difundido a través del PCC Wiki, con el objetivo de servir como base de referencia para bibliotecarios, catalogadores e investigadores interesados en la aplicación de IA en el ámbito de los metadatos.

En conjunto, este informe representa un paso significativo en la reflexión institucional del mundo bibliotecario sobre la inteligencia artificial, al situar el foco no solo en la adopción tecnológica, sino también en sus implicaciones éticas, organizativas y profesionales dentro de los sistemas de catalogación modernos.

El coste de recortar personal de las bibliotecas: por qué eliminar bibliotecas sale caro

Hannah Rosborough. The Legal Cost of Cutting Librarians. Publicado en la revista jurídica canadiense Slaw, 2 de junio de 2026.

El artículo analiza las consecuencias legales, educativas y sociales derivadas de la reducción de personal bibliotecario en instituciones públicas, tomando como punto de partida los recortes anunciados por el sistema de colegios comunitarios de Nueva Escocia (NSCC), que eliminó decenas de puestos de trabajo debido a un importante déficit presupuestario provocado por la reducción de la financiación pública provincial. Entre los puestos afectados se encuentran numerosos bibliotecarios y profesionales de la información.

La autora sostiene que, cuando los responsables políticos y administrativos buscan equilibrar presupuestos, las bibliotecas suelen ser consideradas servicios secundarios o prescindibles. Sin embargo, esta percepción ignora el papel fundamental que desempeñan los bibliotecarios en la garantía del acceso a la información, la alfabetización informacional y el apoyo al aprendizaje. El recorte de estos profesionales no solo tiene efectos educativos inmediatos, sino que puede generar importantes riesgos jurídicos e institucionales a medio y largo plazo.

Uno de los argumentos centrales del texto es que las bibliotecas constituyen una infraestructura esencial para el acceso equitativo al conocimiento. Los bibliotecarios ayudan a estudiantes, investigadores y ciudadanos a localizar información fiable, evaluar fuentes, comprender derechos de autor, acceder a recursos especializados y desarrollar competencias críticas para desenvolverse en una sociedad saturada de información. Cuando desaparecen estos servicios, aumentan las desigualdades entre quienes poseen recursos y habilidades para acceder a la información por sí mismos y quienes dependen de la mediación profesional para hacerlo.

Desde una perspectiva jurídica, el artículo advierte que la pérdida de personal bibliotecario puede afectar al cumplimiento de obligaciones legales relacionadas con la accesibilidad, la igualdad de oportunidades educativas y la preservación documental. Las instituciones públicas tienen responsabilidades específicas en materia de acceso a la información, apoyo a personas con discapacidad, conservación de registros y garantía de servicios educativos adecuados. La reducción de bibliotecarios puede dificultar el cumplimiento de estas obligaciones y aumentar el riesgo de litigios, reclamaciones administrativas o cuestionamientos regulatorios.

La autora también destaca que los bibliotecarios son profesionales especializados en la gestión de riesgos informativos. Su trabajo contribuye a evitar errores derivados del uso de información inexacta, obsoleta o poco fiable. En ámbitos como la educación superior, la investigación científica o el asesoramiento jurídico, la ausencia de este apoyo profesional puede traducirse en decisiones deficientes, problemas de cumplimiento normativo y costes institucionales mucho mayores que el ahorro obtenido mediante los despidos.

Otro aspecto relevante es la función de las bibliotecas como espacios de inclusión social y participación democrática. Más allá de la gestión de colecciones, los bibliotecarios facilitan el acceso a servicios digitales, apoyan a usuarios vulnerables, promueven la alfabetización mediática y ayudan a combatir la desinformación. Reducir estos servicios puede debilitar la capacidad de las instituciones para atender a comunidades diversas y responder a las necesidades informativas de la ciudadanía.

