Destruir libros para construir una mente artificial: Anthropic y el futuro de la lectura

Mancino, Francesca. “Destroying Books to Build a Mind.” The New Yorker, 8 de septiembre de 2026. https://www.newyorker.com/culture/the-lede/destroying-books-to-build-a-mind

Anthropic adquirió y digitalizó masivamente libros, incluso destruyendo físicamente algunos ejemplares, para utilizarlos en el entrenamiento de sus modelos de IA. El caso plantea un debate sobre copyright, preservación, transparencia y el futuro del libro, diferenciando entre conservar información y conservar realmente los libros como objetos culturales.

A principios de 2026, numerosos libreros de segunda mano estadounidenses y canadienses comenzaron a recibir pedidos masivos de libros extraños, especializados y de escasa demanda. Eran títulos sobre arquitectura, derecho, historia, ciencias sociales, literatura o incluso cuestiones muy específicas como el tratamiento de aguas residuales. Los pedidos procedían en ocasiones de sociedades de responsabilidad limitada con nombres poco reconocibles, lo que despertó la curiosidad de los vendedores. Una investigación permitió relacionar parte de estas compras con Anthropic, la empresa responsable de Claude. Los documentos judiciales posteriormente revelados permitieron conocer la existencia de Project Panama, una iniciativa cuyo objetivo era adquirir enormes cantidades de libros impresos para convertirlos en datos digitales destinados al entrenamiento de modelos de IA.

La particularidad del procedimiento es que se trataba de digitalización destructiva. Los libros se compraban físicamente, se les retiraba la encuadernación, las páginas se cortaban para facilitar su procesamiento y posteriormente se escaneaban industrialmente, mientras que el ejemplar físico era descartado. El artículo explica que esta técnica no es completamente nueva: determinadas bibliotecas y departamentos de preservación digital también desmontan libros para conseguir una digitalización más rápida y eficiente. La diferencia fundamental está en la escala y en el propósito. Anthropic pretendía obtener millones de páginas para alimentar sus sistemas de inteligencia artificial. En Princeton, por ejemplo, se ha optado deliberadamente por métodos de digitalización que permiten conservar los ejemplares físicos, aunque sean más costosos.

Uno de los matices importantes del reportaje es que la imagen de Anthropic destruyendo ejemplares únicos y valiosísimos de libros antiguos resulta más espectacular que la realidad documentada. Según la investigación de The New Yorker, los libreros consultados no identificaron una adquisición sistemática de libros verdaderamente antiguos o antiquarios. Muchos de los ejemplares tenían ISBN y eran publicaciones relativamente recientes, aunque con tiradas pequeñas y escasa circulación. Una lista de más de 600 títulos proporcionada por libreros mostró que buena parte correspondía a publicaciones académicas, especialmente de editoriales universitarias, y que abarcaban historia, biografía, ficción, poesía, crítica literaria, derecho y ciencias sociales. Precisamente estos libros especializados y poco populares pueden resultar especialmente valiosos para entrenar modelos de IA porque contienen conocimientos que difícilmente se encuentran en grandes corpus comerciales o en la web generalista.

Aquí aparece una de las cuestiones más interesantes del artículo: la IA puede estar rescatando digitalmente conocimientos que, de otro modo, permanecerían prácticamente invisibles, pero lo hace transformando los libros en materia prima para modelos computacionales. Algunos de los títulos adquiridos probablemente estaban destinados a quedar olvidados en almacenes, librerías de segunda mano o colecciones con muy poca circulación. Desde esta perspectiva, introducirlos en un modelo de IA puede aumentar enormemente su capacidad de supervivencia informativa. El problema es que esa preservación no equivale necesariamente a conservación cultural. El libro deja de existir como objeto accesible y pasa a convertirse en información procesada por una máquina, sin que investigadores, lectores o bibliotecas puedan necesariamente consultar o reconstruir el conjunto documental que alimentó al modelo.

El artículo aborda también la compleja cuestión de los derechos de autor y del uso legítimo (fair use). Anthropic se enfrentó a demandas por utilizar libros para entrenar sus modelos y en 2025 aceptó pagar 1.500 millones de dólares para resolver una demanda colectiva relacionada con infracciones de copyright. El juez William Alsup, sin embargo, distinguió entre determinadas prácticas ilícitas —como la descarga masiva de millones de copias pirateadas— y el uso de libros adquiridos legalmente para entrenar modelos. Según su interpretación, utilizar esas obras para entrenamiento de IA podía considerarse fair use, de manera comparable a cómo una persona lee libros y posteriormente utiliza lo aprendido para producir nuevos textos. También consideró legítimo que Anthropic destruyera ejemplares físicos comprados legalmente cuando los sustituía por copias digitales destinadas exclusivamente a su biblioteca interna.

Pero la legalidad no resuelve el problema cultural y bibliotecario. El artículo plantea una cuestión fundamental: ¿podemos llamar «biblioteca» a una colección creada exclusivamente para alimentar una inteligencia artificial? En una biblioteca tradicional, los libros se conservan para que puedan ser leídos, investigados, comparados y reinterpretados por personas. En el modelo de Anthropic, los libros se convierten esencialmente en datos destinados a ampliar la «memoria» y las capacidades lingüísticas del modelo. El resultado puede contener el conocimiento de millones de libros, pero los seres humanos no tienen necesariamente acceso directo a ese corpus ni pueden saber con precisión qué documentos contiene, cómo fueron procesados o de qué manera intervienen en las respuestas generadas por la IA.

Esta cuestión conduce directamente a la transparencia de los corpus de entrenamiento. Mike Furlough, director ejecutivo de HathiTrust, señala que existe un interés legítimo en conocer cómo se construyen estos conjuntos de datos. En el mundo académico, cuando un investigador desarrolla un modelo, se espera que indique qué fuentes ha utilizado para permitir la reproducibilidad y evaluación de su trabajo. La misma lógica debería plantearse para las herramientas de IA que utilizan millones de personas para investigar, estudiar o tomar decisiones. Si un sistema responde utilizando conocimiento extraído de cientos de miles o millones de libros, resulta relevante saber qué libros fueron utilizados, bajo qué condiciones, con qué criterios y con qué mecanismos de atribución.

