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Una mujer convierte un autobús de dos pisos en una biblioteca sobre ruedas: lectura móvil para comunidades sin acceso

1000 Libraries. (2026). This Woman Turned a Double-Decker Bus Into a Library on Wheels. 1000 Libraries Magazine article

El artículo narra la historia de Lindzi Hargrave, una mujer de Leicester que transforma un antiguo autobús de dos pisos en una biblioteca móvil y hogar autosuficiente fuera de la red eléctrica. El proyecto surge de una idea que la acompañaba desde la infancia —tener un autobús propio— y que evolucionó desde sueños juveniles de ser conductora o montar una cafetería sobre ruedas hasta convertirse en un ambicioso espacio cultural y comunitario. En 2023 compra el vehículo por eBay por 18.000 libras y, tras un proceso de reconversión durante 2024, invierte alrededor de 50.000 libras en convertirlo en vivienda y biblioteca itinerante.

El autobús se diseña como un espacio híbrido: hogar, biblioteca y punto de encuentro comunitario. Está equipado con paneles solares, mobiliario reutilizado y un interior lleno de libros y plantas que lo convierten en un entorno cálido y acogedor. Más allá de su valor estético, el proyecto está pensado como una herramienta social para acercar la lectura a comunidades donde las bibliotecas han desaparecido o son de difícil acceso. La iniciativa incluye un servicio de intercambio de libros y busca fomentar la lectura, la conversación y la conexión entre personas.

El texto subraya que este proyecto se diferencia de otras tendencias de “tiny homes” o viviendas alternativas porque no responde solo a una estética de vida minimalista o viral, sino a un propósito social claro: recuperar el papel de los libros y los espacios de lectura en un contexto de creciente digitalización y aislamiento social. En este sentido, el autobús funciona como una biblioteca en movimiento que reactiva la idea de la biblioteca como espacio vivo de comunidad, aprendizaje y encuentro.

La historia también tiene una dimensión personal profunda. Lindzi relata que el proyecto supuso un punto de inflexión en su vida tras atravesar problemas de alcoholismo. Como parte de su proceso de cambio, tomó decisiones simbólicas como raparse el cabello antes de iniciar su nueva etapa. La compra del autobús representa, así, no solo un cambio de estilo de vida, sino una reconstrucción personal basada en la acción, la creatividad y el propósito.

El artículo destaca el valor simbólico y social del proyecto en un contexto en el que muchas bibliotecas públicas están perdiendo financiación o cerrando. El autobús de Lindzi se presenta como una respuesta creativa a esa tendencia: una biblioteca sin edificio fijo que viaja para devolver el acceso a los libros y la experiencia comunitaria de la lectura a lugares donde se ha perdido. Con la aprobación técnica del vehículo, la autora del proyecto inicia ahora su recorrido por festivales y comunidades del Reino Unido, llevando consigo libros, encuentros y una idea renovada de lo que puede ser una biblioteca.

Función de las bibliotecas en un contexto marcado por la expansión de la inteligencia artificial y la transformación radical de los ecosistemas informativos.

Library scene showing people using AI-driven digital interfaces for data access and learning
A modern library integrates artificial intelligence for advanced information access and digital learning.

Pressley, Lauren. What Libraries Actually Do. Publicado en el blog Libraries as Epistemic Institutions, 23 de marzo de 2026. Disponible en: Lauren Pressley – What Libraries Actually Do

Lauren Pressley plantea una reflexión profunda sobre la verdadera función de las bibliotecas en un contexto marcado por la expansión de la inteligencia artificial y la transformación radical de los ecosistemas informativos.

La autora parte de una idea central: uno de los mayores problemas a la hora de explicar el valor de las bibliotecas es que cada persona percibe una biblioteca de forma distinta según su experiencia y sus necesidades. Para un estudiante puede ser simplemente un lugar tranquilo donde estudiar; para un investigador, un sistema complejo que proporciona acceso a recursos especializados; para un profesor, una infraestructura invisible que sostiene gran parte del trabajo académico cotidiano. Esta diversidad de percepciones dificulta comunicar de manera clara qué hacen realmente las bibliotecas.

