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Del edificio al espacio de encuentro: el futuro de las bibliotecas

Urban Libraries Council (ULC), Future Scenarios: Library Space & Design | A new policy roadmap for library leaders, publicado el 16 de septiembre de 2026.

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Las bibliotecas públicas siempre han sido una expresión viva de sus comunidades, reflejando las necesidades, la historia, las aspiraciones, las presiones y las posibilidades locales. A medida que nuestras comunidades evolucionan con mayor rapidez, cobran aún más importancia las vías para comprender y participar en la configuración de los cambios futuros. El informe propone una hoja de ruta para los responsables de bibliotecas sobre cómo combinar los espacios físicos, las tecnologías digitales y las nuevas necesidades de las comunidades

El informe parte de una transformación profunda del contexto social en el que funcionan las bibliotecas públicas. La digitalización, la fragmentación social, la incertidumbre económica y los cambios en las formas de relacionarse están modificando las necesidades de las comunidades. Frente a este escenario, las bibliotecas aparecen como una de las pocas instituciones cívicas capaces de proporcionar estabilidad, acceso, encuentro y oportunidades de participación. El documento sostiene que la biblioteca pública no debería contemplarse simplemente como un lugar donde se ofrecen libros, ordenadores o actividades culturales, sino como una infraestructura esencial para la vida comunitaria.

Uno de los argumentos centrales es que el diseño físico de la biblioteca adquiere una importancia renovada precisamente cuando otros espacios de encuentro están desapareciendo. En un contexto en el que los denominados «terceros lugares» —espacios diferentes del hogar y del trabajo donde las personas pueden encontrarse— son cada vez más escasos, las bibliotecas pueden asumir una función social mucho más amplia. El espacio bibliotecario debe facilitar no solamente la lectura o el estudio individual, sino también la interacción, la participación, el aprendizaje, la conversación, la creatividad y el sentimiento de pertenencia.

La metodología del informe se estructura en tres pasos. Primero analiza cómo utilizan actualmente los ciudadanos los espacios, programas y servicios bibliotecarios y relaciona esos usos con las tendencias que están transformando la vida comunitaria. Posteriormente intenta anticipar qué podrían necesitar y esperar los usuarios del futuro. Finalmente, convierte esas observaciones en diferentes escenarios futuros de biblioteca, teniendo en cuenta simultáneamente la evolución del comportamiento de los usuarios, el diseño arquitectónico y espacial y el desarrollo de las infraestructuras digitales.

Una de las ideas más interesantes del documento es que la transformación digital no debe conducir a una biblioteca progresivamente deshumanizada. La tecnología debe aumentar las posibilidades de la biblioteca y reforzar su propósito humano, no reemplazarlo. Las bibliotecas del futuro deberán ser tecnológicamente avanzadas, pero al mismo tiempo conservar una identidad claramente humana. Esto implica pensar la tecnología como una infraestructura que facilita el acceso, el aprendizaje y la participación, mientras que el espacio físico continúa proporcionando aquello que difícilmente puede sustituirse mediante una pantalla: presencia, interacción social, confianza y pertenencia.

El documento concede especial importancia al problema de la desconexión social. La biblioteca puede funcionar como un lugar en el que las personas no solamente encuentran información, sino también orientación para comprender los cambios que afectan a sus vidas y oportunidades para participar en la comunidad. De ahí que el diseño futuro deba crear espacios en los que resulte sencillo saber cómo participar, encontrarse con otras personas y sentirse parte de una comunidad. La biblioteca se plantea así como un espacio de cohesión social en un momento de creciente fragmentación.

El planteamiento supone también un cambio respecto a la concepción tradicional del edificio bibliotecario. El diseño ya no debería estar determinado exclusivamente por la colección y los puestos de lectura, sino por una combinación de personas, actividades, relaciones, tecnología y comunidad. Esto puede traducirse en espacios más flexibles y adaptables, capaces de responder a diferentes usos a lo largo del día y de modificarse conforme evolucionen las necesidades de los usuarios. La arquitectura deja de ser un elemento puramente funcional para convertirse en una herramienta de política bibliotecaria.

