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Guía de evaluación de sistemas de IA en entornos bibliotecarios

Cox, Andrew, y Maria De Brasdefer. IFLA Entry Point to Libraries and AI. International Federation of Library Associations and Institutions (IFLA), 2025. https://repository.ifla.org/items/f197f327-dc49-4743-bb57-0a373505da8b

Entry Point for Libraries and AI

Licensing an AI service from a publisher

La Inteligencia Artificial (IA) ofrece un gran potencial para apoyar los valores fundamentales de las bibliotecas, como el acceso equitativo a la información y la creación de conocimiento. Sin embargo, también es una tecnología controvertida, cuyos avances actuales suscitan inquietudes éticas y sociales. Las bibliotecas desempeñan un papel clave en la promoción de usos responsables, inclusivos y sostenibles de la IA. Sus valores —libertad de expresión, privacidad, transparencia y rendición de cuentas— proporcionan una perspectiva ética para interactuar con las herramientas y prácticas de la IA. Este documento define la IA en un sentido amplio y ofrece un conjunto práctico de preguntas para la reflexión que ayudan a los profesionales de las bibliotecas a evaluar las oportunidades y los riesgos.

El texto plantea un escenario de reflexión sobre la incorporación de herramientas de inteligencia artificial en los servicios de bibliotecas, concretamente en el caso de la posible licitación de un sistema de búsqueda potenciado por IA ofrecido por una editorial científica. Este sistema promete mejorar significativamente la recuperación de información mediante resúmenes automáticos de publicaciones, lo que obliga a los profesionales de la biblioteca a evaluar críticamente su pertinencia, utilidad y riesgos antes de su adopción.

Para ello, se propone la creación de un equipo interdisciplinar formado por especialistas en sistemas bibliotecarios, biblioteconomía, alfabetización informacional y derechos de autor. Este grupo debe elaborar una lista de preguntas clave para analizar la herramienta desde múltiples perspectivas: ética, funcionalidad, impacto institucional, fiabilidad, transparencia y adecuación a las necesidades reales de los usuarios. El objetivo no es solo valorar la innovación tecnológica, sino determinar si realmente aporta beneficios significativos frente a otras soluciones existentes y si su coste está justificado dentro de las prioridades de la biblioteca.

El documento se estructura a partir de un marco de 14 preguntas que sirven como guía de evaluación de sistemas de IA en entornos bibliotecarios. Estas cuestiones abordan aspectos como la calidad y precisión de la información generada por la IA, los posibles sesgos, la protección de la diversidad cultural y lingüística, la equidad en el acceso, la privacidad de los datos de los usuarios y la transparencia del funcionamiento del sistema. También se examina quién es responsable de los posibles errores del sistema y cómo se comunican sus limitaciones a los usuarios.

Asimismo, se subraya la importancia de garantizar que los datos utilizados por la IA no provengan de fuentes obtenidas de manera ilegítima y que se respeten los derechos de autor y la soberanía de los datos culturales. Otro eje central es la necesidad de mantener la agencia del usuario, es decir, que las personas puedan seguir controlando su interacción con la tecnología sin que esta sustituya sus habilidades críticas o de aprendizaje.

Las 14 preguntas funcionan como un marco de evaluación crítica para que las bibliotecas analicen la incorporación de sistemas de inteligencia artificial, especialmente en servicios de información y descubrimiento. No son un checklist técnico cerrado, sino una guía amplia que permite valorar tanto el impacto funcional como las implicaciones éticas, sociales y organizativas de estas herramientas.

  1. Valor y pertinencia del servicio. La pregunta inicial obliga a la biblioteca a identificar qué tipo de beneficio real aporta la IA en términos de acceso al conocimiento y creación de información. No se trata solo de si la herramienta es innovadora, sino de si mejora de forma significativa la experiencia del usuario frente a alternativas más simples o económicas. Aquí se introduce también el concepto de “coste de oportunidad”: invertir en IA implica renunciar a otros posibles servicios o mejoras.

2, Calidad de la información generada por la IA, especialmente su precisión, actualización e imparcialidad. En entornos bibliotecarios esto es crucial, ya que los sistemas de IA pueden generar resúmenes o síntesis que parecen fiables pero contienen errores, sesgos o simplificaciones. Además, se plantea la necesidad de monitorización continua, ya que estos sistemas pueden cambiar su rendimiento con el tiempo.

3. Sesgos . Se evalúa si la IA reproduce estereotipos o excluye perspectivas culturales y lingüísticas. Esto es especialmente relevante en bibliotecas, cuyo objetivo tradicional es garantizar el acceso equitativo a la información.

4. Diversidad del conocimiento. También se analiza si el sistema favorece únicamente contenido en inglés o si integra fuentes multilingües y diversas.

5. Mal uso del sistema, especialmente en relación con la desinformación o la censura. Aunque menos desarrollada en el texto, apunta a un problema creciente: la posibilidad de que herramientas avanzadas de IA sean utilizadas para manipular o distorsionar información académica o científica.

