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El valor de las bibliotecas para la economía familiar

 

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Un recibo de una biblioteca pública que muestra y mantiene un registro de la cantidad de dinero ahorrado por los usuario que piden libros prestados en lugar de comprarlos está desatando un debate en línea sobre los miles de dólares que ahorran las familias con el uso de las bibliotecas. Ver esas cifras podría animar a más gente a usar una biblioteca.

 

 

Un recibo de la Biblioteca Pública de Wichita se volvió viral después de haber sido publicado en Reddit. La biblioteca a través del sistema integrado Polaris proporciona un recibo del ahorro que supone para las familias los libros que se llevan en préstamo.

El recibo de los artículos prestados mostró que una familia de seis miembros ahorró 164 dólares en su reciente visita (y más de 1,384 dólares en este año) al llevar prestados materiales durante su visita semanal a la biblioteca. Una forma bastante inteligente de señalar el valor de las bibliotecas y su misión principal de proporcionar acceso a los libros y la lectura.

Desde la semana pasada, los recibos de la biblioteca muestran cuánto ahorró un cliente por visita y sus ahorros totales desde el 1 de septiembre. La cantidad se calcula utilizando el costo de venta al público de los materiales que se piden prestados (por ejemplo, el precio de portada de un libro recién publicado) o el costo estimado de reposición de los mismos. El sistema es similar a los recibos de las tiendas que muestran la cantidad de dinero que los clientes ahorran con tarjetas de membresía u otros descuentos.

Los cálculos globales que se han hecho muestran que en un mes se sacaron de las sucursales de la biblioteca de Wichita materiales por un valor total de unos 2 millones de dólares. “La gente dice: ‘Esto es lo que les digo a mis amigos siempre”. Lo que ayuda a explicar que la biblioteca es beneficiosa y ahorra dinero a las personas.

Pero, también ha surgido surgido otro debate sobre la moralidad de tomar prestado un libro de la biblioteca en lugar de comprarlo, ya que algunas personas señalan que parece que la biblioteca sólo está llevando un registro de lo que sus usuarios no están pagando a los autores que escribieron los libros.

 

El día a día de una biblioteca

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“Una ráfaga de aire del exterior recorrió de arriba abajo el vestibulo. Casi al instante, la gente empezó a entrar: los merodeadores, que habían salido corriendo desde sus puestos en jardin, también los que estaban apoyados en las paredes y lo despistados, y los grupos escolares, la gente de negocios y los padres y madres con cochecitos de bebés que se fueron directos hacia los cuentacuentos, y los estudiantes y los indigentes, que corrian hacia los lavabos y después trazar una línea recta hasta la sala de ordenadores, y los universitarios y los desocupados y los lectores y los curiosos y los aburridos. Todos en busca de The Dictionary of Irish Artists o El héroe de las mil caras o una biografia de Lincoln o la revista Pizza Today o The Complete Book of Progressive Knitting o fotografias de sandías en el valle de San Fernando tomadas en los años sesenta o Harry Potter siempre Harry Potter- o cualquiera de los millones de libros panfletos, mapas, bandas sonoras, periódicos e imágenes que la biblioteca atesora. Formaban una corriente de humanidad, un torrente, y andaban a la caza de guías de nombres para bebés y biografias de Charles Parnell y mapas de Indiana y consejos de las bibliotecarias porque lo que quieren es una novela romántica pero que no sea demasiado romántica. Van a la caza de información sobre impuestos y también de ayuda para aprender inglés y buscan peliculas y desean encontrar la historia de su familia. Se sientan en la biblioteca simplemente porque es un lugar agradable en el que sentarse, y, una vez allí, a veces hacen cosas que no tienen nada que ver con la propia biblioteca. Esa mañana en particular, en la sección de Ciencias Sociales, una mujer sentada a una de las mesas de lectura estaba cosiendo cuentas de colores en la manga de una blusa de algodón. En la sección de Historia, un hombre con traje de raya diplomatica que no leia, ni tampoco curioseaba, estaba sentado en uno de los cubiculos de estudio y escondía una bolsa de Doritos bajo el de la mesa. Fingia toser cada vez que se metía en la boca uno de los nachos.”

Susana Orlean. La biblioteca en llamas

 

En el libro de Susana Orlean, se recoge este pasaje, que habla del momento en el que se abren las puertas de una biblioteca para que la gente entre. Hace toda una descripción del día a día de una biblioteca, de todo tipo de gente que concurre en ese espacio , y de los diferentes usos que se hacen de la misma.

