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Promoviendo el conocimiento abierto: Harvard Library actualiza su estrategia para avanzar hacia un conocimiento más abierto

Advancing Open Knowledge. Harvard Library, 2026

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Harvard Library ha presentado Advancing Open Knowledge 2026, una actualización de su marco estratégico para orientar el trabajo de sus bibliotecas en los próximos años. El documento parte de una revisión de la estrategia que la institución formuló originalmente en 2020 y responde a un entorno de investigación y comunicación científica que ha cambiado notablemente debido a las transformaciones tecnológicas, sociales y económicas. Entre estos cambios ocupa un lugar destacado la expansión de la inteligencia artificial generativa, que está modificando las formas de producir, descubrir, evaluar y utilizar la información.

La estrategia mantiene como principio fundamental la responsabilidad de la biblioteca de conectar a las personas con el conocimiento y garantizar su conservación para el futuro. Harvard Library plantea así una concepción de la biblioteca que va más allá de la custodia de colecciones: se presenta como una infraestructura activa para facilitar la producción, circulación, descubrimiento y reutilización del conocimiento. La actualización reconoce que las bibliotecas universitarias deben adaptarse continuamente a los cambios en la investigación y en la tecnología, pero sin perder sus funciones esenciales relacionadas con el acceso, la confianza y la preservación.

El nuevo marco se articula alrededor de tres grandes líneas estratégicas. La primera es diversificar y ampliar el acceso al conocimiento, mediante el desarrollo de colecciones profundas y la difusión de resultados de investigación de alto impacto, procurando además representar una amplia variedad de perspectivas dentro del registro académico. La segunda consiste en mejorar el descubrimiento y la participación, facilitando que las personas puedan encontrar y utilizar el conocimiento tanto en entornos digitales como en las comunidades. La tercera se centra en preservar para el futuro, garantizando la conservación a largo plazo de las colecciones físicas y digitales y reforzando su resiliencia mediante colaboraciones estratégicas.

Especial interés tiene la relación que establece Harvard entre inteligencia artificial y experiencia bibliotecaria. La estrategia propone incorporar tecnologías como la IA generativa a los procesos de descubrimiento y utilización de la información, pero vinculándolas explícitamente con la experiencia profesional de las bibliotecas y con colecciones fiables. Esto plantea un modelo en el que la IA no sustituye el conocimiento bibliotecario, sino que puede combinarse con la selección, organización, contextualización y evaluación profesional de las fuentes.

La cuestión de la confianza en la información adquiere, por tanto, una importancia especial. La estrategia de 2026 se desarrolla en un contexto en el que las herramientas generativas pueden facilitar nuevas formas de acceso al conocimiento, pero también transforman los mecanismos tradicionales mediante los cuales los usuarios localizan y valoran las fuentes. La respuesta de Harvard consiste en situar conjuntamente tecnología, colecciones confiables y conocimientos especializados de los bibliotecarios. Esta combinación resulta especialmente significativa para el futuro de la alfabetización informacional y, en particular, para la formación de investigadores y estudiantes en un ecosistema dominado cada vez más por sistemas de IA.

La tercera dimensión, la preservación, demuestra que la transformación digital no implica abandonar las responsabilidades tradicionales de las bibliotecas. Harvard insiste en la necesidad de custodiar tanto materiales físicos como digitales y de reforzar su resistencia mediante redes de colaboración. La institución cuenta actualmente con más de 20 millones de recursos físicos y digitales, más de 800 empleados y más de 25 bibliotecas, con colecciones que abarcan más de 460 lenguas. Esta escala explica la importancia que tienen para Harvard las estrategias de preservación, descubrimiento, acceso y colaboración institucional.

Advancing Open Knowledge 2026 presenta una visión de la biblioteca académica como una infraestructura de conocimiento que combina acceso abierto, colecciones de calidad, descubrimiento, inteligencia artificial, experiencia profesional, colaboración y preservación a largo plazo. La actualización resulta especialmente relevante para el debate sobre el futuro de las bibliotecas universitarias porque plantea que la respuesta a la IA no pasa únicamente por incorporar nuevas herramientas, sino también por reforzar aquello que diferencia a las bibliotecas: la selección y contextualización de fuentes, la confianza, la preservación y la capacidad de conectar a las personas con conocimiento de calidad.

PISA 2025: estudiantes preparados para el futuro

OECD (2026). PISA 2025 Results (Volume I): Future-Ready Students. OECD Publishing, París. 8 de septiembre de 2026. 377 páginas. DOI: 10.1787/73451bc5-en.

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El informe PISA 2025 Results (Volume I): Future-Ready Students, publicado por la OCDE el 8 de septiembre de 2026, presenta los primeros resultados del ciclo PISA 2025, centrado especialmente en la competencia científica y acompañado de la evaluación de lectura y matemáticas. Participaron más de 760.000 estudiantes de 15 años de 91 países y economías, que representan aproximadamente a 33 millones de jóvenes de esa edad en todo el mundo

Uno de los principales resultados es el descenso continuado del rendimiento educativo en los países de la OCDE. Los resultados medios de 2025 constituyen los niveles más bajos registrados hasta ahora por PISA en matemáticas y lectura, mientras que el rendimiento en ciencias se mantiene relativamente estable respecto a 2022. Entre 2015 y 2025, la puntuación media de lectura disminuyó 28 puntos, equivalente aproximadamente a un año y medio de aprendizaje, mientras que matemáticas descendió 22 puntos, algo más de un año de aprendizaje.

El deterioro de la comprensión lectora resulta especialmente relevante en el contexto actual. La OCDE señala que han disminuido precisamente algunas de las capacidades que adquieren mayor importancia en un entorno saturado de información e inteligencia artificial: evaluar la información, relacionar contenidos procedentes de diferentes fuentes y desarrollar un pensamiento crítico sobre lo que se lee. Además, la proporción de estudiantes que realizan una lectura rápida pero poco precisa —lo que el informe denomina hasty reading— prácticamente se duplicó, pasando al 9 % en 2025.

La desigualdad social continúa teniendo una influencia considerable sobre los resultados educativos. En los países de la OCDE, los estudiantes procedentes de contextos socioeconómicos favorecidos obtuvieron, de media, 85 puntos más en ciencias que los estudiantes desfavorecidos. Aunque la brecha se redujo entre 2022 y 2025, la OCDE advierte que esto se debe en buena medida al descenso del rendimiento de los estudiantes favorecidos y no a una mejora equivalente entre los estudiantes desfavorecidos.

Un aspecto particularmente interesante del informe es la relación entre educación, digitalización e inteligencia artificial. PISA 2025 señala que las tecnologías digitales y la IA pueden contribuir al aprendizaje y preparar a los jóvenes para el futuro, pero su utilización debe responder a objetivos educativos concretos. El uso excesivo de dispositivos o su utilización con fines recreativos durante las clases se asocia con peores resultados. Más de uno de cada cuatro estudiantes afirma que sus compañeros se distraen con dispositivos digitales en la mayoría o en todas las clases de ciencias.