6. Equidad y accesibilidad, considerando si todos los usuarios pueden beneficiarse del sistema en igualdad de condiciones. Aquí se incluyen aspectos como la accesibilidad digital (cumplimiento de estándares como WCAG), la brecha tecnológica y la posible exclusión de determinados colectivos.

7. Transparencia, uno de los más complejos en IA. Se analiza hasta qué punto el usuario entiende qué está haciendo el sistema, cómo genera los resultados y cuáles son sus límites. También se plantea la cuestión de la responsabilidad: quién responde cuando la IA comete errores, la empresa, la biblioteca o el usuario.

8. Privacidad y gestión de datos, un tema crítico en entornos académicos. Se evalúa cómo se recogen, almacenan y utilizan los datos de los usuarios, incluyendo sus consultas, patrones de búsqueda y posibles datos personales, así como el cumplimiento de normativas como el GDPR.

9. Legalidad y ética de los datos utilizados para entrenar la IA, así como en el respeto a los derechos de autor. También introduce una preocupación emergente: la carga que la IA puede generar sobre repositorios abiertos y sistemas de acceso libre.

10. Participación social y la soberanía de los datos, es decir, si las comunidades afectadas han sido tenidas en cuenta en el desarrollo del sistema y si mantienen control sobre su información cultural.

11. Agencia del usuario y el impacto en el aprendizaje. Se analiza si la IA fortalece las competencias del usuario o si, por el contrario, fomenta la dependencia y la pérdida de habilidades críticas. También se considera la necesidad de formación para un uso responsable.

12. Empleo y la estructura laboral, tanto en bibliotecas como en el ecosistema editorial y tecnológico. Se plantea si la IA sustituye funciones humanas o si reconfigura los roles profesionales.

13. Impacto ambiental, un aspecto cada vez más relevante. El uso de modelos de IA implica consumo energético, infraestructura de servidores y uso de agua, lo que obliga a considerar la sostenibilidad del servicio en su ciclo completo.

14. Modelo de negocio y la gobernanza del proveedor, es decir, quién desarrolla la herramienta, bajo qué principios opera y si su estrategia es sostenible y alineada con valores públicos. También se abre la reflexión sobre posibles vínculos con intereses comerciales o incluso militares.

En conjunto, estas 14 preguntas no buscan una respuesta única, sino fomentar una evaluación crítica y multidimensional de la inteligencia artificial en bibliotecas, equilibrando innovación tecnológica con responsabilidad ética, social y profesional.

El texto también amplía la reflexión hacia dimensiones sociales más amplias, como el impacto laboral de estas tecnologías, su huella ambiental y el modelo de negocio de las empresas proveedoras. En conjunto, se propone una evaluación integral que no se limite a lo técnico, sino que integre criterios éticos, educativos, sociales y sostenibles, con el fin de orientar la toma de decisiones en las bibliotecas ante la creciente incorporación de la inteligencia artificial.

44ª Feria Municipal del Libro de Salamanca 2026. Planeta Biblioteca 2026/05/10

44ª Feria Municipal del Libro de Salamanca 2026.

Planeta Biblioteca 2026/05/10

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PROGRAMA DE LA FERIA

En el programa de radio, Enma García y Maribel Martín Rodrigo destacaron que la 44ª Feria Municipal del Libro convierte la Plaza Mayor de Salamanca, del 9 al 17 de mayo de 2026, en un gran punto de encuentro entre lectores, librerías, autores y ciudadanía. Explicaron el papel esencial de la Red de Bibliotecas Municipales en la coordinación general, desde la organización de casetas hasta la programación cultural y la biblioteca infantil al aire libre. Subrayaron el aumento de participación de librerías respecto al año anterior y la cuidada distribución de espacios para firmas, escenarios y actividades. También comentaron la presencia de autores reconocidos y propuestas escolares dirigidas a fomentar la lectura entre niños de Primaria. La feria incluirá conciertos y actuaciones musicales para ampliar su dimensión festiva y cultural

Library Technology Guides publica el Informe sobre sistemas bibliotecarios de 2026

Breeding, Marshall. “2026 Library Systems Briefing.” American Libraries Magazine, 5 de mayo de 2026. https://americanlibrariesmagazine.org/2026/05/05/2026-library-systems-briefing/

El Informe sobre sistemas bibliotecarios de 2026 muestra a unas bibliotecas inmersas en una transformación profunda. El desafío ya no consiste únicamente en informatizar procesos, sino en construir infraestructuras flexibles, seguras e inteligentes capaces de responder a nuevas formas de acceso al conocimiento. La tecnología se convierte así en una pieza estratégica para garantizar la relevancia futura de las bibliotecas en un entorno digital cada vez más exigente.

Library Technology Guides ha publicado el Informe sobre sistemas bibliotecarios de 2026, una de las referencias más relevantes para conocer la evolución tecnológica del sector bibliotecario internacional. El documento ofrece una panorámica detallada del mercado de software y plataformas utilizadas por bibliotecas públicas, universitarias, escolares y especializadas, analizando tendencias, movimientos empresariales, implantaciones y prioridades estratégicas. Más que un simple catálogo de productos, el informe actúa como termómetro del momento que atraviesan las bibliotecas en su proceso de transformación digital.

