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Más allá del edificio: cómo las bibliotecas están reinventando los espacios exteriores

New York Public Library integra sus espacios exteriores en Bryant Park con zonas de lectura, descanso y encuentro comunitario, ampliando la biblioteca más allá de sus límites físicos.

Dilger, Jeannie. “Beyond the Building: How Libraries Are Reimagining Outdoor Spaces.” ReThinking Libraries, 28 de julio de 2026. Artículo original

Se plantea una evolución significativa del concepto de espacio bibliotecario. La biblioteca del futuro no tiene por qué limitarse a sus salas interiores: puede proyectarse hacia jardines, plazas, calles y otros espacios públicos para desarrollar actividades culturales, educativas, sociales y de bienestar. La combinación de participación ciudadana, diseño flexible, accesibilidad y planificación a largo plazo permite concebir el exterior como una auténtica extensión de los servicios bibliotecarios y como una nueva infraestructura de encuentro comunitario.

Se analiza una tendencia creciente en la arquitectura y planificación bibliotecaria: extender la función de la biblioteca más allá de las paredes del edificio mediante patios, plazas, jardines, terrazas, azoteas, espacios urbanos e incluso aparcamientos o terrenos próximos. La cuestión fue abordada en la conferencia anual de la American Library Association de 2026 en Chicago, donde profesionales de bibliotecas y arquitectura paisajística analizaron cómo estos espacios pueden favorecer la conexión comunitaria, el aprendizaje, la programación cultural y el bienestar. La pandemia aceleró una evolución que ya estaba en marcha, al demostrar el valor de los espacios exteriores para reunirse y desarrollar actividades de forma segura.

Una de las principales ideas del artículo es que el diseño del espacio exterior debe comenzar escuchando a la comunidad. Antes de decidir qué instalaciones construir, las bibliotecas deberían conocer las necesidades tanto de sus usuarios habituales como de las personas que no utilizan actualmente sus servicios. Encuestas, talleres participativos, sesiones de diseño y otras formas de consulta permiten identificar usos y necesidades que pueden pasar desapercibidos. Además, incorporar personas de diferentes edades, capacidades y procedencias ayuda a construir espacios más inclusivos y representativos de la comunidad.

El texto también cuestiona la idea de que para disponer de una biblioteca exterior sea necesario contar con grandes jardines o terrenos. Cualquier espacio puede convertirse en una extensión de la biblioteca si se planifica adecuadamente: pequeñas plazas, terrazas, balcones, calles, zonas de aparcamiento, jardines de bolsillo, azoteas o espacios pertenecientes a otras organizaciones mediante acuerdos de colaboración. La planificación debe tener en cuenta factores como el ruido, el tráfico, la seguridad, el acceso, la gestión del agua de lluvia y las características del entorno.

Otro principio fundamental es la flexibilidad. Las bibliotecas pueden utilizar sus espacios exteriores para organizar grandes actividades y actuaciones, pero también para ofrecer zonas de lectura y descanso, reuniones de pequeños grupos, comidas, actividades educativas y medioambientales, celebraciones comunitarias o eventos de recaudación de fondos. Dado que los presupuestos no siempre permiten desarrollar todos los proyectos simultáneamente, el artículo propone diseñar una estructura que pueda crecer progresivamente y adaptarse a nuevas necesidades.

La perspectiva de inclusión y diversidad de usuarios ocupa igualmente un lugar central. Los espacios exteriores pueden diseñarse para niños y familias, adultos que buscan tranquilidad, personas interesadas en la interacción social y actividades intergeneracionales. Elementos aparentemente sencillos —vegetación autóctona, diferentes tipos de asientos, recorridos accesibles y zonas adaptadas a distintas actividades— pueden transformar un espacio exterior en un verdadero destino comunitario. La biblioteca deja así de concebirse exclusivamente como un edificio para convertirse en una red de espacios de encuentro, aprendizaje y convivencia.

El artículo recuerda, además, que la calidad de estos espacios depende tanto de los pequeños detalles como del diseño general. Wi-Fi, conexiones eléctricas, iluminación, baños, aparcamientos para bicicletas y espacios de almacenamiento pueden determinar hasta qué punto se utiliza un espacio exterior. También es necesario prever desde el principio su mantenimiento y seleccionar materiales y mobiliario adecuados. Un elemento especialmente importante es la sombra: árboles, estructuras permanentes o sistemas móviles pueden mejorar considerablemente el confort y ampliar las horas y épocas del año en que el espacio puede utilizarse.

Del edificio al espacio de encuentro: el futuro de las bibliotecas

Urban Libraries Council (ULC), Future Scenarios: Library Space & Design | A new policy roadmap for library leaders, publicado el 16 de septiembre de 2026.

