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Anuario de Estadísticas Culturales 2025

Ministerio de Cultura de España. Anuario de Estadísticas Culturales 2025. Síntesis de Indicadores Estadísticos Culturales. Secretaría General Técnica, División de Estadística y Estudios, noviembre de 2025. https://www.cultura.gob.es/servicios-a-la-ciudadania/estadisticas/cultura/mc/aec.html

“Anuario de Estadísticos Culturales 2025”, elaborado por el Ministerio de Cultura de España, ofrece una visión integral y actualizada del peso económico, social y simbólico de la cultura dentro del país. A través de más de una veintena de fuentes estadísticas oficiales incluidas en el Plan Estadístico Nacional, el documento permite observar cómo el sector cultural no solo se ha recuperado plenamente del impacto provocado por la pandemia, sino que ha consolidado un crecimiento sostenido en empleo, consumo, participación ciudadana, producción editorial, turismo cultural e infraestructuras culturales. Más que una recopilación de cifras, el informe configura una radiografía detallada del ecosistema cultural español y de su evolución reciente.

Uno de los datos más significativos es el referido al empleo cultural, que en 2024 alcanzó las 771.000 personas ocupadas, lo que representa el 3,6 % del empleo total en España. Esta cifra supone un crecimiento del 6,6 % respecto al año anterior y supera incluso los niveles previos a la crisis sanitaria. El sector destaca además por un perfil profesional altamente cualificado: el 71,2 % de quienes trabajan en actividades culturales poseen estudios superiores, una proporción muy superior a la media nacional. También sobresale la persistencia de desigualdades de género, ya que los hombres representan el 59,4 % del empleo cultural frente al 40,6 % de mujeres.

En el ámbito empresarial, España contaba a comienzos de 2024 con 185.544 empresas vinculadas a actividades culturales, equivalentes al 5,7 % del tejido empresarial nacional. Predominan claramente las microempresas: el 68,3 % no tienen asalariados y un 26,6 % cuenta con entre uno y cinco trabajadores, lo que refleja una estructura productiva muy atomizada. Las comunidades autónomas con mayor concentración de empresas culturales son Cataluña, Comunidad de Madrid, Andalucía y Comunitat Valenciana, consolidando el peso territorial desigual del sector cultural en el país.

En cuanto a la inversión pública en cultura, las cifras muestran un esfuerzo económico considerable de las administraciones. Durante 2023, la Administración General del Estado destinó 1.285,9 millones de euros, las comunidades autónomas 1.750,9 millones, y la administración local alcanzó 4.779,1 millones de euros, lo que confirma que ayuntamientos y entidades locales siguen siendo los principales financiadores de la actividad cultural pública en España. Paralelamente, los hogares españoles gastaron en 2024 un total de 14.341,9 millones de euros en bienes y servicios culturales, equivalente al 2,2 % del gasto total familiar, con un gasto medio anual de 739,7 euros por hogar.

El informe refleja además un notable dinamismo de las industrias culturales y creativas. En materia editorial, durante 2024 se registraron 89.347 libros con ISBN, de los cuales el 32,9 % correspondieron a formatos digitales, confirmando la consolidación progresiva del libro electrónico. El subsector más activo fue el de ciencias sociales y humanidades, seguido por creación literaria e infantil-juvenil. De igual manera, las bibliotecas españolas mantienen un papel central en el ecosistema cultural: se contabilizaron 5.552 bibliotecas activas, con 28,5 millones de usuarios inscritos y más de 144 millones de visitas anuales, lo que demuestra que siguen siendo uno de los principales espacios públicos de acceso al conocimiento y la cultura.

La participación cultural ciudadana alcanza, según el informe, sus mejores niveles en décadas. La Encuesta de Hábitos y Prácticas Culturales 2024-2025 muestra una recuperación muy intensa del consumo cultural tras la pandemia. El 64,9 % de la población leyó libros durante el último año, el 48,5 % asistió al cine, el 47,6 % visitó museos o exposiciones, y el 47,1 % acudió a espectáculos en vivo, cifras superiores incluso a muchas registradas antes de 2020. Un dato especialmente revelador es la expansión del consumo digital: el 74,1 % de los hogares españoles dispone ya de suscripciones a plataformas digitales de contenidos culturales, señalando una profunda transformación en las formas contemporáneas de acceso a la cultura.