Una de las conclusiones más significativas del informe es la necesidad de cambiar el relato público sobre las bibliotecas. Siguen siendo instituciones de confianza, pero su imagen pública no siempre refleja la amplitud de las funciones que ya desempeñan. El informe propone reforzar la idea de que la biblioteca constituye una infraestructura cívica esencial, especialmente en comunidades sometidas a cambios económicos, tecnológicos y sociales acelerados.

Fomentando la participación comunitaria en la biblioteca universitaria: un conjunto de herramientas para la enseñanza y el aprendizaje recíprocos más allá del campus.

Longo, Nicholas V.; Perrotti, Carmine; y Roy, Matthew H. Engaging Community: A Toolkit for Reciprocal Teaching and Learning Beyond the Campus. Washington, DC: American Association of Colleges and Universities (AAC&U) y Campus Compact, 2026

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Engaging Community propone transformar la relación entre universidades y comunidades mediante un modelo de aprendizaje comunitario recíproco, en el que el conocimiento no se genera únicamente dentro del campus, sino también junto a las personas y organizaciones de la comunidad. El objetivo es desarrollar experiencias educativas vinculadas a problemas reales, en las que estudiantes, docentes y agentes comunitarios colaboren para producir conocimiento y obtener beneficios mutuos.

Los autores defienden que este enfoque puede ayudar a recuperar la dimensión pública y cívica de la educación superior, especialmente en un contexto de creciente desconfianza hacia las universidades. Frente a una concepción basada en que la universidad debe «resolver» los problemas de las comunidades, plantean una relación horizontal fundamentada en la confianza, la reciprocidad, la escucha y el reconocimiento de los conocimientos existentes fuera de la institución académica.

El modelo se articula en seis principios fundamentales: cultivar historias y construir comunidad; adoptar un enfoque basado en los activos de las comunidades; aplicar una mirada crítica sobre el poder y las desigualdades; desarrollar asociaciones recíprocas; facilitar el diálogo y tender puentes entre divisiones; y evaluar y reflexionar sobre el impacto de las acciones. Estos principios se corresponden con seis módulos que combinan fundamentos teóricos con actividades prácticas.

Un elemento central es el storytelling. Las historias personales y comunitarias permiten reconocer diferentes formas de conocimiento, desarrollar empatía, comprender experiencias diversas y encontrar puntos de encuentro. El toolkit propone, entre otras estrategias, los story circles, espacios estructurados donde los participantes comparten experiencias y reflexionan colectivamente sobre ellas.

Otro planteamiento esencial es pasar de una visión basada en los déficits a otra centrada en los activos comunitarios. En lugar de contemplar a las comunidades como espacios necesitados de intervención externa, se propone identificar sus capacidades, conocimientos, talentos, relaciones y recursos. La universidad debe trabajar con la comunidad y no para ella, compartiendo recursos y poder y permitiendo que las prioridades comunitarias orienten la colaboración.

El documento incorpora además una perspectiva crítica sobre las relaciones de poder entre las instituciones universitarias y las comunidades. La participación exige reconocer las desigualdades históricas, cuestionar la posición de la universidad como supuesto «experto» y actuar desde la humildad, la reciprocidad y la responsabilidad. El objetivo no es «salvar» a las comunidades, sino contribuir a eliminar barreras para que puedan ejercer el poder y las capacidades que ya poseen.

Finalmente, Engaging Community adquiere una especial relevancia en la era de la inteligencia artificial. Los autores sostienen que, mientras la IA puede reproducir tareas educativas tradicionales como escribir textos o recuperar información, el aprendizaje comunitario proporciona experiencias reales basadas en la empatía, la colaboración, la resolución conjunta de problemas y las relaciones humanas. Por ello, constituye una vía para desarrollar competencias profesionales y cívicas difícilmente sustituibles por algoritmos.

Se trata de una guía práctica y conceptual para sacar el aprendizaje fuera de las paredes del campus y convertir la relación universidad-comunidad en un proceso de intercambio de conocimientos, participación democrática y transformación social. El toolkit es gratuito, adaptable y está organizado en seis módulos con planes de actividades, lecturas, vídeos y ejercicios, por lo que puede utilizarse tanto en la formación del profesorado como en cursos universitarios, investigación comunitaria y programas de desarrollo profesional.

