Archivo de la etiqueta: Historia

El Mundo Encantado de Castilla y León.

 

mundo-encantado-cyl-web

 

Jesús Callejo Cabo. El Mundo Encantado de Castilla y León. Museo Etnográfico de Castilla y León, 2019

Texto completo

 

Un libro sobre leyendas de Castilla y León que han puesto gratis. Sobre todo para los que tienen niños, pero interesante para todos.

 

 

Este libro, escrito por el investigador leonés Jesús Callejo e ilustrado por el salmantino Tomás Hijo, recoge la historias de 34 seres mágicos y criaturas míticas de Castilla y León. Almas en pena que vagan por castillos y caminos, seres acuáticos, demonios de las nubes, hombres-lobo, trasgos y ninfas, protagonistas de mascaradas de invierno y cíclopes se relacionan en una publicación de 120 páginas en la que las coloridas ilustraciones muestran el aspecto de cada una de esas figuras fantásticas.

Los seres recopilados se agrupan, según su origen, en personajes fantasmales, brujeriles y diabólicos, animalescos, espíritus de la naturaleza, cocos y asustaniños, personajes gigantescos y festivos.

 

La biblioteca de Mingorría en 1934 durante las Misiones Pedagógicas de la II República descrita por Juan Vicens

 

604fb370480b9b33a0b185adb99399fa
Foto Imagen interior de la Biblioteca Municipal de Mingorría (Ávila), 1934
En la foto el Virgilio Alguacil.

 

“Un mundo desconocido y maravilloso”:
las bibliotecas públicas de la República (1933-36)

[23/30]

por Ramón Salaberria. Ex-director de Educación y Biblioteca y Ex-Subdirector de la Biblioteca Vasconcelos de México

Artículo completo

Mingorría es el pueblo donde nací, y del que me siento muy orgulloso. Juan Vicens de la Llave, quién hizo la foto y el relato sobre la biblioteca de Mingorría durante la II República, fue un bibliotecario español ligado a la Institución Libre de Enseñanza, vocal del Patronato de las Misiones Pedagógicas, ​ y gestor de bibliotecas en el Comité Nacional de Cultura Popular, ​ que murió en el exilio. Llega a Mingorría en el més de agosto de 1934 y nos describe la biblioteca, el pueblo y a sus gentes. Feliz día del libro.

 

Mingorría (Ávila)


Pueblo pobre, pero no mísero; en la fonda conseguí con dificultad que me prepararan una cena tolerable. Local modesto, pero espacioso. El encargado es un alguacil de poca cultura, pero cuidadoso. La Junta está animada de la mejor voluntad. No pudo realizarse reunión pública por causa de ser la época de mayor trabajo en los campos y en la era (cosa que me ocurrió en este viaje en todas partes). Sin embargo, anunciaron la reunión con la mejor voluntad y lo que ocurrió fué que celebré la reunión con la Junta con asistencia de unas cuantas otras personas y todos escucharon con el mayor interés.
Cobran unas cuotas voluntarias a los que quieren ayudar a la Biblioteca, por no tener el Ayuntamiento medios suficientes. Desde luego que eso no establece limitación alguna en el derecho a leer, paguen o no, pero acaso eso no lo sabían bien todos los habitantes y algunos creían que hacía falta pagar para leer. Les hice ver la imperiosa necesidad de que todo el mundo sepa con toda claridad que la Biblioteca es completamente gratuita y se mostraron dispuestos a poner todos los medios necesarios. El movimiento de lectores es bastante grande, pero en el verano disminuye mucho, sobre todo en Agosto, fenómeno, por lo demás natural y general a todas las localidades rurales.


– Juan Vicéns, agosto de 1934.

 

.

 

El bibliocausto en la España de Franco (1936-1939)

tumblr_nlppfomydg1uqvmy1o1_1280

 

El bibliocausto en la España de Franco (1936-1939)
Francesc Tur
04/04/2018

Ver completo

 

Cuando se habla de quema de libros en el siglo XX, la imagen que suele venir a la retina es la Beberplatz de Berlín el 10 de mayo de 1933, escenario de una gran hoguera en la que ardieron miles de ejemplares de obras consideradas “antialemanas”. Ni que decir tiene que, a lo largo de la historia, ha habido muchos otros episodios de fuego purificador, desde el incendio de la biblioteca de Alejandría pasando por la quema de libros de Confucio en China durante la dinastía Qin, o el auto de fe de octubre de 1861 en Barcelona en el que fueron pasto de las llamas 300 volúmenes espiritistas, por citar solo tres de ellos. Menos conocido es el hecho de que, desde el golpe de julio de 1936 hasta el final de la guerra, numerosas piras se encendieron en las ciudades y pueblos de la España nacional en las que ardieron gran número de publicaciones tildadas de “antiespañolas” y “envenenadoras del alma popular.”