El artículo concluye que los recortes en bibliotecas suelen presentarse como medidas de ahorro económico, pero en realidad pueden generar costes ocultos muy elevados. La pérdida de acceso a la información, el incremento de las desigualdades educativas, los riesgos de incumplimiento legal y la erosión de la capacidad institucional para servir al público representan consecuencias que a menudo superan ampliamente los beneficios presupuestarios inmediatos. En este sentido, la autora defiende que los bibliotecarios deben ser considerados una inversión estratégica y no un gasto prescindible

Guía de políticas editoriales de IA en bibliotecas: estándares, ejemplos y decisiones para la publicación académica

Library Publishing Coalition. AI Editorial Policy Guide. Library Publishing Coalition (LPC), 2026. Disponible en: https://librarypublishing.org/wp-content/uploads/2026/05/AI-Editorial-Policy-Guide-LPC-2026.pdf

El documento de la Library Publishing Coalition (LPC) es una guía práctica dirigida a editores, bibliotecas universitarias y gestores de revistas académicas para diseñar, implementar y mantener políticas editoriales sobre el uso de inteligencia artificial (IA) en contextos de publicación científica y académica. Su objetivo principal no es imponer una normativa única, sino ofrecer un marco flexible de referencia para que cada institución pueda desarrollar su propia política adaptada a sus necesidades, valores y nivel de madurez digital.

La guía parte de una idea central: la irrupción de la IA generativa en la escritura, edición, revisión y difusión científica obliga a redefinir los criterios tradicionales de autoría, responsabilidad, integridad y transparencia editorial. En este sentido, el documento se inscribe en un contexto más amplio de creciente preocupación internacional por la gobernanza de la IA en el ecosistema académico, donde distintas organizaciones están desarrollando marcos éticos, protocolos de revisión y normas de uso responsable.

El informe se organiza en cuatro grandes bloques: desarrollo de políticas, elementos fundamentales de una política editorial de IA, ejemplos comentados y recursos adicionales. Esta estructura permite combinar teoría, práctica y referencias concretas de políticas ya existentes en revistas y editoriales académicas.

En el apartado de desarrollo de políticas, la guía subraya que cualquier normativa sobre IA debe partir de una reflexión institucional previa sobre objetivos editoriales, tipo de publicación, público destinatario y nivel de riesgo aceptable. No todas las revistas o programas editoriales requieren el mismo grado de restricción, por lo que se recomienda evitar modelos rígidos y optar por enfoques adaptativos.

El bloque dedicado a los elementos fundamentales de una política de IA identifica componentes clave que deberían aparecer en cualquier normativa editorial contemporánea. Entre ellos destacan:

  • Definición explícita de qué se entiende por herramientas de IA
  • Reglas sobre su uso en la redacción de manuscritos
  • Criterios de transparencia y declaración obligatoria del uso de IA
  • Normas sobre autoría y responsabilidad intelectual
  • Uso de IA en revisión por pares y procesos editoriales
  • Protección de datos, confidencialidad y propiedad intelectual

Estos elementos reflejan una preocupación central: garantizar que la IA no sustituya la responsabilidad humana en la producción del conocimiento académico.

Uno de los aportes más útiles del documento es la recopilación de ejemplos reales de políticas editoriales de IA aplicadas en revistas académicas y programas de publicación universitaria. Estos ejemplos muestran una gran diversidad de enfoques, desde modelos muy restrictivos hasta otros más permisivos pero regulados.

En términos generales, se identifican tres tendencias principales:

  1. Enfoque restrictivo
    Algunas editoriales prohíben el uso de IA generativa para redactar manuscritos o producir contenido final, permitiendo únicamente su uso en tareas auxiliares como corrección lingüística o formateo.
  2. Enfoque de uso asistido
    Se permite la IA como herramienta de apoyo (ideación, revisión, edición), pero se exige transparencia total, incluyendo la obligación de declarar qué herramientas se han utilizado y en qué parte del proceso.
  3. Enfoque de integración controlada
    La IA se incorpora como parte del flujo editorial (por ejemplo, en metadatos, revisión de estilo o apoyo a la indexación), siempre bajo supervisión humana y con trazabilidad clara.