Bibliotecas que conectan personas: una respuesta integral a la exclusión digital

Planning, Implementation, and Evaluation (PIE) Org. (2026, 26 de junio). Libraries as the Connective Tissue in Addressing the Digital Divide. Programming Librarian. American Library Association. Programming Librarian

Community Connect: Fostering Digital Access 

El artículo presenta los resultados del programa Community Connect: Fostering Digital Access, una iniciativa impulsada por la American Library Association (ALA) con financiación de Capital One para combatir la brecha digital en comunidades rurales de Estados Unidos. Su premisa fundamental es que las bibliotecas públicas constituyen el «tejido conectivo» de sus comunidades: instituciones de confianza capaces de articular el acceso a Internet, la alfabetización digital, la educación financiera y el desarrollo comunitario. Más que simples proveedores de tecnología, las bibliotecas se consolidan como espacios donde las personas pueden adquirir las competencias necesarias para participar plenamente en la sociedad digital.

Durante la segunda fase del programa, desarrollada entre enero de 2025 y mayo de 2026, participaron treinta bibliotecas rurales ubicadas principalmente en comunidades con bajos ingresos. Cada biblioteca recibió cinco puntos de acceso Wi-Fi portátiles (hotspots) y una subvención de 2.000 dólares para ampliar los servicios digitales. Los resultados muestran un impacto considerable: los dispositivos fueron prestados 4.893 veces, consumieron más de 145.700 GB de datos y se organizaron 124 actividades formativas sobre alfabetización digital y educación financiera, con la participación de 1.694 personas. Estas cifras evidencian que el acceso a la conectividad continúa siendo una necesidad básica en muchas zonas rurales y que las bibliotecas desempeñan un papel esencial para garantizarla.

El artículo profundiza en dos experiencias particularmente representativas. La primera corresponde a la Storm Lake Public Library (Iowa), situada en una comunidad caracterizada por una gran diversidad cultural y lingüística. Aunque la ciudad dispone de infraestructura de banda ancha, numerosos residentes no pueden costear una conexión doméstica o necesitan apoyo para utilizar la tecnología. La biblioteca respondió implantando un servicio de préstamo de hotspots, ofreciendo talleres sobre créditos, inversiones y planificación financiera y, especialmente, proporcionando atención personalizada para resolver problemas relacionados con teléfonos móviles, correo electrónico o programas informáticos. El personal observó cómo muchos usuarios perdían progresivamente el miedo a utilizar la tecnología gracias a este acompañamiento individualizado.

El segundo caso analiza la experiencia de la East Carroll Parish Library (Luisiana), ubicada en una de las regiones con mayores índices de pobreza del país. Allí, una parte importante de la población carece de conexión fija a Internet y depende exclusivamente del teléfono móvil para acceder a servicios digitales. La biblioteca utilizó los hotspots tanto para préstamo domiciliario como para dotar de conectividad a su biblioteca móvil, ampliando el acceso a colecciones y recursos electrónicos. Paralelamente, organizó actividades sobre emprendimiento, prevención de fraudes financieros y comprensión del sistema sanitario. El proyecto incrementó la participación ciudadana, atrajo nuevos usuarios y reforzó la percepción de la biblioteca como una institución imprescindible para el bienestar de la comunidad.

Una de las principales conclusiones del artículo es que la brecha digital no puede reducirse únicamente proporcionando acceso a Internet. La verdadera inclusión digital requiere combinar infraestructura tecnológica con formación, acompañamiento y creación de capacidades. Muchas personas necesitan aprender desde habilidades muy básicas, como utilizar un navegador, gestionar el correo electrónico o protegerse frente a fraudes en línea, hasta competencias más avanzadas relacionadas con la búsqueda de empleo, la administración electrónica o la educación permanente. En este contexto, las bibliotecas se convierten en mediadoras entre la tecnología y la ciudadanía, desempeñando un papel educativo y social que trasciende ampliamente sus funciones tradicionales.

