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La ALA publica una guía para un uso ético, transparente y centrado en las personas de la inteligencia artificial en las bibliotecas

American Library Association. *Guidance on the Use of Artificial Intelligence in Libraries*. American Library Association (ALA), 2026. Documento aprobado por el Consejo de la ALA el 16 de julio de 2026 como marco de referencia para el desarrollo de políticas institucionales sobre inteligencia artificial en bibliotecas.

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El documento ofrece orientación para que las bibliotecas desarrollen o revisen políticas locales sobre IA (generativa, agéntica, sistemas predictivos, de recomendación, decisiones automatizadas y funciones de IA integradas en productos de proveedores). Se aplica tanto a herramientas de IA independientes como a funciones de IA incorporadas en catálogos, sistemas de descubrimiento, plataformas escolares, universitarias, municipales o consorciales.

La IA puede apoyar la instrucción, las operaciones, la accesibilidad y la educación pública siempre que exista un propósito claro de servicio público, se hayan evaluado beneficios y riesgos, se preserve el juicio humano y existan salvaguardas adecuadas. La IA no debe sustituir el juicio ni la responsabilidad del personal.

Cada evaluación de un sistema de IA debe considerar el propósito de servicio, beneficios, riesgos, salvaguardas necesarias, capacidad del personal, efectos comunitarios y alternativas. El resultado puede ser: adopción, uso limitado, prueba piloto, aplazamiento, pausa, no adopción, eliminación o suspensión. Decidir no usar una herramienta de IA es una decisión profesional legítima, no un fracaso.

Valores bibliotecarios y la IA

1. Bien público — La IA debe usarse solo con fines documentados de servicio público. Debe complementar, no sustituir, el razonamiento humano; el personal debe conservar autoridad para cuestionar o anular recomendaciones algorítmicas. Los usuarios tienen derecho a una explicación cuando la IA afecte una decisión que les concierne. La IA no debe justificar recortes de personal. Se recomienda alfabetización en IA con enfoque de reducción de daños, sin estigmatizar a quienes la usan, la evitan o son escépticos. En colecciones, se debe evaluar cuidadosamente el material generado por IA antes de adquirirlo.

2. Libertad intelectual — La IA puede amenazar la libertad intelectual si oculta cómo se clasifica la información o prioriza el «enganche» del usuario sobre la reflexión. Se recomienda documentación clara sobre el funcionamiento de sistemas automatizados, opciones de exclusión («opt-out»), y alternativas sin IA. Debe auditarse regularmente si las funciones de descubrimiento o recomendación distorsionan la visibilidad de ciertos temas, autores o comunidades.

3. Privacidad — El personal debe entender cómo la IA maneja datos personales. Se debe evaluar a los proveedores sobre qué datos recopilan, si se usan para entrenar modelos, dónde se almacenan y cómo pueden eliminarse. Se prohíbe introducir información de identificación personal, historiales de préstamo o lectura, o datos de referencia en sistemas de IA no aprobados formalmente.

4. Sostenibilidad — Las bibliotecas deben preferir herramientas de IA con menor impacto ambiental documentado (modelos más pequeños o específicos por tarea), exigir a los proveedores que divulguen huella de carbono y uso de agua, y considerar el ciclo de vida completo del hardware (fabricación, consumo energético, residuos electrónicos).

5. Diversidad, equidad, inclusión y acceso (DEIA) — Se debe evaluar el sesgo en conjuntos de datos y algoritmos antes y durante el uso. Se debe garantizar acceso equitativo a comunidades marginadas y apoyar herramientas de código abierto que reduzcan el sesgo.

6. Trabajo (labor) — La IA no debe sustituir servicios de referencia, asesoría de lectura, instrucción o apoyo comunitario. El personal debe participar en las decisiones sobre qué tareas pueden automatizarse. Se debe evaluar a los proveedores sobre las condiciones laborales de quienes etiquetan datos o moderan contenido, y usar las ganancias de eficiencia para mejorar condiciones laborales, no para justificar despidos.

Orientación general

Usar la IA solo cuando tenga un propósito claro centrado en el usuario; divulgar su uso de forma clara y accesible; obtener consentimiento informado; tratar las salidas de la IA como borradores que requieren revisión humana, no como respuestas autorizadas; y ofrecer siempre una vía de asistencia humana y, cuando sea posible, una opción sin IA.

Conclusión

La guía es un punto de partida basado en valores, destinado a evolucionar junto con la tecnología y las necesidades de las bibliotecas.

Apéndice — Marco ético de IA (basado en Luciano Floridi)

Seis principios:

1) el bien común de la humanidad y el planeta;

2) el principio de no dañar, privacidad y protección;

3) dignidad humana;

4) responsabilidad y explicabilidad;

5) democracia; 6) equidad, justicia social y un mejor futuro.

Bibliotecas que conectan personas: una respuesta integral a la exclusión digital

Planning, Implementation, and Evaluation (PIE) Org. (2026, 26 de junio). Libraries as the Connective Tissue in Addressing the Digital Divide. Programming Librarian. American Library Association. Programming Librarian

Community Connect: Fostering Digital Access 

El artículo presenta los resultados del programa Community Connect: Fostering Digital Access, una iniciativa impulsada por la American Library Association (ALA) con financiación de Capital One para combatir la brecha digital en comunidades rurales de Estados Unidos. Su premisa fundamental es que las bibliotecas públicas constituyen el «tejido conectivo» de sus comunidades: instituciones de confianza capaces de articular el acceso a Internet, la alfabetización digital, la educación financiera y el desarrollo comunitario. Más que simples proveedores de tecnología, las bibliotecas se consolidan como espacios donde las personas pueden adquirir las competencias necesarias para participar plenamente en la sociedad digital.

