Tensiones entre propiedad intelectual e investigación abierta

Federación Española de Sociedades de Archivística, Biblioteconomía, Documentación y Museística (FESABID). Informe sobre propiedad intelectual y acceso abierto en España. Madrid: FESABID, s. f. https://www.fesabid.org/informe-propiedad-intelectual-acceso-abierto-espana/

El informe pone de relieve los retos actuales y futuros, como la sostenibilidad económica del acceso abierto, el papel de los editores científicos, la necesidad de reformas legislativas y el impacto de tecnologías emergentes como la inteligencia artificial. En conjunto, se plantea la necesidad de avanzar hacia un modelo más abierto, justo y equilibrado, que garantice tanto la protección de los creadores como el acceso universal al conocimiento.

El informe de FESABID aborda la relación compleja entre la propiedad intelectual y el acceso abierto en el contexto español, especialmente en el ámbito de bibliotecas, archivos, museos y centros de investigación. Su punto de partida es la necesidad de encontrar un equilibrio entre la protección de los derechos de autor y el derecho de la ciudadanía a acceder a la cultura, la educación y el conocimiento científico. Este equilibrio se vuelve especialmente relevante en un entorno digital donde la reproducción y difusión de contenidos es más fácil, pero también más conflictiva desde el punto de vista legal.

El acceso abierto se define como un modelo que promueve la disponibilidad libre y gratuita de la producción científica en internet, sin barreras económicas, técnicas o legales. Este modelo, impulsado por iniciativas internacionales como la Declaración de Budapest, busca maximizar el impacto del conocimiento, especialmente cuando ha sido financiado con fondos públicos. En este sentido, el informe subraya que el acceso abierto no implica la ausencia de derechos de autor, sino una gestión más flexible de estos, a menudo mediante licencias abiertas como las Creative Commons, que permiten distintos niveles de reutilización respetando la autoría.

El documento también analiza el marco legal español y europeo, señalando que la legislación de propiedad intelectual sigue siendo un elemento clave que condiciona el desarrollo del acceso abierto. La transposición de la Directiva europea sobre derechos de autor en el mercado único digital introduce nuevos escenarios, como la regulación de la minería de textos y datos, que resulta fundamental para la investigación científica. Estas normativas intentan adaptarse a los cambios tecnológicos, pero al mismo tiempo generan tensiones entre los distintos actores implicados: autores, editores, instituciones y usuarios.

Otro aspecto central es el papel de las instituciones documentales (bibliotecas, archivos y museos), que actúan como mediadoras entre los derechos de propiedad intelectual y el acceso al conocimiento. El informe destaca su función en la creación y gestión de repositorios digitales, la formación de usuarios en derechos de autor y la promoción de políticas de acceso abierto. Estas instituciones no solo facilitan el acceso a la información, sino que también contribuyen a la preservación y difusión del patrimonio cultural y científico.

Más allá de los libros: transformando la biblioteca en un Espacio de juego desordenado y Aprendizaje

ALSC Blog. «Live Life to the Fullest: Why Messy Play Matters in Libraries.» Association for Library Service to Children, 10 de marzo de 2026. https://www.alsc.ala.org/blog/2026/03/live-life-to-the-fullest-why-messy-play-matters-in-libraries/.

El artículo defiende que el llamado messy play (juego desordenado o sensorial) no es una actividad secundaria o caótica dentro de las bibliotecas, sino una herramienta fundamental para el desarrollo infantil y el aprendizaje significativo. Frente a la concepción tradicional de la biblioteca como espacio ordenado, silencioso y controlado, el texto propone una redefinición más abierta y dinámica: un lugar donde el juego libre, incluso el que implica suciedad o desorden, tiene un valor educativo profundo. Este tipo de experiencias permite a los niños interactuar directamente con materiales, texturas y entornos, lo que favorece una comprensión del mundo basada en la exploración activa más que en la instrucción pasiva.

