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La biblioteca de mi padre

“Mi memoria me transporta a cierta tarde de hace sesenta años, a la biblioteca de mi padre en Buenos Aires. Estoy viendo a mi padre; veo la lámpara de gas; hasta podría tocar los anaqueles. Y aunque la biblioteca ya no exista, sé con exactitud dónde encontrar «Las mil y una noches» de Burton y la «Conquista del Perú» de Prescott.»

JORGE LUIS BORGES, Arte poético”

Todo lo que perdemos sin las bibliotecas

El País, 28-04-26, p. 17

RED DE REDES / NOELIA RAMÍREZ

Todo lo que perdemos sin las bibliotecas

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No sé qué habría sido de mí sin las bibliotecas públicas. Crecí en un piso ruidoso y sin libros heredados. Mis primas vivían en el piso de abajo y nos pasábamos la vida gritándonos desde la galería. El silencio, menudo exotismo, cotizaba altísimo, así que cuando descubrí un lugar en el que poder estudiar sin que nadie me sobresaltase cada tres minutos, experimenté lo más cerca que voy a estar de una revelación mística. Pasó en 1999, cuando inauguraron la biblioteca de La Bòbila de L’Hospitalet, la primera del barrio. Aquel fue mi oasis de emancipación, mi refugio político adolescente. En sus salas de estudio nocturno me preparé la Selectividad y en sus escaleras mis amigas y yo no solo declinábamos en alto el rosa, rosae, rosam, sino que compartimos el desconcierto adolescente llorando y riendo por tíos idiotas.

La Bòbila fue la primera de muchas. En las mesas de otras repartidas por Barcelona me saqué dos carreras, un posgrado y varios novios efímeros, porque en las bibliotecas se juegan intensísimas partidas de miradas, flirteo y deseo. Ansiando un silencio que no encuentro en la Redacción, en la de la Vila de Gràcia he acabado muchas de estas columnas. En la Agustí Centelles del Eixample conocí a Enrique Vila-Matas. En La Cooperativa de Malgrat de Mar escribí parte de mi primer libro. Tengo un amigo que vive en Berlín pero está sacándose las oposiciones y, cada vez que viene a Barcelona, me va dando consejos sobre las que va visitando en jornadas de concentración máxima: está totalmente rendido a la García Márquez de Sant Martí.

A las bibliotecas hay que cuidarlas porque, como escribió Jorge Luis Borges, son lo más parecido a algún paraíso. Y las públicas son nuestro gran milagro colectivo. Todas las escritoras que me interesan han defendido ese vínculo irrompible. La Nobel Annie Ernaux contando cómo le cambió la vida la de Rouen en sus primeros años de formación. Susan Orlean dedicándoles un libro y dejando escrita esa verdad de que de una biblioteca pública “siempre se sale más rica de lo que se ha llegado”. En la de Drancy, a las afueras de París, una pequeña Maryam Madjidi encontraría el material para creerse escritora y su frase talismán de Simone de Beauvoir: “Construiré una fuerza en la que me refugiaré para siempre”. Todas esas vivencias contenidas ahí dentro, en nuestros auténticos palacios del pueblo.

El sociólogo Ray Oldenburg estipuló que esos edificios son nuestro necesario “tercer lugar”, el sitio en el que encontrarnos sin estar definido ni por la familia de la que venimos ni por el trabajo que realizamos. Porque el carné gratuito de la biblioteca no solo nos convierte en ciudadanos inmediatos sin importar nuestra clase u origen, sino que otorga un derecho equitativo a la información, a la cultura, la educación y el conocimiento. En las bibliotecas he visto a obreros echarse la siesta al mediodía.

Por qué las bibliotecas son más importantes que nunca

I Love Libraries. “Find Your Joy and Return to It Often: Why Libraries Matter More Than Ever.” 19 de abril de 2026. https://ilovelibraries.org/article/find-your-joy-and-return-to-it-often-why-libraries-matter-more-than-ever/

Se plantea una reflexión profunda sobre el papel contemporáneo de las bibliotecas a partir de una idea central: la “alegría” que generan no es casual, sino el resultado de una construcción deliberada, colectiva y sostenida en el tiempo.

