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¿Por qué no les prohibimos leer?

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“¿Por qué no les prohibimos leer? Tendríamos que prohibirles leer. Quitar la literatura como asignatura, hacer desaparecer los libros que no sean de texto de las aulas. Hoy, el bachillerato se está convirtiendo en una tortura para los adolescentes, la imaginación, la han encarcelado. Quizás podríamos salvar la literatura si la convertimos en un arte clandestino, perseguido. Entonces, los adolescentes, que viven con pasión la edad de la transgresión – por lo menos los más interesantes – buscarían con deleite los libros y leerían a escondidas. Y descubrirían que adentrarse en otros mundos, que están dentro de éste, es la más dulce de las venganzas.”

Montserrat Roig (1946-1991).

“Un pensamiento de sal, una pizca de pimienta”

(traducción del catalán Judith Navarro)

Hauríem de prohibir-los llegir. Treure la literatura com a assignatura, fer desaparèixer els llibres que no són de text de es aules. Avui, el batxillerat s’està convertint en una tortura per als adolescents. la imaginació, l’han empresonada. Potser podríem salvar la literatura si la convertim en un art clandestí, perseguit. Aleshores, els adolescents , que viuen amb passió l’edat de la transgressió- si més no els més interessants- buscarien amb delit els llibres i llegirien d’amagat. I descobririen que endinsar-se en altres mons, que són dins d’aquest, és la més dolça de les revenges.

Montserrat Roig
Un pensament de sal, un pessic de pebre.

Gabriela Mistral: El Libro y la Lectura

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Romero Buccicardi, C.  Gabriela Mistral: El Libro y la Lectura. Santiago de Chile, Universidad Tecnológica Metropolitana, 2011

Texto completo

Un texto exquisito sobre el valor del libro y de bibliotecario es el que aparece en el libro “Gabriela Mistral: El Libro y la Lectura” de Catalina Romero Buccicardi. Gabriela Mistral, fue el seudónimo de Lucila de María del Perpetuo Socorro Godoy Alcayaga, la poetisa, diplomática, feminista y pedagoga chilena que fue la primera mujer latinoamericana en ganar el premio Noble en 1957.

“El libro y la lectura adquieren un espacio central. Porque desde el gesto y la gesta de Gabriela Mistral, este texto nos lleva al espacio del libro: la biblioteca como sede y como soporte. Y desde la biblioteca como práctica y patrimonio surge una figura central y señera a la vez: el bibliotecario como una función que conduce a la lectura, que pluraliza el libro y lo dota de realidad y de espesor. Es el bibliotecario el que impide que la biblioteca se transforme en un simple depósito de libros, puesto que la destreza del profesional, moviliza y permite flujos de saber.”

Diamela Eltit. En: Catalina Romero Buccicardi “Gabriela Mistral: El Libro y la Lectura”. Santiago de Chile: universidad Tecnológica Metropolitana, 2011

 

El libro como objeto material y simbólico también es transmisor de prestigio. Cuando en televisión u otro medio se entrevista a una personalidad de la vida cultura o científica existe una tendencia a situarlo para la fotografía o para el vídeo con una biblioteca de fondo con la finalidad de otorgarle el prestigio que confiere tener una bien nutrida biblioteca. Pero no solo valor intelectual, para ilustrar esta afirmación aquí recogemos una cita del libro de Catalina Romero Buccicardi, en el que se habla de cómo en el Santiago de entre los años 20 y 50 tener una biblioteca bien visible proporcionaba un cierto caché económico, y como posteriormente el lugar que ocupaba el libro comienza a ser sustituido por el automóvil.

“El libro es considerado como un objeto puro que no debe rebajarse a la masificación en serie. De hecho, el libro es considerado un objeto de lujo y la clase media lo utiliza para ganar estatus: históricamente, entre 1920 y 1950, cuando estos sectores vivían todavía en las proximidades de la Alameda, en Recoleta, en Ñuñoa o en La Cisterna, predominaba el primero de estos ámbitos. Los libros estaban presentes en el estante de todo living-comedor que se preciara. Después de 1950, cuando comienzan a trasladarse a Las Condes, Vitacura y La Florida, el lugar del libro lo ocupará el auto. Los libros, al ser objeto de lujo, son caros. Lejos entonces de su alcance, la clase popular sólo tiene acceso a los textos escolares entregados por el gobierno desde fines del siglo XIX. El estado, así, es quien dictamina qué deben y qué no deben leer las personas sin recursos para comprar libros a su elección”. pag. 53

