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Tchonté Silué: una joven marfileña organiza una biblioteca en su comunidad

 

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Tchonté Silue leyendo a los niños de su comunidad

 

En Costa de Marfil, Tchonté Silué, de 25 años de edad, ha abierto una biblioteca en un barrio popular de Abidján para que los niños desfavorecidos puedan leer…. y mucho más, Tchonté siempre intenta imaginar diversas actividades: lectura, clases de informática, talleres de dibujo, manualidades, salidas al jardín botánico, cine… En 2017, la joven marfileña sólo tenía 23 años cuando creó una biblioteca, llamada Centre Eulis (su apellido al revés) en Yopougon, una comuna desfavorecida de Abidján donde creció. Su objetivo es crear muchos más centros como este en su país y en el resto de África. 

 

 

Hace unos días en un Encuentro celebrado en Casa Áfríca en las Palmas de Gran Canaría, tuve el placer de conocer a Tchonté Silue, una joven marfileña de 25 años apasionada por la lectura, la escritura, los viajes y la educación. Una defensora de la juventud de Unicef de Costa de Marfil y fundadora del Centro Eulis en Yopougon. En 2017, fue reconocida como la mejor bloguera de Costa de Marfil en los Premios E-voir por su blog “Les Chroniques de Tchonte” y en 2018 recibió el Premio Impacto Social en los Premios Adicom por su trabajo en Centre Eulis. El Centre Eulis es un centro educativo que ayuda a los jóvenes marfileños a descubrir el mundo a través de libros, que organiza talleres y excursiones. Tchonte escribe  principalmente en blogs sobre los libros que lee y su apuesta para mejorar la educación en Costa de Marfil a través de Centre Eulis. Tiene una Maestría en Emprendimiento Social de Hult International Business School y una Licenciatura en Finanzas de Georgia State University.

Mientras trabajaba en su maestría, desarrolló interés en la educación. Sus clases eran interactivas, donde los estudiantes trabajaban en proyectos de equipo para proponer soluciones a problemas de su comunidad. Empezó a soñar con un sistema de educación inclusivo e interactivo en Costa de Marfil que crearía generaciones de solucionadores de problemas en lugar de buscadores de empleo. Cuando empezó a trabajar enseñando en su antigua universidad y cobrar algo de dinero creo el Centro Eulis, un espacio educativo destinado a ayudar a los niños a descubrir el mundo a través de libros, excursiones y talleres educativos. El centro se abrió al público en abril de 2017 y actualmente ofrece aproximadamente 1.500 libros.

La biblioteca, que se encuentra en un estudio de diez metros cuadrados, alberga tanto la colección “Barbie” como libros infantiles de autores africanos, o libros extranjeros que permiten a los niños “descubrir otras culturas”. El dinosaurio del Kilimanjaro o “El oro azul de los tuaregs” de Donald Grant son muy populares entre los niños. Algunas estanterías están dedicadas a las novelas para adultos, desde Albert Camus hasta Harlan Coben en inglés. El centro cuenta con una decena de voluntarios. Tchoté utiliza las redes sociales para presentar las actividades del centro, sus visitantes curiosos y los eventos que tienen lugar allí, y cuenta la historia del entusiasmo de los jóvenes de Yopougon, que descubren las alegrías de la lectura. En Yopougon, una ciudad de 621.180 habitantes, el Centro Eulis representa, por tanto, un marco ideal para los estudiantes que no tienen a menudo la oportunidad de disfrutar de la lectura, convirtiéndose en una contribución real a la lucha perpetua que muchos Estados africanos están llevando a cabo: dar a los jóvenes ciudadanos la mejor educación posible.

 

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A veces, el Centro Eulis viaja en un carrito lleno de libros para conocer a la gente de Yopougon, niños y adultos por igual. Es una campaña para promover y popularizar la lectura para no dejar a nadie fuera. Y comenta “La educación es el arma más poderosa que se puede usar para cambiar el mundo como decía Nelson Mandela, entonces los libros son los mejores misiles.”