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Las bibliotecas públicas siempre han sido una expresión viva de sus comunidades, reflejando las necesidades, la historia, las aspiraciones, las presiones y las posibilidades locales. A medida que nuestras comunidades evolucionan con mayor rapidez, cobran aún más importancia las vías para comprender y participar en la configuración de los cambios futuros. El informe propone una hoja de ruta para los responsables de bibliotecas sobre cómo combinar los espacios físicos, las tecnologías digitales y las nuevas necesidades de las comunidades

El informe parte de una transformación profunda del contexto social en el que funcionan las bibliotecas públicas. La digitalización, la fragmentación social, la incertidumbre económica y los cambios en las formas de relacionarse están modificando las necesidades de las comunidades. Frente a este escenario, las bibliotecas aparecen como una de las pocas instituciones cívicas capaces de proporcionar estabilidad, acceso, encuentro y oportunidades de participación. El documento sostiene que la biblioteca pública no debería contemplarse simplemente como un lugar donde se ofrecen libros, ordenadores o actividades culturales, sino como una infraestructura esencial para la vida comunitaria.

Uno de los argumentos centrales es que el diseño físico de la biblioteca adquiere una importancia renovada precisamente cuando otros espacios de encuentro están desapareciendo. En un contexto en el que los denominados «terceros lugares» —espacios diferentes del hogar y del trabajo donde las personas pueden encontrarse— son cada vez más escasos, las bibliotecas pueden asumir una función social mucho más amplia. El espacio bibliotecario debe facilitar no solamente la lectura o el estudio individual, sino también la interacción, la participación, el aprendizaje, la conversación, la creatividad y el sentimiento de pertenencia.

La metodología del informe se estructura en tres pasos. Primero analiza cómo utilizan actualmente los ciudadanos los espacios, programas y servicios bibliotecarios y relaciona esos usos con las tendencias que están transformando la vida comunitaria. Posteriormente intenta anticipar qué podrían necesitar y esperar los usuarios del futuro. Finalmente, convierte esas observaciones en diferentes escenarios futuros de biblioteca, teniendo en cuenta simultáneamente la evolución del comportamiento de los usuarios, el diseño arquitectónico y espacial y el desarrollo de las infraestructuras digitales.

Una de las ideas más interesantes del documento es que la transformación digital no debe conducir a una biblioteca progresivamente deshumanizada. La tecnología debe aumentar las posibilidades de la biblioteca y reforzar su propósito humano, no reemplazarlo. Las bibliotecas del futuro deberán ser tecnológicamente avanzadas, pero al mismo tiempo conservar una identidad claramente humana. Esto implica pensar la tecnología como una infraestructura que facilita el acceso, el aprendizaje y la participación, mientras que el espacio físico continúa proporcionando aquello que difícilmente puede sustituirse mediante una pantalla: presencia, interacción social, confianza y pertenencia.

El documento concede especial importancia al problema de la desconexión social. La biblioteca puede funcionar como un lugar en el que las personas no solamente encuentran información, sino también orientación para comprender los cambios que afectan a sus vidas y oportunidades para participar en la comunidad. De ahí que el diseño futuro deba crear espacios en los que resulte sencillo saber cómo participar, encontrarse con otras personas y sentirse parte de una comunidad. La biblioteca se plantea así como un espacio de cohesión social en un momento de creciente fragmentación.

El planteamiento supone también un cambio respecto a la concepción tradicional del edificio bibliotecario. El diseño ya no debería estar determinado exclusivamente por la colección y los puestos de lectura, sino por una combinación de personas, actividades, relaciones, tecnología y comunidad. Esto puede traducirse en espacios más flexibles y adaptables, capaces de responder a diferentes usos a lo largo del día y de modificarse conforme evolucionen las necesidades de los usuarios. La arquitectura deja de ser un elemento puramente funcional para convertirse en una herramienta de política bibliotecaria.

Una de las conclusiones más significativas del informe es la necesidad de cambiar el relato público sobre las bibliotecas. Siguen siendo instituciones de confianza, pero su imagen pública no siempre refleja la amplitud de las funciones que ya desempeñan. El informe propone reforzar la idea de que la biblioteca constituye una infraestructura cívica esencial, especialmente en comunidades sometidas a cambios económicos, tecnológicos y sociales acelerados.

Digitalización a gran escala en la era de la inteligencia artificial: cuestiones y modelos de acuerdo para bibliotecas y sus socios

Center for Research Libraries (CRL). (2026). Large Scale Digitization in the AI Era: Issues and Model Terms for Libraries and Their Partners. Center for Research Libraries, 14 pp. Publicado el 14 de septiembre de 2026.

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El documento del Center for Research Libraries (CRL) aborda el creciente número de propuestas para digitalizar colecciones bibliotecarias a gran escala y utilizar posteriormente esos contenidos y sus metadatos en sistemas comerciales de inteligencia artificial. Estas colaboraciones pueden facilitar la preservación, ampliar el acceso a las colecciones y reducir los costes de digitalización, pero plantean cuestiones fundamentales sobre propiedad, usos autorizados, acceso público, control institucional, compensación, atribución, privacidad y custodia a largo plazo.

El informe propone que las bibliotecas establezcan condiciones claras antes de poner sus colecciones a disposición de empresas tecnológicas y sistemas de IA. El CRL considera especialmente importante que las instituciones comprendan qué valor generan sus colecciones digitales y qué usos podrán realizar terceros con ellas. El documento pretende servir como punto de partida para desarrollar términos contractuales comunes y orientar futuras negociaciones entre bibliotecas y empresas, incluyendo posibles acuerdos colectivos, solicitudes conjuntas de propuestas y la creación de corpus digitales compartidos.

