Archivo de la categoría: Animación a la lectura

Si nuestros niños dejan de leer, o nunca han tenido ese hábito…

 

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El escritor vallisoletano Gustavo Martín Garzo, siempre haciendo gala de una sensibilidad exquisita estima que si un niño deja de leer o nunca tuvo ese hábito no es sólo un fracaso paternal o personal, es un fracaso de todos, de la comunidad, y lo expresa con este lirismo.

“Si nuestros niños dejan de leer, o nunca han tenido ese hábito, si no llegan a interesarles los cuentos, será en definitiva porque nosotros, la comunidad en la que han nacido, ha dejado de ser visitada por los sueños, y hace tiempo que no tiene gran cosa que contar, ni de sí misma ni del mundo que la rodea. No les culpemos por ello, preguntémonos nosotros, como el gigante del cuento, dónde se oculta nuestro corazón y qué ha sido de los sueños y los anhelos que una vez lo poblaron”

Gustavo Martín Garzo: El hilo azul. Aguilar, 2001

Julio Alonso-Arévalo. El tercer grado bibliotecario

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El tercer grado bibliotecario

Con motivo de la campaña #bibliotízate y la celebración del Día de la Biblitoteca hemos adaptado al universo bibliotecario nuestra sección El tercer grado lector, el interrogatorio que hacemos a personas del mundo del libro y la lectura. Es una manera de rendir un pequeño y humilde tributo a las bibliotecas y, sobre todo, a los bibliotecarios, auténticos héroes cotidianos a los que queremos dar mayor visibilidad durante estos días

Más entrevistas

Fernando Juarez

Alicia Marínez

Gloria Pérez Salmeron

 Mª Antonia Carro Castro

Inmaculada García Fernández

Begoña Marlasca

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Uno de los motivos que hacen que las bibliotecas ejerzan sobre nosotros, los lectores, un efecto casi hipnótico, son las personas que trabajan en ellas. Bibliotecarios vocacionales que nos ayudan al otro lado del mostrador, que nos descubren algún libro maravilloso, que se rompen la cabeza para organizar actividades estupendas para todos los públicos, que con su esfuerzo y dedicación nos hacen sentir que estamos en nuestra casa…

Por eso nos hemos querido acercar a siete bibliotecarios que trabajan en diferentes bibliotecas y en distintas localidades para tener una visión más variada del mundo bibliotecario. Contamos con Begoña Marlasca, directora de la Biblioteca Pública del Estado de Cuenca; Julio Alonso Arévalo, bibliotecario de la Universidad de Salamanca; Glòria Pérez-Salmerón, presidenta electa de la IFLA y presidenta de FESABID; Inmaculada García Fernández, bibliotecaria de la Biblioteca para Jóvenes Cubit (Zaragoza); Mª Antonia Carro Castro, intrépida bibliotecaria del Biblobús 5 de la provincia León y ganadora de nuestra campaña del año pasado #vivalabiblio; Alicia Martínez, bibliotecaria que trabaja en la biblioteca del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (Madrid); y Fernando Juárez, responsable de la biblioteca municipal de Muskiz (Vizcaya).

Julio Alonso Arévalo: “Una biblioteca es lo mejor que puede tener un barrio, porque es más que un sitio al que acudir para llevar en préstamo un libro”

 

Julio Alonso Arévalo desempeña su trabajo en la Biblioteca de Traducción y Documentación de la Universidad de SalamancaLink externo desde hace más de un cuarto de siglo. Además es editor del repositorio E-LIS, coordinador de la lista InfoDoc, creador del blog Universo abiertoLink externo y autor de diferentes artículos en revistas especializadas.

También ha publicado númerosos libros, como Informe APEI sobre acceso abierto, Las nuevas fuentes de información: Información y búsqueda documental en el contexto de la web 2.0, junto con José Antonio Cordón-García, Raquel Gómez-Díaz y Jesús López-Lucas; o Gutenberg 2.0: la revolución de los libros electrónicos, con José Antonio Cordón-García

1. ¿Te acuerdas de cuándo acudiste por primera vez a una biblioteca?

