Archivo de la categoría: Bibliotecas

La biblioteca Moffitt de U.C. Berkeley reabre transformada para una nueva generación de estudiante

Vaccaro, Dan. Moffitt Library is back — and built for a new generation of UC Berkeley students. UC Berkeley Library, 24 de agosto de 2026.
Artículo original en UC Berkeley Library

Moffitt Library de la University of California, Berkeley ha reabierto sus puertas después de más de un año de obras, tras una inversión de 58 millones de dólares. La renovación de sus tres plantas inferiores prácticamente duplica el espacio destinado a los estudiantes y culmina la creación del Carol T. Christ Center for Connected Learning. El proyecto pretende convertir la biblioteca en un lugar no solo para estudiar, sino también para relacionarse, colaborar, crear y desarrollar nuevas formas de aprendizaje.

Una de las características más destacadas es que el diseño se ha realizado a partir de las necesidades expresadas por los propios estudiantes. Encuestas, talleres y conversaciones con alumnos mostraron una demanda muy concreta: más lugares para sentarse, estudiar y trabajar, más enchufes y espacios que permitieran tanto la concentración individual como el trabajo colaborativo. El segundo piso, anteriormente ocupado por oficinas del personal, se ha transformado completamente en una gran zona estudiantil con cabinas de estudio, mobiliario flexible y espacios para pequeños grupos.

La renovación incorpora además un Maker Studio con zonas para impresión 3D, costura y artes textiles, un Discovery Hub que conecta a los estudiantes con oportunidades de investigación, prácticas y aprendizaje experiencial, así como estudios para talleres y actividades. También se ha ampliado el Free Speech Movement Café y se han creado espacios de descanso, reflexión y bienestar. La primera planta está concebida como un entorno más tranquilo, mientras que otras zonas favorecen la interacción y la colaboración.

El proyecto refleja una concepción contemporánea de la biblioteca universitaria como “tercer espacio”: un lugar situado entre el aula y el laboratorio, por un lado, y el dormitorio o la vivienda, por otro. La biblioteca se plantea así como un espacio de pertenencia, encuentro y aprendizaje comunitario. Suzanne Wones, bibliotecaria universitaria de Berkeley, considera que Moffitt será un lugar donde varias generaciones de estudiantes podrán establecer relaciones y desarrollar nuevas ideas.

Un aspecto especialmente interesante es que Moffitt no alberga libros. Las colecciones fueron trasladadas anteriormente a los Main (Gardner) Stacks, pero la renovación mejora la conexión física con estos depósitos. Esto evidencia una transformación significativa del concepto de biblioteca universitaria: el espacio bibliotecario deja de estar organizado fundamentalmente alrededor de las colecciones para centrarse en las personas, el aprendizaje, la colaboración, la creatividad y el bienestar.

En conjunto, el caso de Moffitt Library constituye un ejemplo muy relevante de reinvención del espacio bibliotecario universitario. No se trata simplemente de modernizar un edificio, sino de diseñarlo como una infraestructura flexible capaz de adaptarse a las nuevas formas de aprender. La idea fundamental es que la biblioteca del futuro puede tener menos protagonismo como depósito de libros y mucho más como espacio de encuentro, creación, investigación, innovación y comunidad universitaria.

Visitar museos y participar en actividades artísticas podría ayudar a ralentizar el envejecimiento biológico

Boardman, Samantha. “Could That Museum Visit Help You Live Longer?” The Wall Street Journal, 2026. The Wall Street Journal

El artículo de Samantha Boardman en The Wall Street Journal plantea una idea cada vez más respaldada por la investigación: la participación habitual en actividades artísticas y culturales podría estar relacionada no solo con un mayor bienestar psicológico, sino también con un envejecimiento biológico más lento.

La autora parte de una experiencia personal con una amiga de más de 90 años, con quien suele visitar museos y galerías de Nueva York. Después de contemplar una exposición de Caspar David Friedrich en el Metropolitan Museum of Art, la mujer describió haber experimentado un cambio de ánimo extraordinariamente intenso. Para Boardman, psiquiatra, esta experiencia ilustra cómo el contacto con el arte puede producir una sensación de vitalidad que va más allá del simple entretenimiento.

La cuestión adquiere mayor interés a partir de una investigación de University College London que relaciona la participación en actividades culturales —como visitar museos y galerías, acudir a conciertos, cantar, bailar o realizar actividades artísticas— con determinados indicadores de edad biológica. El estudio analizó datos de miles de adultos y utilizó medidas epigenéticas para estimar el ritmo de envejecimiento. Los resultados sugieren que las personas con una participación cultural más frecuente y diversa presentan signos compatibles con un envejecimiento biológico más lento. La magnitud de la asociación fue comparable, según los investigadores, a la observada con uno de los factores tradicionalmente más estudiados en envejecimiento saludable: la actividad física.

El posible mecanismo no significa que “ir a un museo alargue la vida” de manera directa. Se trata de una asociación observacional y, por tanto, no permite demostrar que las visitas a museos sean la causa del menor envejecimiento biológico. Las actividades culturales pueden actuar a través de varios mecanismos simultáneos: favorecen las relaciones sociales, estimulan cognitivamente, generan emociones positivas, reducen el estrés y proporcionan experiencias de significado y conexión personal. Todos estos factores están relacionados con la salud y podrían contribuir conjuntamente a un envejecimiento más saludable.

La relación entre museos y bienestar también aparece en investigaciones más directamente centradas en la experiencia del visitante. Un estudio publicado en 2026 y realizado con 363 adultos en tres museos de arte de Seattle encontró que, después de pasar aproximadamente una hora visitando las galerías por su cuenta, los participantes se sentían significativamente más inspirados y menos irritables y nerviosos. Los efectos variaban según características personales y sociales, pero los resultados refuerzan la idea de que el museo puede funcionar como un espacio capaz de producir beneficios emocionales y de bienestar.

