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Salud mental y redes sociales: los países endurecen las restricciones para proteger a los menores

Teenager holding a smartphone beside newspaper about social media rules for minors
A teenager considers social media safety while a parent reads about proposed protections for minors.

Servín, Alba. “Salud mental: ¿Por qué en algunos países están restringiendo el uso de redes sociales en menores?”. El Economista, 13 de agosto de 2026. Artículo original en El Economista

Los niños y adolescentes constituyen uno de los grupos de población más conectados. En México, por ejemplo, más del 90 % de los adolescentes utiliza Internet, mientras que, a escala mundial, los jóvenes de entre 15 y 24 años son el grupo de edad con mayor conectividad. Este nivel de exposición ha incrementado la preocupación por el tiempo que los menores pasan consumiendo contenidos digitales y, especialmente, por su acceso a contenidos que pueden no ser adecuados para su edad.

La cuestión ha dejado de plantearse exclusivamente como un problema de control parental. Cada vez más gobiernos consideran que las propias plataformas digitales deben asumir una responsabilidad en la protección de los menores. Por ello se está produciendo un desplazamiento desde las recomendaciones a las familias hacia leyes que establecen edades mínimas, sistemas de verificación y obligaciones para las empresas tecnológicas.

La preocupación por la salud mental

Uno de los argumentos centrales procede de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que ha advertido de un fuerte incremento del uso problemático y compulsivo de las redes sociales entre adolescentes y lo considera un factor relevante para la salud mental. El artículo relaciona este fenómeno con problemas como ansiedad, depresión, aislamiento social, trastornos del sueño, deterioro del rendimiento académico y dificultades relacionadas con la imagen corporal.

Especial importancia tiene la pérdida de sueño. El uso de redes sociales puede prolongarse durante la noche y sustituir horas de descanso, mientras que las notificaciones y la necesidad de comprobar continuamente nuevos contenidos dificultan la desconexión. El problema, por tanto, no sería únicamente cuántas horas utiliza un adolescente el móvil, sino qué actividades realiza, qué contenidos consume y hasta qué punto la plataforma está diseñada para mantenerlo conectado.

El diseño de las plataformas también está en el punto de mira

Este es uno de los aspectos más interesantes del artículo. La preocupación no se dirige únicamente al comportamiento de los jóvenes, sino al diseño tecnológico de las redes sociales. La OMS identifica mecanismos como el desplazamiento infinito, las notificaciones y los algoritmos destinados a retener la atención como elementos que pueden favorecer patrones de uso compulsivo.

Esto introduce una cuestión importante: si determinadas plataformas están construidas para maximizar el tiempo de permanencia y la interacción, ¿hasta qué punto puede responsabilizarse únicamente al menor de su utilización excesiva? El debate regulatorio comienza así a trasladarse desde el usuario hacia las propias empresas tecnológicas.

Ciberacoso, autolesiones y explotación

Los riesgos tampoco se limitan a la adicción. El artículo señala la exposición de los menores al ciberacoso, contenidos relacionados con autolesiones, abuso y explotación sexual en línea. La facilidad para acceder a determinados contenidos y la posibilidad de interactuar con desconocidos hacen que las redes sociales constituyan un entorno especialmente complejo para niños y adolescentes.

Por eso la discusión sobre la edad mínima no pretende únicamente reducir el tiempo de conexión. También busca retrasar la exposición de los menores a determinados riesgos digitales durante una etapa de desarrollo en la que todavía están adquiriendo herramientas para gestionar la presión social, la información y las relaciones digitales.

¿Qué están haciendo los diferentes países?