Uno de los aspectos centrales del informe es la constatación de que las bibliotecas continúan avanzando hacia entornos basados en la nube. Cada vez más instituciones sustituyen antiguos sistemas instalados en servidores locales por plataformas SaaS (Software as a Service), gestionadas por proveedores externos. Esta transición responde a varias razones: reducción de costes de mantenimiento, actualizaciones automáticas, mayor escalabilidad y mejora de la seguridad. Para muchas organizaciones, mantener infraestructuras propias resulta ya complejo y costoso, especialmente en un contexto de presupuestos ajustados y escasez de personal técnico especializado.

El informe también destaca la creciente influencia de la inteligencia artificial en el ecosistema bibliotecario. Los nuevos sistemas comienzan a incorporar herramientas de automatización para catalogación, generación de metadatos, análisis de colecciones, asistentes virtuales y mejora de los sistemas de descubrimiento. La IA se presenta como una oportunidad para aumentar la eficiencia operativa y mejorar la experiencia de usuario, aunque también surgen interrogantes relacionados con la transparencia algorítmica, la privacidad de los datos y la necesidad de supervisión profesional. Las bibliotecas valoran estas innovaciones, pero buscan aplicarlas con prudencia y criterios éticos.

Otro eje importante es la evolución de los sistemas integrados de gestión bibliotecaria (ILS) hacia plataformas de servicios bibliotecarios más amplias. Ya no basta con gestionar préstamos, catalogación o adquisiciones de manera aislada. Las bibliotecas necesitan soluciones capaces de integrar recursos impresos, colecciones electrónicas, repositorios institucionales, analíticas de uso, autenticación remota y servicios móviles. El informe muestra que la tendencia dominante es hacia ecosistemas unificados, donde diferentes módulos se comunican entre sí y permiten una administración más eficiente.

En el plano empresarial, el estudio refleja un mercado concentrado en grandes proveedores internacionales, pero con presencia significativa de proyectos de código abierto. Empresas consolidadas como Ex Libris, OCLC, EBSCO o Innovative mantienen posiciones fuertes, especialmente en grandes redes y universidades. Paralelamente, alternativas como Koha, Evergreen o FOLIO siguen creciendo entre instituciones que buscan flexibilidad, independencia tecnológica y control sobre sus desarrollos. Esto demuestra que el mercado no está cerrado y que existen modelos diversos según tamaño, presupuesto y estrategia institucional.

La experiencia del usuario aparece como una prioridad creciente. Los catálogos tradicionales resultan insuficientes frente a los estándares de usabilidad impuestos por buscadores y plataformas comerciales. Por ello, las bibliotecas demandan interfaces más intuitivas, búsquedas inteligentes, recomendaciones personalizadas, diseño adaptado a móviles y acceso simplificado a contenidos digitales. El informe subraya que el éxito de un sistema ya no depende solo de sus funciones internas, sino de la calidad de la interacción que ofrece al público.

Asimismo, el documento señala la importancia de la interoperabilidad y de los estándares abiertos. Las bibliotecas trabajan con múltiples herramientas simultáneamente —repositorios, plataformas de préstamo digital, gestores de aprendizaje, bases de datos académicas o sistemas de autenticación—, por lo que necesitan soluciones capaces de integrarse sin fricciones. Los proveedores que facilitan APIs robustas y compatibilidad con estándares internacionales parten con ventaja en las decisiones de contratación.

Informe sobre el panorama actual de los programas bibliotecarios para personas mayores.

ALA Public Programs Office. “New Landscape Report on the Current State of Library Programs for Older Adults.” Programming Librarian, March 24, 2026.

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La American Library Association (ALA), a través de su Public Programs Office, ha publicado un nuevo informe panorámico sobre la situación actual de los programas bibliotecarios dirigidos a personas mayores. El documento forma parte de la iniciativa Aging Together: An Evaluation of Library Programming for Older Adults, impulsada junto con la organización Knology y financiada por The John A. Hartford Foundation. El objetivo principal es comprender mejor cómo están respondiendo las bibliotecas al envejecimiento de la población y qué tipo de actividades ofrecen a este colectivo, cada vez más relevante en términos demográficos y sociales.

El informe destaca que las bibliotecas públicas desempeñan un papel esencial como espacios comunitarios para las personas mayores. No solo proporcionan acceso a libros e información, sino que también funcionan como lugares de encuentro, aprendizaje, bienestar y participación social. Para muchas personas jubiladas o en situación de soledad, la biblioteca representa un entorno seguro, accesible y estimulante donde mantenerse activas intelectual y emocionalmente. Esta función cobra especial importancia en sociedades donde aumenta la esperanza de vida y donde el aislamiento social se ha convertido en un problema creciente.

