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Hacia un estándar global para declarar el uso de la inteligencia artificial en la investigación científica

Weaver, Kari D.; Seghers, Bert; McNeice, Kiera; Perkins, Mike; Santamarina, Sergio; Lingard, Lorelei; Tsybuliak, Natalia; Dijstal, Felix. «Guest Post — Research Needs a Shared Standard for AI Disclosure.» The Scholarly Kitchen, 13 de julio de 2026. The Scholarly Kitchen (artículo original)

El artículo sostiene que la investigación científica necesita con urgencia un estándar internacional y compartido para declarar el uso de herramientas de inteligencia artificial (IA) durante todo el ciclo de investigación.

Los autores argumentan que la aparición de modelos generativos como ChatGPT ha modificado profundamente la forma en que los investigadores redactan textos, analizan datos, revisan literatura, programan o traducen documentos. Sin embargo, mientras la adopción de estas herramientas se ha generalizado, las normas para informar sobre su utilización continúan siendo fragmentarias, inconsistentes y, en muchos casos, inexistentes. Esta falta de uniformidad genera incertidumbre entre autores, revisores, editores e instituciones y pone en riesgo principios esenciales de la integridad científica, como la transparencia, la reproducibilidad y la responsabilidad sobre los resultados publicados.

Los autores defienden que la declaración del uso de la IA debe entenderse como una práctica equiparable a la divulgación de las fuentes de financiación, los conflictos de interés o las contribuciones de terceros. En su opinión, informar sobre la utilización de herramientas de IA no debe interpretarse como una admisión de debilidad o una sospecha de mala conducta, sino como una manifestación de buenas prácticas científicas. No obstante, diversos estudios muestran que muchos investigadores evitan revelar el uso de estas tecnologías por temor a que disminuya la credibilidad de sus trabajos o influya negativamente en los procesos de evaluación editorial. Este fenómeno ha creado una importante «brecha de divulgación»: aunque la IA ya forma parte de las prácticas habituales de investigación, una proporción significativa de autores nunca informa sobre su utilización al publicar sus resultados.

Para afrontar este problema, el artículo describe la iniciativa impulsada desde la World Conferences on Research Integrity (WCRI), que ha creado un grupo de trabajo internacional con el apoyo de organizaciones como el International Science Council (ISC), COPE, STM y la Global Young Academy. El objetivo consiste en desarrollar un estándar de referencia mundial para la declaración del uso de IA, inspirado en modelos ampliamente aceptados como las normas de Vancouver para publicaciones biomédicas. El proceso se basa en varias rondas de consulta internacional dirigidas a investigadores, editores, responsables de integridad científica y otros actores del ecosistema académico, con el propósito de construir un consenso amplio antes de proponer un marco definitivo.

Los resultados preliminares de la primera consulta muestran que existe un amplio consenso sobre la necesidad de establecer reglas claras, aunque también revelan importantes desafíos. Los participantes coinciden en que cualquier sistema de declaración debe ser suficientemente flexible para adaptarse a disciplinas muy diversas y evitar imponer cargas administrativas excesivas a los investigadores. Asimismo, consideran fundamental determinar con precisión qué aspectos deben declararse, cuál debe ser el nivel adecuado de detalle y cómo integrar esa información en los manuscritos y en las infraestructuras editoriales existentes. También se debatió ampliamente cuál debe ser el verdadero propósito de estas declaraciones: facilitar la reproducibilidad de la investigación, reforzar la transparencia ética, mejorar la rendición de cuentas o combinar todos estos objetivos simultáneamente.

Otro de los mensajes centrales del artículo es que el uso de la inteligencia artificial no debe ser estigmatizado. Los autores sostienen que las herramientas de IA representan una nueva generación de tecnologías avanzadas, pero que los principios clásicos de la integridad científica siguen siendo plenamente aplicables. La responsabilidad última sobre el contenido científico continúa recayendo en los investigadores humanos, independientemente de las herramientas empleadas durante el proceso. Por ello, las declaraciones sobre IA deberían proporcionar únicamente la información necesaria para que revisores y lectores puedan valorar si las contribuciones de estas herramientas podrían haber influido en la fiabilidad de los métodos, los resultados o las conclusiones del estudio, evitando exigir una documentación innecesariamente detallada que dificulte la investigación.

Finalmente, los autores anuncian la apertura de nuevas rondas de consulta durante la segunda mitad de 2026 y principios de 2027 con el objetivo de perfeccionar una propuesta de estándar global. Subrayan que el éxito de esta iniciativa dependerá de la participación activa de investigadores, universidades, editoriales, financiadores y organismos de integridad científica de todo el mundo. Solo mediante un consenso internacional será posible establecer un sistema de divulgación que promueva la confianza en la investigación, facilite la evaluación de los trabajos científicos y permita integrar la inteligencia artificial en la ciencia de forma responsable, transparente y compatible con los principios fundamentales de la investigación académica.