El artículo muestra que las respuestas son diversas:

  • Australia ha adoptado una de las medidas más contundentes: prohibición de las redes sociales para menores de 16 años en determinadas plataformas, acompañada de multas para las empresas que no impidan el acceso.
  • Francia ha establecido límites para menores de 15 años y ha introducido restricciones al uso de teléfonos móviles en los institutos.
  • Reino Unido está actuando también sobre las características potencialmente adictivas de las plataformas, además de establecer restricciones de acceso para menores.
  • En la Unión Europea, países como España, Dinamarca y Austria avanzan hacia sistemas que establecerían edades mínimas de acceso —aproximadamente entre 14 y 16 años— y mecanismos de verificación de edad.
  • En Estados Unidos, diferentes estados han aprobado sus propias normas; el artículo menciona específicamente Florida.
  • En Asia, países como Indonesia, Vietnam y Malasia han establecido restricciones para menores de 16 años. Vietnam presenta una fórmula particular: los menores pueden conservar cuentas, pero tienen limitaciones para publicar, comentar o reaccionar.
  • España aparece dentro de la tendencia europea hacia una regulación más estricta. El debate se centra especialmente en determinar una edad mínima y establecer mecanismos fiables de verificación de edad. El problema técnico y jurídico es considerable: no basta con declarar que un usuario tiene determinada edad; las plataformas necesitan mecanismos que permitan

¿Se han convertido las personas mayores en los nuevos adictos a las pantallas?

CBC Radio. “Seniors’ Screen Time Is Catching Up with Younger Generations.” The Current, March 31, 2026. https://www.cbc.ca/radio/thecurrent/seniors-screentime-9.7144850

El tiempo que los adultos mayores pasan frente a las pantallas se está equiparando al de las generaciones más jóvenes. Las tendencias recientes sugieren que ahora son los hijos adultos quienes les dicen a sus padres que dejen los teléfonos.

Un reportaje del programa The Current de CBC analiza cómo las personas mayores en Canadá están incrementando notablemente su tiempo de uso de pantallas, especialmente teléfonos inteligentes, hasta acercarse a patrones tradicionalmente asociados con generaciones más jóvenes. El artículo muestra que el estereotipo del adulto mayor alejado de la tecnología está quedando obsoleto. El crecimiento en la adopción de smartphones, redes sociales y servicios digitales refleja un cambio cultural profundo: las personas mayores no solo usan tecnología, sino que la integran en su vida cotidiana.

Uno de los datos más significativos es el aumento de la posesión de teléfonos inteligentes entre mayores de 65 años. Según la pieza citada por CBC, en 2014 solo una minoría tenía smartphone, mientras que ahora la cifra supera ampliamente la mitad de ese grupo etario. Esto indica que la brecha digital generacional se está reduciendo con rapidez. Las razones son múltiples: los dispositivos son más intuitivos, muchas gestiones esenciales se realizan ya en línea y la presión social o familiar empuja a mantenerse conectados.

El reportaje destaca también el papel de la conexión social. Para muchas personas mayores, el móvil es una herramienta contra la soledad. Permite videollamadas con hijos y nietos, mensajes instantáneos, acceso a grupos comunitarios y seguimiento de amistades mediante redes sociales. Después de la pandemia, estas formas de comunicación se consolidaron como una necesidad más que como un lujo. La tecnología aparece así como un instrumento de acompañamiento emocional y mantenimiento de vínculos afectivos.

Otro aspecto relevante es el uso de pantallas como estimulación cognitiva y entretenimiento. Juegos mentales, lectura digital, noticias, vídeos, música, cursos en línea o aplicaciones de salud ayudan a mantener rutinas activas. En muchos casos, la tecnología facilita la autonomía personal: recordatorios de medicación, mapas, banca digital o compras a domicilio amplían la capacidad de vivir de manera independiente durante más tiempo.

Sin embargo, el reportaje no presenta una visión ingenuamente optimista. También advierte de los riesgos del uso excesivo: peor calidad del sueño, sedentarismo, sobreinformación, dependencia psicológica o sustitución de interacciones presenciales. Estos problemas no afectan solo a jóvenes; las personas mayores también pueden desarrollar hábitos poco saludables relacionados con la hiperconectividad. El debate, por tanto, ya no es si usan tecnología, sino cómo la usan y con qué equilibrio.

