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Visitar museos y participar en actividades artísticas podría ayudar a ralentizar el envejecimiento biológico

Boardman, Samantha. “Could That Museum Visit Help You Live Longer?” The Wall Street Journal, 2026. The Wall Street Journal

El artículo de Samantha Boardman en The Wall Street Journal plantea una idea cada vez más respaldada por la investigación: la participación habitual en actividades artísticas y culturales podría estar relacionada no solo con un mayor bienestar psicológico, sino también con un envejecimiento biológico más lento.

La autora parte de una experiencia personal con una amiga de más de 90 años, con quien suele visitar museos y galerías de Nueva York. Después de contemplar una exposición de Caspar David Friedrich en el Metropolitan Museum of Art, la mujer describió haber experimentado un cambio de ánimo extraordinariamente intenso. Para Boardman, psiquiatra, esta experiencia ilustra cómo el contacto con el arte puede producir una sensación de vitalidad que va más allá del simple entretenimiento.

La cuestión adquiere mayor interés a partir de una investigación de University College London que relaciona la participación en actividades culturales —como visitar museos y galerías, acudir a conciertos, cantar, bailar o realizar actividades artísticas— con determinados indicadores de edad biológica. El estudio analizó datos de miles de adultos y utilizó medidas epigenéticas para estimar el ritmo de envejecimiento. Los resultados sugieren que las personas con una participación cultural más frecuente y diversa presentan signos compatibles con un envejecimiento biológico más lento. La magnitud de la asociación fue comparable, según los investigadores, a la observada con uno de los factores tradicionalmente más estudiados en envejecimiento saludable: la actividad física.

El posible mecanismo no significa que “ir a un museo alargue la vida” de manera directa. Se trata de una asociación observacional y, por tanto, no permite demostrar que las visitas a museos sean la causa del menor envejecimiento biológico. Las actividades culturales pueden actuar a través de varios mecanismos simultáneos: favorecen las relaciones sociales, estimulan cognitivamente, generan emociones positivas, reducen el estrés y proporcionan experiencias de significado y conexión personal. Todos estos factores están relacionados con la salud y podrían contribuir conjuntamente a un envejecimiento más saludable.

La relación entre museos y bienestar también aparece en investigaciones más directamente centradas en la experiencia del visitante. Un estudio publicado en 2026 y realizado con 363 adultos en tres museos de arte de Seattle encontró que, después de pasar aproximadamente una hora visitando las galerías por su cuenta, los participantes se sentían significativamente más inspirados y menos irritables y nerviosos. Los efectos variaban según características personales y sociales, pero los resultados refuerzan la idea de que el museo puede funcionar como un espacio capaz de producir beneficios emocionales y de bienestar.

En este sentido, el artículo invita a ampliar la concepción tradicional de las políticas de envejecimiento saludable. Dieta equilibrada, ejercicio, sueño y atención médica continúan siendo fundamentales, pero la evidencia creciente sugiere que también deberían considerarse dimensiones como la participación cultural, las relaciones sociales, la creatividad y la búsqueda de experiencias significativas. El museo deja así de ser únicamente un lugar destinado a conservar y exhibir patrimonio para convertirse también en un espacio de salud, bienestar, estimulación intelectual y conexión social.

La conclusión más interesante es, por tanto, que la cultura podría formar parte de una estrategia integral de envejecimiento saludable. No porque contemplar un cuadro tenga un efecto médico equivalente al de un tratamiento o porque una visita concreta pueda modificar la edad biológica, sino porque mantener una vida culturalmente activa puede formar parte de un conjunto de comportamientos asociados con mayor bienestar y una mejor trayectoria de envejecimiento. El propio relato de la amiga nonagenaria de Boardman resume esta perspectiva: más que buscar únicamente vivir más años, se trata de conseguir que esos años estén llenos de curiosidad, emoción, conexión y sensación de estar realmente vivo.

Guía del bibliotecario público para responder preguntas sobre salud

Newman, Bobbi.Public Librarian’s Guide to Answering Health Questions. Librarian by Day, 29 de julio de 2026. Disponible en: Librarian by Day

The Public Librarian’s Guide to Answering Health Questions, una obra escrita por Bobbi Newman y Carolyn Martin que responde a una necesidad cada vez más urgente en las bibliotecas públicas: capacitar a los bibliotecarios para gestionar de forma competente las consultas relacionadas con la salud.

La iniciativa surge tras varios años de trabajo y adquiere especial relevancia en un contexto caracterizado por la proliferación de la desinformación sanitaria, el auge de los contenidos generados mediante inteligencia artificial y la creciente dificultad de la ciudadanía para distinguir entre información fiable y contenidos engañosos. Las autoras sostienen que las bibliotecas públicas continúan siendo uno de los pocos espacios comunitarios donde las personas pueden plantear dudas sobre cuestiones de salud en un entorno neutral, gratuito y basado en la confianza.

