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Nancy Pearl: la figura de bibliotecaria comercializada por la ALA

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Hace algunos años mi amigo y colega Jesús Alonso Regalado, bibliotecario de Albany en Estados Unidos, que siempre que viaja a España pasa a visitarme y a conversar conmigo, en una ocasión tuvo el detalle de traerme una figura de una bibliotecaria que comercializa la ALA (American Library Association) y que llama “Librarian action figure” que aún preside mi despacho de trabajo. (ver figura inferior) la bibliotecaria en cuestión responde la canón clásico de mujer de edad madura, con traje de chaqueta -a elegir entre azul y rojo -falda recta, gafas, con su carrito para portar libros, ordenador y libros, y curiosamente tiene un mecanismo que le permite doblar el brazo en el también clásico gesto de rogar silencio, de ahí lo de “action figure”.

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La real Nancy Pearl con su figura

Lo más curioso es que Jesús me contó que el modelo se tomó de una colega suya de trabajo llamada Nancy Pearl. Que además dispone de página en la Wikipedia [1]. Nancy Pearl, es una bibliotecaria estadounidense, nacida el 12 de enero de 1945, autora de best-seller, crítica literaria y fue, hasta agosto de 2004, Directora Ejecutiva del Centro de Washington para el Libro en la Biblioteca Pública de Seattle. Su conocimiento del mundo de los libros y literatura la hicieron famosa, ya que tenía un programa en la radio pública recomendando libros. En el año 2003 elaboró una guía de 2003 para la buena lectura, titulada Book Lust: Recommended Reading for Every Mood, Moment, and Reason. Pearl fue nombrada en 2011 Bibliotecaria del Año por Library Journal.

[1] https://en.wikipedia.org/wiki/Nancy_Pearl

Léeme el alma: la imagen profesional del bibliotecario entre el recato y la pasión

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“Léeme el alma” de Agatha Berner. Alvira, 2015

“Léeme el alma· de Agatha Berner, (cuyo nombre real es María José del Cacho, ya que utiliza el seudónimo Agatha Berner) relata la historia pasional de Rebeca, una bibliotecaria taciturna, triste y aburrida que descubre el amor, la pasión y la felicidad de la mano de una aventura clandestina con un hombre casado en una sociedad ultraconservadora. Erotismo literario cien por cien. Otra vez la imagen estereotipada del profesional de las bibliotecas con los parámetros más conservadores, balanceándose entre dos imágenes extermas que han caracterizado el imaginario más conservador de nuestra profesión: la pudorosa bibliotecaria y el morbo en torno a la seducción de la recatada bibliotecaria. Quien da más!!

“Nunca tuve novio, ni ilusión por la vida, yo nací para leer. Fui un ratoncillo de biblioteca desde la infancia; aprendí a leer antes que a hablar. Adoro el tacto de las hojas y ese característico olor de los libros nuevos, y también el de los libros viejos. Adoro el olor de las librerías y de las bibliotecas. Incluso adoro ese olor húmedo y mohoso de los sótanos, en los que, por supuesto, siempre se esconde algún libro abandonado, triste, gris y apergaminado, como yo. Creo que en otra vida, mucho más dichosa, debí ser libro, eso sí, un libro de teología, o algún tratado sobre patología anatómica. Me hubiera gustado ser un libro erótico y generar fantasías en las personas solitarias, excitar las mentes libres y escandalizar las mentes censuradas… Me hubiera gustado ser “Justine” del Marques de Sade o Emmanuelle para hacer el amor a todas horas, en cualquier circunstancia y con quien sea que me gustara. Dar placer a los demás es algo que sólo sé hacer con un libro en las manos. Soy única para saber lo que una persona necesita leer con sólo mirarle a los ojos, con sólo observar sus gestos, sus movimientos, con el simple sonido de su respiración… Es… una especie de don…

… No, no soy divertida, pero eso es algo que nunca me ha preocupado, lo he asumido desde siempre, desde pequeña, cuando mi madre me miraba a los ojos y me decía que tenía que cambiar de actitud, porque le recordaba todo lo deprimente de este mundo. Yo no quería entenderla, pero la entendía a la perfección con sólo intuir mi reflejo en cualquier cristal o mi sombra en las paredes. No era más que eso, una sombra, algo oscuro e inerte a lo que no merece la pena prestar atención y lo peor es que no quería remediarlo. En el fondo adoraba ese aspecto siniestro que provocaba el efecto deseado, que todos me dejaran en paz.