No tengo una percepción muy clara del primer día que acudí a una biblioteca. Sobre todo porque fue un proceso natural en mi vida desde muy pequeño en un pequeño pueblo de la provincia de Ávila en el que nací, llamado Mingorría. Sí recuerdo haberlo hecho junto con mis hermanos mayores, que nos llevaban a mí y a mi hermano gemelo a la biblioteca, ellos conformaron parte de mi gusto como lector, a mi hermano Mario le encantaban los cómics del Jabato y el Capitán Trueno, en casa tenía toda la colección de los que se publicaban en una gran caja de cartón, junto con otros como Hazañas Bélicas, Roberto Alcázar y Pedrín o las novelas del oeste de Marcial Estefanía. Los cómics fueron lo que más influyó en mi primer gusto por la lectura, como a mucha otra gente de mi generación. Por ello considero que son un género mayor de la literatura.

2. ¿Qué recuerdo tienes de esa visita?

La biblioteca estaba en el ayuntamiento del pueblo y se encargaba de ella el secretario o el alguacil, no existía un bibliotecario, y el concepto que se tenía de biblioteca era el de un lugar estricto y silencioso. Por lo que cuando acudía la biblioteca, prefería llevar prestados los libros y cómics para leer bajo el árbol que había junto a la iglesia al lado de casa. Aún recuerdo vivamente pasar muy buenos ratos leyendo bajo la sombra de aquella acacia con mis hermanos y amigos. Aún hoy en día cuando voy al pueblo me saco el libro que estoy leyendo y me siento allí, es como si fuera una reconciliación con los días felices que viví en aquel lugar.

3. ¿Qué es lo más curioso que te ha pasado en una biblioteca?

Lo más curioso que me ha pasado en la biblioteca fue un hecho determinante en mi vida. Corría el año 1993 y cuando estaba atendiendo el préstamo en la biblioteca de Traducción y Documentación en la que aún sigo trabajando, se acercó una chica que estaba haciendo su memoria de grado. No sé si existen los flechazos, pero para mí aquello fue lo más parecido a saber que si volvía a ver a esa chica iba entrar muy dentro de mí. Al día siguiente volvió a buscar aquel diccionario, y precisamente yo estaba leyendo el libro El jinete polaco, de Antonio Muñoz Molina, con la coincidencia de que ella también lo estaba leyendo, así que fue el mejor modo de iniciar una conversación que 21 años después seguimos haciendo, porque es la persona que hoy en día es mi mujer y con quien tengo dos hijas.

4. ¿Cuál es tu lugar preferido de una biblioteca?

Me gusta siempre sentarme junto a un ventanal que me permite ver la calle. Leer es también levantar la mirada y leer la vida. Recuerdo que Marcelo Mastroianni hacía lo mismo porque allí discurre la vida, y mientras lees te conectas con el mundo, con las personas, y te imaginas sus historias, sus vidas. Ese es mi lugar preferido en una biblioteca o en un bar. Somos seres fundamentalmente sociales.

5. Tu reino… por qué biblioteca

Mi biblioteca preferida es la biblioteca de mi barrio, la Biblioteca Municipal Torrente Ballester de Salamanca. Los trabajadores de esta biblioteca hacen una gran labor en uno de los barrios más grandes y populosos de Salamanca como es el barrio Garrido. Programan actividades, cuentacuentos, cine de verano… y 1000 actividades más. Además, por lo general suelen tener un trato muy cariñoso con las personas, que va más allá de su oficio y es más una vocación. Tengo recuerdos muy gratos de cuando de pequeñas acudían mis hijas durante las tardes frías del invierno salmantino.

