Archivo de la categoría: Bibliotecas

Ilustraciones de Gürbüz Doğan Ekşioğlu sobre la importancia del libro y las bibliotecas en nuestras vidas

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Gürbüz Dogan Eksioglu es uno de los creadores gráficos de los cuales su obra se centra en mostrar lo importante que son los libros y las bibliotecas en nuestras vidas.

Gürbüz Dogan Eksioglu es  dibujante, diseñador gráfico y profesor asistente en la Universidad de Mármara de la Facultad de Bellas Artes de Estambul, Turquía.Eksioglu habitualmente hace  caricaturas e ilustraciones para periódicos y revistas como The New York Times, New Yorker, The Forbes o The Atlantic. Ha sido reconocido con un total de 64 premios de los que 23 son internacionales. Ha participado en numerosas exposiciones colectivas nacionales e internacionales y realizo nueve exposiciones individuales, incluida una en  de Nueva York.

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Illustrations by Gurbuz Dogan Eksioglu - Time fo books

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Illustrations by Gurbuz Dogan Eksioglu - Book domino

Illustrations by Gurbuz Dogan Eksioglu - Books lets you travel

Illustrations by Gurbuz Dogan Eksioglu - Books make you

Illustrations by Gurbuz Dogan Eksioglu - Library in a book

Illustrations by Gurbuz Dogan Eksioglu - Life

Illustrations by Gurbuz Dogan Eksioglu - Pigeon in a book

Illustrations by Gurbuz Dogan Eksioglu - Smarter

¿Qué le pedimos a los editores y a las plataformas para dar un buen servicio de lectura digital en las bibliotecas?

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Alonso-Arévalo, Julio. Bibliotecas digitales: Reflexiones desde la práctica: ¿Qué le pedimos a los editores y a las plataformas para dar un buen servicio a los lectores? En: “El mercado bibliotecario como oportunidad de negocio para la edición digital” Peñaranda de Bracamonte (Salamanca). 12 de diciembre de 2012. Peñaranda de Bracamonte (Salamanca): CITA, 2012.

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Las bibliotecas están siendo uno de los motores fundamentales de impulso del libro electrónico en aquellos países que antes han iniciado la carrera digital del libro electrónico, y han sido muchas las bibliotecas que han respondido positiva y rápidamente a este cambio de expectativas. Uno de los factores clave es la evidencia de un crecimiento exponencial en los hábitos y actitudes de lectura en dispositivos electrónicos móviles, convirtiéndose de este modo las pantallas en interfaces privilegiadas de lectura y aprendizaje La biblioteca es un punto más de difusión, descubrimiento y venta de libros electrónicos para las editoriales. Existen diferentes plataformas que ofrecen libros electrónicos para bibliotecas, y una amplia multiplicidad de modelos de negocio. Por parte de las bibliotecas es importante evaluar todos los vendedores, determinar el gasto y la concesión de licencias de cada uno, y calcular los costes en curso para determinar si el modelo seleccionado es sostenible. Si bien los libros electrónicos son un área de crecimiento robusto de las bibliotecas y a pesar de que la existencia de ebooks en bibliotecas estadounidense es un hecho habitual, se trata de una normalidad frágil debido a las barreras que imponen los grandes grupos editoriales ante el gran empuje de las cifras de préstamos. Se establecen las premisas fundamentales para que los editores se animen a poner a disposición de las bibliotecas este modelo de negocio poco explotado en nuestro país, y se establecen algunos de los aspectos clave que los editores deben tener en cuenta a la hora de ofertar sus títulos en bibliotecas.

 

La biblioteca futurista de Thionville un espacio para el encuentro, la convivencia y el aprendizaje

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Cada vez la imagen de las bibliotecas corresponde menos con la clásica fila de hileras de estanterías atestadas de libros, pues cada vez va siendo más común encontrarse con bibliotecas que ofrecen otros medios alternativos al libro, un espacio para la convivencia, y una lugar de aprender nuevas habilidades. De este modo la biblioteca pública en Thionville es un ejemplo de cómo las bibliotecas evolucionan para satisfacer las necesidades cambiantes de las comunidades.

