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Por qué la IA hace que las bibliotecas académicas sean más esenciales, no menos

Bibliotecaria frente a pantalla con texto: POR QUÉ LA IA HACE QUE LAS BIBLIOTECAS ACADÉMICAS SEAN MÁS ESENCIALES, NO MENOS. GUÍA EXPERTA EN LA ERA DE LA INFORMACIÓN AUTOMATIZADA: Curación, Ética, Pensamiento Crítico y Acceso Equitativo.
Una bibliotecaria presenta cómo la inteligencia artificial refuerza el valor de las bibliotecas académicas.

Jiang, Jane. (1 de septiembre de 2026). The Human Layer: Why AI Makes Academic Libraries More Essential, Not Less. The Scholarly Kitchen, Society for Scholarly Publishing. Artículo original en The Scholarly Kitchen

La IA no hace innecesarias a las bibliotecas; hace más necesaria su función de intermediación, evaluación y construcción de confianza. Cuando obtener una respuesta es cada vez más fácil, lo verdaderamente valioso es saber si esa respuesta es correcta, de dónde procede y qué evidencias la sustentan. En este nuevo escenario, el bibliotecario deja de ser únicamente un facilitador del acceso a la información para convertirse, cada vez más, en mediador del conocimiento, formador en alfabetización informacional y en IA, y garante de una investigación basada en fuentes, criterio e integridad.

El artículo de Jane Jiang, directora de una biblioteca universitaria comunitaria de Nueva Jersey, sostiene que la expansión de la inteligencia artificial no reduce la importancia de las bibliotecas académicas, sino que refuerza el valor de su dimensión humana. La IA está modificando radicalmente la manera en que estudiantes e investigadores descubren, procesan y utilizan la información, pero precisamente porque las respuestas son cada vez más accesibles y convincentes se vuelve imprescindible contar con profesionales capaces de ayudar a evaluar su fiabilidad, contexto y procedencia. El futuro de las bibliotecas, según Jiang, no consiste en competir con la IA en aquello que hace bien, sino en ayudar a las comunidades universitarias a desenvolverse en un entorno en el que una parte creciente de la información es generada, resumida y distribuida por máquinas.

Uno de los principales cambios afecta al proceso de investigación. Muchos estudiantes ya no comienzan una investigación en el catálogo de la biblioteca, una base de datos o Google, sino directamente en herramientas de IA. La autora considera que esto puede tener aspectos positivos: la IA puede ayudar a generar ideas, aclarar conceptos, organizar un tema o superar la dificultad inicial de saber por dónde empezar. Sin embargo, el problema aparece cuando una respuesta aparentemente convincente se acepta sin comprobarla. Jiang relata el caso de una estudiante que, después de utilizar ChatGPT para comprender un tema y preparar el esquema de un trabajo, acudió a la biblioteca con una pregunta esencial: «¿Cómo sé que esto es realmente correcto?». Para la autora, esa pregunta resume precisamente la nueva función de los bibliotecarios: pasar de facilitar simplemente información a enseñar a evaluarla y verificarla.

En este contexto, el artículo defiende que la alfabetización en IA forma parte de la alfabetización informacional y no constituye una competencia completamente separada. Los estudiantes siempre han necesitado aprender de dónde procede una información, quién la produce, qué autoridad tiene, qué evidencias la respaldan y en qué contexto debe interpretarse. Ahora deben aplicar esas mismas capacidades también a los sistemas de inteligencia artificial que generan y entregan información. La IA puede producir un resumen perfectamente redactado o una lista aparentemente impecable de referencias, pero el aspecto fundamental es saber de dónde procede esa información, si las fuentes existen, si son pertinentes y si realmente sustentan las afirmaciones realizadas. Por ello, la biblioteca adquiere un papel cada vez más importante en la transición desde una cultura de acceso a la información hacia una cultura de juicio sobre la información.

Un apartado especialmente interesante se dedica a la alfabetización en citas. La autora recuerda que los problemas relacionados con las referencias bibliográficas son anteriores a ChatGPT: herramientas como Zotero o NoodleTools ya permitían automatizar buena parte de la elaboración de citas y bibliografías. Sin embargo, automatizar la forma no garantiza comprender el significado. Un estudiante puede generar una referencia perfectamente construida sin entender por qué es necesario reconocer la autoría, cómo se construye el conocimiento académico o cómo una investigación participa en una conversación científica más amplia. La IA generativa amplifica este problema porque puede producir en segundos citas, resúmenes, revisiones bibliográficas e incluso preguntas de investigación. El verdadero desafío no es, por tanto, conseguir una referencia formalmente correcta, sino desarrollar una comprensión profunda de la procedencia, atribución, transparencia e integridad del conocimiento.

El artículo aborda también la integridad académica y los límites de los detectores de IA. Jiang considera insuficiente plantear la cuestión exclusivamente en términos de «detectar» qué estudiantes han utilizado inteligencia artificial. Los sistemas de detección no garantizan resultados fiables y pueden producir falsos positivos, por lo que confiar únicamente en ellos puede generar nuevos problemas. La autora propone desplazar el centro de la discusión desde «¿cómo descubrimos si el estudiante utiliza IA?» hacia «¿cómo diseñamos actividades en las que el estudiante tenga que demostrar su pensamiento?». Esto implica valorar más los procesos de investigación, los borradores, las reflexiones, las conversaciones, las explicaciones y la transparencia sobre el uso de herramientas de IA. La integridad académica no desaparece con la IA, pero necesita ser repensada.

