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Cómo una bibliotecaria cambió la vida de un futuro juez

 

 

StoryCorps es una organización nacional sin fines de lucro que ofrece a las personas la oportunidad de entrevistar a amigos y seres queridos sobre sus vidas. Estas conversaciones se archivan en el American Folklife Center de la Biblioteca del Congreso, lo que permite a los participantes dejar un legado para las generaciones futuras.

En la década de 1950 en Arkansas, a Olly Neal no le gustaba mucho la escuela. Era uno de los 13 hermanos y hermanas de una casa sin electricidad, y su padre era un granjero con una educación de segundo grado. Neal asistía a una pequeña escuela para niños negros -estaba en el sur segregado- y siempre hablaba por los codos. Pero, un día, faltó a clase, entró en la biblioteca y se tropezó con un libro del autor Frank Yerby, concretamente “El tesoro del valle feliz” (The Treasure of Pleasant Valley). La portada despertó su interés, pero Olly no quiso arriesgar su reputación dejando que sus compañeros lo vieran leyendo voluntariamente. Así que en lugar de revisar el libro, lo robó. Neal metió el libro bajo su chaqueta y se lo llevó a casa, y le encantó. Después de terminar el libro, lo devolvió a la biblioteca. Y allí, en el estante, cogió otra novela de Yerby, que también robó. Cuatro veces pasó lo mismo, y se contagió del virus del libro. Su trayectoria cambió, y más tarde empezó a leer otras novelas, incluyendo las de Albert Camus.

Este robo -y un pequeño empujón de dos bibliotecarios entusiastas- cambió la vida de un adolescente abocado al fracaso, y que, en según recuerda, era “un mal estudiante de secundaria”. Años más tarde, le confesó a su hija, Karama, en una entrevista para StoryCorps en 2009, que se enteró de que el bibliotecaria de su escuela Mildred Grady, había orquestado a propósito la silenciosa y generosa tarea de convertirlo en lector. Y así con los años Neal termino sus estudios de bachiller y  asistió a la facultad de Derecho convirtiéndose en un juez reputado, En 1991, Neal fue nombrado primer fiscal de distrito negro en Arkansas. Unos años más tarde, se convirtió en juez y luego en juez del Tribunal de Apelaciones.

 

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Neal no era lector, pero se sintió cautivado por la atrevida portada que mostraba a una chica muy sexy.

 

Este episodio de StoryCorps se emitió originalmente en 2009; y se publicó como un video animado a principios de este mes. Producido para Morning Edition por Vanara Taing y Aisha Turner. Este nuevo cortometraje animado se presenta como parte de la nueva temporada de animación de StoryCorps, “Momentos que definen”, donde los participantes de StoryCorps comparten los puntos de inflexión que les llevaron a ser lo que son en la actualidad. Para subtítulos en español, haga clic en el ícono de YouTube en la esquina derecha, y escoja “Spanish” bajo la opción de “settings” y “subtitles/CC.

 

Las bibliotecas convertidas en centros de capacitación tecnológica

 

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Las herramientas de la era digital como ordenadores, Internet, programas de capacitación en línea a veces se consideran una amenaza para la relevancia de la biblioteca pública. Pero ese argumento ignora que muchas bibliotecas están formando y facilitando el acceso a las tecnologías a buena parte de sus de sus usuarios.

 

En 1978, el científico de la información Frederick Wilfrid Lancaster predijo que, a medida que la sociedad utilizaba menos información en papel, las bibliotecas tradicionales dejarían de existir en el año 2000. Pero, lo que predicciones de este tipo nunca tuvieron en cuenta es que, a lo largo de su historia, las bibliotecas han tenido una enorme capacidad de adaptación para satisfacer las necesidades de sus comunidades. Contrariamente, a medida que las bibliotecas invierten en nuevas tecnologías y servicios digitales, los usuarios nos ven cada vez más como centros de desarrollo de asesoramiento personal y profesional.

Según datos proporcionados por Con datos de Brookings, entre 2002 y 2016, la proporción de puestos de trabajo en Estados Unidos que requerían una baja cualificación digital descendió del 56 al 30 por ciento, mientras que la proporción de puestos de trabajo que demandaban una elevada cualificación digital aumentó del 5 al 23 por ciento.

n Estados Unidos las bibliotecas se están asociando a Grow with Google, para recibir acceso a los planes de estudio de habilidades digitales y todo el apoyo que necesitan para utilizarlos de forma eficaz. Se trata de un programa de Google que roporciona productos, formación y herramientas para ayudar a las personas a encontrar un empleo, a mejorar en su desarrollo profesional o a hacer crecer su negocio.

Hoy en día, según datos de State of Libraries 2019, el 84 por ciento de las bibliotecas ofrecen capacitación en software y el 90 por ciento ayuda a los usuarios con conocimientos básicos de Internet. En 2016, 113 millones de personas asistieron a programas de bibliotecas públicas, incluyendo talleres de alfabetización digital, un aumento del 17 por ciento a partir de 2013. De hecho, para millones de estadounidenses, las bibliotecas no son sólo depósitos de información; son instituciones educativas singulares que enseñan las habilidades que la gente necesita para participar plenamente en el trabajo, la escuela y la vida moderna.

