Bibliochecker, una herramienta que permite detectar referencias bibliográficas falsas generadas por la IA con Alexander Chinchilla. Planeta Biblioteca 2026/11/03

Bibliochecker, una herramienta que permite detectar referencias bibliográficas falsas generadas por la IA con Alexander Chinchilla.

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Planeta Biblioteca 2026/11/03

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En esta entrevista, Alex Chinchilla presenta Bibliochecker, una herramienta gratuita y accesible desde el navegador que permite detectar referencias bibliográficas falsas o incorrectas generadas por sistemas de inteligencia artificial como ChatGPT, Gemini o Claude. Explica cómo funciona mediante el contraste de datos con bases académicas como Crossref, Semantic Scholar y OpenAlex, verificando la existencia de publicaciones, autores, títulos, fechas y DOI. La aplicación clasifica los resultados en cuatro categorías: válidas, sospechosas, con problemas y sin DOI, y permite exportar informes para facilitar su revisión. Durante la conversación se abordan las limitaciones de la verificación automatizada, especialmente en libros, tesis y documentos que no están indexados en las principales bases de datos. Asimismo, se analiza su utilidad en bibliotecas universitarias, servicios de apoyo a la investigación y procesos de revisión de trabajos académicos y científicos. La entrevista reflexiona sobre la responsabilidad de investigadores, editores y revisores a la hora de garantizar la autenticidad de las fuentes. Finalmente, se plantea la necesidad de incorporar nuevas funcionalidades y ampliar los formatos bibliográficos compatibles. Bibliochecker representa así un recurso de apoyo para combatir las alucinaciones bibliográficas y reforzar la integridad científica, poniendo de relieve el papel de los bibliotecarios en la formación de usuarios capaces de utilizar la inteligencia artificial de manera crítica y responsable.

Francia crea el Premio Pascal, un galardón literario para obras escritas en colaboración con inteligencia artificial

Mouriquand, D. (2026, 22 de octubre). Prix Pascal: New French literature prize launched for books co-written with AI. Euronews. Consultar artículo original

Web: https://prixpascal.fr/index.html

Francia ha puesto en marcha el Premio Pascal de Literatura IA (Prix Pascal de Littérature IA), un nuevo certamen literario que pretende reconocer obras creadas mediante la colaboración entre escritores e inteligencia artificial. La iniciativa supone un cambio de perspectiva en el debate sobre la relación entre literatura y tecnología: en lugar de considerar la utilización de herramientas de IA como un motivo de exclusión, propone reconocer abiertamente su participación en el proceso creativo y evaluar los resultados literarios.

El premio ha sido impulsado por tres empresarios vinculados al ámbito tecnológico: Philippe Rodriguez, Albin Serviant y Gilles Mentré. Su nacimiento se produce en un momento especialmente controvertido para el mundo editorial francés, después de varias polémicas relacionadas con la utilización de inteligencia artificial en obras que concurrían a importantes premios literarios. Los promotores consideran que la IA ya está presente en los procesos de escritura, aunque muchas veces su utilización no se declara, y que ha llegado el momento de debatir públicamente qué significa ser autor cuando una persona y una máquina participan en la creación de una obra.

El certamen lleva el nombre de Blaise Pascal, matemático, filósofo y escritor francés del siglo XVII, cuya figura representa la conexión entre pensamiento, ciencia y lenguaje. La iniciativa pretende explorar nuevas formas de creación literaria y comprobar qué posibilidades ofrece la colaboración entre la inteligencia humana y los modelos de lenguaje.

Una de las características más relevantes es su apuesta por la transparencia. Los participantes deberán presentar no solamente el manuscrito, sino también un expediente técnico que detalle los modelos de inteligencia artificial utilizados, los agentes empleados y las instrucciones o prompts que han intervenido en el proceso. Se admiten herramientas como ChatGPT, Claude, Gemini, Mistral y LLaMA. También deberán explicar la idea inicial o «semilla» (graine) de la obra, es decir, el concepto, frase o elemento que dio origen al proyecto creativo.

El premio está abierto a cualquier persona que escriba en francés, independientemente de su nacionalidad, lugar de residencia o trayectoria editorial. No es necesario haber publicado anteriormente ni contar con el respaldo de una editorial. Se exige una obra inédita de aproximadamente 300.000 caracteres, incluidos los espacios, acompañada de la documentación sobre el proceso de creación. La convocatoria contempla tanto ficción como no ficción, con especial interés por obras que aporten ideas originales o contribuyan a reflexionar sobre problemas sociales, éticos y medioambientales.

La primera edición abrió sus candidaturas el 20 de octubre de 2026 y establece el 30 de noviembre como fecha límite de presentación. El jurado seleccionará diez finalistas y anunciará el ganador en diciembre. El proyecto contempla la publicación de la obra premiada y su difusión pública. La presidencia del jurado corresponde al ensayista y escritor Jacques Attali. Entre los perfiles vinculados al jurado figuran especialistas en literatura, filosofía, crítica y propiedad intelectual.

