El descenso continuado del préstamo de libros impresos de no ficción para adultos. Mientras géneros como la ficción, la literatura juvenil o los materiales infantiles mantienen una demanda relativamente estable, muchas obras de divulgación, historia, ciencias sociales, negocios o autoayuda permanecen durante largos periodos en las estanterías sin apenas ser consultadas.
El autor plantea que esta tendencia no responde necesariamente a una pérdida de interés por el conocimiento, sino a un cambio profundo en la forma en que las personas acceden a la información. Hoy, gran parte de las necesidades informativas se satisfacen mediante búsquedas en Internet, vídeos, pódcast, boletines especializados o herramientas de inteligencia artificial, lo que reduce el papel tradicional del libro impreso como primera fuente de consulta.
A partir de este diagnóstico, el artículo invita a las bibliotecas a replantear el desarrollo de sus colecciones de no ficción. En lugar de seguir adquiriendo títulos basándose únicamente en criterios históricos o en políticas de colección poco actualizadas, propone analizar con mayor detalle los datos de circulación, identificar qué áreas mantienen un interés real y reconocer aquellas materias cuya demanda ha disminuido de forma estructural. Este enfoque basado en evidencias permitiría optimizar el uso del presupuesto, reducir la acumulación de materiales infrautilizados y dedicar más recursos a formatos y contenidos que respondan mejor a las necesidades actuales de la comunidad.
El texto también sugiere que la renovación de la colección no debe limitarse a retirar libros poco utilizados, sino que debe ir acompañada de nuevas estrategias de mediación. Las bibliotecas pueden revitalizar la no ficción mediante exposiciones temáticas, recomendaciones personalizadas, clubes de lectura especializados, actividades divulgativas, ciclos de conferencias o la integración de estos materiales en programas educativos y de alfabetización informacional. De este modo, el valor de la colección deja de depender exclusivamente del préstamo tradicional y pasa a formar parte de una oferta cultural y formativa más amplia.
Asimismo, el autor plantea que determinadas áreas de la no ficción podrían orientarse hacia formatos alternativos. Los libros electrónicos, los audiolibros, las bases de datos especializadas, los recursos digitales de acceso abierto e incluso contenidos generados con apoyo de la inteligencia artificial pueden complementar o sustituir parcialmente algunas colecciones impresas cuya utilización ha caído significativamente. La clave consiste en ofrecer múltiples vías de acceso al conocimiento, adaptándose a los hábitos de consumo de información de diferentes perfiles de usuarios sin renunciar a la misión educativa de la biblioteca.
El artículo concluye que la disminución del préstamo de libros de no ficción no debe interpretarse como un fracaso de las bibliotecas, sino como un indicador de la transformación del ecosistema informativo. Frente a este escenario, las bibliotecas tienen la oportunidad de evolucionar desde un modelo centrado en la acumulación de colecciones hacia otro basado en la relevancia, la flexibilidad y el impacto comunitario. Para ello será necesario combinar el análisis de datos, la evaluación continua de las colecciones, la innovación en los servicios y una comprensión más profunda de cómo aprenden, investigan e interactúan con la información los ciudadanos en la era digital.
Sadewo, Bambang. Milton Public Library borrowers saved nearly $9M last year: report. Annual report also highlights growth across programs and services. MiltonToday, 26 de julio de 2026.
El informe anual de la Milton Public Library (Ontario, Canadá) pone de manifiesto el extraordinario valor económico y social que genera una biblioteca pública para su comunidad. Durante el último año, los usuarios de la biblioteca evitaron gastar aproximadamente 9 millones de dólares simplemente utilizando los servicios de préstamo en lugar de adquirir libros, películas, videojuegos, herramientas tecnológicas y otros materiales por cuenta propia.
Esta cifra constituye un indicador muy tangible del retorno de la inversión pública en bibliotecas, ya que cuantifica el ahorro directo que reciben los ciudadanos a través de un servicio gratuito o de muy bajo coste financiado colectivamente. El informe subraya que la biblioteca no solo proporciona acceso a la información y la cultura, sino que también contribuye de manera significativa a aliviar el coste de vida de las familias en un contexto de creciente presión económica.
Más allá del ahorro económico, el informe destaca un crecimiento sostenido en prácticamente todos los indicadores de actividad de la institución. La biblioteca registró un incremento tanto en el uso de sus colecciones físicas como digitales, acompañado por una mayor participación en programas educativos, culturales y de alfabetización dirigidos a públicos de todas las edades. Las actividades infantiles, los clubes de lectura, las iniciativas para jóvenes, los programas de aprendizaje permanente y los eventos comunitarios experimentaron una elevada participación, confirmando que la biblioteca ha evolucionado desde su función tradicional como espacio de préstamo documental hacia un auténtico centro comunitario. Esta evolución refleja una tendencia observada en numerosas bibliotecas públicas contemporáneas, donde el valor del servicio se mide no únicamente por el número de préstamos, sino también por su capacidad para generar cohesión social, aprendizaje continuo y participación ciudadana.
El informe también pone de relieve la creciente importancia de los recursos tecnológicos ofrecidos por la biblioteca. Además de libros impresos y materiales audiovisuales, los ciudadanos accedieron a equipos tecnológicos, recursos digitales y otros servicios que resultarían costosos si tuvieran que adquirirse individualmente. Este aspecto amplía considerablemente el impacto económico de la biblioteca, ya que facilita el acceso equitativo a tecnologías necesarias para el estudio, el trabajo, la formación y el ocio. De este modo, la institución contribuye a reducir la brecha digital y garantiza que personas con distintos niveles de ingresos puedan beneficiarse de recursos tecnológicos de calidad sin asumir un gasto adicional.
