Boardman, Samantha. “Could That Museum Visit Help You Live Longer?”The Wall Street Journal, 2026. The Wall Street Journal
El artículo de Samantha Boardman en The Wall Street Journal plantea una idea cada vez más respaldada por la investigación: la participación habitual en actividades artísticas y culturales podría estar relacionada no solo con un mayor bienestar psicológico, sino también con un envejecimiento biológico más lento.
La autora parte de una experiencia personal con una amiga de más de 90 años, con quien suele visitar museos y galerías de Nueva York. Después de contemplar una exposición de Caspar David Friedrich en el Metropolitan Museum of Art, la mujer describió haber experimentado un cambio de ánimo extraordinariamente intenso. Para Boardman, psiquiatra, esta experiencia ilustra cómo el contacto con el arte puede producir una sensación de vitalidad que va más allá del simple entretenimiento.
La cuestión adquiere mayor interés a partir de una investigación de University College London que relaciona la participación en actividades culturales —como visitar museos y galerías, acudir a conciertos, cantar, bailar o realizar actividades artísticas— con determinados indicadores de edad biológica. El estudio analizó datos de miles de adultos y utilizó medidas epigenéticas para estimar el ritmo de envejecimiento. Los resultados sugieren que las personas con una participación cultural más frecuente y diversa presentan signos compatibles con un envejecimiento biológico más lento. La magnitud de la asociación fue comparable, según los investigadores, a la observada con uno de los factores tradicionalmente más estudiados en envejecimiento saludable: la actividad física.
El posible mecanismo no significa que “ir a un museo alargue la vida” de manera directa. Se trata de una asociación observacional y, por tanto, no permite demostrar que las visitas a museos sean la causa del menor envejecimiento biológico. Las actividades culturales pueden actuar a través de varios mecanismos simultáneos: favorecen las relaciones sociales, estimulan cognitivamente, generan emociones positivas, reducen el estrés y proporcionan experiencias de significado y conexión personal. Todos estos factores están relacionados con la salud y podrían contribuir conjuntamente a un envejecimiento más saludable.
La relación entre museos y bienestar también aparece en investigaciones más directamente centradas en la experiencia del visitante. Un estudio publicado en 2026 y realizado con 363 adultos en tres museos de arte de Seattle encontró que, después de pasar aproximadamente una hora visitando las galerías por su cuenta, los participantes se sentían significativamente más inspirados y menos irritables y nerviosos. Los efectos variaban según características personales y sociales, pero los resultados refuerzan la idea de que el museo puede funcionar como un espacio capaz de producir beneficios emocionales y de bienestar.
En este sentido, el artículo invita a ampliar la concepción tradicional de las políticas de envejecimiento saludable. Dieta equilibrada, ejercicio, sueño y atención médica continúan siendo fundamentales, pero la evidencia creciente sugiere que también deberían considerarse dimensiones como la participación cultural, las relaciones sociales, la creatividad y la búsqueda de experiencias significativas. El museo deja así de ser únicamente un lugar destinado a conservar y exhibir patrimonio para convertirse también en un espacio de salud, bienestar, estimulación intelectual y conexión social.
La conclusión más interesante es, por tanto, que la cultura podría formar parte de una estrategia integral de envejecimiento saludable. No porque contemplar un cuadro tenga un efecto médico equivalente al de un tratamiento o porque una visita concreta pueda modificar la edad biológica, sino porque mantener una vida culturalmente activa puede formar parte de un conjunto de comportamientos asociados con mayor bienestar y una mejor trayectoria de envejecimiento. El propio relato de la amiga nonagenaria de Boardman resume esta perspectiva: más que buscar únicamente vivir más años, se trata de conseguir que esos años estén llenos de curiosidad, emoción, conexión y sensación de estar realmente vivo.
En Planeta Biblioteca conversamos con Inmaculada López Melguizo sobre «Palabras que cuidan», un innovador proyecto de la Biblioteca Pública Municipal de La Chana (Granada) que convierte la biblioteca en un agente activo de promoción de la salud mental y el bienestar de las personas mayores. Analizamos cómo la lectura compartida, la escritura autobiográfica y la narración oral ayudan a combatir la soledad no deseada, fortalecer la memoria, mejorar la autoestima y crear redes de apoyo comunitario. También hablamos de las actividades de estimulación cognitiva, gestión emocional, encuentros intergeneracionales y participación cultural que integran el programa. La entrevista pone de relieve el papel de las bibliotecas como espacios de cuidado, inclusión y cohesión social, más allá de su función tradicional. Finalmente, López Melguizo comparte los excelentes resultados del proyecto y explica por qué este modelo puede replicarse con éxito en otras bibliotecas públicas.
