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Las bibliotecas municipales en Francia después del cambio en Internet.

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Bruno Maresca, F. G., Christophe Evans. [e-Book] Les bibliothèques municipales en France après le tournant Internet. París, Éditions de la Bibliothèque publique d’information. 2007

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Desde la década de 2000, una serie de alarmas han hecho pensar a los profesionales bibliotecarios que las tecnologías actuales están afectando directamente en el interés de los franceses por cerrar las bibliotecas. Estas preocupaciones, han dado lugar a un animado debate entre dichos profesionales y son suficientemente serias como para que el Departamento de libros y lectura (DLL) está considerando la construcción de un nuevo estudio de la población en todo el país.

Llevado a cabo a finales de 2005, este estudio se ha hecho para actualizar los indicadores de las bibliotecas municipales  cuyas colecciones se remontan a 1979 y 1997. Estos nuevos datos se añaden a los resultados de las encuestas realizadas periódicamente por el “Departamento de estudios, Planificación y estadísticas de las prácticas culturales francesas” que proporciona un indicador general de la evolución del uso de las bibliotecas en Francia desde hace treinta años.

Textos literarios sobre bibliotecas y lectura. Planeta biblioteca 2017/04/05

 

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PreTextos

En esta ocasión hemos puesto voz y música a algunos texto literarios que reflejan la imagen de los libros, las bibliotecas y la lectura en la literatura. Esperemos que disfrutéis de este programa tanto como nosotros eligiendo los textos, buscando las músicas, mezclándolos y adaptándolos. Un programa entrañable en el que hemos contado con las voces desinteresadas de algunos de nuestros oyentes como Natalia López de Manizales (Colombia), Lourdes Flores de Costa Rica, Judith Navarro de Barcelona, Kary Hernández, (España), Monica Aros de Chile, Rebeca Martín de España y un servidor. Un programa entrañable.

PALABRAS Y MÚSICA. Textos, música y voces

1. TEXTO. Paul Auster. “Sunnset Park”. MUSICA Cannonball Adderley. “Love for Sale” – Voz de NATALIA LOPEZ

2. TEXTO. Mary Ann Clark Bremer “Una biblioteca de verano”. MÚSICA. Charles Aznavour “LA Boheme”. VOZ. Mónica Aros

3. TEXTO. Borges – Un mundo sin libros. MÜSICA. Jimmy Giuffre Trav’lin Light Natalia. Voz de NATALIA LOPEZ

4. TEXTO. Leopoldo Maria Panero. El impostor. MÜSICA. La llegada del impostor fingiéndose Leopoldo María Panero. VOZ DE Carlos Ann

5. TEXTO. Antonio G. Iturbe. La bibliotecaria de Auschwitz MÚSICA. All the things you are – Charlie Parker. VOZ. Natalia Lopez.

6. TEXTO. Valerie Tasso. “Antimanual de sexo”· MUSICA. Emiliano Salvador. Visión. VOZ Kary Hernández.

7. TEXTO Lorca. “Discurso inauguración de la biblioteca de su pueblo” MÚSICA. Art Tatum – All The Things You Are. Voz de NATALIA LOPEZ

8. TEXTO. Maria Moliner. Derecho a leer. MÚSICA Ofogh – Khiale Ruye To VOZ. Lourdes Flores

9. TEXTO. Penelope Fitgerald “La Libreria”. MÚSICA. Miles Davis. Round Midnight VOZ NATALIA LOPEZ.

10. TEXTO. Montserrat Roig. “Un pensament de sal, un pessic de pebre”. MÚSICA. Anouar Brahem – Astrakan Cafe. VOZ Judith Navarro (catalán). Natalia López (castellano)

11. TEXTO. Vainica Doble. “Todo esta en los libros”. MÚSICA. Vainica Doble. “Todo esta en los libros”

12. TEXTO. Sasha Abramsky. La casa de los 20.000 libros. Música Piati. Adagio Tango. VOZ. Julo Alonso

13. TEXTO. Roberto Juarroz. La biblioteca MÚSICA. Geroge Harrrison. Give Me Love. VOZ. Kary Hernandez.

14. TEXTO Pablo Neruda . “Yo tomo la palabra” – MÚSICA. Bill Evans – Dream Gypsy. VOZ. Natalia Lopez.

15. TEXTO. Grant Snider. “Manifiesto del lector”. MÚSICA. Jimmy Clif Mongomery -James And Wes Mongomery. VOZ. Natalia Lopez.