A través de ejemplos cotidianos —niños que descubren su primer libro favorito, personas que encuentran apoyo para redactar un currículum o familias que crean comunidad en actividades de lectura— se muestra cómo las bibliotecas funcionan como espacios donde la experiencia humana, más que el consumo, es el eje central. En un mundo dominado por lógicas transaccionales, las bibliotecas se presentan como uno de los pocos lugares donde la pertenencia no depende de la capacidad de pago, lo que les otorga un carácter casi radical como espacios públicos inclusivos.

El texto subraya que las bibliotecas desempeñan múltiples funciones esenciales que a menudo pasan desapercibidas. No son solo repositorios de libros, sino centros de alfabetización temprana, acceso digital y formación laboral; actúan como incubadoras de emprendimiento, archivos de memoria local y puertas de acceso al conocimiento global. Además, cumplen funciones sociales críticas: sirven como refugios climáticos, espacios seguros en momentos de crisis y puntos de encuentro comunitario. Esta diversidad de roles evidencia que las bibliotecas son infraestructuras sociales fundamentales que responden de manera flexible a las necesidades cambiantes de la sociedad.

Uno de los ejes más relevantes del artículo es la dimensión relacional y emocional de las bibliotecas. La “alegría” que generan se manifiesta en experiencias aparentemente pequeñas pero profundamente transformadoras: adolescentes que encuentran representaciones de su identidad en la lectura, personas mayores que aprenden a comunicarse digitalmente con sus familias o estudiantes que descubren nuevas vocaciones gracias a la mediación de un bibliotecario. Estas experiencias no solo fomentan el aprendizaje, sino que convierten la curiosidad en confianza y fortalecen los vínculos sociales, consolidando a la biblioteca como un espacio de desarrollo personal y comunitario.

El artículo también sitúa a las bibliotecas en el contexto de los grandes desafíos contemporáneos. En una era caracterizada por la sobreabundancia de información y la fragilidad de la confianza, las bibliotecas ofrecen conocimiento curado, fiable y accesible. Asimismo, frente al aumento de la soledad —considerada ya un problema de salud pública—, proporcionan espacios de conexión y pertenencia. En un entorno donde muchas personas sienten que sus voces no son escuchadas, las bibliotecas actúan como plataformas para la expresión, la diversidad y la construcción de relatos compartidos.

Sin embargo, el texto no elude las amenazas que enfrentan estas instituciones, como las presiones presupuestarias o los intentos de restringir el acceso a la información. Estas tensiones ponen en riesgo no solo a las bibliotecas como instituciones, sino también valores fundamentales como la libertad de aprendizaje, la exploración intelectual y el desarrollo colectivo. Por ello, el artículo insiste en la necesidad de apoyo activo por parte de la ciudadanía, no solo como una declaración simbólica, sino como una práctica cotidiana: usar la biblioteca, participar en sus actividades y convertirla en parte de la vida diaria.

El texto concluye con una invitación clara: “encontrar la alegría” en la biblioteca y volver a ella de forma recurrente. Esta idea se transforma en una metáfora del aprendizaje continuo y de la construcción de comunidad. Las bibliotecas no son solo lugares a los que acudir ocasionalmente, sino espacios que pueden integrarse en el ritmo vital de las personas. Invertir en ellas equivale a invertir en individuos, en oportunidades y en el futuro compartido, reafirmando su papel como uno de los pilares más valiosos de la vida social contemporánea.

Los diferentes tipos de bibliotecarios que trabajan en una biblioteca pública

EveryLibrary Action. “These Are the Different Types of Librarians Found in a Public Library.” EveryLibrary Action, July 21, 2021. https://action.everylibrary.org/these_are_the_different_types_of_librarians_found_in_a_public_library

El texto desmonta el estereotipo del bibliotecario como simple custodio de libros y muestra a la biblioteca pública como una organización compleja que requiere especialistas en educación, atención ciudadana, tecnología, gestión cultural, administración, selección documental y trabajo comunitario. La biblioteca moderna funciona gracias a la cooperación entre perfiles muy distintos, todos ellos orientados a garantizar acceso equitativo a la información y fortalecer la vida cultural de la comunidad.