Bibliotecas amigables con el autismo: espacios para ser, descubrir y participar

Child wearing headphones explores an astronomy book on a classroom rug
A child explores an astronomy book with headphones in a welcoming classroom library.

Nina Grant, “How an Autism-Friendly Library Supports Autistic Children”, Princh Library Blog, 2026. Artículo original en Princh

Una biblioteca amigable con el autismo no consiste únicamente en disponer de instalaciones accesibles, sino en construir una cultura de acogida basada en la comprensión, la flexibilidad, la anticipación y el respeto por las diferentes formas de comunicarse y aprender. La biblioteca puede ser, para muchos niños autistas y sus familias, mucho más que un lugar donde encontrar libros: un espacio de pertenencia, autonomía, descubrimiento y desarrollo de la confianza personal.

Se reflexiona sobre el papel que pueden desempeñar las bibliotecas para que los niños autistas encuentren espacios donde sentirse comprendidos, seguros y libres de ser ellos mismos. La biblioteca puede ofrecer una alternativa a entornos educativos o sociales que resultan difíciles de gestionar, permitiendo que cada niño explore la información a su propio ritmo y siguiendo sus propios intereses. El texto destaca especialmente que las bibliotecas son lugares donde la curiosidad tiene un valor central y donde determinadas características que a veces se perciben como dificultades —como una concentración extraordinaria en determinados temas, una gran capacidad para recordar detalles o una especial sensibilidad hacia los patrones— pueden convertirse en fortalezas.

Uno de los aspectos más importantes es la necesidad de ver al niño antes que al diagnóstico. El papel del bibliotecario resulta fundamental porque pequeños gestos pueden transformar completamente la experiencia de una familia: recomendar libros relacionados con los intereses específicos del niño, explicar previamente cómo será una actividad, anticipar los cambios o simplemente proporcionar tiempo y paciencia cuando sea necesario. El artículo insiste en que estas actuaciones no requieren necesariamente grandes inversiones económicas; muchas veces dependen de la capacidad del personal para escuchar, observar y adaptar su atención. Para las familias, encontrar profesionales que comprendan las características y necesidades de sus hijos puede significar dejar de sentir que tienen que justificar continuamente su comportamiento.

La accesibilidad debe entenderse además de una manera mucho más amplia que la eliminación de barreras arquitectónicas. El artículo recuerda que algunos niños autistas pueden experimentar sobrecarga sensorial, dificultades de coordinación, cansancio, problemas relacionados con la alimentación, el sueño o las rutinas cotidianas. También pueden existir necesidades físicas que condicionen la posibilidad de permanecer cómodamente en un espacio público. Por ello, una biblioteca verdaderamente inclusiva debe prestar atención a cuestiones como los aseos accesibles, la posibilidad de disponer de tiempos flexibles, la comunicación clara, la reducción de estímulos cuando sea posible y la formación del personal para responder con naturalidad ante situaciones inesperadas.

Otro elemento fundamental es la programación inclusiva. No todos los niños tienen que participar en las actividades de la misma manera ni durante el mismo tiempo. El artículo plantea que las bibliotecas deben ofrecer diferentes formas de participación y permitir que cada usuario encuentre su propio nivel de interacción. Anticipar qué ocurrirá durante una actividad, proporcionar instrucciones sencillas y comprensibles y crear ambientes suficientemente flexibles puede reducir considerablemente la ansiedad. La finalidad no es crear un espacio separado para niños autistas, sino conseguir que la biblioteca convencional sea capaz de acoger diferentes formas de aprender, comunicarse y relacionarse.

El texto concede también una gran importancia a la relación entre las familias y los bibliotecarios. Los padres y cuidadores conocen mejor que nadie las necesidades, preferencias y formas de comunicación de sus hijos, mientras que los profesionales de la biblioteca pueden aportar recursos, conocimientos sobre lectura y oportunidades de participación cultural. La colaboración entre ambos permite diseñar experiencias más satisfactorias y evitar que las familias tengan que afrontar solas las dificultades de acceso. La inclusión, por tanto, no se plantea como una prestación extraordinaria, sino como una responsabilidad compartida para construir servicios capaces de responder a una diversidad real de usuarios.

Finalmente, el artículo relaciona la inclusión con la construcción de confianza y autoestima. Elegir un libro por sí mismo, participar por primera vez en una actividad sin sentirse desbordado o encontrar a alguien dispuesto a escuchar hablar sobre su tema favorito pueden parecer acontecimientos pequeños, pero tienen un enorme valor para un niño que habitualmente encuentra barreras en otros espacios. La biblioteca puede convertirse así en un lugar donde la experiencia de pertenencia precede a la confianza: cuando un niño siente que es aceptado tal como es, tiene mayores posibilidades de explorar, aprender, relacionarse y desarrollar sus capacidades.

Las bibliotecas públicas estadounidenses, en el punto de mira: censura, presión política e intimidación

PEN America. Out of Circulation: Expanding Censorship in Public Libraries. Nueva York: PEN America, 1 de septiembre de 2026.