… Tampoco me ha importado la escasez de amistades. En el colegio, me cansaba verlas correr o entretenerse jubilosas en sus absurdos juegos. Yo prefería sentarme bajo un árbol a leer y a soñar… Fantaseaba con la idea de ser yo algún día quien escribiera esos maravillosos libros. Entonces, todas aquellas niñas que se burlaban de mí y aquellas otras que me miraban con una mezcla de recelo y curiosidad, disfrutarían con ellos, me envidiarían por ser capaz de hacer algo que ellas jamás conseguirían llevar a cabo y querrían ser mis amigas. Entonces, yo absorta en mis historias no me percataría de su insignificante existencia… No, nunca me ha importado no tener amigas ni perderme todas las fiestas de cumpleaños o de fin de curso… Esas son tonterías que todo el mundo hace y yo no soy como todo el mundo. Yo soy un ser especial o, mejor dicho, especialmente aburrido, y me encanta. Me gusta mi soledad y me gustan mis libros. Lo que no he tenido nunca muy claro es si realmente alguna vez me ha gustado Edgar.

… En pocos segundos sentí el significado de morir y nacer de nuevo, de sentirse uno con el universo. Mis neuronas dejaron de funcionar, quedando temporalmente adormecidas. Mis ojos dejaron de identificar imágenes y una fugaz apnea dio paso a un profundo alarido de puro placer que, nacido en lo más recóndito de mis entrañas, recorrió cada célula de mi cuerpo a la velocidad de la luz, como un torrente de energía que encontró salida a través de mi tráquea, desembocando en un voluptuoso clamor que fui incapaz de reprimir. Después… el vacío, la nada, el remordimiento … la triste bibliotecaria afligida por el recuerdo de la mujer formal, estrecha, conservadora y sensata, que fue antaño, y el torrente de agua caliente corriendo por un lascivo y exhausto cuerpo, aún preso del abandono que secunda al éxtasis…. No me reconocía. Había logrado descubrir a una Rebeca que yacía muerta en mi interior y que había despertado con una fogosidad inusitada, con una libertad, un entusiasmo y una explicita inmoralidad propia de las más impúdicas novelas de Pierre de Brantôme. Soñaba con que Mario me poseyera salvajemente sobre los libros, ante los numerosos lectores que acudían a mi biblioteca en busca del silencio que no lograban en sus hogares. Y esos lujuriosos pensamientos me hacían sentir avergonzada y sucia.”

“Léeme el alma” de Agatha Berner. Zaragoza: Alvira, 2015

Pretextos: Todo está iluminado

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“Este es Baruch frente a la biblioteca. Solía sentarse ahí todo el día. El sacaba más libros que ningún otro en el pueblo y ni siquiera sabía leer. El decía que le gustaba pensar en los libros, pensar en ellos sin leerlos”

Foer, Jonathan Safran. Todo está iluminado. Barcelona: Lumen, S.A. Debolsillo. 2ª Edición. 2007.  ISBN: 9788426413338

 

 

La sinopsis de la historia es la siguiente: El mismo autor es el personaje principal que  contrata una empresa familiar de  turismo en Ucrania para que lo lleve hasta Trachimbrod, un pueblito donde supuestamente vive una mujer que le salvó la vida a su abuelo, durante el régimen nazi. El asunto es que Trachimbrod parece ser un pueblo fantasma, y de la mujer que buscan, Augustine, solo hay una fotografía de ella. La empresa se vuelve una aventura teniendo en cuenta las personalidades estrámboticas de la familia que presta el servicio. Un abuelo que cree estar ciego, su nieto que es una suerte de playboy de los suburbios y la perra lazarilla que está obstinada en alterar los nervios de Jonhatan

Esta obra se llevó al cine bajo la dirección de  Liev Schreiber y está protagonizada por Elijah Wood y Eugene Hütz

 

Si por casualidad siento que me hundo entre la multitud… Sólo tengo que encontrar una biblioteca donde salir a flote

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“Si por casualidad siento que me decepciono, que me hundo entre la multitud. Sólo tengo que encontrar una biblioteca donde salir a flote…

Aquí suele ser sencillo. Todos los que quiera y más.