Finalmente, el informe presenta estos resultados como una demostración del creciente papel estratégico de las bibliotecas públicas dentro de las comunidades locales. Los responsables de la Milton Public Library sostienen que las cifras alcanzadas evidencian que la biblioteca constituye una inversión pública altamente rentable, capaz de devolver múltiples beneficios económicos y sociales a la ciudadanía. El ahorro cercano a los nueve millones de dólares representa únicamente una parte del valor generado, ya que no incorpora otros beneficios difíciles de cuantificar, como la mejora de la alfabetización, el fortalecimiento de la inclusión social, el apoyo al aprendizaje permanente, el acceso equitativo a la información y la creación de espacios seguros para la convivencia comunitaria. En conjunto, el informe refuerza la idea de que las bibliotecas públicas son infraestructuras esenciales cuyo impacto trasciende ampliamente el préstamo de materiales y se proyecta sobre el bienestar, la educación y el desarrollo económico de toda la comunidad.
Torres Vargas, G. A. (coord.). (2025). Inteligencia artificial. Pensarla para actuar mirando al futuro. Serie Tecnologías de la Información. Ciudad de México: Universidad Nacional Autónoma de México. 192 p. ISBN: 978-607-642-159-8.
Inteligencia artificial. Pensarla para actuar mirando al futuro es una obra colectiva coordinada por Georgina Araceli Torres Vargas que propone una reflexión crítica sobre el acelerado desarrollo de la inteligencia artificial y sus implicaciones para la sociedad. Frente al entusiasmo que despiertan las posibilidades de estas tecnologías, el libro plantea la necesidad de analizar sus efectos desde una perspectiva académica, ética y social, con el propósito de anticipar los desafíos que surgirán en los próximos años. La obra parte de la premisa de que la IA representa un auténtico punto de inflexión histórico y que sus consecuencias trascenderán el ámbito tecnológico para transformar profundamente la educación, la investigación, el trabajo y la vida cotidiana.
Alonso Arévalo, J., & López Melguizo, I. (2025, 5–7 de noviembre). Del libro al algoritmo: Impulsando el conocimiento sobre IA en las bibliotecas [Comunicación en congreso]. XII Congreso Nacional de Bibliotecas Públicas, Palacio de Congresos de Granada, Granada, España.
Se plantea una profunda reflexión sobre el nuevo papel que deben desempeñar las bibliotecas en una sociedad donde la inteligencia artificial (IA) se ha convertido en una tecnología omnipresente. Los autores sostienen que la IA ya no constituye una innovación reservada a especialistas, sino un elemento que condiciona la vida cotidiana de millones de personas, desde los sistemas de recomendación que utilizan las plataformas digitales hasta los algoritmos que participan en procesos médicos, educativos, financieros o administrativos. Sin embargo, cuanto mayor es la presencia de la IA en nuestras vidas, menor suele ser el conocimiento que posee la ciudadanía sobre su funcionamiento, sus limitaciones y las implicaciones sociales, éticas y políticas que conlleva.
El trabajo parte de la idea de que la revolución provocada por la inteligencia artificial no es únicamente tecnológica, sino también cultural y social. Los algoritmos influyen cada vez más en la manera en que las personas acceden a la información, toman decisiones, consumen contenidos o interactúan con las instituciones. No obstante, la mayoría de estos procesos permanecen ocultos para los ciudadanos, funcionando como auténticas «cajas negras» cuyos mecanismos internos resultan prácticamente desconocidos. Esta falta de comprensión genera una nueva modalidad de analfabetismo, que los autores denominan analfabetismo digital crítico: la incapacidad para comprender cómo funcionan los sistemas algorítmicos que condicionan nuestra vida diaria.
Los autores advierten que esta situación tiene importantes consecuencias sociales. Las personas que desconocen el funcionamiento de la IA son mucho más vulnerables a la manipulación informativa, a la desinformación, a la pérdida de privacidad y a la exclusión de los debates sobre el desarrollo tecnológico. Además, la IA incorpora inevitablemente decisiones humanas, ya que los algoritmos son diseñados, entrenados y ajustados mediante datos que reflejan intereses, prioridades y, en muchos casos, prejuicios existentes en la sociedad. Por ello, la alfabetización en inteligencia artificial no debe limitarse a aprender a utilizar herramientas, sino que debe proporcionar capacidad crítica para comprender cómo se producen esas decisiones automatizadas, quién se beneficia de ellas y qué consecuencias generan para distintos colectivos sociales.
En este contexto, el artículo sitúa a las bibliotecas como las instituciones mejor preparadas para asumir una nueva misión educativa. Históricamente las bibliotecas han garantizado el acceso democrático al conocimiento, primero mediante los libros impresos, posteriormente facilitando el acceso a Internet y a los recursos digitales, y ahora deben contribuir a democratizar el conocimiento sobre la inteligencia artificial. Los autores consideran que las bibliotecas representan uno de los pocos espacios públicos donde cualquier ciudadano, independientemente de su edad, nivel educativo o situación económica, puede acceder gratuitamente tanto a recursos tecnológicos como a programas de formación. De esta manera, la biblioteca deja de ser únicamente un lugar de conservación documental para convertirse en un centro de aprendizaje permanente y participación ciudadana en la era digital.
El proyecto «Del libro al algoritmo» propone precisamente ampliar la misión tradicional de las bibliotecas sin abandonar sus valores históricos. Los libros continúan siendo fundamentales, pero ahora deben convivir con laboratorios digitales, espacios de creación, talleres tecnológicos y actividades relacionadas con la inteligencia artificial. La biblioteca pasa así de ser un lugar donde se consume conocimiento a un espacio donde también se crea, experimenta y reflexiona colectivamente sobre las nuevas tecnologías. Esta evolución resulta coherente con la transformación que ya han experimentado muchas bibliotecas mediante makerspaces, laboratorios de innovación y espacios colaborativos.