Pressley sostiene que históricamente las bibliotecas han sido descritas en términos demasiado reduccionistas, asociándolas casi exclusivamente con el acceso a la información: colecciones, préstamos, consultas o espacios físicos. Sin embargo, argumenta que esta visión resulta hoy insuficiente, especialmente en un mundo donde herramientas de inteligencia artificial permiten acceder instantáneamente a enormes volúmenes de información. En este nuevo escenario, centrarse únicamente en la idea de “dar acceso” puede llevar a pensar erróneamente que las bibliotecas han perdido relevancia. La autora considera que precisamente ocurre lo contrario: cuanto más abundante y automatizada es la información, más necesaria resulta la labor intelectual que las bibliotecas llevan décadas desarrollando.

Uno de los puntos fundamentales del texto es la distinción entre información y conocimiento. La inteligencia artificial puede ofrecer respuestas rápidas, sintetizar contenidos y generar textos aparentemente coherentes, pero no produce conocimiento en sentido profundo. Transformar información en conocimiento exige contexto, interpretación, comprensión crítica y capacidad para evaluar la procedencia, calidad y fiabilidad de las fuentes. Según Pressley, este es precisamente el núcleo del trabajo bibliotecario: ayudar a las personas a entender cómo se produce el conocimiento, cómo se valida a través de procesos como la revisión por pares, cómo distinguir entre distintos tipos de publicaciones académicas y cómo evaluar si una fuente realmente sustenta una afirmación o una investigación.

La autora también critica la tendencia histórica de las bibliotecas a justificar su valor mediante métricas cuantitativas tradicionales: número de préstamos, visitas físicas, tamaño de las colecciones o consultas atendidas. Aunque estos indicadores fueron durante décadas la forma habitual de demostrar impacto institucional, Pressley argumenta que la inteligencia artificial obliga a replantear esas métricas. Cuando el acceso a la información deja de ser escaso, lo verdaderamente importante es destacar el papel de las bibliotecas como instituciones que sostienen la construcción colectiva del conocimiento, preservan la calidad del ecosistema informativo y enseñan a navegar críticamente entornos saturados de datos.

Otro eje esencial del artículo es la idea de que las bibliotecas constituyen una infraestructura epistemológica. Inspirándose en conceptos de la epistemología social desarrollados por Jesse H. Shera y Margaret Egan, Pressley sostiene que las bibliotecas no son simples depósitos de información, sino instituciones que organizan la manera en que las comunidades producen, validan, comparten y preservan el conocimiento. Su función consiste en mantener visibles elementos que la inteligencia artificial suele ocultar: la autoría, el contexto de producción del conocimiento, la trazabilidad de las ideas, la diversidad de perspectivas y las condiciones bajo las cuales una afirmación puede considerarse confiable.

En relación con ello, la autora advierte que los sistemas de inteligencia artificial generan respuestas con una apariencia de autoridad que puede resultar engañosa. Los modelos de lenguaje producen textos fluidos y convincentes, pero a menudo eliminan o difuminan el origen de la información utilizada. Esta ausencia de procedencia dificulta la verificación crítica y puede fomentar una aceptación acrítica de contenidos potencialmente erróneos. Frente a ello, las bibliotecas desempeñan un papel irremplazable enseñando competencias informacionales, promoviendo el pensamiento crítico y preservando los mecanismos de validación que sostienen la producción académica y científica.

Finalmente, Pressley concluye que el discurso que presenta a la inteligencia artificial como una amenaza que volverá obsoletas a las bibliotecas parte de una comprensión equivocada de lo que estas representan. Si se piensa que una biblioteca solo sirve para localizar información, entonces parecería que la IA puede sustituirla. Pero si se entiende que las bibliotecas son instituciones dedicadas a construir conocimiento confiable, preservar memoria cultural, garantizar transparencia en las fuentes y enseñar a evaluar críticamente la información, entonces la inteligencia artificial no reduce su importancia, sino que hace todavía más evidente su papel esencial dentro de la sociedad contemporánea.