Iniciativas como Community Connect: Fostering Digital Access  demuestran que las bibliotecas son infraestructuras esenciales para promover la equidad digital. Su capacidad para generar alianzas con administraciones públicas, entidades financieras, organizaciones comunitarias y otros agentes locales les permite actuar como nodos de cohesión social y desarrollo económico. En un escenario donde el acceso a los servicios públicos, la educación, el empleo y la participación ciudadana dependen cada vez más de las competencias digitales, las bibliotecas se consolidan como instituciones estratégicas para garantizar que nadie quede excluido de la sociedad de la información.

La biblioteca del pueblo: el último espacio verdaderamente común

People of various ages reading and talking in a cozy village library with bookshelves and a fireplace

La biblioteca del pueblo: el último espacio verdaderamente común

Julio Alonso Arévalo

Contraculturales, n. 4 (2026)

Aún en muchos pueblos existe un lugar singular que desafiando discretamente la lógica dominante de nuestro tiempo. Un edificio modesto, a veces pequeño, silencioso, que no vende nada, que no exige consumir, que no cobra entrada y que, sin embargo, se mantiene abierto a todos. Allí cabe el niño que sale del colegio, la persona mayor que busca compañía en una tarde larga, quien llega de otro país y todavía no domina el idioma, el joven que busca una oportunidad laboral. Ese lugar es la biblioteca, y en ella se conserva algo cada vez más escaso en nuestra sociedad: la certeza de pertenecer a un espacio.

Su función rebasa a menudo lo que tradicionalmente se ha esperado de ella. Se convierte en el único acceso fiable a internet para quien necesite realizar un trámite administrativo, buscar empleo o continuar estudiando cuando no  se tiene conexión en casa. También es el lugar donde muchas personas mayores descubren el universo digital con talleres básicos de alfabetización digital, donde alguien recibe ayuda para redactar un currículum o donde se acompaña a vecinos que deben enfrentarse a una burocracia cada vez más compleja y deshumanizada.

Su importancia es todavía mayor cuando nos referimos a las poblaciones alejadas de los grandes núcleos urbanos, lugares en los que escasean los servicios cercanos, el transporte público es escaso y no hay librerías, cibercafés o incluso oficinas administrativas. En esos escenarios la biblioteca deja de ser sólo un servicio cultural, para convertirse en una infraestructura esencial de la vida cotidiana, tan necesaria en muchos casos como una farmacia o un centro de salud, pero que rara vez tiene un reconocimiento institucional equivalente. Muchas perviven con presupuestos mínimos, con el esfuerzo silencioso de bibliotecarios comprometidos, de asociaciones locales o de pequeñas ayudas públicas insuficientes, y aun así continúan multiplicando su impacto social.

Tal vez por ello la biblioteca termina por asumir, casi de modo natural, funciones que rebasan toda definición convencional. Son el lugar de estudio durante los exámenes, una ludoteca improvisada para los niños, un refugio climático en invierno o en verano, un punto de encuentro para clubes de lectura o simplemente un lugar donde alguien pueda sentarse a pasar el rato o tener una conversación con otro vecino. Dentro de sus muros se dan talleres, exposiciones vecinales, charlas sobre salud, actividades culturales, reuniones de asociaciones locales o pequeños encuentros comunitarios. Todo parece estar allí en su lugar porque, en realidad, ese edificio no tiene una única finalidad: es de la comunidad.

Porque esa dimensión simbólica es la que hace que el cierre de una biblioteca rural provoque un impacto muy superior al tamaño físico del espacio que desaparece. Cuando una biblioteca reduce sus horarios o cierra definitivamente, no solamente se pierde un servicio público. Se extingue uno de los últimos espacios verdaderamente comunitarios, uno de esos escasos lugares donde varias generaciones aprendieron a leer, hicieron los deberes, descubrieron sus primeras lecturas o simplemente encontraron un refugio cotidiano mientras afuera llovía o caía la tarde sobre la plaza.