La guía parte de una premisa fundamental: los bibliotecarios no necesitan convertirse en profesionales sanitarios para desempeñar un papel esencial en la alfabetización en salud. Su función consiste en aplicar las competencias propias de la biblioteconomía —búsqueda, evaluación crítica, selección y mediación de la información— al ámbito de las consultas médicas, ayudando a los usuarios a localizar recursos rigurosos, comprensibles y actualizados. En este sentido, el libro enfatiza la importancia de mantener siempre unos límites profesionales claros: el bibliotecario no diagnostica, no prescribe tratamientos ni sustituye al personal sanitario, sino que facilita el acceso a información científica de calidad y orienta al ciudadano hacia las fuentes y los profesionales adecuados cuando la situación lo requiere.

Uno de los aspectos más destacados de la obra es su enfoque eminentemente práctico. El texto pretende reducir la inseguridad que experimentan muchos bibliotecarios cuando reciben preguntas relacionadas con enfermedades, medicamentos, tratamientos o prevención. Para ello proporciona estrategias de referencia, marcos éticos de actuación, recursos especializados, criterios para evaluar la calidad de la información y recomendaciones para afrontar conversaciones delicadas con empatía y profesionalidad. El objetivo no es únicamente mejorar la calidad del servicio bibliotecario, sino también fortalecer la confianza de los profesionales para responder a unas demandas que cada vez aparecen con mayor frecuencia en el servicio de referencia.

El libro también sitúa la alfabetización en salud dentro del problema más amplio de la desinformación. Las autoras advierten que los ciudadanos llegan a las bibliotecas influenciados por publicaciones virales en redes sociales, vídeos, recomendaciones personales o respuestas generadas por herramientas de inteligencia artificial que mezclan información correcta con errores o afirmaciones sin evidencia científica. Ante este escenario, la biblioteca pública se convierte en un actor clave para enseñar a evaluar la credibilidad de las fuentes, identificar información basada en evidencias y comprender mejor los riesgos asociados a la circulación de contenidos falsos o manipulados. La guía propone convertir la entrevista de referencia en una oportunidad educativa que ayude a desarrollar competencias críticas y autonomía informacional entre los usuarios.

Finalmente, la publicación reivindica el papel social de las bibliotecas como infraestructuras de salud comunitaria. Más allá de facilitar libros o acceso a Internet, las bibliotecas pueden contribuir al bienestar colectivo proporcionando información fiable que permita a las personas tomar decisiones mejor fundamentadas sobre su salud. La obra representa así una evolución del servicio bibliotecario tradicional hacia un modelo en el que la alfabetización informacional y la alfabetización en salud convergen para responder a uno de los mayores desafíos informativos de nuestro tiempo: combatir la desinformación y favorecer el acceso equitativo al conocimiento científico.

Las bibliotecas reivindican el equilibrio entre inteligencia artificial y derechos de autor

Klosek, Katherine, y Marjory Blumenthal. Revisiting the Library Copyright Alliance Statement on AI and Copyright. Association of Research Libraries (ARL), 10 de diciembre de 2025. https://www.arl.org/blog/revisiting-the-library-copyright-alliance-statement-on-ai-and-copyright/

Library Copyright Alliance (LCA), integrada por la Association of Research Libraries (ARL) y la American Library Association (ALA), ha revisado y actualizado su posición sobre la relación entre la inteligencia artificial y los derechos de autor a la luz de la evolución jurídica y tecnológica de los dos últimos años.

La organización reafirma que la legislación estadounidense sobre copyright continúa siendo suficientemente sólida y flexible para abordar los desafíos planteados por la IA generativa, sin necesidad de introducir modificaciones legislativas específicas. Esta postura se apoya tanto en la doctrina del fair use (uso legítimo) como en las primeras resoluciones judiciales relacionadas con el entrenamiento de modelos de inteligencia artificial.

Uno de los argumentos centrales del documento es que el entrenamiento de modelos de IA mediante el análisis de grandes cantidades de obras protegidas constituye, en la mayoría de los casos, un uso altamente transformador. La LCA sostiene que estos sistemas no reproducen las obras para sustituirlas en el mercado, sino que las utilizan para extraer patrones estadísticos y generar nuevas capacidades computacionales, una finalidad comparable a la reconocida como transformadora en precedentes como el caso Google Books. Desde esta perspectiva, exigir licencias obligatorias para entrenar modelos de IA supondría un obstáculo innecesario para la innovación científica y tecnológica, además de limitar la investigación y el desarrollo de nuevos servicios basados en inteligencia artificial.

La actualización de la declaración también tiene en cuenta las primeras decisiones judiciales en litigios de gran relevancia, como Bartz v. Anthropic y Kadrey v. Meta, en los que los tribunales comenzaron a analizar el uso de obras protegidas durante el entrenamiento de modelos generativos. Aunque estas resoluciones no cierran definitivamente el debate, la LCA considera que refuerzan su interpretación de que el entrenamiento de IA puede encajar dentro del uso legítimo cuando el proceso es transformador y no sustituye económicamente a las obras originales. No obstante, la organización recuerda que la cuestión sigue evolucionando y que futuros pronunciamientos judiciales podrían matizar algunos aspectos de esta interpretación.