La conclusión de CBC apunta a una transformación social más amplia. El envejecimiento contemporáneo está dejando de asociarse exclusivamente con retiro analógico o desconexión digital. Las nuevas generaciones de mayores llegan a esa etapa con décadas de experiencia tecnológica previa y seguirán demandando servicios digitales accesibles. Esto obliga a gobiernos, empresas, bibliotecas y servicios públicos a diseñar herramientas inclusivas, sencillas y respetuosas con la diversidad funcional.

En conjunto, el reportaje desmonta prejuicios sobre la edad y la tecnología. Las personas mayores no están “fuera” del mundo digital: forman parte activa de él, y cada vez con más peso. El verdadero reto no es introducirlas en la tecnología, sino garantizar que esa tecnología mejore su bienestar, autonomía y participación social.

OpenAI prepara un móvil con agentes de IA que podría sustituir a las aplicaciones

Porter, Jon. “OpenAI’s Rumored Phone Would Replace Apps With AI Agents.” CNET, 27 de abril de 2026. https://www.cnet.com/tech/services-and-software/openais-rumored-phone-would-replace-apps-with-ai-agents/?utm_source=flipboard&utm_content=user%2Fcnet

El nuevo móvil de OpenAI no sería simplemente otro teléfono, sino un intento de redefinir cómo interactuamos con la tecnología móvil. Si el proyecto prospera, podría marcar el paso de la era de las aplicaciones a la era de los asistentes autónomos.

Un nuevo rumor sugiere que OpenAI estaría explorando el desarrollo de un teléfono inteligente diseñado en torno a agentes de inteligencia artificial, en lugar del modelo tradicional basado en aplicaciones. La información procede de filtraciones atribuidas al analista Ming-Chi Kuo y apunta a un dispositivo que transformaría por completo la experiencia móvil: en vez de abrir apps individuales para pedir comida, reservar viajes, responder mensajes o gestionar tareas, el usuario simplemente formularía una petición y una IA se encargaría de ejecutar todo el proceso.

La idea central consiste en sustituir la interfaz fragmentada actual —dominado por iconos y plataformas separadas— por una experiencia conversacional unificada. Así, el teléfono funcionaría como un asistente permanente capaz de coordinar servicios externos, aprender rutinas personales y actuar con autonomía. Este enfoque encaja con la tendencia creciente hacia los llamados “AI agents”, sistemas capaces de tomar decisiones, encadenar acciones y completar tareas complejas con mínima intervención humana.

Según las informaciones disponibles, Qualcomm y MediaTek podrían colaborar en el desarrollo de procesadores especializados, mientras que Luxshare sería un socio industrial clave para la fabricación. La producción masiva no comenzaría antes de 2028, lo que indica que el proyecto estaría todavía en una fase temprana.

El posible dispositivo tendría implicaciones enormes para el mercado tecnológico. En la actualidad, Apple y Google controlan gran parte del ecosistema móvil mediante sus tiendas de aplicaciones y sistemas operativos. Un teléfono donde la IA media directamente entre usuario y servicios podría debilitar ese modelo económico basado en apps, suscripciones y comisiones.

También existe escepticismo. El fracaso comercial de productos recientes como asistentes portátiles centrados en IA ha demostrado que no basta con incorporar inteligencia artificial para reemplazar al smartphone tradicional. Además, para triunfar, OpenAI necesitaría ofrecer una experiencia claramente superior en privacidad, fiabilidad, batería y utilidad cotidiana.

Nuestros teléfonos móviles tienen un rastreador secreto y está activado

MakeUseOf. I didn’t realize my phone was tracking this by default. Publicado el 31 de enero de 2026 en MakeUseOf.com https://www.makeuseof.com/didnt-realize-phone-was-tracking-this-by-default/

Cada vez que una persona toma una fotografía con su teléfono móvil, el dispositivo guarda automáticamente información adicional conocida como datos EXIF.

