Palacios para el pueblo: por qué las bibliotecas son algo más que libros

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The New York Public library, founded in 1895. Photograph: Max Touhey Photography/NYPL

 

 

Del Libro: Klinenberg, Eric. Palaces for the people: : how social infrastructure can help fight inequality, polarization, and the decline of civic life. New York: Penguin Randon House, 2018

 

 

“En la biblioteca, todo el mundo es bienvenido -así que las bibliotecas pueden ayudar a sanar nuestra sociedad dividida y desigual-“, afirma Eric Klinenberg, sociólogo de la Universidad de Nueva York  en este extracto editado de su nuevo libro, Palaces for the people.

 

En una mañana soleada de jueves de finales de marzo en el barrio de New Lots del este de Nueva York, Brooklyn. Pequeños grupos de hombres de mediana edad bromean en las afueras de las cafeterías y en las escaleras de las pequeñas casas de ladrillo adosadas, que son tan comunes en la zona. Las madres y las abuelas empujan cochecitos de bebés y cuidan a los niños en edad preescolar que saltan y se divierten animados por el calor inusual de este día invierno. Las aceras se han despertado.

La vida callejera en el este de Nueva York es ajetreada, pero no siempre agradable. El distrito es uno de los más pobres de la ciudad, con cerca de la mitad de los residentes viviendo por debajo del umbral de la pobreza. También es uno de los más segregados. Casi el 95% de los residentes son negros o latinos, y sólo el 1% son blancos. El distrito también se encuentra entre los vecindarios más violentos de la ciudad de Nueva York, con niveles especialmente altos de homicidios, delitos graves y agresiones sexuales.

Los científicos sociales a menudo atribuyen la frase “socialmente aislada” a esta zona del este de Nueva York, porque su ubicación periférica y las limitadas opciones de transporte público restringen el acceso a oportunidades en otras partes de la ciudad, mientras que las personas que no viven allí tienen pocas razones para visitarla y fuertes incentivos para mantenerse alejadas. Condiciones como estas son malas para todos, pero las investigaciones muestran que son particularmente graves para las personas mayores, enfermas y frágiles, que habitualmente son más dados a no salir de sus apartamentos.

Vivir en un lugar como el este de Nueva York requiere el desarrollo de estrategias de supervivencia, y para muchos residentes, en particular para los más vulnerables, los mayores y los más jóvenes, la clave es encontrar refugios seguros. Y en esta y todas las mañanas de los jueves de esta primavera, muchos residentes que de otra manera se quedarían solos en casa se reunirán en el servicio público más utilizado del vecindario: la biblioteca de la sucursal de New Lots.

Las bibliotecas no son el tipo de instituciones que la mayoría de los científicos sociales, formuladores de políticas y líderes comunitarios suelen poner de relieve cuando debaten sobre el capital social y cómo construirlo. Pero ofrecen algo para todos, sin importar si son ciudadanos, residentes permanentes o incluso delincuentes convictos, y todo ello de forma gratuita. Investigando en la ciudad de Nueva York, aprendí que las bibliotecas y su infraestructura social son esenciales no sólo para la vitalidad de un barrio, sino también para amortiguar todo tipo de problemas personales, incluyendo el aislamiento y la soledad.

Los servicios y programas adicionales que ofrecen a las personas mayores son particularmente importantes. A partir de 2016, más de 12 millones de estadounidenses de 65 años o más viven solos, y las cifras de los que envejecen solos están creciendo constantemente en gran parte del mundo. Aunque la mayoría de las personas en esta situación son socialmente activas, el riesgo de aislamiento es alto. En los vecindarios donde la delincuencia es alta o la infraestructura social es escasa, es más probable que las personas mayores se queden solas en sus hogares, simplemente porque carecen de lugares atractivos a los que ir….

… La infraestructura social proporciona el marco y el contexto para la participación social, y la biblioteca es una de las formas más críticas de infraestructura social que tenemos. Pero también es una de los más infravalorados.

