Archivo de la categoría: PreTextos

Sobre los efectos de los malos libros

“Quien no ha recibido de la naturaleza un espíritu falaz y corazón perverso, lo puede cambiar con la frecuente lectura de libros malos, tanto o más perjudicial que la conversación y trato con hombres corronpidos.”

Adrien Bailler

            Este texto lo encontré en un libro titulado “la casa de Balsasain” de Federico Santander Ruíz-Jimenez de la Biblioteca Patria de Obras Premiadas junto a la cita aparece “lema de la biblioteca”.

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Investigando al respecto encontré que esta misma cita se utilizaba en el “Diploma por los servicios prestados a la moral y a las sanas costumbres con la propaganda del buen libro y del buen periódico” del Patronato Social De Buenas Lecturas.1910. Buscando la cita, la misma pertenece a Adrien Baillet, un teólogo y crítico literario francés, más conocido por ser biógrafo de René Descartes. Dicha cita no tiene ningún desperdicio, ya que al igual que lo habitual es ensalzar los prodigios de la lectura, esta frase llena de ironía nos avisa sobre los efectos negativos de los malos libros.

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Diploma de Socio Protector del Patronato Social De Buenas Lecturas.1910.

La discreta belleza de la bibliotecaria de la canción “The Librarian” de Hefner

El tema de un grupo británico de “rock urbano” llamado Hefner formado en el este de Londres en 1995. El tema “The Librarian” pertenece al albún Breaking God’s Heart, y trata sobre un chico que se enamora de una bibliotecaria, y va a pedir en préstamo sesudos libros en préstamo que nunca lee, con el objetivo de que la bibliotecaria se fije en él. Tiene ensoñaciones eróticas con ella, piensa que se la lleva a su casa, que hacen el amor, Pero la realidad es que la chica no se fija en el chico y se olvida de él chico transcurridos diez minutos. Se trata de una amor platónico hacia una bibliotecaria de un discreto atractivo que atrae poderosamente a nuestro protagonista.

Comenzó a cortejarla a la bibliotecaria del vestido gris
de una manera muy peculiar
Pidió en préstamo libros que nunca leería
Quería que se fijara en él
llevando libros de alto contenido intelectual

Planeó llevarla a su casa algún día
Soñaba con la suavidad de su piel mientras se amaban
Pero ambos sabían que mientras soñaba aquello
Ella se iba a olvidar de todo en tan sólo diez minutos

Posee una belleza nada común que aún nadie descubrió
Que esconde tras de sus ojos cansados
Alguna vez le cae una lágrima
Que seca con la manga de su camisa
Se hizo el silencio al saber que sus esfuerzos eran en vano
que nunca le besará los párpados

Hefner. The Librarian, 1995

Libros lámpara

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Una recomendación curiosa. hasta hoy conocíamos los libros decorativos y los libros caja fuerte, ahora se presentan los libros lampara. Estos libros tienen unas dimensiones de 24 cm de altura, 17 cm de ancho y 8 cm de profundidad y se suministra con una lámpara de ahorro energético y un enchufe europeo. Está diseñada para iluminar toda su estantería y mostrar mejor la colección.

 

Hasta ahora conocíamos los típicos libros decorativos que sirven para adornar las estanterías con bellas encuadernaciones, aunque en su interior estos libros, -que se compran por metros lineales- no tuvieran contenido alguno, ya que son simplemente una caja cerrada. Incluso para que no se desordenen a veces vienen en bloques.

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En los últimos años también me he encontrado que se venden libros que son una pequeña caja fuerte con cerradura y llave incluida. Los ladrones generalmente cuando van a una casa no rebuscan entre los libros; por lo tanto son un buen sitio para guardar documentos, dinero o joyas, pues que se integran perfectamente entre el resto de los libros bajo la apariencia de un diccionario de inglés o otro libro similar. Hay algunos de ellos muy llamativos, al estilo libros antiguos, pero para cumplir su cometido es más conveniente que sean discretos. Se venden en bazares chinos a un precio adsequible según el tamaño entre 7 y 12 euros.

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Lo que no había visto hasta la fecha son los libros lámpara. Las estanterías generalmente están en lugares de poca luz, salvo que la estantería tenga luz dedicada. Pues bien han aparecido los libros lampara de The Enlightenment hechos de material plástico reciclable. Estos libros tienen unas dimensiones de 24 cm de altura, 17 cm de ancho y 8 cm de profundidad y se suministra con una lámpara de ahorro energético y un enchufe europeo. Está diseñada para iluminar toda su estantería y mostrar mejor la colección. Esta lámpara se puede adquirir en Light up your world por 79,00€ con el envío incluido a cualquier parte del mundo.

