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Enseñar tecnología a personas adultas: estrategias para generar confianza y autonomía desde las bibliotecas

Instructor teaching older adults computer basics around a laptop
Older adults learn essential computer skills together during an encouraging group workshop.

WebJunction. (2026, 16 de julio). Teaching technology to adults: Confidence-building advice from the field. WebJunction, OCLC.
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Se aborda uno de los retos habituales de las bibliotecas públicas: ayudar a las personas adultas a desenvolverse con tecnologías que pueden resultarles complejas, intimidantes o cambiantes. La propuesta parte de una idea fundamental: muchas dificultades tecnológicas no deben interpretarse únicamente como una carencia de habilidades, sino también como un problema de confianza y seguridad personal.

La experiencia procede de Steve Alcalde, responsable de Servicios Informáticos y Tecnológicos de Rogers Memorial Library, cuyo equipo imparte aproximadamente diez clases de tecnología al mes y atiende diariamente consultas tecnológicas de usuarios y personal. El planteamiento fue presentado en una sesión de la PLA dedicada precisamente a enseñar tecnología a adultos que consideran que son «malos con la tecnología».

Uno de los principales mensajes del artículo es que la finalidad de la alfabetización tecnológica no debería limitarse a resolver el problema concreto que plantea el usuario, sino conseguir que este adquiera suficiente confianza para enfrentarse posteriormente a situaciones similares por sí mismo. Desde esta perspectiva, la intervención bibliotecaria se transforma: el profesional deja de ser simplemente quien «arregla» el problema y pasa a desempeñar una función de acompañamiento y formación. Esta diferencia es importante porque una solución rápida puede resolver la dificultad inmediata, pero no necesariamente proporciona al usuario los conocimientos o la seguridad necesarios para repetir el procedimiento de manera autónoma.

El artículo propone varias estrategias prácticas. La primera consiste en normalizar el miedo o la frustración ante la tecnología. Una persona puede temer equivocarse, romper el dispositivo, parecer poco competente o no comprender las explicaciones. Reconocer que determinadas tecnologías pueden resultar confusas ayuda a reducir esa sensación de inseguridad. También se recomienda adoptar una posición física y comunicativa más colaborativa: sentarse junto al usuario en lugar de situarse enfrente y, sobre todo, no quitarle el dispositivo de las manos. Aunque manejar directamente el teléfono o el ordenador pueda ser más rápido para el profesional, permitir que la propia persona realice las acciones favorece el aprendizaje, la familiarización con el dispositivo y la adquisición de confianza.

Otro aspecto especialmente relevante es el lenguaje empleado por el personal bibliotecario. Expresiones aparentemente inocentes como «es muy fácil» o «solo tienes que…» pueden aumentar la frustración cuando el usuario está teniendo dificultades. WebJunction propone sustituir este tipo de formulaciones por expresiones de acompañamiento, como «tú inténtalo y yo te guío», «tómate tu tiempo» o «vamos a hacerlo paso a paso». Se trata de eliminar el lenguaje excesivamente técnico y evitar que la persona sienta que su dificultad es consecuencia de una supuesta incapacidad. La comunicación se convierte así en una parte esencial de la alfabetización digital.

La fragmentación de los procesos en pequeñas acciones constituye otra de las recomendaciones centrales. Lo que para un profesional habituado a utilizar una determinada aplicación o servicio puede ser una secuencia automática de pasos, para un usuario puede representar una sucesión de decisiones desconocidas. Por ello, se aconseja explicar una sola acción cada vez, comprobar que la persona la ha realizado y continuar posteriormente con el siguiente paso. A esto se añade la recomendación de reducir deliberadamente la velocidad de explicación. El profesional puede tener interiorizado el procedimiento después de haberlo realizado cientos de veces, mientras que el usuario necesita tiempo para localizar botones, comprender términos y relacionar las instrucciones con lo que aparece en pantalla.

