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La Biblioteca de Libros no Prestados

 

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The Persistence of the Real Is it a library or is it art?
Catherine E Kerrigan
Librarian, Adelaide Central School of Art
PhD candidate, University of South Australia.ARLIS/ANZ 2016

Texto completo

 

“La Biblioteca de Libros no Prestados”. “La biblioteca de reanimación”. “La Biblioteca de Ubicación Aproximada”. Estos no son nombres comunes que se den a las bibliotecas, pero lo cierto es que son tentadores y reales. Cada una de estas bibliotecas ha sido creada por un artista y no son las únicas. Estas bibliotecas funcionan como bibliotecas y como arte, algunas son exposiciones temporales y otras instalaciones permanentes.

 

Están dispersas por todo el mundo y, además de investigar temas artísticos como la pérdida, el tiempo, el lugar y la memoria, consideran la biblioteca como tema y como objeto. Como tales, plantean preguntas interesantes para los bibliotecarios. ¿Qué simbolizan las bibliotecas para el artista y el público? ¿Cuáles son las motivaciones de los artistas involucrados? ¿Qué objetivos persiguen estas bibliotecas? ¿Qué es lo que hace que el artista se convierta en bibliotecario? ¿Cuáles son las implicaciones para nosotros como profesionales?, ¿Qué podemos aprender de estas bibliotecas de artistas? Este documento explorará estas preguntas e intentar ofrecer algunas respuestas.

 

The Library of Unborrowed Books de Meriç Algün Ringborg

 

 

El proyecto, presenta cientos de libros que nunca han sido prestados de la biblioteca The Center for Fiction, New York, y cuestiona qué temas en cualquier momento contemporáneo tienen “actualidad”, y llama la atención sobre otros temas e historias que han sido temporalmente pasados por alto pero que podrían recuperar su relevancia en el futuro.

Pero ¿Cuál es el destino de un libro de la biblioteca que nunca se saca? ¿Se queda en la biblioteca de todos modos, se mantiene firme en su lugar, esperando que alguien la tome prestada? ¿O se desecha, se dona a una librería de segunda mano o se incorpora a la colección de un lugar como la Reanimation Library (Biblioteca de Reanimación de Brooklyn)? ¿Y qué dice sobre el libro en sí, que nadie ha querido leerlo? ¿Es una falla de su forma?

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Meriç Algün Ringborg, “The Library of Unborrowed Books” (2013), Todos los libros con la tarjeta de préstamo en blanco.

Tras su primera iteración en 2012 con la Biblioteca Pública de Estocolmo en Suecia, donde el proyecto despertó un gran interés público y crítico, Meriç Algün Ringborg hizo una selección de libros de The Center for Fiction, la única organización sin ánimo de lucro en Estados Unidos dedicada exclusivamente al tema de la ficción. Estos libros fueron cedidos en préstamo institucional a Art in General para que el público pudiera acceder por primera vez a ellos en un entorno que emulaba la atmósfera del centro, pero que estaba ubicado en el contexto de un espacio de arte contemporáneo.

Los libros están dispuestos en cinco filas de estanterías metálicas azules, como las que habitualmente encontramos en cualquier biblioteca, o con su cubierta encarada como en una librería. Es tentador saber cuales han sido los libros descartados por los lectores, y burlarse de algunos de sus horribles títulos, tales como: “Una bruja puritana”, “El libro de los muertos del sur de la Florida”, “Fuera de la sartén”, “Cucaracha”, “Cuidado con la hidrofobia”, “El asesinato de la camioneta”, “Ramblas ficticias”, “Cómo deshacerse de una mujer”, “Bebés paganos”. Pero también conlleva una reflexión profunda pensar en porque nadie se interesó en su lectura.

 

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Meriç Algün Ringborg, “The Library of Unborrowed Books” (2013), vista de la instalación en Art in General.

