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La realidad profesional del personal de las bibliotecas de titularidad pública en España

Grupo de Trabajo de Desarrollo Profesional del Consejo de Cooperación Bibliotecaria. (2026). La realidad profesional del personal de las bibliotecas de titularidad pública en España. Madrid: Ministerio de Cultura. 135 páginas. NIPO: 190-26-111-8. ISBN/EAN: 978-92-001729-7-7.

Informe disponible en acceso gratuito.

El informe La realidad profesional del personal de las bibliotecas de titularidad pública en España, elaborado por el Grupo de Trabajo de Desarrollo Profesional del Consejo de Cooperación Bibliotecaria (CCB) y publicado por el Ministerio de Cultura en octubre de 2026, constituye una aportación relevante para conocer la situación actual de los profesionales que trabajan en las bibliotecas españolas.

El estudio surge de la necesidad de disponer de información rigurosa sobre las características del colectivo, sus condiciones de trabajo, sus funciones, sus competencias y sus expectativas de futuro. En un escenario marcado por la transformación digital, los cambios en los hábitos culturales y la aparición de nuevas formas de producir, organizar y consumir información, resulta imprescindible analizar hasta qué punto las estructuras profesionales y los recursos disponibles responden a las necesidades actuales de las bibliotecas y de la ciudadanía. El documento pretende proporcionar una base empírica para orientar las políticas públicas, mejorar las estrategias de desarrollo profesional y reforzar el reconocimiento social de quienes hacen posible el funcionamiento de estos servicios.

Uno de los aspectos más destacados del trabajo es su carácter diagnóstico, basado en una encuesta dirigida al personal de bibliotecas públicas de distintas tipologías y territorios de España. La investigación consiguió reunir 2.604 participantes, una cifra que proporciona una base amplia para estudiar la diversidad de situaciones profesionales existentes en el sistema bibliotecario público. El cuestionario se organizó en cinco grandes bloques: situación y desarrollo profesional; perfiles y funciones; satisfacción laboral; reconocimiento social y perspectivas de futuro; y datos personales. La distribución de la encuesta contó con la colaboración de la Secretaría Permanente del Consejo de Cooperación Bibliotecaria, los servicios bibliotecarios de las comunidades autónomas y la Comisión Técnica de Cooperación de Bibliotecas Escolares. Este planteamiento permite abordar la profesión desde diferentes perspectivas, superando una visión limitada a las tareas técnicas y considerando también las condiciones laborales, las expectativas de desarrollo y la percepción que los propios trabajadores tienen de su actividad.

El estado de las bibliotecas universitarias de Estados Unidos en 2025 (2026)

Parsons-Diamond, Gena. “The State of U.S. Academic Libraries: Findings from the ACRL 2025 Annual Survey.” ACRL Insider, 13 de octubre de 2026. Association of College and Research Libraries (ACRL), American Library Association.

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La Association of College and Research Libraries (ACRL), división de la American Library Association (ALA), ha publicado los resultados de su encuesta anual sobre tendencias y estadísticas de las bibliotecas universitarias estadounidenses. El informe The State of U.S. Academic Libraries: Findings from the ACRL 2025 Annual Survey ofrece una visión general de la situación de estas instituciones a través de indicadores relacionados con el personal, los gastos, las colecciones, la circulación, las visitas y los servicios de información.

El objetivo de esta encuesta es proporcionar datos que permitan evaluar el funcionamiento de las bibliotecas, comparar sus resultados con los de otras instituciones y fundamentar las decisiones de gestión. Estas estadísticas también constituyen una herramienta de defensa de la profesión, ya que ayudan a demostrar la contribución de las bibliotecas a la educación superior y a justificar los recursos necesarios para cumplir sus objetivos.

La edición de 2025 adquiere especial relevancia por un cambio en el sistema estadístico estadounidense: tras finalizar la recopilación de datos sobre bibliotecas universitarias dentro del Integrated Postsecondary Education Data System (IPEDS), correspondiente al ejercicio fiscal de 2024, la encuesta de la ACRL pasa a ser la única fuente nacional de datos exhaustivos sobre estas bibliotecas. Los resultados se ponderan para representar al conjunto de las bibliotecas universitarias estadounidenses.

Los hallazgos clave incluyen:

  • Personal de la biblioteca: La mediana del personal total, expresada en equivalentes a tiempo completo (ETC), es de 7,6; esto representa una ligera disminución con respecto a 2024, incluso cuando la proporción de estudiantes (en ETC) por miembro del personal ha aumentado.
  • Gastos: La mediana de los gastos anuales totales de las bibliotecas es de 470 mil dólares, sin incluir los beneficios adicionales. Las bibliotecas destinan 523 dólares por estudiante (en ETC), la misma cifra que en 2024, lo que sugiere que, al ajustar por la inflación, las bibliotecas cuentan con un menor poder adquisitivo en términos reales.
  • Colecciones y circulación: Las bibliotecas universitarias siguen centrándose en los recursos electrónicos; el 79,7 % del total de sus colecciones y el 98,2 % del total de su circulación corresponden a formatos digitales.
  • Visitas: El número de personas que acuden a las bibliotecas universitarias anualmente aumentó cerca de un diez por ciento en 2025 con respecto a 2024, alcanzando una mediana de 53 250.
  • Servicios de información: El personal de la biblioteca comparte sus conocimientos a través de interacciones con los usuarios, tanto de forma individual como grupal. En 2025, las bibliotecas universitarias registraron una mediana de 838 transacciones y consultas de referencia. Casi un tercio (29,3 %) de estas interacciones se producen de manera virtual.

Resumen amplio

1. Un informe fundamental para conocer la situación de las bibliotecas universitarias

La Association of College and Research Libraries (ACRL), división de la American Library Association (ALA), ha publicado los resultados de su encuesta anual sobre tendencias y estadísticas de las bibliotecas universitarias estadounidenses. El informe The State of U.S. Academic Libraries: Findings from the ACRL 2025 Annual Survey ofrece una visión general de la situación de estas instituciones a través de indicadores relacionados con el personal, los gastos, las colecciones, la circulación, las visitas y los servicios de información.

El objetivo de esta encuesta es proporcionar datos que permitan evaluar el funcionamiento de las bibliotecas, comparar sus resultados con los de otras instituciones y fundamentar las decisiones de gestión. Estas estadísticas también constituyen una herramienta de defensa de la profesión, ya que ayudan a demostrar la contribución de las bibliotecas a la educación superior y a justificar los recursos necesarios para cumplir sus objetivos.

La edición de 2025 adquiere especial relevancia por un cambio en el sistema estadístico estadounidense: tras finalizar la recopilación de datos sobre bibliotecas universitarias dentro del Integrated Postsecondary Education Data System (IPEDS), correspondiente al ejercicio fiscal de 2024, la encuesta de la ACRL pasa a ser la única fuente nacional de datos exhaustivos sobre estas bibliotecas. Los resultados se ponderan para representar al conjunto de las bibliotecas universitarias estadounidenses.