Informe original: Out of Circulation – PEN America

El informe sostiene que las bibliotecas públicas estadounidenses se encuentran ante una situación crítica debido al aumento de los intentos de censura, la presión política, los recortes presupuestarios y el acoso a los profesionales. Para PEN America, el problema ya no se limita a la retirada de determinados libros de las colecciones, sino que afecta al funcionamiento general de las bibliotecas como espacios públicos destinados a garantizar el acceso libre y plural a la información, las ideas y la cultura. La organización considera que estas presiones representan una amenaza para valores fundamentales como la libertad de expresión, la libertad individual y la igualdad.

Uno de los principales focos de preocupación es el incremento de las prohibiciones y restricciones de libros. Según los datos citados por PEN America, en 2025 el 51 % de los intentos de prohibición de libros documentados por la American Library Association se produjeron en bibliotecas públicas. Los títulos afectados están especialmente relacionados con cuestiones de orientación sexual, identidad de género, raza y racismo. El informe destaca que estas campañas suelen presentarse bajo argumentos relacionados con la protección de los menores o contra supuestos contenidos «sexualmente explícitos», pero considera que sus efectos recaen de manera desproporcionada sobre autores, personajes y comunidades históricamente marginadas.

PEN America advierte además de que la censura está adoptando formas más sofisticadas que la simple retirada de libros. Entre ellas se encuentran la obligación de trasladar determinados títulos a secciones destinadas a lectores de mayor edad, la colocación de etiquetas o advertencias, la retirada de libros de exposiciones y la prohibición o modificación de actividades bibliotecarias. Estas prácticas pueden reducir significativamente la visibilidad y accesibilidad de determinadas obras aunque formalmente permanezcan en la colección. El informe considera especialmente preocupante la reclasificación de libros infantiles y juveniles relacionados con cuestiones LGBTQ+, raza, género, salud o sexualidad, porque introduce barreras de acceso que pueden estigmatizar determinados contenidos.

Otro aspecto destacado es la interferencia política en la programación de las bibliotecas. PEN America documenta casos de cancelación o presión sobre horas del cuento, encuentros con autores y otras actividades cuando abordan cuestiones consideradas políticamente controvertidas. Entre los ejemplos aparecen actos relacionados con perspectivas palestinas o propalestinas y actividades vinculadas con la comunidad LGBTQ+. Las bibliotecas también han sufrido protestas y amenazas, incluidas amenazas de bomba, por organizar actividades como las conocidas Drag Story Hours. Para PEN America, estas presiones convierten la programación cultural de las bibliotecas en otro frente de la batalla por el control ideológico de los espacios públicos.

El informe dedica igualmente una atención especial a la transformación de los sistemas de gobierno de las bibliotecas. En distintos lugares se han producido cambios que, según PEN America, reducen la independencia de los órganos bibliotecarios y aumentan la capacidad de los gobiernos locales para intervenir directamente en la gestión y en las decisiones profesionales. El informe señala casos en los que se han modificado las competencias de los consejos bibliotecarios, se han sustituido miembros de estos órganos o incluso se han disuelto consejos después de que adoptaran decisiones contrarias a las demandas de grupos políticos. La organización considera que esta politización puede debilitar la autonomía profesional de los bibliotecarios y convertir las colecciones en objeto de intervención partidista.

A la presión sobre las colecciones y la gestión se suma una creciente presión económica mediante amenazas de retirada de financiación. PEN America documenta situaciones en las que gobiernos estatales o locales han condicionado la financiación pública al cumplimiento de determinadas políticas relacionadas con los libros y las colecciones. El informe también señala el conflicto en torno al Institute of Museum and Library Services (IMLS), cuya financiación federal ha sufrido importantes amenazas y recortes. Para PEN America, utilizar los recursos económicos como mecanismo de presión puede limitar la capacidad de las bibliotecas para defender su independencia y cumplir su misión pública.

Una de las partes más preocupantes del informe se refiere al acoso, las amenazas y la intimidación de los bibliotecarios. Los profesionales reciben ataques en redes sociales, llamadas telefónicas, insultos y amenazas en reuniones públicas y actos bibliotecarios. En algunos casos extremos se ha producido doxing, es decir, la publicación de información personal de los trabajadores con el objetivo de intimidarlos. PEN America recoge también situaciones de confrontación deliberada destinadas a ser grabadas y difundidas posteriormente en redes sociales. Todo ello genera un clima de inseguridad que puede afectar tanto a la vida profesional como personal de los bibliotecarios.

El informe advierte de que esta situación puede producir un fenómeno especialmente peligroso: la autocensura. Cuando un bibliotecario sabe que una decisión sobre una colección, una exposición o una actividad puede provocar una campaña de acoso, una amenaza de financiación o incluso consecuencias legales o laborales, puede terminar evitando determinados contenidos aunque sean relevantes para la comunidad. De este modo, la censura no necesita materializarse siempre en una prohibición formal: el miedo y la presión pueden conseguir que determinadas voces, autores o temas desaparezcan progresivamente de los espacios públicos.

Más allá de las cifras: convertir los datos de la biblioteca en acción

Poster reads “MORE THAN NUMBERS: TURNING REFLECTION INTO ACTION WITH LIBRARY DATA,” showing reflection insights and action plans: create quiet zone, expand local history collection, start teen coding workshop, improve WiFi signal.
A library team turns visitor data and community feedback into practical improvement plans.

