Recibimos a Julio Alonso Arévalo, jefe de la Biblioteca de la Facultad de Traducción y Documentación de la Universidad de Salamanca para conversar sobre Bibliotecas, Libros e Inteligencia Artificial
Chao Cai, Jane K. Yatcilla, Academic search literacy in the age of generative AI: A conceptual framework for navigating the search-language ecology, The Journal of Academic Librarianship, Volume 52, Issue 5, 2026, 103323, ISSN 0099-1333, https://doi.org/10.1016/j.acalib.2026.103323.
El artículo analiza cómo la aparición de la IA generativa está transformando la manera en que estudiantes, investigadores y profesionales buscan, recuperan y evalúan información académica. Su punto de partida es que herramientas como los asistentes conversacionales y los sistemas de búsqueda basados en lenguaje natural no deberían entenderse necesariamente como una ruptura absoluta con las formas anteriores de recuperación de información. Más bien, se incorporan a una ecología de lenguajes y estrategias de búsqueda que ya incluye catálogos, bases de datos bibliográficas, buscadores académicos, operadores booleanos, palabras clave y otros mecanismos tradicionales. La IA amplía este ecosistema y modifica la relación entre el usuario y las herramientas de recuperación.
Una de las aportaciones principales es la propuesta de un marco de cuatro dimensiones para comprender la competencia en búsqueda académica en la era de la IA generativa. El planteamiento intenta superar una concepción de la alfabetización informacional centrada exclusivamente en conocer técnicas concretas —por ejemplo, utilizar operadores booleanos o seleccionar palabras clave— para avanzar hacia una competencia más amplia, relacionada con la capacidad del usuario para formular, reformular, negociar y evaluar sus propias preguntas de investigación. En este sentido, buscar información deja de ser simplemente introducir una consulta en un sistema y seleccionar resultados para convertirse en un proceso intelectual de construcción progresiva del problema.
El artículo concede especial importancia a la diferencia entre búsqueda por conveniencia y búsqueda responsable. Las herramientas generativas pueden hacer que encontrar una respuesta parezca mucho más sencillo: el usuario formula una pregunta en lenguaje natural y recibe una respuesta elaborada, sintetizada y aparentemente pertinente. Sin embargo, esa comodidad no garantiza que la información recuperada sea correcta, completa, relevante o verificable. Por ello, el trabajo plantea la necesidad de distinguir explícitamente entre utilizar la IA porque proporciona una respuesta rápida y utilizarla dentro de un proceso consciente de búsqueda, comprobación y evaluación de fuentes.
Otro aspecto interesante es la revisión del papel que tradicionalmente han desempeñado los operadores booleanos y las estrategias estructuradas de recuperación. El artículo señala que los criterios de responsabilidad asociados a la lógica booleana pueden resultar insuficientes en ámbitos en los que los conceptos tienen fronteras difusas o son difíciles de definir con precisión. Esto es especialmente relevante en las ciencias sociales y humanas, donde una misma cuestión puede expresarse mediante diferentes vocabularios, perspectivas conceptuales o tradiciones disciplinares. La IA generativa puede ayudar a explorar esas variaciones lingüísticas, pero esa posibilidad exige que el usuario comprenda qué está preguntando y qué consecuencias tiene cada formulación.
En este contexto, el prompt adquiere una consideración diferente. El artículo propone interpretar la elaboración de instrucciones para una IA generativa no simplemente como una habilidad técnica para conseguir mejores respuestas, sino como una forma de “negociación de preguntas” autogestionada por el usuario. Es decir, escribir un buen prompt implica pensar qué se quiere conocer, qué información falta, qué contexto debe proporcionar el usuario, qué restricciones deben establecerse y cómo se comprobará posteriormente la respuesta obtenida. La competencia no reside, por tanto, únicamente en saber “hablar con la IA”, sino en saber interrogar, cuestionar y conducir el proceso de búsqueda.
Esta perspectiva tiene importantes implicaciones para las bibliotecas universitarias y la alfabetización informacional. El bibliotecario deja de ser únicamente el profesional que enseña a localizar información en catálogos y bases de datos y adquiere un papel más amplio como mediador de los procesos de búsqueda en un entorno híbrido, donde conviven buscadores tradicionales, bases de datos académicas y sistemas de IA generativa. La formación debe enseñar no solo dónde buscar, sino también cómo formular preguntas, contrastar resultados, rastrear las fuentes originales, reconocer limitaciones y decidir qué nivel de evidencia es necesario para cada propósito académico.
