¿Qué da forma a la alfabetización en IA de los estudiantes?

Conceptual framework showing factors shaping students' AI literacy including individual characteristics, educational environment, family influence, societal factors, and technological context.
An illustrated framework highlighting key factors influencing students’ AI literacy development.

Shomotova, A., ElSayary, A., & Husain, S. (2026). What shapes students’ AI literacy? Investigating digital competence, student background, and GenAI use in higher education. Education and Information Technologies, 31, 387–418. https://doi.org/10.1007/s10639-025-13832-x

Este estudio investiga las relaciones entre la competencia digital, el uso de la Inteligencia Artificial Generativa (IA Gen), las características de los antecedentes personales de los estudiantes y la alfabetización en IA entre estudiantes de pregrado en los Emiratos Árabes Unidos (EAU). A medida que la IA se integra cada vez más en la educación superior, comprender cómo los estudiantes desarrollan las habilidades para utilizar estas herramientas de manera responsable y efectiva resulta fundamental.

A partir de instrumentos validados—la Escala de Competencia Digital Estudiantil (SDiCoS, por sus siglas en inglés) y la Escala de Alfabetización en Inteligencia Artificial (AILS, por sus siglas en inglés)—se recopilaron datos de 186 estudiantes de pregrado, los cuales fueron analizados mediante análisis factorial, modelos de ecuaciones estructurales, ANOVA y regresión jerárquica.

Los hallazgos revelaron una fuerte relación positiva entre la competencia digital y la alfabetización en IA, emergiendo las habilidades de evaluación digital como el predictor más sólido. La frecuencia del uso de IA Gen se asoció significativamente tanto con la competencia digital como con la alfabetización en IA. Las características de los antecedentes de los estudiantes, incluyendo el rendimiento académico (CGPA), el tipo de escuela secundaria a la que asistieron (privada internacional vs. pública) y los niveles de educación de los padres, influyeron significativamente en la relación.

Específicamente, el rendimiento académico contribuyó positivamente tanto a la competencia digital como a la alfabetización en IA, mientras que las variables del trasfondo educativo moderaron la relación entre ambas. Además, la competencia digital predijo significativamente la frecuencia de uso de la IA Gen, mientras que la alfabetización en IA no lo hizo.

Estos resultados resaltan el papel fundacional de la competencia digital para respaldar la alfabetización en IA de los estudiantes y subrayan el valor del aprendizaje experiencial. Las implicaciones prácticas incluyen la integración de la ética de la IA, la evaluación crítica y el compromiso práctico con la IA en los planes de estudio de alfabetización digital. El estudio contribuye a los debates globales en curso sobre la IA en la educación, ofreciendo perspectivas para el desarrollo de currículos, la estrategia institucional y el acceso equitativo a las tecnologías emergentes en la educación superior.

En conjunto, esta investigación aporta una conclusión especialmente relevante para el futuro de la educación superior: la preparación de los estudiantes para convivir con la inteligencia artificial depende menos del conocimiento técnico específico sobre IA y más de la solidez de sus competencias digitales generales, su experiencia práctica con herramientas inteligentes y el contexto educativo y social en el que han desarrollado esas capacidades. En un escenario donde la inteligencia artificial está redefiniendo la producción académica, la enseñanza universitaria deberá evolucionar hacia modelos formativos que integren alfabetización digital avanzada, pensamiento crítico, ética tecnológica y experiencia práctica continuada con sistemas de inteligencia artificial. El estudio se convierte así en una referencia importante para comprender cómo preparar a las nuevas generaciones para un ecosistema educativo profundamente transformado por la automatización inteligente

El deseo de leer

«Cuando el deseo de leer nos toca el hombro, quizás sucede porque tenemos instalados deseos previos en relación con las palabras de otros, ordenadas en un texto. Tal vez cuando recurrimos a los textos buscamos algo desconocido, algo que se nos plantea como un puente hacia cosas ocultas, y eso nos puede resultar temible, pero a la vez estimulante para la curiosidad, para satisfacer apetencias que se van generando en los movimientos del ánimo».

Devetach, Laura. 2008. La construcción del camino lector. Córdoba: Editorial Comunicarte.

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Enseñar la verdad en la era de la IA: alfabetización informacional, pensamiento crítico y el papel de las bibliotecas escolares

Teacher and students using interactive solar system hologram table in library
Students explore an interactive solar system hologram with their teacher in a library.

Malespina, Elissa. (2026). Teaching Truth in the Age of AI: The Role of School Librarians in an AI-Driven Information Ecosystem. The AI School Librarian Newsletter (Substack).

