
Levesque, Ryan. “The Shape of Enshittification: Books That No Longer Get Read, An Internet That No Longer Gets Surfed, & The End of Social Media As We Know It…” The Digital Contrarian, Substack, 16 de junio de 2026. https://thedigitalcontrarian.substack.com/p/the-shape-of-enshittification-104
El artículo plantea que la verdadera amenaza de la IA no es simplemente que produzca contenido mediocre, sino que pueda contribuir a crear un ecosistema en el que libros, Internet, redes sociales y hasta nuestras conversaciones estén cada vez más mediados por máquinas. Frente a esa abundancia de contenido sintético, Levesque reivindica el valor creciente de lo humano: criterio, experiencia, originalidad, conversación, creatividad y capacidad para distinguir información de conocimiento.
Ryan Levesque parte del concepto de “enshittification”, popularizado por Cory Doctorow para describir el progresivo deterioro de las plataformas digitales cuando los intereses comerciales terminan imponiéndose sobre la experiencia de los usuarios. Su tesis es que este fenómeno está adquiriendo una nueva dimensión con la inteligencia artificial: no solo se deterioran las plataformas, sino que cada vez más contenidos de Internet, libros y conversaciones están siendo producidos, filtrados o mediados por sistemas de IA. El resultado podría ser un ecosistema digital abundante en información pero progresivamente pobre en autenticidad, diversidad y contacto humano.
El artículo comienza con una investigación realizada por investigadores de la Universidad de Maryland y Google DeepMind, que analizó 61.608 historias generadas a partir de 10.272 propuestas, comparando textos humanos con producciones de cinco modelos de IA. Según Levesque, el análisis de la estructura narrativa permitió distinguir textos humanos de textos generados por IA con una precisión cercana al 93 %. Identifica cinco rasgos característicos del denominado AI slop: la IA tiende a explicar demasiado los temas en lugar de permitir que el lector los interprete, utiliza estructuras más lineales, recurre con mayor frecuencia a metáforas corporales para expresar emociones, hace menos referencias concretas a lugares, marcas o textos y produce narrativas menos diversas.
A partir de ahí, Levesque conecta el fenómeno con una sensación más amplia de que “nada parece real”. Recupera la distinción popular entre trabajo asociado al pensamiento analítico y trabajo relacionado con significado, creatividad, belleza y experiencia, para argumentar que la sociedad digital ha privilegiado cada vez más la medición, optimización y automatización. Aplicamos aplicaciones para conseguir conexión, métricas para medir la felicidad y sistemas para organizar incluso aquello que tradicionalmente pertenecía al ámbito de la experiencia humana. Según su argumento, obtenemos resultados funcionales pero no necesariamente auténticos: un entorno diseñado para captar nuestra atención y proporcionarnos pequeñas dosis de recompensa, pero que puede terminar generando sensación de vacío.
Uno de los ámbitos donde Levesque observa con mayor claridad esta evolución es las redes sociales. Propone un ciclo de cinco etapas: nacimiento de una comunidad, crecimiento, llegada a una masa crítica, enshittification y finalmente declive. En la cuarta fase, el modelo de negocio comienza a dominar la experiencia del producto, aumenta la publicidad y el contenido se vuelve cada vez más homogéneo; finalmente, los usuarios que hicieron atractiva la plataforma comienzan a marcharse. El autor considera que muchas redes sociales se encuentran actualmente en las fases cuatro o cinco. La incorporación masiva de contenido generado por IA añade otro problema: cada vez resulta más difícil saber si detrás de una publicación, una interacción o un comentario existe realmente otra persona.
Esta transformación afecta especialmente al valor de la comunicación social. Si publicamos para ser vistos por otras personas y una parte creciente de quienes leen, comentan o interactúan son sistemas automatizados, bots o contenidos generados por IA, el incentivo para participar en las redes cambia radicalmente. Levesque observa además una migración desde la comunicación pública hacia espacios privados, como los grupos de WhatsApp o iMessage. Las redes sociales estarían convirtiéndose progresivamente en una especie de televisión digital, centrada en mantener la atención mediante vídeos breves, mientras la comunicación verdaderamente interpersonal se desplaza hacia espacios más cerrados.
El autor dedica también especial atención al futuro del libro. Utiliza como ejemplo los datos compartidos por Tim Ferriss, cuyos libros experimentaron descensos importantes de ventas: -5 % en 2023, -13 % en 2024, -46 % en 2025 y -57 % en 2026 respecto al año anterior. Levesque relaciona esta evolución con la popularización de ChatGPT y con el hecho de que los libros de tipo how-to, destinados principalmente a proporcionar instrucciones y procedimientos, compiten directamente con los chatbots. En lugar de comprar un libro para aprender a hacer algo, el usuario puede preguntar a una IA y obtener en segundos una respuesta adaptada a su situación.
Sin embargo, su conclusión no es que el libro esté muriendo, sino que está perdiendo valor un determinado tipo de libro. Según Levesque, la información fácilmente sistematizable puede ser absorbida por los chatbots, mientras que adquieren mayor valor las obras que aportan una perspectiva original, una idea poderosa, una experiencia personal, una historia única o una transformación intelectual. Es una distinción especialmente interesante: la IA abarata la información, pero podría aumentar el valor de la experiencia, la interpretación y la originalidad humana.
Otro de los argumentos centrales se refiere al Internet que leen las máquinas. Levesque advierte que si los usuarios dejan de navegar directamente por la Web y comienzan a consultar principalmente chatbots, los productores de contenidos tendrán incentivos para crear páginas destinadas no tanto a las personas como a los sistemas de IA que las rastrean. Utiliza como ejemplo contenidos comerciales de Shopify que sitúan a la propia empresa como la mejor plataforma de comercio electrónico. Si los chatbots utilizan esos contenidos como fuentes, una empresa podría influir indirectamente en las respuestas que reciben millones de usuarios. El riesgo es la aparición de una Web optimizada para ser consumida por algoritmos y no por seres humanos.
Finalmente, Levesque introduce una idea especialmente sugerente: el “message slop”, o basura generada por IA en las conversaciones personales. Describe una experiencia en la que sospechó que su interlocutor estaba utilizando ChatGPT o Claude para generar sus respuestas. La conversación aparentemente se producía entre dos personas, pero en realidad estaba mediada por una máquina. Para el autor, esto plantea una cuestión fundamental: si empezamos a delegar incluso la expresión de nuestros pensamientos y emociones en una IA, podemos terminar perdiendo una parte de la espontaneidad y autenticidad que caracteriza a la comunicación humana.
El artículo termina con una perspectiva relativamente optimista: cuanto más fácil sea fabricar algo artificial, mayor puede ser el valor de aquello que no puede falsificarse fácilmente. Levesque identifica tres tipos de trabajo que podrían adquirir especial relevancia: quienes sepan coordinar sistemas de IA y agentes, los trabajos manuales y creativos ligados al mundo físico, y las actividades humanas en las que resulten esenciales la confianza, el criterio y la relación interpersonal. Su conclusión es que, en un mundo inundado de contenido artificial, lo auténtico, singular y humano podría convertirse precisamente en el recurso más escaso y valioso.