6. ¿Para qué sueles acudir a las bibliotecas cuando vas como usuario? (Coger libros u otros materiales en préstamo, participar en alguna actividad o taller, estudiar o consultar materiales, etc.)

Generalmente acudo para coger libros sobre música y también discos. Soy un gran aficionado a la música y leo muchas bibliografías de músicos. Incluso tengo un programa de radio sobre música en la Universidad de Salamanca. Cuando mis hijas eran pequeñas acudíamos entre semana a las actividades que programaban. Y también los sábados por la mañana. Y en verano a las emisiones de cine en la calle. Una biblioteca es lo mejor que puede tener un barrio, porque es más que un sitio al que acudir para llevar en préstamo un libro. Es un lugar en el que vivir ilusiones y experiencias, y de los lugares que más contribuyen a la igualdad de los ciudadanos y a la propia democracia, un auténtico resorte para mitigar cualquier deficiencia en la igualdad de las personas a la información y a la tecnología. Como manifiesta Dudley “las bibliotecas han dejado de ser importantes porque hemos olvidado lo importantes que son”.

7. ¿Cuál es la última biblioteca que has visitado como usuario?

La biblioteca de mi barrio.

8. ¿Qué es lo que más te gusta de las bibliotecas?

Me gusta que sean puntos de encuentro con las personas. Lugares no sólo para ir a buscar contenidos, sino lugares para socializarse, charlar con los amigos y colegas bibliotecarios o encontrarte algún amigo y entablar una conversación.

9. Algún descubrimiento reciente del mundo bibliotecario que quieras compartir con otros usuarios (Puede ser un libro, un autor, un blog, alguna actividad de fomento de la lectura, etc.)

El libro del escritor leonés Julio Llamazares Distintas formas de mirar el agua. Se trata de una visión coral de un mismo momento vivido por más de 30 personajes pertenecientes a una familia el día que van a enterrar al pantano que sumergió el pueblo al abuelo de la familia. Sorprende la capacidad del autor para meterse en la piel de 30 personajes que han tenido distinta relación con el fallecido, y como en función de ello viven esos 20 minutos que hay desde que aparcan los coches junto al pantano y depositan las cenizas.

10. Define con una sola palabra qué significa para ti la biblioteca

Vida.

El método definitivo para tener hijos lectores: consejos y recetas milagrosas que garantizan el éxito escolar

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Girbés, J. C. (2016). [e-Book] El método definitivo para tener hijos lectores: consejos y recetas milagrosas que garantizan el éxito escolar. Barcelona, Fundación Bancaria “La Caixa” y la Fundación Jaume Bofill, 2017

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El método definitivo para tener hijos lectores es una guía para ayudar a padres y madres en la estimulante tarea de fomentar el hábito lector de los niños. Presenta cuatro pasos básicos para transmitir, con calma y sin agobios, la pasión lectora.

LECXIT – Lectura para el éxito educativo es un programa promovido por la Fundación Bancaria “La Caixa” y la Fundación Jaume Bofill. Se trata de una iniciativa pionera que tiene como objetivo incrementar el rendimiento educativo de los niños, mediante la mejora de la comprensión lectora.

Diversos estudios indican que una parte importante del alumnado de primaria no asienta las competencias lectoras básicas, es decir, que tiene dificultades a la hora de localizar informaciones en textos complejos y establecer relaciones entre las ideas que se exponen. Además, la comprensión lectora afecta al conjunto de los aprendizajes escolares, tanto en las materias lingüísticas como en las científicas o las matemáticas. LECXIT parte de la premisa que practicando la lectura, y con ayuda, los niños podrán comprender mejor lo que leen y progresar en todas las materias. A través de personas voluntarias se ofrece un acompañamiento lector a niños y niñas a partir de los nueve años. El programa apuesta por la implicación de toda la comunidad educativa en la educación de los niños.