En los primeras días del conflicto no se habían dictado todavía órdenes por parte de los nuevos gobernadores civiles sobre la prohibición de la literatura disolvente, pero el modus operandi de los sublevados incluía siempre la destrucción del “material peligroso” que constituían determinadas obras. Así, a la entrada de las fuerzas requetés en varias localidades de La Rioja, lo primero que hicieron fue depurar las bibliotecas y quemar los archivos de las distintas sedes sindicales, donde se suponía que existía “literatura perniciosa.”

En Córdoba, ya el 19 de julio una de las prioridades de los sublevados era también la limpieza de librerías y kioscos como lo señalaba el Jefe de Orden Público y teniente general de la Guardia Civil Bruno Ibánez Gálvez en una nota publicada por el ABC de Sevilla el 26 de septiembre:

“En nuestra querida capital, al día siguiente de iniciarse el movimiento del Ejército salvador de España, por bravos muchachos de Falange Española fueron recogidos de kioscos y librerías centenares de ejemplares de esa escoria de la literatura que fueron quemados como merecían. Asimismo, muy recientemente, los valientes y abnegados Requetés realizaron análoga labor, recogiendo también otro gran número de ejemplares de esas malditas lecturas que deben desaparecer para siempre del pueblo español”

 

El papel de FET de las JONS fue también decisivo. Así, en 1938 el falangista Fernando García Montoto, furibundo partidario de la quema de libros, folletos, periódicos y de la eliminación física de sus autores en En el amanecer de España (Tetuán, Imprenta Hispana, 1938) denunciaba en estos términos las preversidades de ciertas obras:

“Significa que el libro y la prensa mal inspirados –verdaderamente estupefacientes del alma- habían intoxicado ya la conciencia colectiva, aletargándola. Significa, en fin, que el Enemigo estaba a punto de conseguir su objeto, de corromper la médula de un gran pueblo. Guerra, por tanto, al libro malo. Imitemos el ejemplo que nos brinda Cervantes en el capítulo sexto de su Obra inmortal.

E incitaba a encender hogueras en todos los pueblos para destruir los libros envenenadores del alma popular

Y que un día próximo se alcen en las plazas públicas de todos los pueblos de la nueva España las llamas justicieras de fogatas, que al destruir definitivamente los tóxicos del espíritu almacenados en librerías y bibliotecas, purifiquen el ambiente, librándolo de sus mismas contaminadores. ¡Arriba España! ¡Viva Franco! ¡Viva España!

Ver completo

 

Primeras bibliotecas públicas y ciudadanía colonial en el hemisferio sur británico

 

1007335.pdf

 

Atkin, Lara ; Comyn, Sarah ; Fermanis, Porscha ; Garvey, Nathan. Early Public Libraries and Colonial Citizenship in the British Southern Hemisphere”  Springer Nature, Cham, 2019

Texto completo

Este libro Pivot de acceso abierto es un estudio comparativo de seis bibliotecas públicas coloniales tempranas en Australia, Sudáfrica y el sudeste asiático del siglo XIX. Basándose en conceptualizaciones en red del imperio, marcos transnacionales y paradigmas de la “nueva historia imperial” que privilegian las “interculturas” coloniales y metropolitanas imbricadas, analiza el papel de las bibliotecas públicas en la configuración de un programa de educación cívica anglófona, creación de conocimiento científico y modernización en el hemisferio sur británico.

Los seis capítulos del libro analizan modelos y precedentes institucionales, lectura de públicos y tipos, libros y catálogos y redes científicas regionales para demostrar la importancia de estas bibliotecas para la construcción de la identidad colonial, la ciudadanía, y el autogobierno nacional, así como trazar su influencia en la configuración de las percepciones de clase social, género y raza. 

Utilizando material de fuente primaria del archivo digital ‘Catálogos de libros del hemisferio sur colonial’ recientemente completado, el libro argumenta que las bibliotecas públicas desempeñaron un papel formativo en el discurso público colonial, contribuyendo a debates más amplios sobre la ciudadanía imperial y el estado-nación en diferentes áreas geográficas, fronteras culturales y lingüísticas

Unamuno y Bejar. Planeta Biblioteca 2020/01/29.

 

 

Planeta Biblioteca 2020/01/29. Unamuno y Bejar

Ir a descargar

 

 

Presentación de la la exposición “Unamuno y Béjar”, que se puede visitar en El Centro Municipal de Cultura San Francisco de esta ciudad salmantina en la que se muestran las relaciones del escritor con la ciudad y sus gentes. Para ello nos ha visitado el comisario de la exposición José Antonio Sánchez Paso, que nos ha hablado de la ciudad y su entorno a principios del siglo XX, de la relación de Miguel de Unamuno con el municipio, y como estas vivencias quedan plasmadas en la obra del autor. También nos comentó, un hecho casi desconocido, como es D. Miguel quien impulsa la primera biblioteca obrara de Béjar. Además de otros alicientes que pueden ser de interés para acercarse a este municipio ver la exposición y pasear por las mismas rutas que hizo el escritor vizcaíno.

