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El estado de las bibliotecas universitarias de Estados Unidos en 2025 (2026)

Parsons-Diamond, Gena. “The State of U.S. Academic Libraries: Findings from the ACRL 2025 Annual Survey.” ACRL Insider, 13 de octubre de 2026. Association of College and Research Libraries (ACRL), American Library Association.

Texto completo

La Association of College and Research Libraries (ACRL), división de la American Library Association (ALA), ha publicado los resultados de su encuesta anual sobre tendencias y estadísticas de las bibliotecas universitarias estadounidenses. El informe The State of U.S. Academic Libraries: Findings from the ACRL 2025 Annual Survey ofrece una visión general de la situación de estas instituciones a través de indicadores relacionados con el personal, los gastos, las colecciones, la circulación, las visitas y los servicios de información.

El objetivo de esta encuesta es proporcionar datos que permitan evaluar el funcionamiento de las bibliotecas, comparar sus resultados con los de otras instituciones y fundamentar las decisiones de gestión. Estas estadísticas también constituyen una herramienta de defensa de la profesión, ya que ayudan a demostrar la contribución de las bibliotecas a la educación superior y a justificar los recursos necesarios para cumplir sus objetivos.

La edición de 2025 adquiere especial relevancia por un cambio en el sistema estadístico estadounidense: tras finalizar la recopilación de datos sobre bibliotecas universitarias dentro del Integrated Postsecondary Education Data System (IPEDS), correspondiente al ejercicio fiscal de 2024, la encuesta de la ACRL pasa a ser la única fuente nacional de datos exhaustivos sobre estas bibliotecas. Los resultados se ponderan para representar al conjunto de las bibliotecas universitarias estadounidenses.

Los hallazgos clave incluyen:

  • Personal de la biblioteca: La mediana del personal total, expresada en equivalentes a tiempo completo (ETC), es de 7,6; esto representa una ligera disminución con respecto a 2024, incluso cuando la proporción de estudiantes (en ETC) por miembro del personal ha aumentado.
  • Gastos: La mediana de los gastos anuales totales de las bibliotecas es de 470 mil dólares, sin incluir los beneficios adicionales. Las bibliotecas destinan 523 dólares por estudiante (en ETC), la misma cifra que en 2024, lo que sugiere que, al ajustar por la inflación, las bibliotecas cuentan con un menor poder adquisitivo en términos reales.
  • Colecciones y circulación: Las bibliotecas universitarias siguen centrándose en los recursos electrónicos; el 79,7 % del total de sus colecciones y el 98,2 % del total de su circulación corresponden a formatos digitales.
  • Visitas: El número de personas que acuden a las bibliotecas universitarias anualmente aumentó cerca de un diez por ciento en 2025 con respecto a 2024, alcanzando una mediana de 53 250.
  • Servicios de información: El personal de la biblioteca comparte sus conocimientos a través de interacciones con los usuarios, tanto de forma individual como grupal. En 2025, las bibliotecas universitarias registraron una mediana de 838 transacciones y consultas de referencia. Casi un tercio (29,3 %) de estas interacciones se producen de manera virtual.

Resumen amplio

1. Un informe fundamental para conocer la situación de las bibliotecas universitarias

La Association of College and Research Libraries (ACRL), división de la American Library Association (ALA), ha publicado los resultados de su encuesta anual sobre tendencias y estadísticas de las bibliotecas universitarias estadounidenses. El informe The State of U.S. Academic Libraries: Findings from the ACRL 2025 Annual Survey ofrece una visión general de la situación de estas instituciones a través de indicadores relacionados con el personal, los gastos, las colecciones, la circulación, las visitas y los servicios de información.

El objetivo de esta encuesta es proporcionar datos que permitan evaluar el funcionamiento de las bibliotecas, comparar sus resultados con los de otras instituciones y fundamentar las decisiones de gestión. Estas estadísticas también constituyen una herramienta de defensa de la profesión, ya que ayudan a demostrar la contribución de las bibliotecas a la educación superior y a justificar los recursos necesarios para cumplir sus objetivos.

La edición de 2025 adquiere especial relevancia por un cambio en el sistema estadístico estadounidense: tras finalizar la recopilación de datos sobre bibliotecas universitarias dentro del Integrated Postsecondary Education Data System (IPEDS), correspondiente al ejercicio fiscal de 2024, la encuesta de la ACRL pasa a ser la única fuente nacional de datos exhaustivos sobre estas bibliotecas. Los resultados se ponderan para representar al conjunto de las bibliotecas universitarias estadounidenses.

2. Personal bibliotecario: plantillas reducidas ante necesidades crecientes

Uno de los principales resultados del informe es que la mediana de personal equivalente a tiempo completo se sitúa en 7,6 trabajadores por biblioteca, ligeramente por debajo de la cifra registrada en 2024. Al mismo tiempo, ha aumentado la proporción de estudiantes equivalentes a tiempo completo por cada trabajador.

Este dato apunta a una tensión estructural: las bibliotecas deben atender a comunidades universitarias y necesidades de información cada vez más complejas sin que sus recursos humanos crezcan al mismo ritmo. La transformación digital, la gestión de recursos electrónicos, la formación en competencias informacionales y el apoyo a la investigación requieren conocimientos especializados y una actualización profesional constante.

El incremento de las necesidades de los usuarios no implica únicamente más consultas. También exige nuevas competencias para gestionar colecciones digitales, orientar a los investigadores, apoyar la publicación científica y ayudar a los estudiantes a desenvolverse en un entorno informativo marcado por la inteligencia artificial y la abundancia de contenidos digitales.

La reducción de las plantillas puede dificultar que las bibliotecas amplíen sus servicios o desarrollen nuevas iniciativas, especialmente cuando deben mantener simultáneamente sus funciones tradicionales. Por ello, el indicador de personal debe interpretarse junto con el número de estudiantes atendidos, el volumen de consultas, los recursos disponibles y la diversidad de servicios ofrecidos.

3. Presupuestos: el efecto de la inflación sobre la capacidad de gasto

El informe sitúa la mediana del gasto anual total de las bibliotecas universitarias en 470.000 dólares, sin incluir las prestaciones complementarias del personal. El gasto mediano por estudiante equivalente a tiempo completo es de 523 dólares, la misma cifra que en 2024.

Aunque la estabilidad del gasto por estudiante podría sugerir que las bibliotecas mantienen sus recursos, el informe advierte de que, una vez considerada la inflación, su capacidad adquisitiva real se reduce. Es decir, con una cantidad nominal similar, las instituciones pueden comprar menos recursos y afrontar con mayor dificultad el encarecimiento de las suscripciones, las publicaciones científicas, las bases de datos y otros servicios.

Esta situación tiene consecuencias directas para la política de adquisiciones. Las bibliotecas universitarias deben decidir cómo distribuir sus presupuestos entre publicaciones impresas, revistas electrónicas, libros digitales, bases de datos especializadas y otros recursos que necesitan estudiantes e investigadores. La presión económica obliga a priorizar inversiones y evaluar con mayor rigor el uso y el coste de los materiales contratados.

Además, el presupuesto bibliotecario no puede analizarse exclusivamente en términos de gasto total. Es necesario relacionarlo con el tamaño de la comunidad universitaria, la evolución de los precios, las necesidades de investigación y la amplitud de los servicios prestados. El dato de 523 dólares por estudiante ofrece una referencia comparativa, pero no significa que todas las instituciones tengan las mismas necesidades o dispongan de idénticas posibilidades financieras.