El aspecto quizás más profundo del artículo tiene que ver con qué significa leer. La historiadora Leah Price recuerda que el libro ha sobrevivido a numerosas predicciones sobre su desaparición y ha demostrado una extraordinaria capacidad de adaptación tecnológica. Sin embargo, la inteligencia artificial introduce una diferencia importante: no se limita a cambiar el soporte del libro, sino que puede cambiar el propio proceso mediante el cual el conocimiento es leído y utilizado. Cuando una persona lee una novela, debe dedicar tiempo, interpretar, anticipar, relacionar ideas y construir significados. Cuando una IA procesa millones de libros, convierte ese universo textual en datos que posteriormente puede recombinar para generar respuestas. El riesgo, según la reflexión del artículo, es que la lectura humana sea sustituida progresivamente por una lectura maquínica cuyo objetivo no es comprender una obra en su totalidad, sino extraer información útil de ella.

La frase que resume mejor esta tensión es la idea de que «un libro no es simplemente un recipiente de frases». El orden de las frases, la estructura, el contexto, la materialidad, las anotaciones, la procedencia del ejemplar y la experiencia del lector forman parte de su significado. Cuando un libro se desmonta y se convierte en miles de imágenes o fragmentos de texto destinados al entrenamiento de una IA, puede conservarse su contenido lingüístico, pero pueden perderse muchas dimensiones de su existencia como objeto cultural. El artículo plantea así una distinción crucial entre preservar información y preservar libros: digitalizar un texto puede salvar sus palabras, pero no necesariamente conserva toda la experiencia intelectual, material e histórica asociada al ejemplar.

Desde la perspectiva de las bibliotecas y de la gestión del conocimiento, el artículo plantea un debate especialmente relevante. Durante décadas, las bibliotecas han digitalizado colecciones para facilitar su conservación, búsqueda y acceso. Ahora las grandes empresas de IA están realizando una operación parecida, pero con una finalidad diferente: convertir las colecciones documentales en infraestructura para construir modelos de inteligencia artificial. Esto obliga a replantear qué entendemos por preservación, acceso, propiedad, colección y biblioteca. La cuestión ya no es solamente quién posee un libro, sino quién posee los datos derivados de millones de libros y quién controla las infraestructuras capaces de transformar ese conocimiento en respuestas.

La inteligencia artificial ya interviene en un tercio del descubrimiento de información científica

Students studying in a library beside graphic reading “STUDY FINDS: AI NOW MEDIATES A THIRD OF SCHOLARLY INFORMATION DISCOVERY,” “33% AI-ASSISTED,” and labels for academic databases, articles, researchers, journals, and an AI neural network hub.

AI now mediates a third of scholarly information discovery, study finds”. Research Information (16 de julio de 2026), https://www.researchinformation.info/news/ai-now-mediates-a-third-of-scholarly-information-discovery-study-finds/

El artículo recoge los resultados de la primera fase del estudio Taming the Crocodile, impulsado por Kudos, que analiza cómo está cambiando la forma en que investigadores, estudiantes y bibliotecarios descubren información científica en un entorno cada vez más mediado por herramientas de inteligencia artificial.

El estudio revela un cambio profundo en las prácticas de búsqueda de información académica: aproximadamente un tercio del descubrimiento de información científica ya está mediado por la inteligencia artificial. La investigación combina encuestas realizadas a 11.500 investigadores y 200 bibliotecarios, además de un análisis de más de 300 fuentes. Uno de los datos más significativos es que uno de cada diez investigadores comienza directamente sus búsquedas en herramientas de IA, mientras que otro 25 % utiliza buscadores generales en los que las respuestas generadas por inteligencia artificial están cada vez más integradas. El fenómeno es todavía más intenso entre los investigadores que se encuentran en las primeras etapas de su carrera y entre quienes trabajan en organizaciones empresariales, donde el porcentaje que inicia sus búsquedas directamente mediante IA llega a duplicarse.

El problema no es únicamente que cambien los instrumentos de búsqueda, sino que muchos investigadores no son plenamente conscientes del papel que desempeña la IA en los resultados que reciben. El estudio señala que un 40 % de los investigadores cree que los resúmenes generados por IA que aparecen en los buscadores han sido elaborados o seleccionados por personas; entre los estudiantes esta percepción asciende al 46 %. Esta falta de comprensión tiene consecuencias prácticas: los bibliotecarios están observando que algunos usuarios solicitan artículos que en realidad no existen porque han recibido referencias bibliográficas alucinadas por sistemas de inteligencia artificial. Por tanto, la alfabetización en IA se convierte también en una cuestión de alfabetización informacional y científica: no basta con saber formular preguntas a un chatbot, sino que es necesario comprender cómo se generan las respuestas, de dónde proceden las fuentes y cómo comprobar su existencia y fiabilidad.

Otro aspecto especialmente relevante para las bibliotecas es que esta transformación puede estar modificando las propias formas de acceso y utilización de la literatura científica. Los bibliotecarios participantes en el estudio señalan una posible disminución del uso de las fuentes primarias, ya que los investigadores pueden quedarse con la síntesis o respuesta proporcionada por un sistema de IA sin llegar necesariamente al artículo original. Esto introduce una tensión importante porque las estadísticas tradicionales de uso continúan teniendo un peso considerable en decisiones como la renovación de suscripciones. Si los investigadores encuentran información a través de interfaces de IA y dejan de acceder directamente a los documentos originales, las métricas tradicionales podrían dejar de reflejar adecuadamente el verdadero impacto o valor de una colección científica.

El estudio también plantea una nueva responsabilidad para editores y proveedores de información científica. Los bibliotecarios reclaman mayor transparencia sobre la forma en que los contenidos editoriales son incorporados y representados por los sistemas de IA, así como criterios claros para la utilización de contenidos en el entrenamiento de modelos y en las nuevas formas de consulta mediante agentes de inteligencia artificial. En este escenario, ya no es suficiente con que un artículo esté correctamente indexado en una base de datos o sea recuperable mediante un buscador tradicional: las editoriales tendrán que conseguir que sus contenidos sean legibles, interpretables, atribuibles y correctamente representados por los sistemas de IA.