Thionville es una ciudad de 40 mil habitantes en el departamento del Mosela, en el noreste de Francia. La biblioteca fue diseñada por Dominique Coulon and Associates, una agencia de arquitectura de Estrasburgo. El propósito de los creadores era crear el proyecto que se convertiría en un nuevo modelo para el nuevo concepto de biblioteca como “Tercer lugar“. El edificio fue inaugurado en 2016. Se llama Puzzle – Mediathèque de Thionville, ya que el paseo por la biblioteca se convierte en un proceso de revelación de los diversos universos que constituyen este espacio a modo de puzzle.

El despliegue desde el exterior acentúa esta impresión de espacio infinito.Sin que exista una lectura inequívoca del espacio; la percepción que uno tiene de ella revela una complejidad y una riqueza inesperada. Es un lugar de libertad. Un espacio creativo que favorece la creatividad de las personas.

El espacio es fluido, y las múltiples rutas ofrecen puntos de vista constantemente renovados. El color y los materiales del espacio principal ponen de manifiesto las variaciones de luz y color que contrastan con la naturaleza material de los espacios burbuja. El techo y las paredes parecen flotar

La biblioteca tiene espacios con césped por todas partes, lo que invita a descansar y pasar un rato agradable leyendo, mirando o estudiando. También podemos encontrar decenas de rincones y espacios personalizados para la lectura en silencio, a modo de burbujas de lectura.

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Burbuja de lectura

Los arquitectos concibieron la biblioteca como una sala de estar colectiva de la ciudad; con el objetivo de atraer a los diferentes tipos de personas que podrían utilizarla para desarrollar experiencias colectivas y momentos únicos, a través de espacios con diversas personalidades, mobiliario diferenciado , y un montón de espacios al aire libre.

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Espacios abiertos

Este proyecto tiene la ambición de convertirse en un nuevo modelo para las bibliotecas de medios. El programa pone en tela de juicio las funciones de una biblioteca tradicional, otorgándole el contenido de un “Tercer lugar” – un lugar donde los usuarios se convierten en actores en sus propias experiencias, un espacio para la creación y la recepción.

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Zona interior

El edificio incluye áreas para exposiciones, exhibiciones, creación, estudios de música y un café-restaurante. Las diversas actividades del programa se combinan entre sí, a través de un espacio dinámico y fluido.

La fachada se asemeja a una cinta desplegable que sirve de telón de fondo a los diferentes universos contenidos en el proyecto. Con secciones huecas y sólidas que producen una ambigüedad entre el interior y el exterior, cuestionando las fronteras del espacio público. De este modo el espacio se vuelve incierto: deja de tener contornos claros y se pone en cuestión en términos prácticos. La luz se extiende a lo largo de la cinta, y la cinta distribuye la luz a la zona en el corazón del edificio.

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Zona exterior para el trabajo colectivo

El edificio hace posible nuevos usos: la gente puede echar una siesta, hacer un pic-nic, leer afuera, o reunirse en grupo. El edificio descansa en un principio de sistemas independientes e irregulares, cada uno con su propia lógica, creando tensión en el espacio y en cómo se lee.

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Área de narración

El edificio incluye zonas muy específicas, como un área de narración, laboratorios de lenguaje, lugares para entretenerse con videojuegos, una sala de artes plásticas, etc. En las zonas burbuja, las personas están aisladas de los otros universos, como una vía de escape de las áreas colectivas. Las burbujas son el último refugio, la parte más íntima del edificio.

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Espacios burbuja

Una rampa de jardín ofrece otra vía de escape hacia el exterior, que conduce a un bar de verano, punto culminante del paseo arquitectónico. El jardín extiende la pasarela interior, acercándose a la línea del horizonte; donde la ciudad desaparece.

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Zona infantil

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Noma de ejecución musical

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Auxiliares de bibliotecas. Planeta biblioteca

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PLANETA BIBLIOTECA – Radio USAL – Especial AUXILIARES DE BIBLIOTECA

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http://www.ivoox.com/planeta-biblioteca-21-02-2013-auxiliares-biblioteca-audios-mp3_rf_1811625_1.html

Visitaron nuestro Planeta tres miembros del colectivo profesional Auxiliares de Biblioteca: Ángel Javier González García (Biblioteca de Traducción) Mª Jesús López Valverde (Biblioteca Histórica) y Marta Vázquez Vázquez (Biblioteca Abrahan Zacut) que nos hablaron de las tareas que realizan en su trabajo diario, de sus competencias y desempeño profesional. Recoge el testimonio de tres tipos de puntos de servicio: una biblioteca de campus, una biblioteca de facultad y una biblioteca de investigación; y como la misma categoría profesional da lugar a distintas competencias y una relación diferente con el usuario. Un programa muy ameno y divertido. — con Mª Jesús López Valverde, Angel Javier González García y Marta Vázquez Vázquez.