El documento también aborda una cuestión especialmente relevante para bibliotecas y universidades: las consecuencias sociales y laborales derivadas de la expansión de la inteligencia artificial generativa. La LCA reconoce que estas tecnologías pueden provocar importantes transformaciones en numerosos sectores profesionales, pero advierte que el derecho de autor no debe utilizarse como herramienta para resolver problemas económicos o laborales que exceden su finalidad. En cambio, propone que las bibliotecas desempeñen un papel activo impulsando programas de alfabetización en inteligencia artificial, formación continua y reciclaje profesional, ayudando a ciudadanos e investigadores a comprender las capacidades, limitaciones y riesgos de estas tecnologías.

La alianza reafirma su compromiso con un sistema de propiedad intelectual equilibrado, que proteja los intereses de los creadores sin obstaculizar el acceso al conocimiento ni el progreso científico. La organización continuará supervisando la evolución de la jurisprudencia y de las políticas públicas para adaptar su posición cuando sea necesario, manteniendo como principio fundamental que el derecho de autor debe seguir promoviendo la creatividad, la investigación y el interés público en un contexto marcado por el desarrollo acelerado de la inteligencia artificial.

Cómo detectar las alucinaciones de la IA como un bibliotecario de referencia

Librarian helping a visitor at reference desk with open books and laptop

Goldin, Hana Lee. How to Spot AI Hallucinations Like a Reference Librarian. LLRX, 30 de diciembre de 2025

El artículo de Hana Lee Goldin propone trasladar al uso cotidiano de la inteligencia artificial las habilidades que durante décadas han caracterizado el trabajo de los bibliotecarios de referencia. Frente a la creciente proliferación de respuestas generadas por modelos de lenguaje que incluyen datos falsos, citas inventadas o afirmaciones plausibles pero incorrectas, la autora sostiene que la mejor defensa no es desconfiar de la IA, sino aplicar un método sistemático de verificación. En este sentido, reivindica el papel de la alfabetización informacional y de la experiencia bibliotecaria como competencias esenciales en la era de la IA generativa.

Goldin explica que una de las señales más frecuentes de una alucinación es la presencia de referencias «demasiado perfectas»: artículos que parecen ajustarse exactamente a la pregunta formulada, con títulos excesivamente descriptivos, autores desconocidos o combinaciones de datos bibliográficos que resultan convincentes, pero que no existen realmente. Los modelos de IA pueden mezclar nombres de autores, revistas, fechas y títulos de publicaciones auténticas para crear referencias ficticias con apariencia de legitimidad. Por ello, recomienda desconfiar especialmente de aquellas citas que parecen confirmar exactamente la hipótesis del usuario sin dejar espacio para la complejidad o el desacuerdo propio de la investigación científica.

La autora propone una estrategia de verificación en varias capas inspirada en el trabajo de los bibliotecarios de referencia. En primer lugar, aconseja comprobar la existencia real de la publicación mediante catálogos, bases de datos académicas y buscadores especializados. En segundo lugar, verificar que los autores, el DOI, la revista y el año de publicación coincidan entre sí. Finalmente, recomienda leer el documento original siempre que sea posible, ya que incluso cuando una referencia es auténtica, la IA puede atribuirle conclusiones o citas que nunca aparecen en el texto. La comprobación directa continúa siendo el método más fiable para evitar errores de interpretación.

Otro aspecto destacado es que la evaluación crítica debe centrarse tanto en la información como en el contexto. Los bibliotecarios no se limitan a localizar documentos; también analizan la autoridad de las fuentes, su actualidad, el propósito con el que fueron elaboradas y las posibles limitaciones de la evidencia. Goldin sostiene que estas habilidades resultan ahora más necesarias que nunca, ya que la IA puede producir respuestas muy convincentes desde el punto de vista lingüístico, aunque carezcan de fundamento documental.

El artículo concluye defendiendo que la inteligencia artificial debe entenderse como una herramienta de exploración y no como una autoridad definitiva. La autora resume esta idea en una recomendación que sintetiza el papel complementario de la IA y las bibliotecas: utilizar la IA para descubrir posibilidades, recurrir a las bibliotecas y sus recursos para verificar la información, y aplicar siempre el juicio crítico humano antes de aceptar cualquier respuesta como verdadera. En este nuevo ecosistema informativo, las competencias tradicionales de los bibliotecarios de referencia se convierten en una guía especialmente valiosa para combatir las alucinaciones de la IA y preservar la calidad de la información.

