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Políticas de acceso abierto en los Estados miembros de la UE y más allá

European Commission: Directorate-General for Research and Innovation and Spichtinger, D., Open access policies in EU Member States and beyond – Final report, Publications Office of the European Union, 2026, https://data.europa.eu/doi/10.2777/8921907

El objetivo de la publicación es ofrecer una visión actualizada de las políticas de acceso abierto en todos los Estados miembros de la UE y en determinados terceros países (por ejemplo, el Reino Unido, EE. UU., China y Japón). Su valor añadido reside en que esta información actualizada proporcionará a la Comisión y a los lectores externos un conocimiento actual y preciso sobre un componente importante de la ciencia abierta: el acceso abierto a las publicaciones científicas. Además, la información recopilada en el informe sirve de base para los trabajos relacionados con la propuesta de Ley del Espacio Europeo de Investigación. La publicación aborda un aspecto de la investigación en Europa.

Análisis comparativo de las políticas de acceso abierto a las publicaciones científicas y a los datos de investigación en los 27 Estados miembros de la Unión Europea, complementado con un estudio comparativo de ocho países no pertenecientes a la UE. Su objetivo es proporcionar una visión actualizada de los marcos nacionales de acceso abierto y, a partir de ellos, formular recomendaciones para mejorar la coordinación europea. El estudio destaca desde el principio que se han producido avances importantes durante más de una década, pero que estos avances son desiguales y fragmentados: los países difieren en la fuerza jurídica de sus políticas, los ámbitos cubiertos, los períodos de embargo, los derechos de autor, los sistemas de repositorios, los mecanismos de financiación y los procedimientos de seguimiento. Esta diversidad genera una considerable complejidad para investigadores, instituciones y financiadores, especialmente en los proyectos de colaboración internacional.

Uno de los principales hallazgos es que no existe todavía un modelo europeo homogéneo de acceso abierto. Los Estados miembros utilizan fundamentalmente tres tipos de instrumentos: estrategias nacionales, mandatos de los organismos financiadores y legislación. Las estrategias tienen la ventaja de facilitar el consenso y permitir una implantación progresiva, pero pueden quedarse en declaraciones de intenciones cuando no existen mecanismos de aplicación. Los mandatos de los financiadores permiten establecer obligaciones más concretas y adaptarse con mayor rapidez a los cambios del mercado editorial, aunque solamente afectan a la investigación financiada por esos organismos. La legislación proporciona mayor estabilidad jurídica y cobertura sistémica, pero puede resultar difícil de modificar cuando cambian las prácticas de publicación científica. El informe señala que los marcos que combinan varios instrumentos —legislación, financiación, estrategias nacionales e infraestructuras institucionales— ofrecen un entorno más completo, aunque también pueden generar complejidad si sus requisitos no son coherentes entre sí.

El informe concede especial importancia a la obligatoriedad de las políticas. La evidencia comparativa muestra que los planteamientos exclusivamente voluntarios tienden a producir resultados más desiguales, mientras que la combinación de obligaciones con infraestructuras, apoyo institucional y sistemas de seguimiento facilita una adopción más consistente. Sin embargo, el documento advierte de que una obligación legal, por sí sola, tampoco garantiza el cumplimiento: cuando no existen procedimientos de depósito sencillos, apoyo de las bibliotecas, recursos, sistemas de monitorización y mecanismos de cumplimiento, las disposiciones formales pueden tener en la práctica efectos similares a una política voluntaria. Por ello, el problema no es únicamente qué dice la legislación, sino también si las instituciones disponen de los medios necesarios para convertir esas obligaciones en prácticas habituales de los investigadores.

Otro aspecto fundamental es la transición desde los modelos basados en embargos hacia el acceso abierto inmediato. El estudio identifica los períodos de embargo como uno de los puntos de mayor divergencia entre los Estados miembros. Algunas políticas y organismos financiadores ya exigen acceso inmediato, mientras que otros permiten períodos determinados o incluso dejan la duración del embargo condicionada por las políticas de las editoriales. El informe propone avanzar hacia el acceso abierto inmediato y sin embargo para los artículos derivados de investigación financiada públicamente. Cuando esto no sea todavía posible, recomienda establecer como máximo seis meses para las ciencias, tecnologías y matemáticas y doce meses para las ciencias sociales y humanidades, con una progresiva eliminación de estos períodos. El estudio considera especialmente problemáticos los embargos indefinidos o aquellos cuya duración queda esencialmente en manos de las editoriales.

La cuestión de los derechos de autor y la retención de derechos ocupa igualmente una posición central. El informe distingue entre el derecho legal de publicación secundaria, que permite a los investigadores hacer disponible su trabajo independientemente de determinadas condiciones contractuales de las editoriales, y las políticas de rights retention, mediante las cuales los autores conservan los derechos necesarios para depositar sus manuscritos. La recomendación general es proporcionar a los investigadores una base jurídica sólida que permita el autoarchivo, preferentemente con embargo cero, y promover licencias abiertas como CC BY para las publicaciones y CC BY/CC0 para los metadatos, admitiendo excepciones justificadas. El objetivo es reducir la dependencia de las condiciones contractuales de los editores y garantizar que la financiación pública produzca resultados que puedan ser consultados y reutilizados públicamente.

El documento también aborda la transformación del acceso abierto hacia una concepción más amplia de la ciencia abierta. Ya no se trata solamente de que los artículos sean gratuitos para su lectura, sino de integrar publicaciones, datos de investigación, software, protocolos, infraestructuras, recursos educativos, ciencia ciudadana y nuevas formas de evaluación científica. Los datos deben gestionarse conforme a los principios FAIR —Findable, Accessible, Interoperable y Reusable—, aunque el informe recuerda que FAIR no significa necesariamente que todos los datos tengan que ser completamente abiertos: deben aplicarse los principios de «tan abiertos como sea posible y tan cerrados como sea necesario». Los planes de gestión de datos deberían evolucionar desde documentos estáticos hacia herramientas legibles tanto por humanos como por máquinas.