«Palabras que cuidan» en la Biblioteca Pública Municipal de la Chana
López Melguizo, Inmaculada. “Palabras que cuidan: la Biblioteca Pública Municipal de La Chana como agente de salud mental para personas mayores a través de la lectoescritura y la narración oral.” Boletín de la Asociación Andaluza de Bibliotecarios, no. 131 (enero-junio 2026): 65-80
Inmaculada López Melguizo presenta el proyecto “Palabras que cuidan”, desarrollado en la Biblioteca Pública Municipal de La Chana (Granada), como una experiencia innovadora que sitúa a la biblioteca pública en el centro de las estrategias de promoción de la salud mental y del bienestar de las personas mayores. La autora parte de un contexto social marcado por el envejecimiento progresivo de la población, el incremento de los problemas de salud mental y el impacto creciente de la soledad no deseada y el aislamiento social. Frente a esta realidad, defiende que las bibliotecas pueden trascender su función tradicional de acceso a la información para convertirse en espacios de prevención, acompañamiento y cohesión comunitaria, utilizando la lectura, la escritura y la narración oral como herramientas terapéuticas y de inclusión social.
El programa está dirigido principalmente a personas mayores de 65 años, especialmente aquellas que viven solas o presentan situaciones de vulnerabilidad emocional, cognitiva o social. La propuesta metodológica se estructura como una intervención integral que combina actividades culturales, educativas y socioemocionales con el objetivo de favorecer el envejecimiento activo y mejorar la calidad de vida de los participantes. La iniciativa se apoya en un enfoque multidisciplinar en el que colaboran profesionales de la biblioteca, del ámbito sanitario, educativo y del voluntariado vecinal, reforzando la idea de que la biblioteca puede actuar como un auténtico nodo comunitario capaz de articular redes de apoyo y colaboración entre diferentes agentes sociales.
Inmaculada López Melguizo, en el centro, con un grupo de personas mayores en una de las actividades
Uno de los pilares fundamentales del proyecto es el programa “Lecturas que curan”, centrado en la lectura compartida en voz alta y en el uso de materiales adaptados mediante lectura fácil. La autora explica que la lectura en voz alta no solo favorece la comprensión lectora, sino que también estimula la memoria, la concentración, el enriquecimiento del vocabulario y la expresión oral. Además, destaca su capacidad para fortalecer los vínculos afectivos entre los participantes, despertar la imaginación y facilitar el acceso a la literatura a personas con dificultades visuales, lectoras o lingüísticas. La lectura compartida se convierte así en un instrumento de comunicación emocional y de creación de espacios seguros donde los mayores pueden compartir recuerdos, emociones y experiencias personales.
El segundo eje del programa, denominado “Palabras que sanan”, utiliza la escritura creativa y autobiográfica como vehículo para recuperar la memoria personal, reforzar la autoestima y ofrecer a las personas mayores la oportunidad de reconstruir y compartir su propia historia de vida. A través de ejercicios centrados en los recuerdos de la infancia, las personas y lugares significativos, las vivencias cotidianas o la transformación literaria de la experiencia personal, los participantes desarrollan capacidades expresivas al tiempo que fortalecen su identidad y preservan la memoria colectiva del barrio. El taller se desarrolla en un ambiente de respeto y ausencia de juicios, favoreciendo que cada persona encuentre las palabras necesarias para expresar su trayectoria vital.
La propuesta incorpora también un bloque específico de estimulación cognitiva, orientado al mantenimiento y mejora de funciones como la memoria, la atención, el lenguaje, el razonamiento y la orientación. Las actividades, planteadas mediante juegos, dinámicas grupales y ejercicios adaptados al nivel de cada participante, buscan reducir el aislamiento social y reforzar la integración comunitaria. El programa se complementa con sesiones de cinefórum que utilizan películas de temática literaria como punto de partida para el diálogo intergeneracional, la evocación de recuerdos y la expresión emocional, contribuyendo tanto al desarrollo del pensamiento crítico como al fortalecimiento de las relaciones sociales entre los asistentes.