Ahora los usuarios demandan que sus bibliotecas los equipen para tener éxito en la era digital: el 80 por ciento de los encuestados dijeron que las bibliotecas deberían ofrecer  programas que enseñen a la gente a usar herramientas digitales. Es el caso de The Lane Libraries Community Technology Center, que ofrece a sus usuarios un espacio de trabajo/juego/creación de alta tecnología con ordenadores de uso público (tanto PC como Mac), software de gama alta, auriculares VR, impresoras 3D y cómodos asientos estilo lounge con wifi disponibles en todas partes. Otro caso similar es Texas Tech University Libraries que conectan a los usuarios con recursos que promueven la investigación y el descubrimiento intelectual, proporcionando acceso y formación a servicios y tecnologías cambiantes centrados en en las necesidades del usuario.

De este modo, los bibliotecarios se han convertido en maestros en la formación sobre el uso de los servicios digitales y muchas bibliotecas se han transformado en centros de capacitación tecnológica que ofrecen formación gratuita o a bajo coste a través de una amplia variedad de medios. En este contexto existe una necesidad de intervención de la biblioteca en la formación de los usuarios tanto en el uso de tecnologías de la información de carácter general como de dispositivos y aplicaciones. Sin lugar a dudas, las biblioteca son el espacio idóneo para que las personas actualicen sus conocimientos y se pongan al día con el progreso de la sociedad para abordar la brecha digital, sobre todo porque son centros comunitarios digitales vitales donde todos son bienvenidos.

 

 

La frase ‘Navegar en Internet’ fue ideada por la bibliotecaria Jean Amour Polly

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A la bibliotecaria Jean Armour Polly se le atribuye haber acuñado la frase “navegar por Internet”, cuando en junio de1992 publicó un artículo que tituló “Navegando por INTERNET”, en Wilson Library Bulletin de la Universidad de Minnesota.

Hace más de 30 años, Jean Armour Polly comenzó una revolución en un lugar poco habitual: la Biblioteca Pública de Liverpool. Polly, una bibliotecaria asistente en ese momento, decidió que la biblioteca debería tener un ordenador para que el público lo usara.

Era 1981, y esto fue muy innovador, pidió una subvención e instaló un ordenador en la biblioteca, en un lugar donde cualquiera pudiera usarlo, el ordenador era concretamente un Apple 2 Plus. Y poco después con una ayuda de Legión Americana recaudó dinero para comprar una impresora. En ese momento, Liverpool Public Library se convirtió en una de las dos bibliotecas del Estados Unidos con una computadora.

En 1992 Jean Polly publicó en “Wilson Library Bulletin”  una guía sobre cómo usar lo que se convertiría en la web a la que títuló “Navegando en Internet: una introducción”. Parece ser que estaba frente a su ordenador pensando que título poner a la guía que acababa de elaborar, y de repente encontró la metáfora apropiada al observar la alfombrilla del ratón que tenía como ilustración a un surfista. Sin embargo otros atribuyen la frase “navegar en internet” a Mark McCahill, quien segun parece también usó la misma frase meses antes,  en febrero de 1992

Después Polly dejó el mundo de la biblioteca para trabajar en una empresa sobre investigación, mientras su artículo se hacía viral y la palabra navegación para referirse al uso de Internet se hizo muy popular, con el consecuente enfado de los surfistas que consideraban que se comparaba su noble deporte con algo tan trivial cómo Internet en aquel momento.

A la gente le encantó, pero a sus colegas de la  profesión de las bibliotecas públicas no, una resistencia al cambio tan fuerte como la que encontramos con otras cuestiones en la actualidad. Ella recuerda que le decían “Esta no es nuestra misión principal. Nuestra misión principal son los libros y la alfabetización”. Hoy, Polly es reconocida por haber sido la primera bibliotecaria en llevar Internet al público, y su nombre es el primero de la profesión en estar en en el Salón de la Fama de la Internet Global

Polly después también público varios libros sobre Internet para niños ganándose el apodo de “Net-Mom”. Entre ellas el libro “Páginas amarillas de Internet para niños y familias de Net-mom”, del que se vendieron seis ediciones, con 250,000 copias y fue traducido al chino.

La gran labor de Polly no quedó solo ahí,  ya que trabajó con otros bibliotecarios para fundar PUBLIB, el primer servidor de listas de correo en línea para bibliotecarios públicos, que aún hoy sigue funcionando.

 

Espacios creativos en las bibliotecas públicas: kits de herramientas

 

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Boyle, Emily ; Collins, Michelle ; Kinsey, Robyn ; Noonan,Clare ; Pocock,Andrew. Creative spaces in public libraries: a toolkit: How to persuade your library to develop a creative space, plan and implement the right kind of space and inspire your community to use it.

Texto completo

 

El establecimiento de espacios creativos (cualquier lugar en el que la comunidad pueda reunirse para un encuentro informal y el aprendizaje social compartido) en las bibliotecas públicas ha sido una tendencia emergente en todo el mundo en los últimos años. En el sector bibliotecario australiano, es el momento de examinar lo que esto significa para las bibliotecas y sus usuarios, y cómo se pueden establecer con éxito esos espacios.

 

Esta publicación está dividida en tres secciones distintas.

– Identifica lo que es un espacio creativo, por qué son relevantes para las bibliotecas y los beneficios que pueden llevar a las bibliotecas y a sus comunidades

– Proporciona orientación y recomendaciones sobre las mejores prácticas para ayudar a las bibliotecas a planificar, implementar, evaluar y mantener un espacio creativo

– Ofrece recursos prácticos e inspiradores sobre espacios creativos en Australia y el mundo, incluyendo una breve historia de la creación de espacios, estudios de casos y
lecturas complementarias.

