Amazon escanea y destruye libros para entrenar sistemas de inteligencia artificial

Workers process books at scanners and a shredder labeled in Spanish for recycling.

Maiberg, Emanuel. “Inside the Warehouse Where Amazon Scans and Destroys Books for AI Training”. 404 Media, 26 de agosto de 2026. Artículo original en 404 Media

A partir del testimonio anónimo de un empleado de Amazon, una mirada al funcionamiento interno de VGT3, una instalación situada en Las Vegas donde se procesan libros destinados, según la investigación de 404 Media, a la obtención de datos para el entrenamiento de sistemas de inteligencia artificial.

El reportaje describe un procedimiento especialmente llamativo: los libros llegan al almacén, son registrados y clasificados, se les corta mecánicamente el lomo para separar las páginas y estas se introducen posteriormente en escáneres de alta velocidad. Una vez digitalizado el contenido, las páginas quedan mezcladas en grandes contenedores, de modo que los ejemplares físicos no pueden volver a reconstruirse.

El empleado entrevistado señala que había al menos 20 o 25 escáneres, capaces de pasar rápidamente las páginas y mostrar en pantalla las imágenes digitalizadas. El proceso incluía libros nuevos y usados, ejemplares procedentes de bibliotecas y materiales procedentes de distintos países. Entre ellos había publicaciones en alemán, ruso y japonés, además de documentos procedentes del Reino Unido y materiales que parecían documentos gubernamentales. El testimonio destaca especialmente la presencia de libros potencialmente raros o difíciles de conseguir.

Uno de los aspectos más relevantes es la destrucción física de los libros después de su digitalización. El trabajador describe cómo, tras cortar los lomos y escanear las páginas, estas son arrojadas a grandes contenedores junto con otros materiales. También explica que determinados ejemplares considerados duplicados o innecesarios eran depositados en estos recipientes. Según el relato, el procedimiento era poco organizado y cambiaba con frecuencia, lo que dificultaba incluso que los propios trabajadores conocieran con exactitud el destino final de todos los libros.

El reportaje plantea así una cuestión especialmente importante para bibliotecas, patrimonio bibliográfico y derechos de autor: la transformación de libros físicos en datos para inteligencia artificial puede implicar no solo su digitalización, sino también la desaparición del ejemplar material. El trabajador entrevistado expresa precisamente su preocupación por que libros raros o valiosos dejen de estar disponibles para otros lectores e investigadores, señalando que existe una diferencia significativa entre digitalizar un libro y destruir el soporte físico una vez obtenido su contenido.

En conjunto, el artículo presenta un ejemplo especialmente gráfico de la nueva economía de los datos para la IA, en la que libros y colecciones documentales pueden convertirse en materia prima para entrenar modelos. Más allá de Amazon, el caso abre debates sobre copyright, licencias, preservación, reutilización de colecciones, digitalización masiva y límites éticos de la extracción de conocimiento de los libros para alimentar sistemas de inteligencia artificial.

De la portada como interpretación del libro a la portada como identidad del lector en las redes sociales

Johnson, Madelyn. “How the Role of Book Cover Design Has Changed in the Age of Social Media”. Literary Hub, 24 de julio de 2026. Artículo original en Literary Hub

Las redes sociales están transformando radicalmente la función de las cubiertas de los libros. Tradicionalmente, la portada servía principalmente para interpretar visualmente una obra, transmitir su género y tono y despertar el interés del lector. Actualmente, sin embargo, debe funcionar también en Instagram, TikTok, Substack y otros espacios digitales, donde el libro aparece como una imagen que debe resultar atractiva incluso antes de que el lector conozca su contenido.

Este cambio introduce una nueva pregunta en el trabajo de los diseñadores: ya no basta con preguntarse «¿qué es este libro?», sino también «¿cómo quiere ser percibida la persona que lo lee?». La portada comienza así a construir una identidad social para el lector. El libro deja de ser exclusivamente un texto y se convierte también en un objeto estético y de representación personal, comparable a la ropa, los muebles, los productos de belleza o las listas musicales que aparecen en las redes sociales.