17. TEXTO. Luis Cernuda. “Un libro es cosa viva”. MUISCA. Joe Henderson “A Felicidade”. VOZ. Natalia Lopez.

18. TEXTO. José Hierro. “Irás naciendo dia a dia”. MÚSICA, Michel Legrand. “Summer of 42”. VOZ. Natalia Lopez

19. TEXTO. El Club de los poetas muertos. MÚSICA. Jhon Coltrane. “Love Supremen I”. Voz Natalia López

20. TEXTO Carl Sagan. “Que cosa más sorprendente es un libro”. MÚSICA. Jimmy Giuffre-Show Me The Way to Go Home VOZ. Natalia López.

21. TEXTO. Valerie Tarso. “Antimanual de sexo”· MUSICA. Paganini. 24 caprici. Voz Rebeca

23. MÚSICA. “The Librarian”. No Morning Jackect.

Curación de contenidos con Javier Guallar. Planeta biblioteca 2017/03/15. 

 

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Javier Guallar forma junto a Javier Leiva los “Content Curator”, por ello hemos entrevistado a Javier para que nos hable sobre Curación de Contenidos. Un curador de contenidos es alguien que busca, agrupa y comparte de forma continua lo más relevante en su ámbito de especialización. En este programa hemos tenido el placer de charlar amenamente con Javier Guallar sobre qué es un curador de contenidos, qué tareas realiza, su importancia, las herramientas que utiliza y el valor añadido de la curación de contenidos para cualquier organización.

“Mas no sólo hay ya demasiados libros, sino que constantemente se producen en abundancia torrencial. Muchos de ellos son inútiles o estúpidos, constituyendo su presencia y conservación un lastre más para la humanidad, que va de sobra encorvada bajo sus otras cargas…. Me parece que ha llegado la hora de organizar colectivamente la producción del libro. Es para el libro mismo, como modo humano, cuestión de vida o muerte. ….   Por otra parte, tendrá el bibliotecario del porvenir que dirigir al lector no especializado por la selva selvaggia de los libros y ser el médico, el higienista de sus lecturas. … En suma, señores, que a mi juicio la misión del bibliotecario habrá de ser, no como hasta aquí, la simple administración de la cosa libro, sino el ajuste, la mise au point de la función vital que es el libro.”

Ortega y Gasset, José (1935). La misión del bibliotecario (en español). Revista Occidente.

Mañana en “Con la música a otra parte a las 12:30 tenemos al cantautor Javier Alvarez, os invitamos a preguntar algo a Javier que presenta el disco. Para ello me escribes a alar@usal.es. para escuchar el programa en directo http://radio.usal.es/directo.htm o en podcast en

Con la música a otra parte (Radio)

À quoi sert ton amour? – Javier Álvarez.

PARA BAJAR GRATIS LOS CORTES DEL CD SINGLE: (WAV)

https://www.nabeweb.es/3a5

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Auxiliares de bibliotecas. Planeta biblioteca

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PLANETA BIBLIOTECA – Radio USAL – Especial AUXILIARES DE BIBLIOTECA

Descargar PODCAST
http://www.ivoox.com/planeta-biblioteca-21-02-2013-auxiliares-biblioteca-audios-mp3_rf_1811625_1.html

Visitaron nuestro Planeta tres miembros del colectivo profesional Auxiliares de Biblioteca: Ángel Javier González García (Biblioteca de Traducción) Mª Jesús López Valverde (Biblioteca Histórica) y Marta Vázquez Vázquez (Biblioteca Abrahan Zacut) que nos hablaron de las tareas que realizan en su trabajo diario, de sus competencias y desempeño profesional. Recoge el testimonio de tres tipos de puntos de servicio: una biblioteca de campus, una biblioteca de facultad y una biblioteca de investigación; y como la misma categoría profesional da lugar a distintas competencias y una relación diferente con el usuario. Un programa muy ameno y divertido. — con Mª Jesús López Valverde, Angel Javier González García y Marta Vázquez Vázquez.

