Archivo de la categoría: Bibliotecas

Guía del bibliotecario público para responder preguntas sobre salud

Newman, Bobbi.Public Librarian’s Guide to Answering Health Questions. Librarian by Day, 29 de julio de 2026. Disponible en: Librarian by Day

The Public Librarian’s Guide to Answering Health Questions, una obra escrita por Bobbi Newman y Carolyn Martin que responde a una necesidad cada vez más urgente en las bibliotecas públicas: capacitar a los bibliotecarios para gestionar de forma competente las consultas relacionadas con la salud.

La iniciativa surge tras varios años de trabajo y adquiere especial relevancia en un contexto caracterizado por la proliferación de la desinformación sanitaria, el auge de los contenidos generados mediante inteligencia artificial y la creciente dificultad de la ciudadanía para distinguir entre información fiable y contenidos engañosos. Las autoras sostienen que las bibliotecas públicas continúan siendo uno de los pocos espacios comunitarios donde las personas pueden plantear dudas sobre cuestiones de salud en un entorno neutral, gratuito y basado en la confianza.

La guía parte de una premisa fundamental: los bibliotecarios no necesitan convertirse en profesionales sanitarios para desempeñar un papel esencial en la alfabetización en salud. Su función consiste en aplicar las competencias propias de la biblioteconomía —búsqueda, evaluación crítica, selección y mediación de la información— al ámbito de las consultas médicas, ayudando a los usuarios a localizar recursos rigurosos, comprensibles y actualizados. En este sentido, el libro enfatiza la importancia de mantener siempre unos límites profesionales claros: el bibliotecario no diagnostica, no prescribe tratamientos ni sustituye al personal sanitario, sino que facilita el acceso a información científica de calidad y orienta al ciudadano hacia las fuentes y los profesionales adecuados cuando la situación lo requiere.

Uno de los aspectos más destacados de la obra es su enfoque eminentemente práctico. El texto pretende reducir la inseguridad que experimentan muchos bibliotecarios cuando reciben preguntas relacionadas con enfermedades, medicamentos, tratamientos o prevención. Para ello proporciona estrategias de referencia, marcos éticos de actuación, recursos especializados, criterios para evaluar la calidad de la información y recomendaciones para afrontar conversaciones delicadas con empatía y profesionalidad. El objetivo no es únicamente mejorar la calidad del servicio bibliotecario, sino también fortalecer la confianza de los profesionales para responder a unas demandas que cada vez aparecen con mayor frecuencia en el servicio de referencia.

El libro también sitúa la alfabetización en salud dentro del problema más amplio de la desinformación. Las autoras advierten que los ciudadanos llegan a las bibliotecas influenciados por publicaciones virales en redes sociales, vídeos, recomendaciones personales o respuestas generadas por herramientas de inteligencia artificial que mezclan información correcta con errores o afirmaciones sin evidencia científica. Ante este escenario, la biblioteca pública se convierte en un actor clave para enseñar a evaluar la credibilidad de las fuentes, identificar información basada en evidencias y comprender mejor los riesgos asociados a la circulación de contenidos falsos o manipulados. La guía propone convertir la entrevista de referencia en una oportunidad educativa que ayude a desarrollar competencias críticas y autonomía informacional entre los usuarios.

Finalmente, la publicación reivindica el papel social de las bibliotecas como infraestructuras de salud comunitaria. Más allá de facilitar libros o acceso a Internet, las bibliotecas pueden contribuir al bienestar colectivo proporcionando información fiable que permita a las personas tomar decisiones mejor fundamentadas sobre su salud. La obra representa así una evolución del servicio bibliotecario tradicional hacia un modelo en el que la alfabetización informacional y la alfabetización en salud convergen para responder a uno de los mayores desafíos informativos de nuestro tiempo: combatir la desinformación y favorecer el acceso equitativo al conocimiento científico.

La interoperabilidad como estrategia: la guía de PALCI para elegir sistemas bibliotecarios abiertos y preparados para el futuro

PALCI (Pennsylvania Academic Library Consortium, Inc.). PALCI Guide to Interoperability and System Selection. A guide to help PALCI member libraries evaluate library systems and vendors against open interoperability standards during selection and procurement. Versión 1.0. Agosto de 2026

Texto completo

PALCI Guide to Interoperability and System Selection constituye un documento estratégico destinado a orientar a las bibliotecas universitarias en la selección y adquisición de sistemas de gestión bibliotecaria (ILS) y otras plataformas tecnológicas, situando la interoperabilidad como el criterio central de cualquier decisión tecnológica.

La guía parte de la premisa de que la interoperabilidad no debe entenderse únicamente como una cuestión técnica, sino como un elemento esencial para garantizar la sostenibilidad, la colaboración y la capacidad de innovación de los consorcios bibliotecarios. En un contexto caracterizado por restricciones presupuestarias, creciente complejidad tecnológica y reducción de personal especializado, PALCI defiende que los sistemas basados en estándares abiertos permiten compartir infraestructuras, evitar duplicidades y maximizar el rendimiento de las inversiones realizadas por cada institución. La interoperabilidad posibilita que bibliotecas con plataformas diferentes puedan colaborar eficazmente sin renunciar a su autonomía local, fortaleciendo al mismo tiempo los servicios consorciales y la capacidad colectiva de adaptación al cambio.