La autora pone como ejemplo la diferencia entre las cubiertas de novelas comerciales contemporáneas y las de literatura considerada de prestigio. Un libro de Emily Henry puede recurrir a colores vivos, ilustraciones y tipografías desenfadadas para transmitir calidez, humor y accesibilidad, mientras que las nuevas ediciones de Elena Ferrante utilizan diseños más sobrios, colores apagados y composiciones minimalistas para proyectar una imagen de sofisticación y seriedad. En ambos casos, la cubierta no solo comunica características de la obra: imagina también un determinado tipo de lector.

El fenómeno se relaciona con la creciente autopresentación en las redes sociales. Mostrar determinados libros puede transmitir inteligencia, sensibilidad, cultura, sofisticación o pertenencia a una determinada comunidad estética. De este modo, el libro adquiere una dimensión performativa: puede utilizarse para mostrar públicamente quiénes somos o, más exactamente, quiénes queremos parecer. La cubierta se convierte en la superficie visible de esa identidad literaria.

La autora advierte, no obstante, de un riesgo: que la lectura termine subordinándose a la marca personal y a las tendencias visuales. Si determinados autores, géneros o diseños se asocian con identidades concretas, los lectores pueden sentirse menos inclinados a escoger libros que no encajen con la imagen que proyectan en sus estanterías o perfiles digitales. La curiosidad intelectual podría quedar desplazada por la necesidad de mantener una determinada estética.

El artículo plantea una evolución significativa en el diseño editorial: la portada ya no solo vende o representa un libro; también vende una determinada idea de quién es su lector. En la cultura digital, donde los libros circulan constantemente como fotografías y objetos de estilo, la cubierta se convierte simultáneamente en elemento editorial, herramienta de marketing y mecanismo de construcción de identidad. El gran interrogante es si esta transformación conseguirá atraer a más personas hacia los libros o si, por el contrario, terminará haciendo que importe más parecer lector que leer.

Visitar museos y participar en actividades artísticas podría ayudar a ralentizar el envejecimiento biológico

Boardman, Samantha. “Could That Museum Visit Help You Live Longer?” The Wall Street Journal, 2026. The Wall Street Journal

El artículo de Samantha Boardman en The Wall Street Journal plantea una idea cada vez más respaldada por la investigación: la participación habitual en actividades artísticas y culturales podría estar relacionada no solo con un mayor bienestar psicológico, sino también con un envejecimiento biológico más lento.

La autora parte de una experiencia personal con una amiga de más de 90 años, con quien suele visitar museos y galerías de Nueva York. Después de contemplar una exposición de Caspar David Friedrich en el Metropolitan Museum of Art, la mujer describió haber experimentado un cambio de ánimo extraordinariamente intenso. Para Boardman, psiquiatra, esta experiencia ilustra cómo el contacto con el arte puede producir una sensación de vitalidad que va más allá del simple entretenimiento.

La cuestión adquiere mayor interés a partir de una investigación de University College London que relaciona la participación en actividades culturales —como visitar museos y galerías, acudir a conciertos, cantar, bailar o realizar actividades artísticas— con determinados indicadores de edad biológica. El estudio analizó datos de miles de adultos y utilizó medidas epigenéticas para estimar el ritmo de envejecimiento. Los resultados sugieren que las personas con una participación cultural más frecuente y diversa presentan signos compatibles con un envejecimiento biológico más lento. La magnitud de la asociación fue comparable, según los investigadores, a la observada con uno de los factores tradicionalmente más estudiados en envejecimiento saludable: la actividad física.

El posible mecanismo no significa que “ir a un museo alargue la vida” de manera directa. Se trata de una asociación observacional y, por tanto, no permite demostrar que las visitas a museos sean la causa del menor envejecimiento biológico. Las actividades culturales pueden actuar a través de varios mecanismos simultáneos: favorecen las relaciones sociales, estimulan cognitivamente, generan emociones positivas, reducen el estrés y proporcionan experiencias de significado y conexión personal. Todos estos factores están relacionados con la salud y podrían contribuir conjuntamente a un envejecimiento más saludable.