Se llevó a cabo una amplia revisión de la literatura para averiguar más sobre el concepto de espacios creativos en las bibliotecas. y obtener ejemplos prácticos de bibliotecas que ya tienen espacios creativos en funcionamiento, tanto a nivel local como internacional y en el extranjero. También se realizaron entrevistas con el personal de las bibliotecas públicas que ha tenido experiencia de primera mano.

La investigación muestra que estratégicamente, los espacios creativos encajan perfectamente en la dirección futura de las necesidades expresadas por los usuarios de bibliotecas, tal y como se describe en los escenarios creativos y comunitarios del marco estratégico de Bibliotecas 2030.

También que el sector de las bibliotecas locales ha adoptado un modelo en gran medida no comercial, distinto de los hackers. y tiendas de tecnología, por sus espacios creativos. Estos espacios, y sus actividades, equipos y modelos de financiación varían ampliamente, pero está claro que los espacios creativos exitosos comparten ciertas cualidades. Hacen hincapié en la práctica de juego y experimentación, reflejan los intereses y necesidades de su comunidad, son flexibles y receptivos, fomentan la innovación del personal y trabajan con su comunidad para dar forma a su espacio.

Hay muchos beneficios claros tanto para las bibliotecas como para sus comunidades para tener un espacio creativo. Estos incluyen el empoderamiento de su comunidad, el fomento de la colaboración y la co-creación en la comunidad, el crecimiento de una comunidad más grande, una base de usuarios más comprometida, que permita el aprendizaje intergeneracional y la conexión social, facilite la alfabetización, desarrolle una cultura de aprendizaje a lo largo de toda la vida y añada ventajas socioeconómicas a las comunidades. Los espacios creativos también ofrecen una oportunidad para que las bibliotecas se preparen para el futuro y se adapten para satisfacer las necesidades de los usuarios. la naturaleza cambiante de la sociedad.

Sobre la base de las conclusiones del examen de la bibliografía, se ha creado un conjunto de instrumentos para ayudar a las bibliotecas a establecer un espacio creativo. El conjunto de herramientas consiste en orientación en torno a las siguientes actividades clave:

– Seleccionar el tipo de espacio creativo adecuado para su biblioteca
– Involucrar a su comunidad
– Modelando tu espacio creativo
– Establecimiento de un presupuesto y obtención de financiación
– Personalización de su espacio
– Promocionar su espacio
– Evaluar y mantener su espacio.

Una extensa lista de recursos adicionales proporciona orientación sobre temas que incluyen cómo crear un espacio, equipos, etc. y proveedores, listas de espacios creativos, proyectos a realizar, comunidades de creadores en línea, noticias y publicaciones, y más.

 

Colaboración entre bibliotecas para el acceso equitativo al conocimiento para todos

 

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Digital Public Library of America (DPLA) Releases a New Strategic Plan: Collaborating for Equitable Access to Knowledge for All. Washington:DPLA, 2019

Texto completo

 

Un único punto de acceso. Una puerta de entrada a las riquezas culturales de Estados Unidos. Disponible para todos. Esta fue la visión fundacional de la Biblioteca Pública Digital de América: una biblioteca digital nacional abierta y distribuida para educar, informar y empoderar a todos.

La misión se mantiene constante: proporcionar acceso equitativo al conocimiento para todos, expandiendo la red de agregación del patrimonio cultural que ha sido el logro distintivo, ampliando soluciones colaborativas de libros electrónicos para bibliotecas y aumentando el papel como convocante e innovador de bibliotecas.

 

 

La ciudad en la biblioteca

 

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The town in the library de Edith Nesbit

El cuento trata sobre dos niños construyen un pueblo a partir de libros de su biblioteca, y luego entran en él y descubren que en ese pueblo hay una casa propia, que contiene su biblioteca, en la que hay un pueblo construido con libros. Entran a esta ciudad a través de todas las ciudades de todas las bibliotecas, y así sucesivamente.

 

La ciudad en la biblioteca. Edith Nesbit

 

“ROSAMUND y Fabián se quedaron solos en la biblioteca. Puede que no lo creáis; pero os aconsejo que creáis todo lo que os diga, porque es verdad. La verdad es más extraña que los libros de cuentos, y cuando crezcas oirás a la gente decir esto hasta que te canses de escucharlos: entonces querrás escribir la historia más extraña que jamás haya existido, sólo para demostrar que algunas historias pueden ser más extrañas que la verdad.

La madre se vio obligada a dejar en paz a los niños, porque la enfermera estaba enferma de sarampión, lo que parece algo infantil para una enfermera adulta, pero es muy cierto. Si hubiera querido inventar algo, podría haber dicho que estaba enferma de un corazón roto o de una fiebre cerebral, lo que siempre ocurre en los libros. Pero quiero decir la verdad aunque suene tonto. Y fue el sarampión.

La madre no podía quedarse con los niños, porque era Nochebuena, y ese día muchos ancianos pobres subieron a buscar sus regalos de Navidad, té y tabaco, enaguas de franela y capas de abrigo, y cajas de agujas y algodones y cosas por el estilo. En general, los niños ayudaron a repartir los regalos, pero este año la madre tenía miedo de que ellos mismos pudieran tener sarampión, y el sarampión es una enfermedad contagiosa sin ningún tipo de modales. Usted puede contagiarse de una persona antes de que se dé cuenta de que lo tiene, y si Rosamund y Fabian lo hubieran tenido, podrían habérselo dado a todos los hombres y mujeres mayores que vinieron a buscar sus regalos de Navidad. Y el sarampión es un regalo que ningún anciano o anciana quiere darles, ni siquiera en Navidad, por muy viejos que sean. No les importaría tener una fiebre cerebral o un corazón roto tal vez tanto, porque es más interesante. Pero nadie puede pensar que es interesante tener sarampión, al menos hasta que llegas a la parte donde te dan gelatina y suela hervida.