Un elemento especialmente relevante es la infraestructura de repositorios. El informe considera que las políticas de acceso abierto necesitan apoyarse en repositorios institucionales, disciplinares o nacionales que permitan depositar, preservar y difundir las publicaciones y los datos. Se propone establecer requisitos técnicos comunes para los repositorios de confianza, incluyendo identificadores persistentes, metadatos abiertos y normalizados, licencias legibles por máquinas y APIs que permitan la agregación de información y el text and data mining. Además, se recomienda mejorar la conexión entre las infraestructuras nacionales y la European Open Science Cloud (EOSC). De esta manera, los repositorios dejan de ser simples depósitos de documentos para convertirse en elementos esenciales de la infraestructura europea de comunicación científica.

La financiación constituye otro de los grandes problemas identificados. El informe observa un crecimiento significativo de los costes asociados a las tasas de publicación —APC— y advierte de que la expansión de modelos basados exclusivamente en el pago por publicar puede generar nuevas desigualdades. Las instituciones y los investigadores con menor capacidad económica pueden quedar en desventaja frente a aquellos que disponen de mayores recursos. Por ello, se propone considerar los costes de acceso abierto, repositorios, gestión de datos, infraestructuras y formación como parte estructural de la financiación del sistema de investigación. Paralelamente, el estudio recomienda diversificar los modelos de publicación y fortalecer especialmente el Diamond Open Access, en el que ni los lectores ni los autores pagan por acceder o publicar, apoyando revistas y plataformas comunitarias, institucionales y sin ánimo de lucro.

Una cuestión particularmente importante es la relación entre acceso abierto y evaluación de la investigación. El informe considera que mientras los sistemas de evaluación sigan recompensando principalmente el prestigio de las revistas y determinados indicadores bibliométricos, los investigadores pueden tener pocos incentivos para priorizar la apertura. Por ello, recomienda integrar formalmente las prácticas de ciencia abierta en la evaluación de investigadores, proyectos e instituciones, en línea con iniciativas como CoARA y los principios de reforma de la evaluación científica. El acceso abierto debería formar parte de los criterios de reconocimiento junto con otras contribuciones científicas, y deberían evitarse incentivos que premien exclusivamente la publicación en revistas consideradas de máxima categoría.

En el caso de España, el informe describe un marco relativamente desarrollado que combina legislación, estrategia nacional y mandatos de organismos financiadores. La Ley 17/2022 exige el depósito simultáneo de las publicaciones con su fecha de publicación, mientras que la ENCA 2023-2027 amplía la perspectiva hacia la ciencia abierta, incorporando publicaciones, datos, software, protocolos y otros objetos digitales. También participan en este sistema organismos como AEI e ISCIII, junto con infraestructuras como RECOLECTA, que agrega metadatos procedentes de repositorios institucionales españoles y favorece su interoperabilidad con infraestructuras europeas.

España presenta además una característica especialmente significativa: la incorporación del acceso abierto a los sistemas de evaluación científica. La LOSU establece que las agencias de calidad deben incluir la accesibilidad en abierto de los resultados científicos entre sus criterios de evaluación y utilizar los repositorios institucionales para acceder a la documentación correspondiente. Asimismo, desde 2023 ANECA ha incorporado el depósito de los resultados de investigación como criterio en las convocatorias de sexenios, manteniéndose posteriormente este requisito. El informe interpreta esta conexión entre políticas de apertura y evaluación como un mecanismo capaz de modificar el comportamiento de los investigadores, al convertir el depósito y la disponibilidad de los resultados en elementos relevantes para la carrera científica.

Las bibliotecas públicas de EE. UU. tienen más recursos, pero pierden usuarios y circulación física

EveryLibrary Institute. New Freckle Project Report Examines 15 Years of Public Library Use. 7 de septiembre de 2026. Informe del Freckle Project, “15 Years of IMLS Figures”, elaborado a partir de estadísticas del Institute of Museum and Library Services (IMLS), 2010-2024 https://www.everylibraryinstitute.org/freckle_report_2026_15_years_public_library_use

Informe

El nuevo informe del Freckle Project, dirigido por el investigador Tim Coates y difundido por el EveryLibrary Institute, analiza quince años de estadísticas de las bibliotecas públicas estadounidenses, desde 2010 hasta 2024. Los datos muestran una paradoja especialmente relevante: las bibliotecas disponen actualmente de más instalaciones, más personal y mayores niveles de financiación que al comienzo del periodo, pero algunos de los principales indicadores de utilización física han descendido de manera considerable.

En 2024 Estados Unidos contaba con 17.580 instalaciones bibliotecarias y 147.289 empleados, mientras que las bibliotecas públicas recibieron cerca de 18.000 millones de dólares para gastos operativos y otros 1.600 millones para inversiones de capital.

El contraste resulta especialmente evidente en las visitas y los préstamos. Las visitas anuales a las bibliotecas públicas pasaron de aproximadamente 1.570 millones en 2010 a 869 millones en 2024, lo que supone una reducción cercana al 45 %. La circulación total también descendió, desde unos 2.470 millones de documentos hasta 1.710 millones durante el mismo periodo. El informe identifica además una caída particularmente pronunciada de la circulación física de materiales para adultos: una vez descontadas las circulaciones electrónicas y las correspondientes a la colección infantil, Coates estima que esta categoría se redujo alrededor de un 68 % entre 2010 y 2024.

A partir de estos datos, el informe plantea una cuestión de fondo sobre la estrategia de las bibliotecas públicas: no basta con preguntarse qué materiales se prestan, sino también cuáles no se prestan porque la biblioteca no los tiene. Coates propone revisar las colecciones físicas de manera mucho más detallada para comprobar si contienen los temas, autores, clásicos, obras de fondo y títulos de no ficción práctica que buscan los lectores. También señala la necesidad de identificar colecciones envejecidas o poco relevantes que puedan estar ocupando espacio en detrimento de materiales con mayor potencial de uso.

