A man studies a laptop report about Americans’ views on chatbots and mental health.
Pew Research Center. (25 de agosto de 2026). Do Americans think chatbots help or hurt people using them for loneliness, depression or stress? Pew Research Center. Artículo original
Aunque los chatbots se están convirtiendo en una fuente habitual de información y apoyo, la opinión pública estadounidense mantiene importantes reservas sobre su utilización para afrontar problemas de salud mental y soledad. El dato más relevante es la paradoja de que los jóvenes, que son más proclives a utilizarlos como apoyo emocional, también son quienes muestran una valoración especialmente negativa de sus posibles efectos.
Una encuesta del Pew Research Center, realizada entre el 22 y el 28 de junio de 2026 a 3.488 adultos estadounidenses, revela una percepción más negativa que positiva sobre el uso de los chatbots como apoyo ante problemas de soledad, depresión o estrés. El 39 % considera que los chatbots hacen más daño que bien a las personas que los utilizan para afrontar la soledad, frente al 19 % que cree que ayudan. En el caso de la depresión, el 36 % piensa que perjudican frente al 17 % que considera que ayudan; para el estrés, la diferencia es menor: 29 % frente al 22 %.
La edad introduce diferencias importantes. Entre los menores de 30 años, el 49 % considera que los chatbots perjudican a quienes buscan apoyo frente a la soledad y el 41 % piensa lo mismo respecto a la depresión. Resulta especialmente significativo porque los jóvenes son precisamente uno de los grupos que más recurren a los chatbots para obtener apoyo emocional. En cambio, los adultos mayores muestran mucha más incertidumbre: entre los mayores de 65 años, cuatro de cada diez o más no saben si estas herramientas ayudan o perjudican.
El estudio también muestra que existe un considerable desconocimiento sobre los efectos reales de los chatbots en la salud mental. Aproximadamente tres de cada diez estadounidenses no están seguros de su impacto sobre la soledad, la depresión o el estrés, mientras que entre un 14 % y un 18 % consideran que no ayudan ni perjudican. Los adultos asiáticos constituyen una excepción parcial, ya que presentan una valoración más favorable del uso de chatbots como apoyo frente a la soledad y el estrés.
El informe se enmarca en un estudio más amplio de Pew sobre el uso de la inteligencia artificial en cuestiones sanitarias. En conjunto, el 34 % de los estadounidenses afirma haber utilizado alguna vez un chatbot por motivos relacionados con la salud, principalmente para obtener información rápidamente, averiguar qué puede estar causando determinados síntomas, conocer tratamientos o comprender diagnósticos y resultados médicos.
Indiana Library Federation (ILF) ha desarrollado un completo programa de apoyo a la salud mental dirigido específicamente a los profesionales de las bibliotecas, reconociendo que estos trabajadores afrontan cada vez con mayor frecuencia situaciones complejas relacionadas con el estrés laboral, los conflictos con usuarios, las crisis de salud mental y el desgaste emocional.
La iniciativa nació a partir de las preocupaciones detectadas por el Comité de Incidencia (Advocacy Committee) de la federación en 2023 y se ha materializado mediante una alianza estratégica con Mental Health America of Indiana (MHAI). El objetivo principal es ofrecer recursos preventivos y asistenciales que permitan fortalecer el bienestar psicológico del personal bibliotecario y crear entornos de trabajo más saludables y resilientes.
El programa proporciona un amplio conjunto de servicios especializados tanto para bibliotecarios individuales como para equipos completos de bibliotecas. Entre ellos destacan la terapia psicológica mediante telemedicina, programas de apoyo entre iguales (peer recovery support), sesiones de entrenamiento en habilidades emocionales y grupos de apoyo centrados en cuestiones como el manejo del trauma, la comunicación interpersonal, las estrategias de afrontamiento, las relaciones saludables, el consumo de sustancias y otros problemas relacionados con la salud mental. Además, las bibliotecas pueden solicitar talleres y actividades adaptadas a las necesidades concretas de sus plantillas, integrando el bienestar emocional dentro de sus programas de desarrollo profesional.