Defender hoy las bibliotecas de los pequeños municipios no responde a una mirada nostálgica hacia el pasado. Es, sobre todo, una cuestión de equilibrio territorial y de justicia social. Mientras las grandes ciudades concentran alternativas culturales, espacios comerciales, centros de ocio y múltiples oportunidades de encuentro, en muchos pueblos la biblioteca sigue siendo el verdadero corazón comunitario. Mantenerla viva —con financiación suficiente, personal estable, colecciones actualizadas y horarios adaptados a las necesidades reales de sus vecinos— significa sostener algo mucho más profundo que un servicio bibliotecario: significa preservar la posibilidad de que el pueblo continúe teniendo un centro, un lugar común, un espacio donde seguir reconociéndose como comunidad.

El poder comunitario de los jardines solidarios en bibliotecas

Miller, Alyssa. “Sharing More Than Food Through the Giving Garden.” Association for Library Service to Children (ALSC) Blog, mayo de 2026. Disponible en: ALSC Blog

Se describe la experiencia de un Giving Garden o “jardín solidario”, una iniciativa vinculada a bibliotecas que combina el cultivo de alimentos con la educación, la participación ciudadana y el fortalecimiento de los vínculos comunitarios.

La autora explica que estos espacios no se limitan a producir frutas, verduras o hierbas para personas que enfrentan inseguridad alimentaria, sino que se convierten en auténticos centros de aprendizaje y convivencia. A través del trabajo compartido en el jardín, personas de distintas edades y procedencias colaboran en una actividad común que fomenta la solidaridad y el compromiso social.

Uno de los aspectos más destacados del proyecto es su dimensión educativa. Los jardines ofrecen a niños y jóvenes la oportunidad de aprender de manera práctica sobre agricultura, sostenibilidad ambiental, nutrición y procedencia de los alimentos. En una época en la que muchas personas están desconectadas de los procesos de producción alimentaria, estas iniciativas permiten comprender el esfuerzo necesario para cultivar alimentos y desarrollar una mayor conciencia sobre el desperdicio y el consumo responsable. Además, el aprendizaje se produce de forma experiencial, favoreciendo la curiosidad y el descubrimiento.

El artículo también pone de relieve el papel de las bibliotecas como agentes de transformación comunitaria. Tradicionalmente asociadas al acceso al conocimiento y a la lectura, las bibliotecas amplían su función al convertirse en espacios donde se promueven actividades relacionadas con la salud, la sostenibilidad y la cohesión social. El jardín se transforma así en una extensión de la misión educativa de la biblioteca, permitiendo que el aprendizaje salga de las salas de lectura y se materialice en experiencias prácticas y colaborativas.

Otro elemento importante es el impacto social del proyecto. Los alimentos cultivados son donados a bancos de alimentos, despensas comunitarias o familias necesitadas, contribuyendo a mejorar el acceso a productos frescos y saludables. Sin embargo, la autora insiste en que el verdadero valor del jardín va más allá de la producción agrícola. El proceso de cultivar juntos genera relaciones de confianza, crea oportunidades de voluntariado y fortalece el sentido de pertenencia a la comunidad. De este modo, el jardín produce simultáneamente alimentos y capital social.

Finalmente, el texto defiende que iniciativas como los Giving Gardens representan una forma innovadora de servicio bibliotecario. Al integrar educación ambiental, acción comunitaria y ayuda social, estos proyectos demuestran cómo las bibliotecas pueden responder a necesidades locales de manera creativa y significativa. Más que simples espacios de cultivo, los jardines solidarios se convierten en lugares donde florecen el aprendizaje, la cooperación y la responsabilidad compartida, reforzando el papel de la biblioteca como institución al servicio del bienestar colectivo.

Una ciudad que juega junta: cómo se organiza un juego bibliotecario con 17.000 participantes

Arata, Hannah. 2026. “A City That Plays Together: What It Takes to Run a 17,000-Player Library Game.” Programming Librarian, March 20, 2026. https://programminglibrarian.org/articles/what-it-takes-run-17000-player-library-game

Se explica el funcionamiento del Summer Game de la Ann Arbor District Library (AADL), un programa de gamificación comunitaria que ha llegado a movilizar a más de 17.000 participantes en una sola edición. Lo que en origen era una iniciativa de fomento de la lectura se ha convertido en un evento urbano de gran escala que integra juego, biblioteca, ciudad y comunidad en un único sistema participativo.

