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La pertenencia estudiantil y la biblioteca como tercer lugar

ARL Unbound | Student Belonging and the Library as Third Place. (2026). Library Journal. Disponible en: https://www.libraryjournal.com/story/arl-unbound-student-belonging-and-the-library-as-third-place

La biblioteca universitaria contemporánea desempeña una función que va mucho más allá de proporcionar acceso a libros, revistas científicas, bases de datos y otros recursos de información. También puede convertirse en un espacio fundamental para que los estudiantes construyan relaciones sociales, desarrollen su identidad universitaria y encuentren un sentimiento de pertenencia a la comunidad académica. Esta dimensión resulta especialmente importante para quienes comienzan sus estudios superiores, se trasladan a otra ciudad o se enfrentan por primera vez a la experiencia de vivir lejos de su entorno familiar.

La universidad puede representar una oportunidad de crecimiento intelectual y personal, pero también un escenario de incertidumbre, aislamiento y dificultades de adaptación. En este contexto, la biblioteca puede ofrecer un entorno acogedor en el que estudiar, relacionarse con otras personas, descansar entre clases y participar en actividades culturales sin la presión de tener que demostrar constantemente un rendimiento académico.

La idea de la biblioteca como espacio de pertenencia supone, por tanto, ampliar la concepción tradicional de sus servicios. No basta con disponer de instalaciones modernas o colecciones de calidad: es necesario que los estudiantes perciban que la biblioteca es un lugar accesible, abierto a la diversidad y pensado también para sus necesidades personales y sociales. La pertenencia no se consigue únicamente mediante el diseño arquitectónico, sino a través de las experiencias que las personas viven en el espacio, de la calidad de las relaciones que establecen y de la posibilidad de sentirse reconocidas como miembros legítimos de la comunidad. Desde esta perspectiva, la biblioteca contribuye al bienestar estudiantil y puede reforzar indirectamente la participación, la integración y el éxito académico.

La expresión tercer lugar procede de los trabajos del sociólogo Ray Oldenburg y hace referencia a aquellos espacios que ocupan una posición intermedia entre el hogar, considerado el primer lugar, y el trabajo o las obligaciones formales, entendido como el segundo. Los terceros lugares favorecen la interacción informal, la convivencia, la conversación y la creación de vínculos comunitarios. Aplicado al ámbito universitario, este concepto permite entender la biblioteca como un espacio que no pertenece exclusivamente al terreno de las clases, los exámenes o las tareas académicas, sino que ofrece a los estudiantes una experiencia más flexible y cotidiana de la vida universitaria.

La biblioteca resulta especialmente adecuada para desempeñar esta función porque, en principio, es un espacio compartido, relativamente neutral y abierto a personas con intereses, procedencias y circunstancias diferentes. Puede combinar zonas de silencio y concentración con espacios de trabajo colaborativo, áreas de descanso y lugares para encuentros informales. Esta pluralidad permite responder a necesidades diversas sin reducir la identidad de la institución a una única función. La investigación de Montgomery y Miller sobre la biblioteca como tercer lugar ya destacaba la importancia de conservar los edificios bibliotecarios como espacios de aprendizaje colaborativo e interacción comunitaria, incluso cuando muchos recursos y servicios se trasladan al entorno digital.

Concebir la biblioteca como tercer lugar implica reconsiderar tanto la organización de sus espacios como la programación de sus actividades. La biblioteca puede mantener sus funciones tradicionales de apoyo al aprendizaje y a la investigación y, al mismo tiempo, ofrecer experiencias que faciliten la convivencia, la creatividad y la participación. Entre las posibilidades se encuentran los clubes de lectura, los encuentros con autores, las exposiciones, los talleres creativos, las actividades culturales, los espacios de creación o makerspaces y las iniciativas impulsadas por los propios estudiantes. Estas propuestas permiten que la biblioteca se convierta en un lugar al que acudir no solo para resolver una necesidad concreta de información, sino también para compartir intereses, descubrir nuevas aficiones y establecer relaciones con otros miembros de la comunidad universitaria.

La programación cultural y social adquiere así una importancia estratégica. Randa L. Morgan, en su trabajo sobre bibliotecas académicas, terceros lugares y programas comunitarios, plantea que las actividades recreativas y de participación pueden contribuir a fortalecer la comunidad universitaria y a mejorar la conexión entre las necesidades de los estudiantes y los servicios bibliotecarios. Desde este planteamiento, las bibliotecas deben superar la idea de que toda actividad ha de justificarse exclusivamente por su relación directa con la investigación o el estudio. También es legítimo crear oportunidades para la conversación, el ocio cultural y el encuentro espontáneo, porque estas experiencias contribuyen a construir relaciones de confianza y una identidad compartida.

Un aspecto fundamental de esta transformación es reconocer a los estudiantes como participantes activos en la definición de la biblioteca. Para que el espacio genere pertenencia, no basta con que los profesionales decidan qué servicios ofrecer o cómo distribuir el mobiliario. Es necesario conocer las experiencias, preferencias y dificultades de quienes utilizan la biblioteca, así como de aquellos que no acuden a ella. Las encuestas, los grupos de discusión, las consultas informales y los proyectos de codiseño pueden ayudar a identificar barreras físicas, sociales, culturales o económicas que dificultan la participación.