El informe introduce además una cuestión muy significativa sobre el uso educativo de la inteligencia artificial generativa. Los estudiantes que afirmaron no utilizar IA para redactar trabajos obtuvieron mejores resultados que quienes declararon utilizarla con ese propósito. Sin embargo, entre los usuarios frecuentes, aquellos que empleaban la IA para aprender y que habían recibido formación para evaluar la calidad de la información generada tendían a obtener mejores resultados que quienes utilizaban estas herramientas sin recibir orientación. Esto apunta a que el problema no reside únicamente en utilizar o no utilizar IA, sino en cómo, para qué y con qué competencias se utiliza.

Otro elemento novedoso es la evaluación de Learning in the Digital World, destinada a analizar hasta qué punto los estudiantes están preparados para utilizar herramientas digitales y resolver problemas complejos dividiéndolos en tareas más pequeñas. En los países de la OCDE, casi dos tercios de los estudiantes alcanzaron el nivel correspondiente de competencia en resolución computacional de problemas, pero solamente alrededor de la mitad consiguió hacerlo manteniendo simultáneamente una competencia básica en ciencias, lectura y matemáticas. La OCDE subraya así la necesidad de combinar las competencias digitales con unas sólidas capacidades fundamentales de lectura, matemáticas y ciencias.

Los resultados también muestran diferencias importantes entre sistemas educativos. Las jurisdicciones chinas de Pekín, Shanghái, Jiangsu y Zhejiang, junto con Singapur, aparecen entre los sistemas con mejores resultados globales en las tres áreas evaluadas. Estonia, Japón, Corea, Macao (China), Taipéi Chino y Reino Unido también se encuentran entre los diez sistemas con mayor rendimiento. Al mismo tiempo, algunos países han conseguido mejorar determinados resultados científicos desde 2022, entre ellos Costa Rica, Eslovaquia, Türkiye y Reino Unido dentro de la OCDE.

En conjunto, PISA 2025 plantea una cuestión central para la educación en la era de la inteligencia artificial: la tecnología no puede sustituir a las competencias fundamentales que permiten comprender, analizar y evaluar la información. La lectura profunda, el pensamiento crítico, la capacidad de contrastar fuentes y el dominio de conocimientos básicos adquieren incluso mayor importancia cuando los estudiantes disponen de herramientas capaces de generar respuestas automáticamente. Desde esta perspectiva, el informe resulta especialmente relevante para las bibliotecas escolares, universitarias y públicas, porque refuerza el papel de la alfabetización informacional, mediática y digital como competencias necesarias para desenvolverse en un entorno caracterizado por la abundancia de información y la presencia creciente de la IA.

Tendencias del entorno informativo en 2026: resultados de la encuesta internacional a expertos

Altay, Sacha, Sebastián Valenzuela y Philip N. Howard, eds. “Trends in the Information Environment: 2026 Expert Survey Results.” Zurich: International Panel on the Information Environment (IPIE), 2026. Synthesis Report, SR2026.3. DOI: 10.61452/MEMA1194.

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El informe IPIE 2026 muestra un creciente deterioro del entorno informativo, marcado por la desinformación, la falta de responsabilidad de las plataformas y la polarización. La IA generativa puede facilitar el acceso a la información, pero también reducir la diversidad de fuentes, las visitas a contenidos originales y la confianza en los medios.

El informe del International Panel on the Information Environment (IPIE) analiza cómo está evolucionando el entorno informativo mundial a partir de la cuarta encuesta anual realizada a investigadores especializados en información, medios, plataformas digitales, desinformación, algoritmos y alfabetización mediática. La encuesta se realizó entre mayo y junio de 2026 y reunió las respuestas completas de 470 expertos con conocimiento sobre 71 países, casi la mitad de ellos centrados en economías en desarrollo. El estudio parte de una transformación fundamental: las personas ya no se limitan a buscar información, sino que cada vez reciben contenidos previamente seleccionados, ordenados y resumidos por algoritmos, redes sociales y, cada vez más, sistemas de inteligencia artificial generativa. Esta transición modifica no solo la manera de acceder a las noticias y al conocimiento, sino también quién controla los mecanismos que determinan qué información aparece, en qué orden y con qué contexto.

Uno de los resultados más consistentes de la investigación es que los expertos mantienen, por cuarto año consecutivo, una concepción bastante estable de lo que constituye un entorno informativo saludable. La disponibilidad de información precisa continúa siendo considerada el elemento fundamental: el 64 % la considera absolutamente esencial y el 90 % la sitúa entre los niveles más altos de importancia. En segundo lugar aparece la diversidad de voces, considerada absolutamente esencial por el 47 % de los especialistas, seguida de la diversidad en la propiedad de los medios, con el 41 %. Sin embargo, el problema no parece ser únicamente la posibilidad de acceder a diferentes puntos de vista: el 76 % de los expertos considera que las personas pueden encontrar perspectivas diversas en Internet, mientras que solamente el 28 % cree que más de la mitad de la población confía en los principales medios de comunicación para informar con precisión sobre política. Además, solo el 37 % considera que la información disponible proporciona a las personas el conocimiento necesario para participar adecuadamente en la vida cívica.

En relación con las principales amenazas, la falta de responsabilidad y rendición de cuentas de las plataformas digitales aparece como la preocupación más extendida. El 78 % de los expertos la considera una amenaza grande o extrema, seguida de la desinformación, con un 73 %, y la polarización, con un 69 %. También reciben una valoración elevada la concentración del poder en unas pocas plataformas sociales, señalada por el 64 %, y las burbujas de filtros o cámaras de eco, con el 53 %. El informe resulta interesante porque sitúa la inteligencia artificial generativa dentro de un panorama de amenazas más amplio: aunque los expertos manifiestan una preocupación creciente por sus efectos, actualmente consideran más urgentes problemas como la falta de responsabilidad de las plataformas y la desinformación.

La inteligencia artificial generativa constituye, no obstante, uno de los grandes elementos de transformación identificados por el estudio. Por tercer año consecutivo, los expertos esperan que la IA generativa contribuya a empeorar el entorno informativo durante los próximos cinco años. Dentro de sus diferentes aplicaciones, los contenidos audiovisuales generados mediante IA constituyen la mayor preocupación, mientras que los textos generados por IA son considerados relativamente menos problemáticos. El informe subraya que la IA tiene una naturaleza ambivalente: puede reducir los costes de producción de contenidos, ayudar al periodismo y ampliar el acceso a la información, pero también puede producir grandes cantidades de información falsa o engañosa y modificar los mecanismos tradicionales mediante los cuales las personas llegan a las fuentes originales.

Especialmente significativa es la valoración de los resúmenes generados por IA que aparecen en los buscadores. El 79 % de los expertos considera que estos sistemas permitirán encontrar respuestas con mayor rapidez. Sin embargo, esta ganancia de velocidad podría tener consecuencias importantes para el ecosistema informativo: el 64 % espera que disminuyan las visitas a los sitios web de noticias y el 58 % considera probable que se reduzca la diversidad de puntos de vista que encuentran los usuarios. El informe plantea así una cuestión central para bibliotecas, medios y sistemas de información: cuando el buscador proporciona directamente una respuesta sintetizada, el usuario puede obtener información de manera más rápida, pero puede dejar de visitar las fuentes originales. Esto puede afectar al tráfico hacia los medios, a la visibilidad de los productores de información y, potencialmente, a la sostenibilidad económica del periodismo y de otros sistemas de producción de conocimiento.