Una de las principales recomendaciones del informe es precisamente desarrollar contenidos “answer-ready”, es decir, preparados para ser comprendidos y utilizados por sistemas de inteligencia artificial. Esto implica utilizar estructuras claras, lenguaje comprensible, metadatos adecuados y mecanismos que permitan identificar inequívocamente autores, artículos, instituciones, resultados y fuentes. La segunda fase del proyecto se centrará precisamente en establecer buenas prácticas relacionadas con esquemas, metadatos y marcado estructurado, con el objetivo de mejorar la visibilidad de la investigación en los entornos de IA y, sobre todo, garantizar una correcta atribución.

Para las bibliotecas, el informe tiene una implicación especialmente importante: la alfabetización informacional debe evolucionar hacia una alfabetización crítica en inteligencia artificial. Los profesionales no solo tendrán que enseñar a localizar información en bases de datos, catálogos y buscadores, sino también a comprender cómo los sistemas de IA seleccionan, resumen y presentan el conocimiento. Esto incluye aprender a verificar referencias, rastrear una afirmación hasta su fuente original, distinguir entre una respuesta generada y una evidencia científica, reconocer posibles sesgos y comprender que una respuesta aparentemente convincente puede contener información falsa. El propio estudio recomienda desarrollar materiales educativos específicos para bibliotecarios e investigadores y establecer métodos para evaluar la visibilidad de los contenidos científicos en los sistemas de IA.

En definitiva, la IA está pasando de ser una herramienta complementaria para buscar información a convertirse en una nueva capa de intermediación del conocimiento científico. El cambio afecta simultáneamente a investigadores, bibliotecas, editoriales, autores y proveedores de información. La cuestión ya no es únicamente cómo conseguir que un artículo aparezca en Google Scholar, Scopus o Web of Science, sino también cómo conseguir que sea encontrado, interpretado y citado correctamente por los sistemas de inteligencia artificial. El estudio Taming the Crocodile apunta así hacia un nuevo escenario de comunicación científica en el que los metadatos, la trazabilidad, la atribución, la transparencia y la calidad de las fuentes adquieren una importancia todavía mayor.

Oxford University Press reclama una mayor claridad para declarar el uso de inteligencia artificial en la investigación

Oxford University Press (OUP). (2026, 10 de septiembre). Supporting researchers to disclose AI use with confidence. Oxford University Press. https://fdslive.oup.com/www.oup.com/Group_comms/pdf/Disclosing_AI_use_in_academic_research.pdf

Oxford University Press ha actualizado sus directrices para autores y editores sobre el uso responsable, apropiado y transparente de la inteligencia artificial, con el objetivo de ayudar a los investigadores a declarar con mayor seguridad cuándo y cómo han utilizado herramientas de IA durante sus procesos de investigación y publicación.

El informe muestra que la IA ya forma parte habitual del trabajo investigador. El 64 % de los investigadores afirma haberse beneficiado de su utilización, aunque únicamente el 20 % confía en los resultados generados por las herramientas de IA. Existe, por tanto, una actitud bastante pragmática: los investigadores encuentran utilidad en estas tecnologías, pero mantienen una considerable cautela respecto a su fiabilidad. Esta prudencia se refleja en que el 83 % comprueba las fuentes de las citas y el 80 % contrasta los resultados proporcionados por la IA, mientras que solo alrededor del 36 % conserva un registro de cómo ha utilizado estas herramientas durante su investigación.

Uno de los principales problemas identificados es precisamente la falta de claridad sobre qué usos de la IA deben declararse. El 74 % de los investigadores considera que existe una falta general de claridad sobre las situaciones que requieren divulgación, y un 44 % teme que declarar el uso de IA pueda afectar negativamente a la percepción que otros investigadores tengan de su trabajo. El informe señala así una tensión entre el creciente uso cotidiano de estas tecnologías y unas normas de transparencia que todavía están evolucionando. Algunos investigadores reclaman una declaración obligatoria y exhaustiva, mientras que otros prefieren distinguir entre usos aceptables e inaceptables o normalizar la IA como una herramienta más del proceso investigador.

La utilización de IA se concentra especialmente en determinadas fases de la investigación. Los usos más frecuentes son descubrir investigaciones existentes (55 %), resumir literatura científica (46 %) y editar los textos de investigación (45 %). También se emplea para generar ideas, diseñar investigaciones, analizar datos, programar, traducir, corregir textos y preparar solicitudes de financiación. En cuanto a las herramientas, los chatbots de IA disponibles en la web abierta son utilizados por el 68 % de los investigadores que emplean IA, mientras que la traducción automática alcanza aproximadamente al 49 %.

El estudio identifica además una importante infra-declaración del uso de IA en la comunicación científica. El 46 % de los autores de artículos de revista y el 39 % de los autores de libros reconocen que no habían declarado completamente el empleo de IA durante la preparación de sus manuscritos, especialmente cuando se utilizó para redactar textos. La situación también afecta a otros procesos: el 48 % de quienes prepararon solicitudes de financiación no había declarado completamente su utilización de IA, particularmente en redacción narrativa, traducción/edición y elaboración de resúmenes en lenguaje sencillo. Entre los revisores por pares, el 25 % tampoco había declarado completamente su uso, especialmente cuando recurrieron a IA para la edición lingüística.

El informe resulta especialmente interesante porque muestra que los investigadores no constituyen un grupo homogéneo frente a la IA. OUP identifica cinco perfiles: escépticos persistentes, que confían muy poco en la IA; conversos cautelosos, preocupados sobre todo por la falta de claridad de las normas; usuarios despreocupados, que utilizan las herramientas sin prestar demasiada atención a sus implicaciones; entusiastas comprometidos, que confían más en sus resultados y conocen mejor las herramientas disponibles; y pioneros frustrados, que obtienen importantes beneficios de la IA pero encuentran obstáculos relacionados con costes, créditos y carga administrativa.

