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Inteligencia artificial y búsqueda de información: comparación entre chatbots de IA, buscadores web y recursos bibliotecarios entre estudiantes universitarios

Comparison chart of AI chatbot, search engine, and library information resources
An infographic comparing AI chatbots, search engines, and libraries as information resources.

Lund, Brady D., Zoe Abbie Teel, Ting Wang, et al. “Artificial Intelligence (AI) and Information Seeking: A Comparative Exploration of AI Chatbots, Search Engines, and Library Resources as Information Sources among University Students.” Journal of Librarianship and Information Science (OnlineFirst, 2026). https://doi.org/10.1177/09610006261438484

Datos en Zenodo: https://doi.org/10.5281/zenodo.19094911.

El artículo retrata un momento de transición en el ecosistema informativo universitario. La IA no ha desplazado a Google ni a las bibliotecas, pero ya se ha incorporado de forma visible a las rutinas académicas. Su papel es complementario, aunque en expansión, especialmente entre estudiantes jóvenes e internacionales. Para las bibliotecas y universidades, el reto no consiste en resistirse al cambio, sino en liderarlo: integrar la IA de forma ética, crítica y conectada con recursos académicos de calidad.

Este estudio analiza cómo los estudiantes universitarios de Estados Unidos están integrando la inteligencia artificial generativa en sus prácticas de búsqueda académica. A partir de una encuesta electrónica respondida por 236 estudiantes de perfiles diversos, los autores comparan el uso, preferencia y satisfacción con tres grandes fuentes de información: motores de búsqueda tradicionales (como Google), recursos bibliotecarios universitarios y herramientas de IA conversacional como ChatGPT. El trabajo parte de la idea de que la irrupción de la IA está modificando profundamente la ecología informacional en la educación superior, alterando la manera en que los estudiantes localizan, evalúan y utilizan información.

Los resultados muestran que los motores de búsqueda siguen siendo la herramienta dominante para tareas académicas, tanto por frecuencia de uso como por preferencia inicial al comenzar una investigación. Casi la mitad de los estudiantes indicaron que Google o buscadores similares son su primera opción, mientras que el resto se divide entre los recursos de biblioteca y la IA. Sin embargo, la IA ya ocupa un lugar significativo: solo un 15% declaró no haberla usado nunca para fines académicos, mientras que cerca del 10% la utiliza diariamente. Esto indica que la IA no ha sustituido aún a las herramientas tradicionales, pero sí se ha convertido en una pieza estable del repertorio informacional estudiantil.

Uno de los hallazgos más relevantes es la existencia de diferencias demográficas marcadas. Los estudiantes más jóvenes muestran mayor inclinación hacia la IA como punto de partida en sus búsquedas, mientras que los mayores prefieren claramente las páginas web de bibliotecas universitarias. Asimismo, los estudiantes internacionales utilizan la IA con mucha mayor frecuencia que los estudiantes nacionales estadounidenses. De hecho, recurren menos a los recursos bibliotecarios y más a herramientas de IA, lo que los autores interpretan como posible consecuencia de barreras idiomáticas, desconocimiento del entorno bibliotecario estadounidense o búsqueda de interfaces más accesibles y conversacionales.

En cuanto a la percepción de calidad, los buscadores tradicionales siguen obteniendo mejores puntuaciones globales que la IA en relevancia y satisfacción de resultados. Los estudiantes consideran especialmente eficaces a los buscadores para noticias recientes, meteorología e información laboral. En cambio, la IA obtiene valoraciones más competitivas cuando se trata de ayuda académica, preparación de exámenes, comprensión inicial de un tema o generación de instrucciones para realizar tareas. Esto sugiere que los usuarios perciben fortalezas diferenciadas: el buscador como herramienta de acceso a fuentes actualizadas y múltiples perspectivas, y la IA como asistente para sintetizar, orientar o explicar.

El estudio también demuestra una relación clara entre uso frecuente y satisfacción con la IA. Cuanto más emplea un estudiante estas herramientas, mayor es su percepción de utilidad. Los usuarios intensivos valoran especialmente la IA para tareas educativas, estudio y resolución de procedimientos. Esto puede indicar un aprendizaje progresivo del uso eficaz de la herramienta o una adaptación de expectativas a sus capacidades reales. Los autores advierten, no obstante, que esta relación también podría fomentar dependencia acrítica si los estudiantes aceptan respuestas sintéticas sin contrastarlas con fuentes primarias.

Desde la perspectiva bibliotecaria, el artículo plantea implicaciones estratégicas de gran interés. Las bibliotecas universitarias no deberían contemplar la IA únicamente como una amenaza competitiva, sino como una oportunidad para rediseñar sus servicios. Proponen desarrollar sistemas de descubrimiento apoyados en IA conectados directamente con colecciones licenciadas, bases de datos y contenidos académicos fiables. De este modo, las bibliotecas podrían ofrecer experiencias conversacionales semejantes a ChatGPT, pero sustentadas en recursos evaluados y legales. También subrayan la necesidad urgente de programas de alfabetización informacional y alfabetización en IA, enseñando a los estudiantes a verificar respuestas, identificar sesgos, contrastar perspectivas y comprender límites de los modelos generativos.

Los autores reconocen algunas limitaciones metodológicas. La muestra estaba sobrerrepresentada por estudiantes de posgrado, internacionales y vinculados a ciencias de la computación e información, lo que puede inflar los niveles generales de adopción tecnológica. Además, el estudio se basa en autoinformes y no en observación directa del comportamiento real. Por ello recomiendan investigaciones futuras con muestras más representativas, entrevistas cualitativas y estudios experimentales que analicen cómo los estudiantes combinan IA, buscadores y biblioteca ante necesidades concretas de información.

Apéndice. Encuesta sobre IA y búsqueda de información

1. ¿Cuál de las siguientes opciones describe mejor tu especialidad académica?
a. Artes – bellas artes, música, danza, fotografía
b. Humanidades – filosofía, historia, literatura, lenguas
c. Ciencias Sociales – psicología, sociología, economía, educación, biblioteconomía
d. Ciencias Naturales – biología, química, matemáticas, ecología, ingeniería
e. Ciencias de la Computación – informática, ciencia de la información, ciencia de datos, IA
f. Empresa – administración, hostelería, sistemas y ciencias de la decisión, marketing

2. ¿Cuál es tu nivel académico actual?
a. Estudiante de grado
b. Estudiante de máster
c. Estudiante de doctorado

3. ¿Cuál es tu edad?
a. 18–25
b. 26–30
c. 31–35
d. 36 o más

4. ¿Cuál es tu género?
a. Mujer
b. Hombre
c. No binario
d. Otro

5. ¿Cuál describe mejor tu situación como estudiante?
a. Estudiante nacional
b. Estudiante internacional

