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La gente prefiere tener acceso a la música que ser propietarios de las canciones

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Cuando se trata de música, según los datos de un estudio a casi 30.000 internautas llevado a cabo por Global Web Index (GWI), la preferencia general se inclina por tener posibilidad de acceder a canciones a través de servicios en línea en lugar ser propietarios de las canciones.

Esta tendencia es más pronunciada entre los usuarios de Internet más jóvenes – con más del 50% de entre 16-34 que dicen que preferir el acceso a la propiedad de los contenidos. Si bien esta preferencia va disminuyendo con la edad, ya que entre los mayores de 45 años esta opción es destacada sólo por el 13% de las personas consultadas.

En la actualidad, los datos de GWI sugieren que las personas más jóvenes son más dadas  a pagar por las descargas en lugar de por el acceso, lo que sugiere que es la disponibilidad de servicios gratuitos de streaming de música compatible con anuncios ha hecho de este modelo el  preferible a la hora de escuchar música.

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Acadreamia: servicio de alquiler de libros de texto

Acadreamia: servicio de alquiler de libros de texto

 

 

Julio Alonso Arévalo
Departamento de Traducción y Documentación

Universidad de Salamanca


Textbook rental service. http://www.acadreamia.co.uk/

Ya a casi nadie sorprende, o al menos así debería de ser, la aparición de nuevos modelos de negocio en relación al libro y las tareas que tradicionalmente realizamos los profesionales de la información, cuyo origen a veces se pierde en el devenir de los siglos. Quienes llevamos al menos una veintena de años en la profesión hemos tenido la gran fortuna de haber sido testigos de primera línea en este viaje iniciático cuyo principio fue próximo a la tradición casi milenaria del bibliotecario y cuyo final está por escribir. Actualmente en la profesión existe una gran incertidumbre sobre hacia dónde nos dirigimos y cuál debe ser la naturaleza de los servicios de información, ello también es en cierta manera lógico, ya que ahora más que nunca somos intermediarios que realizamos una serie de tareas poco visibles y definidas, que a veces son atribuidas a otros profesionales como editores, gestores o informáticos.

Acadreamia se presenta como el servicio número 1 en Reino Unido de préstamo de libros científicos para estudiantes, a unos precios que oscilan entre 2 y 10 libras, en función del tiempo de alquiler que puede ser desde 30 a 310 días con la posibilidad también de comprar el propio documento. La web como corresponde a un servicio comercial es minimalista, limpia y muy visual, permitiendo buscar un libro por autor, título o ISBN, pudiendo filtrar la información por área temática. Los libros se entregan en un plazo medio de 3 a 5 días.

Aunque curioso tampoco ofrece nada nuevo en el horizonte, si hacemos un balance de otros servicios en torno al libro, el primer gran hito lo llevó a cabo Amazon en 1995 con la venta de libros a través de Internet y cuyo origen está en el enriquecimiento y puesta en valor de los datos del ISBN estadounidense, a los que añade el poder de sugerencia e identificación de las portadas, sugerencias de otros libros que pueden interesar al cliente, y la posibilidad de introducir y ver comentarios de otros clientes sobre el material que estamos interesados en adquirir. El siguiente paso estaba ya escrito cuando en 2006 la empresa inicia la venta de libros electrónicos a través de su propio dispositivo el lector Kindle. A esta iniciativa le siguió una empresa tecnológica como Sony, que realiza el movimiento contrario montando su propia librería en línea ReaderStore a partir de la presentación de su lector Sony Reader, y finalmente Barnes & Noble la red de librerías más famosa de Estados Unidos con una tradición de casi un siglo ofreciendo su tienda virtual de libros electrónicos con su propio dispositivo “Nook”. En este año el gran impacto ha venido desde otra tecnológica como Apple que ha presentado su IPad junto a su propia tienda virtual IbookStore. Recientemente se ha incorporado el gigante Google con Google Ebookstore. Todo ello es una síntoma claro de que algo se esta moviendo en torno al libro.

Otros servicios más cercanos a la profesión que también han sido asumidos por entidades comerciales a través de externalización han sido aquellas tareas más repetitivas como la catalogación, que tuvo un peso excesivo durante muchos años en la profesión, llegando a ser casi quintaesencia de la misma, y actualmente minimizado por la facilidad de compartir metadatos. En el ámbito del préstamo interbibliotecario tenemos una empresa comercial de éxito Subito cuyos clientes somos fundamentalmente las propias bibliotecas, aunque en cierto sentido la idea es próxima a la que ya realizaba la British Library a través del BLDSC, ahora denominado Document Supply Services, entendido como un servicio comercial desde una entidad pública.

