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Cómo identificar libros escritos con inteligencia artificial: señales, métodos y límites de detección

Student reading a large book with glowing scientific formulas and diagrams digitally overlaid
A student studies complex scientific equations with digital overlays in a cozy library

Cómo identificar libros escritos con inteligencia artificial.” 2026. Más de Fondo. Accedido el 24 de junio de 2026. https://www.mardefondope.com/2026/03/identificar-libro-escrito-inteligencia-artificial.html

El creciente problema de la detección de libros escritos total o parcialmente con inteligencia artificial, en un contexto en el que la producción de textos generados por modelos como ChatGPT se ha vuelto masiva y cada vez más difícil de distinguir de la escritura humana. La preocupación central es cómo bibliotecarios, editores y lectores pueden identificar este tipo de obras sin herramientas infalibles.

a irrupción de la inteligencia artificial en el ámbito editorial ha transformado profundamente la forma de producir y distribuir libros. En la actualidad, es posible generar textos extensos en muy poco tiempo mediante herramientas capaces de imitar con gran precisión el lenguaje humano. Este fenómeno ha abierto nuevas posibilidades creativas, pero también ha generado una preocupación creciente: cómo distinguir un libro escrito por una persona de uno producido total o parcialmente por inteligencia artificial.

El texto señala que no existe un método único y fiable para detectar con certeza un libro generado por IA. Las herramientas automáticas de detección presentan márgenes de error importantes, por lo que no pueden considerarse definitivas. En su lugar, se propone una combinación de indicios estilísticos y análisis crítico del texto.

Entre los rasgos que suelen asociarse a textos generados por IA se encuentra un lenguaje correcto pero poco expresivo, una tendencia a la repetición de ideas con formulaciones distintas y el uso frecuente de generalizaciones. Asimismo, estos textos tienden a mostrar una estructura excesivamente regular y predecible, con escasas variaciones estilísticas. En narrativa, pueden aparecer personajes poco complejos o poco memorables, así como una limitada exploración de la experiencia emocional.

Entre las señales más habituales se mencionan la excesiva uniformidad del estilo, la ausencia de variaciones personales en la voz narrativa, estructuras demasiado regulares y una tendencia a la generalización o al uso de explicaciones poco concretas. También se advierte que los textos generados por IA pueden mostrar coherencia superficial, pero carecer de profundidad experiencial o de una perspectiva verdaderamente autoral. Otro elemento relevante es la ausencia de vivencias personales o de una perspectiva situada. Mientras que la escritura humana suele incorporar huellas de experiencia, memoria o subjetividad, los textos generados por IA tienden a construir significados a partir de patrones estadísticos, lo que puede traducirse en una sensación de neutralidad o impersonalidad.

A pesar de estas diferencias, la distinción no siempre es evidente, ya que los modelos actuales han mejorado notablemente su capacidad de imitación estilística. Por ello, la lectura crítica se convierte en una herramienta fundamental. Más que buscar “errores”, se trata de evaluar la profundidad del texto, la coherencia de su voz y su capacidad para generar una experiencia significativa en el lector.

El artículo subraya además la importancia de no demonizar la IA como herramienta, ya que puede utilizarse en procesos de escritura asistida. La clave estaría en diferenciar entre obras generadas automáticamente y aquellas en las que la IA actúa como apoyo creativo, destacando la necesidad de criterios editoriales y lectura crítica para afrontar este nuevo escenario literario.

BookTok convirtió a los autores en creadores de contenido.

Mashable. “BookTok Authors Are Now Expected to Be Content Creators.” Mashable. Consultado el 23 de junio de 2026. Mashable

Se analiza cómo el fenómeno de BookTok ha cambiado profundamente la relación entre autores, lectores y editoriales. Lo que comenzó como una comunidad de recomendaciones literarias en TikTok ha evolucionado hasta convertirse en una poderosa fuerza comercial capaz de impulsar ventas millonarias, relanzar carreras literarias e incluso determinar qué libros reciben atención de las grandes editoriales. Según el reportaje, el éxito actual de muchos escritores ya no depende únicamente de la calidad de sus obras, sino también de su capacidad para desenvolverse como creadores de contenido en redes sociales.

El texto explica que los autores contemporáneos enfrentan una presión creciente para construir una presencia digital constante. Antes, la labor principal de un escritor consistía en escribir y promocionar ocasionalmente su obra mediante entrevistas o giras. Sin embargo, la expansión de BookTok ha modificado radicalmente esa dinámica. Ahora muchos autores producen vídeos, interactúan diariamente con seguidores, participan en tendencias virales y muestran aspectos personales de sus vidas para mantener la atención de sus comunidades digitales. Esta transformación ha difuminado las fronteras entre escritor, celebridad e influencer, convirtiendo la visibilidad online en un activo casi tan importante como el propio libro.