Las universidades incorporan los fundamentos de la inteligencia artificial a sus planes de estudios obligatorios

Donadel, A. (2026, 22 de octubre). How Colleges Are Building AI Fundamentals in Core Curriculum. University Business. Consultar artículo original

Se analiza cómo las universidades estadounidenses están incorporando la alfabetización en inteligencia artificial a sus planes de estudios generales, con el objetivo de que todos los estudiantes, independientemente de su especialidad, adquieran conocimientos y competencias para comprender, evaluar y utilizar esta tecnología en sus futuras profesiones. La IA está dejando de ser una materia optativa o una iniciativa aislada de determinadas facultades para convertirse progresivamente en una competencia transversal de la formación universitaria.

Uno de los ejemplos más destacados es la Universidad de Texas en Austin (UT Austin), que está preparando una renovación de su currículo de grado para incorporar la asignatura «Informática e Inteligencia Artificial» como componente fundamental de la formación general, junto a disciplinas como literatura, ciencias sociales y política estadounidense. La reforma, prevista para el otoño de 2027, pretende combinar conocimientos tecnológicos con el desarrollo de capacidades humanas esenciales, como la lectura profunda, la reflexión independiente, la escritura y el diálogo razonado. La propuesta contempla tres grandes pilares formativos: humanidades, ciencias sociales y STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas).

La Universidad Estatal de Ohio ha optado por una estrategia institucional para que todos sus estudiantes aprendan a integrar la inteligencia artificial en sus respectivas disciplinas. Su objetivo es que los graduados sean capaces de desenvolverse simultáneamente en su especialidad profesional y en la aplicación de herramientas de IA. La iniciativa incluye formación básica sobre la tecnología, sus posibilidades, sus limitaciones y sus implicaciones éticas.

Por su parte, la Universidad de Purdue ha actualizado cientos de programas académicos e incorporado la competencia en inteligencia artificial a sus resultados de aprendizaje fundamentales. De esta manera, el conocimiento de la IA pasa a formar parte de las expectativas formativas que deben cumplir los estudiantes para graduarse. La Universidad Estatal de Nueva York (SUNY) también ha revisado su competencia transversal de alfabetización informacional para incluir la evaluación de contenidos generados por IA y la comprensión de las implicaciones éticas de estas tecnologías, sin necesidad de añadir nuevos créditos a los planes de estudio.

Otras instituciones están desarrollando modelos diferentes. Agnes Scott College ha incorporado la alfabetización en IA a la formación obligatoria del primer año universitario, abordando cuestiones como la inteligencia artificial generativa, los sesgos, la ética y sus aplicaciones profesionales. Miami University, en cambio, ha elegido una implantación progresiva por departamentos. Trece unidades académicas, desde contabilidad hasta liderazgo deportivo, comenzaron a integrar competencias relacionadas con la IA, con el objetivo de que los 21 departamentos participen en el curso académico 2027-2028.

El artículo destaca especialmente el protagonismo de las escuelas de negocios, que están acelerando la incorporación de la inteligencia artificial a sus programas. La Universidad de Indiana, a través de Kelley School of Business, exige a sus estudiantes completar dos cursos fundamentales de IA antes de avanzar hacia otras asignaturas tecnológicas. James Madison University está incorporando contenidos sobre inteligencia artificial en 40 asignaturas y programas, mientras que la Marshall School of Business de la Universidad del Sur de California ha creado una nueva posición directiva para impulsar la formación del profesorado y la integración de esta tecnología en la docencia y la investigación.

Estas iniciativas reflejan un cambio de orientación: las universidades ya no se preguntan únicamente cómo utilizar la inteligencia artificial en algunas asignaturas, sino cómo garantizar que todos sus titulados comprendan sus fundamentos y sepan aplicarla responsablemente en sus respectivos ámbitos profesionales.

Fact Finders: un club de lectura de no ficción para niños

Ehrenstein, J. (2026, 6 de septiembre). Fact Finders: A Nonfiction Book Club for Kids. ALSC Blog (Association for Library Service to Children), American Library Association. Consultar artículo original

Se presenta Fact Finders, una experiencia de animación lectora desarrollada en una biblioteca pública de Estados Unidos para acercar a los niños a los libros de no ficción mediante un club de lectura participativo. La iniciativa, impulsada por la bibliotecaria infantil Judy Ehrenstein, parte de una observación: mientras que la mayoría de los clubes de lectura infantiles suelen centrarse en la narrativa y los cuentos, las secciones de no ficción de las bibliotecas contienen numerosos materiales interesantes que merecen una mayor atención.