En una entrevista reciente en The New York Times, el experto en forense digital Hany Farid advirtió sobre un futuro en el que la inteligencia artificial hará cada vez más difícil distinguir el contenido auténtico del contenido fabricado. Los deepfakes, las voces clonadas, las imágenes generadas por IA y los medios sintéticos ya no son tecnologías experimentales: están convirtiéndose en parte de la vida cotidiana.

Justo en el momento en que la IA hace más difícil que nunca determinar qué es real, muchas escuelas están reduciendo a los profesionales mejor preparados para enseñar a los estudiantes a evaluar la información.

Durante décadas, las escuelas se centraron en el acceso a la información. Trabajamos para reducir la brecha digital, enseñando a los estudiantes a buscar en bases de datos, evaluar sitios web y encontrar información fiable en línea. En aquel momento, la información era relativamente escasa, y ayudar a localizarla era un objetivo educativo central.

Hoy, la información es abundante. Los estudiantes disponen de más información de la que generaciones anteriores podrían haber imaginado. Como resultado, el desafío ha cambiado: el reto educativo definitorio de la próxima década puede no ser el acceso a la información, sino la verificación de la información. Los estudiantes ya no luchan por encontrar respuestas; luchan por determinar si esas respuestas son verdaderas.

En muchos sentidos, la inteligencia artificial ha acelerado un cambio que ya estaba en marcha. Los estudiantes se enfrentan cada vez más a imágenes generadas por IA, vídeos sintéticos, voces clonadas, citas inventadas, sitios web falsos y desinformación amplificada algorítmicamente. La cuestión ya no es si pueden encontrar información, sino si pueden confiar en ella.

Las escuelas llevan décadas ayudando a los estudiantes a navegar por riesgos digitales. Les enseñamos a crear contraseñas seguras, evitar el phishing, proteger su información personal y mantenerse seguros en línea. Estas habilidades siguen siendo esenciales, pero la IA introduce un desafío diferente: ya no se trata solo de proteger dispositivos y cuentas, sino también de proteger nuestra capacidad de pensar críticamente, evaluar evidencias y tomar decisiones informadas en un entorno informativo cada vez más complejo.

Los investigadores denominan este desafío “seguridad cognitiva”. En esencia, la seguridad cognitiva es la capacidad de reconocer la manipulación, evaluar evidencias, distinguir hechos de ficción y resistir intentos de engaño o influencia a través de la información. En un mundo lleno de deepfakes, medios sintéticos, contenido generado por IA y campañas de desinformación sofisticadas, estas habilidades son tan importantes como la ciberseguridad tradicional. Los estudiantes deben aprender no solo a proteger sus contraseñas y datos personales, sino también a proteger su juicio, cuestionando las fuentes, verificando las afirmaciones y pensando críticamente sobre la información que encuentran.

Cada vez que un bibliotecario escolar enseña a los estudiantes a evaluar una fuente, verificar una afirmación, identificar sesgos, comparar perspectivas, comprobar hechos o realizar investigación ética, está enseñando seguridad cognitiva. Mucho antes de que la inteligencia artificial entrara en las aulas, los bibliotecarios ya ayudaban a los estudiantes a desarrollar los hábitos mentales necesarios para navegar entornos informativos complejos.

La conversación sobre alfabetización en IA suele centrarse en la redacción de prompts, herramientas de productividad y aplicaciones en el aula. Estas conversaciones son importantes, pero la alfabetización en IA sin alfabetización informacional es incompleta. Los estudiantes deben aprender cómo se crea la evidencia, cómo se puede manipular la información y cómo los algoritmos influyen en lo que ven. También deben aprender a verificar la información antes de compartirla y a tomar decisiones informadas cuando la certeza es difícil. No son solo habilidades tecnológicas. Son habilidades humanas que permiten navegar un entorno informativo cada vez más complejo con confianza, criterio y responsabilidad.

Lo que la IA no puede desarrollar en los estudiantes es la capacidad de saber cuándo confiar en una fuente, reconocer cuándo la evidencia es incompleta, hacer preguntas antes de aceptar una afirmación como verdadera o identificar cuándo algo parece auténtico pero requiere verificación.

Apoyar el bienestar emocional en los programas bibliotecarios sin convertirse en terapeuta

Group of people having a supportive discussion in a library emotional wellness program
A diverse group engages in a heartfelt discussion at a public library’s emotional wellness program.

Brownley, Jessica (2026). Supporting Emotional Wellness in Library Programs (Without Being a Therapist). ALSC Blog, Association for Library Service to Children (American Library Association), 6 de mayo de 2026. Disponible en: ALSC Blog – American Library Association.