El artículo termina proponiendo una reformulación profunda del relato institucional bibliotecario: las bibliotecas nunca han sido solamente espacios de acceso a información, sino estructuras fundamentales que sostienen las condiciones necesarias para que las sociedades puedan conocer, aprender y producir conocimiento de manera crítica y responsable. En la era de la inteligencia artificial, esa función se vuelve no secundaria, sino absolutamente central.

Toda la biblioteca es fundadora

«Toda la biblioteca es fundadora. Pero hay días en que uno querría deshacerse de los libros a carretilladas. Ya no tengo el valor de hacerlo. En otro tiempo dispuse de un vertedero doméstico, una trampilla que se abría en cada cocina de un edificio y que, por un conducto estrecho, enviaba los desechos a un cubo comunitario. Ese modo de ejecución rápida ha desaparecido hoy, por exigencias de higiene. Sin embargo, era tan práctico para despachar una brazada de libros: un gesto, y dos mil años de trabajo y de esperanzas caían de golpe seis pisos abajo, entre las cáscaras de cebolla».

Pierre Michon ‘Un aerolito en la cabeza’, 2014

Marco de los programas de manualidades en bibliotecas: mejorar la salud mental a través de la creatividad

Woman painting an abstract canvas at a wooden table surrounded by art supplies and sketches
A woman paints a colorful abstract canvas in her well-lit art studio.

Durlofsky, P. (2026, 2 de mayo). Unlocking better mental health through creativity. Psychology Today. https://www.psychologytoday.com/us/blog/logged-in-and-stressed-out/202605/unlocking-better-mental-health-through-creativity

La creatividad puede convertirse en una herramienta accesible y eficaz para mejorar la salud mental. Parte de la idea de que las actividades creativas —como la escritura, la pintura, la música o cualquier forma de expresión artística— no son únicamente formas de ocio, sino también mecanismos psicológicos que ayudan a procesar emociones complejas. A través de la creación, las personas pueden dar forma a sentimientos que a menudo resultan difíciles de verbalizar, lo que facilita su comprensión y regulación emocional.

Uno de los aspectos centrales del texto es la relación entre la creatividad y la gestión del estrés. Se plantea que involucrarse en procesos creativos puede inducir estados de concentración profunda, similares al “flujo”, en los que la mente se aleja de las preocupaciones cotidianas y se enfoca en una tarea significativa. Este tipo de inmersión mental no solo reduce la rumiación, sino que también contribuye a una sensación de calma y bienestar subjetivo.

Asimismo, el artículo destaca que la creatividad no está reservada a artistas o profesionales del ámbito cultural, sino que es una capacidad inherente a todas las personas. Actividades cotidianas como cocinar de forma experimental, escribir un diario o incluso resolver problemas de manera innovadora pueden tener efectos positivos en el equilibrio emocional. Esta democratización de la creatividad refuerza la idea de que cuidar la salud mental puede integrarse fácilmente en la vida diaria sin necesidad de recursos especializados.

En el texto se subraya el potencial terapéutico de la creatividad como complemento a otros enfoques de salud mental. Aunque no sustituye tratamientos clínicos cuando son necesarios, sí puede actuar como un apoyo significativo en la reducción de la ansiedad, la mejora del estado de ánimo y el fortalecimiento de la resiliencia psicológica. En conjunto, el texto propone entender la creatividad no solo como una habilidad estética, sino como una forma de autocuidado emocional con impacto real en el bienestar psicológico.

El texto explica cómo la creatividad puede ser una herramienta accesible y eficaz para mejorar la salud mental en un contexto de vida acelerado y, a menudo, emocionalmente exigente. Frente a estrategias más conocidas como la terapia, el ejercicio físico o la atención plena, se destaca la creatividad como un recurso infravalorado que permite procesar emociones, reducir el estrés y recuperar sensaciones de propósito y bienestar. La autora refuerza esta idea desde la experiencia personal, al narrar su decisión de iniciar una clase de dibujo sin expectativas, mostrando cómo el acto creativo puede estar atravesado por inseguridades, pero también por la necesidad de reconexión con uno mismo.