 

En palabras de la artista

“La Biblioteca de Libros no Prestados se basa en el concepto de la biblioteca como institución que manifiesta el lenguaje y el conocimiento, de la transmisión de la conciencia y la apertura a todo tipo de personas y literatura. Esta obra, sin embargo, comprende libros de una biblioteca seleccionada que nunca han sido prestados. El marco en este caso insinúa lo que ha sido ignorado, el conocimiento esencialmente no consumido, y pone en exhibición lo que se ha eludido. En esta biblioteca se valida su existencia, su contenido y forma por el simple hecho de poder ser prestados, poniéndolos a la vista del público en una biblioteca autónoma dedicada a los libros que aún no han sido revelados”

Meriç Algün Ringborg nació en 1983 en Estambul y actualmente vive y trabaja en Estocolmo. Estudió en la Universidad Sabancı, Estambul, de 2002 a 2007 y obtuvo una licenciatura en Artes Visuales y Diseño de Comunicación, seguida de una maestría en Bellas Artes en el Instituto Real de Arte de Estocolmo (2010-2012).

 

La Biblioteca de Reanimación

The Reanimation Library contiene una colección de libros prosaicos y peculiares, son reliquias del siglo XX, escogidos principalmente por las imágenes que contienen, han sido seleccionados de tiendas de segunda mano, mercadillos, basureros municipales, reventas llevadas a cabo por bibliotecas en todo el país.

 

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The Reanimation Library de Andrew Beccone

Con el tiempo, las bibliotecas han disfrutado de un privilegio especial para determinar qué materiales publicados se consideran culturalmente valiosos y merecen ser preservados. Los materiales que se mantienen dentro de una colección se consideran en gran medida más útiles que los que se retiran. Los libros y otros materiales que se retiran de las colecciones por diversas razones por falta espacio, materiales se desgastan físicamente, información obsoleta y producción de nuevas ediciones. Cualquiera que sea la motivación última (y presumiblemente sólida) para desechar un libro de una colección, hace que una tremenda cantidad de material impreso desaparece del dominio público una vez que sale de la biblioteca pública.

La Biblioteca de Reanimación está particularmente interesada en la pérdida de información visual que acompaña el proceso de expurgo. Las políticas de desarrollo de colecciones generalmente asignan poco peso a la dimensión visual de una obra, a menos que la obra tenga una orientación gráfica (por ejemplo, un libro que describa a un artista visual, un diseño gráfico o materiales similares de naturaleza explícitamente visual). La mayoría de las políticas de desarrollo de colecciones de bibliotecas dan prioridad a la adquisición de elementos que contienen información textual actualmente relevante, y reemplazan a los elementos que carecen de esa información o que están desactualizados. Este protocolo, junto con la producción continua de nuevas ediciones, crea un creciente registro fósil de libros obsoletos, una verdadera fiesta para los arqueólogos de imágenes. La Biblioteca de reanimación se dedica activamente a la creación de una colección de materiales ricos en información visual, independientemente de la actualidad de su contenido textual. La biblioteca sirve como depósito y, de manera más pertinente, como punto de acceso para dichos materiales.

La colección se inicia cuando en el año 2001 Andrew Beccone comenzó a coleccionar libros que eventualmente formarían el núcleo de la Biblioteca de Reanimación. En ese momento, utilizó las imágenes de los libros para crear obras de arte bidimensionales. Después de un año completo de estar adquiriendo libros, tuvo la idea de convertir lo que había sido hasta ese momento una colección privada de material original en una colección de acceso público.

La Biblioteca de reanimación se creó con el fin de:

  • construir una colección de recursos que inspiren la producción de nuevos trabajos creativos
  • Llamar la atención sobre las maravillas visuales y textuales de libros aparentemente normales
  • Fomentar la colaboración entre los seres humanos
  • Llamar la atención sobre el potencial generativo de las bibliotecas
  • Contribuir al enriquecimiento del patrimonio cultural común
  • Explorar los caminos entre el mundo digital y el analógico

 

La Biblioteca de Ubicación Aproximada

The Library of Approximate Location es un proyecto en curso de Charlie Macquarie que explora el paisaje, el lugar y la forma en que utilizamos la información para definir nuestras relaciones con los recursos que permiten la vida moderna. La Biblioteca pretende utilizar estos temas para triangular un espacio común de aprendizaje entre ellos y proporcionar un espacio para la conversación y la investigación. El objetivo de este proyecto espera apuntalar nuestras propias conexiones culturales con los complejos sistemas naturales, industriales e híbridos de los que dependemos completamente.

