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¿Clubs de fans de bibliotecarios?

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Wayne Bivens-Tatum en relación con un post de Jessica Olin en el blog “Letters to a Young Librarian” titulado “Cults of Librarians Personalities” . En el que habla sobre el culto a la personalidad a algún bibliotecario por la capacidad de influencia sobre la comunidad profesional se pregunta si uno puede imaginarse a un bibliotecario que tenga clubes de fans:

“La frase estrella del rock aplicada a cualquier bibliotecario siempre me ha parecido graciosa. En el gran esquema de las cosas, los bibliotecarios somos profesionales relativamente marginales, que haya alguien que piense que alguno de nosotros es famoso es realmente extraño. ¿Os imaginaís a un bibliotecario emulando a Jon Bon Jovi diciendo? “He visto millones de rostros, y he proporcionado información a todos ellos!”. Desde luego el culto a la personalidad bibliotecaria no es nada común. ¿Los bibliotecarios tienen groupies? ¿Clubes de fans o grupos de admiradores?. No, no conozco a ninguno así. Otra cosa es que haya bibliotecarios que quisieran que se les rindiera culto, aunque eso, sinceramente me parece un poco espeluznante”

 

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Dando luz a la Ciencia: guía basada en la investigación para romper los estereotipos populares sobre ciencia y científicos

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Tintori A. & Palomba R.  Turn on the light on science: A research-based guide to break down popular stereotypes about science and scientists. London: Ubiquity Press, 2017.

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Los científicos merecen reconocimiento público. Sin embargo, las formas como se perciben por parte de la sociedad, fundamentalmente limitadas a sus rasgos físicos y personales, contribuyen a establecer estereotipos positivos o negativos sobre los “científicos”. Estos estereotipos van desde el arrogante investigador que quiere gobernar el mundo, hasta el investigador con bata de laboratorio del genio “loco”, pero todos caen generalmente a una visión extrema de una percepción existente de lo que es un científico. Por ejemplo, la imagen popular de “un científico” pasa por alto casi exclusivamente la presencia de mujeres, a menos que se atribuyan a temas específicos y / o con descripciones de visiones estrechas. Las implicaciones pueden ser de largo alcance. Los jóvenes, influenciados por lo que ven y oyen en los medios de comunicación, pueden evitar las carreras científicas debido a estas representaciones limitadas o poco halagüeñas de la comunidad científica, sin importar si reflejan la vida real.

Basado en los hallazgos del proyecto Light’13, este libro examina tales estereotipos y cuestiona si es posible ajustar la percepción que tiene la gente de los científicos e incrementar el interés en las carreras científicas a través de una serie de acciones y eventos específicos.

Los bibliotecarios corren y corren “biblioatletas”

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Horizontes bibliotecarios, n. 8
Maria del Carmen González Rivero
Jefa del Dpto. Servicios Bibliotecarios | BMN
PDF : http://files.sld.cu/bmn/files/2015/08/horizontes-08-opt.pdf

Cuando salimos a correr nos cruzamos cada vez más y más corredores. Y con este aumento vemos un río humano más y más colorido. Queda atrás la época en que corrían solo unos pocos y la gente se sorprendía de ver a esos extraños personajes corriendo en invierno pese a la lluvia y el mal tiempo. Cada vez somos más y el estereotipo clásico del corredor está cambiando, abriéndose a todo tipo de perfiles, ahora los bibliotecarios.

Para estar en forma en las actividades de la biblioteca, Felicidad Campal​ Julio Alonso y otros, han decidido correr y correr por las calles de ciudades de España, igual que leen, escriben, hacen vida social en la red, son considerados “biblioatletas”.

Pero, ¿a qué se debe esto? ¿Por qué cada vez hay más biblioatletas? Detengámonos un momento a pensar porqué corremos: lo cierto es que si pensamos desde un punto de vista funcional, es el deporte más accesible: solo necesitas una camiseta, unos pantalones cómodos y unas zapatillas deportivas. Puedes hacerlo a cualquier hora y aunque no tengas tiempo. Además, como no es un deporte de equipo aporta mucha flexibilidad y no requiere de compromisos

María Del Carmen​

 

 

Microrrelatos “Trabajar en información y documentación”

 

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El jurado del I Concurso de Microrrelatos “Trabajar en información y documentación” del Departamento de Biblioteconomía y Documentación de la Universidad de Salamanca eligió en 2009 como ganadora la obra de Pilar Martín Cabreros, que lleva por título “¡Yo, tan tranquilo!”.