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La lectura en el entorno familiar es importante porque motiva a los niños a leer y refuerza el trabajo de la escuela. Vuestro papel, como madres y padres, es crucial para que vuestros hijos e hijas disfruten de la lectura y mejoren su comprensión lectora. Para ayudaros os proponemos que leais este Método definitivo para tener hijos lectores, del editor y periodista Joan Carles Girbés. Esperamos que su pasión para comunicar, aprender y compartir os aporte reflexiones y estrategias que os resulten de utilidad.

Guía didáctica interdisciplinar para la creación de un trailer a partir de un libro

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Pequeños Dibujos Animados (PDA)  Guía didáctica interdisciplinar para la creación de un trailer a partir de un libro: Otra forma de mirar e interpretar la literatura. Madrid: Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, 2015

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La educación literaria y el fomento de la lectura requieren nuevas técnicas y
herramientas que faciliten al profesorado su labor educativa en el aula. Esta
guía propone la realización de un tráiler a partir de la lectura de un libro como
instrumento que integra las nuevas tecnologías en la enseñanza. El objetivo principal
de esta propuesta es motivar al alumnado durante el desarrollo de la clase, captar su
atención y mostrarle que los libros pueden ser una fuente de placer, vinculándolos
con la cultura visual contemporánea

Posturas que adoptamos al leer en una tablet

Aquí os dejo este Kamasutra de la lectura digital, según 24sutra estas son las posturas para leer en una tablet. Desde luego que no tienen ningún desperdicio, sobre todo por los propio nombres relacionadas todas ellas con una obra literaria ¿Cual es la tuya preferida? La mía es la metamorfosis

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El derecho de leer según María Moliner

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Escuchar LA LLAMADA DE LA HISTORIA del programa Hablar por Hablar de la Cadena Ser

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Una figura eminente como la bibliotecaria y filóloga zaragozana Maria Moliner que colaboró activamente con las misiones pedagógicas de la época de la II Repúlica, dejó un pensamiento muy clarividente respecto al derecho a la lectura. Considerando la educación un derecho, y la forma de llegar a ella por medio de la democratización de la lectura.

“La educación es la base del progreso; considero que leer es un derecho incluso espiritual y que, por tanto, cualquier ciudadano en cualquier lugar tiene que tener a mano el libro o los libros que deseara leer”

Maria Moliner, bibliotecaria y filóloga autora del Diccionario de Uso del Español

El derecho a leer

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El derecho a leer

Este artículo se publicó en febrero de 1997 en Communications of the ACM (Vol. 40, Número 2).

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De El camino a Tycho, una colección de artículos sobre los antecedentes de la Revolución Lunar, publicado en Luna City en 2096.

Para Dan Halbert el viaje a Tycho comenzó en la universidad, cuando un día Lissa Lenz le pidió prestado el ordenador. El suyo se había averiado, y a menos que consiguiera otro, sería reprobada en su trabajo de fin de trimestre. No se atrevía a pedírselo a nadie excepto a Dan.

Esto puso a Dan en un dilema. Tenía que ayudarla, pero si le prestaba su ordenador ella podría leer sus libros. Dejando de lado el peligro de enfrentarse a una condena de muchos años de cárcel por permitir que otra persona leyera sus libros, la sola idea le turbó al principio. Como a todo el mundo, desde la escuela primaria le habían enseñado que compartir libros es sucio y malo, cosa de piratas.

Además, no había muchas posibilidades de evitar que la APS —la Autoridad de Protección del Software— lo descubriese. En sus clases de programación Dan había aprendido que todo libro tenía un control de copyright que informaba a la Oficina Central de Licencias de cuándo, dónde y quién lo había leído. Usaban esa información no solo para atrapar a los piratas de la lectura, sino también para vender perfiles personales a las empresas. La próxima vez que su ordenador se conectase a la red, la Oficina Central de Licencias lo descubriría y él, como propietario del ordenador, recibiría un durísimo castigo por no tomar las medidas adecuadas para evitar el delito.