Uno de los ejes principales del artículo es el papel del juego sensorial en la construcción del conocimiento. A través de actividades abiertas —como manipular agua, arena, pintura o materiales cotidianos— los niños desarrollan conexiones neuronales esenciales para el aprendizaje temprano. Este enfoque está alineado con investigaciones en desarrollo infantil que subrayan que el aprendizaje más efectivo en las primeras etapas de la vida es aquel que involucra el cuerpo, los sentidos y la experimentación directa. En este sentido, el juego desordenado no solo estimula la creatividad, sino que también fortalece habilidades motoras, cognitivas y emocionales, contribuyendo a un desarrollo integral.

El texto también destaca el carácter inclusivo del messy play. Al tratarse de actividades abiertas y no estructuradas, no requieren habilidades previas ni un dominio lingüístico específico, lo que permite la participación de niños de diferentes edades, capacidades y contextos culturales. Este tipo de juego elimina barreras sociales y lingüísticas, facilitando la interacción y la colaboración entre los participantes. Además, fomenta la implicación de las familias, ya que padres y cuidadores tienden a involucrarse más activamente en este tipo de dinámicas, generando experiencias compartidas que refuerzan los vínculos afectivos y el aprendizaje conjunto.

Otro aspecto relevante es la relación entre el juego desordenado y el desarrollo de competencias clave para el siglo XXI. El artículo subraya que estas actividades promueven habilidades como la resolución de problemas, el pensamiento crítico, la creatividad y la regulación emocional. En un contexto cada vez más digital y estructurado, ofrecer espacios donde los niños puedan experimentar, equivocarse y aprender sin un objetivo predeterminado resulta esencial. Este tipo de experiencias permite desarrollar resiliencia, tolerancia a la frustración y autonomía, aspectos fundamentales tanto en el ámbito educativo como en la vida cotidiana.

El artículo reconoce los desafíos prácticos que implica implementar este tipo de programas en bibliotecas: desde la limpieza y la logística hasta las posibles reticencias del personal o de los usuarios. Sin embargo, insiste en que estos obstáculos no deben eclipsar los beneficios. El “desorden” es interpretado como un indicador de participación activa y aprendizaje significativo, no como un problema. En consecuencia, se plantea que las bibliotecas contemporáneas deben asumir este cambio de paradigma y consolidarse como espacios de experimentación, descubrimiento y juego, donde el aprendizaje surge de la experiencia directa y compartida.

Los efectos destructivos de la desinformación en el cerebro humano Ejemplos que ponen en alerta la prevalencia de la desinformación en el siglo XXI.

Psychology Today. “The Destructive Effects of Misinformation on the Human Brain.” The Changing Brain, febrero de 2026. https://www.psychologytoday.com/us/blog/the-changing-brain/202602/the-destructive-effects-of-misinformation-on-the-human-brain

En conjunto, el artículo alerta de que la desinformación debe entenderse como un problema de salud cognitiva y social: una forma de “contaminación mental” que afecta tanto a los procesos internos del cerebro como a las dinámicas colectivas de la sociedad contemporánea.

La desinformación actúa sobre el cerebro humano de forma comparable a un agente biológico perjudicial: no es simplemente información errónea, sino una alteración profunda de los mecanismos cognitivos básicos. El artículo explica que la información es un “nutriente esencial” para el cerebro, de la misma manera que el oxígeno lo es para los pulmones. Cuando ese nutriente está contaminado, el funcionamiento cerebral se ve comprometido en múltiples niveles, desde los procesos neuroquímicos hasta las conductas observables. Así como una mínima alteración en los impulsos nerviosos puede provocar un fallo físico grave, la introducción de información falsa puede generar distorsiones en la percepción, el juicio y la toma de decisiones.

Uno de los efectos más relevantes es la alteración de la memoria. La investigación psicológica ha demostrado que la desinformación puede integrarse en los recuerdos hasta el punto de sustituirlos o mezclarse con ellos. Este fenómeno, conocido como “efecto de desinformación”, implica que la memoria no es un registro fiel de la realidad, sino un sistema maleable que puede ser reescrito por información posterior. Así, las personas pueden recordar hechos que nunca ocurrieron o reinterpretar eventos reales a la luz de datos falsos, lo que tiene consecuencias especialmente graves en ámbitos como el testimonio judicial o la construcción de la memoria colectiva.