Catalina Romero Buccicardi “Gabriela Mistral: El Libro y la Lectura”. Santiago de Chile: universidad Tecnológica Metropolitana, 2011

Si nuestros niños dejan de leer, o nunca han tenido ese hábito…

 

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El escritor vallisoletano Gustavo Martín Garzo, siempre haciendo gala de una sensibilidad exquisita estima que si un niño deja de leer o nunca tuvo ese hábito no es sólo un fracaso paternal o personal, es un fracaso de todos, de la comunidad, y lo expresa con este lirismo.

“Si nuestros niños dejan de leer, o nunca han tenido ese hábito, si no llegan a interesarles los cuentos, será en definitiva porque nosotros, la comunidad en la que han nacido, ha dejado de ser visitada por los sueños, y hace tiempo que no tiene gran cosa que contar, ni de sí misma ni del mundo que la rodea. No les culpemos por ello, preguntémonos nosotros, como el gigante del cuento, dónde se oculta nuestro corazón y qué ha sido de los sueños y los anhelos que una vez lo poblaron”

Gustavo Martín Garzo: El hilo azul. Aguilar, 2001

La biblioteca de los libros rechazados

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David Foenkinos “La biblioteca de los libros rechazados”. Madrid: Alfaguara, 2017

Un bibliotecario  muy particular es el de la novela “La biblioteca de los libros rechazados” de David Foenkinos (2017). La historia de un bibliotecario que consigue reunir todos los manuscritos de escritores que no ha querido publicar el mundo editorial, así comienza la historia de esta biblioteca antiposterioridad, en al que cada autor tiene que ir a dejar su obra y coloca el libro en la estantería que el elige…

 

Extractos

En 1971, el escritor norteamericano Richard Brautigan publicó The Abortion. Se trata de una intriga amorosa bastante peculiar entre un bibliotecario y una joven de cuerpo espectacular. Un cuerpo del que esta es víctima, por decirlo de alguna manera, como si la belleza estuviera maldita. Vida, que así se llama la protagonista, cuenta que un hombre se mató al volante por culpa suya; subyugado por aquella transeúnte pasmosa, sencillamente se olvidó de que iba conduciendo. Tras el batacazo, la joven echó a correr hacia el coche. Al conductor, ensangrentado y agonizante, solo le dio tiempo a decir, antes de morir: «Qué guapa es usted, señorita».

A decir verdad, la historia de Vida nos interesa menos que la del bibliotecario. Pues en él reside la peculiaridad de esta novela. El protagonista trabaja en una biblioteca que acepta todos los libros que han rechazado las editoriales. Se puede uno encontrar allí, por ejemplo, con un hombre que ha acudido a dejar un manuscrito tras haber padecido cientos de rechazos. Y de esa forma se van juntando ante los ojos del narrador libros de todo tipo. Se puede dar allí tanto con un ensayo como El cultivo de las flores a la luz de las velas en una habitación de hotel cuanto con un libro de cocina que recoge todas las recetas de los platos que aparecen en la obra de Dostoievski. Una gran ventaja de esta organización: es el autor quien elige el lugar que quiere en los estantes. Puede deambular entre las páginas de sus colegas malditos antes de localizar el sitio que le corresponde en esa forma de antiposteridad. En cambio, no se acepta ningún manuscrito que llegue por correo. Hay que ir en persona a dejar la obra que no ha querido nadie, como si esa acción simbolizara la voluntad postrera de abandonarla definitivamente.

Algunos años después, en 1984, el autor de The Abortion puso fin a sus días en Bolinas (California). Volveremos a hablar de la vida de Brautigan y de las circunstancias que lo condujeron al suicidio, pero, por ahora, quedémonos con esta biblioteca fruto de su imaginería. Muy a principios de la década de 1990, aquella idea suya tomó cuerpo. Un apasionado lector creó, para rendirle homenaje, la «biblioteca de los libros rechazados». Así fue como nació la Brautigan Library, que da acogida a todos los libros huérfanos de editorial que vieron la luz en los Estados Unidos. En la actualidad se halla en Vancouver, en el estado de Washington. La iniciativa de este entusiasta partidario suyo seguramente habría emocionado a Brautigan, pero ¿conocemos alguna vez de verdad los sentimientos de un muerto? Cuando se creó la biblioteca, la información fue pasando por muchos periódicos, y también se la mencionó en Francia. El bibliotecario de Crozon, en Bretaña, sintió deseos de hacer otro tanto. En octubre de 1992, concibió de este modo la versión francesa de la biblioteca de los libros rechazados.