El informe llega a cuatro conclusiones principales:

  • Los resúmenes generados por IA ofrecen rapidez a costa de las visitas a sitios web de noticias y de la diversidad de puntos de vista.
  • Las condiciones para investigar el entorno informativo han empeorado según todos los indicadores, especialmente en Estados Unidos.
  • La mayor preocupación de los expertos es el poder incontrolado de las plataformas, seguido de la desinformación y la polarización.
  • El pesimismo alcanza niveles récord, siendo más acusado allí donde las condiciones de investigación se valoran mejor.


Mejores prácticas de datos abiertos en Europa: resumen de estrategias clave para avanzar en la madurez de los datos abiertos

Publications Office of the European Union, Capgemini Invent, Page, M., Behrooz, A. and Moro, M., 2025 Open data best practices in Europe – A summary of key strategies for advancing open data maturity, Publications Office of the European Union, 2026, https://data.europa.eu/doi/10.2830/2338780

Los ecosistemas de datos abiertos con mayor madurez comparten varios elementos: orientación hacia los usuarios, gobernanza estructurada, calidad e interoperabilidad de los metadatos, apoyo y capacitación de los proveedores y evaluación permanente del impacto. Las políticas solo producen resultados cuando se traducen en procedimientos, herramientas, formación y mecanismos de coordinación concretos. Del mismo modo, un portal no alcanza su máximo valor por el número de conjuntos de datos que contiene, sino por su capacidad para hacerlos descubribles, comprensibles, accesibles, actualizados y reutilizables.

La primera dimensión destaca que disponer de una legislación o una estrategia nacional de datos abiertos no es suficiente: es necesario contar con estructuras de gobernanza, responsabilidades claramente definidas, procedimientos operativos, mecanismos de seguimiento y recursos que permitan llevar las políticas a la práctica. Entre las principales recomendaciones aparece la creación de foros permanentes y multiactor, en los que participen administraciones públicas, autoridades regionales y locales, universidades, empresas y sociedad civil. Estos espacios favorecen el intercambio de experiencias, permiten resolver problemas de implementación y facilitan una interpretación coherente de las obligaciones relacionadas con los datos abiertos. Austria, Chequia y Lituania ofrecen ejemplos de este tipo de estructuras de coordinación.

El informe concede también importancia a la creación de comunidades digitales de usuarios y proveedores de datos. Plataformas como las desarrolladas en Noruega, Italia o los Países Bajos permiten formular preguntas, compartir conocimientos, presentar proyectos, debatir problemas técnicos y establecer relaciones entre quienes producen los datos y quienes los reutilizan. La idea fundamental es pasar de un modelo puramente administrativo de publicación a un ecosistema colaborativo, en el que las necesidades de los usuarios contribuyan a orientar la producción y mejora de los datos.

Otro aspecto destacado es la necesidad de proporcionar asistencia técnica y financiación, especialmente a las administraciones locales y regionales que cuentan con menos recursos. En este ámbito, España aparece como ejemplo mediante la iniciativa Aporta, que proporciona asesoramiento técnico y metodológico a organismos públicos sobre datos abiertos y reutilización de la información del sector público. Estonia y Francia también han desarrollado programas que combinan orientación especializada, formación, financiación e infraestructura para ayudar a las administraciones territoriales a desarrollar proyectos de datos abiertos sostenibles.

La segunda dimensión se centra en los portales nacionales de datos abiertos, que deben funcionar como auténticas puertas de entrada a la información pública y no simplemente como grandes catálogos de conjuntos de datos. El informe recomienda que los portales sean fáciles de utilizar, permitan búsquedas avanzadas, ofrezcan APIs y SPARQL, posibiliten la previsualización de datos, incorporen mecanismos para solicitar nuevos conjuntos de datos y faciliten la comunicación entre usuarios y administraciones. También considera fundamental analizar el comportamiento de los usuarios para adaptar continuamente las funcionalidades del portal a sus necesidades.

España constituye uno de los ejemplos destacados en esta dimensión. Su portal nacional dispone de un sistema estructurado para solicitar conjuntos de datos que todavía no están disponibles, haciendo visibles las peticiones para que otros ciudadanos puedan sumarse y expresar su demanda. Este mecanismo convierte las necesidades de los usuarios en una fuente de información para orientar la publicación de nuevos datos. El informe considera que este enfoque favorece la participación, la transparencia y la confianza en los servicios públicos de datos.

La experiencia española también sobresale por la integración automatizada de datos procedentes de administraciones locales y regionales. Mediante sistemas de harvesting automático, los conjuntos de datos pueden incorporarse al catálogo nacional sin necesidad de realizar manualmente todo el proceso de actualización. Además, el portal integra conjuntos de datos dinámicos que pueden actualizarse con una frecuencia muy elevada, incluso cada minuto, y señala aquellos disponibles mediante APIs o servicios web. De este modo, se favorece la disponibilidad de información actualizada y reutilizable, especialmente importante en ámbitos donde los datos cambian constantemente.

La tercera dimensión considera que la apertura de los datos carece de gran utilidad si estos no están correctamente descritos, actualizados, estructurados y preparados para su reutilización. Por ello, el informe concede un papel central a la calidad de los metadatos, su integridad, actualización, interoperabilidad y adecuación al estándar europeo DCAT-AP. También se valoran aspectos como la utilización de formatos legibles por máquinas, los principios FAIR, las licencias estructuradas y las conexiones entre diferentes fuentes de información.

Una de las buenas prácticas identificadas consiste en establecer controles de calidad antes de que los conjuntos de datos sean publicados. España aparece nuevamente como ejemplo: los conjuntos que no cumplen los estándares establecidos no pueden publicarse hasta que los problemas de los metadatos hayan sido corregidos. Los sistemas de federación o carga manual generan informes que identifican los errores y permiten a los responsables solucionar las deficiencias antes de incorporar definitivamente el conjunto al catálogo. Este procedimiento pretende garantizar un nivel mínimo de calidad y mejorar la interoperabilidad de los datos.

El informe señala además que los controles automáticos deben complementarse con apoyo personalizado a los proveedores de datos. Italia utiliza registros de errores y comunicación directa con los responsables de los datos; Luxemburgo combina controles automatizados con asistencia individual; y Croacia mantiene reuniones periódicas con los proveedores para explicar los estándares y resolver problemas. La conclusión es que la calidad no se consigue únicamente mediante normas técnicas: requiere también formación, acompañamiento, asesoramiento y comunicación continuada con quienes publican los datos.

La cuarta dimensión introduce una cuestión fundamental: abrir datos no constituye un fin en sí mismo. Es necesario conocer quién utiliza los datos, cómo los utiliza y qué beneficios genera su reutilización. El informe propone medir el impacto en cuatro grandes ámbitos: gubernamental, social, medioambiental y económico. Entre los posibles resultados se incluyen una mayor eficiencia administrativa, transparencia y mejor toma de decisiones; beneficios en educación, salud, inclusión o alfabetización de datos; contribuciones a la sostenibilidad y la lucha contra el cambio climático; y efectos económicos relacionados con innovación, productividad, empleo y creación de empresas.

