Luckhurst, G. (2026, 9 de octubre). More universities end Turnitin contracts as concerns mount. Times Higher Education. https://www.timeshighereducation.com/news/more-universities-end-turnitin-contracts-concerns-mount
Se analiza el creciente distanciamiento de varias universidades británicas respecto a Turnitin, una de las plataformas más extendidas para la detección de similitudes textuales y el apoyo a la integridad académica. Las universidades de Newcastle y Westminster han anunciado que no renovarán sus contratos cuando finalicen sus acuerdos actuales, sumándose a la Universidad de Southampton, que ya había comunicado una decisión similar. Estas medidas reflejan un cambio de actitud hacia herramientas que durante años han ocupado un lugar central en los procedimientos universitarios para detectar el plagio, pero cuya utilidad, coste y condiciones de tratamiento de los datos están siendo objeto de un examen más crítico.
Una de las principales razones de esta controversia son los cambios propuestos por Turnitin en su acuerdo de licencia de usuario final. Las modificaciones suscitaron preocupación porque podían abrir la posibilidad de utilizar trabajos y datos de estudiantes y personal universitario con fines relacionados con la inteligencia artificial. La Universidad de Newcastle ha señalado expresamente sus dudas sobre el posible uso de estos datos, mientras que Southampton decidió iniciar la retirada progresiva del servicio. Tras las críticas de distintas instituciones y organizaciones del sector, Turnitin aplazó la aplicación de los cambios hasta septiembre de 2027 y aceptó dialogar con representantes universitarios para abordar las inquietudes planteadas. La empresa sostiene que actualmente no utiliza los trabajos de los estudiantes para entrenar modelos de inteligencia artificial generativa o grandes modelos de lenguaje (LLM), aunque distingue este supuesto del entrenamiento de clasificadores destinados a identificar textos que probablemente hayan sido generados por IA.
El caso de la Universidad de Westminster introduce una segunda cuestión fundamental: la eficacia real de estas tecnologías frente a las nuevas formas de producción textual. La institución considera que el detector de similitudes tradicional resulta poco eficaz ante uno de los principales desafíos actuales para la integridad académica: los trabajos elaborados mediante inteligencia artificial generativa. Asimismo, cuestiona la fiabilidad de los detectores de IA, puesto que sus resultados son probabilísticos y pueden producir falsos positivos. Esto significa que un texto redactado por una persona podría ser señalado erróneamente como generado por IA. La controversia pone de manifiesto una limitación esencial de estos sistemas: la detección automática no constituye una prueba concluyente de fraude académico y sus resultados deben interpretarse con prudencia, atendiendo al contexto y a otras evidencias disponibles.
El factor económico también desempeña un papel importante en las decisiones de las universidades. Según los datos recogidos por el artículo, la Universidad de Southampton pagó 87.621 libras esterlinas por los servicios de Turnitin entre septiembre de 2024 y septiembre de 2025, mientras que la Universidad de East Anglia desembolsó 50.892 libras durante el periodo comprendido entre abril de 2024 y marzo de 2025. Aunque estos importes corresponden a instituciones de distinto tamaño y no permiten establecer una comparación directa de costes por estudiante, ilustran la dimensión presupuestaria de estos contratos. Algunos especialistas consideran que la preocupación por la privacidad y la inteligencia artificial es legítima, pero que también puede estar favoreciendo una revisión más amplia del gasto en plataformas educativas. Las universidades se preguntan si necesitan contratar un paquete completo de servicios cuando sus entornos virtuales de aprendizaje ya permiten gestionar entregas, calificaciones y comentarios, y pueden complementarse con herramientas alternativas de comprobación de originalidad.
La situación, sin embargo, no representa todavía un abandono generalizado de Turnitin. Algunas instituciones continúan utilizando la plataforma mientras revisan sus condiciones contractuales y estudian otras soluciones. La Universidad de Cambridge, por ejemplo, ha manifestado que no aceptará cambios en el acuerdo que afecten a la privacidad de los datos o a la propiedad intelectual, aunque mantiene el servicio por el momento. Aberdeen está revisando su utilización, mientras que otras universidades exploran alternativas para gestionar la entrega y evaluación de trabajos académicos. El debate se extiende así más allá de la elección de un programa concreto y alcanza cuestiones estratégicas relacionadas con la contratación tecnológica, la protección de la información y la autonomía institucional.
La expansión de la inteligencia artificial generativa está obligando a las universidades a reconsiderar sus mecanismos tradicionales de control de la integridad académica. La decisión de abandonar Turnitin no responde exclusivamente a las dudas sobre el uso de los datos estudiantiles: también intervienen el precio de las licencias, las limitaciones de los detectores y la necesidad de revisar los métodos de evaluación. Algunos especialistas proponen replantear el diseño de las actividades académicas, en lugar de confiar principalmente en herramientas automáticas para identificar posibles irregularidades. Desde esta perspectiva, resulta más adecuado combinar normas transparentes sobre el uso de la IA, evaluación crítica de los trabajos, seguimiento del proceso de aprendizaje y conversaciones pedagógicas con el alumnado. La cuestión central ya no es solamente cómo detectar textos generados por inteligencia artificial, sino cómo garantizar una evaluación justa, proteger los derechos de los estudiantes y promover una cultura de integridad académica adaptada a las nuevas tecnologías.








