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Medir el uso de la información científica en la era de la inteligencia artificial

Investigadora frente a panel sobre medir el uso de información científica en IA
Una investigadora examina visualizaciones sobre el impacto de la inteligencia artificial en la ciencia.

Mellins-Cohen, Tasha. “Measuring Usage in the Age of AI”. Research Information, 21 de abril de 2026. Artículo original en Research Information

La expansión de la inteligencia artificial generativa y, especialmente, de los sistemas de IA capaces de actuar como agentes está transformando profundamente la manera en que los investigadores descubren, consultan y utilizan la información científica. Tasha Mellins-Cohen, directora ejecutiva de COUNTER Metrics, explica que durante más de dos décadas el estándar COUNTER ha permitido a bibliotecas, editores e instituciones disponer de estadísticas normalizadas y comparables sobre el uso de los contenidos académicos. Sin embargo, el modelo tradicional se enfrenta ahora a un fenómeno que la autora denomina “zero-click”: los investigadores pueden obtener información procedente de artículos científicos a través de buscadores, asistentes y herramientas de IA sin visitar directamente la plataforma del editor.

De este modo, un contenido puede generar un elevado valor para el investigador, su institución y su financiador sin producir ninguna visita registrada en la web de la editorial. Los datos de uso de 2025 comenzaron a mostrar precisamente esta transformación: mientras algunos editores observaban incrementos importantes en las cifras brutas de actividad, las estadísticas COUNTER registraban descensos apreciables en el uso humano tradicional. Una posible explicación es el crecimiento de la actividad automatizada y de los agentes de IA, especialmente en instituciones que han incorporado herramientas como asistentes de investigación basados en IA.

Ante esta situación, COUNTER considera que las métricas normalizadas no han perdido relevancia, sino que son más necesarias que nunca. La aparición de la IA plantea nuevas preguntas para bibliotecas y editores: ¿debe una biblioteca seguir invirtiendo en contenidos cuando buena parte de su utilización está mediada por un agente de IA?, ¿cómo debe calcularse el retorno de la inversión?, ¿cómo se compara el uso de diferentes servicios de IA?, ¿cómo se distingue la actividad de investigadores reales de los procesos automatizados? y ¿cómo se evita que el volumen de actividad de los agentes termine ocultando el comportamiento humano? La respuesta de COUNTER ha sido adaptar sus estándares para diferenciar los distintos tipos de acceso. La versión 5.1 del COUNTER Code of Practice había sido aprobada antes de la aparición de ChatGPT y, por tanto, no podía anticipar la magnitud del cambio. Después de un proceso de consulta con bibliotecas, editoriales, proveedores tecnológicos y desarrolladores de IA, COUNTER publicó en abril de 2026 nuevas buenas prácticas específicas para medir el uso asociado a la IA generativa y agéntica.

Uno de los principales cambios consiste en introducir el nuevo método de acceso “Agent”, que permite diferenciar la actividad de los sistemas de IA de la utilización humana convencional y de las operaciones de text and data mining (TDM). No todos los bots deben considerarse iguales: los rastreadores maliciosos o los crawlers continúan excluyéndose de las estadísticas, mientras que los agentes que actúan legítimamente a petición de un usuario deben poder contabilizarse. Esta distinción es fundamental porque la IA no utiliza necesariamente un artículo completo como lo haría una persona. Los sistemas de IA suelen trabajar con fragmentos o chunks de contenido, de aproximadamente 100-300 palabras, que son procesados para generar una respuesta. Por ello, COUNTER introduce nuevas métricas específicamente orientadas a la actividad de IA, diferenciando entre el acceso a metadatos y el acceso al texto completo. Entre ellas aparecen Total y Unique AI Investigations, que contabilizan el uso de fragmentos de metadatos, Total y Unique AI Requests, que registran el acceso autorizado al texto completo, y AI Responses Generated, destinado a medir las ocasiones en que una herramienta de IA genera una respuesta a partir de una consulta del usuario.

El cambio tiene importantes implicaciones para las bibliotecas universitarias y de investigación. Las estadísticas tradicionales ya no serán suficientes para comprender el verdadero impacto de las colecciones digitales, porque una parte creciente del consumo de información puede producirse fuera de las plataformas editoriales mediante asistentes de IA. Esto obliga a reconsiderar cómo se evalúa el valor de las suscripciones, las colecciones y los servicios de información. Al mismo tiempo, COUNTER advierte de que las nuevas métricas todavía se encuentran en una fase inicial. Su implantación por parte de los editores probablemente no será generalizada antes de finales de 2026 y es previsible que las primeras experiencias permitan detectar problemas y realizar modificaciones. Además, las actuales recomendaciones se concentran fundamentalmente en las herramientas de IA integradas en las plataformas de los propios editores, mientras que todavía resulta más difícil medir el uso realizado mediante servicios externos como Google Gemini u otras herramientas que acceden a contenidos de múltiples fuentes. Una segunda fase del proyecto pretende abordar precisamente estos escenarios y desarrollar mecanismos de medición para herramientas de terceros y contenidos distribuidos.

Un aspecto especialmente relevante es que el problema no se limita a contar accesos, sino que afecta a la propia concepción del valor y del impacto de la información científica. COUNTER señala que será necesario avanzar también en estándares de atribución, procedencia y metadatos, de modo que cuando una IA utilice un fragmento de un artículo pueda establecerse una relación clara con el documento original. Esto resulta particularmente importante para preservar la trazabilidad de la información, identificar correctamente las fuentes y evitar que contenidos retractados o desactualizados sean incorporados sin advertencia a las respuestas generadas por IA. La mejora de los metadatos puede contribuir simultáneamente a mejorar la inteligencia artificial, la recuperación de información y la accesibilidad. En este sentido, el desafío de medir el uso de la IA forma parte de una transformación más amplia de la comunicación científica: si la IA está cambiando la forma en que se descubren y consumen los contenidos, también será necesario reconsiderar qué significan las citas, las métricas de impacto y otras formas tradicionales de evaluación.