El juego se desarrolla durante el verano y combina varias dinámicas: lectura tradicional (summer reading), códigos ocultos en espacios físicos de la ciudad (explorer codes) y pistas digitales integradas en el catálogo y la web de la biblioteca (online codes). Esta estructura híbrida permite que personas de todas las edades y niveles de acceso tecnológico participen de diferentes maneras, desde una implicación mínima hasta una experiencia de juego intensiva.

Uno de los aspectos más relevantes es la forma en que el juego se “expande” por el entorno urbano. Los códigos aparecen en lugares tan diversos como parques, escuelas, tiendas, museos o incluso elementos ya existentes del mobiliario urbano, como murales o placas. Esto convierte la ciudad en un tablero de juego distribuido, donde la exploración física y la interacción cultural se integran con la misión bibliotecaria.

El artículo subraya que el éxito del programa depende tanto de la creatividad como de una compleja infraestructura organizativa. Un equipo de unos diez profesionales de la biblioteca diseña las pruebas, genera los “badges” o insignias digitales y coordina la experiencia. A esto se suma la participación de otros departamentos: personal de atención al público, comunicación, mantenimiento y un equipo técnico encargado de garantizar el funcionamiento del sistema digital. El juego, por tanto, no es un añadido periférico, sino una operación institucional transversal.

La planificación es especialmente exigente debido a la escala del proyecto. Algunas partes del juego, como los desafíos basados en el catálogo, requieren una sincronización precisa con los sistemas bibliotecarios, ya que cualquier cambio en los registros podría romper las pistas. Esto obliga a una coordinación constante entre programación, catalogación y diseño de actividades, mostrando cómo la biblioteca se convierte también en una infraestructura tecnológica compleja.

El artículo también destaca el componente social y afectivo del programa. El Summer Game no solo incentiva el uso de la biblioteca, sino que genera identidad comunitaria. Los participantes coleccionan premios, siguen las “drops” semanales de insignias y se implican emocionalmente en el juego. Los objetos físicos (camisetas, pósters, peluches) funcionan como símbolos de pertenencia y refuerzan la visibilidad del proyecto en la vida cotidiana de la ciudad.

Otro elemento importante es la filosofía de inclusión. Aunque el juego utiliza humor, juegos de palabras y acertijos, el equipo intenta evitar barreras lingüísticas excesivas y ofrecer pistas que permitan participar incluso a quienes no dominan el inglés o ciertas referencias culturales. La idea es mantener el reto sin excluir.

Summer Game ha transformado la forma en que la comunidad percibe la biblioteca: ya no solo como un espacio de acceso a libros o servicios, sino como una plataforma de juego, aprendizaje y encuentro social. Este enfoque ha redefinido el verano lector tradicional, convirtiéndolo en una experiencia colectiva, creativa y distribuida por toda la ciudad.

Por qué las bibliotecas son más importantes que nunca

I Love Libraries. “Find Your Joy and Return to It Often: Why Libraries Matter More Than Ever.” 19 de abril de 2026. https://ilovelibraries.org/article/find-your-joy-and-return-to-it-often-why-libraries-matter-more-than-ever/

Se plantea una reflexión profunda sobre el papel contemporáneo de las bibliotecas a partir de una idea central: la “alegría” que generan no es casual, sino el resultado de una construcción deliberada, colectiva y sostenida en el tiempo.

A través de ejemplos cotidianos —niños que descubren su primer libro favorito, personas que encuentran apoyo para redactar un currículum o familias que crean comunidad en actividades de lectura— se muestra cómo las bibliotecas funcionan como espacios donde la experiencia humana, más que el consumo, es el eje central. En un mundo dominado por lógicas transaccionales, las bibliotecas se presentan como uno de los pocos lugares donde la pertenencia no depende de la capacidad de pago, lo que les otorga un carácter casi radical como espacios públicos inclusivos.