El artículo aborda una cuestión cada vez más relevante en el trabajo bibliotecario contemporáneo: el papel de las bibliotecas, especialmente las públicas e infantiles, como espacios que no solo ofrecen acceso a la información y actividades culturales, sino que también se han convertido en lugares donde afloran necesidades emocionales, sociales y psicológicas de niños, adolescentes y familias. En este nuevo contexto, muchos profesionales de bibliotecas se encuentran gestionando situaciones de ansiedad, frustración, tristeza o conflictos emocionales entre los usuarios, sin contar necesariamente con formación clínica o psicológica especializada.

La autora plantea que los bibliotecarios, aunque no sean terapeutas, sí pueden desempeñar un papel importante en la creación de entornos emocionalmente seguros y acogedores. La idea central del texto es que la biblioteca puede contribuir al bienestar emocional comunitario mediante prácticas cotidianas que favorezcan la escucha, la empatía, el respeto y la construcción de relaciones positivas, sin invadir ámbitos profesionales reservados a especialistas en salud mental. Esto implica reconocer que la labor bibliotecaria actual se sitúa cada vez más en la intersección entre educación, mediación social y acompañamiento humano.

Uno de los argumentos más importantes del artículo es la necesidad de entender claramente los límites profesionales. La autora advierte que apoyar emocionalmente a un niño o a una familia no significa asumir responsabilidades terapéuticas ni intentar resolver problemas psicológicos complejos. El papel del bibliotecario consiste más bien en generar espacios donde las personas se sientan escuchadas, respetadas y seguras. En situaciones difíciles, el profesional debe saber acompañar desde la empatía, pero también reconocer cuándo es necesario derivar la situación a trabajadores sociales, orientadores o profesionales sanitarios capacitados para intervenir de manera adecuada.

El texto ofrece estrategias concretas para incorporar este enfoque en la programación bibliotecaria. Entre ellas destaca el diseño de actividades que fomenten la expresión emocional y la autorregulación, como sesiones de lectura en voz alta centradas en emociones, actividades creativas relacionadas con la expresión de sentimientos, espacios tranquilos para reducir la sobreestimulación sensorial, dinámicas cooperativas o programas que promuevan habilidades socioemocionales como la empatía, la escucha activa y la resolución pacífica de conflictos. La biblioteca deja así de ser únicamente un espacio de préstamo o consulta para convertirse en un entorno que favorece el desarrollo integral de la persona.

Otro aspecto fundamental es la importancia de la observación y la sensibilidad profesional. La autora explica que los bibliotecarios trabajan con frecuencia con niños que llegan a las actividades con situaciones familiares complejas, estrés escolar, dificultades conductuales o necesidades emocionales que pueden manifestarse durante un taller o una actividad grupal. Frente a ello, se propone desarrollar una actitud basada en la paciencia, la flexibilidad y la capacidad de adaptar las dinámicas cuando un participante necesita más tiempo, contención o un trato diferenciado. No se trata de diagnosticar ni interpretar conductas, sino de responder de manera humana y respetuosa a las necesidades del momento.

También se insiste en la importancia de cuidar al propio personal bibliotecario. La creciente dimensión social y emocional del trabajo en bibliotecas ha incrementado lo que se conoce como trabajo emocional: el esfuerzo constante que realizan los profesionales al gestionar no solo información y servicios, sino también relaciones humanas complejas. Esta realidad puede generar desgaste, fatiga emocional e incluso agotamiento profesional si las instituciones no reconocen estas nuevas exigencias laborales. Por ello, la autora subraya la necesidad de establecer límites claros, fomentar el autocuidado y ofrecer formación específica para que el personal pueda gestionar estas situaciones sin asumir cargas que excedan sus competencias.

El texto refleja una transformación profunda del papel social de las bibliotecas en el siglo XXI. Las bibliotecas aparecen como infraestructuras comunitarias donde el acceso a la información convive con nuevas funciones relacionadas con la inclusión social, la educación emocional y el bienestar colectivo. El mensaje final es que los bibliotecarios no necesitan ser terapeutas para contribuir positivamente a la salud emocional de sus comunidades: basta con diseñar espacios seguros, ejercer una escucha empática, actuar con sensibilidad y comprender que, en muchos casos, una experiencia bibliotecaria respetuosa y acogedora puede convertirse en un importante factor de apoyo emocional para quienes la necesitan.

¿Por qué las librerías de Seúl se están convirtiendo en los lugares de moda para ligar?

1000 Libraries. (2026). Why Bookstores in Seoul Are Becoming the Hottest New Dating Spots.

Artículo original

Se analiza un fenómeno social emergente en Seúl: la transformación de las librerías y grandes espacios de libros en puntos de encuentro romántico y social. Lo que tradicionalmente eran lugares silenciosos de lectura y compra de libros se han convertido, especialmente entre jóvenes, en escenarios donde se producen interacciones personales, aproximaciones y, en algunos casos, citas espontáneas. Este cambio refleja una evolución en la forma en que los espacios culturales se integran en la vida social contemporánea.