En este sentido, el artículo invita a ampliar la concepción tradicional de las políticas de envejecimiento saludable. Dieta equilibrada, ejercicio, sueño y atención médica continúan siendo fundamentales, pero la evidencia creciente sugiere que también deberían considerarse dimensiones como la participación cultural, las relaciones sociales, la creatividad y la búsqueda de experiencias significativas. El museo deja así de ser únicamente un lugar destinado a conservar y exhibir patrimonio para convertirse también en un espacio de salud, bienestar, estimulación intelectual y conexión social.

La conclusión más interesante es, por tanto, que la cultura podría formar parte de una estrategia integral de envejecimiento saludable. No porque contemplar un cuadro tenga un efecto médico equivalente al de un tratamiento o porque una visita concreta pueda modificar la edad biológica, sino porque mantener una vida culturalmente activa puede formar parte de un conjunto de comportamientos asociados con mayor bienestar y una mejor trayectoria de envejecimiento. El propio relato de la amiga nonagenaria de Boardman resume esta perspectiva: más que buscar únicamente vivir más años, se trata de conseguir que esos años estén llenos de curiosidad, emoción, conexión y sensación de estar realmente vivo.

Libros que ya no se leen, una internet que ya no se usa y el fin de las redes sociales tal como las conocemos…

Levesque, Ryan. “The Shape of Enshittification: Books That No Longer Get Read, An Internet That No Longer Gets Surfed, & The End of Social Media As We Know It…” The Digital Contrarian, Substack, 16 de junio de 2026. https://thedigitalcontrarian.substack.com/p/the-shape-of-enshittification-104

El artículo plantea que la verdadera amenaza de la IA no es simplemente que produzca contenido mediocre, sino que pueda contribuir a crear un ecosistema en el que libros, Internet, redes sociales y hasta nuestras conversaciones estén cada vez más mediados por máquinas. Frente a esa abundancia de contenido sintético, Levesque reivindica el valor creciente de lo humano: criterio, experiencia, originalidad, conversación, creatividad y capacidad para distinguir información de conocimiento.

Ryan Levesque parte del concepto de “enshittification”, popularizado por Cory Doctorow para describir el progresivo deterioro de las plataformas digitales cuando los intereses comerciales terminan imponiéndose sobre la experiencia de los usuarios. Su tesis es que este fenómeno está adquiriendo una nueva dimensión con la inteligencia artificial: no solo se deterioran las plataformas, sino que cada vez más contenidos de Internet, libros y conversaciones están siendo producidos, filtrados o mediados por sistemas de IA. El resultado podría ser un ecosistema digital abundante en información pero progresivamente pobre en autenticidad, diversidad y contacto humano.

El artículo comienza con una investigación realizada por investigadores de la Universidad de Maryland y Google DeepMind, que analizó 61.608 historias generadas a partir de 10.272 propuestas, comparando textos humanos con producciones de cinco modelos de IA. Según Levesque, el análisis de la estructura narrativa permitió distinguir textos humanos de textos generados por IA con una precisión cercana al 93 %. Identifica cinco rasgos característicos del denominado AI slop: la IA tiende a explicar demasiado los temas en lugar de permitir que el lector los interprete, utiliza estructuras más lineales, recurre con mayor frecuencia a metáforas corporales para expresar emociones, hace menos referencias concretas a lugares, marcas o textos y produce narrativas menos diversas.

A partir de ahí, Levesque conecta el fenómeno con una sensación más amplia de que “nada parece real”. Recupera la distinción popular entre trabajo asociado al pensamiento analítico y trabajo relacionado con significado, creatividad, belleza y experiencia, para argumentar que la sociedad digital ha privilegiado cada vez más la medición, optimización y automatización. Aplicamos aplicaciones para conseguir conexión, métricas para medir la felicidad y sistemas para organizar incluso aquello que tradicionalmente pertenecía al ámbito de la experiencia humana. Según su argumento, obtenemos resultados funcionales pero no necesariamente auténticos: un entorno diseñado para captar nuestra atención y proporcionarnos pequeñas dosis de recompensa, pero que puede terminar generando sensación de vacío.

Uno de los ámbitos donde Levesque observa con mayor claridad esta evolución es las redes sociales. Propone un ciclo de cinco etapas: nacimiento de una comunidad, crecimiento, llegada a una masa crítica, enshittification y finalmente declive. En la cuarta fase, el modelo de negocio comienza a dominar la experiencia del producto, aumenta la publicidad y el contenido se vuelve cada vez más homogéneo; finalmente, los usuarios que hicieron atractiva la plataforma comienzan a marcharse. El autor considera que muchas redes sociales se encuentran actualmente en las fases cuatro o cinco. La incorporación masiva de contenido generado por IA añade otro problema: cada vez resulta más difícil saber si detrás de una publicación, una interacción o un comentario existe realmente otra persona.

Esta transformación afecta especialmente al valor de la comunicación social. Si publicamos para ser vistos por otras personas y una parte creciente de quienes leen, comentan o interactúan son sistemas automatizados, bots o contenidos generados por IA, el incentivo para participar en las redes cambia radicalmente. Levesque observa además una migración desde la comunicación pública hacia espacios privados, como los grupos de WhatsApp o iMessage. Las redes sociales estarían convirtiéndose progresivamente en una especie de televisión digital, centrada en mantener la atención mediante vídeos breves, mientras la comunicación verdaderamente interpersonal se desplaza hacia espacios más cerrados.

El autor dedica también especial atención al futuro del libro. Utiliza como ejemplo los datos compartidos por Tim Ferriss, cuyos libros experimentaron descensos importantes de ventas: -5 % en 2023, -13 % en 2024, -46 % en 2025 y -57 % en 2026 respecto al año anterior. Levesque relaciona esta evolución con la popularización de ChatGPT y con el hecho de que los libros de tipo how-to, destinados principalmente a proporcionar instrucciones y procedimientos, compiten directamente con los chatbots. En lugar de comprar un libro para aprender a hacer algo, el usuario puede preguntar a una IA y obtener en segundos una respuesta adaptada a su situación.