Acadreamia trabaja con material impreso, pero esta propuesta ya ha sido lanzada por servicios que operan con el libro digital con su consecuente inmediatez respecto a la disposición de los contendios, como es el caso de Questia, que trabaja con monografías académicas y libros de ensayo, así como artículos en ciencias sociales y humanidades, y cuyo modelo de negocio se basa en suscripciones individuales de los estudiantes; el modelo tiene un éxito relativo ya que hay que ser muy optimista para pensar que los propios estudiantes estén dispuestos a pagar por el acceso a un documento. Otra de las variantes de este modelo es el pago por uso desarrollado por ebrary, que permite que cualquiera pueda hojear el texto completo de un libro gratuitamente, y solamente cobra una tasa cuando se realiza una acción como copiar, descargar o imprimir el texto completo o un capítulo.

Parece claro que el espacio tradicional de la lectura y de la información científica está siendo ocupado por nuevos operadores que concurren legítimamente en este otro espacio virtual que es Internet, en el que tradicionalmente ha sido terreno exclusivo de la biblioteca y el bibliotecario; sin embargo lejos de significar una amenaza en muchos casos esta suponiendo una oportunidad para aprender cómo lo hacen otros y para proveer servicios más competitivos. Recordemos que allá en 1257 en la Universidad de Salamanca se tiene noticia de ese primer bibliotecario que en los documentos de la época aparece con el nombre de “estacionario”, que era el encargado de mandar copiar los libros que posteriormente prestaba a los alumnos a cambio de un montante económico. Realmente se juntan tal como indicaba el Pantocrator el alfa y el omega, el principio y el fin de las cosas, el estacionario y el servicio de préstamo de libros académicos a través de Internet.

Para acabar este recorrido con un poco de humor, alguien que asistió a la feria del libro de Guadalajara, me comento una anécdota, en la que un empresario del sector del libro electrónico les espetó a sus colegas editores que trabajan con el libro impreso que se parecían a la película “Los otros” porqué estaban ya muertos y no se habían dado cuenta todavía. Creo, espero y deseo que las cosas no sean tan determinantes, y simplemente, suponga un reequilibrio de acomodación al nuevo contexto adaptándonos al mismo y aprendiendo de cómo otros trabajan para mejorar en nuestro desempeño. La biblioteca ha muerto.. larga vida al bibliotecario.

¿Qué le pedimos a los editores y a las plataformas para dar un buen servicio de lectura digital en las bibliotecas?

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Alonso-Arévalo, Julio. Bibliotecas digitales: Reflexiones desde la práctica: ¿Qué le pedimos a los editores y a las plataformas para dar un buen servicio a los lectores? En: “El mercado bibliotecario como oportunidad de negocio para la edición digital” Peñaranda de Bracamonte (Salamanca). 12 de diciembre de 2012. Peñaranda de Bracamonte (Salamanca): CITA, 2012.

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Las bibliotecas están siendo uno de los motores fundamentales de impulso del libro electrónico en aquellos países que antes han iniciado la carrera digital del libro electrónico, y han sido muchas las bibliotecas que han respondido positiva y rápidamente a este cambio de expectativas. Uno de los factores clave es la evidencia de un crecimiento exponencial en los hábitos y actitudes de lectura en dispositivos electrónicos móviles, convirtiéndose de este modo las pantallas en interfaces privilegiadas de lectura y aprendizaje La biblioteca es un punto más de difusión, descubrimiento y venta de libros electrónicos para las editoriales. Existen diferentes plataformas que ofrecen libros electrónicos para bibliotecas, y una amplia multiplicidad de modelos de negocio. Por parte de las bibliotecas es importante evaluar todos los vendedores, determinar el gasto y la concesión de licencias de cada uno, y calcular los costes en curso para determinar si el modelo seleccionado es sostenible. Si bien los libros electrónicos son un área de crecimiento robusto de las bibliotecas y a pesar de que la existencia de ebooks en bibliotecas estadounidense es un hecho habitual, se trata de una normalidad frágil debido a las barreras que imponen los grandes grupos editoriales ante el gran empuje de las cifras de préstamos. Se establecen las premisas fundamentales para que los editores se animen a poner a disposición de las bibliotecas este modelo de negocio poco explotado en nuestro país, y se establecen algunos de los aspectos clave que los editores deben tener en cuenta a la hora de ofertar sus títulos en bibliotecas.

