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Inteligencia Artificial y Bibliotecas: oportunidades y desafios


Inteligencia Artificial y Bibliotecas: oportunidades y desafios

Santiago de Areco, Buenos Aires 28 de septiembre de 2026

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La inteligencia artificial está transformando las bibliotecas y la manera en que las personas acceden, utilizan y producen información. En este contexto, las bibliotecas pueden desempeñar un papel fundamental en la construcción de una cultura de alfabetización en IA, facilitando conocimientos accesibles para toda la ciudadanía. Esta alfabetización implica comprender cómo funcionan estas tecnologías, sus posibilidades, limitaciones, sesgos y riesgos. Los profesionales de las bibliotecas necesitan desarrollar nuevas competencias para orientar a los usuarios en un uso crítico, ético y responsable de la IA. La formación, los talleres, las guías y los espacios de experimentación pueden contribuir a reducir las brechas digitales y de conocimiento. De este modo, la biblioteca se consolida como un espacio de aprendizaje, pensamiento crítico y participación ciudadana ante la expansión de la inteligencia artificial.

Más allá del edificio: cómo las bibliotecas están reinventando los espacios exteriores

New York Public Library integra sus espacios exteriores en Bryant Park con zonas de lectura, descanso y encuentro comunitario, ampliando la biblioteca más allá de sus límites físicos.

Dilger, Jeannie. “Beyond the Building: How Libraries Are Reimagining Outdoor Spaces.” ReThinking Libraries, 28 de julio de 2026. Artículo original

Se plantea una evolución significativa del concepto de espacio bibliotecario. La biblioteca del futuro no tiene por qué limitarse a sus salas interiores: puede proyectarse hacia jardines, plazas, calles y otros espacios públicos para desarrollar actividades culturales, educativas, sociales y de bienestar. La combinación de participación ciudadana, diseño flexible, accesibilidad y planificación a largo plazo permite concebir el exterior como una auténtica extensión de los servicios bibliotecarios y como una nueva infraestructura de encuentro comunitario.

Se analiza una tendencia creciente en la arquitectura y planificación bibliotecaria: extender la función de la biblioteca más allá de las paredes del edificio mediante patios, plazas, jardines, terrazas, azoteas, espacios urbanos e incluso aparcamientos o terrenos próximos. La cuestión fue abordada en la conferencia anual de la American Library Association de 2026 en Chicago, donde profesionales de bibliotecas y arquitectura paisajística analizaron cómo estos espacios pueden favorecer la conexión comunitaria, el aprendizaje, la programación cultural y el bienestar. La pandemia aceleró una evolución que ya estaba en marcha, al demostrar el valor de los espacios exteriores para reunirse y desarrollar actividades de forma segura.

Una de las principales ideas del artículo es que el diseño del espacio exterior debe comenzar escuchando a la comunidad. Antes de decidir qué instalaciones construir, las bibliotecas deberían conocer las necesidades tanto de sus usuarios habituales como de las personas que no utilizan actualmente sus servicios. Encuestas, talleres participativos, sesiones de diseño y otras formas de consulta permiten identificar usos y necesidades que pueden pasar desapercibidos. Además, incorporar personas de diferentes edades, capacidades y procedencias ayuda a construir espacios más inclusivos y representativos de la comunidad.

El texto también cuestiona la idea de que para disponer de una biblioteca exterior sea necesario contar con grandes jardines o terrenos. Cualquier espacio puede convertirse en una extensión de la biblioteca si se planifica adecuadamente: pequeñas plazas, terrazas, balcones, calles, zonas de aparcamiento, jardines de bolsillo, azoteas o espacios pertenecientes a otras organizaciones mediante acuerdos de colaboración. La planificación debe tener en cuenta factores como el ruido, el tráfico, la seguridad, el acceso, la gestión del agua de lluvia y las características del entorno.

Otro principio fundamental es la flexibilidad. Las bibliotecas pueden utilizar sus espacios exteriores para organizar grandes actividades y actuaciones, pero también para ofrecer zonas de lectura y descanso, reuniones de pequeños grupos, comidas, actividades educativas y medioambientales, celebraciones comunitarias o eventos de recaudación de fondos. Dado que los presupuestos no siempre permiten desarrollar todos los proyectos simultáneamente, el artículo propone diseñar una estructura que pueda crecer progresivamente y adaptarse a nuevas necesidades.

La perspectiva de inclusión y diversidad de usuarios ocupa igualmente un lugar central. Los espacios exteriores pueden diseñarse para niños y familias, adultos que buscan tranquilidad, personas interesadas en la interacción social y actividades intergeneracionales. Elementos aparentemente sencillos —vegetación autóctona, diferentes tipos de asientos, recorridos accesibles y zonas adaptadas a distintas actividades— pueden transformar un espacio exterior en un verdadero destino comunitario. La biblioteca deja así de concebirse exclusivamente como un edificio para convertirse en una red de espacios de encuentro, aprendizaje y convivencia.

El artículo recuerda, además, que la calidad de estos espacios depende tanto de los pequeños detalles como del diseño general. Wi-Fi, conexiones eléctricas, iluminación, baños, aparcamientos para bicicletas y espacios de almacenamiento pueden determinar hasta qué punto se utiliza un espacio exterior. También es necesario prever desde el principio su mantenimiento y seleccionar materiales y mobiliario adecuados. Un elemento especialmente importante es la sombra: árboles, estructuras permanentes o sistemas móviles pueden mejorar considerablemente el confort y ampliar las horas y épocas del año en que el espacio puede utilizarse.

Inteligencia artificial para la investigación científica autónoma: implicaciones para las bibliotecas de investigación

Display reading “ARTIFICIAL RESEARCH INTELLIGENCE” and “AUTONOMOUSLY AI-GENERATED SCIENCE AND THE IMPLICATIONS FOR RESEARCH LIBRARIES,” surrounded by charts and researchers.
Researchers explore AI-generated science and digital tools in a vibrant library setting.

Ridley, Michael. “Artificial Research Intelligence: Autonomously AI-Generated Science and the Implications for Research Libraries.” Information Technology and Libraries 45, no. 3 (2026). DOI: 10.5860/ital.v45i3.17706

El artículo plantea un cambio de gran alcance: si la IA comienza a realizar de manera autónoma partes sustanciales del proceso científico, la biblioteca de investigación tendrá que evolucionar desde la gestión de colecciones hacia la gestión, preservación, evaluación y mediación de sistemas dinámicos de producción de conocimiento. La IA puede realizar gran parte del procesamiento y la exploración, pero el juicio científico, ético e intelectual sigue siendo una responsabilidad humana fundamental.