La biblioteca del Espia que nació del Frio

 

 

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John le Carré.  “El espía que surgió del frío”. Madrid :Selecciones del Reader’s Digest, 1966

El espía surgido del frío es Alec Leamas, un antiguo agente secreto inglés destinado en la Alemania Oriental con antiguas cuentas que resolver, a quién Londres le propone liquidar al máximo responsable del espionaje de aquel país, pero a medida que va introduciéndose en el caso se da cuenta que lo están manipulando. En la obra, posteriormente llevada al cine, aparece una biblioteca en la que Alec trabaja enviado por la agencia de colocaciones, allí conoce a la bibliotecaria Liz Gold. con la que entablará una relación. Como afirma María Andrio Esteban en su tesis “La imagen de la biblioteca en el cine (1928-2015)La imagen de la biblioteca en el cine (1928-2015)“, cuando la bibliotecaria es la protagonista a menudo suele ser una chia atractiva y alegre. Aquí Le Carré califica a la chica como “En su cara, como en su cuerpo, había algo que parecía oscilar entre la fealdad y la belleza”. Pero no así la jefa de la biblioteca, la inflexible y autoritaria señorita Crail.

 

 

FRAGMENTOS

Por fin, aceptó el trabajo en la Biblioteca. La Agencia de Colocaciones se lo había puesto delante de las narices todos los jueves por la mañana cuando cobraba su subsidio de paro, pero él lo había rechazado siempre.
—La verdad es que no es lo que mejor le va —dijo el señor Pitt—, pero la paga es buena y el trabajo es fácil para un hombre instruido.
—¿Qué clase de biblioteca es? —preguntó Leamas.
—Es la Biblioteca Bayswater de Investigaciones Psicológicas. Es una fundación: tienen miles de libros, y les han hecho un legado de muchos más. Necesitan otro ayudante.
Leamas cogió el óbolo y la tira de papel.
—Son gente rara —añadió el señor Pitt—, pero, por otra parte, usted tampoco es de los que se quedan fijos, ¿no? Me parece que ya es hora de que les pusiera a prueba, ¿no cree?

 

La Biblioteca era como la nave de una iglesia y, además, muy fría. Las negras estufas de petróleo, en los extremos, daban un olor a parafina. En medio del local había una cabina, como la de los testigos en un tribunal, y dentro estaba sentada la señorita Crail, la bibliotecaria. Nunca se le había ocurrido a Leamas que hubiera de trabajar a las órdenes de una mujer. En la Agencia de Colocaciones, nadie le había dicho nada de eso.

—Soy el nuevo ayudante —dijo—, me llamo Leamas.
La señorita Crail levantó la vista bruscamente de su fichero, como si hubiera oído una grosería.
—¿Ayudante? ¿Qué quiere decir con eso de «ayudante»?
—Asistente. De parte de la Agencia de Colocaciones, del señor Pitt.
Alargó a través del mostrador un impreso hecho en multicopista con sus datos anotados con letra inclinada. Ella lo cogió y lo examinó.

Él escuchó un par de minutos, y luego se dirigió hacia las estanterías. En uno de los compartimientos, observó que había una muchacha, de pie en una escalera,
ordenando unos grandes volúmenes.
—Soy el nuevo —dijo—, me llamo Leamas.
Ella bajó de la escalera y le dio la mano un tanto ceremoniosamente.
—Yo soy Liz Gold. Encantada. ¿Ha conocido a la señorita Crail?

—Ahora estamos poniendo signaturas; la señorita Crail ha empezado un nuevo fichero.
Era una muchacha alta, desgarbada, de larga cintura y piernas largas. Llevaba zapatos bajos, de «ballet», para reducir su estatura. En su cara, como en su cuerpo, había algo que parecía oscilar entre la fealdad y la belleza. Leamas supuso que tendría veintidós o veintitrés años, y que sería judía.

—Se trata sólo de comprobar que todos los libros estén en los estantes. Ésta es la tira de referencia, ya ve. Cuando lo haya comprobado, apunte en lápiz la nueva signatura y la tacha en el fichero.

—¿Y que ocurre luego?
—Sólo la señorita Crail está autorizada a pasar a tinta la signatura. Es el reglamento.
—¿El reglamento de quién?
—De la señorita Crail. ¿Por qué no empieza por la arqueología?

