Entrevista con Luis Mayol, bajista de Vargas Blues Band. Viviendo en la era pop 2026/05/21

Entrevista con Luis Mayol, bajista de Vargas Blues Band

Viviendo en la era pop 2026/05/21

ESUCHAR

Descargar

La entrevista a Luis Mayol para el programa “Viviendo en la era pop” de Radio USAL recorre la trayectoria del músico argentino afincado en España, desde sus comienzos en el rock argentino hasta su consolidación como bajista, cantante y compositor en la Vargas Blues Band, una de las formaciones de blues-rock más importantes del ámbito hispano. A lo largo de la conversación, Mayol reflexiona sobre la relación entre el blues y el tango, dos géneros que fusiona con naturalidad en proyectos como Mayol Tango Trío, donde actualiza el tango desde una perspectiva contemporánea sin perder su carga emocional. También analiza los cambios vividos por la música en la era digital, el impacto del streaming y la inteligencia artificial, reivindicando el valor de la experiencia humana y la autenticidad sobre el escenario. La entrevista muestra además su visión de la música como un lenguaje de emoción, improvisación y conexión profunda con el público, fruto de décadas de escenarios compartidos entre Argentina y España.

La ciencia ante la avalancha de “AI slop”

Peters, Jay. 2026. “AI Research Papers Are Getting Better, and It’s a Big Problem for Scientists.” The Verge, mayo de 2026. https://www.theverge.com/ai-artificial-intelligence/930522/ai-research-papers-slop-peer-review-problem

Se analiza una creciente preocupación dentro de la comunidad científica internacional: la expansión de artículos académicos generados parcial o totalmente mediante inteligencia artificial y el impacto que este fenómeno está teniendo sobre el sistema de revisión por pares. Lo que hace apenas dos años se identificaba fácilmente como “AI slop” —textos plagados de errores, referencias inventadas y frases incoherentes— ha evolucionado rápidamente hacia trabajos aparentemente sofisticados, bien redactados y difíciles de detectar incluso para expertos. Investigadores y editores científicos advierten que la automatización masiva de la escritura académica amenaza con saturar los mecanismos tradicionales de validación científica.

El reportaje explica que los modelos de lenguaje actuales son capaces de producir artículos completos en cuestión de minutos utilizando bases de datos públicas, gráficos automatizados y síntesis bibliográficas generadas algorítmicamente. Herramientas agentivas de IA permiten ya redactar hipótesis, construir marcos teóricos, producir análisis estadísticos e incluso responder automáticamente a comentarios de revisores. El problema no reside únicamente en la existencia de errores, sino en la enorme escala de producción. Según varios investigadores citados, la IA puede generar trabajos mucho más rápido de lo que los científicos humanos pueden leerlos o evaluarlos.

Uno de los aspectos más preocupantes es el deterioro progresivo del sistema de revisión por pares, históricamente considerado uno de los pilares de la credibilidad científica. Revisores y editores describen un entorno cada vez más difícil de gestionar debido al incremento de manuscritos redundantes, superficiales o engañosos. El artículo señala que muchos de estos textos utilizan lenguaje técnico convincente y estructuras académicas correctas, pero aportan escaso valor científico real. Esto obliga a los revisores a invertir más tiempo verificando datos, referencias y metodologías. La carga de trabajo se multiplica mientras la calidad media de las contribuciones disminuye.

La situación ha llevado a plataformas científicas a adoptar medidas drásticas. El repositorio científico arXiv anunció recientemente que prohibirá durante un año a los autores que publiquen trabajos con evidencia clara de contenido generado por IA no verificado, incluyendo referencias inventadas o comentarios residuales dejados por modelos lingüísticos. Además, quienes sean sancionados deberán demostrar posteriormente que sus investigaciones han sido aceptadas en publicaciones revisadas por pares antes de poder volver a subir artículos a la plataforma. Esta decisión refleja la preocupación institucional por preservar la confianza y la integridad académica en un contexto de creciente automatización textual.

El artículo también subraya que la crisis no puede entenderse únicamente como un problema tecnológico, sino como una consecuencia de las propias dinámicas estructurales del sistema académico contemporáneo. La presión por publicar, conseguir financiación y mantener productividad científica favorece comportamientos donde la cantidad de publicaciones se valora más que la calidad o la originalidad. La IA amplifica estas dinámicas al reducir drásticamente el coste y el tiempo necesarios para producir artículos. Algunos expertos comparan la situación con una “tragedia de los comunes”: cada investigador obtiene beneficios individuales al aumentar su productividad mediante IA, pero colectivamente el ecosistema científico se degrada debido a la saturación y pérdida de confianza.

Otro problema destacado es la aparición de errores sofisticados difíciles de detectar. Investigaciones recientes muestran que incluso conferencias científicas de alto prestigio han aceptado trabajos con referencias completamente inventadas generadas por IA. Estos fallos no siempre resultan evidentes porque los modelos producen citas plausibles, nombres verosímiles y estructuras metodológicas aparentemente coherentes. El riesgo no es solo la publicación de investigaciones deficientes, sino la contaminación progresiva del propio ecosistema científico con datos falsos, referencias inexistentes y conocimiento difícilmente verificable.