Uno de los aspectos centrales del artículo consiste en definir qué significa realmente la alfabetización en inteligencia artificial. Los autores adoptan el enfoque desarrollado por Stanford Teaching Commons, según el cual la alfabetización en IA comprende cuatro grandes dimensiones. La primera consiste en comprender cómo funcionan los sistemas de inteligencia artificial, incluyendo conceptos básicos como los datos de entrenamiento, los modelos de aprendizaje automático, las capacidades reales de estas herramientas y también sus limitaciones. La segunda dimensión se refiere a la ética de la IA, incorporando cuestiones relacionadas con los sesgos, la privacidad, la transparencia, la integridad académica y la fiabilidad de la información generada por los modelos. La tercera dimensión aborda la comunicación con la IA, enseñando a formular instrucciones eficaces mediante técnicas de prompting y comprendiendo cómo el lenguaje condiciona las respuestas obtenidas. Finalmente, la cuarta dimensión estudia el uso de la IA para mejorar los procesos de enseñanza y aprendizaje mediante metodologías pedagógicas innovadoras e inclusivas.
El artículo concede especial importancia al diseño pedagógico de los programas formativos. Los talleres no deben dirigirse únicamente a usuarios expertos, sino adaptarse a personas con distintos niveles de competencia digital. Para ello se propone una metodología gradual que comience utilizando ejemplos cotidianos fácilmente comprensibles, como recetas de cocina o procesos de organización de una biblioteca, para explicar qué es un algoritmo y cómo funciona. Posteriormente, el aprendizaje evoluciona hacia aplicaciones más complejas relacionadas con la salud, la educación, la administración pública o la justicia. Todo el proceso debe apoyarse en metodologías activas, colaborativas e inclusivas, donde los participantes aprendan experimentando directamente con herramientas de inteligencia artificial y compartiendo experiencias con otros usuarios.
Los autores consideran imprescindible que la formación sobre IA vaya mucho más allá del aprendizaje técnico. El objetivo principal consiste en desarrollar pensamiento crítico. Los participantes deben aprender no sólo cómo funcionan los algoritmos, sino también por qué funcionan de esa manera, quién los diseña, qué intereses reflejan y qué alternativas podrían existir. Para ello, los programas incluyen ejercicios destinados a analizar resultados generados por la IA, identificar errores, detectar sesgos y debatir las implicaciones éticas derivadas de su utilización. Esta dimensión crítica constituye uno de los pilares fundamentales del proyecto, ya que permite transformar a los usuarios en ciudadanos capaces de cuestionar la tecnología en lugar de aceptarla de forma pasiva.
Otro bloque del artículo describe con gran detalle los componentes que debería incluir un programa completo de alfabetización en IA desarrollado desde las bibliotecas. Los primeros módulos enseñan que los algoritmos están presentes en prácticamente todas las actividades cotidianas: buscadores de Internet, plataformas audiovisuales, filtros de correo electrónico, sistemas de navegación, asistentes virtuales o redes sociales. Posteriormente se introduce el aprendizaje automático explicando cómo las máquinas identifican patrones a partir de grandes cantidades de datos y cómo este proceso se diferencia del aprendizaje humano. El objetivo consiste en desmitificar la inteligencia artificial y mostrar que, aunque sus capacidades son extraordinarias, continúa dependiendo de datos, modelos matemáticos y decisiones humanas.
Uno de los apartados más desarrollados del trabajo analiza los sesgos algorítmicos. Los autores consideran que comprender este fenómeno constituye probablemente el aspecto más importante de toda la alfabetización en inteligencia artificial. Explican diferentes tipos de sesgos, entre ellos los derivados de los datos de entrenamiento, de la representación de determinados colectivos, de la confirmación de ideas previas o de los métodos utilizados para evaluar los sistemas. Para ilustrar estos problemas presentan casos reales de discriminación algorítmica en procesos de selección de personal, concesión de créditos bancarios y sistemas de justicia penal, demostrando cómo decisiones aparentemente técnicas pueden generar importantes desigualdades sociales. El programa propone que los participantes analicen estos casos mediante actividades prácticas para comprender de primera mano cómo se producen estos fenómenos.
El proyecto también dedica una atención significativa a la privacidad y al tratamiento de los datos personales. Los autores explican que la economía digital actual se basa en la recopilación masiva de información sobre los usuarios, convirtiendo los datos personales en uno de los principales activos económicos de las grandes empresas tecnológicas. Por ello, la alfabetización en IA debe incluir conocimientos sobre consentimiento informado, protección de la privacidad, configuración de redes sociales, navegación segura, cifrado de comunicaciones y comprensión de los modelos económicos basados en la vigilancia y la predicción del comportamiento humano. Los participantes aprenden que cuando utilizan servicios aparentemente gratuitos, en muchas ocasiones están intercambiando sus propios datos personales como forma de pago.
El artículo incorpora igualmente una dimensión jurídica y regulatoria mediante el análisis de la Ley Europea de Inteligencia Artificial (AI Act). Los autores explican que esta normativa establece un enfoque basado en el riesgo, imponiendo obligaciones de transparencia, evaluación de riesgos, supervisión y sanciones para los sistemas de IA de mayor impacto. La formación propuesta pretende que los ciudadanos comprendan estas normas y sean capaces de exigir responsabilidades cuando los sistemas automatizados afecten a sus derechos fundamentales. Para ello se plantean simulaciones donde los participantes representan distintos actores —desarrolladores, reguladores, usuarios o ciudadanos afectados— con el fin de comprender la complejidad de la gobernanza tecnológica.
Además de enseñar conocimientos técnicos, el programa desarrolla herramientas para evaluar críticamente cualquier sistema de inteligencia artificial. Los participantes aprenden a formular preguntas esenciales antes de confiar en una aplicación: qué problema pretende resolver, quién ha definido ese problema, qué datos utiliza, cómo fueron obtenidos, quién obtiene beneficios, qué riesgos existen para determinados colectivos y qué alternativas podrían plantearse. Esta metodología convierte la evaluación crítica en una competencia permanente que puede aplicarse a cualquier nueva tecnología que aparezca en el futuro.