Estos datos incluyen aspectos técnicos como el modelo de la cámara y sus ajustes, pero también pueden contener la ubicación exacta donde se tomó la foto, registrada mediante coordenadas GPS. Esta función viene activada por defecto en la mayoría de los teléfonos, por lo que muchas personas no son conscientes de que sus imágenes contienen información tan precisa sobre su ubicación.

El problema de los datos EXIF es que cualquiera con acceso a la imagen puede extraer esa información usando herramientas disponibles en internet y ver en un mapa el lugar exacto donde se tomó la fotografía. Esto representa un riesgo para la privacidad, especialmente cuando las fotos se comparten fuera de redes sociales, como por correo electrónico o aplicaciones de mensajería. En el caso de los niños y adolescentes, el riesgo es mayor, ya que suelen compartir imágenes sin conocer las consecuencias de revelar su ubicación.

Afortunadamente, tanto en Android como en iPhone es posible desactivar el guardado de la ubicación en la cámara desde los ajustes de privacidad. Al hacerlo, las fotos ya no incluirán coordenadas GPS. Sin embargo, esta opción no siempre es conveniente mantenerla desactivada de forma permanente, ya que aplicaciones como Google Fotos o Apple Fotos utilizan la ubicación para organizar imágenes por lugares y facilitar su búsqueda.

Por esta razón, se recomienda activar o desactivar el registro de ubicación según la situación. Si se van a compartir fotos con personas desconocidas o en contextos poco seguros, desactivar esta función ayuda a proteger la privacidad. En cambio, cuando se desea aprovechar las ventajas de organización y recuerdo que ofrece la geolocalización, se puede volver a activar sin problemas.

Aunque la tecnología de seguimiento de ubicación puede ser muy útil, es importante que los usuarios tengan control sobre la información que sus dispositivos recopilan y comparten. Conocer cómo funcionan los datos EXIF y saber gestionar la configuración de privacidad permite encontrar un equilibrio entre comodidad y seguridad, evitando riesgos innecesarios al compartir fotografías.

Jóvenes y teléfonos móviles en las aulas

Alonso Cano, Cristina, y Gustavo Herrera Urízar, eds. Jóvenes y teléfonos móviles en las aulas: discursos y dinámicas de prohibición, promoción e indeterminación. Barcelona: Octaedro, 2025. ISBN 9788410791428. Acceso abierto.

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La obra Jóvenes y teléfonos móviles en las aulas: discursos y dinámicas de prohibición, promoción e indeterminación examina, desde una perspectiva interdisciplinaria y crítica, el papel de los teléfonos móviles en la educación secundaria en España en el contexto de la revolución digital del siglo XXI. El texto parte de la constatación de que los teléfonos inteligentes han transformado profundamente la manera en que los jóvenes acceden a la información y se relacionan con su entorno, lo que ha generado discursos, políticas y prácticas muy contrapuestas en torno a su presencia en las aulas. Esta diversidad de posturas conforma el eje del estudio, que articula análisis conceptuales, normativos y experienciales sobre la cuestión.

A través de los distintos capítulos, coordinados por Cristina Alonso Cano y Gustavo Herrera Urízar en el marco del proyecto de investigación US’MOV (Jóvenes y móviles en el aula), el libro aborda tanto las políticas educativas y normativas oficiales como los discursos de políticos, asesores y representantes de empresas tecnológicas, así como las reflexiones y evidencias que ofrece la comunidad científica sobre los efectos pedagógicos y sociales de estos dispositivos. Este enfoque permite comprender cómo se construyen y tensiones las narrativas de prohibición frente a las de promoción del uso tecnológico, y cómo esas narrativas influyen en las prácticas escolares.

El texto también incorpora las voces directas de los principales actores educativos: las familias, el alumnado y el profesorado, ofreciendo un panorama plural de experiencias, motivaciones, preocupaciones y expectativas sobre el uso de móviles en contextos de enseñanza. Estas aportaciones cualitativas revelan que, para muchos jóvenes, el móvil constituye una herramienta central de socialización e información, mientras que, para docentes y familias, su gestión plantea desafíos en términos de atención, convivencia y aprendizaje.