Así que los niños se quedaron solos. Antes de que mamá se fuera, dijo.

“Mirad, queridos, podéis jugar con vuestros ladrillos o hacer fotos con vuestros bonitos bloques que os ha dado el tío Thomas, pero no debéis tocar los dos cajones de arriba de la oficina. Ahora no lo olvides. Y si eres bueno, tomarás el té conmigo, y tal vez haya pastel. Ahora te portarás bien, ¿verdad?”

Fabián y Rosamund prometieron fielmente que serían muy buenos y que no tocarían las cosas. Cuando los niños se quedaron solos.

“Voy a ser muy bueno, seré mucho más bueno de lo que mamá espera.”

“No miraremos en los cajones”, dijo Rosamund, acariciando la parte superior brillante del escritorio.

“Ni siquiera pensaremos en el interior de los cajones”, dijo Fabián. También acarició el escritorio y sus dedos dejaron cuatro rayas largas en él, porque había estado comiendo caramelo.

“Supongo -dijo en seguida- que podemos abrir los dos cajones de abajo…”. Mamá no pudo haber cometido un error, ¿verdad?”

Así que abrieron los dos cajones de abajo para asegurarse de que mamá no había cometido un error, y para ver si había algo en los cajones de abajo que no debían mirar.

Pero el cajón de abajo sólo tenía revistas viejas. Y en el cajón de abajo había un montón de papeles. Los niños supieron de inmediato por la apariencia de los papeles que pertenecían al gran trabajo del Padre sobre la Vida Doméstica de los Druidas Antiguos, y supieron que no era correcto -ni siquiera interesante- tratar de leer los papeles de otras personas.

Así que cerraron los cajones y se miraron unos a otros, y Fabián dijo: “Creo que estaría bien jugar con los ladrillos y los bonitos bloques que nos dio el tío Thomas”.

Pero Rosamund era más joven que Fabián, y dijo: “Estoy cansado de los bloques, y estoy cansado del tío Thomas. Prefiero mirar en los cajones”.

“Yo también”, dijo Fabián. Y se pararon a mirar el escritorio.

Tal vez usted no sabe lo que es una oficina -los niños aprenden muy poco en la escuela hoy en día- así que le diré que una oficina es una especie de cajonera. A veces tiene una librería en la parte superior, y en lugar de los dos cajoncitos de la esquina superior, como las cómodas de un dormitorio, tiene una tapa inclinada, y cuando está bien abierta se sacan dos tablitas por debajo, y luego se hace una especie de estante para que la gente escriba cartas en él. El estante es bastante plano y permite ver cajoncitos con asas de nácar en su interior y una hilera de casilleros (que no son casilleros en los que viven las palomas, sino lugares para guardar las cartas que las palomas mensajeras pueden llevar en el cuello si así lo desean). Y muy a menudo hay un pequeño armario en el centro de la oficina, con un patrón en la puerta en maderas de diferentes colores. Así que ahora ya lo sabes.

Fabián se paró primero en una pierna y luego en la otra, hasta que Rosamund dijo-

“Bueno, más vale que te subas las medias”.

Y así lo hizo. Sus medias eran siempre como un bandoneón o una cámara fotográfica muy cara, pero solía decir que no era su culpa, y supongo que él sabía lo que era mejor. Entonces él dijo–

“¡Dije, Rom! Mamá sólo dijo que no debíamos tocar los dos cajones de arriba…”

“Me gustaría ser bueno”, dijo Rosamund.

“Quiero ser bueno”, dijo Fabián. “Pero si usted tomara el pequeño y delgado atizador que no está guardado de la mejor manera, usted podría ponerlo a través de una de las manijas de latón y yo podría sostener la otra manija con las pinzas. Y entonces podríamos abrir el cajón sin tocarlo”.

“¡Para que pudiéramos! Qué listo eres, Fabe -dijo Rosamund-. Y admiraba mucho a su hermano. Así que se llevaron el atizador y las pinzas. El frente de la oficina se rayó un poco, pero el cajón de arriba se abrió, y allí vieron dos cajas con tapas de vidrio y estrechas de papel dorado por todas partes; aunque sólo se veían virutas de papel a través del vidrio, sabían que eran soldados. Además de estas cajas había una muñeca y un burro parados en una parcela de hierba verde que tenía ruedas de madera, y una pequeña cuna de muñeca de mimbre, y algunos cañones de latón, y una bolsa que parecía mármoles, y algunas banderas, y un ratón que parecía como si se moviera con mecanismo de relojería; sólo que, por supuesto, habían prometido no tocar el cajón, por lo que no podían estar seguros. También había una caja de madera, y estaba mal subida y en la parte inferior estaba escrito a lápiz: “Vill: y anim: 5/9-1/2.” Se miraron el uno al otro, y Fabián dijo:

“¡Ojalá fuera mañana!”

Habéis visto que Fabián era un chico muy listo; y supo de inmediato que estos eran los regalos de Navidad que Papá Noel había traído para él y para Rosamund. Pero Rosamund dijo: “¡Oh, Dios mío, ojalá no lo hubiéramos hecho!”