Otro de los objetivos fundamentales consiste en reducir las desigualdades digitales. Los autores consideran que el conocimiento sobre IA no debe quedar restringido a universidades, grandes empresas tecnológicas o profesionales especializados. La alfabetización en inteligencia artificial debe llegar también a personas mayores, habitantes del medio rural, colectivos vulnerables y ciudadanos con escasa formación tecnológica. Las bibliotecas, por su carácter abierto e inclusivo, representan el entorno ideal para democratizar estos conocimientos y evitar que la revolución de la IA amplíe aún más las brechas sociales existentes.
El artículo dedica también un apartado específico al nuevo perfil profesional del bibliotecario. Según los autores, el bibliotecario del futuro ya no será únicamente un gestor de colecciones documentales, sino también un facilitador del aprendizaje digital, un curador de recursos tecnológicos y un mediador entre la complejidad técnica de la IA y las necesidades concretas de la ciudadanía. Para desempeñar esta función deberá adquirir conocimientos básicos sobre inteligencia artificial, metodologías docentes, experiencia de usuario, alfabetización digital y análisis de necesidades comunitarias. Asimismo, deberá organizar actividades participativas, foros de debate y programas de formación adaptados a los distintos perfiles de usuarios.
El artículo concluye afirmando que «Del libro al algoritmo» representa mucho más que un simple programa de formación tecnológica. Constituye una propuesta estratégica para redefinir el papel de las bibliotecas en la sociedad contemporánea. Al integrar la alfabetización en inteligencia artificial dentro de sus servicios, las bibliotecas fortalecen su misión histórica como instituciones democráticas dedicadas al acceso universal al conocimiento. La combinación entre el patrimonio bibliográfico tradicional y la comprensión crítica de los algoritmos permitirá que estas instituciones continúen siendo actores esenciales para la construcción de una ciudadanía informada, participativa y capaz de intervenir activamente en los debates sobre el futuro digital. Los autores sostienen que comprender la inteligencia artificial debe convertirse en un derecho ciudadano básico, y que las bibliotecas están llamadas a desempeñar un papel protagonista para hacerlo realidad.
Tay, Aaron.AI Search Is Rebundling Everything Libraries Know About Discovery: Ten established traditions, an emerging eleventh, and why libraries need to have a more holistic view of discovery. Aaron Tay’s Musings about Librarianship (Substack), 18 de julio de 2026. https://aarontay.substack.com/p/eleven-ways-of-looking-at-academic
Aaron Tay plantea que la búsqueda académica nunca ha sido una actividad única y homogénea, sino un conjunto de perspectivas desarrolladas por comunidades profesionales y de investigación diferentes. Inspirándose en el conocido ensayo de Lorcan Dempsey Thirteen Ways of Looking at Libraries, Discovery, and the Catalog, el autor propone que la búsqueda científica puede entenderse desde diez tradiciones consolidadas y una undécima emergente.
Cada una de ellas interpreta el mismo proceso de búsqueda desde objetivos distintos: unas priorizan la alfabetización informacional, otras el comportamiento de los usuarios, la recuperación de información, la bibliometría, la infraestructura científica, la organización del conocimiento o la ingeniería de relevancia. El problema, sostiene Tay, no es la ausencia de conocimiento sobre la búsqueda académica, sino la fragmentación de ese conocimiento entre comunidades que apenas comparten lenguaje, métodos de evaluación o marcos conceptuales.
El autor describe cómo cada tradición aporta una pieza esencial del ecosistema de descubrimiento. Los especialistas en alfabetización informacional consideran que una buena búsqueda es aquella que forma usuarios críticos capaces de evaluar fuentes y detectar sesgos, especialmente en un contexto donde las respuestas generadas por IA pueden parecer convincentes sin ser necesariamente fiables. Los investigadores del comportamiento informacional, por su parte, entienden la búsqueda como un proceso dinámico en el que las necesidades del usuario evolucionan mientras explora información, reformula consultas y redefine sus objetivos. Los expertos en revisiones sistemáticas y síntesis de evidencia ponen el énfasis en la exhaustividad, la transparencia y la reproducibilidad de las estrategias de búsqueda, considerando que estas forman parte del propio método científico y deben ser documentadas y auditadas rigurosamente.
Uno de los argumentos centrales del artículo es que la irrupción de la inteligencia artificial está desdibujando las fronteras tradicionales entre estas disciplinas. En los sistemas clásicos existían capas relativamente independientes: los metadatos, la recuperación de documentos, el ordenamiento de resultados, el acceso al texto completo o la evaluación crítica podían estudiarse por separado. Los sistemas de búsqueda basados en IA, en cambio, integran continuamente interpretación de preguntas, recuperación de información, selección de evidencias, generación de respuestas y razonamiento automatizado. La IA no elimina estas capas, sino que las reorganiza en arquitecturas mucho más complejas donde interactúan de forma constante. Como consecuencia, comprender cómo funciona realmente un sistema de búsqueda requiere conocimientos que hasta ahora estaban distribuidos entre comunidades muy distintas.
Ante esta nueva realidad, Tay propone el surgimiento de una nueva capacidad organizativa que denomina «discovery architect» o arquitecto del descubrimiento, aunque insiste en que no debe entenderse necesariamente como un nuevo puesto de trabajo, sino como una competencia colectiva que deberían desarrollar las bibliotecas académicas. Este equipo tendría una visión transversal del ecosistema completo de búsqueda científica, capaz de comprender metadatos, infraestructuras abiertas, algoritmos de recuperación, modelos de IA, sistemas de acceso, grafos de conocimiento y herramientas de descubrimiento. Su función consistiría en diagnosticar correctamente por qué un sistema de búsqueda falla: si el problema reside en la cobertura documental, en los metadatos, en la desambiguación de entidades, en el algoritmo de recuperación, en el ranking, en la selección de evidencias o en la generación de respuestas por parte del modelo. Más que resolver directamente todos esos problemas, debería ser capaz de identificar qué tipo de conocimiento especializado resulta necesario en cada caso.