Las bibliotecas públicas, actores clave en la alfabetización mediática y el acceso a la información fiable

Public Library Association (PLA). New Report Examines Evolving Role of Public Libraries in Media Literacy and News Access. American Library Association (ALA), 2 de julio de 2026.

Public Library Association (PLA), división de la American Library Association (ALA), ha publicado el informe News Access and Media Literacy in Public Libraries, un estudio que analiza cómo las bibliotecas públicas están respondiendo a un entorno informativo cada vez más complejo, caracterizado por la sobreabundancia de contenidos digitales, la desinformación y el rápido avance de las tecnologías de la información.

El informe de la Public Library Association (PLA) ofrece una radiografía exhaustiva sobre el papel que desempeñan actualmente las bibliotecas públicas en la alfabetización mediática y el acceso a información fiable en Estados Unidos y Canadá. El estudio parte de una constatación clara: la proliferación de la desinformación, la manipulación informativa, los contenidos generados mediante inteligencia artificial y la desaparición progresiva de medios locales han convertido a las bibliotecas en uno de los pocos espacios públicos donde la ciudadanía puede recibir orientación imparcial para desenvolverse en un ecosistema informativo cada vez más complejo. Los autores sostienen que la alfabetización mediática ya no constituye un servicio complementario, sino una función inherente a la misión bibliotecaria, aunque todavía no sea suficientemente reconocida ni financiada.

La investigación se basa en una encuesta realizada en mayo de 2026 a 913 bibliotecarios y trabajadores de bibliotecas públicas de Estados Unidos y Canadá. A diferencia de otros estudios centrados en los usuarios, este informe recoge la visión de quienes atienden diariamente las consultas del público y conocen de primera mano las dificultades informativas de sus comunidades. Los participantes describen cómo las preguntas tradicionales sobre búsqueda de información han evolucionado hacia consultas relacionadas con la verificación de noticias, la identificación de contenidos manipulados, la detección de fraudes digitales, la comprensión de imágenes y textos generados mediante inteligencia artificial y la evaluación crítica de fuentes en redes sociales.

Uno de los principales hallazgos del informe es que la alfabetización mediática ya forma parte del trabajo cotidiano de las bibliotecas, aunque en la mayoría de los casos de manera informal. Los bibliotecarios consideran que ayudar a los ciudadanos a distinguir información fiable de contenidos engañosos constituye una extensión natural de su misión histórica de facilitar el acceso al conocimiento. Sin embargo, gran parte de esta labor no se desarrolla mediante cursos o programas específicos, sino a través de conversaciones individuales en los mostradores de información, asesoramiento personalizado y recomendaciones de fuentes fiables durante la atención diaria. Precisamente por tratarse de un trabajo poco visible, resulta difícil medirlo, justificar recursos o demostrar su impacto ante financiadores y administraciones públicas.

El informe muestra igualmente que los hábitos de consumo informativo de la ciudadanía han cambiado profundamente. Los usuarios ya no consumen exclusivamente prensa impresa o digital, sino que combinan múltiples formatos y canales. Las redes sociales constituyen uno de los principales puntos de acceso a las noticias, superando incluso a las plataformas informativas proporcionadas por las propias bibliotecas. Esta situación incrementa la exposición de los ciudadanos a contenidos descontextualizados, desinformación y algoritmos que priorizan la viralidad frente a la calidad informativa. En este contexto, las bibliotecas adquieren un papel fundamental como mediadoras entre el usuario y las fuentes periodísticas de calidad, especialmente en aquellas comunidades donde los medios locales han desaparecido o se han debilitado considerablemente.

El estudio pone de relieve una importante contradicción entre la relevancia que los profesionales conceden a la alfabetización mediática y los recursos realmente disponibles para desarrollarla. Aunque existe un consenso casi unánime sobre su importancia, muy pocas bibliotecas consideran que disponen de capacidad suficiente para ofrecer programas consolidados. La falta de tiempo del personal, la escasez presupuestaria, las limitaciones tecnológicas y la ausencia de programas formativos especializados constituyen los principales obstáculos. Los autores advierten que las bibliotecas están asumiendo nuevas responsabilidades sin que se hayan incrementado proporcionalmente los recursos humanos y económicos necesarios para afrontarlas.

Especial atención merece el impacto que la inteligencia artificial está teniendo sobre la alfabetización mediática. Mientras que la evaluación crítica de fuentes tradicionales forma parte desde hace décadas de las competencias bibliotecarias, la aparición de imágenes sintéticas, vídeos manipulados, textos generados automáticamente y modelos conversacionales plantea desafíos completamente nuevos. Los propios bibliotecarios reconocen sentirse insuficientemente preparados para responder a preguntas relacionadas con estas tecnologías, cuya evolución resulta mucho más rápida que los programas de formación profesional disponibles. El informe insiste en que la actualización permanente de competencias será indispensable para mantener la confianza que la ciudadanía deposita en las bibliotecas.