Este abanico de modelos refleja que el sector editorial no ha alcanzado aún un consenso global sobre cómo regular la IA, aunque sí existe acuerdo en principios básicos como la transparencia, la responsabilidad humana y la integridad académica.

Por qué las bibliotecas son más importantes que nunca para la democracia

Chon, Margaret (2026) «Why Libraries Matter Now More Than Ever to Democracy: Legal and Policy Issues Affecting the Future of Public Knowledge,» Seattle University Law Review Online: Vol. 49, Article 1. Available at: https://digitalcommons.law.seattleu.edu/sulro/vol49/iss1/1

El conocimiento público es un bien común tan esencial como el aire o el agua, y su existencia no puede darse por sentada. En una sociedad plural, donde conviven perspectivas diversas y en ocasiones irreconciliables, las bibliotecas desempeñan un papel clave al preservar la visibilidad del debate intelectual a lo largo del tiempo. Esta función permite que cada generación pueda acceder a las huellas del conocimiento, revisarlas críticamente y continuar el proceso de construcción cultural y democrático. Desde esta perspectiva, las bibliotecas no son únicamente depósitos de información, sino infraestructuras fundamentales para la deliberación democrática y la continuidad del pensamiento público.

La autora sitúa su reflexión en un contexto político contemporáneo marcado por tensiones institucionales y por lo que interpreta como amenazas crecientes a la infraestructura del conocimiento. En este escenario, destaca la importancia de las bibliotecas como instituciones que garantizan el acceso estable, plural y no partidista a la información. Sin embargo, advierte que estas instituciones han sido frecuentemente infravaloradas o mal comprendidas, a pesar de su papel silencioso pero decisivo en la protección del acceso ciudadano al conocimiento y, por extensión, en el equilibrio de poder frente a posibles formas de opresión estatal o privada.

Un eje central del texto es la importancia de las bibliotecas federales en Estados Unidos, especialmente la Library of Congress, presentada como una institución singular tanto por su magnitud como por su valor simbólico y funcional. Chon destaca que esta biblioteca alberga colecciones de enorme relevancia histórica y cultural, desde la Biblia de Gutenberg hasta manuscritos fundacionales del país y testimonios de la esclavitud. Más allá de su función como archivo, también actúa como organismo de referencia legislativa y como pieza clave en el sistema de derechos de autor, lo que refuerza su carácter híbrido entre institución cultural, jurídica y política.

El artículo también subraya la fragilidad institucional de estas estructuras en el contexto político reciente. Se describen episodios de tensiones en torno a la financiación de bibliotecas y museos federales, así como controversias sobre el liderazgo y la independencia de la Library of Congress y de la Oficina de Derechos de Autor. Estos acontecimientos son interpretados como síntomas de una vulnerabilidad estructural que afecta a la estabilidad del sistema de conocimiento público, al tiempo que ponen de relieve la necesidad de proteger la autonomía de estas instituciones frente a posibles interferencias del poder ejecutivo.

En el marco del simposio que la autora introduce, se agrupan diversas contribuciones académicas que analizan las bibliotecas desde tres perspectivas complementarias. La primera se centra en el papel de las bibliotecas federales como infraestructuras democráticas de información; la segunda aborda los problemas constitucionales relacionados con la separación de poderes y la estructura institucional de la Library of Congress; y la tercera examina los desafíos que plantea el entorno digital, especialmente en relación con las licencias de contenidos y las restricciones legales que afectan al acceso al conocimiento en bibliotecas públicas.