Paradójicamente, mientras algunos sectores intentan frenar el “AI slop”, otros comienzan a utilizar inteligencia artificial para aliviar precisamente la crisis de revisión. Algunos proyectos experimentales, como los desarrollados en conferencias de inteligencia artificial, ya emplean sistemas automatizados capaces de revisar miles de artículos en menos de un día. Sus defensores argumentan que la IA puede detectar errores técnicos y debilidades metodológicas con gran rapidez, aunque críticos advierten de que esto puede generar revisiones homogéneas, sesgadas y fácilmente manipulables mediante ajustes estilísticos. El debate gira así en torno a una paradoja creciente: utilizar IA para controlar los problemas creados por la propia IA.

Las reacciones en comunidades académicas y tecnológicas reflejan una mezcla de alarma, resignación y escepticismo. En foros como Reddit, numerosos investigadores consideran que el problema no se limita a los modelos lingüísticos, sino a un sistema científico que ya estaba sobrecargado antes de la llegada de la IA generativa. Algunos usuarios sostienen que el verdadero riesgo es que el volumen de textos automatizados haga imposible distinguir entre investigación genuina y producción mecánica. Otros creen que la crisis obligará a replantear prácticas fundamentales de evaluación científica, desde la verificación de referencias hasta la exigencia de compartir datos experimentales completos.

La inteligencia artificial no solo está transformando la manera de escribir artículos científicos, sino que está alterando profundamente los mecanismos de validación del conocimiento académico. La revisión por pares, concebida históricamente como filtro de calidad y garantía de rigor, enfrenta ahora un escenario donde la producción automatizada amenaza con superar la capacidad humana de evaluación. El desafío ya no consiste únicamente en detectar textos generados por IA, sino en redefinir qué significa producir conocimiento fiable en una época dominada por la automatización intelectual.

Un estudio revela que los estudiantes aprenden menos y obtienen mejores calificaciones gracias a la IA.

Gizmodo. 2026. “Students Are Learning Less and Getting Higher Grades Because of AI, Study Finds.” Gizmodo, mayo de 2026. https://gizmodo.com/students-are-learning-less-and-getting-higher-grades-because-of-ai-study-finds-2000758844

Esta investigación muestra que la irrupción de la inteligencia artificial está transformando radicalmente la educación superior. La cuestión ya no es únicamente si los estudiantes usan IA, sino cómo las universidades pueden garantizar que el aprendizaje auténtico, el pensamiento crítico y el desarrollo de habilidades sigan siendo el centro del proceso educativo en una época en la que la automatización intelectual se vuelve cada vez más accesible y sofisticada.

El estudio distingue tres formas principales de utilización de la IA en el ámbito educativo. La primera es la “augmentación”, donde la IA sirve como apoyo para investigar o estructurar ideas mientras el estudiante sigue realizando el trabajo intelectual central. La segunda implica la aparición de nuevas tareas mediadas por IA. La tercera, considerada la más problemática, es el “desplazamiento”, en el que la herramienta automatiza casi por completo el trabajo que antes realizaba el estudiante, como redactar ensayos o resolver ejercicios complejos. Según Chirikov, las dos primeras modalidades pueden contribuir al aprendizaje, pero la tercera conduce a una erosión real de competencias y conocimientos.

La investigación señala que las tareas realizadas fuera del aula —ensayos, trabajos domiciliarios y ejercicios de programación— son especialmente vulnerables a este fenómeno. En cambio, los exámenes presenciales, las exposiciones orales o los debates en clase resultan más difíciles de sustituir mediante IA. Esto está llevando a muchas instituciones a replantearse sus métodos de evaluación. El artículo menciona que en Princeton University se debate modificar un histórico código de honor para supervisar más estrictamente los exámenes, mientras que en Harvard University se estudian límites al porcentaje de sobresalientes concedidos en cada asignatura.

Uno de los aspectos más inquietantes del informe es la posible creación de un círculo vicioso entre educación y automatización laboral. El estudio sostiene que, si la IA sustituye las tareas fundamentales mediante las cuales los estudiantes desarrollan habilidades cognitivas y profesionales, las futuras generaciones podrían incorporarse al mercado laboral con capacidades más débiles precisamente en aquellos ámbitos donde la IA ya es más competente. Esto incrementaría aún más la dependencia de sistemas automatizados dentro del trabajo cotidiano. Chirikov advierte que podría generarse una fuerza laboral incapaz de desempeñar funciones básicas sin apoyo algorítmico, acelerando así procesos de automatización masiva.

El debate ha generado una intensa reacción pública y académica. En foros como Reddit, numerosos docentes y estudiantes sostienen que el problema no es solo la existencia de la IA, sino un sistema educativo basado excesivamente en calificaciones y tareas fácilmente automatizables. Algunos participantes consideran que las universidades no han logrado detectar eficazmente el uso de IA y que los estudiantes han aprendido rápidamente a utilizar estas herramientas para obtener mejores resultados académicos. Otros subrayan que el reto ya no consiste únicamente en prohibir la IA, sino en rediseñar completamente las formas de evaluación para que demuestren competencias reales y no simplemente habilidad para generar prompts eficaces.

El artículo conecta además con otras investigaciones recientes que muestran efectos similares sobre el aprendizaje. Estudios citados por Gizmodo sugieren que quienes utilizan modelos lingüísticos para aprender desarrollan conocimientos más superficiales que quienes realizan búsquedas tradicionales y sintetizan información por sí mismos. Los investigadores consideran que la facilidad y rapidez de las respuestas generadas por IA reduce el esfuerzo cognitivo necesario para construir comprensión profunda.

