Archivo de la categoría: PreTextos

Sunset Park de Paul Auster

 

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Un ejemplo de cómo la lectura propicia las relaciones es este párrafo tomado del comienzo de la novela Sunset Park de Paul Auster.

 

“Se llama Pilar Sánchez y la conoció seis meses atrás en un parque, un encuentro puramente casual a última hora de la tarde de un día de mediados de mayo, el encuentro más inverosímil que quepa imaginar. Ella sentada en el césped, leyendo un libro, y él también sobre la hierba con otro libro en la mano, que por casualidad era el mismo que ella tenía, en la misma edición de bolsillo, con idéntica portada, El gran Gatsby, que él leía por tercera vez desde que su padre se lo regaló al cumplir dieciséis años. Llevaba allí veinte o treinta minutos, enfrascado en la lectura y por tanto ajeno a todo lo que le rodeaba, cuando oyó que alguien reía. Se volvió y, en aquella primera y fatal visión, mientras ella le sonreía allí sentada señalando el título de su libro, él calculó que aún no había cumplido los dieciséis, sólo una niña, en realidad, y de poca estatura, además, una adolescente menuda que llevaba vaqueros muy cortos y ajustados, sandalias y una brevísima camiseta, el mismo atuendo de cualquier otra chica medianamente atractiva de la parte baja de aquella Florida destellante de sol. Casi una criatura, se dijo, y sin embargo ahí estaba con los tersos miembros desnudos y un rostro despierto y sonriente, y él, que rara vez sonríe a nada o a nadie, la miró a los ojos negros y vivaces y le devolvió la sonrisa.”

“Sunset Park” de Paul Auster. Madrid: Anagrama, 2010

La biblioterapia es un modo especial de relacionarse con un libro

 

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«La biblioterapia es un modo especial de relacionarse con un libro, por el cual la persona que lee encuentra reflejado en él algo que le permite ver una parte de sí mismo que le ayuda a cambiar, lo que impulsa a mejorar «algún aspecto de su vida».

Celia Fernández Martín, psicóloga clínica en el servicio público de Sanidad de Castilla y León (Sacyl)

Son ya bastantes los hospitales que han realizado «experiencias lectoras», utilizando los libros para paliar el malestar humano.

Ver entrevista. “Los libros también curan”. La voz de Galicia

Escuchar programa de RADIO

Biblioterapia ¿Qué es, para qué sirve y cómo se aplica? Planeta Biblioteca 2014/10/29.

 

La biblioteca de la noche de los tiempos de Antonio Muñoz Molina

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Muñoz Molina,Antonio. “La noche de los tiempos”. Barcelona: Seix Barral, 2009

Argumento: Narrada sobre la técnica de flashback, la novela se centra en la salida de España del arquitecto Ignacio Abel con destino a una universidad estadounidense (en la que ha sido contratado por el magnate Philip Van Doren para diseñar la nueva biblioteca) en el mes de octubre de 1936, intercalando sus propios recuerdos, desde el punto de vista omnisciente de la historia de su vida: Desde sus orígenes humildes como hijo de un maestro de obra en el Madrid de principios de siglo XX, a su ascenso en la escala social, gracias a sus estudios, su trabajo en las obras de la Ciudad Universitaria de Madrid y su matrimonio con Adela, una mujer mayor que él, perteneciente a una familia acomodada y de tradición católica y conservadora, que le dio dos hijos (Lita y Miguel), así como su aventura amorosa con la estadounidense Judith Biely iniciado a finales de 1935 y que se ve abruptamente interrumpido el 19 de julio de 1936, con el estallido de la Guerra Civil Española. La obra recrea las primeras semanas del conflicto tal y como se vivieron en la ciudad de Madrid.

Extracto

“-Hasta ahora todo lo que nos han presentado han sido pastiches, como puede imaginar. -Van Doren volvió a pronunciar con pulcritud amanerada una palabra francesa- Pastiches góticos, imitaciones de imitaciones, de templos griegos, de termas romanas, de estaciones de ferrocarril o palacios de exposiciones imitando templos griegos y monumentos romanos, tartas estilo Beaux-Arts. Pero yo no quiero que sea profanado ese terreno con un monstruo parecido a una oficina de Correos. Me gustaría que lo viera. Le haré enviar fotografias y planos si le parece necesario. Es un claro en un bosque de arces y robles, una elevación más allá del lado oeste del campus, con una vista del río Hudson. El edificio se verá desde los trenes que pasen junto a la orilla, desde los barcos que suben y bajan por el río. Incluso desde el otro lado, desde los acantilados de New Jersey. Será el más visible del college. Lo imagino por encima de las copas de los árboles, más escondido cuando estén llenos de hojas, al final de un sendero que se apartará del rectángulo central, un camino de retiro y elevación hacia los libros, sus luces encendidas hasta la medianoche. Habrá libros, pero también discos de cualquier música, de cualquier parte del mundo. Judith, con su oído excelente, me ayudará sin duda a buscar grabaciones de música española. Mi familia tiene intereses en algunas compañías fonográficas. Imagino cabinas insonorizadas para escuchar los discos, salas de proyección en las que cualquiera pueda ver las películas. Me interesa mucho ese proyecto que hay ahora en España de grabar en disco las voces de sus personalidades más eminentes. Habrá salas de lectura con grandes ventanales desde los que se dominen el bosque y el río, los otros edificios del campus. No una de esas bibliotecas lúgubres que hay en Inglaterra, y que se imitan absurdamente en América, con olor a moho y a cuero podrido, con estanterías y ficheros de madera oscura, como ataúdes o monumentos funerarios, con lámparas bajas de pantalla verde que les den color de muerto a las caras. Veo una biblioteca luminosa, como esos edificios y talleres que construyeron los maestros de usted en Alemania, como esa escuela que hizo usted en Madrid. Una biblioteca práctica, como un buen gimnasio, un gimnasio para la inteligencia. Una torre vigía y un refugio también.