 

Shelfie: hazte una foto con tus libros y obtén un libro gratuito o un descuento importante en la versión digital

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Shelfie

http://www.shelfie.com/

Shelfie es una aplicación que permite a los usuarios tomarse una foto con su biblioteca y obtener libros electrónicos y versiones de audiolibros o de libros físicos que ya poseen de forma gratuita o a bajo costo. La aplicación también ofrece recomendaciones personalizadas basadas en la idea de que las mejores recomendaciones generalmente provienen de una imagen completa de los libros que los lectores ya poseen con una foto poersonal (o selfie) de su estante.

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Hudson, el directo gerente de Shelfie  recuerda la idea de Shelfie le vino durante una discusión con un amigo.En algún momento durante su conversación, el amigo de Hudson dijo que deseaba que hubiera una manera de obtener versiones digitales de sus libros impresos en su teléfono. Aquello le pareció una buena idea a Hudson, quien entonces empezó a pensar en ello más específicamente, acerca de la transferibilidad de los archivos de música y cómo podría aplicar esa idea a los libros.

Por otra parte otro amigo, Joe Hill, autor, escritor de cómics e hijo de Stephen King  quería encontrar una empresa que le proporcionara a los lectores libros electrónicos gratuitos siempre que compraran libros físicos, así que, naturalmente, él twitteó sobre ello. Alguien respondió diciendo que la compañía ya existía: Shelfie. Hill descargó la aplicación y tomó una foto de un libro que Shelfie había catalogado (dado que Shelfie no tenía muchos editores registrados en ese momento, Hudson atribuyó esto a la serendipia.) Hill preguntó a su editor, HarperCollins, si la empresa podría proporcionar  sus libros de esta manera, y HarperCollins le dio a Shelfie su lista completa.

Aunque Shelfie en su web ha cesado en sus operaciones, va a continuar funcionando con el apoyo de Kobo hasta marzo de 2017, tal como anuncia su web. De todos modos nos parecía importante reseñarlo como una idea innovadora. Si bien las apps ya no están disponibles ni en IOs, ni en Android.

24symbols: el Spotyfy de los libros

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24symbols se basa en un modelo freemium (publicidad+suscripción). es decir lectura gratuita a cambio de la presencia de publicidad contextual no intrusiva,, más la posibilidad de contratar una suscripción mediante el modelo premiun para leer sin publicidad. Más o menos la formula aplicada para la música por Spotyfy pero en este caso a los libros en español.

Se trata de una es una plataforma de lectura que no permite el acceso al fichero completo con el contenido y, en ese sentido, no facilita la copia ilegal. Lo que permite medir el número exacto de accesos a cada página. Así el contenido es accesible libremente, pero de forma controlada dentro de una comunidad bajo registro; y ese control permite distribuir los ingresos entre los autores y editores de forma acorde al éxito de sus contenidos.

Siendo además una plataforma para la promoción de editoriales y autores, ya que posibilita la lectura de libros gratis, pero con un modelo de negocio que puede representar una alternativa realista y factible para las editoriales, que va a permitir generar un retorno económico del usuario digital, a la vez que hace posible la convivencia con los modelos de negocio tradicionales.

Tom Kabinet sitio web de libros electrónicos usados

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https://www.tomkabinet.nl/

Tom Kabinet es un sitio web de libros electrónicos usados con sede en Holanda, que se estableció por primera vez durante el verano de 2014. Tom Kabinet media entre vendedores y compradores de libros electrónicos usados. Un usuario puede vender desde esta página web libros en formato ePub., por lo que sólo acepta libros en formato ePub con marca de agua digital (soft DRM), y sin DRM (Hard DRM), que permite que puedan leerse en todos los dispositivos que acepten este formato, ya que la facilidad de comercialización de los libros en ePub, es mayor que por ejemplo los archivos PDF o libros electrónicos con protección Hard DRM.

El precio máximo de venta al publico por libro son 2 euros + créditos

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Mediación y desintermediación en los entornos digitales: nuevos actores y nuevas funciones en la cadena del libro electrónico

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Cordón, José-Antonio; Alonso-Arévalo, Julio. “Mediación y legitimación cultural: la impronta de las redes sociales”. Anuario ThinkEPI, 2012, v. 6, pp. 264-268

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Las redes sociales se están erigiendo en un elemento nuclear en los sistemas de acreditación literaria y profesional configurando no sólo una nueva forma de gestación de opiniones, sino también una estructura informativa que organiza las reglas del medio. Su organización, sintaxis y normas internas condicionan la forma de participación, adquiriendo tal importancia que lo que no encaja en las mismas no existe como producto cultural.

