En el programa se realiza un recorrido por la evolución histórica de las bibliotecas, desde sus orígenes como espacios cerrados dedicados a la custodia del conocimiento en la Antigüedad y la Edad Media hasta su transformación en instituciones abiertas y accesibles tras la invención de la imprenta; en la era digital, estas se reinventan como centros de aprendizaje, colaboración y acceso tecnológico, manteniendo su función social de conexión con la información y evidenciando un cambio de paradigma desde modelos centrados en el libro hacia otros enfocados en el usuario y el aprendizaje; así, los espacios actuales se caracterizan por su flexibilidad, diversidad y base tecnológica, incorporando zonas colaborativas, makerspaces, áreas de descanso, espacios infantiles y programación cultural, al tiempo que se conciben como infraestructuras sociales y “terceros espacios” que fomentan la inclusión, la participación ciudadana y el bienestar comunitario, apostando finalmente por un diseño sostenible, personalizado y orientado a la experiencia del usuario, plenamente integrado en el entorno urbano y social.
Si una palabra define con acierto el mundo de la información, esa es cambio. Las bibliotecas, como parte esencial del ecosistema informativo, están inmersas en un proceso acelerado de transformación de muchos de los valores y conceptos que históricamente han definido qué es una biblioteca. Esta evolución impacta directamente tanto en lo que hacemos como en la manera en que lo hacemos.
En el momento actual, cuando la mayor parte de la información es accesible a través de la red y la biblioteca empieza a perder la exclusividad como uno de los principales proveedores de información para su comunidad, la estrategia fundamental de la biblioteca del siglo XXI consiste en ofrecer aquello que Internet no puede proporcionar: convertirse en un espacio de encuentro para aprender, compartir experiencias y socializar.
De este modo, las bibliotecas más innovadoras —sin renunciar a su esencia— están reimaginando sus espacios para convertirse en lugares convocantes y dinamizadores de sus comunidades. ¡El movimiento maker está en marcha!
Robert L. Cattoi Book Technologies Lab, un nuevo espacio de creación (makerspace) en Wichita State University que permite a los estudiantes explorar de primera mano cómo se fabrican los libros tradicionales.
Situado en el sexto piso de Lindquist Hall, este laboratorio reúne herramientas históricas de encuadernación y tipografía, como tabletas de cera, máquinas de imprenta clásicas, plumas de ave con tintero y máquinas de escribir antiguas, con el objetivo de ofrecer una experiencia más tangible de los procesos que hay detrás de un libro físico.
Los estudiantes, guiados por la profesora asociada de inglés Katie Lanning y su colega Fran Connor, tienen la oportunidad de practicar técnicas de impresión tradicionales, como utilizar una réplica de una prensa de tipos al estilo de Gutenberg, lo que implica colocar cada letra en la plancha (alineada de forma invertida), entintarla cuidadosamente y accionar la prensa para transferirla al papel. Esta experiencia práctica ayuda a los estudiantes a comprender que la materialidad de un texto —cómo se compone cada letra y espacio— influye profundamente en la lectura y apreciación de la literatura, ya que no había “tecla de borrar” y cada decisión física afectaba al resultado final.
Los participantes en el laboratorio destacan tanto el valor educativo como el artístico de estas técnicas. Al manejar plumas y herramientas antiguas, los estudiantes no solo se sumergen en la historia de la producción de libros, sino que desarrollan una apreciación más profunda por la labor artesanal, la precisión y el tiempo que requería confeccionar textos en épocas pasadas. Además, este espacio sirve como recurso para nuevas rutas académicas —como el menor en Text Technologies del departamento de inglés— y está abierto no solo a clases, sino también a proyectos individuales y talleres que pueden atraer incluso a miembros de la comunidad interesados en aprender sobre la artesanía de la encuadernación y la impresión.
“US Seventh Grader Claims to Have Built Fusion Reactor at Makerspace.” Interesting Engineering, 17 de febrero de 2026
Un estudiante estadounidense de solo 12 años, Aiden MacMillan, ha captado la atención internacional tras afirmar que ha logrado construir y operar un reactor de fusión nuclear en un espacio de creación (makerspace) de Dallas, Texas y que ahora está presentando su caso para obtener un récord mundial Guinness como la persona más joven en conseguirlo.