Uno de los ejes principales del artículo es la importancia de abandonar el perfeccionismo. Se insiste en que la creatividad no debe entenderse como la producción de obras “perfectas”, sino como un espacio de expresión libre donde lo relevante es el proceso y no el resultado. A partir de ahí, se proponen prácticas sencillas como dedicar pequeños periodos de tiempo a actividades creativas sin juicio, lo que permite reducir la autoexigencia y favorecer un estado mental más relajado y abierto.

El texto también subraya la utilidad de la creatividad como vía para procesar emociones difíciles de verbalizar. Actividades como escribir, dibujar o escuchar música pueden ayudar a exteriorizar sentimientos complejos y a reorganizar pensamientos internos. Esta dimensión expresiva convierte la creatividad en un recurso terapéutico informal que facilita el autoconocimiento y la regulación emocional, especialmente cuando las palabras resultan insuficientes.

Además, se destaca el impacto negativo del consumo digital pasivo y cómo la creatividad puede actuar como contrapeso. Sustituir el desplazamiento constante en redes sociales por actividades creativas breves contribuye a recuperar la concentración y mejorar el bienestar mental. A esto se suma la dimensión social de la creatividad, ya que compartir procesos o productos creativos con otras personas fortalece los vínculos y reduce la sensación de aislamiento.

Cómo los bibliotecarios se convirtieron en el activo más valioso de Estados Unidos para la inteligencia durante la Segunda Guerra Mundial

Bishop, Carley. 2024. How Librarians Became America’s Greatest Asset in WWII Intelligence. 1000 Libraries Magazine, 11 de noviembre de 2024. https://magazine.1000libraries.com/how-librarians-became-americas-greatest-asset-in-wwii-intelligence/

Durante la Segunda Guerra Mundial, los bibliotecarios estadounidenses desempeñaron un papel decisivo en la construcción del aparato de inteligencia del país. En un momento en el que Estados Unidos carecía de una estructura consolidada para el análisis sistemático de información global, el gobierno recurrió a profesionales con habilidades muy específicas en organización del conocimiento, catalogación y análisis documental. Esta necesidad se intensificó con la creación del Office of Strategic Services (OSS), antecedente de la CIA, que buscaba perfiles capaces de transformar grandes volúmenes de datos dispersos en inteligencia útil y operativa.

Uno de los núcleos más importantes de esta colaboración fue la Research and Analysis Branch del OSS, donde trabajaron numerosos bibliotecarios, archivistas y académicos. Su labor consistía en recopilar información procedente de fuentes abiertas —libros, periódicos, informes técnicos, revistas científicas, mapas y estadísticas económicas— para construir análisis detallados sobre los países implicados en la guerra. Su formación profesional, centrada en la clasificación y recuperación eficiente de información, se convirtió en una ventaja estratégica en un contexto en el que la “guerra de la información” era tan relevante como el conflicto militar directo.

El artículo subraya que estos profesionales no solo trabajaron en bibliotecas o centros de análisis en Estados Unidos, sino que muchos fueron enviados a Europa y otros territorios con misiones de campo. Allí debían localizar, copiar y preservar documentos clave, en muchos casos utilizando microfilm, una tecnología esencial para la época. También recuperaban publicaciones restringidas o censuradas en territorios ocupados, lo que permitía acceder a datos sobre infraestructuras, producción industrial, movimientos logísticos o estructuras políticas de los países enemigos. Esta labor combinaba investigación académica con prácticas propias del espionaje, aunque muchas veces se realizaba bajo la cobertura de actividades culturales o documentales.

El texto destaca asimismo la dimensión humana y de riesgo de estas operaciones. Algunos bibliotecarios trabajaron en condiciones de gran presión, con vigilancia constante y peligro de detención. Figuras como Adele Kibre simbolizan este perfil híbrido entre intelectual y agente de inteligencia, capaz de operar en entornos hostiles utilizando habilidades de análisis documental más que armamento o espionaje tradicional. Esta transformación del rol bibliotecario demuestra cómo la guerra amplió los límites de las profesiones vinculadas a la información.