El poder transformador de los espacios públicos y el placemaking comunitario

Project for Public Spaces. Impact Report 2025. New York: Project for Public Spaces, 2025. Disponible en: Project for Public Spaces – Impact Report 2025

Los espacios públicos constituyen una herramienta esencial para afrontar muchos de los grandes desafíos contemporáneos: desigualdad, soledad, deterioro ambiental, debilitamiento democrático y pérdida de cohesión comunitaria. Para PPS, invertir en espacios públicos significa invertir en salud social, cultura cívica y calidad de vida. La organización plantea que las ciudades del futuro deberán construirse desde la proximidad, la participación y el cuidado colectivo, situando a las personas y a sus relaciones en el centro de la planificación urbana.

El informe Impact Report 2025 de Project for Public Spaces constituye una amplia reflexión sobre el papel estratégico de los espacios públicos en la construcción de comunidades más cohesionadas, sostenibles y participativas. La organización, fundada en 1975 y considerada una de las principales impulsoras del concepto de placemaking, presenta en este documento una síntesis de sus iniciativas, programas y resultados alcanzados durante el año, coincidiendo además con el cincuentenario de la institución.

El informe parte de una idea fundamental: los espacios públicos no son simplemente infraestructuras urbanas, sino auténticos motores de convivencia democrática, bienestar social y regeneración urbana. Desde esta perspectiva, PPS defiende que plazas, mercados, parques, calles y bibliotecas pueden actuar como “infraestructuras sociales” capaces de reducir el aislamiento, estimular la economía local y fortalecer la identidad colectiva de los barrios. Esta visión se inserta en la tradición del placemaking, una metodología participativa que sitúa a la ciudadanía en el centro del diseño y la gestión de los espacios urbanos.

Uno de los aspectos más destacados del informe es la insistencia en la dimensión humana de las ciudades. Frente a modelos urbanos excesivamente tecnocráticos o centrados en el tráfico y la rentabilidad inmobiliaria, PPS reivindica entornos diseñados para la interacción social y la vida cotidiana. El documento explica cómo los espacios bien planificados favorecen la seguridad percibida, incrementan la actividad económica de proximidad y promueven la inclusión intergeneracional y multicultural. En numerosos proyectos desarrollados durante el año, la organización trabajó junto a gobiernos locales, asociaciones vecinales, artistas, comerciantes y colectivos comunitarios para transformar espacios infrautilizados en lugares activos y acogedores.

El informe presta especial atención a los mercados públicos como centros neurálgicos de cohesión social y resiliencia económica. PPS subraya que estos espacios no solo cumplen funciones comerciales, sino que también operan como lugares de encuentro, intercambio cultural y fortalecimiento del tejido local. En este contexto se menciona la relevancia de iniciativas internacionales como la International Public Markets Conference, celebrada en Milwaukee, donde expertos y gestores urbanos debatieron sobre la capacidad de los mercados para combatir la soledad, apoyar a pequeños productores y revitalizar comunidades enteras. El documento destaca además el impacto económico tangible de estos encuentros y proyectos, mostrando cómo el urbanismo centrado en las personas puede generar beneficios sociales y financieros simultáneamente.

Otro eje importante del informe es la participación ciudadana. PPS considera que la calidad de un espacio público depende directamente del grado de implicación de quienes lo utilizan. Por ello, muchas de las iniciativas descritas en el documento se basan en metodologías colaborativas donde residentes y usuarios participan activamente en la identificación de problemas y en la elaboración de soluciones. Esta filosofía busca superar el urbanismo vertical tradicional para construir procesos más inclusivos y democráticos. El informe conecta esta idea con investigaciones recientes sobre evaluación participativa de espacios públicos mediante plataformas digitales y herramientas colaborativas.

En el plano social, el informe enfatiza la necesidad de combatir el aislamiento y la fragmentación comunitaria. PPS argumenta que la crisis de la vida pública contemporánea —agravada por la pandemia, la polarización política y la digitalización excesiva— hace más necesario que nunca recuperar lugares físicos de encuentro. Los espacios públicos aparecen así como escenarios esenciales para reconstruir vínculos sociales y generar confianza entre ciudadanos diversos. El documento recoge experiencias donde plazas, parques o centros comunitarios se convierten en lugares para la conversación, la cultura, el aprendizaje informal y la cooperación cívica.

Dentro de esta lógica, el informe concede un valor especial a los llamados “terceros espacios”, es decir, lugares distintos del hogar y del trabajo donde las personas pueden relacionarse libremente. Esta idea conecta directamente con el creciente reconocimiento de las bibliotecas como espacios públicos multifuncionales y centros de convivencia cultural. Diversos análisis asociados al ecosistema de PPS destacan precisamente la capacidad de las bibliotecas contemporáneas para actuar como nodos de inclusión, aprendizaje y participación ciudadana.

El documento también aborda la sostenibilidad urbana y climática. PPS defiende que los espacios públicos desempeñan un papel crucial en la adaptación de las ciudades al cambio climático mediante infraestructuras verdes, zonas peatonales y entornos que favorecen la movilidad activa. Los proyectos desarrollados incluyen jardines urbanos, plazas verdes y estrategias para recuperar espacios degradados, integrando objetivos ambientales con necesidades sociales y culturales. La organización sostiene que el urbanismo del futuro debe ser simultáneamente ecológico y comunitario.