El proyecto se desarrolla durante el verano, aprovechando el periodo vacacional para ofrecer una actividad diferente a los clubes de lectura que funcionan durante el curso escolar. Fact Finders es un club abierto a niños de distintas edades y niveles lectores, en el que cada participante puede elegir entre varios libros relacionados con una temática común y compartir posteriormente con los demás algún descubrimiento, dato curioso o información que le haya llamado la atención.

La experiencia se organizó durante cuatro semanas del mes de julio, cada una dedicada a un tema específico. Entre las sesiones que tuvieron mayor éxito destacan «Hongos y otros tipos de setas» (Mushrooms and Other Fungus) y «Criaturas salvajes y extravagantes» (Wild and Wacky Critters). Ambas propuestas despertaron la curiosidad de los participantes gracias a su componente sorprendente y, en ocasiones, un tanto desagradable. Los niños pudieron observar y oler levaduras y masa madre, compartir curiosidades sobre animales y votar si determinadas criaturas les parecían adorables, repulsivas o simplemente asquerosas. El pez borrón o blobfish generó opiniones especialmente enfrentadas.

La autora reconoce que no todas las sesiones tuvieron el mismo resultado. Los encuentros dedicados a personajes relevantes y acontecimientos históricos, así como a lugares y épocas, despertaron menos interés que aquellos que incorporaban elementos visuales, experiencias sensoriales y contenidos sorprendentes. Esta valoración permitió identificar qué aspectos funcionaban mejor y cómo mejorar la programación para futuras ediciones.

De cara a una segunda edición, denominada Fact Finders 2.0, la biblioteca pretende introducir una estructura más definida y fomentar una participación más activa de los niños. La autora subraya que resulta fundamental presentar personalmente los libros, despertar el interés de los lectores y explicar con antelación que la actividad requiere una preparación previa. No se trata simplemente de acudir a una reunión, sino de leer, seleccionar información y compartir los descubrimientos con el grupo.

La experiencia demuestra que los libros de no ficción pueden convertirse en un recurso extraordinario para fomentar la lectura infantil, estimular la curiosidad y desarrollar habilidades de comunicación y pensamiento crítico. El club transforma la lectura informativa en una actividad social, donde los niños aprenden unos de otros, descubren temas desconocidos y encuentran motivaciones para explorar nuevas áreas del conocimiento.

Para las bibliotecas públicas, Fact Finders ofrece un modelo de programación fácilmente adaptable: organizar clubes temáticos de no ficción que combinen libros, experimentación, juegos, preguntas y actividades participativas. Además de promover la lectura, estas iniciativas contribuyen a desarrollar competencias de búsqueda, selección, interpretación y comunicación de información desde edades tempranas. Los libros informativos no tienen por qué limitarse a servir como fuentes de consulta escolar, sino que pueden convertirse en el punto de partida de experiencias colectivas de descubrimiento y aprendizaje.

Gemini Notebook incorpora cientos de libros de texto gratuitos para transformar el aprendizaje con inteligencia artificial

Venkatraman, Priya. (29 de octubre de 2026). Gemini Notebook makes hundreds of textbooks available to help students learn even more. Google. https://blog.google/innovation-and-ai/products/gemini-notebook/new-access-textbooks

Gemini Notebook

Google ha anunciado una ampliación de las funcionalidades educativas de Gemini Notebook, su herramienta de inteligencia artificial orientada a la organización, consulta y análisis de fuentes documentales. La principal novedad es la incorporación de cientos de libros de texto académicos que los estudiantes pueden consultar directamente desde la plataforma, sin coste, para utilizarlos como material de referencia en sus actividades de aprendizaje. La iniciativa pretende facilitar el acceso a recursos educativos fiables y aprovechar las posibilidades de la inteligencia artificial generativa para ofrecer experiencias de estudio más personalizadas y fundamentadas en fuentes documentales concretas.

El anuncio, publicado el 29 de octubre de 2026 por Priya Venkatraman, ingeniera de software de Gemini Notebook, se enmarca en la iniciativa Expert Intelligence, presentada por Google el mes anterior. Esta iniciativa transversal busca que los usuarios puedan interactuar con fuentes de información de confianza mediante los diferentes productos de inteligencia artificial de la compañía. Hasta ahora, Gemini Notebook permitía incorporar determinados libros electrónicos adquiridos a través de Google Play Books. Con esta actualización, Google amplía considerablemente las posibilidades de acceso a materiales educativos, especialmente dirigidos a estudiantes que necesitan consultar bibliografía especializada para sus asignaturas y trabajos académicos.

La novedad más destacada es la disponibilidad de cientos de manuales y libros de texto procedentes de diferentes proveedores educativos de Estados Unidos y la India. Entre las organizaciones y editoriales participantes se encuentran:

  • OpenStax: iniciativa vinculada a Rice University que proporciona libros de texto universitarios gratuitos y de acceso abierto.
  • Open Textbook Library: colección de manuales universitarios de libre acceso, destinados a apoyar la enseñanza y el aprendizaje.
  • S Chand Publishing: editorial india especializada en materiales educativos y libros de texto.