Uno de los mensajes más relevantes del documento es que la interoperabilidad debe convertirse en un criterio estratégico para los responsables institucionales, más allá de los departamentos técnicos. La guía subraya que infraestructuras como EZBorrow, sustentadas sobre la plataforma ReShare, representan el núcleo de los servicios cooperativos de PALCI y constituyen la base sobre la que se desarrollarán futuras iniciativas relacionadas con el préstamo digital, el intercambio de metadatos abiertos y otros servicios compartidos. Por ello, cualquier biblioteca que contemple migrar su sistema integrado de gestión debe evaluar cuidadosamente la compatibilidad con estos servicios antes de adoptar una nueva plataforma. La elección de un sistema poco interoperable puede comprometer la participación en los servicios del consorcio, incrementar los costes de integración y limitar la capacidad de colaboración futura.

La guía define la interoperabilidad como la capacidad de los distintos sistemas bibliotecarios para comunicarse de forma fiable y segura mediante estándares abiertos, interfaces documentadas y modelos de gobernanza compartidos. Este enfoque permite que cada biblioteca mantenga la libertad de elegir las soluciones tecnológicas que mejor se adapten a sus necesidades, sin quedar aislada del ecosistema cooperativo. Gracias a esta arquitectura abierta, las bibliotecas pueden compartir colecciones, participar plenamente en los servicios consorciales, afrontar migraciones de sistemas con menor impacto y contribuir al desarrollo de innovaciones comunes sin necesidad de reproducir esfuerzos o desarrollar integraciones específicas para cada plataforma. La interoperabilidad aparece así como un mecanismo que combina autonomía institucional y cooperación efectiva.

El documento dedica una parte importante a explicar por qué la interoperabilidad constituye un factor determinante para la sostenibilidad económica y operativa de las bibliotecas universitarias. Según PALCI, la utilización de estándares abiertos prolonga la vida útil de las inversiones tecnológicas, disminuye la dependencia de proveedores concretos y reduce los costes asociados al mantenimiento y desarrollo de integraciones propietarias. En un mercado donde la concentración empresarial entre proveedores de software bibliotecario es cada vez mayor, apostar por estándares abiertos representa una forma de preservar la independencia institucional y minimizar el riesgo de quedar atrapado en ecosistemas tecnológicos cerrados. Asimismo, PALCI destaca su participación activa en organizaciones como NISO y en otras iniciativas internacionales de normalización para garantizar que las necesidades de las bibliotecas universitarias estén representadas en la evolución futura de los estándares.

Otro de los ejes fundamentales de la guía es la relación entre interoperabilidad e innovación. PALCI sostiene que los sistemas abiertos reducen las barreras para experimentar con nuevas herramientas, procedimientos y modelos de colaboración. Cuando los datos pueden intercambiarse mediante estándares compartidos, los proyectos piloto desarrollados por una institución pueden adaptarse y reutilizarse fácilmente en otras bibliotecas del consorcio, transformando la innovación en un proceso colectivo en lugar de una sucesión de iniciativas aisladas. Esta filosofía se refleja en la participación de PALCI en proyectos colaborativos como Project ReShare, CrossLink y el Collaborative Collections Lifecycle Project (CCLP), que buscan construir infraestructuras comunes para la gestión compartida de colecciones y recursos bibliográficos.

La interoperabilidad también se presenta como un elemento esencial para generar confianza entre las instituciones participantes. Los estándares abiertos y las prácticas transparentes permiten que el intercambio de datos sea predecible, documentado y gobernado de manera colectiva, reforzando tanto la seguridad técnica como las relaciones profesionales entre las bibliotecas. Al mismo tiempo, la interoperabilidad facilita la integración con otros servicios universitarios y prepara las infraestructuras para responder a futuros cambios tecnológicos. Desde esta perspectiva, la confianza no depende únicamente de acuerdos institucionales, sino también de la existencia de arquitecturas tecnológicas abiertas, comprensibles y sostenibles.

La guía establece además una clara diferenciación entre los estándares abiertos y las interfaces propietarias. Mientras los primeros son neutrales respecto a los proveedores, están gobernados por la comunidad y garantizan la interoperabilidad a largo plazo, las API propietarias dependen de decisiones comerciales, pueden incorporar costes adicionales o sufrir modificaciones unilaterales. Entre los estándares considerados esenciales para los servicios de PALCI figuran protocolos ampliamente consolidados como NCIP para la circulación, OAI-PMH para la recolección de metadatos y Z39.50 para la búsqueda en catálogos. La recomendación es inequívoca: las bibliotecas deben priorizar plataformas que implementen estos estándares abiertos para preservar su capacidad de elección, favorecer la competencia entre proveedores y asegurar la continuidad de los servicios cooperativos.

En la parte final del documento, PALCI analiza los desafíos que marcarán la evolución de las bibliotecas universitarias durante los próximos años. El primero es la consolidación de políticas de metadatos abiertos, inspiradas en iniciativas como la declaración de ICOLC sobre los derechos de los metadatos bibliotecarios y en las políticas adoptadas por instituciones como las universidades de Pennsylvania y Stanford. PALCI anima a sus miembros a publicar metadatos bajo licencias abiertas, facilitar su descarga masiva y favorecer su reutilización, ya que ello fortalece los servicios de descubrimiento compartido y elimina barreras para la cooperación. El segundo gran reto es la expansión del préstamo consorcial hacia libros electrónicos y otros contenidos digitales. Para ello será imprescindible que los sistemas sean capaces de representar derechos de acceso mediante metadatos legibles por máquina, comunicar de forma fiable la disponibilidad de los recursos y autenticar usuarios pertenecientes a distintas instituciones. Las decisiones tecnológicas adoptadas en la actualidad condicionarán la capacidad de las bibliotecas para incorporarse a estos nuevos servicios sin tener que afrontar costosas sustituciones de sistemas.