Otro componente relevante del proyecto son los talleres de gestión emocional, orientados al aprendizaje de estrategias para afrontar el estrés, la ansiedad y el miedo. Estas actividades ayudan a identificar las sensaciones físicas asociadas a las emociones, comprender la relación entre cuerpo y mente y desarrollar habilidades de regulación emocional. Paralelamente, el programa promueve la narración oral mediante talleres donde las personas mayores recuperan el arte tradicional de contar historias, compartiendo recuerdos, leyendas, canciones y experiencias que fortalecen tanto su autoestima como la memoria colectiva de la comunidad. La grabación de estos testimonios en formatos escritos, sonoros y audiovisuales garantiza además su conservación como patrimonio cultural para generaciones futuras.
La dimensión comunitaria del proyecto se amplía mediante actividades culturales agrupadas bajo el nombre “Pasaporte de letras”, que incluyen visitas a museos, monumentos, librerías y conciertos con el propósito de fomentar la participación cultural, desarrollar la sensibilidad artística y reforzar el sentimiento de pertenencia al entorno. Asimismo, el programa “Puentes de vida” organiza encuentros entre personas mayores y estudiantes para favorecer el intercambio de conocimientos, valores y experiencias entre generaciones. Estas actividades persiguen reducir la soledad de las personas mayores, promover la empatía y el respeto entre jóvenes y mayores y fortalecer el tejido social de la comunidad mediante relaciones estables y significativas.
Los objetivos del proyecto se concretan en metas cuantificables relacionadas con la mejora del bienestar emocional, el fomento del hábito lector y escritor, el desarrollo de las capacidades cognitivas, la creación de vínculos sociales, la conservación de historias de vida y la detección temprana de situaciones de vulnerabilidad emocional. Para evaluar el impacto se establecen indicadores específicos, como porcentajes de participación, mejoras en pruebas cognitivas, niveles de satisfacción, incremento de las relaciones sociales y creación de un archivo permanente de relatos personales.
Los resultados obtenidos muestran un elevado grado de cumplimiento de los objetivos previstos. La autora señala una mejora significativa del bienestar emocional en el 78 % de los participantes, un aumento de la autoestima, una reducción de la ansiedad y de la sensación de soledad, así como una mejora media del 22 % en ejercicios de memoria y atención. El 82 % participó activamente en las actividades de lectura y escritura y dos tercios manifestaron su intención de mantener estos hábitos tras finalizar el programa. Además, el 93 % estableció relaciones sociales significativas dentro del grupo y más de la mitad continuó reuniéndose de forma autónoma después de concluir las actividades, lo que evidencia la consolidación de redes de apoyo comunitario. El proyecto también permitió crear un repositorio digital con doce historias de vida grabadas, preservando así un valioso patrimonio de memoria colectiva.
López Melguizo sostiene que “Palabras que cuidan” demuestra que la biblioteca pública puede desempeñar un papel activo y eficaz como agente de salud comunitaria. La combinación de lectoescritura, narración oral, estimulación cognitiva, acompañamiento emocional y participación cultural constituye una estrategia preventiva capaz de mejorar la calidad de vida de las personas mayores, fortalecer la cohesión social y combatir la soledad no deseada. La autora considera que el modelo es fácilmente replicable en otras bibliotecas públicas gracias a su bajo coste y al aprovechamiento de recursos ya existentes, recomendando ampliar la colaboración con los servicios sanitarios y sociales, incorporar materiales adaptados y mantener una programación estable que consolide a las bibliotecas como espacios de cuidado, bienestar y participación ciudadana.
Profesionales que han impartido los talleres y actividades:
Lecturas que curan que impartieron Andrea Villarrubia y Juan Mata.
El de escritura Palabras que sanan con Alejandro Pedregosa.
Gestión de estrés y emociones con la psicóloga Verónica Romero.
Visitas culturales con M. Teresa Hontoria de Granada Singular.
Estimulación cognitiva con Trinidad Ortiz
Documental a cargo de Marta Girón Adán.