El artículo describe una tendencia reciente en Seúl en la que las librerías han pasado de ser espacios tradicionales de lectura a convertirse en lugares informales de encuentro romántico entre jóvenes, especialmente de la generación Z. Este fenómeno surge en un contexto en el que los modelos habituales de citas —aplicaciones móviles, encuentros a través de amigos o actividades organizadas— están siendo sustituidos o complementados por nuevas formas de interacción más espontáneas y presenciales. Las librerías, con su atmósfera tranquila, estética cuidada y ambiente cultural, se han convertido en un escenario inesperado para el flirteo.

El texto explica que este fenómeno, conocido informalmente como “flirteo en librerías”, se ha viralizado en redes sociales, donde circulan vídeos de jóvenes que acuden a estos espacios no solo a leer, sino también a conocer posibles parejas. En grandes librerías de Seúl, como Kyobo Book Centre, se han identificado incluso “zonas calientes” simbólicas asociadas a determinados tipos de lectores, como las secciones de filosofía o literatura, que funcionan como indicadores de personalidad e intereses. Los libros, en este contexto, se convierten en señales sociales que permiten inferir valores, sensibilidad o estilo de vida.

Uno de los factores que explican la popularidad de este fenómeno es el desgaste emocional asociado a las aplicaciones de citas, percibidas por muchos jóvenes como superficiales, agotadoras y poco satisfactorias. Frente a ello, las librerías ofrecen una alternativa más lenta y orgánica, donde la afinidad puede surgir a partir de intereses compartidos visibles en tiempo real. Ver a alguien leyendo un libro concreto o explorando una sección específica permite interpretar posibles compatibilidades de forma más inmediata y menos artificial que en el entorno digital.

El artículo también destaca que las librerías contemporáneas en Corea del Sur ya no son solo espacios de venta de libros, sino grandes centros culturales híbridos que incluyen cafeterías, zonas de descanso, papelerías y espacios de ocio. Esta transformación las convierte en lugares ideales para la interacción social casual, ya que permiten pasar largos periodos de tiempo sin la presión de un entorno exclusivamente comercial o de ocio nocturno. En este contexto, la interacción entre desconocidos se vuelve más natural.

Sin embargo, el fenómeno no está exento de críticas. Algunos visitantes habituales consideran que esta tendencia está alterando la naturaleza tradicional de las librerías como espacios de silencio, concentración y lectura. La presencia de personas que acuden con la intención de socializar o de crear contenido para redes sociales ha generado incomodidad en ciertos usuarios, que perciben una pérdida de intimidad y tranquilidad. Incluso se han reportado situaciones en las que intentos de aproximación romántica han resultado invasivos o incómodos.

A pesar de estas tensiones, el artículo señala un efecto positivo inesperado: el aumento del interés por la lectura entre los jóvenes. En un contexto de preocupación por la caída de los hábitos lectores en Corea del Sur, los datos recientes indican un repunte en la franja de edad de 20 a 29 años. Las librerías independientes y los grandes centros culturales están experimentando una revitalización, impulsados por su papel como espacios sociales además de culturales.

El texto interpreta este fenómeno como parte de una transformación cultural más amplia en la que los espacios de lectura se integran en la vida social contemporánea y en la estética digital. La idea de un romance que surge entre estanterías de libros conecta con una narrativa romántica profundamente arraigada en la cultura popular, donde la lectura y la afinidad intelectual funcionan como base idealizada del amor. En este sentido, las librerías de Seúl se consolidan como espacios híbridos donde convergen cultura, identidad, consumo y relaciones sociales.

Una mujer convierte un autobús de dos pisos en una biblioteca sobre ruedas: lectura móvil para comunidades sin acceso

1000 Libraries. (2026). This Woman Turned a Double-Decker Bus Into a Library on Wheels. 1000 Libraries Magazine article

El artículo narra la historia de Lindzi Hargrave, una mujer de Leicester que transforma un antiguo autobús de dos pisos en una biblioteca móvil y hogar autosuficiente fuera de la red eléctrica. El proyecto surge de una idea que la acompañaba desde la infancia —tener un autobús propio— y que evolucionó desde sueños juveniles de ser conductora o montar una cafetería sobre ruedas hasta convertirse en un ambicioso espacio cultural y comunitario. En 2023 compra el vehículo por eBay por 18.000 libras y, tras un proceso de reconversión durante 2024, invierte alrededor de 50.000 libras en convertirlo en vivienda y biblioteca itinerante.

El autobús se diseña como un espacio híbrido: hogar, biblioteca y punto de encuentro comunitario. Está equipado con paneles solares, mobiliario reutilizado y un interior lleno de libros y plantas que lo convierten en un entorno cálido y acogedor. Más allá de su valor estético, el proyecto está pensado como una herramienta social para acercar la lectura a comunidades donde las bibliotecas han desaparecido o son de difícil acceso. La iniciativa incluye un servicio de intercambio de libros y busca fomentar la lectura, la conversación y la conexión entre personas.