2. Personal bibliotecario: plantillas reducidas ante necesidades crecientes

Uno de los principales resultados del informe es que la mediana de personal equivalente a tiempo completo se sitúa en 7,6 trabajadores por biblioteca, ligeramente por debajo de la cifra registrada en 2024. Al mismo tiempo, ha aumentado la proporción de estudiantes equivalentes a tiempo completo por cada trabajador.

Este dato apunta a una tensión estructural: las bibliotecas deben atender a comunidades universitarias y necesidades de información cada vez más complejas sin que sus recursos humanos crezcan al mismo ritmo. La transformación digital, la gestión de recursos electrónicos, la formación en competencias informacionales y el apoyo a la investigación requieren conocimientos especializados y una actualización profesional constante.

El incremento de las necesidades de los usuarios no implica únicamente más consultas. También exige nuevas competencias para gestionar colecciones digitales, orientar a los investigadores, apoyar la publicación científica y ayudar a los estudiantes a desenvolverse en un entorno informativo marcado por la inteligencia artificial y la abundancia de contenidos digitales.

La reducción de las plantillas puede dificultar que las bibliotecas amplíen sus servicios o desarrollen nuevas iniciativas, especialmente cuando deben mantener simultáneamente sus funciones tradicionales. Por ello, el indicador de personal debe interpretarse junto con el número de estudiantes atendidos, el volumen de consultas, los recursos disponibles y la diversidad de servicios ofrecidos.

3. Presupuestos: el efecto de la inflación sobre la capacidad de gasto

El informe sitúa la mediana del gasto anual total de las bibliotecas universitarias en 470.000 dólares, sin incluir las prestaciones complementarias del personal. El gasto mediano por estudiante equivalente a tiempo completo es de 523 dólares, la misma cifra que en 2024.

Aunque la estabilidad del gasto por estudiante podría sugerir que las bibliotecas mantienen sus recursos, el informe advierte de que, una vez considerada la inflación, su capacidad adquisitiva real se reduce. Es decir, con una cantidad nominal similar, las instituciones pueden comprar menos recursos y afrontar con mayor dificultad el encarecimiento de las suscripciones, las publicaciones científicas, las bases de datos y otros servicios.

Esta situación tiene consecuencias directas para la política de adquisiciones. Las bibliotecas universitarias deben decidir cómo distribuir sus presupuestos entre publicaciones impresas, revistas electrónicas, libros digitales, bases de datos especializadas y otros recursos que necesitan estudiantes e investigadores. La presión económica obliga a priorizar inversiones y evaluar con mayor rigor el uso y el coste de los materiales contratados.

Además, el presupuesto bibliotecario no puede analizarse exclusivamente en términos de gasto total. Es necesario relacionarlo con el tamaño de la comunidad universitaria, la evolución de los precios, las necesidades de investigación y la amplitud de los servicios prestados. El dato de 523 dólares por estudiante ofrece una referencia comparativa, pero no significa que todas las instituciones tengan las mismas necesidades o dispongan de idénticas posibilidades financieras.

4. Colecciones digitales: el predominio de los recursos electrónicos

Uno de los indicadores más destacados del informe es la consolidación de los recursos electrónicos en las bibliotecas universitarias. Según los resultados de 2025, el 79,7 % de los fondos de las colecciones corresponde a recursos digitales, mientras que el 98,2 % de la circulación total se realiza en formato digital.

Estas cifras muestran que la transformación digital no se limita a incorporar nuevos formatos: afecta al modo en que los usuarios acceden a la información y utilizan los recursos bibliotecarios. La disponibilidad en línea permite consultar materiales desde distintos lugares y horarios, algo especialmente importante para estudiantes a distancia, investigadores y comunidades universitarias con necesidades diversas.

Sin embargo, el predominio digital también plantea retos. Las bibliotecas deben gestionar licencias, autenticación, accesibilidad, preservación digital, interoperabilidad y cambios en las condiciones de acceso impuestas por los proveedores. Asimismo, necesitan evaluar qué recursos justifican su coste y cómo garantizar que los usuarios puedan acceder a ellos de manera equitativa.

La elevada proporción de circulación digital tampoco significa que las colecciones impresas hayan perdido toda su importancia. Los libros físicos, las colecciones especiales y los fondos patrimoniales siguen desempeñando funciones culturales, docentes y de investigación. El reto consiste en mantener una política equilibrada, basada en las necesidades reales de cada comunidad y no únicamente en la tendencia general hacia lo electrónico.

5. Las bibliotecas recuperan visitantes y mantienen su dimensión presencial

Pese al predominio de los recursos digitales, las bibliotecas universitarias estadounidenses registraron un aumento aproximado del 10 % en las visitas presenciales durante 2025 respecto a 2024. La mediana alcanzó las 53.250 entradas anuales por biblioteca.

Este resultado es significativo porque cuestiona la idea de que la expansión del acceso electrónico conduce inevitablemente a la desaparición de la biblioteca como espacio físico. Aunque una parte importante de las consultas y de la circulación de materiales se desarrolla en línea, los usuarios continúan necesitando espacios para estudiar, trabajar en grupo, recibir orientación, utilizar equipamientos y participar en actividades formativas.

La biblioteca universitaria funciona así como una infraestructura de aprendizaje que combina servicios digitales con espacios presenciales. Sus instalaciones pueden ofrecer condiciones adecuadas para la concentración, el trabajo colaborativo y el acceso a recursos que no siempre están disponibles en el entorno doméstico.

El aumento de las visitas también tiene implicaciones para la planificación de los espacios. La distribución de puestos de estudio, las salas de trabajo en grupo, la accesibilidad, los horarios de apertura y los servicios de apoyo deben adaptarse a los patrones de utilización de cada institución.

No obstante, es importante interpretar correctamente el dato: se trata de un incremento de las visitas registradas, no de una demostración automática de que haya aumentado en la misma proporción el número de usuarios únicos. Una misma persona puede visitar la biblioteca varias veces durante el año.

6. Servicios de información: la atención personal sigue siendo esencial

La encuesta también examina las actividades de referencia y consulta mediante las cuales el personal bibliotecario ayuda a los usuarios a localizar información, resolver dudas y aprovechar los recursos disponibles.

En 2025, la mediana fue de 838 transacciones de referencia y consultas por biblioteca, y el 29,3 % de estas interacciones se desarrolló de manera virtual.

Estos resultados ponen de manifiesto la coexistencia de diferentes modalidades de atención. Las consultas presenciales siguen teniendo su lugar, pero los canales virtuales permiten atender a estudiantes e investigadores que no pueden acudir a las instalaciones o que necesitan resolver una cuestión mientras trabajan en línea.

La atención bibliotecaria actual exige mucho más que localizar un libro o proporcionar una referencia. El personal puede intervenir en búsquedas bibliográficas especializadas, formación en competencias informacionales, evaluación crítica de fuentes, apoyo a la investigación y orientación sobre el uso responsable de herramientas digitales.