Amalia E. Butler, “More Than Numbers: Turning Reflection into Action with Library Data”, ALSC Blog, School-Age Programs and Services Committee, American Library Association, 25 de julio de 2026 (actualizado el 31 de julio de 2026). https://www.alsc.ala.org/blog/2026/07/more-than-numbers-turning-reflection-into-action-with-library-data/

El artículo propone pasar de una “cultura de la estadística” a una cultura de la evidencia y la reflexión. Los datos deben utilizarse para escuchar, aprender, defender el valor de las bibliotecas y mejorar sus servicios. La secuencia propuesta es sencilla pero poderosa: recoger datos relevantes → reflexionar sobre lo que revelan → actuar para mejorar → compartir los resultados con la comunidad. De este modo, las estadísticas dejan de ser simples cifras de actividad y se convierten en una herramienta para construir bibliotecas más receptivas, inclusivas, equitativas y conectadas con las necesidades reales de sus comunidades.

El artículo plantea una idea fundamental para las bibliotecas infantiles y juveniles: los datos no deberían limitarse a cumplir una obligación estadística o administrativa, sino utilizarse para comprender mejor a la comunidad y transformar los servicios. Las bibliotecas recopilan continuamente cifras sobre asistencia a actividades, circulación, participación en programas de lectura de verano, visitas de extensión y muchas otras variables. Sin embargo, registrar números en hojas de cálculo y elaborar informes no es suficiente. El verdadero valor aparece cuando los profesionales se detienen a interpretar qué significan esas cifras y las utilizan para formular mejores preguntas y tomar decisiones más informadas.

Uno de los conceptos centrales del texto es la combinación de “REFLECT” (reflexionar) y “ACT” (actuar). Por ejemplo, si la asistencia a un programa que lleva años funcionando disminuye, la respuesta no debería consistir simplemente en registrar el descenso. Los datos pueden indicar que es necesario renovar los contenidos, modificar los horarios o revisar el formato. Del mismo modo, si las estadísticas de extensión muestran una escasa participación de las familias de determinado barrio, la solución quizá no sea realizar más publicidad, sino llevar los servicios directamente a escuelas, centros comunitarios, parques u otros lugares frecuentados por esas familias.

El artículo propone además analizar los datos desde una perspectiva de equidad e inclusión. No basta con saber cuántas personas utilizan un servicio: es necesario preguntarse quién participa, quién no participa y qué barreras pueden estar impidiendo el acceso. Una baja asistencia puede estar relacionada con horarios laborales, dificultades de transporte, barreras lingüísticas o necesidades específicas de los niños con discapacidad. También puede ocurrir que los adolescentes y preadolescentes no encuentren atractivos los programas diseñados para ellos. En estos casos, los datos deben servir como punto de partida para investigar las causas y buscar soluciones, incluyendo la colaboración con organizaciones comunitarias de confianza.

Otra aportación interesante es la defensa de recoger menos datos, pero más significativos. Las autoras cuestionan la utilidad de dedicar tiempo del personal a recopilar indicadores que después nunca influyen en la programación, los presupuestos o la asignación de recursos. Frente a una acumulación indiscriminada de estadísticas, se propone seleccionar aquellas medidas que realmente ayuden a tomar decisiones y complementarlas con métodos cualitativos: conversaciones con usuarios, encuestas, buzones de sugerencias o mecanismos sencillos de opinión. Así, los datos cuantitativos se enriquecen con la experiencia directa de las personas que utilizan la biblioteca.

El texto concede también gran importancia a compartir los datos con la propia comunidad. Las estadísticas pueden convertirse en infografías, exposiciones, tablones, publicaciones en redes sociales, boletines o breves presentaciones durante las actividades. De esta manera, los usuarios conocen el impacto de la biblioteca y comprenden que su propia participación contribuye a determinar los servicios futuros. La autora recuerda su experiencia como bibliotecaria escolar, cuando compartía con los alumnos las estadísticas anuales y los libros más prestados: incluso los niños más pequeños mostraban entusiasmo al conocer los resultados y celebrar sus logros lectores.

En el contexto de los programas de lectura de verano, el artículo propone convertir el cierre de estas actividades en una oportunidad para devolver los resultados a la comunidad mediante presentaciones, infografías, concursos, exposiciones o muestras de los libros favoritos. Pero, sobre todo, recomienda contar las historias humanas que hay detrás de las estadísticas, porque los números adquieren mayor significado cuando muestran personas, experiencias y transformaciones concretas. El objetivo no es solamente demostrar que la biblioteca funciona, sino conseguir que quienes participan se sientan reconocidos y animar a nuevas familias a incorporarse.

Visitar museos y participar en actividades artísticas podría ayudar a ralentizar el envejecimiento biológico

Boardman, Samantha. “Could That Museum Visit Help You Live Longer?” The Wall Street Journal, 2026. The Wall Street Journal

El artículo de Samantha Boardman en The Wall Street Journal plantea una idea cada vez más respaldada por la investigación: la participación habitual en actividades artísticas y culturales podría estar relacionada no solo con un mayor bienestar psicológico, sino también con un envejecimiento biológico más lento.

La autora parte de una experiencia personal con una amiga de más de 90 años, con quien suele visitar museos y galerías de Nueva York. Después de contemplar una exposición de Caspar David Friedrich en el Metropolitan Museum of Art, la mujer describió haber experimentado un cambio de ánimo extraordinariamente intenso. Para Boardman, psiquiatra, esta experiencia ilustra cómo el contacto con el arte puede producir una sensación de vitalidad que va más allá del simple entretenimiento.