En definitiva, el informe plantea que la digitalización ya no debe contemplarse únicamente como una estrategia de preservación y acceso, sino también como una cuestión de gobernanza de datos culturales y científicos en la era de la IA. Las decisiones que adopten ahora las bibliotecas pueden contribuir a establecer nuevas normas sobre cómo se utilizan comercialmente colecciones que han sido conservadas y gestionadas como bienes de interés académico y cultural. El CRL señala que cualquier modelo definitivo deberá someterse a nuevas discusiones entre las bibliotecas y a revisión jurídica.

Finalmente, el documento presenta una plantilla marco de términos modelo (Model Digitization Terms) que sirve como guía de negociación para los contratos:

  • Propósito, alcance y derechos de la biblioteca: La biblioteca debe mantener autoridad final sobre qué se digitaliza y conservar derechos para preservar, analizar, albergar y prestar los archivos.
  • Usos del socio e IA: Se exige que cualquier entrenamiento de modelos, evaluación o comercialización mediante IA requiera una autorización explícita y específica, de modo que el silencio contractual nunca sea interpretado como permiso.
  • Metadatos y estándares técnicos: Se debe limitar la cesión inicial de metadatos al mínimo necesario y exigir que el socio devuelva OCR enriquecido, transcripciones e identificadores en formatos interoperables y de calidad de conservación.
  • Estructura económica e indemnizaciones: El socio comercial debe asumir los costos directos e incrementales del proyecto. Legalmente, se debe eximir a la biblioteca de garantizar autorizaciones masivas de derechos de autor, trasladando la responsabilidad e indemnización de los usos derivados al desarrollador.
  • No exclusividad y gobernanza: Salvo excepciones temporales y justificadas, las licencias deben ser no exclusivas, sin cláusulas de confidencialidad que impidan transparentar los términos ante la comunidad académica.

Alfabetización en IA: competencias, marcos de referencia y el papel de las bibliotecas

II Encuentro sobre Servicios de Referencia y Acceso a la información
Buenos Aires 15 y 16 de septiembre de 2026. Biblioteca Nacional de Argentina «Mariano Moreno»

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La llegada de la inteligencia artificial (IA), y en particular de la IA generativa, está provocando un impacto notable en todos los ámbitos de la vida —la educación, las empresas, la salud y la convivencia social— lo que convierte a la alfabetización en IA en una competencia esencial del siglo XXI. El artículo que se presenta realiza una revisión sistemática que abarca desde el estado del concepto hasta los marcos de referencia desarrollados a nivel global y el papel que desempeñan las bibliotecas como actores clave en la formación de ciudadanos críticos y responsables frente a esta tecnología. Los hallazgos muestran que la alfabetización en Inteligencia Artificial es un fenómeno multidimensional, que incluye aspectos técnicos, críticos, éticos y comunicativos; que trasciende el simple manejo de herramientas; que está generando una nueva brecha en un entorno donde surgen distanciamientos y riesgos asociados a esta tecnología; y que, en este contexto, las bibliotecas se sitúan en una posición estratégica para ir más allá de la alfabetización informacional tradicional ante las exigencias del entorno algorítmico. Finalmente, se identifican las distintas estrategias presentes en los marcos existentes y se proponen líneas de actuación futuras.

La IA avanza en las bibliotecas, pero a distintas velocidades según el país

Clarivate. “Pulse of the Library 2026 Report Reveals AI Adoption Gaps Across Geographies, Mainland China Advancing Fastest”. Clarivate, 2026. El informe Pulse of the Library 2026 recoge las opiniones de más de 1.800 profesionales de bibliotecas académicas, públicas y nacionales de todo el mundo. https://clarivate.com/news/clarivate-pulse-of-the-library-2026-report-reveals-ai-adoption-gaps-across-geographies-mainland-china-advancing-fastest/

El informe Pulse of the Library 2026 de Clarivate analiza cómo las bibliotecas universitarias, públicas y nacionales están afrontando la rápida expansión de la inteligencia artificial y muestra que el sector se encuentra todavía en una fase relativamente prudente de adopción.

Aunque la IA está cada vez más presente en las estrategias y conversaciones profesionales, la mayoría de las instituciones todavía se encuentran en etapas iniciales: un 33 % está explorando o evaluando tecnologías de IA, mientras que otro 29 % se encuentra en las primeras fases de implementación. No obstante, aumenta progresivamente el número de bibliotecas que han alcanzado niveles de implantación más avanzados: la proporción que declara una implementación moderada ha pasado del 5 % en 2024 al 13 % en 2026.

Uno de los aspectos más interesantes del estudio es la existencia de importantes diferencias geográficas en el ritmo de adopción. El informe señala que China continental está avanzando especialmente rápido en la incorporación de la IA en las bibliotecas, lo que refleja probablemente un contexto tecnológico e institucional particularmente favorable a su desarrollo. Esta desigualdad geográfica pone de manifiesto que no existe un único modelo mundial de transformación digital: las posibilidades de adoptar IA dependen de factores como la disponibilidad de recursos, las políticas institucionales, las competencias profesionales, las infraestructuras tecnológicas y la percepción de los beneficios y riesgos asociados a estas herramientas.