El proyecto de MacMillan comenzó durante los confinamientos por la pandemia de COVID-19, cuando, con apenas ocho años, se interesó profundamente por la física nuclear y la teoría detrás de la fusión. Tras dedicar aproximadamente dos años al estudio teórico de conceptos complejos como plasmas, colisiones atómicas y campos eléctricos, el estudiante empezó a diseñar prototipos y a trabajar de forma práctica en un fusor —un tipo de aparato experimental capaz de acelerar núcleos ligeros hasta provocar colisiones que liberan neutrones— dentro de Launchpad, un espacio comunitario sin fines de lucro donde jóvenes pueden desarrollar proyectos científicos.
Después de años de ensayo y error, ajustes técnicos y protocolos de seguridad estrictos, MacMillan afirma que su dispositivo logró recientemente generar neutrones, el principal indicador de que se ha producido una reacción de fusión nuclear, aunque este proceso no es comparable en escala o eficiencia con los grandes esfuerzos de investigación científica que buscan generar energía útil. Su logro ha sido interpretado más como una hazaña educativa y experimental que como un avance científico con implicaciones inmediatas para la producción de energía de fusión a gran escala.
La trayectoria de Aiden ha sido descrita como una mezcla de satisfacción y frustración, dado que la dedicación requerida fue enorme y las dificultades técnicas abundaron en cada etapa. Su familia y el entorno educativo también jugaron un papel relevante, ya que su madre insistió en comprender y minimizar los riesgos asociados con un proyecto tan atrevido para alguien de su edad.
Este caso se produce en un contexto en que otros jóvenes también han realizado experimentos similares en el pasado, como el estadounidense Jackson Oswalt, quien a los 12 años creó un reactor de fusión en su casa y obtuvo un récord Guinness en 2020 por ser la persona más joven en lograrlo. El interés de MacMillan en batir o igualar ese récord pone de relieve no solo la curiosidad científica de las nuevas generaciones, sino también el papel de los espacios educativos y comunitarios que facilitan el acceso a herramientas, conocimientos y experiencias prácticas fuera del aula tradicional.
Si bien la hazaña de MacMillan es digna de reconocimiento por su ambición y por promover el interés temprano en la ciencia, expertos recuerdan que estos experimentos educativos no resuelven los desafíos fundamentales de la energía de fusión controlada a gran escala, como lograr un balance energético positivo o una estabilidad prolongada de la reacción. Aún así, su historia inspira a otros jóvenes a involucrarse en campos STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) y demuestra cómo el acceso al conocimiento y la experimentación pueden despertar vocaciones desde edades tempranas.
Escuredo Sanz, Violeta. Laboratorios bibliotecarios y bibliotecas públicas: estudio de caso de su implantación en el contexto español. Trabajo de fin de grado, Universidad de Zaragoza, 2025.
El trabajo analiza cómo las bibliotecas públicas en España están evolucionando de ser meros depósitos de libros a convertirse en infraestructuras críticas para la comunidad, funcionando como espacios públicos de encuentro, convivencia e innovación social.
Ante un entorno de cambios tecnológicos constantes y presiones privatizadoras que amenazan su rol democrático, surge la necesidad de adoptar nuevos modelos de gestión. En este contexto, los laboratorios bibliotecarios aparecen como iniciativas impulsadas por profesionales con vocación social que buscan adaptar la institución a los tiempos actuales mediante la participación ciudadana y la co-creación.
El objetivo principal del trabajo es describir la evolución e implantación de estos laboratorios en el ámbito de las bibliotecas públicas españolas, caracterizando los proyectos generados y definiendo sus perspectivas de futuro. Para ello, la autora emplea una metodología cualitativa que incluye la búsqueda exhaustiva de fuentes científicas y «literatura gris», el diseño de una ficha técnica para parametrizar los datos de cada proyecto (indicando origen, agentes implicados y metodología) y la realización de entrevistas semiestructuradas a responsables de centros clave.