Naturalmente, no era seguro que Lissa tuviera la intención de leer sus libros. Probablemente quería el ordenador solo para escribir el proyecto. Pero Dan sabía que Lissa provenía de una familia de clase media que a duras penas se podía permitir pagar la matrícula, y mucho menos las tasas de lectura. Leer sus libros podía ser la única manera que tenía de terminar la carrera. Dan entendía la situación: él mismo había pedido un préstamo para costearse los artículos de investigación que leía (el 10% de ese dinero iba a parar a los investigadores que los habían escrito, y como Dan pretendía hacer carrera en la universidad, esperaba que sus propios artículos de investigación, en caso de ser citados frecuentemente, le reportaran los suficientes beneficios como para pagar el préstamo).

Más tarde Dan descubrió que había habido un tiempo en el que todo el mundo podía ir a una biblioteca y leer artículos, incluso libros, sin tener que pagar. Había investigadores que podían leer miles de páginas sin necesidad de becas de biblioteca. Pero desde los años noventa del siglo anterior, tanto las editoriales comerciales como las no comerciales habían empezado a cobrar por el acceso a los artículos. En 2047, las bibliotecas que ofrecían acceso público y gratuito a los artículos académicos eran ya solo un vago recuerdo.

Por supuesto que había formas de evitar los controles de la APS y de la Oficina Central de Licencias, pero eran ilegales. Dan había tenido un compañero de clase en Programación, Frank Martucci, que había conseguido un depurador ilegal y lo usaba para eludir el control de copyright de los libros. Pero se lo había contado a demasiados amigos, y uno de ellos lo denunció a la APS para obtener una recompensa (era fácil inducir a la traición a los estudiantes endeudados). En 2047 Frank estaba en la cárcel, pero no por lecturas piratas, sino por posesión de un depurador.

Dan supo más tarde que había habido un tiempo en el que cualquiera podía tener un depurador. Incluso había herramientas de depuración libres disponibles en CD o que se podían descargar de la red, pero los usuarios comunes empezaron a usarlas para saltarse los controles de copyright, y finalmente un juez dictaminó que este se había convertido en el principal uso que se les daba en la práctica. Eso quería decir que eran ilegales, y los desarrolladores de esas herramientas de depuración fueron a parar a la cárcel.

Obviamente, los programadores necesitan herramientas de depuración, pero en 2047 los vendedores de estas herramientas solo distribuían copias numeradas, y solo a programadores registrados y autorizados. El depurador que Dan había usado en sus clases de programación estaba detrás de un cortafuegos especial para que solo se pudiese utilizar en los ejercicios de clase.

También se podían eludir los controles de copyright instalando un núcleo de sistema modificado. Con el tiempo Dan averiguó que a principios de siglo habían existido núcleos, e incluso sistemas operativos completos, que eran libres. Pero ahora no solo eran ilegales, como los depuradores, sino que —aun en caso de poseer uno de tales sistemas o núcleos— tampoco se podían instalar sin conocer la clave del administrador de nuestro ordenador, cosa que ni el FBI ni el servicio técnico de Microsoft estaban dispuestos a revelar.

Dan llegó a la conclusión de que no podía prestarle sin más el ordenador a Lissa. Sin embargo, no podía negarse a ayudarla porque estaba enamorado de ella. Cada oportunidad de hablarle lo llenaba de alegría, y el hecho de que le hubiese pedido ayuda podía significar que ella también lo amaba.

Dan resolvió el dilema haciendo algo aún más inconcebible: le prestó el ordenador y le dio su clave. De esa manera, si Lissa leía sus libros, la Oficina Central de Licencias pensaría que quien estaba leyéndolos era él. Seguía siendo un delito, pero la APS no lo detectaría automáticamente: solo podrían descubrirlo si Lissa lo denunciaba.

