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Adolescentes, redes sociales y salud mental

Auxier, Brooke, y Colleen McClain. 2024. Teens, Social Media and Mental Health. Pew Research Center.

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La mayoría de los adolescentes atribuyen a las redes sociales el hecho de sentirse más conectados con sus amigos. Sin embargo, aproximadamente 1 de cada 5 afirma que las redes sociales perjudican su salud mental, y cada vez son más los que piensan que perjudican a las personas de su edad.

Aunque muchos adolescentes reconocen que estas plataformas los ayudan a sentirse más conectados con sus amigos y a expresar su creatividad, casi la mitad (48%) opina que las redes sociales tienen un efecto mayoritariamente negativo sobre sus compañeros, un aumento significativo respecto al 32% registrado en 2022. Sin embargo, solo un 14% siente que estas afectan negativamente su propia salud mental. Además, un 45% de los adolescentes admite pasar demasiado tiempo en redes sociales, y las chicas tienden a reportar experiencias más negativas que los chicos en cuanto a autoestima, salud mental y calidad del sueño.

Por otro lado, los padres muestran una mayor preocupación que los adolescentes por la salud mental juvenil: un 55% dice estar muy preocupado, frente al 35% de los jóvenes. Esta diferencia también se refleja en la disposición para hablar del tema: el 80% de los padres afirma sentirse cómodo conversando sobre salud mental con sus hijos, mientras que solo el 52% de los adolescentes comparte esa sensación. Respecto a las causas del deterioro de la salud mental, los padres tienden a culpar a las redes sociales en mayor medida que los adolescentes, quienes también mencionan el acoso escolar y las presiones sociales como factores relevantes. Las diferencias también se observan según el género y la etnia, siendo las chicas y los jóvenes afroamericanos los más preocupados. Aunque las redes sociales pueden ser un espacio de apoyo y creatividad, el informe evidencia una creciente inquietud sobre su impacto en el bienestar emocional de los adolescentes.

Sustituye el tiempo que pasas en las redes sociales por la lectura, los beneficios son numerosos

Silberling, Amanda. “How to Stop Doomscrolling.” TechCrunch, March 17, 2025. https://techcrunch.com/2025/03/17/how-to-stop-doomscrolling/

Cómo dejar de hacer doomscrolling

El mundo puede ser un lugar difícil, y en muchas ocasiones, las noticias que consumimos pueden hacernos sentir aún peor. Sin embargo, este impacto negativo se intensifica cuando pasamos el día mirando sin parar la pantalla de nuestro móvil, sumergidos en un flujo interminable de información preocupante. Esta práctica, conocida como doomscrolling, nos mantiene atrapados en un ciclo de ansiedad donde alternamos entre videos virales y titulares alarmantes de redes sociales como X, Bluesky o TikTok.

La atracción que ejercen los teléfonos móviles es muy fuerte. Su diseño compacto y ligero nos permite llevarlos a todas partes, y muchas personas incluso sienten la necesidad de dormir con ellos en la mesilla de noche. En un mundo hiperconectado, parece imposible resistirse a revisar el móvil una y otra vez a lo largo del día. Sin embargo, esta constante exposición a noticias negativas y contenido diseñado para captar nuestra atención está afectando nuestra salud mental y nuestra capacidad de concentración.

No es tu culpa

Es importante entender que no somos los culpables de esta situación. La verdadera raíz del problema radica en cómo las compañías tecnológicas han diseñado sus productos para maximizar el tiempo que pasamos en ellos. Cada vez que usamos un servicio digital, estamos contribuyendo al modelo de negocio de estas empresas, cuyo objetivo es mantenernos conectados el mayor tiempo posible para aumentar sus ingresos a través de la publicidad y los datos.

Por ejemplo, cuando usamos un smartwatch para medir nuestra actividad física, terminamos viendo notificaciones de mensajes que nos distraen. Si entramos en Spotify solo para escuchar un álbum específico, nos bombardean con sugerencias de contenido que no pedimos. Incluso si descargamos Snapchat solo para un grupo de amigos, acabamos expuestos a anuncios y notificaciones adicionales que buscan captar nuestra atención.

Aunque entendamos cómo funciona este modelo, sigue siendo difícil evitar caer en sus trampas. Es fácil abrir Instagram con la intención de revisar un mensaje de un amigo y, sin darnos cuenta, haber pasado diez minutos viendo reels. Es un patrón que afecta a millones de personas en todo el mundo, pero existen maneras de reducir nuestra dependencia del móvil.