En definitiva, el artículo plantea que la IA no hace innecesarias las métricas de uso; las convierte en una infraestructura todavía más importante. En un entorno en el que los contenidos científicos pueden ser consultados directamente por personas, procesados por sistemas de IA, fragmentados en pequeñas unidades o reutilizados por agentes que trabajan en nombre de los investigadores, disponer de estándares comunes será esencial para que bibliotecas, editoriales y proveedores puedan comparar datos y tomar decisiones fundamentadas. El reto será conseguir que las nuevas métricas distingan adecuadamente entre actividad humana, automatización legítima y rastreo, sin perder de vista cuestiones de privacidad, atribución y procedencia. COUNTER apuesta así por evolucionar sus estándares en lugar de abandonarlos, entendiendo que precisamente cuando la tecnología cambia rápidamente es cuando más necesaria resulta una terminología y una metodología compartida.

Las cinco dimensiones de la visibilidad y el impacto de la investigación

Ebrahim, Nader Ale. “Measure What Matters: The Five Dimensions of Research Visibility & Impact”. LinkedIn, 2026. Artículo original en LinkedIn

El artículo plantea la necesidad de superar una concepción excesivamente limitada del impacto de la investigación científica, tradicionalmente vinculada al número de citas, el índice h, el factor de impacto de las revistas o la posición de una publicación dentro de determinados rankings bibliométricos. Aunque estos indicadores continúan siendo útiles para conocer la influencia académica de un trabajo, el autor sostiene que no permiten captar por sí solos todas las formas en que una investigación puede generar valor.

Un artículo puede recibir pocas citas y, sin embargo, ser ampliamente leído, descargado, compartido en redes académicas, utilizado por profesionales, incorporado a documentos institucionales o contribuir a una determinada política pública. Del mismo modo, una investigación puede alcanzar una elevada visibilidad antes de que su impacto bibliométrico sea apreciable, debido al tiempo que normalmente transcurre entre la publicación de un trabajo, su lectura, su utilización por otros investigadores y la aparición de nuevas citas. Por ello, la evaluación de la investigación debería contemplar un conjunto más amplio de evidencias que permita observar tanto su influencia académica como su circulación, visibilidad, utilización y repercusión social.

La propuesta se articula en torno a cinco dimensiones que permiten construir una imagen más completa del impacto de la investigación: las citas, la visibilidad, la calidad o relevancia del canal de publicación, el impacto social y la colaboración.

La primera dimensión continúa siendo el impacto bibliométrico, que puede analizarse mediante indicadores como las citas totales, el índice h, el Field-Weighted Citation Impact (FWCI) y la proporción de trabajos que se sitúan entre los artículos más citados de su campo. La importancia del FWCI reside especialmente en que permite contextualizar las citas en función de la disciplina, el año de publicación y otros factores que influyen en los patrones de citación. Esto resulta fundamental porque no todas las áreas científicas tienen las mismas prácticas de citación y, por tanto, no resulta adecuado comparar directamente el número de citas de investigadores pertenecientes a disciplinas muy diferentes. El artículo defiende así una utilización más contextualizada de los indicadores bibliométricos, evitando convertir una métrica aislada en una representación completa del valor de una investigación.

La segunda dimensión corresponde a la visibilidad. Una investigación difícilmente puede generar impacto si sus potenciales lectores no pueden descubrirla. En un sistema científico caracterizado por un crecimiento constante de la producción académica, publicar un artículo ya no garantiza que este sea encontrado y leído por las personas que podrían beneficiarse de sus resultados. La visibilidad depende de factores como la presencia en bases de datos, repositorios institucionales, perfiles académicos, identificadores persistentes, buscadores especializados y plataformas de comunicación científica. También adquieren importancia las descargas, las visualizaciones y otras evidencias de uso. Desde esta perspectiva, la publicación es solamente el comienzo del proceso de impacto: primero es necesario que el trabajo sea descubrible, después que sea leído y utilizado y, finalmente, que pueda generar nuevas investigaciones, colaboraciones o aplicaciones. La visibilidad se convierte, por tanto, en una condición previa para muchas de las demás formas de impacto.

La tercera dimensión está relacionada con la calidad y relevancia del canal de publicación. El prestigio de una revista, su posición dentro de una determinada categoría científica y los indicadores bibliométricos asociados a ella continúan teniendo importancia en el ecosistema académico, aunque el autor advierte implícitamente frente a la tendencia de utilizar el prestigio de la revista como sustituto de la evaluación del propio artículo. Un trabajo científico no adquiere automáticamente una determinada calidad por el simple hecho de aparecer en una revista prestigiosa, del mismo modo que una investigación relevante no debería quedar infravalorada exclusivamente porque haya sido publicada en un canal con menor impacto bibliométrico. La evaluación responsable requiere distinguir entre las características del vehículo de comunicación y las evidencias concretas de influencia de cada investigación. Esta distinción resulta especialmente importante en un contexto en el que las políticas de evaluación científica están avanzando hacia modelos que intentan valorar los resultados y contribuciones de los investigadores de una manera más amplia.

La cuarta dimensión corresponde al impacto social, una cuestión cada vez más relevante dentro de las políticas contemporáneas de investigación. El conocimiento científico no produce necesariamente su principal efecto dentro de las universidades o centros de investigación. Puede influir en políticas públicas, organizaciones, empresas, profesionales, instituciones educativas, medios de comunicación y ciudadanos. Las altmétricas pueden aportar información complementaria para observar parte de esta circulación, especialmente cuando un trabajo recibe atención en redes sociales, medios digitales, blogs, plataformas académicas o espacios de comunicación científica. Sin embargo, la mera acumulación de menciones no debería confundirse automáticamente con impacto. Una gran cantidad de atención puede indicar visibilidad, pero el impacto requiere evidencias de utilización, influencia o transformación. La cuestión esencial consiste, por tanto, en identificar qué ocurre con el conocimiento una vez que abandona el circuito estrictamente académico y llega a otros públicos y contextos de aplicación.