La biblioteca del Espia que nació del Frio

 

 

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John le Carré.  “El espía que surgió del frío”. Madrid :Selecciones del Reader’s Digest, 1966

El espía surgido del frío es Alec Leamas, un antiguo agente secreto inglés destinado en la Alemania Oriental con antiguas cuentas que resolver, a quién Londres le propone liquidar al máximo responsable del espionaje de aquel país, pero a medida que va introduciéndose en el caso se da cuenta que lo están manipulando. En la obra, posteriormente llevada al cine, aparece una biblioteca en la que Alec trabaja enviado por la agencia de colocaciones, allí conoce a la bibliotecaria Liz Gold. con la que entablará una relación. Como afirma María Andrio Esteban en su tesis “La imagen de la biblioteca en el cine (1928-2015)La imagen de la biblioteca en el cine (1928-2015)“, cuando la bibliotecaria es la protagonista a menudo suele ser una chia atractiva y alegre. Aquí Le Carré califica a la chica como “En su cara, como en su cuerpo, había algo que parecía oscilar entre la fealdad y la belleza”. Pero no así la jefa de la biblioteca, la inflexible y autoritaria señorita Crail.

 

 

FRAGMENTOS

Por fin, aceptó el trabajo en la Biblioteca. La Agencia de Colocaciones se lo había puesto delante de las narices todos los jueves por la mañana cuando cobraba su subsidio de paro, pero él lo había rechazado siempre.
—La verdad es que no es lo que mejor le va —dijo el señor Pitt—, pero la paga es buena y el trabajo es fácil para un hombre instruido.
—¿Qué clase de biblioteca es? —preguntó Leamas.
—Es la Biblioteca Bayswater de Investigaciones Psicológicas. Es una fundación: tienen miles de libros, y les han hecho un legado de muchos más. Necesitan otro ayudante.
Leamas cogió el óbolo y la tira de papel.
—Son gente rara —añadió el señor Pitt—, pero, por otra parte, usted tampoco es de los que se quedan fijos, ¿no? Me parece que ya es hora de que les pusiera a prueba, ¿no cree?

 

La Biblioteca era como la nave de una iglesia y, además, muy fría. Las negras estufas de petróleo, en los extremos, daban un olor a parafina. En medio del local había una cabina, como la de los testigos en un tribunal, y dentro estaba sentada la señorita Crail, la bibliotecaria. Nunca se le había ocurrido a Leamas que hubiera de trabajar a las órdenes de una mujer. En la Agencia de Colocaciones, nadie le había dicho nada de eso.

—Soy el nuevo ayudante —dijo—, me llamo Leamas.
La señorita Crail levantó la vista bruscamente de su fichero, como si hubiera oído una grosería.
—¿Ayudante? ¿Qué quiere decir con eso de «ayudante»?
—Asistente. De parte de la Agencia de Colocaciones, del señor Pitt.
Alargó a través del mostrador un impreso hecho en multicopista con sus datos anotados con letra inclinada. Ella lo cogió y lo examinó.

Él escuchó un par de minutos, y luego se dirigió hacia las estanterías. En uno de los compartimientos, observó que había una muchacha, de pie en una escalera,
ordenando unos grandes volúmenes.
—Soy el nuevo —dijo—, me llamo Leamas.
Ella bajó de la escalera y le dio la mano un tanto ceremoniosamente.
—Yo soy Liz Gold. Encantada. ¿Ha conocido a la señorita Crail?

—Ahora estamos poniendo signaturas; la señorita Crail ha empezado un nuevo fichero.
Era una muchacha alta, desgarbada, de larga cintura y piernas largas. Llevaba zapatos bajos, de «ballet», para reducir su estatura. En su cara, como en su cuerpo, había algo que parecía oscilar entre la fealdad y la belleza. Leamas supuso que tendría veintidós o veintitrés años, y que sería judía.

—Se trata sólo de comprobar que todos los libros estén en los estantes. Ésta es la tira de referencia, ya ve. Cuando lo haya comprobado, apunte en lápiz la nueva signatura y la tacha en el fichero.