El mercado del libro electrónico está experimentando transformaciones significativas que afectan a toda la cadena de producción editorial, determinando cambios de posición y de funciones en las tareas tradicionales de autoría, intermediación y distribución. En una economía tradicional los elementos de la cadena revisten un carácter de inmutabilidad en la que cada uno de los eslabones ocupa un lugar determinado por el anterior, y responsable del siguiente. En el ámbito del libro la exigencia de la publicación implica necesariamente a un autor, un editor, un impresor, un distribuidor y, en la mayoría de los casos, aunque no de manera necesaria, un lector. Se trata de un sistema en el sentido tradicional del término, tal y como lo definiera Bertalanffy, en el que el conjunto de los elementos se explican y se completan necesariamente para alcanzar un objetivo final, la edición de una obra, en una relación marcada por la verticalidad. En una economía virtual o en red cada uno de los actores puede entrar en relación con el resto sin la necesaria intervención del conjunto de los elementos considerados globalmente, sin que importe la posición que ocupe en el sistema. Esta configuración permite introducir el concepto de desintermediación, cuyas inferencias representan un poderoso revulsivo en el mundo digital. Mientras que en el modelo tradicional la publicación pasa necesariamente por la figura del editor que es quien concede crédito y visibilidad a una obra, de tal manera que el binomio autor-editor es indisoluble, en el digital esta relación adquiere una vertiente polifacética ampliando el elenco de posibilidades que se abren para el autor y su obra. El modelo se bifurca y se fragmenta en múltiples expectativas susceptibles de erigirse en referentes si el mercado sanciona la viabilidad de las mismas. De esta forma un autor puede decidir conservar la relación con su editor o dirigirse directamente a un distribuidor digital. Puede autoeditarse a través de un sitio web personal o convertirse en su propio distribuidor buscando el apoyo de librerías digitales.

La edición digital ha abierto sus puertas a miles de autores noveles rechazados por el sistema tradicional de publicación que han visto como editoriales y distribuidoras digitales les ofrecen la posibilidad de publicar sus obras. Y no se trata de compañías desconocidas que buscan hacerse un hueco en el mercado con nuevas ofertas creativas, sino grandes emporios como Amazon que ha creado la Kindle Digital Text Platform, donde los neófitos pueden colgar y vender sus obras, o Apple que a través de Ibookstore desarrolla el mismo servicio. Barnes and Noble hace lo propio y la tendencia es la misma en el resto de sitios. Estas iniciativas hacen tambalear la posición del editor tradicional y su poder de selección, producción y distribución del libro, pero también elimina una función esencial del circuito editorial, como es la de filtro o embudo que permite articular controles de calidad entre todo aquello que se pretende publicar. De tal manera, la capacidad de discriminación se desplaza de la producción (función editorial) a la recepción (función crítica), siendo el lector el que ha de articular sistemas de valoración que le permitan recuperar la función perdida.

El editor, por su parte, tampoco necesita del distribuidor. Un editor puede distribuir a sus autores o asumir las funciones que en el modelo analógico estaban completamente diferenciadas (Gil; Jiménez, 2010). Por otra parte, en el modelo analógico la única estrategia posible para la pequeña y mediana editorial es la de la diferenciación de sus productos, lo que redunda en un reforzamiento de su imagen de marca. La visibilidad de un producto está en estrecha relación con el grado de receptividad que es capaz de despertar en el usuario (motivaciones de compra que despierta una marca editorial determinada) pero también por factores derivados como son la presencia continuada en los expositores de una librería o los espacios publicitarios de los medios de comunicación, que actúan como “recordatorios” subliminales de la existencia de la gama de productos asociados. Pero las estrategias de diferenciación son muy difíciles de sostener sin unas inversiones para las que están imposibilitados los pequeños editores y sin las cuales la ocupación de un espacio comercial tiende a debilitarse. Lo que el modelo digital permite es la multiplicación de los espacios de intervención para el editor posibilitando la inmersión de la obra en los espacios múltiples del marketing viral y las redes sociales. Precisamente este es uno de los aspectos en los que los editores más han evolucionado en los últimos años.

Pero lo realmente novedoso es la aparición de empresas que no responden exactamente a los modelos anteriores, como los agregadores, que difieren considerablemente del papel de los distribuidores tradicionales. Su cometido es la creación y mantenimiento de colecciones de libros electrónicos y otros materiales de tal manera que puedan ser consultados y leídos por los usuarios finales mediante suscripción o compra. La creación y mantenimiento de estas colecciones representa la participación de un número variable de instituciones intermediarias. Entre estas están aquellas que adquieren los derechos a los editores para transformar o distribuir los contenidos en forma digital, y las bibliotecas que compran los derechos de acceso para los miembros de las instituciones a la que pertenecen en determinadas condiciones. Las bibliotecas, generalmente, no son propietarias de los contenidos, sólo están licenciadas para su consulta por los editores, que mantienen el copyright de los mismos.

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