La quinta dimensión se refiere a la colaboración, especialmente a la colaboración internacional. La investigación contemporánea se desarrolla cada vez con mayor frecuencia mediante redes que conectan investigadores, universidades, centros de investigación y países diferentes. La colaboración puede ampliar la circulación de los resultados, facilitar el intercambio de conocimientos, favorecer nuevos proyectos y aumentar las posibilidades de que una investigación sea conocida y utilizada en contextos diferentes. La tasa de colaboración internacional constituye, por ello, un indicador que ayuda a comprender la dimensión relacional de la investigación. No se trata únicamente de contabilizar cuántos autores participan en un artículo, sino de observar hasta qué punto la investigación forma parte de redes científicas amplias y diversas. La colaboración puede convertirse además en un mecanismo para incrementar tanto la visibilidad como la influencia posterior de los resultados.

A partir de estas dimensiones, el autor propone considerar un conjunto de indicadores que combina bibliometría tradicional, datos de uso, visibilidad digital, acceso abierto, altmétricas y colaboración. Entre ellos aparecen el FWCI, las citas totales, el índice h, la proporción de trabajos situados entre el 10 % más citado, la identificación de trabajos altamente citados, el porcentaje de publicaciones en acceso abierto, las descargas y visualizaciones, el Altmetric Attention Score, la colaboración internacional y el crecimiento de las citas. La importancia de esta combinación reside precisamente en que ningún indicador individual pretende explicar por sí solo el impacto de una investigación. El objetivo es construir un perfil multidimensional que permita responder a preguntas diferentes: cuánto se cita un trabajo, quién lo encuentra, quién lo lee, dónde circula, qué atención recibe, con quién se conecta y qué utilización puede tener más allá del ámbito académico.

Esta perspectiva resulta especialmente coherente con la evolución de la ciencia abierta y con los cambios que está experimentando la comunicación científica. El acceso abierto, los repositorios institucionales, los identificadores persistentes como ORCID y la disponibilidad de metadatos estructurados facilitan que las investigaciones puedan ser descubiertas y utilizadas por comunidades mucho más amplias. La publicación deja de ser así un acontecimiento aislado para convertirse en una etapa dentro de un ciclo de comunicación que incluye producción, publicación, descubrimiento, lectura, reutilización, citación, difusión y aplicación. En este contexto, la visibilidad adquiere un valor estratégico porque permite que los resultados lleguen a públicos que probablemente nunca habrían encontrado el artículo a través de los canales tradicionales.

Para las bibliotecas universitarias, esta propuesta tiene importantes implicaciones. Los servicios bibliotecarios pueden desempeñar un papel activo en la mejora de la visibilidad y el impacto de la investigación mediante el asesoramiento sobre repositorios, acceso abierto, ORCID, perfiles académicos, metadatos, identificadores persistentes y estrategias de difusión. También pueden ayudar a los investigadores a interpretar correctamente los indicadores bibliométricos y altmétricos, evitando usos simplistas o inadecuados de las métricas. De esta manera, la biblioteca se convierte no solo en un servicio de acceso a la información científica, sino también en un agente de apoyo a la comunicación, evaluación y difusión de la investigación. La alfabetización bibliométrica y la formación en ciencia abierta adquieren así una importancia creciente dentro de los servicios de apoyo a la investigación.

La aparición de la inteligencia artificial introduce además una nueva dimensión en esta cuestión. Los investigadores dependen cada vez más de sistemas automatizados para descubrir literatura, resumir documentos, identificar conexiones entre trabajos y localizar información relevante. Esto significa que la descubribilidad de una investigación ya no depende exclusivamente de que aparezca bien posicionada en una base de datos tradicional. Los metadatos de calidad, los identificadores persistentes, la accesibilidad del texto completo y una adecuada estructuración de la información pueden influir también en la capacidad de los sistemas digitales y de IA para localizar y recomendar determinados trabajos. La visibilidad científica empieza, por tanto, a adquirir una dimensión algorítmica: una investigación debe ser no solo visible para los investigadores, sino también suficientemente accesible y estructurada para los sistemas que participan cada vez más en los procesos de descubrimiento científico.

El artículo propone pasar de una visión de la investigación basada fundamentalmente en la pregunta “¿cuántas citas ha recibido?” a una perspectiva mucho más amplia: “¿cómo circula, quién la descubre, quién la utiliza, con quién se conecta y qué efectos produce?”. Las cinco dimensiones —impacto de las citas, visibilidad, calidad del canal de publicación, impacto social y colaboración— permiten construir una imagen más rica y equilibrada del valor de la actividad científica. La principal aportación de este enfoque consiste en recordar que el impacto no comienza cuando aparece una cita ni termina cuando se publica un artículo. Se desarrolla a través de un proceso en el que la investigación debe ser descubierta, leída, compartida, conectada con otros trabajos, incorporada a nuevas investigaciones y, cuando sea posible, utilizada para generar conocimiento, innovación o beneficios sociales.

Cómo las bibliotecas universitarias impulsan el éxito académico del alumnado

Ekpolomo, Onyebuchi. The Invisible Influence of Academic Libraries: How They Shape Student Success. LinkedIn Pulse, 2026. https://www.linkedin.com/pulse/invisible-influence-academic-libraries-how-shape-success-ekpolomo-ggmje/

Se analiza el papel fundamental, aunque con frecuencia poco visible, que desempeñan las bibliotecas universitarias en el éxito académico de los estudiantes. El autor sostiene que, más allá de ser espacios destinados al préstamo de libros o al estudio, las bibliotecas se han convertido en infraestructuras estratégicas para el aprendizaje, la investigación y el desarrollo de competencias esenciales para la educación superior. Su contribución suele pasar desapercibida porque gran parte de su impacto se produce de forma indirecta: proporcionando acceso equitativo a recursos de información, ofreciendo orientación especializada y creando entornos que favorecen el aprendizaje autónomo y colaborativo.

Uno de los principales argumentos del texto es que el éxito estudiantil no depende únicamente del esfuerzo individual o de la calidad de la docencia, sino también del ecosistema de apoyo que rodea al estudiante. En este contexto, la biblioteca constituye un elemento central al facilitar el acceso a literatura científica, bases de datos especializadas, recursos digitales y servicios de asesoramiento bibliográfico. Los bibliotecarios desempeñan un papel educativo cada vez más relevante al enseñar estrategias de búsqueda, evaluación crítica de la información, gestión de referencias bibliográficas y uso ético de la información. Estas competencias fortalecen la alfabetización informacional y permiten a los estudiantes desenvolverse con mayor solvencia en entornos académicos caracterizados por la sobreabundancia de información y la creciente complejidad de la investigación.