El estudio también encuentra una relación estadísticamente significativa entre el grado de implementación de la IA y el impacto que las bibliotecas perciben de sus iniciativas. En otras palabras, las instituciones que han avanzado más allá de la fase experimental tienden a declarar mayores beneficios en diferentes ámbitos. Esto resulta relevante porque sugiere que la prudencia inicial puede transformarse en resultados concretos cuando la IA deja de considerarse únicamente una tecnología que hay que evaluar y comienza a integrarse de manera sistemática en los procesos y servicios bibliotecarios.

Otro elemento destacado es la brecha entre bibliotecas, instituciones educativas y estudiantes. Mientras las bibliotecas avanzan con cautela, los estudiantes están incorporando la IA a una velocidad mucho mayor: investigaciones relacionadas de Clarivate señalan que el 95 % de los estudiantes utiliza IA para actividades relacionadas con sus cursos. Esta diferencia plantea un desafío importante para las bibliotecas universitarias, que pueden desempeñar un papel fundamental en la formación en alfabetización en IA, evaluación crítica de resultados, verificación de información, integridad académica y uso responsable de estas tecnologías.

Pulse of the Library 2026 presenta una imagen de un sector que está pasando progresivamente de la experimentación a la implementación, pero a velocidades muy diferentes según las regiones. El informe sugiere que el debate ya no debería centrarse exclusivamente en si las bibliotecas deben utilizar IA, sino en cómo incorporarla estratégicamente, con qué objetivos y bajo qué principios de responsabilidad y supervisión profesional. Para las bibliotecas, el reto consiste en aprovechar el potencial de la inteligencia artificial sin perder de vista sus valores fundamentales: acceso al conocimiento, confianza, calidad de la información, privacidad, equidad y servicio a las comunidades.

La IA ayuda a visibilizar colecciones digitales ocultas

Clarivate. “Responsible AI in Digital Collections: Part 1. How AI Helps Reveal Hidden Digital Collections”. Clarivate, 17 de agosto de 2026.

Se plantea un cambio interesante en la concepción de la digitalización bibliotecaria: el objetivo ya no debería limitarse a convertir documentos físicos en archivos digitales y ponerlos en línea, sino conseguir que todo el conocimiento contenido en ellos pueda ser descubierto y relacionado. La IA puede actuar como una herramienta de enriquecimiento de metadatos capaz de sacar a la luz conexiones que permanecían invisibles, mejorar la recuperación de información y facilitar nuevas formas de investigación. El reto para las bibliotecas será desarrollar estos sistemas de manera responsable, manteniendo al bibliotecario y al archivero en el centro del proceso de validación y descripción

Las bibliotecas, archivos e instituciones de patrimonio cultural han realizado durante años importantes inversiones en digitalización de fotografías, manuscritos, periódicos, grabaciones audiovisuales y documentos históricos. Sin embargo, digitalizar una colección no garantiza que sus contenidos sean fácilmente localizables. El artículo señala que una parte importante del conocimiento contenido en estos fondos permanece «oculto» porque no aparece reflejado en los metadatos. Una fotografía puede contener personajes relevantes cuyos nombres no figuran en su descripción, mientras que un manuscrito puede mencionar personas, lugares, organizaciones o acontecimientos que tampoco han sido identificados documentalmente.

En este contexto, la inteligencia artificial puede utilizarse para enriquecer automáticamente los metadatos y mejorar las posibilidades de descubrimiento. Una de las aplicaciones destacadas es la extracción de entidades, mediante la cual los sistemas de IA identifican en los contenidos elementos significativos como personas, lugares y organizaciones. En lugar de obligar al personal bibliotecario o archivístico a revisar manualmente cada documento para localizar estas entidades, la IA genera propuestas que posteriormente son examinadas, corregidas o rechazadas por los profesionales. De este modo, se pretende combinar la capacidad de procesamiento de grandes volúmenes de información de la IA con el conocimiento especializado y el control de calidad de los bibliotecarios y archiveros.

El beneficio más importante, por tanto, no sería únicamente ahorrar tiempo en la catalogación, sino transformar la manera en que los usuarios descubren las colecciones. Un investigador podría encontrar materiales relacionados con una determinada persona, institución o lugar aunque esos elementos no hubieran sido incluidos originalmente en los registros bibliográficos. La extracción y vinculación de entidades permite establecer relaciones entre diferentes documentos y colecciones, ofreciendo un contexto más rico y abriendo nuevas vías de investigación que resultarían difíciles de encontrar mediante una búsqueda tradicional basada exclusivamente en palabras clave.

El artículo insiste además en la importancia de un enfoque de IA responsable y supervisada por profesionales. Las sugerencias generadas automáticamente no deberían incorporarse sin control a los registros: los bibliotecarios y archiveros mantienen la capacidad de aceptar, modificar o rechazar las entidades y metadatos propuestos. Esta supervisión permite aprovechar la automatización sin renunciar a la precisión, la normalización y el criterio profesional. En el caso presentado de la University of Texas at Dallas Libraries, la herramienta de IA detecta personas, objetos y lugares en los archivos digitales y propone su vinculación con entidades de vocabularios controlados, dejando la decisión final en manos de los especialistas en metadatos.