Otro aspecto especialmente interesante es el denominado «paradigma de la participación». Los autores observan que quienes más necesitan formación en alfabetización mediática son, precisamente, quienes menos participan en talleres o actividades organizadas por las bibliotecas. Muchas personas desconocen que necesitan ayuda o consideran que ya poseen suficientes competencias digitales, cuando en realidad presentan importantes dificultades para identificar noticias falsas, detectar fraudes o reconocer contenidos generados mediante inteligencia artificial. Por ello, el informe propone desplazar parte del esfuerzo desde los programas tradicionales hacia intervenciones integradas en la atención cotidiana, aprovechando cada interacción entre bibliotecario y usuario como una oportunidad educativa.

Las conclusiones insisten en que fortalecer la alfabetización mediática exige una estrategia integral. No basta con ofrecer talleres ocasionales; es necesario invertir de forma sostenida en formación del personal, garantizar el acceso continuado a periodismo profesional y desarrollar infraestructuras que permitan mantener colecciones digitales y recursos informativos de calidad. Asimismo, se subraya la importancia de atender la diversidad lingüística de las comunidades, ofreciendo recursos informativos en múltiples idiomas para garantizar la equidad en el acceso a la información.

Finalmente, el informe formula una serie de recomendaciones dirigidas a administraciones públicas, financiadores y responsables de bibliotecas. Entre ellas destacan la necesidad de establecer programas permanentes de formación para bibliotecarios, desarrollar materiales didácticos reutilizables sobre alfabetización mediática, reconocer institucionalmente el trabajo informal que realizan los profesionales en los servicios de referencia, integrar la alfabetización mediática en la atención diaria y considerar el acceso al periodismo de calidad como una infraestructura pública esencial para la democracia. Los autores concluyen que las bibliotecas públicas ocupan una posición única para combatir la desinformación, fortalecer la ciudadanía crítica y garantizar el acceso equitativo a información fiable en la era digital.

Palabras que cuidan: la biblioteca como agente de salud mental para personas mayores. Planeta Biblioteca 2026/07/24

Palabras que cuidan: la biblioteca como agente de salud mental para personas mayores.

Planeta Biblioteca 2026/07/24

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En Planeta Biblioteca conversamos con Inmaculada López Melguizo sobre «Palabras que cuidan», un innovador proyecto de la Biblioteca Pública Municipal de La Chana (Granada) que convierte la biblioteca en un agente activo de promoción de la salud mental y el bienestar de las personas mayores. Analizamos cómo la lectura compartida, la escritura autobiográfica y la narración oral ayudan a combatir la soledad no deseada, fortalecer la memoria, mejorar la autoestima y crear redes de apoyo comunitario. También hablamos de las actividades de estimulación cognitiva, gestión emocional, encuentros intergeneracionales y participación cultural que integran el programa. La entrevista pone de relieve el papel de las bibliotecas como espacios de cuidado, inclusión y cohesión social, más allá de su función tradicional. Finalmente, López Melguizo comparte los excelentes resultados del proyecto y explica por qué este modelo puede replicarse con éxito en otras bibliotecas públicas.

La ALA publica una guía para un uso ético, transparente y centrado en las personas de la inteligencia artificial en las bibliotecas

American Library Association. *Guidance on the Use of Artificial Intelligence in Libraries*. American Library Association (ALA), 2026. Documento aprobado por el Consejo de la ALA el 16 de julio de 2026 como marco de referencia para el desarrollo de políticas institucionales sobre inteligencia artificial en bibliotecas.

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El documento ofrece orientación para que las bibliotecas desarrollen o revisen políticas locales sobre IA (generativa, agéntica, sistemas predictivos, de recomendación, decisiones automatizadas y funciones de IA integradas en productos de proveedores). Se aplica tanto a herramientas de IA independientes como a funciones de IA incorporadas en catálogos, sistemas de descubrimiento, plataformas escolares, universitarias, municipales o consorciales.

La IA puede apoyar la instrucción, las operaciones, la accesibilidad y la educación pública siempre que exista un propósito claro de servicio público, se hayan evaluado beneficios y riesgos, se preserve el juicio humano y existan salvaguardas adecuadas. La IA no debe sustituir el juicio ni la responsabilidad del personal.

Cada evaluación de un sistema de IA debe considerar el propósito de servicio, beneficios, riesgos, salvaguardas necesarias, capacidad del personal, efectos comunitarios y alternativas. El resultado puede ser: adopción, uso limitado, prueba piloto, aplazamiento, pausa, no adopción, eliminación o suspensión. Decidir no usar una herramienta de IA es una decisión profesional legítima, no un fracaso.

Valores bibliotecarios y la IA

1. Bien público — La IA debe usarse solo con fines documentados de servicio público. Debe complementar, no sustituir, el razonamiento humano; el personal debe conservar autoridad para cuestionar o anular recomendaciones algorítmicas. Los usuarios tienen derecho a una explicación cuando la IA afecte una decisión que les concierne. La IA no debe justificar recortes de personal. Se recomienda alfabetización en IA con enfoque de reducción de daños, sin estigmatizar a quienes la usan, la evitan o son escépticos. En colecciones, se debe evaluar cuidadosamente el material generado por IA antes de adquirirlo.

