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Sin que nadie lo supiera, aprendí a leer

!Sin que nadie lo supiera, aprendí a leer. Mientras la maestra aún recitaba monótonamente las letras del alfabeto a mis compañeros, yo ya conocía desde hacía tiempo la solidaridad que entrelaza los signos escritos, las infinitas combinaciones y los maravillosos sonidos que me habían convertido en una dama en este lugar, aquel primer día, cuando pronunció mi nombre. Nadie lo sabía. Leía como si estuviera desquiciada, primero a escondidas y luego, cuando me pareció que había transcurrido el tiempo normal para aprender las letras, a la vista de todos, pero me esforzaba por ocultar el placer y el interés que la lectura me proporcionaba.
La niña débil se había convertido en un alma hambrienta.— «

Muriel Barbery, La elegancia del erizo

El deseo de leer

«Cuando el deseo de leer nos toca el hombro, quizás sucede porque tenemos instalados deseos previos en relación con las palabras de otros, ordenadas en un texto. Tal vez cuando recurrimos a los textos buscamos algo desconocido, algo que se nos plantea como un puente hacia cosas ocultas, y eso nos puede resultar temible, pero a la vez estimulante para la curiosidad, para satisfacer apetencias que se van generando en los movimientos del ánimo».

Devetach, Laura. 2008. La construcción del camino lector. Córdoba: Editorial Comunicarte.

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¿Por qué las librerías de Seúl se están convirtiendo en los lugares de moda para ligar?

1000 Libraries. (2026). Why Bookstores in Seoul Are Becoming the Hottest New Dating Spots.

Artículo original

Se analiza un fenómeno social emergente en Seúl: la transformación de las librerías y grandes espacios de libros en puntos de encuentro romántico y social. Lo que tradicionalmente eran lugares silenciosos de lectura y compra de libros se han convertido, especialmente entre jóvenes, en escenarios donde se producen interacciones personales, aproximaciones y, en algunos casos, citas espontáneas. Este cambio refleja una evolución en la forma en que los espacios culturales se integran en la vida social contemporánea.

El artículo describe una tendencia reciente en Seúl en la que las librerías han pasado de ser espacios tradicionales de lectura a convertirse en lugares informales de encuentro romántico entre jóvenes, especialmente de la generación Z. Este fenómeno surge en un contexto en el que los modelos habituales de citas —aplicaciones móviles, encuentros a través de amigos o actividades organizadas— están siendo sustituidos o complementados por nuevas formas de interacción más espontáneas y presenciales. Las librerías, con su atmósfera tranquila, estética cuidada y ambiente cultural, se han convertido en un escenario inesperado para el flirteo.

El texto explica que este fenómeno, conocido informalmente como “flirteo en librerías”, se ha viralizado en redes sociales, donde circulan vídeos de jóvenes que acuden a estos espacios no solo a leer, sino también a conocer posibles parejas. En grandes librerías de Seúl, como Kyobo Book Centre, se han identificado incluso “zonas calientes” simbólicas asociadas a determinados tipos de lectores, como las secciones de filosofía o literatura, que funcionan como indicadores de personalidad e intereses. Los libros, en este contexto, se convierten en señales sociales que permiten inferir valores, sensibilidad o estilo de vida.

Uno de los factores que explican la popularidad de este fenómeno es el desgaste emocional asociado a las aplicaciones de citas, percibidas por muchos jóvenes como superficiales, agotadoras y poco satisfactorias. Frente a ello, las librerías ofrecen una alternativa más lenta y orgánica, donde la afinidad puede surgir a partir de intereses compartidos visibles en tiempo real. Ver a alguien leyendo un libro concreto o explorando una sección específica permite interpretar posibles compatibilidades de forma más inmediata y menos artificial que en el entorno digital.

El artículo también destaca que las librerías contemporáneas en Corea del Sur ya no son solo espacios de venta de libros, sino grandes centros culturales híbridos que incluyen cafeterías, zonas de descanso, papelerías y espacios de ocio. Esta transformación las convierte en lugares ideales para la interacción social casual, ya que permiten pasar largos periodos de tiempo sin la presión de un entorno exclusivamente comercial o de ocio nocturno. En este contexto, la interacción entre desconocidos se vuelve más natural.