El artículo destaca las consecuencias a largo plazo de esta colaboración entre bibliotecas e inteligencia militar. Tras la guerra, se reforzó la percepción de que la gestión de la información era un recurso estratégico para los Estados modernos. Esto contribuyó a una mayor inversión en bibliotecas, archivos y sistemas de documentación, y a la consolidación de disciplinas como la ciencia de la información. En este sentido, la experiencia de la Segunda Guerra Mundial no solo transformó el papel de los bibliotecarios, sino que ayudó a redefinir la importancia política y estratégica del conocimiento organizado en la sociedad contemporánea.

Las bibliotecas públicas exigen un modelo justo para los libros electrónicos

American Library Association (ALA). “Leading Public Library Groups Call for E-book Action.” American Library Association News, 26 de mayo de 2026. Disponible en: American Library Association (ALA)

Las principales organizaciones que representan a las bibliotecas públicas de Estados Unidos y Canadá han emitido una declaración conjunta reclamando cambios urgentes en los modelos de licencia y precios de los libros electrónicos. Entre las entidades firmantes se encuentran la Urban Libraries Council, la Public Library Association, la Canadian Urban Libraries Council, la Chief Officers of State Library Agencies y la Association for Rural & Small Libraries. Estas organizaciones sostienen que el crecimiento exponencial de la demanda de contenidos digitales está generando una presión financiera insostenible sobre las bibliotecas públicas.

El principal problema señalado es la diferencia entre la adquisición de libros impresos y la de libros electrónicos. Mientras que una biblioteca puede comprar un libro físico y prestarlo indefinidamente, los libros electrónicos suelen estar sujetos a licencias temporales o a límites de préstamos. Además, los precios que pagan las bibliotecas son considerablemente más altos que los que paga un consumidor individual. Según el comunicado, un lector puede adquirir un libro electrónico por unos 13 dólares, mientras que una biblioteca puede verse obligada a pagar 55 dólares o más por una licencia con una duración limitada.

El documento destaca que esta situación afecta directamente a la capacidad de las bibliotecas para garantizar un acceso equitativo a la lectura y al conocimiento. Las largas listas de espera para obtener títulos populares y el aumento constante de los costes dificultan que las bibliotecas cumplan su misión de promover la alfabetización, el aprendizaje permanente y el descubrimiento de nuevos autores. Los responsables de las organizaciones firmantes subrayan que las bibliotecas son actores fundamentales dentro del ecosistema editorial y que contribuyen significativamente a la difusión de obras y autores entre el público lector.

Como ejemplo de esta problemática, se menciona el caso de la novela Onyx Storm de Rebecca Yarros. Una biblioteca pública del condado de Jefferson destinó aproximadamente 3.300 dólares a la compra de 166 ejemplares impresos, mientras que gastó alrededor de 22.000 dólares en licencias de libros electrónicos del mismo título. Este caso ilustra cómo el acceso digital, lejos de reducir costes, puede representar una carga presupuestaria mucho mayor para las bibliotecas.

Las organizaciones firmantes no plantean una confrontación con editoriales y proveedores, sino una invitación al diálogo para desarrollar modelos sostenibles que beneficien a todas las partes implicadas. Reclaman precios más razonables, condiciones de préstamo más equilibradas y acuerdos que permitan a las bibliotecas seguir desempeñando su función social sin comprometer la viabilidad económica de sus servicios digitales. El objetivo final es garantizar que el acceso a los libros electrónicos y audiolibros siga siendo un derecho efectivo para todos los ciudadanos, independientemente de su capacidad económica o lugar de residencia.

El poder comunitario de los jardines solidarios en bibliotecas

Miller, Alyssa. “Sharing More Than Food Through the Giving Garden.” Association for Library Service to Children (ALSC) Blog, mayo de 2026. Disponible en: ALSC Blog

Se describe la experiencia de un Giving Garden o “jardín solidario”, una iniciativa vinculada a bibliotecas que combina el cultivo de alimentos con la educación, la participación ciudadana y el fortalecimiento de los vínculos comunitarios.