Por qué la IA hace que las bibliotecas académicas sean más esenciales, no menos

Bibliotecaria frente a pantalla con texto: POR QUÉ LA IA HACE QUE LAS BIBLIOTECAS ACADÉMICAS SEAN MÁS ESENCIALES, NO MENOS. GUÍA EXPERTA EN LA ERA DE LA INFORMACIÓN AUTOMATIZADA: Curación, Ética, Pensamiento Crítico y Acceso Equitativo.
Una bibliotecaria presenta cómo la inteligencia artificial refuerza el valor de las bibliotecas académicas.

Jiang, Jane. (1 de septiembre de 2026). The Human Layer: Why AI Makes Academic Libraries More Essential, Not Less. The Scholarly Kitchen, Society for Scholarly Publishing. Artículo original en The Scholarly Kitchen

La IA no hace innecesarias a las bibliotecas; hace más necesaria su función de intermediación, evaluación y construcción de confianza. Cuando obtener una respuesta es cada vez más fácil, lo verdaderamente valioso es saber si esa respuesta es correcta, de dónde procede y qué evidencias la sustentan. En este nuevo escenario, el bibliotecario deja de ser únicamente un facilitador del acceso a la información para convertirse, cada vez más, en mediador del conocimiento, formador en alfabetización informacional y en IA, y garante de una investigación basada en fuentes, criterio e integridad.

El artículo de Jane Jiang, directora de una biblioteca universitaria comunitaria de Nueva Jersey, sostiene que la expansión de la inteligencia artificial no reduce la importancia de las bibliotecas académicas, sino que refuerza el valor de su dimensión humana. La IA está modificando radicalmente la manera en que estudiantes e investigadores descubren, procesan y utilizan la información, pero precisamente porque las respuestas son cada vez más accesibles y convincentes se vuelve imprescindible contar con profesionales capaces de ayudar a evaluar su fiabilidad, contexto y procedencia. El futuro de las bibliotecas, según Jiang, no consiste en competir con la IA en aquello que hace bien, sino en ayudar a las comunidades universitarias a desenvolverse en un entorno en el que una parte creciente de la información es generada, resumida y distribuida por máquinas.

Uno de los principales cambios afecta al proceso de investigación. Muchos estudiantes ya no comienzan una investigación en el catálogo de la biblioteca, una base de datos o Google, sino directamente en herramientas de IA. La autora considera que esto puede tener aspectos positivos: la IA puede ayudar a generar ideas, aclarar conceptos, organizar un tema o superar la dificultad inicial de saber por dónde empezar. Sin embargo, el problema aparece cuando una respuesta aparentemente convincente se acepta sin comprobarla. Jiang relata el caso de una estudiante que, después de utilizar ChatGPT para comprender un tema y preparar el esquema de un trabajo, acudió a la biblioteca con una pregunta esencial: «¿Cómo sé que esto es realmente correcto?». Para la autora, esa pregunta resume precisamente la nueva función de los bibliotecarios: pasar de facilitar simplemente información a enseñar a evaluarla y verificarla.

En este contexto, el artículo defiende que la alfabetización en IA forma parte de la alfabetización informacional y no constituye una competencia completamente separada. Los estudiantes siempre han necesitado aprender de dónde procede una información, quién la produce, qué autoridad tiene, qué evidencias la respaldan y en qué contexto debe interpretarse. Ahora deben aplicar esas mismas capacidades también a los sistemas de inteligencia artificial que generan y entregan información. La IA puede producir un resumen perfectamente redactado o una lista aparentemente impecable de referencias, pero el aspecto fundamental es saber de dónde procede esa información, si las fuentes existen, si son pertinentes y si realmente sustentan las afirmaciones realizadas. Por ello, la biblioteca adquiere un papel cada vez más importante en la transición desde una cultura de acceso a la información hacia una cultura de juicio sobre la información.

Un apartado especialmente interesante se dedica a la alfabetización en citas. La autora recuerda que los problemas relacionados con las referencias bibliográficas son anteriores a ChatGPT: herramientas como Zotero o NoodleTools ya permitían automatizar buena parte de la elaboración de citas y bibliografías. Sin embargo, automatizar la forma no garantiza comprender el significado. Un estudiante puede generar una referencia perfectamente construida sin entender por qué es necesario reconocer la autoría, cómo se construye el conocimiento académico o cómo una investigación participa en una conversación científica más amplia. La IA generativa amplifica este problema porque puede producir en segundos citas, resúmenes, revisiones bibliográficas e incluso preguntas de investigación. El verdadero desafío no es, por tanto, conseguir una referencia formalmente correcta, sino desarrollar una comprensión profunda de la procedencia, atribución, transparencia e integridad del conocimiento.