En definitiva, el artículo propone pasar de una concepción de la alfabetización en búsqueda basada fundamentalmente en “saber utilizar una herramienta” a otra centrada en comprender el proceso de búsqueda y mantener el control intelectual sobre él. La IA generativa puede facilitar enormemente la exploración de información, pero no elimina la necesidad de competencias de búsqueda; al contrario, las hace más complejas. El usuario necesita comprender las diferentes posibilidades de recuperación, evaluar críticamente las respuestas generadas y mantener una actitud responsable ante las fuentes. La aportación resulta especialmente relevante para repensar la alfabetización informacional y la alfabetización en IA, porque sitúa en el centro no la tecnología, sino la capacidad humana para formular preguntas, interpretar resultados y construir conocimiento
La inteligencia artificial está transformando las bibliotecas y la manera en que las personas acceden, utilizan y producen información. En este contexto, las bibliotecas pueden desempeñar un papel fundamental en la construcción de una cultura de alfabetización en IA, facilitando conocimientos accesibles para toda la ciudadanía. Esta alfabetización implica comprender cómo funcionan estas tecnologías, sus posibilidades, limitaciones, sesgos y riesgos. Los profesionales de las bibliotecas necesitan desarrollar nuevas competencias para orientar a los usuarios en un uso crítico, ético y responsable de la IA. La formación, los talleres, las guías y los espacios de experimentación pueden contribuir a reducir las brechas digitales y de conocimiento. De este modo, la biblioteca se consolida como un espacio de aprendizaje, pensamiento crítico y participación ciudadana ante la expansión de la inteligencia artificial.
1. Introducción: El Fin del Dominio Exclusivo de la Ingeniería
Durante décadas, el avance y la gestión de la inteligencia artificial pertenecieron casi exclusivamente al ámbito técnico. La IA operaba en la sombra, moldeada de manera opaca por ingenieros, matemáticos y programadores. Sin embargo, la irrupción masiva de los Grandes Modelos de Lenguaje (LLMs) como ChatGPT, Gemini o Claude ha transformado radicalmente este panorama, convirtiendo a la IA en una tecnología omnipresente e invisibilizada en la vida cotidiana.
Esta democratización en la creación de contenidos sintéticos hiperrealistas plantea una transformación profunda en la naturaleza de la información que consumimos. Nos enfrentamos a un ecosistema donde la veracidad, la autoridad y el conocimiento humano están condicionados por mediaciones algorítmicas, alterando las bases mismas de la investigación, la enseñanza y la ciudadanía.
2. La Brecha entre Uso y Comprensión: La Ilusión de Competencia
La adopción acelerada de herramientas generativas ha creado un fenómeno engañoso: una elevada fluidez instrumental acompañada de un severo analfabetismo funcional. Los usuarios aprenden a redactar prompts, obtener respuestas rápidas y delegar tareas complejas, desarrollando una falsa sensación de maestría.
Sin embargo, bajo esta superficie persisten riesgos estructurales no detectados por el usuario común:
Alucinaciones: La generación estocástica de datos, citas o hechos completamente erróneos pero presentados con una apariencia impecable de veracidad objetiva.
Sesgos Algorítmicos: La reproducción y amplificación inadvertida de discriminaciones históricas, culturales o de género presentes en los datos de entrenamiento.
Dependencia de Corpus: Las limitaciones inherentes a los datos de entrenamiento, que condicionan la profundidad y neutralidad del conocimiento generado.
Lógica Computacional vs. Significado: La incapacidad del usuario para discernir que un modelo predice secuencias textuales mediante patrones matemáticos, sin una comprensión real del significado semántico o conceptual.
3. Los Cuatro Pilares de la Alfabetización Algorítmica
Para pasar de la mera ejecución instrumental al pensamiento crítico, la alfabetización en inteligencia artificial debe articularse en torno a cuatro dimensiones interconectadas:
Pilar
Concepto
Aplicación Práctica
Pilar 1: Técnica
Comprensión de la operación computacional
Entender la lógica probabilística de los LLMs, el funcionamiento de los corpus y los límites de la arquitectura algorítmica.
Pilar 2: Evaluativa
Análisis crítico de los resultados
Interrogar las respuestas, identificar sesgos, auditar la precisión factual y evaluar el impacto del contenido sintético.