Él estaba a medio subir en la escalera, de modo que miró abajo por encima del hombro y dijo:
—¿Qué?
—¿Sabe usted de dónde han salido estas bolsas de comestibles?
—Son mías.
—Ya entiendo. Son suyas. —Leamas esperó—. Lamento —continuó ella por fin— que no permitamos meter la compra en la Biblioteca.
—¿Dónde puedo ponerla, si no? No hay otro sitio donde pueda ponerla.
—En la Biblioteca, no —contestó ella.

————–

—He hecho toda clase de cosas. Vender enciclopedias para una maldita empresa americana; clasificar libros en una biblioteca de psicología, perforar fichas de trabajo en una hedionda fábrica de pegamentos. ¿Qué demonios puedo hacer?

————–

Probablemente por eso Liz siguió trabajando en la Biblioteca; porque allí, por lo menos, él seguía existiendo; las escalerillas, los estantes, los libros, el fichero, eran cosas que él había conocido y tocado, y algún día podría volver a ellas. Había dicho que jamás volvería, pero ella no lo creía. Era como decir que uno jamás iba a estar mejor, creer una cosa como ésa.

————–

Ella no es más que una chiquilla frustrada en una Biblioteca absurda: ¡no les sirve para nada!

La imagen de las bibliotecas y los bibliotecarios en el comic

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El popular Francisco Ibáñez, autor de comic clásicos como “Pepe Gotera y Otilio”, “Mortadelo y Filemón”, “Rompetechos” y la “Familia Trapisonda” en alguna ocasión también ha reseñado en sus tiras cómicas la imagen de los profesionales de las bibliotecas. Como apreciamos en estas viñetas correspondientes a los siempre tronchantes “Mortadelo y Filemón”, todo un símbolo para una generación de los que fuimos primeros lectores. En primer lugar, lo que se aprecia son los múltiples carteles con la palabra SILENCIO que aparecen colgados y en el mostrador de la bibliotecaria, por supuesto cumpliendo todos los tópicos: mujer poco agraciada, de edad madura, con moño y gafas. Que recibe a nuestros protagonistas con un contundente: “Chiiiiiiissssst!! “. Y un posterior contundente enojamiento porque le pide, y aquí el genial autor se hace un merecido autohomenaje las obras de Ibañez, pensando la bibliotecaria que son las obras de Blasco Ibañez, y al comentarle Mortadelo que no, que son las del autor de “pepe Gotera y Otilio”, esta de reprende con un gesto de desaprobación. lo que hace que Mortadelo le diga que si no se lee el “Diccionario Etrusco Astrogodo”

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Continúa la tira gráfica con un ataque de nervios de la bibliotecaria, ante los desatinos de tan excelsos usuarios, la biblioteca saltando por los aires, con la bibliotecaria completamente trastornada y desquiciada elogiando el ruido “Viva el ruido! Y los alaridos y las explosiones”

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En cuanto a la imagen de la biblioteca y el bibliotecario en el comic es muy recomendable y digno de reseñar el blog “Diario de lectura de cómic Jiro Taniguchi”  con reseñas de cómics que merece la pena leer e incorporar en bibliotecas públicas” de José Antonio Hernández Gómez.

 

La antipática bibliotecaria y el no menos delirante usuario de “Diario de un asesino melancólico”

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Francisco López Serrano. Diario de un asesino melancólico. Salamanca: ediciones del Viento, 2016

Premio de Novela ‘Ciudad de Salamanca’ 2017

Una novela fresca y deslumbrante llena de humor e ironía sobre un personaje obsesionado con que su mujer desea envenenarlo, por lo cual decide anticiparse a la supuesta misión de su esposa y buscar un veneno que no deje huella y no tenga contracepción. El protagonista se dirige a la biblioteca Nacional en busca de una referencia y se encuentra con una funcionaria que califica como antipática, aunque la actitud del usuario en este caso el protagonista también deja mucho que desear:

 

EXTRACTOS Y FRAGMENTOS

“Una mujer me dio la vida. Una mujer, me temo, ha de quitármela. Entre la primera y la última he padecido y convalecido de un número suficiente de ellas. Tengo por tanto motivos para adjudicarles la misma cualidad que los clásicos confirieron al tiempo y a sus letales horas: todas hieren, la última mata.”