La inteligencia artificial se convierte en una nueva fuente de información sanitaria para los estadounidenses

Lardinois, F. (2026). US adults use AI for health information now. ZDNET, julio de 2026. Basado en los resultados de la encuesta KFF Tracking Poll on Health Information and Trust: Use of AI for Health Information and Advice. https://www.zdnet.com/article/us-adults-use-ai-for-health-information-now/?utm_source=flipboard&utm_content=user%2FZDNet

La inteligencia artificial está consolidándose como una herramienta habitual para buscar información sobre salud entre la población estadounidense. El artículo de ZDNET, apoyado en una encuesta de la Kaiser Family Foundation (KFF), muestra que un número creciente de ciudadanos utiliza asistentes conversacionales basados en IA para resolver dudas relacionadas con síntomas, enfermedades, tratamientos y bienestar emocional.

Lejos de ser un fenómeno marginal, la consulta a herramientas como ChatGPT y otros chatbots comienza a formar parte de los hábitos cotidianos de búsqueda de información sanitaria, especialmente entre los usuarios más jóvenes, que ven en estos sistemas una forma rápida y accesible de obtener explicaciones médicas antes o después de acudir a un profesional.

Los datos revelan importantes diferencias generacionales. Más de un tercio (36 %) de los adultos de entre 18 y 29 años afirma haber utilizado herramientas de IA durante el último año para obtener información sobre su salud física, mientras que cerca de un 28 % las ha empleado para cuestiones relacionadas con la salud mental o el bienestar emocional. La utilización disminuye de forma progresiva con la edad, lo que refleja que la adopción de estas tecnologías está estrechamente vinculada con la familiaridad digital de los usuarios. La encuesta también indica que quienes recurren a la IA no suelen hacerlo para sustituir al médico, sino para comprender mejor un diagnóstico, interpretar resultados clínicos, preparar preguntas para una consulta o recibir explicaciones redactadas en un lenguaje más sencillo.

El artículo destaca que esta tendencia abre nuevas oportunidades para mejorar el acceso a la información sanitaria, pero también plantea riesgos importantes. La facilidad con la que los modelos de lenguaje generan respuestas puede llevar a algunos usuarios a otorgarles un grado de confianza excesivo, pese a que estas herramientas pueden cometer errores, ofrecer información desactualizada o producir afirmaciones falsas con gran apariencia de credibilidad. La propia KFF subraya que la inteligencia artificial debe entenderse como un recurso complementario y no como un sustituto del asesoramiento proporcionado por profesionales sanitarios cualificados.

Otra cuestión relevante es la creciente preocupación por la desinformación. Estudios recientes citados por ZDNET muestran que los usuarios que recurren con mayor frecuencia a chatbots para obtener información médica presentan una mayor probabilidad de aceptar afirmaciones falsas sobre vacunas y otros temas de salud pública. Aunque la relación observada es de correlación y no demuestra que la IA cause esas creencias, el fenómeno pone de manifiesto la importancia de desarrollar competencias de alfabetización digital y pensamiento crítico para interpretar adecuadamente las respuestas generadas por estos sistemas.

El reportaje también llama la atención sobre la privacidad. Las consultas médicas suelen contener información extremadamente sensible y, dependiendo de la plataforma utilizada, esos datos pueden almacenarse o emplearse para mejorar futuros modelos. Por ello, los expertos recomiendan revisar cuidadosamente las políticas de privacidad de cada servicio y evitar introducir datos personales identificables cuando no sea imprescindible. Paralelamente, el creciente uso de herramientas de IA por parte de médicos y hospitales está impulsando nuevos debates regulatorios sobre seguridad, consentimiento informado y protección de la información clínica.

En conjunto, el artículo refleja una transformación significativa en la manera en que los ciudadanos acceden al conocimiento sanitario. La inteligencia artificial ofrece rapidez, disponibilidad permanente y capacidad para adaptar las explicaciones al nivel de comprensión del usuario, cualidades que explican su rápida adopción. Sin embargo, su integración en el ámbito de la salud dependerá de que se mantenga un equilibrio entre innovación, fiabilidad, protección de la privacidad y supervisión profesional. La IA se perfila como un valioso complemento para la educación sanitaria y la toma de decisiones informadas, pero no como un reemplazo del juicio clínico ni de la relación entre pacientes y profesionales de la salud.