El texto subraya que este proyecto se diferencia de otras tendencias de “tiny homes” o viviendas alternativas porque no responde solo a una estética de vida minimalista o viral, sino a un propósito social claro: recuperar el papel de los libros y los espacios de lectura en un contexto de creciente digitalización y aislamiento social. En este sentido, el autobús funciona como una biblioteca en movimiento que reactiva la idea de la biblioteca como espacio vivo de comunidad, aprendizaje y encuentro.

La historia también tiene una dimensión personal profunda. Lindzi relata que el proyecto supuso un punto de inflexión en su vida tras atravesar problemas de alcoholismo. Como parte de su proceso de cambio, tomó decisiones simbólicas como raparse el cabello antes de iniciar su nueva etapa. La compra del autobús representa, así, no solo un cambio de estilo de vida, sino una reconstrucción personal basada en la acción, la creatividad y el propósito.

El artículo destaca el valor simbólico y social del proyecto en un contexto en el que muchas bibliotecas públicas están perdiendo financiación o cerrando. El autobús de Lindzi se presenta como una respuesta creativa a esa tendencia: una biblioteca sin edificio fijo que viaja para devolver el acceso a los libros y la experiencia comunitaria de la lectura a lugares donde se ha perdido. Con la aprobación técnica del vehículo, la autora del proyecto inicia ahora su recorrido por festivales y comunidades del Reino Unido, llevando consigo libros, encuentros y una idea renovada de lo que puede ser una biblioteca.

Forbes AI 50: las 50 empresas de inteligencia artificial más prometedoras (edición 2026)

Forbes. “Forbes 2026 AI 50 List | Top Artificial Intelligence Companies”, 16 de abril de 2026.

https://www.forbes.com/lists/ai50

La lista AI 50 de Forbes reúne cada año a las 50 empresas privadas de inteligencia artificial más destacadas del mundo. La edición de 2026 refleja un cambio importante en el sector: ya no se premia solo la potencia tecnológica de los grandes modelos, sino la capacidad de las empresas para convertir la IA en productos útiles, eficientes y económicamente sostenibles.

Entre las compañías destacadas aparecen líderes consolidados como OpenAI, Anthropic, Mistral AI y Perplexity, junto a startups emergentes que están transformando sectores como el software, la salud, el derecho o la creación de contenidos. La selección incluye empresas de Norteamérica, Europa y otras regiones, lo que evidencia la globalización del ecosistema de la IA.

El informe también subraya varias tendencias clave: el crecimiento de la IA aplicada a industrias específicas, el auge de los agentes de IA en el entorno laboral, la importancia del control de costes computacionales y la aparición de modelos más eficientes frente a los sistemas gigantescos tradicionales.

En conjunto, el AI 50 de Forbes funciona como una radiografía del ecosistema actual de la inteligencia artificial, mostrando tanto a los gigantes que lideran la infraestructura como a las startups que están redefiniendo el uso práctico de esta tecnología en la economía global.

El panorama actual de la Inteligencia Artificial y el software de datos se caracteriza por una descomunal inyección de capital que, si bien está distribuida en decenas de empresas emergentes, se encuentra fuertemente centralizada en unos pocos jugadores dominantes. La suma total de financiamiento de las compañías analizadas supera los $311,000 millones de dólares, pero esta cifra está profundamente sesgada por gigantes como OpenAI y Anthropic, que juntos absorben la mayor parte de los recursos económicos del sector. Excluyendo a estos titanes de la infraestructura y los modelos masivos, la mediana de financiamiento se sitúa en los $667.5 millones de dólares, lo que demuestra que, aunque el mercado es altamente competitivo, las startups dedicadas a aplicaciones específicas operan con presupuestos notablemente más terrenales pero igualmente multimillonarios.

Geográficamente, el sector opera bajo una hegemonía casi absoluta de los Estados Unidos, consolidando a la Bahía de San Francisco como el epicentro indiscutible de la revolución tecnológica actual. Con la gran mayoría de las empresas listadas operando desde ciudades como San Francisco, Palo Alto o Sunnyvale, el ecosistema de Silicon Valley demuestra una capacidad inigualable para atraer tanto el talento técnico como el capital de riesgo. Fuera de este núcleo, la ciudad de Nueva York emerge como el segundo polo estadounidense más relevante, especializándose en soluciones verticales como el software legal y financiero. A nivel internacional, la presencia es sumamente fragmentada, con apariciones discretas pero importantes en países como Suecia, Francia, el Reino Unido, Canadá y Alemania, lo que refleja que Europa y el resto de América del Norte aún luchan por descentralizar el liderazgo estadounidense.