El turismo cultural se consolida igualmente como uno de los motores económicos vinculados al sector. Durante 2024 se registraron más de 38 millones de viajes motivados principalmente por actividades culturales, generando un gasto superior a 38.400 millones de euros. En paralelo, el patrimonio cultural continúa mostrando gran vitalidad: España cuenta con 18.537 bienes inmuebles declarados Bien de Interés Cultural, mientras los museos alcanzaron los 64 millones de visitantes, recuperando prácticamente las cifras prepandemia. Los archivos estatales, por su parte, gestionan millones de documentos digitalizados y registraron 3,5 millones de sesiones de consulta en línea, mostrando el avance de la digitalización patrimonial.

En conjunto, el informe evidencia que la cultura se ha convertido en un sector estratégico de la economía y la sociedad española. No solo genera empleo, moviliza turismo, activa industrias creativas y sostiene un tejido empresarial amplio, sino que además mantiene una fuerte presencia en la vida cotidiana de la ciudadanía. Los datos muestran una transición clara hacia formas híbridas de consumo cultural donde conviven espacios tradicionales —bibliotecas, museos, cine, lectura impresa— con ecosistemas digitales basados en plataformas, contenidos electrónicos y nuevos hábitos de participación. La cultura aparece así no como un sector accesorio, sino como un componente estructural del desarrollo económico, educativo y democrático de la España contemporánea.

La participación en actividades artísticas y culturales se relaciona con un envejecimiento biológico más lento.

The Guardian.Arts Cultural Engagement Linked to Slower Pace of Biological Ageing, UCL Research.The Guardian, 12 de mayo de 2026. The Guardian

Una investigación desarrollada por University College London (UCL) ha aportado una evidencia particularmente sugerente sobre la relación entre cultura y salud: participar regularmente en actividades artísticas y culturales podría contribuir a ralentizar el envejecimiento biológico del organismo.

El estudio, difundido por The Guardian y publicado en la revista científica Innovation in Aging, plantea que actividades como leer, escuchar música, pintar, cantar, bailar, acudir a museos o visitar espacios patrimoniales no solo enriquecen intelectualmente, sino que parecen influir positivamente en procesos fisiológicos profundos asociados al envejecimiento celular.

La investigación analizó datos de más de 3.500 adultos del Reino Unido, cruzando información sobre hábitos culturales con biomarcadores sanguíneos capaces de medir lo que los científicos denominan edad biológica. Este concepto difiere de la edad cronológica: mientras esta última mide simplemente los años transcurridos desde el nacimiento, la edad biológica intenta determinar cuánto desgaste real acumulan las células y tejidos del cuerpo. Los resultados mostraron que las personas que participaban semanalmente en actividades artísticas presentaban un ritmo de envejecimiento aproximadamente un 4 % más lento que quienes rara vez mantenían este tipo de prácticas culturales.

Uno de los hallazgos más relevantes es que el beneficio no parece depender exclusivamente de una actividad concreta, sino también de la diversidad de experiencias culturales. Cuanto mayor era la variedad de actividades —por ejemplo combinar lectura, conciertos, pintura, danza o visitas a galerías— mejores indicadores biológicos presentaban los participantes. Los investigadores señalan que este efecto probablemente surge de una combinación de factores: estimulación cognitiva, reducción del estrés, interacción social, activación emocional positiva y generación de sentido vital, elementos todos ellos estrechamente vinculados al bienestar integral.

El estudio resulta especialmente interesante porque sitúa la cultura en un terreno tradicionalmente reservado a la medicina preventiva y al ejercicio físico. Durante décadas se ha insistido en la importancia de caminar, mantener una dieta equilibrada o realizar deporte para envejecer saludablemente; ahora la investigación sugiere que la participación cultural podría ofrecer beneficios comparables en determinados aspectos biológicos relacionados con la longevidad. Esto redefine el acceso al arte no como mero entretenimiento o lujo social, sino como una práctica con implicaciones directas para la salud pública.

Datos:

Impacto Semanal (4% más lento): Quienes realizan actividades artísticas al menos una vez por semana presentan el mayor beneficio en su ritmo de envejecimiento biológico.

Impacto Mensual (~3% de ralentización): Mantener una constancia mensual sigue ofreciendo una protección notable.

Impacto Esporádico (2% de reducción): Incluso asistir a eventos culturales solo 3 veces al año marca una diferencia medible.