Los portales nacionales pueden convertirse en una herramienta fundamental para realizar este seguimiento. España, Francia e Irlanda utilizan estadísticas sobre visitas, descargas e interacciones para conocer qué datos despiertan mayor interés. En España, además, se realizan acciones para identificar y difundir casos de reutilización, incluyendo una comunidad de más de 400 pequeñas y medianas empresas que han desarrollado soluciones innovadoras utilizando datos abiertos. El informe destaca la importancia de combinar los indicadores cuantitativos con entrevistas, encuestas y contacto directo con los usuarios para comprender no solo cuánto se utilizan los datos, sino también por qué se utilizan, qué obstáculos existen y qué necesidades todavía no están cubiertas.

Otra estrategia consiste en hacer visible la reutilización mediante hackatones, seminarios, talleres, demostraciones y espacios donde se muestran aplicaciones desarrolladas a partir de datos públicos. Grecia utiliza hackatones para conectar administraciones, empresas y desarrolladores; Polonia dispone de un espacio específico para mostrar aplicaciones; y Lituania utiliza eventos y actividades públicas para presentar casos de éxito. Estas iniciativas ayudan a transformar los datos abiertos en productos, servicios, investigaciones y soluciones concretas y, al mismo tiempo, permiten demostrar a la sociedad el valor de mantener los datos disponibles.

El informe insiste finalmente en que el impacto debe evaluarse de forma periódica y estructurada. Polonia, Italia y Chipre han incorporado diferentes mecanismos de evaluación para conocer los usos de los datos y sus efectos, vinculando los resultados con la planificación y la mejora de las políticas públicas. La evaluación continua permite detectar nuevas necesidades, identificar tendencias y adaptar las estrategias nacionales en función de evidencias reales, en lugar de mantener políticas estáticas.

Políticas de acceso abierto en los Estados miembros de la UE y más allá

European Commission: Directorate-General for Research and Innovation and Spichtinger, D., Open access policies in EU Member States and beyond – Final report, Publications Office of the European Union, 2026, https://data.europa.eu/doi/10.2777/8921907

El objetivo de la publicación es ofrecer una visión actualizada de las políticas de acceso abierto en todos los Estados miembros de la UE y en determinados terceros países (por ejemplo, el Reino Unido, EE. UU., China y Japón). Su valor añadido reside en que esta información actualizada proporcionará a la Comisión y a los lectores externos un conocimiento actual y preciso sobre un componente importante de la ciencia abierta: el acceso abierto a las publicaciones científicas. Además, la información recopilada en el informe sirve de base para los trabajos relacionados con la propuesta de Ley del Espacio Europeo de Investigación. La publicación aborda un aspecto de la investigación en Europa.

Análisis comparativo de las políticas de acceso abierto a las publicaciones científicas y a los datos de investigación en los 27 Estados miembros de la Unión Europea, complementado con un estudio comparativo de ocho países no pertenecientes a la UE. Su objetivo es proporcionar una visión actualizada de los marcos nacionales de acceso abierto y, a partir de ellos, formular recomendaciones para mejorar la coordinación europea. El estudio destaca desde el principio que se han producido avances importantes durante más de una década, pero que estos avances son desiguales y fragmentados: los países difieren en la fuerza jurídica de sus políticas, los ámbitos cubiertos, los períodos de embargo, los derechos de autor, los sistemas de repositorios, los mecanismos de financiación y los procedimientos de seguimiento. Esta diversidad genera una considerable complejidad para investigadores, instituciones y financiadores, especialmente en los proyectos de colaboración internacional.

Uno de los principales hallazgos es que no existe todavía un modelo europeo homogéneo de acceso abierto. Los Estados miembros utilizan fundamentalmente tres tipos de instrumentos: estrategias nacionales, mandatos de los organismos financiadores y legislación. Las estrategias tienen la ventaja de facilitar el consenso y permitir una implantación progresiva, pero pueden quedarse en declaraciones de intenciones cuando no existen mecanismos de aplicación. Los mandatos de los financiadores permiten establecer obligaciones más concretas y adaptarse con mayor rapidez a los cambios del mercado editorial, aunque solamente afectan a la investigación financiada por esos organismos. La legislación proporciona mayor estabilidad jurídica y cobertura sistémica, pero puede resultar difícil de modificar cuando cambian las prácticas de publicación científica. El informe señala que los marcos que combinan varios instrumentos —legislación, financiación, estrategias nacionales e infraestructuras institucionales— ofrecen un entorno más completo, aunque también pueden generar complejidad si sus requisitos no son coherentes entre sí.

El informe concede especial importancia a la obligatoriedad de las políticas. La evidencia comparativa muestra que los planteamientos exclusivamente voluntarios tienden a producir resultados más desiguales, mientras que la combinación de obligaciones con infraestructuras, apoyo institucional y sistemas de seguimiento facilita una adopción más consistente. Sin embargo, el documento advierte de que una obligación legal, por sí sola, tampoco garantiza el cumplimiento: cuando no existen procedimientos de depósito sencillos, apoyo de las bibliotecas, recursos, sistemas de monitorización y mecanismos de cumplimiento, las disposiciones formales pueden tener en la práctica efectos similares a una política voluntaria. Por ello, el problema no es únicamente qué dice la legislación, sino también si las instituciones disponen de los medios necesarios para convertir esas obligaciones en prácticas habituales de los investigadores.

Otro aspecto fundamental es la transición desde los modelos basados en embargos hacia el acceso abierto inmediato. El estudio identifica los períodos de embargo como uno de los puntos de mayor divergencia entre los Estados miembros. Algunas políticas y organismos financiadores ya exigen acceso inmediato, mientras que otros permiten períodos determinados o incluso dejan la duración del embargo condicionada por las políticas de las editoriales. El informe propone avanzar hacia el acceso abierto inmediato y sin embargo para los artículos derivados de investigación financiada públicamente. Cuando esto no sea todavía posible, recomienda establecer como máximo seis meses para las ciencias, tecnologías y matemáticas y doce meses para las ciencias sociales y humanidades, con una progresiva eliminación de estos períodos. El estudio considera especialmente problemáticos los embargos indefinidos o aquellos cuya duración queda esencialmente en manos de las editoriales.

La cuestión de los derechos de autor y la retención de derechos ocupa igualmente una posición central. El informe distingue entre el derecho legal de publicación secundaria, que permite a los investigadores hacer disponible su trabajo independientemente de determinadas condiciones contractuales de las editoriales, y las políticas de rights retention, mediante las cuales los autores conservan los derechos necesarios para depositar sus manuscritos. La recomendación general es proporcionar a los investigadores una base jurídica sólida que permita el autoarchivo, preferentemente con embargo cero, y promover licencias abiertas como CC BY para las publicaciones y CC BY/CC0 para los metadatos, admitiendo excepciones justificadas. El objetivo es reducir la dependencia de las condiciones contractuales de los editores y garantizar que la financiación pública produzca resultados que puedan ser consultados y reutilizados públicamente.

El documento también aborda la transformación del acceso abierto hacia una concepción más amplia de la ciencia abierta. Ya no se trata solamente de que los artículos sean gratuitos para su lectura, sino de integrar publicaciones, datos de investigación, software, protocolos, infraestructuras, recursos educativos, ciencia ciudadana y nuevas formas de evaluación científica. Los datos deben gestionarse conforme a los principios FAIR —Findable, Accessible, Interoperable y Reusable—, aunque el informe recuerda que FAIR no significa necesariamente que todos los datos tengan que ser completamente abiertos: deben aplicarse los principios de «tan abiertos como sea posible y tan cerrados como sea necesario». Los planes de gestión de datos deberían evolucionar desde documentos estáticos hacia herramientas legibles tanto por humanos como por máquinas.