Como conclusión, la guía reafirma que la interoperabilidad constituye el fundamento sobre el que debe construirse el futuro de la cooperación bibliotecaria. Lejos de ser un simple requisito técnico, representa una estrategia institucional que fortalece la sostenibilidad, incrementa la capacidad de innovación, preserva la autonomía de las bibliotecas y facilita la creación de servicios compartidos cada vez más avanzados. PALCI considera que apostar por estándares abiertos, integraciones transparentes y modelos de gobernanza colaborativos permitirá a sus bibliotecas afrontar con éxito la transición hacia un ecosistema en el que el intercambio de recursos físicos y digitales, los metadatos abiertos y las infraestructuras comunes serán elementos esenciales para garantizar un acceso equitativo y eficiente a la información. El documento se complementa con una versión ampliada destinada a los miembros del consorcio, que incluye criterios técnicos detallados y preguntas para evaluar a los proveedores durante los procesos de contratación

La biblioteca al aire libre de Seúl supera el millón de visitantes en solo 90 días

Ramm, Millie. Seoul’s Outdoor Library Attracts a Million Visitors in Just 90 Days. 1000 Libraries Magazine, 13 de octubre de 2025. 1000 Libraries Magazine

La iniciativa Seoul Outdoor Library se ha consolidado como uno de los proyectos de promoción de la lectura más exitosos del mundo. En apenas tres meses de funcionamiento durante la primavera de 2025, las bibliotecas al aire libre instaladas en Seoul Plaza, Gwanghwamun Square y el entorno del Cheonggyecheon Stream recibieron más de un millón de visitantes, una cifra que superó ampliamente las previsiones municipales.

Desde su creación en 2022, el programa ha acumulado ya millones de usuarios y ha transformado algunos de los espacios públicos más emblemáticos de la capital surcoreana en grandes salas de lectura abiertas, convirtiendo la experiencia de leer en una actividad cotidiana, accesible y compartida.

El éxito del proyecto radica en una concepción de la biblioteca completamente alejada del modelo tradicional. En lugar de edificios cerrados y silenciosos, la ciudad ofrece colecciones de libros cuidadosamente seleccionadas, zonas de descanso con pufs y mobiliario cómodo, iluminación ambiental, escenarios para actividades culturales y espacios diferenciados para la lectura, la conversación y las actuaciones artísticas. En 2025 se incorporaron más de 12.000 nuevos libros, además de servicios innovadores como préstamo rápido, custodia temporal de ejemplares, programación cultural permanente y colaboraciones con entidades internacionales, lo que convierte estos espacios en auténticos centros culturales al aire libre.

Los datos de participación reflejan que el proyecto no solo atrae visitantes, sino que consigue fomentar realmente la lectura. Las encuestas muestran que alrededor del 87 % de los asistentes leyó al menos un libro durante su visita y que los niveles de satisfacción ciudadana alcanzaron cifras extraordinariamente elevadas, superiores al 96 % según los datos del Ayuntamiento de Seúl. Estos resultados adquieren aún mayor relevancia en un contexto internacional marcado por el descenso de los índices de lectura, demostrando que una adecuada combinación de espacio público, diseño urbano, programación cultural y acceso gratuito a los libros puede despertar el interés por la lectura entre públicos muy diversos.

Otro de los aspectos más destacados es la capacidad de la biblioteca para redefinir el uso del espacio urbano. Las plazas y paseos de la ciudad dejan de ser simples lugares de tránsito para convertirse en escenarios de encuentro, descanso y convivencia. Familias, estudiantes, turistas, trabajadores y lectores ocasionales comparten un entorno donde la cultura forma parte de la vida cotidiana. Además, la programación se adapta a las estaciones del año mediante actividades nocturnas durante el verano, clubes de lectura, encuentros literarios y eventos temáticos que amplían el atractivo de la iniciativa y favorecen una apropiación colectiva del espacio público.

El caso de Seúl se ha convertido así en un referente internacional sobre cómo las bibliotecas pueden extender sus servicios más allá de sus edificios y actuar como herramientas de regeneración urbana y cohesión social. El modelo demuestra que acercar los libros a los lugares donde ya se encuentra la ciudadanía, en lugar de esperar a que los ciudadanos acudan a la biblioteca, puede incrementar significativamente la participación cultural y reforzar el papel de la lectura como experiencia social compartida. Su éxito ha despertado el interés de numerosas ciudades que estudian replicar una fórmula que combina bibliotecas, urbanismo, bienestar y cultura en un mismo proyecto.

Las bibliotecas reivindican el equilibrio entre inteligencia artificial y derechos de autor

Klosek, Katherine, y Marjory Blumenthal. Revisiting the Library Copyright Alliance Statement on AI and Copyright. Association of Research Libraries (ARL), 10 de diciembre de 2025. https://www.arl.org/blog/revisiting-the-library-copyright-alliance-statement-on-ai-and-copyright/

Library Copyright Alliance (LCA), integrada por la Association of Research Libraries (ARL) y la American Library Association (ALA), ha revisado y actualizado su posición sobre la relación entre la inteligencia artificial y los derechos de autor a la luz de la evolución jurídica y tecnológica de los dos últimos años.

La organización reafirma que la legislación estadounidense sobre copyright continúa siendo suficientemente sólida y flexible para abordar los desafíos planteados por la IA generativa, sin necesidad de introducir modificaciones legislativas específicas. Esta postura se apoya tanto en la doctrina del fair use (uso legítimo) como en las primeras resoluciones judiciales relacionadas con el entrenamiento de modelos de inteligencia artificial.