El 91 % de los estudiantes de último curso en Yale ya utiliza inteligencia artificial para sus trabajos académicos: la universidad frente a una nueva realidad educativa

Yale Daily News. “91 Percent of Senior Class Has Used AI for Schoolwork, News Survey Finds.” Yale Daily News, 16 de mayo de 2026. Disponible en: Yale Daily News

Un reciente estudio publicado por el periódico universitario Yale Daily News revela un dato que confirma hasta qué punto la inteligencia artificial generativa se ha integrado en la vida académica contemporánea: el 91 % de los estudiantes que integran la promoción 2026 de Yale University ha utilizado herramientas de inteligencia artificial para realizar algún tipo de trabajo académico durante su etapa universitaria.

La encuesta, realizada de manera anónima entre 172 estudiantes de último curso, ofrece una radiografía muy significativa sobre cómo tecnologías como ChatGPT y otros sistemas de IA han dejado de ser una novedad experimental para convertirse en parte habitual del ecosistema educativo universitario.

Los resultados muestran que únicamente un 9,1 % de los encuestados afirmó no haber utilizado nunca herramientas de inteligencia artificial en tareas relacionadas con sus estudios. La mayoría, concretamente un 67,5 %, declaró emplearlas de manera ocasional, frecuente o muy frecuente, lo que evidencia que el uso de estas tecnologías ha alcanzado niveles de normalización impensables apenas tres años atrás, cuando la irrupción pública de modelos generativos como ChatGPT abrió un intenso debate internacional sobre plagio, autoría, originalidad y el futuro mismo del aprendizaje universitario. La generación que se gradúa en 2026 aparece así como la primera cohorte académica que ha convivido plenamente con la IA durante gran parte de su formación superior.

La encuesta también permite observar cómo se utiliza concretamente la inteligencia artificial en el trabajo universitario. Más del 75 % de los estudiantes reconoció haber empleado estas herramientas para resolver ejercicios o problem sets, una práctica especialmente extendida en disciplinas técnicas, matemáticas y científicas. Un 64 % admitió utilizar IA para ayudar en la redacción de ensayos o trabajos escritos, mientras que uno de los datos más llamativos señala que casi la mitad de los estudiantes —48,5 %— afirmó haber usado inteligencia artificial incluso para colaborar en la elaboración de su tesis final o senior thesis, un tipo de trabajo que tradicionalmente representa la culminación intelectual individual del proceso universitario. Este dato plantea interrogantes profundos sobre cómo deberán redefinirse en el futuro conceptos como esfuerzo individual, originalidad académica o evaluación del aprendizaje.

Más allá de las cifras, el estudio refleja un cambio cultural profundo dentro de la educación superior. La universidad, históricamente concebida como un espacio donde se desarrollan capacidades de análisis crítico, escritura autónoma y construcción gradual del conocimiento, se enfrenta ahora a una tecnología capaz de automatizar precisamente parte de esos procesos cognitivos. Esto genera una paradoja cada vez más visible: mientras muchas instituciones educativas mantienen restricciones severas sobre el uso de inteligencia artificial por considerarla una amenaza para la integridad académica, el mercado laboral empieza simultáneamente a exigir competencias avanzadas en el manejo de estas herramientas. De esta forma, los estudiantes viven en un escenario contradictorio donde lo que en el aula puede considerarse una forma de hacer trampa, en el ámbito profesional comienza a verse como una habilidad necesaria.

Diversos estudios complementarios publicados durante 2026 confirman que el caso de Yale no es una excepción aislada sino parte de una tendencia global. Investigaciones de organizaciones como Gallup muestran que una mayoría creciente de estudiantes universitarios utiliza inteligencia artificial semanalmente para comprender conceptos complejos, revisar ejercicios, mejorar textos, resumir apuntes o desarrollar ideas para trabajos académicos. Paralelamente, una parte importante del profesorado expresa preocupación creciente por el posible deterioro de habilidades fundamentales como la escritura autónoma, el pensamiento crítico o la capacidad de razonamiento independiente, elementos que tradicionalmente constituyen la esencia misma del aprendizaje universitario.

En definitiva, el caso de Yale University ilustra con claridad que la educación superior se encuentra en medio de una transformación estructural sin precedentes. La pregunta central ya no parece ser si los estudiantes utilizan inteligencia artificial, porque las cifras demuestran que su adopción es prácticamente universal, sino cómo deberán adaptarse las universidades para integrar esta nueva realidad sin sacrificar los principios fundamentales del aprendizaje. Más que prohibir o aceptar acríticamente estas tecnologías, el verdadero desafío educativo del futuro inmediato será redefinir qué significa aprender, crear conocimiento y demostrar competencia intelectual en una era donde la inteligencia artificial se ha convertido en una extensión cotidiana del trabajo humano.