BookTok se ha convertido en uno de los motores más influyentes del mercado editorial contemporáneo. Libros publicados años atrás han regresado a las listas de superventas gracias a vídeos virales realizados por lectores entusiastas. Las editoriales observan cuidadosamente las tendencias de la plataforma porque pueden traducirse en aumentos significativos de ventas en muy poco tiempo. La influencia de esta comunidad ha sido tan grande que muchas empresas editoriales han reorganizado sus estrategias de marketing para adaptarse a la lógica de TikTok y aprovechar el potencial de difusión que ofrece la plataforma.

Uno de los aspectos positivos señalados es que las redes sociales permiten a los escritores establecer relaciones más cercanas con sus lectores. Los autores pueden responder preguntas, compartir procesos creativos, anunciar proyectos y recibir retroalimentación inmediata. Esta comunicación directa fortalece la fidelidad de las comunidades lectoras y ofrece oportunidades que antes estaban reservadas para figuras literarias extremadamente famosas. Para muchos escritores emergentes, TikTok representa una herramienta de visibilidad que puede sustituir parcialmente los mecanismos tradicionales de promoción editorial.

Sin embargo, el artículo también aborda las preocupaciones derivadas de esta nueva realidad. Muchos autores sienten que dedican una cantidad considerable de tiempo y energía a producir contenido para redes sociales, tiempo que podría invertirse en escribir. La presión por mantenerse visibles puede generar agotamiento creativo y provocar que algunos escritores se concentren más en alimentar algoritmos que en desarrollar sus proyectos literarios. Además, existe la percepción de que ciertos autores obtienen oportunidades editoriales debido a su número de seguidores más que por la calidad de sus manuscritos, un fenómeno que genera debates dentro del sector.

Este cambio es una transformación estructural más que una moda pasajera. Las editoriales buscan cada vez más autores capaces de movilizar comunidades digitales, mientras que agentes literarios y departamentos de marketing consideran la presencia online un factor relevante dentro de sus estrategias comerciales. La industria editorial está aprendiendo a operar en un entorno donde la visibilidad digital, el engagement y la capacidad de generar conversación pueden influir directamente en el éxito comercial de un libro.

De este modo, BookTok ha redefinido lo que significa ser escritor en la era digital. Los autores ya no son únicamente productores de obras literarias, sino también narradores de sí mismos, gestores de comunidades y creadores de contenido. Aunque esta evolución ofrece nuevas oportunidades de promoción y contacto con los lectores, también plantea desafíos relacionados con la presión constante de las redes sociales y la comercialización de la actividad literaria. En definitiva, el éxito editorial contemporáneo parece depender cada vez más de la capacidad para equilibrar la escritura con la construcción de una presencia digital atractiva y permanente.

¿Se puede reconocer un texto escrito por IA? La intuición humana frente a los detectores automáticos

Vara, Vauhini. “How to Tell AI Writing.” The Atlantic, mayo de 2026. Disponible en: The Atlantic

Se analiza una cuestión cada vez más relevante: si realmente es posible identificar cuándo un texto ha sido escrito por inteligencia artificial. La autora parte de una constatación evidente: a medida que los modelos lingüísticos mejoran, los métodos tradicionales de detección resultan menos fiables. Los detectores automáticos producen numerosos falsos positivos y falsos negativos, lo que dificulta establecer con certeza el origen de un texto.

En las encuestas, la gente afirma de forma consistente que desconfía de los textos generados por IA. Sin embargo, eso no ha impedido que cada vez más personas la utilicen en la vida cotidiana: para redactar correos de trabajo y mensajes personales, elaborar listas de la compra o incluso escribir guiones para discutir con sus parejas. La escritura generada por IA también se está infiltrando en los espacios literarios más prestigiosos: secciones de opinión de periódicos, libros y revistas literarias. Estos textos son perfectamente limpios, sin una coma fuera de lugar; de extensión uniforme, con párrafos equilibrados y un tono característico que resulta al mismo tiempo desenfadado y grandilocuente.

La capacidad de la IA para producir textos fluidos y gramaticalmente correctos resulta irresistible, ya sea para redactar una frase ingeniosa en una solicitud de empleo o una ocurrencia para una aplicación de citas. Los textos generados por IA pueden engañar fácilmente a los lectores, especialmente cuando estos solo leen por encima. El resultado es una perfección prefabricada: textos que no pueden discutirse realmente porque carecen de un proceso deliberativo subyacente. Aunque parezcan plausibles a primera vista, un análisis más profundo revela que todo está ligeramente desajustado: el tono es plano, algunas palabras resultan extrañas, la estructura carece de lógica, faltan partes esenciales del argumento y abundan los errores fácticos. Incluso existen tutoriales para eliminar de la escritura las señales que delatan el uso de IA: evitar los guiones largos, los dos puntos o las ya sospechosas construcciones del tipo «No es X; es Y». Para la autora, ese es precisamente el problema fundamental de la escritura generada por IA: bajo una superficie pulida y convincente, a menudo no existe un razonamiento auténtico.