En términos institucionales, el informe refleja la expansión internacional de la influencia de PPS. La organización continúa desarrollando redes globales de colaboración, programas formativos, conferencias y recursos educativos destinados a profesionales del urbanismo, gestores culturales, bibliotecarios, arquitectos y activistas comunitarios. El documento insiste en que el conocimiento sobre los espacios públicos debe compartirse de manera abierta y colaborativa, fortaleciendo una comunidad internacional comprometida con ciudades más humanas y participativas.

Cajal y la emoción de los libros: encuentros y desencuentros literarios de Santiago Ramón y Cajal

Sánchez Ron, José Manuel. Cajal y la emoción de los libros: encuentros y desencuentros literarios de Santiago Ramón y Cajal. Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 2024. . ISBN 978-84-00-11274-5.

eBook gratuito

Este libro del historiador de la ciencia José Manuel Sánchez Ron propone una lectura profundamente humanista de la figura de Santiago Ramón y Cajal, situándolo no solo como el gran renovador de la neurociencia moderna, sino también como un lector apasionado y un autor con una intensa relación con la literatura.

La obra parte de la idea de que Cajal no puede entenderse únicamente desde su contribución científica —la formulación de la doctrina neuronal que transformó la comprensión del sistema nervioso—, sino también desde su diálogo constante con los libros, las corrientes intelectuales de su tiempo y su propia producción literaria. En este sentido, el volumen reconstruye una figura compleja en la que ciencia y literatura no aparecen como ámbitos separados, sino como espacios interconectados que alimentan su pensamiento, su estilo y su visión del mundo.

El estudio se apoya de manera significativa en textos autobiográficos como Recuerdos de mi vida, donde Cajal despliega no solo su trayectoria científica, sino también sus lecturas, inclinaciones estéticas y reflexiones personales sobre la escritura y la cultura. A partir de este material, el autor analiza obras como Cuentos de vacaciones, Charlas de café, El mundo visto a los ochenta años o su célebre Reglas y consejos sobre la investigación científica, mostrando cómo en todas ellas se percibe una voluntad de transmisión del conocimiento que oscila entre lo científico, lo moral y lo literario. El libro revela así a un Cajal profundamente influido por el mundo de las letras, que utiliza la escritura como herramienta de divulgación, pero también como forma de exploración intelectual y expresión personal.

Uno de los aspectos centrales del volumen es el análisis de las relaciones epistolares y los intercambios intelectuales de Cajal con figuras clave de la cultura española de su tiempo. Se estudian sus vínculos con escritores y pensadores como Azorín, Pío Baroja, Emilia Pardo Bazán, José Ortega y Gasset, Concha Espina y Gregorio Marañón, mostrando un entramado intelectual rico en afinidades, tensiones y admiraciones mutuas. Estas correspondencias permiten comprender a Cajal como una figura plenamente integrada en la vida cultural de su tiempo, lejos de la imagen aislada del científico de laboratorio.

La obra aborda también aspectos institucionales y simbólicos de su trayectoria, como su elección como miembro de la Real Academia Española en 1905 y su condición de “académico electo” al no llegar a pronunciar el discurso de ingreso, un hecho que adquiere valor interpretativo en el análisis de su relación con las instituciones culturales. En conjunto, el libro ofrece una biografía intelectual ampliada que ilumina la dimensión literaria de Cajal y su papel como puente entre ciencia y humanidades, dentro del contexto del Consejo Superior de Investigaciones Científicas Consejo Superior de Investigaciones Científicas y su colección editorial dedicada a la divulgación científica y cultural.

Repensar la evaluación en tiempos de inteligencia artificial: del producto final al proceso de aprendizaje

The AI School Librarian. “Grading in the AI Era: Research Literacy in the Age of AI, Week 13: How to Assess Reasoning, Verification, and Transparency.” The AI School Librarians Newsletter, 20 de abril de 2026. Substack. The AI School Librarians Newsletter

Se plantea una reflexión profunda sobre la crisis actual de los sistemas de evaluación educativa en un contexto marcado por la expansión de la inteligencia artificial generativa. El texto parte de una premisa contundente: si las rúbricas y modelos de calificación continúan premiando principalmente el acabado formal, la corrección gramatical o la apariencia de sofisticación textual, las herramientas de IA superarán fácilmente los criterios tradicionales de evaluación. Según el artículo, el problema central ya no consiste en “detectar trampas” o descubrir cuándo un estudiante ha utilizado IA, sino en replantear qué significa realmente aprender y qué aspectos del proceso intelectual merecen ser valorados.

La autora sostiene que gran parte de los sistemas educativos siguen fundamentándose en una lógica de evaluación heredada de la era pre-IA, centrada casi exclusivamente en el producto final: ensayos terminados, trabajos perfectamente estructurados, citas formateadas correctamente y redacciones libres de errores. Sin embargo, la inteligencia artificial es capaz de generar con rapidez precisamente ese tipo de productos. En consecuencia, la escuela se enfrenta a una disyuntiva fundamental: continuar evaluando elementos superficiales que las máquinas pueden imitar fácilmente o desplazar el foco hacia procesos cognitivos más complejos y genuinamente humanos. El texto insiste en que la verdadera evidencia del aprendizaje no reside únicamente en el resultado visible, sino en el recorrido intelectual que conduce hasta él: las dudas, revisiones, decisiones, errores, verificaciones y transformaciones del pensamiento.