Marco teórico y antecedentes La investigación sitúa el origen de estos espacios en el movimiento de los living labs y la cultura maker surgida en la década de 2000. El concepto de «laboratorio bibliotecario» se define como un entorno de experimentación donde se prueban enfoques innovadores para mejorar servicios o fomentar la participación. Un factor determinante en España fue la crisis económica de 2008 y el movimiento de la «marea amarilla», que impulsó la necesidad de justificar la utilidad social de las bibliotecas con recursos limitados, evolucionando de un modelo transaccional (basado en el préstamo) a uno relacional (basado en la comunidad).
Estudio de casos en España El estudio se centra en cuatro proyectos fundamentales que han marcado la pauta en el territorio español:
The Library Living Lab (Barcelona): Pionero en integrar la participación ciudadana en la definición de retos tecnológicos y sociales.
BiblioLab (Barcelona): Un programa de la Red de Bibliotecas Municipales que fomenta la creatividad y el conocimiento compartido.
Medialab Tabakalera (San Sebastián): Incluye la biblioteca de creación «Ubik», centrada en el aprendizaje colaborativo y la experimentación con medios.
Proyecto LABBBS: Iniciativa impulsada por el Ministerio de Cultura para extender la metodología de laboratorios ciudadanos a nivel nacional.
El trabajo concluye que los laboratorios bibliotecarios actúan como aceleradores de la transformación de las bibliotecas, permitiendo que las personas pasen de ser consumidores pasivos a creadores activos. Estos espacios priorizan el proceso y el aprendizaje sobre el resultado final, sosteniendo el error como parte del crecimiento colectivo. A pesar de los desafíos presupuestarios y de personal, la investigación resalta que la colaboración entre instituciones y la documentación de procesos son claves para que estos proyectos sean replicables y sostenibles en el tiempo, fortaleciendo el valor de la biblioteca como «tercer lugar» esencial para la cohesión social.
Levinson, Kaitlyn. “A Florida ‘Library without Books’ Looks to Expand One County’s Tech Workforce.” Route Fifty, October 14 2025.
La creación de la llamada Osceola Tech Library —una “biblioteca sin libros” que, en lugar de estanterías tradicionales, ofrece laboratorios, actividades y servicios digitales orientados al desarrollo de habilidades tecnológicas entre los residentes. Según la comisionada Viviana Janer, esta instalación será “toda digital” y centrada en tecnologías emergentes como la programación, la realidad virtual y la inteligencia artificial.
La iniciativa responde a la necesidad de diversificar la economía local, que dependía fuertemente del turismo y quedó expuesta durante la pandemia de COVID-19 como “volátil”. Con este proyecto, las autoridades locales buscan introducir un sector tecnológico que ofrezca carreras mejor remuneradas y mayor estabilidad en la comunidad. El nuevo centro está apoyado por una subvención estatal de 4 millones de dólares además de fondos del propio condado, con apertura prevista para octubre de 2026.
Más allá del aspecto formativo, la biblioteca cumple también una función de equidad digital: incluirá, por ejemplo, zonas de acceso a telemedicina para quienes carecen de conexión o equipos propios en casa. Las autoridades enfatizan que “no se trata solo de tecnología, sino de dar acceso —igualitario— a oportunidades en un mundo en el que la educación y el empleo están cada vez más vinculados al ámbito digital”.
Asimismo, la ubicación estratégica de la instalación —cerca de NeoCity, un distrito tecnológico de la región— permitirá establecer colaboraciones con instituciones de educación superior, empresas tecnológicas y entidades de investigación, favoreciendo el desarrollo de rutas profesionales conectadas al ecosistema local. En definitiva, este modelo redefine el concepto de biblioteca tradicional, transformándola en un hub de capacitación, innovación y acceso digital que responde simultáneamente a los desafíos del empleo, la educación y la brecha tecnológica en la región.
Thompson, Emily, Vanessa Rodriguez, Eric Johnson, Kelsey Sheaffer, and Oscar K. Keyes. A Complete Guide to Creative Technology Spaces in Academic Libraries: Media Labs, Makerspaces, and More. Chicago: ALA Editions, 2025.
A Complete Guide to Creative Technology Spaces in Academic Libraries ofrece una guía exhaustiva para la creación, desarrollo y gestión de espacios tecnológicos creativos en bibliotecas académicas. Los autores abordan cómo estos espacios, que incluyen estudios de medios, laboratorios de realidad virtual, estudios de grabación, makerspaces, laboratorios de datos y más, pueden fomentar la innovación, la colaboración y el aprendizaje práctico entre los usuarios.