6. Pensando específicamente en tus actividades académicas y/o experiencias de investigación, indica con qué frecuencia utilizas cada una de las siguientes fuentes de información (nunca, menos de una vez al mes, mensualmente, semanalmente, diariamente):
a. Libros
b. Revistas científicas
c. Actas de congresos
d. Recursos web
e. Bases de datos bibliotecarias
f. Comunicaciones personales
g. Herramientas de IA generativa

7. Pensando específicamente en tus actividades académicas y/o experiencias de investigación, ¿qué grado de confianza tienes en que encuentras toda la información necesaria sobre un tema cuando utilizas los siguientes recursos? (nada confiado, poco confiado, neutral, bastante confiado, muy confiado):
a. Libros
b. Revistas científicas
c. Actas de congresos
d. Recursos web
e. Bases de datos bibliotecarias
f. Comunicaciones personales
g. Herramientas de IA generativa

8. ¿Cuál de las siguientes interfaces preferirías utilizar al comenzar tu búsqueda de información?
a. Página principal de la biblioteca
b. Google/motor de búsqueda
c. Chatbot de IA/modelo de lenguaje grande

9. ¿Cuántas veces has realizado las siguientes actividades durante el último mes?
a. Visitado la biblioteca universitaria, utilizado la web de la biblioteca o accedido a recursos bibliotecarios mediante enlaces web.
b. Utilizado Google u otro motor de búsqueda similar para actividades o tareas universitarias.
c. Utilizado una herramienta de IA para actividades o tareas universitarias.

10. Al realizar una tarea concreta de búsqueda de información relacionada con estudios o investigación, ¿con qué frecuencia recurres a los siguientes enfoques? (nunca, raramente, a veces, a menudo, siempre):
a. Utilizar solo un motor de búsqueda tradicional
b. Utilizar solo un chatbot de IA/ChatGPT
c. Primero utilizar un motor de búsqueda tradicional y después un chatbot de IA/ChatGPT
d. Primero utilizar un chatbot de IA/ChatGPT y después un motor de búsqueda tradicional

11. Pensando en la información que buscas en tu vida diaria, ¿qué probabilidad hay de que uses un motor de búsqueda tradicional para lo siguiente? (muy improbable, algo improbable, ni probable ni improbable, algo probable, muy probable):
a. Encontrar información relacionada con empleo
b. Encontrar información relacionada con estudios
c. Aprender más sobre un tema que estudias
d. Consultar el tiempo
e. Ponerte al día con noticias recientes
f. Crear chistes o historias
g. Crear un conjunto de instrucciones para completar una tarea

12. Pensando en la información que buscas en tu vida diaria, ¿qué probabilidad hay de que uses chatbots de IA/ChatGPT para lo siguiente? (muy improbable, algo improbable, ni probable ni improbable, algo probable, muy probable):
a. Encontrar información relacionada con empleo
b. Encontrar información relacionada con estudios
c. Aprender más sobre un tema que estudias
d. Consultar el tiempo
e. Ponerte al día con noticias recientes
f. Crear chistes o historias
g. Crear un conjunto de instrucciones para completar una tarea

13. Cuando buscas cada uno de los siguientes tipos de información, ¿con qué frecuencia un motor de búsqueda es capaz de generar una respuesta relevante? Nota: relevante significa únicamente que proporciona información pertinente sobre el tema, no necesariamente que sea exacta o satisfactoria para ti. (nunca, no muy a menudo, con cierta frecuencia, muy a menudo, siempre):
a. Encontrar información relacionada con empleo
b. Encontrar información relacionada con estudios
c. Aprender más sobre un tema que estudias
d. Consultar el tiempo
e. Ponerte al día con noticias recientes
f. Crear chistes o historias
g. Crear un conjunto de instrucciones para completar una tarea

14. Cuando buscas cada uno de los siguientes tipos de información, ¿con qué frecuencia un chatbot de IA/ChatGPT es capaz de generar una respuesta relevante? Nota: relevante significa únicamente que proporciona información pertinente sobre el tema, no necesariamente que sea exacta o satisfactoria para ti. (nunca, no muy a menudo, con cierta frecuencia, muy a menudo, siempre):
a. Encontrar información relacionada con empleo
b. Encontrar información relacionada con estudios
c. Aprender más sobre un tema que estudias
d. Consultar el tiempo
e. Ponerte al día con noticias recientes
f. Crear chistes o historias
g. Crear un conjunto de instrucciones para completar una tarea

15. Cuando buscas cada uno de los siguientes tipos de información, ¿con qué frecuencia un motor de búsqueda tradicional es capaz de generar una respuesta satisfactoria? Nota: una respuesta satisfactoria es aquella que cubre completamente la información que necesitas y con la que quedas satisfecho/a. (nunca, no muy a menudo, con cierta frecuencia, muy a menudo, siempre):
a. Encontrar información relacionada con empleo
b. Encontrar información relacionada con estudios
c. Aprender más sobre un tema que estudias
d. Consultar el tiempo
e. Ponerte al día con noticias recientes
f. Crear chistes o historias
g. Crear un conjunto de instrucciones para completar una tarea

16. Cuando buscas cada uno de los siguientes tipos de información, ¿con qué frecuencia un chatbot de IA/ChatGPT es capaz de generar una respuesta satisfactoria? Nota: una respuesta satisfactoria es aquella que cubre completamente la información que necesitas y con la que quedas satisfecho/a. (nunca, no muy a menudo, con cierta frecuencia, muy a menudo, siempre):
a. Encontrar información relacionada con empleo
b. Encontrar información relacionada con estudios
c. Aprender más sobre un tema que estudias
d. Consultar el tiempo
e. Ponerte al día con noticias recientes
f. Crear chistes o historias
g. Crear un conjunto de instrucciones para completar una tarea

Privacidad de los usuarios de bibliotecas en la era de la inteligencia artificial

Lucie Daignault, Samuel Lim and Catherine Ferri. Library Patron Privacy in the Age of Artificial Intelligence. EveryLibrary Institute, 2026.

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El EveryLibrary Institute ha dado a conocer un informe de gran relevancia titulado Library Patron Privacy in the Age of Artificial Intelligence, centrado en uno de los debates más urgentes para las bibliotecas contemporáneas: cómo proteger la privacidad de los usuarios en un contexto marcado por la expansión acelerada de la inteligencia artificial y de los servicios digitales.

Durante décadas, la confidencialidad de los hábitos de lectura, consulta e investigación ha sido uno de los principios fundamentales de las bibliotecas, especialmente en Estados Unidos, donde la defensa de la libertad intelectual ha estado estrechamente vinculada al derecho a la privacidad. Sin embargo, la llegada de nuevas herramientas basadas en IA está poniendo a prueba estos marcos tradicionales, generando interrogantes legales, éticos y tecnológicos que requieren respuestas actualizadas.