La mitad de los adultos de Estados Unidos nunca ha utilizado un chatbot de inteligencia artificial

Gottfried, Jeffrey, William Bishop, Monica Anderson, Michelle Faverio, Eugenie Park y Colleen McClain. 2026. “Americans and AI 2026: Chatbots, Smart Devices and Views on Impact – Why don’t people use chatbots?” Pew Research Center, 17 de junio de 2026. https://www.pewresearch.org/internet/2026/06/17/why-dont-people-use-chatbots/

El informe analiza por qué una parte significativa de la población adulta en Estados Unidos no utiliza chatbots de inteligencia artificial como ChatGPT, Gemini o Copilot, a pesar de su creciente presencia en la vida cotidiana. Los resultados proceden de una encuesta representativa realizada a más de 5.000 adultos estadounidenses, lo que permite identificar patrones claros de adopción, rechazo y percepción social de estas herramientas.

El informe de Pew Research Center (17 de junio de 2026) muestra un panorama muy claro sobre la adopción de los chatbots de inteligencia artificial: su uso está lejos de ser universal y la principal explicación no es tecnológica, sino cultural y actitudinal.

En términos generales, los datos indican que el 51% de los adultos en Estados Unidos no ha usado nunca chatbots de IA, frente a un 49% que sí los ha utilizado al menos una vez. Esta división casi simétrica refleja que la tecnología está extendida, pero todavía no plenamente integrada en la vida cotidiana de la población.

Cuando se analizan las razones del no uso, el factor más importante es el desinterés, señalado por un 83% de los no usuarios. Es decir, la mayoría no rechaza activamente la tecnología, sino que simplemente no la percibe como necesaria o útil en su día a día. A esto se suma un componente de desconfianza estructural, ya que un 76% duda de la exactitud de la información que generan los chatbots, lo que limita su valor como herramienta informativa o de apoyo. En paralelo, aparece una preocupación muy marcada por la privacidad y el uso de datos personales (79%), lo que evidencia una sensibilidad creciente hacia el impacto de la inteligencia artificial en la esfera privada.

Junto a estos factores principales, el estudio también identifica barreras secundarias: un 55% declara no saber cómo usarlos, lo que apunta a ciertos déficits de alfabetización digital, aunque no son el obstáculo dominante. En cambio, la presión social o el miedo al juicio ajeno apenas influye, ya que solo un 14% menciona este motivo.

Las expectativas de futuro refuerzan esta tendencia de estancamiento. Un 67% de los no usuarios considera poco o nada probable que empiece a utilizarlos en los próximos 12 meses, lo que sugiere que la brecha de adopción podría mantenerse estable a corto plazo, sin una incorporación masiva inminente.

Los datos revelan que la no adopción de chatbots no responde a una falta de acceso tecnológico, sino a una combinación de desinterés mayoritario, desconfianza en la fiabilidad de la IA y preocupación por la privacidad, lo que configura un escenario en el que la expansión de estas herramientas depende tanto de su mejora técnica como de su aceptación social.

La falsa percepción del uso de IA: cuando creer que todos la usan termina haciendo que todos la usen

Fasiang, Kristin, y Jill Barshay. 2026. “Is Everyone Using AI? How False Perceptions Can Become Self-Fulfilling.” MindShift (KQED) / The Hechinger Report, 8 de junio de 2026. https://www.kqed.org/mindshift/66379/is-everyone-using-ai-how-false-perceptions-can-become-self-fulfilling

El artículo aborda una cuestión clave en el contexto actual de la educación superior: no se sabe con precisión cuántos estudiantes utilizan realmente herramientas de inteligencia artificial como ChatGPT, y esa incertidumbre está influyendo tanto en la percepción social como en las políticas universitarias.

El punto de partida es un estudio realizado en la Universidad de Chicago con 338 estudiantes de grado. Los resultados muestran una discrepancia significativa: el 60 % afirma utilizar herramientas de IA, mientras que el 90 % cree que la mayoría de sus compañeros también las usa. Esta diferencia de 30 puntos plantea varias posibilidades: que los estudiantes subestimen su propio uso, que sobreestimen el de los demás o ambas cosas simultáneamente. En cualquier caso, el resultado es una visión distorsionada del fenómeno.

Los investigadores señalan que esta distorsión puede estar provocada por la llamada “sesgo de deseabilidad social”. Es decir, los estudiantes pueden no declarar con sinceridad su uso de IA porque consideran que admitirlo podría asociarse con pereza, falta de esfuerzo o incluso deshonestidad académica. En entrevistas complementarias, algunos estudiantes equiparan el uso de IA con no ser capaz de realizar el trabajo por sí mismos, lo que refuerza el estigma y favorece el ocultamiento.