El texto proporciona estrategias para iniciar un nuevo espacio o expandir uno existente, destacando la importancia de la planificación, la obtención de recursos y la alineación con la misión institucional. Se enfatiza la necesidad de considerar la accesibilidad, la seguridad y la sostenibilidad al diseñar estos espacios. Además, se ofrecen recomendaciones sobre cómo establecer políticas y procedimientos efectivos, capacitar al personal y desarrollar programas de instrucción que maximicen el impacto de estos espacios en la comunidad académica.
La iniciativa Library of Things en las bibliotecas del condado de Orange representa un cambio de paradigma en la manera de entender el papel de la biblioteca pública. Ya no se concibe únicamente como un espacio para acceder a libros, revistas o recursos digitales, sino como un lugar donde las personas pueden experimentar, aprender y poner en práctica habilidades nuevas a través del préstamo de objetos útiles para la vida cotidiana. Desde instrumentos musicales hasta herramientas de bricolaje, pasando por máquinas de coser, juegos de mesa o equipos de cocina, la biblioteca se convierte en un centro de creatividad y aprendizaje práctico.
Este tipo de programas responde a una necesidad social: muchas veces adquirimos objetos que solo utilizamos una o dos veces, y luego terminan almacenados sin un uso real. Al ofrecer la posibilidad de prestarlos, la biblioteca fomenta el consumo responsable, la economía compartida y la sostenibilidad. Además, facilita el acceso a recursos que de otro modo podrían estar fuera del alcance económico de muchos usuarios. No se trata únicamente de ahorrar dinero, sino de democratizar la oportunidad de probar, aprender y desarrollar nuevas competencias.
El sistema de préstamo es sencillo y se adapta a la dinámica de la vida moderna. Los adultos con tarjeta de la biblioteca pueden llevarse hasta dos objetos durante tres semanas, con la idea de que los utilicen de manera práctica en sus proyectos personales o familiares. Esta flexibilidad, unida a la diversidad del catálogo, convierte a la biblioteca en un lugar que responde directamente a los intereses y necesidades de la comunidad.
El programa se complementa con actividades educativas que multiplican su impacto. Las clases de costura con máquinas que luego se pueden llevar a casa, los talleres sobre reciclaje, las charlas de cocina sostenible o las demostraciones de instrumentos musicales son ejemplos de cómo la biblioteca integra el aprendizaje práctico con la formación cultural y medioambiental. De esta manera, no solo ofrece un servicio de préstamo, sino que también se convierte en un espacio de encuentro, experimentación y creación colectiva.
En última instancia, esta transformación refuerza la idea de que la biblioteca es un organismo vivo, en constante adaptación a los cambios sociales y tecnológicos. Con iniciativas como esta, pasa de ser un simple repositorio de información a un verdadero laboratorio ciudadano, donde se fomenta la creatividad, el aprendizaje intergeneracional y el fortalecimiento de la comunidad.
Las bibliotecas públicas han evolucionado para convertirse en espacios atractivos y relevantes para los adolescentes. En lugar de ser lugares silenciosos y tradicionales, muchas bibliotecas ahora ofrecen entornos dinámicos donde los jóvenes pueden relajarse, socializar, estudiar y desarrollar habilidades creativas.
Las bibliotecas han transformado su papel tradicional para adaptarse a las necesidades y preferencias de los adolescentes. En lugar de ser únicamente lugares silenciosos dedicados a la lectura y el estudio, las bibliotecas modernas ofrecen espacios dinámicos que combinan aprendizaje, creatividad y socialización. Estas transformaciones responden a la necesidad de proporcionar entornos seguros y estimulantes donde los jóvenes puedan explorar intereses diversos, desde la tecnología digital hasta las artes, mientras construyen relaciones sociales y comunitarias.
Un ejemplo destacado es The Mix, un espacio exclusivo para adolescentes en la Biblioteca Pública de San Francisco. Este espacio ofrece actividades variadas, como impresión 3D, grabación de música, producción de videos, creación de podcasts y juegos, lo que permite a los jóvenes desarrollar habilidades técnicas y creativas de manera informal y autónoma. La iniciativa se inspira en el programa YOUMedia, implementado en 2009 por la Biblioteca Pública de Chicago, que proporcionaba acceso a tecnología digital en un entorno supervisado y seguro. La experiencia resultó tan exitosa que se expandió a 29 sucursales y se convirtió en modelo para otras bibliotecas en Estados Unidos.