El autor también destaca la transformación experimentada por las bibliotecas en los últimos años como consecuencia de la digitalización y de los cambios en la educación superior. Lejos de limitarse a custodiar colecciones, las bibliotecas ofrecen hoy espacios de aprendizaje flexible, servicios virtuales, apoyo a la investigación, programas de alfabetización digital y recursos accesibles para estudiantes con diferentes necesidades. Esta evolución ha permitido que las bibliotecas participen activamente en la mejora de la experiencia universitaria, favoreciendo tanto el rendimiento académico como la permanencia y el bienestar de los estudiantes. Diversas investigaciones citadas en el ámbito bibliotecario muestran que existe una relación positiva entre el uso de los servicios bibliotecarios y mejores resultados académicos, mayores tasas de retención y una experiencia universitaria más satisfactoria.

El artículo defiende que las universidades deberían reconocer de manera más explícita el valor estratégico de sus bibliotecas dentro de las políticas institucionales de éxito estudiantil. Para ello, resulta necesario fortalecer la colaboración entre bibliotecarios, docentes, investigadores y responsables académicos, integrando los servicios bibliotecarios en los planes de estudio y en las iniciativas de apoyo al aprendizaje. El autor concluye que las bibliotecas universitarias ejercen una «influencia invisible» porque sus contribuciones rara vez aparecen reflejadas en indicadores tradicionales, aunque constituyen uno de los pilares que hacen posible el desarrollo académico, la investigación de calidad y la formación de graduados capaces de desenvolverse críticamente en la sociedad del conocimiento.

Publicación lenta, impacto duradero: Robert Harington reivindica el valor de no ser siempre el primero

Harington, Robert. Slow Food, Slow Publishing: The Beauty of Not Being First. The Scholarly Kitchen, 15 de julio de 2026. The Scholarly Kitchen.

Robert Harington, director editorial de la American Mathematical Society (AMS), propone en este artículo una reflexión crítica sobre la creciente obsesión de la comunicación científica por la velocidad. Frente a un ecosistema dominado por la urgencia de publicar antes que los demás, la presión por adoptar inmediatamente cada nueva tendencia tecnológica y la acelerada irrupción de la inteligencia artificial, el autor defiende una filosofía de la «publicación lenta» (slow publishing). Inspirándose en movimientos como el slow food y el periodismo lento, sostiene que la calidad, la reflexión y el compromiso con la comunidad científica deben prevalecer sobre la carrera permanente por ser los primeros en innovar o difundir resultados.

El artículo parte de la experiencia cotidiana del propio Harington en la AMS, donde observa cómo el debate editorial gira constantemente en torno a cuestiones urgentes: la crisis de la financiación científica, la búsqueda de nuevos modelos de negocio o la incorporación de la inteligencia artificial generativa en la creación de manuscritos. Aunque reconoce la importancia de estos desafíos, advierte que muchas veces la rapidez con la que el sector intenta reaccionar conduce a decisiones precipitadas y políticas cuyo impacto real sobre los autores resulta limitado. Para el autor, la publicación académica necesita recuperar espacios para la deliberación, el análisis y la evaluación pausada antes de adoptar cambios estructurales.

Como ejemplo tangible de esta filosofía, Harington describe el taller de impresión de la American Mathematical Society, que continúa produciendo libros mediante procesos cuidadosamente controlados, aunque incorporando tecnologías digitales modernas. La elaboración de una obra académica —desde la escritura y la revisión hasta la impresión y encuadernación— requiere tiempo y atención al detalle. Ese ritmo pausado no representa un retraso, sino una garantía de calidad y permanencia. Según el autor, disciplinas como las matemáticas, las humanidades o la economía demuestran que la excelencia científica no depende necesariamente de la velocidad de publicación, sino de la solidez intelectual de los contenidos y de su capacidad para perdurar.

El texto también aborda la cuestión del acceso abierto. Harington explica que la AMS ha optado por modelos Green y Diamond Open Access, evitando los cargos por procesamiento de artículos (APC). Considera que esta estrategia responde mejor a las características de la comunidad matemática, donde conviven libros, revistas y repositorios de preprints como arXiv dentro de un ecosistema equilibrado. Al no dejarse arrastrar por cada nueva moda editorial, la sociedad ha podido observar cómo numerosos modelos comerciales aparecían y desaparecían, mientras mantenía un sistema centrado en el servicio a la comunidad investigadora y en la sostenibilidad a largo plazo.

Respecto a la inteligencia artificial, el autor adopta una postura deliberadamente moderada. Reconoce que la IA ya forma parte de los flujos de trabajo de autores, editores y lectores, pero rechaza convertirla en el eje que defina el futuro de la publicación científica. En su opinión, la IA debe entenderse como una herramienta útil, no como un elemento que sustituya el criterio editorial, la revisión por pares o el valor intelectual de las obras académicas. La verdadera innovación consiste en integrar estas tecnologías de forma prudente, sin perder de vista los principios fundamentales de rigor, transparencia y servicio a la comunidad científica.

Como conclusión, Harington reivindica que existe una auténtica belleza —y también una lógica empresarial— en avanzar más despacio. No propone rechazar la innovación ni ignorar los cambios tecnológicos, sino observarlos con calma, comprender sus implicaciones y adoptar únicamente aquellas transformaciones que aporten un beneficio real y duradero. En un contexto donde la inmediatez parece haberse convertido en un valor absoluto, el autor recuerda que la misión de la publicación académica no consiste en ganar la carrera de la velocidad, sino en construir conocimiento fiable, duradero y útil para las generaciones futuras.