Muchas personas imaginan al bibliotecario como una figura única con funciones generales, pero en realidad las bibliotecas públicas cuentan con una amplia diversidad de perfiles profesionales. Aunque la mayoría de estos trabajadores comparten una formación especializada en Biblioteconomía y Ciencias de la Información —frecuentemente mediante un máster profesional—, dentro de la biblioteca pública existen múltiples trayectorias laborales, responsabilidades técnicas y áreas de servicio diferenciadas.

El texto comienza señalando que las bibliotecas públicas son uno de los servicios culturales más conocidos y utilizados en Estados Unidos, con miles de centros y millones de visitas anuales. Debido a esta magnitud, necesitan plantillas amplias y especializadas. Sin embargo, advierte que los títulos de puesto no siempre reflejan exactamente las tareas reales, ya que estas dependen del tamaño de la biblioteca, su presupuesto, las necesidades de la comunidad y la estructura organizativa de cada sistema bibliotecario. En una gran red urbana puede haber numerosos especialistas; en una biblioteca pequeña, una sola persona puede asumir varias funciones al mismo tiempo.

Uno de los grupos principales descritos son los bibliotecarios de atención directa al público, organizados a menudo por edades de usuarios. Los bibliotecarios infantiles o de servicios juveniles atienden a niños desde la primera infancia hasta aproximadamente los doce años. Su labor incluye fomentar la lectura temprana, organizar cuentacuentos, talleres familiares, actividades educativas y seleccionar colecciones adecuadas para la infancia. También colaboran con escuelas y programas comunitarios de alfabetización.

En segundo lugar aparecen los bibliotecarios para adolescentes (YA librarians), especializados en usuarios de entre 13 y 18 años. Estos profesionales trabajan con una etapa vital especialmente compleja, combinando promoción lectora, apoyo educativo, clubes de lectura, actividades creativas, espacios seguros de encuentro y recursos adaptados a los intereses juveniles. Además, suelen mediar entre las demandas de los jóvenes y las expectativas institucionales o familiares.

El tercer gran perfil de servicio público es el bibliotecario de adultos, responsable de atender a personas mayores de 19 años. Sus tareas abarcan ayuda en búsquedas de información, formación digital, apoyo en empleo y trámites, clubes de lectura, actividades culturales, orientación tecnológica y mantenimiento de colecciones para muy diversos intereses: literatura, salud, historia local, aprendizaje de idiomas o desarrollo profesional.

El artículo menciona además a los bibliotecarios de extensión (outreach librarians), cuyo trabajo se desarrolla fuera del edificio tradicional. Son profesionales centrados en conectar la biblioteca con barrios, escuelas, centros sociales, residencias, colectivos vulnerables o personas que no suelen acudir a la institución. Organizan actividades itinerantes, campañas de difusión y alianzas comunitarias. Representan una visión moderna de la biblioteca como servicio activo que sale al encuentro de la ciudadanía.

Junto al personal visible para el público existe un conjunto esencial de especialistas internos. Entre ellos destacan los catalogadores, encargados de describir materiales, asignar materias, clasificaciones y registros que permiten localizar libros, películas, recursos digitales y otros documentos en el catálogo. Aunque su trabajo suele ser menos visible, resulta imprescindible para que la colección sea recuperable y ordenada.

También se describen los responsables de desarrollo de colecciones. Son los profesionales que deciden qué libros, audiovisuales, bases de datos u otros recursos se compran para la biblioteca. Deben conocer el mercado editorial, las necesidades del público, los presupuestos disponibles y el equilibrio entre novedades, clásicos, diversidad temática y demanda comunitaria. En grandes sistemas puede haber especialistas por áreas como no ficción, materiales audiovisuales o literatura infantil.

Otro perfil importante es el de servicios técnicos, vinculado a la recepción, procesamiento físico, etiquetado, reparación, encuadernación y circulación interna de materiales. Estas funciones garantizan que los documentos lleguen en buen estado al usuario y permanezcan utilizables con el paso del tiempo. En algunas bibliotecas este puesto se fusiona con adquisiciones o desarrollo de colecciones.