Según Aaron Tay, las once maneras de entender la búsqueda académica representan diferentes disciplinas y comunidades profesionales que analizan el descubrimiento de información desde perspectivas complementarias. Son las siguientes:
Alfabetización informacional (Information Literacy) Considera la búsqueda como una competencia que debe aprenderse y desarrollarse. El objetivo es que los usuarios sepan formular preguntas, elegir fuentes adecuadas, evaluar críticamente la información y utilizarla de forma ética.
Comportamiento informacional (Information Behaviour) Estudia cómo las personas buscan información en situaciones reales. Analiza las necesidades de información, las estrategias de búsqueda, la incertidumbre, la exploración y cómo evolucionan las consultas durante el proceso.
Recuperación de información (Information Retrieval – IR) Se centra en los algoritmos y modelos que permiten localizar los documentos más relevantes para una consulta. Incluye aspectos como la indexación, el ranking, la relevancia, la recuperación semántica y la evaluación de los sistemas de búsqueda.
Recuperación interactiva de información (Interactive Information Retrieval – IIR) Examina la interacción entre el usuario y el sistema de búsqueda. Estudia cómo las interfaces, la reformulación de consultas y la retroalimentación mejoran los resultados obtenidos.
Revisiones sistemáticas y síntesis de evidencia (Systematic Searching / Evidence Synthesis) Concibe la búsqueda como un componente esencial del método científico. Da prioridad a la exhaustividad, la reproducibilidad, la transparencia y la documentación detallada de las estrategias de búsqueda.
Bibliometría y cienciometría (Bibliometrics / Scientometrics) Utiliza la búsqueda para analizar la producción científica, las citas, las redes de colaboración, el impacto de las publicaciones y la evolución de las disciplinas.
Organización del conocimiento (Knowledge Organization) Se ocupa de cómo se describen y estructuran los recursos mediante metadatos, vocabularios controlados, tesauros, clasificaciones, ontologías y grafos de conocimiento para facilitar su descubrimiento.
Bibliotecas y sistemas de descubrimiento (Library Discovery Systems) Analiza las plataformas que integran catálogos, bases de datos, repositorios y recursos electrónicos, así como las decisiones sobre cobertura, relevancia y experiencia de usuario en los servicios bibliotecarios.
Infraestructura de comunicación científica (Scholarly Communication Infrastructure) Observa la búsqueda desde el punto de vista de las infraestructuras que hacen posible el descubrimiento: identificadores persistentes (DOI, ORCID), índices, repositorios, bases de datos, acceso abierto y metadatos interoperables.
Motores de búsqueda académicos y plataformas comerciales (Academic Search Engines and Discovery Platforms) Estudia cómo servicios como Google Scholar, Scopus, Web of Science, Semantic Scholar o Dimensions construyen sus índices, seleccionan contenidos y ordenan los resultados mediante algoritmos propios.
Arquitectura del descubrimiento impulsada por IA (Discovery Architecture / AI Discovery)(la perspectiva emergente propuesta por Tay)
El autor advierte que esta capacidad de diagnóstico será insuficiente si las bibliotecas no exigen mayor transparencia a los proveedores de plataformas de búsqueda basadas en IA. Reclama acceso a registros de consultas, información sobre la cobertura de los índices, documentación de los criterios de clasificación, mecanismos para evaluar la relevancia de los resultados y posibilidades de auditar las distintas fases del proceso de recuperación y generación de respuestas. Sin esa apertura, afirma Tay, incluso reuniendo a especialistas de todas las disciplinas implicadas, cualquier análisis sobre el funcionamiento de estos sistemas seguirá siendo en gran medida especulativo. El artículo concluye anunciando una segunda parte dedicada a analizar dónde reside realmente la inteligencia de los nuevos sistemas de búsqueda: en los grandes modelos de lenguaje, en los mecanismos de recuperación documental o en la combinación de ambos mediante arquitecturas híbridas.
Indiana Library Federation (ILF) ha desarrollado un completo programa de apoyo a la salud mental dirigido específicamente a los profesionales de las bibliotecas, reconociendo que estos trabajadores afrontan cada vez con mayor frecuencia situaciones complejas relacionadas con el estrés laboral, los conflictos con usuarios, las crisis de salud mental y el desgaste emocional.
La iniciativa nació a partir de las preocupaciones detectadas por el Comité de Incidencia (Advocacy Committee) de la federación en 2023 y se ha materializado mediante una alianza estratégica con Mental Health America of Indiana (MHAI). El objetivo principal es ofrecer recursos preventivos y asistenciales que permitan fortalecer el bienestar psicológico del personal bibliotecario y crear entornos de trabajo más saludables y resilientes.
El programa proporciona un amplio conjunto de servicios especializados tanto para bibliotecarios individuales como para equipos completos de bibliotecas. Entre ellos destacan la terapia psicológica mediante telemedicina, programas de apoyo entre iguales (peer recovery support), sesiones de entrenamiento en habilidades emocionales y grupos de apoyo centrados en cuestiones como el manejo del trauma, la comunicación interpersonal, las estrategias de afrontamiento, las relaciones saludables, el consumo de sustancias y otros problemas relacionados con la salud mental. Además, las bibliotecas pueden solicitar talleres y actividades adaptadas a las necesidades concretas de sus plantillas, integrando el bienestar emocional dentro de sus programas de desarrollo profesional.
La colaboración con Mental Health America of Indiana también pone a disposición de los profesionales un ecosistema de recursos organizados en varios pilares fundamentales: tratamiento psicológico y asesoramiento clínico, programas de recuperación para personas con trastornos mentales o adicciones, iniciativas de prevención mediante cribados y autoevaluaciones, servicios relacionados con el sistema judicial, programas de formación y acreditación profesional, campañas de sensibilización y acciones de incidencia política en favor de la salud mental. Asimismo, se destaca el funcionamiento del Mental Health America of Indianapolis Hub, un centro comunitario gestionado por profesionales y personas con experiencia en recuperación que ofrece apoyo personalizado, orientación sobre recursos sociales y sanitarios, desarrollo de habilidades de afrontamiento y acompañamiento continuo.