Durante la segunda fase del programa, desarrollada entre enero de 2025 y mayo de 2026, participaron treinta bibliotecas rurales ubicadas principalmente en comunidades con bajos ingresos. Cada biblioteca recibió cinco puntos de acceso Wi-Fi portátiles (hotspots) y una subvención de 2.000 dólares para ampliar los servicios digitales. Los resultados muestran un impacto considerable: los dispositivos fueron prestados 4.893 veces, consumieron más de 145.700 GB de datos y se organizaron 124 actividades formativas sobre alfabetización digital y educación financiera, con la participación de 1.694 personas. Estas cifras evidencian que el acceso a la conectividad continúa siendo una necesidad básica en muchas zonas rurales y que las bibliotecas desempeñan un papel esencial para garantizarla.

El artículo profundiza en dos experiencias particularmente representativas. La primera corresponde a la Storm Lake Public Library (Iowa), situada en una comunidad caracterizada por una gran diversidad cultural y lingüística. Aunque la ciudad dispone de infraestructura de banda ancha, numerosos residentes no pueden costear una conexión doméstica o necesitan apoyo para utilizar la tecnología. La biblioteca respondió implantando un servicio de préstamo de hotspots, ofreciendo talleres sobre créditos, inversiones y planificación financiera y, especialmente, proporcionando atención personalizada para resolver problemas relacionados con teléfonos móviles, correo electrónico o programas informáticos. El personal observó cómo muchos usuarios perdían progresivamente el miedo a utilizar la tecnología gracias a este acompañamiento individualizado.

El segundo caso analiza la experiencia de la East Carroll Parish Library (Luisiana), ubicada en una de las regiones con mayores índices de pobreza del país. Allí, una parte importante de la población carece de conexión fija a Internet y depende exclusivamente del teléfono móvil para acceder a servicios digitales. La biblioteca utilizó los hotspots tanto para préstamo domiciliario como para dotar de conectividad a su biblioteca móvil, ampliando el acceso a colecciones y recursos electrónicos. Paralelamente, organizó actividades sobre emprendimiento, prevención de fraudes financieros y comprensión del sistema sanitario. El proyecto incrementó la participación ciudadana, atrajo nuevos usuarios y reforzó la percepción de la biblioteca como una institución imprescindible para el bienestar de la comunidad.

Una de las principales conclusiones del artículo es que la brecha digital no puede reducirse únicamente proporcionando acceso a Internet. La verdadera inclusión digital requiere combinar infraestructura tecnológica con formación, acompañamiento y creación de capacidades. Muchas personas necesitan aprender desde habilidades muy básicas, como utilizar un navegador, gestionar el correo electrónico o protegerse frente a fraudes en línea, hasta competencias más avanzadas relacionadas con la búsqueda de empleo, la administración electrónica o la educación permanente. En este contexto, las bibliotecas se convierten en mediadoras entre la tecnología y la ciudadanía, desempeñando un papel educativo y social que trasciende ampliamente sus funciones tradicionales.

Iniciativas como Community Connect: Fostering Digital Access  demuestran que las bibliotecas son infraestructuras esenciales para promover la equidad digital. Su capacidad para generar alianzas con administraciones públicas, entidades financieras, organizaciones comunitarias y otros agentes locales les permite actuar como nodos de cohesión social y desarrollo económico. En un escenario donde el acceso a los servicios públicos, la educación, el empleo y la participación ciudadana dependen cada vez más de las competencias digitales, las bibliotecas se consolidan como instituciones estratégicas para garantizar que nadie quede excluido de la sociedad de la información.

El declive del préstamo de libros de no ficción en bibliotecas: causas y oportunidades

Wooden library bookshelves filled with a variety of history and biography books
Rows of neatly arranged books line wooden shelves in a quiet library space.

Bransford, Nathan. What Can Libraries Do When Adult Nonfiction Won’t Circulate? Nathan Bransford Blog, 2026.https://superlibrarymarketing.com/2026/06/24/library-marketing-show-341-what-can-libraries-do-when-adult-nonfiction-wont-circulate/

El descenso continuado del préstamo de libros impresos de no ficción para adultos. Mientras géneros como la ficción, la literatura juvenil o los materiales infantiles mantienen una demanda relativamente estable, muchas obras de divulgación, historia, ciencias sociales, negocios o autoayuda permanecen durante largos periodos en las estanterías sin apenas ser consultadas.

El autor plantea que esta tendencia no responde necesariamente a una pérdida de interés por el conocimiento, sino a un cambio profundo en la forma en que las personas acceden a la información. Hoy, gran parte de las necesidades informativas se satisfacen mediante búsquedas en Internet, vídeos, pódcast, boletines especializados o herramientas de inteligencia artificial, lo que reduce el papel tradicional del libro impreso como primera fuente de consulta.

A partir de este diagnóstico, el artículo invita a las bibliotecas a replantear el desarrollo de sus colecciones de no ficción. En lugar de seguir adquiriendo títulos basándose únicamente en criterios históricos o en políticas de colección poco actualizadas, propone analizar con mayor detalle los datos de circulación, identificar qué áreas mantienen un interés real y reconocer aquellas materias cuya demanda ha disminuido de forma estructural. Este enfoque basado en evidencias permitiría optimizar el uso del presupuesto, reducir la acumulación de materiales infrautilizados y dedicar más recursos a formatos y contenidos que respondan mejor a las necesidades actuales de la comunidad.

El texto también sugiere que la renovación de la colección no debe limitarse a retirar libros poco utilizados, sino que debe ir acompañada de nuevas estrategias de mediación. Las bibliotecas pueden revitalizar la no ficción mediante exposiciones temáticas, recomendaciones personalizadas, clubes de lectura especializados, actividades divulgativas, ciclos de conferencias o la integración de estos materiales en programas educativos y de alfabetización informacional. De este modo, el valor de la colección deja de depender exclusivamente del préstamo tradicional y pasa a formar parte de una oferta cultural y formativa más amplia.

