Ludotecas con Fabián Zamit. Planeta Biblioteca 2026/10/04

Ludotecas con Fabián Zamit.

Planeta Biblioteca 2026/10/04

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En este episodio de «Planeta Biblioteca» —el programa del Servicio de Archivos y Bibliotecas de la Universidad de Salamanca—, se entrevista a Fabián Zamit, responsable de la ludoteca del Centro Cultural de España en Montevideo (Uruguay). Fabián, diseñado en comunicación visual y especializado en juegos de mesa y aprendizaje, explica que este espacio nació en 2022 para fomentar la comunidad a través del juego. Durante la charla, aborda el funcionamiento del servicio de préstamo a domicilio de juegos analógicos, la importancia de la gamificación para animar a la lectura y motivar en el ámbito educativo, y el papel clave de la ludoteca como lugar de socialización familiar y entre adultos, rompiendo el prejuicio de que jugar es solo cosa de niños. Finalmente, reflexiona sobre cómo las bibliotecas modernas se están transformando en espacios más lúdicos y comunitarios

Las grandes editoriales incorporan la inteligencia artificial en secreto mientras crece la resistencia de sus trabajadores

Morgan, Adam. (9 de octubre de 2026). “Book Publishers Are Quietly Using More AI. Staff Are Revolting”. WIRED. https://www.wired.com/story/book-publishers-are-quietly-using-more-ai-staff-are-revolting/

Se plantea una contradicción creciente en la industria editorial estadounidense: mientras algunas grandes editoriales adoptan públicamente una postura crítica frente al uso de la inteligencia artificial generativa en la creación de libros, internamente están incorporando herramientas de IA en numerosas tareas de producción, comunicación y comercialización.

Según la investigación de WIRED, basada en entrevistas con más de dos docenas de trabajadores del sector que hablaron bajo condición de anonimato, tres grandes grupos editoriales —HarperCollins, Simon & Schuster y Hachette— están utilizando modelos de lenguaje como ChatGPT y Claude en distintos procesos de trabajo, en ocasiones sin informar suficientemente a los autores ni contar con su consentimiento explícito. La cuestión no se limita, por tanto, a si un escritor emplea IA para redactar una novela, sino que afecta también a la forma en que las propias empresas editoriales producen, promocionan y distribuyen los libros.

Uno de los usos más extendidos de estas herramientas es la generación de textos promocionales. Los modelos de IA se emplean para redactar materiales publicitarios, descripciones de libros, textos de contraportada y mensajes dirigidos a agentes literarios, libreros, periodistas y otros profesionales. También se han utilizado para preparar correos electrónicos de rechazo de manuscritos, elaborar materiales de marketing, producir vídeos promocionales e intervenir en el diseño de cubiertas. Estas aplicaciones muestran que la IA está penetrando en tareas que, aunque no siempre forman parte de la escritura literaria propiamente dicha, requieren conocimiento del contexto cultural, sensibilidad editorial y capacidad para establecer relaciones profesionales. Algunos trabajadores consideran que automatizar estas comunicaciones puede deteriorar la calidad de las relaciones con autores y agentes, además de generar textos impersonales, repetitivos y fácilmente reconocibles como producidos por una máquina.

La situación resulta especialmente significativa porque las editoriales mantienen una relación ambivalente con la creación asistida por IA. Por un lado, algunas han cancelado publicaciones de obras cuyos autores fueron acusados de utilizar modelos de lenguaje, mientras que, por otro, recurren a tecnologías similares para optimizar sus propios procesos. El artículo recuerda que varios casos de libros cuestionados por un posible uso de IA han provocado controversias públicas, pero sostiene que la utilización de estas herramientas dentro de las empresas constituye una transformación menos visible. Esta asimetría plantea interrogantes sobre la coherencia de las políticas editoriales: ¿con qué criterios se juzga el uso de la inteligencia artificial por parte de un autor si las propias editoriales la emplean en actividades relacionadas con la producción y difusión de sus obras? La cuestión central es la necesidad de establecer normas transparentes y aplicables tanto a los escritores como a las organizaciones que publican sus trabajos.

Una de las principales preocupaciones es el impacto de la automatización sobre el empleo. El artículo describe plantillas reducidas por sucesivas rondas de despidos y profesionales que deben asumir el doble o el triple de publicaciones con menos recursos. En este contexto, la IA puede presentarse como una solución para aumentar la productividad, pero también puede consolidar una dinámica en la que las empresas sustituyan puestos de trabajo, intensifiquen las cargas laborales y conviertan la automatización en una exigencia organizativa. La oposición de los trabajadores no responde únicamente al rechazo de una tecnología nueva: también expresa el temor a perder autonomía profesional, control sobre los procesos editoriales y oportunidades de empleo. El conflicto se hizo especialmente visible en Simon & Schuster, donde empleados promovieron una carta abierta contra la posible incorporación de Skan AI, una plataforma destinada a analizar flujos de trabajo y detectar oportunidades de automatización. La plantilla temía que estas herramientas sirvieran para vigilar su actividad y facilitar futuras sustituciones de trabajadores.

Otro de los aspectos más delicados es la protección de los manuscritos inéditos. Los agentes literarios entrevistados manifiestan su preocupación por la posibilidad de que las editoriales introduzcan textos completos o fragmentos de obras todavía no publicadas en modelos de lenguaje para generar resúmenes, materiales promocionales o comunicaciones editoriales. Si se utilizan servicios externos sin garantías adecuadas, pueden surgir dudas sobre la confidencialidad de los documentos, su tratamiento por parte de los proveedores tecnológicos y el control de los autores sobre sus creaciones. Algunos agentes han empezado a incluir cláusulas contractuales que prohíben procesar determinados materiales mediante modelos de lenguaje. El artículo distingue, además, entre sistemas que funcionan en entornos cerrados y herramientas conectadas a servicios externos, una diferencia relevante para evaluar los riesgos de privacidad y seguridad. La cuestión resulta especialmente importante en el sector editorial, donde los manuscritos inéditos constituyen activos intelectuales cuyo valor depende, entre otros factores, de mantener el control sobre su circulación.