La colaboración con Mental Health America of Indiana también pone a disposición de los profesionales un ecosistema de recursos organizados en varios pilares fundamentales: tratamiento psicológico y asesoramiento clínico, programas de recuperación para personas con trastornos mentales o adicciones, iniciativas de prevención mediante cribados y autoevaluaciones, servicios relacionados con el sistema judicial, programas de formación y acreditación profesional, campañas de sensibilización y acciones de incidencia política en favor de la salud mental. Asimismo, se destaca el funcionamiento del Mental Health America of Indianapolis Hub, un centro comunitario gestionado por profesionales y personas con experiencia en recuperación que ofrece apoyo personalizado, orientación sobre recursos sociales y sanitarios, desarrollo de habilidades de afrontamiento y acompañamiento continuo.
Como complemento, la ILF mantiene una página con recursos adicionales que incluye líneas de atención en crisis, directorios de servicios de salud mental, herramientas de localización de tratamientos, organizaciones estatales especializadas, cursos de Mental Health First Aid, seminarios web y materiales formativos para bibliotecas. Todo ello refleja una visión que entiende que el bienestar del personal bibliotecario constituye un elemento esencial para garantizar servicios bibliotecarios de calidad y para afrontar con éxito los nuevos retos sociales que las bibliotecas desempeñan como espacios comunitarios de apoyo, inclusión y atención a personas vulnerables.
«Palabras que cuidan» en la Biblioteca Pública Municipal de la Chana
López Melguizo, Inmaculada. “Palabras que cuidan: la Biblioteca Pública Municipal de La Chana como agente de salud mental para personas mayores a través de la lectoescritura y la narración oral.” Boletín de la Asociación Andaluza de Bibliotecarios, no. 131 (enero-junio 2026): 65-80
Inmaculada López Melguizo presenta el proyecto “Palabras que cuidan”, desarrollado en la Biblioteca Pública Municipal de La Chana (Granada), como una experiencia innovadora que sitúa a la biblioteca pública en el centro de las estrategias de promoción de la salud mental y del bienestar de las personas mayores. La autora parte de un contexto social marcado por el envejecimiento progresivo de la población, el incremento de los problemas de salud mental y el impacto creciente de la soledad no deseada y el aislamiento social. Frente a esta realidad, defiende que las bibliotecas pueden trascender su función tradicional de acceso a la información para convertirse en espacios de prevención, acompañamiento y cohesión comunitaria, utilizando la lectura, la escritura y la narración oral como herramientas terapéuticas y de inclusión social.
El programa está dirigido principalmente a personas mayores de 65 años, especialmente aquellas que viven solas o presentan situaciones de vulnerabilidad emocional, cognitiva o social. La propuesta metodológica se estructura como una intervención integral que combina actividades culturales, educativas y socioemocionales con el objetivo de favorecer el envejecimiento activo y mejorar la calidad de vida de los participantes. La iniciativa se apoya en un enfoque multidisciplinar en el que colaboran profesionales de la biblioteca, del ámbito sanitario, educativo y del voluntariado vecinal, reforzando la idea de que la biblioteca puede actuar como un auténtico nodo comunitario capaz de articular redes de apoyo y colaboración entre diferentes agentes sociales.
Inmaculada López Melguizo, en el centro, con un grupo de personas mayores en una de las actividades
Uno de los pilares fundamentales del proyecto es el programa “Lecturas que curan”, centrado en la lectura compartida en voz alta y en el uso de materiales adaptados mediante lectura fácil. La autora explica que la lectura en voz alta no solo favorece la comprensión lectora, sino que también estimula la memoria, la concentración, el enriquecimiento del vocabulario y la expresión oral. Además, destaca su capacidad para fortalecer los vínculos afectivos entre los participantes, despertar la imaginación y facilitar el acceso a la literatura a personas con dificultades visuales, lectoras o lingüísticas. La lectura compartida se convierte así en un instrumento de comunicación emocional y de creación de espacios seguros donde los mayores pueden compartir recuerdos, emociones y experiencias personales.