Descubren una red de 80.000 citas fraudulentas ocultas en los metadatos de publicaciones científicas

Besançon, Lonni; Cabanac, Guillaume; Labbé, Cyril; Magazinov, Alexander; di Scala, Jules; Tkaczyk, Dominika; Weber-Boer, Kathryn (2025). Detection of metadata manipulations: Finding sneaked references in the scholarly literature. Preprint enviado a Journal of the Association for Information Science and Technology (JASIST). arXiv:2501.03771. Disponible en: arXiv – Detection of metadata manipulations

La investigación demuestra que la infraestructura global de comunicación científica presenta una vulnerabilidad crítica: es posible manipular artificialmente el impacto académico insertando citas inexistentes en los metadatos de un artículo sin alterar el documento publicado, comprometiendo así la fiabilidad de los sistemas internacionales de evaluación basados en citación. Los resultados son extraordinariamente reveladores. El análisis de 4.077 documentos identificó más de 80.000 referencias fraudulentas insertadas artificialmente, distribuidas en 2.787 artículos manipulados.

Este trabajo constituye una de las investigaciones más inquietantes y relevantes de los últimos años en el ámbito de la integridad científica, al revelar una nueva forma de manipulación bibliométrica basada en la inserción de lo que los autores denominan “sneaked references” o referencias infiltradas. Se trata de citas que no aparecen en el texto visible ni en la bibliografía real de un artículo científico, pero que sí son introducidas artificialmente en los metadatos depositados en infraestructuras académicas como Crossref, permitiendo que sistemas bibliométricos las contabilicen como citas legítimas. El hallazgo cuestiona directamente la fiabilidad de numerosos indicadores de impacto científico utilizados globalmente, desde el índice h hasta métricas institucionales empleadas en rankings universitarios, financiación de proyectos o evaluación académica.

El estudio se centra inicialmente en el caso del International Journal of Innovative Science and Research Technology (IJISRT), una revista en la que los investigadores detectaron un patrón sistemático de inserción fraudulenta de referencias adicionales durante el registro de metadatos. Estas referencias eran invisibles para cualquier lector que consultara el PDF del artículo, pero aparecían en los registros enviados a Crossref, generando citas falsas que beneficiaban principalmente a artículos publicados en la misma revista. Este mecanismo constituye una variante sofisticada del conocido fenómeno del citation gaming, es decir, estrategias destinadas a inflar artificialmente el número de citas recibidas por revistas o artículos con el fin de mejorar indicadores de impacto y reputación científica.

Para detectar esta anomalía, los autores diseñan dos metodologías automatizadas innovadoras. La primera consiste en comparar la lista de referencias depositadas en los metadatos de Crossref con las referencias extraídas automáticamente del PDF mediante herramientas como GROBID, especializada en extracción estructurada de documentos académicos. La segunda técnica compara directamente el texto completo extraído del PDF con las cadenas textuales almacenadas en los registros de referencias de Crossref, utilizando algoritmos de similitud textual como la distancia de Levenshtein implementada en bibliotecas como RapidFuzz. Ambas metodologías buscan determinar si una referencia registrada en el sistema realmente aparece en el documento original o si ha sido añadida clandestinamente en la fase de indexación.

Los resultados son extraordinariamente reveladores. El análisis de 4.077 documentos identificó más de 80.000 referencias fraudulentas insertadas artificialmente, distribuidas en 2.787 artículos manipulados. Algunos artículos beneficiados llegaron a recibir cientos de citas indebidas, alcanzando cifras completamente anómalas en plataformas como Digital Science Dimensions o OpenAlex OpenAlex. El caso más extremo documentado en el artículo corresponde a un DOI que aparecía acreditado con aproximadamente 1.700 citas en Dimensions y 1.800 en OpenAlex, aunque una parte sustancial de esas citas provenían exclusivamente de referencias falsas introducidas en metadatos y nunca presentes en publicaciones reales. Esto demuestra que la manipulación logró atravesar múltiples sistemas de agregación científica y afectar directamente bases de datos utilizadas mundialmente para evaluar investigación.

Uno de los aspectos más preocupantes del estudio es que esta manipulación ocurre en una capa invisible para la mayoría de investigadores, bibliotecarios y evaluadores científicos. Tradicionalmente, las malas prácticas en citación implicaban añadir citas irrelevantes dentro del propio artículo, mediante coerción editorial o acuerdos entre autores. Sin embargo, el mecanismo identificado aquí opera después de la publicación, en el nivel de los metadatos depositados en infraestructuras centrales del ecosistema científico. Esto significa que incluso artículos perfectamente legítimos pueden convertirse, sin conocimiento de sus autores, en vehículos para generar citas artificiales que alteren métricas globales. El problema deja de ser un asunto editorial aislado para convertirse en una vulnerabilidad sistémica de la infraestructura internacional de comunicación científica.

Los investigadores intentaron además escalar el análisis a gran escala examinando más de 47 millones de documentos científicos procesados por Dimensions desde el año 2000, con el objetivo de detectar patrones similares en toda la literatura académica mundial. Aunque el procesamiento masivo presenta limitaciones técnicas, especialmente en la extracción automática de referencias desde archivos PDF, el estudio demuestra que existen mecanismos potenciales para auditar grandes volúmenes de literatura científica y detectar patrones anómalos de citación. Los autores también exploraron heurísticas basadas en referencias duplicadas dentro de registros Crossref como posible señal temprana de manipulación sistemática.

El artículo plantea profundas implicaciones para todo el ecosistema de comunicación científica. Si plataformas como Crossref, OpenAlex, Scopus o sistemas derivados utilizan metadatos potencialmente manipulados, entonces gran parte de los indicadores bibliométricos contemporáneos podrían estar sujetos a distorsiones invisibles. Los autores reclaman mecanismos de auditoría más rigurosos por parte de infraestructuras académicas, validaciones automáticas entre texto completo y metadatos depositados, así como mayor vigilancia sobre prácticas editoriales sospechosas. Más allá del caso específico investigado, el estudio abre una discusión fundamental sobre la fragilidad de los sistemas de evaluación científica contemporáneos y sobre cómo la obsesión por las métricas cuantitativas puede incentivar nuevas formas de fraude cada vez más sofisticadas y difíciles de detectar.