Pilar 3: Práctica
Implementación eficaz y responsable
Integración de herramientas de IA en flujos de trabajo académico, investigación, docencia y gestión institucional.
Pilar 4: Ética
Gobernanza y salvaguardas
Diseño de políticas contra el uso indebido, protección de la privacidad, autoría responsable y mitigación de plagios.
4. El Equilibrio de la Responsabilidad: Usuario vs. Sistema
La capacitación ante la era algorítmica no puede recaer únicamente sobre los hombros del individuo. La alfabetización no es un problema estrictamente individual, sino una cuestión de responsabilidad pública y diseño sistémico.
Mientras que el usuario debe comprometerse con la educación continua, la reformulación rigurosa de instrucciones y la evaluación crítica de los resultados, las instituciones públicas y bibliotecas deben asumir la responsabilidad sistémica. Esto implica exigir transparencia en la interfaz de los sistemas comercializados, establecer políticas institucionales claras y abogar por la equidad para evitar que la IA profundice las brechas sociales y educativas preexistentes.
5. Comparativa de Marcos Globales de Competencia en IA
Diversos organismos internacionales han definido marcos de competencia para abordar la alfabetización algorítmica desde diferentes perspectivas:
Marco / Organismo
Enfoque Principal
Público Objetivo
Dimensión Clave
Utilidad para la Biblioteca
UNESCO
Humanista y centrado en los derechos humanos.
Estudiantes y ciudadanía global.
Capacidad ética, equidad, inclusión y justicia social.
Marco filosófico para fundamentar políticas de acceso democrático.
EDUCAUSE
Operación, evaluación e integración en la educación superior.
Docentes, estudiantes universitarios y personal técnico.
Dimensiones técnica, evaluativa, práctica y ética.
Guía metodológica para estructurar la instrucción universitaria.
ACRL (Adaptado)
Integridad de la información y mediación del conocimiento.
Investigadores y comunidad académica.
Discernimiento de la fiabilidad conceptual, independiente del origen.
Actualización directa de la alfabetización informacional clásica.
WEF / AILit
Ciudadanía digital y competencias para el siglo XXI.
Ciudadanía general y educación primaria/secundaria.
Interacción, creación, gestión y diseño con sistemas de IA.
Integración en proyectos comunitarios y de brecha digital.
6. Diagnóstico Empírico en las Bibliotecas Universitarias
A pesar del avance acelerado de la tecnología, las bibliotecas enfrentan un desfase sustancial entre la adopción técnica y la formación crítica. Un análisis de 70 LibGuides universitarias revela un claro vacío conceptual: la inmensa mayoría de las guías se enfoca casi en exclusiva en el acceso instrumental y la sintaxis de instrucciones («prompts»), relegando el pensamiento crítico, la ética y la lógica computacional a un preocupante 7%.
Asimismo, aunque un 67% de las bibliotecas universitarias utilizaba activamente herramientas con IA integrada en 2024, se detecta una desconexión metodológica profunda, pues la mayor parte del personal imparte sesiones sin apoyarse en marcos consolidados como el de la ACRL. Existe, por tanto, una brecha urgente entre la accesibilidad técnica estudiantil y el dominio pedagógico e institucional.
7. Superando la Pista de Obstáculos
Para liderar esta transición, los profesionales de la información deben superar tres desafíos principales:
Velocidad del Cambio Tecnológico: La caducidad inmediata de las interfaces hace inútil enseñar menús específicos. La solución es adoptar un enfoque basado en principios duraderos y lógica de sistemas en lugar de plataformas efímeras.
Escasez de Personal Especializado: El temor a la obsolescencia debe combatirse mediante comunidades de práctica y programas transversales de formación continua dentro de las plantillas bibliotecarias.
Riesgo de Dependencia Tecnológica: Para evitar la pérdida de autonomía crítica del usuario, es imprescindible rediseñar las LibGuides, pasando del «Cómo usar la herramienta» al «Cómo evaluar e interrogar la herramienta».
8. La Metáfora del Caballo de Troya y el Blueprint Integrado
La alfabetización en Inteligencia Artificial no representa una amenaza para los valores fundacionales de la biblioteconomía; al contrario, actúa como un Caballo de Troya. La fascinación o urgencia social por la IA es el vehículo ideal para introducir, con más vigor que nunca, los principios esenciales de la Alfabetización Informacional que las bibliotecas siempre han promovido.