El segundo eje del programa, denominado “Palabras que sanan”, utiliza la escritura creativa y autobiográfica como vehículo para recuperar la memoria personal, reforzar la autoestima y ofrecer a las personas mayores la oportunidad de reconstruir y compartir su propia historia de vida. A través de ejercicios centrados en los recuerdos de la infancia, las personas y lugares significativos, las vivencias cotidianas o la transformación literaria de la experiencia personal, los participantes desarrollan capacidades expresivas al tiempo que fortalecen su identidad y preservan la memoria colectiva del barrio. El taller se desarrolla en un ambiente de respeto y ausencia de juicios, favoreciendo que cada persona encuentre las palabras necesarias para expresar su trayectoria vital.
La propuesta incorpora también un bloque específico de estimulación cognitiva, orientado al mantenimiento y mejora de funciones como la memoria, la atención, el lenguaje, el razonamiento y la orientación. Las actividades, planteadas mediante juegos, dinámicas grupales y ejercicios adaptados al nivel de cada participante, buscan reducir el aislamiento social y reforzar la integración comunitaria. El programa se complementa con sesiones de cinefórum que utilizan películas de temática literaria como punto de partida para el diálogo intergeneracional, la evocación de recuerdos y la expresión emocional, contribuyendo tanto al desarrollo del pensamiento crítico como al fortalecimiento de las relaciones sociales entre los asistentes.
Otro componente relevante del proyecto son los talleres de gestión emocional, orientados al aprendizaje de estrategias para afrontar el estrés, la ansiedad y el miedo. Estas actividades ayudan a identificar las sensaciones físicas asociadas a las emociones, comprender la relación entre cuerpo y mente y desarrollar habilidades de regulación emocional. Paralelamente, el programa promueve la narración oral mediante talleres donde las personas mayores recuperan el arte tradicional de contar historias, compartiendo recuerdos, leyendas, canciones y experiencias que fortalecen tanto su autoestima como la memoria colectiva de la comunidad. La grabación de estos testimonios en formatos escritos, sonoros y audiovisuales garantiza además su conservación como patrimonio cultural para generaciones futuras.
La dimensión comunitaria del proyecto se amplía mediante actividades culturales agrupadas bajo el nombre “Pasaporte de letras”, que incluyen visitas a museos, monumentos, librerías y conciertos con el propósito de fomentar la participación cultural, desarrollar la sensibilidad artística y reforzar el sentimiento de pertenencia al entorno. Asimismo, el programa “Puentes de vida” organiza encuentros entre personas mayores y estudiantes para favorecer el intercambio de conocimientos, valores y experiencias entre generaciones. Estas actividades persiguen reducir la soledad de las personas mayores, promover la empatía y el respeto entre jóvenes y mayores y fortalecer el tejido social de la comunidad mediante relaciones estables y significativas.
Los objetivos del proyecto se concretan en metas cuantificables relacionadas con la mejora del bienestar emocional, el fomento del hábito lector y escritor, el desarrollo de las capacidades cognitivas, la creación de vínculos sociales, la conservación de historias de vida y la detección temprana de situaciones de vulnerabilidad emocional. Para evaluar el impacto se establecen indicadores específicos, como porcentajes de participación, mejoras en pruebas cognitivas, niveles de satisfacción, incremento de las relaciones sociales y creación de un archivo permanente de relatos personales.
Los resultados obtenidos muestran un elevado grado de cumplimiento de los objetivos previstos. La autora señala una mejora significativa del bienestar emocional en el 78 % de los participantes, un aumento de la autoestima, una reducción de la ansiedad y de la sensación de soledad, así como una mejora media del 22 % en ejercicios de memoria y atención. El 82 % participó activamente en las actividades de lectura y escritura y dos tercios manifestaron su intención de mantener estos hábitos tras finalizar el programa. Además, el 93 % estableció relaciones sociales significativas dentro del grupo y más de la mitad continuó reuniéndose de forma autónoma después de concluir las actividades, lo que evidencia la consolidación de redes de apoyo comunitario. El proyecto también permitió crear un repositorio digital con doce historias de vida grabadas, preservando así un valioso patrimonio de memoria colectiva.