Por qué el impacto científico es más que una simple cuestión de números

Banino, Yehonatan. Guest Post — Beyond the Prestige: Why Scientific Impact is More Than a Numbers Game. En The Scholarly Kitchen, 1 de julio de 2026. Publicado por la Society for Scholarly Publishing.

El autor plantea una crítica profunda al modo en que tradicionalmente se evalúa el impacto de la investigación científica. Durante décadas, la academia ha utilizado métricas cuantitativas simples, especialmente el número bruto de citas recibidas por un artículo o el prestigio de la revista donde se publica, como indicadores casi absolutos del valor de una investigación. Sin embargo, Banino argumenta que esta visión resulta limitada e incluso engañosa, ya que reduce la complejidad del conocimiento científico a cifras descontextualizadas que no reflejan adecuadamente la verdadera influencia de un trabajo académico.

Uno de los argumentos centrales del texto es que las citas, por sí solas, carecen de significado cuando no se interpretan dentro de un contexto comparativo adecuado. Un artículo que ha recibido veinticinco citas puede parecer exitoso, pero ese número solo adquiere sentido cuando se analiza en relación con otros trabajos publicados en la misma disciplina, en el mismo periodo temporal y dentro de comunidades científicas similares. El autor utiliza una analogía pedagógica: dos estudiantes pueden obtener exactamente la misma nota en un examen, pero el valor real de esa calificación cambia radicalmente dependiendo del promedio general del grupo. De igual manera, una cifra aislada en ciencia no representa necesariamente impacto o calidad.

Banino propone superar esta visión tradicional mediante herramientas de evaluación más sofisticadas, centradas en métricas relativas en lugar de métricas absolutas. En este contexto presenta el llamado YCR-index, un sistema que busca medir la influencia científica tomando en cuenta factores comparativos como el área temática, el año de publicación y el comportamiento general de trabajos equivalentes. Según esta perspectiva, el verdadero valor científico no debe medirse simplemente contando citas, sino analizando cómo una investigación destaca dentro de su ecosistema académico específico. La propuesta intenta corregir lo que denomina la “trampa de la citación bruta”, es decir, la falsa idea de que más citas equivalen automáticamente a mayor relevancia científica.

El artículo también se inserta dentro de un debate cada vez más amplio en la comunicación académica contemporánea sobre las limitaciones de indicadores tradicionales como el Impact Factor, el h-index y otros sistemas bibliométricos. Diversos sectores de la comunidad científica han advertido que estas métricas han terminado incentivando prácticas problemáticas: presión excesiva por publicar en revistas prestigiosas, priorización del volumen sobre la calidad, estrategias editoriales diseñadas para aumentar artificialmente las citas y desigualdades estructurales que perjudican especialmente a investigadores jóvenes o pertenecientes a regiones periféricas del sistema científico global.

En el fondo, la reflexión de Banino invita a reconsiderar qué significa realmente “impacto científico”. La ciencia, sostiene implícitamente el autor, no puede evaluarse únicamente mediante indicadores cuantitativos porque su verdadero valor reside también en factores más difíciles de medir: la originalidad de una idea, su capacidad de transformar paradigmas, su utilidad social, su influencia a largo plazo y su contribución al avance colectivo del conocimiento. En una época marcada por debates sobre ciencia abierta, inteligencia artificial, transparencia editorial y nuevas formas de evaluación académica, este texto representa una defensa de modelos más justos, contextualizados y humanizados para valorar la producción científica.

El artículo constituye una llamada a abandonar la dependencia excesiva de los indicadores numéricos y avanzar hacia una cultura científica donde el valor de la investigación no quede determinado exclusivamente por el prestigio editorial o por estadísticas de citación, sino por la auténtica contribución intelectual y social que cada trabajo aporta al ecosistema global del conocimiento.

Clarivate publica el Journal Citation Reports 2026

Research Information. “Clarivate Releases Journal Citation Reports 2026”. Junio de 2026. Basado en el anuncio oficial de Clarivate Analytics

Clarivate ha presentado la edición 2026 de su influyente informe Journal Citation Reports (JCR), una de las herramientas bibliométricas más utilizadas en el mundo académico para evaluar el impacto y la influencia de las revistas científicas. Esta nueva edición refuerza la apuesta por una evaluación más responsable, contextualizada y multidimensional de las publicaciones científicas, en un momento en que la comunidad investigadora cuestiona cada vez más la dependencia exclusiva del tradicional Impact Factor.

El informe, integrado en la plataforma Journal Citation Reports de Clarivate, amplía significativamente su cobertura global. La edición 2026 incorpora 22.643 revistas académicas procedentes de 113 países y distribuidas en 254 categorías temáticas, consolidando a JCR como uno de los repertorios de referencia para universidades, bibliotecas, agencias de evaluación e instituciones científicas. La metodología mantiene un enfoque estable que permite comparaciones longitudinales entre disciplinas y seguimiento de tendencias de publicación a escala internacional.

Una de las principales líneas de evolución del JCR 2026 es el énfasis en la evaluación responsable de revistas, reduciendo la centralidad histórica del Journal Impact Factor (JIF) como único indicador de calidad. Clarivate insiste en que las métricas de revista no deben utilizarse para evaluar directamente investigadores individuales o artículos concretos. En este sentido, la plataforma complementa el JIF con indicadores adicionales como el Journal Citation Indicator (JCI), métricas normalizadas por campo disciplinar, estadísticas de acceso abierto, datos sobre contribuciones editoriales y análisis comparativos por categoría científica.

El lanzamiento refleja también cambios más amplios en el ecosistema de la comunicación científica. Según Clarivate, el crecimiento de modelos de publicación en acceso abierto, la expansión de revistas multidisciplinares y el aumento global del volumen de citación exigen herramientas analíticas más sofisticadas. Por ello, JCR 2026 incorpora nuevos mecanismos de contextualización que permiten interpretar mejor la influencia de una revista dentro de su propio campo, evitando comparaciones simplistas entre disciplinas con dinámicas de citación muy diferentes.