¿Las prohibiciones de teléfonos móviles en las escuelas ayudan a los estudiantes a rendir mejor?

Wharton School, Knowledge at Wharton. “Do School Cell Phone Bans Help Students Do Better?Knowledge at Wharton, Universidad de Pensilvania, publicado en línea. https://knowledge.wharton.upenn.edu/article/do-school-cell-phone-bans-help-students-do-better/

Basado en más de 20 000 encuestas de educadores recopiladas a través del proyecto Phones in Focus, los datos iniciales muestran que las políticas más estrictas de prohibición de teléfonos en los centros educativos se asocian con menos distracciones y una mayor satisfacción docente, ya que los profesores reportan menos interrupciones a la hora de enseñar y una reducción de la atención del alumnado hacia sus dispositivos en momentos académicos.

Los encuestados, compuestos mayoritariamente por docentes de educación primaria y secundaria, señalan que las prohibiciones totales durante el horario escolar ayudan a disminuir las distracciones y a indirectamente favorecer un clima más centrado en el aprendizaje. Duckworth explica que cuando los teléfonos están completamente fuera del aula y no disponibles, los estudiantes tienden a interactuar más entre sí y a concentrarse en el trabajo escolar, lo cual mejora el ambiente general de la clase y la percepción de efectividad pedagógica.

No obstante, el artículo también matiza que los resultados son aún preliminares: los investigadores planean correlacionar las respuestas de la encuesta con medidas objetivas de rendimiento educativo, como calificaciones, asistencia, puntuaciones en pruebas estandarizadas y compromiso estudiantil a lo largo del año escolar, antes de hacer recomendaciones definitivas. La ambición del proyecto Phones in Focus es poder ofrecer orientaciones basadas en datos para que los distritos escolares ajusten sus políticas de uso de teléfonos de manera informada para el curso 2025-2026.

En el contexto global, y aunque no forma parte del artículo de Wharton, otros estudios aportan una visión más matizada: investigaciones en Europa han encontrado beneficios modestos de las prohibiciones completas de teléfonos móviles sobre el rendimiento académico, especialmente entre estudiantes con bajo rendimiento, mientras que otros trabajos sugieren que las prohibiciones por sí solas no bastan para mejorar resultados si no se integran en estrategias educativas amplias.

Cómo los padres gestionan el tiempo frente a pantallas de sus hijos

Pew Research Center. How Teens and Parents Approach Screen Time. Pew Research, 2025

El estudio de Pew Research analiza las actitudes y comportamientos respecto al uso de pantallas entre adolescentes (13 a 17 años) y sus padres en Estados Unidos. Para ello, encuestaron a 1 453 adolescentes y sus padres entre el 26 de septiembre y el 23 de octubre de 2023, usando muestras ponderadas para ser representativas por edad, género, etnia e ingresos.

Desde YouTube hasta smartphones y tablets, la tecnología forma parte de la vida de los niños. Los chatbots de IA también forman parte de esta dinámica. Si bien los padres se esfuerzan por gestionar el tiempo de pantalla, el 42 % afirma que podría hacerlo mejor.

Los resultados muestran que la mayoría de los padres están preocupados por el impacto del tiempo de pantalla en la salud física, mental y social de sus hijos. Sin embargo, también reconocen los beneficios educativos y de entretenimiento que ofrecen las tecnologías digitales.

Uno de los hallazgos principales es que el 66 % de los padres afirman establecer límites claros sobre el tiempo que sus hijos pueden dedicar a pantallas, especialmente a videojuegos y redes sociales. No obstante, existe una notable variabilidad según la edad de los niños: los padres de adolescentes son menos estrictos que los de niños pequeños. Además, un 54 % de los padres confiesa que sus hijos superan ocasionalmente esos límites, lo que refleja la dificultad de mantener el control constante en un entorno tecnológico cada vez más ubicuo.