López Melguizo sostiene que “Palabras que cuidan” demuestra que la biblioteca pública puede desempeñar un papel activo y eficaz como agente de salud comunitaria. La combinación de lectoescritura, narración oral, estimulación cognitiva, acompañamiento emocional y participación cultural constituye una estrategia preventiva capaz de mejorar la calidad de vida de las personas mayores, fortalecer la cohesión social y combatir la soledad no deseada. La autora considera que el modelo es fácilmente replicable en otras bibliotecas públicas gracias a su bajo coste y al aprovechamiento de recursos ya existentes, recomendando ampliar la colaboración con los servicios sanitarios y sociales, incorporar materiales adaptados y mantener una programación estable que consolide a las bibliotecas como espacios de cuidado, bienestar y participación ciudadana.
Profesionales que han impartido los talleres y actividades:
Lecturas que curan que impartieron Andrea Villarrubia y Juan Mata.
El de escritura Palabras que sanan con Alejandro Pedregosa.
Gestión de estrés y emociones con la psicóloga Verónica Romero.
Visitas culturales con M. Teresa Hontoria de Granada Singular.
Estimulación cognitiva con Trinidad Ortiz
Documental a cargo de Marta Girón Adán.
-Voluntaria del proyecto: Mercedes Morales (Cheles)
-Jose Antonio M. Muñoz -Isabel María Morales Muñoz
Equipo sanitario encargado de la evaluación y seguimiento
-Inmaculada Gallardo García -Miriam Huertas Barros -Adrián García Barbarroja -Celia Carmen Cuadrado Alburquerque
En el pequeño poblado de Bennett, al este de Denver, el acceso a servicios de salud mental es limitado: no existe un centro médico completo ni instalaciones de servicios sociales fácilmente accesibles para todos los residentes. Sin embargo, la biblioteca local Anythink Bennett ha asumido un rol inesperado pero crucial, actuando como un punto de apoyo comunitario que ayuda a suplir vacíos en el sistema de salud conductual.
La biblioteca colabora con el Departamento de Salud Pública del condado para ayudar a las familias con trámites, programas públicos y conexión con servicios sociales. Además, su personal brinda contención emocional, escucha activa y apoyo afectivo, funciones especialmente valiosas para quienes atraviesan situaciones de vulnerabilidad, estrés o crisis.
Los jóvenes encuentran en la biblioteca un espacio seguro donde pueden expresarse, interactuar con adultos de confianza fuera del entorno familiar y recibir orientación discreta en momentos difíciles. Entre sus iniciativas destaca el “Teen Advisory Board” (TAB), que permite a los adolescentes participar en decisiones sobre programas, libros o actividades de la biblioteca, fortaleciendo su sentido de pertenencia y dándoles voz.
A pesar de su importancia, la biblioteca no sustituye un sistema formal de salud mental, ya que el personal no está capacitado para ofrecer tratamientos clínicos. Lo que la hace valiosa es su accesibilidad, la ausencia de estigma que genera un espacio cultural como la biblioteca y su capacidad para actuar como puente entre la comunidad y los servicios escasos. Este enfoque muestra cómo instituciones como bibliotecas pueden convertirse en nodos estratégicos dentro de la red comunitaria de apoyo y resiliencia.
El objetivo es fomentar entornos donde los adolescentes puedan explorar temas de salud mental con significado, descubrir herramientas útiles y asumir un rol activo en su bienestar.
Desde su inicio en 2022, el proyecto Nourishing Minds ha evolucionado hasta convertirse en un marco integral que ayuda a bibliotecas a apoyar la salud mental juvenil. Impulsado por la Biblioteca Pública de Seattle (SPL) con financiación del Institute of Museum and Library Services (IMLS) y el respaldo de la Seattle Public Library Foundation, este enfoque combina tres pilares fundamentales: espacios valientes (brave spaces), principios de terapia de aceptación y compromiso (ACT), y el co-diseño.
El toolkit resultante es gratuito y está diseñado para que los equipos de bibliotecas puedan implementarlo de manera práctica. Incluye una “Guía de inicio rápido”, un “recetario” de 88 páginas con planes de sesión, una baraja de tarjetas con prompts y actividades, y un “placemat” (superficie para organizar las tarjetas). Estas herramientas permiten estructurar programas de manera colaborativa con los adolescentes.