La cuestión adquiere mayor interés a partir de una investigación de University College London que relaciona la participación en actividades culturales —como visitar museos y galerías, acudir a conciertos, cantar, bailar o realizar actividades artísticas— con determinados indicadores de edad biológica. El estudio analizó datos de miles de adultos y utilizó medidas epigenéticas para estimar el ritmo de envejecimiento. Los resultados sugieren que las personas con una participación cultural más frecuente y diversa presentan signos compatibles con un envejecimiento biológico más lento. La magnitud de la asociación fue comparable, según los investigadores, a la observada con uno de los factores tradicionalmente más estudiados en envejecimiento saludable: la actividad física.

El posible mecanismo no significa que “ir a un museo alargue la vida” de manera directa. Se trata de una asociación observacional y, por tanto, no permite demostrar que las visitas a museos sean la causa del menor envejecimiento biológico. Las actividades culturales pueden actuar a través de varios mecanismos simultáneos: favorecen las relaciones sociales, estimulan cognitivamente, generan emociones positivas, reducen el estrés y proporcionan experiencias de significado y conexión personal. Todos estos factores están relacionados con la salud y podrían contribuir conjuntamente a un envejecimiento más saludable.

La relación entre museos y bienestar también aparece en investigaciones más directamente centradas en la experiencia del visitante. Un estudio publicado en 2026 y realizado con 363 adultos en tres museos de arte de Seattle encontró que, después de pasar aproximadamente una hora visitando las galerías por su cuenta, los participantes se sentían significativamente más inspirados y menos irritables y nerviosos. Los efectos variaban según características personales y sociales, pero los resultados refuerzan la idea de que el museo puede funcionar como un espacio capaz de producir beneficios emocionales y de bienestar.

En este sentido, el artículo invita a ampliar la concepción tradicional de las políticas de envejecimiento saludable. Dieta equilibrada, ejercicio, sueño y atención médica continúan siendo fundamentales, pero la evidencia creciente sugiere que también deberían considerarse dimensiones como la participación cultural, las relaciones sociales, la creatividad y la búsqueda de experiencias significativas. El museo deja así de ser únicamente un lugar destinado a conservar y exhibir patrimonio para convertirse también en un espacio de salud, bienestar, estimulación intelectual y conexión social.

La conclusión más interesante es, por tanto, que la cultura podría formar parte de una estrategia integral de envejecimiento saludable. No porque contemplar un cuadro tenga un efecto médico equivalente al de un tratamiento o porque una visita concreta pueda modificar la edad biológica, sino porque mantener una vida culturalmente activa puede formar parte de un conjunto de comportamientos asociados con mayor bienestar y una mejor trayectoria de envejecimiento. El propio relato de la amiga nonagenaria de Boardman resume esta perspectiva: más que buscar únicamente vivir más años, se trata de conseguir que esos años estén llenos de curiosidad, emoción, conexión y sensación de estar realmente vivo.

Guía del bibliotecario público para responder preguntas sobre salud

Newman, Bobbi.Public Librarian’s Guide to Answering Health Questions. Librarian by Day, 29 de julio de 2026. Disponible en: Librarian by Day

The Public Librarian’s Guide to Answering Health Questions, una obra escrita por Bobbi Newman y Carolyn Martin que responde a una necesidad cada vez más urgente en las bibliotecas públicas: capacitar a los bibliotecarios para gestionar de forma competente las consultas relacionadas con la salud.

La iniciativa surge tras varios años de trabajo y adquiere especial relevancia en un contexto caracterizado por la proliferación de la desinformación sanitaria, el auge de los contenidos generados mediante inteligencia artificial y la creciente dificultad de la ciudadanía para distinguir entre información fiable y contenidos engañosos. Las autoras sostienen que las bibliotecas públicas continúan siendo uno de los pocos espacios comunitarios donde las personas pueden plantear dudas sobre cuestiones de salud en un entorno neutral, gratuito y basado en la confianza.

La guía parte de una premisa fundamental: los bibliotecarios no necesitan convertirse en profesionales sanitarios para desempeñar un papel esencial en la alfabetización en salud. Su función consiste en aplicar las competencias propias de la biblioteconomía —búsqueda, evaluación crítica, selección y mediación de la información— al ámbito de las consultas médicas, ayudando a los usuarios a localizar recursos rigurosos, comprensibles y actualizados. En este sentido, el libro enfatiza la importancia de mantener siempre unos límites profesionales claros: el bibliotecario no diagnostica, no prescribe tratamientos ni sustituye al personal sanitario, sino que facilita el acceso a información científica de calidad y orienta al ciudadano hacia las fuentes y los profesionales adecuados cuando la situación lo requiere.

Uno de los aspectos más destacados de la obra es su enfoque eminentemente práctico. El texto pretende reducir la inseguridad que experimentan muchos bibliotecarios cuando reciben preguntas relacionadas con enfermedades, medicamentos, tratamientos o prevención. Para ello proporciona estrategias de referencia, marcos éticos de actuación, recursos especializados, criterios para evaluar la calidad de la información y recomendaciones para afrontar conversaciones delicadas con empatía y profesionalidad. El objetivo no es únicamente mejorar la calidad del servicio bibliotecario, sino también fortalecer la confianza de los profesionales para responder a unas demandas que cada vez aparecen con mayor frecuencia en el servicio de referencia.