2. Libertad intelectual — La IA puede amenazar la libertad intelectual si oculta cómo se clasifica la información o prioriza el «enganche» del usuario sobre la reflexión. Se recomienda documentación clara sobre el funcionamiento de sistemas automatizados, opciones de exclusión («opt-out»), y alternativas sin IA. Debe auditarse regularmente si las funciones de descubrimiento o recomendación distorsionan la visibilidad de ciertos temas, autores o comunidades.

3. Privacidad — El personal debe entender cómo la IA maneja datos personales. Se debe evaluar a los proveedores sobre qué datos recopilan, si se usan para entrenar modelos, dónde se almacenan y cómo pueden eliminarse. Se prohíbe introducir información de identificación personal, historiales de préstamo o lectura, o datos de referencia en sistemas de IA no aprobados formalmente.

4. Sostenibilidad — Las bibliotecas deben preferir herramientas de IA con menor impacto ambiental documentado (modelos más pequeños o específicos por tarea), exigir a los proveedores que divulguen huella de carbono y uso de agua, y considerar el ciclo de vida completo del hardware (fabricación, consumo energético, residuos electrónicos).

5. Diversidad, equidad, inclusión y acceso (DEIA) — Se debe evaluar el sesgo en conjuntos de datos y algoritmos antes y durante el uso. Se debe garantizar acceso equitativo a comunidades marginadas y apoyar herramientas de código abierto que reduzcan el sesgo.

6. Trabajo (labor) — La IA no debe sustituir servicios de referencia, asesoría de lectura, instrucción o apoyo comunitario. El personal debe participar en las decisiones sobre qué tareas pueden automatizarse. Se debe evaluar a los proveedores sobre las condiciones laborales de quienes etiquetan datos o moderan contenido, y usar las ganancias de eficiencia para mejorar condiciones laborales, no para justificar despidos.

Orientación general

Usar la IA solo cuando tenga un propósito claro centrado en el usuario; divulgar su uso de forma clara y accesible; obtener consentimiento informado; tratar las salidas de la IA como borradores que requieren revisión humana, no como respuestas autorizadas; y ofrecer siempre una vía de asistencia humana y, cuando sea posible, una opción sin IA.

Conclusión

La guía es un punto de partida basado en valores, destinado a evolucionar junto con la tecnología y las necesidades de las bibliotecas.

Apéndice — Marco ético de IA (basado en Luciano Floridi)

Seis principios:

1) el bien común de la humanidad y el planeta;

2) el principio de no dañar, privacidad y protección;

3) dignidad humana;

4) responsabilidad y explicabilidad;

5) democracia; 6) equidad, justicia social y un mejor futuro.

Bibliotecas que conectan personas: una respuesta integral a la exclusión digital

Planning, Implementation, and Evaluation (PIE) Org. (2026, 26 de junio). Libraries as the Connective Tissue in Addressing the Digital Divide. Programming Librarian. American Library Association. Programming Librarian

Community Connect: Fostering Digital Access 

El artículo presenta los resultados del programa Community Connect: Fostering Digital Access, una iniciativa impulsada por la American Library Association (ALA) con financiación de Capital One para combatir la brecha digital en comunidades rurales de Estados Unidos. Su premisa fundamental es que las bibliotecas públicas constituyen el «tejido conectivo» de sus comunidades: instituciones de confianza capaces de articular el acceso a Internet, la alfabetización digital, la educación financiera y el desarrollo comunitario. Más que simples proveedores de tecnología, las bibliotecas se consolidan como espacios donde las personas pueden adquirir las competencias necesarias para participar plenamente en la sociedad digital.

Durante la segunda fase del programa, desarrollada entre enero de 2025 y mayo de 2026, participaron treinta bibliotecas rurales ubicadas principalmente en comunidades con bajos ingresos. Cada biblioteca recibió cinco puntos de acceso Wi-Fi portátiles (hotspots) y una subvención de 2.000 dólares para ampliar los servicios digitales. Los resultados muestran un impacto considerable: los dispositivos fueron prestados 4.893 veces, consumieron más de 145.700 GB de datos y se organizaron 124 actividades formativas sobre alfabetización digital y educación financiera, con la participación de 1.694 personas. Estas cifras evidencian que el acceso a la conectividad continúa siendo una necesidad básica en muchas zonas rurales y que las bibliotecas desempeñan un papel esencial para garantizarla.

