
Rogerson, Riley, Mia McCarthy y Anna Wiederkehr. “Poll: Americans say there’s a serious risk of AI destroying humanity”. POLITICO, 16 de septiembre de 2026. https://www.politico.com/news/2026/09/16/poll-ai-technology-risks-humanity-trump-voters-01078087
Una nueva encuesta de POLITICO muestra que la preocupación por los posibles riesgos extremos de la inteligencia artificial está ampliamente extendida entre la población estadounidense. El 63 % de los encuestados considera que existe al menos un riesgo moderado de que una IA avanzada pueda llegar a destruir a la humanidad: un 26 % califica ese riesgo como moderado, un 20 % como significativo y un 17 % considera que es casi seguro. Por el contrario, un 15 % considera que el riesgo es pequeño y un 7 % afirma que no existe ningún riesgo.
La preocupación aparece además entre diferentes grupos políticos, aunque con diferencias. Entre quienes votaron a Kamala Harris en las elecciones presidenciales de 2024, el 70 % considera que existe al menos un riesgo moderado para la supervivencia humana. Entre quienes votaron a Donald Trump, la cifra es del 60 %. Es decir, la percepción del riesgo no se limita a un determinado sector político: incluso entre los votantes de Trump, seis de cada diez identifican algún nivel de riesgo moderado o superior.
La encuesta también revela una tensión entre seguridad y liderazgo tecnológico internacional. Los estadounidenses reconocen los posibles riesgos de los sistemas avanzados de IA, pero al mismo tiempo existe preocupación por la posibilidad de que Estados Unidos reduzca su ventaja tecnológica frente a otros países, especialmente China. Según los resultados publicados, un 43 % considera aceptable que Estados Unidos pueda quedarse por detrás de otros países si ello permite desarrollar una IA de manera más responsable y segura, mientras que un 37 % considera que Estados Unidos no debería ralentizarse aunque ello implique asumir mayores riesgos.
Esta tensión resulta especialmente visible entre los votantes de Trump. En este grupo, un 44 % se inclina por pausar el desarrollo de la IA, mientras que un 40 % prefiere continuar con el desarrollo debido a los beneficios potenciales de la tecnología. Los datos muestran, por tanto, que las posiciones sobre la velocidad de desarrollo de la IA no coinciden necesariamente de forma automática con las divisiones partidistas tradicionales.
Otro aspecto relevante es la percepción de las advertencias procedentes de los propios dirigentes de la industria tecnológica. Aproximadamente la mitad de los estadounidenses considera que los líderes de empresas de IA que advierten sobre posibles riesgos graves lo hacen porque creen realmente en esos riesgos, mientras que un 26 % interpreta esas advertencias principalmente como una estrategia de marketing destinada a presentar sus productos como especialmente poderosos o importantes. El resultado pone de manifiesto que existe simultáneamente preocupación por la IA y cierta desconfianza hacia quienes lideran su desarrollo.
Los resultados se producen en un contexto de creciente debate sobre la regulación de la inteligencia artificial en Estados Unidos. Durante septiembre de 2026, diferentes dirigentes tecnológicos han expresado preocupaciones sobre la evolución de sistemas cada vez más autónomos, mientras que en el Congreso se han planteado distintas iniciativas relacionadas con la seguridad de los agentes de IA. Reuters señala que el debate incluye cuestiones como la supervisión independiente, la autorregulación empresarial y la necesidad de establecer estándares para sistemas avanzados.
El estudio también debe interpretarse dentro de una preocupación más amplia sobre los efectos materiales de la expansión de la IA. Una encuesta independiente de AP-NORC y el Energy Policy Institute de la Universidad de Chicago encontró que el 53 % de los estadounidenses está extremadamente o muy preocupado por los efectos medioambientales de los centros de datos de IA, una proporción superior a la registrada el año anterior. Las preocupaciones incluyen consumo energético, agua, costes y posibles efectos sobre las comunidades donde se instalan estos centros.
En conjunto, los resultados presentan una sociedad estadounidense que no rechaza necesariamente la inteligencia artificial, pero sí expresa una preocupación considerable por sus riesgos. La cuestión que aparece con mayor claridad no es simplemente si la IA debe desarrollarse o no, sino cómo equilibrar innovación, competitividad internacional, seguridad y responsabilidad. La encuesta resulta especialmente interesante porque muestra que el debate sobre IA ha pasado de ser fundamentalmente tecnológico a convertirse también en una cuestión de política pública, regulación, economía y confianza social.