La traducción literaria constituye otro ámbito de transformación. El artículo señala que algunos profesionales han observado manuscritos traducidos mediante modelos de lenguaje y presentados en ferias internacionales del libro con indicaciones sobre el uso de IA. Para las editoriales, estas herramientas podrían reducir costes y facilitar la publicación de más títulos en diferentes idiomas, ampliando la circulación internacional de las obras. Sin embargo, la traducción literaria no consiste únicamente en trasladar palabras de una lengua a otra: exige interpretar referencias culturales, reproducir voces narrativas, resolver ambigüedades y tomar decisiones estilísticas. La expansión de la traducción automatizada plantea, por ello, preguntas sobre la calidad de los textos, el reconocimiento de los traductores y la remuneración de su trabajo. El debate enfrenta dos prioridades: la búsqueda empresarial de eficiencia y la defensa del conocimiento especializado que aportan los profesionales humanos.

El artículo presenta una industria editorial sometida a una tensión entre la búsqueda de eficiencia económica y la defensa del trabajo creativo y profesional. La inteligencia artificial puede modificar profundamente la producción, la promoción y la distribución de libros, pero su incorporación sin transparencia ni participación de los afectados amenaza con debilitar la confianza que sostiene las relaciones entre editoriales, autores y lectores. La cuestión de fondo es si la IA se utilizará para complementar las capacidades humanas y mejorar el trabajo editorial o, por el contrario, para reducir costes a expensas de la calidad, la autonomía profesional y los derechos de quienes hacen posible la publicación de un libro.

Reutilizar libros infantiles deteriorados: ideas creativas para darles una segunda vida en la biblioteca

Kitson, Renee. (2026, 10 de septiembre). Don’t Toss That Board Book! Transform It into Something Wonderful. ALSC Blog, Association for Library Service to Children, American Library Association. https://www.alsc.ala.org/blog/2026/09/dont-toss-that-board-book-transform-it-into-something-wonderful/

Se propone aprovechar los libros infantiles de cartón que han quedado deteriorados y ya no pueden mantenerse en las colecciones de préstamo. En lugar de desecharlos directamente, la autora plantea recuperar sus páginas e ilustraciones para convertirlas en materiales útiles para actividades educativas, artísticas y recreativas. Esta propuesta fomenta la reutilización de recursos, reduce los residuos y amplía las posibilidades de aprendizaje que ofrecen las bibliotecas infantiles.

Entre las ideas presentadas destaca la elaboración de marcapáginas, bloques de construcción, marionetas, puzles, tarjetas para contar historias, collages y adornos decorativos. Las páginas también pueden transformarse en piezas para clasificar colores y formas, crear mosaicos o desarrollar juegos de asociación. Estas actividades permiten que los niños experimenten con imágenes, texturas y materiales, al tiempo que estimulan su imaginación, su creatividad y sus habilidades manuales.

La autora también destaca las posibilidades de reutilización en actividades STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas). Las páginas de cartón pueden convertirse en ruedas, rampas, engranajes, palancas y conectores para construir pequeños objetos y experimentar con principios físicos y mecánicos. De este modo, un material que ha perdido su función original se transforma en un recurso para el aprendizaje práctico, la experimentación y la resolución de problemas.

La propuesta conecta con la filosofía maker, que promueve el aprendizaje mediante la creación, la manipulación de objetos y la experimentación. Las bibliotecas pueden incorporar estos materiales a talleres infantiles, espacios creativos y actividades familiares, favoreciendo una participación activa en la que no siempre es necesario seguir un modelo predeterminado: también se aprende explorando, probando y descubriendo nuevas posibilidades.

Kitson nos recuerda que reutilizar no significa conservar cualquier material a toda costa. Los libros con moho, suciedad u otros problemas que comprometan la seguridad deben desecharse conforme a las políticas de cada biblioteca. La idea central consiste en revisar los ejemplares retirados de la colección y preguntarse qué elementos todavía pueden aprovecharse. Así, los libros que han terminado su vida útil como documentos de lectura pueden iniciar una segunda etapa como materiales para la creatividad, el juego y el aprendizaje.

Repensar la evaluación científica: adecuar el rigor al propósito de la investigación

Ghildiyal, Ashutosh, Mathïs Fédérico y Maria Machado. (2026, 17 de septiembre). “Rethinking Scholarly Evaluation: Matching Rigor to Purpose”. The Scholarly Kitchen. Society for Scholarly Publishing. Enlace al artículo: https://scholarlykitchen.sspnet.org/2026/09/17/rethinking-scholarly-evaluation-matching-rigor-to-purpose/

Se plantea la necesidad de adaptar los criterios de evaluación científica a la naturaleza y los objetivos de cada investigación. Los autores distinguen entre trabajos orientados a validar resultados mediante evidencias empíricas y aquellos que buscan explorar nuevas ideas, formular hipótesis o desarrollar marcos conceptuales. Aunque ambos requieren rigor, no deben evaluarse necesariamente con los mismos criterios.