El jurado estaba formado por Luis Hernández Olivera, Director del Departamento de Biblioteconomía y Documentación; M. Rosario Andrío Esteban, profesora de Promoción de productos, servicios y unidades de información del Departamento de Biblioteconomía y Documentación; Joaquín García Palacios, profesor de Lengua Española y Terminología del Departamento de Traducción e Interpretación y Julio Alonso Arévalo, Director de la Biblioteca de la Facultad de Traducción y Documentación. La organización del concurso agradece a todos los participantes el interés demostrado.

En una dura pugna final, el microrrelato de Martín Cabreros se ha impuesto a los enviados por Antonia Riquelme Gómez y Ángela Hernández Benito titulados “Ratones de Biblioteca” y “J’ accuse, yo acuso”,respectivamente

Microrelato ganador:

¡YO, TAN TRANQUILO! de Pilar Martín Cabreros

Echo hacia atrás el respaldo del asiento dispuesto a pasarme las nueve horas del viaje durmiendo como una marmota. ¡Qué me importa a mí si la azafata necesita un médico porque alguien esté enfermo, o tal vez un informático para reparar algún fallo en el sistema de trasmisiones, o incluso una señorita de compañía en caso de que el comandante sufra un ataque de ansiedad! Si algo bueno tiene este oficio es la seguridad de que nadie va a gritar desesperadamente ¡¡Por favor, si hay algún archivero en el avión que vaya urgentemente a la cabina!!

Finalistas 2o.

RATONES DE BIBLIOTECA Antonia Riquelme Gómez

Al principio los ratones se enfadaron mucho, pero finalmente tuvieron que reconocer que si alguien necesitaba de la información, esas eran las palomas; y, al fin y al cabo, el jardín de la biblioteca tenía espacio para todos

Finalista 3ero.

J’ ACCUSE, YO ACUSO Ángela Hernández Benito

Yo, que tengo a bien agradecer los dos dedos de frente con que fui dotada en el reparto de neuras, descubro a través de una biblioteca, pública, para más señas, un documento que viene a corroborar lo que en un rincón del desván de mis abuelos, -llámese vertedero del pleistoceno-, había descubierto mi curiosidad: el diario francés L’ Aurore, cita el alegato de Zola a favor de Dreyfus. El documento bibliotecario, en cambio, es un discurso de Neruda sobre la Ley Maldita. Ambos comienzan igual: Yo acuso. Me reitero en mi deformación profesional. Mañana encontraré otros que digan: Yo absuelvo.

Textos literarios sobre bibliotecas y lectura. Planeta biblioteca 2017/04/05

 

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PreTextos

En esta ocasión hemos puesto voz y música a algunos texto literarios que reflejan la imagen de los libros, las bibliotecas y la lectura en la literatura. Esperemos que disfrutéis de este programa tanto como nosotros eligiendo los textos, buscando las músicas, mezclándolos y adaptándolos. Un programa entrañable en el que hemos contado con las voces desinteresadas de algunos de nuestros oyentes como Natalia López de Manizales (Colombia), Lourdes Flores de Costa Rica, Judith Navarro de Barcelona, Kary Hernández, (España), Monica Aros de Chile, Rebeca Martín de España y un servidor. Un programa entrañable.

PALABRAS Y MÚSICA. Textos, música y voces

1. TEXTO. Paul Auster. “Sunnset Park”. MUSICA Cannonball Adderley. “Love for Sale” – Voz de NATALIA LOPEZ

2. TEXTO. Mary Ann Clark Bremer “Una biblioteca de verano”. MÚSICA. Charles Aznavour “LA Boheme”. VOZ. Mónica Aros

3. TEXTO. Borges – Un mundo sin libros. MÜSICA. Jimmy Giuffre Trav’lin Light Natalia. Voz de NATALIA LOPEZ

4. TEXTO. Leopoldo Maria Panero. El impostor. MÜSICA. La llegada del impostor fingiéndose Leopoldo María Panero. VOZ DE Carlos Ann

5. TEXTO. Antonio G. Iturbe. La bibliotecaria de Auschwitz MÚSICA. All the things you are – Charlie Parker. VOZ. Natalia Lopez.