La propuesta implica recuperar la colección física y la experiencia de descubrimiento como elementos centrales del servicio bibliotecario. El informe recomienda analizar la circulación biblioteca por biblioteca y estantería por estantería, reforzar las colecciones básicas, mejorar la señalización y la presentación de los fondos y crear espacios que favorezcan la exploración y la lectura. En este sentido, el estudio no interpreta necesariamente la caída de la circulación como una pérdida de interés por la lectura, sino que plantea que las propias bibliotecas deben investigar hasta qué punto sus colecciones, su organización y la forma en que presentan los materiales responden a las necesidades actuales de sus comunidades.

En definitiva, el informe plantea una paradoja que resulta muy pertinente para el debate bibliotecario actual: las bibliotecas estadounidenses cuentan con más recursos que nunca, pero sus indicadores tradicionales de uso físico han retrocedido notablemente. El reto que plantea Coates es convertir esa constatación en una oportunidad para revisar las colecciones, los espacios y los mecanismos de descubrimiento, preguntándose no solamente qué servicios ofrecen las bibliotecas, sino también si están ofreciendo aquello que los usuarios realmente quieren encontrar.

Recursos tecnológicos en los espacios de creación (makerspaces) de las bibliotecas universitarias de Estados Unidos.

Students working with 3D printer, laser cutter, and electronics in a library makerspace
Students collaborate on 3D printing, laser cutting, and electronics projects in a library makerspace.

Kotuła, S. D. (2026). An exploratory study of technological resources in makerspaces at academic libraries in the United States. The Journal of Academic Librarianship, 52, 103325. https://doi.org/10.1016/j.acalib.2026.103325

Este estudio exploratorio analiza la presencia, la infraestructura tecnológica, los modelos de personal y los servicios de apoyo al usuario en los makerspaces ubicados dentro de bibliotecas universitarias en los Estados Unidos.

La investigación tomó como base una muestra representativa de 436 instituciones educativas pertenecientes al Best National University Rankings de 2025, de las cuales se identificaron 138 bibliotecas universitarias con espacios de fabricación digital y creación activa, lo que representa aproximadamente el 32% de adopción. Este porcentaje se mantiene muy estable en comparación con mediciones previas realizadas en 2023, lo que sugiere una etapa de consolidación e institucionalización de estos entornos dentro de la infraestructura bibliotecaria universitaria en lugar de una expansión acelerada.

En cuanto al inventario y categorización de recursos tecnológicos, el estudio agrupa el equipamiento en cinco áreas funcionales clave: medios y producción de contenidos, herramientas vocacionales/artesanales, fabricación digital, tecnologías emergentes/especializadas, y electrónica/sistemas embebidos. Aunque la categoría de producción de medios abarca la mayor variedad tipológica de herramientas (41 tipos distintos), la fabricación digital destaca como la más extendida y presente entre las instituciones analizadas. Las impresoras 3D, máquinas de corte y herramientas textiles (como máquinas de coser y remalladoras) constituyen los recursos nucleares más comunes, estando presentes en un rango de entre 53% y 72% de los makerspaces estudiados. Esta convergencia muestra un modelo que equilibra las tecnologías de prototipado rápido digital con actividades artesanales y de manufactura tradicional.

El análisis cuantitativo revela un patrón de distribución de infraestructura de «cola larga» (long tail), donde un conjunto estándar y muy homogéneo de herramientas compone el núcleo básico de casi todos los espacios. Por el contrario, los recursos de tecnología avanzada o altamente especializados —tales como paredes de video para visualización masiva de datos, laboratorios de inteligencia artificial, simuladores de vuelo, mesas de disección virtual o estaciones de mapeo GIS— están concentrados de manera marginal en menos del 3% de las instalaciones. Esto demuestra que la singularidad, la capacidad de innovación interdisciplinaria y la identidad propia de cada biblioteca dependen de un nicho periférico de equipamiento adaptado a sus prioridades institucionales concretas, mientras que su infraestructura base sigue un patrón común.

Respecto a la gestión operativa, la investigación constata la ausencia de un modelo organizativo o de personal estandarizado. Las estructuras de trabajo abarcan desde la gestión unipersonal a cargo de un bibliotecario o especialista técnico, hasta modelos basados en docentes universitarios o equipos dinámicos apoyados por estudiantes de grado y posgrado. Asimismo, se identifican modelos orientados a la comunidad o al compromiso profesional que integran mentores externos, exalumnos y voluntarios. En el ámbito del servicio, las bibliotecas suelen aplicar una modalidad combinada que abarca el acceso autónomo previa capacitación en seguridad, talleres grupales para el desarrollo de competencias prácticas y, en menor grado, la integración activa de proyectos de makerspace dentro del plan de estudios formal de las universidades.

250 años de historia de Estados Unidos a través de los libros conservados por las bibliotecas

OCLC. America’s 250-Year Bookshelf. Dublin (Ohio): OCLC, 2026. Recurso digital publicado con motivo del 250º aniversario de la independencia de Estados Unidos, disponible en la plataforma oficial de WorldCat. Consultado en junio de 2026. https://www.oclc.org/en/worldcat/americas-250-year-bookshelf.html

Con motivo de la conmemoración del 250º aniversario de la independencia de Estados Unidos, OCLC —la principal organización cooperativa internacional dedicada a servicios bibliotecarios y creadora de WorldCat— ha lanzado una iniciativa singular titulada America’s 250-Year Bookshelf. Se trata de una selección de 250 libros de no ficción sobre Estados Unidos, escogiendo un título representativo por cada año transcurrido desde 1776 hasta 2026.

La selección no responde a criterios editoriales tradicionales ni a listas elaboradas por críticos literarios, sino a un criterio particularmente revelador: qué libros han sido conservados de forma continuada por miles de bibliotecas a lo largo de generaciones.