-Yo quiero trabajar en esa biblioteca -dijo Judith, pero Van Doren no tenía tiempo ni ganas de escuchar. Movía las manos grandes, con las uñas rosadas de manicura, se subía las mangas del jersey, como impaciente por empezar a trabajar en su biblioteca imaginaria, por excavar cimientos, aplanar desigualdades, poner hileras de ladrillos rojizos o bloques de la dura piedra grisácea que emergía en los claros del bosque.

-No lo he invitado hoy para que me diga que sí, para que se comprometa conmigo. Usted tiene muchas cosas que hacer y yo también. El doctor Negrín me ha contado que este año va a ser particularmente difícil para ustedes, porque se han comprometido a inaugurar la Ciudad Universitaria el próximo octubre. Difícil, si me permite mi opinión sincera. Casi imposible.”

 

Antonio Muñoz Molina

Green Day “En la biblioteca”

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Escuchar

Algunas de las canciones hablan de las relaciones de las personas que van a la biblioteca, en la biblioteca las miradas se encuentran, las personas se frecuentan, en el día a día surge la familiaridad, la necesidad de verse todos los días, de mirarse sin mirarse, de propiciar un encuentro que parezca no intencionado con toda la intención del mundo. ¿Quién no se ha enamorado en una biblioteca? Esto es lo que nos cuenta la canción “At the Library” de Green Day del LP de 1990 “39/smooth”

“At the library” es la canción que abre el primer álbum de estudio de la banda de punk rock, Green Day, llamado en ese entonces Sweet Children. La canción es un tema suave y rápido con claras influencias de The Ramones. Era tocada con frecuencia en los primeros años de la banda.

“Estás ahí mirándome. Dime lo que ves, Pero rápidamente vuelves la cara hacia otro lado. Trato de encontrar palabras que podría usar. No tengo el coraje para hablarte, Mi oportunidad parece un poco gris.” ¿Qué es lo que adoro de ti? ¿Qué hace que me vuelva loco? ¿Qué es lo que me hace que sienta tanto dolor? ¿Qué es lo que adoro tanto de ti?

La biblioteca de Roberto Juarroz

 

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Descargar audio con Musica de Visage “Fade Away”

Descargar audio con Música de George Harrison “Give me love”

La biblioteca

El aire es allí diferente.
Está erizado todo por una corriente
Que no viene de este o aquel texto,
Sino que los enlaza a todos
Como un círculo mágico.

El silencio es allí diferente.
Todo el amor reunido, todo el miedo reunido,
Todo el pensar reunido, casi toda la muerte,
Casi toda la vida y además todo el sueño
Que pudo despejarse del árbol de la noche.

Y el sonido es allí diferente.
Hay que aprender a oírlo
Como se oye una música sin ningún instrumento,
Algo que se desliza entre las hojas,
Las imágenes, la escritura y el blanco.

Pero más allá de la memoria y los signos que la imitan,
Más allá de los fantasmas y los Ángeles que copian la memoria
Y desdibujan los contornos del tiempo,
Que además carece de dibujo,
La biblioteca es el lugar que espera.

Tal vez sea la espera de todos los hombres,
porque también los hombres son allí diferentes.
O tal vez sea la espera de que todo lo escrito
Vuelva nuevamente a escribirse,
Pero de alguna otra forma, en algún otro mundo,
Por alguien parecido a los hombres,
Cuando los hombres ya no existan.

O tal vez sea tan solo la espera
De que todos los libros se abran de repente,
Como una metafísica consigna,
Para que se haga de golpe la suma de toda la lectura,
Ese encuentro mayor que quizá salve al hombre.
Pero, sobre todo, la biblioteca es una espera
Que va más allá de letra,
Más allá del abismo.

La espera concentrada de acabar con la espera,
De ser más que la espera,
De ser más que los libros,
De ser más que la muerte.