Sin embargo, su conclusión no es que el libro esté muriendo, sino que está perdiendo valor un determinado tipo de libro. Según Levesque, la información fácilmente sistematizable puede ser absorbida por los chatbots, mientras que adquieren mayor valor las obras que aportan una perspectiva original, una idea poderosa, una experiencia personal, una historia única o una transformación intelectual. Es una distinción especialmente interesante: la IA abarata la información, pero podría aumentar el valor de la experiencia, la interpretación y la originalidad humana.

Otro de los argumentos centrales se refiere al Internet que leen las máquinas. Levesque advierte que si los usuarios dejan de navegar directamente por la Web y comienzan a consultar principalmente chatbots, los productores de contenidos tendrán incentivos para crear páginas destinadas no tanto a las personas como a los sistemas de IA que las rastrean. Utiliza como ejemplo contenidos comerciales de Shopify que sitúan a la propia empresa como la mejor plataforma de comercio electrónico. Si los chatbots utilizan esos contenidos como fuentes, una empresa podría influir indirectamente en las respuestas que reciben millones de usuarios. El riesgo es la aparición de una Web optimizada para ser consumida por algoritmos y no por seres humanos.

Finalmente, Levesque introduce una idea especialmente sugerente: el “message slop”, o basura generada por IA en las conversaciones personales. Describe una experiencia en la que sospechó que su interlocutor estaba utilizando ChatGPT o Claude para generar sus respuestas. La conversación aparentemente se producía entre dos personas, pero en realidad estaba mediada por una máquina. Para el autor, esto plantea una cuestión fundamental: si empezamos a delegar incluso la expresión de nuestros pensamientos y emociones en una IA, podemos terminar perdiendo una parte de la espontaneidad y autenticidad que caracteriza a la comunicación humana.

El artículo termina con una perspectiva relativamente optimista: cuanto más fácil sea fabricar algo artificial, mayor puede ser el valor de aquello que no puede falsificarse fácilmente. Levesque identifica tres tipos de trabajo que podrían adquirir especial relevancia: quienes sepan coordinar sistemas de IA y agentes, los trabajos manuales y creativos ligados al mundo físico, y las actividades humanas en las que resulten esenciales la confianza, el criterio y la relación interpersonal. Su conclusión es que, en un mundo inundado de contenido artificial, lo auténtico, singular y humano podría convertirse precisamente en el recurso más escaso y valioso.

Guía del bibliotecario público para responder preguntas sobre salud

Newman, Bobbi.Public Librarian’s Guide to Answering Health Questions. Librarian by Day, 29 de julio de 2026. Disponible en: Librarian by Day

The Public Librarian’s Guide to Answering Health Questions, una obra escrita por Bobbi Newman y Carolyn Martin que responde a una necesidad cada vez más urgente en las bibliotecas públicas: capacitar a los bibliotecarios para gestionar de forma competente las consultas relacionadas con la salud.

La iniciativa surge tras varios años de trabajo y adquiere especial relevancia en un contexto caracterizado por la proliferación de la desinformación sanitaria, el auge de los contenidos generados mediante inteligencia artificial y la creciente dificultad de la ciudadanía para distinguir entre información fiable y contenidos engañosos. Las autoras sostienen que las bibliotecas públicas continúan siendo uno de los pocos espacios comunitarios donde las personas pueden plantear dudas sobre cuestiones de salud en un entorno neutral, gratuito y basado en la confianza.

La guía parte de una premisa fundamental: los bibliotecarios no necesitan convertirse en profesionales sanitarios para desempeñar un papel esencial en la alfabetización en salud. Su función consiste en aplicar las competencias propias de la biblioteconomía —búsqueda, evaluación crítica, selección y mediación de la información— al ámbito de las consultas médicas, ayudando a los usuarios a localizar recursos rigurosos, comprensibles y actualizados. En este sentido, el libro enfatiza la importancia de mantener siempre unos límites profesionales claros: el bibliotecario no diagnostica, no prescribe tratamientos ni sustituye al personal sanitario, sino que facilita el acceso a información científica de calidad y orienta al ciudadano hacia las fuentes y los profesionales adecuados cuando la situación lo requiere.

Uno de los aspectos más destacados de la obra es su enfoque eminentemente práctico. El texto pretende reducir la inseguridad que experimentan muchos bibliotecarios cuando reciben preguntas relacionadas con enfermedades, medicamentos, tratamientos o prevención. Para ello proporciona estrategias de referencia, marcos éticos de actuación, recursos especializados, criterios para evaluar la calidad de la información y recomendaciones para afrontar conversaciones delicadas con empatía y profesionalidad. El objetivo no es únicamente mejorar la calidad del servicio bibliotecario, sino también fortalecer la confianza de los profesionales para responder a unas demandas que cada vez aparecen con mayor frecuencia en el servicio de referencia.

El libro también sitúa la alfabetización en salud dentro del problema más amplio de la desinformación. Las autoras advierten que los ciudadanos llegan a las bibliotecas influenciados por publicaciones virales en redes sociales, vídeos, recomendaciones personales o respuestas generadas por herramientas de inteligencia artificial que mezclan información correcta con errores o afirmaciones sin evidencia científica. Ante este escenario, la biblioteca pública se convierte en un actor clave para enseñar a evaluar la credibilidad de las fuentes, identificar información basada en evidencias y comprender mejor los riesgos asociados a la circulación de contenidos falsos o manipulados. La guía propone convertir la entrevista de referencia en una oportunidad educativa que ayude a desarrollar competencias críticas y autonomía informacional entre los usuarios.

Finalmente, la publicación reivindica el papel social de las bibliotecas como infraestructuras de salud comunitaria. Más allá de facilitar libros o acceso a Internet, las bibliotecas pueden contribuir al bienestar colectivo proporcionando información fiable que permita a las personas tomar decisiones mejor fundamentadas sobre su salud. La obra representa así una evolución del servicio bibliotecario tradicional hacia un modelo en el que la alfabetización informacional y la alfabetización en salud convergen para responder a uno de los mayores desafíos informativos de nuestro tiempo: combatir la desinformación y favorecer el acceso equitativo al conocimiento científico.