La incorporación de estos proveedores permite reunir en un mismo entorno recursos procedentes de distintas iniciativas editoriales y educativas. De este modo, los estudiantes pueden disponer de materiales de estudio sin necesidad de buscarlos individualmente en diferentes plataformas.

Es importante destacar que Google presenta esta incorporación como un acceso gratuito a los títulos disponibles en el catálogo, lo que puede contribuir a reducir algunas barreras económicas para acceder a materiales académicos. No obstante, el anuncio no especifica el número exacto de libros, las disciplinas cubiertas ni las condiciones de disponibilidad geográfica de todos los títulos.

Uno de los aspectos más interesantes de esta actualización es que Gemini Notebook no se limita a ofrecer un catálogo de libros digitales, sino que permite utilizar su contenido como base documental para interactuar con la inteligencia artificial.

Cuando el usuario incorpora un libro de texto a su cuaderno, las respuestas generadas por Gemini se fundamentan directamente en ese material. Además, la herramienta incluye citas integradas y enlaces que permiten regresar a la fuente original de la información.

Esta característica resulta especialmente relevante desde el punto de vista académico, porque permite contrastar las respuestas de la inteligencia artificial con el contenido de los manuales utilizados como referencia. En lugar de recibir una explicación genérica generada a partir del conocimiento general del modelo, el estudiante puede formular preguntas relacionadas con un libro concreto y obtener respuestas vinculadas a su contenido.

La posibilidad de consultar las referencias originales también puede favorecer una utilización más crítica de la inteligencia artificial. El estudiante no tiene que aceptar automáticamente lo que produce el sistema, sino que puede comprobar los fragmentos documentales que respaldan cada respuesta.

Sin embargo, las citas no eliminan por completo la posibilidad de errores de interpretación o de respuestas incompletas. Por ello, sigue siendo necesario contrastar la información con el texto original y desarrollar competencias de evaluación crítica de los resultados generados por IA.

Entre las posibilidades que ofrece Gemini Notebook destacan:

  • Guías de estudio personalizadas: elaboración de materiales de repaso organizados a partir de los contenidos del libro.
  • Cuestionarios de práctica: generación de preguntas para comprobar la comprensión de los temas estudiados y preparar exámenes.
  • Tarjetas de memoria (flashcards): creación de fichas con conceptos, definiciones y preguntas para facilitar la memorización.
  • Materiales de aprendizaje adaptados: transformación de los contenidos originales en diferentes formatos que facilitan su comprensión y revisión.

Estas funcionalidades permiten pasar de una consulta tradicional del libro de texto a una experiencia de aprendizaje más interactiva. El estudiante puede utilizar un mismo documento para generar diferentes recursos de estudio, adaptando el contenido a sus objetivos, ritmo de aprendizaje y necesidades particulares.

Los bibliotecarios universitarios estadounidenses ganan una media de 84.499 dólares anuales, según el informe ARL 2025.

La Association of Research Libraries (ARL) ha publicado su informe ARL Annual Salary Survey 2025, un estudio que ofrece una panorámica de las retribuciones y características profesionales del personal que trabaja en las principales bibliotecas de investigación de Estados Unidos y Canadá. Según el informe ARL Annual Salary Survey 2025, el sueldo medio anual de los profesionales de las bibliotecas universitarias de investigación es de 84.499 dólares brutos anuales.

La investigación analiza los datos salariales de 119 de las 125 bibliotecas integrantes de la asociación durante 2025. En total, recoge información de 11.200 profesionales pertenecientes a 114 bibliotecas universitarias y de otros 1.617 trabajadores de cinco bibliotecas estadounidenses de carácter federal, público y sin ánimo de lucro. Se trata de una de las fuentes de referencia para conocer la evolución del empleo y las condiciones laborales en las grandes instituciones bibliotecarias de investigación.

El estudio distingue tres grandes ámbitos dentro de las bibliotecas universitarias: los sistemas bibliotecarios generales, las bibliotecas de ciencias de la salud y las bibliotecas jurídicas. Además de las retribuciones, recoge información sobre la estructura profesional, los años de experiencia, los nombramientos académicos y la posibilidad de pertenecer a unidades de negociación colectiva. Estos indicadores permiten observar las diferencias existentes entre los modelos organizativos y laborales de las instituciones universitarias de ambos países.