El artículo aborda también la integridad académica y los límites de los detectores de IA. Jiang considera insuficiente plantear la cuestión exclusivamente en términos de «detectar» qué estudiantes han utilizado inteligencia artificial. Los sistemas de detección no garantizan resultados fiables y pueden producir falsos positivos, por lo que confiar únicamente en ellos puede generar nuevos problemas. La autora propone desplazar el centro de la discusión desde «¿cómo descubrimos si el estudiante utiliza IA?» hacia «¿cómo diseñamos actividades en las que el estudiante tenga que demostrar su pensamiento?». Esto implica valorar más los procesos de investigación, los borradores, las reflexiones, las conversaciones, las explicaciones y la transparencia sobre el uso de herramientas de IA. La integridad académica no desaparece con la IA, pero necesita ser repensada.

Bibliotecas amigables con el autismo: espacios para ser, descubrir y participar

Child wearing headphones explores an astronomy book on a classroom rug
A child explores an astronomy book with headphones in a welcoming classroom library.

Nina Grant, “How an Autism-Friendly Library Supports Autistic Children”, Princh Library Blog, 2026. Artículo original en Princh

Una biblioteca amigable con el autismo no consiste únicamente en disponer de instalaciones accesibles, sino en construir una cultura de acogida basada en la comprensión, la flexibilidad, la anticipación y el respeto por las diferentes formas de comunicarse y aprender. La biblioteca puede ser, para muchos niños autistas y sus familias, mucho más que un lugar donde encontrar libros: un espacio de pertenencia, autonomía, descubrimiento y desarrollo de la confianza personal.

Se reflexiona sobre el papel que pueden desempeñar las bibliotecas para que los niños autistas encuentren espacios donde sentirse comprendidos, seguros y libres de ser ellos mismos. La biblioteca puede ofrecer una alternativa a entornos educativos o sociales que resultan difíciles de gestionar, permitiendo que cada niño explore la información a su propio ritmo y siguiendo sus propios intereses. El texto destaca especialmente que las bibliotecas son lugares donde la curiosidad tiene un valor central y donde determinadas características que a veces se perciben como dificultades —como una concentración extraordinaria en determinados temas, una gran capacidad para recordar detalles o una especial sensibilidad hacia los patrones— pueden convertirse en fortalezas.

Uno de los aspectos más importantes es la necesidad de ver al niño antes que al diagnóstico. El papel del bibliotecario resulta fundamental porque pequeños gestos pueden transformar completamente la experiencia de una familia: recomendar libros relacionados con los intereses específicos del niño, explicar previamente cómo será una actividad, anticipar los cambios o simplemente proporcionar tiempo y paciencia cuando sea necesario. El artículo insiste en que estas actuaciones no requieren necesariamente grandes inversiones económicas; muchas veces dependen de la capacidad del personal para escuchar, observar y adaptar su atención. Para las familias, encontrar profesionales que comprendan las características y necesidades de sus hijos puede significar dejar de sentir que tienen que justificar continuamente su comportamiento.

La accesibilidad debe entenderse además de una manera mucho más amplia que la eliminación de barreras arquitectónicas. El artículo recuerda que algunos niños autistas pueden experimentar sobrecarga sensorial, dificultades de coordinación, cansancio, problemas relacionados con la alimentación, el sueño o las rutinas cotidianas. También pueden existir necesidades físicas que condicionen la posibilidad de permanecer cómodamente en un espacio público. Por ello, una biblioteca verdaderamente inclusiva debe prestar atención a cuestiones como los aseos accesibles, la posibilidad de disponer de tiempos flexibles, la comunicación clara, la reducción de estímulos cuando sea posible y la formación del personal para responder con naturalidad ante situaciones inesperadas.

Otro elemento fundamental es la programación inclusiva. No todos los niños tienen que participar en las actividades de la misma manera ni durante el mismo tiempo. El artículo plantea que las bibliotecas deben ofrecer diferentes formas de participación y permitir que cada usuario encuentre su propio nivel de interacción. Anticipar qué ocurrirá durante una actividad, proporcionar instrucciones sencillas y comprensibles y crear ambientes suficientemente flexibles puede reducir considerablemente la ansiedad. La finalidad no es crear un espacio separado para niños autistas, sino conseguir que la biblioteca convencional sea capaz de acoger diferentes formas de aprender, comunicarse y relacionarse.

El texto concede también una gran importancia a la relación entre las familias y los bibliotecarios. Los padres y cuidadores conocen mejor que nadie las necesidades, preferencias y formas de comunicación de sus hijos, mientras que los profesionales de la biblioteca pueden aportar recursos, conocimientos sobre lectura y oportunidades de participación cultural. La colaboración entre ambos permite diseñar experiencias más satisfactorias y evitar que las familias tengan que afrontar solas las dificultades de acceso. La inclusión, por tanto, no se plantea como una prestación extraordinaria, sino como una responsabilidad compartida para construir servicios capaces de responder a una diversidad real de usuarios.

Finalmente, el artículo relaciona la inclusión con la construcción de confianza y autoestima. Elegir un libro por sí mismo, participar por primera vez en una actividad sin sentirse desbordado o encontrar a alguien dispuesto a escuchar hablar sobre su tema favorito pueden parecer acontecimientos pequeños, pero tienen un enorme valor para un niño que habitualmente encuentra barreras en otros espacios. La biblioteca puede convertirse así en un lugar donde la experiencia de pertenencia precede a la confianza: cuando un niño siente que es aceptado tal como es, tiene mayores posibilidades de explorar, aprender, relacionarse y desarrollar sus capacidades.

