
Irfanullah, H. (2026). The Emotional Rollercoaster of Scholarly Publishing. The Scholarly Kitchen, 6 de julio de 2026. The Scholarly Kitchen
La publicación científica suele analizarse desde una perspectiva centrada en los procesos editoriales, la revisión por pares, los indicadores bibliométricos o la integridad de la investigación. Sin embargo, Haseeb Irfanullah propone un enfoque diferente: situar las emociones de quienes participan en este ecosistema en el centro del debate.
El autor sostiene que autores, revisores y editores experimentan una auténtica «montaña rusa emocional» a lo largo del ciclo de publicación, marcada por la incertidumbre, la frustración, la esperanza, la satisfacción o el agotamiento. A pesar de que estas emociones influyen directamente en la calidad del trabajo científico y en el bienestar de sus protagonistas, rara vez son consideradas en el diseño de las políticas editoriales o en la gestión de las revistas.
El artículo parte de una experiencia personal del propio autor para mostrar cómo la relación entre investigadores y revistas puede evolucionar de maneras muy distintas según las respuestas emocionales que generan los procesos editoriales. La larga espera para recibir una decisión, las revisiones contradictorias, el rechazo de un manuscrito o la falta de comunicación por parte de las revistas provocan sentimientos de ansiedad, desmotivación e incluso pérdida de confianza. Estas experiencias no afectan únicamente a quienes publican; también repercuten en su disposición futura para aceptar invitaciones como revisores o colaborar con determinadas publicaciones. Irfanullah recuerda que detrás de cada manuscrito hay personas cuya trayectoria profesional y estado emocional pueden verse profundamente condicionados por la forma en que se gestionan estos procesos.
El autor amplía posteriormente la reflexión al conjunto del sistema de comunicación científica. Se pregunta cómo se sienten los propios editores cuando son conscientes de que determinadas políticas editoriales o retrasos perjudican a los autores, y si las estructuras actuales favorecen realmente relaciones más humanas entre todos los actores implicados. Esta mirada invita a reconsiderar los desequilibrios de poder existentes en la publicación académica, donde los autores suelen ocupar la posición más vulnerable mientras dependen de decisiones tomadas por editores, revisores y editoriales. Incorporar la dimensión emocional permitiría construir procesos editoriales más empáticos, transparentes y respetuosos, sin renunciar al rigor científico.
Otro de los aspectos destacados del artículo es la relación entre las emociones y las profundas transformaciones que atraviesa la comunicación científica. Irfanullah aborda cuestiones como el crecimiento descontrolado del número de publicaciones, la presión constante por publicar, la dependencia de indicadores bibliométricos y los problemas de integridad científica derivados de este modelo. También analiza el papel emergente de los servidores de preprints y de la inteligencia artificial aplicada a la revisión científica, preguntándose si estos cambios acabarán modificando o incluso sustituyendo el modelo tradicional de revista académica, vigente desde 1665. Frente a estas incertidumbres, el autor invita a reflexionar no solo sobre las implicaciones técnicas o económicas de estas innovaciones, sino también sobre las emociones que generan entre quienes participan en el sistema científico.
En la parte final, el artículo plantea una llamada a humanizar la publicación académica. Para Irfanullah, las decisiones que toman investigadores, revisores, editores y editoriales no responden únicamente a criterios racionales, sino que están profundamente influidas por emociones como la confianza, el miedo, la ilusión o el cansancio. Reconocer explícitamente esta dimensión permitiría diseñar políticas editoriales más sensibles al bienestar de la comunidad investigadora y favorecer una cultura científica menos dominada por la presión de publicar y más orientada a la colaboración, la calidad y el impacto social del conocimiento. La comunicación científica, concluye el autor, no puede entenderse únicamente como un proceso técnico; es, ante todo, una actividad profundamente humana.