La interoperabilidad como estrategia: la guía de PALCI para elegir sistemas bibliotecarios abiertos y preparados para el futuro

PALCI (Pennsylvania Academic Library Consortium, Inc.). PALCI Guide to Interoperability and System Selection. A guide to help PALCI member libraries evaluate library systems and vendors against open interoperability standards during selection and procurement. Versión 1.0. Agosto de 2026

Texto completo

PALCI Guide to Interoperability and System Selection constituye un documento estratégico destinado a orientar a las bibliotecas universitarias en la selección y adquisición de sistemas de gestión bibliotecaria (ILS) y otras plataformas tecnológicas, situando la interoperabilidad como el criterio central de cualquier decisión tecnológica.

La guía parte de la premisa de que la interoperabilidad no debe entenderse únicamente como una cuestión técnica, sino como un elemento esencial para garantizar la sostenibilidad, la colaboración y la capacidad de innovación de los consorcios bibliotecarios. En un contexto caracterizado por restricciones presupuestarias, creciente complejidad tecnológica y reducción de personal especializado, PALCI defiende que los sistemas basados en estándares abiertos permiten compartir infraestructuras, evitar duplicidades y maximizar el rendimiento de las inversiones realizadas por cada institución. La interoperabilidad posibilita que bibliotecas con plataformas diferentes puedan colaborar eficazmente sin renunciar a su autonomía local, fortaleciendo al mismo tiempo los servicios consorciales y la capacidad colectiva de adaptación al cambio.

Uno de los mensajes más relevantes del documento es que la interoperabilidad debe convertirse en un criterio estratégico para los responsables institucionales, más allá de los departamentos técnicos. La guía subraya que infraestructuras como EZBorrow, sustentadas sobre la plataforma ReShare, representan el núcleo de los servicios cooperativos de PALCI y constituyen la base sobre la que se desarrollarán futuras iniciativas relacionadas con el préstamo digital, el intercambio de metadatos abiertos y otros servicios compartidos. Por ello, cualquier biblioteca que contemple migrar su sistema integrado de gestión debe evaluar cuidadosamente la compatibilidad con estos servicios antes de adoptar una nueva plataforma. La elección de un sistema poco interoperable puede comprometer la participación en los servicios del consorcio, incrementar los costes de integración y limitar la capacidad de colaboración futura.

La guía define la interoperabilidad como la capacidad de los distintos sistemas bibliotecarios para comunicarse de forma fiable y segura mediante estándares abiertos, interfaces documentadas y modelos de gobernanza compartidos. Este enfoque permite que cada biblioteca mantenga la libertad de elegir las soluciones tecnológicas que mejor se adapten a sus necesidades, sin quedar aislada del ecosistema cooperativo. Gracias a esta arquitectura abierta, las bibliotecas pueden compartir colecciones, participar plenamente en los servicios consorciales, afrontar migraciones de sistemas con menor impacto y contribuir al desarrollo de innovaciones comunes sin necesidad de reproducir esfuerzos o desarrollar integraciones específicas para cada plataforma. La interoperabilidad aparece así como un mecanismo que combina autonomía institucional y cooperación efectiva.

El documento dedica una parte importante a explicar por qué la interoperabilidad constituye un factor determinante para la sostenibilidad económica y operativa de las bibliotecas universitarias. Según PALCI, la utilización de estándares abiertos prolonga la vida útil de las inversiones tecnológicas, disminuye la dependencia de proveedores concretos y reduce los costes asociados al mantenimiento y desarrollo de integraciones propietarias. En un mercado donde la concentración empresarial entre proveedores de software bibliotecario es cada vez mayor, apostar por estándares abiertos representa una forma de preservar la independencia institucional y minimizar el riesgo de quedar atrapado en ecosistemas tecnológicos cerrados. Asimismo, PALCI destaca su participación activa en organizaciones como NISO y en otras iniciativas internacionales de normalización para garantizar que las necesidades de las bibliotecas universitarias estén representadas en la evolución futura de los estándares.

Otro de los ejes fundamentales de la guía es la relación entre interoperabilidad e innovación. PALCI sostiene que los sistemas abiertos reducen las barreras para experimentar con nuevas herramientas, procedimientos y modelos de colaboración. Cuando los datos pueden intercambiarse mediante estándares compartidos, los proyectos piloto desarrollados por una institución pueden adaptarse y reutilizarse fácilmente en otras bibliotecas del consorcio, transformando la innovación en un proceso colectivo en lugar de una sucesión de iniciativas aisladas. Esta filosofía se refleja en la participación de PALCI en proyectos colaborativos como Project ReShare, CrossLink y el Collaborative Collections Lifecycle Project (CCLP), que buscan construir infraestructuras comunes para la gestión compartida de colecciones y recursos bibliográficos.

La interoperabilidad también se presenta como un elemento esencial para generar confianza entre las instituciones participantes. Los estándares abiertos y las prácticas transparentes permiten que el intercambio de datos sea predecible, documentado y gobernado de manera colectiva, reforzando tanto la seguridad técnica como las relaciones profesionales entre las bibliotecas. Al mismo tiempo, la interoperabilidad facilita la integración con otros servicios universitarios y prepara las infraestructuras para responder a futuros cambios tecnológicos. Desde esta perspectiva, la confianza no depende únicamente de acuerdos institucionales, sino también de la existencia de arquitecturas tecnológicas abiertas, comprensibles y sostenibles.

La guía establece además una clara diferenciación entre los estándares abiertos y las interfaces propietarias. Mientras los primeros son neutrales respecto a los proveedores, están gobernados por la comunidad y garantizan la interoperabilidad a largo plazo, las API propietarias dependen de decisiones comerciales, pueden incorporar costes adicionales o sufrir modificaciones unilaterales. Entre los estándares considerados esenciales para los servicios de PALCI figuran protocolos ampliamente consolidados como NCIP para la circulación, OAI-PMH para la recolección de metadatos y Z39.50 para la búsqueda en catálogos. La recomendación es inequívoca: las bibliotecas deben priorizar plataformas que implementen estos estándares abiertos para preservar su capacidad de elección, favorecer la competencia entre proveedores y asegurar la continuidad de los servicios cooperativos.