6. TEXTO. Valerie Tasso. “Antimanual de sexo”· MUSICA. Emiliano Salvador. Visión. VOZ Kary Hernández.

7. TEXTO Lorca. “Discurso inauguración de la biblioteca de su pueblo” MÚSICA. Art Tatum – All The Things You Are. Voz de NATALIA LOPEZ

8. TEXTO. Maria Moliner. Derecho a leer. MÚSICA Ofogh – Khiale Ruye To VOZ. Lourdes Flores

9. TEXTO. Penelope Fitgerald “La Libreria”. MÚSICA. Miles Davis. Round Midnight VOZ NATALIA LOPEZ.

10. TEXTO. Montserrat Roig. “Un pensament de sal, un pessic de pebre”. MÚSICA. Anouar Brahem – Astrakan Cafe. VOZ Judith Navarro (catalán). Natalia López (castellano)

11. TEXTO. Vainica Doble. “Todo esta en los libros”. MÚSICA. Vainica Doble. “Todo esta en los libros”

12. TEXTO. Sasha Abramsky. La casa de los 20.000 libros. Música Piati. Adagio Tango. VOZ. Julo Alonso

13. TEXTO. Roberto Juarroz. La biblioteca MÚSICA. Geroge Harrrison. Give Me Love. VOZ. Kary Hernandez.

14. TEXTO Pablo Neruda . “Yo tomo la palabra” – MÚSICA. Bill Evans – Dream Gypsy. VOZ. Natalia Lopez.

15. TEXTO. Grant Snider. “Manifiesto del lector”. MÚSICA. Jimmy Clif Mongomery -James And Wes Mongomery. VOZ. Natalia Lopez.

17. TEXTO. Luis Cernuda. “Un libro es cosa viva”. MUISCA. Joe Henderson “A Felicidade”. VOZ. Natalia Lopez.

18. TEXTO. José Hierro. “Irás naciendo dia a dia”. MÚSICA, Michel Legrand. “Summer of 42”. VOZ. Natalia Lopez

19. TEXTO. El Club de los poetas muertos. MÚSICA. Jhon Coltrane. “Love Supremen I”. Voz Natalia López

20. TEXTO Carl Sagan. “Que cosa más sorprendente es un libro”. MÚSICA. Jimmy Giuffre-Show Me The Way to Go Home VOZ. Natalia López.

21. TEXTO. Valerie Tarso. “Antimanual de sexo”· MUSICA. Paganini. 24 caprici. Voz Rebeca

23. MÚSICA. “The Librarian”. No Morning Jackect.

La biblioteca del Espia que nació del Frio

 

 

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John le Carré.  “El espía que surgió del frío”. Madrid :Selecciones del Reader’s Digest, 1966

El espía surgido del frío es Alec Leamas, un antiguo agente secreto inglés destinado en la Alemania Oriental con antiguas cuentas que resolver, a quién Londres le propone liquidar al máximo responsable del espionaje de aquel país, pero a medida que va introduciéndose en el caso se da cuenta que lo están manipulando. En la obra, posteriormente llevada al cine, aparece una biblioteca en la que Alec trabaja enviado por la agencia de colocaciones, allí conoce a la bibliotecaria Liz Gold. con la que entablará una relación. Como afirma María Andrio Esteban en su tesis “La imagen de la biblioteca en el cine (1928-2015)La imagen de la biblioteca en el cine (1928-2015)“, cuando la bibliotecaria es la protagonista a menudo suele ser una chia atractiva y alegre. Aquí Le Carré califica a la chica como “En su cara, como en su cuerpo, había algo que parecía oscilar entre la fealdad y la belleza”. Pero no así la jefa de la biblioteca, la inflexible y autoritaria señorita Crail.