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La función de una biblioteca en este caso es importante. Una biblioteca provee materiales para aprender, interpretar y crear narrativas de una manera abierta, y para construir o deconstruir nuestra relación con los paisajes que proveen las materias primas de la vida. Este método de biblioteca como instalación reclama un espacio físico -basado no en el comercio sino en el compartir y en el intercambio no monetario- en el que practicar lo común mientras exploramos esta relación con la tierra y los recursos, y  con nuestras percepciones.

Las instalaciones de la Biblioteca están presentes en cada lugar seleccionado durante un día desde el amanecer hasta el atardecer. El bibliotecario está presente en las cercanías del sitio de instalación durante el período de cada instalación, y proporciona orientación y consulta de investigación al mismo tiempo que involucra a los usuarios en discusiones e imaginaciones sobre el futuro de la biblioteca y el paisaje. Mientras la biblioteca está instalada, el bibliotecario también documenta sistemáticamente los elementos, momentos, piezas del paisaje y otras instancias que se añaden a la colección más grande (toda la documentación actual es fotográfica y descriptiva, y no se mueven los objetos físicos de donde se encuentran).

Charlie Macquarie es un archivista, bibliotecario, artista, escritor y, en general, una persona aventurera que está interesada en recopilar y proporcionar acceso a la información como una práctica creativa y política llevada a cabo en colaboración con el paisaje del oeste americano.

 

 

 

 

 

El Bibliotecario de María Adelaide Castelli

 

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Ya sé que me miran con pena creyéndome nacido, vivido y ya muerto aquí igual que una seta hundida detrás de unas gafas empañadas que nunca ha tocado otra cosa que no sean portadas, archivos o bolígrafos. Mentira, yo tuve mujer y de las más hermosas. Vive en un psiquiátrico. Es culpa de los libros. La tinta no es inocente ni el papel inofensivo.

Fue cuando empecé a leer, así, por aburrido, por tentación natural de mi pacífico oficio: los libros, aprovechando el silencio, entraron muy adentro de mí y me alteraron a su antojo el patrimonio genético. Literatura fantástica, enciclopedias, London, Kafka, entre otros, fueron nuestra ruina: volvía a casa de noche, en plena fase mutante, cuerpo y alma virando hacia el reino animal.

La estreché con tentáculos y la rocé con escamas, le clavé ojos de lobo y garras de rapiña; la enloquecí con sexos equinos y alientos de fiera carnívora; la piqué, la mordí, la acaricié con pelo de chinchilla y alas de mariposa. La levanté en el aire igual que un halcón a su presa, entré en su carne comiéndomela como los gusanos
a un muerto; la desperté con el grito del mono aullador, me escurrí entre todos sus pliegues con curva de serpiente. Según mi lectura del día, sin guión ni aviso, le hice compartir mi extensa bestialidad.

Y cuando llegaron los médicos diagnosticándole atónitos un síndrome alucinatorio con patología obsesiva, yo me callé, por supuesto: nadie me creería, de todas formas.

Es más, la miré ingresar con frío interés animal hacia los movimientos del peculiar ser humano: dos enfermeros implacables con caras apenadas y aburridas la arrastraban cogida de sus menudas muñecas. No importa. La muy zorra me había engañado con uno de ustedes, que miran con tan despectiva piedad. Cuidado, que hoy estoy hojeando la más famosa de Kipling.

El Bibliotecario de María Adelaide Castelli

 

 

De una biblioteca a otra

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De una biblioteca a otra

Antonio Muñoz Molina

 