En cuanto a las tendencias de negocio, se observa una transición clara desde los modelos de lenguaje de propósito general hacia la hiper-especialización y la automatización de nichos profesionales. Las herramientas orientadas a transformar la ingeniería de software, como Cursor y Cognition, están capturando el interés de los inversores al prometer la autonomía en la programación. Paralelamente, sectores tradicionales con altos costes operativos y regulatorios están adoptando agentes de IA altamente especializados; es el caso de la medicina con plataformas de asistencia para doctores, el sector legal con automatización de contratos, y la atención al cliente con agentes autónomos complejos.

La biblioteca más allá de la biblioteca: reformulando la propuesta de valor de la biblioteca para lograr visibilidad e impacto.

Lavoie, Brian y Rebecca Bryant. The Library Beyond the Library. Hanging Together (OCLC Research Blog), 5 de junio de 2024. Proyecto ampliado posteriormente en el informe de OCLC Research – The Library Beyond the Library (abril de 2026)

Texto completo

Durante décadas, las bibliotecas universitarias han desempeñado un papel claramente definido dentro de las universidades: gestionar colecciones físicas y digitales, organizar recursos documentales y facilitar el acceso a información adquirida externamente para estudiantes, docentes e investigadores. Este modelo tradicional, centrado en la gestión de colecciones y servicios bibliográficos, permitió que las bibliotecas funcionaran de forma relativamente autónoma, siendo percibidas como espacios dedicados principalmente a custodiar conocimiento y proporcionar acceso a materiales académicos. Sin embargo, los profundos cambios experimentados por la investigación científica, la digitalización y las nuevas dinámicas institucionales han provocado una transformación sustancial de este paradigma.

El informe desarrollado por OCLC Research introduce el concepto “The Library Beyond the Library” (“La biblioteca más allá de la biblioteca”), una idea que refleja cómo las bibliotecas universitarias están expandiendo su radio de acción mucho más allá de sus funciones históricas. Ya no se limitan a administrar colecciones o proporcionar servicios de préstamo, sino que participan activamente en áreas estratégicas vinculadas al ecosistema global de investigación institucional. Esto incluye la gestión de datos científicos, repositorios institucionales, apoyo a políticas de ciencia abierta, análisis bibliométricos, visibilidad académica, gestión de perfiles de investigadores, preservación digital, apoyo a la publicación científica y desarrollo de infraestructuras de información para la toma de decisiones universitarias.

Uno de los hallazgos centrales del estudio es que esta evolución está obligando a las bibliotecas a establecer alianzas transversales con otras unidades universitarias. Servicios antes exclusivamente bibliotecarios ahora requieren colaboración con oficinas de investigación, departamentos de tecnologías de la información, unidades de innovación educativa, áreas de gestión institucional y oficinas dedicadas a la captación de fondos o al cumplimiento de políticas científicas internacionales. Estas colaboraciones generan nuevos modelos organizativos en los que la biblioteca deja de ser una unidad aislada para convertirse en una pieza integrada dentro de la infraestructura estratégica de la universidad. El conocimiento especializado de los bibliotecarios comienza así a insertarse en procesos institucionales mucho más amplios relacionados con la producción científica y la reputación académica.

Los investigadores Brian Lavoie y Rebecca Bryant subrayan que este cambio no consiste únicamente en ampliar servicios, sino en redefinir la propuesta de valor de la biblioteca. Tradicionalmente, el valor de la biblioteca se medía por indicadores visibles como número de préstamos, tamaño de la colección o afluencia de usuarios. En el nuevo escenario, buena parte del trabajo bibliotecario ocurre “detrás del escenario”, influyendo en procesos complejos que muchos actores universitarios no identifican inmediatamente como parte del trabajo bibliotecario. Esto genera un desafío importante: cuanto más estratégica se vuelve la biblioteca, más invisible puede parecer su contribución si no se comunica adecuadamente su impacto dentro de la institución. La percepción pública continúa asociando a menudo la biblioteca únicamente con libros, salas de estudio o acceso a recursos electrónicos, ignorando funciones emergentes de enorme relevancia institucional.

El estudio presenta varios casos concretos que ilustran esta transición. En la University of Manchester, por ejemplo, la biblioteca lidera una nueva oficina institucional dedicada a la investigación abierta, centralizando servicios que involucran a múltiples departamentos universitarios. En la Montana State University se creó una alianza de investigación donde unidades bibliotecarias y no bibliotecarias trabajan conjuntamente desde un mismo espacio operativo, posicionando a la biblioteca como nodo central del ecosistema investigador. En la University of Illinois Urbana-Champaign, la biblioteca administra sistemas institucionales de gestión de información científica financiados por el vicerrectorado de investigación, extendiendo su experiencia en metadatos hacia la construcción de infraestructuras que apoyan la planificación estratégica universitaria. Estos ejemplos muestran cómo la biblioteca puede asumir un rol de liderazgo en estructuras institucionales antes alejadas de su ámbito tradicional.