Otro aspecto relevante es que una parte importante de los investigadores no utiliza IA deliberadamente. Entre quienes no la emplean, el principal motivo son las dudas sobre su exactitud, sesgos y fiabilidad (37 %). También aparecen preocupaciones éticas, morales y sociales (24 %), cuestiones relacionadas con la integridad académica (22 %), falta de utilidad para determinadas áreas de investigación (22 %) y preocupaciones medioambientales (20 %). Un 18 % expresa además temor a que la IA perjudique el pensamiento crítico y la calidad de la investigación.

En conjunto, el estudio plantea que el problema ya no consiste simplemente en si los investigadores utilizan IA, sino en cómo la utilizan, cómo verifican sus resultados y cómo documentan y comunican ese uso. La IA está modificando los procesos de búsqueda, análisis, escritura, traducción y revisión, pero las políticas institucionales y editoriales todavía no ofrecen siempre respuestas suficientemente claras. De hecho, el 45 % considera que la posición de su institución ante la IA es «mixta o poco clara», frente a un 43 % que percibe una actitud al menos parcialmente facilitadora.

El nuevo papel de las bibliotecas en la formación sobre inteligencia artificial

Yale Daily News. (2026). As digital checkouts soar, Los Angeles libraries pivot to AI education.” Yale Daily News, septiembre de 2026. Artículo original en Yale Daily News

La principal enseñanza es que la alfabetización en inteligencia artificial puede convertirse en una nueva forma de servicio bibliotecario, del mismo modo que en décadas anteriores las bibliotecas incorporaron la alfabetización informacional, Internet y las competencias digitales. Los Ángeles ofrece, por tanto, un modelo muy interesante para estudiar cómo las bibliotecas pueden contribuir a democratizar el conocimiento sobre IA y reducir las nuevas desigualdades que está generando esta tecnología.

Las bibliotecas públicas de Los Ángeles están adaptando su función educativa ante dos transformaciones simultáneas: el extraordinario crecimiento del consumo de contenidos digitales y la rápida incorporación de la inteligencia artificial generativa a la vida cotidiana. La Los Angeles Public Library se ha convertido en uno de los grandes referentes de la circulación digital: en 2024 superó por primera vez los 14 millones de préstamos digitales, consolidándose como la biblioteca pública con mayor número de préstamos digitales del mundo en la plataforma OverDrive. Este crecimiento evidencia que la biblioteca ya no puede entenderse únicamente como un espacio físico asociado al préstamo de libros impresos, sino como una infraestructura de acceso al conocimiento que funciona también a través de teléfonos, tabletas, ordenadores y plataformas digitales.

Sin embargo, el cambio que destaca el artículo va más allá de la digitalización de las colecciones. La biblioteca está empezando a asumir una nueva responsabilidad: ayudar a los ciudadanos a comprender, utilizar y evaluar críticamente la inteligencia artificial. La cuestión no consiste simplemente en enseñar a utilizar ChatGPT u otras herramientas generativas, sino en proporcionar conocimientos que permitan comprender cómo funcionan estas tecnologías, cuáles son sus limitaciones y qué problemas pueden plantear en términos de información, privacidad, sesgos, desinformación o fiabilidad. En este sentido, la alfabetización en IA aparece como una prolongación natural de la alfabetización informacional que históricamente han desarrollado las bibliotecas.

El caso de Los Ángeles resulta especialmente significativo porque muestra cómo la evolución de los hábitos de los usuarios está modificando las prioridades de los servicios bibliotecarios. Mientras los préstamos digitales alcanzan cifras récord, determinados materiales físicos —especialmente la no ficción— experimentan una disminución de circulación. La biblioteca no interpreta esta transformación como una pérdida de relevancia, sino como una oportunidad para redefinir su función. El acceso a libros electrónicos, audiolibros y otros recursos digitales constituye una primera fase de esta evolución; la siguiente consiste en ayudar a los ciudadanos a desenvolverse en un ecosistema informativo dominado cada vez más por algoritmos y sistemas de inteligencia artificial.

Esta estrategia tiene además una dimensión de equidad digital. La biblioteca pública puede desempeñar un papel fundamental para evitar que la inteligencia artificial genere una nueva brecha entre quienes disponen de conocimientos, dispositivos, suscripciones y formación para utilizarla y quienes quedan excluidos de estas posibilidades. Los servicios bibliotecarios proporcionan acceso gratuito a recursos digitales y formación, y pueden convertirse en espacios neutrales donde los ciudadanos aprendan no solo a utilizar una herramienta, sino también a cuestionar sus resultados, verificar información y tomar decisiones informadas. Esta función resulta especialmente relevante en una ciudad tan diversa como Los Ángeles, donde existen importantes diferencias económicas, educativas, lingüísticas y tecnológicas.

El caso también permite observar un cambio profundo en la concepción del bibliotecario como mediador del conocimiento. En el modelo tradicional, el profesional ayudaba al usuario a localizar, seleccionar y evaluar documentos; en el entorno de la IA generativa, esa función se amplía. El bibliotecario debe enseñar a formular preguntas, contrastar respuestas generadas por sistemas automáticos, identificar posibles errores o sesgos y recurrir a fuentes fiables cuando la IA no ofrece garantías suficientes. Por tanto, la alfabetización en IA no sustituye a la alfabetización informacional, sino que la hace todavía más necesaria.

Un aspecto especialmente interesante del caso de Los Ángeles es que demuestra que las bibliotecas públicas pueden abordar la inteligencia artificial desde una perspectiva educativa y ciudadana, y no exclusivamente tecnológica. No se trata de convertir las bibliotecas en centros de innovación tecnológica ni de incorporar IA simplemente porque sea una tendencia, sino de preguntarse qué necesitan realmente las comunidades. Desde esta perspectiva, los cursos, talleres, actividades de alfabetización digital y programas de orientación sobre IA pueden formar parte de una estrategia más amplia destinada a fortalecer la autonomía de los ciudadanos frente a un ecosistema informativo cada vez más automatizado.