Jean-Pierre Gourvec estaba orgulloso del letrerito que podía leerse en la entrada de su biblioteca. Un aforismo de Cioran, irónico para un hombre que no había salido nunca, como quien dice, de su Bretaña natal:

«París es el lugar ideal para fracasar en la vida.»

Era de esos hombres que prefieren la patria chica a la Patria, sin convertirse por eso en nacionalistas histéricos. Su apariencia se prestaba a presagiar lo contrario: tan largo y flaco, con las venas del cuello hinchadas y una intensa pigmentación rojiza, podía suponerse en el acto que la suya era la geografía física de un temperamento irascible. Pero tal cosa no era ni mucho menos cierta. Gourvec era una persona reflexiva y sensata para quien las palabras tenían sentido y destino. Bastaba con pasar pocos minutos en su compañía para dejar atrás esa primera y errónea impresión; aquel hombre daba la sensación de ser capaz de contemporizar consigo mismo.

Fue, pues, él quien modificó la disposición de sus estantes para dejarles sitio, al fondo de la biblioteca municipal, a todos los manuscritos que soñaban con encontrar un refugio. Un revuelo que le trajo a la memoria a Jorge Luis Borges, que dice que coger y dejar un libro en una biblioteca es cansar a los estantes. Hoy se han debido de quedar agotados, pensó Gourvec, sonriendo. Tenía un sentido del humor de erudito y más aún: de erudito solitario. Así era como se veía él, y era algo que se acercaba mucho a la verdad. Gourvec contaba con una dosis mínima de sociabilidad; no solía reírse de lo mismo que se reían los lugareños, pero sabía imponerse la obligación de escuchar un chiste. Iba incluso de vez en cuando a tomarse una cerveza a la taberna que había al final de la calle y a charlar de todo un poco con otros hombres: tan poco que es como si no fuera nada, pensaba; y en esos trascendentales momentos de exaltación colectiva era capaz de avenirse a una partida de cartas. No lo molestaba que pudieran tomarlo por un hombre como los demás.

Se sabía bastante poco de su vida, salvo que vivía solo. Había estado casado en la década de 1950, pero nadie sabía por qué su mujer lo había dejado al cabo de pocas semanas. Decían que la había conocido a través de un anuncio por palabras: se habían estado escribiendo mucho tiempo antes de conocerse en persona. ¿Era esa la razón de que el matrimonio hubiera fracasado? Gourvec era posiblemente el tipo de hombre cuyas declaraciones ardientes agradaba leer, por quien una era capaz de dejarlo todo, pero la realidad que estaba detrás de la belleza de las palabras era muy decepcionante. Otras malas lenguas habían andado cuchicheando por entonces que si su mujer se marchó tan pronto, fue porque él era impotente. Teoría que probablemente no era muy atinada, pero cuando la gente se encuentra con una psicología compleja, le gusta afianzarse en las cosas básicas. Así que, en lo tocante a ese episodio sentimental, el misterio seguía sin dilucidar.

Después de que se marchara su mujer, nadie supo de ninguna relación duradera, y no tuvo hijos. Resultaba difícil saber cuál había sido su vida sexual. No era imposible imaginárselo como amante de mujeres mal atendidas, con las Emma Bovary de su época. Algunas debían de haber buscado por los estantes algo más que satisfacer una ensoñación novelesca. Junto a ese hombre, que sabía escuchar puesto que sabía leer, era posible evadirse de una vida de autómata. Pero no hay prueba alguna de todo eso. Algo sí que es cierto: el entusiasmo y la pasión de Gourvec por su biblioteca nunca fueron a menos. Recibía con una atención específica a todos los lectores, esforzándose por estar al tanto y crearles un itinerario personal entre los libros expuestos. Según él, de lo que se trataba no era de que nos guste leer o nos deje de gustar, sino más bien de saber cómo hallar el libro que nos corresponde. A todo el mundo le puede encantar leer si se cumple la condición de tener en las manos la novela adecuada, la que nos va a gustar, la que nos va a decir algo y que no podremos soltar. Para lograr ese objetivo había desarrollado, pues, un sistema que casi podía parecer paranormal: al mirar en detalle la apariencia física de un lector era capaz de deducir qué escritor necesitaba.