Por ejemplo, una sesión tipo propone una actividad de “construcción de personas” (“persona building”), en la que los jóvenes crean personajes ficticios que encarnan diversas experiencias emocionales, reflexionan sobre ellas y desarrollan empatía, identificación de emociones y recursos concretos para su salud mental.
Para asegurar su eficacia y aplicabilidad, el programa fue probado durante tres años en ocho sistemas bibliotecarios de distintas regiones de EE. UU., incluyendo bibliotecas de estados como Washington, Kentucky, Wisconsin y Maryland. En estas pruebas, bibliotecas pequeñas y rurales valoraron que el enfoque les permitió ver la salud mental adolescente desde otra perspectiva, romper estigmas y establecer una base sostenible de conciencia y apoyo.
Con esta iniciativa, las bibliotecas no solo ofrecen espacios de contención o información, sino que también se convierten en actores activos en la promoción del bienestar emocional adolescente. El modelo de Nourishing Minds ofrece una hoja de ruta concreta para que bibliotecas de todo tipo puedan planificar e implementar programas sensibles, interactivos y centrados en los jóvenes, adaptando aspectos del diseño con ellos mismos. En definitiva, el toolkit refuerza la capacidad de las bibliotecas de responder a las necesidades emergentes de salud mental en comunidades juveniles, apoyándose en colaboración, creatividad y empoderamiento.
El toolkit presenta una guía práctica destinada a bibliotecas públicas para integrar apoyo a la salud mental en sus servicios comunitarios. Desarrollado sobre la base de la iniciativa Libraries for Health (L4H), ejecutada en colaboración entre RAND, St. David’s Foundation, Via Hope y diez bibliotecas del centro de Texas, el toolkit recoge lecciones y modelos exitosos de implementación.
El documento es una guía práctica para bibliotecas públicas interesadas en integrar apoyo de salud mental en sus servicios comunitarios, basado en la experiencia del programa piloto Libraries for Health (L4H). Este programa fue implementado en diez bibliotecas rurales de Texas central, con el objetivo de responder a la creciente demanda de salud mental en comunidades con recursos limitados y escasa presencia de profesionales del área.
El programa L4H se basa en tres pilares fundamentales: la incorporación de especialistas pares, la programación de actividades de salud mental y el establecimiento de alianzas comunitarias. Los especialistas pares son personas con experiencia personal en temas de salud mental que, mediante formación especializada, apoyan emocional y socialmente a los usuarios, conectándolos con recursos locales y facilitando talleres, grupos de apoyo y actividades informativas.
Además, las bibliotecas participantes diseñaron actividades adaptadas a las necesidades de sus comunidades, incluyendo clubes de lectura centrados en salud mental, clases de mindfulness y yoga, talleres de reducción de estrés y grupos de apoyo para cuidadores o personas con ansiedad. Estas actividades fueron clave para disminuir el estigma y facilitar el acceso a recursos en un entorno de confianza.
El documento propone una hoja de ruta para implementar este tipo de iniciativas. Se recomienda evaluar la preparación y capacidad de la biblioteca, identificar las necesidades específicas de la comunidad, establecer metas claras (utilizando el método SMART), seleccionar actividades factibles y significativas, encontrar y capacitar al especialista par adecuado y generar un plan de trabajo detallado. También se destaca la importancia de una estrategia de mejora continua utilizando herramientas como el ciclo Plan-Do-Study-Act (PDSA), así como asegurar la sostenibilidad a través de la recopilación de datos de impacto y la comunicación efectiva de los logros.
Pasos clave recomendados en la guía:
Evaluar la preparación y capacidad de la biblioteca.
Identificar necesidades comunitarias y fijar metas específicas (SMART).
Seleccionar actividades adecuadas y especialistas pares que conecten con la comunidad.
Crear un plan de trabajo, asegurar financiamiento y lanzar los programas.
Implementar procesos de mejora continua (como el ciclo PDSA).
Garantizar la sostenibilidad mediante datos, comunicación de resultados y alianzas estratégicas.