Un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Stanford y la Universidad Carnegie Mellon encontró que los principales modelos de IA respaldan las ideas de sus usuarios un 49 % más que los seres humanos durante una conversación. Además, los participantes valoraban las respuestas más complacientes como de mayor calidad y afirmaban que esa actitud aumentaba la probabilidad de volver a utilizar la IA. Según la autora, este tipo de comunicación está empezando a rodearnos por todas partes. Su expansión parece inevitable. Incluso quienes no utilizan IA comenzarán a parecerse a ella en su manera de expresarse. Un estudio preliminar del Instituto Max Planck para el Desarrollo Humano encontró que, en conversaciones espontáneas como las de los pódcast, las personas ya muestran un aumento apreciable en el uso de palabras que ChatGPT genera con frecuencia, como delve («profundizar»), comprehend («comprender»), boast («presumir»), swift («rápido») o meticulous («meticuloso»).

Vara sostiene que muchas personas que utilizan habitualmente herramientas como ChatGPT desarrollan una especie de «instinto» para reconocer ciertos patrones característicos de la escritura generada por IA. No se trata de una prueba científica, sino de una percepción basada en la experiencia acumulada tras leer grandes cantidades de contenido producido por estos sistemas. Entre los indicios más frecuentes se encuentran una estructura excesivamente ordenada, transiciones demasiado fluidas entre párrafos y una tendencia a resumir constantemente las ideas ya expuestas.

También se cuestiona algunos de los supuestos signos distintivos que suelen mencionarse en internet. Elementos como el uso de determinados signos de puntuación, ciertas palabras de moda o expresiones recurrentes pueden aparecer igualmente en textos humanos. Por ello, la autora advierte contra la tentación de convertir cualquier rasgo estilístico en una prueba definitiva de autoría artificial. Lo relevante no es un único indicador, sino la acumulación simultánea de varios patrones.

Otro aspecto importante es la progresiva normalización de la escritura asistida por IA. Cada vez más autores emplean estas herramientas para revisar, reorganizar o mejorar borradores propios. Esta situación difumina la frontera entre texto humano y texto artificial, haciendo que la pregunta ya no sea únicamente quién escribió un texto, sino en qué medida intervino la inteligencia artificial en su elaboración.

El artículo también plantea una reflexión cultural más amplia. La proliferación de contenidos generados por IA está modificando nuestra percepción de la autenticidad y de la autoría. La sensación de que «algo suena a ChatGPT» se está convirtiendo en una nueva forma de alfabetización digital, basada más en la experiencia lectora que en herramientas tecnológicas. Sin embargo, la autora concluye que, conforme los modelos continúen evolucionando, incluso esa intuición humana podría perder eficacia, obligándonos a replantear cómo valoramos la originalidad y la creatividad en la era de la inteligencia artificial.

Un relato premiado en un certamen literario internacional podría haber sido generado total o parcialmente por inteligencia artificial

Bransford, Nathan. 2026. “A Literary A.I. Scandal Arrives: This Week in Books.” Nathan Bransford Blog, mayo de 2026. https://nathanbransford.com/blog/2026/05/a-literary-a-i-scandal-arrives-this-week-in-books

El artículo de Nathan Bransford aborda un caso que ha sacudido al mundo editorial: la sospecha de que un relato premiado en un certamen literario internacional podría haber sido generado total o parcialmente por inteligencia artificial. Este hecho ha encendido las alarmas en el sector cultural, no tanto por un caso aislado, sino por lo que representa como síntoma de una transformación más profunda en la literatura contemporánea.

Un relato escrito por una persona que se declara entusiasta de la IA, con todas las huellas típicas de escritura generada por IA, ganó un prestigioso premio de Granta. Esto, como era de esperar, está generando una gran cantidad de lamentos y preocupaciones en el mundo de la escritura. El texto se centra en la controversia en torno al relato The Serpent in the Grove, cuya calidad estilística y ciertos patrones narrativos han despertado dudas entre críticos y lectores. Elementos como repeticiones estructurales, metáforas excesivamente pulidas o una uniformidad estilística inusual han alimentado la hipótesis de una posible autoría algorítmica. El problema de fondo, subraya el artículo, es que no existen herramientas fiables para distinguir con certeza entre escritura humana y texto generado por IA, lo que deja a los concursos literarios en una posición extremadamente vulnerable.