En este contexto, el crecimiento de la inteligencia artificial generativa añade nuevas necesidades formativas. Los estudiantes y los investigadores deben aprender a contrastar las respuestas automatizadas, detectar referencias incorrectas, evaluar la autoridad de las fuentes y comprender los límites de las herramientas que utilizan. La biblioteca puede desempeñar un papel importante en esta tarea mediante programas de alfabetización informacional y en inteligencia artificial.

Las cifras de consultas, por sí solas, no reflejan toda la contribución del personal. Una sesión formativa o una consulta compleja de investigación puede requerir mucho más tiempo que una pregunta sencilla. Por ello, para evaluar adecuadamente los servicios resulta conveniente combinar los datos cuantitativos con indicadores de calidad, satisfacción e impacto en el aprendizaje.

7. La inteligencia artificial y los nuevos retos de las bibliotecas universitarias

Aunque el artículo se centra principalmente en los resultados estadísticos generales, la encuesta de 2025 también incorporó un cuestionario específico sobre tendencias relacionadas con la inteligencia artificial en las bibliotecas.

Este componente resulta especialmente relevante en un momento en el que la IA está modificando las prácticas de búsqueda, evaluación y producción de información. Las bibliotecas universitarias tienen que considerar cómo incorporar estas tecnologías a sus servicios sin comprometer la privacidad, la integridad académica ni la calidad de la información.

Entre las áreas en las que la inteligencia artificial puede influir destacan la automatización de determinadas tareas técnicas, la recuperación de información, el apoyo a la investigación, el análisis de datos y la formación de los usuarios. Sin embargo, la adopción de estas herramientas requiere personal capacitado, políticas institucionales y recursos suficientes.

Aquí aparece una conexión importante con los resultados presupuestarios y de personal del informe. Las bibliotecas afrontan nuevas expectativas tecnológicas precisamente cuando sus plantillas y su capacidad de gasto se encuentran sometidas a presión. Por tanto, la transformación digital no puede plantearse únicamente como una cuestión de incorporar herramientas: también requiere inversión, formación continua y una planificación realista de las cargas de trabajo.

El cuestionario sobre IA abre una línea de análisis complementaria a las estadísticas tradicionales. Para conocer la situación con mayor precisión sería necesario examinar sus resultados específicos, ya que el resumen general de la publicación no proporciona cifras detalladas sobre las tasas de adopción de estas tecnologías.

8. Comparación entre bibliotecas: una herramienta para la planificación y la defensa profesional

Uno de los principales valores de la encuesta es que permite utilizar indicadores comunes para analizar las diferencias entre instituciones y estudiar la evolución del sector a lo largo del tiempo.

La plataforma Benchmark: Library Metrics and Trends ofrece datos históricos desde 1998 hasta 2025 a sus suscriptores, con herramientas de visualización y comparación. Estas funcionalidades permiten examinar los recursos empleados por las bibliotecas y relacionarlos con los servicios y resultados que producen.

Las comparaciones pueden ayudar a responder preguntas relevantes para la dirección de una biblioteca: ¿cómo se sitúa su plantilla respecto a instituciones de tamaño similar?, ¿qué proporción del presupuesto se dedica a recursos electrónicos?, ¿cómo evoluciona el gasto por estudiante?, ¿qué servicios se ofrecen y qué volumen de consultas reciben?

Estos indicadores también resultan útiles para presentar propuestas presupuestarias, identificar áreas de mejora y argumentar ante los órganos de gobierno la necesidad de mantener o ampliar determinados servicios. No obstante, las comparaciones deben realizarse entre instituciones razonablemente similares y teniendo en cuenta las diferencias en sus funciones, disciplinas, estructuras organizativas y comunidades de usuarios.

El valor del benchmarking no reside en establecer una clasificación simplista de las mejores y peores bibliotecas, sino en identificar prácticas, comprender diferencias y utilizar la evidencia para tomar decisiones mejor fundamentadas.

Conclusión y valoración

El informe de la ACRL ofrece una fotografía significativa de las bibliotecas universitarias estadounidenses en el curso 2024-2025. Sus resultados dibujan una realidad marcada por la digitalización de las colecciones y de la circulación, el repunte de las visitas presenciales y la continuidad de los servicios de referencia. Al mismo tiempo, muestran dificultades para mantener el personal y el poder adquisitivo necesarios para responder a las nuevas demandas de la educación superior.

La principal conclusión es que las bibliotecas universitarias están ampliando y transformando sus funciones en un contexto de recursos limitados. Deben mantener colecciones de calidad, facilitar el acceso digital, ofrecer espacios adecuados para el aprendizaje, apoyar la investigación y ayudar a los usuarios a desenvolverse en un ecosistema informativo cada vez más complejo.

Desde una perspectiva internacional, estos resultados pueden servir como referencia para estudiar los retos de las bibliotecas universitarias españolas y latinoamericanas. Aunque los sistemas de financiación y las estructuras universitarias son diferentes, cuestiones como el coste de las publicaciones electrónicas, la adecuación de las plantillas, la evaluación del impacto y la alfabetización en inteligencia artificial tienen un interés compartido.

En definitiva, el informe confirma que el futuro de las bibliotecas universitarias no depende solamente de digitalizar sus colecciones, sino de disponer de recursos humanos, financieros y tecnológicos que permitan transformar esa infraestructura en mejores servicios educativos y científicos. Medir esta evolución con datos comparables constituye una condición esencial para planificar, justificar inversiones y demostrar el valor de las bibliotecas dentro de sus universidades.

La gobernanza democrática de la inteligencia artificial: la creciente dependencia entre los poderes públicos y las grandes tecnológicas

Astier, C., Bosoer, L., Cantero Gamito, M., & Pareto Boada, J. (2026). The public-private situationship in the democratic governance of AI. European University Institute. https://doi.org/10.2870/6848140

La relación ambigua entre lo público y lo privado en la gobernanza democrática de la inteligencia artificial analiza uno de los grandes desafíos políticos de la expansión de la inteligencia artificial: quién debe decidir cómo se desarrolla, se utiliza y se regula esta tecnología, y con qué legitimidad.

El documento examina cómo la relación entre los gobiernos y las grandes empresas tecnológicas se ha vuelto cada vez más estrecha e interdependiente. Las administraciones públicas necesitan las infraestructuras, los conocimientos técnicos y los sistemas de IA desarrollados por el sector privado, mientras que las empresas dependen de las decisiones políticas, los marcos regulatorios y los contratos públicos. Esta situación dificulta establecer una separación clara entre las responsabilidades de las instituciones democráticas y la influencia que ejercen las compañías que controlan buena parte de la tecnología. Los autores utilizan el término situationship para describir esta relación ambigua, caracterizada por la dependencia mutua, unos límites poco definidos y una negociación constante sobre las funciones que corresponde desempeñar a cada parte.