El estudio ha sido elaborado por Lucie Daignault, Samuel Lim y Catherine Ferri, integrantes de la Georgetown University Communications and Technology Law Clinic, en colaboración con EveryLibrary Institute. Su principal aportación consiste en ofrecer una revisión exhaustiva de las leyes de privacidad bibliotecaria vigentes en los cincuenta estados de EE. UU. y en el Distrito de Columbia, con el fin de determinar hasta qué punto estas normativas siguen siendo eficaces frente a los desafíos actuales. El informe analiza si las leyes estatales existentes contemplan adecuadamente cuestiones como la recopilación masiva de datos, el almacenamiento prolongado de información personal, la intervención de proveedores externos y el uso de sistemas automatizados capaces de perfilar comportamientos de lectura o búsqueda.

Uno de los aspectos más novedosos del documento es su atención específica a la inteligencia artificial generativa y a las nuevas formas de tratamiento de datos que esta implica. Muchas plataformas digitales utilizadas por bibliotecas incorporan tecnologías desarrolladas por terceros, capaces de registrar consultas, recomendaciones, patrones de navegación o interacciones textuales de los usuarios. Esto plantea un conflicto entre la mejora de servicios mediante herramientas inteligentes y la obligación histórica de las bibliotecas de garantizar anonimato, neutralidad y libertad de acceso a la información. El informe advierte que, sin controles adecuados, podrían abrirse vías de vigilancia indirecta o explotación comercial de datos tradicionalmente protegidos.

Asimismo, el trabajo examina la creciente dependencia de las bibliotecas respecto a proveedores tecnológicos externos. Los sistemas de préstamo digital, bases de datos académicas, plataformas de descubrimiento o asistentes automatizados suelen operar bajo contratos con empresas privadas que gestionan infraestructuras y datos sensibles. El informe invita a revisar cuidadosamente estas relaciones contractuales, reclamando mayor transparencia sobre qué datos se recogen, cómo se almacenan, durante cuánto tiempo se conservan y si pueden reutilizarse para entrenar modelos de inteligencia artificial u otros fines comerciales.

El valor práctico del informe reside también en su enfoque comparativo y aplicado. Al ofrecer un panorama actualizado estado por estado, se convierte en una herramienta útil para bibliotecarios, responsables institucionales, legisladores, investigadores y defensores de los derechos civiles. No se limita a diagnosticar problemas, sino que pretende impulsar conversaciones más profundas entre los sectores bibliotecario, jurídico y tecnológico. En este sentido, propone pensar la privacidad no como un obstáculo para la innovación, sino como un elemento esencial del diseño de cualquier servicio digital bibliotecario.

En última instancia, el documento subraya que la rápida evolución de la inteligencia artificial obliga a redefinir el papel de las bibliotecas como instituciones públicas de confianza en una sociedad gobernada cada vez más por datos. Si históricamente las bibliotecas han protegido la libertad de leer sin vigilancia, hoy deben extender esa misión al entorno digital. La cuestión no es solo tecnológica, sino democrática: preservar espacios donde las personas puedan informarse, aprender e investigar sin temor a ser monitorizadas o perfiladas. Por ello, este informe se perfila como una referencia clave para el futuro de la ética bibliotecaria y de la gobernanza de la IA.

Guía de evaluación de sistemas de IA en entornos bibliotecarios

Cox, Andrew, y Maria De Brasdefer. IFLA Entry Point to Libraries and AI. International Federation of Library Associations and Institutions (IFLA), 2025. https://repository.ifla.org/items/f197f327-dc49-4743-bb57-0a373505da8b

Entry Point for Libraries and AI

Licensing an AI service from a publisher

La Inteligencia Artificial (IA) ofrece un gran potencial para apoyar los valores fundamentales de las bibliotecas, como el acceso equitativo a la información y la creación de conocimiento. Sin embargo, también es una tecnología controvertida, cuyos avances actuales suscitan inquietudes éticas y sociales. Las bibliotecas desempeñan un papel clave en la promoción de usos responsables, inclusivos y sostenibles de la IA. Sus valores —libertad de expresión, privacidad, transparencia y rendición de cuentas— proporcionan una perspectiva ética para interactuar con las herramientas y prácticas de la IA. Este documento define la IA en un sentido amplio y ofrece un conjunto práctico de preguntas para la reflexión que ayudan a los profesionales de las bibliotecas a evaluar las oportunidades y los riesgos.

El texto plantea un escenario de reflexión sobre la incorporación de herramientas de inteligencia artificial en los servicios de bibliotecas, concretamente en el caso de la posible licitación de un sistema de búsqueda potenciado por IA ofrecido por una editorial científica. Este sistema promete mejorar significativamente la recuperación de información mediante resúmenes automáticos de publicaciones, lo que obliga a los profesionales de la biblioteca a evaluar críticamente su pertinencia, utilidad y riesgos antes de su adopción.

Para ello, se propone la creación de un equipo interdisciplinar formado por especialistas en sistemas bibliotecarios, biblioteconomía, alfabetización informacional y derechos de autor. Este grupo debe elaborar una lista de preguntas clave para analizar la herramienta desde múltiples perspectivas: ética, funcionalidad, impacto institucional, fiabilidad, transparencia y adecuación a las necesidades reales de los usuarios. El objetivo no es solo valorar la innovación tecnológica, sino determinar si realmente aporta beneficios significativos frente a otras soluciones existentes y si su coste está justificado dentro de las prioridades de la biblioteca.

El documento se estructura a partir de un marco de 14 preguntas que sirven como guía de evaluación de sistemas de IA en entornos bibliotecarios. Estas cuestiones abordan aspectos como la calidad y precisión de la información generada por la IA, los posibles sesgos, la protección de la diversidad cultural y lingüística, la equidad en el acceso, la privacidad de los datos de los usuarios y la transparencia del funcionamiento del sistema. También se examina quién es responsable de los posibles errores del sistema y cómo se comunican sus limitaciones a los usuarios.

Asimismo, se subraya la importancia de garantizar que los datos utilizados por la IA no provengan de fuentes obtenidas de manera ilegítima y que se respeten los derechos de autor y la soberanía de los datos culturales. Otro eje central es la necesidad de mantener la agencia del usuario, es decir, que las personas puedan seguir controlando su interacción con la tecnología sin que esta sustituya sus habilidades críticas o de aprendizaje.

Las 14 preguntas funcionan como un marco de evaluación crítica para que las bibliotecas analicen la incorporación de sistemas de inteligencia artificial, especialmente en servicios de información y descubrimiento. No son un checklist técnico cerrado, sino una guía amplia que permite valorar tanto el impacto funcional como las implicaciones éticas, sociales y organizativas de estas herramientas.