La inclusión también exige reconocer que los estudiantes no constituyen un grupo homogéneo. Las necesidades de quienes viven en residencias universitarias pueden ser distintas de las de quienes se desplazan diariamente desde otras localidades; los estudiantes internacionales pueden necesitar espacios para establecer relaciones y familiarizarse con el entorno; y quienes experimentan dificultades económicas, aislamiento social o problemas de accesibilidad pueden encontrar en la biblioteca un recurso especialmente valioso. La existencia de zonas tranquilas, espacios de colaboración, mobiliario flexible, horarios adecuados y normas claras de convivencia contribuye a crear un entorno en el que diferentes formas de estudiar, descansar y relacionarse puedan coexistir.

Un estudio de Kathryn New y Derek Marshall, publicado en 2026, examina precisamente cómo las bibliotecas de la Universidad Estatal de Mississippi han trabajado para consolidar estos espacios mediante la consulta a los estudiantes, la renovación de las instalaciones y la organización de programas que consideran sus necesidades más allá del rendimiento académico. El trabajo destaca la importancia de ofrecer a los estudiantes oportunidades para participar en las decisiones y desarrollar un sentimiento de apropiación del espacio bibliotecario.

La consideración de la biblioteca como tercer lugar tiene consecuencias para la planificación estratégica, la evaluación de servicios y la justificación de la inversión institucional. Si su contribución se mide exclusivamente mediante indicadores como el número de préstamos, las consultas de bases de datos o las visitas a los puestos de estudio, quedarán fuera de la evaluación aspectos importantes de su valor social. También resulta necesario conocer si los estudiantes se sienten bienvenidos, si encuentran espacios adecuados para relacionarse, si participan en las actividades organizadas y si consideran que la biblioteca forma parte significativa de su experiencia universitaria.

Esto no significa sustituir los indicadores tradicionales por medidas subjetivas, sino complementarlos con evidencias sobre participación, satisfacción, inclusión y percepción de pertenencia. La colaboración entre bibliotecarios, profesorado, servicios de orientación, asociaciones estudiantiles y responsables universitarios puede contribuir a que la biblioteca forme parte de una estrategia más amplia de bienestar y éxito estudiantil. Asimismo, defender el valor de la biblioteca como espacio físico continúa siendo importante en un contexto en el que el acceso digital permite consultar numerosos recursos sin acudir al edificio. Precisamente, cuando la información puede obtenerse desde cualquier lugar, la biblioteca adquiere un valor diferencial como entorno compartido para aprender, crear, convivir y construir comunidad.

Más allá del edificio: cómo las bibliotecas están reinventando los espacios exteriores

New York Public Library integra sus espacios exteriores en Bryant Park con zonas de lectura, descanso y encuentro comunitario, ampliando la biblioteca más allá de sus límites físicos.

Dilger, Jeannie. “Beyond the Building: How Libraries Are Reimagining Outdoor Spaces.” ReThinking Libraries, 28 de julio de 2026. Artículo original

Se plantea una evolución significativa del concepto de espacio bibliotecario. La biblioteca del futuro no tiene por qué limitarse a sus salas interiores: puede proyectarse hacia jardines, plazas, calles y otros espacios públicos para desarrollar actividades culturales, educativas, sociales y de bienestar. La combinación de participación ciudadana, diseño flexible, accesibilidad y planificación a largo plazo permite concebir el exterior como una auténtica extensión de los servicios bibliotecarios y como una nueva infraestructura de encuentro comunitario.

Se analiza una tendencia creciente en la arquitectura y planificación bibliotecaria: extender la función de la biblioteca más allá de las paredes del edificio mediante patios, plazas, jardines, terrazas, azoteas, espacios urbanos e incluso aparcamientos o terrenos próximos. La cuestión fue abordada en la conferencia anual de la American Library Association de 2026 en Chicago, donde profesionales de bibliotecas y arquitectura paisajística analizaron cómo estos espacios pueden favorecer la conexión comunitaria, el aprendizaje, la programación cultural y el bienestar. La pandemia aceleró una evolución que ya estaba en marcha, al demostrar el valor de los espacios exteriores para reunirse y desarrollar actividades de forma segura.

Una de las principales ideas del artículo es que el diseño del espacio exterior debe comenzar escuchando a la comunidad. Antes de decidir qué instalaciones construir, las bibliotecas deberían conocer las necesidades tanto de sus usuarios habituales como de las personas que no utilizan actualmente sus servicios. Encuestas, talleres participativos, sesiones de diseño y otras formas de consulta permiten identificar usos y necesidades que pueden pasar desapercibidos. Además, incorporar personas de diferentes edades, capacidades y procedencias ayuda a construir espacios más inclusivos y representativos de la comunidad.

El texto también cuestiona la idea de que para disponer de una biblioteca exterior sea necesario contar con grandes jardines o terrenos. Cualquier espacio puede convertirse en una extensión de la biblioteca si se planifica adecuadamente: pequeñas plazas, terrazas, balcones, calles, zonas de aparcamiento, jardines de bolsillo, azoteas o espacios pertenecientes a otras organizaciones mediante acuerdos de colaboración. La planificación debe tener en cuenta factores como el ruido, el tráfico, la seguridad, el acceso, la gestión del agua de lluvia y las características del entorno.