El Gran Hallazgo: El beneficio fisiológico de la cultura es comparable al del ejercicio físico regular, consolidándola como un hábito fundamental para la salud.

Más allá de la relevancia biomédica, el hallazgo plantea una reflexión de fondo sobre el papel de instituciones como bibliotecas, museos, archivos, centros culturales o espacios comunitarios. Estos lugares, tradicionalmente concebidos como custodios del conocimiento y la memoria colectiva, aparecen ahora también como posibles agentes de bienestar y envejecimiento saludable. La cultura, en esta perspectiva, deja de ser únicamente una forma de educación o disfrute estético para convertirse en una dimensión esencial del cuidado humano, capaz de influir incluso en los mecanismos biológicos más íntimos que determinan nuestra forma de envejecer.

En cierto sentido, esta investigación confirma una intuición profundamente humanista: cultivar la sensibilidad artística, mantener una vida intelectualmente activa y permanecer conectado con expresiones culturales no solo alimenta el espíritu, sino que también parece dejar una huella tangible en la propia arquitectura biológica del cuerpo. El arte, así, emerge no simplemente como expresión de la condición humana, sino como una posible herramienta silenciosa de longevidad.

En términos simples: leer, escuchar música, visitar bibliotecas o participar en actividades creativas no solo estimula la mente; podría estar modificando favorablemente la velocidad a la que envejece nuestro cuerpo.

Entrevista al escritor, director y actor Ángel González Quesada. Planeta Biblioteca 2026/06/03

Entrevista al escritor, director y actor Ángel González Quesada.

Planeta Biblioteca 2026/06/03

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En esta entrevista para Radio USAL, Ángel González Quesada repasa una trayectoria de casi cinco décadas dedicada a la poesía, el teatro y la creación cultural independiente. Fundador de Etón Teatro, reflexiona sobre los sueños que impulsaron el proyecto y los logros alcanzados. Analiza la influencia de Salamanca y de figuras históricas que han inspirado su obra dramática y poética. También aborda el papel de la filosofía en su pensamiento y las preguntas que siguen guiando su creación. Defiende una cultura crítica, libre e independiente frente a las limitaciones institucionales y económicas actuales. Finalmente, comparte su visión sobre la poesía, la libertad, la cultura y el aprendizaje acumulado tras toda una vida dedicada al arte.



55 momentos que redefinieron la biblioteconomía: una historia de bibliotecas, libertad y transformación social

Price, Sallyann. “55 Moments That Redefined Librarianship.” American Libraries Magazine, 1 de mayo de 2026. American Libraries Magazine

El artículo presenta la historia de las bibliotecas como una historia de transformación social constante. Las bibliotecas aparecen no solo como lugares donde se almacenan libros, sino como instituciones esenciales para la democracia, la igualdad de acceso a la información, la memoria colectiva y la defensa de los derechos civiles.

El artículo publicado por American Libraries con motivo del 150 aniversario de la American Library Association (ALA) recorre algunos de los momentos más decisivos de la historia de las bibliotecas estadounidenses desde 1876 hasta 2026. El texto muestra cómo las bibliotecas han evolucionado junto con la sociedad norteamericana, convirtiéndose en espacios de acceso democrático al conocimiento, defensa de la libertad intelectual, inclusión social y adaptación tecnológica.

La historia comienza en 1876 con la fundación de la American Library Association por un grupo de 103 bibliotecarios reunidos en Filadelfia. Entre los protagonistas destacó Melvil Dewey, creador de la Clasificación Decimal Dewey, sistema que revolucionó la organización bibliográfica. Sin embargo, el artículo también revisa críticamente su figura debido a sus actitudes racistas, antisemitas y a las denuncias por conducta inapropiada. En esos años se consolidaron innovaciones fundamentales como el catálogo en fichas y la creación de la primera escuela de biblioteconomía en Columbia College en 1887, lo que contribuyó a profesionalizar el trabajo bibliotecario.

A finales del siglo XIX y principios del XX, las bibliotecas públicas experimentaron una enorme expansión gracias a Andrew Carnegie, quien financió más de 2.500 bibliotecas gratuitas en todo el mundo. Paralelamente surgieron nuevas formas de servicio bibliotecario, como los bibliobuses impulsados por Mary Titcomb en 1905, destinados a acercar los libros a comunidades rurales. También comenzaron a desarrollarse bibliotecas escolares y servicios especializados para inmigrantes, aunque muchos de ellos estaban influenciados por políticas de americanización y asimilación cultural.