Bransford insiste en que este caso expone una grieta estructural en el sistema de validación literaria: la confianza. Los jurados trabajan bajo la presunción de autenticidad del autor, pero esa base empieza a resquebrajarse en un contexto donde los modelos de lenguaje pueden producir narrativas sofisticadas en segundos. Incluso los sistemas de detección de IA ofrecen resultados contradictorios, lo que agrava la incertidumbre y abre la puerta a controversias difíciles de resolver.

En ausencia de herramientas fiables de detección de IA y de pruebas de culpabilidad, la autora considera que se tiene más que temer de las cacerías de brujas impulsadas por la IA y de las falsas acusaciones (que afectarán de manera desproporcionada a escritores idiosincráticos y ya marginados) que del uso de la IA por parte de los escritores, incluso cuando se utilice de forma integral.

El artículo también amplía la discusión hacia el impacto cultural más amplio de la inteligencia artificial en la escritura. La literatura, tradicionalmente considerada una de las formas más humanas de expresión creativa, se enfrenta ahora a una tecnología capaz de imitar estilos, voces y emociones con una precisión creciente. Esto genera una crisis de identidad en el mundo literario: ¿qué significa ser autor en la era de la IA?

Bransford sugiere que este episodio no será un caso aislado, sino el inicio de una serie de conflictos similares en premios, editoriales y plataformas de publicación. La frontera entre creación humana y producción algorítmica se vuelve cada vez más difusa, y con ella se tambalea uno de los pilares fundamentales de la cultura escrita: la autenticidad.

Los libros son los mejores protectores de la verdad

Rújula, Pedro. 2026. Manifiesto zombi: el poder del libro. Serie 23 de Abril. Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). eBook gratuito.

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«En esto los libros se han demostrado ser mejores protectores de la verdad. Sobre todo, porque sus con-tenidos remiten a marcos de interpretación incluidos en las propias obras dándoles así sentido y procurando al lector las herramientas de validación. Además, en su condición de entes físicos y complejos, los libros permiten una dinámica de indagación racional que ofrece al lector la oportunidad de buscar su propio camino hacia aquello que denominamos verdad. El universo del libro impreso no es perfecto ni está exento de de-formaciones y manipulaciones, pero en él no es tan fácil decir una cosa y su contraria al mismo tiempo, entre otras cosas porque lo dicho queda ante nuestros ojos de manera indeleble. La cultura del libro ha sido durante mucho tiempo el soporte del saber científico y una garantía de continuidad cultural.30 Las pantallas y las redes sociales, sin embargo, se han demostrado un medio especialmente vulnerable a los fenómenos de desinformación. Es la rapidez de los mensajes, la des-contextualización, la ausencia de causalidad, la dilución de la autoría, la banalidad intencionada, el predominio de contenidos que apelan a los sentimientos, lo que hace posible erosionar las viejas autoridades. El ruido termina acabando con las voces, y, cuando no existe criterio de verdad, quien se termina imponiendo es el más fuerte o el bárbaro, que muchas veces es el mismo.»

«Es el momento de invocar a los zombis. A todos aquellos que no creen en la profecía del futuro digital y en la nube, sino que desean seguir disfrutando de los beneficios y de los placeres que encierra la cultura del libro»

Pedro Rújula «Manifiesto zombi: el poder de los libros»

La obra se presenta como un texto combativo, casi un panfleto o libelo, que surge de un compromiso ético para defender la cultura del libro frente a la hegemonía de las pantallas de los dispositivos móviles. El autor constata una mutación cultural silenciosa pero profunda: los espacios cotidianos (como el transporte público) están dominados por personas absortas en pantallas retroiluminadas y redes sociales, relegando por completo la lectura en papel. Citando la famosa máxima de McLuhan, «el medio es el mensaje», Rújula sostiene que la pantalla condiciona drásticamente lo que se lee, orientando al usuario hacia contenidos ligeros, fragmentarios, emocionales y altamente adictivos que alejan la posibilidad de leer un libro completo. El libro impreso, un artefacto que apenas ha evolucionado en cinco siglos y que exige una secuencia e interacción intelectual profunda, se encuentra en una batalla asimétrica frente a lo digital.

Para contextualizar este fenómeno, el autor recurre a un paralelismo histórico con la Ilustración del siglo XVIII. En aquel entonces, los filósofos (philosophes) desafiaron el orden establecido del Antiguo Régimen no mediante un ataque institucional directo, sino imponiendo una nueva estética, la sátira y el uso de un gran artefacto cultural: La Enciclopedia. La cultura ilustrada demostró que las grandes transformaciones no se ganan en el terreno de la discusión pura de ideas, sino en el de las intuiciones y sensibilidades. De manera similar hoy, las pantallas y los algoritmos digitales no critican de forma razonada la cultura tradicional, sino que la desplazan mediante la acción y la inmediatez. El flujo infinito de imágenes y la brevedad de los mensajes imposibilitan el desmentido, erosionando el criterio de verdad en lo que se denomina la «era de la posverdad».