Usa límites de tiempo en pantalla

Una de las estrategias más efectivas para reducir el doomscrolling es establecer límites de tiempo en el uso de ciertas aplicaciones. Apple, por ejemplo, ofrece la función Screen Time, que permite visualizar el tiempo de uso del móvil y establecer restricciones para evitar el consumo excesivo.

Dentro de esta herramienta, existen varias opciones para controlar el tiempo de pantalla:

  • Tiempo de inactividad: Permite bloquear aplicaciones en determinados horarios, como antes de dormir o durante el horario laboral.
  • Límites de apps: Permite establecer un tiempo máximo diario para redes sociales y otras aplicaciones que generan distracción.
  • Excepciones: Puedes seleccionar aplicaciones que siempre estarán disponibles, como WhatsApp si tienes familiares en el extranjero o una app de audiolibros si la usas para dormir.

Sin embargo, estas herramientas pueden ser fáciles de ignorar. Cuando aparece la notificación de que nuestro tiempo en una app ha terminado, muchas veces pulsamos el botón que nos permite extender el uso unos minutos más, volviendo a caer en el mismo hábito.

Para quienes buscan opciones más estrictas, existen aplicaciones de terceros que ayudan a controlar mejor el tiempo de pantalla:

  • ScreenZen: Disponible en iOS y Android, muestra un aviso antes de abrir ciertas aplicaciones, preguntándote si realmente necesitas hacerlo. También permite ejercicios de respiración antes de usar el móvil y ofrece seguimiento de rachas de días sin doomscrolling.
  • Opal: Diseñada para aumentar la productividad en el trabajo o la escuela, permite limitar no solo el tiempo de uso de una aplicación, sino también la cantidad de veces que se abre al día.
  • Roots: Se enfoca en mejorar la calidad del tiempo de pantalla en lugar de solo reducirlo. Su función “Monk Mode” impide desactivar los límites, aunque elimines la aplicación. También permite desbloquear días de uso libre como recompensa si cumples con tus objetivos.
  • Touch Grass: Esta aplicación tiene un enfoque más radical: si quieres desbloquear apps bloqueadas, debes salir al exterior y tomar una foto de césped real. No sirve una planta de interior, y si no quieres hacerlo, puedes pagar una pequeña cantidad que se destina a proyectos de reforestación.

Además de estas herramientas digitales, también existen dispositivos físicos que pueden ayudar a reducir el uso del móvil, como cajas con temporizadores que bloquean el acceso al teléfono durante ciertos periodos de tiempo.

Sustituye el doomscrolling por otras actividades

Uno de los mayores desafíos al dejar de hacer doomscrolling es que, cuando bloqueamos las redes sociales, nos encontramos con un vacío. Muchas veces revisamos el móvil de manera automática, ya sea mientras esperamos en una fila o durante un descanso. En un mundo ideal, podríamos simplemente aceptar estos momentos de inactividad, pero la realidad es que estamos acostumbrados a la estimulación constante.

Para evitar caer nuevamente en el doomscrolling, podemos reemplazarlo por actividades más saludables que se puedan realizar desde el teléfono:

  • Leer un libro: Aplicaciones como Kindle o iBooks permiten cambiar la configuración para desplazarse en lugar de pasar página por página, imitando la sensación de hacer scroll.
  • Acceder a libros gratuitos: La app Libby permite conectarse con una tarjeta de biblioteca para descargar libros electrónicos y audiolibros sin costo.
  • Jugar juegos breves: Juegos como Wordle, mini crucigramas o Strands ofrecen una distracción rápida sin la negatividad de las redes sociales.
  • Explorar juegos en LinkedIn: Aunque parezca sorprendente, la plataforma ha lanzado juegos como Tango, que pueden ser una alternativa entretenida sin las distracciones habituales de otras redes.

Reducir el doomscrolling no significa desconectarse por completo de la tecnología, sino ser más conscientes del tiempo que pasamos en nuestras pantallas y encontrar alternativas que nos ayuden a equilibrar nuestro bienestar digital. Con pequeños cambios en nuestros hábitos diarios, podemos recuperar el control sobre nuestra atención y mejorar nuestra salud mental.

Guía para padres y educadores sobre el uso seguro de Internet, móviles y videojuegos

Labrador F, Requesens A, Helguera M. Guía para padres y Educadores sobre el uso seguro internet, móviles y videojuegos. 2015;39:72.

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El propósito de esta guía es dotar a los adultos de unos conocimientos básicos que les ayuden a educar y acompañar a los menores en la utilización de las Nuevas Tecnologías con responsabilidad, aprendiendo a hacer un uso saludable de las mismas.