El libro también sitúa la alfabetización en salud dentro del problema más amplio de la desinformación. Las autoras advierten que los ciudadanos llegan a las bibliotecas influenciados por publicaciones virales en redes sociales, vídeos, recomendaciones personales o respuestas generadas por herramientas de inteligencia artificial que mezclan información correcta con errores o afirmaciones sin evidencia científica. Ante este escenario, la biblioteca pública se convierte en un actor clave para enseñar a evaluar la credibilidad de las fuentes, identificar información basada en evidencias y comprender mejor los riesgos asociados a la circulación de contenidos falsos o manipulados. La guía propone convertir la entrevista de referencia en una oportunidad educativa que ayude a desarrollar competencias críticas y autonomía informacional entre los usuarios.

Finalmente, la publicación reivindica el papel social de las bibliotecas como infraestructuras de salud comunitaria. Más allá de facilitar libros o acceso a Internet, las bibliotecas pueden contribuir al bienestar colectivo proporcionando información fiable que permita a las personas tomar decisiones mejor fundamentadas sobre su salud. La obra representa así una evolución del servicio bibliotecario tradicional hacia un modelo en el que la alfabetización informacional y la alfabetización en salud convergen para responder a uno de los mayores desafíos informativos de nuestro tiempo: combatir la desinformación y favorecer el acceso equitativo al conocimiento científico.

Las bibliotecas reivindican el equilibrio entre inteligencia artificial y derechos de autor

Klosek, Katherine, y Marjory Blumenthal. Revisiting the Library Copyright Alliance Statement on AI and Copyright. Association of Research Libraries (ARL), 10 de diciembre de 2025. https://www.arl.org/blog/revisiting-the-library-copyright-alliance-statement-on-ai-and-copyright/

Library Copyright Alliance (LCA), integrada por la Association of Research Libraries (ARL) y la American Library Association (ALA), ha revisado y actualizado su posición sobre la relación entre la inteligencia artificial y los derechos de autor a la luz de la evolución jurídica y tecnológica de los dos últimos años.

La organización reafirma que la legislación estadounidense sobre copyright continúa siendo suficientemente sólida y flexible para abordar los desafíos planteados por la IA generativa, sin necesidad de introducir modificaciones legislativas específicas. Esta postura se apoya tanto en la doctrina del fair use (uso legítimo) como en las primeras resoluciones judiciales relacionadas con el entrenamiento de modelos de inteligencia artificial.

Uno de los argumentos centrales del documento es que el entrenamiento de modelos de IA mediante el análisis de grandes cantidades de obras protegidas constituye, en la mayoría de los casos, un uso altamente transformador. La LCA sostiene que estos sistemas no reproducen las obras para sustituirlas en el mercado, sino que las utilizan para extraer patrones estadísticos y generar nuevas capacidades computacionales, una finalidad comparable a la reconocida como transformadora en precedentes como el caso Google Books. Desde esta perspectiva, exigir licencias obligatorias para entrenar modelos de IA supondría un obstáculo innecesario para la innovación científica y tecnológica, además de limitar la investigación y el desarrollo de nuevos servicios basados en inteligencia artificial.

La actualización de la declaración también tiene en cuenta las primeras decisiones judiciales en litigios de gran relevancia, como Bartz v. Anthropic y Kadrey v. Meta, en los que los tribunales comenzaron a analizar el uso de obras protegidas durante el entrenamiento de modelos generativos. Aunque estas resoluciones no cierran definitivamente el debate, la LCA considera que refuerzan su interpretación de que el entrenamiento de IA puede encajar dentro del uso legítimo cuando el proceso es transformador y no sustituye económicamente a las obras originales. No obstante, la organización recuerda que la cuestión sigue evolucionando y que futuros pronunciamientos judiciales podrían matizar algunos aspectos de esta interpretación.

El documento también aborda una cuestión especialmente relevante para bibliotecas y universidades: las consecuencias sociales y laborales derivadas de la expansión de la inteligencia artificial generativa. La LCA reconoce que estas tecnologías pueden provocar importantes transformaciones en numerosos sectores profesionales, pero advierte que el derecho de autor no debe utilizarse como herramienta para resolver problemas económicos o laborales que exceden su finalidad. En cambio, propone que las bibliotecas desempeñen un papel activo impulsando programas de alfabetización en inteligencia artificial, formación continua y reciclaje profesional, ayudando a ciudadanos e investigadores a comprender las capacidades, limitaciones y riesgos de estas tecnologías.

La alianza reafirma su compromiso con un sistema de propiedad intelectual equilibrado, que proteja los intereses de los creadores sin obstaculizar el acceso al conocimiento ni el progreso científico. La organización continuará supervisando la evolución de la jurisprudencia y de las políticas públicas para adaptar su posición cuando sea necesario, manteniendo como principio fundamental que el derecho de autor debe seguir promoviendo la creatividad, la investigación y el interés público en un contexto marcado por el desarrollo acelerado de la inteligencia artificial.

Cómo detectar las alucinaciones de la IA como un bibliotecario de referencia

Librarian helping a visitor at reference desk with open books and laptop

Goldin, Hana Lee. How to Spot AI Hallucinations Like a Reference Librarian. LLRX, 30 de diciembre de 2025

El artículo de Hana Lee Goldin propone trasladar al uso cotidiano de la inteligencia artificial las habilidades que durante décadas han caracterizado el trabajo de los bibliotecarios de referencia. Frente a la creciente proliferación de respuestas generadas por modelos de lenguaje que incluyen datos falsos, citas inventadas o afirmaciones plausibles pero incorrectas, la autora sostiene que la mejor defensa no es desconfiar de la IA, sino aplicar un método sistemático de verificación. En este sentido, reivindica el papel de la alfabetización informacional y de la experiencia bibliotecaria como competencias esenciales en la era de la IA generativa.