Si se descubría que le había dado su clave a Lissa, la carrera universitaria acabaría para ambos, independientemente del uso que ella le hubiera dado a la clave. La política de la universidad era que cualquier interferencia en los métodos que utilizaba para controlar el uso de los ordenadores era motivo para tomar medidas disciplinarias. No importaba si se había hecho o no algún daño, el delito consistía en el mero hecho de dificultar el control. Se daba por sentado que se estaba haciendo algo prohibido, no era preciso saber qué exactamente.

Generalmente no se expulsaba a los estudiantes por este motivo, al menos no directamente. Más bien, se les prohibía el acceso a las redes de ordenadores de la universidad, con lo que inevitablemente serían reprobados en todas las asignaturas.

Dan supo más tarde que ese tipo de políticas universitarias habían empezado en la década de 1980, cuando los estudiantes comenzaron a usar ordenadores masivamente. Antes de eso, las universidades mantenían una actitud diferente en relación con la disciplina estudiantil: se castigaban las actividades perniciosas, no las que simplemente levantaran sospechas.

Lissa no denunció a Dan a la APS. Su decisión de ayudarla los condujo al matrimonio y también a que cuestionasen lo que les habían enseñado acerca de la piratería cuando eran niños. Empezaron a leer acerca de la historia del copyright, la Unión Soviética y sus restricciones sobre la copia, e incluso leyeron la Constitución original de los Estados Unidos de América. Se marcharon a Luna[1], donde se encontraron con otros que al igual que ellos intentaban librarse del largo brazo de la APS. Cuando empezó el Levantamiento de Tycho, en 2062, el derecho universal a leer se convirtió en una de sus proclamas fundamentales.

Notas del autor

  • Este relato es un artículo histórico ficticio supuestamente escrito por alguien en el futuro. En él se narra la juventud de Dan Halbert en una sociedad modelada por poderes injustos que utilizan el término «pirata» de manera engañosa y partidista. El artículo emplea la terminología propia de esa sociedad. He tratado de trasladar ese uso del lenguaje al futuro, a una sociedad en la que su opresividad resulta más patente. Véase «Piratería».

  • Las restricciones informáticas impuestas sobre el préstamo o la lectura de libros (y otros tipos de publicaciones) se conocen como DRM, sigla en inglés de «Digital Restrictions Management» (gestión digital de restricciones). Para acabar con el DRM, la fundación Free Software Foundation ha emprendido la campaña Defective by Design, para la que solicitamos su apoyo.

    La Electronic Frontier Foundation, una organización independiente, no vinculada a la Free Software Foundation, también hace campaña contra el DRM.

La siguiente nota ha sido actualizada varias veces desde la primera publicación del cuento.

  • La batalla por el derecho a leer se está librando ya en la actualidad. Aunque pudieran pasar 50 años antes de que nuestras libertades de antaño desaparecieran, muchas de las leyes y practicas represivas descritas en el relato ya han sido propuestas, y en algunos casos promulgadas, tanto en los EE. UU. como en otros países. En 1998, mediante la DMCA (Ley de Copyright del Milenio Digital), el Gobierno de los EE. UU. respaldó explícitamente el DRM, convirtiendo en delito la distribución de programas que pudieran vulnerar esas restricciones digitales. En la Unión Europea se impusieron en 2001 restricciones similares, aunque no tan fuertes, mediante una directiva sobre el copyright.

    Los EE. UU. tratan de imponer esas normas al resto del mundo mediante los llamados tratados de «libre comercio». Pero sería más apropiado llamarlos tratados de supremacía empresarial, ya que están diseñados para otorgar al mundo de los negocios el dominio sobre Estados teóricamente democráticos. La política de la DMCA de criminalizar los programas que permiten saltarse el DRM es una de las muchas políticas injustas que esos tratados imponen en multitud de ámbitos.