El artículo aborda igualmente las profundas desigualdades raciales de la época. En el sur segregado de Estados Unidos, las personas negras tenían acceso únicamente a bibliotecas separadas. Un ejemplo destacado fue la Western Branch Library de Louisville, inaugurada en 1908 como la primera biblioteca pública destinada exclusivamente a afroamericanos y gestionada por bibliotecarios negros.

Durante la Primera Guerra Mundial, la ALA creó el Library War Service, un programa que distribuyó millones de libros a soldados estadounidenses y estableció bibliotecas en campos militares. Esta experiencia reforzó la idea de las bibliotecas como instrumentos de apoyo moral, educativo y cultural incluso en tiempos de guerra. Posteriormente, durante la Gran Depresión, proyectos como el Pack Horse Library Project llevaron libros a regiones aisladas de los Apalaches mediante bibliotecarias a caballo, convirtiéndose en uno de los símbolos más recordados de la extensión bibliotecaria rural.

El texto también analiza la evolución de los servicios inclusivos. En 1931 se creó el servicio nacional de lectura para personas ciegas o con discapacidad visual, mientras que los premios Newbery y Caldecott ayudaron a legitimar la literatura infantil como un campo literario y educativo de gran importancia.

Uno de los momentos más críticos relatados fue la conferencia de la ALA en Richmond en 1936, celebrada bajo las leyes segregacionistas Jim Crow. Los asistentes negros fueron discriminados en hoteles, comidas y espacios de reunión. Las protestas posteriores impulsaron cambios en la organización y condujeron a políticas antidiscriminatorias dentro de la asociación.

A partir de la década de 1940, la defensa de la libertad intelectual se convirtió en uno de los ejes centrales de la profesión bibliotecaria. La aprobación de la Library Bill of Rights en 1939 y de la Freedom to Read Statement en 1953 consolidó el compromiso de las bibliotecas con la diversidad de ideas y la oposición a la censura, especialmente durante la Guerra Fría y el macartismo.

Las décadas de 1960 y 1970 estuvieron marcadas por la lucha por los derechos civiles. Numerosas protestas y sentadas en bibliotecas segregadas del sur contribuyeron a la desegregación de estos espacios. Bibliotecarios afroamericanos como E. J. Josey impulsaron reformas dentro de la ALA para combatir la discriminación racial. En esos años también surgieron grupos profesionales vinculados a movimientos sociales, como el Black Caucus, la Rainbow Round Table y Reforma, reflejando una profesión cada vez más diversa y comprometida socialmente.

El artículo destaca además la revolución tecnológica que transformó radicalmente las bibliotecas. El desarrollo del formato MARC por Henriette Avram permitió informatizar los registros bibliográficos y facilitó la transición desde los catálogos en fichas hacia los catálogos digitales. Más tarde, proyectos como Project Gutenberg y Google Books ampliaron enormemente el acceso digital a millones de textos.

En las décadas de 1980 y 1990 crecieron las polémicas sobre censura y retirada de libros. La creación de la Banned Books Week en 1982 respondió a los intentos de prohibir obras relacionadas con sexualidad, religión o diversidad cultural. Al mismo tiempo, internet y los ordenadores personales transformaron el acceso a la información y convirtieron a las bibliotecas en centros tecnológicos y de alfabetización digital.

En el siglo XXI, las bibliotecas enfrentaron nuevos desafíos relacionados con la vigilancia gubernamental, los desastres naturales y la desigualdad social. Tras los atentados del 11 de septiembre, la Patriot Act permitió el acceso gubernamental a registros bibliotecarios, lo que provocó una fuerte oposición de la ALA. Durante el huracán Katrina, muchas bibliotecas funcionaron como centros de ayuda comunitaria y acceso a información esencial.

El artículo también analiza medidas recientes como la eliminación de multas por retraso, consideradas una barrera injusta para usuarios con menos recursos, y la respuesta bibliotecaria durante la pandemia de COVID-19, cuando muchas bibliotecas ofrecieron acceso Wi-Fi, actividades virtuales y apoyo educativo remoto.