El estudio toma como punto de partida la controversia entre la empresa Anthropic y el Departamento de Defensa de Estados Unidos para ilustrar cómo las relaciones entre los gobiernos y las compañías de inteligencia artificial pueden trascender la contratación tecnológica y convertirse en una disputa sobre el poder, la autoridad y los límites de actuación. Según el análisis, las grandes empresas tecnológicas están asumiendo progresivamente funciones que tradicionalmente correspondían a las instituciones públicas: participan en la definición de los problemas que deben regularse, influyen en la elaboración de las agendas políticas e interpretan las normas en función de sus intereses comerciales. Esto no significa que la participación empresarial sea necesariamente negativa, ya que la experiencia técnica de estas compañías resulta importante para comprender sistemas complejos y anticipar sus riesgos. El problema surge cuando esa experiencia se transforma en capacidad para decidir cuestiones que afectan al conjunto de la sociedad sin contar con una legitimidad democrática equivalente a la de los poderes públicos. El documento advierte, además, de que el creciente protagonismo de la ética empresarial en la gobernanza de la IA puede trasladar responsabilidades normativas y políticas a organizaciones privadas que no han sido elegidas por la ciudadanía.

Una de las principales aportaciones del informe es, por tanto, la necesidad de recuperar el equilibrio entre innovación tecnológica, responsabilidad empresarial y control democrático. La regulación de la inteligencia artificial no puede quedar exclusivamente en manos de las compañías que desarrollan los sistemas, aunque estas deban participar en los debates y aportar sus conocimientos. Las decisiones sobre derechos fundamentales, vigilancia, seguridad, transparencia y límites de uso de la IA son cuestiones políticas que requieren procedimientos públicos, rendición de cuentas y participación social. El documento plantea la conveniencia de establecer una relación más saludable y legítima entre los actores públicos y privados, con funciones y responsabilidades mejor definidas. Su enfoque invita a reflexionar sobre cómo garantizar que la regulación responda al interés general y no quede condicionada por las prioridades comerciales de las empresas que concentran los recursos tecnológicos.

Desde la perspectiva de las bibliotecas, la investigación resulta especialmente interesante porque sitúa la inteligencia artificial en un marco que va más allá de sus posibilidades técnicas y de sus aplicaciones prácticas. La IA también plantea interrogantes sobre quién controla la información, cómo se toman las decisiones automatizadas, qué intereses determinan el diseño de las herramientas y hasta qué punto la ciudadanía puede comprenderlas y cuestionarlas. En este contexto, las bibliotecas pueden contribuir a la alfabetización crítica en inteligencia artificial mediante actividades formativas, recursos informativos y espacios de debate que ayuden a los ciudadanos a conocer tanto los beneficios como los riesgos de estas tecnologías. También pueden promover el acceso equitativo al conocimiento, la evaluación crítica de los contenidos generados por IA y la reflexión sobre la privacidad, la transparencia y la responsabilidad en su utilización. Aunque el informe no se centra específicamente en las bibliotecas, sus planteamientos ofrecen un marco útil para defender que la alfabetización en IA debe incluir no solo el aprendizaje

Promoviendo el conocimiento abierto: Harvard Library actualiza su estrategia para avanzar hacia un conocimiento más abierto

Advancing Open Knowledge. Harvard Library, 2026

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Harvard Library ha presentado Advancing Open Knowledge 2026, una actualización de su marco estratégico para orientar el trabajo de sus bibliotecas en los próximos años. El documento parte de una revisión de la estrategia que la institución formuló originalmente en 2020 y responde a un entorno de investigación y comunicación científica que ha cambiado notablemente debido a las transformaciones tecnológicas, sociales y económicas. Entre estos cambios ocupa un lugar destacado la expansión de la inteligencia artificial generativa, que está modificando las formas de producir, descubrir, evaluar y utilizar la información.

La estrategia mantiene como principio fundamental la responsabilidad de la biblioteca de conectar a las personas con el conocimiento y garantizar su conservación para el futuro. Harvard Library plantea así una concepción de la biblioteca que va más allá de la custodia de colecciones: se presenta como una infraestructura activa para facilitar la producción, circulación, descubrimiento y reutilización del conocimiento. La actualización reconoce que las bibliotecas universitarias deben adaptarse continuamente a los cambios en la investigación y en la tecnología, pero sin perder sus funciones esenciales relacionadas con el acceso, la confianza y la preservación.

El nuevo marco se articula alrededor de tres grandes líneas estratégicas. La primera es diversificar y ampliar el acceso al conocimiento, mediante el desarrollo de colecciones profundas y la difusión de resultados de investigación de alto impacto, procurando además representar una amplia variedad de perspectivas dentro del registro académico. La segunda consiste en mejorar el descubrimiento y la participación, facilitando que las personas puedan encontrar y utilizar el conocimiento tanto en entornos digitales como en las comunidades. La tercera se centra en preservar para el futuro, garantizando la conservación a largo plazo de las colecciones físicas y digitales y reforzando su resiliencia mediante colaboraciones estratégicas.

Especial interés tiene la relación que establece Harvard entre inteligencia artificial y experiencia bibliotecaria. La estrategia propone incorporar tecnologías como la IA generativa a los procesos de descubrimiento y utilización de la información, pero vinculándolas explícitamente con la experiencia profesional de las bibliotecas y con colecciones fiables. Esto plantea un modelo en el que la IA no sustituye el conocimiento bibliotecario, sino que puede combinarse con la selección, organización, contextualización y evaluación profesional de las fuentes.

La cuestión de la confianza en la información adquiere, por tanto, una importancia especial. La estrategia de 2026 se desarrolla en un contexto en el que las herramientas generativas pueden facilitar nuevas formas de acceso al conocimiento, pero también transforman los mecanismos tradicionales mediante los cuales los usuarios localizan y valoran las fuentes. La respuesta de Harvard consiste en situar conjuntamente tecnología, colecciones confiables y conocimientos especializados de los bibliotecarios. Esta combinación resulta especialmente significativa para el futuro de la alfabetización informacional y, en particular, para la formación de investigadores y estudiantes en un ecosistema dominado cada vez más por sistemas de IA.

La tercera dimensión, la preservación, demuestra que la transformación digital no implica abandonar las responsabilidades tradicionales de las bibliotecas. Harvard insiste en la necesidad de custodiar tanto materiales físicos como digitales y de reforzar su resistencia mediante redes de colaboración. La institución cuenta actualmente con más de 20 millones de recursos físicos y digitales, más de 800 empleados y más de 25 bibliotecas, con colecciones que abarcan más de 460 lenguas. Esta escala explica la importancia que tienen para Harvard las estrategias de preservación, descubrimiento, acceso y colaboración institucional.

Advancing Open Knowledge 2026 presenta una visión de la biblioteca académica como una infraestructura de conocimiento que combina acceso abierto, colecciones de calidad, descubrimiento, inteligencia artificial, experiencia profesional, colaboración y preservación a largo plazo. La actualización resulta especialmente relevante para el debate sobre el futuro de las bibliotecas universitarias porque plantea que la respuesta a la IA no pasa únicamente por incorporar nuevas herramientas, sino también por reforzar aquello que diferencia a las bibliotecas: la selección y contextualización de fuentes, la confianza, la preservación y la capacidad de conectar a las personas con conocimiento de calidad.

PISA 2025: estudiantes preparados para el futuro

OECD (2026). PISA 2025 Results (Volume I): Future-Ready Students. OECD Publishing, París. 8 de septiembre de 2026. 377 páginas. DOI: 10.1787/73451bc5-en.