Bajo la fachada del manejo de herramientas generativas e ingeniería de prompts, el núcleo de la misión bibliotecaria permanece intacto: la evaluación rigurosa de fuentes, el pensamiento crítico, el discernimiento moral y la asignación ética de la autoría. La biblioteca se posiciona así como el centro de gravedad que integra:
Alfabetización Informacional: Evaluación, autoridad y fiabilidad.
Alfabetización Digital: Interacción fluida y segura en redes.
Alfabetización en Datos: Interpretación de sesgos y datos de entrenamiento.
Alfabetización en IA: Lógica computacional y arquitecturas generativas.
9. Hoja de Ruta para la Biblioteca Algorítmica
Para consolidar su papel protagónico en esta nueva era, las bibliotecas deben ejecutar tres acciones estratégicas:
Actualizar la Instrucción: Integrar el análisis ético, los sesgos y el impacto social en cada programa de formación bibliográfica y de usuarios.
Elevar las Políticas Institucionales: Liderar el diseño de directrices sobre autoría sintética, atribución de contenido, citas transparentes y privacidad de datos frente a proveedores comerciales.
Orquestar la Colaboración Sistémica: Trabajar en alianza con docentes, investigadores y departamentos de tecnologías de la información para auditar la integridad académica y la seguridad de las herramientas utilizadas.
10. Conclusión
La falta de competencias en IA no es un asunto individual ni un mero déficit técnico; es un factor emergente de desigualdad estructural. En un mundo donde los algoritmos filtran y generan la información, las bibliotecas, guiadas por su vocación pública, constituyen el último garante del acceso democrático al conocimiento crítico. Es el momento de asumir activamente nuestro lugar en el nuevo mundo algorítmico.
Alfabetización en inteligencia artificial (IA), sus dimensiones éticas y técnicas, y el papel fundamental que desempeñan las bibliotecas como mediadoras. Por Julio Alonso Arévalo
Elaborado en Prezzi IA a partir de los contenidos de Julio Alonso Arévalo
Se aborda la alfabetización en inteligencia artificial (IA), sus dimensiones éticas y técnicas, y el papel fundamental que desempeñan las bibliotecas como mediadoras.
1. Definición y alcance de la alfabetización en IA
Más allá del uso básico: No consiste únicamente en utilizar herramientas como ChatGPT o generadores de imágenes, sino en usarlas de forma efectiva, crítica y ética.
La brecha existente: Hay una disparidad entre el uso cotidiano de la IA y la comprensión profunda de cómo funcionan sus algoritmos o de los sesgos que pueden presentar.
2. Marcos de referencia y dimensiones clave
Dimensión ética y humana: Destaca la importancia de anteponer la ética humana, la dignidad y los derechos por encima de la tecnología, como promueve el marco de la UNESCO.
Dimensión técnica: Es indispensable comprender el funcionamiento interno de los sistemas para evaluar si las respuestas son confiables o si sufren de «alucinaciones».
Ámbito académico: Organizaciones como Educause y la ACRL buscan que estudiantes y educadores evalúen la IA de forma crítica.
3. El rol de las bibliotecas como «caballos de Troya»
Democratización del acceso: Integran la IA en la búsqueda de información y sus servicios digitales, enseñando competencias de manera orgánica.
Mediación crítica: No solo facilitan el acceso a las herramientas, sino que acompañan al usuario en el proceso de comprensión.
4. Desafíos y debates actuales
Falta de recursos: Escasez de presupuesto para infraestructura tecnológica y para la capacitación continua del personal bibliotecario ante el avance rápido de la IA.
Políticas éticas: Complejidad para diseñar normativas sobre privacidad y manejo de datos personales.
Debate curricular: Discusión sobre quién debe liderar esta formación y en qué medida adaptar los planes educativos.
5. Meta final: Ciudadanía algorítmica responsable
El objetivo final es empoderar a las personas para pasar de ser usuarios pasivos a ciudadanos algorítmicos responsables que entiendan, cuestionen y prosperen con criterio propio en un mundo impulsado por la IA.
Older adults learn essential computer skills together during an encouraging group workshop.