A lo largo de esta guía se han expuesto pautas claras y concisas, de carácter eminentemente práctico, que pueden ser llevadas a cabo sin demora para la tranquilidad de los padres y la seguridad de los hijos y las hijas.

A modo de resumen se puede recoger en este decálogo práctico para padres:

1. Navega en Internet con tus hijos, oriéntales sobre las páginas más fiables, y enséñales a navegar con un objetivo claro marcado de antemano. Transmíteles que nunca deben proporcionar datos personales en la red.

2. Selecciona los videojuegos a los quejuegan tus hijos según las normas PEGI (edad y contenidos). No olvides supervisar también los juegos que se intercambian entre los amigos. Y juega con ellos en alguna ocasión.

3. Establece normas claras para regular el uso de Internet, videojuegos y el móvil. Debe estar muy claro cuándo, cuánto y dónde los utilizan.

4. Enseña a tus hijos que el móvil es para llamadas cortas y urgentes. Hazles responsables de su consumo, que siempre debe ser limitado y estar controlado por ti.

5. Haz uso de los programas de control parental tanto en el ordenador como en las videoconsolas, para evitar que tus hijos se encuentren contenidos inadecuados para su edad.

6. Mantente al corriente de los avances de las Nuevas Tecnologías, para que la llamada brecha digital no suponga un obstáculo en tu labor de proteger a tus hijos.

7. Dialoga con tus hijos, favorece la comunicación positiva y la escucha activa.

8. Edúcales en la gestión inteligente del ocio y del tiempo libre.

9. Esfuérzate para que tus hijos encuentren en ti la confianza y el apoyo para contarte cualquier problema.

10. No olvides ser consecuente y dar ejemplo en tu interacción con las Nuevas Tecnologías y transmite siempre a tus hijos tu amor incondicional.

Smartphones, uso de redes sociales y salud mental juvenil

 

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Elia Abi-Jaoude , Karline Treurnicht Naylor y Antonio Pignatiello. Smartphones, uso de redes sociales y salud mental juvenil.

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En la última década, el aumento de la angustia mental y el tratamiento de las afecciones de salud mental entre los jóvenes de América del Norte ha sido paralelo a un fuerte aumento en el uso de teléfonos inteligentes y redes sociales por parte de niños y adolescentes.

La investigación analiza la evidencia que vincula el uso de teléfonos inteligentes y redes sociales con angustia mental y tendencias suicidas entre los adolescentes.

Algunos puntos más destacados del estudio

  • La evidencia de una variedad de estudios transversales, longitudinales y empíricos implica el uso de teléfonos inteligentes y redes sociales en el aumento de la angustia mental, el comportamiento autolesivo y la tendencia suicida entre los jóvenes; existe una relación dosis-respuesta, y los efectos parecen ser mayores entre las niñas.

  • Las redes sociales pueden afectar la autoestima de los adolescentes y las relaciones interpersonales a través de la comparación social y las interacciones negativas, incluido el acoso cibernético; Además, el contenido de las redes sociales a menudo implica la normalización e incluso la promoción de autolesiones y suicidios entre los jóvenes.

  • Altas proporciones de jóvenes se dedican al uso intensivo de teléfonos inteligentes y a la multitarea de los medios, con la consiguiente privación crónica del sueño y efectos negativos sobre el control cognitivo, el rendimiento académico y el funcionamiento socioemocional.

  • Los médicos pueden trabajar en colaboración con los jóvenes y sus familias, utilizando enfoques abiertos, sin prejuicios y apropiados para el desarrollo para reducir los daños potenciales de las redes sociales y el uso de teléfonos inteligentes, incluida la educación y la resolución práctica de problemas.

  • Existe la necesidad de campañas de concientización pública e iniciativas de políticas sociales que promuevan entornos de hogar y escuela que fomenten la resiliencia a medida que los jóvenes navegan los desafíos de la adolescencia en el mundo actual.

Vida digital y gestión del tiempo. Planeta Biblioteca 2019/12/18

 

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Ha visitado nuestro querido Planeta el profesor de Información y Documentación de la Universidad de Murcia José Antonio Gómez, para hablarnos de vida digital y gestión del tiempo. Hablamos con José Antonio sobre el balance que podemos hacer de nuestras vidas en las redes sociales, de los aspectos que han mejorado o no nuestro entorno. Cuestiones como la brecha digital y si Internet ha mejorado la vida de las personas en situación de riesgo o por el contrario ha acentuado esa diferencia, así como de otras cuestiones como la privacidad, la preocupación, confusión y falta de control sobre nuestra información personal. También como ha cambiado la gestión del tiempo en los últimos años y como podemos aprovechar nuestro reloj biológico para mejorar la manera en que administramos nuestro tiempo para que sea más grato y más provechoso. La necesidad de desconectar. Si los consumidores somos conscientes de las preocupaciones sobre la sobrecarga del uso de Internet y si estámos tomando medidas para reducir su uso.