Otro aspecto clave es la persistencia de la desinformación incluso después de haber sido corregida. Diversos estudios señalan que, una vez que una idea falsa ha sido incorporada, resulta extremadamente difícil eliminarla del todo: el cerebro sigue utilizándola como referencia, fenómeno conocido como “influencia continuada”. Esto se debe a que la información inicial deja huellas cognitivas duraderas y a que el cerebro tiende a preferir narrativas coherentes, aunque sean incorrectas, frente a la incertidumbre. En este sentido, la desinformación no solo engaña momentáneamente, sino que configura marcos mentales estables.

El artículo también destaca el papel de las emociones como vehículo de desinformación. Las creencias falsas suelen ir acompañadas de respuestas emocionales intensas —miedo, ira, entusiasmo— que refuerzan su aceptación y difusión. El cerebro humano está especialmente predispuesto a procesar información emocional, lo que explica por qué los contenidos sensacionalistas o polarizantes se propagan con mayor rapidez. En el contexto digital actual, donde las redes sociales amplifican este tipo de mensajes, la desinformación encuentra un entorno ideal para expandirse y consolidarse.

Finalmente, el texto subraya que la desinformación del siglo XXI no es un fenómeno aislado, sino sistémico. Su prevalencia se ve impulsada por factores tecnológicos, cognitivos y sociales: la velocidad de difusión supera la capacidad de verificación, los algoritmos favorecen contenidos emocionales y los individuos tienden a aceptar información que confirma sus creencias previas. Como resultado, la desinformación no solo afecta al individuo —alterando su cerebro y su percepción de la realidad—, sino que también erosiona el tejido social al aumentar la polarización y debilitar la confianza en el conocimiento experto.

El auge de ChatGPT frente a Google: crecimiento del tráfico, cambio en la búsqueda y límites actuales

Graph comparing monthly traffic growth of ChatGPT (green line) and Google Search (blue line) from 2022 to 2025
Two professionals review a futuristic graph showing ChatGPT’s rapid traffic growth against Google Search.

Search Engine Land. “ChatGPT traffic vs. Google: What the latest study reveals.” Search Engine Land, 2026. https://searchengineland.com/chatgpt-traffic-google-study-47381

El artículo analiza el impacto creciente de ChatGPT y otras herramientas de inteligencia artificial en el ecosistema del tráfico web, comparándolo con el dominio tradicional de Google. La principal conclusión es que, aunque Google sigue siendo el actor dominante en términos absolutos, el crecimiento de ChatGPT está redefiniendo el modo en que los usuarios acceden a la información. La investigación muestra que ChatGPT ya genera un volumen significativo de tráfico equivalente a una parte relevante del ecosistema de búsqueda global, consolidándose como el segundo gran canal de descubrimiento digital.

Uno de los aspectos más relevantes del estudio es el cambio estructural en el comportamiento de los usuarios. Cada vez más personas utilizan herramientas de IA no solo como complemento, sino como punto de partida para sus búsquedas, especialmente en contextos de investigación previa (por ejemplo, en procesos de compra o toma de decisiones). Esto implica que muchas interacciones informativas ya no pasan por los motores de búsqueda tradicionales, lo que reduce la visibilidad de los sitios web en Google y desplaza parte del tráfico hacia entornos conversacionales.

Sin embargo, el artículo también subraya que este crecimiento no implica una sustitución inmediata de Google. De hecho, el volumen total de búsquedas en internet sigue aumentando, lo que indica que ambos modelos —búsqueda tradicional y búsqueda asistida por IA— están coexistiendo dentro de un ecosistema más amplio de “descubrimiento de información”. Lo que sí está cambiando es la cuota relativa: Google pierde peso porcentual aunque no necesariamente tráfico absoluto, mientras que la IA gana protagonismo rápidamente.

Otro punto clave es la calidad del tráfico generado por ChatGPT. Aunque su volumen aún es menor, algunos estudios indican que los usuarios que llegan desde herramientas de IA pueden tener una intención más definida, lo que podría traducirse en mejores tasas de conversión en determinados contextos. No obstante, otros análisis matizan esta idea y señalan que, en ciertos sectores como el comercio electrónico, el tráfico procedente de ChatGPT todavía rinde peor que el de Google en términos de ingresos y conversión.