En la parte final del documento, PALCI analiza los desafíos que marcarán la evolución de las bibliotecas universitarias durante los próximos años. El primero es la consolidación de políticas de metadatos abiertos, inspiradas en iniciativas como la declaración de ICOLC sobre los derechos de los metadatos bibliotecarios y en las políticas adoptadas por instituciones como las universidades de Pennsylvania y Stanford. PALCI anima a sus miembros a publicar metadatos bajo licencias abiertas, facilitar su descarga masiva y favorecer su reutilización, ya que ello fortalece los servicios de descubrimiento compartido y elimina barreras para la cooperación. El segundo gran reto es la expansión del préstamo consorcial hacia libros electrónicos y otros contenidos digitales. Para ello será imprescindible que los sistemas sean capaces de representar derechos de acceso mediante metadatos legibles por máquina, comunicar de forma fiable la disponibilidad de los recursos y autenticar usuarios pertenecientes a distintas instituciones. Las decisiones tecnológicas adoptadas en la actualidad condicionarán la capacidad de las bibliotecas para incorporarse a estos nuevos servicios sin tener que afrontar costosas sustituciones de sistemas.

Como conclusión, la guía reafirma que la interoperabilidad constituye el fundamento sobre el que debe construirse el futuro de la cooperación bibliotecaria. Lejos de ser un simple requisito técnico, representa una estrategia institucional que fortalece la sostenibilidad, incrementa la capacidad de innovación, preserva la autonomía de las bibliotecas y facilita la creación de servicios compartidos cada vez más avanzados. PALCI considera que apostar por estándares abiertos, integraciones transparentes y modelos de gobernanza colaborativos permitirá a sus bibliotecas afrontar con éxito la transición hacia un ecosistema en el que el intercambio de recursos físicos y digitales, los metadatos abiertos y las infraestructuras comunes serán elementos esenciales para garantizar un acceso equitativo y eficiente a la información. El documento se complementa con una versión ampliada destinada a los miembros del consorcio, que incluye criterios técnicos detallados y preguntas para evaluar a los proveedores durante los procesos de contratación

La biblioteca al aire libre de Seúl supera el millón de visitantes en solo 90 días

Ramm, Millie. Seoul’s Outdoor Library Attracts a Million Visitors in Just 90 Days. 1000 Libraries Magazine, 13 de octubre de 2025. 1000 Libraries Magazine

La iniciativa Seoul Outdoor Library se ha consolidado como uno de los proyectos de promoción de la lectura más exitosos del mundo. En apenas tres meses de funcionamiento durante la primavera de 2025, las bibliotecas al aire libre instaladas en Seoul Plaza, Gwanghwamun Square y el entorno del Cheonggyecheon Stream recibieron más de un millón de visitantes, una cifra que superó ampliamente las previsiones municipales.

Desde su creación en 2022, el programa ha acumulado ya millones de usuarios y ha transformado algunos de los espacios públicos más emblemáticos de la capital surcoreana en grandes salas de lectura abiertas, convirtiendo la experiencia de leer en una actividad cotidiana, accesible y compartida.

El éxito del proyecto radica en una concepción de la biblioteca completamente alejada del modelo tradicional. En lugar de edificios cerrados y silenciosos, la ciudad ofrece colecciones de libros cuidadosamente seleccionadas, zonas de descanso con pufs y mobiliario cómodo, iluminación ambiental, escenarios para actividades culturales y espacios diferenciados para la lectura, la conversación y las actuaciones artísticas. En 2025 se incorporaron más de 12.000 nuevos libros, además de servicios innovadores como préstamo rápido, custodia temporal de ejemplares, programación cultural permanente y colaboraciones con entidades internacionales, lo que convierte estos espacios en auténticos centros culturales al aire libre.

Los datos de participación reflejan que el proyecto no solo atrae visitantes, sino que consigue fomentar realmente la lectura. Las encuestas muestran que alrededor del 87 % de los asistentes leyó al menos un libro durante su visita y que los niveles de satisfacción ciudadana alcanzaron cifras extraordinariamente elevadas, superiores al 96 % según los datos del Ayuntamiento de Seúl. Estos resultados adquieren aún mayor relevancia en un contexto internacional marcado por el descenso de los índices de lectura, demostrando que una adecuada combinación de espacio público, diseño urbano, programación cultural y acceso gratuito a los libros puede despertar el interés por la lectura entre públicos muy diversos.

Otro de los aspectos más destacados es la capacidad de la biblioteca para redefinir el uso del espacio urbano. Las plazas y paseos de la ciudad dejan de ser simples lugares de tránsito para convertirse en escenarios de encuentro, descanso y convivencia. Familias, estudiantes, turistas, trabajadores y lectores ocasionales comparten un entorno donde la cultura forma parte de la vida cotidiana. Además, la programación se adapta a las estaciones del año mediante actividades nocturnas durante el verano, clubes de lectura, encuentros literarios y eventos temáticos que amplían el atractivo de la iniciativa y favorecen una apropiación colectiva del espacio público.

El caso de Seúl se ha convertido así en un referente internacional sobre cómo las bibliotecas pueden extender sus servicios más allá de sus edificios y actuar como herramientas de regeneración urbana y cohesión social. El modelo demuestra que acercar los libros a los lugares donde ya se encuentra la ciudadanía, en lugar de esperar a que los ciudadanos acudan a la biblioteca, puede incrementar significativamente la participación cultural y reforzar el papel de la lectura como experiencia social compartida. Su éxito ha despertado el interés de numerosas ciudades que estudian replicar una fórmula que combina bibliotecas, urbanismo, bienestar y cultura en un mismo proyecto.