4. Colecciones digitales: el predominio de los recursos electrónicos

Uno de los indicadores más destacados del informe es la consolidación de los recursos electrónicos en las bibliotecas universitarias. Según los resultados de 2025, el 79,7 % de los fondos de las colecciones corresponde a recursos digitales, mientras que el 98,2 % de la circulación total se realiza en formato digital.

Estas cifras muestran que la transformación digital no se limita a incorporar nuevos formatos: afecta al modo en que los usuarios acceden a la información y utilizan los recursos bibliotecarios. La disponibilidad en línea permite consultar materiales desde distintos lugares y horarios, algo especialmente importante para estudiantes a distancia, investigadores y comunidades universitarias con necesidades diversas.

Sin embargo, el predominio digital también plantea retos. Las bibliotecas deben gestionar licencias, autenticación, accesibilidad, preservación digital, interoperabilidad y cambios en las condiciones de acceso impuestas por los proveedores. Asimismo, necesitan evaluar qué recursos justifican su coste y cómo garantizar que los usuarios puedan acceder a ellos de manera equitativa.

La elevada proporción de circulación digital tampoco significa que las colecciones impresas hayan perdido toda su importancia. Los libros físicos, las colecciones especiales y los fondos patrimoniales siguen desempeñando funciones culturales, docentes y de investigación. El reto consiste en mantener una política equilibrada, basada en las necesidades reales de cada comunidad y no únicamente en la tendencia general hacia lo electrónico.

5. Las bibliotecas recuperan visitantes y mantienen su dimensión presencial

Pese al predominio de los recursos digitales, las bibliotecas universitarias estadounidenses registraron un aumento aproximado del 10 % en las visitas presenciales durante 2025 respecto a 2024. La mediana alcanzó las 53.250 entradas anuales por biblioteca.

Este resultado es significativo porque cuestiona la idea de que la expansión del acceso electrónico conduce inevitablemente a la desaparición de la biblioteca como espacio físico. Aunque una parte importante de las consultas y de la circulación de materiales se desarrolla en línea, los usuarios continúan necesitando espacios para estudiar, trabajar en grupo, recibir orientación, utilizar equipamientos y participar en actividades formativas.

La biblioteca universitaria funciona así como una infraestructura de aprendizaje que combina servicios digitales con espacios presenciales. Sus instalaciones pueden ofrecer condiciones adecuadas para la concentración, el trabajo colaborativo y el acceso a recursos que no siempre están disponibles en el entorno doméstico.

El aumento de las visitas también tiene implicaciones para la planificación de los espacios. La distribución de puestos de estudio, las salas de trabajo en grupo, la accesibilidad, los horarios de apertura y los servicios de apoyo deben adaptarse a los patrones de utilización de cada institución.

No obstante, es importante interpretar correctamente el dato: se trata de un incremento de las visitas registradas, no de una demostración automática de que haya aumentado en la misma proporción el número de usuarios únicos. Una misma persona puede visitar la biblioteca varias veces durante el año.

6. Servicios de información: la atención personal sigue siendo esencial

La encuesta también examina las actividades de referencia y consulta mediante las cuales el personal bibliotecario ayuda a los usuarios a localizar información, resolver dudas y aprovechar los recursos disponibles.

En 2025, la mediana fue de 838 transacciones de referencia y consultas por biblioteca, y el 29,3 % de estas interacciones se desarrolló de manera virtual.

Estos resultados ponen de manifiesto la coexistencia de diferentes modalidades de atención. Las consultas presenciales siguen teniendo su lugar, pero los canales virtuales permiten atender a estudiantes e investigadores que no pueden acudir a las instalaciones o que necesitan resolver una cuestión mientras trabajan en línea.

La atención bibliotecaria actual exige mucho más que localizar un libro o proporcionar una referencia. El personal puede intervenir en búsquedas bibliográficas especializadas, formación en competencias informacionales, evaluación crítica de fuentes, apoyo a la investigación y orientación sobre el uso responsable de herramientas digitales.

En este contexto, el crecimiento de la inteligencia artificial generativa añade nuevas necesidades formativas. Los estudiantes y los investigadores deben aprender a contrastar las respuestas automatizadas, detectar referencias incorrectas, evaluar la autoridad de las fuentes y comprender los límites de las herramientas que utilizan. La biblioteca puede desempeñar un papel importante en esta tarea mediante programas de alfabetización informacional y en inteligencia artificial.

Las cifras de consultas, por sí solas, no reflejan toda la contribución del personal. Una sesión formativa o una consulta compleja de investigación puede requerir mucho más tiempo que una pregunta sencilla. Por ello, para evaluar adecuadamente los servicios resulta conveniente combinar los datos cuantitativos con indicadores de calidad, satisfacción e impacto en el aprendizaje.

7. La inteligencia artificial y los nuevos retos de las bibliotecas universitarias

Aunque el artículo se centra principalmente en los resultados estadísticos generales, la encuesta de 2025 también incorporó un cuestionario específico sobre tendencias relacionadas con la inteligencia artificial en las bibliotecas.

Este componente resulta especialmente relevante en un momento en el que la IA está modificando las prácticas de búsqueda, evaluación y producción de información. Las bibliotecas universitarias tienen que considerar cómo incorporar estas tecnologías a sus servicios sin comprometer la privacidad, la integridad académica ni la calidad de la información.

Entre las áreas en las que la inteligencia artificial puede influir destacan la automatización de determinadas tareas técnicas, la recuperación de información, el apoyo a la investigación, el análisis de datos y la formación de los usuarios. Sin embargo, la adopción de estas herramientas requiere personal capacitado, políticas institucionales y recursos suficientes.

Aquí aparece una conexión importante con los resultados presupuestarios y de personal del informe. Las bibliotecas afrontan nuevas expectativas tecnológicas precisamente cuando sus plantillas y su capacidad de gasto se encuentran sometidas a presión. Por tanto, la transformación digital no puede plantearse únicamente como una cuestión de incorporar herramientas: también requiere inversión, formación continua y una planificación realista de las cargas de trabajo.

El cuestionario sobre IA abre una línea de análisis complementaria a las estadísticas tradicionales. Para conocer la situación con mayor precisión sería necesario examinar sus resultados específicos, ya que el resumen general de la publicación no proporciona cifras detalladas sobre las tasas de adopción de estas tecnologías.

8. Comparación entre bibliotecas: una herramienta para la planificación y la defensa profesional

Uno de los principales valores de la encuesta es que permite utilizar indicadores comunes para analizar las diferencias entre instituciones y estudiar la evolución del sector a lo largo del tiempo.

La plataforma Benchmark: Library Metrics and Trends ofrece datos históricos desde 1998 hasta 2025 a sus suscriptores, con herramientas de visualización y comparación. Estas funcionalidades permiten examinar los recursos empleados por las bibliotecas y relacionarlos con los servicios y resultados que producen.

Las comparaciones pueden ayudar a responder preguntas relevantes para la dirección de una biblioteca: ¿cómo se sitúa su plantilla respecto a instituciones de tamaño similar?, ¿qué proporción del presupuesto se dedica a recursos electrónicos?, ¿cómo evoluciona el gasto por estudiante?, ¿qué servicios se ofrecen y qué volumen de consultas reciben?

Estos indicadores también resultan útiles para presentar propuestas presupuestarias, identificar áreas de mejora y argumentar ante los órganos de gobierno la necesidad de mantener o ampliar determinados servicios. No obstante, las comparaciones deben realizarse entre instituciones razonablemente similares y teniendo en cuenta las diferencias en sus funciones, disciplinas, estructuras organizativas y comunidades de usuarios.