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El informe PISA 2025 Results (Volume I): Future-Ready Students, publicado por la OCDE el 8 de septiembre de 2026, presenta los primeros resultados del ciclo PISA 2025, centrado especialmente en la competencia científica y acompañado de la evaluación de lectura y matemáticas. Participaron más de 760.000 estudiantes de 15 años de 91 países y economías, que representan aproximadamente a 33 millones de jóvenes de esa edad en todo el mundo

Uno de los principales resultados es el descenso continuado del rendimiento educativo en los países de la OCDE. Los resultados medios de 2025 constituyen los niveles más bajos registrados hasta ahora por PISA en matemáticas y lectura, mientras que el rendimiento en ciencias se mantiene relativamente estable respecto a 2022. Entre 2015 y 2025, la puntuación media de lectura disminuyó 28 puntos, equivalente aproximadamente a un año y medio de aprendizaje, mientras que matemáticas descendió 22 puntos, algo más de un año de aprendizaje.

El deterioro de la comprensión lectora resulta especialmente relevante en el contexto actual. La OCDE señala que han disminuido precisamente algunas de las capacidades que adquieren mayor importancia en un entorno saturado de información e inteligencia artificial: evaluar la información, relacionar contenidos procedentes de diferentes fuentes y desarrollar un pensamiento crítico sobre lo que se lee. Además, la proporción de estudiantes que realizan una lectura rápida pero poco precisa —lo que el informe denomina hasty reading— prácticamente se duplicó, pasando al 9 % en 2025.

La desigualdad social continúa teniendo una influencia considerable sobre los resultados educativos. En los países de la OCDE, los estudiantes procedentes de contextos socioeconómicos favorecidos obtuvieron, de media, 85 puntos más en ciencias que los estudiantes desfavorecidos. Aunque la brecha se redujo entre 2022 y 2025, la OCDE advierte que esto se debe en buena medida al descenso del rendimiento de los estudiantes favorecidos y no a una mejora equivalente entre los estudiantes desfavorecidos.

Un aspecto particularmente interesante del informe es la relación entre educación, digitalización e inteligencia artificial. PISA 2025 señala que las tecnologías digitales y la IA pueden contribuir al aprendizaje y preparar a los jóvenes para el futuro, pero su utilización debe responder a objetivos educativos concretos. El uso excesivo de dispositivos o su utilización con fines recreativos durante las clases se asocia con peores resultados. Más de uno de cada cuatro estudiantes afirma que sus compañeros se distraen con dispositivos digitales en la mayoría o en todas las clases de ciencias.

El informe introduce además una cuestión muy significativa sobre el uso educativo de la inteligencia artificial generativa. Los estudiantes que afirmaron no utilizar IA para redactar trabajos obtuvieron mejores resultados que quienes declararon utilizarla con ese propósito. Sin embargo, entre los usuarios frecuentes, aquellos que empleaban la IA para aprender y que habían recibido formación para evaluar la calidad de la información generada tendían a obtener mejores resultados que quienes utilizaban estas herramientas sin recibir orientación. Esto apunta a que el problema no reside únicamente en utilizar o no utilizar IA, sino en cómo, para qué y con qué competencias se utiliza.

Otro elemento novedoso es la evaluación de Learning in the Digital World, destinada a analizar hasta qué punto los estudiantes están preparados para utilizar herramientas digitales y resolver problemas complejos dividiéndolos en tareas más pequeñas. En los países de la OCDE, casi dos tercios de los estudiantes alcanzaron el nivel correspondiente de competencia en resolución computacional de problemas, pero solamente alrededor de la mitad consiguió hacerlo manteniendo simultáneamente una competencia básica en ciencias, lectura y matemáticas. La OCDE subraya así la necesidad de combinar las competencias digitales con unas sólidas capacidades fundamentales de lectura, matemáticas y ciencias.

Los resultados también muestran diferencias importantes entre sistemas educativos. Las jurisdicciones chinas de Pekín, Shanghái, Jiangsu y Zhejiang, junto con Singapur, aparecen entre los sistemas con mejores resultados globales en las tres áreas evaluadas. Estonia, Japón, Corea, Macao (China), Taipéi Chino y Reino Unido también se encuentran entre los diez sistemas con mayor rendimiento. Al mismo tiempo, algunos países han conseguido mejorar determinados resultados científicos desde 2022, entre ellos Costa Rica, Eslovaquia, Türkiye y Reino Unido dentro de la OCDE.

En conjunto, PISA 2025 plantea una cuestión central para la educación en la era de la inteligencia artificial: la tecnología no puede sustituir a las competencias fundamentales que permiten comprender, analizar y evaluar la información. La lectura profunda, el pensamiento crítico, la capacidad de contrastar fuentes y el dominio de conocimientos básicos adquieren incluso mayor importancia cuando los estudiantes disponen de herramientas capaces de generar respuestas automáticamente. Desde esta perspectiva, el informe resulta especialmente relevante para las bibliotecas escolares, universitarias y públicas, porque refuerza el papel de la alfabetización informacional, mediática y digital como competencias necesarias para desenvolverse en un entorno caracterizado por la abundancia de información y la presencia creciente de la IA.

Digitalización a gran escala en la era de la inteligencia artificial: cuestiones y modelos de acuerdo para bibliotecas y sus socios

Center for Research Libraries (CRL). (2026). Large Scale Digitization in the AI Era: Issues and Model Terms for Libraries and Their Partners. Center for Research Libraries, 14 pp. Publicado el 14 de septiembre de 2026.

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El documento del Center for Research Libraries (CRL) aborda el creciente número de propuestas para digitalizar colecciones bibliotecarias a gran escala y utilizar posteriormente esos contenidos y sus metadatos en sistemas comerciales de inteligencia artificial. Estas colaboraciones pueden facilitar la preservación, ampliar el acceso a las colecciones y reducir los costes de digitalización, pero plantean cuestiones fundamentales sobre propiedad, usos autorizados, acceso público, control institucional, compensación, atribución, privacidad y custodia a largo plazo.

El informe propone que las bibliotecas establezcan condiciones claras antes de poner sus colecciones a disposición de empresas tecnológicas y sistemas de IA. El CRL considera especialmente importante que las instituciones comprendan qué valor generan sus colecciones digitales y qué usos podrán realizar terceros con ellas. El documento pretende servir como punto de partida para desarrollar términos contractuales comunes y orientar futuras negociaciones entre bibliotecas y empresas, incluyendo posibles acuerdos colectivos, solicitudes conjuntas de propuestas y la creación de corpus digitales compartidos.

En definitiva, el informe plantea que la digitalización ya no debe contemplarse únicamente como una estrategia de preservación y acceso, sino también como una cuestión de gobernanza de datos culturales y científicos en la era de la IA. Las decisiones que adopten ahora las bibliotecas pueden contribuir a establecer nuevas normas sobre cómo se utilizan comercialmente colecciones que han sido conservadas y gestionadas como bienes de interés académico y cultural. El CRL señala que cualquier modelo definitivo deberá someterse a nuevas discusiones entre las bibliotecas y a revisión jurídica.