Según la revisión realizada, la mayor parte de los programas bibliotecarios para personas mayores se concentran actualmente en cuatro grandes áreas: ocio, aprendizaje permanente, salud y tecnologías digitales. En el ámbito del ocio aparecen clubes de lectura, actividades culturales, juegos y encuentros sociales. En el aprendizaje permanente se incluyen conferencias, talleres formativos y programas educativos. En salud destacan iniciativas sobre bienestar físico y mental, prevención o recursos asistenciales. Finalmente, la alfabetización digital ocupa un lugar cada vez más central, con cursos sobre uso de móviles, internet, banca electrónica o videollamadas, herramientas esenciales para la vida cotidiana contemporánea.

Uno de los hallazgos más importantes es que, aunque todavía existen pocos datos sistemáticos de evaluación, las evidencias disponibles indican que estos programas generan impactos positivos claros en tres dimensiones. En primer lugar, mejoran conocimientos, habilidades y actitudes, especialmente en competencias digitales o acceso a información sanitaria. En segundo lugar, contribuyen al bienestar físico, mental y emocional de los participantes. En tercer lugar, fortalecen la conexión social y el sentimiento de pertenencia comunitaria, reduciendo la soledad no deseada. Estos beneficios sitúan a la biblioteca como agente de salud comunitaria y cohesión social.

Sin embargo, el informe también señala importantes limitaciones. Muchas iniciativas se desarrollan de forma aislada, como proyectos puntuales o sesiones únicas, sin integrarse en estrategias sostenidas a largo plazo. Además, faltan herramientas específicas para medir el impacto real de estos programas en personas mayores, lo que dificulta identificar buenas prácticas replicables. La literatura profesional sigue siendo escasa y fragmentada, por lo que el sector necesita más investigación aplicada, mejores indicadores y modelos estables de intervención.

Otro aspecto relevante es que el estudio presta atención a áreas todavía poco desarrolladas pero fundamentales para el futuro: apoyo a cuidadores, recursos sobre final de vida, envejecimiento activo, accesibilidad y acompañamiento en procesos complejos de salud o dependencia. Esto refleja una visión más amplia de la biblioteca, entendida no solo como institución cultural, sino como infraestructura social capaz de responder a necesidades humanas diversas a lo largo del ciclo vital.

El documento de 44 páginas actúa como fase preliminar de un informe final previsto para febrero de 2027. Ese trabajo posterior ofrecerá una visión más detallada de lo que hacen actualmente las bibliotecas estadounidenses para atender a las personas mayores y propondrá recomendaciones prácticas y modelos transferibles. En este sentido, el informe actual constituye una llamada de atención: ante el envejecimiento de la población, las bibliotecas tienen una oportunidad estratégica para redefinir su misión social y convertirse en actores clave del bienestar comunitario.

Guía de la ALA sobre el Uso de Inteligencia Artificial en Bibliotecas

Association of College and Research Libraries (ACRL). “ALA Draft Guidance of the Use of Artificial Intelligence in Libraries Comments Due May 8.” ACRL Insider, 2026. Accedido el 4 de mayo de 2026. https://www.ala.org/tools/standards-and-guidelines/guidance-use-artificial-intelligence-libraries?utm_source=substack&utm_medium=email

American Library Association (ALA), a través de su AI Policy Working Group, ha difundido para consulta pública un borrador titulado Guidance of the Use of Artificial Intelligence in Libraries, concebido como un documento marco para orientar a los profesionales de las bibliotecas ante el crecimiento acelerado de la inteligencia artificial.

La iniciativa refleja el reconocimiento institucional de que la IA ya no es una cuestión futura o periférica, sino una realidad que está transformando servicios, procesos, expectativas de los usuarios y el propio papel social de las bibliotecas. El plazo de comentarios fijado hasta el 8 de mayo de 2026 indica además la voluntad de incorporar la voz de la comunidad profesional antes de su posible debate y aprobación formal en la Annual Conference de la ALA en Chicago.

El borrador nace con una finalidad eminentemente práctica: ayudar a las bibliotecas a navegar oportunidades y desafíos. La formulación es significativa, porque evita una postura tecnofílica o tecnofóbica. La ALA no presenta la IA únicamente como amenaza ni como solución automática, sino como un fenómeno complejo que exige análisis crítico. Entre las oportunidades pueden situarse la mejora de búsquedas documentales, automatización de tareas repetitivas, apoyo a catalogación, generación de resúmenes, accesibilidad lingüística, atención básica al usuario o análisis de grandes volúmenes de datos. Entre los desafíos aparecen cuestiones como privacidad, sesgos algorítmicos, dependencia de proveedores privados, opacidad técnica, desinformación generada automáticamente y posibles impactos laborales.