La aparición de lo que denomina Artificial Research Intelligence (ARI), o inteligencia artificial para la investigación, entendida como sistemas de IA capaces de realizar de manera prácticamente autónoma un proceso científico completo: desde la generación de una idea de investigación hasta la elaboración del manuscrito final. El concepto va más allá del uso convencional de la IA como herramienta auxiliar para buscar información, analizar datos o redactar textos, ya que plantea la utilización coordinada de múltiples modelos y agentes capaces de asumir diferentes etapas del método científico.

Una de las ideas centrales del artículo es que estos sistemas podrían representar una transformación profunda de la forma en que se produce conocimiento científico. Ridley señala que la combinación de modelos de IA agénticos, capacidad de computación y procedimientos propios del método científico podría configurar lo que algunos investigadores han denominado un posible “quinto paradigma de investigación científica”. En este modelo, la IA podría encargarse de tareas de cálculo, exploración de hipótesis, búsqueda de patrones, generación de propuestas y producción de resultados, mientras que las personas conservarían una función esencial relacionada con la interpretación, el juicio científico y la supervisión ética.

El autor, sin embargo, subraya que la investigación científica autónoma todavía presenta limitaciones importantes. Entre ellas aparecen las alucinaciones, la insuficiente especialización profunda en determinados dominios científicos y la tendencia de algunos sistemas a presentar conclusiones más contundentes de lo que permiten realmente las evidencias. Por ello, el hecho de que un sistema sea capaz de generar de forma autónoma un artículo o una hipótesis no significa necesariamente que haya producido conocimiento científico fiable. La automatización de las diferentes fases del proceso investigador introduce, por tanto, nuevos problemas relacionados con la reproducibilidad, la validación, la atribución de responsabilidad y la evaluación de la evidencia.

Otro concepto especialmente interesante es el de “captura epistémica” (epistemic capture). Ridley advierte de que, si las infraestructuras necesarias para desarrollar investigación científica autónoma quedan concentradas en grandes empresas privadas de inteligencia artificial, podría producirse un desplazamiento de parte de la producción de conocimiento desde las universidades y las instituciones públicas hacia las corporaciones tecnológicas que controlan los modelos, los datos y la capacidad de computación. El problema no sería solamente tecnológico o económico, sino también institucional: quién controla las infraestructuras de conocimiento puede acabar teniendo una influencia considerable sobre qué preguntas se investigan, qué resultados se producen y cómo circula el conocimiento científico.

En este contexto, el artículo plantea una redefinición del papel de las bibliotecas de investigación. Si tradicionalmente las bibliotecas universitarias han gestionado colecciones relativamente estáticas —libros, revistas, bases de datos, repositorios y otros recursos documentales—, la expansión de la investigación asistida o generada por IA exigiría avanzar hacia la gestión y custodia de sistemas dinámicos de conocimiento impulsados por inteligencia artificial. Esto supone pasar de administrar únicamente documentos y colecciones a participar también en los ecosistemas tecnológicos, datos, modelos, agentes y procesos mediante los cuales se genera nuevo conocimiento.

Ridley identifica varias áreas en las que las bibliotecas pueden asumir un papel activo. Una de ellas es la comunicación científica, donde los bibliotecarios podrían contribuir al desarrollo de nuevos procesos para documentar, preservar y hacer trazable la investigación producida con sistemas autónomos. También adquiere importancia la formación en competencias de inteligencia artificial para investigadores y profesionales de la información. El artículo plantea, además, la posibilidad de crear laboratorios de IA vinculados a las bibliotecas, desde los cuales experimentar con estas tecnologías y desarrollar investigaciones aplicadas sobre sus posibilidades y riesgos.

La propuesta implica, por tanto, una evolución de la biblioteca como intermediaria de información hacia una biblioteca como infraestructura de conocimiento. En lugar de limitarse a proporcionar acceso a la literatura científica existente, las bibliotecas podrían participar en las nuevas cadenas de producción, validación, preservación y comunicación del conocimiento. Esto conecta directamente con cuestiones que ya están transformando la comunicación científica: artículos generados parcialmente por IA, revisión por pares asistida por algoritmos, agentes capaces de realizar búsquedas y síntesis, generación automática de hipótesis y nuevas formas de publicación científica.

La inteligencia artificial generativa en la evaluación y desarrollo de las colecciones de las bibliotecas universitarias

Librarian reviewing AI collection analytics on a computer in a university library
A librarian reviews AI-generated collection analytics in a busy university library.

Moon-Chung, Jennifer, y Berenika M. Webster. “Exploring AI-assisted Classification for Collection Analysis.” Information Technology and Libraries 45, no. 3 (2026). https://doi.org/10.5860/ital.v45i3.17644. Publicado el 21 de septiembre de 2026.

La investigación plantea una idea de gran interés para las bibliotecas universitarias: la IA puede utilizarse no solamente para descubrir o recomendar información, sino también para comprender mejor qué información debería formar parte de las colecciones. Al conectar producción científica, docencia, clasificación bibliotecaria, datos de uso y gasto, el sistema proporciona una perspectiva más amplia para fundamentar las decisiones de desarrollo de colecciones

Se aborda una aplicación especialmente interesante de la inteligencia artificial generativa en la evaluación y desarrollo de las colecciones de las bibliotecas universitarias. Las autoras parten de un problema habitual: las bibliotecas necesitan conocer hasta qué punto sus colecciones responden a las necesidades reales de sus comunidades académicas, pero relacionar a gran escala la producción investigadora, las actividades docentes y las materias representadas en las colecciones resultan complejas. El mantenimiento manual de correspondencias entre estos diferentes conjuntos de información y los esquemas de clasificación bibliotecaria, especialmente la Library of Congress Classification (LCC), requiere mucho tiempo y dificulta realizar análisis sistemáticos.

La investigación propone un flujo de trabajo escalable basado en inteligencia artificial capaz de relacionar la actividad académica de una institución con las categorías de la clasificación de la Biblioteca del Congreso. Para ello, las autoras integraron seis conjuntos de datos procedentes de dos grandes ámbitos: la producción científica y las actividades docentes. Cuando existían metadatos bibliográficos suficientemente completos, estos se utilizaron directamente; cuando no estaban disponibles, se recurrió al modelo de lenguaje Claude Sonnet, de Anthropic, para inferir las correspondientes categorías de clasificación mediante instrucciones específicas adaptadas a cada tipo de dato. De este modo, la IA funciona como una herramienta para transformar información académica heterogénea en datos estructurados que pueden ser utilizados posteriormente en los procesos de análisis de colecciones.