Sin embargo, el fenómeno no está exento de críticas. Algunos visitantes habituales consideran que esta tendencia está alterando la naturaleza tradicional de las librerías como espacios de silencio, concentración y lectura. La presencia de personas que acuden con la intención de socializar o de crear contenido para redes sociales ha generado incomodidad en ciertos usuarios, que perciben una pérdida de intimidad y tranquilidad. Incluso se han reportado situaciones en las que intentos de aproximación romántica han resultado invasivos o incómodos.

A pesar de estas tensiones, el artículo señala un efecto positivo inesperado: el aumento del interés por la lectura entre los jóvenes. En un contexto de preocupación por la caída de los hábitos lectores en Corea del Sur, los datos recientes indican un repunte en la franja de edad de 20 a 29 años. Las librerías independientes y los grandes centros culturales están experimentando una revitalización, impulsados por su papel como espacios sociales además de culturales.

El texto interpreta este fenómeno como parte de una transformación cultural más amplia en la que los espacios de lectura se integran en la vida social contemporánea y en la estética digital. La idea de un romance que surge entre estanterías de libros conecta con una narrativa romántica profundamente arraigada en la cultura popular, donde la lectura y la afinidad intelectual funcionan como base idealizada del amor. En este sentido, las librerías de Seúl se consolidan como espacios híbridos donde convergen cultura, identidad, consumo y relaciones sociales.

Toda la biblioteca es fundadora

«Toda la biblioteca es fundadora. Pero hay días en que uno querría deshacerse de los libros a carretilladas. Ya no tengo el valor de hacerlo. En otro tiempo dispuse de un vertedero doméstico, una trampilla que se abría en cada cocina de un edificio y que, por un conducto estrecho, enviaba los desechos a un cubo comunitario. Ese modo de ejecución rápida ha desaparecido hoy, por exigencias de higiene. Sin embargo, era tan práctico para despachar una brazada de libros: un gesto, y dos mil años de trabajo y de esperanzas caían de golpe seis pisos abajo, entre las cáscaras de cebolla».

Pierre Michon ‘Un aerolito en la cabeza’, 2014

Librerías

«Librerías. Ese olor. Me puedo tirar horas curioseando en los anaqueles. Al final salgo con tres o cuatro, entre los que no suele estar el que buscaba. Algunos libros simplemente te llaman. Estos relatos tradicionales de los indígenas norteamericanos, además, me miran fijamente y me prometen momentos memorables. Desde que lo leí respeto profundamente la tierra, el cielo y a los locos. Los indios los respetan. Hacen muy bien, porque los cuerdos no hacemos más que destrozar vidas y hacer preguntas estúpidas. Con lo cerca que están las respuestas.»

JOSELE SANTIAGO
«Desde el jergón» (2026)

Los libros son los mejores protectores de la verdad

Rújula, Pedro. 2026. Manifiesto zombi: el poder del libro. Serie 23 de Abril. Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). eBook gratuito.

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«En esto los libros se han demostrado ser mejores protectores de la verdad. Sobre todo, porque sus con-tenidos remiten a marcos de interpretación incluidos en las propias obras dándoles así sentido y procurando al lector las herramientas de validación. Además, en su condición de entes físicos y complejos, los libros permiten una dinámica de indagación racional que ofrece al lector la oportunidad de buscar su propio camino hacia aquello que denominamos verdad. El universo del libro impreso no es perfecto ni está exento de de-formaciones y manipulaciones, pero en él no es tan fácil decir una cosa y su contraria al mismo tiempo, entre otras cosas porque lo dicho queda ante nuestros ojos de manera indeleble. La cultura del libro ha sido durante mucho tiempo el soporte del saber científico y una garantía de continuidad cultural.30 Las pantallas y las redes sociales, sin embargo, se han demostrado un medio especialmente vulnerable a los fenómenos de desinformación. Es la rapidez de los mensajes, la des-contextualización, la ausencia de causalidad, la dilución de la autoría, la banalidad intencionada, el predominio de contenidos que apelan a los sentimientos, lo que hace posible erosionar las viejas autoridades. El ruido termina acabando con las voces, y, cuando no existe criterio de verdad, quien se termina imponiendo es el más fuerte o el bárbaro, que muchas veces es el mismo.»