El texto advierte que una aplicación demasiado uniforme de la revisión por pares puede dificultar el reconocimiento de propuestas innovadoras que cuestionan conocimientos establecidos. Por ello, propone que las revistas científicas definan criterios específicos según el tipo de contribución, sin renunciar a la transparencia, la coherencia argumentativa y la calidad metodológica.

Para comprender esta limitación, el texto distingue dos actividades complementarias: la exploración y la validación. La exploración permite formular nuevas preguntas, desarrollar hipótesis, construir marcos conceptuales y establecer relaciones novedosas entre ideas. La validación, por su parte, somete las afirmaciones a una comprobación sistemática mediante evidencias, métodos adecuados y, cuando corresponde, procedimientos de reproducción de resultados. Ambas actividades son imprescindibles para el progreso científico, pero no persiguen exactamente los mismos objetivos. Por ello, los autores defienden que la evaluación académica debe adaptarse a la naturaleza de cada contribución, sin renunciar a la exigencia de rigor que caracteriza a la investigación científica.

Asimismo, destaca que la inteligencia artificial generativa obliga a prestar mayor atención al valor intelectual de los trabajos, ya que una redacción correcta no garantiza originalidad ni solidez científica. En conclusión, los autores defienden una evaluación más flexible y adaptada a cada investigación, capaz de mantener el rigor académico y, al mismo tiempo, favorecer la innovación y el avance del conocimiento.

TRACE: una iniciativa para mejorar la interoperabilidad y la confianza en la inteligencia artificial aplicada a la comunicación científica

Carpenter, Todd A. (2026, 7 de octubre). “TRACE Project Launches to Advance AI Interoperability”. The Scholarly Kitchen. Society for Scholarly Publishing. Enlace al artículo original: https://scholarlykitchen.sspnet.org/2026/10/07/trace-project-launches-to-advance-ai-interoperability/

TRACE representa un paso hacia una infraestructura científica preparada para la inteligencia artificial. Su éxito dependerá de que los estándares desarrollados sean interoperables, suficientemente flexibles para funcionar con diferentes arquitecturas tecnológicas y adoptados por los principales actores del ecosistema. Aunque la iniciativa no pretende resolver por sí sola todos los problemas relacionados con los derechos de autor, el control de acceso o la atribución dentro de los modelos de IA, sí busca establecer una base común para que la recuperación y reutilización de información científica sean más transparentes, medibles y fiables.

TRACE (Trusted Retrieval & Attribution for Content Ecosystems), una iniciativa internacional impulsada por diferentes organizaciones del ámbito de la comunicación científica para mejorar la interoperabilidad, la transparencia y la fiabilidad de los sistemas de inteligencia artificial que utilizan publicaciones académicas. Su objetivo es desarrollar una infraestructura técnica compartida que permita identificar las fuentes utilizadas por la IA, preservar la atribución de los contenidos y medir de forma coherente cómo los sistemas automatizados acceden a la información científica y la reutilizan. La iniciativa responde a una transformación profunda de la comunicación académica: los investigadores recurren cada vez más a asistentes inteligentes capaces de recuperar, resumir, comparar y sintetizar documentos, sin necesidad de consultar directamente las publicaciones originales.

TRACE comienza con tres líneas de trabajo complementarias. La primera, vinculada a COUNTER, busca mejorar las métricas de uso de los contenidos científicos en entornos de inteligencia artificial, incluyendo las consultas y recuperaciones realizadas por agentes automatizados. La segunda, coordinada por NISO (National Information Standards Organization), se centra en desarrollar un modelo mínimo de metadatos que permita conservar la procedencia de los documentos y fragmentos utilizados por los sistemas de IA. La tercera, impulsada por STM e Ithaka S+R, estudia cómo los agentes de inteligencia artificial descubren las publicaciones científicas, acceden a ellas mediante los permisos correspondientes y registran su utilización de manera verificable.

Uno de los principales problemas que aborda la iniciativa es la dificultad de comprobar el origen de las afirmaciones generadas por la IA. Los modelos pueden producir referencias inexistentes, atribuir información a fuentes equivocadas o elaborar respuestas sin establecer una conexión verificable entre sus afirmaciones y los documentos originales. Para afrontar esta situación, TRACE pretende favorecer el desarrollo de estándares que mantengan vinculados los contenidos recuperados con sus fuentes, sus metadatos y las condiciones de utilización. No se trata únicamente de reducir errores, sino también de reforzar la integridad científica, facilitar la verificación de los resultados y garantizar el reconocimiento del trabajo de autores y editores.

El proyecto también plantea la necesidad de adaptar los sistemas tradicionales de evaluación y gestión de recursos electrónicos a un escenario en el que parte del consumo de información se produce a través de agentes automatizados. Las bibliotecas universitarias y los editores necesitan conocer cómo se utilizan sus colecciones, qué contenidos recuperan los asistentes inteligentes y qué repercusiones tiene este uso en los modelos de suscripción, acceso abierto y financiación de la comunicación científica. Para ello, TRACE promueve una mayor coordinación entre editoriales, repositorios, proveedores tecnológicos, desarrolladores de IA y organizaciones responsables de los estándares de información.

El estado de las bibliotecas universitarias de Estados Unidos en 2025 (2026)

Parsons-Diamond, Gena. “The State of U.S. Academic Libraries: Findings from the ACRL 2025 Annual Survey.” ACRL Insider, 13 de octubre de 2026. Association of College and Research Libraries (ACRL), American Library Association.