Finalmente, el artículo destaca las implicaciones estratégicas para el SEO y el marketing digital. La visibilidad ya no depende únicamente de posicionarse en Google, sino también de aparecer en las respuestas generadas por sistemas de IA. Esto introduce un nuevo paradigma —a veces denominado “Answer Engine Optimization”— en el que las marcas deben adaptarse a un entorno donde las respuestas directas sustituyen parcialmente a los listados de enlaces. En este nuevo escenario, no estar presente en las respuestas de IA puede significar perder oportunidades antes incluso de que el usuario llegue a realizar una búsqueda tradicional.

En conjunto, el texto plantea una transformación profunda del ecosistema informativo: no se trata de la desaparición de Google, sino de la emergencia de un modelo híbrido donde la inteligencia artificial redefine cómo, cuándo y desde dónde accedemos al conocimiento.

Datos clave del estudio

  • Crecimiento del tráfico
    El tráfico de referencia desde ChatGPT creció un 206% entre enero de 2025 y enero de 2026.
  • Destino del tráfico
    Google recibe el 21,6% de todo el tráfico que ChatGPT envía a otros sitios.
    Es decir, uno de cada cinco clics desde ChatGPT termina en Google.
  • Concentración del tráfico
    Los 10 principales dominios concentran algo más del 30% del tráfico total.
    Esto indica una fuerte concentración en pocas webs.
    “Long tail” (larga cola)
    La mayoría de los sitios web reciben cantidades muy pequeñas de tráfico desde ChatGPT.
  • Expansión del ecosistema
    El número de dominios que reciben tráfico desde ChatGPT:
    Alcanzó un pico de ~260.000 sitios en 2025
    Luego se estabilizó en torno a ~170.000 sitios
  • Interpretación rápida de los datos
    ChatGPT está creciendo muy rápido, pero el tráfico aún está muy concentrado.
    Google sigue siendo clave incluso dentro del ecosma de IA (como destino de clics).
    Hay una democratización aparente (más webs reciben tráfico), pero en la práctica domina una élite de sitios.

Las humanidades y la humanidad en un mundo de IA: un manifiesto para educadores

Real Discussion. “Humanities and Humanity in an AI World: An Educator’s Manifesto.” Real Discussion. Accedido abril de 2026.

Texto completo

El manifiesto se articula como una llamada a la acción: recuperar el valor de lo humano en un entorno tecnológico acelerado. Propone que la educación del futuro debe centrarse en formar ciudadanos capaces de convivir con la inteligencia artificial sin perder su capacidad de juicio, su sensibilidad ética y su creatividad. En última instancia, sostiene que el objetivo no es competir con las máquinas, sino reafirmar aquello que nos hace irreductiblemente humanos: la capacidad de pensar, sentir, interpretar y dar sentido al mundo.

El manifiesto plantea una defensa firme del papel de las humanidades en un mundo cada vez más dominado por la inteligencia artificial, subrayando que el verdadero desafío no es tecnológico, sino profundamente humano. En este contexto, la educación se convierte en el principal campo de batalla donde se decide si la IA será una herramienta al servicio del desarrollo humano o un sustituto de capacidades esenciales como el pensamiento crítico, la creatividad y la reflexión ética. El texto advierte que el riesgo no reside únicamente en la automatización, sino en la posible delegación de procesos cognitivos fundamentales a sistemas algorítmicos, lo que podría empobrecer la experiencia educativa y reducir la autonomía intelectual de los estudiantes.

El documento insiste en que las humanidades —filosofía, literatura, historia, artes— no son disciplinas accesorias, sino el núcleo que permite interpretar el mundo, cuestionarlo y dotarlo de significado. Frente a una IA capaz de generar respuestas rápidas y aparentemente coherentes, el manifiesto reivindica la lentitud del pensamiento crítico, la ambigüedad como espacio de aprendizaje y el error como parte indispensable del proceso educativo. En este sentido, alerta sobre el peligro de que los estudiantes utilicen la inteligencia artificial como sustituto del esfuerzo intelectual, debilitando su capacidad para argumentar, analizar y crear conocimiento propio.