Para bibliotecarios, gestores de colecciones y responsables universitarios, esta actualización resulta especialmente relevante porque influye directamente en políticas de suscripción, estrategias de adquisición, decisiones de financiación y evaluación institucional de la investigación. El sistema sigue funcionando como referencia central en numerosos procesos de acreditación académica y análisis del rendimiento científico internacional, aunque en paralelo continúa creciendo el debate sobre alternativas más abiertas y menos dependientes de métricas cuantitativas tradicionales.

La biblioteca más allá de la biblioteca: reformulando la propuesta de valor de la biblioteca para lograr visibilidad e impacto.

Lavoie, Brian y Rebecca Bryant. The Library Beyond the Library. Hanging Together (OCLC Research Blog), 5 de junio de 2024. Proyecto ampliado posteriormente en el informe de OCLC Research – The Library Beyond the Library (abril de 2026)

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Durante décadas, las bibliotecas universitarias han desempeñado un papel claramente definido dentro de las universidades: gestionar colecciones físicas y digitales, organizar recursos documentales y facilitar el acceso a información adquirida externamente para estudiantes, docentes e investigadores. Este modelo tradicional, centrado en la gestión de colecciones y servicios bibliográficos, permitió que las bibliotecas funcionaran de forma relativamente autónoma, siendo percibidas como espacios dedicados principalmente a custodiar conocimiento y proporcionar acceso a materiales académicos. Sin embargo, los profundos cambios experimentados por la investigación científica, la digitalización y las nuevas dinámicas institucionales han provocado una transformación sustancial de este paradigma.

El informe desarrollado por OCLC Research introduce el concepto “The Library Beyond the Library” (“La biblioteca más allá de la biblioteca”), una idea que refleja cómo las bibliotecas universitarias están expandiendo su radio de acción mucho más allá de sus funciones históricas. Ya no se limitan a administrar colecciones o proporcionar servicios de préstamo, sino que participan activamente en áreas estratégicas vinculadas al ecosistema global de investigación institucional. Esto incluye la gestión de datos científicos, repositorios institucionales, apoyo a políticas de ciencia abierta, análisis bibliométricos, visibilidad académica, gestión de perfiles de investigadores, preservación digital, apoyo a la publicación científica y desarrollo de infraestructuras de información para la toma de decisiones universitarias.

Uno de los hallazgos centrales del estudio es que esta evolución está obligando a las bibliotecas a establecer alianzas transversales con otras unidades universitarias. Servicios antes exclusivamente bibliotecarios ahora requieren colaboración con oficinas de investigación, departamentos de tecnologías de la información, unidades de innovación educativa, áreas de gestión institucional y oficinas dedicadas a la captación de fondos o al cumplimiento de políticas científicas internacionales. Estas colaboraciones generan nuevos modelos organizativos en los que la biblioteca deja de ser una unidad aislada para convertirse en una pieza integrada dentro de la infraestructura estratégica de la universidad. El conocimiento especializado de los bibliotecarios comienza así a insertarse en procesos institucionales mucho más amplios relacionados con la producción científica y la reputación académica.

Los investigadores Brian Lavoie y Rebecca Bryant subrayan que este cambio no consiste únicamente en ampliar servicios, sino en redefinir la propuesta de valor de la biblioteca. Tradicionalmente, el valor de la biblioteca se medía por indicadores visibles como número de préstamos, tamaño de la colección o afluencia de usuarios. En el nuevo escenario, buena parte del trabajo bibliotecario ocurre “detrás del escenario”, influyendo en procesos complejos que muchos actores universitarios no identifican inmediatamente como parte del trabajo bibliotecario. Esto genera un desafío importante: cuanto más estratégica se vuelve la biblioteca, más invisible puede parecer su contribución si no se comunica adecuadamente su impacto dentro de la institución. La percepción pública continúa asociando a menudo la biblioteca únicamente con libros, salas de estudio o acceso a recursos electrónicos, ignorando funciones emergentes de enorme relevancia institucional.

El estudio presenta varios casos concretos que ilustran esta transición. En la University of Manchester, por ejemplo, la biblioteca lidera una nueva oficina institucional dedicada a la investigación abierta, centralizando servicios que involucran a múltiples departamentos universitarios. En la Montana State University se creó una alianza de investigación donde unidades bibliotecarias y no bibliotecarias trabajan conjuntamente desde un mismo espacio operativo, posicionando a la biblioteca como nodo central del ecosistema investigador. En la University of Illinois Urbana-Champaign, la biblioteca administra sistemas institucionales de gestión de información científica financiados por el vicerrectorado de investigación, extendiendo su experiencia en metadatos hacia la construcción de infraestructuras que apoyan la planificación estratégica universitaria. Estos ejemplos muestran cómo la biblioteca puede asumir un rol de liderazgo en estructuras institucionales antes alejadas de su ámbito tradicional.

Otro concepto clave asociado al informe es el de interoperabilidad social, entendido como la capacidad de crear relaciones funcionales sostenibles entre personas, departamentos e instituciones distintas para facilitar colaboración efectiva. Las bibliotecas necesitan hoy no solo competencias técnicas en organización del conocimiento o gestión documental, sino también habilidades para negociar, coordinar proyectos interdisciplinarios, liderar redes institucionales y construir puentes entre comunidades académicas diversas. El bibliotecario contemporáneo evoluciona así hacia un perfil híbrido donde conviven capacidades tecnológicas, analíticas, comunicativas y estratégicas. La gestión de información sigue siendo central, pero ahora inserta dentro de un ecosistema mucho más interdependiente y colaborativo.

En última instancia, el informe advierte que las bibliotecas que no logren adaptarse a esta transformación corren el riesgo de perder relevancia institucional, recursos económicos e influencia dentro de sus organizaciones. A medida que universidades y centros de investigación priorizan productividad científica, ciencia abierta, colaboración interdisciplinaria y financiación competitiva, las bibliotecas deben demostrar de manera clara cómo contribuyen directamente a estos objetivos estratégicos. El futuro bibliotecario ya no depende únicamente de preservar colecciones o garantizar acceso a información, sino de posicionarse como un actor imprescindible dentro de la infraestructura intelectual y científica de la institución. “La biblioteca más allá de la biblioteca” representa precisamente esta transición: pasar de ser un espacio de servicios tradicionales a convertirse en un socio estratégico esencial para la creación, gestión y circulación del conocimiento en la universidad del siglo XXI.