El proyecto utiliza los datos acumulados en WorldCat, considerado el catálogo colectivo más grande del mundo, para identificar qué obras sobre la experiencia estadounidense han demostrado una permanencia sostenida en las colecciones bibliotecarias. La premisa es especialmente interesante desde una perspectiva bibliotecaria: en lugar de medir la importancia cultural de un libro a partir de ventas, premios o tendencias algorítmicas, se toma como indicador el hecho de que las bibliotecas hayan decidido conservar esas obras durante décadas o incluso siglos, otorgándoles una forma de validación basada en la memoria institucional y en la preservación del conocimiento.

La cronología comienza en 1776 con Common Sense de Thomas Paine, el célebre panfleto político que defendió la independencia de las colonias americanas frente al Imperio británico. A partir de ahí, la lista recorre obras fundamentales que han ayudado a interpretar la evolución política, social, económica y cultural del país. Entre ellas aparecen títulos tan emblemáticos como Democracy in America de Alexis de Tocqueville (1835), John Brown de W. E. B. Du Bois (1909), o Hidden Figures de Hidden Figures de Margot Lee Shetterly (2016), hasta llegar a publicaciones recientes como American Struggle de Jon Meacham, publicado en 2026.

Uno de los aspectos más relevantes del proyecto es la reivindicación del papel de las bibliotecas como instituciones capaces de determinar, a largo plazo, qué conocimiento permanece vivo en la memoria colectiva. Según explicó Skip Prichard, presidente ejecutivo de OCLC, existen innumerables listas que recomiendan qué leer sobre Estados Unidos, pero esta es distinta porque cada libro “ganó su lugar” debido a que miles de bibliotecas decidieron conservarlo durante décadas, convirtiendo esa permanencia en un indicador más honesto de relevancia cultural que cualquier algoritmo o valoración crítica circunstancial.

Más allá de ser una simple lista de lectura, America’s 250-Year Bookshelf constituye una reflexión sobre el valor patrimonial de las colecciones bibliotecarias y sobre la función silenciosa pero esencial que desempeñan las bibliotecas en la preservación de la memoria histórica. El proyecto pone de relieve cómo las decisiones acumuladas de selección, catalogación y conservación tomadas por miles de profesionales de la información terminan configurando una narrativa cultural colectiva. En un contexto marcado por la volatilidad digital, la sobreabundancia informativa y la recomendación automatizada mediante inteligencia artificial, esta iniciativa recuerda que las bibliotecas siguen siendo guardianas fundamentales de aquello que una sociedad considera digno de ser recordado y transmitido a futuras generaciones.

Cómo los bibliotecarios se convirtieron en el activo más valioso de Estados Unidos para la inteligencia durante la Segunda Guerra Mundial

Bishop, Carley. 2024. How Librarians Became America’s Greatest Asset in WWII Intelligence. 1000 Libraries Magazine, 11 de noviembre de 2024. https://magazine.1000libraries.com/how-librarians-became-americas-greatest-asset-in-wwii-intelligence/

Durante la Segunda Guerra Mundial, los bibliotecarios estadounidenses desempeñaron un papel decisivo en la construcción del aparato de inteligencia del país. En un momento en el que Estados Unidos carecía de una estructura consolidada para el análisis sistemático de información global, el gobierno recurrió a profesionales con habilidades muy específicas en organización del conocimiento, catalogación y análisis documental. Esta necesidad se intensificó con la creación del Office of Strategic Services (OSS), antecedente de la CIA, que buscaba perfiles capaces de transformar grandes volúmenes de datos dispersos en inteligencia útil y operativa.

Uno de los núcleos más importantes de esta colaboración fue la Research and Analysis Branch del OSS, donde trabajaron numerosos bibliotecarios, archivistas y académicos. Su labor consistía en recopilar información procedente de fuentes abiertas —libros, periódicos, informes técnicos, revistas científicas, mapas y estadísticas económicas— para construir análisis detallados sobre los países implicados en la guerra. Su formación profesional, centrada en la clasificación y recuperación eficiente de información, se convirtió en una ventaja estratégica en un contexto en el que la “guerra de la información” era tan relevante como el conflicto militar directo.

El artículo subraya que estos profesionales no solo trabajaron en bibliotecas o centros de análisis en Estados Unidos, sino que muchos fueron enviados a Europa y otros territorios con misiones de campo. Allí debían localizar, copiar y preservar documentos clave, en muchos casos utilizando microfilm, una tecnología esencial para la época. También recuperaban publicaciones restringidas o censuradas en territorios ocupados, lo que permitía acceder a datos sobre infraestructuras, producción industrial, movimientos logísticos o estructuras políticas de los países enemigos. Esta labor combinaba investigación académica con prácticas propias del espionaje, aunque muchas veces se realizaba bajo la cobertura de actividades culturales o documentales.

El texto destaca asimismo la dimensión humana y de riesgo de estas operaciones. Algunos bibliotecarios trabajaron en condiciones de gran presión, con vigilancia constante y peligro de detención. Figuras como Adele Kibre simbolizan este perfil híbrido entre intelectual y agente de inteligencia, capaz de operar en entornos hostiles utilizando habilidades de análisis documental más que armamento o espionaje tradicional. Esta transformación del rol bibliotecario demuestra cómo la guerra amplió los límites de las profesiones vinculadas a la información.

El artículo destaca las consecuencias a largo plazo de esta colaboración entre bibliotecas e inteligencia militar. Tras la guerra, se reforzó la percepción de que la gestión de la información era un recurso estratégico para los Estados modernos. Esto contribuyó a una mayor inversión en bibliotecas, archivos y sistemas de documentación, y a la consolidación de disciplinas como la ciencia de la información. En este sentido, la experiencia de la Segunda Guerra Mundial no solo transformó el papel de los bibliotecarios, sino que ayudó a redefinir la importancia política y estratégica del conocimiento organizado en la sociedad contemporánea.