Asimismo, el autor plantea que determinadas áreas de la no ficción podrían orientarse hacia formatos alternativos. Los libros electrónicos, los audiolibros, las bases de datos especializadas, los recursos digitales de acceso abierto e incluso contenidos generados con apoyo de la inteligencia artificial pueden complementar o sustituir parcialmente algunas colecciones impresas cuya utilización ha caído significativamente. La clave consiste en ofrecer múltiples vías de acceso al conocimiento, adaptándose a los hábitos de consumo de información de diferentes perfiles de usuarios sin renunciar a la misión educativa de la biblioteca.

El artículo concluye que la disminución del préstamo de libros de no ficción no debe interpretarse como un fracaso de las bibliotecas, sino como un indicador de la transformación del ecosistema informativo. Frente a este escenario, las bibliotecas tienen la oportunidad de evolucionar desde un modelo centrado en la acumulación de colecciones hacia otro basado en la relevancia, la flexibilidad y el impacto comunitario. Para ello será necesario combinar el análisis de datos, la evaluación continua de las colecciones, la innovación en los servicios y una comprensión más profunda de cómo aprenden, investigan e interactúan con la información los ciudadanos en la era digital.

Los usuarios de la Biblioteca Pública de Milton ahorraron casi 9 millones de dólares el año pasado

Sadewo, Bambang. Milton Public Library borrowers saved nearly $9M last year: report. Annual report also highlights growth across programs and services. MiltonToday, 26 de julio de 2026.

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El informe anual de la Milton Public Library (Ontario, Canadá) pone de manifiesto el extraordinario valor económico y social que genera una biblioteca pública para su comunidad. Durante el último año, los usuarios de la biblioteca evitaron gastar aproximadamente 9 millones de dólares simplemente utilizando los servicios de préstamo en lugar de adquirir libros, películas, videojuegos, herramientas tecnológicas y otros materiales por cuenta propia.

Esta cifra constituye un indicador muy tangible del retorno de la inversión pública en bibliotecas, ya que cuantifica el ahorro directo que reciben los ciudadanos a través de un servicio gratuito o de muy bajo coste financiado colectivamente. El informe subraya que la biblioteca no solo proporciona acceso a la información y la cultura, sino que también contribuye de manera significativa a aliviar el coste de vida de las familias en un contexto de creciente presión económica.

Más allá del ahorro económico, el informe destaca un crecimiento sostenido en prácticamente todos los indicadores de actividad de la institución. La biblioteca registró un incremento tanto en el uso de sus colecciones físicas como digitales, acompañado por una mayor participación en programas educativos, culturales y de alfabetización dirigidos a públicos de todas las edades. Las actividades infantiles, los clubes de lectura, las iniciativas para jóvenes, los programas de aprendizaje permanente y los eventos comunitarios experimentaron una elevada participación, confirmando que la biblioteca ha evolucionado desde su función tradicional como espacio de préstamo documental hacia un auténtico centro comunitario. Esta evolución refleja una tendencia observada en numerosas bibliotecas públicas contemporáneas, donde el valor del servicio se mide no únicamente por el número de préstamos, sino también por su capacidad para generar cohesión social, aprendizaje continuo y participación ciudadana.

El informe también pone de relieve la creciente importancia de los recursos tecnológicos ofrecidos por la biblioteca. Además de libros impresos y materiales audiovisuales, los ciudadanos accedieron a equipos tecnológicos, recursos digitales y otros servicios que resultarían costosos si tuvieran que adquirirse individualmente. Este aspecto amplía considerablemente el impacto económico de la biblioteca, ya que facilita el acceso equitativo a tecnologías necesarias para el estudio, el trabajo, la formación y el ocio. De este modo, la institución contribuye a reducir la brecha digital y garantiza que personas con distintos niveles de ingresos puedan beneficiarse de recursos tecnológicos de calidad sin asumir un gasto adicional.

Finalmente, el informe presenta estos resultados como una demostración del creciente papel estratégico de las bibliotecas públicas dentro de las comunidades locales. Los responsables de la Milton Public Library sostienen que las cifras alcanzadas evidencian que la biblioteca constituye una inversión pública altamente rentable, capaz de devolver múltiples beneficios económicos y sociales a la ciudadanía. El ahorro cercano a los nueve millones de dólares representa únicamente una parte del valor generado, ya que no incorpora otros beneficios difíciles de cuantificar, como la mejora de la alfabetización, el fortalecimiento de la inclusión social, el apoyo al aprendizaje permanente, el acceso equitativo a la información y la creación de espacios seguros para la convivencia comunitaria. En conjunto, el informe refuerza la idea de que las bibliotecas públicas son infraestructuras esenciales cuyo impacto trasciende ampliamente el préstamo de materiales y se proyecta sobre el bienestar, la educación y el desarrollo económico de toda la comunidad.

Inteligencia artificial: reflexiones para anticipar sus retos y construir un futuro responsable

Torres Vargas, G. A. (coord.). (2025). Inteligencia artificial. Pensarla para actuar mirando al futuro. Serie Tecnologías de la Información. Ciudad de México: Universidad Nacional Autónoma de México. 192 p. ISBN: 978-607-642-159-8.

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Inteligencia artificial. Pensarla para actuar mirando al futuro es una obra colectiva coordinada por Georgina Araceli Torres Vargas que propone una reflexión crítica sobre el acelerado desarrollo de la inteligencia artificial y sus implicaciones para la sociedad. Frente al entusiasmo que despiertan las posibilidades de estas tecnologías, el libro plantea la necesidad de analizar sus efectos desde una perspectiva académica, ética y social, con el propósito de anticipar los desafíos que surgirán en los próximos años. La obra parte de la premisa de que la IA representa un auténtico punto de inflexión histórico y que sus consecuencias trascenderán el ámbito tecnológico para transformar profundamente la educación, la investigación, el trabajo y la vida cotidiana.