Otro principio fundamental es la flexibilidad. Las bibliotecas pueden utilizar sus espacios exteriores para organizar grandes actividades y actuaciones, pero también para ofrecer zonas de lectura y descanso, reuniones de pequeños grupos, comidas, actividades educativas y medioambientales, celebraciones comunitarias o eventos de recaudación de fondos. Dado que los presupuestos no siempre permiten desarrollar todos los proyectos simultáneamente, el artículo propone diseñar una estructura que pueda crecer progresivamente y adaptarse a nuevas necesidades.

La perspectiva de inclusión y diversidad de usuarios ocupa igualmente un lugar central. Los espacios exteriores pueden diseñarse para niños y familias, adultos que buscan tranquilidad, personas interesadas en la interacción social y actividades intergeneracionales. Elementos aparentemente sencillos —vegetación autóctona, diferentes tipos de asientos, recorridos accesibles y zonas adaptadas a distintas actividades— pueden transformar un espacio exterior en un verdadero destino comunitario. La biblioteca deja así de concebirse exclusivamente como un edificio para convertirse en una red de espacios de encuentro, aprendizaje y convivencia.

El artículo recuerda, además, que la calidad de estos espacios depende tanto de los pequeños detalles como del diseño general. Wi-Fi, conexiones eléctricas, iluminación, baños, aparcamientos para bicicletas y espacios de almacenamiento pueden determinar hasta qué punto se utiliza un espacio exterior. También es necesario prever desde el principio su mantenimiento y seleccionar materiales y mobiliario adecuados. Un elemento especialmente importante es la sombra: árboles, estructuras permanentes o sistemas móviles pueden mejorar considerablemente el confort y ampliar las horas y épocas del año en que el espacio puede utilizarse.

Del edificio al espacio de encuentro: el futuro de las bibliotecas

Urban Libraries Council (ULC), Future Scenarios: Library Space & Design | A new policy roadmap for library leaders, publicado el 16 de septiembre de 2026.

Texto completo

Las bibliotecas públicas siempre han sido una expresión viva de sus comunidades, reflejando las necesidades, la historia, las aspiraciones, las presiones y las posibilidades locales. A medida que nuestras comunidades evolucionan con mayor rapidez, cobran aún más importancia las vías para comprender y participar en la configuración de los cambios futuros. El informe propone una hoja de ruta para los responsables de bibliotecas sobre cómo combinar los espacios físicos, las tecnologías digitales y las nuevas necesidades de las comunidades

El informe parte de una transformación profunda del contexto social en el que funcionan las bibliotecas públicas. La digitalización, la fragmentación social, la incertidumbre económica y los cambios en las formas de relacionarse están modificando las necesidades de las comunidades. Frente a este escenario, las bibliotecas aparecen como una de las pocas instituciones cívicas capaces de proporcionar estabilidad, acceso, encuentro y oportunidades de participación. El documento sostiene que la biblioteca pública no debería contemplarse simplemente como un lugar donde se ofrecen libros, ordenadores o actividades culturales, sino como una infraestructura esencial para la vida comunitaria.

Uno de los argumentos centrales es que el diseño físico de la biblioteca adquiere una importancia renovada precisamente cuando otros espacios de encuentro están desapareciendo. En un contexto en el que los denominados «terceros lugares» —espacios diferentes del hogar y del trabajo donde las personas pueden encontrarse— son cada vez más escasos, las bibliotecas pueden asumir una función social mucho más amplia. El espacio bibliotecario debe facilitar no solamente la lectura o el estudio individual, sino también la interacción, la participación, el aprendizaje, la conversación, la creatividad y el sentimiento de pertenencia.

La metodología del informe se estructura en tres pasos. Primero analiza cómo utilizan actualmente los ciudadanos los espacios, programas y servicios bibliotecarios y relaciona esos usos con las tendencias que están transformando la vida comunitaria. Posteriormente intenta anticipar qué podrían necesitar y esperar los usuarios del futuro. Finalmente, convierte esas observaciones en diferentes escenarios futuros de biblioteca, teniendo en cuenta simultáneamente la evolución del comportamiento de los usuarios, el diseño arquitectónico y espacial y el desarrollo de las infraestructuras digitales.

Una de las ideas más interesantes del documento es que la transformación digital no debe conducir a una biblioteca progresivamente deshumanizada. La tecnología debe aumentar las posibilidades de la biblioteca y reforzar su propósito humano, no reemplazarlo. Las bibliotecas del futuro deberán ser tecnológicamente avanzadas, pero al mismo tiempo conservar una identidad claramente humana. Esto implica pensar la tecnología como una infraestructura que facilita el acceso, el aprendizaje y la participación, mientras que el espacio físico continúa proporcionando aquello que difícilmente puede sustituirse mediante una pantalla: presencia, interacción social, confianza y pertenencia.