Sin embargo, consintió en abrir el otro cajón -sin tocarlo, por supuesto, porque lo había prometido fielmente- y cuando, con el atizador y las pinzas, el otro cajón se abrió, había grandes cajas de madera -del tipo que contenían uvas pasas e higos- y cajas redondas con papel liso en la parte superior y dobladas en pliegues alrededor del borde; y los niños sabían lo que había dentro sin mirar. Todo el mundo sabe cómo son las frutas confitadas en el exterior de la caja. También había cajas cuadradas, del tipo que tienen galletas, con una galleta saliendo en la tapa, muy diferente en tamaño y brillo de lo que realmente hace, pues, como sin duda saben, una galleta viene muy a menudo en dos, con bastante calma, sin ningún tipo de chispa, y luego sólo se tiene el lema y el dulce, lo que nunca es agradable. Por supuesto, si hay algo más en la galleta, como broches o anillos, tienes que dejar que la niña que se sienta a tu lado en la cena lo haga.

Cuando hicieron retroceder el cajón, Fabián dijo.

“Saquemos el cajón de la escritura y hagamos un castillo.”

Así que sacaron el cajón y lo pusieron en el suelo. Por favor, no intente hacer esto si su padre tiene una oficina, porque esto puede causar problemas. Sólo porque ésta estaba rota pudieron hacerlo.

Entonces comenzaron a construir. Tenían las dos cajas de ladrillos: los ladrillos de madera con los pilares y las ventanas de vidrio de colores, y los ladrillos racionales que están hechos de arcilla como los azulejos, y su padre los llamaba los ladrillos de All-Wool, lo cual parece tonto, sólo que, por supuesto, la gente adulta siempre habla con sentido. Cuando todos los ladrillos se agotaron, obtuvieron los bonitos bloques de imágenes que el amable tío Thomas les dio, y construyeron con ellos; pero una caja de bloques no va muy lejos. Los bloques de imagen sólo sirven para construir, excepto al principio. Cuando has hecho las fotos un par de veces, sabes exactamente cómo van, y entonces, ¿qué es lo bueno? Este es un defecto que pertenece a muchos juguetes muy caros. Estos bloques tenían seis cuadros -el Castillo de Windsor con el Estándar Real izado; patos en un estanque, con un hermoso drake verde y azul; Rebecca en el pozo; una pelea de bolas de nieve- pero ninguno de los muchachos sabía cómo tirar una bola de nieve; la Casa de la Cosecha; y la Muerte de Nelson.

Estos no fueron muy lejos, como ya he dicho. Hay seis veces menos bloques que fotos, porque cada bloque tiene seis lados. Si no entiendes esto demuestra que no enseñan aritmética en tu escuela, o que no haces tus clases en casa.

Pero lo mejor de una biblioteca son los libros. Rosamund y Fabian hicieron las paces con libros. Consiguieron Shakespeare en catorce volúmenes, y “Ancient History” de Rollin, y “Decline and Fall” de Gibbon, y “The Beauties of Literature” en cincuenta y seis volúmenes pequeños y gordos, y construyeron no sólo un castillo, sino también una ciudad, y una gran ciudad, que en la actualidad se erguía sobre ellos en lo alto de la oficina.

“Es casi lo suficientemente grande para entrar”, dijo Fabián, “si tuviéramos algunos pasos”. Así que dieron pasos con los “ensayistas británicos”, el “Spectator”, el “Rambler”, el “Observer” y el “Tatler”; y cuando terminaron los pasos, subieron por ellos.

Usted puede pensar que no podrían haber subido por estos escalones y entrado en una ciudad que ellos mismos habían construido, pero le aseguro que la gente lo ha hecho a menudo, y de todos modos esta es una historia real. Habían hecho una hermosa puerta de entrada con dos grandes volúmenes de las obras poéticas de Macaulay y Milton en la parte superior, y a medida que pasaron por ella sintieron todos los sentimientos que la gente tiene que sentir cuando son turistas y ven una arquitectura realmente fina. (Arquitectura significa edificios, pero es una palabra más grande, como puede ver.)

Rosamund y Fabian simplemente subieron los escalones hacia la ciudad que habían construido. No pretendo decir si se agrandaron o si el pueblo se hizo más pequeño. Cuando pasaron por debajo de la gran puerta, se encontraron con que estaban en una calle que no recordaban haber construido. Pero no fueron desagradables al respecto, y de todas formas dijeron que era una calle muy bonita.

Había una gran plaza en el centro de la ciudad, con asientos, y allí se sentaron, en la ciudad que habían hecho, y se preguntaron cómo podían haber sido tan listos para construirla. Luego se dirigieron a las murallas de la ciudad -altas y fuertes murallas construidas con la Enciclopedia y el Diccionario Biográfico- y lejos, sobre la llanura marrón de la alfombra, vieron una gran cosa, como una montaña cuadrada. Era muy brillante. Y mientras lo miraban, una gran parte de él se empujó hacia afuera, y Fabián vio brillar las manijas de bronce, y dijo:

“Vaya, Rom, esa es la oficina.”

“Es más grande de lo que quiero que sea”, dijo Rosamund, que estaba un poco asustada. Y, de hecho, parecía tener un tamaño extra, ya que era más alto que la ciudad.

El cajón del gran escritorio de la montaña se abrió lentamente, y los niños pudieron ver que algo se movía dentro; luego vieron que la tapa de vidrio de una de las cajas subía lentamente hasta que se paró en el extremo y parecía un lado del Palacio de Cristal, era tan grande, y dentro de la caja vieron que algo se movía. Las virutas y el papel de seda y la lana de algodón se agitaban y sacudían como un mar cuando era áspero y deseabas no haber venido por una vela. Y entonces, de entre la blancura que se elevaba, salió un soldado azul, y otro y otro. Se bajaron del cajón con cuerdas de virutas, y cuando estaban todos afuera había cincuenta de ellos: soldados de pie con rifles y bayonetas fijas, así como un delgado capitán a caballo, un sargento y un tamborilero.