Uno de los argumentos centrales del documento es que el entrenamiento de modelos de IA mediante el análisis de grandes cantidades de obras protegidas constituye, en la mayoría de los casos, un uso altamente transformador. La LCA sostiene que estos sistemas no reproducen las obras para sustituirlas en el mercado, sino que las utilizan para extraer patrones estadísticos y generar nuevas capacidades computacionales, una finalidad comparable a la reconocida como transformadora en precedentes como el caso Google Books. Desde esta perspectiva, exigir licencias obligatorias para entrenar modelos de IA supondría un obstáculo innecesario para la innovación científica y tecnológica, además de limitar la investigación y el desarrollo de nuevos servicios basados en inteligencia artificial.

La actualización de la declaración también tiene en cuenta las primeras decisiones judiciales en litigios de gran relevancia, como Bartz v. Anthropic y Kadrey v. Meta, en los que los tribunales comenzaron a analizar el uso de obras protegidas durante el entrenamiento de modelos generativos. Aunque estas resoluciones no cierran definitivamente el debate, la LCA considera que refuerzan su interpretación de que el entrenamiento de IA puede encajar dentro del uso legítimo cuando el proceso es transformador y no sustituye económicamente a las obras originales. No obstante, la organización recuerda que la cuestión sigue evolucionando y que futuros pronunciamientos judiciales podrían matizar algunos aspectos de esta interpretación.

El documento también aborda una cuestión especialmente relevante para bibliotecas y universidades: las consecuencias sociales y laborales derivadas de la expansión de la inteligencia artificial generativa. La LCA reconoce que estas tecnologías pueden provocar importantes transformaciones en numerosos sectores profesionales, pero advierte que el derecho de autor no debe utilizarse como herramienta para resolver problemas económicos o laborales que exceden su finalidad. En cambio, propone que las bibliotecas desempeñen un papel activo impulsando programas de alfabetización en inteligencia artificial, formación continua y reciclaje profesional, ayudando a ciudadanos e investigadores a comprender las capacidades, limitaciones y riesgos de estas tecnologías.

La alianza reafirma su compromiso con un sistema de propiedad intelectual equilibrado, que proteja los intereses de los creadores sin obstaculizar el acceso al conocimiento ni el progreso científico. La organización continuará supervisando la evolución de la jurisprudencia y de las políticas públicas para adaptar su posición cuando sea necesario, manteniendo como principio fundamental que el derecho de autor debe seguir promoviendo la creatividad, la investigación y el interés público en un contexto marcado por el desarrollo acelerado de la inteligencia artificial.

Más allá de los libros: cuatro ciudades que reinventan la biblioteca pública y la vida urbana

Four Cities Reimagining the Public Library — and Public Life. CitiesToBe, 2026. Disponible en: https://citiestobe.com/beyond-books-and-shelves-four-cities-reimagining-the-public-library-and-public-life/

La biblioteca pública del siglo XXI ya no puede entenderse únicamente como un edificio dedicado al préstamo de libros. A partir de un debate celebrado en Bloomberg CityLab, se analizan cuatro experiencias internacionales —Nueva York, Singapur, Aarhus y Bogotá— que muestran cómo las bibliotecas se están convirtiendo en infraestructuras cívicas esenciales para la cohesión social, la participación ciudadana y la calidad de la vida urbana. Aunque cada ciudad responde a realidades distintas, todas comparten una pregunta de fondo: ¿qué debe ser hoy una biblioteca pública y para qué debe servir?

Nueva York: la lectura como derecho social

El caso de Nueva York resulta especialmente significativo porque, lejos de abandonar su misión tradicional, la New York Public Library ha decidido reforzarla. Con una red de 88 sucursales de barrio que atienden a millones de personas, la institución reivindica el libro y la lectura no desde la nostalgia, sino como herramientas de ciudadanía. Según explica su director Brian Bannon, “las bibliotecas son libros y más”, pero ese “más” se construye precisamente a partir del acceso libre al conocimiento, de la alfabetización y de la confianza pública. En una ciudad marcada por profundas desigualdades, la biblioteca funciona como una red de seguridad cultural donde cualquier persona puede encontrar información, apoyo educativo y un espacio de pertenencia.

Singapur: aprendizaje permanente y experimentación

En Singapur, la biblioteca se integra en una estrategia nacional de aprendizaje a lo largo de toda la vida. Sus bibliotecas incorporan laboratorios digitales, espacios de creación, programación tecnológica y actividades orientadas a distintas edades y perfiles profesionales. El objetivo no es solo facilitar el acceso a contenidos, sino preparar a la población para una economía basada en el conocimiento y la innovación. La biblioteca aparece así como una plataforma pública de actualización continua de competencias, donde la formación, la creatividad y la experimentación tienen tanta importancia como la colección bibliográfica.

Aarhus: el “salón urbano” democrático

La experiencia de Aarhus representa una de las visiones más avanzadas de la biblioteca como espacio cívico. El modelo danés concibe la biblioteca como un “urban living room”, un salón urbano abierto en el que convivir, debatir, trabajar, aprender y participar en actividades culturales. La arquitectura y la programación están diseñadas para favorecer el encuentro entre personas diversas y para reforzar la vida democrática cotidiana. Más que un equipamiento cultural especializado, la biblioteca se convierte en una extensión del espacio público, un lugar donde la ciudadanía puede ejercer prácticas de convivencia y participación.