El objetivo del proyecto era para proporcionar un espacio de aprendizaje abierto a la gente de su vecindario. Yopougon es conocido sobre todo por sus bares y otros espacios para beber, pero carece de espacios donde los niños puedan seguir aprendiendo después de la escuela. Según sus propias palabras  “Quiero que Centre Eulis sea ese lugar donde les guste estar y aprender”.  Para ello contó con el apoyo de otras personas, su padre le facilitó el local, y a través de su labor en medios sociales pidió ayuda a través de redes a otras personas y organizaciones para conseguir los libros. El principal desafío fue conseguir que la gente aprovechara realmente los recursos y leyera. Así que decidió centrarse en los alumnos de las escuelas primarias y secundarias de la zona, y empezó a organizar sesiones de lectura en la calle para promocionar la biblioteca. también organiza salidas al cine y a museos para sacar a los niños de su entorno y aprender cosas nuevas. “Es increíble ver a los niños invitar a sus amigos, hermanos y hermanas a leer en la biblioteca. Creo que las generaciones más jóvenes necesitan adquirir habilidades de pensamiento crítico y amor por el aprendizaje. En un mundo que siempre está cambiando, sentarse en clase y asistir a clases no es suficiente. Necesitan salir a buscar información adicional y adaptarse a cada situación. También tenemos que animarles a que sean promotores del cambio en sus comunidades. Tenemos que estimular su curiosidad y ayudarles a tener una mente abierta” comenta Tchonté. Su objetivo es tener un centro como Eulis en cada lugar de su país y posteriormente extender el proyecto a toda África. El 23 de junio de 2017, Tchonté recibió el premio Lili Women Creative Award por su compromiso con la educación del Centro Eulis.

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Tchonté Silué y Julio Alonso Arévalo en Casa África

Los niños que poseen libros tienen seis veces más probabilidades de leer por encima del nivel esperado

 

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More than 380,000 children in UK do not own a single book: NLT report. London: National Literacy Trust, 2019

Informe

Los niños que poseen libros son seis veces más propensos a leer por encima del nivel esperado para su edad y, sin embargo, cientos de miles de alumnos no disponen de un sólo libro en su hogar, sugiere un informe. Por ello National Literacy Trust ha iniciado una campaña para recoger donaciones.

National Literacy Trust es una organización benéfica independiente que trabaja con escuelas y comunidades para brindar a los niños desfavorecidos las habilidades de alfabetización para tener éxito en la vida.

Según el informe de NLT, más de 380.000 niños en el Reino Unido no tienen un libro propio, un análisis de caridad que calcula el  National Literacy Trust, que puede afectar sus habilidades de lectura , disfrute y bienestar.

La encuesta, de más de 56.000 niños, revela que el 22 por ciento de los niños que poseen libros leen por encima del nivel esperado, en comparación con solo el 3.6 por ciento de los alumnos que no tienen un libro.

Más de la mitad (56.2 por ciento) de los jóvenes que tienen libros disfrutan de la lectura en comparación con menos de un quinto (18.4 por ciento) de los que no, según la encuesta de alumnos de nueve a 18 años. 

Los hallazgos se producen cuando cientos de bibliotecas de todo el país se han visto obligadas a cerrar en medio de recortes de gastos.

Presentación del libro “Los libros, la lectura y los lectores a través de la literatura y las artes”. Planeta Biblioteca 2019/11/04

 

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Presentación del libro “Los libros, la lectura y los lectores a través de la literatura y las artes”.

Planeta Biblioteca 2019/11/04

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Ir a descargar

 

Julio Alonso Arevalo. Los libros, la lectura y los lectores a través de la literatura y las artes. Buenos Aires : Alfagrama Ediciones, 2019

Disponible en España en Canoa Libros

Presentación del libro  “Los libros, la lectura y los lectores a través de la literatura y las artes” publicado por Alfagrama, un libro sobre libros para cualquiera que ama los libros. Es más que un libro, son miles de libros, los que hemos leído, los que nos dejaron un sabor dulce, y a los que una vez terminados les pasamos la mano por la cubierta antes de volver a colocarlos en la estantería como si fuera un acto de amor. Como tantos compañeros de esta profesión, humilde y maravillosa, amamos lo que hacemos, y nos encanta pensar en lo que hacemos, cuando vamos a un sitio, uno de nuestros pasatiempos favoritos es ir a visitar bibliotecas, otro es recoger citas y escritos sobre el libro, la lectura, los lectores y las bibliotecas. Es bien cierto que aquí, en estas dos centenas de páginas, no cabe todo lo que se ha escrito sobre el tema, pero si están las que más profundamente nos han llegado.

En la próxima entrega, -si la editorial Alfagrama tiene a bien- la segunda parte del libro, el dedicado a los bibliotecarios, a los libreros y a los editores-. Un mundo en el que los profesionales del libro nos hemos visto reflejados, a veces más, y casi siempre menos acertadamente, pero es la imagen que proyectamos, a veces en los estereotipos que muy a menudo con cierto humor nosotros mismos reforzamos. Así nos ven, y así lo refleja la literatura. Porque alguien dijo en una ocasión que los libros no son la vida, pero son lo que más se le parece.