El baterista tocó su tambor y toda la compañía formó cuatro y marchó directamente hacia la ciudad. Parecían ser soldados de tamaño completo, de hecho, extra grandes.

Los niños estaban muy asustados. Dejaron las murallas y corrieron por las calles de la ciudad tratando de encontrar un lugar donde esconderse.

“Oh, ahí está nuestra propia casa”, gritó Rosamund al fin; “allí estaremos a salvo.” Ella estaba sorprendida y contenta de encontrar su propia casa dentro de la ciudad que habían construido.

Así que entraron corriendo a la biblioteca, y allí estaban la oficina y el castillo que habían construido, y todo era pequeño y del tamaño adecuado. Pero cuando miraron por la ventana no era su propia calle, sino la que habían construido; podían ver dos volúmenes de las “Bellezas de la Literatura” y la cabeza de Rebeca en la casa de enfrente, y al final de la calle estaba el Mausoleo que habían construido siguiendo el patrón dado en el libro rojo y amarillo que acompaña a los ladrillos All-Wool. Todo fue muy confuso.

De repente, mientras miraban por las ventanas, oyeron un grito, y los soldados azules venían por la calle de dos en dos, y cuando el capitán llegó frente a su casa, gritó-

“¡Fabian! ¡Rosamund! ¡Baja!”

Y tuvieron que hacerlo, porque estaban muy asustados.

Entonces el Capitán dijo-

“Hemos tomado esta ciudad, y ustedes son nuestros prisioneros. No intentes escapar, o no sé qué te pasará”.

Los niños explicaron que habían construido el pueblo, así que pensaron que era suyo; pero el capitán dijo muy educadamente-

“Eso no sigue en absoluto. Ahora es nuestra ciudad. Y quiero provisiones para mis soldados”.

“No tenemos,” dijo Fabián, pero Rosamund le dio un codazo, y dijo: “¿No serán los soldados muy feroces si tienen hambre?”

El Capitán Azul la oyó y dijo.

“Tienes razón, pequeña. Si tiene algo de comida, procésela. Será un acto generoso, y puede detener cualquier disgusto. Mis soldados son muy feroces. Además -añadió en un tono más bajo, hablando detrás de la mano-, sólo hay que alimentar a los soldados de la manera habitual”.

Cuando los niños oyeron esto, se decidieron.

“Si no te importa esperar un minuto,” dijo Fabián, cortésmente, “Voy a derribar cualquier cosa que pueda encontrar.”

Luego tomó sus pinzas, y Rosamund tomó el atizador, y abrieron el cajón donde estaban las pasas, los higos y los frutos secos, pues todo en la biblioteca del pueblo era igual que en la biblioteca de casa, y los llevaron a la gran plaza donde el capitán había dibujado su regimiento azul. Y aquí los soldados fueron alimentados. Supongo que sabe cómo se alimenta a los soldados de hojalata. Pero los niños aprenden tan poco en la escuela hoy en día que me atrevo a decir que tú no lo haces, así que te lo diré. Sólo pones un poco del higo o de la pasa, o lo que sea, en la bayoneta de hojalata del soldado, o en su espada, si es un hombre de caballería, y dejas que se quede en ella hasta que te canses de jugar a darle raciones a los soldados, y luego, por supuesto, la comes por él. Esta fue la forma en que Fabián y Rosamund alimentaron a los hambrientos soldados azules. Pero cuando lo hicieron, los soldados estaban tan hambrientos como siempre. Lo que sólo demuestra que los soldados son un grupo ingrato, y que es ocioso tratar de hacer sus vidas mejores y más brillantes.

Entonces el Capitán Azul, que no había tenido nada, ni siquiera a punta de espada, dijo-

“Además, mis valientes hombres se desmayan por falta de comida.”

Así que no había nada más que sacar los frutos confitados, y alimentar a los soldados con ellos. Así que Fabián y Rosamund pegaron trozos de albaricoque confitado, higo, pera, cereza y remolacha en la parte superior de las bayonetas de los soldados, y cuando cada soldado tenía un trozo, pusieron una cereza confitada y gorda en la espada del oficial. Entonces los niños supieron que los soldados estarían callados por unos minutos, y volvieron corriendo a su propia casa y a la biblioteca para hablar entre ellos sobre lo que debían hacer, porque ambos sentían que los soldados azules eran un grupo de hombres muy duros de corazón.

“Podrían encerrarnos en las mazmorras”, dijo Rosamund, “y luego Madre podría encerrarnos, cuando cerrara la tapa de la oficina, y nosotros moriríamos de hambre”.

Porque no podían estar seguros exactamente de qué tamaño eran, o a qué biblioteca volvería su Madre cuando hubiera regalado todas las enaguas y cosas de franela.

Las mazmorras eran los casilleros de la oficina, y las puertas de ellas eran las pequeñas “bellezas de la literatura”, puertas muy pesadas que eran también.

Lo curioso era que los niños habían construido una ciudad y se habían metido en ella, y en ella habían encontrado su propia casa con la misma ciudad que habían construido -o una exactamente igual- todavía en el piso de la biblioteca.

“Creo que todo esto es una tontería”, dijo Rosamund. Pero cuando miraron por la ventana había una casa con el castillo de Windsor y la cabeza de Rebecca justo enfrente.