Propósito y Contexto

La Asociación Americana de Bibliotecas (ALA) ha elaborado este documento a través de su Grupo de Trabajo de Política en Inteligencia Artificial con un doble objetivo: recomendar a las bibliotecas que desarrollen sus propias políticas locales de IA y ofrecerles un marco de referencia sólido para hacerlo. El documento surge en un momento en que la inteligencia artificial, incluyendo sus variantes generativa y agéntica, está transformando profundamente la manera en que la información se crea, accede y evalúa. La ALA reconoce que la IA puede ampliar la capacidad de las bibliotecas en áreas como la instrucción, las operaciones y la accesibilidad, pero advierte que esto solo es posible cuando la tecnología apoya la experiencia profesional existente, el compromiso comunitario y el juicio crítico del personal bibliotecario. En ese sentido, esta guía no busca reemplazar las políticas existentes de la ALA, sino construir sobre ellas.

Bien Público y Rol Humano

El primer gran pilar de la guía es el concepto de bien público, entendido como el compromiso de las bibliotecas de mejorar la sociedad y proteger derechos fundamentales como la educación, la alfabetización y la libertad intelectual. El documento reconoce que la IA ofrece oportunidades reales para abordar desafíos sociales y ambientales, pero también advierte sobre sus riesgos: puede erosionar la autodeterminación humana, profundizar la desigualdad social y contribuir al cambio climático. Por ello, la guía establece con claridad que la IA debe complementar y nunca reemplazar la inteligencia, el razonamiento y el pensamiento crítico humano. Las tareas que requieren empatía, juicio y conocimiento especializado no deben automatizarse, y todos los usuarios tienen derecho a recibir asistencia humana en cualquier servicio bibliotecario. Además, se subraya que cualquier ganancia de eficiencia generada por la IA debe traducirse en mejoras para el personal y las comunidades, y no en justificación para reducir puestos de trabajo.

Libertad Intelectual y Transparencia

La libertad intelectual es uno de los valores más arraigados en la tradición bibliotecaria, y la guía dedica especial atención a cómo la IA puede amenazarla. Los sistemas automatizados pueden, de manera opaca, sesgar los resultados de búsqueda, priorizar ciertos contenidos sobre otros o suprimir materiales relacionados con comunidades marginalizadas o temas controvertidos, todo ello sin que los usuarios lo perciban. Frente a esto, el documento exige que cualquier sistema automatizado cuente con documentación clara y accesible que explique su funcionamiento, propósito y posible influencia en los resultados. Las salidas de la IA deben tratarse siempre como borradores sujetos a revisión humana, especialmente en temas complejos o sensibles. Asimismo, las bibliotecas deben oponerse activamente a herramientas de IA que señalen materiales para su eliminación o despriorización de formas que socaven la diversidad de puntos de vista, y deben ofrecer a los usuarios la posibilidad de optar por servicios sin intervención algorítmica.

Privacidad y Protección de Datos

La privacidad de los usuarios es un valor central en la ética bibliotecaria, y la guía lo refuerza en el contexto de la IA con directrices muy concretas. Las bibliotecas tienen la responsabilidad de comprender cómo funcionan las herramientas de IA, cómo gestionan la información personal y qué riesgos pueden generar para los usuarios. Se insta a evitar el ingreso de información de identificación personal, temas sensibles o registros no públicos en herramientas cuyas prácticas de datos sean poco claras, y a limitar el uso a herramientas institucionales previamente verificadas. Al trabajar con proveedores externos, las bibliotecas deben preguntar explícitamente si los datos de los usuarios se utilizan para entrenar modelos de IA, qué salvaguardas existen y si las funciones de IA son opcionales. Toda esta información debe comunicarse a los usuarios en lenguaje claro y sencillo, explicando sus derechos de acceso, corrección y eliminación de datos. La formación del personal en privacidad y uso responsable de la IA se considera parte esencial del desarrollo profesional.

Sostenibilidad Ambiental e Institucional

La guía aborda la sostenibilidad desde dos dimensiones que se complementan. Por un lado, la dimensión ambiental: la IA consume grandes cantidades de energía y agua, genera emisiones de gases de efecto invernadero y produce residuos electrónicos. Las bibliotecas deben evaluar el ciclo de vida ambiental completo de los sistemas de IA que adoptan, solicitar a los proveedores información transparente sobre su huella de carbono e intensidad energética, y priorizar herramientas de código abierto, modelos más pequeños y soluciones con menor impacto ecológico. Por otro lado, la sostenibilidad institucional también es crucial: la sobreautomatización puede erosionar las competencias del personal, debilitar la confianza comunitaria y generar dependencia excesiva de sistemas controlados por proveedores comerciales. La guía advierte que las ganancias de eficiencia a corto plazo no justifican comprometer la flexibilidad institucional, el conocimiento profesional acumulado ni la capacidad de las bibliotecas para adaptarse de forma autónoma en el futuro.