El texto subraya que las bibliotecas desempeñan múltiples funciones esenciales que a menudo pasan desapercibidas. No son solo repositorios de libros, sino centros de alfabetización temprana, acceso digital y formación laboral; actúan como incubadoras de emprendimiento, archivos de memoria local y puertas de acceso al conocimiento global. Además, cumplen funciones sociales críticas: sirven como refugios climáticos, espacios seguros en momentos de crisis y puntos de encuentro comunitario. Esta diversidad de roles evidencia que las bibliotecas son infraestructuras sociales fundamentales que responden de manera flexible a las necesidades cambiantes de la sociedad.

Uno de los ejes más relevantes del artículo es la dimensión relacional y emocional de las bibliotecas. La “alegría” que generan se manifiesta en experiencias aparentemente pequeñas pero profundamente transformadoras: adolescentes que encuentran representaciones de su identidad en la lectura, personas mayores que aprenden a comunicarse digitalmente con sus familias o estudiantes que descubren nuevas vocaciones gracias a la mediación de un bibliotecario. Estas experiencias no solo fomentan el aprendizaje, sino que convierten la curiosidad en confianza y fortalecen los vínculos sociales, consolidando a la biblioteca como un espacio de desarrollo personal y comunitario.

El artículo también sitúa a las bibliotecas en el contexto de los grandes desafíos contemporáneos. En una era caracterizada por la sobreabundancia de información y la fragilidad de la confianza, las bibliotecas ofrecen conocimiento curado, fiable y accesible. Asimismo, frente al aumento de la soledad —considerada ya un problema de salud pública—, proporcionan espacios de conexión y pertenencia. En un entorno donde muchas personas sienten que sus voces no son escuchadas, las bibliotecas actúan como plataformas para la expresión, la diversidad y la construcción de relatos compartidos.

Sin embargo, el texto no elude las amenazas que enfrentan estas instituciones, como las presiones presupuestarias o los intentos de restringir el acceso a la información. Estas tensiones ponen en riesgo no solo a las bibliotecas como instituciones, sino también valores fundamentales como la libertad de aprendizaje, la exploración intelectual y el desarrollo colectivo. Por ello, el artículo insiste en la necesidad de apoyo activo por parte de la ciudadanía, no solo como una declaración simbólica, sino como una práctica cotidiana: usar la biblioteca, participar en sus actividades y convertirla en parte de la vida diaria.

El texto concluye con una invitación clara: “encontrar la alegría” en la biblioteca y volver a ella de forma recurrente. Esta idea se transforma en una metáfora del aprendizaje continuo y de la construcción de comunidad. Las bibliotecas no son solo lugares a los que acudir ocasionalmente, sino espacios que pueden integrarse en el ritmo vital de las personas. Invertir en ellas equivale a invertir en individuos, en oportunidades y en el futuro compartido, reafirmando su papel como uno de los pilares más valiosos de la vida social contemporánea.

Conectando bibliotecas para empoderar a las comunidades

New report: Connecting Libraries to Empower Communities. Publicado el 24 de marzo de 2026.

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El objetivo del informes es analizar cómo las bibliotecas están contribuyendo a mejorar la conectividad digital y, a través de ella, el desarrollo social de las comunidades. Este informe sintetiza los principales hallazgos obtenidos a partir de la recopilación de datos y experiencias a escala global, ofreciendo una visión estratégica del papel de las bibliotecas en la sociedad contemporánea conectada.


El documento pone de relieve que las bibliotecas han evolucionado más allá de su función tradicional como espacios de acceso a libros, consolidándose como infraestructuras clave para garantizar el acceso equitativo a Internet, a los recursos digitales y a las competencias necesarias para utilizarlos. En este sentido, el informe subraya que la conectividad no se limita a la disponibilidad de tecnología, sino que implica también la capacitación de los usuarios, el acompañamiento en el uso de la información y la creación de entornos inclusivos donde todas las personas puedan participar en la vida digital.

Uno de los aspectos centrales del informe es la demostración de cómo las bibliotecas actúan como nodos comunitarios que impulsan la inclusión social. A través de servicios como el acceso gratuito a Internet, la formación en competencias digitales, el apoyo educativo y la facilitación de servicios públicos en línea, las bibliotecas contribuyen directamente a reducir las desigualdades y a fomentar la participación ciudadana. Estas funciones resultan especialmente relevantes en contextos vulnerables, donde las bibliotecas se convierten en puntos de acceso esenciales para la información y los servicios básicos.