En relación con el segundo bloque, se discuten propuestas para reformar la estructura institucional de la Library of Congress, particularmente en lo que respecta a la ubicación y funciones de la Oficina de Derechos de Autor. El debate gira en torno a la necesidad de clarificar las competencias entre funciones legislativas, ejecutivas y administrativas, con el objetivo de proteger la independencia de la institución y garantizar la continuidad de su misión pública. Esta discusión refleja tensiones más amplias en el diseño constitucional del sistema estadounidense y en la interpretación de la separación de poderes en el ámbito del conocimiento.

El tercer bloque aborda el impacto de la digitalización y de los modelos de licencia sobre el acceso a la información en bibliotecas. Se argumenta que los contratos digitales han introducido nuevas barreras que limitan la capacidad de las bibliotecas para conservar, prestar y preservar contenidos en formato electrónico. Frente a ello, algunos autores proponen soluciones basadas en el depósito legal y en la propiedad pública de los materiales depositados, mientras que otros analizan las consecuencias más amplias de la privatización del acceso al conocimiento, incluyendo problemas de vigilancia digital y desinformación.

En conjunto, el texto concluye con una reflexión de carácter normativo y casi programático: la defensa de las bibliotecas no es únicamente una cuestión técnica o profesional, sino una condición esencial para la supervivencia de la democracia. En un contexto histórico marcado por celebraciones fundacionales y al mismo tiempo por incertidumbres políticas, la autora reivindica la necesidad de reforzar las instituciones del conocimiento público como garantía de continuidad democrática, justicia informativa y memoria colectiva.

Una ciudad que juega junta: cómo se organiza un juego bibliotecario con 17.000 participantes

Arata, Hannah. 2026. “A City That Plays Together: What It Takes to Run a 17,000-Player Library Game.” Programming Librarian, March 20, 2026. https://programminglibrarian.org/articles/what-it-takes-run-17000-player-library-game

Se explica el funcionamiento del Summer Game de la Ann Arbor District Library (AADL), un programa de gamificación comunitaria que ha llegado a movilizar a más de 17.000 participantes en una sola edición. Lo que en origen era una iniciativa de fomento de la lectura se ha convertido en un evento urbano de gran escala que integra juego, biblioteca, ciudad y comunidad en un único sistema participativo.

El juego se desarrolla durante el verano y combina varias dinámicas: lectura tradicional (summer reading), códigos ocultos en espacios físicos de la ciudad (explorer codes) y pistas digitales integradas en el catálogo y la web de la biblioteca (online codes). Esta estructura híbrida permite que personas de todas las edades y niveles de acceso tecnológico participen de diferentes maneras, desde una implicación mínima hasta una experiencia de juego intensiva.

Uno de los aspectos más relevantes es la forma en que el juego se “expande” por el entorno urbano. Los códigos aparecen en lugares tan diversos como parques, escuelas, tiendas, museos o incluso elementos ya existentes del mobiliario urbano, como murales o placas. Esto convierte la ciudad en un tablero de juego distribuido, donde la exploración física y la interacción cultural se integran con la misión bibliotecaria.

El artículo subraya que el éxito del programa depende tanto de la creatividad como de una compleja infraestructura organizativa. Un equipo de unos diez profesionales de la biblioteca diseña las pruebas, genera los “badges” o insignias digitales y coordina la experiencia. A esto se suma la participación de otros departamentos: personal de atención al público, comunicación, mantenimiento y un equipo técnico encargado de garantizar el funcionamiento del sistema digital. El juego, por tanto, no es un añadido periférico, sino una operación institucional transversal.

La planificación es especialmente exigente debido a la escala del proyecto. Algunas partes del juego, como los desafíos basados en el catálogo, requieren una sincronización precisa con los sistemas bibliotecarios, ya que cualquier cambio en los registros podría romper las pistas. Esto obliga a una coordinación constante entre programación, catalogación y diseño de actividades, mostrando cómo la biblioteca se convierte también en una infraestructura tecnológica compleja.