En 2025, el uso de la inteligencia artificial (IA) ha experimentado una transformación significativa, enfocándose principalmente en el apoyo emocional y personal. Según un análisis de Marc Zao-Sanders para Harvard Business Review, visualizado por Visual Capitalist, las tres principales aplicaciones de la IA son la terapia y compañía, la organización de la vida y la búsqueda de propósito personal. Este cambio refleja una tendencia hacia la utilización de la IA para gestionar emociones y aspectos personales de la vida cotidiana.
Además de estas aplicaciones, la IA sigue siendo ampliamente utilizada en la creación de contenido, el aprendizaje y la creatividad. Sin embargo, se ha observado una disminución en el uso de la IA para búsquedas específicas, posiblemente debido a la integración de herramientas como Gemini en motores de búsqueda como Google.
El uso de la IA en el ámbito de la salud mental ha surgido como una solución viable ante la falta de recursos en este sector y la creciente epidemia de soledad. La IA se ha mostrado útil en la enseñanza de técnicas de atención plena y terapia cognitivo-conductual. No obstante, existen preocupaciones sobre el reemplazo de las relaciones humanas reales por interacciones con la IA, lo que podría exacerbar la soledad.
Este panorama destaca la necesidad de un enfoque equilibrado en la integración de la IA en aspectos personales y emocionales, asegurando que complemente, y no reemplace, las interacciones humanas esenciales.
Este estudio resalta la importancia de fortalecer la cooperación entre bibliotecas para mejorar el acceso a la información y el apoyo en salud mental.
La crisis de salud mental entre los estudiantes universitarios en Estados Unidos sigue siendo alarmante. Según el Center for Collegiate Mental Health 2024 Annual Report, recopilado de 213 instituciones, más de 170.000 estudiantes buscaron tratamiento de salud mental, reflejando una creciente demanda de estos servicios.
Ante esta situación, las bibliotecas académicas y públicas están desempeñando un papel clave al conectar a sus comunidades con recursos de salud mental. El proyecto Maximizing Public-Academic Library Partnerships, financiado por ECMC Foundation, reveló que el 38% de las bibliotecas de colegios comunitarios y el 65% de las bibliotecas públicas ofrecen información sobre salud mental en sus sitios web. Las bibliotecas públicas, en particular, proporcionan más recursos como asistencia de trabajadores sociales, apoyo en crisis y programas de bienestar (meditación, yoga, terapia de jardinería, etc.). Un estudio publicado en BMC Public Health indica que el 75.7% de los encuestados está interesado en que las bibliotecas ofrezcan actividades y grupos de salud mental y mindfulness . Además, el 73.7% valora disponer de un espacio tranquilo para relajarse o estudiar.
Aquí tenemos dos ejemplos:
Honolulu Community College (HCC): su guía de recursos de salud mental centraliza información de crisis, autocuidado y referencias a servicios dentro y fuera del campus. También ofrece guías sobre violencia doméstica y personas sin hogar.
Denver Public Library (DPL): dispone de dos secciones de recursos de salud mental en su web, con información sobre líneas de ayuda, clínicas de salud mental y un calendario de eventos enfocado en bienestar.
Las colaboraciones entre bibliotecas y profesionales de la salud mental han demostrado ser efectivas. La American Psychological Association destaca que las bibliotecas están educando a su personal y al público para apoyar a personas con condiciones de salud mental y uso de sustancias . Estas asociaciones pueden incluir servicios de asesoramiento, directorios de recursos comunitarios y aportes sobre las colecciones de salud mental de la biblioteca
Además, las bibliotecas están ofreciendo programas de salud y bienestar gratuitos. Por ejemplo, en Milwaukee, la Clínica Médica Móvil de Aurora Health Care proporciona servicios de salud en bibliotecas públicas, eliminando barreras como el costo, el seguro o el idioma. Estas iniciativas subrayan el potencial de las bibliotecas para actuar como centros comunitarios que promueven la salud mental y el bienestar, ofreciendo recursos accesibles y colaborando con profesionales para satisfacer las necesidades de sus comunidades.