Asimismo, el manifiesto propone una pedagogía renovada que no rechaza la inteligencia artificial, pero sí exige una integración consciente y crítica. La IA debe ser utilizada como apoyo, nunca como reemplazo del pensamiento humano. Esto implica rediseñar las metodologías educativas para priorizar habilidades que las máquinas no pueden replicar plenamente, como la empatía, el juicio ético, la interpretación contextual y la imaginación. En esta línea, coincide con otros enfoques humanistas que subrayan que la educación no puede reducirse a eficiencia o productividad, sino que debe cultivar la dimensión moral y relacional del ser humano.

Otro eje fundamental del texto es la defensa de la autonomía del profesorado. Los docentes no deben convertirse en meros supervisores de herramientas tecnológicas, sino seguir siendo guías intelectuales capaces de orientar el aprendizaje desde una perspectiva crítica. El manifiesto advierte que una adopción acrítica de la IA en el aula puede desplazar la autoridad pedagógica hacia sistemas automatizados diseñados por grandes corporaciones, lo que plantea riesgos no solo educativos, sino también políticos y culturales.

Más allá del concepto: el “tercer lugar” como infraestructura real de conexión social

Peinhardt, Katherine. “What Is a Third Place? Beyond the Buzzword to True Social Connection.Project for Public Spaces, 6 de marzo de 2026. Acceso al artículo

El artículo defiende que los terceros lugares no son simplemente espacios físicos, sino una forma de infraestructura social imprescindible. En ellos se construye comunidad, se combate la soledad y se fortalece la vida democrática. Su valor radica en algo aparentemente simple pero profundamente transformador: la posibilidad de encontrarse con otros y conversar.

El artículo parte de una constatación preocupante: el aumento de la soledad y el debilitamiento de los vínculos sociales en las sociedades contemporáneas. En este contexto, cobra relevancia el concepto de “tercer lugar” (third place), formulado por el sociólogo Ray Oldenburg para referirse a aquellos espacios distintos del hogar (primer lugar) y del trabajo (segundo lugar) donde se desarrolla la vida social cotidiana. Estos espacios —como cafés, parques, bibliotecas o mercados— son esenciales porque permiten encuentros informales, repetidos y voluntarios que sostienen el tejido comunitario.

Sin embargo, el texto advierte que el término se ha banalizado. No cualquier espacio público o comercial puede considerarse un verdadero tercer lugar. Para que lo sea, debe reunir ciertas condiciones: accesibilidad, regularidad, comodidad y, sobre todo, la posibilidad de conversación espontánea. El rasgo clave no es el diseño físico, sino lo que ocurre en él: la interacción social. Oldenburg subraya que la conversación es la actividad central, el medio a través del cual se construyen identidades, relaciones y sentido de pertenencia.

El artículo propone analizar los terceros lugares a través de un modelo que incluye “inputs” (condiciones necesarias), “actividades”, “outputs” (resultados medibles), “outcomes” (efectos sociales) e “impactos”. Entre los elementos fundamentales destacan la proximidad, la flexibilidad y la informalidad. No requieren necesariamente programación estructurada: basta con ofrecer un entorno donde la gente pueda encontrarse, permanecer y conversar. Elementos como los perros en un parque o el arte urbano pueden actuar como catalizadores de interacción —lo que se denomina “triangulación”— facilitando el inicio de conversaciones entre desconocidos.

En términos de resultados, un buen tercer lugar se reconoce porque genera hábitos de uso y comunidades de “habituales” (regulars). La repetición de encuentros favorece la confianza, la familiaridad y la construcción de relaciones duraderas. Además, estos espacios deben promover la mezcla social: cuanto más diversas sean las interacciones entre personas de distintos orígenes, mayor será su valor como auténticos lugares de comunidad.