Redefinir la publicación científica: por qué avanzamos más allá del artículo

Diagram showing knowledge ecosystems including living documents, multimedia narratives, augmented reality overlays, interactive explorations, and community dialogue.
Visualization of interconnected knowledge ecosystems transforming publishing beyond traditional articles.

Hrynaszkiewicz, Iain. “Redefining Publishing: Why We’re Moving Beyond the Article.” Research Information, October 2, 2025. Research Information

El artículo de Iain Hrynaszkiewicz plantea una crítica de fondo al modelo tradicional de comunicación científica, centrado casi exclusivamente en el artículo académico y en el prestigio de la revista donde se publica. Según el autor, este sistema ya no refleja cómo se produce realmente la ciencia contemporánea ni cómo debería evaluarse. La investigación actual es más colaborativa, abierta, interdisciplinar y distribuida en múltiples fases, mientras que los mecanismos de reconocimiento siguen premiando sobre todo el resultado final: el paper. Esta desconexión genera incentivos distorsionados y dificulta valorar contribuciones esenciales como los datos, el código, los protocolos, la mentoría o la ciencia en etapas tempranas.

Para explicar que el cambio es posible, el texto recuerda innovaciones previas que transformaron la comunicación académica. Entre ellas destacan los identificadores persistentes como el DOI, que estabilizaron las citas digitales; ORCID, que permite identificar autores de forma inequívoca; la taxonomía CRediT, que reconoce distintos tipos de contribución; y el auge de los preprints y de la compartición de datos. Todas estas herramientas surgieron para resolver carencias del sistema y prosperaron gracias a la cooperación entre editoriales, universidades, financiadores e infraestructuras técnicas. El mensaje central es que la evolución de la ciencia depende menos de actores aislados y más de consensos colectivos sostenidos en el tiempo.

En ese contexto, el autor presenta la iniciativa de PLOS para replantear el ecosistema editorial mediante un proyecto de dieciocho meses financiado por fundaciones filantrópicas. Su propuesta principal es el denominado knowledge stack o “pila de conocimiento”: un sistema donde los distintos productos de investigación —datos, software, métodos, hipótesis, resultados parciales, revisiones y artículos finales— sean visibles, enlazables, atribuibles y evaluables como partes de un mismo proceso. Esto supone pasar de una lógica centrada en un único documento final a otra basada en un registro completo y continuo de la actividad científica.

El artículo también subraya que la ciencia abierta no debe entenderse solo como una obligación normativa impuesta por agencias financiadoras, sino como una oportunidad estratégica para universidades y centros de investigación. Compartir métodos, datos y resultados mejora la transparencia, facilita la reproducibilidad y fortalece la integridad científica. Además, puede aumentar la visibilidad institucional, acelerar descubrimientos y favorecer la competitividad internacional. Desde esta perspectiva, abrir la ciencia no es solo una cuestión ética, sino también una ventaja organizativa y reputacional.

Otro aspecto relevante del texto es su mirada comparada sobre distintas regiones del mundo. El autor observa que Europa y Reino Unido avanzan más rápidamente en políticas de evaluación responsable y ciencia abierta, mientras que Asia y Norteamérica muestran progresos más desiguales o descentralizados. Aun así, en casi todos los contextos persiste la dependencia del artículo de revista como medida principal del mérito académico. Las inercias culturales, la presión competitiva por financiación y la dificultad de comparar disciplinas frenan reformas más profundas. Incluso quienes desean cambiar el sistema temen perjudicar a investigadores jóvenes si se apartan demasiado pronto de las reglas vigentes.

Finalmente, Hrynaszkiewicz concluye que el futuro de la publicación científica pasa por reconocer el conjunto del ciclo investigador y no solo su desenlace editorial. Un sistema más rico en metadatos, señales de impacto, trazabilidad de contribuciones y conexiones entre outputs permitiría premiar la colaboración, el riesgo intelectual, los resultados negativos y las prácticas responsables. No obstante, advierte que para lograr un cambio real se necesita adopción masiva: no basta con que una editorial innove, sino que deben sumarse financiadores, instituciones, infraestructuras y comunidades científicas de todo el mundo. En suma, el artículo defiende una transformación estructural del modelo académico, desde la cultura del paper hacia una ecología más abierta, justa y representativa del trabajo científico real.

Manual SCImago de revistas científicas: creación, gestión y publicación

Baiget, Tomàs. Manual SCImago de revistas científicas: creación, gestión y publicación. Granada: Ediciones Profesionales de la Información, 2020

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El manual de Tomàs Baiget constituye una obra de referencia para comprender de forma integral el funcionamiento de las revistas científicas en el contexto actual de la comunicación académica.

A partir de la experiencia profesional del autor como editor, el libro aborda todas las fases del ciclo editorial, desde la creación de una revista hasta su gestión, difusión y posicionamiento en sistemas de evaluación científica. El enfoque es eminentemente práctico y técnico, lo que permite entender la complejidad real del trabajo editorial, desmontando la idea de que la edición científica es una tarea sencilla o de bajo coste.

El contenido cubre aspectos fundamentales como los modelos de negocio, el acceso abierto, la indexación en bases de datos, el uso de metadatos y los indicadores de impacto. También se analizan los procesos clave del flujo editorial, como la revisión por pares, las normas de publicación, la ética científica y la preservación digital. Todo ello se sitúa en un contexto de transformación digital en el que la edición electrónica ha adquirido un papel predominante frente a la impresa, obligando a los editores a adaptarse a nuevas herramientas, métricas y dinámicas de visibilidad científica.

Además, el manual subraya el carácter cambiante de la profesión editorial, destacando que muchas de las tareas actuales son relativamente recientes y están vinculadas a la evolución de la comunicación científica y a las exigencias de evaluación académica. En este sentido, la obra no solo funciona como guía técnica, sino también como reflexión sobre el papel estratégico de las revistas en la producción y difusión del conocimiento, así como sobre los retos que enfrentan en términos de calidad, internacionalización y sostenibilidad.