WebJunction. (2026, 16 de julio). Teaching technology to adults: Confidence-building advice from the field. WebJunction, OCLC. Acceder al artículo original en WebJunctio
Se aborda uno de los retos habituales de las bibliotecas públicas: ayudar a las personas adultas a desenvolverse con tecnologías que pueden resultarles complejas, intimidantes o cambiantes. La propuesta parte de una idea fundamental: muchas dificultades tecnológicas no deben interpretarse únicamente como una carencia de habilidades, sino también como un problema de confianza y seguridad personal.
La experiencia procede de Steve Alcalde, responsable de Servicios Informáticos y Tecnológicos de Rogers Memorial Library, cuyo equipo imparte aproximadamente diez clases de tecnología al mes y atiende diariamente consultas tecnológicas de usuarios y personal. El planteamiento fue presentado en una sesión de la PLA dedicada precisamente a enseñar tecnología a adultos que consideran que son «malos con la tecnología».
Uno de los principales mensajes del artículo es que la finalidad de la alfabetización tecnológica no debería limitarse a resolver el problema concreto que plantea el usuario, sino conseguir que este adquiera suficiente confianza para enfrentarse posteriormente a situaciones similares por sí mismo. Desde esta perspectiva, la intervención bibliotecaria se transforma: el profesional deja de ser simplemente quien «arregla» el problema y pasa a desempeñar una función de acompañamiento y formación. Esta diferencia es importante porque una solución rápida puede resolver la dificultad inmediata, pero no necesariamente proporciona al usuario los conocimientos o la seguridad necesarios para repetir el procedimiento de manera autónoma.
El artículo propone varias estrategias prácticas. La primera consiste en normalizar el miedo o la frustración ante la tecnología. Una persona puede temer equivocarse, romper el dispositivo, parecer poco competente o no comprender las explicaciones. Reconocer que determinadas tecnologías pueden resultar confusas ayuda a reducir esa sensación de inseguridad. También se recomienda adoptar una posición física y comunicativa más colaborativa: sentarse junto al usuario en lugar de situarse enfrente y, sobre todo, no quitarle el dispositivo de las manos. Aunque manejar directamente el teléfono o el ordenador pueda ser más rápido para el profesional, permitir que la propia persona realice las acciones favorece el aprendizaje, la familiarización con el dispositivo y la adquisición de confianza.
Otro aspecto especialmente relevante es el lenguaje empleado por el personal bibliotecario. Expresiones aparentemente inocentes como «es muy fácil» o «solo tienes que…» pueden aumentar la frustración cuando el usuario está teniendo dificultades. WebJunction propone sustituir este tipo de formulaciones por expresiones de acompañamiento, como «tú inténtalo y yo te guío», «tómate tu tiempo» o «vamos a hacerlo paso a paso». Se trata de eliminar el lenguaje excesivamente técnico y evitar que la persona sienta que su dificultad es consecuencia de una supuesta incapacidad. La comunicación se convierte así en una parte esencial de la alfabetización digital.
La fragmentación de los procesos en pequeñas acciones constituye otra de las recomendaciones centrales. Lo que para un profesional habituado a utilizar una determinada aplicación o servicio puede ser una secuencia automática de pasos, para un usuario puede representar una sucesión de decisiones desconocidas. Por ello, se aconseja explicar una sola acción cada vez, comprobar que la persona la ha realizado y continuar posteriormente con el siguiente paso. A esto se añade la recomendación de reducir deliberadamente la velocidad de explicación. El profesional puede tener interiorizado el procedimiento después de haberlo realizado cientos de veces, mientras que el usuario necesita tiempo para localizar botones, comprender términos y relacionar las instrucciones con lo que aparece en pantalla.
El artículo también plantea la conveniencia de comenzar por pequeños logros o «victorias rápidas». En lugar de abordar inmediatamente una tarea compleja, puede ser útil empezar con una acción sencilla que permita experimentar una sensación de éxito: aumentar el tamaño del texto, enviar una fotografía o realizar una operación básica. Estos pequeños avances funcionan como refuerzo positivo y pueden modificar la percepción que la persona tiene de sus propias capacidades. El objetivo no es únicamente completar una tarea, sino construir progresivamente una percepción de autonomía: «puedo hacerlo».
Un elemento particularmente interesante es la necesidad de preguntar y obtener retroalimentación durante la formación. El profesional no debería asumir automáticamente que conoce el origen del problema. Una persona que parece tener dificultades con una aplicación puede, en realidad, estar confundida por el proceso completo que hay detrás. Preguntas sencillas como «¿qué parte no coincide con lo que esperabas?» permiten descubrir las verdaderas dificultades y corregir las explicaciones. De esta manera, la interacción se convierte en un proceso bidireccional en el que también el bibliotecario aprende a identificar sus propias suposiciones y a mejorar sus métodos de enseñanza.