 

 

 

 

 

 

La biblioteca privada de la vida que hemos vivido

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“Escribir un libro, al igual que construir una biblioteca, es un acto de puro desafio. Es la declaración de que uno cree en la persistencia de la memoria. En Senegal, la expresión amable para indicar que alguien ha muerto es decir que su biblioteca ha ardido. Cuando escuché esa frase por primera vez, no la entendí, pero con el paso del tiempo me di cuenta de que era perfecta. Nuestras mentes y nuestras almas contienen volúmenes en los que han quedado inscritas nuestras experiencias y emociones. La consciencia de cada individuo es un recuento de recuerdos que hemos catalogado y almacenado en nuestro interior, la biblioteca privada de la vida que hemos vivido.”

Susana Orlean. La biblioteca en llamas

 

*Realmente la expresión es la siguiente:

“En África, cuando un anciano muere, una biblioteca arde, toda una biblioteca desaparece, sin necesidad de que las llamas acaben con el papel”   Amadou Hampâté Bâ Ver

Bibliotecas de poetas

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Kinniburgh, Mary Catherine, “The Shape of Knowledge: The Postwar American Poet’s Library, with Diane di Prima and Charles Olson” (2019). CUNY Academic Works.
https://academicworks.cuny.edu/gc_etds/3029

 

En los estantes de cualquier colección de libros, o lo que podríamos llamar “una biblioteca”, hay evidencias materiales que generan múltiples vectores de significado. Nuestra capacidad para leer libros requiere que no sólo conozcamos su contenido, sino que entendamos las redes en las que se construyen, distribuyen, interpretan y utilizan. En este sentido, los libros son un medio privilegiado para responder a una pregunta política y epistemológica: ¿cómo se materializa el conocimiento? ¿Y cómo se configura políticamente este proceso en diferentes momentos del tiempo, por los tipos de conocimiento que son privilegiados, silenciados, distribuidos o silenciados?

Mary Catherine Kinniburgh ha publicado “The Shape of Knowledge: Poets’ Libraries in Postwar America”, una investigación sobre cómo los poetas en particular abordan la tarea de crear sus propias bibliotecas o colecciones de manuscritos. En la que se estudian las bibliotecas de Charles Olson (1910-1970) y Diane di Prima (1934-), Tanto Olson como di Prima son prolíficos coleccionistas de libros, y a veces catalogadores, archiveros improvisados y ensambladores de sus propias y extensas bibliotecas. Su devoción por la búsqueda del conocimiento como una práctica encarnada que se da en bibliotecas, archivos, museos y ciudades -más allá de las estrechas esferas académicas muestra cómo los poetas, trabajando fuera de las instituciones formales, estructuraron la forma misma del conocimiento a medida que lo recolectaban.

Entre los numerosos documentos y colecciones de archivo, dos importantes recursos no institucionales abordan estas características críticas del trabajo de Olson y di Prima. La primera, la Biblioteca Maud/Olson en Gloucester, Massachusetts, que contiene una copia de cada libro que Olson alguna vez se pensó que había leído, recopilado por el erudito Ralph Maud con anotaciones. La segunda es la “biblioteca oculta” de Diane di Prima, una colección de libros que se remonta a los años sesenta y que ella concibe como un acto específico de preservación de archivos y como un recurso de trabajo. Junto con el contexto de estas bibliotecas, el papel poco estudiado de di Prima como impresor y editor, especialmente en la época de las “Revolutionary Letters” de los años sesenta y setenta, ofrece una mayor comprensión de cómo di Prima en particular aborda la importancia de asegurar el conocimiento en forma material tomando las cosas en sus propias manos. En conjunto, estos objetos de estudio ofrecen una perspectiva de las bibliotecas, los archivos y los libros que está plenamente articulada por los poetas, una perspectiva clave en el contexto más amplio de las instituciones, las organizaciones profesionales y los comerciantes que ahora dan forma al mundo de las colecciones especiales.