El documento concede especial importancia al problema de la desconexión social. La biblioteca puede funcionar como un lugar en el que las personas no solamente encuentran información, sino también orientación para comprender los cambios que afectan a sus vidas y oportunidades para participar en la comunidad. De ahí que el diseño futuro deba crear espacios en los que resulte sencillo saber cómo participar, encontrarse con otras personas y sentirse parte de una comunidad. La biblioteca se plantea así como un espacio de cohesión social en un momento de creciente fragmentación.

El planteamiento supone también un cambio respecto a la concepción tradicional del edificio bibliotecario. El diseño ya no debería estar determinado exclusivamente por la colección y los puestos de lectura, sino por una combinación de personas, actividades, relaciones, tecnología y comunidad. Esto puede traducirse en espacios más flexibles y adaptables, capaces de responder a diferentes usos a lo largo del día y de modificarse conforme evolucionen las necesidades de los usuarios. La arquitectura deja de ser un elemento puramente funcional para convertirse en una herramienta de política bibliotecaria.

Una de las conclusiones más significativas del informe es la necesidad de cambiar el relato público sobre las bibliotecas. Siguen siendo instituciones de confianza, pero su imagen pública no siempre refleja la amplitud de las funciones que ya desempeñan. El informe propone reforzar la idea de que la biblioteca constituye una infraestructura cívica esencial, especialmente en comunidades sometidas a cambios económicos, tecnológicos y sociales acelerados.

Bibliotecas públicas y vivienda asequible: hacia una nueva infraestructura cívica integrada

Cohen, A. “Integrating Library Infrastructure & Housing Concept”. Library Planning Consultant, 27 de julio de 2026; actualizado el 29 de julio de 2026. Artículo original

El texto propone una nueva concepción de la biblioteca como infraestructura social integrada en el desarrollo urbano. La biblioteca del futuro puede formar parte de complejos residenciales y comunitarios donde vivienda, conocimiento, tecnología, cultura y servicios públicos convivan en un mismo entorno. El éxito del modelo dependerá de conseguir una utilización extremadamente eficiente del suelo y de los recursos, pero sin sacrificar la calidad de los espacios bibliotecarios ni su relación con el barrio. La idea más relevante es que la planificación de una biblioteca ya no puede limitarse al edificio: debe considerar cómo ese edificio contribuye a construir comunidad, resolver necesidades sociales y crear nuevos modelos de ciudad.

El artículo plantea una propuesta innovadora para el urbanismo y la planificación de las bibliotecas públicas: integrar en un mismo proyecto bibliotecas y viviendas asequibles. La idea responde a dos problemas simultáneos de muchas ciudades: la escasez de vivienda y el envejecimiento de buena parte de las infraestructuras cívicas construidas a mediados del siglo XX. En este contexto, la biblioteca deja de considerarse únicamente un equipamiento cultural aislado y pasa a concebirse como una pieza de la infraestructura cívica multifuncional, capaz de proporcionar acceso a la información, tecnología, espacios de aprendizaje, servicios comunitarios y oportunidades de integración social. El modelo podría consistir, por ejemplo, en sustituir una biblioteca obsoleta y sus aparcamientos superficiales por un edificio mixto que combine viviendas asequibles y una biblioteca moderna.

La integración, sin embargo, no significa simplemente colocar una biblioteca en la planta baja de un bloque residencial. El artículo insiste en que se necesita una planificación arquitectónica y funcional mucho más sofisticada, capaz de resolver cuestiones como los accesos independientes, la densidad vertical, la relación con el entorno urbano, el transporte público, el ruido y la circulación de peatones y bicicletas. La biblioteca y las viviendas deben mantener una relación beneficiosa, pero también disponer de los niveles de autonomía y seguridad necesarios. El objetivo es que la vivienda contribuya a hacer viable económicamente el nuevo equipamiento sin que la biblioteca pierda su identidad como espacio público y centro de la comunidad.

Otro aspecto destacado es la necesidad de repensar el espacio bibliotecario desde las colecciones y los diferentes tipos de usuarios. El autor cuestiona la idea de que la digitalización haga innecesarias las colecciones físicas y reivindica el papel de los libros, publicaciones, medios físicos y, especialmente, de la denominada “library of things”, mediante la cual las bibliotecas prestan objetos y recursos más allá de los libros. La colección física puede funcionar como un auténtico elemento estructurador del espacio. Al mismo tiempo, el diseño debe resolver las posibles tensiones entre usuarios que buscan silencio y concentración, adolescentes, familias y actividades comunitarias. Por ello se propone separar adecuadamente zonas tranquilas y activas, utilizar soluciones acústicas, mejorar la orientación y señalización y crear espacios flexibles capaces de adaptarse a diferentes usos.

El proyecto debe estar además basado en un análisis demográfico y económico de la comunidad. La integración de vivienda y biblioteca requiere estudiar los datos censales, las características socioeconómicas de la población y las necesidades de colectivos concretos, como familias con niños, personas mayores o veteranos con bajos ingresos. De esta manera, la arquitectura no se diseña únicamente desde criterios formales, sino a partir de las necesidades reales de la población. La combinación de ambos usos puede generar además espacios comunitarios complementarios, como patios, zonas recreativas o áreas destinadas a actividades artísticas, siempre garantizando que la biblioteca conserve su autonomía operativa y sus condiciones de seguridad.