-Voluntaria del proyecto: Mercedes Morales (Cheles)
-Jose Antonio M. Muñoz -Isabel María Morales Muñoz
Equipo sanitario encargado de la evaluación y seguimiento
-Inmaculada Gallardo García -Miriam Huertas Barros -Adrián García Barbarroja -Celia Carmen Cuadrado Alburquerque
La entrevista a Lur Barrios refleja una propuesta cultural original y profundamente humana a través de «La Más Cromática«, un espacio creativo donde el color se convierte en herramienta de expresión, aprendizaje y transformación personal. Lur plantea la creatividad como un refugio abierto a personas de todas las edades, en el que el arte sirve para explorar emociones, fortalecer la autoestima y desarrollar una mirada más consciente sobre el mundo visual que nos rodea. Frente a un contexto cada vez más marcado por la digitalización y la inteligencia artificial, el proyecto reivindica el valor de la experiencia presencial, la experimentación artística y el encuentro comunitario, consolidándose como un lugar donde la creación conecta sensibilidad, cultura y desarrollo personal.
The Guardian. “Arts Cultural Engagement Linked to Slower Pace of Biological Ageing, UCL Research.” The Guardian, 12 de mayo de 2026. The Guardian
Una investigación desarrollada por University College London (UCL) ha aportado una evidencia particularmente sugerente sobre la relación entre cultura y salud: participar regularmente en actividades artísticas y culturales podría contribuir a ralentizar el envejecimiento biológico del organismo.
El estudio, difundido por The Guardian y publicado en la revista científica Innovation in Aging, plantea que actividades como leer, escuchar música, pintar, cantar, bailar, acudir a museos o visitar espacios patrimoniales no solo enriquecen intelectualmente, sino que parecen influir positivamente en procesos fisiológicos profundos asociados al envejecimiento celular.
La investigación analizó datos de más de 3.500 adultos del Reino Unido, cruzando información sobre hábitos culturales con biomarcadores sanguíneos capaces de medir lo que los científicos denominan edad biológica. Este concepto difiere de la edad cronológica: mientras esta última mide simplemente los años transcurridos desde el nacimiento, la edad biológica intenta determinar cuánto desgaste real acumulan las células y tejidos del cuerpo. Los resultados mostraron que las personas que participaban semanalmente en actividades artísticas presentaban un ritmo de envejecimiento aproximadamente un 4 % más lento que quienes rara vez mantenían este tipo de prácticas culturales.
Uno de los hallazgos más relevantes es que el beneficio no parece depender exclusivamente de una actividad concreta, sino también de la diversidad de experiencias culturales. Cuanto mayor era la variedad de actividades —por ejemplo combinar lectura, conciertos, pintura, danza o visitas a galerías— mejores indicadores biológicos presentaban los participantes. Los investigadores señalan que este efecto probablemente surge de una combinación de factores: estimulación cognitiva, reducción del estrés, interacción social, activación emocional positiva y generación de sentido vital, elementos todos ellos estrechamente vinculados al bienestar integral.
El estudio resulta especialmente interesante porque sitúa la cultura en un terreno tradicionalmente reservado a la medicina preventiva y al ejercicio físico. Durante décadas se ha insistido en la importancia de caminar, mantener una dieta equilibrada o realizar deporte para envejecer saludablemente; ahora la investigación sugiere que la participación cultural podría ofrecer beneficios comparables en determinados aspectos biológicos relacionados con la longevidad. Esto redefine el acceso al arte no como mero entretenimiento o lujo social, sino como una práctica con implicaciones directas para la salud pública.
Datos:
Impacto Semanal (4% más lento): Quienes realizan actividades artísticas al menos una vez por semana presentan el mayor beneficio en su ritmo de envejecimiento biológico.
Impacto Mensual (~3% de ralentización): Mantener una constancia mensual sigue ofreciendo una protección notable.
Impacto Esporádico (2% de reducción): Incluso asistir a eventos culturales solo 3 veces al año marca una diferencia medible.
El Gran Hallazgo: El beneficio fisiológico de la cultura es comparable al del ejercicio físico regular, consolidándola como un hábito fundamental para la salud.
Más allá de la relevancia biomédica, el hallazgo plantea una reflexión de fondo sobre el papel de instituciones como bibliotecas, museos, archivos, centros culturales o espacios comunitarios. Estos lugares, tradicionalmente concebidos como custodios del conocimiento y la memoria colectiva, aparecen ahora también como posibles agentes de bienestar y envejecimiento saludable. La cultura, en esta perspectiva, deja de ser únicamente una forma de educación o disfrute estético para convertirse en una dimensión esencial del cuidado humano, capaz de influir incluso en los mecanismos biológicos más íntimos que determinan nuestra forma de envejecer.