Se trata de un trabajo imaginativo que amplía nuestra idea de quién es un “bibliotecario” -con pleno respeto a los conocimientos técnicos obtenidos a través de los títulos de bibliotecología o la educación formal, u otras variantes-, hay mucho espacio para valorar las diversas formas de experiencia institucional y no institucional cuando se trata de reunir y gestionar el conocimiento. Los poetas estadounidenses de la posguerra, como Charles Olson, Diane di Prima y Gerrit Lansing, coleccionaban grandes bibliotecas (y por lo tanto eran bibliotecarios o curadores), especialmente de literatura oculta. La obra tiene especial interés sobre lo que podríamos aprender al documentar y preservar este tipo de bibliotecas, que son muy creativas en la forma en que clasifican el conocimiento. Y al considerar a los poetas como un tipo específico de expertos en información, o incluso la poética de la información en general.

La tesis de Mary Catherine Kinniburgh además ganó el Premio de alumnos y docentes por la mejor tesis del año en The Graduate Center, CUNY. Su primer capítulo será publicado a principios de 2020 por la revista Book History, y será publicada en libro.

 

Los teólogos, de J. L. Borges

 

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“Arrasado el jardín, profanados los cálices y las aras, entraron a caballo los hunos en la biblioteca monástica y rompieron los libros incomprensibles y los vituperaron y los quemaron, acaso temerosos de que las letras encubrieran blasfemias contra su dios, que era una cimitarra de hierro. Ardieron palimpsestos y códices, pero en el corazón de la hoguera, entre la ceniza, perduró casi intacto el libro duodécimo de la Civitas Dei, que narra que Platón enseñó en Atenas que, al cabo de los siglos, todas las cosas recuperarán su estado anterior, y él, en Atenas, ante el mismo auditorio, de nuevo enseñará esa doctrina.”

Los teólogos, de J. L. Borges

 

Industrias y andanzas de Alfanhuí

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“Lo encerró en un cuarto con una pluma, un tintero y un papel, y le dijo que no saldría de allí hasta que no escribiera como los demás. Pero el niño, cuando se veía solo, sacaba el tintero y se ponía a escribir en un extraño alfabeto, en un rasgón de camisa blanca que había encontrado colgando de un árbol.”

 

Industrias y andanzas de Alfanhuí Rafael Sanchez Ferlosio , 1951

Bunny Watson (Katharine Hepburn), la documentalista que todos queremos ser de mayores

 

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Spencer Tracy y Katharine Hepburn en “Su otra esposa” (Desk Set) de 1057

 

 

“Su otra esposa” (Desk Set) es una comedia romántica estadounidense de 1957 dirigida por Walter Lang y protagonizada por Spencer Tracy y Katharine Hepburn. una documentalista de televisión se enfrenta a un experto en automatización (Spencer Tracy) que ha inventado una máquina que ella teme la reemplazará.

En la “Federal Broadcasting Network” en Midtown Manhattan, Bunny Watson (Katharine Hepburn) está a cargo de su biblioteca de referencia, y es responsable de investigar hechos y responder preguntas sobre todo tipo de temas, grandes y pequeños. Es una profesional consumada con un título académico y un postgrado, tiene un conocimiento enciclopédico de su colección y una memoria absolutamente formidable. Ella era una Google ambulante antes de la existencia de Google.

La red está negociando una fusión con otra compañía, pero la mantiene en secreto. Para ayudar a los empleados a hacer frente al trabajo extra, el jefe de la red ha pedido dos ordenadores o “cerebros electrónicos”. El ingeniero de métodos y experto en eficiencia Richard Sumner (Spencer Tracy), inventor de EMERAC (“Electromagnetic MEmory and Research Arithmetical Calculator”), acude a la compañía para ver cómo funciona la biblioteca, para averiguar cómo facilitar la transición. Aunque extremadamente brillante, a medida que conoce a Bunny Watson, se sorprende al descubrir las capacidades profesionales de Bunny Watson.

Cuando se enteran de que las computadoras están llegando, los empleados llegan a la conclusión de que están siendo reemplazados. Sus temores parecen confirmarse cuando todos los miembros del personal reciben una hoja de color rosa impresa por la nueva computadora de su nómina. Pero, resultó ser un error; ya la máquina despidió a todos en la compañía, incluyendo al presidente.

Richard Sumner revela su interés romántico por Bunny Watson, pero cree que EMERAC siempre será su primera prioridad. Sumner lo niega, pero luego Watson lo pone a prueba, programando a la máquina para autodestruirse. Sumner se resiste a la tentación de arreglarla el mayor tiempo posible, pero finalmente cede. Watson lo acepta de todos modos.