Las bibliotecas públicas estadounidenses, en el punto de mira: censura, presión política e intimidación

PEN America. Out of Circulation: Expanding Censorship in Public Libraries. Nueva York: PEN America, 1 de septiembre de 2026.

Informe original: Out of Circulation – PEN America

El informe sostiene que las bibliotecas públicas estadounidenses se encuentran ante una situación crítica debido al aumento de los intentos de censura, la presión política, los recortes presupuestarios y el acoso a los profesionales. Para PEN America, el problema ya no se limita a la retirada de determinados libros de las colecciones, sino que afecta al funcionamiento general de las bibliotecas como espacios públicos destinados a garantizar el acceso libre y plural a la información, las ideas y la cultura. La organización considera que estas presiones representan una amenaza para valores fundamentales como la libertad de expresión, la libertad individual y la igualdad.

Uno de los principales focos de preocupación es el incremento de las prohibiciones y restricciones de libros. Según los datos citados por PEN America, en 2025 el 51 % de los intentos de prohibición de libros documentados por la American Library Association se produjeron en bibliotecas públicas. Los títulos afectados están especialmente relacionados con cuestiones de orientación sexual, identidad de género, raza y racismo. El informe destaca que estas campañas suelen presentarse bajo argumentos relacionados con la protección de los menores o contra supuestos contenidos «sexualmente explícitos», pero considera que sus efectos recaen de manera desproporcionada sobre autores, personajes y comunidades históricamente marginadas.

PEN America advierte además de que la censura está adoptando formas más sofisticadas que la simple retirada de libros. Entre ellas se encuentran la obligación de trasladar determinados títulos a secciones destinadas a lectores de mayor edad, la colocación de etiquetas o advertencias, la retirada de libros de exposiciones y la prohibición o modificación de actividades bibliotecarias. Estas prácticas pueden reducir significativamente la visibilidad y accesibilidad de determinadas obras aunque formalmente permanezcan en la colección. El informe considera especialmente preocupante la reclasificación de libros infantiles y juveniles relacionados con cuestiones LGBTQ+, raza, género, salud o sexualidad, porque introduce barreras de acceso que pueden estigmatizar determinados contenidos.

Otro aspecto destacado es la interferencia política en la programación de las bibliotecas. PEN America documenta casos de cancelación o presión sobre horas del cuento, encuentros con autores y otras actividades cuando abordan cuestiones consideradas políticamente controvertidas. Entre los ejemplos aparecen actos relacionados con perspectivas palestinas o propalestinas y actividades vinculadas con la comunidad LGBTQ+. Las bibliotecas también han sufrido protestas y amenazas, incluidas amenazas de bomba, por organizar actividades como las conocidas Drag Story Hours. Para PEN America, estas presiones convierten la programación cultural de las bibliotecas en otro frente de la batalla por el control ideológico de los espacios públicos.

El informe dedica igualmente una atención especial a la transformación de los sistemas de gobierno de las bibliotecas. En distintos lugares se han producido cambios que, según PEN America, reducen la independencia de los órganos bibliotecarios y aumentan la capacidad de los gobiernos locales para intervenir directamente en la gestión y en las decisiones profesionales. El informe señala casos en los que se han modificado las competencias de los consejos bibliotecarios, se han sustituido miembros de estos órganos o incluso se han disuelto consejos después de que adoptaran decisiones contrarias a las demandas de grupos políticos. La organización considera que esta politización puede debilitar la autonomía profesional de los bibliotecarios y convertir las colecciones en objeto de intervención partidista.

A la presión sobre las colecciones y la gestión se suma una creciente presión económica mediante amenazas de retirada de financiación. PEN America documenta situaciones en las que gobiernos estatales o locales han condicionado la financiación pública al cumplimiento de determinadas políticas relacionadas con los libros y las colecciones. El informe también señala el conflicto en torno al Institute of Museum and Library Services (IMLS), cuya financiación federal ha sufrido importantes amenazas y recortes. Para PEN America, utilizar los recursos económicos como mecanismo de presión puede limitar la capacidad de las bibliotecas para defender su independencia y cumplir su misión pública.

Una de las partes más preocupantes del informe se refiere al acoso, las amenazas y la intimidación de los bibliotecarios. Los profesionales reciben ataques en redes sociales, llamadas telefónicas, insultos y amenazas en reuniones públicas y actos bibliotecarios. En algunos casos extremos se ha producido doxing, es decir, la publicación de información personal de los trabajadores con el objetivo de intimidarlos. PEN America recoge también situaciones de confrontación deliberada destinadas a ser grabadas y difundidas posteriormente en redes sociales. Todo ello genera un clima de inseguridad que puede afectar tanto a la vida profesional como personal de los bibliotecarios.

El informe advierte de que esta situación puede producir un fenómeno especialmente peligroso: la autocensura. Cuando un bibliotecario sabe que una decisión sobre una colección, una exposición o una actividad puede provocar una campaña de acoso, una amenaza de financiación o incluso consecuencias legales o laborales, puede terminar evitando determinados contenidos aunque sean relevantes para la comunidad. De este modo, la censura no necesita materializarse siempre en una prohibición formal: el miedo y la presión pueden conseguir que determinadas voces, autores o temas desaparezcan progresivamente de los espacios públicos.