El artículo ofrece un ejemplo muy ilustrativo relacionado con el aprendizaje de la fotografía y el envío de imágenes desde un iPhone. El usuario seguía las instrucciones, pero dudaba antes de realizar cada paso. Cuando el instructor preguntó si estaba explicando demasiado deprisa, descubrió que la persona no conocía algunos términos utilizados y necesitaba más tiempo para localizar cada elemento en la pantalla. La solución consistió en reducir el ritmo, explicar una acción cada vez, evitar vocabulario técnico no explicado y ofrecer al usuario la posibilidad de intentar por sí mismo el siguiente paso. Al finalizar, la persona manifestó que creía que podría realizar el procedimiento en casa. Para WebJunction, este resultado es más significativo que la simple resolución de la consulta, porque demuestra que se ha conseguido transferir confianza y autonomía.
Otro ejemplo aborda un problema aparentemente técnico relacionado con la impresión desde el teléfono móvil utilizando la red Wi-Fi de la biblioteca. El usuario no entendía por qué el documento no salía inmediatamente de la impresora después de pulsar «imprimir». El problema no estaba realmente en la utilización de la página web, sino en que la persona tenía un modelo mental diferente del funcionamiento del servicio: esperaba que el documento se imprimiera automáticamente, como ocurría en su domicilio. La explicación del proceso completo —enviar el documento, acudir al mostrador, realizar el pago y liberar la impresión— permitió comprender la lógica del sistema. Además, se explicó que el mecanismo de liberación contribuía a proteger la privacidad de los usuarios. El ejemplo demuestra la importancia de explicar el funcionamiento global de un servicio y no únicamente los pasos técnicos.
En un sentido más amplio, el artículo presenta la alfabetización tecnológica como una tarea educativa y no simplemente asistencial. Las bibliotecas ofrecen cada vez más apoyo para utilizar teléfonos inteligentes, ordenadores, aplicaciones, servicios digitales, sistemas de impresión y otras herramientas tecnológicas. En este contexto, cada consulta individual puede convertirse en una oportunidad para desarrollar competencias que permitan al usuario afrontar nuevos problemas. Esta concepción conecta directamente con la función tradicional de las bibliotecas como espacios de aprendizaje permanente y con su papel en la reducción de las brechas digitales. WebJunction sitúa precisamente la formación de usuarios entre las áreas fundamentales de los servicios bibliotecarios y reúne recursos específicos sobre alfabetización digital y enseñanza a usuarios.
II Encuentro sobre Servicios de Referencia y Acceso a la información Buenos Aires 15 y 16 de septiembre de 2026. Biblioteca Nacional de Argentina «Mariano Moreno»
La llegada de la inteligencia artificial (IA), y en particular de la IA generativa, está provocando un impacto notable en todos los ámbitos de la vida —la educación, las empresas, la salud y la convivencia social— lo que convierte a la alfabetización en IA en una competencia esencial del siglo XXI. El artículo que se presenta realiza una revisión sistemática que abarca desde el estado del concepto hasta los marcos de referencia desarrollados a nivel global y el papel que desempeñan las bibliotecas como actores clave en la formación de ciudadanos críticos y responsables frente a esta tecnología. Los hallazgos muestran que la alfabetización en Inteligencia Artificial es un fenómeno multidimensional, que incluye aspectos técnicos, críticos, éticos y comunicativos; que trasciende el simple manejo de herramientas; que está generando una nueva brecha en un entorno donde surgen distanciamientos y riesgos asociados a esta tecnología; y que, en este contexto, las bibliotecas se sitúan en una posición estratégica para ir más allá de la alfabetización informacional tradicional ante las exigencias del entorno algorítmico. Finalmente, se identifican las distintas estrategias presentes en los marcos existentes y se proponen líneas de actuación futuras.
Yale Daily News. (2026). “As digital checkouts soar, Los Angeles libraries pivot to AI education.” Yale Daily News, septiembre de 2026. Artículo original en Yale Daily News
La principal enseñanza es que la alfabetización en inteligencia artificial puede convertirse en una nueva forma de servicio bibliotecario, del mismo modo que en décadas anteriores las bibliotecas incorporaron la alfabetización informacional, Internet y las competencias digitales. Los Ángeles ofrece, por tanto, un modelo muy interesante para estudiar cómo las bibliotecas pueden contribuir a democratizar el conocimiento sobre IA y reducir las nuevas desigualdades que está generando esta tecnología.