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La biblioteca secreta de Haruki Murakami

 

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Haruki Murakami, “La biblioteca secreta”. Madrid: libros del Zorro Viejo, 2014

La biblioteca secreta de Haruki Murakami es una obra magníficamente ilustrada por Kat Menschik, y una representación de los mundos más oníricos y subrealistas del autor japonés, que una vez más como ocurre con Kafka en la orilla y con El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas, su leitmotiv es la biblioteca. En la obra un chico acude a la biblioteca púbica de su ciudad como hace frecuentemente, y al pedir un libro a la bibliotecaria como de costumbre le dice que baje al sótano y pregunte por la habitación 207, lo que ocurre allí, deja de pertenecer a este mundo, aparece un viejo bibliotecario, que más bien parece el guardián de las mazmorras,  y le  que lo introduce en el laberinto de la biblioteca, alli encuentra el hombre oveja, la chica muda, al perro de los ojos de diamante y otros personajes e historias que se alejan de la cotidaneidad de cualquiera de nuestros centros y se acercan a la laberíntica biblioteca propia de los universos borgianos.

EXTRACTOS

“La biblioteca estaba mucho más silenciosa que de costumbre. Yo llevaba, aquel día, unos zapatos de piel nuevos que, al pisar el linóleo de color gris, dejaban escapar unos crujidos duros y secos. No sé por qué, pero no parecía que aquellos pasos fuesen míos. Cuando te pones unos zapatos de piel nuevos, tardas un tiempo en familiarizarte con el sonido de tus propios pies. En el servicio de préstamo había una mujer desconocida que leía un grueso volumen. Era un libro apaisado, muy ancho. Daba la sensación de que estuviera leyendo la página derecha con el ojo derecho y la izquierda con el izquierdo.
—Disculpe —dije.
La mujer dejó el libro sobre la mesa con un pataplum y alzó el rostro hacia mí.
—Vengo a hacer una devolución —añadí, y deposité sobre el mostrador los libros que llevaba bajo el brazo. Uno era Cómo se construye un submarino; el otro, Memorias de un pastor.
La mujer levantó la tapa y comprobó la fecha de vencimiento.”

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“En la habitación había un escritorio pequeño y viejo y, sentado detrás, un anciano de baja estatura. Tenía el rostro cubierto de pequeñas manchas negras, como si una multitud de moscas pulularan sobre su piel. El anciano era calvo y llevaba unas gafas de lentes gruesas. Su calvicie no era completa; aquí y allá conservaba algún mechón. Unas greñas canosas se le pegaban a los lados de la cabeza como después de un incendio forestal.”

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“—Busco un libro —dije.
—Baje las escaleras, a la derecha —dijo sin levantar la cabeza—. Siga recto. Sala número 107.

Yo estaba estupefacto. ¿Cómo era posible que en los sótanos de la biblioteca municipal existiera un laberinto tan enorme? La biblioteca municipal siempre pasaba estrecheces debido a la falta de presupuesto: era inconcebible que pudiera construir siquiera un laberinto diminuto. Pensé en interrogar al anciano sobre aquel punto, pero tenía miedo de que me regañara, así que desistí.

Efectivamente, en el dorso de cada uno de los libros había pegada una etiqueta roja que prohibía el préstamo.”

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“El laberinto al fin acabó y nos encontramos ante una gran puerta de hierro. De la puerta colgaba un rótulo donde ponía «Sala de Lectura». El lugar estaba tan silencioso como un cementerio a medianoche. El anciano sacó un manojo de llaves del bolsillo y, haciéndolas entrechocar, eligió una. Era una llave grande de modelo anticuado. La introdujo en la cerradura y, tras echarme una mirada rápida llena de sobrentendidos, la hizo girar hacia la derecha. Se oyó un sonido metálico. Al abrirse la puerta, un chirrido en extremo desagradable resonó por los alrededores. —Pero si está completamente a oscuras —protesté. Al otro lado de la puerta, las tinieblas eran tan negras como un agujero en el espacio.”

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El peligro de los laberintos radica en que, hasta que no avanzas un buen trecho, no sabes si has elegido o no el camino correcto. Y cuando llegas al final y te das cuenta de que te has equivocado, ya suele ser demasiado tarde para retroceder. Ese es el problema de los laberintos.