Del libro al algoritmo: impulsando el conocimiento sobre IA en las bibliotecas


Alonso Arévalo, J., & López Melguizo, I. (2025, 5–7 de noviembre). Del libro al algoritmo: Impulsando el conocimiento sobre IA en las bibliotecas [Comunicación en congreso]. XII Congreso Nacional de Bibliotecas Públicas, Palacio de Congresos de Granada, Granada, España.

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Se plantea una profunda reflexión sobre el nuevo papel que deben desempeñar las bibliotecas en una sociedad donde la inteligencia artificial (IA) se ha convertido en una tecnología omnipresente. Los autores sostienen que la IA ya no constituye una innovación reservada a especialistas, sino un elemento que condiciona la vida cotidiana de millones de personas, desde los sistemas de recomendación que utilizan las plataformas digitales hasta los algoritmos que participan en procesos médicos, educativos, financieros o administrativos. Sin embargo, cuanto mayor es la presencia de la IA en nuestras vidas, menor suele ser el conocimiento que posee la ciudadanía sobre su funcionamiento, sus limitaciones y las implicaciones sociales, éticas y políticas que conlleva.

El trabajo parte de la idea de que la revolución provocada por la inteligencia artificial no es únicamente tecnológica, sino también cultural y social. Los algoritmos influyen cada vez más en la manera en que las personas acceden a la información, toman decisiones, consumen contenidos o interactúan con las instituciones. No obstante, la mayoría de estos procesos permanecen ocultos para los ciudadanos, funcionando como auténticas «cajas negras» cuyos mecanismos internos resultan prácticamente desconocidos. Esta falta de comprensión genera una nueva modalidad de analfabetismo, que los autores denominan analfabetismo digital crítico: la incapacidad para comprender cómo funcionan los sistemas algorítmicos que condicionan nuestra vida diaria.

Los autores advierten que esta situación tiene importantes consecuencias sociales. Las personas que desconocen el funcionamiento de la IA son mucho más vulnerables a la manipulación informativa, a la desinformación, a la pérdida de privacidad y a la exclusión de los debates sobre el desarrollo tecnológico. Además, la IA incorpora inevitablemente decisiones humanas, ya que los algoritmos son diseñados, entrenados y ajustados mediante datos que reflejan intereses, prioridades y, en muchos casos, prejuicios existentes en la sociedad. Por ello, la alfabetización en inteligencia artificial no debe limitarse a aprender a utilizar herramientas, sino que debe proporcionar capacidad crítica para comprender cómo se producen esas decisiones automatizadas, quién se beneficia de ellas y qué consecuencias generan para distintos colectivos sociales.

En este contexto, el artículo sitúa a las bibliotecas como las instituciones mejor preparadas para asumir una nueva misión educativa. Históricamente las bibliotecas han garantizado el acceso democrático al conocimiento, primero mediante los libros impresos, posteriormente facilitando el acceso a Internet y a los recursos digitales, y ahora deben contribuir a democratizar el conocimiento sobre la inteligencia artificial. Los autores consideran que las bibliotecas representan uno de los pocos espacios públicos donde cualquier ciudadano, independientemente de su edad, nivel educativo o situación económica, puede acceder gratuitamente tanto a recursos tecnológicos como a programas de formación. De esta manera, la biblioteca deja de ser únicamente un lugar de conservación documental para convertirse en un centro de aprendizaje permanente y participación ciudadana en la era digital.

El proyecto «Del libro al algoritmo» propone precisamente ampliar la misión tradicional de las bibliotecas sin abandonar sus valores históricos. Los libros continúan siendo fundamentales, pero ahora deben convivir con laboratorios digitales, espacios de creación, talleres tecnológicos y actividades relacionadas con la inteligencia artificial. La biblioteca pasa así de ser un lugar donde se consume conocimiento a un espacio donde también se crea, experimenta y reflexiona colectivamente sobre las nuevas tecnologías. Esta evolución resulta coherente con la transformación que ya han experimentado muchas bibliotecas mediante makerspaces, laboratorios de innovación y espacios colaborativos.

Uno de los aspectos centrales del artículo consiste en definir qué significa realmente la alfabetización en inteligencia artificial. Los autores adoptan el enfoque desarrollado por Stanford Teaching Commons, según el cual la alfabetización en IA comprende cuatro grandes dimensiones. La primera consiste en comprender cómo funcionan los sistemas de inteligencia artificial, incluyendo conceptos básicos como los datos de entrenamiento, los modelos de aprendizaje automático, las capacidades reales de estas herramientas y también sus limitaciones. La segunda dimensión se refiere a la ética de la IA, incorporando cuestiones relacionadas con los sesgos, la privacidad, la transparencia, la integridad académica y la fiabilidad de la información generada por los modelos. La tercera dimensión aborda la comunicación con la IA, enseñando a formular instrucciones eficaces mediante técnicas de prompting y comprendiendo cómo el lenguaje condiciona las respuestas obtenidas. Finalmente, la cuarta dimensión estudia el uso de la IA para mejorar los procesos de enseñanza y aprendizaje mediante metodologías pedagógicas innovadoras e inclusivas.

El artículo concede especial importancia al diseño pedagógico de los programas formativos. Los talleres no deben dirigirse únicamente a usuarios expertos, sino adaptarse a personas con distintos niveles de competencia digital. Para ello se propone una metodología gradual que comience utilizando ejemplos cotidianos fácilmente comprensibles, como recetas de cocina o procesos de organización de una biblioteca, para explicar qué es un algoritmo y cómo funciona. Posteriormente, el aprendizaje evoluciona hacia aplicaciones más complejas relacionadas con la salud, la educación, la administración pública o la justicia. Todo el proceso debe apoyarse en metodologías activas, colaborativas e inclusivas, donde los participantes aprendan experimentando directamente con herramientas de inteligencia artificial y compartiendo experiencias con otros usuarios.