Texto completo

La Association of College and Research Libraries (ACRL), división de la American Library Association (ALA), ha publicado los resultados de su encuesta anual sobre tendencias y estadísticas de las bibliotecas universitarias estadounidenses. El informe The State of U.S. Academic Libraries: Findings from the ACRL 2025 Annual Survey ofrece una visión general de la situación de estas instituciones a través de indicadores relacionados con el personal, los gastos, las colecciones, la circulación, las visitas y los servicios de información.

El objetivo de esta encuesta es proporcionar datos que permitan evaluar el funcionamiento de las bibliotecas, comparar sus resultados con los de otras instituciones y fundamentar las decisiones de gestión. Estas estadísticas también constituyen una herramienta de defensa de la profesión, ya que ayudan a demostrar la contribución de las bibliotecas a la educación superior y a justificar los recursos necesarios para cumplir sus objetivos.

La edición de 2025 adquiere especial relevancia por un cambio en el sistema estadístico estadounidense: tras finalizar la recopilación de datos sobre bibliotecas universitarias dentro del Integrated Postsecondary Education Data System (IPEDS), correspondiente al ejercicio fiscal de 2024, la encuesta de la ACRL pasa a ser la única fuente nacional de datos exhaustivos sobre estas bibliotecas. Los resultados se ponderan para representar al conjunto de las bibliotecas universitarias estadounidenses.

Los hallazgos clave incluyen:

  • Personal de la biblioteca: La mediana del personal total, expresada en equivalentes a tiempo completo (ETC), es de 7,6; esto representa una ligera disminución con respecto a 2024, incluso cuando la proporción de estudiantes (en ETC) por miembro del personal ha aumentado.
  • Gastos: La mediana de los gastos anuales totales de las bibliotecas es de 470 mil dólares, sin incluir los beneficios adicionales. Las bibliotecas destinan 523 dólares por estudiante (en ETC), la misma cifra que en 2024, lo que sugiere que, al ajustar por la inflación, las bibliotecas cuentan con un menor poder adquisitivo en términos reales.
  • Colecciones y circulación: Las bibliotecas universitarias siguen centrándose en los recursos electrónicos; el 79,7 % del total de sus colecciones y el 98,2 % del total de su circulación corresponden a formatos digitales.
  • Visitas: El número de personas que acuden a las bibliotecas universitarias anualmente aumentó cerca de un diez por ciento en 2025 con respecto a 2024, alcanzando una mediana de 53 250.
  • Servicios de información: El personal de la biblioteca comparte sus conocimientos a través de interacciones con los usuarios, tanto de forma individual como grupal. En 2025, las bibliotecas universitarias registraron una mediana de 838 transacciones y consultas de referencia. Casi un tercio (29,3 %) de estas interacciones se producen de manera virtual.

Resumen amplio

1. Un informe fundamental para conocer la situación de las bibliotecas universitarias

La Association of College and Research Libraries (ACRL), división de la American Library Association (ALA), ha publicado los resultados de su encuesta anual sobre tendencias y estadísticas de las bibliotecas universitarias estadounidenses. El informe The State of U.S. Academic Libraries: Findings from the ACRL 2025 Annual Survey ofrece una visión general de la situación de estas instituciones a través de indicadores relacionados con el personal, los gastos, las colecciones, la circulación, las visitas y los servicios de información.

El objetivo de esta encuesta es proporcionar datos que permitan evaluar el funcionamiento de las bibliotecas, comparar sus resultados con los de otras instituciones y fundamentar las decisiones de gestión. Estas estadísticas también constituyen una herramienta de defensa de la profesión, ya que ayudan a demostrar la contribución de las bibliotecas a la educación superior y a justificar los recursos necesarios para cumplir sus objetivos.

La edición de 2025 adquiere especial relevancia por un cambio en el sistema estadístico estadounidense: tras finalizar la recopilación de datos sobre bibliotecas universitarias dentro del Integrated Postsecondary Education Data System (IPEDS), correspondiente al ejercicio fiscal de 2024, la encuesta de la ACRL pasa a ser la única fuente nacional de datos exhaustivos sobre estas bibliotecas. Los resultados se ponderan para representar al conjunto de las bibliotecas universitarias estadounidenses.

2. Personal bibliotecario: plantillas reducidas ante necesidades crecientes

Uno de los principales resultados del informe es que la mediana de personal equivalente a tiempo completo se sitúa en 7,6 trabajadores por biblioteca, ligeramente por debajo de la cifra registrada en 2024. Al mismo tiempo, ha aumentado la proporción de estudiantes equivalentes a tiempo completo por cada trabajador.

Este dato apunta a una tensión estructural: las bibliotecas deben atender a comunidades universitarias y necesidades de información cada vez más complejas sin que sus recursos humanos crezcan al mismo ritmo. La transformación digital, la gestión de recursos electrónicos, la formación en competencias informacionales y el apoyo a la investigación requieren conocimientos especializados y una actualización profesional constante.

El incremento de las necesidades de los usuarios no implica únicamente más consultas. También exige nuevas competencias para gestionar colecciones digitales, orientar a los investigadores, apoyar la publicación científica y ayudar a los estudiantes a desenvolverse en un entorno informativo marcado por la inteligencia artificial y la abundancia de contenidos digitales.

La reducción de las plantillas puede dificultar que las bibliotecas amplíen sus servicios o desarrollen nuevas iniciativas, especialmente cuando deben mantener simultáneamente sus funciones tradicionales. Por ello, el indicador de personal debe interpretarse junto con el número de estudiantes atendidos, el volumen de consultas, los recursos disponibles y la diversidad de servicios ofrecidos.

3. Presupuestos: el efecto de la inflación sobre la capacidad de gasto

El informe sitúa la mediana del gasto anual total de las bibliotecas universitarias en 470.000 dólares, sin incluir las prestaciones complementarias del personal. El gasto mediano por estudiante equivalente a tiempo completo es de 523 dólares, la misma cifra que en 2024.