El valor del benchmarking no reside en establecer una clasificación simplista de las mejores y peores bibliotecas, sino en identificar prácticas, comprender diferencias y utilizar la evidencia para tomar decisiones mejor fundamentadas.

Conclusión y valoración

El informe de la ACRL ofrece una fotografía significativa de las bibliotecas universitarias estadounidenses en el curso 2024-2025. Sus resultados dibujan una realidad marcada por la digitalización de las colecciones y de la circulación, el repunte de las visitas presenciales y la continuidad de los servicios de referencia. Al mismo tiempo, muestran dificultades para mantener el personal y el poder adquisitivo necesarios para responder a las nuevas demandas de la educación superior.

La principal conclusión es que las bibliotecas universitarias están ampliando y transformando sus funciones en un contexto de recursos limitados. Deben mantener colecciones de calidad, facilitar el acceso digital, ofrecer espacios adecuados para el aprendizaje, apoyar la investigación y ayudar a los usuarios a desenvolverse en un ecosistema informativo cada vez más complejo.

Desde una perspectiva internacional, estos resultados pueden servir como referencia para estudiar los retos de las bibliotecas universitarias españolas y latinoamericanas. Aunque los sistemas de financiación y las estructuras universitarias son diferentes, cuestiones como el coste de las publicaciones electrónicas, la adecuación de las plantillas, la evaluación del impacto y la alfabetización en inteligencia artificial tienen un interés compartido.

En definitiva, el informe confirma que el futuro de las bibliotecas universitarias no depende solamente de digitalizar sus colecciones, sino de disponer de recursos humanos, financieros y tecnológicos que permitan transformar esa infraestructura en mejores servicios educativos y científicos. Medir esta evolución con datos comparables constituye una condición esencial para planificar, justificar inversiones y demostrar el valor de las bibliotecas dentro de sus universidades.

Desde 2015, la libertad académica ha disminuido en 50 países

Visual Capitalist. “Mapped: Which Countries Have the Most Academic Freedom?” Visual Capitalist, 2026. Artículo original en Visual Capitalist

Desde 2015, la libertad académica ha disminuido en 50 países, mientras que solo nueve han registrado mejoras, reflejando un deterioro global de la autonomía universitaria.
Chequia ocupa el primer puesto mundial, mientras Myanmar y Nicaragua se encuentran entre los países con menor libertad académica

El artículo presenta un mapa mundial de la libertad académica, entendida como el grado en que investigadores, profesores y estudiantes pueden desarrollar su actividad intelectual sin interferencias políticas, institucionales o ideológicas indebidas. El análisis pone de relieve que existen diferencias muy importantes entre países y que la libertad para investigar, enseñar, publicar y debatir constituye un componente esencial de unas sociedades democráticas y de unos sistemas universitarios capaces de producir conocimiento de manera independiente. Visual Capitalist incluye este trabajo dentro de sus contenidos sobre educación y clasificaciones internacionales.

La libertad académica no se limita a la posibilidad formal de acceder a una universidad o publicar investigaciones. Incluye aspectos como la autonomía de las instituciones, la libertad de investigación y enseñanza, la posibilidad de expresar opiniones académicas, la ausencia de censura y la protección frente a presiones políticas. Por ello, su situación sirve también como indicador de la salud democrática y de la capacidad de una sociedad para generar conocimiento crítico. Cuando estas libertades se deterioran, también pueden verse afectados la investigación científica, la innovación, la educación superior y el debate público.

El mapa resulta especialmente relevante porque muestra que la libertad académica no está distribuida de manera homogénea en el mundo. Los países con instituciones democráticas consolidadas y una fuerte autonomía universitaria tienden a presentar mejores condiciones, mientras que en contextos autoritarios o con una creciente interferencia política sobre las universidades la libertad académica puede encontrarse mucho más limitada. Visual Capitalist también recoge una clasificación específica sobre los países que han experimentado los mayores retrocesos en libertad académica, lo que evidencia que no se trata de una condición permanente y que puede deteriorarse con el tiempo.

El asunto tiene una especial importancia en el contexto actual de inteligencia artificial, desinformación y polarización política. La universidad y las bibliotecas necesitan espacios en los que sea posible contrastar ideas, cuestionar afirmaciones, acceder a fuentes diversas y desarrollar investigaciones incluso cuando sus resultados sean incómodos para gobiernos, empresas o grupos de presión. La libertad académica constituye, por tanto, una condición previa para el desarrollo del pensamiento crítico y para que la información científica pueda desempeñar su función social.

El mapa de Visual Capitalist permite entender la libertad académica como un indicador estratégico de la calidad de los sistemas educativos y científicos. Protegerla significa garantizar que investigadores, profesores y estudiantes puedan preguntar, investigar, publicar y debatir sin temor a represalias. En una época marcada por la expansión de la IA y por la circulación masiva de información falsa, disponer de universidades y bibliotecas intelectualmente libres resulta todavía más importante para preservar una cultura basada en la evidencia, el conocimiento y el pensamiento crítico.

El 75 % de los estudiantes ya utiliza IA en sus trabajos académicos lo que preocupa a los docentes

KPMG Canada. “Majority of students use AI, but educators sound alarm.” KPMG Canada, 4 de septiembre de 2026. KPMG Canada – Majority of students use AI, but educators sound alarm

El 75 % de los estudiantes canadienses utiliza IA generativa en sus trabajos, pero el 59 % de los docentes cree que el sistema educativo no los prepara adecuadamente para este nuevo escenario. Aunque la IA mejora el aprendizaje para muchos estudiantes, el 51 % reconoce un deterioro de sus capacidades de pensamiento crítico. Los docentes reclaman formación explícita en un uso ético y responsable de la IA, especialmente ante problemas de plagio, dependencia y deshonestidad académica

KPMG Canada encuestó a 1.009 personas mayores de 18 años vinculadas a universidades, colegios, centros de formación profesional o educación secundaria, entre el 22 de julio y el 5 de agosto de 2026, utilizando la plataforma Methodify de Sago. En total fueron examinadas 1.864 personas para establecer la muestra

El informe de KPMG Canada pone de manifiesto una brecha cada vez mayor entre la rápida adopción de la inteligencia artificial generativa por parte de los estudiantes y la capacidad de las instituciones educativas para proporcionar orientación, formación y normas claras sobre su utilización. Según la encuesta, el 75 % de los estudiantes canadienses utiliza herramientas de IA generativa para realizar sus trabajos académicos, y casi el 70 % las emplea al menos varias veces por semana. Sin embargo, el 59 % de los docentes considera que el sistema educativo canadiense no está preparando adecuadamente a los estudiantes para un futuro laboral en el que la IA será una herramienta habitual. La situación evidencia que el uso de estas tecnologías se ha extendido mucho más rápidamente que la alfabetización necesaria para utilizarlas de manera crítica, responsable y ética.

Los estudiantes reconocen importantes beneficios de la IA. Más de tres cuartas partes consideran que estas herramientas han mejorado la calidad de sus trabajos y el 81 % afirma que les han ayudado a comprender mejor los contenidos de las asignaturas. Sin embargo, el mismo estudio revela una importante contradicción: el 51 % de los estudiantes afirma que sus capacidades de pensamiento crítico se han deteriorado desde que comenzó a utilizar IA, mientras que el 69 % considera que sus compañeros recurren a ella para evitar pensar críticamente. Esta percepción también preocupa a los docentes: el 89 % cree que, sin una orientación adecuada, los estudiantes pueden desarrollar hábitos perjudiciales para su aprendizaje.