El programa «Read to Recovery» de la Biblioteca Pública de San Francisco es solo uno de los ejemplos de cómo las bibliotecas están adaptándose a las necesidades de la comunidad en tiempos de crisis. Ofrecer recursos de salud mental y recuperación de adicciones de manera accesible, sin requerir la devolución de materiales, ha demostrado ser una forma efectiva de apoyar a las personas sin hacerlas sentir excluidas o estigmatizadas. Con el éxito de estos programas, cada vez más bibliotecas están adoptando enfoques similares, proporcionando un espacio seguro y libre de juicios para que los usuarios accedan a la información que necesitan para su bienestar.
El programa «Read to Recovery», impulsado por la Biblioteca Pública de San Francisco (SFPL), es una iniciativa que tiene como objetivo proporcionar materiales de apoyo para la recuperación de adicciones de manera accesible, sin las barreras tradicionales que suelen presentar los servicios públicos. Desde su creación en la primavera de 2023, este programa ha crecido considerablemente, ofreciendo una variedad de libros y recursos, como el «Big Book» de Alcohólicos Anónimos, publicaciones de Narcóticos Anónimos y otros títulos sobre salud mental y adicción, que los usuarios pueden tomar sin la obligación de devolverlos.
La clave del programa es que no se exige a los usuarios una tarjeta de biblioteca ni se registran los préstamos. Esta medida elimina cualquier posible estigma asociado con el uso de servicios de salud mental o rehabilitación, garantizando que las personas puedan acceder a los recursos que necesitan sin sentirse juzgadas ni identificadas. Además, los libros pueden ser subrayados, anotados y utilizados a modo de trabajo personal, lo que es particularmente útil con materiales como los que ofrece Alcohólicos Anónimos.
Doreen Horstin, la encargada de la sucursal Park de SFPL, explica que, dado que San Francisco enfrenta una crisis de adicción, la biblioteca no solo administra Narcan (un medicamento para revertir sobredosis de opioides), sino que también se dedica a ofrecer recursos educativos para la recuperación. Según Horstin, la biblioteca no solo ofrece libros; busca proporcionar un espacio de apoyo accesible para los que luchan contra la adicción, sin tener que esperar o atravesar complicados procedimientos administrativos.
Además de los libros sobre recuperación de adicciones, la biblioteca está expandiendo su oferta de materiales en temas de salud mental, buscando crear una red de apoyo sin barreras para la población más vulnerable. Entre enero de 2023 y julio de 2024, SFPL invirtió casi 66.000$ de su Fondo de Preservación Bibliotecaria para adquirir libros especializados en enfoques de recuperación, lo que permite que los recursos estén al alcance de más personas.
Impacto en otras ciudades y bibliotecas
El programa de San Francisco ha inspirado a otras bibliotecas en todo Estados Unidos a seguir su ejemplo. En Ames (Iowa), la biblioteca lanzó en 2006 los estantes «FYI Shelves», que proporcionan acceso anónimo a libros y recursos sobre temas sensibles como la salud mental, la pubertad, y la sexualidad. La biblioteca de Ames también ofrece títulos sobre recuperación de adicciones, y al igual que SFPL, no exige que los libros sean devueltos.
En otras bibliotecas más pequeñas, como la de Brooks Free Library en Harwich, Massachusetts, la idea de proporcionar recursos de forma anónima ha sido igualmente bien recibida. Jennifer Pickett, directora adjunta de la biblioteca, creó el «Confidential Corner», que ofrece unos 33 títulos relacionados con la adicción y otros temas delicados. Aunque los recursos en estas bibliotecas son limitados en comparación con los fondos de ciudades grandes como San Francisco, el impacto ha sido notable. Los usuarios aprecian la accesibilidad y la confidencialidad del programa, lo que permite que se atiendan necesidades vitales sin miedo al estigma.
Resultados positivos y desafíos
Los resultados del programa «Read to Recovery» en SFPL han sido muy positivos. Según Horstin, los libros relacionados con la recuperación de adicciones se toman rápidamente, lo que refleja una alta demanda de estos materiales. Aunque la mayoría de los libros no se devuelven, el feedback de la comunidad ha sido enormemente favorable. Las bibliotecas han recibido comentarios de personas que se sienten agradecidas de poder acceder a estos recursos sin ser estigmatizadas.
