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Tres Tips en TIC!: 31 entrevistas a algunos de los profesionales que marcan tendencias en el mundo de la Información y Documentación

 

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Rodríguez Palchevich, Diana. Tres Tips en TIC! 2018

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El libro contiene todas las entrevistas del año 2018 realizadas a profesionales de la información y de la educación que destacan por su aplicación estratégica de las TIC en el trabajo diario y en la investigación.

 

Estos profesionales de la información y de la educación van marcando rumbo en la aplicación estratégica de las TIC realzando su propio espacio de acción con aplicación, inteligencia y esfuerzo. Todos y todas se destacan por su trabajo en unidades de información, aulas, puntos de decisión, centros de investigación, laboratorios, editoriales… Todos y todas #MarcanTendencia

Puedes descargar el ebook en dos formatos: PDF (para leer en ordenador y pantallas grandes) y  ePUB (para leer en readers y smartphones). Solo tienes que clickear en el enlace debajo de la imagen del ebook de regalo y elegir el formato.

 

 

 

La lucha de las mujeres por su reconocimiento como responsables de bibliotecas en los primeros años del siglo XX

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Durante muchos años, las mujeres desempeñaron un papel secundario en los asuntos de la Biblioteca Pública de Los Ángeles. Cuando se fundó la biblioteca en 1872, las mujeres fueron excluidas de su uso. Sin embargo, esta situación cambió rápidamente. Durante sus primeros seis meses de funcionamiento, la junta discutió la posibilidad de permitir que las “damas” tuvieran un número limitado de usos, permitiéndoles utilizar los carnés de sus parientes varones para acceder a las colecciones de la biblioteca. 

 

En 1876, la biblioteca añadió una “Sala de Damas” a su complejo. Aunque la nueva sala no contenía libros, únicamente albergaba una serie de revistas populares, así como cómodos sofás y sillas para que las mujeres de los clubes locales los usaran. John C. Littlefield, editor del Los Angeles Weekly Express, fue nombrado el primer bibliotecario de la ciudad en 1872. En 1879 le sucedió Patrick Connolly, designado por un partisano sin formación, quien, según se sugirió, era alcohólico que no acudía la mayor parte de los días a trabajar, por lo que fue dado de baja por la junta de la biblioteca, que entonces juró nombrar a una “bibliotecaria”.

Tal como cuenta en “The Library Book” Susan Orlean sobre el incendio que en 1986 destruyo más de un millón de obras en 1986 en la Biblioteca Pública de Los Ángeles, a lo largo de los años las mujeres tuvieron que luchar duramente para ser reconocidas como responsables de las bibliotecas, llegando varias de ellas a ser bibliotecarias principales. Una de ellas, Mary Foy, tenía sólo 18 años cuando llegó al cargo en 1880, en una época en que los bibliotecarios se ocupaban de los hombres y en la que pocas mujeres estaban al cargo de las bibliotecas de las principales ciudades. Casi todas las bibliotecarias, que eran por lo general mujeres en su mayoría, tuvieron batallas con la junta de la biblioteca.

Según Sheri D. Irvin, en aquellos días el nombramiento de mujeres para puestos en la ciudad de Los Ángeles se hacía a menudo por razones semi-caritativas, como la necesidad de apoyo financiero a una mujer de una familia conocida. Cuando el alcalde Toberman dejó el cargo, se nombró una nueva junta de la biblioteca y otra mujer fue nombrada en lugar de Foy. Foy, sin embargo, no se fue en silencio: Ella “publicó una despedida en el periódico donde criticó a la junta saliente por su falta de participación e interés en la biblioteca”. El columnista de presna John Adams, del Downey Eagle, dijo que Foy era una “mujer de voluntad fuerte” que luchó durante décadas por el Movimiento Progresista de California y los Derechos de la Mujer” y que fue incluida en el anuario de 1913 de Los Angeles High School como una “sufragista prominente”.

 

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Mary Jones, bibliotecaria de la ciudad de Los Ángeles de 1900 a 1905, víctima de la misoginia, fue reemplazada por Charles Lummis por comisionados que prefirieron a un hombre para el trabajo.

Es el caso de la bibliotecaria Mary Jones, que se hizo cargo del puesto jefa de la biblioteca alrededor de 1900, pero fue despedida en 1905 porque el director de la biblioteca dijo que prefería tener a un bibliotecario masculino a cargo. Ella se negó a irse, conservando las llaves de la biblioteca como una forma de petición de apoyo, que fue firmada por 1.000 mujeres. No está claro cuánta influencia tuvo Jones durante su tiempo como bibliotecaria asistente, pero cabe destacar que la Biblioteca Pública de Los Ángeles vivió momentos de expansión bajo su cargo. Y así lo reconoció la junta:

“La junta siente que el gran crédito y elogios adquiridos se deben a la bibliotecaria y sus asistentes por el alto nivel de eficiencia mantenido y el espléndido nivel mantenido por esta biblioteca el año pasado.”