El informe también destaca el papel de los dispositivos móviles: el 80 % de los niños mayores de 10 años posee o utiliza habitualmente un teléfono inteligente. Muchos padres se muestran ambivalentes ante ello: por un lado, valoran la posibilidad de mantenerse en contacto; por otro, les preocupa la exposición a contenidos inapropiados y la dependencia digital. En respuesta, algunos adoptan medidas como el control parental, la supervisión de redes sociales o la limitación del acceso nocturno a los dispositivos.

En cuanto a la percepción general, el 72 % de los padres considera que la tecnología digital es una herramienta esencial para el aprendizaje, pero el 61 % teme que esté afectando negativamente la atención y las habilidades sociales de los niños. La mayoría coincide en que enseñar un uso equilibrado y responsable es tan importante como establecer límites temporales.

Disminución de la capacidad de concentración en la sociedad actual y cómo las bibliotecas están ayudando

EveryLibrary. «Distracted Minds: The Modern-Day Epidemic and How Libraries Are HelpingEveryLibrary, 1 de diciembre de 2023. https://action.everylibrary.org/distracted_minds_the_modern_day_epidemic_and_how_libraries_are_helping.

Se aborda el fenómeno de la disminución de la capacidad de concentración en la sociedad actual, comparando la atención humana con la de un pez dorado. Se destaca cómo la cultura contemporánea, caracterizada por la gratificación instantánea y el entretenimiento rápido, ha contribuido a esta epidemia de distracción. Además, se menciona que la prevalencia de la tecnología, los videos de internet de formato corto y las redes sociales han empeorado la situación, resultando en una disminución drástica del tiempo de atención promedio humano en los últimos años.

El impacto final de la distracción epidémica es que las personas ya no tienen tiempo para hacer las cosas que les encantan. Y cuando lo hacen, a menudo les falta energía. Después de meses o incluso años de seguir el ritmo al que se nos anima a trabajar, nos sentimos agotados y agotados, lo que afecta no solo nuestra capacidad de atención, sino también nuestra capacidad de asimilar y apreciar las pequeñas cosas de la vida.

Aunque muchas personas optan por maldecir a los teléfonos inteligentes y olvidarse del asunto, minimizan la realidad del problema y, en última instancia, dificultan enormemente su verdadera solución. El auge de los teléfonos inteligentes es un factor importante, sí, pero también es un síntoma en sí mismo.

En esencia, el problema radica en un cambio cultural en el que la velocidad se valora por encima de todo. Se te anima a hacer todo lo posible en el trabajo. Luego, al llegar a casa estás cansado, así que preparas una comida rápida. Después, puedes sentirte demasiado agotado para dedicarte a aficiones complejas, así que, en su lugar, te limitas a navegar por tus redes sociales hasta la hora de dormir.

Entonces, ¿qué podemos hacer para remediar el problema? Como ocurre con muchos problemas similares, la solución es mucho más sencilla de lo que cabría esperar, y las bibliotecas de nuestras comunidades desempeñan un papel fundamental.

Para contrarrestar este problema, el artículo propone una solución sencilla: la práctica de la atención plena o mindfulness. Las bibliotecas desempeñan un papel fundamental en este proceso, ofreciendo programas y recursos que ayudan a las personas a cultivar la calma y mejorar su concentración. Por ejemplo, la Biblioteca del Condado de Los Ángeles organiza talleres de mindfulness para visitantes de todas las edades, enseñando a las personas a desconectarse de los factores estresantes y distracciones de la vida cotidiana. Además, las bibliotecas sirven como espacios ideales para practicar estas habilidades, al albergar eventos comunitarios que permiten a los visitantes desacelerar, conocer a nuevos miembros de la comunidad y disfrutar de la presencia de los demás.