La autora explica que estos espacios no se limitan a producir frutas, verduras o hierbas para personas que enfrentan inseguridad alimentaria, sino que se convierten en auténticos centros de aprendizaje y convivencia. A través del trabajo compartido en el jardín, personas de distintas edades y procedencias colaboran en una actividad común que fomenta la solidaridad y el compromiso social.

Uno de los aspectos más destacados del proyecto es su dimensión educativa. Los jardines ofrecen a niños y jóvenes la oportunidad de aprender de manera práctica sobre agricultura, sostenibilidad ambiental, nutrición y procedencia de los alimentos. En una época en la que muchas personas están desconectadas de los procesos de producción alimentaria, estas iniciativas permiten comprender el esfuerzo necesario para cultivar alimentos y desarrollar una mayor conciencia sobre el desperdicio y el consumo responsable. Además, el aprendizaje se produce de forma experiencial, favoreciendo la curiosidad y el descubrimiento.

El artículo también pone de relieve el papel de las bibliotecas como agentes de transformación comunitaria. Tradicionalmente asociadas al acceso al conocimiento y a la lectura, las bibliotecas amplían su función al convertirse en espacios donde se promueven actividades relacionadas con la salud, la sostenibilidad y la cohesión social. El jardín se transforma así en una extensión de la misión educativa de la biblioteca, permitiendo que el aprendizaje salga de las salas de lectura y se materialice en experiencias prácticas y colaborativas.

Otro elemento importante es el impacto social del proyecto. Los alimentos cultivados son donados a bancos de alimentos, despensas comunitarias o familias necesitadas, contribuyendo a mejorar el acceso a productos frescos y saludables. Sin embargo, la autora insiste en que el verdadero valor del jardín va más allá de la producción agrícola. El proceso de cultivar juntos genera relaciones de confianza, crea oportunidades de voluntariado y fortalece el sentido de pertenencia a la comunidad. De este modo, el jardín produce simultáneamente alimentos y capital social.

Finalmente, el texto defiende que iniciativas como los Giving Gardens representan una forma innovadora de servicio bibliotecario. Al integrar educación ambiental, acción comunitaria y ayuda social, estos proyectos demuestran cómo las bibliotecas pueden responder a necesidades locales de manera creativa y significativa. Más que simples espacios de cultivo, los jardines solidarios se convierten en lugares donde florecen el aprendizaje, la cooperación y la responsabilidad compartida, reforzando el papel de la biblioteca como institución al servicio del bienestar colectivo.

Las bibliotecas: la institución más democrática que debemos proteger

Shahbaz, A. “Libraries Are the Most Democratic Institution; We Need to Preserve Them.” Iowa State Daily, 2026. Disponible en: Iowa State Daily

Las bibliotecas constituyen una de las instituciones más democráticas de la sociedad contemporánea debido a que garantizan un acceso libre, gratuito y equitativo al conocimiento. El autor sostiene que, en un contexto marcado por la polarización política, la desigualdad económica y la creciente desinformación, las bibliotecas siguen siendo espacios donde cualquier persona, independientemente de su origen, nivel educativo o situación económica, puede acceder a información fiable y desarrollar su capacidad crítica. Esta función las convierte en pilares esenciales para la participación ciudadana y el fortalecimiento de la democracia.

El texto subraya que las bibliotecas son mucho más que depósitos de libros. Actúan como centros comunitarios que ofrecen acceso a recursos tecnológicos, programas educativos, alfabetización digital, apoyo académico y oportunidades de aprendizaje permanente. Gracias a estos servicios, contribuyen a reducir las brechas sociales y digitales que afectan a numerosos colectivos. En este sentido, el autor considera que las bibliotecas representan una inversión pública en igualdad de oportunidades y en la formación de ciudadanos informados y capaces de tomar decisiones fundamentadas.

