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Presentación del libro “Los libros, la lectura y los lectores a través de la literatura y las artes”. Planeta Biblioteca 2019/11/04

 

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Presentación del libro “Los libros, la lectura y los lectores a través de la literatura y las artes”.

Planeta Biblioteca 2019/11/04

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Julio Alonso Arevalo. Los libros, la lectura y los lectores a través de la literatura y las artes. Buenos Aires : Alfagrama Ediciones, 2019

Disponible en España en Canoa Libros

Presentación del libro  “Los libros, la lectura y los lectores a través de la literatura y las artes” publicado por Alfagrama, un libro sobre libros para cualquiera que ama los libros. Es más que un libro, son miles de libros, los que hemos leído, los que nos dejaron un sabor dulce, y a los que una vez terminados les pasamos la mano por la cubierta antes de volver a colocarlos en la estantería como si fuera un acto de amor. Como tantos compañeros de esta profesión, humilde y maravillosa, amamos lo que hacemos, y nos encanta pensar en lo que hacemos, cuando vamos a un sitio, uno de nuestros pasatiempos favoritos es ir a visitar bibliotecas, otro es recoger citas y escritos sobre el libro, la lectura, los lectores y las bibliotecas. Es bien cierto que aquí, en estas dos centenas de páginas, no cabe todo lo que se ha escrito sobre el tema, pero si están las que más profundamente nos han llegado.

En la próxima entrega, -si la editorial Alfagrama tiene a bien- la segunda parte del libro, el dedicado a los bibliotecarios, a los libreros y a los editores-. Un mundo en el que los profesionales del libro nos hemos visto reflejados, a veces más, y casi siempre menos acertadamente, pero es la imagen que proyectamos, a veces en los estereotipos que muy a menudo con cierto humor nosotros mismos reforzamos. Así nos ven, y así lo refleja la literatura. Porque alguien dijo en una ocasión que los libros no son la vida, pero son lo que más se le parece.

 

Dependemos de la cultura para sobrevivir

 

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Desde la Antigüedad –pero nunca con tanta importancia como hoy– los seres humanos dependemos de la cultura para sobrevivir. En efecto, la cultura significa entender y aprehender nuestro entorno, aumentar el volumen de nuestra información, “acercar el mundo a nuestra mente”, dar sentido y validez a las acciones, poner en duda ideas previas, inquirir lo nuevo. En síntesis, la cultura nos conduce a “ser más”, reinventarnos, agrandar nuestro mundo de comprensión y referencia y, en tal virtud, modificarnos de manera constante. La cultura nos identifica, nos construye como seres valiosos, nos proyecta, nos dignifica

 

Reascos, Nelson “La cultura, las culturas y la identidad”. En GLOBALIZACIÓN CULTURA IDENTIDAD Quito: Ediciones CCE , 2017

 

 

 

Una biblioteca oscura y triste

 

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Una biblioteca oscura y triste
José Saramago

Texto completo

Las bibliotecas han cambiado mucho desde el día en que, en la Lisboa de finales de los años treinta, entré por primera vez en una de ellas. Era un lugar en donde el tiempo parecía haberse detenido, con estantes que cubrían las paredes desde el suelo hasta casi el techo, las mesas con sus pequeños atriles, a la espera de lectores, que nunca eran muchos. El bibliotecario se sentaba al fondo de la sala, detrás de un escritorio antiguo, de aquellos de palo santo, de madera tallada. Olía a papeles viejos y a cera de abejas, también algo a humedad, a cerrado, tal vez porque las ventanas se abrían de tarde en tarde, al menos siempre las recuerdo cerradas. También es cierto que nunca fui a la biblioteca durante el horario diurno, así que no sé cómo sería el ambiente, si las pesadas contraventanas estarían abiertas para que la luz del día pudiese entrar. Probablemente sí. Yo era un lector nocturno, salía de casa después de cenar (era el tiempo en el que se cenaba a las ocho), recorría los dos o tres kilómetros que separan el barrio de la Penha de França, donde vivía, y Campo Pequeño, donde estaba la biblioteca, e iba a leer. Exactamente iba a leer. Era un adolescente que no tenía en casa libros que no fueran los de estudio, y que quería saber por sí mismo qué era realmente eso a lo que se le daba el nombre de literatura. Un adolescente que no se había dejado aconsejar antes por personas que supieran guiar de forma didáctica en su experiencia lectora, que cada vez que entraba en una biblioteca, era como que desembarcase en una isla desierta y tuviese que abrir un camino para llegar no sabía adónde, ni tampoco le importaba mucho. Leía sin ningún objetivo, leía porque le gustaba leer, y nada más. Era bastante ingenuo para atreverse a descifrar el Paraíso Perdido de Milton sin conocer nada de literatura inglesa. O el Don Quijote sin saber de Cervantes nada más que aquella definición del portugués como un castellano sin huesos. Leía más a los clásicos que los modernos, sin método, aunque con cierto sentido de la disciplina. Si le gustaba especialmente un autor, intentaba leer toda su obra, tarea casi imposible, como ocurrió con Camilo Castelo Branco. Intuía que tenía mucho que ganar si saboreaba lentamente los sermones del padre Antonio Vieira, pero confesaba que algunas veces tuvo que abandonarlos por la misma razón por la que estamos obligados a cerrar los ojos ante una luz demasiado fuerte. Además, como suele decirse, al lector adolescente le faltaba vocabulario. Recorría con atención las hojas mecanografiadas donde constaban las obras que habían entrado recientemente en la biblioteca y por ellas hacía su elección, un poco por los títulos y otro poco por los nombres de los autores. Con el tiempo aprendió a establecer relaciones entre unos y otros, notaba que la memoria de lo que había leído enriquecía sorprendentemente la lectura que tuviese que hacer en ese momento, el suelo que pisaba se iba volviendo más firme cada día. No puedo recordar con exactitud cuánto tiempo duró esta aventura, pero lo que sé, sin sombra de duda, es que si no fuese por aquella biblioteca antigua, oscura, casi triste, yo no sería el escritor que soy. Allí comenzaron a escribirse mis libros.