Uno de los aspectos más relevantes del trabajo es que la inteligencia artificial no reemplaza completamente la intervención humana, sino que se integra dentro de un proceso híbrido. Las autoras desarrollaron una canalización (pipeline) en Python que combina las API de Claude y de diferentes fuentes de metadatos bibliográficos. Los resultados obtenidos automáticamente pasan después por mecanismos de validación de los rangos de la clasificación LCC y por una revisión humana selectiva. Esta combinación permite aprovechar la capacidad de procesamiento de grandes volúmenes de información de los modelos de lenguaje sin renunciar al control profesional de los bibliotecarios, algo particularmente importante cuando las decisiones resultantes pueden afectar a la selección, adquisición y distribución de recursos bibliográficos.

El resultado final se incorpora a un cuadro de mando interactivo desarrollado en Tableau, estructurado en tres partes: una página general de resumen, un explorador de la producción investigadora y otro dedicado a las actividades docentes. Esta visualización permite cruzar y observar conjuntamente información que normalmente permanece dispersa en diferentes sistemas institucionales. El equipo responsable del desarrollo de colecciones de la University of Pittsburgh Library System ha utilizado el sistema junto con datos de gasto y uso de los recursos para revisar sus planes de adquisición mediante aprobación (approval planes). La propuesta permite, por tanto, pasar de una evaluación de colecciones basada principalmente en datos de uso y estadísticas de adquisición a otra que incorpora también evidencias sobre lo que investiga y enseña la propia universidad.

Una de las principales aportaciones del artículo es precisamente esta posibilidad de alinear las colecciones bibliotecarias con las prioridades académicas de la institución. El sistema puede ayudar a identificar áreas temáticas en las que existe una producción investigadora o una actividad docente significativa pero una representación insuficiente en las colecciones. De esta manera, la IA puede contribuir al análisis de posibles lagunas de las colecciones, a la revisión de los planos de adquisición y a una asignación más fundamentada de los recursos económicos. Las autoras plantean además el sistema como una infraestructura sostenible, capaz de actualizarse conforme aparecen nuevos resultados académicos y conforme mejoran los modelos de inteligencia artificial.

El trabajo resulta especialmente significativo porque muestra una aplicación de la IA generativa que va más allá de los usos más conocidos —como la generación de textos, la asistencia a usuarios o la búsqueda conversacional— y la sitúa en una función tradicionalmente muy vinculada al trabajo bibliotecario: la organización, evaluación y desarrollo de colecciones. La clasificación bibliográfica se convierte aquí en un mecanismo de conexión entre diferentes tipos de información institucional. La IA facilita esa conexión al interpretar datos que no siempre contienen explícitamente una categoría LCC, pero el proceso mantiene mecanismos de validación y revisión profesional. Esto apunta hacia un modelo de biblioteca basada en datos, donde la inteligencia artificial puede complementar las competencias de los bibliotecarios para analizar grandes cantidades de información y apoyar decisiones de gestión.

El artículo también puede relacionarse con una tendencia más amplia hacia la automatización inteligente de la clasificación y la asignación temática. Las propias autoras sitúan su trabajo junto a investigaciones anteriores sobre indexación automática, asignación de encabezamientos de materia, clasificación mediante aprendizaje automático y utilización de ChatGPT o Claude para tareas de organización del conocimiento. En este sentido, el estudio representa una evolución desde experimentos centrados en clasificar documentos individuales hacia un uso de la IA orientado al análisis estratégico de conjuntos completos de colecciones.

Del edificio al espacio de encuentro: el futuro de las bibliotecas

Urban Libraries Council (ULC), Future Scenarios: Library Space & Design | A new policy roadmap for library leaders, publicado el 16 de septiembre de 2026.

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Las bibliotecas públicas siempre han sido una expresión viva de sus comunidades, reflejando las necesidades, la historia, las aspiraciones, las presiones y las posibilidades locales. A medida que nuestras comunidades evolucionan con mayor rapidez, cobran aún más importancia las vías para comprender y participar en la configuración de los cambios futuros. El informe propone una hoja de ruta para los responsables de bibliotecas sobre cómo combinar los espacios físicos, las tecnologías digitales y las nuevas necesidades de las comunidades

El informe parte de una transformación profunda del contexto social en el que funcionan las bibliotecas públicas. La digitalización, la fragmentación social, la incertidumbre económica y los cambios en las formas de relacionarse están modificando las necesidades de las comunidades. Frente a este escenario, las bibliotecas aparecen como una de las pocas instituciones cívicas capaces de proporcionar estabilidad, acceso, encuentro y oportunidades de participación. El documento sostiene que la biblioteca pública no debería contemplarse simplemente como un lugar donde se ofrecen libros, ordenadores o actividades culturales, sino como una infraestructura esencial para la vida comunitaria.

Uno de los argumentos centrales es que el diseño físico de la biblioteca adquiere una importancia renovada precisamente cuando otros espacios de encuentro están desapareciendo. En un contexto en el que los denominados «terceros lugares» —espacios diferentes del hogar y del trabajo donde las personas pueden encontrarse— son cada vez más escasos, las bibliotecas pueden asumir una función social mucho más amplia. El espacio bibliotecario debe facilitar no solamente la lectura o el estudio individual, sino también la interacción, la participación, el aprendizaje, la conversación, la creatividad y el sentimiento de pertenencia.

La metodología del informe se estructura en tres pasos. Primero analiza cómo utilizan actualmente los ciudadanos los espacios, programas y servicios bibliotecarios y relaciona esos usos con las tendencias que están transformando la vida comunitaria. Posteriormente intenta anticipar qué podrían necesitar y esperar los usuarios del futuro. Finalmente, convierte esas observaciones en diferentes escenarios futuros de biblioteca, teniendo en cuenta simultáneamente la evolución del comportamiento de los usuarios, el diseño arquitectónico y espacial y el desarrollo de las infraestructuras digitales.

Una de las ideas más interesantes del documento es que la transformación digital no debe conducir a una biblioteca progresivamente deshumanizada. La tecnología debe aumentar las posibilidades de la biblioteca y reforzar su propósito humano, no reemplazarlo. Las bibliotecas del futuro deberán ser tecnológicamente avanzadas, pero al mismo tiempo conservar una identidad claramente humana. Esto implica pensar la tecnología como una infraestructura que facilita el acceso, el aprendizaje y la participación, mientras que el espacio físico continúa proporcionando aquello que difícilmente puede sustituirse mediante una pantalla: presencia, interacción social, confianza y pertenencia.