La relación entre museos y bienestar también aparece en investigaciones más directamente centradas en la experiencia del visitante. Un estudio publicado en 2026 y realizado con 363 adultos en tres museos de arte de Seattle encontró que, después de pasar aproximadamente una hora visitando las galerías por su cuenta, los participantes se sentían significativamente más inspirados y menos irritables y nerviosos. Los efectos variaban según características personales y sociales, pero los resultados refuerzan la idea de que el museo puede funcionar como un espacio capaz de producir beneficios emocionales y de bienestar.

En este sentido, el artículo invita a ampliar la concepción tradicional de las políticas de envejecimiento saludable. Dieta equilibrada, ejercicio, sueño y atención médica continúan siendo fundamentales, pero la evidencia creciente sugiere que también deberían considerarse dimensiones como la participación cultural, las relaciones sociales, la creatividad y la búsqueda de experiencias significativas. El museo deja así de ser únicamente un lugar destinado a conservar y exhibir patrimonio para convertirse también en un espacio de salud, bienestar, estimulación intelectual y conexión social.

La conclusión más interesante es, por tanto, que la cultura podría formar parte de una estrategia integral de envejecimiento saludable. No porque contemplar un cuadro tenga un efecto médico equivalente al de un tratamiento o porque una visita concreta pueda modificar la edad biológica, sino porque mantener una vida culturalmente activa puede formar parte de un conjunto de comportamientos asociados con mayor bienestar y una mejor trayectoria de envejecimiento. El propio relato de la amiga nonagenaria de Boardman resume esta perspectiva: más que buscar únicamente vivir más años, se trata de conseguir que esos años estén llenos de curiosidad, emoción, conexión y sensación de estar realmente vivo.

Guía de escritura académica científica

Contreras Briceño, Felipe. (2026). Guía de escritura académica científica. Universidad de O’Higgins, Repositorio Académico UOH https://repositorio.uoh.cl/handle/611/1129?locale-attribute=es

La Guía de escritura académica científica es un recurso didáctico elaborado por Felipe Contreras Briceño y publicado por la Universidad de O’Higgins en 2026. Su propósito es ofrecer una herramienta práctica para mejorar las competencias de escritura académica y científica, especialmente en el contexto de la educación superior. La guía aborda la escritura como un proceso que no se limita a la redacción final del documento, sino que comprende distintas fases de planificación, textualización y revisión, proporcionando orientaciones para organizar las ideas y construir textos académicos coherentes y comprensibles.

Uno de los ejes fundamentales del documento es la cohesión textual, elemento esencial para conseguir que las diferentes partes de un escrito mantengan una relación lógica y fluida. La guía dedica apartados específicos a los mecanismos de conexión, recurrencia y progresión, que permiten articular las ideas, mantener los referentes a lo largo del texto y desarrollar de manera ordenada la información. De este modo, la escritura académica se presenta como una actividad estructurada en la que la claridad de los argumentos depende tanto de la calidad de las ideas como de la forma en que estas se relacionan entre sí.

El recurso también presta especial atención a aspectos formales de la escritura, incorporando contenidos sobre puntuación, ortografía acentual y ortografía literal. Estos elementos son tratados como componentes necesarios de una comunicación científica eficaz, ya que una correcta presentación lingüística contribuye a evitar ambigüedades y facilita la comprensión de contenidos especializados. La guía combina explicaciones con ejemplos, de manera que puede utilizarse tanto como material de aprendizaje como herramienta de consulta durante la elaboración de trabajos académicos.

Otro aspecto interesante es la incorporación de recursos audiovisuales complementarios, que amplían los contenidos de la guía y favorecen el aprendizaje autónomo. En conjunto, el documento funciona como una introducción sistemática a las principales dimensiones de la escritura académica: desde la planificación inicial de un texto hasta su revisión, pasando por la construcción de la cohesión y el dominio de las convenciones lingüísticas. Por ello, resulta especialmente útil para estudiantes universitarios, investigadores en formación y cualquier persona que necesite producir textos académicos y científicos con mayor claridad, coherencia y rigor.