En cierto sentido, esta investigación confirma una intuición profundamente humanista: cultivar la sensibilidad artística, mantener una vida intelectualmente activa y permanecer conectado con expresiones culturales no solo alimenta el espíritu, sino que también parece dejar una huella tangible en la propia arquitectura biológica del cuerpo. El arte, así, emerge no simplemente como expresión de la condición humana, sino como una posible herramienta silenciosa de longevidad.
En términos simples: leer, escuchar música, visitar bibliotecas o participar en actividades creativas no solo estimula la mente; podría estar modificando favorablemente la velocidad a la que envejece nuestro cuerpo.
Se analiza uno de los episodios más singulares de la historia de las bibliotecas: el esfuerzo de los bibliotecarios estadounidenses por llevar libros y lectura a soldados y marineros durante la Primera Guerra Mundial. El texto explica cómo la llamada Library War Service transformó a las bibliotecas en instrumentos de apoyo moral, educativo y psicológico en medio del conflicto bélico.
La iniciativa comenzó en 1917, cuando la American Library Association organizó una enorme campaña nacional de recogida de fondos y donación de libros. El objetivo era proporcionar “un libro para cada hombre”, es decir, garantizar que todos los soldados estadounidenses, tanto en los campos de entrenamiento como en Europa, tuvieran acceso a materiales de lectura. La campaña alcanzó dimensiones extraordinarias: se recaudaron alrededor de cinco millones de dólares, se distribuyeron entre siete y diez millones de libros y revistas, y se construyeron treinta y seis bibliotecas militares financiadas por la Carnegie Corporation.
El artículo subraya que las bibliotecas de guerra no eran simples depósitos de libros, sino espacios de refugio emocional y cultural para los combatientes. Los soldados encontraban en la lectura una forma de evasión frente al horror de la guerra, pero también un medio para mantener la conexión con la vida civil y con la idea de un futuro después del conflicto. Según testimonios recogidos en el texto, los libros circulaban constantemente entre marineros y soldados, que tenían acceso libre a ellos sin restricciones ni controles estrictos.
Uno de los aspectos más interesantes del artículo es la reflexión sobre qué leían realmente los soldados. Aunque existía la imagen romántica de militares leyendo novelas de aventuras o relatos patrióticos, gran parte de las obras solicitadas eran libros técnicos y prácticos. Muchos combatientes buscaban prepararse para la reintegración laboral tras la guerra y leían manuales de mecánica, carpintería, ingeniería, negocios o transporte ferroviario. La lectura aparecía así vinculada a la formación profesional y a la movilidad social.
Al mismo tiempo, las novelas de ficción seguían teniendo un enorme éxito. Los relatos de aventuras, detectives y westerns ayudaban a aliviar la ansiedad y el agotamiento emocional. Algunas investigaciones posteriores sobre biblioterapia señalaron incluso que muchos soldados hospitalizados preferían historias sentimentales o novelas románticas, algo que sorprendió a los propios bibliotecarios militares. Estas observaciones contribuyeron al desarrollo temprano de la biblioterapia, entendida como el uso terapéutico de la lectura para mejorar el bienestar psicológico.
El texto también muestra el lado ideológico y censor de la iniciativa. No todos los libros eran aceptados. La ALA retiró determinadas obras consideradas pacifistas o favorables al bolchevismo, especialmente tras el aumento del miedo al comunismo después de la Revolución Rusa. Títulos relacionados con León Trotski o con análisis simpatizantes de Rusia revolucionaria fueron eliminados de las bibliotecas militares por considerarse peligrosos para “jóvenes impresionables”. Esto revela cómo las bibliotecas, incluso en contextos humanitarios, podían convertirse también en instrumentos de control ideológico.
El artículo destaca asimismo la importancia histórica de este programa para la evolución de las bibliotecas estadounidenses. La Library War Service convirtió a la American Library Association en una organización nacional de gran relevancia pública y consolidó la idea de la biblioteca como servicio esencial para la democracia y el bienestar social. La experiencia de guerra fortaleció la percepción de que las bibliotecas no solo debían conservar libros, sino también actuar como agentes activos de educación, integración y apoyo comunitario.
Holt-Lunstad, J., Smith, T. B., Baker, M., Harris, T., & Stephenson, D. (2015).Loneliness and Social Isolation as Risk Factors for Mortality: A Meta-Analytic Review.Perspectives on Psychological Science, 10(2), 227-237. DOI: 10.1177/1745691614568352.