—¿Y que ocurre luego?
—Sólo la señorita Crail está autorizada a pasar a tinta la signatura. Es el reglamento.
—¿El reglamento de quién?
—De la señorita Crail. ¿Por qué no empieza por la arqueología?

Él estaba a medio subir en la escalera, de modo que miró abajo por encima del hombro y dijo:
—¿Qué?
—¿Sabe usted de dónde han salido estas bolsas de comestibles?
—Son mías.
—Ya entiendo. Son suyas. —Leamas esperó—. Lamento —continuó ella por fin— que no permitamos meter la compra en la Biblioteca.
—¿Dónde puedo ponerla, si no? No hay otro sitio donde pueda ponerla.
—En la Biblioteca, no —contestó ella.

————–

—He hecho toda clase de cosas. Vender enciclopedias para una maldita empresa americana; clasificar libros en una biblioteca de psicología, perforar fichas de trabajo en una hedionda fábrica de pegamentos. ¿Qué demonios puedo hacer?

————–

Probablemente por eso Liz siguió trabajando en la Biblioteca; porque allí, por lo menos, él seguía existiendo; las escalerillas, los estantes, los libros, el fichero, eran cosas que él había conocido y tocado, y algún día podría volver a ellas. Había dicho que jamás volvería, pero ella no lo creía. Era como decir que uno jamás iba a estar mejor, creer una cosa como ésa.

————–

Ella no es más que una chiquilla frustrada en una Biblioteca absurda: ¡no les sirve para nada!

La imagen de las bibliotecas y los bibliotecarios en el comic

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El popular Francisco Ibáñez, autor de comic clásicos como “Pepe Gotera y Otilio”, “Mortadelo y Filemón”, “Rompetechos” y la “Familia Trapisonda” en alguna ocasión también ha reseñado en sus tiras cómicas la imagen de los profesionales de las bibliotecas. Como apreciamos en estas viñetas correspondientes a los siempre tronchantes “Mortadelo y Filemón”, todo un símbolo para una generación de los que fuimos primeros lectores. En primer lugar, lo que se aprecia son los múltiples carteles con la palabra SILENCIO que aparecen colgados y en el mostrador de la bibliotecaria, por supuesto cumpliendo todos los tópicos: mujer poco agraciada, de edad madura, con moño y gafas. Que recibe a nuestros protagonistas con un contundente: “Chiiiiiiissssst!! “. Y un posterior contundente enojamiento porque le pide, y aquí el genial autor se hace un merecido autohomenaje las obras de Ibañez, pensando la bibliotecaria que son las obras de Blasco Ibañez, y al comentarle Mortadelo que no, que son las del autor de “pepe Gotera y Otilio”, esta de reprende con un gesto de desaprobación. lo que hace que Mortadelo le diga que si no se lee el “Diccionario Etrusco Astrogodo”

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Continúa la tira gráfica con un ataque de nervios de la bibliotecaria, ante los desatinos de tan excelsos usuarios, la biblioteca saltando por los aires, con la bibliotecaria completamente trastornada y desquiciada elogiando el ruido “Viva el ruido! Y los alaridos y las explosiones”

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En cuanto a la imagen de la biblioteca y el bibliotecario en el comic es muy recomendable y digno de reseñar el blog “Diario de lectura de cómic Jiro Taniguchi”  con reseñas de cómics que merece la pena leer e incorporar en bibliotecas públicas” de José Antonio Hernández Gómez.

 

La antipática bibliotecaria y el no menos delirante usuario de “Diario de un asesino melancólico”

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Francisco López Serrano. Diario de un asesino melancólico. Salamanca: ediciones del Viento, 2016

Premio de Novela ‘Ciudad de Salamanca’ 2017

Una novela fresca y deslumbrante llena de humor e ironía sobre un personaje obsesionado con que su mujer desea envenenarlo, por lo cual decide anticiparse a la supuesta misión de su esposa y buscar un veneno que no deje huella y no tenga contracepción. El protagonista se dirige a la biblioteca Nacional en busca de una referencia y se encuentra con una funcionaria que califica como antipática, aunque la actitud del usuario en este caso el protagonista también deja mucho que desear:

 

EXTRACTOS Y FRAGMENTOS

“Una mujer me dio la vida. Una mujer, me temo, ha de quitármela. Entre la primera y la última he padecido y convalecido de un número suficiente de ellas. Tengo por tanto motivos para adjudicarles la misma cualidad que los clásicos confirieron al tiempo y a sus letales horas: todas hieren, la última mata.”