Uno de los aportes más relevantes del texto es la idea de que los terceros lugares crean “capital social de puente” (bridging social capital), es decir, conexiones entre personas que no pertenecen al mismo entorno social. Esto implica una cierta “nivelación social”, donde jerarquías y diferencias pierden peso, facilitando relaciones más horizontales. Asimismo, generan fenómenos como la vigilancia informal (“ojos en la calle”), que contribuye a la seguridad y al cuidado colectivo del espacio.

El impacto de estos lugares trasciende lo social inmediato. El artículo destaca su papel en la salud física y mental, la cohesión social y la resiliencia comunitaria. Las comunidades con fuertes lazos sociales —sostenidos en parte por terceros lugares— responden mejor ante crisis como desastres naturales o pandemias. Además, estos espacios fomentan el debate cívico, la participación democrática y la circulación de ideas, elementos esenciales para sociedades abiertas y pluralistas.

Finalmente, el texto reflexiona sobre su declive en la actualidad. Factores como la comercialización, la falta de accesibilidad o los cambios en los hábitos de vida han reducido la disponibilidad de estos espacios. Frente a ello, se plantea la necesidad de preservarlos y reinventarlos, incorporando sus principios en nuevos entornos, tanto físicos como digitales. No obstante, advierte que no pueden crearse artificialmente de forma inmediata: su éxito depende del uso continuado, de la comunidad que los habita y de la calidad de las interacciones que allí se producen.

Marcelo Careaga presenta ¡Oh, Humanidad! El ocaso de los metarrelatos y las nuevas utopías. Planeta Biblioteca 2026/04/13.

Marcelo Careaga presenta ¡Oh, Humanidad! El ocaso de los metarrelatos y las nuevas utopías.

Planeta Biblioteca 2026/04/13.

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En esta ocasión visita nuestro Planeta Biblioteca Marcelo Careaga Butter, profesor titular de la Universidad Católica de la Santísima Concepción, para presentarnos su nuevo libro ¡Oh, Humanidad! El ocaso de los metarrelatos y las nuevas utopías. Se trata de un relato que aborda la transición cultural disruptiva que la humanidad está experimentando en los últimos tiempos, especialmente a partir de la eclosión de la inteligencia artificial generativa. Nunca antes los seres humanos habíamos tenido la oportunidad de resolver problemas mediante una administración tan eficaz de la información. El acceso y la representación de datos masivos —big data— están hoy al alcance de todos.

En este contexto, el valor de lo escrito en el libro no reside en los antecedentes antropológicos, históricos o culturales —ya ampliamente disponibles—, sino en la capacidad de gestionar un tipo de conocimiento que vincula las causas profundas de los grandes problemas humanos no resueltos con sus macroconsecuencias, aún vigentes en la actualidad. La obra ha sido concebida sin una pretensión antropológica, filosófica, histórica, ideológica, doctrinal, religiosa, política o cultural específica. Más bien, se presenta como un ejercicio de profunda autocrítica, impregnado de una mezcla de estupefacción y, paradójicamente, de una búsqueda urgente de esperanza.

Su propósito es estremecer conciencias y provocar una transformación en los patrones de comportamiento que han definido a la humanidad a lo largo de su historia. Porque, en última instancia, el llamado es claro: que cada persona se sienta interpelada a hacer su parte. Para ello, necesitamos mirarnos desde nuestra propia humanidad… y atrevernos a repensarlo todo.

La IA está cambiando la salud: esto es lo que debes saber.

Mashable Team. “AI Is Changing Health: Here’s What You Should Know.” Mashable, April 9, 2026. https://mashable.com/article/ai-health-news-regulation

La inteligencia artificial tiene un enorme potencial para democratizar el acceso a la salud y mejorar la eficiencia del sistema, pero su uso actual requiere vigilancia, regulación y una actitud informada por parte de los usuarios para evitar riesgos significativos.

la inteligencia artificial está transformando rápidamente el ámbito de la salud, tanto para profesionales como para usuarios. Cada vez más médicos utilizan herramientas de IA para tareas como la generación de notas clínicas, mientras que los pacientes recurren a chatbots y asistentes digitales para obtener información sobre su estado de salud. La aparición de servicios como ChatGPT Health o soluciones similares refleja una creciente demanda, impulsada en parte por el alto coste de la atención sanitaria y la falta de acceso a médicos, especialmente en contextos como el estadounidense.

