Guiando a la generación de la IA: Por qué la protección y la alfabetización digital deben ir de la mano.

Google. Guiding the AI Generation: Why Safeguarding and Digital Literacy Must Go Hand-in-Hand”. Google in Europe, 10 de junio de 2026. Disponible en: Google in Europe

El artículo de Google plantea una reflexión de gran relevancia sobre el papel de la inteligencia artificial en la vida de los jóvenes y la necesidad de equilibrar dos dimensiones inseparables: la protección digital y la alfabetización crítica. A partir de una investigación realizada con 6.000 adolescentes del Reino Unido, la compañía concluye que la IA ya se ha convertido en una herramienta central para el aprendizaje, la creatividad y la vida cotidiana de las nuevas generaciones. Los jóvenes utilizan sistemas de IA para estudiar, resolver dudas, crear contenidos, explorar ideas y desarrollar proyectos personales. Sin embargo, ese uso creciente también expone a los menores a riesgos como la desinformación, la manipulación, los sesgos algorítmicos, la privacidad insuficiente y los contenidos dañinos.

El artículo analiza uno de los grandes desafíos educativos y sociales de nuestro tiempo: cómo acompañar a los jóvenes en un entorno digital cada vez más influido por la inteligencia artificial. Basándose en una investigación encargada por Google y desarrollada junto con la consultora juvenil Livity, que recogió las opiniones de más de 6.000 adolescentes británicos, el texto sostiene que la discusión pública no debe centrarse exclusivamente en restringir el acceso de los menores a determinadas tecnologías, sino en dotarlos de las capacidades necesarias para utilizarlas de forma crítica, segura y provechosa.

Uno de los hallazgos más relevantes del estudio es que la inteligencia artificial ya forma parte de la vida cotidiana de los adolescentes. Lejos de ser una tecnología marginal o experimental, los jóvenes la utilizan para aprender, crear contenidos, traducir textos, resolver problemas, preparar tareas escolares e incluso explorar posibles trayectorias profesionales. Según los datos presentados, el 67 % de los adolescentes emplea herramientas de IA para proyectos creativos de forma diaria o casi diaria, mientras que el 65 % las utiliza para actividades relacionadas con el aprendizaje más de una vez por semana. Estos porcentajes muestran que la IA se está convirtiendo rápidamente en una infraestructura básica de la educación informal y formal de las nuevas generaciones.

El informe también desmonta la imagen simplista de los jóvenes como usuarios pasivos o ingenuos de la tecnología. Una amplia mayoría declara preocuparse por la fiabilidad de la información que encuentra en internet y en las herramientas de IA. El 77 % afirma que suele reflexionar sobre la credibilidad de los contenidos que consulta para aprender. Sin embargo, el estudio revela diferencias significativas según la edad. Los adolescentes más jóvenes, entre 13 y 15 años, utilizan la IA principalmente como apoyo para los deberes y la investigación escolar, mientras que los mayores, entre 16 y 18 años, la emplean cada vez más para la gestión de su vida cotidiana, la orientación profesional y el desarrollo personal. Además, estos últimos muestran una actitud más crítica hacia la información generada por IA, verificando con mayor frecuencia posibles sesgos o errores.

A partir de estos resultados, el artículo introduce una idea central: la necesidad de sustituir los modelos de control rígido por un enfoque de “andamiaje” o scaffolding. En educación, este concepto hace referencia al apoyo progresivo que se ofrece a una persona mientras desarrolla nuevas competencias. Aplicado al ámbito digital, significa que la protección de los menores no debería consistir únicamente en imponer prohibiciones o barreras, sino en proporcionar acompañamiento, orientación y herramientas que evolucionen conforme aumenta la madurez de los jóvenes. Las medidas de supervisión más estrictas tendrían sentido en edades tempranas, pero deberían transformarse gradualmente en espacios de diálogo, confianza y toma compartida de decisiones.

Los autores advierten que la regulación sigue siendo imprescindible. Las plataformas digitales deben asumir una mayor responsabilidad en la reducción de riesgos asociados a diseños adictivos, algoritmos que amplifican contenidos perjudiciales o sistemas de denuncia ineficaces. No obstante, incluso una regulación perfecta no eliminaría todos los peligros. Por ello, la alfabetización digital y mediática se presenta como un complemento indispensable de cualquier estrategia de protección. Los jóvenes necesitan aprender a identificar la manipulación, detectar la desinformación, proteger su privacidad, comprender el funcionamiento de los algoritmos y evaluar críticamente las respuestas generadas por la inteligencia artificial.

El artículo concede asimismo un papel fundamental a las familias. Los datos muestran que los adolescentes siguen considerando a padres y madres como sus principales referentes cuando enfrentan problemas relacionados con el ciberacoso, la privacidad o la seguridad en línea. Sin embargo, muchos jóvenes expresan preocupación porque los adultos no siempre poseen los conocimientos necesarios para comprender fenómenos como la inteligencia artificial generativa, los contenidos sintéticos o las noticias falsas. Ante esta situación, se propone el desarrollo de campañas nacionales de alfabetización digital dirigidas también a padres, madres y otros adultos de confianza, con el fin de reducir la brecha generacional tecnológica.

Otra aportación importante del texto es la defensa de una alfabetización digital entendida en sentido amplio. No basta con enseñar a utilizar herramientas tecnológicas; es necesario desarrollar competencias críticas que permitan comprender cómo se producen los contenidos digitales, qué intereses económicos intervienen en las plataformas, cómo se recopilan y utilizan los datos personales y cuáles son las implicaciones éticas de la inteligencia artificial. Esta visión coincide con las tendencias actuales en educación mediática, que consideran la alfabetización digital una condición básica para la participación ciudadana en sociedades altamente tecnologizadas.

En última instancia, el artículo plantea que la verdadera cuestión no es si los jóvenes deben utilizar inteligencia artificial, sino cómo ayudarles a hacerlo de manera responsable y beneficiosa. La IA ya forma parte de sus procesos de aprendizaje, socialización y construcción de identidad. Pretender excluirla de sus vidas resulta poco realista. La prioridad, según los autores, debería ser crear un ecosistema en el que regulación, protección, educación y autonomía evolucionen conjuntamente. El objetivo final no es únicamente reducir los daños potenciales, sino garantizar que los adolescentes puedan aprovechar las oportunidades que ofrece la inteligencia artificial para aprender, crear y participar activamente en la sociedad digital del futuro.