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“Me senté en la cama con la cabeza entre las manos. ¿Por qué tenía que sucederme aquello a mí? Lo único que había hecho yo era ir a la biblioteca a pedir unos libros prestados.
—No te desanimes tanto —me dijo el hombre-oveja en tono consolador—. Ahora te traeré la cena. Si tomas algo caliente, te animarás otra vez.
—Oye, señor hombre-oveja —dije—. ¿Y por qué va el abuelo a sorberme los sesos?
—Es que, por lo visto, los sesos repletos de conocimientos son deliciosos. Son más blanditos. Aunque también los hay grumosos.
—Por eso quiere sorbérmelos después de que haya estado un mes atiborrándolos de conocimientos, ¿verdad?
—Exacto.
—Eso es horrible —dije—. Bueno, para quien se va a quedar sin sesos, claro.
—¡Pero si eso lo hacen en todas las bibliotecas! En mayor o menor medida.
Oírle decir aquello me dejó atónito.
—¿Que lo hacen en todas las bibliotecas?
—Sí, porque si solo prestaran conocimientos, saldrían perdiendo, ¿no te parece?”

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“Se oyó girar la llave en la cerradura y entró una chica empujando un carrito. Una chica tan hermosa que de solo mirarla, dolían los ojos. Debía de tener, más o menos, mi edad. Sus brazos, piernas y cuello eran tan delgados que parecía que la fuerza más insignificante pudiera quebrarlos. Su pelo, largo y liso, relucía como una joya. Tras mirarme unos instantes, empezó a colocar sobre la mesa, sin decir palabra, la comida que llevaba en el carrito. Era tan hermosa que ni siquiera logré abrir la boca.”

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“Aquella era la habitación donde había visto al anciano por primera vez. La habitación número 107, en el sótano de la biblioteca. El anciano se encontraba detrás del escritorio, con los ojos clavados en mí.

Obedecí. Tomé al hombre-oveja de la mano, salí a toda prisa de la habitación. Ni siquiera volví la vista atrás.
En la biblioteca, aún de mañana temprano, no se veía un alma. Cruzamos el vestíbulo, abrimos una ventana de la sala de lectura desde el interior y salimos casi rodando. Corrimos hacia el parque hasta perder el aliento y, una vez allí, nos arrojamos los dos sobre el césped, boca arriba. Cerramos los ojos, jadeando. Permanecí bastante tiempo con los ojos cerrados.”

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“A partir de aquel día no volví a poner los pies en la biblioteca municipal. Tal vez hubiera debido dirigirme a un cargo importante de la biblioteca, contarle mis experiencias y avisarle que, en sus profundidades, había una habitación parecida a una mazmorra. De lo contrario era posible que, algún día, otro niño corriera la misma suerte que yo. Pero solo con ver el edificio de la biblioteca bañado por el sol del crepúsculo, me quedaba paralizado.

A veces pienso en los zapatos de piel nuevos que dejé en el sótano de la biblioteca. Pienso en el hombre-oveja, pienso en la hermosa muchacha muda. ¿Hasta qué punto ocurrió realmente? A decir verdad, no tengo ninguna certeza. Lo único que sé es que mis zapatos de piel y mi estornino han desaparecido de veras.”

Signatura 400: un retrato de la imagen profesional de la biblioteca

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Divry, Sophie. Signatura 400, Blackie Books, 2001

En el libro Signatura 400, nos presenta  a la bibliotecaria como un ser anodino, casi invisible e impersonal. Ese alguien en que nadie se fija, nadie repara en ella.

 

“Ni siquiera tiene nombre. Y es que nadie habla con ella, como no sea para pedir libros en préstamo. Su consuelo: las buenas lecturas y estar rodeada de seres incluso más tristes que ella. Se pasa los días ordenando, clasificando. No pensaba ser bibliotecaria, pero abandonó las oposiciones por un hombre. Ahora el amor le parece una pérdida de tiempo, un trastorno infantil en el mejor de los casos.”

Y continua exibiendo este catálogo de tareas de la biblioteca, sin ninún tipo de ilusión “Es lo que hay”

 

“Nunca hay que llamar la atención en una biblioteca. Llamar la atención ya es molestar. Se va a quedar conmigo mientras preparo la sala de lectura. Todavía me quedan libros por clasificar. Ya que es usted tan eficiente, sáqueme todos los libros de geografía que los lectores han colado en la sección de historia. Venga, y no se queje: clasificar, colocar, no molestar, ésa es toda mi vida, ya ve. Meter libros en las estanterías y sacarlos, el cuento de nunca acabar. No parece divertido, ¿eh? Pero es lo que hay. Porque, para colocar un libro, ni siquiera necesito mirar el nombre del autor. Me basta con leer los números apuntados aquí, en la etiqueta pegada en el lomo, e intercalarlos a continuación de los que tienen la misma signatura. Eso es todo. Y llevo veinticinco años en este oficio, veinticinco años con el mismo principio inmutable… Ser bibliotecario no es nada gratificante, se lo digo yo”

Cuando hablamos de bibliotecarios utilizamos un genérico que incluye a cualquier persona que trabaja en al biblioteca, por lo general los usuarios identifican al bibliotecario como la persona que le atiende en el mostrador de préstamo. Por lo cual la visibilidad y percepción de nuestro quehacer queda simplificada a eso. Pero como nos cuenta la bibliotecaria de Signatura 400 hay una división de escalafones y tareas diferentes. Si bien unos, y sobre todo otras no salen muy bien paradas.