    Los EE. UU. han impuesto requisitos similares a los contenidos en la DMCA en Australia, Panamá, Colombia y Corea del Sur mediante acuerdos bilaterales, y en países como Costa Rica mediante otro tratado, el CAFTA. Obama ha intensificado la campaña con la propuesta de dos nuevos tratados: TTP y TTIP. El TTP impondría la DMCA, además de muchos otros perjuicios, a doce países del Pacífico. El TTIP impondría restricciones similares en Europa. Hay que abolir y poner fin a todos estos tratados.

    La sombra de la industria del copyright planea incluso sobre el World Wide Web Consortium, que está a punto de aprobar un sistema DRM como parte oficial de las especificaciones de la red.

  • El software que no es libre suele presentar todo tipo de características abusivas, lo que lleva a la conclusión de que nunca se puede confiar en un programa que no sea libre. Debemos exigir software libre, y rechazar programas privativos.

    Microsoft ha admitido la incorporación en Windows Vista de una puerta trasera: Microsoft puede usarla para instalar por la fuerza «actualizaciones» de software, incluso aunque los usuarios las consideren más bien «involuciones». También puede ordenar a todas las máquinas equipadas con Vista que rehúsen ejecutar ciertos controladores de dispositivos. El principal propósito de las medidas restrictivas de Vista era imponer a los usuarios un DRM que no pudieran saltarse. Por supuesto, Windows 10 no es mejor.

  • Una de las ideas que se presentan en este cuento se hizo realidad en 2002. Es la idea de que el FBI y Microsoft guarden las claves de administrador de los ordenadores personales, y no las entreguen a los usuarios.

    Los promotores de esta idea ponían a las versiones iniciales nombres como «computación confiable» y «Palladium», aunque últimamente lo llaman «arranque seguro».

    Lo que Microsoft conserva no es exactamente una contraseña en el sentido tradicional del término, o sea, nadie la teclea en un terminal. Se trata más bien de una clave de firma y cifrado que se corresponde con una segunda clave almacenada en el ordenador del usuario. Esto confiere a Microsoft, y potencialmente a cualquier sitio web que colabore con Microsoft, el control último sobre lo que el usuario puede hacer en su propio ordenador. Es probable que Microsoft utilice este control a petición del FBI: ya le enseña a la NSA los errores de seguridad de Windows para que pueda aprovecharse de ellos.

    El arranque seguro se puede implementar de modo que permita al usuario especificar la clave y decidir qué programa de firma utilizar. En la práctica, los PC diseñados para Windows 10 llevan solo la clave de Microsoft, y aunque el propietario de la máquina pueda instalar cualquier otro sistema (como GNU/Linux), lo hará bajo el control de Microsoft. A esto lo llamamos arranque restringido.

  • Cuando se escribió esta historia por primera vez, en 1997, la SPA estaba amenazando a pequeños proveedores de servicios de Internet (ISP), exigiéndoles que le permitieran espiar a todos los usuarios. La mayoría de los ISP se rindieron ante la amenaza porque no pueden permitirse litigar en los tribunales. Uno de estos proveedores, Community ConneXion, de Oakland, California, rechazó esas exigencias y fue demandado. Posteriormente la SPA retiró la demanda; sin embargo, la DMCA le otorgó el poder que buscaba.

    La SPA, sigla de la Software Publishers Association (su homóloga en el relato es la APS), ha sido reemplazada en su labor cuasipolicial por la Business Software Alliance. Hoy en día la BSA no es un cuerpo policial oficial, aunque de hecho actúa como tal. Con métodos que recuerdan a los empleados en la antigua Unión Soviética, invitan a la gente a informar sobre las actividades de sus compañeros de trabajo y amigos. En una campaña de terror organizada por la BSA en Argentina, en 2001, se lanzaron veladas amenazas de que las personas que comparten software serían violadas en prisión.