Los autores consideran imprescindible que la formación sobre IA vaya mucho más allá del aprendizaje técnico. El objetivo principal consiste en desarrollar pensamiento crítico. Los participantes deben aprender no sólo cómo funcionan los algoritmos, sino también por qué funcionan de esa manera, quién los diseña, qué intereses reflejan y qué alternativas podrían existir. Para ello, los programas incluyen ejercicios destinados a analizar resultados generados por la IA, identificar errores, detectar sesgos y debatir las implicaciones éticas derivadas de su utilización. Esta dimensión crítica constituye uno de los pilares fundamentales del proyecto, ya que permite transformar a los usuarios en ciudadanos capaces de cuestionar la tecnología en lugar de aceptarla de forma pasiva.

Otro bloque del artículo describe con gran detalle los componentes que debería incluir un programa completo de alfabetización en IA desarrollado desde las bibliotecas. Los primeros módulos enseñan que los algoritmos están presentes en prácticamente todas las actividades cotidianas: buscadores de Internet, plataformas audiovisuales, filtros de correo electrónico, sistemas de navegación, asistentes virtuales o redes sociales. Posteriormente se introduce el aprendizaje automático explicando cómo las máquinas identifican patrones a partir de grandes cantidades de datos y cómo este proceso se diferencia del aprendizaje humano. El objetivo consiste en desmitificar la inteligencia artificial y mostrar que, aunque sus capacidades son extraordinarias, continúa dependiendo de datos, modelos matemáticos y decisiones humanas.

Uno de los apartados más desarrollados del trabajo analiza los sesgos algorítmicos. Los autores consideran que comprender este fenómeno constituye probablemente el aspecto más importante de toda la alfabetización en inteligencia artificial. Explican diferentes tipos de sesgos, entre ellos los derivados de los datos de entrenamiento, de la representación de determinados colectivos, de la confirmación de ideas previas o de los métodos utilizados para evaluar los sistemas. Para ilustrar estos problemas presentan casos reales de discriminación algorítmica en procesos de selección de personal, concesión de créditos bancarios y sistemas de justicia penal, demostrando cómo decisiones aparentemente técnicas pueden generar importantes desigualdades sociales. El programa propone que los participantes analicen estos casos mediante actividades prácticas para comprender de primera mano cómo se producen estos fenómenos.

El proyecto también dedica una atención significativa a la privacidad y al tratamiento de los datos personales. Los autores explican que la economía digital actual se basa en la recopilación masiva de información sobre los usuarios, convirtiendo los datos personales en uno de los principales activos económicos de las grandes empresas tecnológicas. Por ello, la alfabetización en IA debe incluir conocimientos sobre consentimiento informado, protección de la privacidad, configuración de redes sociales, navegación segura, cifrado de comunicaciones y comprensión de los modelos económicos basados en la vigilancia y la predicción del comportamiento humano. Los participantes aprenden que cuando utilizan servicios aparentemente gratuitos, en muchas ocasiones están intercambiando sus propios datos personales como forma de pago.

El artículo incorpora igualmente una dimensión jurídica y regulatoria mediante el análisis de la Ley Europea de Inteligencia Artificial (AI Act). Los autores explican que esta normativa establece un enfoque basado en el riesgo, imponiendo obligaciones de transparencia, evaluación de riesgos, supervisión y sanciones para los sistemas de IA de mayor impacto. La formación propuesta pretende que los ciudadanos comprendan estas normas y sean capaces de exigir responsabilidades cuando los sistemas automatizados afecten a sus derechos fundamentales. Para ello se plantean simulaciones donde los participantes representan distintos actores —desarrolladores, reguladores, usuarios o ciudadanos afectados— con el fin de comprender la complejidad de la gobernanza tecnológica.

Además de enseñar conocimientos técnicos, el programa desarrolla herramientas para evaluar críticamente cualquier sistema de inteligencia artificial. Los participantes aprenden a formular preguntas esenciales antes de confiar en una aplicación: qué problema pretende resolver, quién ha definido ese problema, qué datos utiliza, cómo fueron obtenidos, quién obtiene beneficios, qué riesgos existen para determinados colectivos y qué alternativas podrían plantearse. Esta metodología convierte la evaluación crítica en una competencia permanente que puede aplicarse a cualquier nueva tecnología que aparezca en el futuro.

Otro de los objetivos fundamentales consiste en reducir las desigualdades digitales. Los autores consideran que el conocimiento sobre IA no debe quedar restringido a universidades, grandes empresas tecnológicas o profesionales especializados. La alfabetización en inteligencia artificial debe llegar también a personas mayores, habitantes del medio rural, colectivos vulnerables y ciudadanos con escasa formación tecnológica. Las bibliotecas, por su carácter abierto e inclusivo, representan el entorno ideal para democratizar estos conocimientos y evitar que la revolución de la IA amplíe aún más las brechas sociales existentes.

El artículo dedica también un apartado específico al nuevo perfil profesional del bibliotecario. Según los autores, el bibliotecario del futuro ya no será únicamente un gestor de colecciones documentales, sino también un facilitador del aprendizaje digital, un curador de recursos tecnológicos y un mediador entre la complejidad técnica de la IA y las necesidades concretas de la ciudadanía. Para desempeñar esta función deberá adquirir conocimientos básicos sobre inteligencia artificial, metodologías docentes, experiencia de usuario, alfabetización digital y análisis de necesidades comunitarias. Asimismo, deberá organizar actividades participativas, foros de debate y programas de formación adaptados a los distintos perfiles de usuarios.