BIBFRAME: una guía práctica para transformar la catalogación en datos enlazados

Library of Congress. BIBFRAME Primer: Reference Guide for Those Who Would Like to Implement the BIBFRAME Model and Vocabulary. Bibliographic Framework Initiative, 3 de septiembre de 2026. BIBFRAME Primer

La Library of Congress acaba de publicar el BIBFRAME Primer, una guía concebida como punto de partida para las bibliotecas y organizaciones que quieran comprender e implementar el modelo BIBFRAME y su vocabulario.

El documento pretende cubrir una necesidad que existía desde hace años: disponer de una explicación práctica que conecte los principios teóricos de BIBFRAME con situaciones reales de implementación. No pretende ser un manual cerrado ni exhaustivo, sino un documento vivo, que será ampliado y modificado conforme evolucione BIBFRAME y aparezcan nuevas experiencias de aplicación. 

Del registro bibliográfico al ecosistema de datos

La idea fundamental de BIBFRAME es superar el modelo tradicional de descripción bibliográfica basado en registros aislados y avanzar hacia un modelo de datos enlazados (Linked Data). En lugar de considerar un registro MARC como una unidad cerrada, BIBFRAME representa las entidades bibliográficas como recursos identificables en la Web y establece relaciones entre ellas mediante propiedades. De esta manera, autores, obras, ediciones, temas, organizaciones, lugares y otros elementos pueden convertirse en nodos conectados dentro de una red de información. 

Esto constituye uno de los cambios conceptuales más importantes para la catalogación: la información bibliográfica deja de estar pensada exclusivamente para ser interpretada por un sistema de gestión bibliotecaria y pasa a formar parte de la Web de datos.

Work, Instance e Item

Uno de los pilares del modelo BIBFRAME es la diferenciación entre diferentes niveles de una entidad bibliográfica. El modelo tradicional de BIBFRAME 2.0 distingue fundamentalmente entre Work, Instance e Item. Una Work representa el contenido o concepto intelectual de una creación; una Instance representa una determinada materialización o publicación de esa obra; y un Item identifica un ejemplar concreto. 

Por ejemplo, si pensamos en Don Quijote de la Mancha, la obra sería la creación literaria de Cervantes; una edición publicada por una determinada editorial en 2024 sería una Instance; y el ejemplar concreto que posee una biblioteca, con su código de barras y características particulares, sería un Item.

Esta separación permite representar con mucha mayor precisión las relaciones existentes entre diferentes ediciones, traducciones, formatos y ejemplares.

¿Por qué es importante frente a MARC?

BIBFRAME no debe entenderse simplemente como “un nuevo formato MARC”. Su propósito es modificar la manera en que se conciben y relacionan los datos bibliográficos. La Library of Congress plantea BIBFRAME como una base para el futuro de la descripción bibliográfica en la Web y como una vía de transición respecto de MARC 21. 

MARC está fundamentalmente orientado al intercambio de registros bibliográficos, mientras que BIBFRAME utiliza tecnologías de Linked Data para representar entidades y relaciones. Esto permite que los datos bibliográficos puedan integrarse más fácilmente con otros conjuntos de datos de la Web.

RDF, URI y Linked Data

El Primer también introduce los aspectos técnicos necesarios para comprender BIBFRAME, especialmente RDF, URI, datatypes y blank nodes. Estos elementos permiten construir las relaciones entre recursos y expresar los datos de una manera que pueda ser procesada por máquinas. El documento avanza desde los conceptos generales hacia cuestiones progresivamente más técnicas. 

La utilización de URI persistentes es particularmente importante porque permite identificar inequívocamente entidades. Así, una persona, una obra o un concepto no tiene que estar representado simplemente por una cadena de texto: puede estar identificado mediante un recurso Web que otros sistemas pueden reutilizar.

El papel de los vocabularios controlados

BIBFRAME también favorece la utilización de vocabularios y fuentes de autoridad externas. La Library of Congress dispone, por ejemplo, de id.loc.gov, que proporciona identificadores y vocabularios vinculados para autores, materias y otros elementos. La combinación de BIBFRAME con estos recursos permite construir descripciones mucho más ricas y conectadas. 

Esto tiene una consecuencia práctica muy importante: en lugar de escribir simplemente “Cervantes Saavedra, Miguel de”, el catálogo puede vincular esa persona con una identidad identificada de forma inequívoca. El mismo autor puede entonces conectarse con todas sus obras y con otras fuentes externas.

Un documento pensado para la implementación

Una de las características más interesantes del nuevo Primer es que no se limita a explicar la ontología. Incluye ejemplos reales y consideraciones de implementación, y aborda progresivamente las clases y propiedades más comunes de BIBFRAME antes de entrar en cuestiones específicas de determinados formatos. Finalmente, dedica una sección a aspectos relacionados con RDF y un apéndice al concepto de Hub. 

Esto lo convierte en un recurso especialmente útil para quienes trabajan en proyectos de transformación de catálogos, diseño de perfiles de aplicación, conversión MARC-BIBFRAME o creación de infraestructuras de datos bibliográficos enlazados.

BIBFRAME y la transición desde MARC

La publicación del Primer adquiere especial relevancia porque la Library of Congress continúa trabajando activamente en la transición hacia BIBFRAME. En 2026 ha seguido actualizando sus herramientas de conversión MARC 21 → BIBFRAME y BIBFRAME → MARC 21, mientras desarrolla herramientas de edición como Marva Quartz. 

Esto indica que BIBFRAME no es únicamente un proyecto experimental. La Library of Congress está desarrollando progresivamente un entorno de producción en el que los catalogadores pueden crear, editar y mantener datos BIBFRAME, manteniendo al mismo tiempo mecanismos para generar registros MARC cuando sea necesario para el intercambio con sistemas tradicionales. 

¿Qué significa para las bibliotecas?