  • Las políticas de seguridad descritas anteriormente no son imaginarias. Por ejemplo, un ordenador de una universidad del área de Chicago mostraba este mensaje al iniciar una sesión:

    Este sistema es para el uso exclusivo de usuarios autorizados. Las personas que utilicen este sistema informático sin autorización o abusen de sus permisos están sometidas al control y al registro de todas sus actividades por parte de los administradores del sistema. Durante la monitorización de quienes usan indebidamente el sistema o mientras se efectúen tareas de mantenimiento, las actividades de los usuarios autorizados también podrán ser monitorizadas. Toda persona que use este sistema acepta expresamente dicha monitorización y se le advierte que si la monitorización revelase posibles pruebas de actividades ilegales o violación de los reglamentos de la Universidad, los administradores del sistema podrán entregar a las autoridades universitarias y/o los agentes de la ley las pruebas derivadas de dicha monitorización.

    Es una curiosa forma de entender la Cuarta Enmienda: presionar a casi todo el mundo para que acceda a renunciar de antemano a los derechos que la enmienda les otorga.

Malas noticias

Hasta ahora la batalla por el derecho a leer no se está resolviendo a nuestro favor. El enemigo está organizado, y nosotros no.

Los libros electrónicos de hoy en día acaban con las libertades tradicionales de los lectores. El lector electrónico de Amazon, al cual llamo «Amazon Swindle»[2]; utiliza el engaño para privar a los usuarios de dichas libertades mediante la ejecución de un software con demostradas funcionalidades «orwellianas». Cualquiera de ellas es motivo suficiente para rechazar por completo el producto.

  • Espía todo lo que el usuario hace: da parte sobre qué libro está leyendo, y qué página, e informa cuando el usuario marca un texto o hace alguna anotación.
  • Tiene DRM, para evitar que los usuarios compartan copias.
  • Tiene una puerta trasera que permite a Amazon borrar por control remoto cualquier libro. En 2009 borraron miles de copias de 1984, de George Orwell.

  • Por si todo eso no fuera suficientemente «orwelliano», hay una puerta trasera universal mediante la cual Amazon puede cambiar el software por control remoto, y hacer cualquier otra fechoría.

La distribución de los libros electrónicos de Amazon también es despótica. Identifica al usuario y registra los libros que obtiene. También exige a los usuarios que acepten el antisocial contrato por el que no deberán compartir copias con nadie. Mi conciencia me dice que, habiendo firmado tal contrato, el mal menor sería desobedecerlo y compartir copias; sin embargo, lo que sería bueno del todo es no aceptar tal contrato desde el principio. Por consiguiente, rechazo tales contratos, sean para software, libros electrónicos, música o cualquier otra cosa.,

Si queremos parar las malas noticias y producir alguna buena, tenemos que organizarnos y luchar. Suscríbase a la campaña de la FSF Defective by Design (Defectuoso a propósito) para echar una mano. Puede unirse a la FSF para apoyar nuestra labor más en general. Hay también una lista de maneras de participar en nuestro trabajo.

Referencias

  • El «Libro Blanco» de la administración: Information Infrastructure Task Force, Intellectual Property [sic] and the National Information Infrastructure: The Report of the Working Group on Intellectual Property [sic] Rights (1995).
  • Explicación del «Libro Blanco»: The Copyright Grab, Pamela Samuelson, Wired, Jan. 1996.
  • Sold Out, James Boyle, New York Times, 31 March 1996.
  • Public Data or Private Data, Washington Post, 4 Nov 1996.
  • Union for the Public Domain, una organización cuyo objetivo es oponerse a la excesiva extensión de los poderes del copyright y de las patentes y revertir esta situación.

Otros textos para leer


Este ensayo está publicado en el libro Software libre para una sociedad libre: Selección de ensayos de Richard M. Stallman.

Notas de traducción

[1] También en castellano en el original.
[2] El nombre del producto es «Kindle», que suena parecido a swindle (timo, estafa).