Ha pasado mucho tiempo. Las bibliotecas han cambiado. Desde luego, también los lectores. Supongo que en algunas de ellas se están formado escritores del futuro. Sé que los bibliotecarios ya no están sentados tras mesas de filigrana. Sé que están empeñados en hacer una labor de defensa del libro y de la lectura. También hablan del compromiso social de esta profesión. Y no les faltan los motivos

La Bola de cristal “Si no quieres ser como éstos ¡lee!”

 

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Todos recordamos el entrañable programa que niños y no tan niños veíamos en TVE en los años 80 los sábados por la mañana “La Bola de cristal” dirigido por Lolo Rico, y seguro también que nos acordamos de esa maravillosa frase “Si no quieres ser como éstos ¡lee!”.  Además de la participación de algunos de los músicos más relevantes de la móvida madrileña como Kiko Veneno, Alaska, Santiago Auseron o Loquillo.

 

El programa se emitió entre 1984 y 1988, y se puede decir que fue de lo mejor que ha hecho la televisión española en su historia. Era un programa infantil que por primera vez trataba a los niños como personas inteligentes, y tenía cuotas de audiencia que sólo ahora superarían los grandes partidos de futbol (5 millones de espectadores). La Bola de Cristal nos invitaba constantemente a reflexionar, a cuestiornarnos todo, era muy crítico con absolutamente todo, y finalmente fue eliminado sin más de las emisiones, aunque no precisamente por falta de audiencia.

 

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Como pone de manifiesto el blog de “Cultura inquieta” el programa era una aunténtica fuente de inspiración, una fábrica de eslóganes culturales, de frases estimulantes. Por ejemplo:

“Tienes 15 segundos para imaginar. Sí no se te ha ocurrido nada, a lo mejor deberías ver menos la tele.”

“Solo no puedes, con amigos sí.”

“¡Viva el mal, viva el capital!”

“Si quieres ser un perro sólo tienes que ladrar y no leer.”

“¡Nunca te acostarás sin saber una cosa más!”

“Haz deporte, no eches tripa. Juega limpio. Participa.”

 

 

A La Sombra De Los Libros: Lectura, Mercado y Vida Pública.

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Gonzalbo, Fernando Escalante. A La Sombra De Los Libros: Lectura, Mercado y Vida Pública. 1st ed., vol. 151, Colegio De Mexico, 2007.

Texto completo en ePub

 

El argumento básico de las páginas que siguen es muy sencillo, puede resumirse en pocas palabras. En los últimos veinte o treinta años se ha producido en todo el mundo una concentración extraordinaria de la industria editorial: la mayor parte del mercado global pertenece a ocho o diez empresas, integradas en grupos que tienen también periódicos, revistas, productoras de cine, discográficas, cadenas de radio y televisión. El negocio de los libros se ha convertido en un gran negocio, incorporado a la industria del espectáculo. Y eso tiene consecuencias sobre el tipo de libros que se publican y sobre el modo…

Más de una cuarta parte de los adultos estadounidenses no no leyeron ningún un libro el pasado año

 

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Más de una cuarta parte de los adultos estadounidenses dicen que no han leído un libro, ni en su totalidad ni en parte, ni en forma impresa o electrónica, en el último año. entre los factores de no lectura está el nivel de estudios, ingresos y procedencia.

 

Según una encuesta de Pew Research, el 27% por ciento de los adultos estadounidenses dicen que no han leído ningún libro en los últimos doce meses, frente a 19 por ciento que lo dijo en 2011.

La investigación muestra que las personas que son menos inclinadas a leer libros se dividen en varias categorías.

  • Según los hallazgos, el 44% de los adultos que tienen un diploma de secundaria o menos son mucho más propensos que los que tienen un título universitario o avanzado a informar que no leen libros en ningún formato.
  • Los adultos con niveles de educación más bajos también están entre los menos dados a tener teléfonos inteligentes, dispositivos que experimentaron un aumento sustancial en el uso para leer libros electrónicos entre 2011 y 2016.
  • Aquellos “cuyo ingreso familiar anual es de 30,000$ o menos son más propensos que los que viven en hogares que ganan 75,000$ o más al año a ser lectores no registrados (36% frente a 14%)”
  • Mientras tanto, el 40 por ciento de los hispanos y el 33% de los afroamericanos son más inclinados que los blancos – 22 por ciento – a informar no haber leído un libro en el último año.
  • Pero hay diferencias entre los hispanos nacidos dentro y fuera de los Estados Unidos: El 56% de los hispanos nacidos en el extranjero reportan no haber leído un libro, comparado con el 27% de los hispanos nacidos dentro del país.