Sin embargo, en cuestión de meses, los cambios políticos producidos en la ciudad cambiaron la relación entre Jones y la junta. Con el tiempo se rindió y su sucesor, un colorido y controvertido ex periodista, Charles Lummis, rozó la locura. Uno de sus movimientos fue contratar a un amigo cuyo trabajo era presentarse a los usuarios como la “Enciclopedia Humana”, “un escritorio de información ambulante” que más tarde fue despedido cuando suspendió el examen de capacitación para el servicio civil.

Hoy en día, la Biblioteca Central, enclavada entre los rascacielos del centro de Los Ángeles, es una maravilla moderna. Reabrió sus puertas en 1993, manteniendo el encanto arquitectónico de los años de los años de su construcción en torno a 1925 y sus espléndidos murales combinados con actualizaciones modernas.

 

Bibliografía

 

Bernal, Peggy “12 Librarians Who Made or Saved Los Angeles History” Koet: Historiy & Society Victoria Bernal April 11, 2012

Hansen, Debra Gold ; Irvin,Sheri D. “At the Pleasure of the Board: Women Librarians and the Los Angeles Public Library, 1880-1905. Libraries & culture ; Austin, Tex., 1988 34 (1999), 4, S.311 – 346

Orleans, Susan “The Library Book” Simon & Schuster, 2018.

 

 

Yo me enamoro solo en las bibliotecas. 

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http://loslagosdehinault.bandcamp.com/track/futuras-licenciadas

Más canciones que hablan sobre bibliotecas

Los Lagos de Hinault es un grupo indie cuyo nombre hace referencia a una de las etapas más duras de la Cuelta Ciclista a España “Los Lagos de Enol” en Asturias y a uno de los ciclistas mítico de las tres grandes clásicas Bernadrt Hinault, apodado “El Caimán” porque nunca dejaba ganar a un gregario que le había ayudado a llegar a la meta. El tema que traemos a esta página pertenece al disco Flores de Europa de 2014, y habla de la capacidad de las bibliotecas para establecer relaciones sentimentales, especialmente en el mes de agosto cuando los demás van a la piscina.

 

Futuras licenciadas

Los Lagos de Hinault

Yo me enamoro solo en las bibliotecas.
Me vuelven loco las gafas y las piernas.
El mes de agosto flotando entre las mesas.
Yo me distraigo y tú no te concentras.

Quiero morir condenado
por el derecho romano
y por las chicas que estudian
jugando con sus zapatos.

Pasa el verano, pasa la vida entera…
Pasan las nubes, las nubes pasajeras…

Pequeños seres alados,
sabéis que el mundo es muy malo.
Quedémonos para siempre
juntitos aquí sentados
porque yo os quiero y os quiero,
porque yo os quiero a mi lado
y no me llega el dinero
para tener abogado.

El Bibliotecario de María Adelaide Castelli

 

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Ya sé que me miran con pena creyéndome nacido, vivido y ya muerto aquí igual que una seta hundida detrás de unas gafas empañadas que nunca ha tocado otra cosa que no sean portadas, archivos o bolígrafos. Mentira, yo tuve mujer y de las más hermosas. Vive en un psiquiátrico. Es culpa de los libros. La tinta no es inocente ni el papel inofensivo.

Fue cuando empecé a leer, así, por aburrido, por tentación natural de mi pacífico oficio: los libros, aprovechando el silencio, entraron muy adentro de mí y me alteraron a su antojo el patrimonio genético. Literatura fantástica, enciclopedias, London, Kafka, entre otros, fueron nuestra ruina: volvía a casa de noche, en plena fase mutante, cuerpo y alma virando hacia el reino animal.

La estreché con tentáculos y la rocé con escamas, le clavé ojos de lobo y garras de rapiña; la enloquecí con sexos equinos y alientos de fiera carnívora; la piqué, la mordí, la acaricié con pelo de chinchilla y alas de mariposa. La levanté en el aire igual que un halcón a su presa, entré en su carne comiéndomela como los gusanos
a un muerto; la desperté con el grito del mono aullador, me escurrí entre todos sus pliegues con curva de serpiente. Según mi lectura del día, sin guión ni aviso, le hice compartir mi extensa bestialidad.