Las bibliotecas públicas de Los Ángeles están adaptando su función educativa ante dos transformaciones simultáneas: el extraordinario crecimiento del consumo de contenidos digitales y la rápida incorporación de la inteligencia artificial generativa a la vida cotidiana. La Los Angeles Public Library se ha convertido en uno de los grandes referentes de la circulación digital: en 2024 superó por primera vez los 14 millones de préstamos digitales, consolidándose como la biblioteca pública con mayor número de préstamos digitales del mundo en la plataforma OverDrive. Este crecimiento evidencia que la biblioteca ya no puede entenderse únicamente como un espacio físico asociado al préstamo de libros impresos, sino como una infraestructura de acceso al conocimiento que funciona también a través de teléfonos, tabletas, ordenadores y plataformas digitales.
Sin embargo, el cambio que destaca el artículo va más allá de la digitalización de las colecciones. La biblioteca está empezando a asumir una nueva responsabilidad: ayudar a los ciudadanos a comprender, utilizar y evaluar críticamente la inteligencia artificial. La cuestión no consiste simplemente en enseñar a utilizar ChatGPT u otras herramientas generativas, sino en proporcionar conocimientos que permitan comprender cómo funcionan estas tecnologías, cuáles son sus limitaciones y qué problemas pueden plantear en términos de información, privacidad, sesgos, desinformación o fiabilidad. En este sentido, la alfabetización en IA aparece como una prolongación natural de la alfabetización informacional que históricamente han desarrollado las bibliotecas.
El caso de Los Ángeles resulta especialmente significativo porque muestra cómo la evolución de los hábitos de los usuarios está modificando las prioridades de los servicios bibliotecarios. Mientras los préstamos digitales alcanzan cifras récord, determinados materiales físicos —especialmente la no ficción— experimentan una disminución de circulación. La biblioteca no interpreta esta transformación como una pérdida de relevancia, sino como una oportunidad para redefinir su función. El acceso a libros electrónicos, audiolibros y otros recursos digitales constituye una primera fase de esta evolución; la siguiente consiste en ayudar a los ciudadanos a desenvolverse en un ecosistema informativo dominado cada vez más por algoritmos y sistemas de inteligencia artificial.
Esta estrategia tiene además una dimensión de equidad digital. La biblioteca pública puede desempeñar un papel fundamental para evitar que la inteligencia artificial genere una nueva brecha entre quienes disponen de conocimientos, dispositivos, suscripciones y formación para utilizarla y quienes quedan excluidos de estas posibilidades. Los servicios bibliotecarios proporcionan acceso gratuito a recursos digitales y formación, y pueden convertirse en espacios neutrales donde los ciudadanos aprendan no solo a utilizar una herramienta, sino también a cuestionar sus resultados, verificar información y tomar decisiones informadas. Esta función resulta especialmente relevante en una ciudad tan diversa como Los Ángeles, donde existen importantes diferencias económicas, educativas, lingüísticas y tecnológicas.
El caso también permite observar un cambio profundo en la concepción del bibliotecario como mediador del conocimiento. En el modelo tradicional, el profesional ayudaba al usuario a localizar, seleccionar y evaluar documentos; en el entorno de la IA generativa, esa función se amplía. El bibliotecario debe enseñar a formular preguntas, contrastar respuestas generadas por sistemas automáticos, identificar posibles errores o sesgos y recurrir a fuentes fiables cuando la IA no ofrece garantías suficientes. Por tanto, la alfabetización en IA no sustituye a la alfabetización informacional, sino que la hace todavía más necesaria.
Un aspecto especialmente interesante del caso de Los Ángeles es que demuestra que las bibliotecas públicas pueden abordar la inteligencia artificial desde una perspectiva educativa y ciudadana, y no exclusivamente tecnológica. No se trata de convertir las bibliotecas en centros de innovación tecnológica ni de incorporar IA simplemente porque sea una tendencia, sino de preguntarse qué necesitan realmente las comunidades. Desde esta perspectiva, los cursos, talleres, actividades de alfabetización digital y programas de orientación sobre IA pueden formar parte de una estrategia más amplia destinada a fortalecer la autonomía de los ciudadanos frente a un ecosistema informativo cada vez más automatizado.