Una biblioteca pública no es sólo un lugar para el conocimiento y el disfrute de los libros: también es uno de los espacios cardinales de la ciudadanía. Es en la biblioteca pública donde el libro manifiesta con plenitud su capacidad de multiplicarse en tantas voces como lectores tengan sus páginas; donde se ve más claro que escribir y leer, dos actos solitarios, lo incluyen a uno sin embargo en una fraternidad que se basa en lo más verdadero y lo más íntimo que hay en cada uno de nosotros y que no tiene límites en el espacio ni en el tiempo. La lectura, los libros, empezaron siendo privilegio de unos pocos, herramientas de poder y de control de las conciencias. La imprenta, al permitir de pronto la multiplicación casi ilimitada de lo que antes era único y difícil de copiar, hizo estallar desde dentro la ciudadela hermética de las palabras escritas, alentando una revolución que empezó por reconocer en cada uno el derecho soberano a leer la Biblia en su propia lengua y en la intimidad de su casa, sin la mediación autoritaria de una jerarquía. Gentes que leían libros albergaron ideas inusitadas: que el mérito y el talento personal y no el origen distinguían a los seres humanos; que todos por igual tenían derecho a la instrucción, a la libertad y a la justicia.

La escuela pública, la biblioteca pública, son el resultado de esas ideas emancipadoras: también son su fundamento. Con egoísmo legítimo uno compra un libro, lo lee, lo lleva consigo, lo guarda en su casa, vuelve a leerlo al cabo de un tiempo o ya no lo abre nunca. En la biblioteca pública el mismo libro revive una y otra vez con cada uno de los lectores que lo han elegido, multiplicado tan milagrosamente como los panes y los peces del evangelio: un alimento que nutre y sin embargo no se consume; que forma parte de una vida y luego de otra y siendo el mismo palabra por palabra cambia en la imaginación de cada lector. En la librería no todos somos iguales; en la biblioteca universitaria el grado de educación y la tarjeta de identidad académica establecen graves limitaciones de acceso; sólo en la biblioteca pública la igualdad en el derecho a los libros se corresponde con la profunda democracia de la literatura, que sólo exige a quien se acerca a ella que sepa leer y sea capaz de prestar una atención intensa a las palabras escritas. En el reino de la literatura no hay privilegios de nacimiento ni acreditaciones oficiales, ni jerarquías de ninguna clase ante las que haya que bajar la cabeza: nadie tiene la obligación de leer una determinada obra maestra; y no hay libro tan difícil que pueda ser inaccesible para un lector con vocación y constancia. Pomposos catedráticos resultan ser lectores ineptos: cualquier persona con sentido común es capaz de degustar las más delgadas sutilezas de un libro. En el cuarto de trabajo o de estudio con frecuencia uno está demasiado solo: en la biblioteca pública se disfruta un equilibrio perfecto entre el ensimismamiento y la compañía, entre la quietud necesaria para la lectura y la grata conciencia de la vida real que sigue sucediendo a nuestro alrededor.

Los barrios de Nueva York están punteados de sucursales de la gran Biblioteca Pública de la Quinta Avenida. El edificio central tiene una escala imponente: los mármoles, la escalinata, las columnas, los dos grandes leones benévolos. Las bibliotecas de barrio son mucho más modestas en apariencia, pero no esconden menos tesoros, y son igual de acogedoras. La que yo visito casi cada mañana está en una zona de pequeños negocios puertorriqueños, de peluquerías rancias de caballeros, de puestos de frutas del Caribe, de casas de comidas baratas que tienen nombres como La Caridad o La Flor de Mayo. El trámite para hacerse socio dura unos cinco minutos y es gratis. Con su tarjeta uno puede solicitar cualquier libro, disco o película y en unos pocos días le avisarán de que puede ir a recogerlo. Pero para entrar en la biblioteca y pasarse en ella las horas no hace falta ni siquiera una acreditación, en una ciudad donde hay tantas barreras de seguridad que puede ser tan inhóspita para el que no tiene dinero. A mi alrededor, en las otras mesas de la biblioteca, hay universitarios obsesivos que han venido a estudiar y jubilados que leen tranquilamente el periódico, un chico que mueve la cabeza y los hombros al ritmo de la música que escucha en el iPod mientras sonríe para sí leyendo una novela gráfica, una muchacha asiática sumergida en una biografía de Virginia Woolf, una abuela a la que una empleada le enseña con ilimitada paciencia cómo acceder a su cuenta de correo electrónico en la fila de ordenadores de la sala, una mujer demente que se ha sentado cerca de mí dejando caer sobre la mesa, como si fuera una lápida, un diccionario enorme de psiquiatría.