Un elemento especialmente relevante es la infraestructura de repositorios. El informe considera que las políticas de acceso abierto necesitan apoyarse en repositorios institucionales, disciplinares o nacionales que permitan depositar, preservar y difundir las publicaciones y los datos. Se propone establecer requisitos técnicos comunes para los repositorios de confianza, incluyendo identificadores persistentes, metadatos abiertos y normalizados, licencias legibles por máquinas y APIs que permitan la agregación de información y el text and data mining. Además, se recomienda mejorar la conexión entre las infraestructuras nacionales y la European Open Science Cloud (EOSC). De esta manera, los repositorios dejan de ser simples depósitos de documentos para convertirse en elementos esenciales de la infraestructura europea de comunicación científica.

La financiación constituye otro de los grandes problemas identificados. El informe observa un crecimiento significativo de los costes asociados a las tasas de publicación —APC— y advierte de que la expansión de modelos basados exclusivamente en el pago por publicar puede generar nuevas desigualdades. Las instituciones y los investigadores con menor capacidad económica pueden quedar en desventaja frente a aquellos que disponen de mayores recursos. Por ello, se propone considerar los costes de acceso abierto, repositorios, gestión de datos, infraestructuras y formación como parte estructural de la financiación del sistema de investigación. Paralelamente, el estudio recomienda diversificar los modelos de publicación y fortalecer especialmente el Diamond Open Access, en el que ni los lectores ni los autores pagan por acceder o publicar, apoyando revistas y plataformas comunitarias, institucionales y sin ánimo de lucro.

Una cuestión particularmente importante es la relación entre acceso abierto y evaluación de la investigación. El informe considera que mientras los sistemas de evaluación sigan recompensando principalmente el prestigio de las revistas y determinados indicadores bibliométricos, los investigadores pueden tener pocos incentivos para priorizar la apertura. Por ello, recomienda integrar formalmente las prácticas de ciencia abierta en la evaluación de investigadores, proyectos e instituciones, en línea con iniciativas como CoARA y los principios de reforma de la evaluación científica. El acceso abierto debería formar parte de los criterios de reconocimiento junto con otras contribuciones científicas, y deberían evitarse incentivos que premien exclusivamente la publicación en revistas consideradas de máxima categoría.

En el caso de España, el informe describe un marco relativamente desarrollado que combina legislación, estrategia nacional y mandatos de organismos financiadores. La Ley 17/2022 exige el depósito simultáneo de las publicaciones con su fecha de publicación, mientras que la ENCA 2023-2027 amplía la perspectiva hacia la ciencia abierta, incorporando publicaciones, datos, software, protocolos y otros objetos digitales. También participan en este sistema organismos como AEI e ISCIII, junto con infraestructuras como RECOLECTA, que agrega metadatos procedentes de repositorios institucionales españoles y favorece su interoperabilidad con infraestructuras europeas.

España presenta además una característica especialmente significativa: la incorporación del acceso abierto a los sistemas de evaluación científica. La LOSU establece que las agencias de calidad deben incluir la accesibilidad en abierto de los resultados científicos entre sus criterios de evaluación y utilizar los repositorios institucionales para acceder a la documentación correspondiente. Asimismo, desde 2023 ANECA ha incorporado el depósito de los resultados de investigación como criterio en las convocatorias de sexenios, manteniéndose posteriormente este requisito. El informe interpreta esta conexión entre políticas de apertura y evaluación como un mecanismo capaz de modificar el comportamiento de los investigadores, al convertir el depósito y la disponibilidad de los resultados en elementos relevantes para la carrera científica.

Desde 2015, la libertad académica ha disminuido en 50 países

Visual Capitalist. “Mapped: Which Countries Have the Most Academic Freedom?” Visual Capitalist, 2026. Artículo original en Visual Capitalist

Desde 2015, la libertad académica ha disminuido en 50 países, mientras que solo nueve han registrado mejoras, reflejando un deterioro global de la autonomía universitaria.
Chequia ocupa el primer puesto mundial, mientras Myanmar y Nicaragua se encuentran entre los países con menor libertad académica

El artículo presenta un mapa mundial de la libertad académica, entendida como el grado en que investigadores, profesores y estudiantes pueden desarrollar su actividad intelectual sin interferencias políticas, institucionales o ideológicas indebidas. El análisis pone de relieve que existen diferencias muy importantes entre países y que la libertad para investigar, enseñar, publicar y debatir constituye un componente esencial de unas sociedades democráticas y de unos sistemas universitarios capaces de producir conocimiento de manera independiente. Visual Capitalist incluye este trabajo dentro de sus contenidos sobre educación y clasificaciones internacionales.

La libertad académica no se limita a la posibilidad formal de acceder a una universidad o publicar investigaciones. Incluye aspectos como la autonomía de las instituciones, la libertad de investigación y enseñanza, la posibilidad de expresar opiniones académicas, la ausencia de censura y la protección frente a presiones políticas. Por ello, su situación sirve también como indicador de la salud democrática y de la capacidad de una sociedad para generar conocimiento crítico. Cuando estas libertades se deterioran, también pueden verse afectados la investigación científica, la innovación, la educación superior y el debate público.

El mapa resulta especialmente relevante porque muestra que la libertad académica no está distribuida de manera homogénea en el mundo. Los países con instituciones democráticas consolidadas y una fuerte autonomía universitaria tienden a presentar mejores condiciones, mientras que en contextos autoritarios o con una creciente interferencia política sobre las universidades la libertad académica puede encontrarse mucho más limitada. Visual Capitalist también recoge una clasificación específica sobre los países que han experimentado los mayores retrocesos en libertad académica, lo que evidencia que no se trata de una condición permanente y que puede deteriorarse con el tiempo.

El asunto tiene una especial importancia en el contexto actual de inteligencia artificial, desinformación y polarización política. La universidad y las bibliotecas necesitan espacios en los que sea posible contrastar ideas, cuestionar afirmaciones, acceder a fuentes diversas y desarrollar investigaciones incluso cuando sus resultados sean incómodos para gobiernos, empresas o grupos de presión. La libertad académica constituye, por tanto, una condición previa para el desarrollo del pensamiento crítico y para que la información científica pueda desempeñar su función social.

El mapa de Visual Capitalist permite entender la libertad académica como un indicador estratégico de la calidad de los sistemas educativos y científicos. Protegerla significa garantizar que investigadores, profesores y estudiantes puedan preguntar, investigar, publicar y debatir sin temor a represalias. En una época marcada por la expansión de la IA y por la circulación masiva de información falsa, disponer de universidades y bibliotecas intelectualmente libres resulta todavía más importante para preservar una cultura basada en la evidencia, el conocimiento y el pensamiento crítico.