El artículo también destaca el componente social y afectivo del programa. El Summer Game no solo incentiva el uso de la biblioteca, sino que genera identidad comunitaria. Los participantes coleccionan premios, siguen las “drops” semanales de insignias y se implican emocionalmente en el juego. Los objetos físicos (camisetas, pósters, peluches) funcionan como símbolos de pertenencia y refuerzan la visibilidad del proyecto en la vida cotidiana de la ciudad.

Otro elemento importante es la filosofía de inclusión. Aunque el juego utiliza humor, juegos de palabras y acertijos, el equipo intenta evitar barreras lingüísticas excesivas y ofrecer pistas que permitan participar incluso a quienes no dominan el inglés o ciertas referencias culturales. La idea es mantener el reto sin excluir.

Summer Game ha transformado la forma en que la comunidad percibe la biblioteca: ya no solo como un espacio de acceso a libros o servicios, sino como una plataforma de juego, aprendizaje y encuentro social. Este enfoque ha redefinido el verano lector tradicional, convirtiéndolo en una experiencia colectiva, creativa y distribuida por toda la ciudad.

55 momentos que redefinieron la biblioteconomía: una historia de bibliotecas, libertad y transformación social

Price, Sallyann. “55 Moments That Redefined Librarianship.” American Libraries Magazine, 1 de mayo de 2026. American Libraries Magazine

El artículo presenta la historia de las bibliotecas como una historia de transformación social constante. Las bibliotecas aparecen no solo como lugares donde se almacenan libros, sino como instituciones esenciales para la democracia, la igualdad de acceso a la información, la memoria colectiva y la defensa de los derechos civiles.

El artículo publicado por American Libraries con motivo del 150 aniversario de la American Library Association (ALA) recorre algunos de los momentos más decisivos de la historia de las bibliotecas estadounidenses desde 1876 hasta 2026. El texto muestra cómo las bibliotecas han evolucionado junto con la sociedad norteamericana, convirtiéndose en espacios de acceso democrático al conocimiento, defensa de la libertad intelectual, inclusión social y adaptación tecnológica.

La historia comienza en 1876 con la fundación de la American Library Association por un grupo de 103 bibliotecarios reunidos en Filadelfia. Entre los protagonistas destacó Melvil Dewey, creador de la Clasificación Decimal Dewey, sistema que revolucionó la organización bibliográfica. Sin embargo, el artículo también revisa críticamente su figura debido a sus actitudes racistas, antisemitas y a las denuncias por conducta inapropiada. En esos años se consolidaron innovaciones fundamentales como el catálogo en fichas y la creación de la primera escuela de biblioteconomía en Columbia College en 1887, lo que contribuyó a profesionalizar el trabajo bibliotecario.

A finales del siglo XIX y principios del XX, las bibliotecas públicas experimentaron una enorme expansión gracias a Andrew Carnegie, quien financió más de 2.500 bibliotecas gratuitas en todo el mundo. Paralelamente surgieron nuevas formas de servicio bibliotecario, como los bibliobuses impulsados por Mary Titcomb en 1905, destinados a acercar los libros a comunidades rurales. También comenzaron a desarrollarse bibliotecas escolares y servicios especializados para inmigrantes, aunque muchos de ellos estaban influenciados por políticas de americanización y asimilación cultural.

El artículo aborda igualmente las profundas desigualdades raciales de la época. En el sur segregado de Estados Unidos, las personas negras tenían acceso únicamente a bibliotecas separadas. Un ejemplo destacado fue la Western Branch Library de Louisville, inaugurada en 1908 como la primera biblioteca pública destinada exclusivamente a afroamericanos y gestionada por bibliotecarios negros.

Durante la Primera Guerra Mundial, la ALA creó el Library War Service, un programa que distribuyó millones de libros a soldados estadounidenses y estableció bibliotecas en campos militares. Esta experiencia reforzó la idea de las bibliotecas como instrumentos de apoyo moral, educativo y cultural incluso en tiempos de guerra. Posteriormente, durante la Gran Depresión, proyectos como el Pack Horse Library Project llevaron libros a regiones aisladas de los Apalaches mediante bibliotecarias a caballo, convirtiéndose en uno de los símbolos más recordados de la extensión bibliotecaria rural.