Goldin explica que una de las señales más frecuentes de una alucinación es la presencia de referencias «demasiado perfectas»: artículos que parecen ajustarse exactamente a la pregunta formulada, con títulos excesivamente descriptivos, autores desconocidos o combinaciones de datos bibliográficos que resultan convincentes, pero que no existen realmente. Los modelos de IA pueden mezclar nombres de autores, revistas, fechas y títulos de publicaciones auténticas para crear referencias ficticias con apariencia de legitimidad. Por ello, recomienda desconfiar especialmente de aquellas citas que parecen confirmar exactamente la hipótesis del usuario sin dejar espacio para la complejidad o el desacuerdo propio de la investigación científica.

La autora propone una estrategia de verificación en varias capas inspirada en el trabajo de los bibliotecarios de referencia. En primer lugar, aconseja comprobar la existencia real de la publicación mediante catálogos, bases de datos académicas y buscadores especializados. En segundo lugar, verificar que los autores, el DOI, la revista y el año de publicación coincidan entre sí. Finalmente, recomienda leer el documento original siempre que sea posible, ya que incluso cuando una referencia es auténtica, la IA puede atribuirle conclusiones o citas que nunca aparecen en el texto. La comprobación directa continúa siendo el método más fiable para evitar errores de interpretación.

Otro aspecto destacado es que la evaluación crítica debe centrarse tanto en la información como en el contexto. Los bibliotecarios no se limitan a localizar documentos; también analizan la autoridad de las fuentes, su actualidad, el propósito con el que fueron elaboradas y las posibles limitaciones de la evidencia. Goldin sostiene que estas habilidades resultan ahora más necesarias que nunca, ya que la IA puede producir respuestas muy convincentes desde el punto de vista lingüístico, aunque carezcan de fundamento documental.

El artículo concluye defendiendo que la inteligencia artificial debe entenderse como una herramienta de exploración y no como una autoridad definitiva. La autora resume esta idea en una recomendación que sintetiza el papel complementario de la IA y las bibliotecas: utilizar la IA para descubrir posibilidades, recurrir a las bibliotecas y sus recursos para verificar la información, y aplicar siempre el juicio crítico humano antes de aceptar cualquier respuesta como verdadera. En este nuevo ecosistema informativo, las competencias tradicionales de los bibliotecarios de referencia se convierten en una guía especialmente valiosa para combatir las alucinaciones de la IA y preservar la calidad de la información.

Las bibliotecas públicas, actores clave en la alfabetización mediática y el acceso a la información fiable

Public Library Association (PLA). New Report Examines Evolving Role of Public Libraries in Media Literacy and News Access. American Library Association (ALA), 2 de julio de 2026.

Public Library Association (PLA), división de la American Library Association (ALA), ha publicado el informe News Access and Media Literacy in Public Libraries, un estudio que analiza cómo las bibliotecas públicas están respondiendo a un entorno informativo cada vez más complejo, caracterizado por la sobreabundancia de contenidos digitales, la desinformación y el rápido avance de las tecnologías de la información.

El informe de la Public Library Association (PLA) ofrece una radiografía exhaustiva sobre el papel que desempeñan actualmente las bibliotecas públicas en la alfabetización mediática y el acceso a información fiable en Estados Unidos y Canadá. El estudio parte de una constatación clara: la proliferación de la desinformación, la manipulación informativa, los contenidos generados mediante inteligencia artificial y la desaparición progresiva de medios locales han convertido a las bibliotecas en uno de los pocos espacios públicos donde la ciudadanía puede recibir orientación imparcial para desenvolverse en un ecosistema informativo cada vez más complejo. Los autores sostienen que la alfabetización mediática ya no constituye un servicio complementario, sino una función inherente a la misión bibliotecaria, aunque todavía no sea suficientemente reconocida ni financiada.

La investigación se basa en una encuesta realizada en mayo de 2026 a 913 bibliotecarios y trabajadores de bibliotecas públicas de Estados Unidos y Canadá. A diferencia de otros estudios centrados en los usuarios, este informe recoge la visión de quienes atienden diariamente las consultas del público y conocen de primera mano las dificultades informativas de sus comunidades. Los participantes describen cómo las preguntas tradicionales sobre búsqueda de información han evolucionado hacia consultas relacionadas con la verificación de noticias, la identificación de contenidos manipulados, la detección de fraudes digitales, la comprensión de imágenes y textos generados mediante inteligencia artificial y la evaluación crítica de fuentes en redes sociales.

Uno de los principales hallazgos del informe es que la alfabetización mediática ya forma parte del trabajo cotidiano de las bibliotecas, aunque en la mayoría de los casos de manera informal. Los bibliotecarios consideran que ayudar a los ciudadanos a distinguir información fiable de contenidos engañosos constituye una extensión natural de su misión histórica de facilitar el acceso al conocimiento. Sin embargo, gran parte de esta labor no se desarrolla mediante cursos o programas específicos, sino a través de conversaciones individuales en los mostradores de información, asesoramiento personalizado y recomendaciones de fuentes fiables durante la atención diaria. Precisamente por tratarse de un trabajo poco visible, resulta difícil medirlo, justificar recursos o demostrar su impacto ante financiadores y administraciones públicas.