Uno de los principales problemas identificados es la falta de formación específica en uso responsable de la IA. Solo el 53 % de los estudiantes afirma haber recibido algún tipo de formación formal sobre cómo utilizarla responsablemente en sus trabajos académicos y únicamente el 46 % de los educadores considera que sus estudiantes reciben suficiente preparación en este ámbito. Al mismo tiempo, existe una demanda clara de formación: el 79 % de los docentes cree que el uso responsable y ético de la IA debería enseñarse explícitamente, mientras que el 70 % de los estudiantes reclama que las instituciones educativas ofrezcan más cursos sobre IA generativa. El problema, por tanto, no parece ser la resistencia de los estudiantes a aprender sobre estas tecnologías, sino la falta de una respuesta educativa suficientemente estructurada.

La integridad académica constituye otra de las grandes preocupaciones. Los docentes sitúan entre sus principales problemas el fraude o la trampa académica, la dependencia excesiva de la IA y las cuestiones relacionadas con el copyright y el plagio. Existe además una importante diferencia de percepción entre profesores y estudiantes: el 72 % de los educadores considera que utilizar IA generativa para ayudar a realizar trabajos académicos constituye una forma de trampa, frente al 50 % de los estudiantes. Al mismo tiempo, resulta significativo que el 67 % de los estudiantes manifieste que cuestionaría el resultado de una evaluación si supiera que su profesor había utilizado IA para corregir su trabajo. Es decir, los estudiantes aceptan ampliamente la IA como herramienta para su propio aprendizaje, pero muestran mayores reservas cuando la tecnología interviene en la evaluación de su rendimiento.

El informe plantea, por ello, que la respuesta no debería consistir simplemente en prohibir la IA, sino en transformar las estrategias docentes y de evaluación. KPMG propone avanzar hacia actividades que obliguen a los estudiantes a demostrar comprensión, razonamiento y capacidad de juicio independiente, mediante aprendizaje basado en proyectos, evaluaciones orales, debates y actividades interactivas. El objetivo sería que la IA funcione como una herramienta para potenciar el aprendizaje y no como un sustituto del pensamiento. Esta perspectiva supone pasar de preguntarse si los estudiantes utilizan IA —algo que ya ocurre de manera generalizada— a plantearse cómo diseñar entornos educativos en los que su utilización contribuya realmente al desarrollo de competencias intelectuales.

Otro aspecto especialmente relevante es la desigualdad en el acceso a la inteligencia artificial. Casi una cuarta parte de los estudiantes encuestados paga actualmente por herramientas de IA para sus trabajos académicos, y casi la mitad considera que quienes pueden pagar por estos servicios disfrutan de una ventaja académica frente a quienes utilizan únicamente herramientas gratuitas. La preocupación es todavía mayor entre los docentes: el 84 % teme que las diferencias en el acceso a herramientas y formación en IA puedan generar nuevas desigualdades educativas. De este modo, la IA puede convertirse simultáneamente en una herramienta de democratización del conocimiento y en un nuevo factor de brecha educativa si no existen políticas que garanticen un acceso equitativo

En conjunto, el estudio dibuja una situación que resulta especialmente significativa para el debate sobre alfabetización en inteligencia artificial: los estudiantes ya están utilizando la tecnología antes de que las instituciones hayan establecido plenamente las competencias, normas y criterios necesarios para hacerlo de manera responsable. La cuestión fundamental ya no es enseñar únicamente a utilizar una herramienta o a formular mejores prompts, sino desarrollar la capacidad para evaluar las respuestas de la IA, detectar errores, contrastar fuentes, reconocer sesgos, respetar la propiedad intelectual y decidir cuándo utilizarla y cuándo recurrir al razonamiento propio. El reto para universidades, centros educativos y bibliotecas es, por tanto, integrar la IA dentro de una formación más amplia en pensamiento crítico, alfabetización informacional y ciudadanía digital.

La IA avanza en las bibliotecas, pero a distintas velocidades según el país

Clarivate. “Pulse of the Library 2026 Report Reveals AI Adoption Gaps Across Geographies, Mainland China Advancing Fastest”. Clarivate, 2026. El informe Pulse of the Library 2026 recoge las opiniones de más de 1.800 profesionales de bibliotecas académicas, públicas y nacionales de todo el mundo. https://clarivate.com/news/clarivate-pulse-of-the-library-2026-report-reveals-ai-adoption-gaps-across-geographies-mainland-china-advancing-fastest/

El informe Pulse of the Library 2026 de Clarivate analiza cómo las bibliotecas universitarias, públicas y nacionales están afrontando la rápida expansión de la inteligencia artificial y muestra que el sector se encuentra todavía en una fase relativamente prudente de adopción.

Aunque la IA está cada vez más presente en las estrategias y conversaciones profesionales, la mayoría de las instituciones todavía se encuentran en etapas iniciales: un 33 % está explorando o evaluando tecnologías de IA, mientras que otro 29 % se encuentra en las primeras fases de implementación. No obstante, aumenta progresivamente el número de bibliotecas que han alcanzado niveles de implantación más avanzados: la proporción que declara una implementación moderada ha pasado del 5 % en 2024 al 13 % en 2026.

Uno de los aspectos más interesantes del estudio es la existencia de importantes diferencias geográficas en el ritmo de adopción. El informe señala que China continental está avanzando especialmente rápido en la incorporación de la IA en las bibliotecas, lo que refleja probablemente un contexto tecnológico e institucional particularmente favorable a su desarrollo. Esta desigualdad geográfica pone de manifiesto que no existe un único modelo mundial de transformación digital: las posibilidades de adoptar IA dependen de factores como la disponibilidad de recursos, las políticas institucionales, las competencias profesionales, las infraestructuras tecnológicas y la percepción de los beneficios y riesgos asociados a estas herramientas.

El estudio también encuentra una relación estadísticamente significativa entre el grado de implementación de la IA y el impacto que las bibliotecas perciben de sus iniciativas. En otras palabras, las instituciones que han avanzado más allá de la fase experimental tienden a declarar mayores beneficios en diferentes ámbitos. Esto resulta relevante porque sugiere que la prudencia inicial puede transformarse en resultados concretos cuando la IA deja de considerarse únicamente una tecnología que hay que evaluar y comienza a integrarse de manera sistemática en los procesos y servicios bibliotecarios.

Otro elemento destacado es la brecha entre bibliotecas, instituciones educativas y estudiantes. Mientras las bibliotecas avanzan con cautela, los estudiantes están incorporando la IA a una velocidad mucho mayor: investigaciones relacionadas de Clarivate señalan que el 95 % de los estudiantes utiliza IA para actividades relacionadas con sus cursos. Esta diferencia plantea un desafío importante para las bibliotecas universitarias, que pueden desempeñar un papel fundamental en la formación en alfabetización en IA, evaluación crítica de resultados, verificación de información, integridad académica y uso responsable de estas tecnologías.

Pulse of the Library 2026 presenta una imagen de un sector que está pasando progresivamente de la experimentación a la implementación, pero a velocidades muy diferentes según las regiones. El informe sugiere que el debate ya no debería centrarse exclusivamente en si las bibliotecas deben utilizar IA, sino en cómo incorporarla estratégicamente, con qué objetivos y bajo qué principios de responsabilidad y supervisión profesional. Para las bibliotecas, el reto consiste en aprovechar el potencial de la inteligencia artificial sin perder de vista sus valores fundamentales: acceso al conocimiento, confianza, calidad de la información, privacidad, equidad y servicio a las comunidades.