La dimensión tecnológica recae con frecuencia en los o bibliotecarios de sistemas ( systems librarians). Se ocupan del catálogo en línea, la web institucional, el software de gestión bibliotecaria, proveedores tecnológicos y problemas técnicos relacionados con el acceso a recursos digitales. Su perfil combina competencias bibliotecarias con conocimientos informáticos, y suele coordinarse con departamentos de tecnología.

El artículo añade otros roles más especializados. Los expertos temáticos asesoran y forman al resto del personal en áreas concretas; los coordinadores gestionan proyectos estratégicos o programas de gran escala; los bibliotecarios de documentos gubernamentales administran colecciones oficiales y publicaciones públicas; y los directores o administradores se encargan de presupuestos, planificación, liderazgo institucional, relaciones públicas y toma de decisiones estratégicas.

La censura de libros en EE. UU. sigue en máximos históricos: bibliotecas bajo presión política

Associated Press. “Book Bans and Attempted Bans Remain at Record Highs, with ‘Sold’ Topping the List.” Associated Press, April 20, 2026. https://apnews.com/article/5403280786cf95111d4c9eb4b587c4be

La censura de libros y los intentos de retirar obras de bibliotecas en Estados Unidos continúan en niveles históricamente altos, según el informe anual de la American Library Association. La organización señala que, aunque el número total de incidentes descendió ligeramente respecto a 2023, la cantidad de títulos afectados sigue siendo extraordinariamente elevada. En 2025 se registraron impugnaciones contra 4.235 obras distintas, apenas por debajo del récord de 4.240 alcanzado dos años antes. Esto confirma que la batalla cultural en torno a las colecciones bibliotecarias no es un episodio pasajero, sino una tendencia consolidada.

El dato más llamativo del informe es que las prohibiciones efectivas superaron ampliamente el número de desafíos formales. Más de 5.600 títulos fueron finalmente retirados o restringidos en bibliotecas y centros educativos. Esto sugiere que muchas campañas no se limitan a protestas simbólicas, sino que logran resultados concretos mediante presión política, decisiones administrativas o autocensura preventiva de las instituciones.

La American Library Association distingue entre “challenge” (solicitud de retirada o restricción) y “ban” (eliminación efectiva o limitación severa de acceso). Esa diferencia es importante porque muestra cómo funciona la censura contemporánea: no siempre se prohíbe de manera abierta, sino mediante reubicaciones, restricciones por edad, exclusión curricular o retirada temporal mientras se revisa el contenido.

Entre los libros más cuestionados de 2025 encabezó la lista Sold, novela publicada en 2006 sobre tráfico sexual en India. También figuran The Perks of Being a Wallflower, Gender Queer: A Memoir y Empire of Storms. Las objeciones suelen centrarse en temas LGBTQ+, violencia sexual, lenguaje explícito, consumo de sustancias o representaciones consideradas inapropiadas por determinados grupos.

Lista de la ALA de los libros más censurados de 2025

1. “Sold” by Patricia McCormick

2. “The Perks of Being a Wallflower” by Stephen Chbosky

3. “Gender Queer: A Memoir” by Maia Kobabe

4. “Empire of Storms” by Sarah J. Maas

5. (tie) “Last Night at the Telegraph Club” by Malinda Lo

5. (tie) “Tricks” by Ellen Hopkins

7. “A Court of Thorns and Roses” by Sarah J. Maas

8. (tie) “A Clockwork Orange” by Anthony Burgess

8. (tie) “Identical” by Ellen Hopkins

8. (tie) “Looking for Alaska” by John Green

8. (tie) “Storm and Fury” by Jennifer L. Armentrout

Uno de los cambios más significativos detectados por la ALA es el origen de las denuncias. Durante décadas, las quejas procedían sobre todo de padres o miembros concretos de una comunidad local. Ahora, más del 90 % de los desafíos provienen de activistas organizados, cargos públicos o campañas coordinadas a escala estatal y nacional. Según la asociación, esto demuestra una profesionalización de la censura, donde circulan listas de libros objetivo y estrategias replicadas en múltiples territorios.