Las bibliotecas reivindican el equilibrio entre inteligencia artificial y derechos de autor

Klosek, Katherine, y Marjory Blumenthal. Revisiting the Library Copyright Alliance Statement on AI and Copyright. Association of Research Libraries (ARL), 10 de diciembre de 2025. https://www.arl.org/blog/revisiting-the-library-copyright-alliance-statement-on-ai-and-copyright/

Library Copyright Alliance (LCA), integrada por la Association of Research Libraries (ARL) y la American Library Association (ALA), ha revisado y actualizado su posición sobre la relación entre la inteligencia artificial y los derechos de autor a la luz de la evolución jurídica y tecnológica de los dos últimos años.

La organización reafirma que la legislación estadounidense sobre copyright continúa siendo suficientemente sólida y flexible para abordar los desafíos planteados por la IA generativa, sin necesidad de introducir modificaciones legislativas específicas. Esta postura se apoya tanto en la doctrina del fair use (uso legítimo) como en las primeras resoluciones judiciales relacionadas con el entrenamiento de modelos de inteligencia artificial.

Uno de los argumentos centrales del documento es que el entrenamiento de modelos de IA mediante el análisis de grandes cantidades de obras protegidas constituye, en la mayoría de los casos, un uso altamente transformador. La LCA sostiene que estos sistemas no reproducen las obras para sustituirlas en el mercado, sino que las utilizan para extraer patrones estadísticos y generar nuevas capacidades computacionales, una finalidad comparable a la reconocida como transformadora en precedentes como el caso Google Books. Desde esta perspectiva, exigir licencias obligatorias para entrenar modelos de IA supondría un obstáculo innecesario para la innovación científica y tecnológica, además de limitar la investigación y el desarrollo de nuevos servicios basados en inteligencia artificial.

La actualización de la declaración también tiene en cuenta las primeras decisiones judiciales en litigios de gran relevancia, como Bartz v. Anthropic y Kadrey v. Meta, en los que los tribunales comenzaron a analizar el uso de obras protegidas durante el entrenamiento de modelos generativos. Aunque estas resoluciones no cierran definitivamente el debate, la LCA considera que refuerzan su interpretación de que el entrenamiento de IA puede encajar dentro del uso legítimo cuando el proceso es transformador y no sustituye económicamente a las obras originales. No obstante, la organización recuerda que la cuestión sigue evolucionando y que futuros pronunciamientos judiciales podrían matizar algunos aspectos de esta interpretación.

El documento también aborda una cuestión especialmente relevante para bibliotecas y universidades: las consecuencias sociales y laborales derivadas de la expansión de la inteligencia artificial generativa. La LCA reconoce que estas tecnologías pueden provocar importantes transformaciones en numerosos sectores profesionales, pero advierte que el derecho de autor no debe utilizarse como herramienta para resolver problemas económicos o laborales que exceden su finalidad. En cambio, propone que las bibliotecas desempeñen un papel activo impulsando programas de alfabetización en inteligencia artificial, formación continua y reciclaje profesional, ayudando a ciudadanos e investigadores a comprender las capacidades, limitaciones y riesgos de estas tecnologías.

La alianza reafirma su compromiso con un sistema de propiedad intelectual equilibrado, que proteja los intereses de los creadores sin obstaculizar el acceso al conocimiento ni el progreso científico. La organización continuará supervisando la evolución de la jurisprudencia y de las políticas públicas para adaptar su posición cuando sea necesario, manteniendo como principio fundamental que el derecho de autor debe seguir promoviendo la creatividad, la investigación y el interés público en un contexto marcado por el desarrollo acelerado de la inteligencia artificial.

Más allá de los libros: cuatro ciudades que reinventan la biblioteca pública y la vida urbana

Four Cities Reimagining the Public Library — and Public Life. CitiesToBe, 2026. Disponible en: https://citiestobe.com/beyond-books-and-shelves-four-cities-reimagining-the-public-library-and-public-life/

La biblioteca pública del siglo XXI ya no puede entenderse únicamente como un edificio dedicado al préstamo de libros. A partir de un debate celebrado en Bloomberg CityLab, se analizan cuatro experiencias internacionales —Nueva York, Singapur, Aarhus y Bogotá— que muestran cómo las bibliotecas se están convirtiendo en infraestructuras cívicas esenciales para la cohesión social, la participación ciudadana y la calidad de la vida urbana. Aunque cada ciudad responde a realidades distintas, todas comparten una pregunta de fondo: ¿qué debe ser hoy una biblioteca pública y para qué debe servir?

Nueva York: la lectura como derecho social

El caso de Nueva York resulta especialmente significativo porque, lejos de abandonar su misión tradicional, la New York Public Library ha decidido reforzarla. Con una red de 88 sucursales de barrio que atienden a millones de personas, la institución reivindica el libro y la lectura no desde la nostalgia, sino como herramientas de ciudadanía. Según explica su director Brian Bannon, “las bibliotecas son libros y más”, pero ese “más” se construye precisamente a partir del acceso libre al conocimiento, de la alfabetización y de la confianza pública. En una ciudad marcada por profundas desigualdades, la biblioteca funciona como una red de seguridad cultural donde cualquier persona puede encontrar información, apoyo educativo y un espacio de pertenencia.

Singapur: aprendizaje permanente y experimentación

En Singapur, la biblioteca se integra en una estrategia nacional de aprendizaje a lo largo de toda la vida. Sus bibliotecas incorporan laboratorios digitales, espacios de creación, programación tecnológica y actividades orientadas a distintas edades y perfiles profesionales. El objetivo no es solo facilitar el acceso a contenidos, sino preparar a la población para una economía basada en el conocimiento y la innovación. La biblioteca aparece así como una plataforma pública de actualización continua de competencias, donde la formación, la creatividad y la experimentación tienen tanta importancia como la colección bibliográfica.

Aarhus: el “salón urbano” democrático

La experiencia de Aarhus representa una de las visiones más avanzadas de la biblioteca como espacio cívico. El modelo danés concibe la biblioteca como un “urban living room”, un salón urbano abierto en el que convivir, debatir, trabajar, aprender y participar en actividades culturales. La arquitectura y la programación están diseñadas para favorecer el encuentro entre personas diversas y para reforzar la vida democrática cotidiana. Más que un equipamiento cultural especializado, la biblioteca se convierte en una extensión del espacio público, un lugar donde la ciudadanía puede ejercer prácticas de convivencia y participación.