La incesante energía que empleaba para tener una biblioteca dinámica lo obligó a ampliarla. Fue, desde su punto de vista, un triunfo gigantesco, como si los libros formasen un ejército cada vez más encanijado en el que todos y cada uno de los puntos de resistencia contra una desaparición programada cobrasen el sabor de una revolución intensa. El ayuntamiento de Crozon llegó incluso a aceptar que contratase a una ayudante. Puso, pues, un anuncio para la selección. A Gourvec le gustaba elegir los libros de los pedidos que hacía, organizar los estantes y dedicarse a otras muchas actividades, pero pensar en tomar una decisión que afectara a un ser humano lo aterraba. Sin embargo, soñaba con encontrar a alguien que fuese como un cómplice literario: una persona con quien pudiera intercambiar opiniones durante horas acerca del uso de los puntos suspensivos en la obra de Céline o mirar con lupa los motivos por los que se suicidó Thomas Bernhard. Un único obstáculo se oponía a esa ambición: sabía perfectamente que sería incapaz de decirle que no a alguien. Así que el asunto iba a ser muy sencillo. Contrataría a la primera persona que llegase. Así fue como Magali Croze se incorporó a la biblioteca pertrechada con esa virtud indiscutible: la rapidez en responder a una oferta de trabajo.

3.

A Magali no es que le gustase especialmente leer[3]; pero, como era madre de dos niños de corta edad, necesitaba encontrar trabajo enseguida. Más que nada porque su marido solo tenía un empleo de media jornada en los talleres de la Renault. Cada vez se fabricaban menos coches en Francia, y en aquel inicio de la década de 1990 la crisis se estaba instalando para quedarse. En el momento de firmar el contrato, Magali se acordó de las manos de su marido, de esas manos siempre sucias de grasa. Mientras se pasase todo el día manejando libros, ese era un inconveniente al que ella no tendría que arriesgarse. Iba a resultar una diferencia fundamental: en lo que a las manos se refería, cada cónyuge estaba tomando una dirección diametralmente opuesta.

En definitiva, a Gourvec le pareció bien trabajar con alguien para quien los libros no eran algo sagrado. Es posible llevarse bien con un compañero de trabajo sin necesidad de hablar de literatura alemana una mañana tras otra, reconoció. Él se ocupaba de asesorar a los usuarios y ella se hacía cargo de la logística; el dúo resultó perfectamente equilibrado. Magali no era de las que cuestionan las iniciativas del jefe, pero no pudo, sin embargo, por menos de expresar sus dudas en lo referido al asunto aquel de los libros rechazados.

—Pero ¿qué interés tiene almacenar unos libros que no quiere nadie?

—Es una idea americana.

—¿Y qué?

—Es en homenaje a Brautigan.

—¿Quién?

—Brautigan. ¿No ha leído Un detective en Babilonia?

—No. Pero da igual, es una idea muy rara. Y además, ¿de verdad quiere que vengan a dejar los libros aquí? Vamos a cargar con todos los psicópatas de la zona. Los escritores están fatal de la cabeza, todo el mundo lo sabe. Y los que no publican deben de ser peores aún.

—Por fin encontrarán un lugar. Considérelo como una obra de caridad.

—Ya lo entiendo: quiere que sea la Madre Teresa de los fracasados.

—Justo. Eso es más o menos.

—…

Magali fue aceptando poco a poco que podía ser una idea bonita e intentó organizar la avent …

Magia para lectores de Kelly Link. Un loco retrato del mundo de las bibliotecas y los bibliotecarios

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Kelly Link “Magia para lectores”. Barcelona: Seis Barral, 2011

Si te gusto la película “Amanece que no es poco” de José Luis Cuerda, casi seguro que te gustará el libro “Magia para lectores” de Kelly Link es una de las novelas más imaginativas, gratificantes y locas que he leído en los últimos años, llena de lirismo y humor corrosivo, con el añadido de un componente profesional igualmente de irónico sobre el mundo de las bibliotecas y los bibliotecarios. Ha sido calificada como un lugar entre la fantasia de J.K. Rowling y la literatura de Alice Munro.