La soledad, el aislamiento social o vivir solo aumentan el riesgo de muerte prematura en un 26–32 %. Equivale a perder entre 5 y 8 años de vida, un impacto similar al de fumar 15 cigarrillos al día o padecer obesidad severa. Otros estudio de Harvard y de la OMS corroboran estos datos con conclusiones similares
El ser humano es un organismo inherentemente social, y que las relaciones interpersonales tienen un papel crucial en la salud y la supervivencia. Los investigadores destacan que, aunque la medicina y la salud pública suelen centrarse en factores de riesgo físicos (como el tabaco o la obesidad), el aislamiento social y la soledad también tienen un impacto sustancial en la mortalidad, pero históricamente se les ha prestado poca atención.
El objetivo del estudio fue cuantificar el grado en que la soledad, el aislamiento social y el hecho de vivir solo se asocian con un aumento del riesgo de muerte prematura, integrando la evidencia de decenas de estudios longitudinales. Con este metaanálisis, los autores pretendían situar la falta de vínculos sociales al mismo nivel de relevancia que los factores biomédicos tradicionales en la prevención y promoción de la salud.
El metaanálisis abarcó 70 estudios que, en conjunto, incluyeron a más de 3,4 millones de participantes seguidos durante un promedio de 7 años.
Los resultados fueron consistentes y contundentes. Las tres dimensiones analizadas se asociaron de manera significativa con un mayor riesgo de muerte prematura. En primer lugar, el aislamiento social se relacionó con un aumento del 29 % en el riesgo de mortalidad. Por su parte, la soledad mostró un incremento del 26 % en dicho riesgo. Finalmente, el hecho de vivir solo se asoció con un aumento aún mayor, del 32 %, en la probabilidad de fallecer de forma prematura.
En términos de impacto poblacional, estas cifras son comparables a los efectos del tabaquismo moderado, el consumo excesivo de alcohol o la obesidad grave. Los autores subrayan que la magnitud de estos efectos supera la de muchos factores de riesgo clínicos comúnmente reconocidos, lo que convierte a la conexión social en un determinante clave de la salud y la longevidad.
Además, el efecto no se limitó a grupos de edad específicos: tanto adultos jóvenes como mayores se vieron afectados, aunque la prevalencia de aislamiento y soledad tiende a aumentar con la edad.
En el plano biológico, la falta de conexión social activa respuestas de estrés crónico (elevación del cortisol, aumento de la presión arterial, inflamación sistémica) y altera la función inmunitaria, debilitando la resistencia a infecciones y enfermedades. En el plano psicológico y conductual, las personas aisladas son más propensas a hábitos poco saludables (mala alimentación, sedentarismo, abuso de sustancias) y presentan menor adherencia a tratamientos médicos o autocuidado.
También se observa que la soledad puede agravar trastornos mentales como la depresión o la ansiedad, que a su vez tienen efectos negativos sobre la salud física. Los autores destacan la interdependencia entre los factores psicológicos, sociales y fisiológicos en la explicación de la mortalidad.
El metaanálisis sitúa estos resultados en un contexto más amplio, señalando que desde mediados del siglo XX se ha observado un declive progresivo en la integración social: menos matrimonios, mayor movilidad geográfica, familias más pequeñas y una creciente digitalización de las relaciones. Este cambio estructural en las formas de convivencia hace que el aislamiento y la soledad sean problemas sociales en expansión, no solo individuales.
Otros estudios más recientes también corroboran en parte estos datos. cómo un informe de la Organización Mundial de la Salud (2025), según el cual la soledad y el aislamiento social representan un grave problema de salud pública. Se calcula que ambos factores contribuyen a unas 871 000 muertes anuales en todo el mundo. Esto equivale a alrededor de 100 fallecimientos por hora. El dato refleja el impacto que tiene la falta de vínculos sociales en la salud física y mental. La OMS advierte que combatir la soledad debe ser una prioridad global comparable a otras amenazas sanitarias.
Así mismo, el informe Harvard Study of Adult Development (2020) demuestra que mantener relaciones sociales sólidas es clave para una vida más larga y saludable, ya que las personas con vínculos afectivos fuertes presentan mejor salud mental y física. En cambio, la soledad y el aislamiento se asocian con un mayor riesgo de enfermedad y mortalidad. El impacto positivo de las relaciones cercanas puede traducirse en más de 10 años adicionales de esperanza de vida, lo que subraya que la calidad de las relaciones humanas influye más en el bienestar general que los factores económicos o genéticos.