Shahbaz también alerta sobre las amenazas que enfrentan actualmente estas instituciones. Entre ellas menciona los recortes presupuestarios, las campañas de censura, las prohibiciones de libros y los intentos de limitar la diversidad de perspectivas presentes en las colecciones. A su juicio, estas medidas no solo perjudican a las bibliotecas, sino que erosionan principios democráticos fundamentales como la libertad intelectual, la libertad de expresión y el derecho de acceso a la información. La defensa de las bibliotecas, por tanto, se presenta como una defensa de los valores democráticos mismos.

Finalmente, el autor hace un llamamiento a la ciudadanía para que apoye activamente a las bibliotecas públicas y académicas. Considera que preservar estas instituciones significa proteger espacios de diálogo, aprendizaje y participación que resultan imprescindibles para la salud democrática de cualquier sociedad. En una época caracterizada por la abundancia de información y la dificultad para discernir su calidad, las bibliotecas continúan desempeñando una función insustituible como garantes del acceso equitativo al conocimiento y como motores de cohesión social.

La responsabilidad de proteger nuestras bibliotecas recae sobre todos nosotros. Constituyen la primera barrera frente a la opresión, y cualquiera que pretenda arrebatárnoslas atenta contra los fundamentos de una sociedad bien organizada. Las bibliotecas no son simplemente otra institución financiada por el Estado. Son una condición indispensable para que podamos tener un gobierno verdaderamente nuestro. Un sólido sistema bibliotecario es lo que nos da poder como ciudadanos y, en última instancia, nos pertenece a todos.

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¿Qué es un Bookface, para que sirve y como hacerlo?

Un Bookface es una actividad creativa y fotográfica que consiste en alinear la portada de un libro con una persona o un entorno real, de manera que la imagen de la cubierta se integre visualmente con la realidad y parezca una sola escena.

El Bookface es una técnica fotográfica creativa que consiste en combinar la portada de un libro con una persona, un objeto o un escenario real para crear una ilusión visual en la que ambos elementos parecen formar una única imagen. La clave de esta práctica reside en la alineación precisa entre la ilustración o fotografía de la cubierta y la realidad que la rodea. De este modo, una cara impresa en un libro puede convertirse en el rostro de una persona real, o un paisaje representado en la portada puede prolongarse de manera natural en el entorno donde se realiza la fotografía. El resultado suele ser sorprendente, divertido y visualmente atractivo, lo que explica su enorme popularidad en bibliotecas, centros educativos, librerías y redes sociales.

Esta práctica comenzó a ganar notoriedad durante la década de 2010 gracias a la difusión de fotografías en plataformas digitales bajo etiquetas como #Bookface o #BookfaceFriday. Bibliotecarios, docentes, estudiantes y lectores descubrieron en esta actividad una forma original de acercarse a los libros y de compartir su pasión por la lectura. A diferencia de otras iniciativas de promoción lectora basadas exclusivamente en la recomendación de obras, el Bookface introduce un componente artístico y participativo que invita a los usuarios a interactuar físicamente con los libros y a observar sus portadas desde una perspectiva diferente. La actividad combina elementos de fotografía, diseño visual, creatividad y expresión personal, convirtiendo al libro en protagonista de una experiencia cultural dinámica.

En el ámbito bibliotecario, el Bookface se ha consolidado como una herramienta eficaz para fomentar la lectura y aumentar la visibilidad de las colecciones. Muchas bibliotecas organizan concursos, exposiciones y campañas en redes sociales en las que usuarios y profesionales comparten sus creaciones. Estas iniciativas contribuyen a proyectar una imagen más cercana, innovadora y participativa de las bibliotecas, especialmente entre el público joven. Además, permiten destacar libros que podrían pasar desapercibidos en las estanterías, ya que la búsqueda de cubiertas adecuadas para realizar un Bookface lleva a los participantes a explorar géneros, autores y títulos muy diversos.

Desde una perspectiva educativa, el Bookface también posee un importante valor pedagógico. La actividad estimula la observación, la creatividad y la capacidad de planificación, ya que requiere analizar cuidadosamente las características de la portada, seleccionar el encuadre adecuado y coordinar la posición de los elementos para lograr el efecto deseado. Asimismo, favorece el trabajo colaborativo cuando se realiza en grupo y puede integrarse en proyectos relacionados con la lectura, las artes visuales, la alfabetización mediática o la comunicación digital. Al mismo tiempo, ayuda a desarrollar competencias vinculadas al uso de la imagen y a la comprensión de cómo se construyen los mensajes visuales.