Uno de los aspectos más relevantes del artículo es la idea de que la IA obliga a redefinir el concepto mismo de “autoría intelectual”. Tradicionalmente, muchos modelos de evaluación asumían que el texto presentado reflejaba directamente el pensamiento del estudiante. Sin embargo, en un escenario donde una herramienta puede redactar párrafos coherentes, producir tesis convincentes o incluso estructurar investigaciones completas, el profesorado necesita nuevas estrategias para distinguir entre producción automática y apropiación auténtica del conocimiento. El artículo argumenta que la clave no está en prohibir la IA, sino en diseñar evaluaciones capaces de hacer visible el razonamiento humano que hay detrás del trabajo.

Para responder a este desafío, el texto propone cuatro transformaciones estructurales en la evaluación. La primera consiste en calificar la evolución de la pregunta de investigación. En lugar de valorar únicamente la tesis final, se recomienda que el alumnado entregue también la pregunta inicial, las modificaciones posteriores y una explicación de cómo y por qué cambió su enfoque. Esta estrategia busca reconocer el refinamiento intelectual y la capacidad de replantear problemas, algo que constituye una parte esencial del pensamiento crítico. El aprendizaje deja así de verse como un acto instantáneo y pasa a entenderse como un proceso dinámico de exploración y reconstrucción conceptual.

La segunda transformación se centra en la justificación de las fuentes. El artículo subraya que, en una época saturada de información y contenido generado algorítmicamente, ya no basta con citar fuentes; es necesario demostrar por qué una fuente merece confianza. El alumnado debería explicar la credibilidad de los materiales utilizados, detectar sesgos, identificar limitaciones y contrastar datos mediante verificación cruzada. Esta orientación conecta directamente con las competencias de alfabetización informacional y mediática que tradicionalmente han promovido bibliotecarios y especialistas en documentación. La evaluación, por tanto, se desplaza desde la mera acumulación de referencias hacia la capacidad crítica para analizarlas y contextualizarlas.

La tercera propuesta del artículo es incorporar la transparencia como criterio explícito de evaluación. La autora defiende que los estudiantes deberían informar abiertamente sobre cómo utilizaron herramientas de IA, qué partes verificaron y qué decisiones éticas tomaron durante el proceso. Este enfoque intenta sustituir los modelos punitivos basados en vigilancia y sospecha por una cultura académica de honestidad y reflexión. En vez de criminalizar el uso de la inteligencia artificial, el sistema educativo debería enseñar a utilizarla de manera responsable, crítica y documentada. Según el texto, normalizar la transparencia reduce la dependencia de detectores automáticos de IA, cuya fiabilidad es limitada y cuya aplicación puede generar injusticias y desconfianza institucional.

La cuarta transformación aborda la importancia de la reflexión metacognitiva. El artículo propone que los estudiantes respondan preguntas relacionadas con la evolución de su pensamiento: qué cambió durante la investigación, qué evidencias resultaron más débiles o qué interrogantes quedaron sin resolver. Estas actividades buscan que el alumnado tome conciencia de sus propios procesos intelectuales y convierta el aprendizaje en una experiencia autorreflexiva. Además, la metacognición resulta especialmente difícil de automatizar, ya que implica conectar experiencias personales, decisiones contextuales y procesos internos de razonamiento.

Otro aspecto significativo del artículo es su crítica implícita a la cultura educativa basada exclusivamente en resultados cuantificables y estandarizados. La IA pone en evidencia las limitaciones de sistemas que privilegian la eficiencia, la apariencia formal y la producción rápida de textos. Frente a ello, la autora defiende modelos de evaluación más lentos, procesuales y centrados en la construcción del pensamiento. En esta visión, el aula deja de ser un espacio donde únicamente se “entregan productos” para convertirse en un entorno donde se documenta el desarrollo intelectual.

El texto también se relaciona con debates más amplios sobre alfabetización digital y ciudadanía crítica. La capacidad para verificar información, justificar decisiones y reflexionar sobre el uso ético de herramientas tecnológicas se presenta como una competencia esencial del siglo XXI. De este modo, la evaluación deja de ser solamente un mecanismo de medición académica y se transforma en un espacio de formación ética e intelectual. El artículo sugiere que la irrupción de la IA puede convertirse en una oportunidad para corregir debilidades estructurales que ya existían en los sistemas educativos mucho antes de la aparición de ChatGPT y otras plataformas generativas.

“Grading in the AI Era” propone una visión educativa basada en la autenticidad del pensamiento, la trazabilidad del aprendizaje y la centralidad del razonamiento humano. El artículo concluye que la inteligencia artificial no debería obligar a las instituciones educativas a reforzar modelos de vigilancia, sino a rediseñar profundamente sus prácticas pedagógicas. La verdadera cuestión ya no es si los estudiantes utilizan IA, sino si las escuelas son capaces de evaluar aquello que realmente importa: la capacidad de pensar, cuestionar, verificar, interpretar y construir conocimiento propio en colaboración crítica con las tecnologías emergentes

¿Qué significa ser un “buen consumidor de noticias?

Shearer, Elisa. 2026. “What Americans think it takes to be a good news consumer.” Pew Research Center, 14 de mayo de 2026. https://www.pewresearch.org/short-reads/2026/05/14/what-americans-think-it-takes-to-be-a-good-news-consumer/

El informe del Pew Research Center analiza cómo los estadounidenses definen, en sus propias palabras, qué significa ser un “buen consumidor de noticias”. A partir de una encuesta abierta a miles de personas, el estudio revela que no existe una única definición compartida, sino un conjunto de ideas recurrentes que reflejan las tensiones actuales del ecosistema informativo: la desinformación, la polarización política, la abundancia de fuentes digitales y la creciente responsabilidad individual en la selección de lo que se considera verdadero o relevante.