Aunque la estabilidad del gasto por estudiante podría sugerir que las bibliotecas mantienen sus recursos, el informe advierte de que, una vez considerada la inflación, su capacidad adquisitiva real se reduce. Es decir, con una cantidad nominal similar, las instituciones pueden comprar menos recursos y afrontar con mayor dificultad el encarecimiento de las suscripciones, las publicaciones científicas, las bases de datos y otros servicios.

Esta situación tiene consecuencias directas para la política de adquisiciones. Las bibliotecas universitarias deben decidir cómo distribuir sus presupuestos entre publicaciones impresas, revistas electrónicas, libros digitales, bases de datos especializadas y otros recursos que necesitan estudiantes e investigadores. La presión económica obliga a priorizar inversiones y evaluar con mayor rigor el uso y el coste de los materiales contratados.

Además, el presupuesto bibliotecario no puede analizarse exclusivamente en términos de gasto total. Es necesario relacionarlo con el tamaño de la comunidad universitaria, la evolución de los precios, las necesidades de investigación y la amplitud de los servicios prestados. El dato de 523 dólares por estudiante ofrece una referencia comparativa, pero no significa que todas las instituciones tengan las mismas necesidades o dispongan de idénticas posibilidades financieras.

4. Colecciones digitales: el predominio de los recursos electrónicos

Uno de los indicadores más destacados del informe es la consolidación de los recursos electrónicos en las bibliotecas universitarias. Según los resultados de 2025, el 79,7 % de los fondos de las colecciones corresponde a recursos digitales, mientras que el 98,2 % de la circulación total se realiza en formato digital.

Estas cifras muestran que la transformación digital no se limita a incorporar nuevos formatos: afecta al modo en que los usuarios acceden a la información y utilizan los recursos bibliotecarios. La disponibilidad en línea permite consultar materiales desde distintos lugares y horarios, algo especialmente importante para estudiantes a distancia, investigadores y comunidades universitarias con necesidades diversas.

Sin embargo, el predominio digital también plantea retos. Las bibliotecas deben gestionar licencias, autenticación, accesibilidad, preservación digital, interoperabilidad y cambios en las condiciones de acceso impuestas por los proveedores. Asimismo, necesitan evaluar qué recursos justifican su coste y cómo garantizar que los usuarios puedan acceder a ellos de manera equitativa.

La elevada proporción de circulación digital tampoco significa que las colecciones impresas hayan perdido toda su importancia. Los libros físicos, las colecciones especiales y los fondos patrimoniales siguen desempeñando funciones culturales, docentes y de investigación. El reto consiste en mantener una política equilibrada, basada en las necesidades reales de cada comunidad y no únicamente en la tendencia general hacia lo electrónico.

5. Las bibliotecas recuperan visitantes y mantienen su dimensión presencial

Pese al predominio de los recursos digitales, las bibliotecas universitarias estadounidenses registraron un aumento aproximado del 10 % en las visitas presenciales durante 2025 respecto a 2024. La mediana alcanzó las 53.250 entradas anuales por biblioteca.

Este resultado es significativo porque cuestiona la idea de que la expansión del acceso electrónico conduce inevitablemente a la desaparición de la biblioteca como espacio físico. Aunque una parte importante de las consultas y de la circulación de materiales se desarrolla en línea, los usuarios continúan necesitando espacios para estudiar, trabajar en grupo, recibir orientación, utilizar equipamientos y participar en actividades formativas.

La biblioteca universitaria funciona así como una infraestructura de aprendizaje que combina servicios digitales con espacios presenciales. Sus instalaciones pueden ofrecer condiciones adecuadas para la concentración, el trabajo colaborativo y el acceso a recursos que no siempre están disponibles en el entorno doméstico.

El aumento de las visitas también tiene implicaciones para la planificación de los espacios. La distribución de puestos de estudio, las salas de trabajo en grupo, la accesibilidad, los horarios de apertura y los servicios de apoyo deben adaptarse a los patrones de utilización de cada institución.

No obstante, es importante interpretar correctamente el dato: se trata de un incremento de las visitas registradas, no de una demostración automática de que haya aumentado en la misma proporción el número de usuarios únicos. Una misma persona puede visitar la biblioteca varias veces durante el año.

6. Servicios de información: la atención personal sigue siendo esencial

La encuesta también examina las actividades de referencia y consulta mediante las cuales el personal bibliotecario ayuda a los usuarios a localizar información, resolver dudas y aprovechar los recursos disponibles.

En 2025, la mediana fue de 838 transacciones de referencia y consultas por biblioteca, y el 29,3 % de estas interacciones se desarrolló de manera virtual.

Estos resultados ponen de manifiesto la coexistencia de diferentes modalidades de atención. Las consultas presenciales siguen teniendo su lugar, pero los canales virtuales permiten atender a estudiantes e investigadores que no pueden acudir a las instalaciones o que necesitan resolver una cuestión mientras trabajan en línea.

La atención bibliotecaria actual exige mucho más que localizar un libro o proporcionar una referencia. El personal puede intervenir en búsquedas bibliográficas especializadas, formación en competencias informacionales, evaluación crítica de fuentes, apoyo a la investigación y orientación sobre el uso responsable de herramientas digitales.

En este contexto, el crecimiento de la inteligencia artificial generativa añade nuevas necesidades formativas. Los estudiantes y los investigadores deben aprender a contrastar las respuestas automatizadas, detectar referencias incorrectas, evaluar la autoridad de las fuentes y comprender los límites de las herramientas que utilizan. La biblioteca puede desempeñar un papel importante en esta tarea mediante programas de alfabetización informacional y en inteligencia artificial.