El documento concede especial importancia al problema de la desconexión social. La biblioteca puede funcionar como un lugar en el que las personas no solamente encuentran información, sino también orientación para comprender los cambios que afectan a sus vidas y oportunidades para participar en la comunidad. De ahí que el diseño futuro deba crear espacios en los que resulte sencillo saber cómo participar, encontrarse con otras personas y sentirse parte de una comunidad. La biblioteca se plantea así como un espacio de cohesión social en un momento de creciente fragmentación.

El planteamiento supone también un cambio respecto a la concepción tradicional del edificio bibliotecario. El diseño ya no debería estar determinado exclusivamente por la colección y los puestos de lectura, sino por una combinación de personas, actividades, relaciones, tecnología y comunidad. Esto puede traducirse en espacios más flexibles y adaptables, capaces de responder a diferentes usos a lo largo del día y de modificarse conforme evolucionen las necesidades de los usuarios. La arquitectura deja de ser un elemento puramente funcional para convertirse en una herramienta de política bibliotecaria.

Una de las conclusiones más significativas del informe es la necesidad de cambiar el relato público sobre las bibliotecas. Siguen siendo instituciones de confianza, pero su imagen pública no siempre refleja la amplitud de las funciones que ya desempeñan. El informe propone reforzar la idea de que la biblioteca constituye una infraestructura cívica esencial, especialmente en comunidades sometidas a cambios económicos, tecnológicos y sociales acelerados.

Digitalización a gran escala en la era de la inteligencia artificial: cuestiones y modelos de acuerdo para bibliotecas y sus socios

Center for Research Libraries (CRL). (2026). Large Scale Digitization in the AI Era: Issues and Model Terms for Libraries and Their Partners. Center for Research Libraries, 14 pp. Publicado el 14 de septiembre de 2026.

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El documento del Center for Research Libraries (CRL) aborda el creciente número de propuestas para digitalizar colecciones bibliotecarias a gran escala y utilizar posteriormente esos contenidos y sus metadatos en sistemas comerciales de inteligencia artificial. Estas colaboraciones pueden facilitar la preservación, ampliar el acceso a las colecciones y reducir los costes de digitalización, pero plantean cuestiones fundamentales sobre propiedad, usos autorizados, acceso público, control institucional, compensación, atribución, privacidad y custodia a largo plazo.

El informe propone que las bibliotecas establezcan condiciones claras antes de poner sus colecciones a disposición de empresas tecnológicas y sistemas de IA. El CRL considera especialmente importante que las instituciones comprendan qué valor generan sus colecciones digitales y qué usos podrán realizar terceros con ellas. El documento pretende servir como punto de partida para desarrollar términos contractuales comunes y orientar futuras negociaciones entre bibliotecas y empresas, incluyendo posibles acuerdos colectivos, solicitudes conjuntas de propuestas y la creación de corpus digitales compartidos.

En definitiva, el informe plantea que la digitalización ya no debe contemplarse únicamente como una estrategia de preservación y acceso, sino también como una cuestión de gobernanza de datos culturales y científicos en la era de la IA. Las decisiones que adopten ahora las bibliotecas pueden contribuir a establecer nuevas normas sobre cómo se utilizan comercialmente colecciones que han sido conservadas y gestionadas como bienes de interés académico y cultural. El CRL señala que cualquier modelo definitivo deberá someterse a nuevas discusiones entre las bibliotecas y a revisión jurídica.

Finalmente, el documento presenta una plantilla marco de términos modelo (Model Digitization Terms) que sirve como guía de negociación para los contratos:

  • Propósito, alcance y derechos de la biblioteca: La biblioteca debe mantener autoridad final sobre qué se digitaliza y conservar derechos para preservar, analizar, albergar y prestar los archivos.
  • Usos del socio e IA: Se exige que cualquier entrenamiento de modelos, evaluación o comercialización mediante IA requiera una autorización explícita y específica, de modo que el silencio contractual nunca sea interpretado como permiso.
  • Metadatos y estándares técnicos: Se debe limitar la cesión inicial de metadatos al mínimo necesario y exigir que el socio devuelva OCR enriquecido, transcripciones e identificadores en formatos interoperables y de calidad de conservación.
  • Estructura económica e indemnizaciones: El socio comercial debe asumir los costos directos e incrementales del proyecto. Legalmente, se debe eximir a la biblioteca de garantizar autorizaciones masivas de derechos de autor, trasladando la responsabilidad e indemnización de los usos derivados al desarrollador.
  • No exclusividad y gobernanza: Salvo excepciones temporales y justificadas, las licencias deben ser no exclusivas, sin cláusulas de confidencialidad que impidan transparentar los términos ante la comunidad académica.

Tendencias de las bibliotecas públicas en 2026: cinco claves que están transformando su futuro

PressReader. (2026). Public Library Trends 2026: Five Key Trends Shaping the Future of Libraries. PressReader. Artículo original de PressReader

Las nuevas tecnologías están cambiando la forma en que las personas descubren información. Los contenidos generados por inteligencia artificial hacen cada vez más difícil saber en qué información confiar. Los servicios digitales ocupan un lugar cada vez mayor en el uso cotidiano de las bibliotecas. Además, los usuarios recurren a las bibliotecas no solo para acceder a libros e información, sino también para aprender, cuidar su bienestar, relacionarse con otras personas y comprender mejor el mundo que les rodea.

Por ello, las tendencias más importantes de las bibliotecas públicas en 2026 no tienen que ver únicamente con la tecnología. También están relacionadas con la confianza, la relevancia y la transformación del papel que desempeñan las bibliotecas en la vida de las personas.

Estas son cinco tendencias fundamentales que están configurando el futuro de las bibliotecas públicas en 2026.

1. Las bibliotecas públicas están fomentando hábitos de lectura más intencionados

Una de las tendencias de las bibliotecas públicas en 2026 es el cambio hacia experiencias de lectura que resulten útiles, tranquilizadoras y personalmente relevantes.

El informe «2026: The Year of Intentional Media», basado en datos globales de uso de PressReader y en tendencias del sector, muestra un desplazamiento desde unos medios que simplemente reclaman la atención hacia contenidos que las personas eligen porque encajan con sus vidas. El informe define los medios intencionados como aquellos contenidos que favorecen la concentración, la comprensión y las rutinas cotidianas, ayudando a las personas a aprender, relajarse y comprender el mundo sin sentirse abrumadas.