El artículo también plantea la conveniencia de comenzar por pequeños logros o «victorias rápidas». En lugar de abordar inmediatamente una tarea compleja, puede ser útil empezar con una acción sencilla que permita experimentar una sensación de éxito: aumentar el tamaño del texto, enviar una fotografía o realizar una operación básica. Estos pequeños avances funcionan como refuerzo positivo y pueden modificar la percepción que la persona tiene de sus propias capacidades. El objetivo no es únicamente completar una tarea, sino construir progresivamente una percepción de autonomía: «puedo hacerlo».

Un elemento particularmente interesante es la necesidad de preguntar y obtener retroalimentación durante la formación. El profesional no debería asumir automáticamente que conoce el origen del problema. Una persona que parece tener dificultades con una aplicación puede, en realidad, estar confundida por el proceso completo que hay detrás. Preguntas sencillas como «¿qué parte no coincide con lo que esperabas?» permiten descubrir las verdaderas dificultades y corregir las explicaciones. De esta manera, la interacción se convierte en un proceso bidireccional en el que también el bibliotecario aprende a identificar sus propias suposiciones y a mejorar sus métodos de enseñanza.

El artículo ofrece un ejemplo muy ilustrativo relacionado con el aprendizaje de la fotografía y el envío de imágenes desde un iPhone. El usuario seguía las instrucciones, pero dudaba antes de realizar cada paso. Cuando el instructor preguntó si estaba explicando demasiado deprisa, descubrió que la persona no conocía algunos términos utilizados y necesitaba más tiempo para localizar cada elemento en la pantalla. La solución consistió en reducir el ritmo, explicar una acción cada vez, evitar vocabulario técnico no explicado y ofrecer al usuario la posibilidad de intentar por sí mismo el siguiente paso. Al finalizar, la persona manifestó que creía que podría realizar el procedimiento en casa. Para WebJunction, este resultado es más significativo que la simple resolución de la consulta, porque demuestra que se ha conseguido transferir confianza y autonomía.

Otro ejemplo aborda un problema aparentemente técnico relacionado con la impresión desde el teléfono móvil utilizando la red Wi-Fi de la biblioteca. El usuario no entendía por qué el documento no salía inmediatamente de la impresora después de pulsar «imprimir». El problema no estaba realmente en la utilización de la página web, sino en que la persona tenía un modelo mental diferente del funcionamiento del servicio: esperaba que el documento se imprimiera automáticamente, como ocurría en su domicilio. La explicación del proceso completo —enviar el documento, acudir al mostrador, realizar el pago y liberar la impresión— permitió comprender la lógica del sistema. Además, se explicó que el mecanismo de liberación contribuía a proteger la privacidad de los usuarios. El ejemplo demuestra la importancia de explicar el funcionamiento global de un servicio y no únicamente los pasos técnicos.

En un sentido más amplio, el artículo presenta la alfabetización tecnológica como una tarea educativa y no simplemente asistencial. Las bibliotecas ofrecen cada vez más apoyo para utilizar teléfonos inteligentes, ordenadores, aplicaciones, servicios digitales, sistemas de impresión y otras herramientas tecnológicas. En este contexto, cada consulta individual puede convertirse en una oportunidad para desarrollar competencias que permitan al usuario afrontar nuevos problemas. Esta concepción conecta directamente con la función tradicional de las bibliotecas como espacios de aprendizaje permanente y con su papel en la reducción de las brechas digitales. WebJunction sitúa precisamente la formación de usuarios entre las áreas fundamentales de los servicios bibliotecarios y reúne recursos específicos sobre alfabetización digital y enseñanza a usuarios.

¿Se han convertido las personas mayores en los nuevos adictos a las pantallas?

CBC Radio. “Seniors’ Screen Time Is Catching Up with Younger Generations.” The Current, March 31, 2026. https://www.cbc.ca/radio/thecurrent/seniors-screentime-9.7144850

El tiempo que los adultos mayores pasan frente a las pantallas se está equiparando al de las generaciones más jóvenes. Las tendencias recientes sugieren que ahora son los hijos adultos quienes les dicen a sus padres que dejen los teléfonos.