55 momentos que redefinieron la biblioteconomía: una historia de bibliotecas, libertad y transformación social

Price, Sallyann. “55 Moments That Redefined Librarianship.” American Libraries Magazine, 1 de mayo de 2026. American Libraries Magazine

El artículo presenta la historia de las bibliotecas como una historia de transformación social constante. Las bibliotecas aparecen no solo como lugares donde se almacenan libros, sino como instituciones esenciales para la democracia, la igualdad de acceso a la información, la memoria colectiva y la defensa de los derechos civiles.

El artículo publicado por American Libraries con motivo del 150 aniversario de la American Library Association (ALA) recorre algunos de los momentos más decisivos de la historia de las bibliotecas estadounidenses desde 1876 hasta 2026. El texto muestra cómo las bibliotecas han evolucionado junto con la sociedad norteamericana, convirtiéndose en espacios de acceso democrático al conocimiento, defensa de la libertad intelectual, inclusión social y adaptación tecnológica.

La historia comienza en 1876 con la fundación de la American Library Association por un grupo de 103 bibliotecarios reunidos en Filadelfia. Entre los protagonistas destacó Melvil Dewey, creador de la Clasificación Decimal Dewey, sistema que revolucionó la organización bibliográfica. Sin embargo, el artículo también revisa críticamente su figura debido a sus actitudes racistas, antisemitas y a las denuncias por conducta inapropiada. En esos años se consolidaron innovaciones fundamentales como el catálogo en fichas y la creación de la primera escuela de biblioteconomía en Columbia College en 1887, lo que contribuyó a profesionalizar el trabajo bibliotecario.

A finales del siglo XIX y principios del XX, las bibliotecas públicas experimentaron una enorme expansión gracias a Andrew Carnegie, quien financió más de 2.500 bibliotecas gratuitas en todo el mundo. Paralelamente surgieron nuevas formas de servicio bibliotecario, como los bibliobuses impulsados por Mary Titcomb en 1905, destinados a acercar los libros a comunidades rurales. También comenzaron a desarrollarse bibliotecas escolares y servicios especializados para inmigrantes, aunque muchos de ellos estaban influenciados por políticas de americanización y asimilación cultural.

El artículo aborda igualmente las profundas desigualdades raciales de la época. En el sur segregado de Estados Unidos, las personas negras tenían acceso únicamente a bibliotecas separadas. Un ejemplo destacado fue la Western Branch Library de Louisville, inaugurada en 1908 como la primera biblioteca pública destinada exclusivamente a afroamericanos y gestionada por bibliotecarios negros.

Durante la Primera Guerra Mundial, la ALA creó el Library War Service, un programa que distribuyó millones de libros a soldados estadounidenses y estableció bibliotecas en campos militares. Esta experiencia reforzó la idea de las bibliotecas como instrumentos de apoyo moral, educativo y cultural incluso en tiempos de guerra. Posteriormente, durante la Gran Depresión, proyectos como el Pack Horse Library Project llevaron libros a regiones aisladas de los Apalaches mediante bibliotecarias a caballo, convirtiéndose en uno de los símbolos más recordados de la extensión bibliotecaria rural.

El texto también analiza la evolución de los servicios inclusivos. En 1931 se creó el servicio nacional de lectura para personas ciegas o con discapacidad visual, mientras que los premios Newbery y Caldecott ayudaron a legitimar la literatura infantil como un campo literario y educativo de gran importancia.

Uno de los momentos más críticos relatados fue la conferencia de la ALA en Richmond en 1936, celebrada bajo las leyes segregacionistas Jim Crow. Los asistentes negros fueron discriminados en hoteles, comidas y espacios de reunión. Las protestas posteriores impulsaron cambios en la organización y condujeron a políticas antidiscriminatorias dentro de la asociación.

A partir de la década de 1940, la defensa de la libertad intelectual se convirtió en uno de los ejes centrales de la profesión bibliotecaria. La aprobación de la Library Bill of Rights en 1939 y de la Freedom to Read Statement en 1953 consolidó el compromiso de las bibliotecas con la diversidad de ideas y la oposición a la censura, especialmente durante la Guerra Fría y el macartismo.

Las décadas de 1960 y 1970 estuvieron marcadas por la lucha por los derechos civiles. Numerosas protestas y sentadas en bibliotecas segregadas del sur contribuyeron a la desegregación de estos espacios. Bibliotecarios afroamericanos como E. J. Josey impulsaron reformas dentro de la ALA para combatir la discriminación racial. En esos años también surgieron grupos profesionales vinculados a movimientos sociales, como el Black Caucus, la Rainbow Round Table y Reforma, reflejando una profesión cada vez más diversa y comprometida socialmente.

El artículo destaca además la revolución tecnológica que transformó radicalmente las bibliotecas. El desarrollo del formato MARC por Henriette Avram permitió informatizar los registros bibliográficos y facilitó la transición desde los catálogos en fichas hacia los catálogos digitales. Más tarde, proyectos como Project Gutenberg y Google Books ampliaron enormemente el acceso digital a millones de textos.

En las décadas de 1980 y 1990 crecieron las polémicas sobre censura y retirada de libros. La creación de la Banned Books Week en 1982 respondió a los intentos de prohibir obras relacionadas con sexualidad, religión o diversidad cultural. Al mismo tiempo, internet y los ordenadores personales transformaron el acceso a la información y convirtieron a las bibliotecas en centros tecnológicos y de alfabetización digital.

En el siglo XXI, las bibliotecas enfrentaron nuevos desafíos relacionados con la vigilancia gubernamental, los desastres naturales y la desigualdad social. Tras los atentados del 11 de septiembre, la Patriot Act permitió el acceso gubernamental a registros bibliotecarios, lo que provocó una fuerte oposición de la ALA. Durante el huracán Katrina, muchas bibliotecas funcionaron como centros de ayuda comunitaria y acceso a información esencial.

El artículo también analiza medidas recientes como la eliminación de multas por retraso, consideradas una barrera injusta para usuarios con menos recursos, y la respuesta bibliotecaria durante la pandemia de COVID-19, cuando muchas bibliotecas ofrecieron acceso Wi-Fi, actividades virtuales y apoyo educativo remoto.