La alfabetización en inteligencia artificial (IA) se ha consolidado como una competencia esencial del siglo XXI ante el impacto omnipresente de las tecnologías generativas en la sociedad actual. Más allá del mero uso instrumental, se configura como un fenómeno multidimensional que integra pilares técnicos, críticos, éticos y comunicativos indispensables para comprender los algoritmos y evaluar fenómenos como sesgos y alucinaciones. Diversos marcos internacionales, como los desarrollados por la UNESCO, EDUCAUSE y la ACRL, buscan estandarizar el desarrollo de estas competencias en los ámbitos educativo e investigador. En este escenario, las bibliotecas y sus profesionales emergen como agentes estratégicos y espacios de confianza clave para promover la formación ciudadana y garantizar el acceso equitativo y ético a la información. No obstante, la acelerada evolución tecnológica exige capacitar prioritariamente al propio personal bibliotecario para superar la brecha existente entre el uso cotidiano de las herramientas y su conocimiento profundo. Para dar respuesta a este desafío, se propone una estructura de aprendizaje articulada en tres dimensiones fundamentales: conceptual (fundamentos), práctica (experimentación y auditoría de resultados) y crítica (ética e impacto social).
Se plantea que el verdadero desafío de la IA no es simplemente aprender a utilizar ChatGPT u otras herramientas, sino preservar y reforzar las capacidades que permiten a las personas orientarse en un ecosistema informativo cada vez más complejo. Para las bibliotecas, esto supone una oportunidad para situarse nuevamente en el centro de la educación ciudadana: promover lectura crítica, pensamiento independiente, verificación de información y una alfabetización en IA que permita afrontar el futuro con conocimiento, autonomía y confianza.
Una reflexión sobre la relación entre alfabetización, inteligencia artificial y futuro, partiendo de la idea de que cada gran transformación tecnológica modifica también nuestra manera de acceder al conocimiento, leer, pensar y relacionarnos con la información. La llegada de la IA generativa representa un cambio especialmente profundo porque no solo facilita el acceso a contenidos, sino que puede producir textos, imágenes, respuestas y explicaciones que antes requerían una intervención humana directa. Ante esta transformación, la alfabetización ya no puede limitarse a saber leer y escribir o a manejar herramientas digitales: debe incluir la capacidad de comprender cómo funcionan estas tecnologías, valorar críticamente sus resultados y reconocer sus limitaciones.
Uno de los planteamientos centrales es que la IA no debería conducir al abandono de las capacidades humanas asociadas a la lectura, la reflexión y el pensamiento crítico. El acceso inmediato a respuestas generadas por máquinas puede resultar extraordinariamente útil, pero también puede crear una dependencia que reduzca el esfuerzo necesario para investigar, comparar fuentes, construir argumentos y elaborar conocimiento propio. En este contexto, la alfabetización adquiere una dimensión todavía más importante: enseñar a las personas no solamente a obtener información, sino a preguntarse de dónde procede, qué evidencias la sustentan, qué sesgos puede contener y qué grado de confianza merece.
Desde la perspectiva de las bibliotecas, el debate resulta especialmente significativo. Las bibliotecas han desempeñado históricamente un papel fundamental en la democratización del acceso al conocimiento y en la formación de ciudadanos capaces de utilizar la información de manera autónoma. La expansión de la IA amplía esa responsabilidad: los bibliotecarios deben ayudar a los usuarios a comprender los sistemas generativos, evaluar sus respuestas, detectar información falsa o inventada, contrastar referencias y mantener una relación crítica con los algoritmos. La alfabetización en IA aparece así como una prolongación natural de la alfabetización informacional y mediática.
El texto invita también a superar una visión exclusivamente negativa de la tecnología. La IA puede generar incertidumbre, pérdida de confianza y temor ante el futuro, pero también puede abrir posibilidades extraordinarias para el aprendizaje, la investigación y el acceso al conocimiento. El desafío consiste en evitar tanto el rechazo indiscriminado como una confianza ciega en las máquinas. Para ello es necesario construir una cultura en la que las personas comprendan que la tecnología es una herramienta poderosa, pero que la responsabilidad última sobre la interpretación, las decisiones y el uso del conocimiento continúa siendo humana.