  1. Valor y pertinencia del servicio. La pregunta inicial obliga a la biblioteca a identificar qué tipo de beneficio real aporta la IA en términos de acceso al conocimiento y creación de información. No se trata solo de si la herramienta es innovadora, sino de si mejora de forma significativa la experiencia del usuario frente a alternativas más simples o económicas. Aquí se introduce también el concepto de “coste de oportunidad”: invertir en IA implica renunciar a otros posibles servicios o mejoras.

2, Calidad de la información generada por la IA, especialmente su precisión, actualización e imparcialidad. En entornos bibliotecarios esto es crucial, ya que los sistemas de IA pueden generar resúmenes o síntesis que parecen fiables pero contienen errores, sesgos o simplificaciones. Además, se plantea la necesidad de monitorización continua, ya que estos sistemas pueden cambiar su rendimiento con el tiempo.

3. Sesgos . Se evalúa si la IA reproduce estereotipos o excluye perspectivas culturales y lingüísticas. Esto es especialmente relevante en bibliotecas, cuyo objetivo tradicional es garantizar el acceso equitativo a la información.

4. Diversidad del conocimiento. También se analiza si el sistema favorece únicamente contenido en inglés o si integra fuentes multilingües y diversas.

5. Mal uso del sistema, especialmente en relación con la desinformación o la censura. Aunque menos desarrollada en el texto, apunta a un problema creciente: la posibilidad de que herramientas avanzadas de IA sean utilizadas para manipular o distorsionar información académica o científica.

6. Equidad y accesibilidad, considerando si todos los usuarios pueden beneficiarse del sistema en igualdad de condiciones. Aquí se incluyen aspectos como la accesibilidad digital (cumplimiento de estándares como WCAG), la brecha tecnológica y la posible exclusión de determinados colectivos.

7. Transparencia, uno de los más complejos en IA. Se analiza hasta qué punto el usuario entiende qué está haciendo el sistema, cómo genera los resultados y cuáles son sus límites. También se plantea la cuestión de la responsabilidad: quién responde cuando la IA comete errores, la empresa, la biblioteca o el usuario.

8. Privacidad y gestión de datos, un tema crítico en entornos académicos. Se evalúa cómo se recogen, almacenan y utilizan los datos de los usuarios, incluyendo sus consultas, patrones de búsqueda y posibles datos personales, así como el cumplimiento de normativas como el GDPR.

9. Legalidad y ética de los datos utilizados para entrenar la IA, así como en el respeto a los derechos de autor. También introduce una preocupación emergente: la carga que la IA puede generar sobre repositorios abiertos y sistemas de acceso libre.

10. Participación social y la soberanía de los datos, es decir, si las comunidades afectadas han sido tenidas en cuenta en el desarrollo del sistema y si mantienen control sobre su información cultural.

11. Agencia del usuario y el impacto en el aprendizaje. Se analiza si la IA fortalece las competencias del usuario o si, por el contrario, fomenta la dependencia y la pérdida de habilidades críticas. También se considera la necesidad de formación para un uso responsable.

12. Empleo y la estructura laboral, tanto en bibliotecas como en el ecosistema editorial y tecnológico. Se plantea si la IA sustituye funciones humanas o si reconfigura los roles profesionales.

13. Impacto ambiental, un aspecto cada vez más relevante. El uso de modelos de IA implica consumo energético, infraestructura de servidores y uso de agua, lo que obliga a considerar la sostenibilidad del servicio en su ciclo completo.

14. Modelo de negocio y la gobernanza del proveedor, es decir, quién desarrolla la herramienta, bajo qué principios opera y si su estrategia es sostenible y alineada con valores públicos. También se abre la reflexión sobre posibles vínculos con intereses comerciales o incluso militares.

En conjunto, estas 14 preguntas no buscan una respuesta única, sino fomentar una evaluación crítica y multidimensional de la inteligencia artificial en bibliotecas, equilibrando innovación tecnológica con responsabilidad ética, social y profesional.

El texto también amplía la reflexión hacia dimensiones sociales más amplias, como el impacto laboral de estas tecnologías, su huella ambiental y el modelo de negocio de las empresas proveedoras. En conjunto, se propone una evaluación integral que no se limite a lo técnico, sino que integre criterios éticos, educativos, sociales y sostenibles, con el fin de orientar la toma de decisiones en las bibliotecas ante la creciente incorporación de la inteligencia artificial.

44ª Feria Municipal del Libro de Salamanca 2026. Planeta Biblioteca 2026/05/10

44ª Feria Municipal del Libro de Salamanca 2026.

Planeta Biblioteca 2026/05/10

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PROGRAMA DE LA FERIA

En el programa de radio, Enma García y Maribel Martín Rodrigo destacaron que la 44ª Feria Municipal del Libro convierte la Plaza Mayor de Salamanca, del 9 al 17 de mayo de 2026, en un gran punto de encuentro entre lectores, librerías, autores y ciudadanía. Explicaron el papel esencial de la Red de Bibliotecas Municipales en la coordinación general, desde la organización de casetas hasta la programación cultural y la biblioteca infantil al aire libre. Subrayaron el aumento de participación de librerías respecto al año anterior y la cuidada distribución de espacios para firmas, escenarios y actividades. También comentaron la presencia de autores reconocidos y propuestas escolares dirigidas a fomentar la lectura entre niños de Primaria. La feria incluirá conciertos y actuaciones musicales para ampliar su dimensión festiva y cultural

Políticas de Preservación Digital en Bibliotecas Universitarias

Two people digitizing archival documents with computers and scanners in a library preservation unit
Two staff members digitizing archival documents in a university library lab

McManus, Ramsey. Digital Preservation Policies in University Libraries: A Content Analysis. Honors Thesis, The University of Southern Mississippi, 2026. Difundido por Aquila Digital Community. Reseñado en InfoDocket, 3 de mayo de 2026 https://aquila.usm.edu/honors_theses/1095/

El documento aporta una contribución valiosa al demostrar que las políticas de preservación digital son un indicador concreto del grado de preparación de las bibliotecas universitarias ante los desafíos del futuro. El estudio evidencia avances significativos, pero también inconsistencias y zonas de mejora. Su mensaje implícito es claro: en la universidad contemporánea, preservar digitalmente no es opcional. Es una condición necesaria para garantizar memoria institucional, continuidad del acceso científico y responsabilidad con las generaciones futuras

Este trabajo aborda una cuestión central para el futuro de las bibliotecas universitarias: cómo garantizar que los recursos digitales permanezcan accesibles, íntegros y utilizables a largo plazo. En un entorno donde colecciones, tesis, artículos, archivos institucionales y materiales nacidos digitales crecen de forma constante, la preservación digital deja de ser una tarea técnica secundaria para convertirse en una responsabilidad estratégica. El estudio examina específicamente las políticas públicas de preservación digital disponibles en línea en bibliotecas universitarias, evaluando hasta qué punto estas instituciones explicitan sus compromisos, prioridades y procedimientos.