Para las bibliotecas, esto es importante.

Las colecciones de las bibliotecas públicas han apoyado tradicionalmente el aprendizaje permanente y el enriquecimiento personal. Sin embargo, esta demanda se está haciendo cada vez más visible también en los contenidos digitales. Los usuarios no buscan únicamente las últimas noticias. También consultan contenidos sobre alimentación, salud, viajes, aficiones, pasatiempos, cultura, finanzas personales, historias locales y otros temas prácticos que contribuyen a su vida cotidiana.

Esta tendencia también aparece en el informe Weak Signals 2026 de IFLA, que identifica específicamente el «bienestar y la recuperación» y el diseño comunitario como temas emergentes de liderazgo.

Para los responsables de las bibliotecas, la implicación es clara: las colecciones deben reflejar el conjunto de necesidades de los usuarios. El acceso a las noticias sigue siendo importante, pero también lo son los contenidos y formatos que favorecen el bienestar, la curiosidad, la relajación y el aprendizaje permanente.

Algunas bibliotecas ya están poniendo esta idea en práctica. Por ejemplo, la iniciativa Rediscover Reading, del Palm Beach County Library System, presenta la lectura recreativa como una actividad respaldada por evidencias para favorecer el bienestar mental, reducir el estrés, fortalecer la empatía y crear vínculos comunitarios.

2. La IA está transformando los servicios de las bibliotecas públicas, pero la confianza sigue siendo lo más importante

La inteligencia artificial ha sido una de las grandes tendencias tecnológicas que han transformado las bibliotecas públicas durante los últimos años, y esta evolución continúa en 2026.

Las herramientas de búsqueda, los asistentes de investigación, los sistemas de recomendación y las plataformas de contenidos utilizan cada vez más IA para ayudar a las personas a encontrar información con mayor rapidez. En muchos casos, esto puede mejorar el descubrimiento de información y facilitar la navegación por los recursos digitales. Para los usuarios puede significar recomendaciones más personalizadas, respuestas más rápidas y experiencias de búsqueda más intuitivas.

Las bibliotecas ya están reaccionando ante esta transformación. El informe Pulse of the Library, de Clarivate, señala que el 67 % de las bibliotecas de todo el mundo estaba explorando o implementando IA en 2025, frente al 63 % registrado en 2024.

Pero la IA también plantea nuevos desafíos.

A medida que los resúmenes, resultados de búsqueda y recomendaciones generados por IA se vuelven más habituales, los usuarios necesitan ayuda para comprender de dónde procede la información, cómo ha sido creada y hasta qué punto se puede confiar en ella. Un acceso más rápido no significa necesariamente una mejor comprensión.

En este contexto, las bibliotecas están emergiendo como lo que el informe Weak Signals 2026 de IFLA denomina «anclas de confianza»: espacios en los que las personas pueden aprender a distinguir los hechos de las informaciones fabricadas y desarrollar una actitud crítica ante los contenidos producidos por IA.

La biblioteca puede, por tanto, ofrecer un punto de equilibrio: aprovechar las posibilidades de la inteligencia artificial evitando al mismo tiempo sus riesgos.

3. La alfabetización mediática se está convirtiendo en una responsabilidad fundamental de las bibliotecas públicas

Entre las tendencias más importantes de las bibliotecas públicas en 2026, y directamente relacionada con el desarrollo de la IA, destaca la creciente importancia de la alfabetización mediática.

En el pasado, la alfabetización mediática podía abordarse como un tema para talleres, una actividad desarrollada en colaboración con centros educativos o un complemento de las competencias digitales. Actualmente se está convirtiendo en una responsabilidad central de las bibliotecas públicas.

Una investigación realizada por PressReader y la Australian Library and Information Association (ALIA) muestra hasta qué punto esta cuestión resulta importante para las bibliotecas públicas australianas.

El estudio revela que:

  • El 87 % de los profesionales de las bibliotecas considera que los contenidos generados por IA y las redes sociales han incrementado la necesidad de alfabetización mediática.
  • El 99 % de los bibliotecarios públicos australianos considera esencial la alfabetización mediática.

Esta percepción también se refleja entre los profesionales de las bibliotecas de Norteamérica. Otro informe elaborado en colaboración con la Public Library Association señala que las bibliotecas públicas están cada vez más en primera línea de la alfabetización mediática, ayudando a los usuarios a evaluar fuentes, navegar por contenidos digitales y acceder diariamente a información fiable.

Para las bibliotecas públicas, esto representa una oportunidad clara para reforzar su papel como instituciones educativas de proximidad en un entorno mediático cada vez más complejo.

4. Las bibliotecas públicas se están convirtiendo en centros comunitarios de conocimiento más sólidos

Otra tendencia importante es la continua expansión del papel de la biblioteca como infraestructura comunitaria.

Las bibliotecas ya no se definen únicamente por aquello que prestan. Cada vez son más valoradas por aquello que hacen posible: acceso digital, aprendizaje, conexión social, participación ciudadana, apoyo comunitario y orientación fiable.

El Library Insights Report 2025, del Urban Libraries Council, constató que las visitas a las bibliotecas públicas aumentaron un 9,8 % respecto a 2023, mientras que las reservas de salas crecieron un 25 %. También continuó aumentando la demanda de recursos digitales, especialmente de libros electrónicos. El informe describe las bibliotecas públicas como una infraestructura social esencial, que proporciona a las comunidades acceso a herramientas y espacios modernos para la información y la conexión social.

Algunos usuarios acuden a la biblioteca para disponer de un espacio tranquilo de trabajo. Otros buscan actividades, apoyo tecnológico, acontecimientos comunitarios, recursos digitales, información local o ayuda para acceder a servicios esenciales. Muchos combinan los servicios físicos y digitales de la biblioteca dependiendo de sus necesidades.

Esta es una de las razones por las que las bibliotecas públicas siguen siendo tan relevantes en 2026. Son instituciones locales de confianza capaces de atender necesidades muy diversas, independientemente de la edad, procedencia o nivel de competencia digital de las personas.

5. Las bibliotecas públicas facilitan el acceso a un periodismo diverso y de calidad

Una última tendencia que habrá que observar en 2026 es la creciente relación entre alfabetización mediática y acceso a un periodismo de calidad.