Estados como Florida, Texas, Utah e Iowa aparecen citados como escenarios de leyes o medidas restrictivas sobre contenidos relacionados con identidad de género, orientación sexual o diversidad racial. El conflicto ya no se limita a decisiones escolares aisladas, sino que forma parte de debates legislativos y judiciales sobre qué pueden leer estudiantes y ciudadanos en instituciones públicas.

Para las bibliotecas, la cuestión es de fondo: si deben actuar como espacios plurales de acceso al conocimiento o como instituciones sujetas a vetos ideológicos coyunturales. El informe recuerda que las bibliotecas existen para acoger múltiples experiencias humanas y garantizar el derecho a leer. En ese sentido, la controversia actual no trata solo de libros concretos, sino del papel de la cultura en una democracia.

Estado de las bibliotecas en Estados Unidos 2026: censura, resiliencia y transformación en el ecosistema bibliotecario

American Library Association. State of America’s Libraries Report 2026: A Snapshot of 2025. Chicago: American Library Association, 2026.

Acceso al informe

El informe State of America’s Libraries Report 2026, elaborado por la American Library Association (ALA), ofrece una panorámica detallada del estado de las bibliotecas en Estados Unidos durante 2025, destacando tanto su papel esencial en la sociedad como los desafíos crecientes que enfrentan.

Publicado en el marco de la National Library Week, este documento se concibe como una herramienta de sensibilización pública y de defensa institucional, subrayando la relevancia de las bibliotecas como pilares del acceso a la información, la alfabetización y la participación democrática.

Uno de los ejes centrales del informe es el aumento sostenido de la censura en bibliotecas. En 2025 se registraron 713 intentos de censurar materiales o servicios bibliotecarios, de los cuales 487 estuvieron dirigidos específicamente contra libros. Estas cifras evidencian una tendencia preocupante que ya venía consolidándose en años anteriores: la presión organizada para restringir el acceso a contenidos, frecuentemente impulsada por grupos políticos o institucionales más que por usuarios individuales. Esta situación convierte a las bibliotecas en escenarios clave de conflicto cultural y político en torno a la libertad de expresión y el derecho a leer.

El informe también pone de relieve la resiliencia del sector bibliotecario frente a estos desafíos. A pesar de las presiones externas, las bibliotecas continúan defendiendo activamente la libertad intelectual, desarrollando políticas de inclusión y garantizando el acceso equitativo a la información. En este sentido, los profesionales de la información desempeñan un papel fundamental no solo como gestores de colecciones, sino como mediadores culturales y defensores de derechos fundamentales. La ALA insiste en que la libertad de lectura no es un principio abstracto, sino una práctica cotidiana que se ejerce en cada biblioteca.

Otro aspecto relevante es la evolución de los hábitos de lectura y consumo cultural. Aunque los formatos digitales —como libros electrónicos y audiolibros— han ganado popularidad en la última década, el informe señala que la lectura en formato impreso sigue siendo predominante entre la población estadounidense. Según datos citados, el 75% de los adultos leyó al menos un libro en el último año, lo que confirma la vigencia de la lectura como práctica cultural, aunque con cambios en sus modalidades.

Asimismo, el informe aborda el impacto de las nuevas tecnologías, especialmente la inteligencia artificial, en el ámbito bibliotecario. Aunque no se presenta como el eje principal, se reconoce que las bibliotecas están cada vez más implicadas en debates sobre acceso a datos, digitalización masiva y ética de la información. En este contexto, las bibliotecas se posicionan como instituciones con experiencia acumulada en gestión del conocimiento, derechos de autor y acceso abierto, lo que las convierte en actores relevantes en la configuración del ecosistema informacional contemporáneo.

El documento también subraya el papel social de las bibliotecas como espacios comunitarios. Más allá de su función tradicional, las bibliotecas actúan como centros de aprendizaje, inclusión digital, apoyo educativo y cohesión social. Esta dimensión comunitaria resulta especialmente importante en contextos de desigualdad, donde las bibliotecas ofrecen acceso gratuito a recursos tecnológicos, formación y servicios esenciales.