Finalmente, el documento presenta una plantilla marco de términos modelo (Model Digitization Terms) que sirve como guía de negociación para los contratos:

  • Propósito, alcance y derechos de la biblioteca: La biblioteca debe mantener autoridad final sobre qué se digitaliza y conservar derechos para preservar, analizar, albergar y prestar los archivos.
  • Usos del socio e IA: Se exige que cualquier entrenamiento de modelos, evaluación o comercialización mediante IA requiera una autorización explícita y específica, de modo que el silencio contractual nunca sea interpretado como permiso.
  • Metadatos y estándares técnicos: Se debe limitar la cesión inicial de metadatos al mínimo necesario y exigir que el socio devuelva OCR enriquecido, transcripciones e identificadores en formatos interoperables y de calidad de conservación.
  • Estructura económica e indemnizaciones: El socio comercial debe asumir los costos directos e incrementales del proyecto. Legalmente, se debe eximir a la biblioteca de garantizar autorizaciones masivas de derechos de autor, trasladando la responsabilidad e indemnización de los usos derivados al desarrollador.
  • No exclusividad y gobernanza: Salvo excepciones temporales y justificadas, las licencias deben ser no exclusivas, sin cláusulas de confidencialidad que impidan transparentar los términos ante la comunidad académica.

Mejores prácticas de datos abiertos en Europa: resumen de estrategias clave para avanzar en la madurez de los datos abiertos

Publications Office of the European Union, Capgemini Invent, Page, M., Behrooz, A. and Moro, M., 2025 Open data best practices in Europe – A summary of key strategies for advancing open data maturity, Publications Office of the European Union, 2026, https://data.europa.eu/doi/10.2830/2338780

Los ecosistemas de datos abiertos con mayor madurez comparten varios elementos: orientación hacia los usuarios, gobernanza estructurada, calidad e interoperabilidad de los metadatos, apoyo y capacitación de los proveedores y evaluación permanente del impacto. Las políticas solo producen resultados cuando se traducen en procedimientos, herramientas, formación y mecanismos de coordinación concretos. Del mismo modo, un portal no alcanza su máximo valor por el número de conjuntos de datos que contiene, sino por su capacidad para hacerlos descubribles, comprensibles, accesibles, actualizados y reutilizables.

La primera dimensión destaca que disponer de una legislación o una estrategia nacional de datos abiertos no es suficiente: es necesario contar con estructuras de gobernanza, responsabilidades claramente definidas, procedimientos operativos, mecanismos de seguimiento y recursos que permitan llevar las políticas a la práctica. Entre las principales recomendaciones aparece la creación de foros permanentes y multiactor, en los que participen administraciones públicas, autoridades regionales y locales, universidades, empresas y sociedad civil. Estos espacios favorecen el intercambio de experiencias, permiten resolver problemas de implementación y facilitan una interpretación coherente de las obligaciones relacionadas con los datos abiertos. Austria, Chequia y Lituania ofrecen ejemplos de este tipo de estructuras de coordinación.

El informe concede también importancia a la creación de comunidades digitales de usuarios y proveedores de datos. Plataformas como las desarrolladas en Noruega, Italia o los Países Bajos permiten formular preguntas, compartir conocimientos, presentar proyectos, debatir problemas técnicos y establecer relaciones entre quienes producen los datos y quienes los reutilizan. La idea fundamental es pasar de un modelo puramente administrativo de publicación a un ecosistema colaborativo, en el que las necesidades de los usuarios contribuyan a orientar la producción y mejora de los datos.

Otro aspecto destacado es la necesidad de proporcionar asistencia técnica y financiación, especialmente a las administraciones locales y regionales que cuentan con menos recursos. En este ámbito, España aparece como ejemplo mediante la iniciativa Aporta, que proporciona asesoramiento técnico y metodológico a organismos públicos sobre datos abiertos y reutilización de la información del sector público. Estonia y Francia también han desarrollado programas que combinan orientación especializada, formación, financiación e infraestructura para ayudar a las administraciones territoriales a desarrollar proyectos de datos abiertos sostenibles.

La segunda dimensión se centra en los portales nacionales de datos abiertos, que deben funcionar como auténticas puertas de entrada a la información pública y no simplemente como grandes catálogos de conjuntos de datos. El informe recomienda que los portales sean fáciles de utilizar, permitan búsquedas avanzadas, ofrezcan APIs y SPARQL, posibiliten la previsualización de datos, incorporen mecanismos para solicitar nuevos conjuntos de datos y faciliten la comunicación entre usuarios y administraciones. También considera fundamental analizar el comportamiento de los usuarios para adaptar continuamente las funcionalidades del portal a sus necesidades.

España constituye uno de los ejemplos destacados en esta dimensión. Su portal nacional dispone de un sistema estructurado para solicitar conjuntos de datos que todavía no están disponibles, haciendo visibles las peticiones para que otros ciudadanos puedan sumarse y expresar su demanda. Este mecanismo convierte las necesidades de los usuarios en una fuente de información para orientar la publicación de nuevos datos. El informe considera que este enfoque favorece la participación, la transparencia y la confianza en los servicios públicos de datos.

La experiencia española también sobresale por la integración automatizada de datos procedentes de administraciones locales y regionales. Mediante sistemas de harvesting automático, los conjuntos de datos pueden incorporarse al catálogo nacional sin necesidad de realizar manualmente todo el proceso de actualización. Además, el portal integra conjuntos de datos dinámicos que pueden actualizarse con una frecuencia muy elevada, incluso cada minuto, y señala aquellos disponibles mediante APIs o servicios web. De este modo, se favorece la disponibilidad de información actualizada y reutilizable, especialmente importante en ámbitos donde los datos cambian constantemente.

La tercera dimensión considera que la apertura de los datos carece de gran utilidad si estos no están correctamente descritos, actualizados, estructurados y preparados para su reutilización. Por ello, el informe concede un papel central a la calidad de los metadatos, su integridad, actualización, interoperabilidad y adecuación al estándar europeo DCAT-AP. También se valoran aspectos como la utilización de formatos legibles por máquinas, los principios FAIR, las licencias estructuradas y las conexiones entre diferentes fuentes de información.

Una de las buenas prácticas identificadas consiste en establecer controles de calidad antes de que los conjuntos de datos sean publicados. España aparece nuevamente como ejemplo: los conjuntos que no cumplen los estándares establecidos no pueden publicarse hasta que los problemas de los metadatos hayan sido corregidos. Los sistemas de federación o carga manual generan informes que identifican los errores y permiten a los responsables solucionar las deficiencias antes de incorporar definitivamente el conjunto al catálogo. Este procedimiento pretende garantizar un nivel mínimo de calidad y mejorar la interoperabilidad de los datos.