Bogotá: biblioteca y justicia urbana

En Bogotá, la biblioteca pública adquiere una dimensión territorial y social especialmente intensa. Las bibliotecas se han situado en barrios históricamente desfavorecidos y se conciben como instrumentos de inclusión, seguridad y reconstrucción del tejido comunitario. Ofrecen acceso a la cultura, apoyo educativo, actividades para jóvenes y familias y oportunidades de encuentro en contextos donde otros servicios públicos son escasos. El artículo subraya que, en este caso, la biblioteca no es un complemento urbano, sino una pieza de política pública orientada a reducir desigualdades y ampliar derechos culturales.

Una nueva definición de biblioteca pública

La comparación entre las cuatro ciudades muestra que no existe un modelo único. Nueva York prioriza la lectura y la alfabetización; Singapur, el aprendizaje permanente; Aarhus, la vida democrática; y Bogotá, la inclusión social y territorial. Sin embargo, todas coinciden en considerar la biblioteca una infraestructura de confianza capaz de responder a problemas contemporáneos como la soledad, la desinformación, la brecha digital, la desigualdad educativa o la fragmentación urbana. Esta visión conecta con tendencias internacionales que entienden las bibliotecas como espacios de encuentro, innovación y cohesión comunitaria más allá de su función documental tradicional.

Las bibliotecas siguen siendo guardianas del conocimiento, pero además actúan como lugares de cuidado cívico, aprendizaje compartido y construcción de comunidad. Las experiencias de Nueva York, Singapur, Aarhus y Bogotá demuestran que invertir en bibliotecas es, en realidad, invertir en democracia urbana y en calidad de vida colectiva

Cómo detectar las alucinaciones de la IA como un bibliotecario de referencia

Librarian helping a visitor at reference desk with open books and laptop

Goldin, Hana Lee. How to Spot AI Hallucinations Like a Reference Librarian. LLRX, 30 de diciembre de 2025

El artículo de Hana Lee Goldin propone trasladar al uso cotidiano de la inteligencia artificial las habilidades que durante décadas han caracterizado el trabajo de los bibliotecarios de referencia. Frente a la creciente proliferación de respuestas generadas por modelos de lenguaje que incluyen datos falsos, citas inventadas o afirmaciones plausibles pero incorrectas, la autora sostiene que la mejor defensa no es desconfiar de la IA, sino aplicar un método sistemático de verificación. En este sentido, reivindica el papel de la alfabetización informacional y de la experiencia bibliotecaria como competencias esenciales en la era de la IA generativa.

Goldin explica que una de las señales más frecuentes de una alucinación es la presencia de referencias «demasiado perfectas»: artículos que parecen ajustarse exactamente a la pregunta formulada, con títulos excesivamente descriptivos, autores desconocidos o combinaciones de datos bibliográficos que resultan convincentes, pero que no existen realmente. Los modelos de IA pueden mezclar nombres de autores, revistas, fechas y títulos de publicaciones auténticas para crear referencias ficticias con apariencia de legitimidad. Por ello, recomienda desconfiar especialmente de aquellas citas que parecen confirmar exactamente la hipótesis del usuario sin dejar espacio para la complejidad o el desacuerdo propio de la investigación científica.

La autora propone una estrategia de verificación en varias capas inspirada en el trabajo de los bibliotecarios de referencia. En primer lugar, aconseja comprobar la existencia real de la publicación mediante catálogos, bases de datos académicas y buscadores especializados. En segundo lugar, verificar que los autores, el DOI, la revista y el año de publicación coincidan entre sí. Finalmente, recomienda leer el documento original siempre que sea posible, ya que incluso cuando una referencia es auténtica, la IA puede atribuirle conclusiones o citas que nunca aparecen en el texto. La comprobación directa continúa siendo el método más fiable para evitar errores de interpretación.

Otro aspecto destacado es que la evaluación crítica debe centrarse tanto en la información como en el contexto. Los bibliotecarios no se limitan a localizar documentos; también analizan la autoridad de las fuentes, su actualidad, el propósito con el que fueron elaboradas y las posibles limitaciones de la evidencia. Goldin sostiene que estas habilidades resultan ahora más necesarias que nunca, ya que la IA puede producir respuestas muy convincentes desde el punto de vista lingüístico, aunque carezcan de fundamento documental.

El artículo concluye defendiendo que la inteligencia artificial debe entenderse como una herramienta de exploración y no como una autoridad definitiva. La autora resume esta idea en una recomendación que sintetiza el papel complementario de la IA y las bibliotecas: utilizar la IA para descubrir posibilidades, recurrir a las bibliotecas y sus recursos para verificar la información, y aplicar siempre el juicio crítico humano antes de aceptar cualquier respuesta como verdadera. En este nuevo ecosistema informativo, las competencias tradicionales de los bibliotecarios de referencia se convierten en una guía especialmente valiosa para combatir las alucinaciones de la IA y preservar la calidad de la información.

Las bibliotecas públicas, actores clave en la alfabetización mediática y el acceso a la información fiable

Public Library Association (PLA). New Report Examines Evolving Role of Public Libraries in Media Literacy and News Access. American Library Association (ALA), 2 de julio de 2026.

Public Library Association (PLA), división de la American Library Association (ALA), ha publicado el informe News Access and Media Literacy in Public Libraries, un estudio que analiza cómo las bibliotecas públicas están respondiendo a un entorno informativo cada vez más complejo, caracterizado por la sobreabundancia de contenidos digitales, la desinformación y el rápido avance de las tecnologías de la información.