Uncovered, una web para juzgar los libros por sus primeras páginas

Uncovered

Uncovered, una web para juzgar los libros por sus primeras páginas. «Sin portada. Sin etiqueta de best seller, sin club de lectura de famosos, sin tendencia de BookTok. Lees el comienzo de un libro de verdad, a ciegas, y respondes a la única pregunta que importa: ¿seguirías leyendo?»

Uncovered es una propuesta muy sencilla pero bastante ingeniosa: quitar al libro todo aquello que normalmente condiciona nuestra decisión de leerlo y dejar únicamente la escritura. La web se presenta con una idea muy clara: «Judge a book by its writing», es decir, juzga un libro por su escritura.

Al entrar, Uncovered comienza a mostrar fragmentos de primeras páginas de libros reales, pero elimina deliberadamente la información que normalmente utilizamos para decidir si queremos leerlos: portada, título, autor, fama, recomendaciones, etiquetas comerciales o tendencias de redes sociales. El usuario simplemente lee y decide si quiere continuar.

La experiencia funciona como una especie de «swipe» literario, aunque centrado en el texto. Si el comienzo te interesa, puedes continuar y, finalmente, revelar qué libro y qué autor se encuentran detrás del fragmento. Si no te convence, pasas al siguiente. La plataforma permite además guardar los libros que han despertado interés.

La web lo resume así: «No account. Just the writing». No es necesario crear una cuenta para empezar a leer, lo que reduce considerablemente la fricción de entrada.

¿Qué porcentaje de Internet está escrito con IA? Más de un tercio de las páginas posteriores a 2022

Bestvater, Samuel; Smith, Aaron; TerBush, Carson; Baronavski, Chris; Chavda, Janakee. “How Much of the Internet Is Written With AI?” Pew Research Center, Data Labs, 20 de agosto de 2026. Artículo original en Pew Research Center

Aunque solo el 10 % de todas las páginas analizadas en julio de 2026 mostraba señales de IA, la cifra supera el 33 % entre las páginas publicadas después de ChatGPT. Esto indica que la verdadera magnitud del fenómeno se aprecia al observar el contenido nuevo que está incorporándose actualmente a Internet. 

Pew Research Center analiza hasta qué punto la inteligencia artificial está transformando el contenido de Internet. Para ello examinó cerca de 490.000 páginas web en inglés recopiladas entre enero de 2021 y julio de 2026 mediante Common Crawl y utilizó un modelo de detección de IA desarrollado por Pangram. En una muestra aleatoria de 10.000 páginas recogidas en julio de 2026, el 10 % presentaba señales significativas de haber sido escrito o editado sustancialmente con IA. 

La proporción aumenta considerablemente cuando se analizan únicamente las páginas publicadas después de la aparición de ChatGPT. En julio de 2026, más de un tercio de las páginas publicadas desde noviembre de 2022 mostraban señales de autoría o edición mediante IA. El estudio identifica así una tendencia ascendente que comenzó a finales de 2022 y que se ha acelerado con la expansión de herramientas como ChatGPT, Claude y Gemini. 

La presencia de contenido generado por IA no es homogénea. Los dominios .com presentan los niveles más elevados: alrededor de uno de cada diez mostraba señales de autoría mediante IA en 2026. En los dominios .org la proporción era del 4,6 %, mientras que en .edu y .gov rondaba apenas el 1 %. Esto sugiere que los espacios comerciales de Internet están incorporando la generación automática de contenidos a un ritmo mucho mayor que los ámbitos educativos y gubernamentales. 

El estudio también identifica cambios en el estilo lingüístico de la Web. Determinadas características asociadas estadísticamente con textos generados por IA son cada vez más frecuentes: los guiones largos (em dashes) aparecen aproximadamente el doble que en 2023, las comas de Oxford han aumentado un 63 % y determinadas palabras características del vocabulario de los LLM —como delve, interplay o testament— han duplicado su presencia. También se ha multiplicado casi por tres el uso de estructuras de paralelismo negativo, como «no es solo X, sino Y». 