Yo leo, trabajo, miro el correo, escribo alguna postal, gustosamente solo y a la vez acompañado, mecido por el rumor cauteloso de la gente. Vengo a trabajar en una biblioteca pública y me acuerdo siempre de la primera que conocí, en la que empecé a educarme, tan lejos ahora y tan presente en la memoria, la biblioteca municipal de Úbeda, que descubrí cuando tenía unos doce años. La mirada infantil, como la poesía épica, agranda los lugares, magnifica las cosas: yo nunca había visto salas tan grandes, estanterías llenas de libros que llegaban a los techos, sumergidas parcialmente en una penumbra en la que brillaban con intensidad misteriosa las lámparas bajas sobre las mesas de lectura. En cualquier otro lugar mis deseos y mis aficiones estaban limitados por la falta de dinero: en la biblioteca yo era un potentado. Fuera de allí las cosas pertenecían a alguien, casi siempre a otro: en la biblioteca eran mías y a la vez de todos. No existe mejor escuela de ciudadanía.

Sin aquella biblioteca hoy yo no estaría en ésta. Y como ahora las palabras pueden viajar tan instantáneamente como vuelven a la conciencia las imágenes del pasado remoto, cuando abro el portátil para mirar el correo encuentro un manifiesto en defensa de la biblioteca municipal de Úbeda, dañada por el abandono, por esa idea festera y despilfarradora que tiene cualquier política cultural en España, donde no hay límite para el gasto público a condición de que éste sea superfluo. Cualquier municipio español gasta millones en contratar artistas de moda o alentar paletadas vernáculas: pero en una pequeña biblioteca no hay dinero para comprar libros, y si lo hubiera no quedaría espacio donde mostrarlos; cada vez existirá menos la posibilidad de que alguien encuentre en ella el refugio y la iluminación de los libros; de que un niño fantasioso entre en la biblioteca pública como Simbad en la gruta del tesoro. Pongo mi firma al pie de ese manifiesto de ciudadanos ilustrados y por un momento la lejanía no existe y la mesa de lectura en la que estoy sentado pertenece a aquella biblioteca que no he pisado en tantos años. –

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 3 de mayo de 2008

 

Coleccionar marcapáginas

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Hay un fetichismo conectado con los objetos en esta clase de coleccionismo amateur.
(…) El objeto crea un lazo entre su origen y el coleccionista. 

Chris Kraus

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Marcapáginas de Maider López, dentro del programa HPC de consonni, propone un proyecto para la edición en castellano de Video Green de Chris Kraus y surge de una cita del libro. A partir de esta idea del fetichismo de los objetos, la propuesta de López consiste en recolectar recuerdos que diariamente usamos como marcapáginas. Estas evocaciones a la cotidianidad personal de quien quiera participar en esta colección amateur serán incluidas en cada libro impreso de Kraus. Después, quien vaya a una librería o biblioteca se llevará el libro reproducido en serie, pero con una particularidad única, la vivencia de alguien. Se crea por tanto una conexión, un lazo, entre quien encuentra ese objeto inesperado al leer el libro y la persona que ha vivido ese momento. Un recuerdo de otra persona marca la lectura. Con el paso del tiempo, al releer el libro puede que hasta haya quién crea recordar el día que fue a tal museo, vio esa película en el cine o hizo esa lista de la compra a través del registro que encuentra en el libro, aunque en esa ocasión el recuerdo sea de otra persona.

Marcapáginas es un proyecto de la artista Maider López para el programa de residencias artísticas HPC del espacio cultural independiente consonni, elaborado en relación al libro Video Green de Chris Kraus cuya edición traducida al castellano por Cecilia Pavón, publicamos desde consonni ediciones dentro de la colección de critica cultural Paper.
Ya puedes adquirir el libro Video Green de Chris Kraus (consonni, 2018) en pre-compra desde la web https://bit.ly/2tnkEPv y a partir de octubre de 2018 en tu librería preferida.