También, un artículo del National Institute on Aging explica que tanto el aislamiento social como la soledad en personas mayores afectan seriamente la salud física y mental. Estas condiciones incrementan la probabilidad de hipertensión, depresión, deterioro cognitivo e incluso demencia. Además, subraya que la falta de conexiones sociales es comparable en impacto con otros factores de riesgo clásicos para la mortalidad. Por tanto, promover vínculos sociales sólidos y frecuentes se presenta como una estrategia clave para mejorar el bienestar y la longevidad en la población de edad avanzada.
Los autores hacen un paralelismo con las campañas de salud pública contra el tabaco o la obesidad, y argumentan que la falta de vínculos sociales debería tratarse con la misma seriedad. Las relaciones personales, según subrayan, no son solo un aspecto emocional, sino un determinante clínico de salud.
Threets ha transformado su pasión por las bibliotecas en una plataforma para promover la diversidad, el bienestar emocional y el acceso equitativo a la lectura. Su historia es un ejemplo de cómo los profesionales de la información pueden reinventarse y conectar con nuevas audiencias, manteniendo viva la misión de las bibliotecas en el siglo XXI.
El bibliotecario Mychal Threets se ha convertido en una figura pública gracias a su presencia en redes sociales y su activismo por la salud mental y la alfabetización. Durante la pandemia de COVID-19, Threets comenzó a compartir videos alegres y motivadores desde su puesto en la Biblioteca del Condado de Solano, en California, lo que lo llevó a acumular cientos de miles de seguidores en TikTok e Instagram.
Su contenido, centrado en el amor por los libros y las bibliotecas, se convirtió en un refugio emocional para muchos. Sin embargo, en 2024, Threets anunció su renuncia para priorizar su salud mental, reconociendo que la fama había afectado su relación con el trabajo bibliotecario. Tras un periodo de descanso, retomó su vocación desde una nueva perspectiva: como bibliotecario residente para PBS Kids, donde produce contenido educativo y accesible para jóvenes lectores.
Además de su trabajo con PBS, Threets ha participado en iniciativas como el “Library Afro Revolution Day”, un evento que combinó una campaña de donación de libros con consejos sobre el cuidado del cabello natural, en colaboración con la activista Blair Imani. También está trabajando en su primer libro infantil, I’m So Happy You’re Here, junto a la ilustradora Lorraine Nam, que será publicado por Penguin Random House en 2026. El libro celebra la alegría de las bibliotecas como espacios inclusivos y seguros.
El artículo explora cómo la biblioterapia —el uso de la lectura como herramienta de sanación emocional— está siendo cada vez más reconocida por su valor terapéutico. Expertos y lectores descubren que ciertos libros pueden ayudar a procesar emociones difíciles, como el duelo, la ansiedad o la soledad, facilitando la reflexión y el bienestar. Profesionales en salud mental están integrando esta práctica en sus tratamientos, mientras que muchas personas recurren a ella como forma personal de autocuidado.
La biblioterapia, una técnica que consiste en utilizar la lectura como herramienta terapéutica, está ganando cada vez más reconocimiento en el ámbito de la salud mental. Aunque a primera vista pueda parecer una forma de entretenimiento o evasión, diversos estudios y experiencias clínicas sugieren que leer ciertos libros puede ayudar a las personas a gestionar emociones complejas, afrontar situaciones difíciles o simplemente a comprenderse mejor a sí mismas. Esta práctica puede adoptar múltiples formas: desde la lectura guiada por un profesional de la salud mental hasta la exploración personal de textos literarios que resuenan emocionalmente con el lector.
El artículo publicado por CBC destaca cómo esta forma de terapia ha sido utilizada tanto en contextos informales como clínicos. Históricamente, sus raíces se remontan a la Primera Guerra Mundial, cuando se comenzó a emplear la lectura como herramienta de apoyo emocional para los soldados con trastornos psicológicos derivados del conflicto. Desde entonces, su evolución ha sido significativa. Hoy, la biblioterapia abarca desde listas de libros recomendados por psicólogos hasta programas estructurados aplicados por psiquiatras como Martina Scholtens, quien utiliza la narrativa como complemento a los tratamientos médicos. La lectura, en estos casos, no se prescribe al azar, sino que se adapta cuidadosamente a la situación emocional del paciente.