La paradoja de la IA en las aulas: más uso, peores resultados según el informe PISA

Richter, Felix. “PISA Links Frequent AI Use With Lower Science Scores.” Statista, 8 septiembre 2026. Statista, “PISA Links Frequent AI Use With Lower Science Scores”

Los resultados de PISA 2025 introducen una importante advertencia sobre la relación entre el uso de la inteligencia artificial y el rendimiento académico. El análisis de Statista, basado en los datos de la OCDE, muestra que los estudiantes de 15 años que utilizan herramientas de IA casi todos los días para realizar tareas escolares concretas, como redactar trabajos, resumir textos o realizar investigaciones preliminares, obtienen en promedio peores resultados en ciencias que aquellos que utilizan la IA con menor frecuencia o que no la utilizan. La diferencia entre los usuarios intensivos y los estudiantes que no emplean IA llega a ser equivalente, según Statista, a aproximadamente un año de escolarización.

Sin embargo, los datos no permiten concluir que la inteligencia artificial sea perjudicial por sí misma. La investigación de PISA muestra una relación mucho más compleja, en la que importan tanto la frecuencia como el propósito del uso. Los estudiantes que utilizan la IA para una finalidad general de aprendizaje presentan un comportamiento diferente al de quienes recurren a ella para que realice directamente determinadas tareas académicas. De hecho, los alumnos que utilizan la IA de manera moderada para «ayudarles a aprender» pueden alcanzar resultados similares o incluso ligeramente superiores a los de quienes no la utilizan.

La diferencia resulta especialmente significativa cuando se analiza el uso de la IA para tareas específicas. Los estudiantes que no utilizan chatbots para determinadas actividades escolares tienden a obtener mejores resultados científicos que quienes los utilizan, mientras que los usuarios moderados pueden situarse por encima de los usuarios muy frecuentes en algunas actividades, como resumir textos o realizar investigaciones preliminares. Esto apunta a que el problema no reside necesariamente en disponer de ChatGPT u otras herramientas similares, sino en delegar en ellas procesos cognitivos que el estudiante debería realizar por sí mismo.

El informe introduce así el concepto de «atrofia de habilidades»: cuando una persona deja de ejercitar regularmente una capacidad porque una herramienta tecnológica la realiza por ella, puede perder progresivamente esa competencia. En educación, esto resulta particularmente importante. Si un estudiante utiliza la IA para generar una respuesta, escribir un trabajo, resumir una lectura o resolver un problema sin comprender el proceso, obtiene una ventaja inmediata, pero puede estar renunciando al aprendizaje que precisamente pretendía conseguir la actividad. La propia OCDE señala que la IA debería complementar el esfuerzo intelectual del alumno y no sustituirlo.

Uno de los aspectos más interesantes de PISA 2025 es que aprender a utilizar críticamente la IA parece marcar una diferencia. Alrededor de seis de cada diez estudiantes de los países de la OCDE señalan que en sus clases se les ha pedido evaluar la calidad de información generada por IA. Entre los estudiantes que utilizan frecuentemente estas herramientas para aprender, quienes además reciben en la escuela formación para valorar críticamente sus resultados presentan un rendimiento científico ligeramente superior. Esto sugiere que la respuesta educativa no debería ser simplemente prohibir o permitir la IA, sino enseñar a interrogarla, verificarla, contrastarla y comprender sus limitaciones.

El estudio también plantea una cuestión de equidad educativa. Las oportunidades para aprender a evaluar críticamente contenidos generados por inteligencia artificial no están distribuidas de manera uniforme: los estudiantes socioeconómicamente favorecidos tienen más probabilidades de recibir este tipo de formación en sus centros. Esto podría generar una nueva brecha digital: no tanto entre quienes tienen acceso a la IA y quienes no lo tienen, sino entre quienes saben utilizarla como herramienta de aprendizaje y quienes simplemente la emplean como sustituto del esfuerzo intelectual.

La cuestión no es cuánta inteligencia artificial utilizan los estudiantes, sino cómo la utilizan. Un uso intensivo y pasivo puede estar asociado a peores resultados, mientras que un uso moderado, consciente y acompañado de alfabetización crítica puede convertirse en una herramienta educativa de gran valor. PISA 2025 apunta, por tanto, hacia un modelo en el que la IA debe utilizarse para ampliar la capacidad del estudiante —ayudarle a comprender, formular preguntas, recibir retroalimentación o explorar conceptos—, pero sin sustituir las actividades cognitivas fundamentales que permiten aprender

PISA 2025 (2026) confirma un preocupante retroceso de las competencias en matemáticas, lectura y ciencias

Richter, Felix. “PISA 2025 Reveals Steep Decline in Math & Reading Skills.” Statista, 8 septiembre 2026. Statista, “PISA 2025 Reveals Steep Decline in Math & Reading Skills

Los resultados de PISA 2025 dibujan un panorama preocupante sobre la evolución de las competencias de los adolescentes en los países de la OCDE. Según el análisis de Statista, el rendimiento medio de los estudiantes de 15 años ha alcanzado en 2025 sus niveles más bajos desde que comenzó la evaluación en las tres áreas fundamentales: matemáticas, lectura y ciencias. La caída resulta especialmente significativa en lectura, una competencia estrechamente relacionada con la capacidad de comprender, analizar y evaluar información, precisamente en un contexto marcado por la desinformación y la expansión de la inteligencia artificial.

El gráfico pone de manifiesto que no se trata únicamente de un efecto provocado por la pandemia de COVID-19, sino de una tendencia de deterioro que viene desarrollándose desde hace más de una década. En lectura, los resultados habían alcanzado su máximo alrededor de 2012 y posteriormente comenzaron a descender; en matemáticas, el retroceso se aceleró especialmente después de 2018. Las ciencias presentan una evolución algo más estable, aunque también registran una pérdida considerable: entre 2006 y 2025 su puntuación media descendió 17 puntos. La OCDE ya había advertido en PISA 2022 que el descenso en lectura y ciencias había comenzado antes de la pandemia, mientras que la caída de las matemáticas se había intensificado de manera especialmente brusca entre 2018 y 2022.

La magnitud de la evaluación de 2025 permite considerar estos resultados como un indicador de alcance mundial. Más de 760.000 estudiantes de 91 países y economías participaron en PISA 2025, representando aproximadamente a 33 millones de jóvenes de 15 años. La comparación longitudinal es especialmente relevante porque PISA no mide simplemente los conocimientos memorizados, sino la capacidad de los estudiantes para aplicar sus conocimientos a situaciones y problemas de la vida real.

Uno de los aspectos más relevantes del análisis es el deterioro de la comprensión lectora. La puntuación media de lectura de los países de la OCDE descendió 16 puntos entre PISA 2022 y PISA 2025, una caída especialmente preocupante porque leer competentemente implica mucho más que descodificar palabras: supone comprender argumentos, interpretar información, distinguir hechos de opiniones, evaluar fuentes y construir conocimiento. Estas capacidades adquieren una importancia todavía mayor en un ecosistema digital en el que los jóvenes están expuestos diariamente a enormes cantidades de información y a contenidos generados mediante inteligencia artificial.

El retroceso también afecta a España, que en PISA 2025 obtiene sus peores resultados históricos en las tres competencias principales: 451 puntos en lectura, 457 en matemáticas y 477 en ciencias. Respecto a 2022, España pierde 23 puntos en lectura, 16 en matemáticas y 8 en ciencias, situándose por debajo de las medias de la OCDE y de la Unión Europea.