Otro concepto clave asociado al informe es el de interoperabilidad social, entendido como la capacidad de crear relaciones funcionales sostenibles entre personas, departamentos e instituciones distintas para facilitar colaboración efectiva. Las bibliotecas necesitan hoy no solo competencias técnicas en organización del conocimiento o gestión documental, sino también habilidades para negociar, coordinar proyectos interdisciplinarios, liderar redes institucionales y construir puentes entre comunidades académicas diversas. El bibliotecario contemporáneo evoluciona así hacia un perfil híbrido donde conviven capacidades tecnológicas, analíticas, comunicativas y estratégicas. La gestión de información sigue siendo central, pero ahora inserta dentro de un ecosistema mucho más interdependiente y colaborativo.

En última instancia, el informe advierte que las bibliotecas que no logren adaptarse a esta transformación corren el riesgo de perder relevancia institucional, recursos económicos e influencia dentro de sus organizaciones. A medida que universidades y centros de investigación priorizan productividad científica, ciencia abierta, colaboración interdisciplinaria y financiación competitiva, las bibliotecas deben demostrar de manera clara cómo contribuyen directamente a estos objetivos estratégicos. El futuro bibliotecario ya no depende únicamente de preservar colecciones o garantizar acceso a información, sino de posicionarse como un actor imprescindible dentro de la infraestructura intelectual y científica de la institución. “La biblioteca más allá de la biblioteca” representa precisamente esta transición: pasar de ser un espacio de servicios tradicionales a convertirse en un socio estratégico esencial para la creación, gestión y circulación del conocimiento en la universidad del siglo XXI.

Función de las bibliotecas en un contexto marcado por la expansión de la inteligencia artificial y la transformación radical de los ecosistemas informativos.

Library scene showing people using AI-driven digital interfaces for data access and learning
A modern library integrates artificial intelligence for advanced information access and digital learning.

Pressley, Lauren. What Libraries Actually Do. Publicado en el blog Libraries as Epistemic Institutions, 23 de marzo de 2026. Disponible en: Lauren Pressley – What Libraries Actually Do

Lauren Pressley plantea una reflexión profunda sobre la verdadera función de las bibliotecas en un contexto marcado por la expansión de la inteligencia artificial y la transformación radical de los ecosistemas informativos.

La autora parte de una idea central: uno de los mayores problemas a la hora de explicar el valor de las bibliotecas es que cada persona percibe una biblioteca de forma distinta según su experiencia y sus necesidades. Para un estudiante puede ser simplemente un lugar tranquilo donde estudiar; para un investigador, un sistema complejo que proporciona acceso a recursos especializados; para un profesor, una infraestructura invisible que sostiene gran parte del trabajo académico cotidiano. Esta diversidad de percepciones dificulta comunicar de manera clara qué hacen realmente las bibliotecas.

Pressley sostiene que históricamente las bibliotecas han sido descritas en términos demasiado reduccionistas, asociándolas casi exclusivamente con el acceso a la información: colecciones, préstamos, consultas o espacios físicos. Sin embargo, argumenta que esta visión resulta hoy insuficiente, especialmente en un mundo donde herramientas de inteligencia artificial permiten acceder instantáneamente a enormes volúmenes de información. En este nuevo escenario, centrarse únicamente en la idea de “dar acceso” puede llevar a pensar erróneamente que las bibliotecas han perdido relevancia. La autora considera que precisamente ocurre lo contrario: cuanto más abundante y automatizada es la información, más necesaria resulta la labor intelectual que las bibliotecas llevan décadas desarrollando.

Uno de los puntos fundamentales del texto es la distinción entre información y conocimiento. La inteligencia artificial puede ofrecer respuestas rápidas, sintetizar contenidos y generar textos aparentemente coherentes, pero no produce conocimiento en sentido profundo. Transformar información en conocimiento exige contexto, interpretación, comprensión crítica y capacidad para evaluar la procedencia, calidad y fiabilidad de las fuentes. Según Pressley, este es precisamente el núcleo del trabajo bibliotecario: ayudar a las personas a entender cómo se produce el conocimiento, cómo se valida a través de procesos como la revisión por pares, cómo distinguir entre distintos tipos de publicaciones académicas y cómo evaluar si una fuente realmente sustenta una afirmación o una investigación.