El cambio tiene importantes implicaciones profesionales. El catalogador del futuro necesitará conocer no solo MARC, RDA o las reglas de descripción, sino también conceptos como Linked Data, RDF, URI, ontologías, identificadores persistentes, vocabularios controlados y modelado de datos.

La catalogación pasa así de una lógica centrada en “rellenar campos” a otra basada en identificar entidades, describirlas y establecer relaciones entre ellas.

Por ejemplo:

Modelo tradicional:

Cervantes, Miguel de. Don Quijote de la Mancha. Madrid: Editorial X, 2024.

Modelo BIBFRAME conceptual:

ObraDon Quijote de la Mancha

Autor → Miguel de Cervantes

Instancia → edición de Editorial X, 2024

Ejemplar → copia concreta de la biblioteca

Relaciones → autor, traducciones, materias, ediciones, formatos, identificadores externos…

El segundo modelo permite que cada elemento pueda conectarse con otros recursos y sistemas.

Una nueva etapa para los catálogos bibliotecarios

La publicación del BIBFRAME Primer representa, por tanto, un paso importante en la maduración del ecosistema BIBFRAME. La propia Library of Congress define BIBFRAME como una base para el futuro de la descripción bibliográfica en la Web y como una vía para preservar las ventajas del intercambio bibliográfico que históricamente ha proporcionado MARC. 

La idea esencial: BIBFRAME no consiste simplemente en sustituir MARC por otro formato. Supone cambiar la concepción del catálogo: de una colección de registros bibliográficos a una red de entidades, identificadores y relaciones que puede integrarse con la Web de datos. El nuevo Primer ofrece precisamente una hoja de ruta para comprender y llevar a la práctica ese cambio.

Referencias complementarias

Salud mental y redes sociales: los países endurecen las restricciones para proteger a los menores

Teenager holding a smartphone beside newspaper about social media rules for minors
A teenager considers social media safety while a parent reads about proposed protections for minors.

Servín, Alba. “Salud mental: ¿Por qué en algunos países están restringiendo el uso de redes sociales en menores?”. El Economista, 13 de agosto de 2026. Artículo original en El Economista

Los niños y adolescentes constituyen uno de los grupos de población más conectados. En México, por ejemplo, más del 90 % de los adolescentes utiliza Internet, mientras que, a escala mundial, los jóvenes de entre 15 y 24 años son el grupo de edad con mayor conectividad. Este nivel de exposición ha incrementado la preocupación por el tiempo que los menores pasan consumiendo contenidos digitales y, especialmente, por su acceso a contenidos que pueden no ser adecuados para su edad.

La cuestión ha dejado de plantearse exclusivamente como un problema de control parental. Cada vez más gobiernos consideran que las propias plataformas digitales deben asumir una responsabilidad en la protección de los menores. Por ello se está produciendo un desplazamiento desde las recomendaciones a las familias hacia leyes que establecen edades mínimas, sistemas de verificación y obligaciones para las empresas tecnológicas.

La preocupación por la salud mental

Uno de los argumentos centrales procede de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que ha advertido de un fuerte incremento del uso problemático y compulsivo de las redes sociales entre adolescentes y lo considera un factor relevante para la salud mental. El artículo relaciona este fenómeno con problemas como ansiedad, depresión, aislamiento social, trastornos del sueño, deterioro del rendimiento académico y dificultades relacionadas con la imagen corporal.

Especial importancia tiene la pérdida de sueño. El uso de redes sociales puede prolongarse durante la noche y sustituir horas de descanso, mientras que las notificaciones y la necesidad de comprobar continuamente nuevos contenidos dificultan la desconexión. El problema, por tanto, no sería únicamente cuántas horas utiliza un adolescente el móvil, sino qué actividades realiza, qué contenidos consume y hasta qué punto la plataforma está diseñada para mantenerlo conectado.

El diseño de las plataformas también está en el punto de mira

Este es uno de los aspectos más interesantes del artículo. La preocupación no se dirige únicamente al comportamiento de los jóvenes, sino al diseño tecnológico de las redes sociales. La OMS identifica mecanismos como el desplazamiento infinito, las notificaciones y los algoritmos destinados a retener la atención como elementos que pueden favorecer patrones de uso compulsivo.

Esto introduce una cuestión importante: si determinadas plataformas están construidas para maximizar el tiempo de permanencia y la interacción, ¿hasta qué punto puede responsabilizarse únicamente al menor de su utilización excesiva? El debate regulatorio comienza así a trasladarse desde el usuario hacia las propias empresas tecnológicas.

Ciberacoso, autolesiones y explotación

Los riesgos tampoco se limitan a la adicción. El artículo señala la exposición de los menores al ciberacoso, contenidos relacionados con autolesiones, abuso y explotación sexual en línea. La facilidad para acceder a determinados contenidos y la posibilidad de interactuar con desconocidos hacen que las redes sociales constituyan un entorno especialmente complejo para niños y adolescentes.

Por eso la discusión sobre la edad mínima no pretende únicamente reducir el tiempo de conexión. También busca retrasar la exposición de los menores a determinados riesgos digitales durante una etapa de desarrollo en la que todavía están adquiriendo herramientas para gestionar la presión social, la información y las relaciones digitales.

¿Qué están haciendo los diferentes países?

El artículo muestra que las respuestas son diversas:

  • Australia ha adoptado una de las medidas más contundentes: prohibición de las redes sociales para menores de 16 años en determinadas plataformas, acompañada de multas para las empresas que no impidan el acceso.
  • Francia ha establecido límites para menores de 15 años y ha introducido restricciones al uso de teléfonos móviles en los institutos.
  • Reino Unido está actuando también sobre las características potencialmente adictivas de las plataformas, además de establecer restricciones de acceso para menores.
  • En la Unión Europea, países como España, Dinamarca y Austria avanzan hacia sistemas que establecerían edades mínimas de acceso —aproximadamente entre 14 y 16 años— y mecanismos de verificación de edad.
  • En Estados Unidos, diferentes estados han aprobado sus propias normas; el artículo menciona específicamente Florida.
  • En Asia, países como Indonesia, Vietnam y Malasia han establecido restricciones para menores de 16 años. Vietnam presenta una fórmula particular: los menores pueden conservar cuentas, pero tienen limitaciones para publicar, comentar o reaccionar.
  • España aparece dentro de la tendencia europea hacia una regulación más estricta. El debate se centra especialmente en determinar una edad mínima y establecer mecanismos fiables de verificación de edad. El problema técnico y jurídico es considerable: no basta con declarar que un usuario tiene determinada edad; las plataformas necesitan mecanismos que permitan

Inteligencia Artificial competencias, marcos de referencia y el papel de las bibliotecas en la era de la IA. Planeta biblioteca 2026/09/10


Inteligencia Artificial competencias, marcos de referencia y el papel de las bibliotecas

Planeta Biblioteca 2026/09/10.