Como complemento, la ILF mantiene una página con recursos adicionales que incluye líneas de atención en crisis, directorios de servicios de salud mental, herramientas de localización de tratamientos, organizaciones estatales especializadas, cursos de Mental Health First Aid, seminarios web y materiales formativos para bibliotecas. Todo ello refleja una visión que entiende que el bienestar del personal bibliotecario constituye un elemento esencial para garantizar servicios bibliotecarios de calidad y para afrontar con éxito los nuevos retos sociales que las bibliotecas desempeñan como espacios comunitarios de apoyo, inclusión y atención a personas vulnerables.
ENTREVISTA CULTURAL BIBLIOTECARIA A INMACULADA LUCAS MARTÍNEZ
Inma Lucas Martínez es la bibliotecaria responsable de la Biblioteca Pública Municipal Menéndez Pidal de Abanilla (Murcia) y del Archivo Municipal. Destaca por su compromiso con el fomento de la lectura y la dinamización cultural mediante clubes de lectura, encuentros con autores, talleres y actividades para todas las edades. Defiende la biblioteca como un espacio de convivencia, inclusión y desarrollo comunitario, especialmente en el ámbito rural. Además, participa como ponente en jornadas profesionales de biblioteconomía y colabora en medios de comunicación recomendando libros y difundiendo la labor de las bibliotecas. Su trabajo la ha convertido en una referente de la innovación y la participación cultural en las bibliotecas públicas rurales.
Si sólo te pudieras llevar un libro a una isla desierta.
Sin lugar a duda, el libro: “Señor, Hoy dejo todo en tus manos”, de Selira Norel. Un libro que me encontré de casualidad y se ha convertido en la tabla de salvación de muchos lectores que buscan dar respuesta a todo aquello que nos acontece.
¿Qué libros leíste en el confinamiento?
Fue una etapa dura para todos y mis lecturas fueron bálsamo para toda aquella situación.
– “Poderosa Mente” de Bernabé Tierno.
– “La fuerza del optimismo” de Luis Rojas Marcos
– “Apuesta por ti” de Walter Dresel
– “Los pilares de la felicidad” de Bernabé Tierno.
– “El valor de educar” de Fernando Savater
¿Cuál es la obra maestra que sabes que debes leer y siempre se ha resistido?
“Orgullo y Prejuicio” de Jane Austen
¿Qué cantas bajo la ducha?
Hymn for the Weekend, de Coldplay.
¿Cuál fue el primer disco que compraste y dónde?
Californication, de Red Hot Chili Peppers. En el año 1999 cuando comencé los estudios de Biblioteconomía y Documentación en la Universidad de Murcia. Fue la música que me acompañó ese primer año de estudios.
¿Qué disco regalarías o recomendarías siempre?
The Dark side of the Moon de Pink Floyd.
¿Hay alguna música que te resulte insoportable?
Me gusta toda la música en general y la capacidad que tiene de curar, relajar, estimular y mejorar el estado de ánimo de las personas. Junto con la lectura, la música es un bálsamo para el cuerpo y el alma.
¿Tu película de cabecera es?
La bella y la bestia.
¿En qué creador te gustaría encarnarte?
En el escritor Gabriel García Márquez
Tu poeta de cabecera
Federico García Lorca.
¿Tienes un verso favorito?
“Yo me puse a llorar y tú reías” Yo me puse a llorar y tú reías. Momentos y palomas en cadena. Noche abajo los dos. Cristal de pena, llorabas tú por hondas lejanías
«Palabras que cuidan» en la Biblioteca Pública Municipal de la Chana
López Melguizo, Inmaculada. “Palabras que cuidan: la Biblioteca Pública Municipal de La Chana como agente de salud mental para personas mayores a través de la lectoescritura y la narración oral.” Boletín de la Asociación Andaluza de Bibliotecarios, no. 131 (enero-junio 2026): 65-80
Inmaculada López Melguizo presenta el proyecto “Palabras que cuidan”, desarrollado en la Biblioteca Pública Municipal de La Chana (Granada), como una experiencia innovadora que sitúa a la biblioteca pública en el centro de las estrategias de promoción de la salud mental y del bienestar de las personas mayores. La autora parte de un contexto social marcado por el envejecimiento progresivo de la población, el incremento de los problemas de salud mental y el impacto creciente de la soledad no deseada y el aislamiento social. Frente a esta realidad, defiende que las bibliotecas pueden trascender su función tradicional de acceso a la información para convertirse en espacios de prevención, acompañamiento y cohesión comunitaria, utilizando la lectura, la escritura y la narración oral como herramientas terapéuticas y de inclusión social.
El programa está dirigido principalmente a personas mayores de 65 años, especialmente aquellas que viven solas o presentan situaciones de vulnerabilidad emocional, cognitiva o social. La propuesta metodológica se estructura como una intervención integral que combina actividades culturales, educativas y socioemocionales con el objetivo de favorecer el envejecimiento activo y mejorar la calidad de vida de los participantes. La iniciativa se apoya en un enfoque multidisciplinar en el que colaboran profesionales de la biblioteca, del ámbito sanitario, educativo y del voluntariado vecinal, reforzando la idea de que la biblioteca puede actuar como un auténtico nodo comunitario capaz de articular redes de apoyo y colaboración entre diferentes agentes sociales.