Bogotá: biblioteca y justicia urbana

En Bogotá, la biblioteca pública adquiere una dimensión territorial y social especialmente intensa. Las bibliotecas se han situado en barrios históricamente desfavorecidos y se conciben como instrumentos de inclusión, seguridad y reconstrucción del tejido comunitario. Ofrecen acceso a la cultura, apoyo educativo, actividades para jóvenes y familias y oportunidades de encuentro en contextos donde otros servicios públicos son escasos. El artículo subraya que, en este caso, la biblioteca no es un complemento urbano, sino una pieza de política pública orientada a reducir desigualdades y ampliar derechos culturales.

Una nueva definición de biblioteca pública

La comparación entre las cuatro ciudades muestra que no existe un modelo único. Nueva York prioriza la lectura y la alfabetización; Singapur, el aprendizaje permanente; Aarhus, la vida democrática; y Bogotá, la inclusión social y territorial. Sin embargo, todas coinciden en considerar la biblioteca una infraestructura de confianza capaz de responder a problemas contemporáneos como la soledad, la desinformación, la brecha digital, la desigualdad educativa o la fragmentación urbana. Esta visión conecta con tendencias internacionales que entienden las bibliotecas como espacios de encuentro, innovación y cohesión comunitaria más allá de su función documental tradicional.

Las bibliotecas siguen siendo guardianas del conocimiento, pero además actúan como lugares de cuidado cívico, aprendizaje compartido y construcción de comunidad. Las experiencias de Nueva York, Singapur, Aarhus y Bogotá demuestran que invertir en bibliotecas es, en realidad, invertir en democracia urbana y en calidad de vida colectiva

Cómo detectar las alucinaciones de la IA como un bibliotecario de referencia

Librarian helping a visitor at reference desk with open books and laptop

Goldin, Hana Lee. How to Spot AI Hallucinations Like a Reference Librarian. LLRX, 30 de diciembre de 2025

El artículo de Hana Lee Goldin propone trasladar al uso cotidiano de la inteligencia artificial las habilidades que durante décadas han caracterizado el trabajo de los bibliotecarios de referencia. Frente a la creciente proliferación de respuestas generadas por modelos de lenguaje que incluyen datos falsos, citas inventadas o afirmaciones plausibles pero incorrectas, la autora sostiene que la mejor defensa no es desconfiar de la IA, sino aplicar un método sistemático de verificación. En este sentido, reivindica el papel de la alfabetización informacional y de la experiencia bibliotecaria como competencias esenciales en la era de la IA generativa.

Goldin explica que una de las señales más frecuentes de una alucinación es la presencia de referencias «demasiado perfectas»: artículos que parecen ajustarse exactamente a la pregunta formulada, con títulos excesivamente descriptivos, autores desconocidos o combinaciones de datos bibliográficos que resultan convincentes, pero que no existen realmente. Los modelos de IA pueden mezclar nombres de autores, revistas, fechas y títulos de publicaciones auténticas para crear referencias ficticias con apariencia de legitimidad. Por ello, recomienda desconfiar especialmente de aquellas citas que parecen confirmar exactamente la hipótesis del usuario sin dejar espacio para la complejidad o el desacuerdo propio de la investigación científica.

La autora propone una estrategia de verificación en varias capas inspirada en el trabajo de los bibliotecarios de referencia. En primer lugar, aconseja comprobar la existencia real de la publicación mediante catálogos, bases de datos académicas y buscadores especializados. En segundo lugar, verificar que los autores, el DOI, la revista y el año de publicación coincidan entre sí. Finalmente, recomienda leer el documento original siempre que sea posible, ya que incluso cuando una referencia es auténtica, la IA puede atribuirle conclusiones o citas que nunca aparecen en el texto. La comprobación directa continúa siendo el método más fiable para evitar errores de interpretación.

Otro aspecto destacado es que la evaluación crítica debe centrarse tanto en la información como en el contexto. Los bibliotecarios no se limitan a localizar documentos; también analizan la autoridad de las fuentes, su actualidad, el propósito con el que fueron elaboradas y las posibles limitaciones de la evidencia. Goldin sostiene que estas habilidades resultan ahora más necesarias que nunca, ya que la IA puede producir respuestas muy convincentes desde el punto de vista lingüístico, aunque carezcan de fundamento documental.

El artículo concluye defendiendo que la inteligencia artificial debe entenderse como una herramienta de exploración y no como una autoridad definitiva. La autora resume esta idea en una recomendación que sintetiza el papel complementario de la IA y las bibliotecas: utilizar la IA para descubrir posibilidades, recurrir a las bibliotecas y sus recursos para verificar la información, y aplicar siempre el juicio crítico humano antes de aceptar cualquier respuesta como verdadera. En este nuevo ecosistema informativo, las competencias tradicionales de los bibliotecarios de referencia se convierten en una guía especialmente valiosa para combatir las alucinaciones de la IA y preservar la calidad de la información.

Las bibliotecas públicas, actores clave en la alfabetización mediática y el acceso a la información fiable

Public Library Association (PLA). New Report Examines Evolving Role of Public Libraries in Media Literacy and News Access. American Library Association (ALA), 2 de julio de 2026.

Public Library Association (PLA), división de la American Library Association (ALA), ha publicado el informe News Access and Media Literacy in Public Libraries, un estudio que analiza cómo las bibliotecas públicas están respondiendo a un entorno informativo cada vez más complejo, caracterizado por la sobreabundancia de contenidos digitales, la desinformación y el rápido avance de las tecnologías de la información.