Un reportaje del programa The Current de CBC analiza cómo las personas mayores en Canadá están incrementando notablemente su tiempo de uso de pantallas, especialmente teléfonos inteligentes, hasta acercarse a patrones tradicionalmente asociados con generaciones más jóvenes. El artículo muestra que el estereotipo del adulto mayor alejado de la tecnología está quedando obsoleto. El crecimiento en la adopción de smartphones, redes sociales y servicios digitales refleja un cambio cultural profundo: las personas mayores no solo usan tecnología, sino que la integran en su vida cotidiana.

Uno de los datos más significativos es el aumento de la posesión de teléfonos inteligentes entre mayores de 65 años. Según la pieza citada por CBC, en 2014 solo una minoría tenía smartphone, mientras que ahora la cifra supera ampliamente la mitad de ese grupo etario. Esto indica que la brecha digital generacional se está reduciendo con rapidez. Las razones son múltiples: los dispositivos son más intuitivos, muchas gestiones esenciales se realizan ya en línea y la presión social o familiar empuja a mantenerse conectados.

El reportaje destaca también el papel de la conexión social. Para muchas personas mayores, el móvil es una herramienta contra la soledad. Permite videollamadas con hijos y nietos, mensajes instantáneos, acceso a grupos comunitarios y seguimiento de amistades mediante redes sociales. Después de la pandemia, estas formas de comunicación se consolidaron como una necesidad más que como un lujo. La tecnología aparece así como un instrumento de acompañamiento emocional y mantenimiento de vínculos afectivos.

Otro aspecto relevante es el uso de pantallas como estimulación cognitiva y entretenimiento. Juegos mentales, lectura digital, noticias, vídeos, música, cursos en línea o aplicaciones de salud ayudan a mantener rutinas activas. En muchos casos, la tecnología facilita la autonomía personal: recordatorios de medicación, mapas, banca digital o compras a domicilio amplían la capacidad de vivir de manera independiente durante más tiempo.

Sin embargo, el reportaje no presenta una visión ingenuamente optimista. También advierte de los riesgos del uso excesivo: peor calidad del sueño, sedentarismo, sobreinformación, dependencia psicológica o sustitución de interacciones presenciales. Estos problemas no afectan solo a jóvenes; las personas mayores también pueden desarrollar hábitos poco saludables relacionados con la hiperconectividad. El debate, por tanto, ya no es si usan tecnología, sino cómo la usan y con qué equilibrio.

La conclusión de CBC apunta a una transformación social más amplia. El envejecimiento contemporáneo está dejando de asociarse exclusivamente con retiro analógico o desconexión digital. Las nuevas generaciones de mayores llegan a esa etapa con décadas de experiencia tecnológica previa y seguirán demandando servicios digitales accesibles. Esto obliga a gobiernos, empresas, bibliotecas y servicios públicos a diseñar herramientas inclusivas, sencillas y respetuosas con la diversidad funcional.

En conjunto, el reportaje desmonta prejuicios sobre la edad y la tecnología. Las personas mayores no están “fuera” del mundo digital: forman parte activa de él, y cada vez con más peso. El verdadero reto no es introducirlas en la tecnología, sino garantizar que esa tecnología mejore su bienestar, autonomía y participación social.

Informe sobre el panorama actual de los programas bibliotecarios para personas mayores.

ALA Public Programs Office. “New Landscape Report on the Current State of Library Programs for Older Adults.” Programming Librarian, March 24, 2026.

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La American Library Association (ALA), a través de su Public Programs Office, ha publicado un nuevo informe panorámico sobre la situación actual de los programas bibliotecarios dirigidos a personas mayores. El documento forma parte de la iniciativa Aging Together: An Evaluation of Library Programming for Older Adults, impulsada junto con la organización Knology y financiada por The John A. Hartford Foundation. El objetivo principal es comprender mejor cómo están respondiendo las bibliotecas al envejecimiento de la población y qué tipo de actividades ofrecen a este colectivo, cada vez más relevante en términos demográficos y sociales.