El texto también analiza la evolución de los servicios inclusivos. En 1931 se creó el servicio nacional de lectura para personas ciegas o con discapacidad visual, mientras que los premios Newbery y Caldecott ayudaron a legitimar la literatura infantil como un campo literario y educativo de gran importancia.

Uno de los momentos más críticos relatados fue la conferencia de la ALA en Richmond en 1936, celebrada bajo las leyes segregacionistas Jim Crow. Los asistentes negros fueron discriminados en hoteles, comidas y espacios de reunión. Las protestas posteriores impulsaron cambios en la organización y condujeron a políticas antidiscriminatorias dentro de la asociación.

A partir de la década de 1940, la defensa de la libertad intelectual se convirtió en uno de los ejes centrales de la profesión bibliotecaria. La aprobación de la Library Bill of Rights en 1939 y de la Freedom to Read Statement en 1953 consolidó el compromiso de las bibliotecas con la diversidad de ideas y la oposición a la censura, especialmente durante la Guerra Fría y el macartismo.

Las décadas de 1960 y 1970 estuvieron marcadas por la lucha por los derechos civiles. Numerosas protestas y sentadas en bibliotecas segregadas del sur contribuyeron a la desegregación de estos espacios. Bibliotecarios afroamericanos como E. J. Josey impulsaron reformas dentro de la ALA para combatir la discriminación racial. En esos años también surgieron grupos profesionales vinculados a movimientos sociales, como el Black Caucus, la Rainbow Round Table y Reforma, reflejando una profesión cada vez más diversa y comprometida socialmente.

El artículo destaca además la revolución tecnológica que transformó radicalmente las bibliotecas. El desarrollo del formato MARC por Henriette Avram permitió informatizar los registros bibliográficos y facilitó la transición desde los catálogos en fichas hacia los catálogos digitales. Más tarde, proyectos como Project Gutenberg y Google Books ampliaron enormemente el acceso digital a millones de textos.

En las décadas de 1980 y 1990 crecieron las polémicas sobre censura y retirada de libros. La creación de la Banned Books Week en 1982 respondió a los intentos de prohibir obras relacionadas con sexualidad, religión o diversidad cultural. Al mismo tiempo, internet y los ordenadores personales transformaron el acceso a la información y convirtieron a las bibliotecas en centros tecnológicos y de alfabetización digital.

En el siglo XXI, las bibliotecas enfrentaron nuevos desafíos relacionados con la vigilancia gubernamental, los desastres naturales y la desigualdad social. Tras los atentados del 11 de septiembre, la Patriot Act permitió el acceso gubernamental a registros bibliotecarios, lo que provocó una fuerte oposición de la ALA. Durante el huracán Katrina, muchas bibliotecas funcionaron como centros de ayuda comunitaria y acceso a información esencial.

El artículo también analiza medidas recientes como la eliminación de multas por retraso, consideradas una barrera injusta para usuarios con menos recursos, y la respuesta bibliotecaria durante la pandemia de COVID-19, cuando muchas bibliotecas ofrecieron acceso Wi-Fi, actividades virtuales y apoyo educativo remoto.

Finalmente, el texto se centra en los retos actuales: el impacto de la inteligencia artificial generativa, las campañas de censura dirigidas especialmente contra libros relacionados con comunidades LGBTQ+ y minorías raciales, y las tensiones políticas en torno a la financiación y el papel social de las bibliotecas. La llegada de herramientas como ChatGPT abrió debates sobre derechos de autor, alfabetización informacional y desinformación digital. Al mismo tiempo, la ALA y numerosos profesionales han impulsado campañas de defensa de las bibliotecas y de la libertad de lectura frente a crecientes presiones ideológicas.