La investigación parte de una idea fundamental: disponer de políticas claras y accesibles fortalece la capacidad institucional para preservar el patrimonio digital. Una política no es solo un documento administrativo, sino una declaración formal que establece qué materiales se preservan, bajo qué criterios, con qué recursos y mediante qué métodos. Sin esta base, las decisiones pueden depender de actuaciones improvisadas, discontinuidad organizativa o respuestas parciales ante emergencias tecnológicas. Por ello, McManus considera que la transparencia documental es un indicador importante de madurez institucional en materia de preservación digital.

El análisis compara el contenido de diversas políticas utilizando criterios reconocidos profesionalmente dentro del campo de la preservación digital. Entre ellos destacan el alcance de la preservación (qué tipos de materiales cubre la institución), las prácticas de metadatos, los controles de integridad, la redundancia del almacenamiento y las estrategias de migración de formatos. Estos elementos son esenciales porque la preservación digital no consiste simplemente en guardar archivos, sino en asegurar autenticidad, recuperabilidad y legibilidad futura pese al paso del tiempo y a la obsolescencia tecnológica.

Uno de los resultados más relevantes del estudio es la existencia de niveles muy desiguales de exhaustividad entre unas bibliotecas y otras. Algunas políticas muestran un enfoque robusto y detallado, con responsabilidades definidas, revisión periódica y procedimientos técnicos claros. Otras, en cambio, presentan declaraciones genéricas, escasa concreción o ausencia de información sobre procesos críticos. Esta heterogeneidad sugiere que muchas universidades reconocen la importancia del problema, pero no todas han desarrollado todavía marcos plenamente maduros para afrontarlo.

El trabajo también revela diferencias en el grado de transparencia pública. No todas las instituciones publican sus políticas de manera visible o fácilmente accesible. Esto es significativo porque una política abierta no solo orienta internamente a la organización, sino que transmite confianza a investigadores, estudiantes, financiadores y usuarios externos. Cuando una universidad publica sus compromisos de preservación, comunica que considera los objetos digitales parte de su patrimonio académico duradero y no simples recursos temporales.

Especial atención merecen los metadatos y la verificación de integridad. Sin metadatos consistentes, incluso archivos conservados físicamente pueden perder valor informativo por falta de contexto, autoría, fecha o relaciones documentales. Del mismo modo, sin controles de integridad —como sumas de verificación y monitorización periódica— los archivos pueden corromperse silenciosamente. El hecho de que estas dimensiones aparezcan de forma desigual en las políticas estudiadas muestra que todavía existe una brecha entre el discurso institucional y la complejidad real de la preservación digital.

Otro aspecto clave es la migración de formatos. Los archivos digitales dependen de software y hardware específicos; un documento perfectamente almacenado puede volverse inutilizable si el formato queda obsoleto. Las políticas más avanzadas contemplan migraciones planificadas, monitorización tecnológica o estrategias de emulación. Las más débiles tienden a omitir estos riesgos, lo que podría comprometer el acceso futuro a tesis electrónicas, repositorios institucionales o colecciones audiovisuales.

En perspectiva más amplia, este estudio conecta con una preocupación creciente en el sector bibliotecario internacional: evitar una “edad oscura digital” en la que parte del conocimiento producido en las últimas décadas desaparezca por negligencia técnica u organizativa. Bibliotecas universitarias de referencia, como las de Minnesota, Cambridge o York, han desarrollado marcos específicos donde integran auditoría, selección documental, niveles de preservación y revisión continua, lo que muestra el camino hacia modelos más sólidos.

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Bibliotecarios sénior como agentes de cambio en editoriales

Evans, Gwen. “Senior Librarians as Publisher Change Agents: What’s the Business Case? (Part 1).” The Scholarly Kitchen, 25 de marzo de 2026. https://scholarlykitchen.sspnet.org/2026/03/25/guest-post-senior-librarians-as-publisher-change-agents-whats-the-business-case-part-1/

El artículo examina una tendencia emergente en el ecosistema de la comunicación científica: la incorporación de bibliotecarios de alto nivel en puestos estratégicos dentro de grandes editoriales académicas. La autora plantea una pregunta central: ¿por qué las editoriales están contratando antiguos directores de bibliotecas, decanos o responsables institucionales para funciones de relaciones con bibliotecas y desarrollo estratégico? La respuesta se sitúa en un contexto de creciente tensión entre bibliotecas y editores, marcado por negociaciones complejas, transición hacia acceso abierto, presión presupuestaria y necesidad de reconstruir confianza entre ambos sectores.

Evans parte de su propia experiencia como ex vicepresidenta de relaciones globales con bibliotecas en Elsevier y entrevista a dos figuras representativas: Emily McElroy, vicepresidenta de Academic Relations en Taylor & Francis, y Robert Hilliker, director de Library Relations para Norteamérica en Springer Nature. Ambos proceden del liderazgo bibliotecario universitario, lo que les permite actuar como mediadores entre culturas organizativas distintas: la lógica comercial editorial y la lógica de servicio público de las bibliotecas académicas.

Uno de los argumentos más sólidos del texto es que existe un problema de traducción institucional entre editoriales y bibliotecas. Las empresas editoriales, según se desprende de las entrevistas, no siempre comprenden adecuadamente cómo funcionan las bibliotecas modernas: su estructura interna, la diversidad de perfiles profesionales, las restricciones presupuestarias o los procesos reales de toma de decisiones. Muchas negociaciones siguen basándose en visiones simplificadas donde la biblioteca aparece solo como compradora de contenidos, cuando en realidad hoy integra áreas de datos de investigación, alfabetización digital, impacto académico, preservación, apoyo a ciencia abierta y asesoramiento estratégico al campus.

El artículo muestra que estos nuevos perfiles híbridos cumplen una función interna decisiva: explicar a la editorial la realidad económica y política de las universidades. McElroy subraya que los recortes actuales no afectan solo a colecciones, sino también a personal, tecnología y servicios. En muchas instituciones todos los decanos compiten por fondos escasos, lo que hace inviable la idea de que la biblioteca simplemente “pida más dinero”. Esa perspectiva, frecuente en el discurso comercial, ignora la presión estructural que atraviesan hoy las universidades.

Hilliker añade que muchas bibliotecas norteamericanas atraviesan momentos especialmente difíciles y que la función de estos cargos consiste también en hacer llegar verdades incómodas dentro de la empresa. Resulta significativo que ambos entrevistados señalen que aceptaron sus puestos solo tras recibir garantías de que podrían discrepar internamente y cuestionar decisiones corporativas. El artículo presenta así estos roles no como relaciones públicas decorativas, sino como posiciones que deberían influir realmente en la estrategia empresarial.