 

Los libros son espejos…

LOS LIBROS

Los libros son espejos
Los libros son ventanas
Los libros son puertas
Los libros son peldaños
Los libros son abrigos
Los libros son anclajes
Los libros son trampolines
Los libros son escapes
Los libros son rincones tranquilos
Los libros son mantas
Los libros son alfombras voladoras
Los libros son faros para nuevos lectores

Ediciones Castillo.MEX

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Ahora puedes leer gratis el libro de Mark Judge que sirvió de acusación de violación contra Brett Kavanaugh sin pagar los casi 2.000 dólares de precio que pide Amazon

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You Can Now Read Mark Judge’s Book Without Paying Almost $2,000. But Is the Online Copy Legal?
By JENNIFER KANG

OCT 05, 20187:37 AM

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El libro más popular de los Estados Unidos en este momento es casi imposible de obtener. Está agotado, cuesta 1.849.99$ en Amazon y “ni siquiera está cerca de ser un buen libro”, como dijo el New York Times en su reseña . Pero al igual que con la mayoría de los libros, ahora podrías tenerlo en una biblioteca digital.

El libro de Mark Judge Wasted: Tales of a GenX Drunk fue el centro de atención cuando Christine Blasey Ford acusó a Brett Kavanaugh, nominado para la Corte Suprema, de haberla agredido sexualmente en la escuela secundaria y dijo que Judge también estaba presente. Según Ford, tanto Kavanaugh como Judge estaban “extremadamente ebrios” durante el ataque, y el libro de Judge ha sido citado como evidencia de que Judge y Kavanaugh bebían mucho en la escuela secundaria. Las memorias detallan la experiencia y recuperación de Judge con el alcohol cuando era adolescente.

Pero el miércoles, Internet Achive, una biblioteca digital sin fines de lucro, puso a disposición el libro de Judge como copia digital escaneada. Inicialmente, el libro se subió sin restricciones, por lo que cualquiera puede leerlo en cualquier momento. Esta versión fue “subida por alguien de la comunidad”, dijo Mark Graham, director de Wayback Machine del Archivo de Internet, en un correo electrónico. Desde entonces ha sido reemplazada por una copia propiedad de la Biblioteca Pública de Boston y sólo puede ser prestada como un libro tradicional. El jueves, dos ejemplares más del libro fueron subidos sin restricciones por un miembro. ¿Podría Internet Achieve estar violando la ley de derechos de autor de los Estados Unidos, ya sea prestando una copia digital propiedad de la Biblioteca Pública de Boston o sirviendo como plataforma para que los miembros suban contenido? En ambos casos, la respuesta es probablemente un no.

 

 

Las escaleras librescas de la biblioteca de la Universidad Balamand del Líbano

 

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Las 21 escaleras de la Universidad Balamand de Libano son una perfecta imagen del ascenso al conocimientos desde la épica de Gilgamesh a la Divina Comedia de Dante cualquier personas puede llegar al saber y del saber a la sabiduría. De hecho su nombre es “Escalera del Conocimiento”, se encuentra junto a la biblioteca. Los libros se muestran casi en orden cronológico.

  1. La epopeya de Gilgamesh
  2. La república de platón
  3. Diwān Abū al-Ṭayyib al-Mutanbbī
  4. Resalat Al-Ghufran por Abī al-ʻAlāʼ al-Maʻarrī
  5. La Divina Comedia de Dante Alighieri
  6. Muqaddimah-i Ibn Khaldūn
  7. El príncipe y los discursos de Niccolò Maquiavelo
  8. Discurso sobre el método de René Descartes
  9. La crítica de la razón pura por Immanuel Kant
  10. Fausto por Goethe
  11. El origen de las especies por Charles Darwin
  12. Los hermanos Karamazov por Fyodor Dostoievski
  13. Así habló Zarathustra por Friedrich Nietzsche
  14. El significado de la relatividad por Albert Einstein
  15. El profeta por Khalil Gebran
  16. al-Ayyām por Ṭāhā Ḥusayn
  17. Un estudio de la historia por Arnold Toynbee
  18. Cosmos de Carl Sagan
  19. Una breve historia del tiempo por Stephen Hawking
  20. Les Désorientés de Amin Maalouf
  21. El camino por delante de Bill Gates