Libros para las trincheras: el servicio bibliotecario de la ALA durante la Primera Guerra Mundial

Barcelona, Leanna. “The Books They Read: Library War Service in WWI.American Library Association Archives, 20 de marzo de 2017. https://www.library.illinois.edu/ala/2017/03/20/the-books-they-carried/

Se analiza uno de los episodios más singulares de la historia de las bibliotecas: el esfuerzo de los bibliotecarios estadounidenses por llevar libros y lectura a soldados y marineros durante la Primera Guerra Mundial. El texto explica cómo la llamada Library War Service transformó a las bibliotecas en instrumentos de apoyo moral, educativo y psicológico en medio del conflicto bélico.

La iniciativa comenzó en 1917, cuando la American Library Association organizó una enorme campaña nacional de recogida de fondos y donación de libros. El objetivo era proporcionar “un libro para cada hombre”, es decir, garantizar que todos los soldados estadounidenses, tanto en los campos de entrenamiento como en Europa, tuvieran acceso a materiales de lectura. La campaña alcanzó dimensiones extraordinarias: se recaudaron alrededor de cinco millones de dólares, se distribuyeron entre siete y diez millones de libros y revistas, y se construyeron treinta y seis bibliotecas militares financiadas por la Carnegie Corporation.

El artículo subraya que las bibliotecas de guerra no eran simples depósitos de libros, sino espacios de refugio emocional y cultural para los combatientes. Los soldados encontraban en la lectura una forma de evasión frente al horror de la guerra, pero también un medio para mantener la conexión con la vida civil y con la idea de un futuro después del conflicto. Según testimonios recogidos en el texto, los libros circulaban constantemente entre marineros y soldados, que tenían acceso libre a ellos sin restricciones ni controles estrictos.

Uno de los aspectos más interesantes del artículo es la reflexión sobre qué leían realmente los soldados. Aunque existía la imagen romántica de militares leyendo novelas de aventuras o relatos patrióticos, gran parte de las obras solicitadas eran libros técnicos y prácticos. Muchos combatientes buscaban prepararse para la reintegración laboral tras la guerra y leían manuales de mecánica, carpintería, ingeniería, negocios o transporte ferroviario. La lectura aparecía así vinculada a la formación profesional y a la movilidad social.

Al mismo tiempo, las novelas de ficción seguían teniendo un enorme éxito. Los relatos de aventuras, detectives y westerns ayudaban a aliviar la ansiedad y el agotamiento emocional. Algunas investigaciones posteriores sobre biblioterapia señalaron incluso que muchos soldados hospitalizados preferían historias sentimentales o novelas románticas, algo que sorprendió a los propios bibliotecarios militares. Estas observaciones contribuyeron al desarrollo temprano de la biblioterapia, entendida como el uso terapéutico de la lectura para mejorar el bienestar psicológico.

El texto también muestra el lado ideológico y censor de la iniciativa. No todos los libros eran aceptados. La ALA retiró determinadas obras consideradas pacifistas o favorables al bolchevismo, especialmente tras el aumento del miedo al comunismo después de la Revolución Rusa. Títulos relacionados con León Trotski o con análisis simpatizantes de Rusia revolucionaria fueron eliminados de las bibliotecas militares por considerarse peligrosos para “jóvenes impresionables”. Esto revela cómo las bibliotecas, incluso en contextos humanitarios, podían convertirse también en instrumentos de control ideológico.

El artículo destaca asimismo la importancia histórica de este programa para la evolución de las bibliotecas estadounidenses. La Library War Service convirtió a la American Library Association en una organización nacional de gran relevancia pública y consolidó la idea de la biblioteca como servicio esencial para la democracia y el bienestar social. La experiencia de guerra fortaleció la percepción de que las bibliotecas no solo debían conservar libros, sino también actuar como agentes activos de educación, integración y apoyo comunitario.