Diversidad, Equidad, Inclusión y Acceso

El documento cierra su análisis de valores con un apartado dedicado a la diversidad, la equidad, la inclusión y el acceso, reconociendo que los sistemas de IA con frecuencia reproducen y amplifican las desigualdades existentes. Los conjuntos de datos sobre los que se entrenan estos sistemas suelen subrepresentar lenguas no anglófonas, dialectos y comunidades históricamente marginalizadas, lo que puede traducirse en servicios menos precisos o directamente discriminatorios para estos grupos. Ante esto, la guía exige que las bibliotecas auditen los sistemas de IA antes y durante su uso, colaboren con comunidades multilingües para probar sus resultados y garanticen que los servicios habilitados por IA sean accesibles en términos de idioma, nivel de alfabetización, discapacidad y capacidad tecnológica. También se plantea una reflexión importante sobre los datos de los usuarios como una forma de trabajo no remunerado, y se insta a minimizar las prácticas extractivas de datos en los contratos con proveedores. Finalmente, se enfatiza que los beneficios de la automatización deben distribuirse de manera justa entre trabajadores y comunidades, preservando trayectorias profesionales y oportunidades de desarrollo para los bibliotecarios del futuro.

En conjunto, este documento representa una postura institucional clara y fundamentada: la inteligencia artificial puede ser una herramienta valiosa para las bibliotecas, pero solo si su adopción está guiada por valores humanos, éticos y democráticos. No basta con que una herramienta sea eficiente o innovadora; debe ser justa, transparente, respetuosa de la privacidad, sostenible y verdaderamente al servicio de todas las personas, especialmente de las más vulnerables. La ALA concibe esta guía como un documento vivo, destinado a evolucionar junto con la tecnología y las necesidades de las comunidades a las que las bibliotecas sirven.

Podemos imaginar los libros que nos gustaría leer

«Podemos imaginar los libros que nos gustaría leer, aunque no hayan sido escritos todavía, y podemos imaginar bibliotecas llenas de libros que desearíamos poseer, aunque estén fuera de nuestro alcance, porque nos gusta soñar con la existencia de una biblioteca que reflejara todos nuestros intereses y nuestras pequeñas excentricidades, una biblioteca que, en su variedad y complejidad, respondiera exactamente a los lectores que somos.»

«La biblioteca de noche» Alberto Manguel

La biblioteca de mi padre

“Mi memoria me transporta a cierta tarde de hace sesenta años, a la biblioteca de mi padre en Buenos Aires. Estoy viendo a mi padre; veo la lámpara de gas; hasta podría tocar los anaqueles. Y aunque la biblioteca ya no exista, sé con exactitud dónde encontrar «Las mil y una noches» de Burton y la «Conquista del Perú» de Prescott.»

JORGE LUIS BORGES, Arte poético”

Todo lo que perdemos sin las bibliotecas

El País, 28-04-26, p. 17

RED DE REDES / NOELIA RAMÍREZ

Todo lo que perdemos sin las bibliotecas

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No sé qué habría sido de mí sin las bibliotecas públicas. Crecí en un piso ruidoso y sin libros heredados. Mis primas vivían en el piso de abajo y nos pasábamos la vida gritándonos desde la galería. El silencio, menudo exotismo, cotizaba altísimo, así que cuando descubrí un lugar en el que poder estudiar sin que nadie me sobresaltase cada tres minutos, experimenté lo más cerca que voy a estar de una revelación mística. Pasó en 1999, cuando inauguraron la biblioteca de La Bòbila de L’Hospitalet, la primera del barrio. Aquel fue mi oasis de emancipación, mi refugio político adolescente. En sus salas de estudio nocturno me preparé la Selectividad y en sus escaleras mis amigas y yo no solo declinábamos en alto el rosa, rosae, rosam, sino que compartimos el desconcierto adolescente llorando y riendo por tíos idiotas.

La Bòbila fue la primera de muchas. En las mesas de otras repartidas por Barcelona me saqué dos carreras, un posgrado y varios novios efímeros, porque en las bibliotecas se juegan intensísimas partidas de miradas, flirteo y deseo. Ansiando un silencio que no encuentro en la Redacción, en la de la Vila de Gràcia he acabado muchas de estas columnas. En la Agustí Centelles del Eixample conocí a Enrique Vila-Matas. En La Cooperativa de Malgrat de Mar escribí parte de mi primer libro. Tengo un amigo que vive en Berlín pero está sacándose las oposiciones y, cada vez que viene a Barcelona, me va dando consejos sobre las que va visitando en jornadas de concentración máxima: está totalmente rendido a la García Márquez de Sant Martí.

A las bibliotecas hay que cuidarlas porque, como escribió Jorge Luis Borges, son lo más parecido a algún paraíso. Y las públicas son nuestro gran milagro colectivo. Todas las escritoras que me interesan han defendido ese vínculo irrompible. La Nobel Annie Ernaux contando cómo le cambió la vida la de Rouen en sus primeros años de formación. Susan Orlean dedicándoles un libro y dejando escrita esa verdad de que de una biblioteca pública “siempre se sale más rica de lo que se ha llegado”. En la de Drancy, a las afueras de París, una pequeña Maryam Madjidi encontraría el material para creerse escritora y su frase talismán de Simone de Beauvoir: “Construiré una fuerza en la que me refugiaré para siempre”. Todas esas vivencias contenidas ahí dentro, en nuestros auténticos palacios del pueblo.