Sin embargo, el artículo también plantea una explicación alternativa: la sobreestimación del uso de IA entre compañeros. Dado que estas herramientas son muy visibles en la vida cotidiana universitaria —pantallas abiertas con ChatGPT, conversaciones sobre su uso, referencias constantes en clase— los estudiantes pueden asumir que su uso es mucho más generalizado de lo que realmente es. Esta combinación de invisibilidad del uso real y visibilidad del discurso genera un efecto de “normalización percibida”.

El texto conecta este fenómeno con un concepto bien conocido en ciencias sociales: la “ignorancia pluralista”. Este ocurre cuando las personas creen erróneamente que los demás se comportan de manera distinta (generalmente más extrema o más frecuente) que la realidad. Un paralelismo clásico se observa en el consumo de alcohol o drogas en campus universitarios, donde los estudiantes suelen sobrestimar cuánto beben o consumen sus compañeros.

Estas percepciones erróneas no son inocuas. El artículo recuerda que en estudios sobre salud pública se ha demostrado que cuando los estudiantes creen que “todo el mundo bebe”, tienden a beber más ellos mismos. Es decir, la percepción social puede convertirse en una profecía autocumplida. Si los estudiantes creen que el uso de IA es casi universal, pueden sentirse presionados a adoptarlo para no quedarse atrás, aunque en realidad no sea tan extendido.

En este sentido, los investigadores advierten de un riesgo importante para las universidades: diseñar políticas sobre inteligencia artificial basadas en suposiciones y no en datos fiables. Si las instituciones asumen que la IA es omnipresente sin evidencias sólidas, podrían establecer normas excesivamente restrictivas o, por el contrario, demasiado permisivas.

El artículo también sugiere que las universidades podrían aprender de estrategias aplicadas en salud pública. En el caso del alcohol, algunas campañas dejaron de enfatizar el problema del consumo excesivo y empezaron a comunicar datos reales que mostraban que la mayoría de estudiantes bebía con moderación. Esta corrección de percepciones contribuyó a reducir comportamientos de riesgo.

Finalmente, el texto concluye que la gestión del uso de la IA en educación no solo depende de normas tecnológicas o académicas, sino también de cómo se construyen las percepciones sociales. Si los estudiantes creen que el uso de IA es la norma absoluta, esa creencia puede moldear su comportamiento, independientemente de la realidad estadística. Por ello, los autores subrayan la necesidad de investigar mejor estos patrones y comunicar datos más precisos para evitar dinámicas de presión social y uso inducido.

Declaración del uso de inteligencia artificial en la redacción de artículos académicos y tesis

Cabrera Huaycochea, Daril. 2025. Declaración del uso de inteligencia artificial en la redacción de artículos académicos y tesis: Hacia un estándar ético y transparente para la producción científica en la era de los modelos de lenguaje de gran escala. ResearchGate. Consultado el 30 de mayo de 2026.

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La expansión de los modelos de lenguaje de gran escala, como GPT, Claude o Gemini, ha transformado profundamente la producción académica, facilitando tareas como la redacción, la síntesis bibliográfica y la revisión textual. Sin embargo, este avance tecnológico no ha ido acompañado de normas homogéneas para declarar su utilización, generando importantes desafíos éticos relacionados con la transparencia, la autoría y la evaluación del mérito académico. El artículo de analiza esta problemática y propone un marco estandarizado para la declaración del uso de inteligencia artificial en artículos científicos y tesis.

El autor examina las políticas adoptadas por algunas de las principales instituciones y editoriales científicas internacionales, entre ellas arXiv, Elsevier, Nature y el Comité de Ética en Publicaciones (COPE). Aunque existen diferencias en los procedimientos, todas coinciden en dos principios fundamentales: las herramientas de inteligencia artificial no pueden ser consideradas autoras de trabajos académicos y cualquier utilización relevante debe ser declarada de manera explícita. Estas organizaciones subrayan que la responsabilidad sobre la exactitud, integridad y ética de los contenidos recae siempre en los autores humanos.

Uno de los principales aportes del trabajo es la formulación de una taxonomía de cuatro niveles de declaración. El Nivel 1 corresponde a trabajos elaborados sin IA generativa; el Nivel 2 contempla el uso de herramientas para corrección gramatical y estilística; el Nivel 3 incluye la generación de borradores, síntesis o análisis supervisados por los autores; y el Nivel 4 se refiere a aquellos casos en los que la IA participa de forma sustancial en la estructura argumentativa o conceptual del trabajo. El objetivo de esta clasificación no es juzgar moralmente los distintos usos de la tecnología, sino ofrecer un marco de transparencia que permita comprender el grado de intervención tecnológica en cada investigación.