Finalmente, el texto se centra en los retos actuales: el impacto de la inteligencia artificial generativa, las campañas de censura dirigidas especialmente contra libros relacionados con comunidades LGBTQ+ y minorías raciales, y las tensiones políticas en torno a la financiación y el papel social de las bibliotecas. La llegada de herramientas como ChatGPT abrió debates sobre derechos de autor, alfabetización informacional y desinformación digital. Al mismo tiempo, la ALA y numerosos profesionales han impulsado campañas de defensa de las bibliotecas y de la libertad de lectura frente a crecientes presiones ideológicas.

Libros para las trincheras: el servicio bibliotecario de la ALA durante la Primera Guerra Mundial

Barcelona, Leanna. “The Books They Read: Library War Service in WWI.” American Library Association Archives, 20 de marzo de 2017. https://www.library.illinois.edu/ala/2017/03/20/the-books-they-carried/

Se analiza uno de los episodios más singulares de la historia de las bibliotecas: el esfuerzo de los bibliotecarios estadounidenses por llevar libros y lectura a soldados y marineros durante la Primera Guerra Mundial. El texto explica cómo la llamada Library War Service transformó a las bibliotecas en instrumentos de apoyo moral, educativo y psicológico en medio del conflicto bélico.

La iniciativa comenzó en 1917, cuando la American Library Association organizó una enorme campaña nacional de recogida de fondos y donación de libros. El objetivo era proporcionar “un libro para cada hombre”, es decir, garantizar que todos los soldados estadounidenses, tanto en los campos de entrenamiento como en Europa, tuvieran acceso a materiales de lectura. La campaña alcanzó dimensiones extraordinarias: se recaudaron alrededor de cinco millones de dólares, se distribuyeron entre siete y diez millones de libros y revistas, y se construyeron treinta y seis bibliotecas militares financiadas por la Carnegie Corporation.

El artículo subraya que las bibliotecas de guerra no eran simples depósitos de libros, sino espacios de refugio emocional y cultural para los combatientes. Los soldados encontraban en la lectura una forma de evasión frente al horror de la guerra, pero también un medio para mantener la conexión con la vida civil y con la idea de un futuro después del conflicto. Según testimonios recogidos en el texto, los libros circulaban constantemente entre marineros y soldados, que tenían acceso libre a ellos sin restricciones ni controles estrictos.

Uno de los aspectos más interesantes del artículo es la reflexión sobre qué leían realmente los soldados. Aunque existía la imagen romántica de militares leyendo novelas de aventuras o relatos patrióticos, gran parte de las obras solicitadas eran libros técnicos y prácticos. Muchos combatientes buscaban prepararse para la reintegración laboral tras la guerra y leían manuales de mecánica, carpintería, ingeniería, negocios o transporte ferroviario. La lectura aparecía así vinculada a la formación profesional y a la movilidad social.

Al mismo tiempo, las novelas de ficción seguían teniendo un enorme éxito. Los relatos de aventuras, detectives y westerns ayudaban a aliviar la ansiedad y el agotamiento emocional. Algunas investigaciones posteriores sobre biblioterapia señalaron incluso que muchos soldados hospitalizados preferían historias sentimentales o novelas románticas, algo que sorprendió a los propios bibliotecarios militares. Estas observaciones contribuyeron al desarrollo temprano de la biblioterapia, entendida como el uso terapéutico de la lectura para mejorar el bienestar psicológico.

El texto también muestra el lado ideológico y censor de la iniciativa. No todos los libros eran aceptados. La ALA retiró determinadas obras consideradas pacifistas o favorables al bolchevismo, especialmente tras el aumento del miedo al comunismo después de la Revolución Rusa. Títulos relacionados con León Trotski o con análisis simpatizantes de Rusia revolucionaria fueron eliminados de las bibliotecas militares por considerarse peligrosos para “jóvenes impresionables”. Esto revela cómo las bibliotecas, incluso en contextos humanitarios, podían convertirse también en instrumentos de control ideológico.

El artículo destaca asimismo la importancia histórica de este programa para la evolución de las bibliotecas estadounidenses. La Library War Service convirtió a la American Library Association en una organización nacional de gran relevancia pública y consolidó la idea de la biblioteca como servicio esencial para la democracia y el bienestar social. La experiencia de guerra fortaleció la percepción de que las bibliotecas no solo debían conservar libros, sino también actuar como agentes activos de educación, integración y apoyo comunitario.

La Biblioteca del Congreso lleva el almacenamiento en ADN sintético a la cápsula del 250 aniversario de EE. UU.

“Library to Add Cutting-Edge Molecular Data Storage Device Carrying Digitized Collections to America’s Time Capsule.” Library of Congress Newsroom, 20 de mayo de 2026. Acceso el 22 de mayo de 2026

Texto original

La Library of Congress ha anunciado uno de los proyectos de preservación documental más innovadores de la actualidad: la inclusión de un dispositivo de almacenamiento molecular basado en ADN sintético dentro de la cápsula del tiempo oficial del proyecto America250, que será enterrada en Filadelfia como parte de las celebraciones del 250 aniversario de Estados Unidos. El diminuto recipiente metálico contiene cadenas de ADN sintético codificadas con copias digitales de algunos de los documentos, sonidos e imágenes más importantes de la historia cultural y política estadounidense. La cápsula será abierta en el año 2276, coincidiendo con el tricentenario del país.

La iniciativa surge a partir de un estudio de viabilidad solicitado por el Congreso estadounidense en 2024 para investigar nuevas tecnologías de preservación digital. La Biblioteca comenzó entonces a explorar el potencial del ADN sintético como soporte de almacenamiento de datos a largo plazo. A diferencia del ADN biológico, el ADN sintético utilizado en este proyecto no pertenece a ningún organismo vivo ni puede emplearse para crear vida; se trata de moléculas artificiales diseñadas específicamente para almacenar información digital mediante secuencias químicas.