Más estadounidenses respaldan limitar el uso del teléfono móvil en las aulas escolares

Gottfried, J., Park, E., & Anderson, M. (2025, 16 de julio). Americans’ support for school cellphone bans has ticked up since last year. Pew Research Center. Recuperado de https://www.pewresearch.org/short-reads/2025/07/16/americans-support‑for‑school‑cellphone‑bans‑has‑ticked‑up‑since‑last‑year/

El informe de Pew Research Center de julio de 2025 muestra un crecimiento claro en el respaldo a la limitación del uso del móvil en las escuelas, tanto durante las clases como en la jornada completa. Esta tendencia refleja una mayor conciencia sobre los impactos negativos del uso excesivo de los teléfonos en el entorno educativo, aunque el debate sigue abierto debido a las diferencias por edad, raza, ideología política y percepciones sobre la autoridad. La mayoría cree que limitar el uso del móvil mejorará aspectos sociales, conductuales y académicos, aunque la cuestión de la seguridad sigue siendo un punto de fricción.

En julio de 2025, un informe del Pew Research Center reveló que el apoyo de los estadounidenses a la prohibición del uso de teléfonos móviles en las escuelas ha aumentado notablemente respecto al año anterior. Un 74 % de los encuestados se mostró a favor de prohibir que los estudiantes de secundaria y bachillerato usen sus móviles durante las clases, frente al 68 % registrado en 2024. Este incremento refleja una creciente preocupación por los efectos negativos de la tecnología en el entorno educativo y un deseo cada vez más generalizado de restaurar un clima de atención plena en las aulas. Además, el apoyo a una prohibición más estricta —que abarque toda la jornada escolar, incluyendo recreos y comidas— también ha crecido, pasando del 36 % al 44 % en solo un año. A pesar de este aumento, un 46 % aún se opone a una restricción total, lo que sugiere que existe un debate activo en torno a los límites razonables de estas medidas (Pew Research Center, 2025).

El respaldo a estas prohibiciones varía notablemente según la edad. Aunque el apoyo ha crecido entre los adultos jóvenes de entre 18 y 29 años —pasando del 45 % al 57 % en el caso de la prohibición en clase—, sigue siendo menor que el mostrado por los adultos mayores. En concreto, el 83 % de los mayores de 50 años y el 71 % de quienes tienen entre 30 y 49 apoyan la prohibición en el aula. Este patrón se repite en el caso de las restricciones durante todo el horario escolar: los jóvenes son menos propensos a respaldarlas, lo cual puede interpretarse como un reflejo de su mayor integración digital y su percepción de que los móviles forman parte esencial de su vida social y cotidiana. También se aprecian diferencias significativas por raza y etnia: adultos blancos (79 %) y asiáticos (78 %) muestran un mayor nivel de acuerdo con la prohibición en clase que los adultos hispanos (65 %) y negros (59 %). En cuanto a la restricción total, el 48 % de los blancos y el 42 % de los asiáticos la respaldan, frente al 39 % de los hispanos y el 29 % de los negros, lo cual podría relacionarse con factores culturales y percepciones distintas sobre el papel del móvil como herramienta de seguridad o conexión (Pew Research Center, 2025).

  • 74 % de los adultos estadounidenses apoyan prohibir el uso de móviles durante las clases en escuelas secundarias y bachilleratos (68 % en 2024).
  • 44 % está a favor de una prohibición total (todo el horario escolar, incluidos recreos y almuerzos), frente al 36 % en 2024.
  • 46 % se opone a esta prohibición total.

La afiliación política también influye en las actitudes hacia estas medidas. Aunque tanto republicanos como demócratas muestran altos niveles de apoyo a la prohibición del móvil durante las clases (78 % y 71 % respectivamente), se observan diferencias en cuanto a la jornada completa: el 50 % de los republicanos lo apoya frente al 39 % de los demócratas. Estas diferencias también se reflejan en la percepción del papel del gobierno: un 36 % de los encuestados cree que las autoridades están siendo demasiado permisivas con los móviles en la escuela, mientras que un 29 % opina que están siendo demasiado estrictas. Estas cifras cambian según el grupo: los jóvenes de 18 a 29 años (46 %) y los adultos negros (42 %) son los más preocupados por una posible sobrerregulación, mientras que los republicanos son los que más temen una falta de control (41 %) en comparación con los demócratas (32 %) (Pew Research Center, 2025).