Finalmente, el texto se centra en los retos actuales: el impacto de la inteligencia artificial generativa, las campañas de censura dirigidas especialmente contra libros relacionados con comunidades LGBTQ+ y minorías raciales, y las tensiones políticas en torno a la financiación y el papel social de las bibliotecas. La llegada de herramientas como ChatGPT abrió debates sobre derechos de autor, alfabetización informacional y desinformación digital. Al mismo tiempo, la ALA y numerosos profesionales han impulsado campañas de defensa de las bibliotecas y de la libertad de lectura frente a crecientes presiones ideológicas.

La cultura en la era de la inteligencia artificial: ¿creación humana o producción algorítmica?

Rothman, Joshua. “A.I. Is Coming for Culture.The New Yorker, August 25, 2025. https://www.newyorker.com/magazine/2025/09/01/ai-is-coming-for-culture

Joshua Rothman abre reflexionando sobre cómo, en la era de los smartphones, nuestra rutina cotidiana está profundamente marcada por el algoritmo

Estamos acostumbrados a que los algoritmos guíen nuestras elecciones. Sin embargo, cuando las máquinas pueden generar sin esfuerzo el contenido que consumimos, ¿qué queda para la imaginación humana?

El ensayo reflexiona sobre cómo la inteligencia artificial está transformando la producción cultural. Comienza con la idea de que nuestra vida diaria ya está profundamente mediada por algoritmos que moldean lo que leemos, vemos y escuchamos. A este ritmo, la IA no solo multiplicará la cantidad de contenidos disponibles —música, vídeos, textos o imágenes—, sino que dará lugar a nuevas formas de creación todavía imprevisibles.

Sin embargo, las limitaciones de estas obras generadas por máquinas: carecen de individualidad, intención y agencia artística, pues se basan en patrones preexistentes. Aun así, para muchos creadores la IA representa una oportunidad, ya que reduce costes, facilita la experimentación y permite realizar proyectos antes inalcanzables.

También se plantea un escenario futuro en el que los contenidos culturales no sean productos fijos, sino experiencias creadas en tiempo real para cada usuario, diseñadas para provocar una reacción inmediata. Esto transformaría radicalmente la forma en que concebimos el arte y el entretenimiento.

El texto concluye con una advertencia: si todo lo que consumimos procede de máquinas, corremos el riesgo de diluir la creatividad humana. Pero, paradójicamente, esta situación podría reforzar nuestro aprecio por lo genuinamente humano en la cultura, frente a la avalancha de producciones artificiales.

«Cuentos de la desolación: historias de la España olvidada» con Antonio L. Galán Gall y Fco. Javier Martín Prieto. Planeta Biblioteca 2025/03/18

«Cuentos de la desolación: historias de la España olvidada» con Antonio L. Galán Gall y Fco. Javier Martín Prieto. Planeta Biblioteca 2025/03/18

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La entrevista en Planeta Biblioteca con Francisco Javier Martín Prieto y Antonio L. Galán Gall, editores de Los cuentos de la desolación: Historias de la España olvidada, abordó el origen y propósito del libro, la selección de relatos y autores, el contenido y mensaje de la obra, así como su impacto y recepción. Los relatos presentan múltiples perspectivas sobre la despoblación, y los editores destacaron algunos especialmente representativos. Se analizó el papel de la nostalgia en la obra y cómo el abandono de los pueblos afecta a la identidad cultural española, generando una desconexión con las raíces y tradiciones.

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«Cuentos de la desolación: historias de la España olvidada»

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Antonio Luis Galán Gall es un escritor y bibliotecario español nacido en 1964 en Ciudad Real, licenciado en Filosofía por la Universidad de Salamanca y miembro del Cuerpo Superior Facultativo de Archivos, Bibliotecas y Museos; actualmente, dirige la Biblioteca de la Universidad de Castilla-La Mancha. Como escritor, ha recibido varios premios literarios, entre ellos el Premio «El Fungible» de novela breve 2013 por Papaveri, el XXXIX Premio Carta Puebla de novela corta 2017 por Memorial del niño de la reliquia y el Premio «Tierras de León» 2019 de novela breve por Babancho; además, ha publicado ocho novelas y varios volúmenes de relatos, destacándose entre sus obras Imagínate lo que dirían (2017), Babancho (2021), que obtuvo el VIII premio de novela corta Tierras de León, y El afilador (y algunos cuentos más) (2021).