El manifiesto analiza las consecuencias cognitivas y sociales de esta transición:

  • Pérdida de habilidades y atención: Incluso los lectores entrenados sufren la adicción de los teléfonos móviles, experimentando una pérdida de concentración y de la capacidad de prestar atención sostenida. La lectura fragmentaria debilita los vínculos lógicos y de causalidad de los textos.
  • Crisis de autoría y propiedad: El ecosistema digital diluye la noción de autoría y originalidad, fomentando una «cultura pirata» donde se asume que todo lo que circula por la red es de libre acceso e ignorando el trabajo ético y económico de autores y editores.
  • El auge del presentismo: Rújula vincula la lectura en soporte digital con la crisis de una visión histórica de la realidad, dando paso a un régimen de «presentismo» extremo, potenciado por las redes sociales.
  • Erosión de la verdad y la democracia: Al desaparecer el rigor del método científico y de la demostración escrita en papel, la verdad es sustituida por el ruido ambiental y la repetición de falsedades. Al quebrarse la autoridad de la razón, pierden la ciencia y la democracia, imponiéndose «el más fuerte o el bárbaro».
  • Aislamiento narcisista: El entorno guiado por algoritmos fomenta un individualismo donde el usuario consume contenidos aisladamente, atomizando la esfera pública física que tradicionalmente servía para coordinar decisiones colectivas y la convivencia democrática.

Ante este panorama, el autor invoca a los «zombis»: aquellos lectores resistentes que no creen en la profecía de un futuro exclusivamente digital, que defienden el espacio físico, las librerías, las bibliotecas y el valor insustituible de la cultura escrita como pilar de la autonomía intelectual y de una sociedad sana.

El cuento de Roald Dahl que anticipó la inteligencia artificial y la muerte del escritor

Dahl, Roald. “The Great Automatic Grammatizator.” 1954. PDF. Accedido en 2026. https://gwern.net/doc/fiction/science-fiction/1953-dahl-thegreatautomaticgrammatizator.pdf

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Relato de Roald Dahl en el que un ingeniero frustrado diseña una máquina capaz de generar literatura mediante reglas gramaticales y combinatorias. El invento se industrializa y permite producir textos en masa, sustituyendo progresivamente a los escritores humanos en el mercado editorial. La historia satiriza la deshumanización de la creatividad y anticipa debates actuales sobre la automatización de la escritura y la inteligencia artificial.

Adolph Knipe, un joven ingeniero que trabaja en una empresa tecnológica, pero que en realidad esconde una ambición frustrada: quiere ser escritor. Sin embargo, su experiencia con el rechazo editorial y su formación técnica le llevan a una idea radicalmente distinta de la literatura: en lugar de ver la escritura como un acto creativo humano, la concibe como un proceso mecánico basado en reglas combinatorias del lenguaje.

A partir de esta intuición, Knipe desarrolla la idea de construir una máquina capaz de generar textos automáticamente. Su jefe, Bohlen, inicialmente desconfiado, termina aceptando financiar el proyecto al percibir su enorme potencial económico. La lógica es clara: si la máquina puede producir relatos aceptables de forma continua y barata, podría revolucionar el mercado literario.

La máquina, denominada el “Gran Gramaticador Automático”, se basa en un sistema de reglas gramaticales y combinaciones de palabras que permite generar historias de manera sistemática. Aunque los textos resultantes no son de gran calidad literaria, sí son coherentes, comprensibles y, sobre todo, infinitamente reproducibles. Esto convierte al sistema en una herramienta extremadamente rentable.

El éxito del invento lleva a Knipe y Bohlen a dar un paso más ambicioso: intervenir directamente en el mundo editorial. Su estrategia consiste en convencer a escritores reales —incluidos autores reconocidos— para que firmen contratos en los que ceden el uso de su nombre a cambio de una compensación económica. A partir de ese momento, la máquina escribe los textos que se publican bajo esos nombres. El prestigio del autor humano se mantiene como marca, pero el contenido es producido por el sistema automatizado.

Este modelo de negocio se expande rápidamente. Muchos escritores aceptan, seducidos por la estabilidad económica y la ausencia de esfuerzo creativo. Poco a poco, la figura del autor individual empieza a diluirse, sustituida por una producción industrial de literatura firmada con nombres humanos pero generada por la máquina.

A medida que el sistema se consolida, la industria editorial se transforma por completo. La abundancia de textos producidos por el gramaticador hace que los libros se vuelvan un producto barato y masivo. La calidad literaria deja de ser un criterio central; lo importante es la cantidad, la rentabilidad y la eficiencia del sistema automatizado.