Otro aspecto relevante es la idea de que la relación editorial-biblioteca ya no puede centrarse únicamente en adquisiciones o licencias. Las decisiones editoriales impactan en catalogación, sistemas, metadatos, repositorios, visibilidad de autores, identificadores persistentes como ORCID y datos KBART para descubrimiento y acceso. Hilliker menciona precisamente la mejora de metadatos como una prioridad interna, recordando que esta “infraestructura invisible” sostiene buena parte del valor percibido por usuarios e instituciones.

Desde una perspectiva estratégica, el texto sugiere que las editoriales buscan algo más que mejorar ventas: intentan reposicionarse como socios institucionales en un momento en que su legitimidad es cuestionada. Frente a críticas por precios elevados, contratos opacos o lentitud en la transición al acceso abierto, incorporar antiguos líderes bibliotecarios puede servir para comprender mejor al cliente, anticipar conflictos y construir narrativas de colaboración. Al mismo tiempo, las bibliotecas esperan que estas figuras introduzcan cambios reales en transparencia, sensibilidad presupuestaria y diseño de productos.

El artículo también deja entrever una tensión ética interesante: cuando un bibliotecario pasa al sector editorial, ¿se convierte en representante comercial o en defensor de los intereses bibliotecarios dentro de la empresa? Evans no resuelve de forma explícita esa cuestión, pero muestra que el valor de estos puestos dependerá de su credibilidad y capacidad efectiva de incidencia. Si se perciben como figuras simbólicas, perderán legitimidad ante la comunidad bibliotecaria. Si generan mejoras tangibles, pueden abrir una nueva etapa de diálogo.

La segunda parte del ensayo de Evans retrata a estos profesionales híbridos como mediadores necesarios en un momento de transición profunda. Si cuentan con autonomía y capacidad de influencia, pueden mejorar productos, políticas y relaciones institucionales. Si se reducen a funciones decorativas, reforzarán el escepticismo existente. El mensaje final es claro: en la comunicación científica del siglo XXI, escuchar de verdad a las bibliotecas ya no es opcional.

Informe sobre el panorama actual de los programas bibliotecarios para personas mayores.

ALA Public Programs Office. “New Landscape Report on the Current State of Library Programs for Older Adults.” Programming Librarian, March 24, 2026.

Texto completo

La American Library Association (ALA), a través de su Public Programs Office, ha publicado un nuevo informe panorámico sobre la situación actual de los programas bibliotecarios dirigidos a personas mayores. El documento forma parte de la iniciativa Aging Together: An Evaluation of Library Programming for Older Adults, impulsada junto con la organización Knology y financiada por The John A. Hartford Foundation. El objetivo principal es comprender mejor cómo están respondiendo las bibliotecas al envejecimiento de la población y qué tipo de actividades ofrecen a este colectivo, cada vez más relevante en términos demográficos y sociales.

El informe destaca que las bibliotecas públicas desempeñan un papel esencial como espacios comunitarios para las personas mayores. No solo proporcionan acceso a libros e información, sino que también funcionan como lugares de encuentro, aprendizaje, bienestar y participación social. Para muchas personas jubiladas o en situación de soledad, la biblioteca representa un entorno seguro, accesible y estimulante donde mantenerse activas intelectual y emocionalmente. Esta función cobra especial importancia en sociedades donde aumenta la esperanza de vida y donde el aislamiento social se ha convertido en un problema creciente.

Según la revisión realizada, la mayor parte de los programas bibliotecarios para personas mayores se concentran actualmente en cuatro grandes áreas: ocio, aprendizaje permanente, salud y tecnologías digitales. En el ámbito del ocio aparecen clubes de lectura, actividades culturales, juegos y encuentros sociales. En el aprendizaje permanente se incluyen conferencias, talleres formativos y programas educativos. En salud destacan iniciativas sobre bienestar físico y mental, prevención o recursos asistenciales. Finalmente, la alfabetización digital ocupa un lugar cada vez más central, con cursos sobre uso de móviles, internet, banca electrónica o videollamadas, herramientas esenciales para la vida cotidiana contemporánea.

Uno de los hallazgos más importantes es que, aunque todavía existen pocos datos sistemáticos de evaluación, las evidencias disponibles indican que estos programas generan impactos positivos claros en tres dimensiones. En primer lugar, mejoran conocimientos, habilidades y actitudes, especialmente en competencias digitales o acceso a información sanitaria. En segundo lugar, contribuyen al bienestar físico, mental y emocional de los participantes. En tercer lugar, fortalecen la conexión social y el sentimiento de pertenencia comunitaria, reduciendo la soledad no deseada. Estos beneficios sitúan a la biblioteca como agente de salud comunitaria y cohesión social.

Sin embargo, el informe también señala importantes limitaciones. Muchas iniciativas se desarrollan de forma aislada, como proyectos puntuales o sesiones únicas, sin integrarse en estrategias sostenidas a largo plazo. Además, faltan herramientas específicas para medir el impacto real de estos programas en personas mayores, lo que dificulta identificar buenas prácticas replicables. La literatura profesional sigue siendo escasa y fragmentada, por lo que el sector necesita más investigación aplicada, mejores indicadores y modelos estables de intervención.

Otro aspecto relevante es que el estudio presta atención a áreas todavía poco desarrolladas pero fundamentales para el futuro: apoyo a cuidadores, recursos sobre final de vida, envejecimiento activo, accesibilidad y acompañamiento en procesos complejos de salud o dependencia. Esto refleja una visión más amplia de la biblioteca, entendida no solo como institución cultural, sino como infraestructura social capaz de responder a necesidades humanas diversas a lo largo del ciclo vital.

El documento de 44 páginas actúa como fase preliminar de un informe final previsto para febrero de 2027. Ese trabajo posterior ofrecerá una visión más detallada de lo que hacen actualmente las bibliotecas estadounidenses para atender a las personas mayores y propondrá recomendaciones prácticas y modelos transferibles. En este sentido, el informe actual constituye una llamada de atención: ante el envejecimiento de la población, las bibliotecas tienen una oportunidad estratégica para redefinir su misión social y convertirse en actores clave del bienestar comunitario.

Entrevista con Andrea Arredondo y Morella Rodríguez de la UCSC de Concepción Chile, Planeta Biblioteca 2026/05/04

Entrevista con Andrea Arredondo y Morella Rodríguez de la UCSC de Concepción Chile,

Planeta Biblioteca 2026/05/04

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La entrevista de Radio USAL a María Andrea Arredondo Avendaño, directora del sistema de bibliotecas de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC, Chile), y a Morella Rodríguez, consultora en Gestión Documental, ofrece una visión amplia sobre los desafíos actuales de las bibliotecas universitarias en América Latina. A través de once preguntas, se abordan cuestiones estratégicas como la transformación digital, la evolución de los usuarios, la gestión de colecciones híbridas, las nuevas competencias profesionales, la implementación tecnológica, la ciencia abierta y el rediseño de espacios bibliotecarios.