El informe de la Public Library Association (PLA) ofrece una radiografía exhaustiva sobre el papel que desempeñan actualmente las bibliotecas públicas en la alfabetización mediática y el acceso a información fiable en Estados Unidos y Canadá. El estudio parte de una constatación clara: la proliferación de la desinformación, la manipulación informativa, los contenidos generados mediante inteligencia artificial y la desaparición progresiva de medios locales han convertido a las bibliotecas en uno de los pocos espacios públicos donde la ciudadanía puede recibir orientación imparcial para desenvolverse en un ecosistema informativo cada vez más complejo. Los autores sostienen que la alfabetización mediática ya no constituye un servicio complementario, sino una función inherente a la misión bibliotecaria, aunque todavía no sea suficientemente reconocida ni financiada.

La investigación se basa en una encuesta realizada en mayo de 2026 a 913 bibliotecarios y trabajadores de bibliotecas públicas de Estados Unidos y Canadá. A diferencia de otros estudios centrados en los usuarios, este informe recoge la visión de quienes atienden diariamente las consultas del público y conocen de primera mano las dificultades informativas de sus comunidades. Los participantes describen cómo las preguntas tradicionales sobre búsqueda de información han evolucionado hacia consultas relacionadas con la verificación de noticias, la identificación de contenidos manipulados, la detección de fraudes digitales, la comprensión de imágenes y textos generados mediante inteligencia artificial y la evaluación crítica de fuentes en redes sociales.

Uno de los principales hallazgos del informe es que la alfabetización mediática ya forma parte del trabajo cotidiano de las bibliotecas, aunque en la mayoría de los casos de manera informal. Los bibliotecarios consideran que ayudar a los ciudadanos a distinguir información fiable de contenidos engañosos constituye una extensión natural de su misión histórica de facilitar el acceso al conocimiento. Sin embargo, gran parte de esta labor no se desarrolla mediante cursos o programas específicos, sino a través de conversaciones individuales en los mostradores de información, asesoramiento personalizado y recomendaciones de fuentes fiables durante la atención diaria. Precisamente por tratarse de un trabajo poco visible, resulta difícil medirlo, justificar recursos o demostrar su impacto ante financiadores y administraciones públicas.

El informe muestra igualmente que los hábitos de consumo informativo de la ciudadanía han cambiado profundamente. Los usuarios ya no consumen exclusivamente prensa impresa o digital, sino que combinan múltiples formatos y canales. Las redes sociales constituyen uno de los principales puntos de acceso a las noticias, superando incluso a las plataformas informativas proporcionadas por las propias bibliotecas. Esta situación incrementa la exposición de los ciudadanos a contenidos descontextualizados, desinformación y algoritmos que priorizan la viralidad frente a la calidad informativa. En este contexto, las bibliotecas adquieren un papel fundamental como mediadoras entre el usuario y las fuentes periodísticas de calidad, especialmente en aquellas comunidades donde los medios locales han desaparecido o se han debilitado considerablemente.

El estudio pone de relieve una importante contradicción entre la relevancia que los profesionales conceden a la alfabetización mediática y los recursos realmente disponibles para desarrollarla. Aunque existe un consenso casi unánime sobre su importancia, muy pocas bibliotecas consideran que disponen de capacidad suficiente para ofrecer programas consolidados. La falta de tiempo del personal, la escasez presupuestaria, las limitaciones tecnológicas y la ausencia de programas formativos especializados constituyen los principales obstáculos. Los autores advierten que las bibliotecas están asumiendo nuevas responsabilidades sin que se hayan incrementado proporcionalmente los recursos humanos y económicos necesarios para afrontarlas.

Especial atención merece el impacto que la inteligencia artificial está teniendo sobre la alfabetización mediática. Mientras que la evaluación crítica de fuentes tradicionales forma parte desde hace décadas de las competencias bibliotecarias, la aparición de imágenes sintéticas, vídeos manipulados, textos generados automáticamente y modelos conversacionales plantea desafíos completamente nuevos. Los propios bibliotecarios reconocen sentirse insuficientemente preparados para responder a preguntas relacionadas con estas tecnologías, cuya evolución resulta mucho más rápida que los programas de formación profesional disponibles. El informe insiste en que la actualización permanente de competencias será indispensable para mantener la confianza que la ciudadanía deposita en las bibliotecas.

Otro aspecto especialmente interesante es el denominado «paradigma de la participación». Los autores observan que quienes más necesitan formación en alfabetización mediática son, precisamente, quienes menos participan en talleres o actividades organizadas por las bibliotecas. Muchas personas desconocen que necesitan ayuda o consideran que ya poseen suficientes competencias digitales, cuando en realidad presentan importantes dificultades para identificar noticias falsas, detectar fraudes o reconocer contenidos generados mediante inteligencia artificial. Por ello, el informe propone desplazar parte del esfuerzo desde los programas tradicionales hacia intervenciones integradas en la atención cotidiana, aprovechando cada interacción entre bibliotecario y usuario como una oportunidad educativa.

Las conclusiones insisten en que fortalecer la alfabetización mediática exige una estrategia integral. No basta con ofrecer talleres ocasionales; es necesario invertir de forma sostenida en formación del personal, garantizar el acceso continuado a periodismo profesional y desarrollar infraestructuras que permitan mantener colecciones digitales y recursos informativos de calidad. Asimismo, se subraya la importancia de atender la diversidad lingüística de las comunidades, ofreciendo recursos informativos en múltiples idiomas para garantizar la equidad en el acceso a la información.