“Si tan sólo pudiéramos encontrar a Madre”, dijo ella; pero ellos sabían sin mirar que Madre no estaba en la casa en la que estaban entonces.

“Ojalá tuviéramos ese ratón que parecía un reloj, y el burro y la otra caja de soldados, tal vez sean rojos, y luchen contra el azul y los laman, porque los casacas rojas son ingleses y siempre ganan”, dijo Fabián.

Y entonces Rosamund dijo–

“Oh, Fabe, creo que podríamos ir a esta ciudad también, si lo intentáramos! Pongamos todas las cosas dentro, y luego intentemos!”

Así que fueron al cajón del escritorio, y Rosamund sacó la otra caja de soldados y el ratón, que era un reloj, y el burro con alforjas, y los puso en la ciudad, mientras Fabián comía unas cuantas pasas de uva que habían caído al suelo.

Cuando todos los soldados (eran rojos) estaban dispuestos en las murallas de la pequeña ciudad, Fabián dijo-

“Estoy pensando en todas las pasas y en las bayonetas de los soldados de afuera. Parece una pena no comer las cosas por ellos.”

Pero Rosamund dijo–

“No, no; entremos en esta ciudad, y quizás estemos a salvo de los soldados azules. Oh, Fabe, ¡no te preocupes por las pasas!”

Pero Fabián le dijo: “No quiero que vengas si tienes miedo. Iré solo. ¿Quién tiene miedo?”

Entonces, por supuesto, Rosamund le dijo que vendría con él, así que salieron y comieron las cosas para los soldados, dejando la cereza del Capitán para el final. Y cuando se comieron eso, corrieron lo más que pudieron a su casa y a la biblioteca, donde el pueblo estaba en el suelo, con los pequeños soldados rojos en las murallas.

“Estoy seguro de que podemos entrar en esta ciudad”, gritó Fabián, y seguro que lo hicieron, tal como lo hicieron en la primera. Si se hicieron más pequeños o la ciudad se hizo más grande, dejo que ustedes decidan. Y era exactamente el mismo tipo de ciudad que la otra. Así que ahora estaban en una ciudad construida en una biblioteca en una casa en una ciudad construida en una biblioteca en una casa en una ciudad llamada Londres, y la ciudad en la que estaban ahora tenía soldados rojos y se sentían bastante seguros, y la Union Jack estaba atascada en la puerta de entrada. Era una banderita rígida que habían encontrado con otras en el cajón del escritorio; se suponía que estaba atascada en el pudín de Navidad, pero la habían clavado entre dos cuadras y la habían puesto sobre la puerta de su pueblo. Caminaron por esta ciudad y encontraron su propia casa, igual que antes, y entraron, y había una ciudad de juguete en el suelo; y verás que ellos también podrían haber entrado en esa ciudad, pero vieron que no era buena, y que no podían salir de esa manera, sino que sólo se adentrarían más y más en un nido de ciudades en las bibliotecas de las casas de las ciudades de las bibliotecas de las bibliotecas de las casas de las ciudades de los pueblos de los pueblos de los pueblos de los pueblos de los pueblos de las ciudades de los… y así sucesivamente para siempre-algo así, como algo como cajas de rompecabezas chinas -cajas de rompecabezas- se multiplicaban entre millones y millones y millones de personas para siempre y para siempre. Y ni siquiera les gustaba pensar en ello, porque, por supuesto, cada vez se alejaban más de casa. Y cuando Fabián le explicó todo esto a Rosamund ella dijo que le hacía doler la cabeza, y ella empezó a llorar.

Entonces Fabián la golpeó en la espalda y le dijo que no fuera un poco tonta, porque era un hermano muy amable. Y él dijo–

“Salgan y veamos si los soldados pueden decirnos qué hacer.”

Así que salieron; pero los soldados rojos dijeron que no sabían más que perforar, e incluso el Capitán Rojo dijo que realmente no podía aconsejar. Entonces conocieron al ratón de relojería. Era grande como un elefante, y el burro con alforjas era tan grande como un mastodonte o un megaterio. (Si te enseñan algo en la escuela, por supuesto que te han enseñado todo sobre el megaterio y el mastodonte.)

La Ratona se detuvo amablemente para hablar con los niños, y Rosamund volvió a llorar y dijo que quería irse a casa.

El gran Ratón la miró y dijo-

“Lo siento por ti, pero tu hermano es el tipo de niño que da cuerda a los ratones relojeros desde el primer día que los tiene. Prefiero quedarme de este tamaño”.

Entonces Fabián dijo: “Por mi honor, no lo haré. Si volvemos a casa, te entregaré a Rosamund. Es decir, suponga que le consigo uno de mis regalos de Navidad”.

El burro con alforjas dijo-

“¿Y no vas a poner carbón en mis alforjas o a despegar mis pies de mi parcela de césped verde porque me veo más natural sin ruedas?”

“Te doy mi palabra,” dijo Fabián, “No se me ocurriría tal cosa.”

“Muy bien,” dijo el Ratón, “entonces te lo diré. Es un gran secreto, pero sólo hay una manera de salir de este tipo de ciudad. “Apenas sé cómo explicarte, sólo saldrás por la puerta”.

“Querido yo”, dijo Rosamund; “¡Nunca pensé en eso!”

Así que todos fueron a la puerta del pueblo y salieron caminando, y allí estaban de nuevo en la biblioteca. Pero cuando miraron por la ventana, el mausoleo de All-Wool aún estaba por verse, y los terribles soldados azules.