Uno de los aspectos más destacados de la biblioterapia es su capacidad para crear identificación y distancia emocional al mismo tiempo. Los lectores pueden reconocerse en personajes de ficción y, gracias a esa identificación, observar sus propios problemas desde otra perspectiva. Esto les permite examinar emociones complejas como la culpa, el miedo o la tristeza, sin la presión directa de hablar sobre sí mismos. La historia se convierte en un espejo emocional que facilita la introspección. Además, el ritmo de lectura permite que este proceso sea paulatino y controlado por el lector, lo que da una sensación de seguridad y agencia.
El artículo también muestra cómo la biblioterapia no se limita a quienes padecen trastornos diagnosticados. Muchas personas recurren a la lectura como forma de procesar duelos, transiciones vitales o períodos de estrés. Un caso citado es el del periodista Cody Delistraty, quien encontró en la lectura un apoyo invaluable tras la muerte de su madre. Según su testimonio, leer historias sobre pérdida y resiliencia no solo le ofreció consuelo, sino también una manera de resignificar su experiencia personal. Así, la literatura actúa no solo como un bálsamo, sino también como una guía silenciosa.
La biblioterapia puede ser especialmente útil en momentos en que otras formas de terapia no son accesibles o deseadas. En un mundo en el que la salud mental sigue estando estigmatizada en algunos sectores, recurrir a los libros puede ser una vía discreta y efectiva de cuidado personal. Además, la facilidad de acceso a libros —ya sea en bibliotecas, librerías o formatos digitales— convierte esta práctica en una opción inclusiva y económica. El acto mismo de sentarse a leer, concentrarse en una historia y dejarse llevar por ella tiene, en sí, un efecto calmante que puede ser terapéutico.
El informe subraya la importancia de las bibliotecas como instituciones adaptativas que apoyan la resiliencia y el bienestar. Según el Dr. Martin Seligman, figura destacada en la psicología positiva, las bibliotecas ofrecen recursos para imaginar y construir vidas más plenas y comunidades prósperas. Este estudio pionero establece una base empírica para entender mejor el papel de las bibliotecas en la sociedad y cómo maximizar sus beneficios sociales.
El informe Libraries & Well-Being: A Case Study from The New York Public Library, resultado de una colaboración entre el equipo de Public Impact team and the Humanities and Human Flourishing Project de la Universidad de Pensilvania, revela que las bibliotecas públicas desempeñan un papel esencial en el bienestar y la salud comunitaria. Este estudio innovador aplica principios de la psicología positiva al ámbito bibliotecario, destacando cómo el uso de las bibliotecas fomenta el florecimiento individual y colectivo.
Principales hallazgos del estudio:
Impacto emocional y personal:
El 92% de los encuestados se sintieron «calmados o en paz» tras visitar la biblioteca.
El 74% afirmó que su uso de la biblioteca les ayuda a afrontar mejor el mundo.
El 90% reportó que su interacción con la biblioteca incrementa su amor por aprender.
El 88% consideró que las bibliotecas contribuyen a su crecimiento personal.
Uso físico y presencial:
El impacto positivo en el optimismo sobre el futuro fue mayor entre quienes usan los espacios y participan en programas presenciales (82% y 79%, respectivamente) frente a los usuarios exclusivamente digitales (58%).
Las experiencias físicas y relacionales de las bibliotecas, como el ambiente y la interacción, son clave para su impacto positivo.
Equidad social:
Las bibliotecas tienen un efecto especialmente marcado en comunidades de bajos ingresos: el 73% de los usuarios de estas zonas afirmó que la biblioteca mejora su sensación de apoyo social, comparado con el 48% en vecindarios de ingresos altos.
Relevancia del informe:
Conexión emocional y social: Las bibliotecas no solo ofrecen recursos, sino también refugio, alegría, propósito y conexión. Promueven comunidades más fuertes al brindar acceso a aprendizaje, tecnología y espacios inclusivos.
Implicaciones políticas: Brian Bannon, Director de Educación de la NYPL, resaltó la relevancia del estudio para diseñar políticas que inviertan en bibliotecas como instituciones esenciales en comunidades urbanas, suburbanas y rurales.
Avances en psicología positiva: Según los coautores, este trabajo amplía el estudio de las «instituciones positivas», un campo poco explorado dentro de la psicología positiva, y demuestra cómo las instituciones culturales pueden fomentar el florecimiento humano.