Los investigadores, sin embargo, advierten que ninguno de estos rasgos permite identificar por sí solo un texto producido por IA. Una persona puede utilizar un guion largo, una coma de Oxford o cualquiera de esas palabras. El análisis se basa en patrones estadísticos mucho más amplios y, aun así, los detectores pueden cometer errores. Por ello, las cifras deben interpretarse como señales de probable autoría o edición mediante IA, no como una prueba definitiva sobre el origen de un texto. 

El estudio plantea una cuestión de fondo sobre la evolución de Internet: la Web está pasando progresivamente de ser un espacio dominado por contenidos producidos por personas a uno en el que humanos y sistemas de IA participan conjuntamente en la creación textual. Si la tendencia continúa, la distinción entre contenido humano y sintético será cada vez menos evidente, lo que tendrá consecuencias para la calidad de la información, la confianza, la autenticidad y la procedencia de los contenidos digitales.

Los jóvenes estadounidenses desconfían cada vez más de la IA y temen que destruya empleos

McClain, Colleen; Park, Eugenie. “Young adults in the U.S. are increasingly wary of AI, concerned it will take jobs”. Pew Research Center, 18 de agosto de 2026. Artículo original en Pew Research Center

La preocupación de los estadounidenses por la inteligencia artificial continúa creciendo, y los jóvenes de 18 a 29 años se muestran especialmente cautelosos. Según una encuesta del Pew Research Center realizada entre el 22 y el 28 de junio de 2026 a 3.488 adultos estadounidenses, el 52 % de la población adulta afirma sentirse más preocupada que ilusionada por el aumento del uso de la IA, frente al 37 % que expresaba esa preocupación en 2021. Entre los menores de 30 años, la cifra alcanza por primera vez el 55 %. 

La evolución resulta especialmente llamativa entre los jóvenes. En 2021, solo el 31 % de los adultos de 18 a 29 años decía sentirse más preocupado que entusiasmado por la IA; en 2024 era el 39 % y en 2026 ha llegado al 55 %. Paralelamente, el porcentaje que se siente más entusiasmado que preocupado ha descendido del 25 % en 2021 al 11 % actual. Esto rompe con la idea de que las generaciones más jóvenes son necesariamente las más optimistas respecto a las nuevas tecnologías.

El empleo constituye uno de los principales motivos de preocupación. El 71 % de los adultos estadounidenses considera que la IA provocará menos puestos de trabajo en Estados Unidos durante los próximos 20 años, frente al 64 % que opinaba lo mismo en 2024. Solo el 5 % cree que generará más empleos. Entre los jóvenes de 18 a 29 años, la percepción de pérdida de empleo ha aumentado todavía más: el 73 % piensa que la IA reducirá el número de puestos de trabajo, frente al 61 % de hace dos años.

Los jóvenes también destacan por una percepción más negativa de las consecuencias sociales de la IA. Investigaciones anteriores de Pew muestran que los menores de 30 años son el grupo más proclive a pensar que la IA será perjudicial para la sociedad y para ellos mismos, y muchos creen que puede dificultar la conexión humana y la creatividad. Aunque la mayoría utiliza chatbots, los jóvenes están divididos respecto a su impacto sobre la creatividad y son tan propensos a considerar que estas herramientas la perjudican como a pensar que la favorecen.

En conjunto, el estudio muestra un cambio significativo en la percepción social de la IA: los jóvenes, que inicialmente mostraban un mayor entusiasmo por estas tecnologías, se están convirtiendo en uno de los grupos más críticos. El temor a la automatización y a la pérdida de empleo parece estar desplazando progresivamente el entusiasmo tecnológico, lo que plantea importantes preguntas sobre cómo deberán abordarse la formación, el mercado laboral y la alfabetización en IA.

El 90 % de los artículos biomédicos ya muestra indicios de uso de inteligencia artificial

Kaia Glickman, “Staggering 90% of biomedical papers now show signs of AI help”, Nature, 20 de agosto de 2026. Artículo original en Nature

Una investigación reciente sugiere que el uso de herramientas de inteligencia artificial para ayudar a redactar artículos científicos está mucho más extendido de lo que indicaban estimaciones anteriores. El estudio analizó trabajos biomédicos publicados en diciembre de 2025 e incluidos en PubMed, y estima que casi nueve de cada diez artículos presentaban señales compatibles con algún grado de asistencia de IA en su redacción. La cifra resulta especialmente llamativa porque las estimaciones anteriores sobre utilización de modelos de lenguaje en publicaciones científicas habían sido considerablemente inferiores.