Las bibliotecas públicas de EE. UU. tienen más recursos, pero pierden usuarios y circulación física

EveryLibrary Institute. New Freckle Project Report Examines 15 Years of Public Library Use. 7 de septiembre de 2026. Informe del Freckle Project, “15 Years of IMLS Figures”, elaborado a partir de estadísticas del Institute of Museum and Library Services (IMLS), 2010-2024 https://www.everylibraryinstitute.org/freckle_report_2026_15_years_public_library_use

Informe

El nuevo informe del Freckle Project, dirigido por el investigador Tim Coates y difundido por el EveryLibrary Institute, analiza quince años de estadísticas de las bibliotecas públicas estadounidenses, desde 2010 hasta 2024. Los datos muestran una paradoja especialmente relevante: las bibliotecas disponen actualmente de más instalaciones, más personal y mayores niveles de financiación que al comienzo del periodo, pero algunos de los principales indicadores de utilización física han descendido de manera considerable.

En 2024 Estados Unidos contaba con 17.580 instalaciones bibliotecarias y 147.289 empleados, mientras que las bibliotecas públicas recibieron cerca de 18.000 millones de dólares para gastos operativos y otros 1.600 millones para inversiones de capital.

El contraste resulta especialmente evidente en las visitas y los préstamos. Las visitas anuales a las bibliotecas públicas pasaron de aproximadamente 1.570 millones en 2010 a 869 millones en 2024, lo que supone una reducción cercana al 45 %. La circulación total también descendió, desde unos 2.470 millones de documentos hasta 1.710 millones durante el mismo periodo. El informe identifica además una caída particularmente pronunciada de la circulación física de materiales para adultos: una vez descontadas las circulaciones electrónicas y las correspondientes a la colección infantil, Coates estima que esta categoría se redujo alrededor de un 68 % entre 2010 y 2024.

A partir de estos datos, el informe plantea una cuestión de fondo sobre la estrategia de las bibliotecas públicas: no basta con preguntarse qué materiales se prestan, sino también cuáles no se prestan porque la biblioteca no los tiene. Coates propone revisar las colecciones físicas de manera mucho más detallada para comprobar si contienen los temas, autores, clásicos, obras de fondo y títulos de no ficción práctica que buscan los lectores. También señala la necesidad de identificar colecciones envejecidas o poco relevantes que puedan estar ocupando espacio en detrimento de materiales con mayor potencial de uso.

La propuesta implica recuperar la colección física y la experiencia de descubrimiento como elementos centrales del servicio bibliotecario. El informe recomienda analizar la circulación biblioteca por biblioteca y estantería por estantería, reforzar las colecciones básicas, mejorar la señalización y la presentación de los fondos y crear espacios que favorezcan la exploración y la lectura. En este sentido, el estudio no interpreta necesariamente la caída de la circulación como una pérdida de interés por la lectura, sino que plantea que las propias bibliotecas deben investigar hasta qué punto sus colecciones, su organización y la forma en que presentan los materiales responden a las necesidades actuales de sus comunidades.

En definitiva, el informe plantea una paradoja que resulta muy pertinente para el debate bibliotecario actual: las bibliotecas estadounidenses cuentan con más recursos que nunca, pero sus indicadores tradicionales de uso físico han retrocedido notablemente. El reto que plantea Coates es convertir esa constatación en una oportunidad para revisar las colecciones, los espacios y los mecanismos de descubrimiento, preguntándose no solamente qué servicios ofrecen las bibliotecas, sino también si están ofreciendo aquello que los usuarios realmente quieren encontrar.

Uno de cada tres contenidos recientes de la web podría estar creado o editado con IA

Richter, F. (2026, 3 de septiembre). Is AI Taking Over the Web? Statista. Statista: Is AI Taking Over the Web?

Un 35 % de las páginas analizadas publicadas después de noviembre de 2022 mostraban en julio de 2026 una alta probabilidad de haber sido escritas o editadas con IA, frente al 9,6 % cuando se considera todo el conjunto de páginas analizadas.

El crecimiento de las herramientas de inteligencia artificial generativa está transformando rápidamente la producción de contenidos en Internet. Un análisis realizado por el Pew Research Center sobre casi 490.000 páginas web, recopiladas a través de Common Crawl y analizadas mediante la herramienta de detección Open Pangram, muestra un incremento muy significativo de los textos que presentan características compatibles con haber sido escritos o editados mediante IA desde la aparición de ChatGPT en noviembre de 2022.

Antes de la llegada de ChatGPT, aproximadamente el 1 % de las páginas bajo dominios .com presentaba señales significativas de autoría mediante IA. En la primera mitad de 2026, esta proporción había aumentado hasta más del 9 %. Sin embargo, esta cifra debe interpretarse con cautela, ya que el conjunto analizado incluye páginas publicadas antes de la aparición de las herramientas actuales de IA generativa. Por ello, cuando se consideran exclusivamente contenidos publicados después de noviembre de 2022, la presencia de IA resulta considerablemente mayor.

De hecho, el dato más llamativo corresponde a julio de 2026: el 35 % de las páginas publicadas después del lanzamiento de ChatGPT presentaba una alta probabilidad de haber sido escrita o editada con inteligencia artificial. Cuando se analiza el conjunto de páginas web de la muestra, independientemente de su fecha de publicación, la proporción era del 9,6 %. La diferencia muestra hasta qué punto la utilización de IA se ha acelerado en apenas tres años y medio.

El fenómeno no afecta por igual a todos los tipos de sitios web. Según el análisis presentado por Statista, los dominios .gov y .edu presentan niveles de utilización de IA significativamente inferiores, lo que sugiere que las administraciones públicas y las instituciones educativas continúan dependiendo en mayor medida de la producción humana. Esto resulta especialmente relevante para el ámbito académico, donde la autoría, la trazabilidad y la integridad de los contenidos adquieren una importancia particular.

El estudio también pone de manifiesto un problema metodológico importante: detectar que un texto probablemente ha sido generado o editado por IA no equivale a demostrar que lo ha sido. Herramientas como Open Pangram trabajan mediante indicadores estadísticos y de estilo, por lo que pueden producir falsos positivos. Incluso elementos que se han convertido en supuestas «señales de IA», como el uso frecuente de la raya o em dash, no constituyen por sí mismos una prueba de autoría artificial.

En conjunto, los datos apuntan hacia una transformación profunda del ecosistema informativo de Internet: la web posterior a ChatGPT está incorporando contenidos producidos o modificados mediante IA a una velocidad considerable. El dato del 35 % entre las páginas posteriores a ChatGPT resulta especialmente significativo y plantea nuevas cuestiones sobre la calidad, originalidad, transparencia y fiabilidad de la información digital. La cuestión ya no parece ser si la IA está entrando en Internet, sino hasta qué punto llegará a determinar la producción futura de sus contenidos.