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La alfabetización en inteligencia artificial (IA) se ha consolidado como una competencia esencial del siglo XXI ante el impacto omnipresente de las tecnologías generativas en la sociedad actual. Más allá del mero uso instrumental, se configura como un fenómeno multidimensional que integra pilares técnicos, críticos, éticos y comunicativos indispensables para comprender los algoritmos y evaluar fenómenos como sesgos y alucinaciones. Diversos marcos internacionales, como los desarrollados por la UNESCO, EDUCAUSE y la ACRL, buscan estandarizar el desarrollo de estas competencias en los ámbitos educativo e investigador. En este escenario, las bibliotecas y sus profesionales emergen como agentes estratégicos y espacios de confianza clave para promover la formación ciudadana y garantizar el acceso equitativo y ético a la información. No obstante, la acelerada evolución tecnológica exige capacitar prioritariamente al propio personal bibliotecario para superar la brecha existente entre el uso cotidiano de las herramientas y su conocimiento profundo. Para dar respuesta a este desafío, se propone una estructura de aprendizaje articulada en tres dimensiones fundamentales: conceptual (fundamentos), práctica (experimentación y auditoría de resultados) y crítica (ética e impacto social).

Los artículos Gold OA reciben, en promedio, un 50 % más de citas que los publicados mediante Green OA o sin OA

Springer Nature. From access to impact: How open access shapes research reach, citations, and global visibility. Springer Nature, 2026 https://stories.springernature.com/from-access-to-impact-open-access-research/index.html

El nuevo informe de Springer Nature analiza si las ventajas asociadas al acceso abierto (open access, OA) se mantienen a medida que este modelo se ha generalizado y diversificado. Ocho años después de que Springer Nature estudiara por primera vez las ventajas del Gold OA, el nuevo análisis concluye que estas siguen siendo significativas frente a los artículos publicados mediante acceso cerrado y otras modalidades de acceso abierto. La investigación pretende determinar hasta qué punto la apertura del contenido científico continúa traduciéndose en mayor alcance, visibilidad e impacto académico.

Este informe técnico analiza el efecto de las distintas vías de acceso abierto (OA) en el alcance y el impacto de los artículos publicados en revistas híbridas. Los datos revelan que, ocho años después de nuestro primer estudio importante sobre el tema, los artículos en acceso abierto «oro» (gold OA) siguen presentando una ventaja considerable —medida en términos de descargas, citas y la puntuación de atención Altmetric— frente a los artículos que no son de acceso abierto y a los de acceso abierto «verde» (green OA).

El análisis de 204.781 artículos publicados en 1.812 revistas híbridas de Springer Nature durante 2023 también demuestra cómo el acceso abierto «oro» puede acelerar el ritmo de descargas a lo largo del tiempo y diversificar la procedencia geográfica de los lectores, lo que se traduce en un impacto más rápido y una mayor equidad en el acceso.

Uno de los resultados más destacados es que los artículos publicados en Gold OA alcanzan una difusión considerablemente superior. Según el informe, reciben casi siete veces más descargas por artículo que los trabajos que no están disponibles en acceso abierto. Esta diferencia resulta especialmente relevante porque las descargas constituyen un indicador del alcance potencial de la investigación: cuanto más fácilmente puede accederse a un artículo, mayores son las posibilidades de que sea leído, utilizado, citado y reutilizado por investigadores y otros profesionales.

El estudio también encuentra una ventaja en términos de impacto científico. Los artículos Gold OA reciben, en promedio, un 50 % más de citas que los publicados mediante Green OA y que los artículos sin acceso abierto. El dato refuerza la hipótesis de que eliminar las barreras de acceso no solo aumenta la visibilidad de las publicaciones, sino que puede favorecer su incorporación a nuevas investigaciones y ampliar su influencia dentro de la comunidad científica.

Otro aspecto particularmente interesante es la dimensión de equidad global. Los artículos Gold OA registran más de ocho veces más descargas en países de bajos ingresos y más de siete veces más en países de ingresos medianos-bajos que los artículos no disponibles en abierto. Esto muestra que el acceso abierto puede contribuir a reducir las desigualdades existentes en el acceso al conocimiento científico, especialmente para investigadores e instituciones que cuentan con recursos económicos limitados para suscribirse a grandes paquetes de revistas científicas.

El informe sostiene que el Gold OA mantiene una ventaja clara incluso en un escenario en el que el acceso abierto se ha convertido en una parte habitual del sistema de comunicación científica. Sus conclusiones coinciden además con análisis recientes de STM, que señalan al Gold OA como uno de los principales motores del crecimiento del acceso inmediato y gratuito a la investigación. Para universidades, bibliotecas e investigadores, el estudio refuerza la importancia estratégica de las políticas de ciencia abierta y de facilitar que los resultados de investigación sean accesibles al mayor número posible de lectores.

Alfabetización e inteligencia artificial: recuperar la confianza en nuestro futuro

Foro sobre alfabetización e inteligencia artificial; “Recuperar la confianza en nuestro futuro”

Library Journal. “Literacy, AI, and the Shock of Faith in Our Future.” Library Journal, 2026. Artículo original en Library Journal

Se plantea que el verdadero desafío de la IA no es simplemente aprender a utilizar ChatGPT u otras herramientas, sino preservar y reforzar las capacidades que permiten a las personas orientarse en un ecosistema informativo cada vez más complejo. Para las bibliotecas, esto supone una oportunidad para situarse nuevamente en el centro de la educación ciudadana: promover lectura crítica, pensamiento independiente, verificación de información y una alfabetización en IA que permita afrontar el futuro con conocimiento, autonomía y confianza.