Uno de los aspectos más interesantes del informe es la comparación del reconocimiento académico y las condiciones de representación laboral. Entre las universidades públicas estadounidenses, el 76 % ofrece nombramientos académicos a sus profesionales bibliotecarios y el 40 % contempla su elegibilidad para formar parte de unidades de negociación colectiva. En las universidades privadas estadounidenses, estos porcentajes descienden al 31 % y al 21 %, respectivamente. Por su parte, las universidades canadienses, todas ellas públicas, registran un 64 % de nombramientos académicos y un 86 % de elegibilidad para la negociación colectiva. Estas diferencias reflejan distintas tradiciones institucionales en cuanto al reconocimiento del bibliotecario como profesional académico y su participación en las estructuras de representación laboral.

En cuanto a las retribuciones, el estudio analiza 9.602 profesionales de las bibliotecas universitarias de la ARL y establece cuatro grandes categorías laborales. Los puestos de dirección ejecutiva presentan una media salarial de 180.652 dólares anuales, con una experiencia profesional media de 22 años. Los responsables de alta dirección o gerencia sénior perciben 114.247 dólares, con 18 años de experiencia; los puestos de gestión intermedia alcanzan los 92.664 dólares, con 16 años de experiencia; y el resto de profesionales registra una media de 84.499 dólares anuales y 14 años de trayectoria profesional. Los datos muestran una relación directa entre responsabilidad organizativa, experiencia acumulada y nivel de remuneración.

El informe incluye también información sobre las bibliotecas de investigación no universitarias, ampliando el análisis a otras instituciones que forman parte del ecosistema de investigación. La publicación dispone de una edición digital que incorpora tablas de datos descargables en formato Excel, lo que facilita realizar comparaciones entre instituciones, categorías profesionales y niveles de responsabilidad.

La alfabetización en inteligencia artificial: mucho más que aprender a escribir buenos prompts

Malespina, Elissa. (2 de noviembre de 2026). The AI-Literate Student: AI Literacy Is Not Prompt Engineering. The AI School Librarian. Substack. Leer el artículo original

El artículo de Elissa Malespina plantea una reflexión fundamental sobre la educación en inteligencia artificial: saber utilizar herramientas de IA no significa necesariamente estar alfabetizado en inteligencia artificial. La autora cuestiona que buena parte de la formación dirigida a los estudiantes se centre en enseñar a elaborar instrucciones o prompts cada vez más sofisticados, perfeccionar las preguntas y conseguir respuestas más precisas. Aunque estas habilidades son útiles, no garantizan que el estudiante comprenda cómo funcionan los sistemas, conozca sus limitaciones o sea capaz de determinar si la información que recibe es verdadera, fiable y contrastable.

La autora establece una distinción entre AI fluency (fluidez en inteligencia artificial) y AI literacy (alfabetización en inteligencia artificial). La primera hace referencia a la capacidad de manejar herramientas, seleccionar modelos y formular instrucciones eficaces. La segunda implica competencias mucho más profundas: comprender cómo se generan las respuestas, identificar posibles sesgos, verificar las fuentes, reconocer información inventada, detectar perspectivas ausentes y reflexionar sobre la privacidad de los datos que se introducen en estos sistemas. En definitiva, la alfabetización no consiste únicamente en saber obtener respuestas, sino en desarrollar la capacidad de interrogarlas y evaluarlas críticamente.

Uno de los aspectos más interesantes del texto es su reivindicación del papel de los bibliotecarios escolares en este nuevo escenario. Malespina recuerda que los profesionales de las bibliotecas llevan décadas enseñando a los estudiantes a evaluar la información, identificar la autoría, comprobar la credibilidad de las fuentes, analizar las evidencias y contrastar diferentes perspectivas. Estas competencias, tradicionalmente asociadas a la alfabetización informacional, adquieren ahora una importancia renovada. La inteligencia artificial no sustituye esta labor, sino que amplía su campo de actuación y hace todavía más necesaria la intervención educativa de los bibliotecarios.

También señala una diferencia importante entre los buscadores tradicionales y los sistemas de inteligencia artificial generativa. Cuando un estudiante utiliza Google, normalmente obtiene una lista de documentos, páginas y recursos que puede examinar y comparar. Sin embargo, los sistemas generativos ofrecen directamente una respuesta elaborada, estructurada y aparentemente completa. Esta presentación puede transmitir una falsa sensación de seguridad, porque oculta el proceso de construcción de la respuesta, las fuentes utilizadas, las informaciones descartadas y las incertidumbres existentes. Por ello, resulta imprescindible enseñar a los estudiantes a reconstruir el proceso de investigación: preguntarse de dónde procede la información, qué evidencias la respaldan y cómo puede verificarse fuera del propio sistema.