Las cifras de consultas, por sí solas, no reflejan toda la contribución del personal. Una sesión formativa o una consulta compleja de investigación puede requerir mucho más tiempo que una pregunta sencilla. Por ello, para evaluar adecuadamente los servicios resulta conveniente combinar los datos cuantitativos con indicadores de calidad, satisfacción e impacto en el aprendizaje.

7. La inteligencia artificial y los nuevos retos de las bibliotecas universitarias

Aunque el artículo se centra principalmente en los resultados estadísticos generales, la encuesta de 2025 también incorporó un cuestionario específico sobre tendencias relacionadas con la inteligencia artificial en las bibliotecas.

Este componente resulta especialmente relevante en un momento en el que la IA está modificando las prácticas de búsqueda, evaluación y producción de información. Las bibliotecas universitarias tienen que considerar cómo incorporar estas tecnologías a sus servicios sin comprometer la privacidad, la integridad académica ni la calidad de la información.

Entre las áreas en las que la inteligencia artificial puede influir destacan la automatización de determinadas tareas técnicas, la recuperación de información, el apoyo a la investigación, el análisis de datos y la formación de los usuarios. Sin embargo, la adopción de estas herramientas requiere personal capacitado, políticas institucionales y recursos suficientes.

Aquí aparece una conexión importante con los resultados presupuestarios y de personal del informe. Las bibliotecas afrontan nuevas expectativas tecnológicas precisamente cuando sus plantillas y su capacidad de gasto se encuentran sometidas a presión. Por tanto, la transformación digital no puede plantearse únicamente como una cuestión de incorporar herramientas: también requiere inversión, formación continua y una planificación realista de las cargas de trabajo.

El cuestionario sobre IA abre una línea de análisis complementaria a las estadísticas tradicionales. Para conocer la situación con mayor precisión sería necesario examinar sus resultados específicos, ya que el resumen general de la publicación no proporciona cifras detalladas sobre las tasas de adopción de estas tecnologías.

8. Comparación entre bibliotecas: una herramienta para la planificación y la defensa profesional

Uno de los principales valores de la encuesta es que permite utilizar indicadores comunes para analizar las diferencias entre instituciones y estudiar la evolución del sector a lo largo del tiempo.

La plataforma Benchmark: Library Metrics and Trends ofrece datos históricos desde 1998 hasta 2025 a sus suscriptores, con herramientas de visualización y comparación. Estas funcionalidades permiten examinar los recursos empleados por las bibliotecas y relacionarlos con los servicios y resultados que producen.

Las comparaciones pueden ayudar a responder preguntas relevantes para la dirección de una biblioteca: ¿cómo se sitúa su plantilla respecto a instituciones de tamaño similar?, ¿qué proporción del presupuesto se dedica a recursos electrónicos?, ¿cómo evoluciona el gasto por estudiante?, ¿qué servicios se ofrecen y qué volumen de consultas reciben?

Estos indicadores también resultan útiles para presentar propuestas presupuestarias, identificar áreas de mejora y argumentar ante los órganos de gobierno la necesidad de mantener o ampliar determinados servicios. No obstante, las comparaciones deben realizarse entre instituciones razonablemente similares y teniendo en cuenta las diferencias en sus funciones, disciplinas, estructuras organizativas y comunidades de usuarios.

El valor del benchmarking no reside en establecer una clasificación simplista de las mejores y peores bibliotecas, sino en identificar prácticas, comprender diferencias y utilizar la evidencia para tomar decisiones mejor fundamentadas.

Conclusión y valoración

El informe de la ACRL ofrece una fotografía significativa de las bibliotecas universitarias estadounidenses en el curso 2024-2025. Sus resultados dibujan una realidad marcada por la digitalización de las colecciones y de la circulación, el repunte de las visitas presenciales y la continuidad de los servicios de referencia. Al mismo tiempo, muestran dificultades para mantener el personal y el poder adquisitivo necesarios para responder a las nuevas demandas de la educación superior.

La principal conclusión es que las bibliotecas universitarias están ampliando y transformando sus funciones en un contexto de recursos limitados. Deben mantener colecciones de calidad, facilitar el acceso digital, ofrecer espacios adecuados para el aprendizaje, apoyar la investigación y ayudar a los usuarios a desenvolverse en un ecosistema informativo cada vez más complejo.

Desde una perspectiva internacional, estos resultados pueden servir como referencia para estudiar los retos de las bibliotecas universitarias españolas y latinoamericanas. Aunque los sistemas de financiación y las estructuras universitarias son diferentes, cuestiones como el coste de las publicaciones electrónicas, la adecuación de las plantillas, la evaluación del impacto y la alfabetización en inteligencia artificial tienen un interés compartido.

En definitiva, el informe confirma que el futuro de las bibliotecas universitarias no depende solamente de digitalizar sus colecciones, sino de disponer de recursos humanos, financieros y tecnológicos que permitan transformar esa infraestructura en mejores servicios educativos y científicos. Medir esta evolución con datos comparables constituye una condición esencial para planificar, justificar inversiones y demostrar el valor de las bibliotecas dentro de sus universidades.