Una reflexión sobre la relación entre alfabetización, inteligencia artificial y futuro, partiendo de la idea de que cada gran transformación tecnológica modifica también nuestra manera de acceder al conocimiento, leer, pensar y relacionarnos con la información. La llegada de la IA generativa representa un cambio especialmente profundo porque no solo facilita el acceso a contenidos, sino que puede producir textos, imágenes, respuestas y explicaciones que antes requerían una intervención humana directa. Ante esta transformación, la alfabetización ya no puede limitarse a saber leer y escribir o a manejar herramientas digitales: debe incluir la capacidad de comprender cómo funcionan estas tecnologías, valorar críticamente sus resultados y reconocer sus limitaciones.

Uno de los planteamientos centrales es que la IA no debería conducir al abandono de las capacidades humanas asociadas a la lectura, la reflexión y el pensamiento crítico. El acceso inmediato a respuestas generadas por máquinas puede resultar extraordinariamente útil, pero también puede crear una dependencia que reduzca el esfuerzo necesario para investigar, comparar fuentes, construir argumentos y elaborar conocimiento propio. En este contexto, la alfabetización adquiere una dimensión todavía más importante: enseñar a las personas no solamente a obtener información, sino a preguntarse de dónde procede, qué evidencias la sustentan, qué sesgos puede contener y qué grado de confianza merece.

Desde la perspectiva de las bibliotecas, el debate resulta especialmente significativo. Las bibliotecas han desempeñado históricamente un papel fundamental en la democratización del acceso al conocimiento y en la formación de ciudadanos capaces de utilizar la información de manera autónoma. La expansión de la IA amplía esa responsabilidad: los bibliotecarios deben ayudar a los usuarios a comprender los sistemas generativos, evaluar sus respuestas, detectar información falsa o inventada, contrastar referencias y mantener una relación crítica con los algoritmos. La alfabetización en IA aparece así como una prolongación natural de la alfabetización informacional y mediática.

El texto invita también a superar una visión exclusivamente negativa de la tecnología. La IA puede generar incertidumbre, pérdida de confianza y temor ante el futuro, pero también puede abrir posibilidades extraordinarias para el aprendizaje, la investigación y el acceso al conocimiento. El desafío consiste en evitar tanto el rechazo indiscriminado como una confianza ciega en las máquinas. Para ello es necesario construir una cultura en la que las personas comprendan que la tecnología es una herramienta poderosa, pero que la responsabilidad última sobre la interpretación, las decisiones y el uso del conocimiento continúa siendo humana.

Desde 2015, la libertad académica ha disminuido en 50 países

Visual Capitalist. “Mapped: Which Countries Have the Most Academic Freedom? Visual Capitalist, 2026. Artículo original en Visual Capitalist

Desde 2015, la libertad académica ha disminuido en 50 países, mientras que solo nueve han registrado mejoras, reflejando un deterioro global de la autonomía universitaria.
Chequia ocupa el primer puesto mundial, mientras Myanmar y Nicaragua se encuentran entre los países con menor libertad académica

El artículo presenta un mapa mundial de la libertad académica, entendida como el grado en que investigadores, profesores y estudiantes pueden desarrollar su actividad intelectual sin interferencias políticas, institucionales o ideológicas indebidas. El análisis pone de relieve que existen diferencias muy importantes entre países y que la libertad para investigar, enseñar, publicar y debatir constituye un componente esencial de unas sociedades democráticas y de unos sistemas universitarios capaces de producir conocimiento de manera independiente. Visual Capitalist incluye este trabajo dentro de sus contenidos sobre educación y clasificaciones internacionales.

La libertad académica no se limita a la posibilidad formal de acceder a una universidad o publicar investigaciones. Incluye aspectos como la autonomía de las instituciones, la libertad de investigación y enseñanza, la posibilidad de expresar opiniones académicas, la ausencia de censura y la protección frente a presiones políticas. Por ello, su situación sirve también como indicador de la salud democrática y de la capacidad de una sociedad para generar conocimiento crítico. Cuando estas libertades se deterioran, también pueden verse afectados la investigación científica, la innovación, la educación superior y el debate público.

El mapa resulta especialmente relevante porque muestra que la libertad académica no está distribuida de manera homogénea en el mundo. Los países con instituciones democráticas consolidadas y una fuerte autonomía universitaria tienden a presentar mejores condiciones, mientras que en contextos autoritarios o con una creciente interferencia política sobre las universidades la libertad académica puede encontrarse mucho más limitada. Visual Capitalist también recoge una clasificación específica sobre los países que han experimentado los mayores retrocesos en libertad académica, lo que evidencia que no se trata de una condición permanente y que puede deteriorarse con el tiempo.

El asunto tiene una especial importancia en el contexto actual de inteligencia artificial, desinformación y polarización política. La universidad y las bibliotecas necesitan espacios en los que sea posible contrastar ideas, cuestionar afirmaciones, acceder a fuentes diversas y desarrollar investigaciones incluso cuando sus resultados sean incómodos para gobiernos, empresas o grupos de presión. La libertad académica constituye, por tanto, una condición previa para el desarrollo del pensamiento crítico y para que la información científica pueda desempeñar su función social.

El mapa de Visual Capitalist permite entender la libertad académica como un indicador estratégico de la calidad de los sistemas educativos y científicos. Protegerla significa garantizar que investigadores, profesores y estudiantes puedan preguntar, investigar, publicar y debatir sin temor a represalias. En una época marcada por la expansión de la IA y por la circulación masiva de información falsa, disponer de universidades y bibliotecas intelectualmente libres resulta todavía más importante para preservar una cultura basada en la evidencia, el conocimiento y el pensamiento crítico.