Finalmente, el informe formula una serie de recomendaciones dirigidas a administraciones públicas, financiadores y responsables de bibliotecas. Entre ellas destacan la necesidad de establecer programas permanentes de formación para bibliotecarios, desarrollar materiales didácticos reutilizables sobre alfabetización mediática, reconocer institucionalmente el trabajo informal que realizan los profesionales en los servicios de referencia, integrar la alfabetización mediática en la atención diaria y considerar el acceso al periodismo de calidad como una infraestructura pública esencial para la democracia. Los autores concluyen que las bibliotecas públicas ocupan una posición única para combatir la desinformación, fortalecer la ciudadanía crítica y garantizar el acceso equitativo a información fiable en la era digital.

Palabras que cuidan: la biblioteca como agente de salud mental para personas mayores. Planeta Biblioteca 2026/07/24

Palabras que cuidan: la biblioteca como agente de salud mental para personas mayores.

Planeta Biblioteca 2026/07/24

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En Planeta Biblioteca conversamos con Inmaculada López Melguizo sobre «Palabras que cuidan», un innovador proyecto de la Biblioteca Pública Municipal de La Chana (Granada) que convierte la biblioteca en un agente activo de promoción de la salud mental y el bienestar de las personas mayores. Analizamos cómo la lectura compartida, la escritura autobiográfica y la narración oral ayudan a combatir la soledad no deseada, fortalecer la memoria, mejorar la autoestima y crear redes de apoyo comunitario. También hablamos de las actividades de estimulación cognitiva, gestión emocional, encuentros intergeneracionales y participación cultural que integran el programa. La entrevista pone de relieve el papel de las bibliotecas como espacios de cuidado, inclusión y cohesión social, más allá de su función tradicional. Finalmente, López Melguizo comparte los excelentes resultados del proyecto y explica por qué este modelo puede replicarse con éxito en otras bibliotecas públicas.

La ALA publica una guía para un uso ético, transparente y centrado en las personas de la inteligencia artificial en las bibliotecas

American Library Association. *Guidance on the Use of Artificial Intelligence in Libraries*. American Library Association (ALA), 2026. Documento aprobado por el Consejo de la ALA el 16 de julio de 2026 como marco de referencia para el desarrollo de políticas institucionales sobre inteligencia artificial en bibliotecas.

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El documento ofrece orientación para que las bibliotecas desarrollen o revisen políticas locales sobre IA (generativa, agéntica, sistemas predictivos, de recomendación, decisiones automatizadas y funciones de IA integradas en productos de proveedores). Se aplica tanto a herramientas de IA independientes como a funciones de IA incorporadas en catálogos, sistemas de descubrimiento, plataformas escolares, universitarias, municipales o consorciales.

La IA puede apoyar la instrucción, las operaciones, la accesibilidad y la educación pública siempre que exista un propósito claro de servicio público, se hayan evaluado beneficios y riesgos, se preserve el juicio humano y existan salvaguardas adecuadas. La IA no debe sustituir el juicio ni la responsabilidad del personal.

Cada evaluación de un sistema de IA debe considerar el propósito de servicio, beneficios, riesgos, salvaguardas necesarias, capacidad del personal, efectos comunitarios y alternativas. El resultado puede ser: adopción, uso limitado, prueba piloto, aplazamiento, pausa, no adopción, eliminación o suspensión. Decidir no usar una herramienta de IA es una decisión profesional legítima, no un fracaso.

Valores bibliotecarios y la IA

1. Bien público — La IA debe usarse solo con fines documentados de servicio público. Debe complementar, no sustituir, el razonamiento humano; el personal debe conservar autoridad para cuestionar o anular recomendaciones algorítmicas. Los usuarios tienen derecho a una explicación cuando la IA afecte una decisión que les concierne. La IA no debe justificar recortes de personal. Se recomienda alfabetización en IA con enfoque de reducción de daños, sin estigmatizar a quienes la usan, la evitan o son escépticos. En colecciones, se debe evaluar cuidadosamente el material generado por IA antes de adquirirlo.

2. Libertad intelectual — La IA puede amenazar la libertad intelectual si oculta cómo se clasifica la información o prioriza el «enganche» del usuario sobre la reflexión. Se recomienda documentación clara sobre el funcionamiento de sistemas automatizados, opciones de exclusión («opt-out»), y alternativas sin IA. Debe auditarse regularmente si las funciones de descubrimiento o recomendación distorsionan la visibilidad de ciertos temas, autores o comunidades.

3. Privacidad — El personal debe entender cómo la IA maneja datos personales. Se debe evaluar a los proveedores sobre qué datos recopilan, si se usan para entrenar modelos, dónde se almacenan y cómo pueden eliminarse. Se prohíbe introducir información de identificación personal, historiales de préstamo o lectura, o datos de referencia en sistemas de IA no aprobados formalmente.

4. Sostenibilidad — Las bibliotecas deben preferir herramientas de IA con menor impacto ambiental documentado (modelos más pequeños o específicos por tarea), exigir a los proveedores que divulguen huella de carbono y uso de agua, y considerar el ciclo de vida completo del hardware (fabricación, consumo energético, residuos electrónicos).

5. Diversidad, equidad, inclusión y acceso (DEIA) — Se debe evaluar el sesgo en conjuntos de datos y algoritmos antes y durante el uso. Se debe garantizar acceso equitativo a comunidades marginadas y apoyar herramientas de código abierto que reduzcan el sesgo.