 

EXPOSICIÓN UNAMUNO Y BÉJAR Hasta el 12 de abril 2020 en Béjar

Con José Antonio Sánchez Paso. Comisario de la exposición

Ver

La muestra podrá visitarse en el Centro Municipal de Cultura San Francisco hasta el 12 de abril de 2020. En ella se recogerán fotografías y textos que mostrarán la relación entre el exrector de la USAL y la población bejarana. Son muchos las muestras de admiración por Béjar que Unamuno dejó en forma de textos, poemas y otros elogios.Pero no solo por Bejar, sino también por los pueblos de su entorno. Dicha admiración comenzó a principios de siglo, cuando fue nombrado por primera vez rector de la Universidad de Salamanca tras conseguir la Cátedra de Griego.

Digitalización y acceso abierto a la prensa histórica de Medio Oriente y norte de África

iraq20news

 

Middle Eastern and North African (MENA)

 

CRL y East View Information Services han publicado los  periódicos de Medio Oriente y África del Norte (MENA), la segunda colección de títulos digitalizados bajo el Global Press Archive (GPA) CRL Charter Alliance. MENA Newspapers se suma a la  creciente colección de material de acceso abierto disponible a través del programa Global Press Archive de East View.

Con un lanzamiento preliminar de más de 100.000 páginas de 15 títulos, la colección MENA Newspapers eventualmente abarcará hasta 500,000 páginas de contenido de noticias históricas que proporcionarán información única sobre la historia de países individuales, así como amplios puntos de vista sobre eventos históricos clave de finales del siglo XIX. hasta mediados del siglo XX.

El contenido en los  periódicos MENA  está predominantemente en árabe, pero también incluye títulos clave en inglés y francés, con títulos como  Al-Iqbal  (Líbano),  Al Akhaa al Watani  (Irak),  Gaceta de Tánger  (Marruecos) y  La Vérité  (Argelia). Gran parte del material nunca ha estado disponible en formato digital o disponible como material de acceso abierto, lo que brinda la oportunidad de una consulta profunda de publicaciones únicas y poco frecuentes de toda la región.

Cazadores de información: cuando bibliotecarios, soldados y espías se unieron en Europa en la Segunda Guerra Mundial

 

2019-12-11_12-45-44

Peis Kathy. Information Hunters: when Librarians, Soldiers, and Spies Banded Together in World War II Europe. Oxford: Oxford University Press, 2019

Adquirir

Si bien los ejércitos se han apoderado de los registros enemigos y textos raros como botín a lo largo de la historia, fue solo durante la Segunda Guerra Mundial que un grupo poco probable de bibliotecarios, archiveros y académicos viajaron al extranjero para recolectar libros y documentos para ayudar a la causa militar. Estimulados por los acontecimientos de la guerra para adquirir y preservar la palabra escrita, así como para proporcionar información crítica con fines de inteligencia, estos civiles estadounidenses emprendieron misiones para recopilar publicaciones e información extranjeras en toda Europa. Viajaron a ciudades neutrales en busca de textos enemigos, siguieron un paso detrás de los ejércitos que avanzaban para capturar registros y confiscaron obras nazis de librerías y escuelas. Cuando terminó la guerra, encontraron colecciones saqueadas escondidas en bodegas y cuevas. Su misión era documentar, explotar, preservar y restituir estas obras.

En este relato fascinante, la historiadora cultural Kathy Peiss revela cómo la recolección de libros y documentos se convirtió en parte del nuevo aparato de inteligencia y seguridad nacional, planificación militar y reconstrucción de posguerra. Centrándose en los estadounidenses que llevaron a cabo estas misiones, muestra cómo tomaron decisiones sobre el terreno para adquirir fuentes que serían útiles en la zona de guerra, como en el frente interno.

Estas misiones de recolección también impulsaron las ambiciones de posguerra de las bibliotecas de investigación estadounidenses, ofreciéndoles la oportunidad de convertirse en grandes depósitos internacionales de informes científicos, literatura y fuentes históricas. Su trabajo en tiempos de guerra no solo tuvo implicaciones duraderas para las instituciones académicas, la formulación de políticas exteriores y la seguridad nacional, sino que también condujo al desarrollo de las herramientas esenciales de ciencia de la información de hoy.