Para desarrollar el proyecto, la Biblioteca colaboró con el University of Washington Molecular Information Systems Lab, especializado en almacenamiento molecular de datos. Los investigadores transformaron archivos digitales en secuencias codificadas de ADN y posteriormente sintetizaron físicamente esas cadenas moleculares. Todo el contenido quedó encapsulado en un pequeño vial metálico del tamaño aproximado de una goma de borrar de lápiz. El dispositivo incluye además un microchip con instrucciones para decodificar la información en el futuro y reconstruir los archivos originales cuando la cápsula sea abierta dentro de 250 años.

Entre los materiales almacenados figuran algunos de los tesoros documentales más emblemáticos de la Biblioteca del Congreso. Destaca especialmente el borrador manuscrito de la Declaración de Independencia redactado por Thomas Jefferson, junto con documentos relacionados con el himno nacional estadounidense, grabaciones históricas de finales del siglo XIX, mapas históricos, manuscritos mesoamericanos precolombinos, documentos del Congreso y registros sonoros de comunidades indígenas norteamericanas. También se incluyen modelos tridimensionales, como una representación digital de la mano de Abraham Lincoln.

Uno de los aspectos más revolucionarios del proyecto es la extraordinaria densidad de almacenamiento del ADN. Según la Biblioteca, un solo milímetro cúbico de ADN sintético podría albergar aproximadamente nueve terabytes de datos digitales, una capacidad miles de veces superior a la de los sistemas tradicionales de almacenamiento, como discos duros, cintas magnéticas o servidores en la nube. Además, el ADN posee una ventaja fundamental para la preservación patrimonial: su enorme durabilidad. Diversos estudios científicos han demostrado que el ADN puede mantenerse legible durante miles e incluso millones de años bajo condiciones adecuadas.

El proyecto responde también a un problema creciente en bibliotecas, archivos y centros de memoria: el aumento exponencial de la información digital y las limitaciones de las infraestructuras actuales para conservarla indefinidamente. La Biblioteca del Congreso administra ya más de mil millones de objetos digitales y decenas de petabytes de información preservada. En este contexto, el ADN sintético aparece como una posible solución complementaria para la conservación masiva y sostenible de datos culturales.

La iniciativa tiene además un fuerte componente simbólico. La cápsula del tiempo no solo preservará la memoria histórica estadounidense, sino que servirá como testimonio del momento en que la humanidad comenzó a experimentar seriamente con formas biológicas de almacenamiento informacional. De alguna manera, el proyecto conecta dos momentos históricos separados por siglos: el nacimiento de Estados Unidos y el posible nacimiento de una nueva era en la preservación del conocimiento humano.

Desde el punto de vista bibliotecario y archivístico, este experimento representa una auténtica transformación conceptual. Durante milenios, el conocimiento humano fue almacenado en piedra, arcilla, pergamino, papel y, más recientemente, soportes magnéticos y digitales. El ADN sintético introduce un nuevo paradigma en el que la información deja de depender exclusivamente de dispositivos electrónicos y pasa a integrarse en estructuras moleculares inspiradas en la biología.

La Biblioteca del Congreso subraya que el proyecto todavía es experimental y de alcance limitado, pero considera que sus resultados pueden ayudar a abrir nuevas vías para la preservación digital de gran escala. Además, el estudio permitirá evaluar aspectos técnicos como la fiabilidad de la escritura molecular, la recuperación de datos, la detección de errores y los costes asociados a esta tecnología emergente. La institución espera que la experiencia sirva también de modelo para otros grandes organismos patrimoniales y científicos interesados en métodos de conservación a ultra largo plazo.

¿Qué tipos de noticias buscan los estadounidenses o encuentran de forma accidental?

Toff, Benjamin. “What Types of News Do Americans Seek Out or Happen to Come Across?” Pew Research Center, April 20, 2026. https://www.pewresearch.org/short-reads/2026/04/20/what-types-of-news-do-americans-seek-out-or-happen-to-come-across/

El informe del Pew Research Center analiza cómo los estadounidenses acceden a distintos tipos de información informativa y distingue entre dos dinámicas principales: la búsqueda activa de noticias y el consumo incidental, es decir, cuando las personas se encuentran con noticias sin haberlas buscado directamente.

El estudio revela un cambio relevante en los hábitos informativos: aproximadamente la mitad de los adultos en Estados Unidos (49%) afirma que, en general, recibe noticias porque “se las encuentra por casualidad”, lo que supone un aumento significativo respecto al 39% registrado en 2019. Este dato sugiere una creciente dependencia de entornos digitales y redes sociales donde la información aparece de manera algorítmica o contextual más que por una búsqueda deliberada.

El informe también muestra que el tipo de contenido influye en esta dinámica. Los estadounidenses tienden a buscar activamente información cuando desean profundizar en temas o mantenerse actualizados sobre acontecimientos importantes. En concreto, una mayoría afirma que busca “análisis en profundidad” o “información actualizada”, mientras que otros tipos de contenidos, como las opiniones o los contenidos humorísticos relacionados con la actualidad, suelen consumirse de forma más pasiva o accidental. Por ejemplo, una proporción muy alta de encuestados indica que encuentra opiniones (64%) y contenido humorístico (66%) sobre noticias principalmente sin buscarlas, lo que refleja el papel de las redes sociales como canales de difusión indirecta.

El estudio subraya además una diferencia importante entre tipos de información: mientras los contenidos interpretativos o emocionales se consumen de manera incidental, la información más estructurada o factual sigue siendo objeto de búsqueda intencional por parte de los usuarios. Así, el 58% declara buscar activamente análisis profundos y el 55% información actualizada, lo que muestra que el interés por el conocimiento directo sigue siendo alto, aunque convive con una exposición creciente a flujos informativos no planificados.