Finalmente, el informe transmite un mensaje claro: las bibliotecas siguen siendo instituciones fundamentales para la democracia, pero su futuro depende de la defensa activa de sus valores y de un compromiso sostenido por parte de la sociedad y las políticas públicas. En un contexto marcado por tensiones ideológicas, تحول digital y desafíos presupuestarios, las bibliotecas no solo resisten, sino que continúan reinventándose como espacios de შესაძლებლidad, conocimiento y libertad.

Datos clave:

Censura y libertad intelectual

713 intentos de censura registrados en 2025.
487 dirigidos específicamente a libros.
La mayoría de los desafíos provienen de grupos organizados, no de usuarios individuales.
Las bibliotecas siguen siendo un frente central en la defensa de la libertad de lectura.

Hábitos de lectura

75% de los adultos estadounidenses leyó al menos un libro en el último año.
El libro impreso sigue siendo el formato dominante, pese al crecimiento de lo digital.
Aumento sostenido de audiolibros y libros electrónicos.

Transformación digital e IA

Creciente impacto de la inteligencia artificial en bibliotecas.
Mayor implicación en temas de:
Acceso a datos
Digitalización masiva
Derechos de autor
Las bibliotecas se consolidan como agentes clave en el ecosistema informacional.

Función social de las bibliotecas

Espacios esenciales de:
Acceso gratuito a información y tecnología
Alfabetización digital
Apoyo educativo y comunitario
Papel relevante en contextos de desigualdad social.

Resiliencia del sector

Las bibliotecas mantienen su compromiso con:
Inclusión
Acceso equitativo
Defensa de derechos fundamentales
Los bibliotecarios actúan como mediadores culturales y defensores de la democracia.

Mensaje general del informe

Las bibliotecas son instituciones clave para la democracia.
Su futuro depende de:
Apoyo institucional
Defensa activa de la libertad intelectual
Adaptación a los cambios tecnológicos

El portal de búsqueda de censura de la ALA: una herramienta para rastrear la restricción del acceso a la información

Censorship Search Portal

American Library Association. Censorship Search Portal. Accedido el 21 de abril de 2026.

Censorship Search Portal de la American Library Association (ALA) es una herramienta diseñada para facilitar el acceso a información sobre intentos de censura en bibliotecas, escuelas y universidades de Estados Unidos. Su objetivo principal es permitir a los usuarios consultar si determinados libros, autores o materiales han sido objeto de restricciones o intentos de eliminación, contribuyendo así a la transparencia y al conocimiento público sobre estos procesos.

El portal se nutre de una base de datos mantenida por la Office for Intellectual Freedom (OIF) de la ALA, que recopila información a partir de informes confidenciales, registros públicos y cobertura mediática. No obstante, la propia ALA reconoce que esta base de datos es incompleta, ya que muchos casos de censura no se denuncian o permanecen invisibles. Aun así, constituye una de las fuentes más relevantes para estudiar tendencias y casos concretos de censura en el ámbito bibliotecario.

Más allá de su función informativa, el portal se enmarca en una defensa activa de la libertad intelectual. La ALA subraya que el acceso libre a la información es un derecho fundamental que permite a los individuos desarrollar pensamiento crítico, comprender distintas perspectivas y formar opiniones propias. Desde esta perspectiva, cualquier restricción basada en desacuerdos ideológicos se considera una forma de censura que afecta no solo a un libro o recurso, sino al conjunto de la comunidad.

Censorship Search Portal no solo actúa como repositorio de datos, sino también como instrumento de concienciación y defensa de la libertad de lectura. Al visibilizar los intentos de censura, contribuye a reforzar el papel de las bibliotecas como espacios de acceso equitativo al conocimiento y como garantes de los derechos informativos en una sociedad democrática.

Más allá del concepto: el “tercer lugar” como infraestructura real de conexión social

Peinhardt, Katherine. “What Is a Third Place? Beyond the Buzzword to True Social Connection.Project for Public Spaces, 6 de marzo de 2026. Acceso al artículo

El artículo defiende que los terceros lugares no son simplemente espacios físicos, sino una forma de infraestructura social imprescindible. En ellos se construye comunidad, se combate la soledad y se fortalece la vida democrática. Su valor radica en algo aparentemente simple pero profundamente transformador: la posibilidad de encontrarse con otros y conversar.