«Es el momento de invocar a los zombis. A todos aquellos que no creen en la profecía del futuro digital y en la nube, sino que desean seguir disfrutando de los beneficios y de los placeres que encierra la cultura del libro»

Pedro Rújula «Manifiesto zombi: el poder de los libros»

La obra se presenta como un texto combativo, casi un panfleto o libelo, que surge de un compromiso ético para defender la cultura del libro frente a la hegemonía de las pantallas de los dispositivos móviles. El autor constata una mutación cultural silenciosa pero profunda: los espacios cotidianos (como el transporte público) están dominados por personas absortas en pantallas retroiluminadas y redes sociales, relegando por completo la lectura en papel. Citando la famosa máxima de McLuhan, «el medio es el mensaje», Rújula sostiene que la pantalla condiciona drásticamente lo que se lee, orientando al usuario hacia contenidos ligeros, fragmentarios, emocionales y altamente adictivos que alejan la posibilidad de leer un libro completo. El libro impreso, un artefacto que apenas ha evolucionado en cinco siglos y que exige una secuencia e interacción intelectual profunda, se encuentra en una batalla asimétrica frente a lo digital.

Para contextualizar este fenómeno, el autor recurre a un paralelismo histórico con la Ilustración del siglo XVIII. En aquel entonces, los filósofos (philosophes) desafiaron el orden establecido del Antiguo Régimen no mediante un ataque institucional directo, sino imponiendo una nueva estética, la sátira y el uso de un gran artefacto cultural: La Enciclopedia. La cultura ilustrada demostró que las grandes transformaciones no se ganan en el terreno de la discusión pura de ideas, sino en el de las intuiciones y sensibilidades. De manera similar hoy, las pantallas y los algoritmos digitales no critican de forma razonada la cultura tradicional, sino que la desplazan mediante la acción y la inmediatez. El flujo infinito de imágenes y la brevedad de los mensajes imposibilitan el desmentido, erosionando el criterio de verdad en lo que se denomina la «era de la posverdad».

El manifiesto analiza las consecuencias cognitivas y sociales de esta transición:

  • Pérdida de habilidades y atención: Incluso los lectores entrenados sufren la adicción de los teléfonos móviles, experimentando una pérdida de concentración y de la capacidad de prestar atención sostenida. La lectura fragmentaria debilita los vínculos lógicos y de causalidad de los textos.
  • Crisis de autoría y propiedad: El ecosistema digital diluye la noción de autoría y originalidad, fomentando una «cultura pirata» donde se asume que todo lo que circula por la red es de libre acceso e ignorando el trabajo ético y económico de autores y editores.
  • El auge del presentismo: Rújula vincula la lectura en soporte digital con la crisis de una visión histórica de la realidad, dando paso a un régimen de «presentismo» extremo, potenciado por las redes sociales.
  • Erosión de la verdad y la democracia: Al desaparecer el rigor del método científico y de la demostración escrita en papel, la verdad es sustituida por el ruido ambiental y la repetición de falsedades. Al quebrarse la autoridad de la razón, pierden la ciencia y la democracia, imponiéndose «el más fuerte o el bárbaro».
  • Aislamiento narcisista: El entorno guiado por algoritmos fomenta un individualismo donde el usuario consume contenidos aisladamente, atomizando la esfera pública física que tradicionalmente servía para coordinar decisiones colectivas y la convivencia democrática.

Ante este panorama, el autor invoca a los «zombis»: aquellos lectores resistentes que no creen en la profecía de un futuro exclusivamente digital, que defienden el espacio físico, las librerías, las bibliotecas y el valor insustituible de la cultura escrita como pilar de la autonomía intelectual y de una sociedad sana.

Libros que nos hieran

«Creo que solo deberíamos leer libros que nos hieran o nos apuñalen. Si un libro no nos despierta con un golpe en la cabeza, ¿para qué lo leemos? ¿Para que nos haga felices, como escribes? ¡Dios mío!, seríamos felices precisamente si no tuviéramos libros, y los libros que nos hacen felices son los que podríamos escribir nosotros mismos si fuera necesario. Pero necesitamos libros que nos afecten como una catástrofe, que nos duelan profundamente, como la muerte de alguien a quien amábamos más que a nosotros mismos, como ser desterrados a bosques remotos, como un suicidio. Un libro debe ser el hacha para el mar helado que llevamos dentro. Esa es mi convicción.»

Franz Kafka

Podemos imaginar los libros que nos gustaría leer

«Podemos imaginar los libros que nos gustaría leer, aunque no hayan sido escritos todavía, y podemos imaginar bibliotecas llenas de libros que desearíamos poseer, aunque estén fuera de nuestro alcance, porque nos gusta soñar con la existencia de una biblioteca que reflejara todos nuestros intereses y nuestras pequeñas excentricidades, una biblioteca que, en su variedad y complejidad, respondiera exactamente a los lectores que somos.»

«La biblioteca de noche» Alberto Manguel