“En Magia para lectores encontrarás infinidad de cosas: un bolso con un pueblo dentro, bibliotecarios que se baten en duelo, sofás probablemente carnívoros, un chico llamado Cebolla… Y es que todos estos cuentos esconden un tesoro. Son los cuentos que siempre has querido leer.”

Jeremy, el protagonista de esta novela, es hijo de una bibliotecaria y aficionado a una serie de televisión pirata titulada “La biblioteca”, en esta serie ocurren hechos insólitos, o no tan insolitos.

ESTRACTOS

“En la televisión, los lobos vagan por la tundra del piso cuarenta de La biblioteca del Mundo Árbol Popular Libre. Cae una fuerte nevada y las bibliotecarias queman libros para entrar en calor, pero únicamente las obras literarias más aburridas y edificantes.”

Es muy gracioso este pasaje de la obra “Magia para lectores” de Kelly Link, una novela en la que todo lo real se desvirtualiza en fantástico e irreal. En este mundo particular se identifican a los profesionales de las bibliotecas recurriendo al tópico femenino, son mujeres que yacen en ataúdes, como si fueran vampiresas dentro de un mundo de realismo mágico que se percibe a través de la televisión.

 

“En la televisión, en La biblioteca del Mundo Árbol Popular Libre es de noche. Todas las bibliotecarias están dormidas y arrebujadas dentro de sus ataúdes, vainas de espada, cámaras secretas para curas, ojales, bolsillos, armarios escondidos o entre las páginas de novelas encantadas. La luz de la luna se derrama a través de las altas ventanas arcuadas y entre los pasillos de librerías, hacia el parque. Fox está de rodillas, arañando la tierra embarrada con las manos. La estatua de George Washington está de rodillas junto a ella, ayudando…

En otro episodio, Fox les roba a las Norn un fármaco mágico (son un grupo de chicas de pop profético que encabeza el espectáculo del cabaré del entresuelo de La biblioteca del Mundo Árbol Popular Libre). Se lo inyecta por accidente, se queda embarazada y da a luz a un puñado de serpientes que la conducen exactamente hasta la estantería en la que las bibliotecarias renegadas habían colocado por error un antiquísimo y terrible libro de magia que nunca se había traducido, hasta que Fox pidió ayuda a las serpientes. Las serpientes se retorcieron y se enroscaron en el suelo formando palabras con el cuerpo, letra tras letra. Mientras traducían el libro para Fox, siseaban y soltaban vapor, hasta que se convirtieron en líneas de fuego y se quemaron por completo”

 

Una cosa casi no me cabe ninguna duda. La mayoría de los bibliotecarios que conozco, y como bibliotecario de futuros bibliotecarios, conozco muchos, por lo general somos profesionales muy vocacionales. A las pruebas me remito. Es muy frecuente entre los bibliotecarios que cuando visitamos una ciudad o un país nos acercamos a conocer sus bibliotecas y hacemos fotografías. Tal como aparece en la divertida compilación de cuentos de Kelly Link, en la que la madre del protagonista es bibliotecaria y cuando organiza un viajes hace un recorrido por las bibliotecas de los lugares que visita

 

“La madre de Jeremy organiza el itinerario para su viaje. Van a parar en bibliotecas de todo el país porque a su madre le encantan las bibliotecas, y también ha comprado una tienda de campaña nueva para dos personas, dos sacos de dormir y un hornillo portátil para poder acampar en caso de que Jeremy quiera acampar, incluso a pesar de que ella odia el campo…   He encontrado una biblioteca en Internet que quiero visitar. Está en Iowa. En la fachada hay un mosaico hecho con maíz en el que salen un montón de dioses y diosas desnudos bailando en un campo de mazorcas, y alguien quiere retirarlo. ¿Podemos ir a verlo antes de que lo quiten?”

La biblioteca infierno y el demonio bibliotecario

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Carlo Frabetti El libro Infierno Madrid: Lengua de Trapo, 2008

Como Dante, el protagonista de este libro tiene que recorrer nueve círculos infernales correspondientes a otros tantos pecados y penas. Pero en esta biblioteca infierno solo hay un demonio, el bibliotecario, y los condenados son los propios libros. Tan cerca del diálogo renacentista como de la narrativa más contemporánea, Carlo Frabetti nos introduce en su particular infierno, que es el de todo lector, en el que el plagio, la violencia, los pródigos en palabras y avaros en ideas son los pecados y pecadores que conforman esta biblioteca. El libro infierno es la primera parte de una trilogía que se completa con El cuarto purgatorio y El árbol paraíso.