El trabajo al que hace referencia Nature no afirma que el 90 % de los investigadores haya dejado que una IA escriba sus artículos de principio a fin. Lo que identifica son señales lingüísticas compatibles con asistencia de modelos de lenguaje. Esto es importante porque la IA puede intervenir de formas muy diferentes: desde corregir gramática y mejorar el estilo hasta reformular párrafos, traducir textos, resumir información o generar partes sustanciales de un manuscrito. Por tanto, la cifra debe interpretarse como una estimación de la presencia de asistencia de IA en la escritura científica, no como una medida directa de cuántos artículos fueron escritos por una inteligencia artificial.

El fenómeno refleja una transformación profunda de la comunicación científica. Las herramientas generativas se están incorporando rápidamente al trabajo cotidiano de los investigadores porque permiten mejorar la redacción en inglés, acelerar determinadas tareas editoriales y facilitar la preparación de manuscritos. Esto puede resultar especialmente relevante para investigadores que trabajan en una lengua diferente del inglés, ya que los modelos de lenguaje pueden actuar como herramientas de traducción y edición. Sin embargo, la creciente presencia de IA también plantea preguntas sobre transparencia, autoría, responsabilidad y declaración de su utilización en los trabajos científicos.

La metodología del estudio merece especial atención porque permite detectar patrones de uso de IA que pueden pasar inadvertidos mediante los procedimientos tradicionales de control editorial. Los investigadores analizaron el lenguaje de los artículos y buscaron características asociadas a la intervención de modelos de lenguaje. La estimación, por tanto, no equivale a una declaración voluntaria de los autores ni a una comprobación individual de cada manuscrito. Esto introduce incertidumbre y obliga a interpretar el porcentaje como una estimación estadística, no como una identificación definitiva de textos generados o editados por IA.

El dato tiene importantes implicaciones para las revistas científicas y para la integridad de la investigación. Si la asistencia de IA se convierte en una práctica habitual, las políticas editoriales tendrán que distinguir mejor entre usos legítimos —como corrección lingüística, traducción o apoyo editorial— y usos que puedan comprometer la responsabilidad intelectual del investigador. También será necesario determinar qué utilización debe declararse, cómo debe hacerse esa declaración y qué responsabilidad conserva el autor sobre las afirmaciones, referencias, datos y conclusiones de un artículo elaborado con ayuda de herramientas generativas.

La investigación también cuestiona la utilidad de intentar establecer una frontera rígida entre textos “humanos” y textos “generados por IA”. En la práctica, la producción científica puede convertirse en un proceso híbrido en el que el investigador redacta algunas partes, una herramienta de IA corrige otras, otro sistema traduce o reformula determinados fragmentos y el autor revisa posteriormente el resultado. En este escenario, el debate sobre la IA en la ciencia debería desplazarse desde la pregunta “¿se utilizó IA?” hacia cuestiones más relevantes: ¿para qué se utilizó?, ¿qué aportó?, ¿quién verificó el resultado? y ¿quién asume la responsabilidad final?

El hallazgo resulta especialmente significativo porque procede de un campo como la biomedicina, donde la precisión del lenguaje científico y la fiabilidad de la información tienen consecuencias potencialmente importantes. Una utilización responsable de la IA puede mejorar la comunicación científica, pero no elimina la necesidad de que los investigadores comprueben las referencias, los datos, las interpretaciones y las afirmaciones producidas o modificadas por estos sistemas. La IA puede convertirse así en una herramienta habitual del proceso editorial sin que ello implique transferir a la máquina la responsabilidad científica.

En definitiva, el estudio apunta a que la IA ya forma parte de la infraestructura cotidiana de la comunicación científica, aunque las políticas editoriales y las prácticas de transparencia todavía están adaptándose a esta realidad. El dato del 90 % no significa que nueve de cada diez artículos sean “escritos por IA”, pero sí constituye una señal poderosa de que la asistencia de los modelos de lenguaje está penetrando rápidamente en la publicación biomédica. La cuestión para las revistas ya no parece ser si los investigadores utilizarán IA, sino cómo establecer unas normas que permitan aprovecharla sin comprometer la autoría, la transparencia y la integridad científica.