Bibliotecario: ¿Te llevas todos estos Alejandra?

Alejandra: Y porque no puedo cargar con más  Sr. Amelio

Bibliotecario: Chica, te vas a herniar!!

Me evado por completo en esas narraciones ajenas. Entre unas líneas que ofrecen un transporte muy distinto al que conozco en la vida real. Leo porque cuando lo hago me siento mucho mejor

‘Náufragos’ de Laura Pérez y Pablo Monforte

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Náufragos es una obra sobre la nostalgia por el tiempo pasado, sobre el efecto de la edad en la memoria y en nosotros mismos. A través de la relación que establecen Alejandra y Julio en dos épocas y lugares distintos, —Madrid en 1981, Barcelona en 1991— la historia dibuja un espacio urbano y poético en el que se entrelazan los sueños, el amor y los miedos a un futuro incierto.

Yo tuve en la casa la biblioteca del cura de mi pueblo

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“Yo tuve en la casa la biblioteca del cura de mi pueblo, porque estalló la cristiada, una rebelión cristera, y entonces el cura guardó su biblioteca en mi casa, y ahí leí desde Emilio Salgari a Alejandro Dumas, todo; era un cura muy raro, porque no tenía casi libros religiosos, ni novenas, ni cosas así, sino que tenía muchos libros de historia y de novela, tenía mucho de novela y tenía todas las obras de Víctor Hugo, de Alejandro Dumas. También tenía el Índice, el famoso Index Papal, las obras prohibidas….  porque él esa biblioteca la había hecho en un pueblo pequeño (bueno, no tan pequeño, 7.000 habitantes), pero recogía de las casas los libros con el pretexto de que era censor oficial, para decirles a las familias si podían leer los hijos esos libros, si estaban autorizados por la Iglesia para ser leídos. Entonces, con ese pretexto, se apoderaba de todos los libros que había en el pueblo y era el único que tenía biblioteca.”

Juan Rulfo: “No puedo escribir sobre lo que veo”.Entrevista al diario el País  por Juan Cruz 19 de agosto de 1979

 

La biblioteca es su verdadera autobiografía

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“No obstante, la biblioteca está allí, como un testigo. Desde su mecedora, no alcanza a leer las leyendas de cada lomo, pero a la mayoría de los libros los reconoce por el color o el formato o la encuadernación o el logotipo o también (y en eso es un experto) por sus signos de senectud. No se levanta a confirmar sus presunciones. Más bien le gusta adivinar, y si no acierta, bah, no pasa nada. Es la única gimnasia que le queda. Como un testigo. Aparte de los diccionarios, hay libros que nunca ha abierto (no son muchos), aunque en su momento los compró con la sana intención de leerlos, pero no les había llegado el turno, siguen haciendo cola. A veces pensaba que quizá en las vacaciones, pero en las vacaciones lo llamaban para cursos de verano, aquí o allá, y de nuevo a preparar textos, clases, seminarios, además de las valijas. Así y todo, siempre le había robado alguna horita al sueño para leer sin esquemas previos. Al fin de cuentas, la biblioteca es su verdadera autobiografía. Aquí y allá asoman libros que han estado ligados a algún hecho o a algún sentimiento, decisivos o triviales, de su vida. Nunca se decidió a colocar sus miles de volúmenes por orden alfabético de autores, de manera que si lo aluden es desde el caos.” “El invierno propio”

Mario Benedetti

El invierno propio

“Buzón de tiempo”