«La noche que me senté a leer a Dostoyevski por primera vez fue un acontecimiento de la mayor importancia en mi vida, más importante incluso que mi primer amor. Fue el primer acto deliberado, consciente, que tuvo sentido para mí; cambió la faz del mundo por completo. Ya no sé si es verdad que el reloj se paró en el momento en que alcé la vista después del primer trago intenso. Pero el mundo se detuvo en seco, eso lo sé. Fue mi primera vislumbre del alma del hombre, ¿o debería decir que Dostoievski fue el primer hombre que me reveló su alma? Quizás hubiera sido yo ya un poco raro antes, sin darme cuenta, pero desde el momento en que me sumergí en Dostoievski fui clara e irrevocablemente raro y satisfecho de serlo. El mundo ordinario, despierto, cotidiano, había acabado para mí. Era como el hombre que ha estado mucho tiempo en las trincheras, demasiado tiempo bajo el fuego. De pronto, la aflicción, la envidia y las ambiciones humanas ordinarias de este mundo… eran porquería para mí».
“La inteligencia artificial no es peligrosa por ser artificial, sino porque piensa fuera del sujeto. El riesgo no es la máquina, sino la renuncia humana a pensar.”
«Nada enriquece tanto los sentidos, la sensibilidad, los deseos humanos, como la lectura. Estoy completamente convencido de que una persona que lee, y que lee bien, disfruta muchísimo mejor de la vida, aunque también es una persona que tiene más problemas frente al mundo».
Se narra la inspiradora historia de Debra Bonde (también conocida como Debra Erickson Bonde), una madre que sin tener experiencia previa en publicación, educación especializada ni gestión de organizaciones, se convirtió en una figura clave para que los niños ciegos tuvieran acceso a libros en braille.
La historia comienza a finales de los años 70 en Michigan, cuando Bonde se enteró de que los libros infantiles en braille eran extremadamente escasos y muy caros —a veces costaban cientos de dólares por cada título—, lo que significaba que muchos niños con discapacidad visual tenían acceso muy limitado a materiales de lectura adaptados.
Movida por una pregunta sencilla pero poderosa (“¿Por qué los niños ciegos deberían tener menos libros?”), Debra decidió actuar. Aprendió braille por su cuenta y se certificó como transcripora de braille en 1979, empezando a producir libros infantiles desde su propia casa con equipos básicos. Lo que comenzó como un proyecto casero pronto atrajo la atención de padres, educadores y familias que buscaban recursos de lectura accesibles para sus hijos.
Con el crecimiento de la demanda, Bonde fundó oficialmente la organización Seedlings Braille Books for Children en 1984, con la misión clara de producir libros en braille de alta calidad al menor costo posible para que fueran accesibles incluso a familias con recursos económicos limitados. A lo largo de los años, Seedlings ha desarrollado un catálogo extenso que incluye libros ilustrados, textos para primeros lectores, novelas por capítulos y clásicos populares, construyendo una biblioteca de títulos que reflejan la diversidad de intereses de los niños ciegos.
Más allá de los números, el impacto de esta labor radica en promover la alfabetización y la independencia de lectura en los niños con discapacidad visual. Mientras los audiolibros y lectores electrónicos ofrecen alternativas, la lectura en braille juega un papel clave en el aprendizaje de la ortografía, la gramática y la estructura del lenguaje, habilidades fundamentales para el desarrollo académico y la confianza personal. Desde su creación, Seedlings ha producido más de 750 000 libros en braille, lo que ha permitido a miles de niños tener acceso a experiencias lectoras completas como las que disfrutan sus pares videntes.
La historia de Bonde —que comenzó con empatía y una acción concreta— demuestra cómo una sola persona puede desafiar barreras de accesibilidad y provocar cambios duraderos en la forma en que la sociedad garantiza el derecho a la lectura para todos, recordando que la alfabetización inclusiva es un componente esencial de la equidad educativa.