Inteligencia Humana en tiempos de Inteligencia Artificial con Claudia Vaca- Planeta Biblioteca 2026/10/16

Inteligencia Humana en tiempos de Inteligencia Artificial con Claudia Vaca-

Planeta Biblioteca 2026/10/16

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En este programa de Radio USAL, Planeta Biblioteca, conversamos con Claudia Vaca sobre su libro Inteligencia humana en tiempos de la inteligencia artificial, una invitación a reflexionar sobre el pensamiento, el lenguaje y el aprendizaje en la era digital. A través de sus páginas, exploramos los riesgos del sedentarismo cognitivo, la pérdida de la lectura profunda y la dependencia de los algoritmos, reivindicando la importancia de la conciencia, la creatividad y el pensamiento crítico. La autora nos propone entender la inteligencia artificial como una herramienta de apoyo, nunca como un sustituto de nuestra capacidad para comprender, decidir y crear. También abordamos los desafíos educativos y culturales de Bolivia, la diversidad lingüística y el papel de docentes, universidades y bibliotecas en la democratización del conocimiento. Una conversación para preguntarnos qué nos hace verdaderamente humanos y cómo preservar nuestra autonomía intelectual en un mundo que ofrece respuestas inmediatas. Porque, más allá de lo que las máquinas puedan generar, el desafío sigue siendo aprender a pensar, comprender y actuar con responsabilidad.

La Biblioteca Popular Morosoli: lectura, cultura y compromiso con la comunidad. Planeta Biblioteca 2026/10/04

La Biblioteca Popular Juan José Morosoli: lectura, cultura y compromiso con la comunidad.

Planeta Biblioteca 2026/10/04

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El programa Planeta Biblioteca nos acerca al trabajo de la Biblioteca Popular Juan José Morosoli (Montevideo (Uruguay), poniendo en valor la importancia de las bibliotecas populares como espacios de encuentro, aprendizaje y participación ciudadana. A través de la conversación, se destaca el papel de estas instituciones en la promoción de la lectura, el acceso democrático a la información y la difusión cultural. La biblioteca se presenta como un lugar abierto a personas de todas las edades, capaz de fortalecer los vínculos sociales y responder a las necesidades de su entorno. También se reivindica la labor de quienes hacen posible estos proyectos culturales y educativos. Una invitación a descubrir cómo las bibliotecas transforman vidas, crean comunidad y mantienen viva la pasión por los libros y el conocimiento.

En el programa intervienes: Alicia Teibo: Bibliotecóloga, vecina del barrio y miembro de la comisión de cogestión de la Biblioteca Popular Morosoli. Fabiana Esplanato: Trabajadora del Municipio y de la Biblioteca Popular Morosoli. Ignacio Saravia: Bibliotecólogo de la Biblioteca Popular Morosoli y docente de la Facultad de Información y Comunicación. Paulina Szafran: Profesora de Documentación de la Facultad de Información y Comunicación de Uruguay. Leticia Barrionuevo: Bibliotecaria de la Universidad de León.

Trabajar con Alma en lenguaje natural: asistente de IA para fondos de adquisiciones

Ex Libris. «Working with Alma in Natural Language: AI Assistant for Acquisitions Funds & Ledgers». 24 de septiembre de 2026. https://exlibrisgroup.com/blog/working-with-alma-in-natural-language-ai-assistant-for-acquisitions-funds-ledgers/

El artículo presenta una nueva forma de interactuar con Alma, el sistema de gestión bibliotecaria desarrollado por Ex Libris, mediante un asistente de inteligencia artificial que permite consultar información y realizar determinadas operaciones utilizando lenguaje natural.

La propuesta supone un avance en la incorporación de la IA a las tareas técnicas y administrativas de las bibliotecas universitarias, ya que traslada la interacción conversacional —habitual en los asistentes de IA generativa— a un entorno profesional donde se gestionan presupuestos, adquisiciones, registros y recursos bibliográficos.

Tradicionalmente, para responder preguntas sobre la disponibilidad presupuestaria de una biblioteca, el personal debe navegar por diferentes pantallas, localizar registros, consultar informes y relacionar datos procedentes de distintas áreas del sistema. Con el nuevo asistente, estas consultas pueden formularse directamente mediante preguntas escritas en lenguaje cotidiano. El objetivo es reducir la complejidad de las operaciones rutinarias, facilitar el acceso a la información y agilizar la toma de decisiones sin obligar al personal a conocer todos los recorridos y procedimientos de la interfaz.

La novedad fundamental no consiste únicamente en incorporar un chatbot, sino en integrar la conversación con los datos operativos de la biblioteca y con determinados flujos de trabajo. De esta manera, el sistema no se limita a proporcionar explicaciones generales, sino que puede recuperar información de la instalación de Alma de cada institución y, cuando la funcionalidad está disponible, ayudar a preparar acciones concretas sobre sus fondos y registros contables.

La primera área de aplicación del asistente se centra en la gestión de los fondos de adquisiciones y sus correspondientes libros contables (Acquisitions Funds & Ledgers). Se trata de un ámbito especialmente importante en las bibliotecas universitarias, donde el presupuesto debe distribuirse entre diferentes departamentos, colecciones, tipos de materiales, proveedores y necesidades de investigación y docencia.

En lugar de preparar manualmente consultas o navegar por múltiples pantallas, el profesional puede plantear la pregunta directamente. El sistema interpreta la solicitud y devuelve una respuesta basada en los datos operativos disponibles en Alma. Cuando necesita más información para comprender la petición, puede solicitar una aclaración antes de responder.

Otro aspecto relevante es que las respuestas incluyen enlaces a los registros correspondientes de Alma. Esto permite al bibliotecario consultar la información original, comprobar los datos y verificar que la respuesta se ajusta a las necesidades de su institución. La utilidad de este mecanismo reside en combinar la rapidez de la interacción conversacional con la posibilidad de contrastar los resultados en el sistema de gestión.