Uno de los hallazgos principales es que la idea más extendida sobre el “buen consumo de noticias” es el escepticismo crítico. Una parte significativa de los encuestados afirma que ser un buen consumidor implica no aceptar la información de forma automática, sino cuestionarla, contrastarla y “no creer todo lo que se ve o se oye”. Este enfoque está asociado a prácticas como la verificación de hechos, la búsqueda de múltiples fuentes y la detección de posibles sesgos o propaganda. En conjunto, el estudio sugiere que la alfabetización crítica se ha convertido en un valor central en la forma en que el público interpreta su relación con la información.

Otro elemento destacado es la importancia de “estar informado” de forma continua. Muchos participantes vinculan el buen consumo de noticias con seguir la actualidad de manera regular, mantenerse al día con los acontecimientos y no desconectarse del debate público. Sin embargo, este ideal convive con una realidad marcada por la fatiga informativa y la fragmentación de la atención, donde gran parte de la población consume noticias de manera incidental a través de redes sociales, notificaciones o recomendaciones algorítmicas, en lugar de buscarlas activamente.

El estudio también identifica un tercer eje clave: la calidad y diversidad de las fuentes informativas. Muchos encuestados consideran que un buen consumidor de noticias debe acudir a medios fiables, con estándares profesionales de verificación y cobertura equilibrada. Sin embargo, el propio informe subraya que no existe consenso sobre qué medios son “fiables”, ya que la confianza en las instituciones periodísticas varía fuertemente según la ideología política. Esto refleja un entorno mediático profundamente polarizado, en el que la credibilidad de la información depende, en gran medida, de la identidad política del receptor.

Asimismo, una parte relevante de los participantes destaca la necesidad de consultar múltiples perspectivas, especialmente en temas políticos. Esta idea se expresa en la recomendación de “ver ambos lados” o contrastar diferentes enfoques antes de formar una opinión. Sin embargo, el estudio advierte que este principio, aunque ampliamente valorado, no siempre se traduce en prácticas reales sostenidas, ya que la exposición a fuentes diversas suele verse limitada por hábitos de consumo, algoritmos de personalización y preferencias ideológicas.

Finalmente, el informe recoge un conjunto menor de respuestas centradas en el comportamiento posterior al consumo de noticias, como evitar compartir información falsa o utilizar la información para tomar decisiones cívicas informadas, especialmente en contextos como el voto. Aunque estas ideas aparecen con menor frecuencia, reflejan una dimensión ética del consumo informativo: no solo importa cómo se accede a las noticias, sino también cómo se redistribuyen y qué efectos tienen en la esfera pública.

El estudio del Pew Research Center muestra que el concepto de “buen consumidor de noticias” se ha desplazado hacia una visión altamente individualizada, donde cada persona asume la responsabilidad de filtrar, evaluar y jerarquizar la información en un entorno saturado y fragmentado. Este cambio refleja una transformación más amplia del ecosistema mediático contemporáneo: la transición desde un modelo basado en intermediarios periodísticos relativamente estables hacia otro en el que el ciudadano debe actuar como filtro activo frente a una abundancia informativa cada vez más compleja y, a menudo, conflictiva.

Los héroes silenciosos que mantienen en pie las bibliotecas en condiciones precarias de Katmandú

Khadka, Prabina. “The Quiet Heroes Holding Kathmandu’s Crumbling Libraries Together.” 1000 Libraries Magazine, 2026, https://magazine.1000libraries.com/the-quiet-heroes-holding-kathmandus-crumbling-libraries-together/.

Se presenta un retrato profundamente humano de las bibliotecas de Katmandú (Nepal) y, sobre todo, de las personas que las sostienen en condiciones precarias. A través de varios testimonios de bibliotecarios y responsables de centros documentales, se muestra cómo estas instituciones culturales sobreviven pese a la falta de financiación, la fragilidad estructural de los edificios y la escasa prioridad que reciben por parte del Estado.

Las bibliotecas descritas no son solo espacios de conservación del conocimiento, sino también refugios sociales donde estudiantes, opositores y investigadores encuentran un lugar de estudio y concentración. Sin embargo, muchas de ellas funcionan en edificios deteriorados, con infraestructuras insuficientes, escaso personal y problemas persistentes de mantenimiento. La falta de inversión pública tras el terremoto de 2015 agravó aún más una situación ya frágil, dejando a varias bibliotecas en estado casi de supervivencia.

El texto subraya especialmente el papel de los bibliotecarios, quienes aparecen como verdaderos “guardianes” del conocimiento. Lejos de la imagen tradicional de un trabajo pasivo, se enfatiza que realizan múltiples tareas: catalogación, gestión de colecciones, atención a usuarios, preservación de fondos y adaptación a recursos limitados. Muchos de ellos no comenzaron su carrera con formación específica en biblioteconomía, sino que llegaron al oficio de manera casual o por necesidad, desarrollando después un fuerte vínculo con la profesión.

Otro eje central es la dimensión comunitaria de las bibliotecas. A pesar de las dificultades, siguen siendo espacios esenciales de igualdad de acceso al conocimiento, especialmente para jóvenes que se preparan para exámenes o buscan oportunidades educativas. El artículo también destaca la ausencia de una política pública sólida que reconozca el valor estratégico de estas instituciones culturales.