El artículo profundiza en dos experiencias particularmente representativas. La primera corresponde a la Storm Lake Public Library (Iowa), situada en una comunidad caracterizada por una gran diversidad cultural y lingüística. Aunque la ciudad dispone de infraestructura de banda ancha, numerosos residentes no pueden costear una conexión doméstica o necesitan apoyo para utilizar la tecnología. La biblioteca respondió implantando un servicio de préstamo de hotspots, ofreciendo talleres sobre créditos, inversiones y planificación financiera y, especialmente, proporcionando atención personalizada para resolver problemas relacionados con teléfonos móviles, correo electrónico o programas informáticos. El personal observó cómo muchos usuarios perdían progresivamente el miedo a utilizar la tecnología gracias a este acompañamiento individualizado.

El segundo caso analiza la experiencia de la East Carroll Parish Library (Luisiana), ubicada en una de las regiones con mayores índices de pobreza del país. Allí, una parte importante de la población carece de conexión fija a Internet y depende exclusivamente del teléfono móvil para acceder a servicios digitales. La biblioteca utilizó los hotspots tanto para préstamo domiciliario como para dotar de conectividad a su biblioteca móvil, ampliando el acceso a colecciones y recursos electrónicos. Paralelamente, organizó actividades sobre emprendimiento, prevención de fraudes financieros y comprensión del sistema sanitario. El proyecto incrementó la participación ciudadana, atrajo nuevos usuarios y reforzó la percepción de la biblioteca como una institución imprescindible para el bienestar de la comunidad.

Una de las principales conclusiones del artículo es que la brecha digital no puede reducirse únicamente proporcionando acceso a Internet. La verdadera inclusión digital requiere combinar infraestructura tecnológica con formación, acompañamiento y creación de capacidades. Muchas personas necesitan aprender desde habilidades muy básicas, como utilizar un navegador, gestionar el correo electrónico o protegerse frente a fraudes en línea, hasta competencias más avanzadas relacionadas con la búsqueda de empleo, la administración electrónica o la educación permanente. En este contexto, las bibliotecas se convierten en mediadoras entre la tecnología y la ciudadanía, desempeñando un papel educativo y social que trasciende ampliamente sus funciones tradicionales.

Iniciativas como Community Connect: Fostering Digital Access  demuestran que las bibliotecas son infraestructuras esenciales para promover la equidad digital. Su capacidad para generar alianzas con administraciones públicas, entidades financieras, organizaciones comunitarias y otros agentes locales les permite actuar como nodos de cohesión social y desarrollo económico. En un escenario donde el acceso a los servicios públicos, la educación, el empleo y la participación ciudadana dependen cada vez más de las competencias digitales, las bibliotecas se consolidan como instituciones estratégicas para garantizar que nadie quede excluido de la sociedad de la información.

El declive del préstamo de libros de no ficción en bibliotecas: causas y oportunidades

Wooden library bookshelves filled with a variety of history and biography books
Rows of neatly arranged books line wooden shelves in a quiet library space.

Bransford, Nathan. What Can Libraries Do When Adult Nonfiction Won’t Circulate? Nathan Bransford Blog, 2026.https://superlibrarymarketing.com/2026/06/24/library-marketing-show-341-what-can-libraries-do-when-adult-nonfiction-wont-circulate/

El descenso continuado del préstamo de libros impresos de no ficción para adultos. Mientras géneros como la ficción, la literatura juvenil o los materiales infantiles mantienen una demanda relativamente estable, muchas obras de divulgación, historia, ciencias sociales, negocios o autoayuda permanecen durante largos periodos en las estanterías sin apenas ser consultadas.

El autor plantea que esta tendencia no responde necesariamente a una pérdida de interés por el conocimiento, sino a un cambio profundo en la forma en que las personas acceden a la información. Hoy, gran parte de las necesidades informativas se satisfacen mediante búsquedas en Internet, vídeos, pódcast, boletines especializados o herramientas de inteligencia artificial, lo que reduce el papel tradicional del libro impreso como primera fuente de consulta.

A partir de este diagnóstico, el artículo invita a las bibliotecas a replantear el desarrollo de sus colecciones de no ficción. En lugar de seguir adquiriendo títulos basándose únicamente en criterios históricos o en políticas de colección poco actualizadas, propone analizar con mayor detalle los datos de circulación, identificar qué áreas mantienen un interés real y reconocer aquellas materias cuya demanda ha disminuido de forma estructural. Este enfoque basado en evidencias permitiría optimizar el uso del presupuesto, reducir la acumulación de materiales infrautilizados y dedicar más recursos a formatos y contenidos que respondan mejor a las necesidades actuales de la comunidad.

El texto también sugiere que la renovación de la colección no debe limitarse a retirar libros poco utilizados, sino que debe ir acompañada de nuevas estrategias de mediación. Las bibliotecas pueden revitalizar la no ficción mediante exposiciones temáticas, recomendaciones personalizadas, clubes de lectura especializados, actividades divulgativas, ciclos de conferencias o la integración de estos materiales en programas educativos y de alfabetización informacional. De este modo, el valor de la colección deja de depender exclusivamente del préstamo tradicional y pasa a formar parte de una oferta cultural y formativa más amplia.