La entrevista muestra a la biblioteca universitaria como una institución en plena transformación digital, orientada a apoyar la docencia, la investigación y la innovación, con usuarios que demandan acceso rápido, remoto y personalizado a la información; predominan estudiantes y docentes habituados a entornos digitales, mientras las colecciones físicas y electrónicas conviven según criterios de uso, coste y pertinencia académica. También se destaca que el personal bibliotecario necesita nuevas competencias tecnológicas, analíticas y formativas, y que la gestión debe alinearse con la estrategia institucional. La implantación de la plataforma FOLIO aparece como un paso clave hacia una administración más moderna y flexible, al tiempo que la biblioteca asume un papel central en proyectos de Ciencia Abierta, repositorios y difusión del conocimiento. Además, los espacios físicos se rediseñan para favorecer el trabajo colaborativo y el estudio flexible, proyectándose una biblioteca futura más inteligente, conectada y estratégica en la generación y transferencia del conocimiento.

Guía de la ALA sobre el Uso de Inteligencia Artificial en Bibliotecas

Association of College and Research Libraries (ACRL). “ALA Draft Guidance of the Use of Artificial Intelligence in Libraries Comments Due May 8.” ACRL Insider, 2026. Accedido el 4 de mayo de 2026. https://acrl.ala.org/acrlinsider/ala-draft-guidance-of-the-use-of-artificial-intelligence-in-libraries-comments-due-may-8/

American Library Association (ALA), a través de su AI Policy Working Group, ha difundido para consulta pública un borrador titulado Guidance of the Use of Artificial Intelligence in Libraries, concebido como un documento marco para orientar a los profesionales de las bibliotecas ante el crecimiento acelerado de la inteligencia artificial.

La iniciativa refleja el reconocimiento institucional de que la IA ya no es una cuestión futura o periférica, sino una realidad que está transformando servicios, procesos, expectativas de los usuarios y el propio papel social de las bibliotecas. El plazo de comentarios fijado hasta el 8 de mayo de 2026 indica además la voluntad de incorporar la voz de la comunidad profesional antes de su posible debate y aprobación formal en la Annual Conference de la ALA en Chicago.

El borrador nace con una finalidad eminentemente práctica: ayudar a las bibliotecas a navegar oportunidades y desafíos. La formulación es significativa, porque evita una postura tecnofílica o tecnofóbica. La ALA no presenta la IA únicamente como amenaza ni como solución automática, sino como un fenómeno complejo que exige análisis crítico. Entre las oportunidades pueden situarse la mejora de búsquedas documentales, automatización de tareas repetitivas, apoyo a catalogación, generación de resúmenes, accesibilidad lingüística, atención básica al usuario o análisis de grandes volúmenes de datos. Entre los desafíos aparecen cuestiones como privacidad, sesgos algorítmicos, dependencia de proveedores privados, opacidad técnica, desinformación generada automáticamente y posibles impactos laborales.

Propósito y Contexto

La Asociación Americana de Bibliotecas (ALA) ha elaborado este documento a través de su Grupo de Trabajo de Política en Inteligencia Artificial con un doble objetivo: recomendar a las bibliotecas que desarrollen sus propias políticas locales de IA y ofrecerles un marco de referencia sólido para hacerlo. El documento surge en un momento en que la inteligencia artificial, incluyendo sus variantes generativa y agéntica, está transformando profundamente la manera en que la información se crea, accede y evalúa. La ALA reconoce que la IA puede ampliar la capacidad de las bibliotecas en áreas como la instrucción, las operaciones y la accesibilidad, pero advierte que esto solo es posible cuando la tecnología apoya la experiencia profesional existente, el compromiso comunitario y el juicio crítico del personal bibliotecario. En ese sentido, esta guía no busca reemplazar las políticas existentes de la ALA, sino construir sobre ellas.

Bien Público y Rol Humano

El primer gran pilar de la guía es el concepto de bien público, entendido como el compromiso de las bibliotecas de mejorar la sociedad y proteger derechos fundamentales como la educación, la alfabetización y la libertad intelectual. El documento reconoce que la IA ofrece oportunidades reales para abordar desafíos sociales y ambientales, pero también advierte sobre sus riesgos: puede erosionar la autodeterminación humana, profundizar la desigualdad social y contribuir al cambio climático. Por ello, la guía establece con claridad que la IA debe complementar y nunca reemplazar la inteligencia, el razonamiento y el pensamiento crítico humano. Las tareas que requieren empatía, juicio y conocimiento especializado no deben automatizarse, y todos los usuarios tienen derecho a recibir asistencia humana en cualquier servicio bibliotecario. Además, se subraya que cualquier ganancia de eficiencia generada por la IA debe traducirse en mejoras para el personal y las comunidades, y no en justificación para reducir puestos de trabajo.

Libertad Intelectual y Transparencia

La libertad intelectual es uno de los valores más arraigados en la tradición bibliotecaria, y la guía dedica especial atención a cómo la IA puede amenazarla. Los sistemas automatizados pueden, de manera opaca, sesgar los resultados de búsqueda, priorizar ciertos contenidos sobre otros o suprimir materiales relacionados con comunidades marginalizadas o temas controvertidos, todo ello sin que los usuarios lo perciban. Frente a esto, el documento exige que cualquier sistema automatizado cuente con documentación clara y accesible que explique su funcionamiento, propósito y posible influencia en los resultados. Las salidas de la IA deben tratarse siempre como borradores sujetos a revisión humana, especialmente en temas complejos o sensibles. Asimismo, las bibliotecas deben oponerse activamente a herramientas de IA que señalen materiales para su eliminación o despriorización de formas que socaven la diversidad de puntos de vista, y deben ofrecer a los usuarios la posibilidad de optar por servicios sin intervención algorítmica.

Privacidad y Protección de Datos

La privacidad de los usuarios es un valor central en la ética bibliotecaria, y la guía lo refuerza en el contexto de la IA con directrices muy concretas. Las bibliotecas tienen la responsabilidad de comprender cómo funcionan las herramientas de IA, cómo gestionan la información personal y qué riesgos pueden generar para los usuarios. Se insta a evitar el ingreso de información de identificación personal, temas sensibles o registros no públicos en herramientas cuyas prácticas de datos sean poco claras, y a limitar el uso a herramientas institucionales previamente verificadas. Al trabajar con proveedores externos, las bibliotecas deben preguntar explícitamente si los datos de los usuarios se utilizan para entrenar modelos de IA, qué salvaguardas existen y si las funciones de IA son opcionales. Toda esta información debe comunicarse a los usuarios en lenguaje claro y sencillo, explicando sus derechos de acceso, corrección y eliminación de datos. La formación del personal en privacidad y uso responsable de la IA se considera parte esencial del desarrollo profesional.