El artículo concluye afirmando que «Del libro al algoritmo» representa mucho más que un simple programa de formación tecnológica. Constituye una propuesta estratégica para redefinir el papel de las bibliotecas en la sociedad contemporánea. Al integrar la alfabetización en inteligencia artificial dentro de sus servicios, las bibliotecas fortalecen su misión histórica como instituciones democráticas dedicadas al acceso universal al conocimiento. La combinación entre el patrimonio bibliográfico tradicional y la comprensión crítica de los algoritmos permitirá que estas instituciones continúen siendo actores esenciales para la construcción de una ciudadanía informada, participativa y capaz de intervenir activamente en los debates sobre el futuro digital. Los autores sostienen que comprender la inteligencia artificial debe convertirse en un derecho ciudadano básico, y que las bibliotecas están llamadas a desempeñar un papel protagonista para hacerlo realidad.

La IA está cambiando la forma en que los usuarios buscan y descubren recursos en las bibliotecas.

Tay, Aaron. AI Search Is Rebundling Everything Libraries Know About Discovery: Ten established traditions, an emerging eleventh, and why libraries need to have a more holistic view of discovery. Aaron Tay’s Musings about Librarianship (Substack), 18 de julio de 2026. https://aarontay.substack.com/p/eleven-ways-of-looking-at-academic

Aaron Tay plantea que la búsqueda académica nunca ha sido una actividad única y homogénea, sino un conjunto de perspectivas desarrolladas por comunidades profesionales y de investigación diferentes. Inspirándose en el conocido ensayo de Lorcan Dempsey Thirteen Ways of Looking at Libraries, Discovery, and the Catalog, el autor propone que la búsqueda científica puede entenderse desde diez tradiciones consolidadas y una undécima emergente.

Cada una de ellas interpreta el mismo proceso de búsqueda desde objetivos distintos: unas priorizan la alfabetización informacional, otras el comportamiento de los usuarios, la recuperación de información, la bibliometría, la infraestructura científica, la organización del conocimiento o la ingeniería de relevancia. El problema, sostiene Tay, no es la ausencia de conocimiento sobre la búsqueda académica, sino la fragmentación de ese conocimiento entre comunidades que apenas comparten lenguaje, métodos de evaluación o marcos conceptuales.

El autor describe cómo cada tradición aporta una pieza esencial del ecosistema de descubrimiento. Los especialistas en alfabetización informacional consideran que una buena búsqueda es aquella que forma usuarios críticos capaces de evaluar fuentes y detectar sesgos, especialmente en un contexto donde las respuestas generadas por IA pueden parecer convincentes sin ser necesariamente fiables. Los investigadores del comportamiento informacional, por su parte, entienden la búsqueda como un proceso dinámico en el que las necesidades del usuario evolucionan mientras explora información, reformula consultas y redefine sus objetivos. Los expertos en revisiones sistemáticas y síntesis de evidencia ponen el énfasis en la exhaustividad, la transparencia y la reproducibilidad de las estrategias de búsqueda, considerando que estas forman parte del propio método científico y deben ser documentadas y auditadas rigurosamente.

Uno de los argumentos centrales del artículo es que la irrupción de la inteligencia artificial está desdibujando las fronteras tradicionales entre estas disciplinas. En los sistemas clásicos existían capas relativamente independientes: los metadatos, la recuperación de documentos, el ordenamiento de resultados, el acceso al texto completo o la evaluación crítica podían estudiarse por separado. Los sistemas de búsqueda basados en IA, en cambio, integran continuamente interpretación de preguntas, recuperación de información, selección de evidencias, generación de respuestas y razonamiento automatizado. La IA no elimina estas capas, sino que las reorganiza en arquitecturas mucho más complejas donde interactúan de forma constante. Como consecuencia, comprender cómo funciona realmente un sistema de búsqueda requiere conocimientos que hasta ahora estaban distribuidos entre comunidades muy distintas.

Ante esta nueva realidad, Tay propone el surgimiento de una nueva capacidad organizativa que denomina «discovery architect» o arquitecto del descubrimiento, aunque insiste en que no debe entenderse necesariamente como un nuevo puesto de trabajo, sino como una competencia colectiva que deberían desarrollar las bibliotecas académicas. Este equipo tendría una visión transversal del ecosistema completo de búsqueda científica, capaz de comprender metadatos, infraestructuras abiertas, algoritmos de recuperación, modelos de IA, sistemas de acceso, grafos de conocimiento y herramientas de descubrimiento. Su función consistiría en diagnosticar correctamente por qué un sistema de búsqueda falla: si el problema reside en la cobertura documental, en los metadatos, en la desambiguación de entidades, en el algoritmo de recuperación, en el ranking, en la selección de evidencias o en la generación de respuestas por parte del modelo. Más que resolver directamente todos esos problemas, debería ser capaz de identificar qué tipo de conocimiento especializado resulta necesario en cada caso.

Según Aaron Tay, las once maneras de entender la búsqueda académica representan diferentes disciplinas y comunidades profesionales que analizan el descubrimiento de información desde perspectivas complementarias. Son las siguientes:

  1. Alfabetización informacional (Information Literacy)
    Considera la búsqueda como una competencia que debe aprenderse y desarrollarse. El objetivo es que los usuarios sepan formular preguntas, elegir fuentes adecuadas, evaluar críticamente la información y utilizarla de forma ética.
  2. Comportamiento informacional (Information Behaviour)
    Estudia cómo las personas buscan información en situaciones reales. Analiza las necesidades de información, las estrategias de búsqueda, la incertidumbre, la exploración y cómo evolucionan las consultas durante el proceso.
  3. Recuperación de información (Information Retrieval – IR)
    Se centra en los algoritmos y modelos que permiten localizar los documentos más relevantes para una consulta. Incluye aspectos como la indexación, el ranking, la relevancia, la recuperación semántica y la evaluación de los sistemas de búsqueda.
  4. Recuperación interactiva de información (Interactive Information Retrieval – IIR)
    Examina la interacción entre el usuario y el sistema de búsqueda. Estudia cómo las interfaces, la reformulación de consultas y la retroalimentación mejoran los resultados obtenidos.
  5. Revisiones sistemáticas y síntesis de evidencia (Systematic Searching / Evidence Synthesis)
    Concibe la búsqueda como un componente esencial del método científico. Da prioridad a la exhaustividad, la reproducibilidad, la transparencia y la documentación detallada de las estrategias de búsqueda.
  6. Bibliometría y cienciometría (Bibliometrics / Scientometrics)
    Utiliza la búsqueda para analizar la producción científica, las citas, las redes de colaboración, el impacto de las publicaciones y la evolución de las disciplinas.
  7. Organización del conocimiento (Knowledge Organization)
    Se ocupa de cómo se describen y estructuran los recursos mediante metadatos, vocabularios controlados, tesauros, clasificaciones, ontologías y grafos de conocimiento para facilitar su descubrimiento.
  8. Bibliotecas y sistemas de descubrimiento (Library Discovery Systems)
    Analiza las plataformas que integran catálogos, bases de datos, repositorios y recursos electrónicos, así como las decisiones sobre cobertura, relevancia y experiencia de usuario en los servicios bibliotecarios.
  9. Infraestructura de comunicación científica (Scholarly Communication Infrastructure)
    Observa la búsqueda desde el punto de vista de las infraestructuras que hacen posible el descubrimiento: identificadores persistentes (DOI, ORCID), índices, repositorios, bases de datos, acceso abierto y metadatos interoperables.
  10. Motores de búsqueda académicos y plataformas comerciales (Academic Search Engines and Discovery Platforms)
    Estudia cómo servicios como Google Scholar, Scopus, Web of Science, Semantic Scholar o Dimensions construyen sus índices, seleccionan contenidos y ordenan los resultados mediante algoritmos propios.
  11. Arquitectura del descubrimiento impulsada por IA (Discovery Architecture / AI Discovery) (la perspectiva emergente propuesta por Tay)

El autor advierte que esta capacidad de diagnóstico será insuficiente si las bibliotecas no exigen mayor transparencia a los proveedores de plataformas de búsqueda basadas en IA. Reclama acceso a registros de consultas, información sobre la cobertura de los índices, documentación de los criterios de clasificación, mecanismos para evaluar la relevancia de los resultados y posibilidades de auditar las distintas fases del proceso de recuperación y generación de respuestas. Sin esa apertura, afirma Tay, incluso reuniendo a especialistas de todas las disciplinas implicadas, cualquier análisis sobre el funcionamiento de estos sistemas seguirá siendo en gran medida especulativo. El artículo concluye anunciando una segunda parte dedicada a analizar dónde reside realmente la inteligencia de los nuevos sistemas de búsqueda: en los grandes modelos de lenguaje, en los mecanismos de recuperación documental o en la combinación de ambos mediante arquitecturas híbridas.

Cómo organizar un programa de seguridad vial con bicicletas en la biblioteca

Adrienne. Pedal Power: Hosting a Bicycle Safety Program at the Library. Youth Services Playbook, 15 de junio de 2026. Youth Services Playbook

El artículo propone a las bibliotecas públicas incorporar programas de educación sobre seguridad ciclista como una forma de promover el aprendizaje práctico, la salud y la participación comunitaria. La bicicleta se presenta no solo como un medio de transporte sostenible, sino también como una herramienta educativa que permite a niños y familias desarrollar habilidades relacionadas con la movilidad segura, la autonomía y la responsabilidad cívica.

La autora explica que este tipo de iniciativas funcionan mejor cuando la biblioteca establece alianzas con organismos especializados, como departamentos de policía, asociaciones ciclistas, talleres de reparación de bicicletas o entidades de salud pública. Estos colaboradores aportan conocimientos técnicos, realizan revisiones de bicicletas y cascos, enseñan normas básicas de circulación y organizan circuitos prácticos donde los participantes pueden aplicar lo aprendido en un entorno seguro.

El programa puede incluir numerosas actividades complementarias: inspecciones de seguridad de bicicletas, ajuste y distribución de cascos, talleres de mantenimiento básico, demostraciones sobre señalización vial, recorridos por circuitos de habilidad («bike rodeos»), sorteos o donaciones de bicicletas restauradas y exposiciones bibliográficas sobre movilidad sostenible, deporte y educación vial. De este modo, la biblioteca combina la alfabetización informacional con el aprendizaje experiencial y la promoción de hábitos saludables.

Además del componente educativo, el artículo destaca el valor social del programa. Facilitar el acceso a bicicletas y a formación sobre su uso contribuye a reducir desigualdades, favorece la movilidad de familias con menos recursos y fortalece el papel de la biblioteca como espacio comunitario comprometido con el bienestar, la sostenibilidad y la inclusión. La actividad también atrae a nuevos usuarios que quizá no participan habitualmente en los servicios bibliotecarios tradicionales.

Como conclusión, la autora anima a las bibliotecas a adaptar estas iniciativas a las necesidades de su comunidad, independientemente de su tamaño. Con una buena planificación y el apoyo de socios locales, un programa de seguridad ciclista puede convertirse en una actividad de gran impacto que refuerza la misión de la biblioteca como centro de aprendizaje, encuentro y servicio público.

Salud mental para bibliotecarios

Indiana Library Federation (ILF). Mental Health Resources for Librarians. Disponible en: https://www.ilfonline.org/mental-health-resources-for-librarians

Indiana Library Federation (ILF) ha desarrollado un completo programa de apoyo a la salud mental dirigido específicamente a los profesionales de las bibliotecas, reconociendo que estos trabajadores afrontan cada vez con mayor frecuencia situaciones complejas relacionadas con el estrés laboral, los conflictos con usuarios, las crisis de salud mental y el desgaste emocional.