Enseñar a las personas a evaluar la información es fundamental. Pero esas competencias adquieren mucho más sentido cuando los usuarios también tienen acceso a noticias fiables, elaboradas profesionalmente, y a una amplia variedad de perspectivas.

La investigación de ALIA mencionada anteriormente señala que el 99 % de los profesionales de las bibliotecas considera que las noticias de calidad y la diversidad de perspectivas son elementos importantes para desarrollar las competencias de alfabetización mediática.

Aunque la investigación se centra en Australia, los problemas que aborda son comunes a las bibliotecas públicas de todo el mundo. Las comunidades necesitan ayuda para enfrentarse a la desinformación, comparar fuentes y comprender diferentes puntos de vista. Las bibliotecas quieren ofrecer ese apoyo, pero muchas tienen que hacerlo con limitaciones de personal, carencias de formación y restricciones presupuestarias.

Aquí es donde el acceso al periodismo de calidad se convierte en una parte importante de la alfabetización mediática.

Cuando las bibliotecas proporcionan acceso a periódicos y revistas fiables procedentes de diferentes regiones, países y perspectivas, los usuarios pueden comparar coberturas, conocer diferentes puntos de vista y desarrollar mejores capacidades de pensamiento crítico. Este tipo de acceso favorece no solo la lectura, sino también la participación democrática y una vida comunitaria informada.

Mirando hacia el futuro: qué significan estas tendencias para las bibliotecas públicas en 2026

Las principales tendencias de las bibliotecas públicas en 2026 apuntan hacia una misma idea: las bibliotecas son cada vez más esenciales a medida que el ecosistema de la información se vuelve más complejo.

Los usuarios necesitan ayuda para encontrar información fiable. Necesitan desarrollar competencias digitales y mediáticas. Necesitan acceder a periodismo de calidad y a perspectivas diversas. Necesitan recursos que apoyen el aprendizaje, el bienestar y la vida cotidiana. Y necesitan espacios comunitarios —físicos y digitales— donde puedan relacionarse, explorar y crecer.

Las bibliotecas públicas ocupan una posición privilegiada para responder a todas estas necesidades. Su valor futuro no dependerá únicamente de su capacidad para ofrecer libros o recursos digitales, sino de su capacidad para actuar como espacios de confianza, aprendizaje, alfabetización mediática, participación comunitaria y orientación en un mundo cada vez más dominado por la información y la inteligencia artificial.

Destruir libros para construir una mente artificial: Anthropic y el futuro de la lectura

Mancino, Francesca. “Destroying Books to Build a Mind.” The New Yorker, 8 de septiembre de 2026. https://www.newyorker.com/culture/the-lede/destroying-books-to-build-a-mind

Anthropic adquirió y digitalizó masivamente libros, incluso destruyendo físicamente algunos ejemplares, para utilizarlos en el entrenamiento de sus modelos de IA. El caso plantea un debate sobre copyright, preservación, transparencia y el futuro del libro, diferenciando entre conservar información y conservar realmente los libros como objetos culturales.

A principios de 2026, numerosos libreros de segunda mano estadounidenses y canadienses comenzaron a recibir pedidos masivos de libros extraños, especializados y de escasa demanda. Eran títulos sobre arquitectura, derecho, historia, ciencias sociales, literatura o incluso cuestiones muy específicas como el tratamiento de aguas residuales. Los pedidos procedían en ocasiones de sociedades de responsabilidad limitada con nombres poco reconocibles, lo que despertó la curiosidad de los vendedores. Una investigación permitió relacionar parte de estas compras con Anthropic, la empresa responsable de Claude. Los documentos judiciales posteriormente revelados permitieron conocer la existencia de Project Panama, una iniciativa cuyo objetivo era adquirir enormes cantidades de libros impresos para convertirlos en datos digitales destinados al entrenamiento de modelos de IA.

La particularidad del procedimiento es que se trataba de digitalización destructiva. Los libros se compraban físicamente, se les retiraba la encuadernación, las páginas se cortaban para facilitar su procesamiento y posteriormente se escaneaban industrialmente, mientras que el ejemplar físico era descartado. El artículo explica que esta técnica no es completamente nueva: determinadas bibliotecas y departamentos de preservación digital también desmontan libros para conseguir una digitalización más rápida y eficiente. La diferencia fundamental está en la escala y en el propósito. Anthropic pretendía obtener millones de páginas para alimentar sus sistemas de inteligencia artificial. En Princeton, por ejemplo, se ha optado deliberadamente por métodos de digitalización que permiten conservar los ejemplares físicos, aunque sean más costosos.

Uno de los matices importantes del reportaje es que la imagen de Anthropic destruyendo ejemplares únicos y valiosísimos de libros antiguos resulta más espectacular que la realidad documentada. Según la investigación de The New Yorker, los libreros consultados no identificaron una adquisición sistemática de libros verdaderamente antiguos o antiquarios. Muchos de los ejemplares tenían ISBN y eran publicaciones relativamente recientes, aunque con tiradas pequeñas y escasa circulación. Una lista de más de 600 títulos proporcionada por libreros mostró que buena parte correspondía a publicaciones académicas, especialmente de editoriales universitarias, y que abarcaban historia, biografía, ficción, poesía, crítica literaria, derecho y ciencias sociales. Precisamente estos libros especializados y poco populares pueden resultar especialmente valiosos para entrenar modelos de IA porque contienen conocimientos que difícilmente se encuentran en grandes corpus comerciales o en la web generalista.

Aquí aparece una de las cuestiones más interesantes del artículo: la IA puede estar rescatando digitalmente conocimientos que, de otro modo, permanecerían prácticamente invisibles, pero lo hace transformando los libros en materia prima para modelos computacionales. Algunos de los títulos adquiridos probablemente estaban destinados a quedar olvidados en almacenes, librerías de segunda mano o colecciones con muy poca circulación. Desde esta perspectiva, introducirlos en un modelo de IA puede aumentar enormemente su capacidad de supervivencia informativa. El problema es que esa preservación no equivale necesariamente a conservación cultural. El libro deja de existir como objeto accesible y pasa a convertirse en información procesada por una máquina, sin que investigadores, lectores o bibliotecas puedan necesariamente consultar o reconstruir el conjunto documental que alimentó al modelo.