Entrenar modelos de IA con libros protegidos por copyright: una cuestión legal todavía abierta

Amanda Silberling, “Is it legal to train AI models on copyrighted books? It’s complicated”, TechCrunch, 23 de agosto de 2026. Artículo original en TechCrunch

Los modelos de inteligencia artificial generativa como ChatGPT, Gemini o Claude se entrenan con enormes cantidades de información procedente de libros, artículos, trabajos académicos y contenidos disponibles en Internet. Esto ha provocado un conflicto creciente con autores y titulares de derechos, que cuestionan que sus obras puedan utilizarse para entrenar sistemas de IA sin su conocimiento o autorización. Sin embargo, la cuestión jurídica es mucho más compleja de lo que parece, porque las actuales leyes de copyright fueron concebidas mucho antes de la aparición de la inteligencia artificial generativa.

Uno de los casos más relevantes es el de Anthropic, que llegó a un acuerdo por 1.500 millones de dólares con un grupo de escritores cuyas obras habían sido utilizadas para entrenar sus modelos. No obstante, el juez William Alsup había considerado que el entrenamiento de la IA con obras protegidas podía ser legal. Lo que sancionó fue que Anthropic hubiera obtenido algunos de esos libros mediante bibliotecas clandestinas ilegales. El razonamiento establece una diferencia fundamental entre utilizar una obra para entrenar un modelo y obtenerla de manera ilícita.

El debate se centra en buena medida en la doctrina estadounidense del fair use (uso legítimo), que permite determinadas utilizaciones de obras protegidas sin autorización. Los tribunales valoran factores como la finalidad del uso, su carácter transformador, la cantidad de material utilizado y el efecto sobre el mercado de la obra original. En este contexto, algunos jueces consideran que entrenar un modelo para generar algo nuevo puede ser una utilización transformadora, mientras que existe mayor riesgo cuando la IA se utiliza para crear un producto que compite directamente con el material protegido.

El caso Thomson Reuters contra Ross Intelligence muestra precisamente esa diferencia. Un tribunal consideró que Ross había utilizado contenidos de Reuters para desarrollar una plataforma jurídica de IA que competía directamente con el producto original, por lo que no podía acogerse al fair use. Esta resolución contrasta con el enfoque aplicado al entrenamiento de modelos de propósito general y demuestra que los tribunales todavía están construyendo, caso por caso, los criterios que determinarán qué usos de materiales protegidos son legítimos.

El artículo destaca además que no existe todavía una respuesta jurídica definitiva. Las diferentes demandas contra empresas de IA siguen abiertas y las decisiones iniciales podrían ser modificadas por tribunales superiores. La legislación estadounidense sobre copyright procede esencialmente de una época anterior a Internet y, por supuesto, a la IA generativa. Por ello, las próximas resoluciones judiciales tendrán una importancia decisiva para determinar cómo pueden utilizarse libros, artículos y otras obras protegidas para entrenar modelos de inteligencia artificial y quién debe asumir los costes de ese uso.

Catalogación con IA: Clarivate impulsa una nueva generación de metadatos bibliotecarios con SkyRiver

Library staff member cataloging a book on a computer
A library staff member catalogs a book using metadata software alongside print references.

Clarivate. “Clarivate Enhances SkyRiver to Help Libraries Share, Reuse and Create Trusted Metadata”. Clarivate News, 12 de agosto de 2026. Artículo original en Clarivate

SkyRiver representa un paso hacia una catalogación más colaborativa, interoperable y asistida por IA, pero con una premisa importante: automatizar la creación de metadatos no significa renunciar a la calidad, la procedencia, la atribución ni a la gobernanza bibliotecaria. La cuestión estratégica será conseguir que la IA acelere el trabajo de catalogación sin diluir el conocimiento profesional que da valor a los metadatos bibliotecarios.