El informe destaca que las bibliotecas públicas desempeñan un papel esencial como espacios comunitarios para las personas mayores. No solo proporcionan acceso a libros e información, sino que también funcionan como lugares de encuentro, aprendizaje, bienestar y participación social. Para muchas personas jubiladas o en situación de soledad, la biblioteca representa un entorno seguro, accesible y estimulante donde mantenerse activas intelectual y emocionalmente. Esta función cobra especial importancia en sociedades donde aumenta la esperanza de vida y donde el aislamiento social se ha convertido en un problema creciente.

Según la revisión realizada, la mayor parte de los programas bibliotecarios para personas mayores se concentran actualmente en cuatro grandes áreas: ocio, aprendizaje permanente, salud y tecnologías digitales. En el ámbito del ocio aparecen clubes de lectura, actividades culturales, juegos y encuentros sociales. En el aprendizaje permanente se incluyen conferencias, talleres formativos y programas educativos. En salud destacan iniciativas sobre bienestar físico y mental, prevención o recursos asistenciales. Finalmente, la alfabetización digital ocupa un lugar cada vez más central, con cursos sobre uso de móviles, internet, banca electrónica o videollamadas, herramientas esenciales para la vida cotidiana contemporánea.

Uno de los hallazgos más importantes es que, aunque todavía existen pocos datos sistemáticos de evaluación, las evidencias disponibles indican que estos programas generan impactos positivos claros en tres dimensiones. En primer lugar, mejoran conocimientos, habilidades y actitudes, especialmente en competencias digitales o acceso a información sanitaria. En segundo lugar, contribuyen al bienestar físico, mental y emocional de los participantes. En tercer lugar, fortalecen la conexión social y el sentimiento de pertenencia comunitaria, reduciendo la soledad no deseada. Estos beneficios sitúan a la biblioteca como agente de salud comunitaria y cohesión social.

Sin embargo, el informe también señala importantes limitaciones. Muchas iniciativas se desarrollan de forma aislada, como proyectos puntuales o sesiones únicas, sin integrarse en estrategias sostenidas a largo plazo. Además, faltan herramientas específicas para medir el impacto real de estos programas en personas mayores, lo que dificulta identificar buenas prácticas replicables. La literatura profesional sigue siendo escasa y fragmentada, por lo que el sector necesita más investigación aplicada, mejores indicadores y modelos estables de intervención.

Otro aspecto relevante es que el estudio presta atención a áreas todavía poco desarrolladas pero fundamentales para el futuro: apoyo a cuidadores, recursos sobre final de vida, envejecimiento activo, accesibilidad y acompañamiento en procesos complejos de salud o dependencia. Esto refleja una visión más amplia de la biblioteca, entendida no solo como institución cultural, sino como infraestructura social capaz de responder a necesidades humanas diversas a lo largo del ciclo vital.

El documento de 44 páginas actúa como fase preliminar de un informe final previsto para febrero de 2027. Ese trabajo posterior ofrecerá una visión más detallada de lo que hacen actualmente las bibliotecas estadounidenses para atender a las personas mayores y propondrá recomendaciones prácticas y modelos transferibles. En este sentido, el informe actual constituye una llamada de atención: ante el envejecimiento de la población, las bibliotecas tienen una oportunidad estratégica para redefinir su misión social y convertirse en actores clave del bienestar comunitario.

Bibliotecas públicas y aprendizaje para adultos: ampliando posibilidades. Libro blanco.

Public Library Association. Expanding Possibilities: Public Libraries and Adult Learning White Paper. Public Libraries Online, 12 de noviembre de 2025.

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El informe “Expanding Possibilities: Public Libraries and Adult Learning”, elaborado por la Public Library Association (PLA) con el patrocinio de Gale (parte de Cengage Group), analiza cómo las bibliotecas públicas de Estados Unidos están ampliando sus servicios para apoyar el aprendizaje de adultos. A partir de una encuesta nacional a más de 350 bibliotecas, revisión bibliográfica y estudios de caso, el documento identifica tendencias, barreras y estrategias innovadoras que las bibliotecas usan para ayudar a los mayores a adquirir nuevas habilidades, acceder a recursos y alcanzar sus objetivos educativos.