Un elemento especialmente importante es la continuidad del servicio bibliotecario durante las obras. La construcción de un nuevo complejo puede implicar años de demolición, excavación y edificación, pero la biblioteca continúa siendo durante ese periodo un servicio esencial para el acceso digital, el apoyo escolar, la alfabetización temprana y la vida comunitaria. Por ello, el artículo propone incorporar desde el principio estrategias de transición: locales provisionales, bibliotecas móviles, pequeños centros satélite o una demolición y construcción por fases. La planificación del servicio debe avanzar paralelamente a la planificación arquitectónica, porque cerrar la biblioteca durante años podría afectar especialmente a los sectores más dependientes de ella.

La biblioteca al aire libre de Seúl supera el millón de visitantes en solo 90 días

Ramm, Millie. Seoul’s Outdoor Library Attracts a Million Visitors in Just 90 Days. 1000 Libraries Magazine, 13 de octubre de 2025. 1000 Libraries Magazine

La iniciativa Seoul Outdoor Library se ha consolidado como uno de los proyectos de promoción de la lectura más exitosos del mundo. En apenas tres meses de funcionamiento durante la primavera de 2025, las bibliotecas al aire libre instaladas en Seoul Plaza, Gwanghwamun Square y el entorno del Cheonggyecheon Stream recibieron más de un millón de visitantes, una cifra que superó ampliamente las previsiones municipales.

Desde su creación en 2022, el programa ha acumulado ya millones de usuarios y ha transformado algunos de los espacios públicos más emblemáticos de la capital surcoreana en grandes salas de lectura abiertas, convirtiendo la experiencia de leer en una actividad cotidiana, accesible y compartida.

El éxito del proyecto radica en una concepción de la biblioteca completamente alejada del modelo tradicional. En lugar de edificios cerrados y silenciosos, la ciudad ofrece colecciones de libros cuidadosamente seleccionadas, zonas de descanso con pufs y mobiliario cómodo, iluminación ambiental, escenarios para actividades culturales y espacios diferenciados para la lectura, la conversación y las actuaciones artísticas. En 2025 se incorporaron más de 12.000 nuevos libros, además de servicios innovadores como préstamo rápido, custodia temporal de ejemplares, programación cultural permanente y colaboraciones con entidades internacionales, lo que convierte estos espacios en auténticos centros culturales al aire libre.

Los datos de participación reflejan que el proyecto no solo atrae visitantes, sino que consigue fomentar realmente la lectura. Las encuestas muestran que alrededor del 87 % de los asistentes leyó al menos un libro durante su visita y que los niveles de satisfacción ciudadana alcanzaron cifras extraordinariamente elevadas, superiores al 96 % según los datos del Ayuntamiento de Seúl. Estos resultados adquieren aún mayor relevancia en un contexto internacional marcado por el descenso de los índices de lectura, demostrando que una adecuada combinación de espacio público, diseño urbano, programación cultural y acceso gratuito a los libros puede despertar el interés por la lectura entre públicos muy diversos.

Otro de los aspectos más destacados es la capacidad de la biblioteca para redefinir el uso del espacio urbano. Las plazas y paseos de la ciudad dejan de ser simples lugares de tránsito para convertirse en escenarios de encuentro, descanso y convivencia. Familias, estudiantes, turistas, trabajadores y lectores ocasionales comparten un entorno donde la cultura forma parte de la vida cotidiana. Además, la programación se adapta a las estaciones del año mediante actividades nocturnas durante el verano, clubes de lectura, encuentros literarios y eventos temáticos que amplían el atractivo de la iniciativa y favorecen una apropiación colectiva del espacio público.

El caso de Seúl se ha convertido así en un referente internacional sobre cómo las bibliotecas pueden extender sus servicios más allá de sus edificios y actuar como herramientas de regeneración urbana y cohesión social. El modelo demuestra que acercar los libros a los lugares donde ya se encuentra la ciudadanía, en lugar de esperar a que los ciudadanos acudan a la biblioteca, puede incrementar significativamente la participación cultural y reforzar el papel de la lectura como experiencia social compartida. Su éxito ha despertado el interés de numerosas ciudades que estudian replicar una fórmula que combina bibliotecas, urbanismo, bienestar y cultura en un mismo proyecto.

Espacio creativo “La Más Cromática” con Lur Barrios. Planeta Biblioteca 2026/06/24.

Espacio creativo “La Más Cromática” con Lur Barrios

Planeta Biblioteca 2026/06/24.

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La entrevista a Lur Barrios refleja una propuesta cultural original y profundamente humana a través de «La Más Cromática«, un espacio creativo donde el color se convierte en herramienta de expresión, aprendizaje y transformación personal. Lur plantea la creatividad como un refugio abierto a personas de todas las edades, en el que el arte sirve para explorar emociones, fortalecer la autoestima y desarrollar una mirada más consciente sobre el mundo visual que nos rodea. Frente a un contexto cada vez más marcado por la digitalización y la inteligencia artificial, el proyecto reivindica el valor de la experiencia presencial, la experimentación artística y el encuentro comunitario, consolidándose como un lugar donde la creación conecta sensibilidad, cultura y desarrollo personal.