El artículo relaciona estas ideas con diferentes marcos internacionales de competencias, entre ellos el marco de alfabetización en IA de la UNESCO, el desarrollado por la OCDE y la Comisión Europea para la educación primaria y secundaria, y el modelo de Digital Promise. Todos ellos coinciden en que la formación debe integrar la comprensión de la tecnología, la evaluación crítica de sus resultados y un uso ético y creativo. Asimismo, recoge las recomendaciones de la American Library Association (ALA), que vinculan la alfabetización en IA con la verificación de contenidos, la protección de la privacidad, la precisión de la información y la capacidad de decidir cuándo utilizar estas herramientas e incluso cuándo rechazarlas.

Como propuesta práctica, Malespina introduce el denominado AI Literacy Check, una herramienta basada en seis preguntas que los estudiantes deberían incorporar a su relación cotidiana con la inteligencia artificial:

  1. ¿Qué estoy pidiendo que haga la IA?
  2. ¿De dónde podría proceder esta información?
  3. ¿Qué evidencias respaldan la respuesta?
  4. ¿Qué información o perspectivas podrían faltar?
  5. ¿Qué información estoy proporcionando a la IA a cambio?
  6. ¿Debería la IA realizar realmente esta parte del trabajo?

La reflexión final del artículo es especialmente relevante: la educación no debería limitarse a enseñar a los estudiantes a utilizar las herramientas de inteligencia artificial disponibles en cada momento, porque estas cambiarán continuamente. Lo verdaderamente importante es desarrollar capacidades permanentes de pensamiento crítico, autonomía intelectual, evaluación de evidencias y toma de decisiones.

Entrevista a José María «Johnny» Williams. Planeta Biblioteca 2026/10/30.

Entrevista a José María «Johnny» Williams

Planeta Biblioteca 2026/10/30.

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En esta entrevista de Planeta Biblioteca (Radio USAL), José María «Johnny» Williams comparte su trayectoria de más de veinte años como jefe de Biblioteca del Poder Judicial de la Provincia de Buenos Aires y explica la función de las bibliotecas judiciales en la organización, recuperación y difusión de información jurídica especializada. Analiza la transformación tecnológica de estas instituciones y las oportunidades y riesgos que plantea la inteligencia artificial generativa. También habla de su vocación docente en los institutos de formación de Zárate-Campana y San Antonio de Areco, donde destaca el valor de la enseñanza y el contacto con los estudiantes. Reflexiona sobre las competencias informacionales, el pensamiento crítico y las cualidades que debe reunir el bibliotecario actual, así como sobre los retos de futuro de la profesión. Finalmente, comparte algunas experiencias personales, una canción significativa y un libro recomendado, ofreciendo una mirada cercana y comprometida sobre el mundo de las bibliotecas.

Editar, publicar y financiar ciencia en América Latina: perspectivas, experiencias y distopías en las dinámicas de la comunicación científica en la región

Del Rio Riande, Gimena, y Patricio Iván Pantaleo (eds.). (2025). Editar, publicar y financiar ciencia en América Latina: perspectivas, experiencias y distopías en las dinámicas de la comunicación científica en la región. Paideia Editorial. Publicado el 22 de julio de 2025.

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Esta obra colectiva aborda los principales desafíos que afronta la comunicación científica en América Latina, prestando especial atención a los procesos de edición, publicación y financiación de la investigación académica. El libro propone una mirada crítica sobre las estructuras que condicionan la circulación del conocimiento científico en la región y analiza las posibilidades de construir modelos editoriales más sostenibles, abiertos, inclusivos y adaptados a las particularidades de los sistemas científicos latinoamericanos.

El punto de partida es que publicar ciencia no consiste únicamente en difundir resultados de investigación. Implica también disponer de infraestructuras editoriales, políticas públicas, recursos económicos, sistemas de evaluación y mecanismos de preservación que garanticen que el conocimiento pueda producirse, difundirse y consultarse en condiciones de equidad. Desde esta perspectiva, la obra examina las tensiones entre los modelos comerciales de publicación científica y las iniciativas de acceso abierto, así como las dificultades que encuentran las revistas y las instituciones académicas para mantener su independencia y sostenibilidad.

Uno de los ejes fundamentales es la relación entre acceso abierto, financiación y sostenibilidad editorial. La obra plantea que el acceso libre a las publicaciones no puede depender exclusivamente de la voluntad de los investigadores o de la capacidad económica de las instituciones. Es necesario desarrollar políticas de financiación estables que permitan mantener revistas científicas, plataformas de publicación, repositorios y servicios editoriales sin trasladar los costes a los autores mediante tasas de publicación que puedan convertirse en nuevas barreras de acceso. El reto consiste en garantizar que la ciencia sea abierta sin que su publicación genere nuevas desigualdades.