El artículo parte de una constatación preocupante: el aumento de la soledad y el debilitamiento de los vínculos sociales en las sociedades contemporáneas. En este contexto, cobra relevancia el concepto de “tercer lugar” (third place), formulado por el sociólogo Ray Oldenburg para referirse a aquellos espacios distintos del hogar (primer lugar) y del trabajo (segundo lugar) donde se desarrolla la vida social cotidiana. Estos espacios —como cafés, parques, bibliotecas o mercados— son esenciales porque permiten encuentros informales, repetidos y voluntarios que sostienen el tejido comunitario.

Sin embargo, el texto advierte que el término se ha banalizado. No cualquier espacio público o comercial puede considerarse un verdadero tercer lugar. Para que lo sea, debe reunir ciertas condiciones: accesibilidad, regularidad, comodidad y, sobre todo, la posibilidad de conversación espontánea. El rasgo clave no es el diseño físico, sino lo que ocurre en él: la interacción social. Oldenburg subraya que la conversación es la actividad central, el medio a través del cual se construyen identidades, relaciones y sentido de pertenencia.

El artículo propone analizar los terceros lugares a través de un modelo que incluye “inputs” (condiciones necesarias), “actividades”, “outputs” (resultados medibles), “outcomes” (efectos sociales) e “impactos”. Entre los elementos fundamentales destacan la proximidad, la flexibilidad y la informalidad. No requieren necesariamente programación estructurada: basta con ofrecer un entorno donde la gente pueda encontrarse, permanecer y conversar. Elementos como los perros en un parque o el arte urbano pueden actuar como catalizadores de interacción —lo que se denomina “triangulación”— facilitando el inicio de conversaciones entre desconocidos.

En términos de resultados, un buen tercer lugar se reconoce porque genera hábitos de uso y comunidades de “habituales” (regulars). La repetición de encuentros favorece la confianza, la familiaridad y la construcción de relaciones duraderas. Además, estos espacios deben promover la mezcla social: cuanto más diversas sean las interacciones entre personas de distintos orígenes, mayor será su valor como auténticos lugares de comunidad.

Uno de los aportes más relevantes del texto es la idea de que los terceros lugares crean “capital social de puente” (bridging social capital), es decir, conexiones entre personas que no pertenecen al mismo entorno social. Esto implica una cierta “nivelación social”, donde jerarquías y diferencias pierden peso, facilitando relaciones más horizontales. Asimismo, generan fenómenos como la vigilancia informal (“ojos en la calle”), que contribuye a la seguridad y al cuidado colectivo del espacio.

El impacto de estos lugares trasciende lo social inmediato. El artículo destaca su papel en la salud física y mental, la cohesión social y la resiliencia comunitaria. Las comunidades con fuertes lazos sociales —sostenidos en parte por terceros lugares— responden mejor ante crisis como desastres naturales o pandemias. Además, estos espacios fomentan el debate cívico, la participación democrática y la circulación de ideas, elementos esenciales para sociedades abiertas y pluralistas.

Finalmente, el texto reflexiona sobre su declive en la actualidad. Factores como la comercialización, la falta de accesibilidad o los cambios en los hábitos de vida han reducido la disponibilidad de estos espacios. Frente a ello, se plantea la necesidad de preservarlos y reinventarlos, incorporando sus principios en nuevos entornos, tanto físicos como digitales. No obstante, advierte que no pueden crearse artificialmente de forma inmediata: su éxito depende del uso continuado, de la comunidad que los habita y de la calidad de las interacciones que allí se producen.

Las bibliotecas como infraestructura cultural esencial: claves del informe global de la UNESCO (2026)

International Federation of Library Associations and Institutions. “UNESCO’s New Re|Shaping Policies for Creativity Report: Libraries as Essential Cultural Infrastructure.” 23 de febrero de 2026. UNESCO.