Y cuando llegaron los médicos diagnosticándole atónitos un síndrome alucinatorio con patología obsesiva, yo me callé, por supuesto: nadie me creería, de todas formas.

Es más, la miré ingresar con frío interés animal hacia los movimientos del peculiar ser humano: dos enfermeros implacables con caras apenadas y aburridas la arrastraban cogida de sus menudas muñecas. No importa. La muy zorra me había engañado con uno de ustedes, que miran con tan despectiva piedad. Cuidado, que hoy estoy hojeando la más famosa de Kipling.

El Bibliotecario de María Adelaide Castelli

 

 

Crítica despiadada de todo lo existente: Marxismo, tecnología y trabajo bibliotecario.

 

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Popowich, Sam. ‘Ruthless Criticism of All that Exists’: Marxism, Technology, and Library Work The Politics of Theory and the Practice of Critical Librarianship, Karen P. Nicholson and Maura Seale, eds. (Library Juice Press, 2018).

 

Texto completo

 

 

En su discurso titulado “The Place of Machines” presentado a la Society of American Archivists (SAA) en 1968, Jay Atherton aseguró a su audiencia que “la automatización no tiene más peligro para la dignidad humana que la rueda, la máquina de vapor o el generador eléctrico”. Es irónico, dada nuestra preocupación actual por el cambio climático antropogénico, que Atherton haya elegido esos ejemplos para apoyar su afirmación de la promesa positiva del cambio tecnológico. Para Atherton, el efecto práctico de la automatización “reside en los seres humanos que intentan hacer uso de ella o administrar a los que la utilizan, y no en la naturaleza misma de la automatización” ; la automatización es “nada más que una’extensión del hombre‘”.

Finalmente Atherton discute en un lenguaje pragmático desde una posición tecno-utopica en contra de aquellos que en su profesión temen que su práctica profesional está a punto de desaparecer a consecuencia de los procesos de automatización. Atherton, en su discurso a los archiveros, sugiere que las maneras en el que la práctica de los archiveros se ve modificada por la automatización depende de cómo eligen entender la tecnología en sí misma. En otras palabras, la práctica viene determinada por una elección teórica a priori: “El hombre a su cargo no es esclavo de una máquina, sino que la domina para cumplir sus deseos.” Casi dos décadas después del siglo XX, nuestra comprensión de la tecnología y la relación de la teoría con la práctica no es tan clara. Como lo demostró la crisis financiera de 2008, cuando incluso los propios banqueros fueron esclavos de los procesos automatizados que desarrollaron, en lugar de mantener el control.

Ya en 2007, un bibliotecario podría escribir que con el auge de la automatización, “muchos han comenzado a cuestionar la necesidad de bibliotecarios“, y en 2017 esto sigue siendo un argumento común en la narrativa actual de los recortes presupuestarios de las bibliotecas. La amenaza de la reducción del trabajo a lo más simple y mecánico, llevando a la “re-proletarización” de varios sectores económicos, muchos de los cuales eran considerados demasiado intelectuales, complejos o afectivos para la automatización, está llegando rápidamente a su fin. Desde una perspectiva práctica como la de Babbage, la sustitución del trabajo humano por la máquina es una cuestión de eficacia, una cuestión práctica; el aspecto político está fuera de lugar. Para Marx, sin embargo, la automatización del trabajo humano es precisamente una cuestión teórica y política, ya que implica cuestiones de poder, libertad, justicia y sociedad. A lo largo de este capítulo, se analiza cómo se ha desarrollado la automatización de las bibliotecas desde finales de los años sesenta, cómo el enfoque teórico marxista puede ayudarnos a entender y navegar en el “vórtice digital” de la tecnología del siglo XX, y cómo todo esto afecta a la práctica profesional de los bibliotecarios y los trabajadores de la información.

Código de ética de la IFLA para bibliotecarios

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Código de Ética de la IFLA Para Bibliotecarios y Otros Trabajadores de la Información (versión corta). La Haya: IFLA, 2014

Texto completo

English | Deutsch

Este Código de Ética y Conducta Profesional se presenta como una serie de proposiciones éticas para orientar a los bibliotecarios de forma individual, así como a otros trabajadores de la información y para la consideración de las Asociaciones Bibliotecarias y de Información cuando desarrollen y revisen sus propios códigos.

La función de los códigos de ética se puede describir como:

  • promover la reflexión sobre los principios con los que los bibliotecarios y otros trabajadores de la información pueden establecer políticas y afrontar dilemas
  • mejorar la auto-conciencia profesional
  • proporcionar transparencia a los usuarios y a la sociedad en general.