Otro aspecto destacado es la preservación digital. El capítulo de Miguel Ángel Márdero Arellano y Julio Santillán Aldana analiza cómo garantizar que los resultados científicos permanezcan accesibles, íntegros y auténticos a largo plazo. Se examinan los problemas derivados de la obsolescencia tecnológica, la fragilidad de los soportes, la falta de recursos y la necesidad de establecer políticas institucionales. También se presentan modelos como OAIS, LOCKSS y la preservación digital distribuida, junto con experiencias de cooperación regional como la Red Cariniana de Brasil. La conclusión es que preservar la ciencia digital exige infraestructuras, planificación y colaboración entre bibliotecas, archivos, universidades y organismos de investigación.
Paideia Editorial

La obra incorpora asimismo una reflexión sobre los sistemas de evaluación científica y el papel de los índices internacionales en la organización de la investigación latinoamericana. Se cuestiona hasta qué punto los criterios globales de medición representan adecuadamente las particularidades de los sistemas científicos nacionales y regionales. La visibilidad internacional, la indexación y los indicadores bibliométricos pueden favorecer la difusión de la producción académica, pero también generar dependencias y distorsiones cuando se convierten en los principales criterios para valorar la calidad de la investigación.

Otro bloque temático aborda las prácticas de ciencia abierta en México, la producción editorial en las bibliotecas universitarias brasileñas y las experiencias de las redes de editores científicos. Se pone de manifiesto el papel que pueden desempeñar las instituciones académicas y las bibliotecas en la construcción de infraestructuras de publicación abiertas, en la profesionalización de las revistas y en la creación de espacios de cooperación editorial.

La visibilidad de las publicaciones periódicas también ocupa un lugar relevante. La obra invita a superar los mitos asociados al impacto científico y a interpretar los indicadores bibliométricos con sentido crítico, atendiendo a las características de cada disciplina, institución y contexto de producción. En esta misma línea, incorpora un análisis de la integridad de los datos utilizados para medir la producción científica en Colombia, una cuestión especialmente importante en un escenario donde las decisiones sobre financiación, promoción y reconocimiento académico dependen cada vez más de los sistemas de información y evaluación.

La pertenencia estudiantil y la biblioteca como tercer lugar

ARL Unbound | Student Belonging and the Library as Third Place. (2026). Library Journal. Disponible en: https://www.libraryjournal.com/story/arl-unbound-student-belonging-and-the-library-as-third-place

La biblioteca universitaria contemporánea desempeña una función que va mucho más allá de proporcionar acceso a libros, revistas científicas, bases de datos y otros recursos de información. También puede convertirse en un espacio fundamental para que los estudiantes construyan relaciones sociales, desarrollen su identidad universitaria y encuentren un sentimiento de pertenencia a la comunidad académica. Esta dimensión resulta especialmente importante para quienes comienzan sus estudios superiores, se trasladan a otra ciudad o se enfrentan por primera vez a la experiencia de vivir lejos de su entorno familiar.

La universidad puede representar una oportunidad de crecimiento intelectual y personal, pero también un escenario de incertidumbre, aislamiento y dificultades de adaptación. En este contexto, la biblioteca puede ofrecer un entorno acogedor en el que estudiar, relacionarse con otras personas, descansar entre clases y participar en actividades culturales sin la presión de tener que demostrar constantemente un rendimiento académico.

La idea de la biblioteca como espacio de pertenencia supone, por tanto, ampliar la concepción tradicional de sus servicios. No basta con disponer de instalaciones modernas o colecciones de calidad: es necesario que los estudiantes perciban que la biblioteca es un lugar accesible, abierto a la diversidad y pensado también para sus necesidades personales y sociales. La pertenencia no se consigue únicamente mediante el diseño arquitectónico, sino a través de las experiencias que las personas viven en el espacio, de la calidad de las relaciones que establecen y de la posibilidad de sentirse reconocidas como miembros legítimos de la comunidad. Desde esta perspectiva, la biblioteca contribuye al bienestar estudiantil y puede reforzar indirectamente la participación, la integración y el éxito académico.

La expresión tercer lugar procede de los trabajos del sociólogo Ray Oldenburg y hace referencia a aquellos espacios que ocupan una posición intermedia entre el hogar, considerado el primer lugar, y el trabajo o las obligaciones formales, entendido como el segundo. Los terceros lugares favorecen la interacción informal, la convivencia, la conversación y la creación de vínculos comunitarios. Aplicado al ámbito universitario, este concepto permite entender la biblioteca como un espacio que no pertenece exclusivamente al terreno de las clases, los exámenes o las tareas académicas, sino que ofrece a los estudiantes una experiencia más flexible y cotidiana de la vida universitaria.

La biblioteca resulta especialmente adecuada para desempeñar esta función porque, en principio, es un espacio compartido, relativamente neutral y abierto a personas con intereses, procedencias y circunstancias diferentes. Puede combinar zonas de silencio y concentración con espacios de trabajo colaborativo, áreas de descanso y lugares para encuentros informales. Esta pluralidad permite responder a necesidades diversas sin reducir la identidad de la institución a una única función. La investigación de Montgomery y Miller sobre la biblioteca como tercer lugar ya destacaba la importancia de conservar los edificios bibliotecarios como espacios de aprendizaje colaborativo e interacción comunitaria, incluso cuando muchos recursos y servicios se trasladan al entorno digital.