El informe señala además que los controles automáticos deben complementarse con apoyo personalizado a los proveedores de datos. Italia utiliza registros de errores y comunicación directa con los responsables de los datos; Luxemburgo combina controles automatizados con asistencia individual; y Croacia mantiene reuniones periódicas con los proveedores para explicar los estándares y resolver problemas. La conclusión es que la calidad no se consigue únicamente mediante normas técnicas: requiere también formación, acompañamiento, asesoramiento y comunicación continuada con quienes publican los datos.

La cuarta dimensión introduce una cuestión fundamental: abrir datos no constituye un fin en sí mismo. Es necesario conocer quién utiliza los datos, cómo los utiliza y qué beneficios genera su reutilización. El informe propone medir el impacto en cuatro grandes ámbitos: gubernamental, social, medioambiental y económico. Entre los posibles resultados se incluyen una mayor eficiencia administrativa, transparencia y mejor toma de decisiones; beneficios en educación, salud, inclusión o alfabetización de datos; contribuciones a la sostenibilidad y la lucha contra el cambio climático; y efectos económicos relacionados con innovación, productividad, empleo y creación de empresas.

Los portales nacionales pueden convertirse en una herramienta fundamental para realizar este seguimiento. España, Francia e Irlanda utilizan estadísticas sobre visitas, descargas e interacciones para conocer qué datos despiertan mayor interés. En España, además, se realizan acciones para identificar y difundir casos de reutilización, incluyendo una comunidad de más de 400 pequeñas y medianas empresas que han desarrollado soluciones innovadoras utilizando datos abiertos. El informe destaca la importancia de combinar los indicadores cuantitativos con entrevistas, encuestas y contacto directo con los usuarios para comprender no solo cuánto se utilizan los datos, sino también por qué se utilizan, qué obstáculos existen y qué necesidades todavía no están cubiertas.

Otra estrategia consiste en hacer visible la reutilización mediante hackatones, seminarios, talleres, demostraciones y espacios donde se muestran aplicaciones desarrolladas a partir de datos públicos. Grecia utiliza hackatones para conectar administraciones, empresas y desarrolladores; Polonia dispone de un espacio específico para mostrar aplicaciones; y Lituania utiliza eventos y actividades públicas para presentar casos de éxito. Estas iniciativas ayudan a transformar los datos abiertos en productos, servicios, investigaciones y soluciones concretas y, al mismo tiempo, permiten demostrar a la sociedad el valor de mantener los datos disponibles.

El informe insiste finalmente en que el impacto debe evaluarse de forma periódica y estructurada. Polonia, Italia y Chipre han incorporado diferentes mecanismos de evaluación para conocer los usos de los datos y sus efectos, vinculando los resultados con la planificación y la mejora de las políticas públicas. La evaluación continua permite detectar nuevas necesidades, identificar tendencias y adaptar las estrategias nacionales en función de evidencias reales, en lugar de mantener políticas estáticas.

Desde 2015, la libertad académica ha disminuido en 50 países

Visual Capitalist. “Mapped: Which Countries Have the Most Academic Freedom?” Visual Capitalist, 2026. Artículo original en Visual Capitalist

Desde 2015, la libertad académica ha disminuido en 50 países, mientras que solo nueve han registrado mejoras, reflejando un deterioro global de la autonomía universitaria.
Chequia ocupa el primer puesto mundial, mientras Myanmar y Nicaragua se encuentran entre los países con menor libertad académica

El artículo presenta un mapa mundial de la libertad académica, entendida como el grado en que investigadores, profesores y estudiantes pueden desarrollar su actividad intelectual sin interferencias políticas, institucionales o ideológicas indebidas. El análisis pone de relieve que existen diferencias muy importantes entre países y que la libertad para investigar, enseñar, publicar y debatir constituye un componente esencial de unas sociedades democráticas y de unos sistemas universitarios capaces de producir conocimiento de manera independiente. Visual Capitalist incluye este trabajo dentro de sus contenidos sobre educación y clasificaciones internacionales.

La libertad académica no se limita a la posibilidad formal de acceder a una universidad o publicar investigaciones. Incluye aspectos como la autonomía de las instituciones, la libertad de investigación y enseñanza, la posibilidad de expresar opiniones académicas, la ausencia de censura y la protección frente a presiones políticas. Por ello, su situación sirve también como indicador de la salud democrática y de la capacidad de una sociedad para generar conocimiento crítico. Cuando estas libertades se deterioran, también pueden verse afectados la investigación científica, la innovación, la educación superior y el debate público.

El mapa resulta especialmente relevante porque muestra que la libertad académica no está distribuida de manera homogénea en el mundo. Los países con instituciones democráticas consolidadas y una fuerte autonomía universitaria tienden a presentar mejores condiciones, mientras que en contextos autoritarios o con una creciente interferencia política sobre las universidades la libertad académica puede encontrarse mucho más limitada. Visual Capitalist también recoge una clasificación específica sobre los países que han experimentado los mayores retrocesos en libertad académica, lo que evidencia que no se trata de una condición permanente y que puede deteriorarse con el tiempo.

El asunto tiene una especial importancia en el contexto actual de inteligencia artificial, desinformación y polarización política. La universidad y las bibliotecas necesitan espacios en los que sea posible contrastar ideas, cuestionar afirmaciones, acceder a fuentes diversas y desarrollar investigaciones incluso cuando sus resultados sean incómodos para gobiernos, empresas o grupos de presión. La libertad académica constituye, por tanto, una condición previa para el desarrollo del pensamiento crítico y para que la información científica pueda desempeñar su función social.

El mapa de Visual Capitalist permite entender la libertad académica como un indicador estratégico de la calidad de los sistemas educativos y científicos. Protegerla significa garantizar que investigadores, profesores y estudiantes puedan preguntar, investigar, publicar y debatir sin temor a represalias. En una época marcada por la expansión de la IA y por la circulación masiva de información falsa, disponer de universidades y bibliotecas intelectualmente libres resulta todavía más importante para preservar una cultura basada en la evidencia, el conocimiento y el pensamiento crítico.

La paradoja de la IA en las aulas: más uso, peores resultados según el informe PISA

Richter, Felix. “PISA Links Frequent AI Use With Lower Science Scores.” Statista, 8 septiembre 2026. Statista, “PISA Links Frequent AI Use With Lower Science Scores”

Los resultados de PISA 2025 introducen una importante advertencia sobre la relación entre el uso de la inteligencia artificial y el rendimiento académico. El análisis de Statista, basado en los datos de la OCDE, muestra que los estudiantes de 15 años que utilizan herramientas de IA casi todos los días para realizar tareas escolares concretas, como redactar trabajos, resumir textos o realizar investigaciones preliminares, obtienen en promedio peores resultados en ciencias que aquellos que utilizan la IA con menor frecuencia o que no la utilizan. La diferencia entre los usuarios intensivos y los estudiantes que no emplean IA llega a ser equivalente, según Statista, a aproximadamente un año de escolarización.

Sin embargo, los datos no permiten concluir que la inteligencia artificial sea perjudicial por sí misma. La investigación de PISA muestra una relación mucho más compleja, en la que importan tanto la frecuencia como el propósito del uso. Los estudiantes que utilizan la IA para una finalidad general de aprendizaje presentan un comportamiento diferente al de quienes recurren a ella para que realice directamente determinadas tareas académicas. De hecho, los alumnos que utilizan la IA de manera moderada para «ayudarles a aprender» pueden alcanzar resultados similares o incluso ligeramente superiores a los de quienes no la utilizan.