6. Trabajo (labor) — La IA no debe sustituir servicios de referencia, asesoría de lectura, instrucción o apoyo comunitario. El personal debe participar en las decisiones sobre qué tareas pueden automatizarse. Se debe evaluar a los proveedores sobre las condiciones laborales de quienes etiquetan datos o moderan contenido, y usar las ganancias de eficiencia para mejorar condiciones laborales, no para justificar despidos.

Orientación general

Usar la IA solo cuando tenga un propósito claro centrado en el usuario; divulgar su uso de forma clara y accesible; obtener consentimiento informado; tratar las salidas de la IA como borradores que requieren revisión humana, no como respuestas autorizadas; y ofrecer siempre una vía de asistencia humana y, cuando sea posible, una opción sin IA.

Conclusión

La guía es un punto de partida basado en valores, destinado a evolucionar junto con la tecnología y las necesidades de las bibliotecas.

Apéndice — Marco ético de IA (basado en Luciano Floridi)

Seis principios:

1) el bien común de la humanidad y el planeta;

2) el principio de no dañar, privacidad y protección;

3) dignidad humana;

4) responsabilidad y explicabilidad;

5) democracia; 6) equidad, justicia social y un mejor futuro.

Bibliotecas que conectan personas: una respuesta integral a la exclusión digital

Planning, Implementation, and Evaluation (PIE) Org. (2026, 26 de junio). Libraries as the Connective Tissue in Addressing the Digital Divide. Programming Librarian. American Library Association. Programming Librarian

Community Connect: Fostering Digital Access 

El artículo presenta los resultados del programa Community Connect: Fostering Digital Access, una iniciativa impulsada por la American Library Association (ALA) con financiación de Capital One para combatir la brecha digital en comunidades rurales de Estados Unidos. Su premisa fundamental es que las bibliotecas públicas constituyen el «tejido conectivo» de sus comunidades: instituciones de confianza capaces de articular el acceso a Internet, la alfabetización digital, la educación financiera y el desarrollo comunitario. Más que simples proveedores de tecnología, las bibliotecas se consolidan como espacios donde las personas pueden adquirir las competencias necesarias para participar plenamente en la sociedad digital.

Durante la segunda fase del programa, desarrollada entre enero de 2025 y mayo de 2026, participaron treinta bibliotecas rurales ubicadas principalmente en comunidades con bajos ingresos. Cada biblioteca recibió cinco puntos de acceso Wi-Fi portátiles (hotspots) y una subvención de 2.000 dólares para ampliar los servicios digitales. Los resultados muestran un impacto considerable: los dispositivos fueron prestados 4.893 veces, consumieron más de 145.700 GB de datos y se organizaron 124 actividades formativas sobre alfabetización digital y educación financiera, con la participación de 1.694 personas. Estas cifras evidencian que el acceso a la conectividad continúa siendo una necesidad básica en muchas zonas rurales y que las bibliotecas desempeñan un papel esencial para garantizarla.

El artículo profundiza en dos experiencias particularmente representativas. La primera corresponde a la Storm Lake Public Library (Iowa), situada en una comunidad caracterizada por una gran diversidad cultural y lingüística. Aunque la ciudad dispone de infraestructura de banda ancha, numerosos residentes no pueden costear una conexión doméstica o necesitan apoyo para utilizar la tecnología. La biblioteca respondió implantando un servicio de préstamo de hotspots, ofreciendo talleres sobre créditos, inversiones y planificación financiera y, especialmente, proporcionando atención personalizada para resolver problemas relacionados con teléfonos móviles, correo electrónico o programas informáticos. El personal observó cómo muchos usuarios perdían progresivamente el miedo a utilizar la tecnología gracias a este acompañamiento individualizado.

El segundo caso analiza la experiencia de la East Carroll Parish Library (Luisiana), ubicada en una de las regiones con mayores índices de pobreza del país. Allí, una parte importante de la población carece de conexión fija a Internet y depende exclusivamente del teléfono móvil para acceder a servicios digitales. La biblioteca utilizó los hotspots tanto para préstamo domiciliario como para dotar de conectividad a su biblioteca móvil, ampliando el acceso a colecciones y recursos electrónicos. Paralelamente, organizó actividades sobre emprendimiento, prevención de fraudes financieros y comprensión del sistema sanitario. El proyecto incrementó la participación ciudadana, atrajo nuevos usuarios y reforzó la percepción de la biblioteca como una institución imprescindible para el bienestar de la comunidad.

Una de las principales conclusiones del artículo es que la brecha digital no puede reducirse únicamente proporcionando acceso a Internet. La verdadera inclusión digital requiere combinar infraestructura tecnológica con formación, acompañamiento y creación de capacidades. Muchas personas necesitan aprender desde habilidades muy básicas, como utilizar un navegador, gestionar el correo electrónico o protegerse frente a fraudes en línea, hasta competencias más avanzadas relacionadas con la búsqueda de empleo, la administración electrónica o la educación permanente. En este contexto, las bibliotecas se convierten en mediadoras entre la tecnología y la ciudadanía, desempeñando un papel educativo y social que trasciende ampliamente sus funciones tradicionales.

Iniciativas como Community Connect: Fostering Digital Access  demuestran que las bibliotecas son infraestructuras esenciales para promover la equidad digital. Su capacidad para generar alianzas con administraciones públicas, entidades financieras, organizaciones comunitarias y otros agentes locales les permite actuar como nodos de cohesión social y desarrollo económico. En un escenario donde el acceso a los servicios públicos, la educación, el empleo y la participación ciudadana dependen cada vez más de las competencias digitales, las bibliotecas se consolidan como instituciones estratégicas para garantizar que nadie quede excluido de la sociedad de la información.