Francisco Javier Martín Prieto es un escritor nacido en Salamanca en 1964. Licenciado en Filosofía y Ciencias de la Educación por la Universidad de Salamanca, también realizó cursos de Doctorado en la Universidad Pontificia de la misma ciudad. Es un autor prolífico que ha publicado doce novelas hasta la fecha, todas ellas bajo su formato preferido: el ensayo novelado. Su última novela, «El viaje de Marcelo», fue publicada en 2025 por MAHALTA ediciones. Esta obra transita entre diversos géneros, incluyendo el cuento realista, el relato fantástico y el ensayo novelado. La novela explora temas como la memoria, el tiempo y la nostalgia, utilizando el viaje como una metáfora de la vida

Borges anticipó con su relato uno de los mayores desafíos de nuestro tiempo la era de la información y la desinformación

“Esa fabulosa biblioteca contenía (dicho en palabras de hoy)
toda la información posible, porque cualquier posible conjunto
de palabras estaba en alguna de sus inagotables estanterías.
Libros buenos y malos, mediocres; falsos y auténticos, medio
falsos y medio verdaderos: todos”.


Borges “La Biblioteca de Babel”

La célebre Biblioteca de Babel de Borges es una metáfora poderosa sobre la infinitud de la información. En ella, cualquier combinación posible de palabras existe y, por tanto, también existen todos los libros concebibles: los verdaderos y los falsos, los geniales y los mediocres, los que tienen sentido y los que son puro desvarío. En ese universo total, los habitantes de la biblioteca están condenados a buscar sin descanso fragmentos de sentido entre estanterías interminables, donde cada texto valioso está sepultado por millones de textos absurdos. Tener acceso a toda la información posible no significa, por tanto, alcanzar el conocimiento; más bien implica enfrentarse a un caos abrumador del que es casi imposible extraer certezas.

La comparación con Internet hoy resulta inevitable. Nuestra red global funciona como una Babel contemporánea: una vastísima acumulación de textos, imágenes, vídeos y datos en la que conviven noticias reales con bulos, obras maestras con contenidos triviales, información rigurosa con opiniones infundadas. Al igual que en la biblioteca borgiana, en Internet también está todo, pero ese “todo” no garantiza encontrar lo que buscamos, ni mucho menos la verdad. El problema ya no es solo acceder a la información, sino saber discernir entre lo valioso y lo irrelevante, entre lo auténtico y lo falso, entre lo que aporta conocimiento y lo que solo genera ruido.

En el universo de Borges, los bibliotecarios desesperaban tratando de dar sentido a los interminables anaqueles. Hoy, nosotros cumplimos ese mismo papel cada vez que navegamos por Internet, aunque ahora contamos además con la ayuda —o quizás la trampa— de los algoritmos. Estas fórmulas invisibles filtran los contenidos y deciden qué parte de la biblioteca infinita nos muestran, moldeando nuestra percepción del mundo y condicionando nuestras búsquedas. Así, a la dificultad de encontrar sentido dentro del exceso, se suma el riesgo de quedar atrapados en burbujas de información que refuerzan nuestras propias ideas y nos alejan aún más de una posible verdad común.

En definitiva, Borges anticipó con su relato uno de los mayores desafíos de nuestro tiempo: que el exceso de información puede ser tan paralizante como la falta de ella. Frente a esta Babel digital en la que vivimos, nuestra tarea es desarrollar pensamiento crítico, crear filtros responsables y, sobre todo, no perder la voluntad de seguir buscando sentido entre el caos.

¿Quién utiliza más las bibliotecas públicas? Hay una división por religión y política.

«Who uses public libraries the most? There’s a divide by religion, and politics. – The Washington Post», accedido 9 de octubre de 2024, https://www.washingtonpost.com/business/2024/10/04/who-uses-libraries/.

Encuesta



El uso de bibliotecas públicas en EE. UU. varía según factores como la religión, la política y la ubicación geográfica. Jóvenes, demócratas y personas con mayor nivel educativo son los principales usuarios, mientras que conservadores y habitantes rurales tienden a usarlas menos. El acceso y la participación social son claves para entender estas diferencias.

Se examina quiénes son los usuarios más frecuentes de las bibliotecas públicas en Estados Unidos, basándose en un análisis de encuestas. Uno de los hallazgos clave es que las personas más dadas a utilizar las bibliotecas tienden a ser jóvenes, adultos con educación superior, personas que asisten a servicios religiosos al menos una vez al mes, y votantes demócratas. Estos grupos destacan por utilizar las bibliotecas para acceder a libros, medios digitales, votar, o aprovechar recursos como ordenadores y espacios de trabajo.