 

 

FRAGMENTOS

Por fin, aceptó el trabajo en la Biblioteca. La Agencia de Colocaciones se lo había puesto delante de las narices todos los jueves por la mañana cuando cobraba su subsidio de paro, pero él lo había rechazado siempre.
—La verdad es que no es lo que mejor le va —dijo el señor Pitt—, pero la paga es buena y el trabajo es fácil para un hombre instruido.
—¿Qué clase de biblioteca es? —preguntó Leamas.
—Es la Biblioteca Bayswater de Investigaciones Psicológicas. Es una fundación: tienen miles de libros, y les han hecho un legado de muchos más. Necesitan otro ayudante.
Leamas cogió el óbolo y la tira de papel.
—Son gente rara —añadió el señor Pitt—, pero, por otra parte, usted tampoco es de los que se quedan fijos, ¿no? Me parece que ya es hora de que les pusiera a prueba, ¿no cree?

 

La Biblioteca era como la nave de una iglesia y, además, muy fría. Las negras estufas de petróleo, en los extremos, daban un olor a parafina. En medio del local había una cabina, como la de los testigos en un tribunal, y dentro estaba sentada la señorita Crail, la bibliotecaria. Nunca se le había ocurrido a Leamas que hubiera de trabajar a las órdenes de una mujer. En la Agencia de Colocaciones, nadie le había dicho nada de eso.

—Soy el nuevo ayudante —dijo—, me llamo Leamas.
La señorita Crail levantó la vista bruscamente de su fichero, como si hubiera oído una grosería.
—¿Ayudante? ¿Qué quiere decir con eso de «ayudante»?
—Asistente. De parte de la Agencia de Colocaciones, del señor Pitt.
Alargó a través del mostrador un impreso hecho en multicopista con sus datos anotados con letra inclinada. Ella lo cogió y lo examinó.

Él escuchó un par de minutos, y luego se dirigió hacia las estanterías. En uno de los compartimientos, observó que había una muchacha, de pie en una escalera,
ordenando unos grandes volúmenes.
—Soy el nuevo —dijo—, me llamo Leamas.
Ella bajó de la escalera y le dio la mano un tanto ceremoniosamente.
—Yo soy Liz Gold. Encantada. ¿Ha conocido a la señorita Crail?

—Ahora estamos poniendo signaturas; la señorita Crail ha empezado un nuevo fichero.
Era una muchacha alta, desgarbada, de larga cintura y piernas largas. Llevaba zapatos bajos, de «ballet», para reducir su estatura. En su cara, como en su cuerpo, había algo que parecía oscilar entre la fealdad y la belleza. Leamas supuso que tendría veintidós o veintitrés años, y que sería judía.

—Se trata sólo de comprobar que todos los libros estén en los estantes. Ésta es la tira de referencia, ya ve. Cuando lo haya comprobado, apunte en lápiz la nueva signatura y la tacha en el fichero.

—¿Y que ocurre luego?
—Sólo la señorita Crail está autorizada a pasar a tinta la signatura. Es el reglamento.
—¿El reglamento de quién?
—De la señorita Crail. ¿Por qué no empieza por la arqueología?

Él estaba a medio subir en la escalera, de modo que miró abajo por encima del hombro y dijo:
—¿Qué?
—¿Sabe usted de dónde han salido estas bolsas de comestibles?
—Son mías.
—Ya entiendo. Son suyas. —Leamas esperó—. Lamento —continuó ella por fin— que no permitamos meter la compra en la Biblioteca.
—¿Dónde puedo ponerla, si no? No hay otro sitio donde pueda ponerla.
—En la Biblioteca, no —contestó ella.

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—He hecho toda clase de cosas. Vender enciclopedias para una maldita empresa americana; clasificar libros en una biblioteca de psicología, perforar fichas de trabajo en una hedionda fábrica de pegamentos. ¿Qué demonios puedo hacer?

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Probablemente por eso Liz siguió trabajando en la Biblioteca; porque allí, por lo menos, él seguía existiendo; las escalerillas, los estantes, los libros, el fichero, eran cosas que él había conocido y tocado, y algún día podría volver a ellas. Había dicho que jamás volvería, pero ella no lo creía. Era como decir que uno jamás iba a estar mejor, creer una cosa como ésa.

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Ella no es más que una chiquilla frustrada en una Biblioteca absurda: ¡no les sirve para nada!