El artículo aborda también la compleja cuestión de los derechos de autor y del uso legítimo (fair use). Anthropic se enfrentó a demandas por utilizar libros para entrenar sus modelos y en 2025 aceptó pagar 1.500 millones de dólares para resolver una demanda colectiva relacionada con infracciones de copyright. El juez William Alsup, sin embargo, distinguió entre determinadas prácticas ilícitas —como la descarga masiva de millones de copias pirateadas— y el uso de libros adquiridos legalmente para entrenar modelos. Según su interpretación, utilizar esas obras para entrenamiento de IA podía considerarse fair use, de manera comparable a cómo una persona lee libros y posteriormente utiliza lo aprendido para producir nuevos textos. También consideró legítimo que Anthropic destruyera ejemplares físicos comprados legalmente cuando los sustituía por copias digitales destinadas exclusivamente a su biblioteca interna.

Pero la legalidad no resuelve el problema cultural y bibliotecario. El artículo plantea una cuestión fundamental: ¿podemos llamar «biblioteca» a una colección creada exclusivamente para alimentar una inteligencia artificial? En una biblioteca tradicional, los libros se conservan para que puedan ser leídos, investigados, comparados y reinterpretados por personas. En el modelo de Anthropic, los libros se convierten esencialmente en datos destinados a ampliar la «memoria» y las capacidades lingüísticas del modelo. El resultado puede contener el conocimiento de millones de libros, pero los seres humanos no tienen necesariamente acceso directo a ese corpus ni pueden saber con precisión qué documentos contiene, cómo fueron procesados o de qué manera intervienen en las respuestas generadas por la IA.

Esta cuestión conduce directamente a la transparencia de los corpus de entrenamiento. Mike Furlough, director ejecutivo de HathiTrust, señala que existe un interés legítimo en conocer cómo se construyen estos conjuntos de datos. En el mundo académico, cuando un investigador desarrolla un modelo, se espera que indique qué fuentes ha utilizado para permitir la reproducibilidad y evaluación de su trabajo. La misma lógica debería plantearse para las herramientas de IA que utilizan millones de personas para investigar, estudiar o tomar decisiones. Si un sistema responde utilizando conocimiento extraído de cientos de miles o millones de libros, resulta relevante saber qué libros fueron utilizados, bajo qué condiciones, con qué criterios y con qué mecanismos de atribución.

El aspecto quizás más profundo del artículo tiene que ver con qué significa leer. La historiadora Leah Price recuerda que el libro ha sobrevivido a numerosas predicciones sobre su desaparición y ha demostrado una extraordinaria capacidad de adaptación tecnológica. Sin embargo, la inteligencia artificial introduce una diferencia importante: no se limita a cambiar el soporte del libro, sino que puede cambiar el propio proceso mediante el cual el conocimiento es leído y utilizado. Cuando una persona lee una novela, debe dedicar tiempo, interpretar, anticipar, relacionar ideas y construir significados. Cuando una IA procesa millones de libros, convierte ese universo textual en datos que posteriormente puede recombinar para generar respuestas. El riesgo, según la reflexión del artículo, es que la lectura humana sea sustituida progresivamente por una lectura maquínica cuyo objetivo no es comprender una obra en su totalidad, sino extraer información útil de ella.

La frase que resume mejor esta tensión es la idea de que «un libro no es simplemente un recipiente de frases». El orden de las frases, la estructura, el contexto, la materialidad, las anotaciones, la procedencia del ejemplar y la experiencia del lector forman parte de su significado. Cuando un libro se desmonta y se convierte en miles de imágenes o fragmentos de texto destinados al entrenamiento de una IA, puede conservarse su contenido lingüístico, pero pueden perderse muchas dimensiones de su existencia como objeto cultural. El artículo plantea así una distinción crucial entre preservar información y preservar libros: digitalizar un texto puede salvar sus palabras, pero no necesariamente conserva toda la experiencia intelectual, material e histórica asociada al ejemplar.

Desde la perspectiva de las bibliotecas y de la gestión del conocimiento, el artículo plantea un debate especialmente relevante. Durante décadas, las bibliotecas han digitalizado colecciones para facilitar su conservación, búsqueda y acceso. Ahora las grandes empresas de IA están realizando una operación parecida, pero con una finalidad diferente: convertir las colecciones documentales en infraestructura para construir modelos de inteligencia artificial. Esto obliga a replantear qué entendemos por preservación, acceso, propiedad, colección y biblioteca. La cuestión ya no es solamente quién posee un libro, sino quién posee los datos derivados de millones de libros y quién controla las infraestructuras capaces de transformar ese conocimiento en respuestas.

El nuevo papel de las bibliotecas en la formación sobre inteligencia artificial

Yale Daily News. (2026). “As digital checkouts soar, Los Angeles libraries pivot to AI education.” Yale Daily News, septiembre de 2026. Artículo original en Yale Daily News

La principal enseñanza es que la alfabetización en inteligencia artificial puede convertirse en una nueva forma de servicio bibliotecario, del mismo modo que en décadas anteriores las bibliotecas incorporaron la alfabetización informacional, Internet y las competencias digitales. Los Ángeles ofrece, por tanto, un modelo muy interesante para estudiar cómo las bibliotecas pueden contribuir a democratizar el conocimiento sobre IA y reducir las nuevas desigualdades que está generando esta tecnología.

Las bibliotecas públicas de Los Ángeles están adaptando su función educativa ante dos transformaciones simultáneas: el extraordinario crecimiento del consumo de contenidos digitales y la rápida incorporación de la inteligencia artificial generativa a la vida cotidiana. La Los Angeles Public Library se ha convertido en uno de los grandes referentes de la circulación digital: en 2024 superó por primera vez los 14 millones de préstamos digitales, consolidándose como la biblioteca pública con mayor número de préstamos digitales del mundo en la plataforma OverDrive. Este crecimiento evidencia que la biblioteca ya no puede entenderse únicamente como un espacio físico asociado al préstamo de libros impresos, sino como una infraestructura de acceso al conocimiento que funciona también a través de teléfonos, tabletas, ordenadores y plataformas digitales.

Sin embargo, el cambio que destaca el artículo va más allá de la digitalización de las colecciones. La biblioteca está empezando a asumir una nueva responsabilidad: ayudar a los ciudadanos a comprender, utilizar y evaluar críticamente la inteligencia artificial. La cuestión no consiste simplemente en enseñar a utilizar ChatGPT u otras herramientas generativas, sino en proporcionar conocimientos que permitan comprender cómo funcionan estas tecnologías, cuáles son sus limitaciones y qué problemas pueden plantear en términos de información, privacidad, sesgos, desinformación o fiabilidad. En este sentido, la alfabetización en IA aparece como una prolongación natural de la alfabetización informacional que históricamente han desarrollado las bibliotecas.