LA MÁS CROMÁTICA

en calle Sánchez Llevot Nº 2

(Salamanca 37005)

Tlf: 681 93 81 45

La biblioteca del futuro: cuando la arquitectura convierte la lectura en una experiencia inmersiva

Joshi, Tanvi. “Futuristic Open Book Public Library Transforms Reading into an Immersive Architectural Experience.” Yanko Design, 26 de agosto de 2025. Yanko Design

Un innovador concepto arquitectónico imagina una biblioteca pública del futuro concebida no solo como un edificio funcional, sino como una auténtica celebración física del libro y del acto de leer. Diseñada por Thilina Liyanage, la estructura adopta la forma de un libro abierto, transformando un símbolo universal del conocimiento en una experiencia espacial inmersiva donde arquitectura, aprendizaje y contemplación se funden en una sola propuesta.

La elección formal del libro abierto no es meramente estética. El diseño pretende representar la circulación libre de ideas, el acceso democrático al conocimiento y la capacidad infinita del aprendizaje para expandir horizontes. Sus curvas recuerdan páginas en movimiento, mientras unas líneas luminosas en la cubierta evocan texto escrito, creando la sensación de que el edificio mismo “narra” una historia visible desde la distancia.

En el plano estructural, la biblioteca descansa sobre un sistema de hormigón en voladizo que genera una sensación visual de ligereza y modernidad. Esta solución permite grandes espacios abiertos destinados a la circulación libre de lectores, zonas de estancia prolongada y ambientes donde el silencio y la concentración se integran con la entrada abundante de luz natural, reforzando la sensación de apertura intelectual que define el proyecto.

Cada una de las “páginas” del libro constituye un nivel independiente del edificio. Estos niveles incorporan balcones panorámicos que permiten extender la experiencia lectora más allá del interior, conectando al visitante con el paisaje urbano circundante. A nivel del suelo, zonas lounge exteriores con sofás y áreas de descanso invitan a leer al aire libre, transformando la biblioteca en un espacio híbrido entre centro cultural, lugar de encuentro ciudadano y refugio de contemplación.

Uno de los aspectos más simbólicos aparece en la cubierta superior: las aperturas estratégicas permiten el paso de luz natural durante el día y, durante la noche, un sistema lumínico resalta las líneas arquitectónicas, reforzando la ilusión de un gigantesco volumen escrito. Vista frontalmente, la silueta adquiere además una segunda lectura visual: recuerda la forma de un árbol, metáfora universal del crecimiento, la vida y el desarrollo intelectual continuo.

El proyecto incorpora también un auditorio, puentes elevados que conectan distintas alas del edificio, zonas comunitarias protegidas bajo la estructura principal, espacios para eventos y una gran fuente de agua situada en la entrada que introduce desde el primer momento una atmósfera de serenidad. La arquitectura deja así de ser mero contenedor de libros para convertirse en un mensaje cultural en sí misma.

En conjunto, esta propuesta plantea una idea poderosa: la biblioteca del siglo XXI ya no debe entenderse únicamente como depósito documental, sino como un ecosistema de conocimiento donde diseño, simbolismo y experiencia sensorial trabajan juntos para reivindicar el valor permanente del libro en una era dominada por lo digital. Más que almacenar información, esta biblioteca busca inspirar asombro, curiosidad y comunidad.

Tendencias en mobiliario para bibliotecas públicas en 2026: flexibilidad, diseño humano y espacios multifuncionales

“Public Library Furniture Trends – 2026 Market Predictions”. Library Journal (LJ), 2026. Disponible en: https://www.libraryjournal.com/story/public-library-furniture-trends—2026-market-predictions-lj260601

AGATI Furniture

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El artículo de Library Journal analiza cómo está evolucionando el mobiliario en bibliotecas públicas hacia 2026 en un contexto de crecimiento sostenido del uso de estos espacios y de transformación de su función social. Las bibliotecas ya no se conciben únicamente como depósitos de libros, sino como infraestructuras comunitarias activas, lo que obliga a replantear el diseño del espacio interior y, especialmente, del mobiliario.

Uno de los ejes centrales del texto es la idea de que las bibliotecas están pasando de modelos uniformes a entornos altamente diferenciados. Esto implica la creación de zonas específicas para distintos tipos de usuarios: infancia, adolescencia, trabajo individual, colaboración, formación o reuniones comunitarias. Cada grupo requiere condiciones espaciales y mobiliario distintos, lo que impulsa la diversificación del diseño.

El artículo destaca también el auge de la flexibilidad espacial como principio rector. Las bibliotecas necesitan mobiliario que pueda reconfigurarse fácilmente para adaptarse a actividades cambiantes a lo largo del día: desde sesiones de lectura infantil por la mañana hasta talleres comunitarios o reuniones por la tarde. Esta lógica responde a la presión creciente sobre los espacios públicos, que deben hacer más con menos superficie disponible.

Otro elemento clave es la incorporación de soluciones para el trabajo digital. El mobiliario contemporáneo debe integrar tecnología, conectividad y ergonomía, permitiendo el uso de portátiles, dispositivos móviles y estaciones de trabajo híbridas. Esto incluye mesas con acceso a energía, estaciones de estudio individual y carrels diseñados para ofrecer concentración en entornos de alta afluencia.