Asimismo, el autor plantea que determinadas áreas de la no ficción podrían orientarse hacia formatos alternativos. Los libros electrónicos, los audiolibros, las bases de datos especializadas, los recursos digitales de acceso abierto e incluso contenidos generados con apoyo de la inteligencia artificial pueden complementar o sustituir parcialmente algunas colecciones impresas cuya utilización ha caído significativamente. La clave consiste en ofrecer múltiples vías de acceso al conocimiento, adaptándose a los hábitos de consumo de información de diferentes perfiles de usuarios sin renunciar a la misión educativa de la biblioteca.

El artículo concluye que la disminución del préstamo de libros de no ficción no debe interpretarse como un fracaso de las bibliotecas, sino como un indicador de la transformación del ecosistema informativo. Frente a este escenario, las bibliotecas tienen la oportunidad de evolucionar desde un modelo centrado en la acumulación de colecciones hacia otro basado en la relevancia, la flexibilidad y el impacto comunitario. Para ello será necesario combinar el análisis de datos, la evaluación continua de las colecciones, la innovación en los servicios y una comprensión más profunda de cómo aprenden, investigan e interactúan con la información los ciudadanos en la era digital.

Los usuarios de la Biblioteca Pública de Milton ahorraron casi 9 millones de dólares el año pasado

Sadewo, Bambang. Milton Public Library borrowers saved nearly $9M last year: report. Annual report also highlights growth across programs and services. MiltonToday, 26 de julio de 2026.

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El informe anual de la Milton Public Library (Ontario, Canadá) pone de manifiesto el extraordinario valor económico y social que genera una biblioteca pública para su comunidad. Durante el último año, los usuarios de la biblioteca evitaron gastar aproximadamente 9 millones de dólares simplemente utilizando los servicios de préstamo en lugar de adquirir libros, películas, videojuegos, herramientas tecnológicas y otros materiales por cuenta propia.

Esta cifra constituye un indicador muy tangible del retorno de la inversión pública en bibliotecas, ya que cuantifica el ahorro directo que reciben los ciudadanos a través de un servicio gratuito o de muy bajo coste financiado colectivamente. El informe subraya que la biblioteca no solo proporciona acceso a la información y la cultura, sino que también contribuye de manera significativa a aliviar el coste de vida de las familias en un contexto de creciente presión económica.

Más allá del ahorro económico, el informe destaca un crecimiento sostenido en prácticamente todos los indicadores de actividad de la institución. La biblioteca registró un incremento tanto en el uso de sus colecciones físicas como digitales, acompañado por una mayor participación en programas educativos, culturales y de alfabetización dirigidos a públicos de todas las edades. Las actividades infantiles, los clubes de lectura, las iniciativas para jóvenes, los programas de aprendizaje permanente y los eventos comunitarios experimentaron una elevada participación, confirmando que la biblioteca ha evolucionado desde su función tradicional como espacio de préstamo documental hacia un auténtico centro comunitario. Esta evolución refleja una tendencia observada en numerosas bibliotecas públicas contemporáneas, donde el valor del servicio se mide no únicamente por el número de préstamos, sino también por su capacidad para generar cohesión social, aprendizaje continuo y participación ciudadana.

El informe también pone de relieve la creciente importancia de los recursos tecnológicos ofrecidos por la biblioteca. Además de libros impresos y materiales audiovisuales, los ciudadanos accedieron a equipos tecnológicos, recursos digitales y otros servicios que resultarían costosos si tuvieran que adquirirse individualmente. Este aspecto amplía considerablemente el impacto económico de la biblioteca, ya que facilita el acceso equitativo a tecnologías necesarias para el estudio, el trabajo, la formación y el ocio. De este modo, la institución contribuye a reducir la brecha digital y garantiza que personas con distintos niveles de ingresos puedan beneficiarse de recursos tecnológicos de calidad sin asumir un gasto adicional.

Finalmente, el informe presenta estos resultados como una demostración del creciente papel estratégico de las bibliotecas públicas dentro de las comunidades locales. Los responsables de la Milton Public Library sostienen que las cifras alcanzadas evidencian que la biblioteca constituye una inversión pública altamente rentable, capaz de devolver múltiples beneficios económicos y sociales a la ciudadanía. El ahorro cercano a los nueve millones de dólares representa únicamente una parte del valor generado, ya que no incorpora otros beneficios difíciles de cuantificar, como la mejora de la alfabetización, el fortalecimiento de la inclusión social, el apoyo al aprendizaje permanente, el acceso equitativo a la información y la creación de espacios seguros para la convivencia comunitaria. En conjunto, el informe refuerza la idea de que las bibliotecas públicas son infraestructuras esenciales cuyo impacto trasciende ampliamente el préstamo de materiales y se proyecta sobre el bienestar, la educación y el desarrollo económico de toda la comunidad.