Las bibliotecas atraen a los locos, eso es así. Sobre todo, en verano. ¡Ah!, claro, si cerrasen las bibliotecas en vacaciones, dejaríamos de verlos. No más locos, ni pobres, ni niños solos, ni estudiantes suspendidos, ni abuelitos, ni cultura, ni humanidad. ¡Cuando pienso que algunos alcaldes se atreven a cerrar las bibliotecas en el mes de agosto! Todo para ahorrar gastos de mantenimiento. ¡Qué barbaridad!
«Primero censuraron las revistas de historietas, las novelas policiales, y por supuesto, las películas, siempre en nombre de algo distinto: las pasiones políticas, los prejuicios religiosos, los intereses profesionales. Siempre había una minoría que tenía miedo de algo, y una gran mayoría que tenía miedo de la oscuridad, miedo del futuro, miedo del presente, miedo de ellos mismos y de las sombras de ellos mismos».
Las bibliotecas inspiran a los escritores, ofreciendo acceso gratuito a libros, recursos de investigación y un entorno creativo. Presenta ejemplos históricos y contemporáneos de autores que aprovecharon bibliotecas para desarrollar sus obras.
las bibliotecas públicas son recursos valiosos para los escritores, ofreciendo un entorno ideal para desarrollar la creatividad y avanzar en un proyecto literario. Para muchos autores en ciernes, publicar una novela es una aspiración importante, pero no siempre fácil de realizar. Las bibliotecas proveen un espacio accesible y gratuito donde pueden rodearse de libros que motivan, estudiar obras existentes y realizar investigación sin coste alguno, lo cual es especialmente útil para quienes están empezando y necesitan referencias, técnicas o información sobre agentes y editores.
El texto también recoge ejemplos de autores famosos cuya relación con las bibliotecas fue significativa en su carrera. Ray Bradbury, por ejemplo, escribió el primer borrador de Fahrenheit 451 en la biblioteca Powell de UCLA, mientras que Phillip Pullman se inspiró en la histórica Biblioteca Bodleiana de Oxford para elementos de La Belle Sauvage. Asimismo, Madeleine L’Engle continuó su producción literaria mientras colaboraba como voluntaria bibliotecaria, y la Geisel Library en la Universidad de California, San Diego, está asociada con el icónico Dr. Seuss. También se menciona a Edward Said, cuyo legado académico está preservado en una sala de la Butler Library de Columbia.
Además de los ejemplos históricos, el artículo incluye testimonios contemporáneos de escritores que atribuyen parte de su éxito a las bibliotecas. Autores como Douglas Westerbeke y Kristen Arnett señalan que las bibliotecas no solo brindan acceso a recursos, sino que también ofrecen un ambiente donde pueden trabajar tranquilamente, aprender y crecer como escritores. Las bibliotecas fomentan la comunidad, el aprendizaje continuo y la exploración individual, aspectos que muchos autores valoran profundamente en su proceso creativo.
Finalmente, el artículo anima a los aspirantes a escritores a aprovechar al máximo su biblioteca local, no solo para leer y consultar materiales, sino también para conectarse con bibliotecarios y explorar los recursos especializados y bases de datos que pueden potenciar su trayectoria hacia la publicación
«Borges inventa al lector como héroe a partir del espacio que se abre entre la letra y la vida. Y ese lector […] es uno de los personajes más memorables de la literatura contemporánea. El lector más creativo, más arbitrario, más imaginativo que haya existido desde don Quijote. Y el más trágico. En Borges ya no se trata de alguien que […] lee un libro sentado frente a una ventana. Se trata, en cambio, de alguien perdido en una biblioteca, que va de un libro a otro, que lee una serie de libros y no un libro aislado. Un lector disperso en la fluidez y el rastreo, que tiene todos los volúmenes a su disposición.»
«El lector adicto, el que no puede dejar de leer, y el lector insomne, el que está siempre despierto, son representaciones extremas de lo que significa leer un texto, personificaciones narrativas de la compleja presencia del lector en la literatura. Los llamaría lectores puros; para ellos la lectura no es solo una práctica, sino una forma de vida. Muchas veces los textos han convertido al lector en un héroe trágico (y la tragedia tiene mucho que ver con leer mal), un empecinado que pierde la razón porque no quiere capitular en su intento de encontrar el sentido.»