Las publicaciones se remontan a las décadas de 1930 y 1940, algunas incluso antes. Escritos en muchos idiomas, incluyen todo, desde documentos del gobierno y periódicos hasta panfletos clandestinos y ficción barata. Después de la Segunda Guerra Mundial, dos millones de libros y publicaciones periódicas extranjeras llegaron a la Biblioteca del Congreso y a las principales bibliotecas de investigación estadounidenses. Otros 160.000 volúmenes saqueados de judíos europeos se dirigieron a seminarios judíos y otros depósitos en Estados Unidos. Miles de carretes de microfilm llenos de publicaciones periódicas enemigas y otros materiales, una vez estudiados ávidamente por funcionarios del gobierno de Estados Unidos, están ahora dispersos, sin catalogar, e incluso en subasta en Internet. Rara vez los catálogos de las bibliotecas ofrecen a los lectores una manera de descubrir los orígenes de estas obras. Sólo un sello, un librero, una etiqueta o una anotación escrita a mano aluden a sus viajes. Estos son los vestigios de un esfuerzo estadounidense sin precedentes para adquirir publicaciones e información extranjeras durante la Segunda Guerra Mundial y en el período inmediatamente posterior.

Al inicio de este conflicto devastador, nadie podía prever que el coleccionismo de libros -el dominio de los bibliógrafos y los bibliófilos- se convertiría en un compromiso gubernamental. Al final, las habilidades, la experiencia y las aspiraciones de los bibliotecarios y coleccionistas se alinearon con los objetivos militares y políticos estadounidenses. Los participantes llevaban consigo un fuerte compromiso de ganar la guerra, sentían repugnancia contra el régimen nazi y compartían la confianza de que Estados Unidos rescataría la civilización en peligro. Sin embargo, en la base de este sentido de propósito nacional se encontraban preguntas incómodas sobre la ética de la adquisición, los derechos de los vencedores, la relación entre la lectura y la libertad, y la justicia de la restitución.

¿Por qué el coleccionismo llegó a ser tan importante en la lucha americana de la Segunda Guerra Mundial? La respuesta está en la naturaleza misma de los libros y de los textos impresos, y en el carácter particular de la guerra. Los libros sirven a los lectores de muchas maneras diferentes: como fuentes de información útil, como formas de comunicación y como manifestaciones materiales del conocimiento y la tradición cultural. En una guerra total, estos atributos generales se convirtieron en terrenos de batalla. Para luchar contra el enemigo se requería la movilización de conocimientos, lo que produjo un compromiso arrollador con la recopilación de inteligencia, incluida la inteligencia de “código abierto” recogida en las publicaciones. También exigía confrontaciones ideológicas que contrastaban fuertemente la libertad y el fascismo; los libros alemanes y otros medios de comunicación eran vistos como portadores de propaganda nazi que debían ser eliminados. El asalto de la guerra moderna a la vida civil también provocó una nueva atención a la preservación de libros y otros materiales culturales.

La idea de que las fuentes abiertas proporcionarían la información necesaria para ganar la guerra era una idea fascinante, no necesariamente evidente. A diferencia de la interceptación y el análisis de mensajes codificados (inteligencia de señales), las publicaciones estaban abiertamente disponibles y a menudo no eran oportunas. Sin embargo, en el transcurso de la guerra, las publicaciones se transmutaron en información valiosa -indicada, irónicamente, por el hecho de que se convirtieron en información clasificada-, fueron retiradas del acceso público y a menudo permanecieron en secreto mucho tiempo después de terminada la guerra. En el proceso, bibliotecarios y académicos se convirtieron en improbables agentes de inteligencia, que aplicaron sus conocimientos profesionales a la guerra clandestina y al gran esfuerzo por derrotar al Eje.

“Este libro surgió de un descubrimiento casual durante un homenaje en línea a un tío que nunca conocí. Reuben Peiss había sido bibliotecario en Harvard cuando comenzó la Segunda Guerra Mundial, y como muchos fue reclutado en la Oficina de Servicios Estratégicos, la primera agencia de inteligencia de la nación. Como agente de campo con sede en Lisboa y Berna, desarrolló una red de libreros y particulares para adquirir publicaciones oportunas para el análisis de inteligencia. Cuando los Aliados entraron en Alemania, trabajó con equipos de recolección de documentos para descubrir registros de crímenes de guerra, alijos de propaganda nazi y colecciones de libros enterrados en cuevas y minas. Después de la guerra, dirigió una misión en el extranjero de la Biblioteca del Congreso para adquirir obras publicadas en la Alemania de la época de la guerra y en los países ocupados para las bibliotecas de investigación estadounidenses. Cuando regresó, trabajó en el Departamento de Estado y enseñó en la escuela de la biblioteca de la Universidad de California, Berkeley. Plagado de enfermedades crónicas, vivió una corta vida, muriendo en 1952 a la edad de cuarenta años.”