“Como ya sugerí en una de mis anotaciones anteriores, en mi navegación de cabotaje por la web superficial había dado con una referencia interesante. Siguiendo esa sugestiva pista fui a la Biblioteca Nacional para consultar el Neopoliani Magioe Naturalis de Giovanni Battista della Porta, impreso en Nápoles en 1580, probablemente uno de los pocos libros que ;o solo hablan de la naturaleza y calidad de los venenos con la muy encomiable intención de neutralizarlos con sus respectivos antídotos, sino que explican la manera de utilizarlos, con el mayor éxito y aprovechamiento posibles, para los fines que yo me proponía. Me dirigí a la sección de raros, rellené la ficha pertinente y una antipática empleada que lo mismo podía haber manejado libros que substancias letales me dijo que cuando existía copia microfilmada, como era el caso, se empleaba ésta a fin de ‘Preservar el libro. Acérrimo detractor de cualquier sucedáneo, no me apetecía nada dejarme la vista en una de esas pantallas de videojuegos del neolítico que son los aparatos de visionado de microfilms, pero no me quedó otro remedio que claudicar. No parecía sino que en lugar de en una biblioteca me hallara en una apoteca y lo que pedía no fuera un tratado de toxicología sino los mismos venenos a los que el libro hacía referencia. A este paso los libros están llamados a convertirse con el tiempo en arquetípicos coranes que, en su cielo presurizado, solamente serán accesibles a una casta selecta de sacerdotes provistos de trajes espaciales y escafandras, en tanto los demás mortales nos veremos obligados a manejar, en una caverna de destellos subacuáticos, sus platónicas sombras.”

“La huraña empleada añadió que debía dirigirme a otra sala habilitada para la lectura de microfilms. Fui allí, rellené la preceptiva ficha y otra huraña empleada vestida con una bata blanca la envío al depósito de archivos a través de una vieja y esclerótica arteria. Tomé asiento junto a uno de esos odiosos aparatos y me distraje contemplando a los sesudos investigadores que se afanaban en aquellas rudimentarias herramientas de scriptorium steampunk. Al cabo de una media hora la mujer de bata blanca se me acercó y con rostro risueño me comunicó que los dos microfilms que existían en depósito de la obra que yo solicitaba, estaban siendo utilizados en ese preciso momento y, por tanto, tendría que esperar hasta que devolvieran uno u otro. Comencé a contemplar con recelo a los, a primera vista al menos, inocentes investigadores de la sala. Imaginé que, de todos aquellos tímidos estudiosos, al menos dos de ellos consultaban sus documentos con intenciones tan aviesas como las mías. 0, peor aún, acaso todos ellos escrutaban manuales similares con intenciones similares. Pero ¿a qué se debía mi inquietud? ¿Qué se me daba a mí que medio mundo planeara envenenar al otro medio? ¿Por qué somos tan condescendientes con nosotros mismos y tan intransigentes con nuestros semejantes? Desde que en Occidente el asesinato de ámbito doméstico se convirtió en un acto individual, íntimo y secreto, desapareció cualquier posibilidad de iniciativa corporativa o gremial; nadie se casa con nadie a la hora de asesinar cónyuges. No hay asesino que no se indigne ante la noticia de un asesinato ajeno.”

De pronto me acometió el temor de enfrentarme inesperadamente con mi propio secreto en el rostro de otro individuo. Así que le dije a la empleada que iría a dar una vuelta y regresaría al cabo de una prudencial ¿media hora? ¿Cuánto tarda un asesino en documentarse? Salí a tomar un refrigerio y luego me entretuve curioseando un poco algunas publicaciones en la sala de referencia. Cuando regresé, la empleada me había reservado el microfilm, así que todo lo más que podía quedar en la sala era un potencial asesino o asesina, o acaso fuera más acertado decir que la sala contaba con un asesino o asesina potencial menos. A regañadientes, la empleada tuvo que ayudarme a instalar la bobina en el lector de microfilms y darme además unas nociones elementales para pilotar la máquina. Cuando comencé a navegar por aquella pantalla del color de un legamoso fondo submarino, reparé en que el libro, como indicaba su título y como no podía ser de otro modo en una obra del siglo XVI con pretensiones eruditas, aunque con intenciones claramente censurables, estaba escrito en latino Mi conocimiento de esa lengua se reduce a cero.