La autora también critica la tendencia histórica de las bibliotecas a justificar su valor mediante métricas cuantitativas tradicionales: número de préstamos, visitas físicas, tamaño de las colecciones o consultas atendidas. Aunque estos indicadores fueron durante décadas la forma habitual de demostrar impacto institucional, Pressley argumenta que la inteligencia artificial obliga a replantear esas métricas. Cuando el acceso a la información deja de ser escaso, lo verdaderamente importante es destacar el papel de las bibliotecas como instituciones que sostienen la construcción colectiva del conocimiento, preservan la calidad del ecosistema informativo y enseñan a navegar críticamente entornos saturados de datos.

Otro eje esencial del artículo es la idea de que las bibliotecas constituyen una infraestructura epistemológica. Inspirándose en conceptos de la epistemología social desarrollados por Jesse H. Shera y Margaret Egan, Pressley sostiene que las bibliotecas no son simples depósitos de información, sino instituciones que organizan la manera en que las comunidades producen, validan, comparten y preservan el conocimiento. Su función consiste en mantener visibles elementos que la inteligencia artificial suele ocultar: la autoría, el contexto de producción del conocimiento, la trazabilidad de las ideas, la diversidad de perspectivas y las condiciones bajo las cuales una afirmación puede considerarse confiable.

En relación con ello, la autora advierte que los sistemas de inteligencia artificial generan respuestas con una apariencia de autoridad que puede resultar engañosa. Los modelos de lenguaje producen textos fluidos y convincentes, pero a menudo eliminan o difuminan el origen de la información utilizada. Esta ausencia de procedencia dificulta la verificación crítica y puede fomentar una aceptación acrítica de contenidos potencialmente erróneos. Frente a ello, las bibliotecas desempeñan un papel irremplazable enseñando competencias informacionales, promoviendo el pensamiento crítico y preservando los mecanismos de validación que sostienen la producción académica y científica.

Finalmente, Pressley concluye que el discurso que presenta a la inteligencia artificial como una amenaza que volverá obsoletas a las bibliotecas parte de una comprensión equivocada de lo que estas representan. Si se piensa que una biblioteca solo sirve para localizar información, entonces parecería que la IA puede sustituirla. Pero si se entiende que las bibliotecas son instituciones dedicadas a construir conocimiento confiable, preservar memoria cultural, garantizar transparencia en las fuentes y enseñar a evaluar críticamente la información, entonces la inteligencia artificial no reduce su importancia, sino que hace todavía más evidente su papel esencial dentro de la sociedad contemporánea.

El artículo termina proponiendo una reformulación profunda del relato institucional bibliotecario: las bibliotecas nunca han sido solamente espacios de acceso a información, sino estructuras fundamentales que sostienen las condiciones necesarias para que las sociedades puedan conocer, aprender y producir conocimiento de manera crítica y responsable. En la era de la inteligencia artificial, esa función se vuelve no secundaria, sino absolutamente central.

El peligro de confiar demasiado en los agentes de inteligencia artificial

ZDNET (2026). Treat your AI agents like interns before you lose control. Disponible en: https://www.zdnet.com/article/treat-your-ai-agents-like-interns-before-you-lose-control/

El artículo advierte que la rápida expansión de los agentes de inteligencia artificial en entornos empresariales está generando un problema crítico de gobernanza: muchas organizaciones les están otorgando permisos demasiado amplios sin los controles adecuados, lo que aumenta el riesgo de errores graves, fugas de datos o acciones irreversibles.

La idea central es que los agentes de IA deben ser tratados como “becarios” o empleados junior, no como trabajadores plenamente confiables. Igual que un interno en su primer día, un agente no debería tener acceso generalizado a sistemas críticos ni capacidad de decisión autónoma sin supervisión.

El texto señala que uno de los principales fallos actuales es el “exceso de confianza” en los agentes, que lleva a otorgarles permisos de escritura, acceso a bases de datos o capacidad de ejecutar acciones sensibles. Este crecimiento gradual de privilegios puede parecer razonable en cada paso, pero acaba creando un nivel de acceso desproporcionado y peligroso.

Para evitarlo, el artículo propone un enfoque de gobernanza basado en la mínima autoridad necesaria y en la supervisión continua. Entre las recomendaciones clave destacan:

  • Definir claramente la función del agente antes de asignarle permisos.
  • Limitar su acceso estrictamente a lo necesario para esa tarea.
  • Usar credenciales separadas y específicas por agente.
  • Monitorizar sus acciones de forma constante.
  • Revisar periódicamente sus permisos.

También se insiste en que la gobernanza no puede ser un añadido posterior, sino que debe diseñarse desde el inicio del sistema. La conclusión es clara: los agentes de IA pueden ser muy útiles, pero sin una estructura de control equivalente a la de un entorno laboral humano supervisado, pueden convertirse en un riesgo significativo para las organizaciones.