El artículo también proporciona modelos prácticos de declaración para revistas científicas y tesis universitarias. Estas plantillas buscan facilitar la adopción de estándares comunes que permitan describir qué herramientas se utilizaron, en qué fases del proceso participaron y qué mecanismos de revisión humana se aplicaron posteriormente. Según el autor, la normalización de estas declaraciones contribuiría a reducir la ambigüedad normativa y fomentaría una cultura de integridad académica basada en la transparencia y la responsabilidad.

Se presta especial atención al contexto latinoamericano, donde identifica importantes desafíos relacionados con la desigualdad en el acceso a tecnologías avanzadas, la obsolescencia de los reglamentos universitarios y los sesgos lingüísticos de los modelos entrenados principalmente en inglés. Ante esta situación, propone que las universidades actualicen sus normativas y distingan claramente entre el uso declarado de la inteligencia artificial y el fraude académico por ocultamiento u omisión. La conclusión central del trabajo es que el verdadero debate no debe centrarse en prohibir o permitir la IA, sino en garantizar que su utilización sea transparente, verificable y compatible con los principios fundamentales de la integridad científica.

La mayoría de los estudiantes universitarios utilizan IA a pesar de que sus instituciones desaconsejan su uso

Lumina Foundation y Gallup. State of Higher Education Study. 2025. https://www.gallup.com/file/analytics/704279/Lumina-Foundation-Gallup-SOHE_AI_Report.pdf

El avance de la inteligencia artificial en la educación superior se ha consolidado con una rapidez que contrasta con la lentitud institucional para regular su uso. Un estudio reciente de la Lumina Foundation y Gallup revela que la mayoría de los estudiantes universitarios emplea herramientas como ChatGPT, Microsoft Copilot y Google Gemini de forma habitual en sus tareas académicas.

En concreto, el 57 % afirma utilizarlas diaria o semanalmente, mientras que solo un 13 % declara no usarlas nunca. Sin embargo, más de la mitad de los estudiantes (53 %) indica que sus instituciones desaconsejan o prohíben su uso, y un 52 % señala la ausencia de directrices claras en al menos algunas de sus asignaturas. Este desajuste evidencia una brecha significativa entre la práctica estudiantil y la normativa académica.

En cuanto a los motivos de uso, los estudiantes recurren a la inteligencia artificial principalmente como herramienta de apoyo al aprendizaje. Entre quienes la utilizan al menos mensualmente, el 86 % destaca su utilidad para comprender materiales complejos, mientras que otros beneficios señalados incluyen el ahorro de tiempo (76 %), la mejora del rendimiento académico (70 %) y la preparación para el futuro profesional (65 %). Las aplicaciones más comunes consisten en resolver dudas sobre contenidos difíciles y verificar respuestas en tareas, actividades que al menos seis de cada diez usuarios realizan con frecuencia semanal o diaria. Por otro lado, quienes evitan estas herramientas lo hacen mayoritariamente por razones éticas: el 74 % considera su uso como una forma de hacer trampa, y el 68 % menciona las restricciones institucionales, frente a un reducido 14 % que alude a la falta de conocimientos técnicos.

A pesar de la expansión del uso de la IA, las políticas universitarias no han evolucionado al mismo ritmo. Solo un 7 % de los estudiantes afirma que su institución fomenta activamente el uso de estas herramientas, mientras que el 42 % señala que se desaconsejan en la mayoría de los casos y un 11 % indica que están prohibidas. No obstante, incluso en contextos restrictivos, el uso persiste: el 48 % de los estudiantes en instituciones que lo desaconsejan continúa utilizándolas semanalmente, al igual que el 27 % en aquellas donde están prohibidas. Además, la claridad normativa es desigual: únicamente el 51 % de los estudiantes de universidades de cuatro años y el 43 % de los de instituciones de dos años afirman que todas sus asignaturas cuentan con políticas claras sobre inteligencia artificial.

El impacto de la IA trasciende el ámbito académico y alcanza las expectativas laborales de los estudiantes. Casi la mitad (47 %) reconoce haber considerado cambiar de carrera debido a la influencia de la inteligencia artificial en el mercado laboral, y un 16 % afirma haberlo hecho ya. Asimismo, un 12 % señala que esta preocupación ha influido en su decisión de acceder a la educación superior. Aunque el 58 % considera adecuada la formación recibida en inteligencia artificial, cerca de tres de cada diez estudiantes creen que es insuficiente, cifra que aumenta en instituciones con políticas más restrictivas.

En conjunto, los resultados ponen de manifiesto un momento crítico para las instituciones educativas, que deben decidir si abordar la inteligencia artificial como un problema de control o como una oportunidad pedagógica. La evidencia sugiere que, con marcos normativos adecuados, la IA podría integrarse como una herramienta clave para el aprendizaje y la preparación profesional, en lugar de limitarse a ser objeto de prohibición.