Por otra parte, la mayoría de los adultos considera que una prohibición total tendría efectos positivos en el alumnado. Más de dos tercios creen que mejorarían las habilidades sociales, el rendimiento académico y el comportamiento en el aula, lo que refuerza la percepción de que el uso excesivo del móvil puede estar deteriorando la calidad del aprendizaje y las relaciones interpersonales en los centros educativos. Sin embargo, la opinión está más dividida cuando se trata de la seguridad física: solo el 37 % cree que mejoraría con estas restricciones, mientras que el 23 % considera que empeoraría y el 39 % no cree que haya cambios significativos. Esta ambivalencia indica que muchos padres y adultos consideran que el móvil puede seguir siendo una herramienta útil en casos de emergencia, especialmente en un contexto de preocupación por la seguridad escolar (Pew Research Center, 2025).

Este informe se inscribe en un contexto más amplio en el que varios estados de EE.UU. han empezado a legislar sobre el tema. Iniciativas en lugares como Tennessee e Illinois están promoviendo leyes que restringen o eliminan el uso de móviles en las escuelas, y en algunos distritos, como uno de Dallas, se han documentado mejoras notables tras la aplicación de estas medidas: se redujo el acoso escolar y aumentaron los resultados en las pruebas estandarizadas. La implementación de bolsas bloqueadoras de señal, como las de la marca Yondr, se está extendiendo como estrategia para evitar el uso del móvil sin retirárselo a los estudiantes, ofreciendo una solución intermedia que mantiene la accesibilidad en casos necesarios (Houston Chronicle, 2025).

La conectividad a internet móvil sigue creciendo a nivel mundial, pero persisten barreras para 3.45 mil millones de personas no conectadas.

The State of Mobile Internet Connectivity Report 2024. GSMA, 2024

Texto completo

El informe de GSMA «State of Mobile Internet Connectivity 2024» revela que, aunque el acceso a internet móvil sigue creciendo globalmente, 3.45 mil millones de personas (43% de la población mundial) aún no lo utilizan. Si bien 4.6 mil millones de personas (57% de la población) ya usan internet móvil, el crecimiento de nuevos usuarios ha disminuido. La brecha de uso es más amplia que la de cobertura, con 3.1 mil millones de personas viviendo en áreas con cobertura pero sin utilizar internet móvil, principalmente debido a la falta de dispositivos asequibles y habilidades digitales.

La región menos conectada es África Subsahariana, con solo el 27% de la población utilizando servicios de internet móvil. Se estima que cerrar esta brecha de uso aportaría 3.5 billones de dólares al PIB global entre 2023 y 2030, beneficiando principalmente a los países de ingresos bajos y medios. Para lograr un acceso universal, se necesitan 418 mil millones de dólares en infraestructura.

Las principales barreras en los países de ingresos bajos y medios incluyen la asequibilidad de dispositivos y la falta de habilidades digitales, afectando especialmente a los más pobres. A pesar de los avances, persisten preocupaciones sobre seguridad, costos y experiencia de conectividad. GSMA enfatiza la necesidad de colaboración entre gobiernos, operadores móviles y organizaciones internacionales para superar estas barreras y promover una inclusión digital significativa.

El último informe describe la brecha general de conectividad, que es la combinación de las brechas de uso y cobertura, y sus hallazgos incluyen:

  • 4.6 mil millones de personas (57% de la población mundial) ahora usan internet móvil en sus propios dispositivos.
  • 350 millones de personas (4% de la población mundial) viven en áreas remotas sin redes de internet móvil (la brecha de cobertura).
  • 3.1 mil millones de personas (39% de la población mundial) viven en áreas con cobertura de internet móvil, pero no lo utilizan (la brecha de uso). La brecha de uso es nueve veces mayor que la brecha de cobertura.
  • La región menos conectada a nivel global es África Subsahariana, donde solo el 27% de la población utiliza servicios de internet móvil, lo que deja una brecha de cobertura del 13% y una brecha de uso del 60%.