El texto construye una narrativa de resistencia silenciosa: bibliotecas que “se mantienen en pie” no gracias a sistemas robustos, sino gracias al compromiso cotidiano de bibliotecarios que trabajan en condiciones adversas. La conclusión es clara: si estas bibliotecas siguen existiendo, es por la dedicación de personas que, más que ejercer un empleo, sostienen un servicio público esencial para la educación y la memoria cultural del país.

Inteligencia artificial y escritura académica: recomendaciones para un uso ético de la IA generativa

Cheng, Adam, Aaron Calhoun y Gabriel Reedy. “Artificial Intelligence-Assisted Academic Writing: Recommendations for Ethical Use.Advances in Simulation 10, n.º 1 (2025): 22. https://doi.org/10.1186/s41077-025-00350-6

Se analiza de manera profunda el impacto de las herramientas de inteligencia artificial generativa —especialmente los grandes modelos de lenguaje como ChatGPT— en la escritura académica y científica. Los autores, Adam Cheng, Aaron Calhoun y Gabriel Reedy, abordan una cuestión central en el ecosistema universitario contemporáneo: cómo aprovechar las capacidades de la IA sin comprometer la integridad académica, la calidad científica ni la autoría intelectual.

El texto parte de una constatación evidente: desde la aparición pública de ChatGPT en 2022, el uso de herramientas de IA generativa se ha extendido rápidamente entre investigadores, estudiantes y docentes. Estas aplicaciones permiten resumir información, redactar borradores, corregir estilo, traducir textos, generar ideas e incluso estructurar artículos científicos completos. Sin embargo, los autores advierten que esta expansión se ha producido más rápido que la creación de marcos éticos y normativos claros. La comunidad académica se encuentra así ante un escenario ambiguo, en el que conviven enormes posibilidades de mejora de la productividad intelectual con riesgos serios para la credibilidad científica.

Uno de los aspectos más relevantes del artículo es la identificación de los principales peligros asociados al uso indiscriminado de la IA en la escritura académica. Los autores subrayan que los modelos generativos pueden producir “alucinaciones”, es decir, afirmaciones aparentemente verosímiles pero falsas, además de referencias bibliográficas inventadas o inexactas. Este fenómeno resulta especialmente problemático en contextos científicos, donde la verificabilidad y el rigor documental constituyen pilares fundamentales. También se aborda el riesgo de plagio involuntario, la reproducción de sesgos presentes en los datos de entrenamiento y la tendencia a generar textos estilísticamente homogéneos que pueden empobrecer la diversidad discursiva y crítica de la producción científica.

El artículo dedica una parte importante a examinar cómo las editoriales académicas y las revistas científicas están reaccionando frente a la irrupción de la IA generativa. Los autores señalan que muchas publicaciones científicas ya exigen transparencia explícita sobre el uso de herramientas de IA en la redacción de manuscritos. Algunas revistas prohíben considerar a la IA como autora de un trabajo, argumentando que carece de responsabilidad ética y legal sobre el contenido producido. Otras instituciones, en cambio, aceptan el uso de IA como herramienta auxiliar, siempre que exista supervisión humana y se informe claramente de su utilización. Este debate refleja una transformación profunda de los criterios tradicionales de autoría, originalidad y responsabilidad intelectual en la ciencia contemporánea.

Los autores no adoptan una postura tecnófoba. Por el contrario, reconocen que la IA puede aportar beneficios reales cuando se utiliza de manera crítica y controlada. El artículo describe tres grandes categorías de uso éticamente aceptable de la inteligencia artificial en la escritura académica. La primera es el apoyo lingüístico y editorial: mejorar gramática, claridad, estilo o traducción de textos, especialmente útil para investigadores que escriben en una lengua distinta de la materna. La segunda categoría incluye la organización y síntesis de información, como la generación de esquemas, resúmenes preliminares o estructuras de artículos. Finalmente, la tercera categoría contempla el apoyo creativo y cognitivo, por ejemplo en la generación de ideas iniciales o en la reformulación de conceptos complejos. En todos los casos, los autores insisten en que la supervisión humana es imprescindible y que la IA nunca debe sustituir el juicio crítico del investigador.

Uno de los aportes más importantes del trabajo es la formulación de cuatro principios éticos fundamentales para orientar el uso responsable de la IA en la escritura científica.

  1. El primero es la transparencia: los investigadores deben declarar de manera explícita cuándo y cómo han utilizado herramientas de IA.
  2. El segundo es la verificación humana: todo contenido generado debe ser revisado críticamente para garantizar exactitud, coherencia y autenticidad.
  3. El tercero es la responsabilidad intelectual: el autor humano sigue siendo plenamente responsable de los errores, sesgos o falsedades presentes en el texto final.
  4. El cuarto principio es la preservación de la integridad académica, evitando que la automatización sustituya procesos esenciales de reflexión, análisis y construcción de conocimiento. Estos principios buscan equilibrar innovación tecnológica y rigor científico en un contexto de cambio acelerado.

El artículo también plantea una reflexión más profunda sobre la naturaleza misma de la escritura académica. Los autores advierten que escribir no es simplemente producir texto, sino un proceso intelectual de elaboración de pensamiento, argumentación y aprendizaje. Si los investigadores delegan excesivamente estas funciones en sistemas automáticos, existe el riesgo de una “descapacitación académica”, es decir, una pérdida progresiva de habilidades críticas, analíticas y argumentativas. Esta preocupación conecta con debates actuales sobre alfabetización en IA, pensamiento crítico y el papel de las universidades en una sociedad crecientemente automatizada.