Cómo usan y perciben los adolescentes la inteligencia artificial

Pew Research Center. 2026. “How Teens Use and View AI.” 24 de febrero de 2026.

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El estudio del Pew Research Center ofrece una radiografía detallada de cómo los adolescentes estadounidenses (entre 13 y 17 años) están incorporando la inteligencia artificial en su vida cotidiana, especialmente a través de chatbots como herramientas multifuncionales.

Uno de los hallazgos principales es la rápida adopción de estas tecnologías: una mayoría significativa de adolescentes ya utiliza chatbots, con cerca de tres de cada diez haciéndolo a diario. Su uso no se limita a la curiosidad tecnológica, sino que está profundamente integrado en actividades prácticas, destacando la búsqueda de información (57%) y el apoyo en tareas escolares (54%) como los usos más frecuentes, seguidos del entretenimiento (47%).

En el ámbito educativo, la IA se está convirtiendo en una herramienta habitual, aunque con diferentes niveles de dependencia. Una minoría de estudiantes (alrededor del 10%) reconoce realizar la mayor parte de sus tareas con ayuda de chatbots, mientras que otros los utilizan de manera más ocasional. Los usos concretos incluyen la investigación de temas, la resolución de problemas —especialmente en matemáticas—, la síntesis de textos complejos y la edición de escritos. A pesar de las preocupaciones sobre el posible impacto en la integridad académica, la mayoría de los adolescentes considera que estas herramientas son útiles: aproximadamente la mitad afirma que les ayudan de forma significativa o moderada en sus estudios, frente a una proporción mínima que las percibe como poco útiles.

Más allá del ámbito académico, el informe revela que la inteligencia artificial también está entrando en esferas más personales. Aunque la mayoría de los adolescentes no utiliza chatbots para interacción emocional, una proporción relevante sí lo hace: un 16% mantiene conversaciones informales y un 12% recurre a ellos en busca de apoyo emocional o consejo. Este dato ha generado preocupación entre padres, educadores y expertos, ya que sugiere una posible transformación en las formas de socialización y en la gestión del bienestar emocional de los jóvenes.

El estudio también analiza las percepciones y actitudes hacia la inteligencia artificial. En general, los adolescentes muestran una visión más optimista que pesimista respecto al impacto futuro de la IA en sus vidas, considerándola una herramienta con potencial positivo, aunque no exenta de riesgos. Esta percepción convive con una creciente conciencia sobre problemas como el uso indebido en contextos educativos (incluido el fraude académico), la fiabilidad de la información generada o los efectos en habilidades cognitivas y creativas. Además, se observan diferencias según variables demográficas como género, nivel socioeconómico o contexto familiar, lo que indica que la experiencia con la IA no es homogénea.

El informe también incorpora la perspectiva de los padres, evidenciando una brecha entre la percepción adulta y la experiencia real de los adolescentes. Mientras aproximadamente la mitad de los padres cree que sus hijos utilizan chatbots, los datos muestran que el uso es en realidad más extendido entre los jóvenes. Asimismo, los padres tienden a aceptar el uso de la IA para fines académicos o informativos, pero muestran mayor rechazo cuando se trata de usos emocionales o sociales. En conjunto, el estudio pone de manifiesto que la inteligencia artificial ya forma parte del ecosistema cotidiano de los adolescentes, configurando nuevas dinámicas de aprendizaje, interacción y construcción del conocimiento, al tiempo que plantea desafíos educativos, éticos y sociales de gran alcance.

Estudio de Pew Research sobre el uso educativo de la IA

El informe de Pew confirma que la inteligencia artificial ya forma parte del entorno académico de los adolescentes. Más que prohibir o ignorar estas herramientas, el reto educativo consiste en enseñar a utilizarlas con criterio, integrándolas en los procesos de aprendizaje sin renunciar al pensamiento crítico, la integridad académica y la evaluación rigurosa de la información. Las bibliotecas y los profesionales de la información aparecen, así, como actores estratégicos para guiar a las nuevas generaciones en este nuevo ecosistema de conocimiento mediado por algoritmos.

El artículo analiza los resultados de un reciente informe del Pew Research Center sobre la relación entre los adolescentes y las herramientas de inteligencia artificial, especialmente los chatbots generativos. El estudio, basado en una encuesta a más de 1.400 jóvenes de entre 13 y 17 años en Estados Unidos, muestra que la IA ya forma parte del ecosistema cotidiano de aprendizaje.