Anuario de Estadísticas Culturales 2025

Ministerio de Cultura de España. Anuario de Estadísticas Culturales 2025. Síntesis de Indicadores Estadísticos Culturales. Secretaría General Técnica, División de Estadística y Estudios, noviembre de 2025. https://www.cultura.gob.es/servicios-a-la-ciudadania/estadisticas/cultura/mc/aec.html

“Anuario de Estadísticos Culturales 2025”, elaborado por el Ministerio de Cultura de España, ofrece una visión integral y actualizada del peso económico, social y simbólico de la cultura dentro del país. A través de más de una veintena de fuentes estadísticas oficiales incluidas en el Plan Estadístico Nacional, el documento permite observar cómo el sector cultural no solo se ha recuperado plenamente del impacto provocado por la pandemia, sino que ha consolidado un crecimiento sostenido en empleo, consumo, participación ciudadana, producción editorial, turismo cultural e infraestructuras culturales. Más que una recopilación de cifras, el informe configura una radiografía detallada del ecosistema cultural español y de su evolución reciente.

Uno de los datos más significativos es el referido al empleo cultural, que en 2024 alcanzó las 771.000 personas ocupadas, lo que representa el 3,6 % del empleo total en España. Esta cifra supone un crecimiento del 6,6 % respecto al año anterior y supera incluso los niveles previos a la crisis sanitaria. El sector destaca además por un perfil profesional altamente cualificado: el 71,2 % de quienes trabajan en actividades culturales poseen estudios superiores, una proporción muy superior a la media nacional. También sobresale la persistencia de desigualdades de género, ya que los hombres representan el 59,4 % del empleo cultural frente al 40,6 % de mujeres.

En el ámbito empresarial, España contaba a comienzos de 2024 con 185.544 empresas vinculadas a actividades culturales, equivalentes al 5,7 % del tejido empresarial nacional. Predominan claramente las microempresas: el 68,3 % no tienen asalariados y un 26,6 % cuenta con entre uno y cinco trabajadores, lo que refleja una estructura productiva muy atomizada. Las comunidades autónomas con mayor concentración de empresas culturales son Cataluña, Comunidad de Madrid, Andalucía y Comunitat Valenciana, consolidando el peso territorial desigual del sector cultural en el país.

En cuanto a la inversión pública en cultura, las cifras muestran un esfuerzo económico considerable de las administraciones. Durante 2023, la Administración General del Estado destinó 1.285,9 millones de euros, las comunidades autónomas 1.750,9 millones, y la administración local alcanzó 4.779,1 millones de euros, lo que confirma que ayuntamientos y entidades locales siguen siendo los principales financiadores de la actividad cultural pública en España. Paralelamente, los hogares españoles gastaron en 2024 un total de 14.341,9 millones de euros en bienes y servicios culturales, equivalente al 2,2 % del gasto total familiar, con un gasto medio anual de 739,7 euros por hogar.

El informe refleja además un notable dinamismo de las industrias culturales y creativas. En materia editorial, durante 2024 se registraron 89.347 libros con ISBN, de los cuales el 32,9 % correspondieron a formatos digitales, confirmando la consolidación progresiva del libro electrónico. El subsector más activo fue el de ciencias sociales y humanidades, seguido por creación literaria e infantil-juvenil. De igual manera, las bibliotecas españolas mantienen un papel central en el ecosistema cultural: se contabilizaron 5.552 bibliotecas activas, con 28,5 millones de usuarios inscritos y más de 144 millones de visitas anuales, lo que demuestra que siguen siendo uno de los principales espacios públicos de acceso al conocimiento y la cultura.

La participación cultural ciudadana alcanza, según el informe, sus mejores niveles en décadas. La Encuesta de Hábitos y Prácticas Culturales 2024-2025 muestra una recuperación muy intensa del consumo cultural tras la pandemia. El 64,9 % de la población leyó libros durante el último año, el 48,5 % asistió al cine, el 47,6 % visitó museos o exposiciones, y el 47,1 % acudió a espectáculos en vivo, cifras superiores incluso a muchas registradas antes de 2020. Un dato especialmente revelador es la expansión del consumo digital: el 74,1 % de los hogares españoles dispone ya de suscripciones a plataformas digitales de contenidos culturales, señalando una profunda transformación en las formas contemporáneas de acceso a la cultura.

El turismo cultural se consolida igualmente como uno de los motores económicos vinculados al sector. Durante 2024 se registraron más de 38 millones de viajes motivados principalmente por actividades culturales, generando un gasto superior a 38.400 millones de euros. En paralelo, el patrimonio cultural continúa mostrando gran vitalidad: España cuenta con 18.537 bienes inmuebles declarados Bien de Interés Cultural, mientras los museos alcanzaron los 64 millones de visitantes, recuperando prácticamente las cifras prepandemia. Los archivos estatales, por su parte, gestionan millones de documentos digitalizados y registraron 3,5 millones de sesiones de consulta en línea, mostrando el avance de la digitalización patrimonial.

En conjunto, el informe evidencia que la cultura se ha convertido en un sector estratégico de la economía y la sociedad española. No solo genera empleo, moviliza turismo, activa industrias creativas y sostiene un tejido empresarial amplio, sino que además mantiene una fuerte presencia en la vida cotidiana de la ciudadanía. Los datos muestran una transición clara hacia formas híbridas de consumo cultural donde conviven espacios tradicionales —bibliotecas, museos, cine, lectura impresa— con ecosistemas digitales basados en plataformas, contenidos electrónicos y nuevos hábitos de participación. La cultura aparece así no como un sector accesorio, sino como un componente estructural del desarrollo económico, educativo y democrático de la España contemporánea.

El 91 % de los estudiantes de último curso en Yale ya utiliza inteligencia artificial para sus trabajos académicos: la universidad frente a una nueva realidad educativa

Yale Daily News. “91 Percent of Senior Class Has Used AI for Schoolwork, News Survey Finds.” Yale Daily News, 16 de mayo de 2026. Disponible en: Yale Daily News

Un reciente estudio publicado por el periódico universitario Yale Daily News revela un dato que confirma hasta qué punto la inteligencia artificial generativa se ha integrado en la vida académica contemporánea: el 91 % de los estudiantes que integran la promoción 2026 de Yale University ha utilizado herramientas de inteligencia artificial para realizar algún tipo de trabajo académico durante su etapa universitaria.

La encuesta, realizada de manera anónima entre 172 estudiantes de último curso, ofrece una radiografía muy significativa sobre cómo tecnologías como ChatGPT y otros sistemas de IA han dejado de ser una novedad experimental para convertirse en parte habitual del ecosistema educativo universitario.

Los resultados muestran que únicamente un 9,1 % de los encuestados afirmó no haber utilizado nunca herramientas de inteligencia artificial en tareas relacionadas con sus estudios. La mayoría, concretamente un 67,5 %, declaró emplearlas de manera ocasional, frecuente o muy frecuente, lo que evidencia que el uso de estas tecnologías ha alcanzado niveles de normalización impensables apenas tres años atrás, cuando la irrupción pública de modelos generativos como ChatGPT abrió un intenso debate internacional sobre plagio, autoría, originalidad y el futuro mismo del aprendizaje universitario. La generación que se gradúa en 2026 aparece así como la primera cohorte académica que ha convivido plenamente con la IA durante gran parte de su formación superior.

La encuesta también permite observar cómo se utiliza concretamente la inteligencia artificial en el trabajo universitario. Más del 75 % de los estudiantes reconoció haber empleado estas herramientas para resolver ejercicios o problem sets, una práctica especialmente extendida en disciplinas técnicas, matemáticas y científicas. Un 64 % admitió utilizar IA para ayudar en la redacción de ensayos o trabajos escritos, mientras que uno de los datos más llamativos señala que casi la mitad de los estudiantes —48,5 %— afirmó haber usado inteligencia artificial incluso para colaborar en la elaboración de su tesis final o senior thesis, un tipo de trabajo que tradicionalmente representa la culminación intelectual individual del proceso universitario. Este dato plantea interrogantes profundos sobre cómo deberán redefinirse en el futuro conceptos como esfuerzo individual, originalidad académica o evaluación del aprendizaje.