Entre los hallazgos más relevantes, el estudio destaca que las bibliotecas se están convirtiendo en proveedores esenciales de educación para adultos, ofreciendo formación en alfabetización digital, programas de desarrollo profesional, talleres de salud y finanzas, y espacios comunitarios de aprendizaje

El informe también señala que existen obstáculos significativos para la participación: falta de financiación estable, dificultades para evaluar el impacto de los programas y desafíos para mantener asociaciones eficaces. A pesar de ello, muchas bibliotecas están superando estas barreras mediante colaboraciones con otras organizaciones, el diseño de programas adaptados a las necesidades locales y la evaluación constante de sus resultados.

Por otro lado, se subraya la importancia de alinear las acciones de las bibliotecas con las prioridades de aprendizaje de la comunidad, garantizando que los programas respondan a las necesidades reales de los usuarios adultos. Esto implica diseñar ofertas formativas flexibles, accesibles y relevantes, que respondan tanto a demandas profesionales como personales.

Finalmente, la PLA recomienda reforzar la visibilidad de las bibliotecas como instituciones clave para el aprendizaje continuo, abogando por más apoyo institucional, inversiones sostenibles y una evaluación sistemática. De este modo, las bibliotecas pueden consolidarse como piezas fundamentales del ecosistema educativo, ofreciendo oportunidades de aprendizaje a lo largo de toda la vida.

Las personas que viven cerca de una biblioteca dicen sentirse menos solos

 

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Cox, Daniel A. ; Streeter, Ryan «The importance of place: Neighborhood amenities as a source of social connection and trust» American Enterprise Institute, 2019

Ver estudio

 

Ver además

Palacios para el pueblo: por qué las bibliotecas son algo más que libros

 

Los estadounidenses que viven más cerca de parques, bibliotecas, restaurantes y teatros comunitarios están más contentos con su vecindario, confían más en los demás y se sienten menos solos, independientemente de si viven en ciudades grandes, suburbios o pequeñas ciudades o pueblos.

 

El lugar importa. Cuando se les da la opción, la mayoría de las personas prefieren vivir cerca de las cosas fundamentales de la vida de la comunidad: escuelas, tiendas, parques y restaurantes. La gente está dispuesta a pagar más por una casa que está más cerca de los servicios de la comunidad, como las tiendas de comestibles, y la mayoría de los estadounidenses creen que las escuelas, los centros comunitarios y las bibliotecas tienen mucho que ver con el éxito de una comunidad.

Vivir cerca de servicios públicos -desde parques, bibliotecas hasta tiendas de comestibles- aumenta la confianza, disminuye la soledad y restaura la fe en el gobierno local. Un estudio del American Enterprise Institute demuestra que vivir cerca de espacios públicos y comerciales orientados a la comunidad trae una serie de beneficios sociales, como el aumento de la confianza, la disminución de la soledad y un mayor sentido de apego al lugar donde vivimos.

Así, los estadounidenses que viven en comunidades con una gran variedad de servicios en el vecindario tienen más del doble de probabilidades de hablar diariamente con sus vecinos que aquellos otros cuyos vecindario dispone de pocos servicios, una cuestión vital dada la problemática que se vive en Estados Unidos en torno a la soledad en que dicen vivir muchas personas. Sin embargo, las personas que viven en comunidades ricas con grandes comodidades son mucho menos dados a sentirse solos y aislados de los demás, independientemente de si viven en grandes ciudades, suburbios o pueblos pequeños. El 55% por ciento de los estadounidenses que viven en suburbios de bajo nivel  social dicen padecer  un alto grado de soledad, contrariamente, menos de un tercio de los habitantes de suburbios con servicios públicos a su alcance dicen sentirse solos.

Estos hallazgos se basan en una encuesta representativa a nivel nacional que midió la cercanía de los estadounidenses a seis tipos diferentes de espacios públicos y comerciales como: supermercados, restaurantes, bares o cafeterías, gimnasios o gimnasios, cines, boleras u otros lugares de entretenimiento como parques o centros recreativos, centros comunitarios y bibliotecas.

Incluso después de tener en cuenta la clase social, la educación, el género y la raza de un individuo, el acceso a los servicios públicos produce sentimientos de satisfacción con la comunidad, confianza social y menor aislamiento social.