El informe también destaca la importancia de generar evidencias y datos que permitan visibilizar el impacto de las bibliotecas ante responsables políticos y financiadores. En este sentido, uno de los logros del proyecto LBC ha sido precisamente la creación de una base empírica que demuestra el valor de las bibliotecas como agentes de desarrollo. Esta evidencia resulta clave para justificar inversiones en infraestructuras digitales, formación profesional y programas bibliotecarios orientados a la inclusión y la innovación.

Asimismo, el documento subraya la necesidad de fortalecer alianzas entre bibliotecas, administraciones públicas, organizaciones sociales y actores tecnológicos. La cooperación interinstitucional se presenta como un factor decisivo para ampliar el alcance de los servicios bibliotecarios y maximizar su impacto en áreas como la educación, la salud, la empleabilidad y la participación democrática. En este contexto, las bibliotecas emergen como plataformas abiertas que facilitan la colaboración y la creación de redes comunitarias.

En última instancia, el informe concluye que las bibliotecas son actores estratégicos para el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), especialmente en lo relativo a la reducción de desigualdades, el acceso a la educación y la construcción de sociedades inclusivas. La conectividad, entendida en un sentido amplio, se convierte así en un instrumento de empoderamiento ciudadano, y las bibliotecas en catalizadores de este proceso, capaces de transformar el acceso a la información en oportunidades reales de desarrollo personal y colectivo.

La biblioteca de Traducción y Documentación de la Universidad de Salamanca cuenta con una comunidad de 200.000 seguidores en los Grupos de Facebook

Los 194.395 miembros que integran los grupos de Facebook de la Biblioteca de Traducción y Documentación de la Universidad de Salamanca revela un ecosistema digital de alta especialización y gran vitalidad. A continuación, presento un desglose estratégico de esta comunidad. Para seguir cualquiera de los grupos haz clic en el enlace para acceder a los diferentes grupos:

Tabla de Datos: Red de Grupos de Facebook

Nombre del GrupoMiembrosEnlace
Traductores e intérpretes56.987Enlace
Libros que recomendarías… (café)44.778Enlace
Libros electrónicos30.887Enlace
Evaluación de la Investigación Científica21.385Enlace
ALFIN: Alfabetización Informacional17.383Enlace
Software libre para bibliotecas10.834Enlace
Somos 2.0 – Bibliotecas 2.04.389Enlace
Empleo en Biblioteconomía y Doc.3.629Enlace
Deja una cita2.545Enlace
Bibliotecas e inteligencia artificial941Enlace
Bibliocineradiotv637Enlace
TOTAL194.395

Las bibliotecas son las personas: entrevista a Manuel Leal y a Pep Bruno

Las bibliotecas son las personas: entrevista a Manuel Leal y a Pep Bruno

Planeta Biblioteca 2026/02/25.

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Hoy hemos entrevistado Manuel Hernández Leal, bibliotecario de Villamayor en Salamanca y a Pep Bruno, cuentacuentos y socio fundador de la Asociación de Profesionales de la Narración oral  (AEDA). Manuel reivindica la biblioteca pública como espacio de transformación social y convivencia. Formado en la Universidad de Salamanca, dirige desde 2000 la Biblioteca Municipal de Villamayor con un enfoque basado en creatividad, participación y compromiso. Defiende la cooperación cultural transfronteriza con Portugal como vía de enriquecimiento mutuo. Destaca proyectos sociales como Coro Imperfecto o Migrantes, que refuerzan la inclusión y la cohesión comunitaria. Sitúa la narración oral en el centro de la vida bibliotecaria, como ejercicio de escucha e inteligencia emocional. Iniciativas como Des-Parejados ejemplifican su apuesta por experiencias culturales compartidas entre generaciones. Su nombramiento como Socio de Honor de AEDA reconoce una trayectoria dedicada a hacer de la biblioteca un lugar profundamente humano.