Los grupos que menos utilizan las bibliotecas incluyen personas mayores de 45 años, conservadores, protestantes y habitantes de áreas rurales. Este último grupo tiende a tener menos acceso a bibliotecas debido a la lejanía geográfica o a presupuestos más limitados en sus bibliotecas locales. En general, se observa una tendencia en la que los republicanos, especialmente en áreas rurales, visitan menos las bibliotecas que los demócratas en zonas urbanas.

Un hallazgo interesante es que el uso de las bibliotecas no está directamente relacionado con las dificultades económicas. De hecho, cuanto mayor es el ingreso de una persona, más probable es que aproveche los servicios gratuitos de las bibliotecas. A su vez, aquellos que leen más libros, especialmente los que leen más de 100 libros al año, son los más inclinados a obtener la mayoría de ellos en las bibliotecas.

Además de las diferencias políticas y geográficas, hay otro grupo de personas que evita las bibliotecas: aquellos que no participan activamente en la vida social o política. Estos incluyen personas que no votan, no siguen las noticias, no están afiliadas a ningún partido político ni a ninguna religión. Aunque tienen una opinión favorable sobre las bibliotecas y consideran que son importantes, simplemente no las visitan ni leen mucho.

En resumen, el artículo destaca que el uso de las bibliotecas está relacionado con el nivel de participación en la sociedad y el entorno educativo y político, siendo los demócratas, los jóvenes y los educados los que más frecuentan estos espacios, mientras que los conservadores y las personas menos comprometidas políticamente o religiosamente tienden a usarlas menos.

Los espacios físicos son los servicios de biblioteca más valorados por los estudiantes

Edward Harold Stocking, Rosalind Bucy, y Carlos Ramirez-Reyes, «First-gen and the library: a survey of student perceptions of academic library services», Performance Measurement and Metrics ahead-of-print, n.o ahead-of-print (1 de enero de 2024), https://doi.org/10.1108/PMM-11-2023-0037.

El estudio «First-gen and the library: a survey of student perceptions of academic library services» reveló diferencias significativas entre las percepciones de los estudiantes de primera generación (FGCS) y sus compañeros no pertenecientes a este grupo con respecto a la importancia y satisfacción con los servicios bibliotecarios.

En primer lugar, se identificaron diferencias estadísticas significativas en el 35% de los servicios bibliotecarios evaluados. Los estudiantes de primera generación otorgaron una mayor importancia y expresaron mayor satisfacción con estos servicios en comparación con los estudiantes no de primera generación.

Los FGCS consideraron como más relevantes los servicios relacionados con los espacios físicos de la biblioteca, así como aquellos vinculados al acceso y descubrimiento de recursos. Estos aspectos fueron percibidos como esenciales para su experiencia académica.

Además, los servicios que brindan apoyo directo a los estudiantes, como las consultas con bibliotecarios, y los servicios que ofrecen acceso a tecnología, mostraron las diferencias más notables entre ambos grupos de estudiantes. Los FGCS valoraron más estos aspectos, lo que refleja sus necesidades y expectativas específicas.

El valor de la cultura: sobre la relación entre economía y artes

Klamer, Arjo, ed. The Value of Culture: On the Relationship between Economics and Arts. Accessed May 23, 2024.

Texto completo

El libro «The Value of Culture: On the Relationship between Economics and Arts», editado por Arjo Klamer, explora la intersección entre la economía y las artes. La cultura se manifiesta en todos los aspectos de la vida humana, incluyendo las actividades cotidianas. Tanto la cultura como el arte tienen su propio valor, aunque los valores económicos también imponen restricciones. Los patrocinios y subsidios artísticos sugieren un valor que va más allá del precio de mercado. ¿Cuál es entonces el verdadero valor de la cultura? A diferencia del enfoque habitual en problemas formales, que ha «des-culturizado» y «des-moralizado» la práctica económica, este libro reúne a economistas, filósofos, historiadores, científicos políticos y artistas para desentrañar el valor de la cultura. Está dirigido no solo a economistas y científicos sociales, sino también a cualquier persona involucrada en el mundo de las artes y la cultura.