Notopoulos, K. (2026, 27 de septiembre). This small town librarian offers a ‘Bye, Bye AI’ class to take AI off your phone. Now everyone wants in. Business Insider. Leer artículo original
La biblioteca pública North Chatham Free Library, situada en una pequeña localidad del estado de Nueva York (Estados Unidos), ha conseguido repercusión internacional con una iniciativa poco habitual: un taller denominado «Bye Bye AI», destinado a enseñar a los ciudadanos cómo desactivar las funciones de inteligencia artificial incorporadas en sus teléfonos móviles, ordenadores y servicios digitales.
La iniciativa fue impulsada por Shea Wert, la única bibliotecaria a tiempo completo del centro, después de observar que numerosos usuarios manifestaban su malestar ante la incorporación automática de herramientas de inteligencia artificial en servicios que utilizaban habitualmente. Entre las quejas más frecuentes figuraban las respuestas automáticas y las sugerencias de escritura de Gmail, así como otras funcionalidades que aparecen sin que los usuarios las hayan solicitado expresamente.
La propuesta tuvo una acogida extraordinaria. El cartel anunciador del taller se difundió en Facebook y consiguió más de 8.000 reacciones y cientos de comentarios. La repercusión trascendió el ámbito local y comenzaron a llegar solicitudes de personas de otros estados e incluso de otros países interesadas en asistir, recibir una grabación o disponer de materiales para organizar actividades similares en sus propias bibliotecas.
La experiencia está relacionada con el trabajo de otra bibliotecaria, Hannah Cyrus, que había desarrollado talleres gratuitos bajo el título «Avoiding AI» (Evitar la inteligencia artificial). Su planteamiento parte de una idea especialmente interesante: las bibliotecas deben ayudar a los ciudadanos tanto a adoptar las nuevas tecnologías como a rechazarlas cuando así lo deseen. Cyrus publicó esta reflexión en una revista profesional y ha recibido solicitudes de cientos de bibliotecarios de diferentes partes del mundo interesados en utilizar sus materiales y reproducir la experiencia.
Un aspecto significativo es que la iniciativa no responde necesariamente a una postura contraria a la inteligencia artificial. Shea Wert reconoce que utiliza herramientas de IA en determinadas tareas profesionales, por ejemplo, para elaborar esquemas o redactar documentos complejos. También ayuda a los usuarios que desean aprender a utilizar modelos de lenguaje y mejorar sus instrucciones. Sin embargo, observa que una parte importante de las consultas procede de personas mayores que no quieren incorporar estas funcionalidades a sus dispositivos y necesitan recuperar el control sobre sus herramientas digitales.
La experiencia pone de manifiesto una nueva dimensión del trabajo bibliotecario: el derecho de los ciudadanos a decidir cómo, cuándo y para qué utilizan la inteligencia artificial. Las bibliotecas no deben limitarse a promover la alfabetización en IA, enseñar a utilizar herramientas o explicar sus posibilidades. También deben proporcionar conocimientos para desactivar funcionalidades, proteger la privacidad, comprender los mecanismos de automatización y ejercer una elección tecnológica consciente.