La iniciativa nació a partir de las preocupaciones detectadas por el Comité de Incidencia (Advocacy Committee) de la federación en 2023 y se ha materializado mediante una alianza estratégica con Mental Health America of Indiana (MHAI). El objetivo principal es ofrecer recursos preventivos y asistenciales que permitan fortalecer el bienestar psicológico del personal bibliotecario y crear entornos de trabajo más saludables y resilientes.

El programa proporciona un amplio conjunto de servicios especializados tanto para bibliotecarios individuales como para equipos completos de bibliotecas. Entre ellos destacan la terapia psicológica mediante telemedicina, programas de apoyo entre iguales (peer recovery support), sesiones de entrenamiento en habilidades emocionales y grupos de apoyo centrados en cuestiones como el manejo del trauma, la comunicación interpersonal, las estrategias de afrontamiento, las relaciones saludables, el consumo de sustancias y otros problemas relacionados con la salud mental. Además, las bibliotecas pueden solicitar talleres y actividades adaptadas a las necesidades concretas de sus plantillas, integrando el bienestar emocional dentro de sus programas de desarrollo profesional.

La colaboración con Mental Health America of Indiana también pone a disposición de los profesionales un ecosistema de recursos organizados en varios pilares fundamentales: tratamiento psicológico y asesoramiento clínico, programas de recuperación para personas con trastornos mentales o adicciones, iniciativas de prevención mediante cribados y autoevaluaciones, servicios relacionados con el sistema judicial, programas de formación y acreditación profesional, campañas de sensibilización y acciones de incidencia política en favor de la salud mental. Asimismo, se destaca el funcionamiento del Mental Health America of Indianapolis Hub, un centro comunitario gestionado por profesionales y personas con experiencia en recuperación que ofrece apoyo personalizado, orientación sobre recursos sociales y sanitarios, desarrollo de habilidades de afrontamiento y acompañamiento continuo.

Como complemento, la ILF mantiene una página con recursos adicionales que incluye líneas de atención en crisis, directorios de servicios de salud mental, herramientas de localización de tratamientos, organizaciones estatales especializadas, cursos de Mental Health First Aid, seminarios web y materiales formativos para bibliotecas. Todo ello refleja una visión que entiende que el bienestar del personal bibliotecario constituye un elemento esencial para garantizar servicios bibliotecarios de calidad y para afrontar con éxito los nuevos retos sociales que las bibliotecas desempeñan como espacios comunitarios de apoyo, inclusión y atención a personas vulnerables.

Entrevista cultural bibliotecaria a Inmaculada Lucas Martínez

ENTREVISTA CULTURAL BIBLIOTECARIA A INMACULADA LUCAS MARTÍNEZ

Inma Lucas Martínez es la bibliotecaria responsable de la Biblioteca Pública Municipal Menéndez Pidal de Abanilla (Murcia) y del Archivo Municipal. Destaca por su compromiso con el fomento de la lectura y la dinamización cultural mediante clubes de lectura, encuentros con autores, talleres y actividades para todas las edades. Defiende la biblioteca como un espacio de convivencia, inclusión y desarrollo comunitario, especialmente en el ámbito rural. Además, participa como ponente en jornadas profesionales de biblioteconomía y colabora en medios de comunicación recomendando libros y difundiendo la labor de las bibliotecas. Su trabajo la ha convertido en una referente de la innovación y la participación cultural en las bibliotecas públicas rurales.

  1. Si sólo te pudieras llevar un libro a una isla desierta.

Sin lugar a duda, el libro: “Señor, Hoy dejo todo en tus manos”, de Selira Norel.  Un libro que me encontré de casualidad y se ha convertido en la tabla de salvación de muchos lectores que buscan dar respuesta a todo aquello que nos acontece.

  •  ¿Qué libros leíste en el confinamiento?

Fue una etapa dura para todos y mis lecturas fueron bálsamo para toda aquella situación.

– “Poderosa Mente” de Bernabé Tierno.

– “La fuerza del optimismo” de Luis Rojas Marcos

– “Apuesta por ti” de Walter Dresel

– “Los pilares de la felicidad” de Bernabé Tierno.

– “El valor de educar” de Fernando Savater

  • ¿Cuál es la obra maestra que sabes que debes leer y siempre se ha resistido?

“Orgullo y Prejuicio” de Jane Austen

  • ¿Qué cantas bajo la ducha?

Hymn for the Weekend, de Coldplay.

  • ¿Cuál fue el primer disco que compraste y dónde?

Californication, de Red Hot Chili Peppers. En el año 1999 cuando comencé los estudios de Biblioteconomía y Documentación en la Universidad de Murcia. Fue la música que me acompañó ese primer año de estudios.

  • ¿Qué disco regalarías o recomendarías siempre?

The Dark side of the Moon de Pink Floyd.

  • ¿Hay alguna música que te resulte insoportable?

Me gusta toda la música en general y la capacidad que tiene de curar, relajar, estimular y mejorar el estado de ánimo de las personas. Junto con la lectura, la música es un bálsamo para el cuerpo y el alma.

  • ¿Tu película de cabecera es?

La bella y la bestia.

  • ¿En qué creador te gustaría encarnarte?

En el escritor Gabriel García Márquez

  1. Tu poeta de cabecera

Federico García Lorca.

  1. ¿Tienes un verso favorito?

“Yo me puse a llorar y tú reías”
Yo me puse a llorar y tú reías.
Momentos y palomas en cadena.
Noche abajo los dos.
Cristal de pena, llorabas tú por hondas lejanías 

  1. ¿La obra de arte que más te fascina?

Alegoría de la primavera, de Sandro Botticelli.