Inmaculada López Melguizo, en el centro, con un grupo de personas mayores en una de las actividades
Uno de los pilares fundamentales del proyecto es el programa “Lecturas que curan”, centrado en la lectura compartida en voz alta y en el uso de materiales adaptados mediante lectura fácil. La autora explica que la lectura en voz alta no solo favorece la comprensión lectora, sino que también estimula la memoria, la concentración, el enriquecimiento del vocabulario y la expresión oral. Además, destaca su capacidad para fortalecer los vínculos afectivos entre los participantes, despertar la imaginación y facilitar el acceso a la literatura a personas con dificultades visuales, lectoras o lingüísticas. La lectura compartida se convierte así en un instrumento de comunicación emocional y de creación de espacios seguros donde los mayores pueden compartir recuerdos, emociones y experiencias personales.
El segundo eje del programa, denominado “Palabras que sanan”, utiliza la escritura creativa y autobiográfica como vehículo para recuperar la memoria personal, reforzar la autoestima y ofrecer a las personas mayores la oportunidad de reconstruir y compartir su propia historia de vida. A través de ejercicios centrados en los recuerdos de la infancia, las personas y lugares significativos, las vivencias cotidianas o la transformación literaria de la experiencia personal, los participantes desarrollan capacidades expresivas al tiempo que fortalecen su identidad y preservan la memoria colectiva del barrio. El taller se desarrolla en un ambiente de respeto y ausencia de juicios, favoreciendo que cada persona encuentre las palabras necesarias para expresar su trayectoria vital.
La propuesta incorpora también un bloque específico de estimulación cognitiva, orientado al mantenimiento y mejora de funciones como la memoria, la atención, el lenguaje, el razonamiento y la orientación. Las actividades, planteadas mediante juegos, dinámicas grupales y ejercicios adaptados al nivel de cada participante, buscan reducir el aislamiento social y reforzar la integración comunitaria. El programa se complementa con sesiones de cinefórum que utilizan películas de temática literaria como punto de partida para el diálogo intergeneracional, la evocación de recuerdos y la expresión emocional, contribuyendo tanto al desarrollo del pensamiento crítico como al fortalecimiento de las relaciones sociales entre los asistentes.
Otro componente relevante del proyecto son los talleres de gestión emocional, orientados al aprendizaje de estrategias para afrontar el estrés, la ansiedad y el miedo. Estas actividades ayudan a identificar las sensaciones físicas asociadas a las emociones, comprender la relación entre cuerpo y mente y desarrollar habilidades de regulación emocional. Paralelamente, el programa promueve la narración oral mediante talleres donde las personas mayores recuperan el arte tradicional de contar historias, compartiendo recuerdos, leyendas, canciones y experiencias que fortalecen tanto su autoestima como la memoria colectiva de la comunidad. La grabación de estos testimonios en formatos escritos, sonoros y audiovisuales garantiza además su conservación como patrimonio cultural para generaciones futuras.
La dimensión comunitaria del proyecto se amplía mediante actividades culturales agrupadas bajo el nombre “Pasaporte de letras”, que incluyen visitas a museos, monumentos, librerías y conciertos con el propósito de fomentar la participación cultural, desarrollar la sensibilidad artística y reforzar el sentimiento de pertenencia al entorno. Asimismo, el programa “Puentes de vida” organiza encuentros entre personas mayores y estudiantes para favorecer el intercambio de conocimientos, valores y experiencias entre generaciones. Estas actividades persiguen reducir la soledad de las personas mayores, promover la empatía y el respeto entre jóvenes y mayores y fortalecer el tejido social de la comunidad mediante relaciones estables y significativas.
Los objetivos del proyecto se concretan en metas cuantificables relacionadas con la mejora del bienestar emocional, el fomento del hábito lector y escritor, el desarrollo de las capacidades cognitivas, la creación de vínculos sociales, la conservación de historias de vida y la detección temprana de situaciones de vulnerabilidad emocional. Para evaluar el impacto se establecen indicadores específicos, como porcentajes de participación, mejoras en pruebas cognitivas, niveles de satisfacción, incremento de las relaciones sociales y creación de un archivo permanente de relatos personales.
Los resultados obtenidos muestran un elevado grado de cumplimiento de los objetivos previstos. La autora señala una mejora significativa del bienestar emocional en el 78 % de los participantes, un aumento de la autoestima, una reducción de la ansiedad y de la sensación de soledad, así como una mejora media del 22 % en ejercicios de memoria y atención. El 82 % participó activamente en las actividades de lectura y escritura y dos tercios manifestaron su intención de mantener estos hábitos tras finalizar el programa. Además, el 93 % estableció relaciones sociales significativas dentro del grupo y más de la mitad continuó reuniéndose de forma autónoma después de concluir las actividades, lo que evidencia la consolidación de redes de apoyo comunitario. El proyecto también permitió crear un repositorio digital con doce historias de vida grabadas, preservando así un valioso patrimonio de memoria colectiva.
López Melguizo sostiene que “Palabras que cuidan” demuestra que la biblioteca pública puede desempeñar un papel activo y eficaz como agente de salud comunitaria. La combinación de lectoescritura, narración oral, estimulación cognitiva, acompañamiento emocional y participación cultural constituye una estrategia preventiva capaz de mejorar la calidad de vida de las personas mayores, fortalecer la cohesión social y combatir la soledad no deseada. La autora considera que el modelo es fácilmente replicable en otras bibliotecas públicas gracias a su bajo coste y al aprovechamiento de recursos ya existentes, recomendando ampliar la colaboración con los servicios sanitarios y sociales, incorporar materiales adaptados y mantener una programación estable que consolide a las bibliotecas como espacios de cuidado, bienestar y participación ciudadana.
Profesionales que han impartido los talleres y actividades:
Lecturas que curan que impartieron Andrea Villarrubia y Juan Mata.
El de escritura Palabras que sanan con Alejandro Pedregosa.
Gestión de estrés y emociones con la psicóloga Verónica Romero.
Visitas culturales con M. Teresa Hontoria de Granada Singular.
Estimulación cognitiva con Trinidad Ortiz
Documental a cargo de Marta Girón Adán.