El texto subraya igualmente la importancia de la diversidad de productos de mobiliario. No existe ya un único modelo de silla, mesa o puesto de lectura válido para toda la biblioteca. En su lugar, se busca una combinación de soluciones que respondan a distintos modos de uso: lectura silenciosa, trabajo colaborativo, aprendizaje informal o interacción comunitaria.

En paralelo, se observa un incremento del interés por la ergonomía y el confort, especialmente en contextos de uso prolongado. Las bibliotecas incorporan mobiliario más cómodo, ajustable y pensado para largas estancias, en contraste con modelos más rígidos del pasado. Esto responde a la función creciente de la biblioteca como espacio de estudio, trabajo y permanencia prolongada.

El artículo también conecta estas tendencias con factores estructurales del sector: aumento del uso de bibliotecas, mayor demanda de servicios comunitarios y presión presupuestaria. En este contexto, el mobiliario no es solo un elemento estético o funcional, sino una herramienta estratégica para maximizar el uso del espacio y mejorar la experiencia del usuario.

Se apunta a la consolidación de un modelo de biblioteca como “infraestructura social flexible”, donde el diseño interior debe ser capaz de adaptarse a cambios constantes en programación, tecnología y necesidades comunitarias. El mobiliario, por tanto, deja de ser estático para convertirse en un componente dinámico del ecosistema bibliotecario.

El poder transformador de los espacios públicos y el placemaking comunitario

Project for Public Spaces. Impact Report 2025. New York: Project for Public Spaces, 2025. Disponible en: Project for Public Spaces – Impact Report 2025

Los espacios públicos constituyen una herramienta esencial para afrontar muchos de los grandes desafíos contemporáneos: desigualdad, soledad, deterioro ambiental, debilitamiento democrático y pérdida de cohesión comunitaria. Para PPS, invertir en espacios públicos significa invertir en salud social, cultura cívica y calidad de vida. La organización plantea que las ciudades del futuro deberán construirse desde la proximidad, la participación y el cuidado colectivo, situando a las personas y a sus relaciones en el centro de la planificación urbana.

El informe Impact Report 2025 de Project for Public Spaces constituye una amplia reflexión sobre el papel estratégico de los espacios públicos en la construcción de comunidades más cohesionadas, sostenibles y participativas. La organización, fundada en 1975 y considerada una de las principales impulsoras del concepto de placemaking, presenta en este documento una síntesis de sus iniciativas, programas y resultados alcanzados durante el año, coincidiendo además con el cincuentenario de la institución.

El informe parte de una idea fundamental: los espacios públicos no son simplemente infraestructuras urbanas, sino auténticos motores de convivencia democrática, bienestar social y regeneración urbana. Desde esta perspectiva, PPS defiende que plazas, mercados, parques, calles y bibliotecas pueden actuar como “infraestructuras sociales” capaces de reducir el aislamiento, estimular la economía local y fortalecer la identidad colectiva de los barrios. Esta visión se inserta en la tradición del placemaking, una metodología participativa que sitúa a la ciudadanía en el centro del diseño y la gestión de los espacios urbanos.

Uno de los aspectos más destacados del informe es la insistencia en la dimensión humana de las ciudades. Frente a modelos urbanos excesivamente tecnocráticos o centrados en el tráfico y la rentabilidad inmobiliaria, PPS reivindica entornos diseñados para la interacción social y la vida cotidiana. El documento explica cómo los espacios bien planificados favorecen la seguridad percibida, incrementan la actividad económica de proximidad y promueven la inclusión intergeneracional y multicultural. En numerosos proyectos desarrollados durante el año, la organización trabajó junto a gobiernos locales, asociaciones vecinales, artistas, comerciantes y colectivos comunitarios para transformar espacios infrautilizados en lugares activos y acogedores.

El informe presta especial atención a los mercados públicos como centros neurálgicos de cohesión social y resiliencia económica. PPS subraya que estos espacios no solo cumplen funciones comerciales, sino que también operan como lugares de encuentro, intercambio cultural y fortalecimiento del tejido local. En este contexto se menciona la relevancia de iniciativas internacionales como la International Public Markets Conference, celebrada en Milwaukee, donde expertos y gestores urbanos debatieron sobre la capacidad de los mercados para combatir la soledad, apoyar a pequeños productores y revitalizar comunidades enteras. El documento destaca además el impacto económico tangible de estos encuentros y proyectos, mostrando cómo el urbanismo centrado en las personas puede generar beneficios sociales y financieros simultáneamente.

Otro eje importante del informe es la participación ciudadana. PPS considera que la calidad de un espacio público depende directamente del grado de implicación de quienes lo utilizan. Por ello, muchas de las iniciativas descritas en el documento se basan en metodologías colaborativas donde residentes y usuarios participan activamente en la identificación de problemas y en la elaboración de soluciones. Esta filosofía busca superar el urbanismo vertical tradicional para construir procesos más inclusivos y democráticos. El informe conecta esta idea con investigaciones recientes sobre evaluación participativa de espacios públicos mediante plataformas digitales y herramientas colaborativas.