“Rosamund preguntó: “¿Qué vamos a hacer ahora? pero el ratón de mecanismo de relojería y el burro con alforjas eran de nuevo de su tamaño (o los niños se habían hecho más grandes). No sirve de nada preguntarme cuáles, porque no lo sé), y por supuesto no podían hablar.

“Debemos salir de este pueblo como lo hicimos del otro”, dijo Fabián.

“Sí”, dijo Rosamund; “sólo esta ciudad está llena de soldados azules y les tengo miedo. ¿No crees que sería suficiente si se nos acabara?”

Así que salieron corriendo y bajaron las escaleras que estaban hechas del “Espectador” y del “Rambler” y del “Tatler” y del “Observador”. Y directamente se pararon sobre la alfombra marrón de la biblioteca, corrieron hacia la ventana y miraron hacia afuera, y vieron -en lugar del edificio con el Castillo de Windsor y la cabeza de Rebeca dentro, y el Mausoleo de Todas las Leñas- vieron su propio camino con los árboles sin hojas, y el hombre iba encendiendo las lámparas con el palo del que sale la luz del gas, como si fuera un pájaro, para posarse en la jaula de vidrio en la parte superior del poste de la lámpara. Así que sabían que estaban a salvo en casa otra vez.

Y mientras miraban hacia afuera, oyeron la puerta de la biblioteca abierta, y la voz de la madre diciendo-

“¡Qué espantoso lío! ¿Y qué has hecho con las pasas y las frutas confitadas?” Y su voz era muy grave.

Ahora verás que era imposible para Fabian y Rosamund explicar a su madre lo que habían hecho con las pasas y las cosas, y cómo habían estado en un pueblo en una biblioteca en una casa en un pueblo que habían construido en su propia biblioteca con los libros y los ladrillos y los bonitos bloques de imágenes que el tío Thomas les dio. Porque eran mucho más jóvenes que yo, e incluso a mí me ha resultado bastante difícil de explicar.

Entonces Rosamund dijo: “Oh, Madre, me duele mucho la cabeza”, y se puso a llorar. Y Fabián no dijo nada, pero él también se puso a llorar.

Y mamá le dijo: “No me extraña que te duela la cabeza, después de todas esas cosas dulces”. Y parecía que a ella también le gustaría llorar.

“No sé qué dirá papá”, dijo mamá, y luego les dio a cada uno un polvo desagradable y los acostó a los dos.

“Me pregunto qué dirá”, dijo Fabián justo antes de irse a dormir.

“No lo sé”, dijo Rosamund, y, por extraño que parezca, no saben a esta hora lo que dijo papá. Porque al día siguiente ambos tenían sarampión, y cuando mejoraron todos se habían olvidado de lo que había pasado en Nochebuena. Y Fabian y Rosamund se habían olvidado tanto como todos los demás. Así que nunca debí haber oído hablar de él si no fuera por el ratón de relojería. Fue él quien me contó la historia, tal como los niños se la contaron en la biblioteca del pueblo, en la casa de la ciudad que construyeron en su propia biblioteca, con los libros, los ladrillos y los bonitos bloques de imágenes que les regaló el amable tío Thomas. Y si no crees en la historia no es culpa mía: creo cada palabra que dijo el ratón, porque conozco el buen carácter de ese ratón de relojería, y sé que no podría decir una mentira aunque lo intentara.

 

 

Las bibliotecas tienen un impacto positivo en la venta de libros electrónicos

 

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Kozlowski, Michael. Libraries positively impact retail ebook sales
GodEreader , september 23, 2019

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Existe un sentimiento cada vez más negativo de que cuando las bibliotecas prestan libros impresos o electrónicos, canibalizan las ventas de libros al por menor. Esta es la razón por la que Macmillan dio el paso sin precedentes de permitir a las bibliotecas sólo una copia digital de sus nuevos libros electrónicos y embargaron copias adicionales hasta ocho semanas después. Bibliotecas y distribuidores como Overdrive, Bibliotheca y Hoopa han declarado públicamente que esto no es así. Lo que los editores no se dan cuenta de que hay una enorme población de usuarios de bibliotecas que terminan comprando el libro electrónico.

El CEO de OverDrive, Steve Potash, respondió a las afirmaciones de que las bibliotecas estaban impactando el comercio minorista en un artículo en un blog, citando fuentes independientes que prueban que el préstamo de libros digitales en bibliotecas tiene un efecto positivo en las ventas minoristas.

Rebecca Miller escribió una columna reciente en Library Journal citando datos reales que apoyan el impacto positivo de las bibliotecas en la venta de libros en Journal’s Generational Reading Survey 2019:

  • El 42 por ciento de los adultos estadounidenses encuestados informaron que habían comprado el mismo libro que habían tomado prestado previamente de una biblioteca, un número que se eleva al 60 por ciento entre los milenials
  • El 70 por ciento informó que había comprado otro libro de un autor cuyas otras obras habían tomado prestadas de una biblioteca, un número que se incrementa del 75.4, 76.1 y 77.2 para la Gen X, Gen Z y milenials, respectivamente.

Booknet Canada publicó su informe anual, llamado Borrow, Buy, Read: Library Use and Book Buying in Canada, y encontró que “aquellos que habían tomado prestado un libro de una biblioteca y comprado uno en el último año compraron un promedio de tres libros por mes, mientras que aquellos que habían comprado un libro pero dijeron que nunca habían visitado una biblioteca compraron menor cantidad de libros, con 2.6 compras al mes”.