Más allá de las cifras, el estudio refleja un cambio cultural profundo dentro de la educación superior. La universidad, históricamente concebida como un espacio donde se desarrollan capacidades de análisis crítico, escritura autónoma y construcción gradual del conocimiento, se enfrenta ahora a una tecnología capaz de automatizar precisamente parte de esos procesos cognitivos. Esto genera una paradoja cada vez más visible: mientras muchas instituciones educativas mantienen restricciones severas sobre el uso de inteligencia artificial por considerarla una amenaza para la integridad académica, el mercado laboral empieza simultáneamente a exigir competencias avanzadas en el manejo de estas herramientas. De esta forma, los estudiantes viven en un escenario contradictorio donde lo que en el aula puede considerarse una forma de hacer trampa, en el ámbito profesional comienza a verse como una habilidad necesaria.

Diversos estudios complementarios publicados durante 2026 confirman que el caso de Yale no es una excepción aislada sino parte de una tendencia global. Investigaciones de organizaciones como Gallup muestran que una mayoría creciente de estudiantes universitarios utiliza inteligencia artificial semanalmente para comprender conceptos complejos, revisar ejercicios, mejorar textos, resumir apuntes o desarrollar ideas para trabajos académicos. Paralelamente, una parte importante del profesorado expresa preocupación creciente por el posible deterioro de habilidades fundamentales como la escritura autónoma, el pensamiento crítico o la capacidad de razonamiento independiente, elementos que tradicionalmente constituyen la esencia misma del aprendizaje universitario.

En definitiva, el caso de Yale University ilustra con claridad que la educación superior se encuentra en medio de una transformación estructural sin precedentes. La pregunta central ya no parece ser si los estudiantes utilizan inteligencia artificial, porque las cifras demuestran que su adopción es prácticamente universal, sino cómo deberán adaptarse las universidades para integrar esta nueva realidad sin sacrificar los principios fundamentales del aprendizaje. Más que prohibir o aceptar acríticamente estas tecnologías, el verdadero desafío educativo del futuro inmediato será redefinir qué significa aprender, crear conocimiento y demostrar competencia intelectual en una era donde la inteligencia artificial se ha convertido en una extensión cotidiana del trabajo humano.

La mitad de los adultos de Estados Unidos nunca ha utilizado un chatbot de inteligencia artificial

Gottfried, Jeffrey, William Bishop, Monica Anderson, Michelle Faverio, Eugenie Park y Colleen McClain. 2026. “Americans and AI 2026: Chatbots, Smart Devices and Views on Impact – Why don’t people use chatbots?” Pew Research Center, 17 de junio de 2026. https://www.pewresearch.org/internet/2026/06/17/why-dont-people-use-chatbots/

El informe analiza por qué una parte significativa de la población adulta en Estados Unidos no utiliza chatbots de inteligencia artificial como ChatGPT, Gemini o Copilot, a pesar de su creciente presencia en la vida cotidiana. Los resultados proceden de una encuesta representativa realizada a más de 5.000 adultos estadounidenses, lo que permite identificar patrones claros de adopción, rechazo y percepción social de estas herramientas.

El informe de Pew Research Center (17 de junio de 2026) muestra un panorama muy claro sobre la adopción de los chatbots de inteligencia artificial: su uso está lejos de ser universal y la principal explicación no es tecnológica, sino cultural y actitudinal.

En términos generales, los datos indican que el 51% de los adultos en Estados Unidos no ha usado nunca chatbots de IA, frente a un 49% que sí los ha utilizado al menos una vez. Esta división casi simétrica refleja que la tecnología está extendida, pero todavía no plenamente integrada en la vida cotidiana de la población.

Cuando se analizan las razones del no uso, el factor más importante es el desinterés, señalado por un 83% de los no usuarios. Es decir, la mayoría no rechaza activamente la tecnología, sino que simplemente no la percibe como necesaria o útil en su día a día. A esto se suma un componente de desconfianza estructural, ya que un 76% duda de la exactitud de la información que generan los chatbots, lo que limita su valor como herramienta informativa o de apoyo. En paralelo, aparece una preocupación muy marcada por la privacidad y el uso de datos personales (79%), lo que evidencia una sensibilidad creciente hacia el impacto de la inteligencia artificial en la esfera privada.

Junto a estos factores principales, el estudio también identifica barreras secundarias: un 55% declara no saber cómo usarlos, lo que apunta a ciertos déficits de alfabetización digital, aunque no son el obstáculo dominante. En cambio, la presión social o el miedo al juicio ajeno apenas influye, ya que solo un 14% menciona este motivo.

Las expectativas de futuro refuerzan esta tendencia de estancamiento. Un 67% de los no usuarios considera poco o nada probable que empiece a utilizarlos en los próximos 12 meses, lo que sugiere que la brecha de adopción podría mantenerse estable a corto plazo, sin una incorporación masiva inminente.

Los datos revelan que la no adopción de chatbots no responde a una falta de acceso tecnológico, sino a una combinación de desinterés mayoritario, desconfianza en la fiabilidad de la IA y preocupación por la privacidad, lo que configura un escenario en el que la expansión de estas herramientas depende tanto de su mejora técnica como de su aceptación social.

Observatorio de inteligencia artificial en bibliotecas de América Latina – Informe 1° 2026

Gutiérrez, F. G. (2026). Observatorio de inteligencia artificial en bibliotecas de América Latina – Informe 1° 2026. Del Papel al Algoritmo – DPA Labs. https://doi.org/10.5281/zenodo.20585963

El informe “Observatorio de IA en Bibliotecas de América Latina (OLIAB)”, desarrollado por el proyecto Del Papel al Algoritmo (DPA Labs), constituye uno de los primeros intentos sistemáticos de medir el grado real de adopción de inteligencia artificial en bibliotecas latinoamericanas. Su propósito principal es establecer una línea de base regional durante el primer semestre de 2026, construyendo un panorama documentado sobre cómo las bibliotecas de América Latina están incorporando tecnologías de IA, qué usos concretos están implementando y cuáles son las limitaciones estructurales que impiden una adopción más equilibrada.

El hallazgo central del informe es contundente: la inteligencia artificial ya forma parte del ecosistema bibliotecario latinoamericano, pero su incorporación es profundamente desigual, fragmentaria y carece, en la mayoría de los casos, de estructuras de gobernanza institucional. Dicho de otra forma, existen múltiples iniciativas reales de experimentación y adopción, pero prácticamente no existen políticas institucionales sólidas relacionadas con privacidad, transparencia algorítmica, supervisión humana o evaluación de impacto.

El observatorio diseña además un índice propio denominado ILIAB (Índice Latinoamericano de IA en Bibliotecas) que clasifica el nivel de madurez institucional en cuatro niveles: incipiente, exploratoria, en consolidación y avanzada. Este índice no mide percepción sino evidencia pública verificable, lo que lo convierte en una herramienta metodológica particularmente rigurosa.