Uno de los principales beneficios señalados es la posibilidad de reducir costes y mejorar el acceso a la atención médica. La IA puede facilitar diagnósticos tempranos, ofrecer respuestas inmediatas y ayudar a los pacientes a comprender mejor sus síntomas antes de acudir a consulta. Para muchas personas, especialmente aquellas sin seguro médico, estas herramientas representan una alternativa accesible. Sin embargo, los expertos insisten en que su valor depende en gran medida de que estén entrenadas con datos fiables y validados, evitando así la desinformación presente en Internet.

A pesar de sus ventajas, el artículo subraya importantes riesgos. Entre ellos destacan los problemas de privacidad, especialmente cuando los usuarios comparten datos médicos sensibles con plataformas tecnológicas, así como la falta de regulación clara. También preocupa la posibilidad de “alucinaciones” de la IA —respuestas incorrectas o inventadas— y la reproducción de sesgos médicos, lo que puede derivar en recomendaciones inadecuadas. Estudios recientes muestran que algunos sistemas pueden evaluar incorrectamente la gravedad de los casos, lo que refuerza la necesidad de cautela.

En este contexto, los especialistas recomiendan un uso crítico y prudente de estas herramientas: formular preguntas de manera clara, verificar las fuentes de información y contrastar siempre los resultados con profesionales sanitarios. La IA puede ser útil como complemento —incluso superior a una búsqueda tradicional en Internet—, pero no debe sustituir la atención médica humana, especialmente en situaciones graves o urgentes.

La crisis de la verdad en la era de la IA

Chaudry, Gia. “How the Internet Broke Everyone’s Bullshit Detectors.” WIRED, April 11, 2026. https://www.wired.com/story/how-the-internet-broke-everyones-bullshit-detectors/

La evolución reciente de Internet —marcada por la inteligencia artificial generativa, la lógica algorítmica de las plataformas y la limitación del acceso a fuentes verificables— ha erosionado profundamente nuestra capacidad colectiva para distinguir entre lo verdadero y lo falso. Ya no se trata simplemente de desinformación, sino de una transformación estructural del ecosistema informativo donde la velocidad, la estética y la viralidad pesan más que la veracidad.

Uno de los factores clave es la proliferación de contenido sintético generado por IA, capaz de producir imágenes y vídeos altamente convincentes en cuestión de horas. Este contenido no necesita ser duradero ni resistir un análisis profundo: basta con que circule rápidamente antes de que pueda ser verificado. En este contexto, la verdad llega tarde, mientras que la falsedad se beneficia de los mecanismos de amplificación de las redes sociales. La lógica del “engagement” prioriza aquello que impacta o emociona, independientemente de su fiabilidad.

El artículo subraya además un fenómeno especialmente preocupante: la aparición de manipulaciones “híbridas”. En estos casos, una imagen es casi completamente real, pero contiene pequeñas alteraciones —un detalle añadido, un objeto modificado— que cambian su significado. Estas falsificaciones son extremadamente difíciles de detectar, incluso para herramientas técnicas, ya que la mayor parte del contenido es auténtico. Este cambio rompe con la premisa tradicional de que una imagen es un registro fiel de la realidad.

A este problema se suma la creciente dificultad para acceder a fuentes primarias de verificación, como imágenes satelitales, cuya disponibilidad puede verse restringida por decisiones políticas o estratégicas. Esto limita la capacidad de periodistas, investigadores y analistas de contrastar hechos de forma independiente, creando un vacío que el contenido generado por IA puede ocupar fácilmente. En ese espacio de incertidumbre, la realidad ya no solo se interpreta: se compite por definirla.

El texto también advierte sobre el papel de los usuarios en la propagación de la desinformación. Los llamados “superdifusores” y el tráfico automatizado —que ya representa una parte significativa de la actividad en Internet— aceleran la circulación de contenidos sin verificación. Incluso los sistemas de detección de falsificaciones resultan insuficientes: ofrecen probabilidades, no certezas, y pueden fallar con frecuencia. Por ello, no pueden considerarse herramientas definitivas para determinar la verdad.