En conjunto, el gráfico de Statista permite interpretar PISA 2025 como algo más que una fotografía puntual del sistema educativo: muestra una tendencia prolongada de debilitamiento de algunas competencias fundamentales. El desafío no consiste únicamente en recuperar los niveles anteriores a la pandemia, sino en comprender por qué el deterioro ya se había iniciado antes de 2020. La creciente exposición a pantallas, las dificultades para mantener la atención, la disminución de la lectura profunda y el uso inadecuado de herramientas digitales e inteligencia artificial aparecen como factores relevantes, aunque no existe una explicación única. El reto educativo pasa, por tanto, por combinar tecnología y aprendizaje sin sacrificar precisamente aquellas capacidades —lectura profunda, pensamiento crítico, razonamiento matemático y comprensión científica— que resultan más necesarias en la sociedad digital.

Las bibliotecas públicas, actores clave en la alfabetización mediática y el acceso a la información fiable

Public Library Association (PLA). New Report Examines Evolving Role of Public Libraries in Media Literacy and News Access. American Library Association (ALA), 2 de julio de 2026.

Public Library Association (PLA), división de la American Library Association (ALA), ha publicado el informe News Access and Media Literacy in Public Libraries, un estudio que analiza cómo las bibliotecas públicas están respondiendo a un entorno informativo cada vez más complejo, caracterizado por la sobreabundancia de contenidos digitales, la desinformación y el rápido avance de las tecnologías de la información.

El informe de la Public Library Association (PLA) ofrece una radiografía exhaustiva sobre el papel que desempeñan actualmente las bibliotecas públicas en la alfabetización mediática y el acceso a información fiable en Estados Unidos y Canadá. El estudio parte de una constatación clara: la proliferación de la desinformación, la manipulación informativa, los contenidos generados mediante inteligencia artificial y la desaparición progresiva de medios locales han convertido a las bibliotecas en uno de los pocos espacios públicos donde la ciudadanía puede recibir orientación imparcial para desenvolverse en un ecosistema informativo cada vez más complejo. Los autores sostienen que la alfabetización mediática ya no constituye un servicio complementario, sino una función inherente a la misión bibliotecaria, aunque todavía no sea suficientemente reconocida ni financiada.

La investigación se basa en una encuesta realizada en mayo de 2026 a 913 bibliotecarios y trabajadores de bibliotecas públicas de Estados Unidos y Canadá. A diferencia de otros estudios centrados en los usuarios, este informe recoge la visión de quienes atienden diariamente las consultas del público y conocen de primera mano las dificultades informativas de sus comunidades. Los participantes describen cómo las preguntas tradicionales sobre búsqueda de información han evolucionado hacia consultas relacionadas con la verificación de noticias, la identificación de contenidos manipulados, la detección de fraudes digitales, la comprensión de imágenes y textos generados mediante inteligencia artificial y la evaluación crítica de fuentes en redes sociales.

Uno de los principales hallazgos del informe es que la alfabetización mediática ya forma parte del trabajo cotidiano de las bibliotecas, aunque en la mayoría de los casos de manera informal. Los bibliotecarios consideran que ayudar a los ciudadanos a distinguir información fiable de contenidos engañosos constituye una extensión natural de su misión histórica de facilitar el acceso al conocimiento. Sin embargo, gran parte de esta labor no se desarrolla mediante cursos o programas específicos, sino a través de conversaciones individuales en los mostradores de información, asesoramiento personalizado y recomendaciones de fuentes fiables durante la atención diaria. Precisamente por tratarse de un trabajo poco visible, resulta difícil medirlo, justificar recursos o demostrar su impacto ante financiadores y administraciones públicas.

El informe muestra igualmente que los hábitos de consumo informativo de la ciudadanía han cambiado profundamente. Los usuarios ya no consumen exclusivamente prensa impresa o digital, sino que combinan múltiples formatos y canales. Las redes sociales constituyen uno de los principales puntos de acceso a las noticias, superando incluso a las plataformas informativas proporcionadas por las propias bibliotecas. Esta situación incrementa la exposición de los ciudadanos a contenidos descontextualizados, desinformación y algoritmos que priorizan la viralidad frente a la calidad informativa. En este contexto, las bibliotecas adquieren un papel fundamental como mediadoras entre el usuario y las fuentes periodísticas de calidad, especialmente en aquellas comunidades donde los medios locales han desaparecido o se han debilitado considerablemente.

El estudio pone de relieve una importante contradicción entre la relevancia que los profesionales conceden a la alfabetización mediática y los recursos realmente disponibles para desarrollarla. Aunque existe un consenso casi unánime sobre su importancia, muy pocas bibliotecas consideran que disponen de capacidad suficiente para ofrecer programas consolidados. La falta de tiempo del personal, la escasez presupuestaria, las limitaciones tecnológicas y la ausencia de programas formativos especializados constituyen los principales obstáculos. Los autores advierten que las bibliotecas están asumiendo nuevas responsabilidades sin que se hayan incrementado proporcionalmente los recursos humanos y económicos necesarios para afrontarlas.

Especial atención merece el impacto que la inteligencia artificial está teniendo sobre la alfabetización mediática. Mientras que la evaluación crítica de fuentes tradicionales forma parte desde hace décadas de las competencias bibliotecarias, la aparición de imágenes sintéticas, vídeos manipulados, textos generados automáticamente y modelos conversacionales plantea desafíos completamente nuevos. Los propios bibliotecarios reconocen sentirse insuficientemente preparados para responder a preguntas relacionadas con estas tecnologías, cuya evolución resulta mucho más rápida que los programas de formación profesional disponibles. El informe insiste en que la actualización permanente de competencias será indispensable para mantener la confianza que la ciudadanía deposita en las bibliotecas.

Otro aspecto especialmente interesante es el denominado «paradigma de la participación». Los autores observan que quienes más necesitan formación en alfabetización mediática son, precisamente, quienes menos participan en talleres o actividades organizadas por las bibliotecas. Muchas personas desconocen que necesitan ayuda o consideran que ya poseen suficientes competencias digitales, cuando en realidad presentan importantes dificultades para identificar noticias falsas, detectar fraudes o reconocer contenidos generados mediante inteligencia artificial. Por ello, el informe propone desplazar parte del esfuerzo desde los programas tradicionales hacia intervenciones integradas en la atención cotidiana, aprovechando cada interacción entre bibliotecario y usuario como una oportunidad educativa.

Las conclusiones insisten en que fortalecer la alfabetización mediática exige una estrategia integral. No basta con ofrecer talleres ocasionales; es necesario invertir de forma sostenida en formación del personal, garantizar el acceso continuado a periodismo profesional y desarrollar infraestructuras que permitan mantener colecciones digitales y recursos informativos de calidad. Asimismo, se subraya la importancia de atender la diversidad lingüística de las comunidades, ofreciendo recursos informativos en múltiples idiomas para garantizar la equidad en el acceso a la información.