El éxito del Bookface radica en su capacidad para transformar un objeto cotidiano como el libro en una experiencia interactiva y creativa. No se trata únicamente de una fotografía ingeniosa, sino de una forma de establecer nuevas conexiones entre las personas y los libros. Gracias a su sencillez y a los escasos recursos que requiere, cualquier biblioteca, escuela o lector puede participar en esta práctica, convirtiendo la promoción de la lectura en una actividad lúdica, participativa y altamente atractiva para la sociedad digital contemporánea.

Rediseñando la catalogación bibliotecaria en la era de la inteligencia artificial

Two people interacting with an AI cataloging touchscreen in a modern library
Two people using an AI cataloging interface in a bright, spacious library

Program for Cooperative Cataloging (PCC), Library of Congress. PCC Task Group on AI and Machine Learning for Cataloging and Metadata: Final Report. Washington, D.C.: Library of Congress, 2024. PDF. https://www.loc.gov/aba/pcc/taskgroup/TG-Strategic-Planning-AI-final-report.pdf

Este informe final es el resultado del trabajo del Task Group del Program for Cooperative Cataloging (PCC) creado en diciembre de 2023 con el objetivo de analizar el impacto actual y potencial de la inteligencia artificial (IA) y el aprendizaje automático en los procesos de catalogación y gestión de metadatos en bibliotecas. El grupo llevó a cabo un estudio exploratorio basado en una encuesta distribuida en marzo de 2024, que obtuvo 193 respuestas de profesionales del ámbito bibliotecario y de la información.

El documento parte de el informe Environmental scan sobre el uso emergente de la IA en bibliotecas, especialmente en tareas relacionadas con catalogación, descripción bibliográfica, normalización de metadatos y apoyo a la toma de decisiones en sistemas de información. A partir de los resultados de la encuesta, el informe identifica patrones comunes de adopción, preocupaciones profesionales y oportunidades de desarrollo en el uso de estas tecnologías.

Uno de los aportes centrales del informe es la identificación de seis grandes temas transversales que reflejan cómo la comunidad bibliotecaria está interpretando la incorporación de la IA. Estos temas incluyen cuestiones relacionadas con la calidad de los datos, la confianza en los sistemas automatizados, la necesidad de supervisión humana, la formación profesional, la interoperabilidad de sistemas y el impacto organizativo de estas tecnologías en los flujos de trabajo bibliotecarios.

A partir de este análisis, el Task Group formula un conjunto de recomendaciones estratégicas dirigidas al PCC, orientadas a guiar la integración responsable de la IA en la catalogación. Entre estas recomendaciones se incluyen la necesidad de promover la alfabetización en IA entre los profesionales, fomentar marcos de gobernanza y ética, y apoyar el desarrollo de estándares que aseguren la calidad y consistencia de los metadatos generados o asistidos por IA.

El informe también propone líneas de acción institucional, entre las que destacan tres grandes direcciones:

(1) fortalecer la colaboración con comunidades más amplias de gestión de datos y metadatos,

(2) fomentar una cultura de pluralismo tecnológico que no dependa de una única solución o proveedor, y

(3) mejorar la forma en que el PCC documenta, almacena y comparte el conocimiento generado en torno a estas tecnologías.

Finalmente, el documento incluye un compendio de recursos sobre IA y catalogación, destinado a ser difundido a través del PCC Wiki, con el objetivo de servir como base de referencia para bibliotecarios, catalogadores e investigadores interesados en la aplicación de IA en el ámbito de los metadatos.

En conjunto, este informe representa un paso significativo en la reflexión institucional del mundo bibliotecario sobre la inteligencia artificial, al situar el foco no solo en la adopción tecnológica, sino también en sus implicaciones éticas, organizativas y profesionales dentro de los sistemas de catalogación modernos.