Este código no pretende remplazar a los códigos existentes o eliminar la obligación de las asociaciones profesionales para desarrollar sus propios códigos a través de un proceso de investigación, consulta y redacción cooperativa. No se espera el pleno cumplimiento del mismo.

Las cláusulas de este código de ética se basan en los principios claves señalados en este preámbulo para proporcionar una serie de sugerencias sobre la conducta de los profesionales. La IFLA reconoce, que si bien estos principios claves deben permanecer en el centro de cualquier código, las especificaciones de los códigos variarán necesariamente de acuerdo a la sociedad en particular, comunidad real o comunidad virtual. La realización de códigos es una función esencial de una asociación profesional, tal como la reflexión ética es una necesidad para todos los profesionales. La IFLA recomienda su Código de Ética a todas sus asociaciones e instituciones miembros y para bibliotecarios de forma individual y trabajadores de la información para estos propósitos.

La IFLA se compromete a revisar este código cuando sea apropiado.

1. Acceso a la Información

La misión principal de los bibliotecarios y otros trabajadores de la información es garantizar el acceso a la información para todos, para el desarrollo personal, educación, enriquecimiento cultural, ocio, actividad económica y participación informada para la mejora de la democracia.

Para este fin, los bibliotecarios y otros trabajadores de la información rechazan la censura en todas sus formas, apoyan a la disposición de servicios libres de costos para el usuario, promueven las colecciones y servicios a los usuarios potenciales, y buscan los estándares más altos de accesibilidad para ambos servicios, físicos y virtuales.

2. Responsabilidades Hacia las Personas y la Sociedad

Con la finalidad de promover la inclusión y erradicar la discriminación, los bibliotecarios y otros trabajadores de la información se aseguran que el derecho de acceso a la información no sea negado y que se proporcionen servicios equitativos para todos independientemente de su edad, nacionalidad, ideología política, capacidad física o mental, identidad de género, patrimonio, educación, ingresos, estatus de inmigración y búsqueda de asilo, estado civil, origen, raza, religión u orientación sexual.

Para mejorar el acceso para todos, los bibliotecarios y otros trabajadores de la información apoyan a las personas en su búsqueda de información, les ayudan para desarrollar sus habilidades de lectura y alfabetización informacional y les motivan hacia un uso ético de la información (con atención especial para el bienestar de los jóvenes).

3. Privacidad, Confidencialidad y Transparencia

Los bibliotecarios y otros trabajadores de la información respetan la privacidad personal, y la protección de datos personales, que por necesidad sean compartidos entre los individuos y las instituciones. Al mismo tiempo, favorecer a la transparencia más completa posible para los organismos públicos relacionados con la información, compañías del sector privado y todas las otras instituciones de las cuales sus actividades afecten las vidas de las personas y de la sociedad en general.

4. Acceso Abierto y Propiedad Intelectual

El interés de los bibliotecarios y otros trabajadores de la información es proporcionar a los usuarios el mejor acceso posible a la información e ideas en cualquier medio o formato, mientras que reconocen que son socios de autores, editoriales y otros creadores de obras protegidas por copyright. Los bibliotecarios y otros trabajadores de la información buscan garantizar que ambos derechos sean respetados, los de los usuarios y los de los creadores. Ellos promueven los principios de acceso abierto, código abierto y licencias abiertas. Ellos buscan limitaciones y excepciones adecuadas y necesarias para las bibliotecas, y en especial, tratan de limitar las condiciones de los términos del copyright.

5. Neutralidad, Integridad Personal y Habilidades Profesionales

Los bibliotecarios y otros trabajadores de la información están estrictamente comprometidos con la neutralidad y con una postura imparcial en relación a la colección, el acceso y el servicio. Ellos buscan adquirir colecciones con equilibrio, aplicar políticas de servicio justas, evitar que sus convicciones personales dificulten la realización de sus deberes profesionales, combatir la corrupción y buscar los más altos estándares de excelencia profesional.

6. Relación de Colegas y Empleador/Empleado

Los bibliotecarios y otros trabajadores de la información se tratan con justicia y respeto. Para este fin, se oponen a la discriminación en cualquier aspecto del empleo por la edad, nacionalidad, ideología política, capacidad física o mental, género, estado civil, origen, raza, religión u orientación sexual. Ellos promueven la equidad en el pago y en los beneficios para hombres y mujeres, comparten su experiencia profesional y contribuyen con las actividades de sus asociaciones profesionales.

Preparado por Loida Garcia-Febo, Anne Hustad, Hermann Rösch, Paul Sturges y Amelie Vallotton (grupo de trabajo de FAIFE)

Aprobado por la Junta de Gobierno de la IFLA en agosto de 2012