Sostenibilidad Ambiental e Institucional

La guía aborda la sostenibilidad desde dos dimensiones que se complementan. Por un lado, la dimensión ambiental: la IA consume grandes cantidades de energía y agua, genera emisiones de gases de efecto invernadero y produce residuos electrónicos. Las bibliotecas deben evaluar el ciclo de vida ambiental completo de los sistemas de IA que adoptan, solicitar a los proveedores información transparente sobre su huella de carbono e intensidad energética, y priorizar herramientas de código abierto, modelos más pequeños y soluciones con menor impacto ecológico. Por otro lado, la sostenibilidad institucional también es crucial: la sobreautomatización puede erosionar las competencias del personal, debilitar la confianza comunitaria y generar dependencia excesiva de sistemas controlados por proveedores comerciales. La guía advierte que las ganancias de eficiencia a corto plazo no justifican comprometer la flexibilidad institucional, el conocimiento profesional acumulado ni la capacidad de las bibliotecas para adaptarse de forma autónoma en el futuro.

Diversidad, Equidad, Inclusión y Acceso

El documento cierra su análisis de valores con un apartado dedicado a la diversidad, la equidad, la inclusión y el acceso, reconociendo que los sistemas de IA con frecuencia reproducen y amplifican las desigualdades existentes. Los conjuntos de datos sobre los que se entrenan estos sistemas suelen subrepresentar lenguas no anglófonas, dialectos y comunidades históricamente marginalizadas, lo que puede traducirse en servicios menos precisos o directamente discriminatorios para estos grupos. Ante esto, la guía exige que las bibliotecas auditen los sistemas de IA antes y durante su uso, colaboren con comunidades multilingües para probar sus resultados y garanticen que los servicios habilitados por IA sean accesibles en términos de idioma, nivel de alfabetización, discapacidad y capacidad tecnológica. También se plantea una reflexión importante sobre los datos de los usuarios como una forma de trabajo no remunerado, y se insta a minimizar las prácticas extractivas de datos en los contratos con proveedores. Finalmente, se enfatiza que los beneficios de la automatización deben distribuirse de manera justa entre trabajadores y comunidades, preservando trayectorias profesionales y oportunidades de desarrollo para los bibliotecarios del futuro.

En conjunto, este documento representa una postura institucional clara y fundamentada: la inteligencia artificial puede ser una herramienta valiosa para las bibliotecas, pero solo si su adopción está guiada por valores humanos, éticos y democráticos. No basta con que una herramienta sea eficiente o innovadora; debe ser justa, transparente, respetuosa de la privacidad, sostenible y verdaderamente al servicio de todas las personas, especialmente de las más vulnerables. La ALA concibe esta guía como un documento vivo, destinado a evolucionar junto con la tecnología y las necesidades de las comunidades a las que las bibliotecas sirven.

Las bibliotecas lideran la IA en los campus

Libraries Leading Campus AI: Claiming Our Seat at the Table. Coalition for Networked Information (CNI). Plenary Sessions: CNI Spring 2026 Membership Meeting. Washington, DC: CNI, 2026. Accedido el 4 de mayo de 2026. https://www.cni.org/events/membership-meetings/past-meetings/spring-2026/plenary-sessions-s26

El título resume una reivindicación central: las bibliotecas universitarias no deben limitarse a reaccionar ante la irrupción de la IA, sino participar activamente en la toma de decisiones institucionales. La propuesta sugiere que las bibliotecas poseen experiencia histórica en alfabetización informacional, organización del conocimiento, privacidad, acceso equitativo y evaluación crítica de fuentes, competencias especialmente valiosas en el contexto de la inteligencia artificial generativa.

Esta visión supone un cambio profundo respecto a los enfoques tradicionales. Durante años, las bibliotecas fueron consideradas principalmente proveedoras de recursos documentales y servicios de apoyo. Sin embargo, la expansión de la IA las sitúa en una posición estratégica para liderar debates sobre uso ético de datos, sistemas algorítmicos, transparencia de modelos, propiedad intelectual, competencias digitales y diseño de políticas institucionales. El mensaje implícito es que quien controla la información y sabe mediar críticamente con ella debe estar presente en las mesas donde se decide el futuro digital del campus.

La sesión plenaria de clausura, Aprovechando el renacimiento de los datos para el descubrimiento científico, fue impartida por Manish Parashar, figura destacada en computación científica y estrategia institucional en IA. El concepto de “renacimiento de los datos” alude al crecimiento exponencial de volúmenes de información científica generados por sensores, simulaciones, repositorios abiertos, experimentos automatizados e inteligencia artificial. Esta abundancia de datos está transformando la forma de investigar en prácticamente todas las disciplinas.

La conferencia plantea que el dato ya no es solo un subproducto de la investigación, sino un recurso estructural comparable a los laboratorios o bibliotecas físicas. Para aprovechar este nuevo escenario se requieren infraestructuras avanzadas: almacenamiento escalable, computación de alto rendimiento, interoperabilidad, curación de datos, metadatos consistentes y políticas sólidas de acceso y reutilización. También se necesitan profesionales capaces de conectar ciencia, tecnología y gobernanza. En ese sentido, las bibliotecas académicas vuelven a aparecer como actores clave, especialmente en gestión de datos de investigación y preservación digital.

El programa general del encuentro refuerza además la idea de comunidad profesional orientada a la colaboración. Según CNI, las reuniones de membresía sirven para compartir proyectos, analizar políticas tecnológicas y catalizar nuevas iniciativas entre instituciones diversas. No se trata solo de un congreso académico, sino de un espacio donde se construyen agendas comunes para el futuro de la información en la educación superior.

Desde una perspectiva bibliotecaria, la primavera de 2026 evidencia tres tendencias principales. En primer lugar, la biblioteca pasa de gestora documental a agente estratégico de transformación digital. En segundo lugar, la alfabetización en IA y datos se convierte en una extensión natural de la alfabetización informacional clásica. En tercer lugar, la colaboración entre bibliotecas, servicios informáticos, investigadores y liderazgo universitario resulta imprescindible para afrontar desafíos complejos.

En conclusión, el futuro de las bibliotecas académicas ya no se juega únicamente en las colecciones, sino en la capacidad de influir en la gobernanza de la inteligencia artificial y en la arquitectura del conocimiento basada en datos. Las instituciones que comprendan este cambio no solo prestarán mejores servicios: participarán activamente en la definición de la universidad del siglo XXI.