Texto completo

El cuarto informe global Re|Shaping Policies for Creativity, publicado por la UNESCO y analizado por la IFLA, ofrece una visión amplia y fundamentada sobre cómo los países están protegiendo y promoviendo la diversidad de las expresiones culturales en un contexto marcado por profundas transformaciones tecnológicas, sociales y políticas.

Basado en 133 informes nacionales y cerca de 4.000 medidas de política cultural, el documento subraya que las industrias culturales y creativas son motores clave de crecimiento económico y sostenibilidad. Sin embargo, también advierte que los beneficios de la cultura siguen distribuyéndose de manera desigual y que su integración en políticas estratégicas —especialmente en ámbitos como la tecnología o el desarrollo— sigue siendo insuficiente y fragmentaria.

El informe identifica tendencias significativas en la evolución de las políticas culturales a nivel global. Entre ellas destaca la creciente implicación de ministerios tradicionalmente alejados de la cultura, como los de Educación o Economía, así como la orientación de las políticas culturales hacia la creación de empleo. Asimismo, la digitalización emerge como eje central: el 85 % de los países promueve el desarrollo de competencias digitales, mientras que se refuerza la inversión en la transición digital de medios públicos y comunitarios. No obstante, este giro digital también plantea riesgos, tanto para la sostenibilidad ambiental como para la diversidad cultural. De forma especialmente relevante, el informe señala que la cultura sigue prácticamente ausente de los marcos regulatorios de la inteligencia artificial, a pesar de que esta depende profundamente de contenidos culturales y, a su vez, influye en su producción y circulación.

En este contexto, las bibliotecas son reconocidas como infraestructuras culturales esenciales. La UNESCO las sitúa entre los puntos de acceso cultural más extendidos a nivel mundial, destacando su papel en la promoción de la participación cultural y el acceso multilingüe. Las bibliotecas garantizan la visibilidad de lenguas, identidades y expresiones culturales diversas, especialmente en el caso de comunidades indígenas, minorías lingüísticas o poblaciones migrantes. Sin embargo, el informe también señala importantes desigualdades en el acceso a infraestructuras bibliotecarias, con una mayor concentración en países de altos ingresos frente a regiones con menos recursos.

Otro de los aspectos centrales del informe es el papel de las bibliotecas en la reducción de la brecha digital. Más allá de proporcionar acceso a internet, estas instituciones actúan como centros de inclusión digital, ofreciendo formación en competencias digitales, apoyo a creadores de contenido y herramientas para una participación segura en entornos en línea. Ejemplos como la biblioteca digital nacional de Letonia, los repositorios patrimoniales de Cuba o los servicios digitalizados en Brasil ilustran cómo las bibliotecas están transformando el acceso a la cultura mediante procesos de digitalización a gran escala. Este rol resulta especialmente crucial en un contexto donde las desigualdades en acceso y habilidades digitales siguen ampliándose.

El informe también pone el foco en los desafíos que plantea la inteligencia artificial para la diversidad cultural y lingüística. La escasa incorporación de la cultura en las políticas de IA —apenas presente en una mínima parte de las legislaciones nacionales— genera riesgos significativos para la preservación de contenidos locales y la diversidad de lenguas. En este escenario, las bibliotecas aparecen como actores estratégicos, en tanto custodias del patrimonio cultural y lingüístico, llamadas a desempeñar un papel activo en la gobernanza digital y en la formulación de políticas de inteligencia artificial.

El informe refuerza la necesidad de una mayor visibilidad y reconocimiento de las bibliotecas en las estrategias nacionales e internacionales. Aunque un 93 % de los países ya incorpora la cultura en sus planes de desarrollo sostenible, persisten carencias en la traducción de estos compromisos en acciones concretas. La IFLA insiste en que las bibliotecas deben integrarse explícitamente en las políticas culturales, digitales y de inteligencia artificial, así como recibir inversiones sostenidas que garanticen su capacidad de actuación. En definitiva, el informe reafirma que las bibliotecas no solo son espacios de acceso al conocimiento, sino pilares fundamentales para los derechos culturales, la equidad digital y la diversidad cultural en el mundo contemporáneo.