Concebir la biblioteca como tercer lugar implica reconsiderar tanto la organización de sus espacios como la programación de sus actividades. La biblioteca puede mantener sus funciones tradicionales de apoyo al aprendizaje y a la investigación y, al mismo tiempo, ofrecer experiencias que faciliten la convivencia, la creatividad y la participación. Entre las posibilidades se encuentran los clubes de lectura, los encuentros con autores, las exposiciones, los talleres creativos, las actividades culturales, los espacios de creación o makerspaces y las iniciativas impulsadas por los propios estudiantes. Estas propuestas permiten que la biblioteca se convierta en un lugar al que acudir no solo para resolver una necesidad concreta de información, sino también para compartir intereses, descubrir nuevas aficiones y establecer relaciones con otros miembros de la comunidad universitaria.

La programación cultural y social adquiere así una importancia estratégica. Randa L. Morgan, en su trabajo sobre bibliotecas académicas, terceros lugares y programas comunitarios, plantea que las actividades recreativas y de participación pueden contribuir a fortalecer la comunidad universitaria y a mejorar la conexión entre las necesidades de los estudiantes y los servicios bibliotecarios. Desde este planteamiento, las bibliotecas deben superar la idea de que toda actividad ha de justificarse exclusivamente por su relación directa con la investigación o el estudio. También es legítimo crear oportunidades para la conversación, el ocio cultural y el encuentro espontáneo, porque estas experiencias contribuyen a construir relaciones de confianza y una identidad compartida.

Un aspecto fundamental de esta transformación es reconocer a los estudiantes como participantes activos en la definición de la biblioteca. Para que el espacio genere pertenencia, no basta con que los profesionales decidan qué servicios ofrecer o cómo distribuir el mobiliario. Es necesario conocer las experiencias, preferencias y dificultades de quienes utilizan la biblioteca, así como de aquellos que no acuden a ella. Las encuestas, los grupos de discusión, las consultas informales y los proyectos de codiseño pueden ayudar a identificar barreras físicas, sociales, culturales o económicas que dificultan la participación.

La inclusión también exige reconocer que los estudiantes no constituyen un grupo homogéneo. Las necesidades de quienes viven en residencias universitarias pueden ser distintas de las de quienes se desplazan diariamente desde otras localidades; los estudiantes internacionales pueden necesitar espacios para establecer relaciones y familiarizarse con el entorno; y quienes experimentan dificultades económicas, aislamiento social o problemas de accesibilidad pueden encontrar en la biblioteca un recurso especialmente valioso. La existencia de zonas tranquilas, espacios de colaboración, mobiliario flexible, horarios adecuados y normas claras de convivencia contribuye a crear un entorno en el que diferentes formas de estudiar, descansar y relacionarse puedan coexistir.

Un estudio de Kathryn New y Derek Marshall, publicado en 2026, examina precisamente cómo las bibliotecas de la Universidad Estatal de Mississippi han trabajado para consolidar estos espacios mediante la consulta a los estudiantes, la renovación de las instalaciones y la organización de programas que consideran sus necesidades más allá del rendimiento académico. El trabajo destaca la importancia de ofrecer a los estudiantes oportunidades para participar en las decisiones y desarrollar un sentimiento de apropiación del espacio bibliotecario.

La consideración de la biblioteca como tercer lugar tiene consecuencias para la planificación estratégica, la evaluación de servicios y la justificación de la inversión institucional. Si su contribución se mide exclusivamente mediante indicadores como el número de préstamos, las consultas de bases de datos o las visitas a los puestos de estudio, quedarán fuera de la evaluación aspectos importantes de su valor social. También resulta necesario conocer si los estudiantes se sienten bienvenidos, si encuentran espacios adecuados para relacionarse, si participan en las actividades organizadas y si consideran que la biblioteca forma parte significativa de su experiencia universitaria.

Esto no significa sustituir los indicadores tradicionales por medidas subjetivas, sino complementarlos con evidencias sobre participación, satisfacción, inclusión y percepción de pertenencia. La colaboración entre bibliotecarios, profesorado, servicios de orientación, asociaciones estudiantiles y responsables universitarios puede contribuir a que la biblioteca forme parte de una estrategia más amplia de bienestar y éxito estudiantil. Asimismo, defender el valor de la biblioteca como espacio físico continúa siendo importante en un contexto en el que el acceso digital permite consultar numerosos recursos sin acudir al edificio. Precisamente, cuando la información puede obtenerse desde cualquier lugar, la biblioteca adquiere un valor diferencial como entorno compartido para aprender, crear, convivir y construir comunidad.