El sociólogo Ray Oldenburg estipuló que esos edificios son nuestro necesario “tercer lugar”, el sitio en el que encontrarnos sin estar definido ni por la familia de la que venimos ni por el trabajo que realizamos. Porque el carné gratuito de la biblioteca no solo nos convierte en ciudadanos inmediatos sin importar nuestra clase u origen, sino que otorga un derecho equitativo a la información, a la cultura, la educación y el conocimiento. En las bibliotecas he visto a obreros echarse la siesta al mediodía.

Por qué las bibliotecas son más importantes que nunca

I Love Libraries. “Find Your Joy and Return to It Often: Why Libraries Matter More Than Ever.” 19 de abril de 2026. https://ilovelibraries.org/article/find-your-joy-and-return-to-it-often-why-libraries-matter-more-than-ever/

Se plantea una reflexión profunda sobre el papel contemporáneo de las bibliotecas a partir de una idea central: la “alegría” que generan no es casual, sino el resultado de una construcción deliberada, colectiva y sostenida en el tiempo.

A través de ejemplos cotidianos —niños que descubren su primer libro favorito, personas que encuentran apoyo para redactar un currículum o familias que crean comunidad en actividades de lectura— se muestra cómo las bibliotecas funcionan como espacios donde la experiencia humana, más que el consumo, es el eje central. En un mundo dominado por lógicas transaccionales, las bibliotecas se presentan como uno de los pocos lugares donde la pertenencia no depende de la capacidad de pago, lo que les otorga un carácter casi radical como espacios públicos inclusivos.

El texto subraya que las bibliotecas desempeñan múltiples funciones esenciales que a menudo pasan desapercibidas. No son solo repositorios de libros, sino centros de alfabetización temprana, acceso digital y formación laboral; actúan como incubadoras de emprendimiento, archivos de memoria local y puertas de acceso al conocimiento global. Además, cumplen funciones sociales críticas: sirven como refugios climáticos, espacios seguros en momentos de crisis y puntos de encuentro comunitario. Esta diversidad de roles evidencia que las bibliotecas son infraestructuras sociales fundamentales que responden de manera flexible a las necesidades cambiantes de la sociedad.

Uno de los ejes más relevantes del artículo es la dimensión relacional y emocional de las bibliotecas. La “alegría” que generan se manifiesta en experiencias aparentemente pequeñas pero profundamente transformadoras: adolescentes que encuentran representaciones de su identidad en la lectura, personas mayores que aprenden a comunicarse digitalmente con sus familias o estudiantes que descubren nuevas vocaciones gracias a la mediación de un bibliotecario. Estas experiencias no solo fomentan el aprendizaje, sino que convierten la curiosidad en confianza y fortalecen los vínculos sociales, consolidando a la biblioteca como un espacio de desarrollo personal y comunitario.

El artículo también sitúa a las bibliotecas en el contexto de los grandes desafíos contemporáneos. En una era caracterizada por la sobreabundancia de información y la fragilidad de la confianza, las bibliotecas ofrecen conocimiento curado, fiable y accesible. Asimismo, frente al aumento de la soledad —considerada ya un problema de salud pública—, proporcionan espacios de conexión y pertenencia. En un entorno donde muchas personas sienten que sus voces no son escuchadas, las bibliotecas actúan como plataformas para la expresión, la diversidad y la construcción de relatos compartidos.

Sin embargo, el texto no elude las amenazas que enfrentan estas instituciones, como las presiones presupuestarias o los intentos de restringir el acceso a la información. Estas tensiones ponen en riesgo no solo a las bibliotecas como instituciones, sino también valores fundamentales como la libertad de aprendizaje, la exploración intelectual y el desarrollo colectivo. Por ello, el artículo insiste en la necesidad de apoyo activo por parte de la ciudadanía, no solo como una declaración simbólica, sino como una práctica cotidiana: usar la biblioteca, participar en sus actividades y convertirla en parte de la vida diaria.

El texto concluye con una invitación clara: “encontrar la alegría” en la biblioteca y volver a ella de forma recurrente. Esta idea se transforma en una metáfora del aprendizaje continuo y de la construcción de comunidad. Las bibliotecas no son solo lugares a los que acudir ocasionalmente, sino espacios que pueden integrarse en el ritmo vital de las personas. Invertir en ellas equivale a invertir en individuos, en oportunidades y en el futuro compartido, reafirmando su papel como uno de los pilares más valiosos de la vida social contemporánea.

Los diferentes tipos de bibliotecarios que trabajan en una biblioteca pública

EveryLibrary Action. “These Are the Different Types of Librarians Found in a Public Library.” EveryLibrary Action, July 21, 2021. https://action.everylibrary.org/these_are_the_different_types_of_librarians_found_in_a_public_library

El texto desmonta el estereotipo del bibliotecario como simple custodio de libros y muestra a la biblioteca pública como una organización compleja que requiere especialistas en educación, atención ciudadana, tecnología, gestión cultural, administración, selección documental y trabajo comunitario. La biblioteca moderna funciona gracias a la cooperación entre perfiles muy distintos, todos ellos orientados a garantizar acceso equitativo a la información y fortalecer la vida cultural de la comunidad.