 

Para las personas mayores poseer un teléfono inteligente significa libertad

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Anderson, M. (2015). For vast majority of seniors who own one, a smartphone equals ‘freedom’, Pew Research, 2015.

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Según un informe del Pew Research Center publicado a principios de este mes sobre personas mayores y teléfonos inteligentes “For vast majority of seniors who own one, a smartphone equals ‘freedom’”, realizado por Monica Anderson para Pew Research, para ellos poseer de un teléfono móvil significa libertad.

Cuando se trata de la adopción de tecnología, las personas mayores en general van por detrás de aquellos que son más jóvenes. Pero para los estadounidenses mayores de 65 años que poseen un teléfono inteligente, que tienen uno en su bolsillo es una experiencia liberadora. Es cierto que, en general, los estadounidenses mayores son menos dados a estar en línea, tener banda ancha en el hogar o poseer un dispositivo móvil. Lo mismo se aplica a los teléfonos inteligentes: Sólo una cuarta parte (27%) de los adultos mayores de 65 años los poseen, en comparación con el 85% de los estadounidenses entre 18 y 29 años. Un estudio anterior de Pew Research “ Older Adults and Technology Use“ encontró que las tasas de adopción de nuevas tecnologías son más bajas entre las personas de la tercera edad y estos porcentajes suele estar relacionados con las barreras físicas, formativas y mentales propias de la edad. Entre estas se incluyen condiciones médicas que hacen que sea difícil para algunos de los más mayores usar ciertas tecnologías o dispositivos. El escepticismo sobre los beneficios de la tecnología y la falta de alfabetización digital son otros elementos de disuasión citados por los adultos mayores.

Pero eso no quiere decir que los mayores estadounidenses no están ampliando sus experiencias digitales. En 2014, por primera vez, más de la mitad de las personas mayores en línea indicó que usan Facebook: el 56% de los adultos mayores de 65 años lo hacen, frente al 45% del año anterior. El uso de Internet y la adopción de banda ancha siguen aumentando entre los adultos mayores, y aunque sigue habiendo una gran diferencia en relación a la edad en la propiedad de smartphone, la proporción de adultos mayores que son dueños de un teléfono inteligente se ha incrementado en 8 puntos porcentuales desde principios de 2014. Además, los estadounidenses mayores que usan internet tienden a tener actitudes muy positivas sobre el impacto del acceso a información como un aspecto importante para sus vidas,incluyendo en esta cifra el acceso que les proporcionan los teléfonos inteligentes.

Preguntados por si sienten que su teléfono representa “libertad” o “dependencia”, el 82% de las personas mayores de propietarios de smartphones considera su teléfono como “libertad”, en comparación con el 64% de edades entre 18 y 29. Por el contrario, 36% de los propietarios de teléfonos inteligentes de edad en torno a los 30 años describió su teléfono como una dependencia; es decir, el doble del 18% de los adultos mayores de 65 años que eligieron este término para describir su teléfono.

Del mismo modo, cuando se le preguntó que describieran su smartphone como “conexión” o como “distracción”, las personas mayores son significativamente más propensos a elegir “conexión” como el mejor descriptor. Por otra parte, los usuarios de teléfonos inteligentes más jóvenes optan con el el doble de porcentaje que los adultos de edad avanzada a considerar su teléfono como “distracción” (37% vs. 18%).

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Los adultos más jóvenes tienden a utilizar sus teléfonos para una gama más amplia de propósitos (redes sociales, contenido de la creación, multimedia) y son mucho más inclinados a considerar su teléfono como una forma de aliviar el aburrimiento. Por el contrario, los adultos mayores, tienden a usar sus teléfonos para una gama más reducida de tareas, generalmente funciones especialmente básicas de comunicación como llamadas de voz, mensajes de texto y correo electrónico. Para ellos los teléfonos inteligentes son a menudo el dispositivo a través del cual se comunican con sus allegados y les cuentan los sucesos o los logros de su vida cotidiana, lo que podría ayudar a explicar por qué estos usuarios son más dados a transmitir por el teléfono móvil sus emociones y sentimientos.