“Como ya sugerí en una de mis anotaciones anteriores, en mi navegación de cabotaje por la web superficial había dado con una referencia interesante. Siguiendo esa sugestiva pista fui a la Biblioteca Nacional para consultar el Neopoliani Magioe Naturalis de Giovanni Battista della Porta, impreso en Nápoles en 1580, probablemente uno de los pocos libros que ;o solo hablan de la naturaleza y calidad de los venenos con la muy encomiable intención de neutralizarlos con sus respectivos antídotos, sino que explican la manera de utilizarlos, con el mayor éxito y aprovechamiento posibles, para los fines que yo me proponía. Me dirigí a la sección de raros, rellené la ficha pertinente y una antipática empleada que lo mismo podía haber manejado libros que substancias letales me dijo que cuando existía copia microfilmada, como era el caso, se empleaba ésta a fin de ‘Preservar el libro. Acérrimo detractor de cualquier sucedáneo, no me apetecía nada dejarme la vista en una de esas pantallas de videojuegos del neolítico que son los aparatos de visionado de microfilms, pero no me quedó otro remedio que claudicar. No parecía sino que en lugar de en una biblioteca me hallara en una apoteca y lo que pedía no fuera un tratado de toxicología sino los mismos venenos a los que el libro hacía referencia. A este paso los libros están llamados a convertirse con el tiempo en arquetípicos coranes que, en su cielo presurizado, solamente serán accesibles a una casta selecta de sacerdotes provistos de trajes espaciales y escafandras, en tanto los demás mortales nos veremos obligados a manejar, en una caverna de destellos subacuáticos, sus platónicas sombras.”

“La huraña empleada añadió que debía dirigirme a otra sala habilitada para la lectura de microfilms. Fui allí, rellené la preceptiva ficha y otra huraña empleada vestida con una bata blanca la envío al depósito de archivos a través de una vieja y esclerótica arteria. Tomé asiento junto a uno de esos odiosos aparatos y me distraje contemplando a los sesudos investigadores que se afanaban en aquellas rudimentarias herramientas de scriptorium steampunk. Al cabo de una media hora la mujer de bata blanca se me acercó y con rostro risueño me comunicó que los dos microfilms que existían en depósito de la obra que yo solicitaba, estaban siendo utilizados en ese preciso momento y, por tanto, tendría que esperar hasta que devolvieran uno u otro. Comencé a contemplar con recelo a los, a primera vista al menos, inocentes investigadores de la sala. Imaginé que, de todos aquellos tímidos estudiosos, al menos dos de ellos consultaban sus documentos con intenciones tan aviesas como las mías. 0, peor aún, acaso todos ellos escrutaban manuales similares con intenciones similares. Pero ¿a qué se debía mi inquietud? ¿Qué se me daba a mí que medio mundo planeara envenenar al otro medio? ¿Por qué somos tan condescendientes con nosotros mismos y tan intransigentes con nuestros semejantes? Desde que en Occidente el asesinato de ámbito doméstico se convirtió en un acto individual, íntimo y secreto, desapareció cualquier posibilidad de iniciativa corporativa o gremial; nadie se casa con nadie a la hora de asesinar cónyuges. No hay asesino que no se indigne ante la noticia de un asesinato ajeno.”

De pronto me acometió el temor de enfrentarme inesperadamente con mi propio secreto en el rostro de otro individuo. Así que le dije a la empleada que iría a dar una vuelta y regresaría al cabo de una prudencial ¿media hora? ¿Cuánto tarda un asesino en documentarse? Salí a tomar un refrigerio y luego me entretuve curioseando un poco algunas publicaciones en la sala de referencia. Cuando regresé, la empleada me había reservado el microfilm, así que todo lo más que podía quedar en la sala era un potencial asesino o asesina, o acaso fuera más acertado decir que la sala contaba con un asesino o asesina potencial menos. A regañadientes, la empleada tuvo que ayudarme a instalar la bobina en el lector de microfilms y darme además unas nociones elementales para pilotar la máquina. Cuando comencé a navegar por aquella pantalla del color de un legamoso fondo submarino, reparé en que el libro, como indicaba su título y como no podía ser de otro modo en una obra del siglo XVI con pretensiones eruditas, aunque con intenciones claramente censurables, estaba escrito en latino Mi conocimiento de esa lengua se reduce a cero.