 

Qué vergüenza pasé: haberme enamorado de un hombre capaz de encontrar atractiva a una burócrata nuclear, qué barbaridad. Tras este episodio perdí para siempre los sentimientos románticos, las ganas de fantasear, porque la fantasía, cuando nos atrapa, puede ser muy peligrosa. No se fíe. No sé cómo se las apaña usted para aguantar el día a día, pero yo, donde me repuse, fue aquí en mi sótano. Y eso que mi puesto no es muy interesante que digamos. Si es que este oficio tiene algo de interesante.Pero, bueno, al fin y al cabo, hay quien vive mejor que yo, porque una biblioteca es una cosa muy jerarquizada. Aunque los lectores no se den cuenta, estamos todas sometidas a un orden despiadado. Arriba del todo, encerrado en su despacho, el director. Procede de la élite universitaria, decide las compras importantes, cuenta con una plaza de aparcamiento reservada, se codea con escritores. Luego está el «cuerpo de bibliotecarios», funcionarios de primera categoría: todas unas esnobs y madres de familia que han conseguido compaginarlo todo en su vida, que si patatín que si patatán. Después vienen los funcionarios de segunda categoría, las más currantas, con bicicleta o solteras, como yo. Digo «currantas» porque en la biblioteca nueve de cada diez empleados son mujeres. Aparte del director, que está en la cúspide, solo emplean a hombres para tareas menores: almacenistas, guardas jurados o técnicos.

 

Los comentarios de signatura 400 desde luego no nos dejan indiferentes por sus sarcasmo y mordacidad, no se salvan de las feroces críticas que emana la novela ni bibliotecas, ni bibliotecarios, ni administraciones…

… Es tan triste. No hay nada más triste que una biblioteca vacía. Quiero decir, una biblioteca abierta pero despoblada. Aunque eso pasa en cualquier época del año. Entonces te quedas como el tío Gilito plantado en su montón de oro. Porque, por muy dura que haya sido con usted, la verdad es que ¿qué haríamos nosotras sin los lectores?“

Los amantes encuadernados

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Jaime de Armiñan. “Los amantes ecuadernados”. Madrid: Espasa-Calpe, 1999

Otro libro en torno a los profesionales de las bibliteca como investigadores de asesinatos y otros enigmas es la obra del cineasta Jaime de Armiñan titulada “Los amantes encuadernados”, trata de una bibliotecaria de edad madura (Maria Rosa Arana) que recibe un misterioso encargo de catalogar y ordenar una biblioteca de 20.000 ejemplares de una Fundación, cuyo fundador ha fallecido recientemente.Ella acepta el encargo tentada por los emolumentos que recibirá. Aparentemente la biblioteca está totalmente desordenada, pero a medida que trabaja en lastareas de ordenación descubre un peculiar y coherente orden prestablecido que va cobrando sentido con cada nuevo volumen descubierto…

“Volví a recorrer la biblioteca, olisqueando y acariciando algunos libros. No me gustó el rincón donde me habían puesto el ordenador: me parecía frío, de oficina. Intenté ver los libros que contenían los armarios y que, como era lógico, también debía clasificar, y descubrí uno cerrado. Aquel armarito misterioso, ignoro la causa, despertó mi curiosidad: era pequeño y de llave antigua, profundo y estrecho.”

Jaime de Armiñan “Los amantes encuadernados”

 

Se ve a sí mismo como parte de los libros

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“Se ve a sí mismo como parte de los libros, o a los libros como parte de sí mismo, no estoy seguro.”

William Morris, Noticias de ninguna parte. Barcelona: Minotauro, 1890.

Entre estos seres vivientes llamados libros ocurren fenómenos extraños, simetrías, mezcla de sentimientos y transmutaciones genéticas entre la tinta y el ADN. El libro termia siendo una parte del propio lector, y el lector parte del libro, se produce una especie de confusión entre uno y el otro; tal como a través de esta cita nos hace sentir William Carter, el escritor y pensador británico del siglo XIX que abogaba por un retorno a las artes, al trabajo con las manos. Su obra tendría una enorme influencia en el diseño de libros, en el arte de la impresión, en las artes visuales y en el diseño industrial, considerando el trabajo artesanal de la época gótica como un periodo ejemplarizante en contra de la mecanización.llegando a afirmar que “un arte hecho por el pueblo y para el pueblo constituye la felicidad de quien lo crea y de quien usa de él” .