Una mayoría de adolescentes ha utilizado alguna vez chatbots de IA y muchos los emplean para apoyar tareas escolares, buscar información o resumir contenidos. Este dato sugiere que el debate educativo ya no puede centrarse en si la inteligencia artificial debe o no estar presente en las aulas: en la práctica, los estudiantes ya la utilizan como herramienta habitual de estudio y procesamiento de información.

El informe revela también cómo los estudiantes integran la IA en diferentes actividades académicas. Aproximadamente el 57 % afirma usar estas herramientas para buscar información y el 54 % para ayudar en sus tareas escolares, mientras que cerca del 40 % las utiliza para resumir artículos, libros o vídeos. Asimismo, se observa un crecimiento en los usos creativos, como la generación o edición de imágenes y vídeos. Aunque el empleo de la IA para conversaciones personales o apoyo emocional es menos frecuente, la investigación indica que una parte de los jóvenes empieza a explorar estas funciones. En conjunto, los datos muestran que la inteligencia artificial está transformando los hábitos de aprendizaje, convirtiéndose en una herramienta para organizar, sintetizar y comprender información.

Otro aspecto relevante es el grado de dependencia que algunos estudiantes desarrollan hacia estas herramientas. Aproximadamente uno de cada diez adolescentes reconoce que realiza la mayor parte de su trabajo escolar con ayuda de la IA. A pesar de ello, muchos estudiantes mantienen una actitud crítica hacia su uso. Una mayoría reconoce que el uso de chatbots puede dar lugar a prácticas de copia o trampas académicas, lo que demuestra que los propios jóvenes son conscientes de los dilemas éticos asociados a estas tecnologías. La encuesta también muestra que aproximadamente la mitad de quienes usan IA consideran que les ha resultado útil para completar sus tareas, lo que refuerza su percepción como apoyo al aprendizaje.

El artículo subraya que estos resultados tienen importantes implicaciones para el sistema educativo y, especialmente, para las bibliotecas escolares. Tradicionalmente, los bibliotecarios han desempeñado un papel clave en la alfabetización informacional: enseñar a los estudiantes a evaluar fuentes, reconocer sesgos, verificar información y citar correctamente. En la era de la inteligencia artificial, estas competencias siguen siendo fundamentales, pero deben ampliarse hacia lo que se denomina alfabetización en IA. Esto implica ayudar a los estudiantes a comprender cómo funcionan estas herramientas, cómo evaluar críticamente sus resultados y cómo utilizarlas de forma ética y responsable. En este sentido, la alfabetización en IA puede entenderse como una extensión natural de la alfabetización informacional.

Tasas de adopción de IA por país

Neufeld, Dorothy. Mapped: AI Adoption Rates by Country. Visual Capitalist, January 22, 2026. https://www.visualcapitalist.com/ai-adoption-rates-by-country/

El artículo de Visual Capitalist presenta un mapa con las tasas de adopción de inteligencia artificial (IA) en el mundo, estimadas sobre la base del porcentaje de la población en edad laboral que usó IA al menos una vez durante el segundo semestre de 2025. Los datos provienen del informe Global AI Adoption in 2025 de Microsoft, y muestran amplias diferencias regionales y nacionales en el uso de IA.

La disparidad en las tasas de adopción sugiere que no siempre coincide la capacidad tecnológica con el uso real de IA entre la población. Países con políticas públicas y estrategias nacionales bien definidas para impulsar la adopción tienden a mostrar cifras más altas, incluso por encima de economías más grandes o con mayor capacidad de investigación.

Principales conclusiones:

  • En 2025, 16.1 % de la población mundial en edad de trabajar utilizó IA, lo que indica que aún hay un gran potencial de crecimiento del uso de estas tecnologías en muchas regiones.
  • Las tasas de adopción promedio son más altas en el hemisferio norte (24.7 %) que en el hemisferio sur (14.1 %), reflejando diferencias de desarrollo tecnológico e infraestructura.

Países con mayores tasas de adopción:

  • Emiratos Árabes Unidos (64.0 %) — el país con mayor adopción global en 2025, gracias a su enfoque temprano en la gobernanza y uso de IA.
  • Singapur (60.9 %) — también con una estrategia sólida de inversión en infraestructura y tecnologías.
  • Noruega (46.4 %) y otros países europeos como Irlanda (44.6 %) y Francia (44.0 %) — destacando la fuerte integración de IA en sectores productivos.
  • España (41.8 %) — posicionándose entre los países con tasas elevadas de uso de IA en Europa.
  • Dentro del top 10 también aparecen Nueva Zelanda, Países Bajos, Reino Unido, Catar y Australia, con tasas de adopción entre ~36 % y ~40 %.
  • Estados Unidos ocupa el puesto 24 a nivel mundial con una tasa de adopción de 28.3 %, lo que contrasta con su liderazgo en infraestructura de IA y desarrollo de modelos avanzados.