Anthropic utilizó libros pirateados de profesores de Stanford para entrenar su inteligencia artificial Claude

Yu, A. (2026, 27 de octubre). Anthropic illegally trained Claude with Stanford professors’ books. The Stanford Daily. Consultar artículo original

Se informa sobre el conflicto judicial entre Anthropic, empresa desarrolladora del modelo de inteligencia artificial Claude, y un grupo de escritores y profesores de la Universidad de Stanford cuyos libros habrían sido descargados ilegalmente y utilizados para entrenar sus modelos de inteligencia artificial.

Entre los autores afectados figuran Tobias Wolff, Abraham Verghese, Chang-Rae Lee, Daniel Mason, Hayagreeva Rao y Myra Strober. La controversia pone de manifiesto uno de los principales problemas jurídicos y éticos de la inteligencia artificial generativa: el uso de obras protegidas por derechos de autor para alimentar sistemas comerciales sin autorización de sus creadores.

El caso se relaciona con el procedimiento judicial Bartz v. Anthropic, en el que el juez federal William Alsup estableció una distinción importante entre el entrenamiento de modelos de IA y la obtención de las obras utilizadas para ese propósito. El magistrado consideró que entrenar modelos lingüísticos con libros adquiridos legalmente podía constituir un uso legítimo (fair use), al entender que el sistema aprende patrones, temas y estilos para producir contenidos diferentes. Sin embargo, rechazó que la empresa pudiera descargar libros pirateados y almacenarlos en una biblioteca central permanente para alimentar sus modelos.

El acuerdo judicial alcanzó los 1.500 millones de dólares y contempló compensaciones para autores y editoriales por casi 500.000 obras registradas. No obstante, algunos escritores consideran que esta solución resulta insuficiente. Tobias Wolff y otros 27 autores decidieron apartarse del acuerdo y presentar una demanda independiente, denominada Cruz v. Anthropic, en mayo de 2026. Reclaman indemnizaciones legales de hasta 150.000 dólares por cada obra infringida, frente a los aproximadamente 3.000 dólares por título previstos en el acuerdo colectivo. Además, buscan impedir que sus obras se utilicen para entrenar Claude sin autorización.

La demanda sostiene que Anthropic habría obtenido libros protegidos mediante bibliotecas digitales clandestinas, entre ellas LibGen y PiLiMi, descargando, reproduciendo y almacenando los archivos sin consentimiento de sus titulares. Wolff señala que diez de sus publicaciones fueron utilizadas para el entrenamiento de la IA sin permiso. El escritor expresa su preocupación por las consecuencias económicas que esta práctica puede tener para los autores, especialmente para las nuevas generaciones de escritores que dependen de los ingresos derivados de sus publicaciones.

El artículo también recoge la perspectiva de Paul Goldstein, especialista en propiedad intelectual de Stanford y participante en el litigio. Goldstein señala que uno de los grandes problemas para regular el entrenamiento de la inteligencia artificial es la dificultad de gestionar licencias individuales para millones de obras protegidas. Los costes de transacción hacen especialmente complejo obtener autorización de cada titular de derechos. Por su parte, la directora ejecutiva de Authors Guild, Mary Rasenberger, defiende que las empresas de IA deben establecer sistemas de licencias que permitan remunerar a escritores y editores y controlar cómo se utilizan sus obras.

La controversia no se limita a Anthropic. El artículo recuerda que autores, artistas visuales y medios de comunicación han presentado más de 70 demandas contra empresas de inteligencia artificial por presuntas infracciones de derechos de autor. Entre los litigios más conocidos se encuentran los promovidos por The New York Times y Getty Images. También se destaca la importancia del reconocimiento de la autoría: Paul Goldstein recuerda que muchos países reconocen derechos morales de atribución, mientras que Estados Unidos carece de una protección equivalente de carácter general.