La región ya adoptó IA, pero de forma profundamente desigual

Uno de los aspectos más relevantes del estudio es que desmonta cierta narrativa excesivamente optimista sobre la adopción global de inteligencia artificial en bibliotecas. Muchas publicaciones internacionales citan que el 67% de las bibliotecas del mundo exploran o implementan IA, dato procedente del informe Clarivate Pulse of the Library 2025. Sin embargo, OLIAB demuestra que este dato resulta metodológicamente engañoso para América Latina.

La razón es clara: la muestra global estaba compuesta por 2.032 respuestas procedentes de 109 países, pero el 77% pertenecía a bibliotecas académicas y el 46% provenía exclusivamente de Estados Unidos, por lo que no representa adecuadamente la realidad latinoamericana.

En contraste, el benchmark regional más sólido disponible analizó 222 bibliotecas distribuidas en 22 países latinoamericanos, concluyendo que la adopción regional sigue siendo limitada debido a tres barreras estructurales principales:

  • Falta de recursos financieros
  • Resistencia institucional al cambio
  • Insuficiencia de habilidades especializadas en IA

Países con mayor evidencia de implementación

El observatorio detecta que algunos países están avanzando más rápidamente en el uso institucional de IA dentro de bibliotecas.

Brasil aparece como el país con mayor volumen de evidencia pública documentada. Se destacan universidades como:

  • Pontifícia Universidade Católica do Rio Grande do Sul (PUCRS) con guías sobre uso responsable de IA
  • Universidade Estadual de Campinas (UNICAMP), utilizando IA para comunicación institucional
  • Redes profesionales como FEBAB

México muestra actividad sostenida a través de:

  • Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)
  • investigaciones sobre procesamiento del lenguaje natural aplicado a catalogación
  • desarrollo de sistemas inteligentes de búsqueda documental

Colombia destaca por experiencias públicas innovadoras:

  • BibloRed Bogotá con programas de alfabetización crítica en IA
  • Red de Bibliotecas de Medellín usando laboratorios con IA generativa
  • chatbot bibliotecario “Bibliobot” desarrollado en Uniremington

Perú, Chile, Ecuador y Argentina presentan iniciativas aisladas pero relevantes, especialmente en universidades y redes académicas.


El caso más avanzado: BIREME

El informe identifica un único caso regional que alcanza el nivel máximo del índice ILIAB (4/4):

BIREME

BIREME, organismo vinculado a la Pan American Health Organization y la World Health Organization, constituye el ejemplo más maduro de implementación regional.

Sus desarrollos incluyen:

  • DeCS Finder AI, sistema inteligente de sugerencia terminológica
  • Super Summaries, que ya cubre aproximadamente 60% de la base de datos LILACS
  • Sistemas FI-Admin e iAHx
  • Estrategia institucional 2023-2025 integrando modelos de lenguaje (LLM)

Es el único caso donde el observatorio detecta:

  • gobernanza documentada
  • evaluación parcial de impacto
  • infraestructura propia
  • alcance multinacional

Bibliotecas escolares: el gran vacío regional

Uno de los diagnósticos más preocupantes del informe es la situación de las bibliotecas escolares.

Entre las seis tipologías analizadas, las bibliotecas escolares obtienen el nivel más bajo posible:

ILIAB 1/4 (incipiente)

El observatorio concluye que no existe en ningún país latinoamericano una política pública específica que incorpore inteligencia artificial en bibliotecas escolares.

Las razones son principalmente estructurales:

  1. Infraestructura tecnológica insuficiente
  2. Ausencia de organismos coordinadores
  3. Prioridad presupuestaria en necesidades más básicas
  4. Falta de visibilidad institucional

La IA, concluye el informe, “llega última allí donde la infraestructura llega tarde”.


Ranking regional ILIAB

El índice ILIAB clasifica seis grandes tipologías bibliotecarias.

Tipo de bibliotecaNivel
Bibliotecas universitarias y académicas3/4
Bibliotecas de salud y científicas4/4
Bibliotecas públicas y comunitarias2/4
Bibliotecas nacionales y patrimoniales2/4
Bibliotecas parlamentarias y especializadas2/4
Bibliotecas escolares1/4

Las bibliotecas universitarias lideran en cantidad de proyectos, mientras que las bibliotecas especializadas en salud presentan la mayor madurez tecnológica.


El problema más grave: adopción sin gobernanza

Quizá la conclusión más importante del informe no es tecnológica sino institucional.

Las bibliotecas latinoamericanas están adoptando IA, pero casi ninguna ha desarrollado políticas formales sobre:

  • privacidad de datos de usuarios
  • sesgos algorítmicos
  • supervisión humana
  • trazabilidad de resultados
  • auditoría de errores
  • contratos equilibrados con proveedores externos

Esto genera un problema crítico: las decisiones estratégicas quedan en manos de empresas proveedoras, no de las instituciones bibliotecarias.

El informe resume esta situación con una frase muy potente:

“La gobernanza la definen los proveedores, no las instituciones.”


La gran brecha: formación profesional insuficiente

Otro hallazgo relevante es la escasez de formación especializada en IA para bibliotecarios.

El informe detecta que muchos profesionales están buscando capacitación fuera del propio sector bibliotecario.

Un ejemplo significativo:

En un curso organizado por CONICET participaron 91 personas, y aproximadamente 30% eran profesionales de la información, lo que indica una demanda formativa activa.

El problema es que la formación existente:

  • está fragmentada
  • depende de iniciativas aisladas
  • no tiene enfoque bibliotecológico
  • suele venir del sector tecnológico generalista

El observatorio reclama formación:

  • en español
  • accesible económicamente
  • con enfoque crítico
  • orientada específicamente al trabajo bibliotecario

Seis grandes conclusiones estratégicas

El informe formula seis lecturas críticas sobre el futuro de la IA en bibliotecas latinoamericanas.

1. La adopción está siendo capturada, no gobernada

Las instituciones implementan tecnología sin controlar realmente sus condiciones de uso.

2. Existen dos velocidades

Universidades avanzadas progresan rápidamente mientras bibliotecas públicas, rurales o escolares quedan rezagadas.

3. Se habla mucho de IA pero se mide poco

Existen congresos, seminarios y debates, pero casi nadie publica métricas reales de impacto.

4. La mediación humana sigue siendo insustituible

Las bibliotecas públicas están encontrando valor en enseñar pensamiento crítico frente a la IA más que en automatizar servicios.

5. El idioma es un problema político

Los grandes modelos lingüísticos están entrenados principalmente en inglés, lo que introduce sesgos contra contextos latinoamericanos.

6. El tiempo profesional es el recurso más escaso

La formación y adaptación a la IA exige tiempo que normalmente no está reconocido institucionalmente.


Datos clave extraídos del documento

Datos cuantitativos

  • 91 participantes en curso CAICYT-CONICET
  • 30% de participantes eran bibliotecarios
  • 222 bibliotecas estudiadas en benchmark regional
  • 22 países latinoamericanos analizados
  • 2.032 bibliotecas en encuesta global Clarivate
  • 77% de muestra global = bibliotecas académicas
  • 46% de muestra global = Estados Unidos
  • 67% de bibliotecas globales exploran IA (dato no extrapolable a América Latina)
  • 60% de base LILACS cubierta por Super Summaries de BIREME

Conclusiones

América Latina no enfrenta un problema de acceso a herramientas de inteligencia artificial en bibliotecas. El verdadero problema es la falta de capacidad institucional para gobernar, regular, evaluar y apropiarse críticamente de esa tecnología.

La IA ya llegó a las bibliotecas latinoamericanas, pero el desafío decisivo no será adoptarla, sino controlar las condiciones bajo las cuales esa adopción ocurre.