Roberto Juarroz

Gracias a José Antonio Gómez Hernández

Internet ha materializado la cultura de la libertad

 

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Internet ha materializado la cultura de la libertad. (…) Ya es una segunda piel para los jóvenes, mientras que, por otro lado, alimenta los temores y las fantasías de los que siguen gobernando una sociedad que ya apenas comprenden.  “Como las relaciones de poder siempre se han basado en el control de la comunicación y la información, (…) la proliferación de redes horizontales de comunicación ha generado un nuevo paisaje de cambio social y político, a través de un proceso de desintermediación de los controles gubernamentales y corporativos sobre las comunicaciones”.

Manuel Castells, Profesor de Sociología y Urbanismo en la Universidad de California-Berkeley

Fin del mundo de Julio Cortazar

Julio Cortazar Portrait Session

 

    Como los escribas continuarán, los pocos lectores que en el mundo había van a cambiar de oficio y se pondrán también de escribas. Cada vez más los países serán de escribas y de fábricas de papel y tinta, los escribas de día y las máquinas de noche para imprimir el trabajo de los escribas. Primero las bibliotecas desbordarán de las casas, entonces las municipalidades deciden (ya estamos en la cosa) sacrificar los terrenos de juegos infantiles para ampliar las bibliotecas. Después ceden los teatros, las maternidades, los mataderos, las cantinas, los hospitales. Los pobres aprovechan los libros como ladrillos, los pegan con cemento y hacen paredes de libros y viven en cabañas de libros. Entonces pasa que los libros rebasan las ciudades y entran en los campos, van aplastando los trigales y los campos de girasol, apenas si la dirección de vialidad consigue que las rutas queden despejadas entre dos altísimas paredes de libros. A veces una pared cede y hay espantosas catástrofes automovilísticas. Los escribas trabajan sin tregua porque la humanidad respeta las vocaciones, y los impresores llegan ya a orillas del mar. El presidente de la república habla por teléfono con los presidentes de las repúblicas, y propone inteligentemente precipitar al mar el sobrante de libros, lo cual se cumple al mismo tiempo en todas las costas del mundo. Así los escribas siberianos ven sus impresos precipitados al mar glacial, y los escribas indonesios etcétera. Esto permite a los escribas aumentar su producción, porque en la tierra vuelve a haber espacio para almacenar sus libros. No piensan que el mar tiene fondo, y que en el fondo del mar empiezan a amontonarse los impresos, primero en forma de pasta aglutinante, después en forma de pasta consolidante, y por fin como un piso resistente aunque viscoso que sube diariamente algunos metros y que terminar por llegar a la superficie. Entonces muchas aguas invaden muchas tierras, se produce una nueva distribución de continentes y océanos, y presidentes de diversas repúblicas son sustituidos por lagos y penínsulas, presidentes de otras repúblicas ven abrirse inmensos territorios a sus ambiciones etcétera. El agua marina, puesta con tanta violencia a expandirse, se evapora más que antes, o busca reposo mezclándose con los impresos para formar la pasta aglutinante, al punto que un día los capitanes de los barcos de las grandes rutas advierten que los barcos avanzan lentamente, de treinta nudos bajan a veinte, a quince, y los motores jadean y las hélices se deforman. Por fin todos los barcos se detienen en distintos puntos de los mares, atrapados por la pasta, y los escribas del mundo entero escriben millares de impresos explicando el fenómeno y llenos de una gran alegría. Los presidentes y los capitanes deciden convertir los barcos en islas y casinos, el público va a pie sobre los mares de cartón a las islas y casinos donde orquestas típicas y características amenizan el ambiente climatizado y se baila hasta avanzadas horas de la madrugada. Nuevos impresos se amontonan a orillas del mar, pero es imposible meterlos en la pasta, y así crecen murallas de impresos y nacen montañas a orillas de los antiguos mares. Los escribas comprenden que las fábricas de papel y tinta van a quebrar, y escriben con letra cada vez más menuda, aprovechando hasta los rincones más imperceptibles de cada papel. Cuando se termina la tinta escriben con lápiz etcétera; al terminarse el papel escriben en tablas y baldosas etcétera. Empieza a difundirse la costumbre de intercalar un texto en otro para aprovechar las entrelíneas, o se borra con hojas de afeitar las letras impresas para usar de nuevo el papel. Los escribas trabajan lentamente, pero su número es tan inmenso que los impresos separan ya por completo las tierras de los lechos de los antiguos mares. En la tierra vive precariamente la raza de los escribas, condenada a extinguirse, y en el mar están las islas y los casinos o sea los transatlánticos donde se han refugiado los presidentes de las repúblicas, y donde se celebran grandes fiestas y se cambian mensajes de isla a isla, de presidente a presidente, y de capitán a capitán.

Julio Cortazar “El Fin del mundo”