Sin embargo, esta expansión tiene un efecto colateral inquietante: los escritores que se niegan a participar en el sistema quedan progresivamente marginados. Sus obras ya no pueden competir en un mercado inundado por producción automática. El relato muestra así un proceso de desplazamiento silencioso de la creatividad humana por la lógica industrial de la máquina.

El desenlace adquiere un tono oscuro e irónico. El mundo literario queda dominado por el gramaticador, mientras la escritura humana sobrevive solo de forma residual o marginal. La autoría deja de ser un acto de creación individual para convertirse en una etiqueta comercial aplicada a productos generados automáticamente.

¿Quién es el autor cuando las máquinas pueden escribir?

McCray, W. Patrick. “What Is Authorship When Machines Can Write?MIT Press Reader, 27 de abril de 2026. https://thereader.mitpress.mit.edu/what-is-authorship-when-machines-can-write/

El artículo aborda una cuestión central en la era de la inteligencia artificial generativa: qué significa ser autor cuando las máquinas pueden producir textos coherentes, creativos y aparentemente humanos. A partir del auge de sistemas como los modelos de lenguaje tipo ChatGPT, el autor explora cómo la noción de autoría —tradicionalmente vinculada a la creatividad, la intención y la originalidad humanas— se está volviendo cada vez más difusa.

McCray sitúa el debate en un contexto histórico amplio. Señala que la preocupación por máquinas capaces de escribir no es nueva, sino que tiene antecedentes en la literatura y la cultura del siglo XX. Ejemplos como el cuento de Roald Dahl The Great Automatic Grammatizator (1954) ya imaginaban un mundo en el que las máquinas producían literatura en masa, desplazando a los escritores humanos. Asimismo, menciona experimentos tempranos de generación automática de texto, como los de Christopher Strachey también en los años cincuenta, que producían cartas de amor mediante algoritmos simples, o el programa RACTER en los años ochenta, que llegó a publicar textos atribuidos a una “máquina escritora”. En 1981 apareció un relato firmado por una entidad llamada RACTER, un programa informático desarrollado por William Chamberlain y Thomas Etter. Publicado en la revista Omni, el texto “Soft Ions” se presentó como el primer experimento de ficción generada por ordenador. Strachey logró que un ordenador Ferranti Mark 1 generara cartas de amor mediante un algoritmo. Aunque los resultados eran pobres literariamente, eran comprensibles y mostraban enormes posibilidades combinatorias. RACTER seleccionaba palabras al azar y las organizaba según reglas gramaticales codificadas. Más tarde produciría incluso un libro de poemas, The Policeman’s Beard Is Half-Constructed, con frases absurdas pero ocasionalmente sugerentes.

A partir de estos antecedentes, el autor muestra que la idea de la escritura como proceso mecánico o combinatorio ha sido discutida también por pensadores como Italo Calvino, quien sugirió que la literatura podía entenderse como un sistema de reglas y combinaciones, lo que abría la posibilidad teórica de que una máquina pudiera generar textos literarios. La historia describe a un ingeniero brillante pero frustrado que construye una máquina capaz de producir ficción aceptable. El dispositivo genera relatos mediocres en masa, que su creador vende a gran escala, desplazando a los escritores humanos. Finalmente, el inventor ofrece contratos a autores para que dejen de escribir a cambio de dinero, y el relato culmina con la imagen de un escritor pobre que se niega a firmar y reza: “Danos fuerza, Señor, para dejar que nuestros hijos pasen hambre”.

El núcleo del artículo se centra en la irrupción de los modelos de lenguaje actuales, basados en aprendizaje profundo y entrenamiento con grandes volúmenes de datos. Estas tecnologías no “comprenden” el lenguaje en sentido humano, sino que generan texto mediante predicción estadística de palabras. Sin embargo, sus resultados pueden ser sorprendentemente coherentes, lo que plantea una tensión: si el resultado es indistinguible del texto humano, ¿importa cómo se produce?

McCray analiza también las implicaciones éticas, legales y laborales de esta transformación. Destaca conflictos recientes en el ámbito editorial y audiovisual, como huelgas de guionistas preocupados por el uso de IA en la escritura de guiones, así como demandas de autores que denuncian el uso no autorizado de sus obras para entrenar modelos de IA. También introduce el concepto de “textpocalypse”, la idea de una sobreproducción de textos generados por máquinas que podría saturar el ecosistema informativo.

El artículo plantea que la autoría no es solo una cuestión técnica, sino también social y cultural. La figura del autor implica intención, responsabilidad, creatividad y reconocimiento, elementos que la IA no posee en el mismo sentido que un ser humano. Sin embargo, la creciente calidad de los textos generados por máquinas obliga a reconsiderar estas categorías.