En los últimos años, la modesta disminución de la circulación de libros impresos en algunas partes del país ha llevado a algunos críticos a argumentar que la biblioteca ya no cumple su función histórica como lugar para la educación pública y el mejoramiento social. Políticos electos con otras prioridades de gasto argumentan que las bibliotecas del siglo XXI ya no necesitan los recursos que una vez comandaron porque en Internet la mayoría de los contenidos son gratuitos. Arquitectos y diseñadores deseosos de erigir nuevos templos del conocimiento dicen que las bibliotecas deberían ser reutilizadas para un mundo en el que los libros están digitalizados y en el que gran parte de la cultura pública está en línea.

Muchas bibliotecas públicas necesitan renovaciones, particularmente las sucursales de los vecindarios. Pero el problema al que se enfrentan las bibliotecas no es que la gente ya no las visite ni saque libros. Al contrario es tanta la gente que las está utilizando, para una variedad tan amplia de propósitos, que los sistemas de biblioteca y sus empleados se encuentran desbordados.

Según una encuesta realizada en 2016 por el Pew Research Center, cerca de la mitad de todos los estadounidenses de 16 años o más utilizaron una biblioteca pública, y dos tercios dicen que cerrar su sucursal local tendría un “gran impacto en su comunidad”. En muchos vecindarios el riesgo de tales cierres es palpable, porque tanto los edificios de las bibliotecas locales como los sistemas que los sostienen no cuentan con fondos suficientes y están sobrecargados.

En la ciudad de Nueva York, la circulación de las bibliotecas ha aumentado, la asistencia a los programas ha aumentado, las sesiones de los programas han aumentado y el número promedio de horas que la gente pasa en las bibliotecas también ha aumentado. Pero la ciudad de Nueva York no tiene una cultura bibliotecaria, ni considera que sea una prioridad nacional. Esas consideraciones pertenecen a otros lugares como Seattle, que lidera la mayor circulación de documentos per cápita, o Columbia que tiene el nivel más alto de asistencia a programas, donde cinco de cada 10.000 residentes participan en actividades bibliotecarias cada año. También, la ciudad de Nueva York también ocupa un lugar bajo en el gasto gubernamental per cápita por biblioteca. La biblioteca pública de Nueva York recibe 32 dólares por cada residente, al igual que la de Austin y Chicago, pero lejos de los 101 dólares que recibe la biblioteca pública de San Francisco por cada residente.

Los sistemas de bibliotecas urbanas en los Estados Unidos han sido durante mucho tiempo asociaciones público-privadas, y los gobiernos de las ciudades han confiado en los filántropos para financiar gran parte del trabajo de la biblioteca. Aún así, es difícil entender por qué la mayoría de las ciudades dan tan poco apoyo público a sus bibliotecas. Según informes recientes del Pew Research Center, más del 90% de los estadounidenses consideran que su biblioteca es “muy” o “algo” importante para su comunidad, y en la última década “todas las demás instituciones importantes (gobierno, iglesias, bancos, corporaciones) han caído en la estima pública, excepto las bibliotecas, los militares y los equipos de intervención inmediata”.

A pesar de este apoyo, en los últimos años las ciudades y los suburbios de todo Estados Unidos han recortado los fondos para las bibliotecas, y en algunos casos las han cerrado por completo, porque los políticos a menudo las ven como lujos, no como necesidades. Cuando llegan tiempos difíciles son a los primeras instituciones a las que recortan el presupuesto.

Hoy en día, podemos tener todas las razones para sentirnos atomizados y alienados, desconfiados y asustados. Pero algunos lugares tienen el poder de unirnos, y son precisamente las bibliotecas uno de los lugares donde más fácilmente establecemos lazos sociales todos y cada uno de los días del año.

Nuestras comunidades están llenas de niños cuyo futuro se formará en los lugares donde van a aprender sobre sí mismos y sobre el mundo que heredarán. Merecen palacios. Que los consigan o no depende de nosotros.

 

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