Clarivate ha anunciado una versión mejorada de SkyRiver, su plataforma orientada a la gestión e intercambio de metadatos bibliográficos, con el objetivo de facilitar a las bibliotecas el acceso, reutilización y creación de registros de calidad. La nueva plataforma apuesta por utilizar metadatos abiertos por defecto, al tiempo que mantiene las condiciones establecidas por los contribuyentes, las obligaciones de licencia y las políticas de gobernanza de cada institución. La propuesta busca mejorar la interoperabilidad entre bibliotecas, consorcios y sistemas de gestión bibliotecaria, permitiendo que los registros puedan compartirse y reutilizarse con mayor facilidad.

Una de las principales novedades es la incorporación de capacidades de inteligencia artificial para la creación de registros bibliográficos. La IA pretende agilizar los flujos de trabajo de catalogación y ayudar a producir registros de alta calidad de una manera más eficiente. Clarivate sitúa esta funcionalidad dentro de una transformación más amplia de los servicios de descubrimiento, en la que disponer de metadatos fiables, transparentes e interoperables resulta fundamental. La compañía subraya, sin embargo, que la automatización no elimina la importancia de las decisiones y controles bibliotecarios: las instituciones mantienen capacidad de elección sobre su participación y sobre la contribución de sus propios datos.

SkyRiver pretende funcionar como una infraestructura de colaboración basada en la comunidad bibliotecaria. Las bibliotecas podrán acceder a metadatos fiables para catalogación, descubrimiento y préstamo o intercambio de recursos, además de conectar y reutilizar registros entre diferentes sistemas de gestión. La plataforma incorpora asimismo información sobre derechos, procedencia, atribución y condiciones de acceso, elementos especialmente importantes en un contexto en el que los metadatos circulan entre múltiples instituciones y pueden ser reutilizados posteriormente por otros servicios y aplicaciones.

La propuesta tiene especial interés porque aborda uno de los problemas históricos de las bibliotecas: evitar que cada institución tenga que crear desde cero registros que otras bibliotecas ya han producido. Compartir y reutilizar metadatos puede reducir la duplicación de esfuerzos y permitir que los profesionales dediquen más tiempo a aquellos recursos que requieren descripción original, enriquecimiento local o tratamiento especializado. Al mismo tiempo, la plataforma pretende preservar las mejoras realizadas localmente por cada biblioteca, reconociendo que los metadatos producidos por una institución pueden aportar información de valor para toda la comunidad.

La dimensión de gobernanza constituye otro elemento destacado. Clarivate anuncia la creación de un Metadata Governance Advisory Group, destinado a proporcionar orientación sobre el desarrollo futuro de SkyRiver y participar en cuestiones relacionadas con políticas de metadatos, estándares de calidad y principios de gobernanza. Esto resulta particularmente relevante en un entorno en el que la apertura y reutilización de datos debe equilibrarse con derechos, licencias, atribución y autonomía institucional. La gobernanza se convierte así en una pieza tan importante como la tecnología para determinar cómo se producen, comparten y reutilizan los registros bibliográficos.

Las declaraciones de representantes de la University of Delaware y la University of Regina ponen el acento precisamente en la relación entre metadatos y descubrimiento. Para estas instituciones, unos metadatos de calidad permiten incrementar la visibilidad de las colecciones y favorecer la colaboración entre bibliotecas. También se destaca la necesidad de que las nuevas herramientas sean capaces de integrar las mejoras locales dentro de los flujos de trabajo existentes, de manera que la automatización no suponga perder el valor añadido generado por los profesionales de la información.

En un sentido más amplio, el anuncio refleja una evolución importante en la función de los metadatos bibliográficos en la era de la IA. Los metadatos ya no sirven únicamente para que una persona encuentre un libro o un artículo en un catálogo: constituyen una infraestructura que permite que diferentes sistemas informáticos comprendan, relacionen, intercambien y reutilicen información bibliográfica. La incorporación de IA a SkyRiver refuerza esta tendencia y plantea un modelo en el que metadatos abiertos + interoperabilidad + automatización + supervisión profesional pueden convertirse en componentes fundamentales de los futuros ecosistemas de descubrimiento.