 

Dependemos de la cultura para sobrevivir

 

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Desde la Antigüedad –pero nunca con tanta importancia como hoy– los seres humanos dependemos de la cultura para sobrevivir. En efecto, la cultura significa entender y aprehender nuestro entorno, aumentar el volumen de nuestra información, “acercar el mundo a nuestra mente”, dar sentido y validez a las acciones, poner en duda ideas previas, inquirir lo nuevo. En síntesis, la cultura nos conduce a “ser más”, reinventarnos, agrandar nuestro mundo de comprensión y referencia y, en tal virtud, modificarnos de manera constante. La cultura nos identifica, nos construye como seres valiosos, nos proyecta, nos dignifica

 

Reascos, Nelson “La cultura, las culturas y la identidad”. En GLOBALIZACIÓN CULTURA IDENTIDAD Quito: Ediciones CCE , 2017

 

 

 

Una biblioteca oscura y triste

 

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Una biblioteca oscura y triste
José Saramago

Texto completo

Las bibliotecas han cambiado mucho desde el día en que, en la Lisboa de finales de los años treinta, entré por primera vez en una de ellas. Era un lugar en donde el tiempo parecía haberse detenido, con estantes que cubrían las paredes desde el suelo hasta casi el techo, las mesas con sus pequeños atriles, a la espera de lectores, que nunca eran muchos. El bibliotecario se sentaba al fondo de la sala, detrás de un escritorio antiguo, de aquellos de palo santo, de madera tallada. Olía a papeles viejos y a cera de abejas, también algo a humedad, a cerrado, tal vez porque las ventanas se abrían de tarde en tarde, al menos siempre las recuerdo cerradas. También es cierto que nunca fui a la biblioteca durante el horario diurno, así que no sé cómo sería el ambiente, si las pesadas contraventanas estarían abiertas para que la luz del día pudiese entrar. Probablemente sí. Yo era un lector nocturno, salía de casa después de cenar (era el tiempo en el que se cenaba a las ocho), recorría los dos o tres kilómetros que separan el barrio de la Penha de França, donde vivía, y Campo Pequeño, donde estaba la biblioteca, e iba a leer. Exactamente iba a leer. Era un adolescente que no tenía en casa libros que no fueran los de estudio, y que quería saber por sí mismo qué era realmente eso a lo que se le daba el nombre de literatura. Un adolescente que no se había dejado aconsejar antes por personas que supieran guiar de forma didáctica en su experiencia lectora, que cada vez que entraba en una biblioteca, era como que desembarcase en una isla desierta y tuviese que abrir un camino para llegar no sabía adónde, ni tampoco le importaba mucho. Leía sin ningún objetivo, leía porque le gustaba leer, y nada más. Era bastante ingenuo para atreverse a descifrar el Paraíso Perdido de Milton sin conocer nada de literatura inglesa. O el Don Quijote sin saber de Cervantes nada más que aquella definición del portugués como un castellano sin huesos. Leía más a los clásicos que los modernos, sin método, aunque con cierto sentido de la disciplina. Si le gustaba especialmente un autor, intentaba leer toda su obra, tarea casi imposible, como ocurrió con Camilo Castelo Branco. Intuía que tenía mucho que ganar si saboreaba lentamente los sermones del padre Antonio Vieira, pero confesaba que algunas veces tuvo que abandonarlos por la misma razón por la que estamos obligados a cerrar los ojos ante una luz demasiado fuerte. Además, como suele decirse, al lector adolescente le faltaba vocabulario. Recorría con atención las hojas mecanografiadas donde constaban las obras que habían entrado recientemente en la biblioteca y por ellas hacía su elección, un poco por los títulos y otro poco por los nombres de los autores. Con el tiempo aprendió a establecer relaciones entre unos y otros, notaba que la memoria de lo que había leído enriquecía sorprendentemente la lectura que tuviese que hacer en ese momento, el suelo que pisaba se iba volviendo más firme cada día. No puedo recordar con exactitud cuánto tiempo duró esta aventura, pero lo que sé, sin sombra de duda, es que si no fuese por aquella biblioteca antigua, oscura, casi triste, yo no sería el escritor que soy. Allí comenzaron a escribirse mis libros.

Ha pasado mucho tiempo. Las bibliotecas han cambiado. Desde luego, también los lectores. Supongo que en algunas de ellas se están formado escritores del futuro. Sé que los bibliotecarios ya no están sentados tras mesas de filigrana. Sé que están empeñados en hacer una labor de defensa del libro y de la lectura. También hablan del compromiso social de esta profesión. Y no les faltan los motivos