El artículo también subraya cómo la pandemia de COVID-19 puso de relieve la importancia de estos espacios para los adolescentes. La interrupción de la vida escolar y social provocó un aislamiento significativo, lo que hizo que muchos jóvenes dependieran de la biblioteca como lugar de reconexión y apoyo emocional. En respuesta, la Biblioteca Pública de Nueva York y otras instituciones han ampliado sus programas para adolescentes, ofreciendo no solo actividades creativas, sino también oportunidades de participación cívica, preparación universitaria, talleres de habilidades prácticas y clubes de lectura. Estos programas buscan equilibrar el aprendizaje académico con la construcción de comunidad y el desarrollo personal.
Sung enfatiza que esta transformación demuestra que las bibliotecas pueden ser mucho más que depósitos de libros: son centros de innovación educativa y social, adaptables a los intereses de cada generación. Al ofrecer espacios que combinan tecnología, creatividad y socialización, las bibliotecas fomentan un sentido de pertenencia y motivación entre los adolescentes, contribuyendo a su desarrollo integral y fortaleciendo la conexión entre los jóvenes y su comunidad. En este sentido, las bibliotecas modernas se presentan como un modelo de cómo las instituciones culturales pueden reinventarse para seguir siendo relevantes en un mundo digital y socialmente cambiante.
El grupo Library Makers ha lanzado un proyecto piloto innovador: Wiki for Makers, una plataforma colaborativa destinada a convertirse en un repositorio especializado de información para comunidades de creación y makerspaces. El objetivo es reunir, organizar y difundir todo tipo de saberes, desde lo técnico hasta lo artesanal, para que sirvan de referencia a quienes buscan soluciones prácticas o inspiración en el ámbito maker.
La iniciativa parte de una idea sencilla pero poderosa: en un makerspace nadie es experto en todo, pero cada persona tiene conocimientos valiosos que pueden ayudar a otros. Así, tanto un especialista en impresión 3D como alguien que dirige un taller de ganchillo semanal tienen algo que aportar. Esta diversidad enriquece el proyecto y garantiza que la plataforma recoja la pluralidad de experiencias que caracterizan al movimiento maker.
Wiki for Makersofrece dos vías principales de colaboración. La primera es la más sencilla: enviar ideas o sugerencias a través del formulario Wiki Suggestion Box, disponible en la plataforma de Library Makers. Con este método, los usuarios pueden compartir información que luego será incorporada por editores voluntarios. La segunda opción es más directa: crear una cuenta en Miraheze, donde está alojado el wiki, y comenzar a añadir o editar artículos por cuenta propia. Esta alternativa no exige compromisos ni procesos de aprobación: se puede participar corrigiendo un error ortográfico o redactando una guía completa sobre equipamiento, procesos o políticas de makerspaces.
El artículo ofrece además una guía práctica en cinco pasos para empezar:
Crear una cuenta en Miraheze.
Confirmar el correo electrónico.
Iniciar sesión en Wiki for Makers y acceder a las herramientas de edición.
Navegar hasta la sección deseada y añadir contenido de forma sencilla.
Guardar los cambios y, si se desea, activar la opción de vigilar la página para recibir notificaciones futuras.
Las herramientas de Miraheze son intuitivas, pero también disponen de opciones avanzadas y un centro de ayuda para quienes quieran profundizar. Además, las páginas cuentan con pestañas de discusión que fomentan el intercambio de ideas y la construcción colectiva del conocimiento.
Wiki for Makers es un proyecto abierto, inclusivo y comunitario. No se requiere usar el nombre real ni pertenecer formalmente a un makerspace para colaborar. Cualquier persona interesada puede contribuir, compartiendo experiencias técnicas, artesanales o de gestión. De este modo, la plataforma busca consolidarse como un recurso vivo, en constante crecimiento, que facilite el acceso a respuestas, fomente el aprendizaje compartido y fortalezca la red global de creadores.