El informe muestra igualmente que los hábitos de consumo informativo de la ciudadanía han cambiado profundamente. Los usuarios ya no consumen exclusivamente prensa impresa o digital, sino que combinan múltiples formatos y canales. Las redes sociales constituyen uno de los principales puntos de acceso a las noticias, superando incluso a las plataformas informativas proporcionadas por las propias bibliotecas. Esta situación incrementa la exposición de los ciudadanos a contenidos descontextualizados, desinformación y algoritmos que priorizan la viralidad frente a la calidad informativa. En este contexto, las bibliotecas adquieren un papel fundamental como mediadoras entre el usuario y las fuentes periodísticas de calidad, especialmente en aquellas comunidades donde los medios locales han desaparecido o se han debilitado considerablemente.

El estudio pone de relieve una importante contradicción entre la relevancia que los profesionales conceden a la alfabetización mediática y los recursos realmente disponibles para desarrollarla. Aunque existe un consenso casi unánime sobre su importancia, muy pocas bibliotecas consideran que disponen de capacidad suficiente para ofrecer programas consolidados. La falta de tiempo del personal, la escasez presupuestaria, las limitaciones tecnológicas y la ausencia de programas formativos especializados constituyen los principales obstáculos. Los autores advierten que las bibliotecas están asumiendo nuevas responsabilidades sin que se hayan incrementado proporcionalmente los recursos humanos y económicos necesarios para afrontarlas.

Especial atención merece el impacto que la inteligencia artificial está teniendo sobre la alfabetización mediática. Mientras que la evaluación crítica de fuentes tradicionales forma parte desde hace décadas de las competencias bibliotecarias, la aparición de imágenes sintéticas, vídeos manipulados, textos generados automáticamente y modelos conversacionales plantea desafíos completamente nuevos. Los propios bibliotecarios reconocen sentirse insuficientemente preparados para responder a preguntas relacionadas con estas tecnologías, cuya evolución resulta mucho más rápida que los programas de formación profesional disponibles. El informe insiste en que la actualización permanente de competencias será indispensable para mantener la confianza que la ciudadanía deposita en las bibliotecas.

Otro aspecto especialmente interesante es el denominado «paradigma de la participación». Los autores observan que quienes más necesitan formación en alfabetización mediática son, precisamente, quienes menos participan en talleres o actividades organizadas por las bibliotecas. Muchas personas desconocen que necesitan ayuda o consideran que ya poseen suficientes competencias digitales, cuando en realidad presentan importantes dificultades para identificar noticias falsas, detectar fraudes o reconocer contenidos generados mediante inteligencia artificial. Por ello, el informe propone desplazar parte del esfuerzo desde los programas tradicionales hacia intervenciones integradas en la atención cotidiana, aprovechando cada interacción entre bibliotecario y usuario como una oportunidad educativa.

Las conclusiones insisten en que fortalecer la alfabetización mediática exige una estrategia integral. No basta con ofrecer talleres ocasionales; es necesario invertir de forma sostenida en formación del personal, garantizar el acceso continuado a periodismo profesional y desarrollar infraestructuras que permitan mantener colecciones digitales y recursos informativos de calidad. Asimismo, se subraya la importancia de atender la diversidad lingüística de las comunidades, ofreciendo recursos informativos en múltiples idiomas para garantizar la equidad en el acceso a la información.

Finalmente, el informe formula una serie de recomendaciones dirigidas a administraciones públicas, financiadores y responsables de bibliotecas. Entre ellas destacan la necesidad de establecer programas permanentes de formación para bibliotecarios, desarrollar materiales didácticos reutilizables sobre alfabetización mediática, reconocer institucionalmente el trabajo informal que realizan los profesionales en los servicios de referencia, integrar la alfabetización mediática en la atención diaria y considerar el acceso al periodismo de calidad como una infraestructura pública esencial para la democracia. Los autores concluyen que las bibliotecas públicas ocupan una posición única para combatir la desinformación, fortalecer la ciudadanía crítica y garantizar el acceso equitativo a información fiable en la era digital.

Palabras que cuidan: la biblioteca como agente de salud mental para personas mayores. Planeta Biblioteca 2026/07/24

Palabras que cuidan: la biblioteca como agente de salud mental para personas mayores.

Planeta Biblioteca 2026/07/24

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En Planeta Biblioteca conversamos con Inmaculada López Melguizo sobre «Palabras que cuidan», un innovador proyecto de la Biblioteca Pública Municipal de La Chana (Granada) que convierte la biblioteca en un agente activo de promoción de la salud mental y el bienestar de las personas mayores. Analizamos cómo la lectura compartida, la escritura autobiográfica y la narración oral ayudan a combatir la soledad no deseada, fortalecer la memoria, mejorar la autoestima y crear redes de apoyo comunitario. También hablamos de las actividades de estimulación cognitiva, gestión emocional, encuentros intergeneracionales y participación cultural que integran el programa. La entrevista pone de relieve el papel de las bibliotecas como espacios de cuidado, inclusión y cohesión social, más allá de su función tradicional. Finalmente, López Melguizo comparte los excelentes resultados del proyecto y explica por qué este modelo puede replicarse con éxito en otras bibliotecas públicas.