En la divertida obra de Carlo Frabetti hay un capítulo llamado “El fichero perfecto. El libro toma como referente la bajada a los infiernos de Dante, en este caso la  condición que encomienda el el demonio-bibliotecario a su prisionero es catalogar la biblioteca infernal. La inmensa biblioteca carece de catálogo, y además debe de hacerlo lo más detallado y completamente posible.

EXTRACTOS

El infierno era un laberinto de libros. – De los muchos caminos por los que se puede ir de un libro a otro -me advirtió el bibliotecario- sólo podrás seguir el más obvio y directo: el de la mención explícita. Es decir, para salir del libro que estés leyendo (lo hayas terminado o no, eso es asunto tuyo: obligarte a leer en contra de tu voluntad sería un tormento excesivo incluso para el infierno) y pasar a otro, en el primero tiene que nombrarse el segundo. No basta una mera cita o una referencia a los personajes o al autor: se ha de mencionar el libro mismo para que sea posible acceder a él.

No me sorprendió que el infierno fuera una biblioteca. Subir la piedra de la ignorancia por una montaña de libros, sin alcanzar nunca la cima del conocimiento, es la más refinada versión del suplicio de Sísifo.

– La biblioteca es inmensa, como puedes ver -dijo el demonio-, y crece sin cesar; pero tiene un pequeño defecto: carece de fichero. Hacerlo será tu cometido.

– Eso es tarea del bibliotecario -objeté.

– Cierto. Y sólo el bibliotecario puede salir de aquí; por lo tanto, si quieres recobrar la libertad, tienes que asumir su función. Mejor dicho, tienes que consumarla. Deberás hacer fichas precisas y detalladas de todos los libros, lo más completas posible….

Empecé haciendo fichas convencionales: autor, título, editorial, año de edición, número de páginas… Pero estas fichas de bibliotecario resultaban demasiado áridas, y como la mera consignación de datos técnicos dejaba bastante espacio en blanco, empecé a añadir breves resúmenes del contenido de cada obra. Luego incluí también el índice y una selección de las frases más notables, lo que me obligó a utilizar varias fichas por libro.

– ¿Tantos plagios hay que tienes que ponerlos en doble fila? -le pregunté al bibliotecario.
– Hay muchos, desde luego, pero aquí abajo no tenemos problemas de espacio. Los libros que hay detrás son los que han sido saqueados por el plagiario -me explicó mientras introducía la nariz (alargada hasta convertirse en una flexible probóscide) en el hueco y extraía el libro en cuestión: Penrod and Sam, del injustamente olvidado (también por mí, debo admitirlo) Booth Tarkington

El siguiente pozo tenía unos cincuenta metros de diámetro, y no reinaba en él el silencio propio de las bibliotecas, pues muchos de los libros se revolvían en sus anaqueles con el sordo rumor del papel inquieto. Otros, por el contrario, permanecían lánguidamente inclinados o tumbados, como si les resultara fatigosa la posición vertical.

Todo ser humano es, cuando menos, un libro electrónico, un e-book grabado en el disco blando (ma non troppo) de sus propios circuitos neuronales. Y en el caso del homo legens, ese biolibro crece al amor (o al odio) de otros libros, lucha y se funde con ellos, y a veces esta (con)fusión resulta fecunda… Esse est legere –concluyó el demonio indicándome con un gesto El Libro Infierno.

Galería de bibliotecarios famosos

 

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Buscando información acerca de los famosos que ejercieron como bibliotecarios en algún momento de su vida, encontré este interesante artículo de Francisco Gómez, bibliotecario mexicano, en http://solobibliotecarios.blogspot.com/2007/07/bibliotecarios-famosos.htm y que a continuación reproduzco, junto con otras aportaciones propias

 

Bibliotecarios famosos

A continuación comparto con ustedes los nombres de algunos personajes famosos de la historia que, además de la faceta (escritores, inventores, papas, políticos, etc.) por la que son mundialmente conocidos, fueron bibliotecarios.

En algunos casos sorprende conocer este hecho, en otros, se confirma lo que ya se sabía de ellos:

Mao Tse-tung (1893-1976).

Trabajó en la Universidad de Pekín como bibliotecario ayudante y leyó, entre otros, a Bakunin y Kropotkin, además de tomar contacto con dos hombres clave de la que habría de ser la revolución socialista china : Li Dazhao y Chen Duxiu.