Frente a este panorama, el artículo propone un cambio de enfoque. Más que confiar exclusivamente en tecnologías de detección, sugiere apostar por sistemas de “proveniencia” que certifiquen el origen de los contenidos. Mientras estas soluciones no estén plenamente implementadas, la responsabilidad recae en el comportamiento del usuario: detenerse, verificar, rastrear el origen de la información y resistir la presión de compartir de forma impulsiva. En un entorno diseñado para la inmediatez, la pausa se convierte en una forma de resistencia cognitiva.

El artículo describe una transición hacia un entorno informativo donde la duda es constante y la certeza escasa. La pérdida de confianza no solo afecta a los contenidos, sino también a las instituciones y a los propios mecanismos de verificación. En este nuevo escenario, la alfabetización digital y el pensamiento crítico dejan de ser habilidades opcionales para convertirse en herramientas esenciales de supervivencia informativa.

Los estadounidenses siguen prefiriendo los libros impresos a las versiones digitales o en audio

Bishop, William. “Americans Still Opt for Print Books over Digital or Audio Versions; Few Are in Book Clubs.” Pew Research Center, 9 de abril de 2026. https://www.pewresearch.org/short-reads/2026/04/09/americans-still-opt-for-print-books-over-digital-or-audio-versions-few-are-in-book-clubs/

El estudio del Pew Research Center ofrece una panorámica actualizada sobre los hábitos de lectura en Estados Unidos, destacando la persistencia del libro impreso como formato dominante a pesar del crecimiento de las alternativas digitales.

Según los datos recogidos en una encuesta de 2025, el 75 % de los adultos estadounidenses afirma haber leído al menos un libro en el último año, lo que indica que la lectura sigue siendo una práctica ampliamente extendida. Sin embargo, el formato preferido continúa siendo el papel: aproximadamente dos tercios de la población han leído libros impresos, superando claramente a quienes consumen libros electrónicos o audiolibros.

El informe subraya que, aunque el uso de e-books y audiolibros ha crecido de forma significativa en la última década, este aumento no ha desplazado al libro tradicional. En 2025, un 31 % de los adultos declara haber leído libros electrónicos y un 26 % haber escuchado audiolibros, cifras que muestran una expansión sostenida desde 2011 pero que siguen siendo minoritarias frente al formato impreso. Además, en los últimos años se observa una cierta estabilización en estos hábitos, lo que sugiere que la convivencia entre formatos ha alcanzado un punto de equilibrio más que una sustitución progresiva.

El análisis también revela diferencias significativas según variables sociodemográficas. El nivel educativo es uno de los factores más determinantes: las personas con estudios universitarios presentan tasas de lectura mucho más elevadas que aquellas con menor formación. Asimismo, los jóvenes son más proclives a utilizar formatos digitales y audiolibros, mientras que los grupos de mayor edad mantienen una mayor fidelidad al libro impreso. También se observan diferencias por género y origen étnico, lo que pone de manifiesto que la lectura no es un hábito homogéneo, sino condicionado por factores sociales y culturales.

En cuanto a la intensidad lectora, el informe muestra una gran diversidad: mientras una parte de la población lee de forma ocasional (entre uno y cinco libros al año), existe un segmento significativo de lectores intensivos que supera los veinte libros anuales. Sin embargo, también destaca un dato relevante: un 25 % de los adultos declara no haber leído ningún libro en el último año, lo que evidencia la persistencia de desigualdades en el acceso y la práctica de la lectura.

Por último, el estudio señala que la participación en clubes de lectura es muy limitada. Solo un 7 % de los adultos afirma haber formado parte de uno en el último año, lo que contrasta con la amplitud general del hábito lector. Este dato sugiere que, aunque la lectura sigue siendo una actividad común, se practica mayoritariamente de forma individual y no tanto como una experiencia social organizada. En conjunto, el informe dibuja un panorama en el que el libro impreso mantiene su centralidad en la cultura lectora, coexistiendo con formatos digitales que, si bien han crecido, no han logrado sustituirlo.