McCray no ofrece una respuesta cerrada, sino que subraya la incertidumbre del momento actual. La historia de la tecnología muestra que las fronteras entre lo humano y lo mecánico en la escritura han sido siempre móviles. Por ello, la pregunta sobre qué significa ser autor en la era de la IA sigue abierta y en evolución constante, dependiente tanto del desarrollo tecnológico como de las decisiones culturales y legales que se tomen en el futuro.

El 35 % de los nuevos sitios web contienen texto generado o asistido por IA

Jonas Dolezal, Sawood Alam, Mark Graham y Maty Bohacek. “The Impact of AI-Generated Text on the Internet.” 2025. https://ai-on-the-internet.github.io/

El estudio analiza cómo la rápida expansión del texto generado por inteligencia artificial ha transformado el ecosistema digital entre 2022 y 2025. A partir de una muestra representativa de páginas web obtenida mediante la Wayback Machine del Internet Archive, los autores estiman que hacia mediados de 2025 aproximadamente el 35 % de los nuevos sitios web contienen texto generado o asistido por IA, una cifra que contrasta con la inexistencia de este fenómeno antes del lanzamiento de ChatGPT en 2022. Este crecimiento evidencia la velocidad con la que la IA se ha integrado en la producción de contenidos en línea.

Uno de los aportes más relevantes del trabajo es su intento de medir empíricamente los efectos reales de este fenómeno frente a la percepción social. Para ello, combina análisis computacional del contenido web con una encuesta a 853 adultos en Estados Unidos. Metodológicamente, el estudio afronta dos retos clave: obtener una muestra representativa de internet —algo complejo por su naturaleza descentralizada— y distinguir entre texto humano y generado por IA, utilizando varios detectores y seleccionando el más robusto (Pangram v3).

En cuanto a los resultados, el estudio confirma dos efectos significativos. Por un lado, se observa una contracción semántica, es decir, una reducción en la diversidad de ideas y perspectivas: los textos generados por IA muestran mayor similitud entre sí. Por otro, se detecta un aumento del tono positivo, con contenidos más “amables” o emocionalmente optimistas, lo que sugiere una cierta tendencia hacia la homogeneización afectiva del discurso digital.

Sin embargo, el trabajo desmonta varias creencias extendidas. No encuentra evidencia estadísticamente significativa de que el uso de IA reduzca la precisión factual, ni de que provoque una pérdida clara de diversidad estilística, ni tampoco que genere textos más largos pero menos densos o que disminuya el uso de enlaces externos. Estos resultados contrastan fuertemente con la percepción pública: una mayoría de los encuestados cree que todos estos efectos negativos sí están ocurriendo.

En conjunto, el estudio pone de relieve una brecha importante entre evidencia empírica y opinión social. Aunque la IA sí está modificando el ecosistema textual de internet —especialmente en términos de diversidad semántica y tono—, muchos de los temores más extendidos no están respaldados por los datos. Esto sugiere la necesidad de un análisis más matizado del impacto de la inteligencia artificial, evitando tanto el alarmismo como la complacencia.

La habilidad humana que la IA no puede replicar: por qué los modelos de lenguaje aún no escriben bien literatura creativa

Sun, Jasmine. The Human Skill That Eludes AI: Why can’t language models write well? The Atlantic, 17 de marzo de 2026. https://www.theatlantic.com/technology/2026/03/ai-creative-writing/686418/?utm_medium=offsite&utm_source=flipboard&utm_campaign=all

Aunque los modelos de lenguaje generativo han progresado mucho en funcionalidad técnica, no han logrado capturar la esencia de la creatividad y la escritura auténticamente humana, lo que sugiere que la IA puede ser una herramienta útil para apoyar la escritura pero no un reemplazo real de la capacidad creativa humana

Las inteligencias artificiales avanzadas —especialmente los grandes modelos de lenguaje generativo— siguen siendo incapaces de producir escritos creativos de alta calidad comparables a los de los humanos, a pesar de sus enormes capacidades técnicas. Aunque los modelos modernos pueden resolver problemas complejos, crear imágenes realistas o escribir textos coherentes a nivel superficial, fallan de manera recurrente cuando se trata de generar prosa literaria profunda o ensayos que realmente emocionen o asombren al lector.

La autora, Jasmine Sun, destaca que muchos en la industria de la IA reconocen que aún no se ha construido un modelo que “escriba bien” en términos artísticos o creativos. Incluso con capacidades técnicas extraordinarias —como predecir estructuras de proteínas o generar aplicaciones completas a partir de un solo comando— los sistemas actuales producen prosa que suele ser rígida, predecible y carente de verdadera originalidad. Comúnmente incluyen metáforas sin sentido, construcciones aburridas o una retórica que suena artificial, lo que limita su valor literario y emocional.