El caso de Los Ángeles resulta especialmente significativo porque muestra cómo la evolución de los hábitos de los usuarios está modificando las prioridades de los servicios bibliotecarios. Mientras los préstamos digitales alcanzan cifras récord, determinados materiales físicos —especialmente la no ficción— experimentan una disminución de circulación. La biblioteca no interpreta esta transformación como una pérdida de relevancia, sino como una oportunidad para redefinir su función. El acceso a libros electrónicos, audiolibros y otros recursos digitales constituye una primera fase de esta evolución; la siguiente consiste en ayudar a los ciudadanos a desenvolverse en un ecosistema informativo dominado cada vez más por algoritmos y sistemas de inteligencia artificial.

Esta estrategia tiene además una dimensión de equidad digital. La biblioteca pública puede desempeñar un papel fundamental para evitar que la inteligencia artificial genere una nueva brecha entre quienes disponen de conocimientos, dispositivos, suscripciones y formación para utilizarla y quienes quedan excluidos de estas posibilidades. Los servicios bibliotecarios proporcionan acceso gratuito a recursos digitales y formación, y pueden convertirse en espacios neutrales donde los ciudadanos aprendan no solo a utilizar una herramienta, sino también a cuestionar sus resultados, verificar información y tomar decisiones informadas. Esta función resulta especialmente relevante en una ciudad tan diversa como Los Ángeles, donde existen importantes diferencias económicas, educativas, lingüísticas y tecnológicas.

El caso también permite observar un cambio profundo en la concepción del bibliotecario como mediador del conocimiento. En el modelo tradicional, el profesional ayudaba al usuario a localizar, seleccionar y evaluar documentos; en el entorno de la IA generativa, esa función se amplía. El bibliotecario debe enseñar a formular preguntas, contrastar respuestas generadas por sistemas automáticos, identificar posibles errores o sesgos y recurrir a fuentes fiables cuando la IA no ofrece garantías suficientes. Por tanto, la alfabetización en IA no sustituye a la alfabetización informacional, sino que la hace todavía más necesaria.

Un aspecto especialmente interesante del caso de Los Ángeles es que demuestra que las bibliotecas públicas pueden abordar la inteligencia artificial desde una perspectiva educativa y ciudadana, y no exclusivamente tecnológica. No se trata de convertir las bibliotecas en centros de innovación tecnológica ni de incorporar IA simplemente porque sea una tendencia, sino de preguntarse qué necesitan realmente las comunidades. Desde esta perspectiva, los cursos, talleres, actividades de alfabetización digital y programas de orientación sobre IA pueden formar parte de una estrategia más amplia destinada a fortalecer la autonomía de los ciudadanos frente a un ecosistema informativo cada vez más automatizado.


La IA avanza en las bibliotecas, pero a distintas velocidades según el país

Clarivate. “Pulse of the Library 2026 Report Reveals AI Adoption Gaps Across Geographies, Mainland China Advancing Fastest”. Clarivate, 2026. El informe Pulse of the Library 2026 recoge las opiniones de más de 1.800 profesionales de bibliotecas académicas, públicas y nacionales de todo el mundo. https://clarivate.com/news/clarivate-pulse-of-the-library-2026-report-reveals-ai-adoption-gaps-across-geographies-mainland-china-advancing-fastest/

El informe Pulse of the Library 2026 de Clarivate analiza cómo las bibliotecas universitarias, públicas y nacionales están afrontando la rápida expansión de la inteligencia artificial y muestra que el sector se encuentra todavía en una fase relativamente prudente de adopción.

Aunque la IA está cada vez más presente en las estrategias y conversaciones profesionales, la mayoría de las instituciones todavía se encuentran en etapas iniciales: un 33 % está explorando o evaluando tecnologías de IA, mientras que otro 29 % se encuentra en las primeras fases de implementación. No obstante, aumenta progresivamente el número de bibliotecas que han alcanzado niveles de implantación más avanzados: la proporción que declara una implementación moderada ha pasado del 5 % en 2024 al 13 % en 2026.

Uno de los aspectos más interesantes del estudio es la existencia de importantes diferencias geográficas en el ritmo de adopción. El informe señala que China continental está avanzando especialmente rápido en la incorporación de la IA en las bibliotecas, lo que refleja probablemente un contexto tecnológico e institucional particularmente favorable a su desarrollo. Esta desigualdad geográfica pone de manifiesto que no existe un único modelo mundial de transformación digital: las posibilidades de adoptar IA dependen de factores como la disponibilidad de recursos, las políticas institucionales, las competencias profesionales, las infraestructuras tecnológicas y la percepción de los beneficios y riesgos asociados a estas herramientas.

El estudio también encuentra una relación estadísticamente significativa entre el grado de implementación de la IA y el impacto que las bibliotecas perciben de sus iniciativas. En otras palabras, las instituciones que han avanzado más allá de la fase experimental tienden a declarar mayores beneficios en diferentes ámbitos. Esto resulta relevante porque sugiere que la prudencia inicial puede transformarse en resultados concretos cuando la IA deja de considerarse únicamente una tecnología que hay que evaluar y comienza a integrarse de manera sistemática en los procesos y servicios bibliotecarios.

Otro elemento destacado es la brecha entre bibliotecas, instituciones educativas y estudiantes. Mientras las bibliotecas avanzan con cautela, los estudiantes están incorporando la IA a una velocidad mucho mayor: investigaciones relacionadas de Clarivate señalan que el 95 % de los estudiantes utiliza IA para actividades relacionadas con sus cursos. Esta diferencia plantea un desafío importante para las bibliotecas universitarias, que pueden desempeñar un papel fundamental en la formación en alfabetización en IA, evaluación crítica de resultados, verificación de información, integridad académica y uso responsable de estas tecnologías.

Pulse of the Library 2026 presenta una imagen de un sector que está pasando progresivamente de la experimentación a la implementación, pero a velocidades muy diferentes según las regiones. El informe sugiere que el debate ya no debería centrarse exclusivamente en si las bibliotecas deben utilizar IA, sino en cómo incorporarla estratégicamente, con qué objetivos y bajo qué principios de responsabilidad y supervisión profesional. Para las bibliotecas, el reto consiste en aprovechar el potencial de la inteligencia artificial sin perder de vista sus valores fundamentales: acceso al conocimiento, confianza, calidad de la información, privacidad, equidad y servicio a las comunidades.