La diferencia resulta especialmente significativa cuando se analiza el uso de la IA para tareas específicas. Los estudiantes que no utilizan chatbots para determinadas actividades escolares tienden a obtener mejores resultados científicos que quienes los utilizan, mientras que los usuarios moderados pueden situarse por encima de los usuarios muy frecuentes en algunas actividades, como resumir textos o realizar investigaciones preliminares. Esto apunta a que el problema no reside necesariamente en disponer de ChatGPT u otras herramientas similares, sino en delegar en ellas procesos cognitivos que el estudiante debería realizar por sí mismo.

El informe introduce así el concepto de «atrofia de habilidades»: cuando una persona deja de ejercitar regularmente una capacidad porque una herramienta tecnológica la realiza por ella, puede perder progresivamente esa competencia. En educación, esto resulta particularmente importante. Si un estudiante utiliza la IA para generar una respuesta, escribir un trabajo, resumir una lectura o resolver un problema sin comprender el proceso, obtiene una ventaja inmediata, pero puede estar renunciando al aprendizaje que precisamente pretendía conseguir la actividad. La propia OCDE señala que la IA debería complementar el esfuerzo intelectual del alumno y no sustituirlo.

Uno de los aspectos más interesantes de PISA 2025 es que aprender a utilizar críticamente la IA parece marcar una diferencia. Alrededor de seis de cada diez estudiantes de los países de la OCDE señalan que en sus clases se les ha pedido evaluar la calidad de información generada por IA. Entre los estudiantes que utilizan frecuentemente estas herramientas para aprender, quienes además reciben en la escuela formación para valorar críticamente sus resultados presentan un rendimiento científico ligeramente superior. Esto sugiere que la respuesta educativa no debería ser simplemente prohibir o permitir la IA, sino enseñar a interrogarla, verificarla, contrastarla y comprender sus limitaciones.

El estudio también plantea una cuestión de equidad educativa. Las oportunidades para aprender a evaluar críticamente contenidos generados por inteligencia artificial no están distribuidas de manera uniforme: los estudiantes socioeconómicamente favorecidos tienen más probabilidades de recibir este tipo de formación en sus centros. Esto podría generar una nueva brecha digital: no tanto entre quienes tienen acceso a la IA y quienes no lo tienen, sino entre quienes saben utilizarla como herramienta de aprendizaje y quienes simplemente la emplean como sustituto del esfuerzo intelectual.

La cuestión no es cuánta inteligencia artificial utilizan los estudiantes, sino cómo la utilizan. Un uso intensivo y pasivo puede estar asociado a peores resultados, mientras que un uso moderado, consciente y acompañado de alfabetización crítica puede convertirse en una herramienta educativa de gran valor. PISA 2025 apunta, por tanto, hacia un modelo en el que la IA debe utilizarse para ampliar la capacidad del estudiante —ayudarle a comprender, formular preguntas, recibir retroalimentación o explorar conceptos—, pero sin sustituir las actividades cognitivas fundamentales que permiten aprender

PISA 2025 (2026) confirma un preocupante retroceso de las competencias en matemáticas, lectura y ciencias

Richter, Felix. “PISA 2025 Reveals Steep Decline in Math & Reading Skills.” Statista, 8 septiembre 2026. Statista, “PISA 2025 Reveals Steep Decline in Math & Reading Skills

Los resultados de PISA 2025 dibujan un panorama preocupante sobre la evolución de las competencias de los adolescentes en los países de la OCDE. Según el análisis de Statista, el rendimiento medio de los estudiantes de 15 años ha alcanzado en 2025 sus niveles más bajos desde que comenzó la evaluación en las tres áreas fundamentales: matemáticas, lectura y ciencias. La caída resulta especialmente significativa en lectura, una competencia estrechamente relacionada con la capacidad de comprender, analizar y evaluar información, precisamente en un contexto marcado por la desinformación y la expansión de la inteligencia artificial.

El gráfico pone de manifiesto que no se trata únicamente de un efecto provocado por la pandemia de COVID-19, sino de una tendencia de deterioro que viene desarrollándose desde hace más de una década. En lectura, los resultados habían alcanzado su máximo alrededor de 2012 y posteriormente comenzaron a descender; en matemáticas, el retroceso se aceleró especialmente después de 2018. Las ciencias presentan una evolución algo más estable, aunque también registran una pérdida considerable: entre 2006 y 2025 su puntuación media descendió 17 puntos. La OCDE ya había advertido en PISA 2022 que el descenso en lectura y ciencias había comenzado antes de la pandemia, mientras que la caída de las matemáticas se había intensificado de manera especialmente brusca entre 2018 y 2022.

La magnitud de la evaluación de 2025 permite considerar estos resultados como un indicador de alcance mundial. Más de 760.000 estudiantes de 91 países y economías participaron en PISA 2025, representando aproximadamente a 33 millones de jóvenes de 15 años. La comparación longitudinal es especialmente relevante porque PISA no mide simplemente los conocimientos memorizados, sino la capacidad de los estudiantes para aplicar sus conocimientos a situaciones y problemas de la vida real.

Uno de los aspectos más relevantes del análisis es el deterioro de la comprensión lectora. La puntuación media de lectura de los países de la OCDE descendió 16 puntos entre PISA 2022 y PISA 2025, una caída especialmente preocupante porque leer competentemente implica mucho más que descodificar palabras: supone comprender argumentos, interpretar información, distinguir hechos de opiniones, evaluar fuentes y construir conocimiento. Estas capacidades adquieren una importancia todavía mayor en un ecosistema digital en el que los jóvenes están expuestos diariamente a enormes cantidades de información y a contenidos generados mediante inteligencia artificial.

El retroceso también afecta a España, que en PISA 2025 obtiene sus peores resultados históricos en las tres competencias principales: 451 puntos en lectura, 457 en matemáticas y 477 en ciencias. Respecto a 2022, España pierde 23 puntos en lectura, 16 en matemáticas y 8 en ciencias, situándose por debajo de las medias de la OCDE y de la Unión Europea.

En conjunto, el gráfico de Statista permite interpretar PISA 2025 como algo más que una fotografía puntual del sistema educativo: muestra una tendencia prolongada de debilitamiento de algunas competencias fundamentales. El desafío no consiste únicamente en recuperar los niveles anteriores a la pandemia, sino en comprender por qué el deterioro ya se había iniciado antes de 2020. La creciente exposición a pantallas, las dificultades para mantener la atención, la disminución de la lectura profunda y el uso inadecuado de herramientas digitales e inteligencia artificial aparecen como factores relevantes, aunque no existe una explicación única. El reto educativo pasa, por tanto, por combinar tecnología y aprendizaje sin sacrificar precisamente aquellas capacidades —lectura profunda, pensamiento crítico, razonamiento matemático y comprensión científica— que resultan más necesarias en la sociedad digital.