Uno de los elementos más interesantes de esta herramienta es que la conversación puede continuar después de obtener una respuesta. El asistente puede proponer preguntas complementarias o sugerir una operación relacionada con la consulta inicial, de modo que el usuario no tenga que empezar de nuevo cada vez que necesita realizar una tarea.

La mayor colección de indicadores de reutilización de datos ya está disponible de forma abierta

Make Data Count. “Largest Collection of Data Reuse Indicators Now Openly Available.” Make Data Count, 15 de octubre de 2026. https://makedatacount.org/read-our-blog/new-frontier-for-open-data-metrics/. DOI: 10.60804/YG9V-7Q17

El proyecto Make Data Count presenta, en colaboración con Digital Science, una nueva colección abierta de indicadores que permite identificar las conexiones entre los artículos científicos y los conjuntos de datos que mencionan, citan o reutilizan.

La iniciativa responde a un problema importante para la ciencia abierta: aunque cada vez se publican más datos de investigación en repositorios y plataformas especializadas, todavía resulta difícil conocer con precisión hasta qué punto se utilizan en nuevos trabajos científicos y qué contribución realizan al avance del conocimiento. La publicación de un conjunto de datos constituye un primer paso hacia la apertura de la investigación, pero conocer su reutilización efectiva permite comprender mejor su alcance, su influencia y su valor para la comunidad científica. El nuevo recurso pretende cubrir esta necesidad mediante una infraestructura compartida que facilite el análisis sistemático de las relaciones entre publicaciones y datos de investigación.

La colección reúne referencias a conjuntos de datos identificados mediante DOI u otros números de acceso, extraídas de artículos científicos de distintas disciplinas. Uno de sus aspectos más relevantes es la distinción entre dos modalidades de utilización: los datos primarios, generados específicamente para desarrollar el estudio publicado, y los datos secundarios, procedentes de investigaciones anteriores y reutilizados en un nuevo trabajo. Esta diferenciación permite ir más allá del simple recuento de conjuntos de datos disponibles y estudiar cómo circula la información científica entre investigaciones. De este modo, se puede avanzar hacia una visión más completa del ciclo de vida de los datos: desde su producción y publicación hasta su reutilización por otros equipos, su incorporación a nuevos análisis y su contribución a la generación de conocimiento.

El desarrollo de esta iniciativa se apoya en una experiencia previa impulsada por Make Data Count a través de una competición organizada en Kaggle, en la que se invitó a especialistas a diseñar métodos capaces de detectar referencias a conjuntos de datos dentro de los artículos científicos y diferenciar entre datos originales y datos reutilizados. La competición dio lugar a cinco propuestas ganadoras, cuyos métodos se pusieron a disposición de la comunidad para facilitar su evaluación y reutilización. El paso decisivo ha consistido en llevar estos algoritmos a una escala mucho mayor, gracias a la colaboración con Digital Science, que aporta experiencia en el análisis de literatura científica y la infraestructura necesaria para mantener y ampliar el recurso. La iniciativa demuestra así cómo los resultados de una competición técnica pueden transformarse en un servicio de interés colectivo, abierto a investigadores, instituciones y proveedores de servicios de información científica.

Otro elemento destacable es el compromiso con la transparencia y la reproducibilidad. La colección se distribuye bajo una licencia de dominio público CC0, lo que facilita su reutilización, integración y adaptación sin las restricciones habituales de otros modelos de distribución. Además, se actualizará mensualmente y cada versión quedará fechada para que los usuarios puedan identificar y citar con precisión la edición utilizada en sus análisis. La publicación incorpora documentación técnica sobre los métodos empleados, su implementación y sus limitaciones, de manera que los resultados no tengan que aceptarse como indicadores incuestionables, sino que puedan examinarse, contrastarse y mejorarse. El primer conjunto de datos puede consultarse mediante un archivo CSV descargable y a través de BigQuery, una opción que facilita su análisis a gran escala.

La disponibilidad de esta colección puede tener implicaciones importantes para la evaluación de la investigación científica. Las agencias financiadoras, las universidades y los centros de investigación necesitan demostrar que los recursos destinados a producir y preservar datos generan beneficios reales para la comunidad científica. Hasta ahora, la evaluación de la producción investigadora ha estado muy condicionada por indicadores relacionados con las publicaciones, las citas bibliográficas y el impacto de las revistas. Sin embargo, estos indicadores no reflejan por sí solos el valor de los conjuntos de datos ni permiten conocer adecuadamente su reutilización en investigaciones posteriores. La nueva infraestructura ofrece una base común para desarrollar métricas complementarias, identificar conexiones entre trabajos científicos y conjuntos de datos, y analizar cómo los recursos compartidos contribuyen a la continuidad y al desarrollo de nuevas líneas de investigación.

La iniciativa también puede favorecer el desarrollo de nuevas herramientas bibliométricas y servicios de información científica. Los repositorios de datos, las bibliotecas universitarias, las oficinas de investigación y las plataformas de evaluación podrán incorporar estas relaciones a sus sistemas para mejorar la identificación de los datos citados y reutilizados. Para las bibliotecas, supone una oportunidad de ampliar su papel en la gestión de la ciencia abierta: no solo facilitar el depósito, la descripción y la preservación de los datos, sino también ayudar a visibilizar su uso, estudiar su impacto y asesorar a los investigadores sobre cómo documentar correctamente las fuentes de datos empleadas. La disponibilidad de información estructurada y reutilizable puede facilitar, además, la creación de paneles de seguimiento y nuevos indicadores institucionales sobre la contribución de los datos abiertos a la investigación.