Charles Nodier (1780-1844), inventor de lo que se ha dado en llamar «literatura frenética», fue autoridad suprema y oracular en la bibliofilia y en encuadernaciones de lujo, bibliotecario de prestigio universal, entomólogo, herborista, filósofo, conversador infatigable, opiómano y uno de los responsables de introducir el romanticismo y la literatura fantástica en Francia a través de su célebre tertulia de la biblioteca de El Arsenal, por donde desfiló la flor y nata de las letras de la época.

Hilda Guevara (1956-1995).

La hija mayor del “Ché” Guevara. Fue bibliotecaria de la Casa de las Américas en La Habana (Cuba).

Stephen King (1947- ).

Escritor estadounidense de gran éxito, autor de muchas novelas de género fantástico, sobre todo historias de terror, que cuenta en su haber con más de 100 millones de libros vendidos. Es inmensamente millonario. Tiene al menos un relato de terror bibliotecario. ‘Mis libros son el equivalente literario a un Big Mac con una gran ración de patatas’ dijo en una ocasión Stephen King. En 1969 trabajó en la Biblioteca de la Universidad de Maine.

Benjamin Franklin (1706-1790).

Estadista norteamericano, padre de la patria, científico, inventor, filósofo, músico, periodista, impresor y bibliotecario.

Nadezhda Krupskaya (1869-1939).

Fue la esposa del revolucionario bolchevique Vladimir Ilich Ulianov Lenin, además de una reconocida figura del Partido Comunista Ruso. Nacida en el 26 de febrero de 1869 en San Petersburgo, contrajo matrimonio con el líder del Partido Bolchevique en 1894 y murió en Moscú en 1939, creó el sistema educativo soviético y fue pionera del desarrollo de las bibliotecas rusas.

Charles Nodier (1780-1844)

Inventor de lo que se ha dado en llamar «literatura frenética», fue autoridad suprema y oracular en la bibliofilia y en encuadernaciones de lujo, bibliotecario de prestigio universal, entomólogo, herborista, filósofo, conversador infatigable, opiómano y uno de los responsables de introducir el romanticismo y la literatura fantástica en Francia a través de su célebre tertulia de la biblioteca de El Arsenal, por donde desfiló la flor y nata de las letras de la época.

Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832).

Novelista, dramaturgo, poeta, humanista, científico, filósofo, bibliotecario y ministro de la Corte de Weimar, Gloria Nacional de las Letras Germanas. Princesa Anna Amalia de Weimar, a la que dotó (a la biblioteca, no a la princesa) con la mejor colección mundial de obras de Goethe. Esta biblioteca ardió la noche del 2 de septiembre de 2004.

Jorge Luis Borges  (1899-1986).

Mención aparte merece este escritor argentino y hombre universal, que con sus obras (cuentos, poesía y ensayo) contribuyó a la expansión de la lengua española y de la literatura latinoamericana. Mucho se ha escrito sobre él y sus obras, basta con revisar los libros y revistas especializadas en literatura para encontrar páginas y páginas sobre su trabajo y las distintas interpretaciones que se han hecho de su pensamiento. Es ampliamente conocida y referida su trayectoria como bibliotecario, no agregaré nada al respecto, sólo este pequeño estracto obtenido de Winkipedia: En 1946 Juan Domingo Perón es elegido presidente, venciendo así a la Unión Democrática. Borges, que había apoyado a ésta última, se manifestaba abiertamente en contra del nuevo gobierno, lo que provocó que debiera abandonar su función de bibliotecario, y se negase a aceptar el cargo de “inspector de aves y conejos”.

Maria Moliner  (1900 –1981) 

Maria Moliner, fue bibliotecaria, filologa y lexicóloga, autora del “Diccionario de uso del español” más conocido por el nombre de la autora, después de formarse en la Institución Libre de enseñanza, donde tiene a profesores del renombre de Américo Castro, aprueba las oposiciones al Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos, ejerciendo como bibliotecaria y conservadora  en en Simancas (Valladolid), Murcia y Valencia. Con la llegada de la II República Maria Moliner se implica en la política bibliotecaria nacional escribiendo varios artículos sobre la importancia de las bibliotecas rurales y escolares. (Ver más)

Fernando Pessoa

Fernando Pessoa intenta acceder a la plaza de conservador-bibliotecario en el Museo Condes de Castro Guimarães en Cascais, para ello envía un escrito al Ayuntamiento de la localidad justificando su idoneidad para el puesto, en el que también añade que la competencia y la idoneidad no son susceptibles de ser justificadas mediante documentos….. (Ver más)

Laura Bush. Primera Dama de Estados Unidos

Laura Bush -mujer del expresidente de EEUU Georges W.Bush. Antes de que su marido accediera a la Casa Blanca era bibliotecaria escolar.