Más allá de las cifras: convertir los datos de la biblioteca en acción

Poster reads “MORE THAN NUMBERS: TURNING REFLECTION INTO ACTION WITH LIBRARY DATA,” showing reflection insights and action plans: create quiet zone, expand local history collection, start teen coding workshop, improve WiFi signal.
A library team turns visitor data and community feedback into practical improvement plans.

Amalia E. Butler, “More Than Numbers: Turning Reflection into Action with Library Data”, ALSC Blog, School-Age Programs and Services Committee, American Library Association, 25 de julio de 2026 (actualizado el 31 de julio de 2026). https://www.alsc.ala.org/blog/2026/07/more-than-numbers-turning-reflection-into-action-with-library-data/

El artículo propone pasar de una “cultura de la estadística” a una cultura de la evidencia y la reflexión. Los datos deben utilizarse para escuchar, aprender, defender el valor de las bibliotecas y mejorar sus servicios. La secuencia propuesta es sencilla pero poderosa: recoger datos relevantes → reflexionar sobre lo que revelan → actuar para mejorar → compartir los resultados con la comunidad. De este modo, las estadísticas dejan de ser simples cifras de actividad y se convierten en una herramienta para construir bibliotecas más receptivas, inclusivas, equitativas y conectadas con las necesidades reales de sus comunidades.

El artículo plantea una idea fundamental para las bibliotecas infantiles y juveniles: los datos no deberían limitarse a cumplir una obligación estadística o administrativa, sino utilizarse para comprender mejor a la comunidad y transformar los servicios. Las bibliotecas recopilan continuamente cifras sobre asistencia a actividades, circulación, participación en programas de lectura de verano, visitas de extensión y muchas otras variables. Sin embargo, registrar números en hojas de cálculo y elaborar informes no es suficiente. El verdadero valor aparece cuando los profesionales se detienen a interpretar qué significan esas cifras y las utilizan para formular mejores preguntas y tomar decisiones más informadas.

Uno de los conceptos centrales del texto es la combinación de “REFLECT” (reflexionar) y “ACT” (actuar). Por ejemplo, si la asistencia a un programa que lleva años funcionando disminuye, la respuesta no debería consistir simplemente en registrar el descenso. Los datos pueden indicar que es necesario renovar los contenidos, modificar los horarios o revisar el formato. Del mismo modo, si las estadísticas de extensión muestran una escasa participación de las familias de determinado barrio, la solución quizá no sea realizar más publicidad, sino llevar los servicios directamente a escuelas, centros comunitarios, parques u otros lugares frecuentados por esas familias.

El artículo propone además analizar los datos desde una perspectiva de equidad e inclusión. No basta con saber cuántas personas utilizan un servicio: es necesario preguntarse quién participa, quién no participa y qué barreras pueden estar impidiendo el acceso. Una baja asistencia puede estar relacionada con horarios laborales, dificultades de transporte, barreras lingüísticas o necesidades específicas de los niños con discapacidad. También puede ocurrir que los adolescentes y preadolescentes no encuentren atractivos los programas diseñados para ellos. En estos casos, los datos deben servir como punto de partida para investigar las causas y buscar soluciones, incluyendo la colaboración con organizaciones comunitarias de confianza.

Otra aportación interesante es la defensa de recoger menos datos, pero más significativos. Las autoras cuestionan la utilidad de dedicar tiempo del personal a recopilar indicadores que después nunca influyen en la programación, los presupuestos o la asignación de recursos. Frente a una acumulación indiscriminada de estadísticas, se propone seleccionar aquellas medidas que realmente ayuden a tomar decisiones y complementarlas con métodos cualitativos: conversaciones con usuarios, encuestas, buzones de sugerencias o mecanismos sencillos de opinión. Así, los datos cuantitativos se enriquecen con la experiencia directa de las personas que utilizan la biblioteca.

El texto concede también gran importancia a compartir los datos con la propia comunidad. Las estadísticas pueden convertirse en infografías, exposiciones, tablones, publicaciones en redes sociales, boletines o breves presentaciones durante las actividades. De esta manera, los usuarios conocen el impacto de la biblioteca y comprenden que su propia participación contribuye a determinar los servicios futuros. La autora recuerda su experiencia como bibliotecaria escolar, cuando compartía con los alumnos las estadísticas anuales y los libros más prestados: incluso los niños más pequeños mostraban entusiasmo al conocer los resultados y celebrar sus logros lectores.

En el contexto de los programas de lectura de verano, el artículo propone convertir el cierre de estas actividades en una oportunidad para devolver los resultados a la comunidad mediante presentaciones, infografías, concursos, exposiciones o muestras de los libros favoritos. Pero, sobre todo, recomienda contar las historias humanas que hay detrás de las estadísticas, porque los números adquieren mayor significado cuando muestran personas, experiencias y transformaciones concretas. El objetivo no es solamente demostrar que la biblioteca funciona, sino conseguir que quienes participan se sientan reconocidos y animar a nuevas familias a incorporarse.