Gran parte del problema se encuentra en cómo se entrenan y diseñan estos modelos. El artículo explica que durante la fase de preentrenamiento, los modelos absorben enormes cantidades de texto de internet —mucho del cual es mediocre— lo que les enseña patrones de estructura y gramática pero no el juicio y la sensibilidad necesarios para producir arte genuino. Además, en la fase de post-entrenamiento, las empresas priorizan que la IA sea “útil, honesta y segura”, lo que tiende a limitar la creatividad porque penaliza respuestas impredecibles o arriesgadas que podrían considerarse inapropiadas o peligrosas.

Conversaciones con investigadores del sector revelan que existe una tensión esencial entre las metas comerciales y la escritura creativa: los modelos están optimizados para seguir reglas, evitar errores y producir respuestas útiles para una amplia gama de usuarios, pero la creatividad artística requiere precisamente romper reglas, explorar lo inesperado y aportar una perspectiva singular, rasgos que estos sistemas no están diseñados para priorizar. Esta contradicción fundamental ayuda a explicar por qué, incluso con memorias extensas de grandes cantidades de literatura, los modelos aún no generan obras que igualen la profundidad, la emoción o la voz autoral humana.

De este modo a pesar de los avances, la escritura humana mantiene una ventaja insustituible, ya que está intrínsecamente ligada a la experiencia vivida, a la sensibilidad emocional y a un tipo de juicio estético que las máquinas no poseen. Incluso si en el futuro se desarrollan modelos más sofisticados, los escritores humanos seguirán aportando algo único que no puede ser simplemente emulado por algoritmos.

¿Por qué los autores no revelan el uso de IA en sus trabajos de investigación?

Staiman, Avi. 2026. “Why Authors Aren’t Disclosing AI Use and What Publishers Should (Not) Do About It.The Scholarly Kitchen, January 27, 2026. https://scholarlykitchen.sspnet.org/2026/01/27/why-authors-arent-disclosing-ai-use-and-what-publishers-should-not-do-about-it/

El artículo aborda el fenómeno creciente de que muchos autores académicos no están declarando el uso de herramientas de inteligencia artificial (IA) en sus procesos de investigación y redacción, a pesar de que un número significativo de ellos reconoce emplearlas en distintas fases del trabajo científico

Staiman explica que, aunque las editoriales han desarrollado políticas que requieren declaraciones sobre el uso de IA con el objetivo de mantener la integridad de la literatura científica, estas normas no están siendo efectivamente cumplidas: solo un porcentaje muy bajo de autores realmente declara haber usado IA en sus manuscritos. Esta brecha entre las expectativas formales de transparencia y la práctica real refleja, según el autor, varios factores humanos y estructurales que dificultan la declaración abierta de asistencia artificial en la escritura científica.

Una de las principales razones de esta falta de transparencia es el miedo de los investigadores a que la divulgación de uso de IA sea percibida negativamente por editores y revisores, lo que podría influir adversamente en la evaluación de la calidad, originalidad o rigor del trabajo. Aunque muchos investigadores usan IA para tareas como mejorar la redacción, sintetizar información o buscar literatura relevante, existe una percepción persistente de que tal uso podría ser interpretado como una forma de atajo o amenaza a la integridad académica, lo que crea un ambiente en el que los autores prefieren omitir estas declaraciones.

Otra barrera importante es la confusión y falta de claridad en las directrices editoriales: las políticas de las revistas y editoriales varían ampliamente sobre qué tipo de uso de IA debe ser declarado, cuándo hacerlo y cómo documentarlo. Algunos requisitos son vagos o excesivamente complejos, lo que genera incertidumbre en los autores respecto a si deben declarar, cómo hacerlo o si incluso es obligatorio. Esta ambigüedad, combinada con la carga adicional de trabajo que supone documentar exhaustivamente cada instancia de uso de IA y la ausencia de incentivos claros para hacerlo, contribuye a que muchos autores opten por no reportarlo.

Además, el artículo señala que algunos autores ni siquiera son conscientes del uso de IA en herramientas integradas en aplicaciones comunes (como asistentes de redacción en suites ofimáticas), lo que dificulta aún más la trazabilidad y divulgación de la asistencia artificial. También destaca una confusión extendida entre el uso de IA y el plagio, lo que lleva a algunos autores a tratar de ocultar signos de asistencia de IA en lugar de ser transparentes, con la intención de evitar evaluaciones negativas o fallos en las pruebas de detección.

Finalmente, el autor advierte que, si las editoriales no clarifican, educan y, sobre todo, repiensan cómo deben abordar el uso de IA, es probable que la falta de divulgación continúe. Argumenta que las editoriales no deberían centrarse en herramientas de detección de IA —las cuales son poco fiables y pueden reforzar la idea de que el uso de IA es inaceptable— sino en proporcionar directrices claras, educar a la comunidad académica sobre prácticas responsables y crear políticas que reconozcan las distintas formas legítimas de asistencia de IA sin sacrificar la integridad de la investigación.