Bud Spencer -el actor de las películos de humor en pareja con Tercence Hill-

En Buenos Aires (Argentina) fue bibliotecario; en Montevideo (Uruguay) ejerció como bibliotecario durante años, y trabajó en el consulado italiano local.

María José Serrano “Jose”, cantante de las Chinas y Kiki de Aki

María José Serrano, una leonesa que compaginaba su profesión como bibliotecaria con su afición por la música, siendo componente de grupos y proyectos artísticos que fueron lo mejor del pop de los ochenta. María Jose fue retratada por Juan Carlos de Laiglesia en su libro “Ángeles de Neón” (Espasa, 2003) como “la dulce bibliotecaria que, se peinaba como Amélie y vestía colores pop cuando cantaba con Las Chinas” o “ligera y tierna, Kikí atesoraba celosamente las impresiones de su adolescencia hasta convertirlas en lema resistente de irreductible perdedora”. Ver más

Felipe Zapico, poeta y cantante de Los Deicidas de León

Un personaje sin igual, de la movida, en este caso leonesa, – hubo una móvida periférica, aunque siempre se hable de la movida madrileña – es el gran Felipe Zapico, que junto a Antonio Pajares “Pajaro” formaron el grupo Deicidadas [1]. El grupo se formó en León en 1983. Los Deicidas grabaron varios discos y singles, que hoy día son objeto de coleccionistas. Felipe Zapico es profesor de Documentación de la Universidad de Extremadura, y también se dedica con cuerpo y alma a la poesía y a la fotografía.

[1] Deicidas – Landrú Se Divierte https://www.youtube.com/watch?v=h3d1_MTj_Xw

 

 Ana Iturgaiz (1965- ) Escritora

Trabaja de escritora y reside en Madrid desde los años 90. Es licenciada en Historia, pero su ámbito laboral ha estado vinculado a las bibliotecas y los archivos. Ha editado varios cuentos, todos ellos en varias antologías que pueden verse en su blog. Bajo las estrellas (2012). Es por ti (2012). Acordes de seda (2013).Tu nombre al trasluz (2014). Arriésgate por mí (2014).

Núria Amat (Barcelona, 1950) es una escritora española en lengua castellana y catalana

Es licenciada en Filosofía y Letras, y doctora en Ciencias de la Información. Ha sido introductora de los estudios en Ciencias y Tecnologías de la Documentación y profesora en la Escuela de Biblioteconomía de la Universidad de Barcelona. Ha colaborado en prensa nacional y extranjera. Obra: Narciso y Armonía, 1982. El ladrón de libros, 1988 Amor Breve, 1990. Monstruos, 1991. Todos somos Kafka, 1993. Viajar es muy difícil, 1995. La intimidad, 1997. El país del alma, 1999. El siglo de las mujeres, 2000. Reina de América, 2001. Deja que la vida llueva sobre mí, 2007. Amor i guerra, 2011. “Amor y Guerra”. 2012

Pilar Sánchez Vicente. Escritora

Desde 1987 trabaja en el Principado de Asturias, donde obtuvo plaza de documentalista. Hasta 2004 desempeñó sus funciones en el Centro Regional de Información y Documentación Juvenil, para posteriormente ser nombrada Jefa del Servicio de Publicaciones, Archivos Administrativos y Documentación, donde abordó proyectos punteros como el Sistema de Información Documental en Red de Asturias (SIDRA), la Memoria Digital de Asturias, o la conversión del Boletín Oficial del Principado de Asturias en boletín electrónico, eBOPA (suprimiendo su formato en papel tras 175 años). Hasta la fecha es archivera del Tribunal Superior de Justicia del Principado de Asturias. La Diosa contra Roma. Barcelona, Roca Editorial, 2008. Operación Drácula. Oviedo, KRK, 2010. Y bailaré sobre su tumba, en Una noche de verano, Luciérnagas en la Memoria, l fantásticu viaxe de Selene