El informe de la Public Library Association (PLA) ofrece una radiografía exhaustiva sobre el papel que desempeñan actualmente las bibliotecas públicas en la alfabetización mediática y el acceso a información fiable en Estados Unidos y Canadá. El estudio parte de una constatación clara: la proliferación de la desinformación, la manipulación informativa, los contenidos generados mediante inteligencia artificial y la desaparición progresiva de medios locales han convertido a las bibliotecas en uno de los pocos espacios públicos donde la ciudadanía puede recibir orientación imparcial para desenvolverse en un ecosistema informativo cada vez más complejo. Los autores sostienen que la alfabetización mediática ya no constituye un servicio complementario, sino una función inherente a la misión bibliotecaria, aunque todavía no sea suficientemente reconocida ni financiada.

La investigación se basa en una encuesta realizada en mayo de 2026 a 913 bibliotecarios y trabajadores de bibliotecas públicas de Estados Unidos y Canadá. A diferencia de otros estudios centrados en los usuarios, este informe recoge la visión de quienes atienden diariamente las consultas del público y conocen de primera mano las dificultades informativas de sus comunidades. Los participantes describen cómo las preguntas tradicionales sobre búsqueda de información han evolucionado hacia consultas relacionadas con la verificación de noticias, la identificación de contenidos manipulados, la detección de fraudes digitales, la comprensión de imágenes y textos generados mediante inteligencia artificial y la evaluación crítica de fuentes en redes sociales.

Uno de los principales hallazgos del informe es que la alfabetización mediática ya forma parte del trabajo cotidiano de las bibliotecas, aunque en la mayoría de los casos de manera informal. Los bibliotecarios consideran que ayudar a los ciudadanos a distinguir información fiable de contenidos engañosos constituye una extensión natural de su misión histórica de facilitar el acceso al conocimiento. Sin embargo, gran parte de esta labor no se desarrolla mediante cursos o programas específicos, sino a través de conversaciones individuales en los mostradores de información, asesoramiento personalizado y recomendaciones de fuentes fiables durante la atención diaria. Precisamente por tratarse de un trabajo poco visible, resulta difícil medirlo, justificar recursos o demostrar su impacto ante financiadores y administraciones públicas.

El informe muestra igualmente que los hábitos de consumo informativo de la ciudadanía han cambiado profundamente. Los usuarios ya no consumen exclusivamente prensa impresa o digital, sino que combinan múltiples formatos y canales. Las redes sociales constituyen uno de los principales puntos de acceso a las noticias, superando incluso a las plataformas informativas proporcionadas por las propias bibliotecas. Esta situación incrementa la exposición de los ciudadanos a contenidos descontextualizados, desinformación y algoritmos que priorizan la viralidad frente a la calidad informativa. En este contexto, las bibliotecas adquieren un papel fundamental como mediadoras entre el usuario y las fuentes periodísticas de calidad, especialmente en aquellas comunidades donde los medios locales han desaparecido o se han debilitado considerablemente.

El estudio pone de relieve una importante contradicción entre la relevancia que los profesionales conceden a la alfabetización mediática y los recursos realmente disponibles para desarrollarla. Aunque existe un consenso casi unánime sobre su importancia, muy pocas bibliotecas consideran que disponen de capacidad suficiente para ofrecer programas consolidados. La falta de tiempo del personal, la escasez presupuestaria, las limitaciones tecnológicas y la ausencia de programas formativos especializados constituyen los principales obstáculos. Los autores advierten que las bibliotecas están asumiendo nuevas responsabilidades sin que se hayan incrementado proporcionalmente los recursos humanos y económicos necesarios para afrontarlas.

Especial atención merece el impacto que la inteligencia artificial está teniendo sobre la alfabetización mediática. Mientras que la evaluación crítica de fuentes tradicionales forma parte desde hace décadas de las competencias bibliotecarias, la aparición de imágenes sintéticas, vídeos manipulados, textos generados automáticamente y modelos conversacionales plantea desafíos completamente nuevos. Los propios bibliotecarios reconocen sentirse insuficientemente preparados para responder a preguntas relacionadas con estas tecnologías, cuya evolución resulta mucho más rápida que los programas de formación profesional disponibles. El informe insiste en que la actualización permanente de competencias será indispensable para mantener la confianza que la ciudadanía deposita en las bibliotecas.

Otro aspecto especialmente interesante es el denominado «paradigma de la participación». Los autores observan que quienes más necesitan formación en alfabetización mediática son, precisamente, quienes menos participan en talleres o actividades organizadas por las bibliotecas. Muchas personas desconocen que necesitan ayuda o consideran que ya poseen suficientes competencias digitales, cuando en realidad presentan importantes dificultades para identificar noticias falsas, detectar fraudes o reconocer contenidos generados mediante inteligencia artificial. Por ello, el informe propone desplazar parte del esfuerzo desde los programas tradicionales hacia intervenciones integradas en la atención cotidiana, aprovechando cada interacción entre bibliotecario y usuario como una oportunidad educativa.

Las conclusiones insisten en que fortalecer la alfabetización mediática exige una estrategia integral. No basta con ofrecer talleres ocasionales; es necesario invertir de forma sostenida en formación del personal, garantizar el acceso continuado a periodismo profesional y desarrollar infraestructuras que permitan mantener colecciones digitales y recursos informativos de calidad. Asimismo, se subraya la importancia de atender la diversidad lingüística de las comunidades, ofreciendo recursos informativos en múltiples idiomas para garantizar la equidad en el acceso a la información.

Finalmente, el informe formula una serie de recomendaciones dirigidas a administraciones públicas, financiadores y responsables de bibliotecas. Entre ellas destacan la necesidad de establecer programas permanentes de formación para bibliotecarios, desarrollar materiales didácticos reutilizables sobre alfabetización mediática, reconocer institucionalmente el trabajo informal que realizan los profesionales en los servicios de referencia, integrar la alfabetización mediática en la atención diaria y considerar el acceso al periodismo de calidad como una infraestructura pública esencial para la democracia. Los autores concluyen que las bibliotecas públicas ocupan una posición única para combatir la desinformación, fortalecer la ciudadanía crítica y garantizar el acceso equitativo a información fiable en la era digital.