Finalmente, el informe formula una serie de recomendaciones dirigidas a administraciones públicas, financiadores y responsables de bibliotecas. Entre ellas destacan la necesidad de establecer programas permanentes de formación para bibliotecarios, desarrollar materiales didácticos reutilizables sobre alfabetización mediática, reconocer institucionalmente el trabajo informal que realizan los profesionales en los servicios de referencia, integrar la alfabetización mediática en la atención diaria y considerar el acceso al periodismo de calidad como una infraestructura pública esencial para la democracia. Los autores concluyen que las bibliotecas públicas ocupan una posición única para combatir la desinformación, fortalecer la ciudadanía crítica y garantizar el acceso equitativo a información fiable en la era digital.

Cómo las bibliotecas pueden apoyar la IA y la alfabetización en medios digitales

Libraries Connected. (2026). How libraries can support AI and digital media literacy: Good practice from the Innovating in Trusted Spaces project. Libraries Connected. https://www.librariesconnected.org.uk/sites/default/files/2026-03/Good%20practice%20from%20the%20Innovating%20in%20Trusted%20Spaces%20project.pdf

Esta guía constituye uno de los resultados principales del proyecto Innovating in Trusted Spaces, una iniciativa desarrollada por Libraries Connected, en colaboración con Good Things Foundation y WSA Community, con financiación del Departamento de Ciencia, Innovación y Tecnología del Reino Unido (DSIT). Su propósito es ofrecer a las bibliotecas públicas un marco práctico para responder a uno de los mayores retos de la actualidad: ayudar a la ciudadanía a comprender y utilizar la inteligencia artificial de forma crítica, ética y segura, reduciendo al mismo tiempo las desigualdades derivadas de la exclusión digital. +

El documento parte de la idea de que las bibliotecas son espacios de confianza donde las personas pueden explorar nuevas tecnologías sin presiones comerciales y con el apoyo de profesionales capacitados.

El informe sostiene que la alfabetización digital tradicional ya no es suficiente para afrontar los desafíos planteados por la IA generativa y por la proliferación de contenidos sintéticos, desinformación y manipulación algorítmica. En consecuencia, propone ampliar el concepto de alfabetización digital incorporando competencias relacionadas con la comprensión del funcionamiento básico de la IA, la evaluación crítica de sus respuestas, la identificación de sesgos, el reconocimiento de contenidos generados artificialmente y el uso responsable de herramientas conversacionales y creativas. Las bibliotecas pasan así de enseñar únicamente habilidades técnicas a fomentar capacidades de pensamiento crítico y ciudadanía digital.

Uno de los principales aportes del documento es la identificación de cuatro modelos de intervención que demostraron ser eficaces durante el proyecto piloto. El primero consiste en exposiciones y espacios interactivos donde los usuarios pueden descubrir la IA de forma autónoma mediante paneles, demostraciones y actividades de exploración. Este formato resulta especialmente útil para reducir el miedo inicial hacia la tecnología y despertar la curiosidad de personas que normalmente no asistirían a un curso formal.

El segundo modelo corresponde a sesiones introductorias programadas, dirigidas a cualquier ciudadano interesado en conocer qué es la inteligencia artificial, cómo funciona, cuáles son sus aplicaciones cotidianas y qué riesgos deben tenerse presentes. Estas sesiones ofrecen una primera aproximación accesible y comprensible, evitando tecnicismos y utilizando ejemplos relacionados con la vida diaria.

El tercer modelo se basa en talleres específicos adaptados a colectivos concretos, como personas mayores, desempleados, familias con bajos ingresos o personas con discapacidad. La guía muestra que adaptar los contenidos a las necesidades reales de cada grupo incrementa notablemente la participación y facilita que los asistentes perciban la utilidad práctica de la IA en su contexto personal.

El cuarto modelo consiste en apoyo individualizado, mediante consultas espontáneas o sesiones uno a uno en las que el personal bibliotecario responde preguntas concretas y acompaña a los usuarios en el uso de herramientas de IA. Este enfoque permite resolver dudas específicas y generar una relación de confianza especialmente valiosa para quienes presentan mayores niveles de inseguridad tecnológica.

La publicación concede una gran importancia a la alfabetización mediática, entendida como la capacidad para analizar críticamente la información que circula en Internet. Se explica que la inteligencia artificial incrementa la facilidad para producir imágenes, vídeos y textos aparentemente creíbles, lo que obliga a reforzar las habilidades de verificación de fuentes, contraste de información y detección de contenidos manipulados. En este contexto, las bibliotecas son consideradas instituciones especialmente adecuadas para promover hábitos de consumo informativo responsable gracias a su tradicional compromiso con el acceso fiable al conocimiento.

Otro aspecto destacado es la metodología Test and Learn (probar y aprender) utilizada durante el proyecto. En lugar de implantar programas rígidos previamente diseñados, las bibliotecas participantes experimentaron con pequeñas iniciativas, evaluaron continuamente los resultados y modificaron sus actividades según las respuestas obtenidas de los usuarios. Este enfoque permitió introducir innovaciones rápidamente, reducir el temor al fracaso y fomentar una cultura organizativa basada en el aprendizaje continuo y la mejora permanente.

La guía identifica igualmente diversas barreras que dificultan la implantación de programas de alfabetización en IA. Entre ellas destacan el miedo de muchos ciudadanos hacia las nuevas tecnologías, la percepción de que la IA es excesivamente compleja, la falta de confianza del propio personal bibliotecario, la escasez de tiempo para desarrollar nuevas actividades y la rápida evolución de las herramientas tecnológicas. Para superar estos obstáculos se recomienda comenzar con actividades sencillas, utilizar ejemplos cotidianos, fomentar el aprendizaje entre iguales, compartir materiales entre bibliotecas y crear comunidades profesionales de intercambio de experiencias.

Un elemento central del documento es el fortalecimiento del papel profesional de los bibliotecarios. La guía insiste en que no es necesario que el personal sea experto en inteligencia artificial para poder facilitar el aprendizaje de los usuarios. Lo verdaderamente importante es desarrollar confianza, mantener una actitud abierta hacia la experimentación y adquirir competencias suficientes para orientar, acompañar y promover el pensamiento crítico. El proyecto demuestra que la participación activa en experiencias piloto incrementó significativamente la seguridad y satisfacción profesional de los equipos bibliotecarios.

La publicación también propone integrar estas actividades dentro de la programación habitual de las bibliotecas, evitando que la alfabetización en IA se convierta en una iniciativa aislada. Recomienda aprovechar clubes de lectura, actividades familiares, programas de inclusión digital, apoyo al empleo y formación permanente para introducir contenidos relacionados con la inteligencia artificial de forma transversal, adaptándolos a las necesidades de cada comunidad. De esta manera, la IA deja de ser un tema exclusivamente tecnológico para convertirse en una competencia ciudadana vinculada al acceso a la información, la participación democrática y el aprendizaje a lo largo de la vida.

En conjunto, esta guía representa una de las primeras propuestas sistemáticas orientadas específicamente a las bibliotecas públicas para afrontar el impacto social de la inteligencia artificial. Su principal contribución consiste en ofrecer modelos de actuación validados mediante experiencias reales, herramientas fácilmente replicables y recomendaciones prácticas que pueden adaptarse a diferentes contextos locales. Más allá de enseñar a utilizar aplicaciones de IA, el documento plantea una visión estratégica de la biblioteca como espacio de confianza donde los ciudadanos desarrollan competencias críticas para desenvolverse en un entorno digital cada vez más complejo, automatizado y condicionado por sistemas inteligentes.