Otro aspecto relevante es la influencia de factores demográficos. Los jóvenes, por ejemplo, tienen mayor probabilidad de consumir noticias de forma incidental que los mayores, especialmente a través de redes sociales y plataformas digitales. También se observan diferencias según nivel educativo y orientación política: las personas con estudios universitarios y los adultos con mayor interés político tienden a buscar más activamente información, mientras que otros grupos dependen más del consumo pasivo.

En conjunto, el informe concluye que el ecosistema informativo actual está cada vez más marcado por la combinación de búsqueda activa y exposición accidental. Esto tiene implicaciones importantes para la calidad de la información que reciben los ciudadanos, ya que la forma en que se accede a las noticias influye tanto en el nivel de comprensión como en la diversidad de perspectivas a las que se está expuesto.

Datos clave:

  • El 49% de los adultos en EE. UU. afirma que, en general, encuentra las noticias de forma incidental (sin buscarlas), frente al 39% en 2019 → aumento significativo del consumo “pasivo”.
  • Aproximadamente la otra mitad sigue accediendo a las noticias de manera más intencional o activa, especialmente cuando busca información concreta o actualizaciones.
  • Tipos de contenido más buscados activamente:
    – 58% busca análisis en profundidad de noticias.
    – 55% busca información actualizada sobre acontecimientos.
  • Tipos de contenido más consumidos incidentalmente:
    – 66% encuentra contenido humorístico relacionado con noticias sin buscarlo.
    – 64% se expone a opiniones sobre noticias de forma accidental.
  • El estudio confirma una tendencia clara:
    – lo informativo-factual se busca más activamente,
    – lo interpretativo, opinativo o entretenido se consume más de forma incidental.
  • Brecha generacional:
    – Los jóvenes son los que más consumen noticias de forma incidental (sobre todo en redes sociales).
    – Los mayores tienden a buscar noticias de forma más directa y deliberada.
  • Factores que influyen en la búsqueda activa:
    – Mayor nivel educativo.
    – Mayor interés político.
    – Mayor hábito de consumo informativo tradicional o estructurado.

La censura de libros en EE. UU. sigue en máximos históricos: bibliotecas bajo presión política

Associated Press. “Book Bans and Attempted Bans Remain at Record Highs, with ‘Sold’ Topping the List.” Associated Press, April 20, 2026. https://apnews.com/article/5403280786cf95111d4c9eb4b587c4be

La censura de libros y los intentos de retirar obras de bibliotecas en Estados Unidos continúan en niveles históricamente altos, según el informe anual de la American Library Association. La organización señala que, aunque el número total de incidentes descendió ligeramente respecto a 2023, la cantidad de títulos afectados sigue siendo extraordinariamente elevada. En 2025 se registraron impugnaciones contra 4.235 obras distintas, apenas por debajo del récord de 4.240 alcanzado dos años antes. Esto confirma que la batalla cultural en torno a las colecciones bibliotecarias no es un episodio pasajero, sino una tendencia consolidada.

El dato más llamativo del informe es que las prohibiciones efectivas superaron ampliamente el número de desafíos formales. Más de 5.600 títulos fueron finalmente retirados o restringidos en bibliotecas y centros educativos. Esto sugiere que muchas campañas no se limitan a protestas simbólicas, sino que logran resultados concretos mediante presión política, decisiones administrativas o autocensura preventiva de las instituciones.

La American Library Association distingue entre “challenge” (solicitud de retirada o restricción) y “ban” (eliminación efectiva o limitación severa de acceso). Esa diferencia es importante porque muestra cómo funciona la censura contemporánea: no siempre se prohíbe de manera abierta, sino mediante reubicaciones, restricciones por edad, exclusión curricular o retirada temporal mientras se revisa el contenido.

Entre los libros más cuestionados de 2025 encabezó la lista Sold, novela publicada en 2006 sobre tráfico sexual en India. También figuran The Perks of Being a Wallflower, Gender Queer: A Memoir y Empire of Storms. Las objeciones suelen centrarse en temas LGBTQ+, violencia sexual, lenguaje explícito, consumo de sustancias o representaciones consideradas inapropiadas por determinados grupos.

Lista de la ALA de los libros más censurados de 2025

1. “Sold” by Patricia McCormick

2. “The Perks of Being a Wallflower” by Stephen Chbosky

3. “Gender Queer: A Memoir” by Maia Kobabe

4. “Empire of Storms” by Sarah J. Maas

5. (tie) “Last Night at the Telegraph Club” by Malinda Lo

5. (tie) “Tricks” by Ellen Hopkins

7. “A Court of Thorns and Roses” by Sarah J. Maas

8. (tie) “A Clockwork Orange” by Anthony Burgess

8. (tie) “Identical” by Ellen Hopkins

8. (tie) “Looking for Alaska” by John Green

8. (tie) “Storm and Fury” by Jennifer L. Armentrout

Uno de los cambios más significativos detectados por la ALA es el origen de las denuncias. Durante décadas, las quejas procedían sobre todo de padres o miembros concretos de una comunidad local. Ahora, más del 90 % de los desafíos provienen de activistas organizados, cargos públicos o campañas coordinadas a escala estatal y nacional. Según la asociación, esto demuestra una profesionalización de la censura, donde circulan listas de libros objetivo y estrategias replicadas en múltiples territorios.

Estados como Florida, Texas, Utah e Iowa aparecen citados como escenarios de leyes o medidas restrictivas sobre contenidos relacionados con identidad de género, orientación sexual o diversidad racial. El conflicto ya no se limita a decisiones escolares aisladas, sino que forma parte de debates legislativos y judiciales sobre qué pueden leer estudiantes y ciudadanos en instituciones públicas.

Para las bibliotecas, la cuestión es de fondo: si deben actuar como espacios plurales de acceso al conocimiento o como instituciones sujetas a vetos ideológicos coyunturales. El informe recuerda que las bibliotecas existen para acoger múltiples experiencias humanas y garantizar el derecho a leer. En ese sentido, la controversia actual no trata solo de libros concretos, sino del papel de la cultura en una democracia.