En el plano social, el informe enfatiza la necesidad de combatir el aislamiento y la fragmentación comunitaria. PPS argumenta que la crisis de la vida pública contemporánea —agravada por la pandemia, la polarización política y la digitalización excesiva— hace más necesario que nunca recuperar lugares físicos de encuentro. Los espacios públicos aparecen así como escenarios esenciales para reconstruir vínculos sociales y generar confianza entre ciudadanos diversos. El documento recoge experiencias donde plazas, parques o centros comunitarios se convierten en lugares para la conversación, la cultura, el aprendizaje informal y la cooperación cívica.

Dentro de esta lógica, el informe concede un valor especial a los llamados “terceros espacios”, es decir, lugares distintos del hogar y del trabajo donde las personas pueden relacionarse libremente. Esta idea conecta directamente con el creciente reconocimiento de las bibliotecas como espacios públicos multifuncionales y centros de convivencia cultural. Diversos análisis asociados al ecosistema de PPS destacan precisamente la capacidad de las bibliotecas contemporáneas para actuar como nodos de inclusión, aprendizaje y participación ciudadana.

El documento también aborda la sostenibilidad urbana y climática. PPS defiende que los espacios públicos desempeñan un papel crucial en la adaptación de las ciudades al cambio climático mediante infraestructuras verdes, zonas peatonales y entornos que favorecen la movilidad activa. Los proyectos desarrollados incluyen jardines urbanos, plazas verdes y estrategias para recuperar espacios degradados, integrando objetivos ambientales con necesidades sociales y culturales. La organización sostiene que el urbanismo del futuro debe ser simultáneamente ecológico y comunitario.

En términos institucionales, el informe refleja la expansión internacional de la influencia de PPS. La organización continúa desarrollando redes globales de colaboración, programas formativos, conferencias y recursos educativos destinados a profesionales del urbanismo, gestores culturales, bibliotecarios, arquitectos y activistas comunitarios. El documento insiste en que el conocimiento sobre los espacios públicos debe compartirse de manera abierta y colaborativa, fortaleciendo una comunidad internacional comprometida con ciudades más humanas y participativas.

Cambio de imagen de la Biblioteca Pública de Ottawa

Abebe, Abyssinia. 2026. “Breaking down the Ottawa Public Library’s rebrand and its numbers.” Ottawa Citizen. 10 de mayo de 2026. https://ottawacitizen.com/news/ottawa-public-library-rebrand

Ante la disminución del préstamo de libros físicos y las visitas presenciales a sus 33 sucursales, la Biblioteca Pública de Ottawa está redoblando sus esfuerzos para renovar su imagen. Esta renovación la posiciona como un «tercer espacio» para sus usuarios.

El artículo analiza en profundidad el proceso de cambio o actualiza su identidad de marca (rebranding) de la  Ottawa Public Library (OPL), un sistema bibliotecario que está redefiniendo su papel en la comunidad en un contexto de transformación digital, cambios en los hábitos de lectura y descenso del uso tradicional del libro impreso. La nueva estrategia de marca no se limita a un cambio visual o estético, sino que forma parte de una reorientación institucional más amplia que busca posicionar la biblioteca como un “tercer espacio” comunitario: un lugar intermedio entre el hogar y el trabajo donde las personas puedan reunirse, aprender, interactuar y participar en actividades culturales y sociales.

Uno de los ejes centrales del artículo es el análisis de los datos que contextualizan esta transformación. Aunque la OPL ha experimentado un descenso en los préstamos de libros físicos y en las visitas presenciales a sus 33 sucursales, simultáneamente se observa un incremento en otros indicadores de uso, como el crecimiento del número de tarjetas de usuario y la expansión de los servicios digitales. Este contraste evidencia un cambio estructural en la forma en que los usuarios se relacionan con la biblioteca: menos centrado en la circulación tradicional de libros y más orientado hacia el acceso a servicios, espacios de estudio, recursos digitales y actividades comunitarias.

El cambio se interpreta como una respuesta estratégica a esta evolución. La nueva identidad visual y discursiva de la OPL enfatiza valores como la accesibilidad, la inclusión, la curiosidad y la conexión comunitaria. La biblioteca deja de presentarse exclusivamente como un depósito de libros para consolidarse como una plataforma de servicios culturales y educativos más amplia. Esta redefinición incluye también un esfuerzo por reforzar la percepción de la biblioteca como un espacio acogedor, flexible y adaptado a diversas necesidades sociales.

El artículo también subraya la dimensión simbólica del cambio. Elementos como el nuevo diseño de marca, la comunicación institucional y las campañas asociadas buscan reforzar la idea de que la biblioteca es un espacio vivo y en transformación. El concepto de “tercer espacio” se convierte en el eje conceptual que articula esta nueva etapa, alineándose con tendencias internacionales en biblioteconomía que redefinen las bibliotecas como infraestructuras sociales más que como simples centros de préstamo.

OPL no es un caso aislado, sino un ejemplo representativo de cómo las bibliotecas públicas están adaptándose a un ecosistema informacional cambiante. La transición hacia servicios híbridos, la centralidad de la experiencia del usuario y la necesidad de justificar su relevancia social en la era digital aparecen como desafíos comunes en muchas instituciones bibliotecarias contemporáneas.