Pickett, de la biblioteca de Harwich, comparte experiencias similares: «Algunas personas me dijeron que nunca hubieran podido acceder a estos libros si tuvieran que pedirlos prestados de manera convencional, porque no querían ser juzgadas». Este tipo de testimonios es común en las bibliotecas que implementan este tipo de iniciativas, ya que proporcionan una forma de apoyo sin la presión de un proceso público.
Además, los programas han fomentado la creación de redes de apoyo entre los usuarios. Los libros no solo están proporcionando información, sino que también están contribuyendo a un cambio en la forma en que las personas perciben el acceso a servicios de salud mental y adicción. Por ejemplo, el «Confidential Corner» en la biblioteca de Harwich ha facilitado un espacio donde las personas pueden acceder a materiales sensibles sin miedo al juicio o a ser etiquetadas.
En términos de logística, algunas bibliotecas pequeñas enfrentan el reto de contar con los recursos suficientes para mantener estos programas. Sin embargo, muchas han logrado obtener apoyo a través de donaciones, fondos municipales o colaboraciones con organizaciones locales de salud y bienestar. La implementación de estos programas no requiere grandes inversiones, por lo que se ha convertido en una opción viable incluso para bibliotecas con presupuestos limitados.
¿Para quién son las bibliotecas, cómo han evolucionado y por qué ocupan tantos roles en nuestra sociedad hoy en día? ¿Pueden los bibliotecarios públicos seguir desempeñando los muchos roles que se les asignan?¿Puede la sociedad estadounidense sostener una de sus instituciones más nobles?
Para Amanda Oliver, la biblioteca no solo era su lugar favorito, sino también su «primer destino querido, primer centro encarnado… era absolutamente sagrado». Sin embargo, tras comenzar su carrera como bibliotecaria en una escuela del Título I y luego en el sistema de bibliotecas públicas de D.C., Oliver fue testigo de cómo el racismo sistémico, la desigualdad de ingresos, la escasez generalizada de viviendas asequibles, la crisis de opioides y la falta de atención en salud mental afectaban a los usuarios más vulnerables de las bibliotecas, imponiendo la carga sobre el personal bibliotecario de servir como mediadores y apoyo en crisis de salud mental en entornos de alta pobreza.
El estrés constante, el abuso verbal y a veces físico, afectaron la salud mental y física de Oliver, llevándola a abandonar el trabajo que amaba y a escribir «Overdue: Reckoning with the Public Library», una desgarradora denuncia que desafía la idealización romántica de ser bibliotecario.
Al igual que Oliver, Deirdre Sugiuchi, también exbibliotecaria escolar pública, dejó su vocación después de un trauma. En el mismo periodo, encontró un ensayo de Oliver que abogaba por los bibliotecarios, lo que la hizo darse cuenta de que no estaba sola en su lucha. Ambas compartieron experiencias similares al enfrentarse a colecciones obsoletas dominadas por autores blancos, atender las necesidades de una clientela diversa con presupuestos limitados y ser ignoradas por los administradores cuando señalaban cómo el racismo sistémico y las cuestiones estructurales afectaban su capacidad para satisfacer las necesidades de los usuarios, impactando en su salud física y mental.
Preguntas Clave del Libro:
Mitos Sobre las Bibliotecas: Oliver critica la mitología que rodea a las bibliotecas, argumentando que esta idealización impide reconocer sus fallos y realizar cambios significativos.
La Realidad del Trabajo Bibliotecario: Sugiuchi y Oliver coinciden en que las bibliotecas no están separadas de los problemas sistémicos del país; al contrario, los encarnan. Durante la pandemia, se visibilizó el enorme trabajo comunitario que realizan las bibliotecas, pero sin cuestionar por qué se les asigna tanto trabajo ni cómo esto refleja las inequidades prevalentes.
Reconocer el Problema: La romantización de las bibliotecas como «el último bastión de la democracia» o «el último gran igualador» impide una evaluación crítica necesaria para realizar cambios. Sin reconocer los problemas, no se pueden encontrar soluciones.
Amanda Oliver destaca la importancia de reconocer y abordar estos problemas para mejorar las bibliotecas y apoyar adecuadamente a su personal, quienes a menudo están sobrecargados y quemados por la magnitud y naturaleza de su trabajo.