Otro aspecto relevante es que el artículo se centra especialmente en el ámbito de la simulación sanitaria y la investigación en salud, aunque sus conclusiones son extrapolables a prácticamente cualquier disciplina académica. Los autores consideran que el entorno científico necesita desarrollar urgentemente políticas institucionales claras, programas de formación en uso ético de IA y nuevas competencias de alfabetización digital que permitan a estudiantes e investigadores comprender tanto el potencial como las limitaciones de estas tecnologías. La IA deja de ser vista únicamente como una herramienta técnica y pasa a convertirse en un desafío cultural, educativo y epistemológico.

En conjunto, el trabajo constituye una de las aportaciones más relevantes y equilibradas sobre inteligencia artificial y escritura académica publicadas recientemente. Frente a posiciones extremas —ya sea de entusiasmo acrítico o de rechazo absoluto—, el artículo propone una vía intermedia basada en el uso responsable, transparente y supervisado de la IA. Los autores defienden que estas tecnologías pueden enriquecer el trabajo académico siempre que permanezcan subordinadas a la capacidad humana de análisis, interpretación y juicio ético. En definitiva, el texto plantea que el verdadero reto no es decidir si la IA debe utilizarse o no en la investigación científica, sino aprender a integrarla de forma que fortalezca, y no debilite, la integridad intelectual y la calidad del conocimiento producido.

Amazon pone fin al soporte de los Kindle clásicos

Binder, Matt. “Amazon Kindle Is Losing Support: What You Should Do With Your Old Device.” Mashable. Publicado en mayo de 2026. Consultado el 19 de mayo de 2026.

Ver original

El creciente malestar de miles de usuarios tras la decisión de Amazon de retirar el soporte a numerosos modelos antiguos de Kindle y Kindle Fire lanzados en 2012 o antes. A partir del 20 de mayo de 2026, estos dispositivos dejarán de tener acceso a funciones esenciales del ecosistema Kindle: no podrán comprar, descargar ni pedir prestados nuevos libros directamente desde la tienda digital. Aunque los libros ya descargados seguirán siendo legibles, el lector electrónico perderá gran parte de su funcionalidad conectada, convirtiéndose prácticamente en una biblioteca estática.

El texto subraya que la reacción de los usuarios ha sido especialmente intensa porque muchos de estos dispositivos continúan funcionando perfectamente. Modelos como el Kindle Keyboard, el Kindle Touch o el primer Kindle Paperwhite son considerados por numerosos lectores como ejemplos de hardware duradero, cómodo y diseñado específicamente para leer sin distracciones. Algunos usuarios afirman incluso preferirlos frente a las versiones modernas, debido a sus botones físicos, su sencillez y su extraordinaria autonomía de batería. En redes sociales y foros especializados, muchos interpretan la medida como un caso claro de obsolescencia programada más que como una necesidad técnica inevitable.

Uno de los aspectos más polémicos es que, después de la fecha límite, un Kindle antiguo que sea restaurado o desvinculado de la cuenta de Amazon no podrá volver a registrarse. Esto significa que un simple reinicio accidental podría dejar el dispositivo prácticamente fuera del ecosistema oficial. La situación ha provocado preocupación entre coleccionistas, usuarios veteranos y defensores del derecho a reparar y conservar dispositivos tecnológicos. Algunos críticos señalan que millones de lectores electrónicos aún plenamente funcionales podrían terminar convirtiéndose en residuos electrónicos innecesarios.

El artículo también explora las alternativas que están adoptando muchos usuarios para prolongar la vida útil de sus lectores. Una de las más mencionadas es el sideloading, es decir, la transferencia manual de libros mediante cable USB desde un ordenador. Este método permite seguir utilizando archivos EPUB o PDF sin depender completamente de la tienda de Amazon. Otros usuarios más avanzados están recurriendo al jailbreak, una modificación del sistema que permite instalar software alternativo, lectores externos y nuevas funcionalidades. Herramientas como KOReader se han convertido en símbolos de resistencia tecnológica frente al control corporativo del hardware adquirido por los consumidores.

El caso ha reabierto además un debate más amplio sobre la propiedad digital. Muchos lectores consideran paradójico que un dispositivo comprado hace años pueda perder funciones esenciales simplemente porque la empresa decide dejar de mantenerlo. La controversia recuerda otros casos recientes de plataformas digitales que limitan servicios, aplicaciones o contenidos mediante decisiones unilaterales. Para numerosos usuarios, el problema no es solo técnico, sino filosófico: la sensación de que los consumidores ya no poseen realmente sus dispositivos, sino que dependen permanentemente de la infraestructura y permisos de las grandes compañías tecnológicas.

Además, los antiguos Kindle han adquirido un valor casi emocional y cultural. En plena era de la hiperconectividad y las pantallas multifunción, muchos lectores ven en estos dispositivos una tecnología más tranquila, minimalista y enfocada exclusivamente en la lectura. Paradójicamente, mientras Amazon impulsa nuevos modelos más sofisticados, parte de la comunidad reivindica precisamente las limitaciones de los primeros Kindle como una de sus mayores virtudes. El conflicto entre innovación, sostenibilidad y apego emocional convierte esta decisión empresarial en un símbolo de los dilemas contemporáneos de la cultura digital.