Muchas personas imaginan al bibliotecario como una figura única con funciones generales, pero en realidad las bibliotecas públicas cuentan con una amplia diversidad de perfiles profesionales. Aunque la mayoría de estos trabajadores comparten una formación especializada en Biblioteconomía y Ciencias de la Información —frecuentemente mediante un máster profesional—, dentro de la biblioteca pública existen múltiples trayectorias laborales, responsabilidades técnicas y áreas de servicio diferenciadas.

El texto comienza señalando que las bibliotecas públicas son uno de los servicios culturales más conocidos y utilizados en Estados Unidos, con miles de centros y millones de visitas anuales. Debido a esta magnitud, necesitan plantillas amplias y especializadas. Sin embargo, advierte que los títulos de puesto no siempre reflejan exactamente las tareas reales, ya que estas dependen del tamaño de la biblioteca, su presupuesto, las necesidades de la comunidad y la estructura organizativa de cada sistema bibliotecario. En una gran red urbana puede haber numerosos especialistas; en una biblioteca pequeña, una sola persona puede asumir varias funciones al mismo tiempo.

Uno de los grupos principales descritos son los bibliotecarios de atención directa al público, organizados a menudo por edades de usuarios. Los bibliotecarios infantiles o de servicios juveniles atienden a niños desde la primera infancia hasta aproximadamente los doce años. Su labor incluye fomentar la lectura temprana, organizar cuentacuentos, talleres familiares, actividades educativas y seleccionar colecciones adecuadas para la infancia. También colaboran con escuelas y programas comunitarios de alfabetización.

En segundo lugar aparecen los bibliotecarios para adolescentes (YA librarians), especializados en usuarios de entre 13 y 18 años. Estos profesionales trabajan con una etapa vital especialmente compleja, combinando promoción lectora, apoyo educativo, clubes de lectura, actividades creativas, espacios seguros de encuentro y recursos adaptados a los intereses juveniles. Además, suelen mediar entre las demandas de los jóvenes y las expectativas institucionales o familiares.

El tercer gran perfil de servicio público es el bibliotecario de adultos, responsable de atender a personas mayores de 19 años. Sus tareas abarcan ayuda en búsquedas de información, formación digital, apoyo en empleo y trámites, clubes de lectura, actividades culturales, orientación tecnológica y mantenimiento de colecciones para muy diversos intereses: literatura, salud, historia local, aprendizaje de idiomas o desarrollo profesional.

El artículo menciona además a los bibliotecarios de extensión (outreach librarians), cuyo trabajo se desarrolla fuera del edificio tradicional. Son profesionales centrados en conectar la biblioteca con barrios, escuelas, centros sociales, residencias, colectivos vulnerables o personas que no suelen acudir a la institución. Organizan actividades itinerantes, campañas de difusión y alianzas comunitarias. Representan una visión moderna de la biblioteca como servicio activo que sale al encuentro de la ciudadanía.

Junto al personal visible para el público existe un conjunto esencial de especialistas internos. Entre ellos destacan los catalogadores, encargados de describir materiales, asignar materias, clasificaciones y registros que permiten localizar libros, películas, recursos digitales y otros documentos en el catálogo. Aunque su trabajo suele ser menos visible, resulta imprescindible para que la colección sea recuperable y ordenada.

También se describen los responsables de desarrollo de colecciones. Son los profesionales que deciden qué libros, audiovisuales, bases de datos u otros recursos se compran para la biblioteca. Deben conocer el mercado editorial, las necesidades del público, los presupuestos disponibles y el equilibrio entre novedades, clásicos, diversidad temática y demanda comunitaria. En grandes sistemas puede haber especialistas por áreas como no ficción, materiales audiovisuales o literatura infantil.

Otro perfil importante es el de servicios técnicos, vinculado a la recepción, procesamiento físico, etiquetado, reparación, encuadernación y circulación interna de materiales. Estas funciones garantizan que los documentos lleguen en buen estado al usuario y permanezcan utilizables con el paso del tiempo. En algunas bibliotecas este puesto se fusiona con adquisiciones o desarrollo de colecciones.

La dimensión tecnológica recae con frecuencia en los o bibliotecarios de sistemas ( systems librarians). Se ocupan del catálogo en línea, la web institucional, el software de gestión bibliotecaria, proveedores tecnológicos y problemas técnicos relacionados con el acceso a recursos digitales. Su perfil combina competencias bibliotecarias con conocimientos informáticos, y suele coordinarse con departamentos de tecnología.

El artículo añade otros roles más especializados. Los expertos temáticos asesoran y forman al resto del personal en áreas concretas; los coordinadores gestionan proyectos estratégicos o programas de gran escala; los bibliotecarios de documentos gubernamentales administran colecciones oficiales y publicaciones públicas; y los directores o administradores se encargan de presupuestos, planificación, liderazgo institucional, relaciones públicas y toma de decisiones estratégicas.