-Voluntaria del proyecto: Mercedes Morales (Cheles)
-Jose Antonio M. Muñoz -Isabel María Morales Muñoz
Equipo sanitario encargado de la evaluación y seguimiento
-Inmaculada Gallardo García -Miriam Huertas Barros -Adrián García Barbarroja -Celia Carmen Cuadrado Alburquerque
Emerging Strategy. 2026.Academic AI Impact: Measuring the Impact of AI Adoption on Academic Library Workflows. Estudio encargado por Clarivate. Consultado el 10 de julio de 2026. Academic AI Impact Study
La incorporación de herramientas de inteligencia artificial en las bibliotecas académicas está transformando de manera significativa los flujos de trabajo técnicos y de apoyo a la docencia. El estudio Academic AI Impact, elaborado por Emerging Strategy para Clarivate y comentado por Library Journal, analiza cómo la IA deja de ser una tecnología experimental para convertirse en una infraestructura cotidiana que complementa el trabajo profesional de los bibliotecarios. En lugar de sustituir al personal, la IA automatiza tareas repetitivas y libera tiempo para actividades que requieren criterio profesional, conocimiento especializado y capacidad de decisión.
La investigación se basa en entrevistas realizadas en ocho instituciones académicas que utilizan herramientas como Alma Metadata Assistant y Leganto Syllabus Assistant. Los resultados muestran reducciones del 30 al 60 % en el tiempo dedicado a tareas manuales, un incremento de la capacidad operativa de entre dos y cuatro veces sin necesidad de aumentar las plantillas y una elevada aceptación de los resultados generados por IA, ya que entre el 70 y el 90 % de los registros producidos requieren únicamente pequeñas correcciones antes de su validación definitiva. Asimismo, entre el 50 y el 60 % de las listas de lectura pueden ponerse a disposición de los estudiantes inmediatamente después del procesamiento automatizado.
Uno de los aspectos más relevantes del estudio es que la productividad obtenida no implica una reducción de la intervención humana. Al contrario, la IA se encarga de las fases iniciales de procesamiento —como la extracción de metadatos, la normalización de registros o el análisis de programas docentes— mientras que los bibliotecarios concentran su trabajo en la revisión, validación, resolución de excepciones y control de calidad. Este cambio supone una evolución del perfil profesional, orientándolo hacia funciones de supervisión, gobernanza de datos y toma de decisiones, donde el juicio humano continúa siendo imprescindible.
El informe también pone de relieve que la adopción de la IA mejora la consistencia y estandarización de los procesos. Al automatizar tareas susceptibles de variabilidad, las herramientas producen registros más homogéneos, reducen errores y aceleran la disponibilidad de recursos para estudiantes e investigadores. Esta mayor eficiencia permite además abordar atrasos históricos en catalogación, descubrir colecciones ocultas y responder con mayor rapidez a los picos de demanda asociados al inicio de los cursos académicos.
No obstante, tanto el estudio como el análisis de Library Journal insisten en que el éxito de estas tecnologías depende de mantener un equilibrio entre automatización y supervisión profesional. La IA debe entenderse como un sistema de apoyo y no como un sustituto del bibliotecario. Las instituciones necesitan establecer políticas de gobernanza, mecanismos de evaluación de la calidad, formación continua del personal y procedimientos transparentes que garanticen la fiabilidad, la responsabilidad y el uso ético de estas herramientas. La supervisión humana sigue siendo el elemento que asegura que los resultados producidos por la IA respondan a los estándares bibliográficos y a las necesidades reales de los usuarios.
En conjunto, el estudio presenta una visión optimista, pero prudente, del futuro de la inteligencia artificial en las bibliotecas académicas. Sus conclusiones indican que el principal beneficio no radica únicamente en ahorrar tiempo, sino en permitir que los profesionales dediquen más esfuerzo a actividades de alto valor añadido, como la curación de contenidos, la mejora de los servicios, el apoyo a la investigación y la innovación bibliotecaria. La IA aparece así como una tecnología de ampliación de capacidades, donde la productividad aumenta precisamente porque permanece el control y la experiencia del bibliotecario como elemento central del proceso.
Baldacchino, Laura, y José María Sanz Hermida. Animales en la Edad Media: Inventario del fondo manuscrito medieval de la Biblioteca General Histórica de la Universidad de Salamanca. Salamanca: Ediciones Universidad de Salamanca, 2026.
La entrevista a José María Sanz Hermida y Laura Baldacchino gira en torno al reconocimiento obtenido por Animales en la Edad Media, galardonada como la Mejor Obra Editada en los XXIX Premios Nacionales de Edición Universitaria. Ambos explican cómo un proyecto nacido del estudio de los manuscritos medievales ha logrado trascender el ámbito académico y acercar al gran público la riqueza cultural y artística de la Edad Media.
A lo largo de la conversación desmontan numerosos tópicos sobre el mundo medieval, mostrando una época mucho más compleja, creativa y simbólica de lo que suele imaginarse. Destacan el papel de los animales, tanto reales como fantásticos, como elementos cargados de significado moral, religioso y cultural, e insisten en la importancia de aprender a interpretar las imágenes medievales con el mismo cuidado con que se leen los textos.
Los investigadores comparten también la emoción que supone trabajar con manuscritos originales, cuyo valor material, artístico e histórico no puede ser sustituido por ninguna reproducción digital. Subrayan que las bibliotecas históricas, como la de la Universidad de Salamanca, constituyen auténticos laboratorios de conocimiento que conservan un patrimonio excepcional para comprender la historia de Europa.
Finalmente, reflexionan sobre la responsabilidad de divulgar la investigación con rigor y, al mismo tiempo, de forma atractiva para llegar a nuevos públicos. La entrevista concluye con una mirada al presente al imaginar qué animales elegiría un miniaturista medieval para representar la sociedad del siglo XXI, estableciendo un sugerente puente entre el imaginario medieval y los desafíos contemporáneos.