Hablamos de los Bancos de Tiempo, que son comunidades de intercambio de tiempo que se basan en la confianza mutua y en el compromiso común de generar una economía alternativa no monetaria basada solamente en el tiempo que se intercambia entre las personas que lo componen. El papel de la biblioteca en este entorno como puede mitigar estos desequilibrios, y qué estamos haciendo los bibliotecarios para mejorar nuestro entorno personal y digital.

Recomendaciones de libros

  • Llaneza, paloma. Datanomics: Todos los datos personales que das sin darte cuenta y todo lo que las empresas hacen con ellos. Barcelona: Deusto, 2019

Datanomics te mostrará, con datos, informes y hechos comprobados lo que las empresas de tecnología hacen, realmente, con tus datos personales y cómo le sacan rentabilidad mientras tú, sin apenas darle importancia, se los regalas. La autora realiza una acertada radiografía sobre cómo se recaba y se usa nuestra información personal, y de cuáles han sido las consecuencias indeseadas de estos usos. De cómo hemos sido capaces de pasar de una economía productiva a una economía del dato, y cómo, para mantenerla, la sociedad que conocemos ha pasado a creer religiosamente que los datos son la solución y no el problema.

  • Peirano, Marta. El enemigo conoce el sistema: Manipulación de ideas, personas e influencias después de la economía de la atención. Madrid:Debate, 2019

La red no es libre, ni abierta ni democrática. Es un conjunto de servidores, conmutadores, satélites, antenas, routers y cables de fibra óptica controlados por un número cada vez más pequeño de empresas. Es un lenguaje y una burocracia de protocolos que hacen que las máquinas hablen, normas de circulación que conducen el tráfico, microdecisiones que definen su eficiencia. Si la consideramos un único proyecto llamado internet, podemos decir que es la infraestructura.

  • Rodríguez. Joaquín. Primitivos de una nueva era: Cómo nos hemos convertido en Homo digitalis. Tusquets Editores S.A., 2019

La creación de nuevas tecnologías de comunicación —los primeros dibujos en las cavernas, la invención del alfabeto, la imprenta, el telégrafo o internet—, suscita un intenso debate acerca de si éstas nos someten o nos engrandecen, si merman nuestras facultades o las incrementan. El autor explora en este fascinante ensayo la forma en que los medios de transmisión de la cultura moldean nuestra mente y modelan nuestra comprensión de la realidad. El paso de la oralidad a la escritura, los cambios en nuestra forma de leer y la irrupción de internet, el hipertexto y la digitalización de los contenidos culturales transforman sin cesar nuestros valores y actitudes y nos convierten en perpetuos primitivos de una nueva era.

 

Datos ofrecidos en el programa:

 

 

Sobrecarga informativa

 

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Horrigan, J. B. (2016). [e-Book] Information Overload. Washington D. C, Pew Research, 2016

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A las personas les gusta mantenerse informados, pero el 20%  de los estadounidenses dicen sentirse sobrepasados por la cantidad de información que reciben. Las tensiones ocurren cuando las personas reciben más información de la que pueden asimilar. La encuesta muestra que la mayoría de los estadounidenses se sienten cómodos con sus habilidades para hacer frente a los flujos de información que reciben en su vida cotidiana. Por otra parte, aquellos que poseen más dispositivos son también los que se sienten más cómodos con estos grandes flujos de datos y medios de comunicación en sus vidas. Aquellos que tienen más probabilidades de sentir sobrecarga de información tienen menos tecnología y son más pobres, de más edad y menos instruidos.

El término «sobrecarga de información» se utiliza desde los años 70 para referirse al crecimiento de la producción de información y a las consecuencias potencialmente negativas que produce en las personas cuando intentan lidiar con flujos aparentemente constantes de mensajes e imágenes. La llegada de Internet puso aún más en entredicho la cuestión,pero está siendo con el inicio de la conectividad ubicua cuando se está convirtiendo en algo aún más acuciante.

El concepto Síndrome de Fatiga Informativa (IFS) o Technostress, aparece formulado por primera vez en un informe de la agencia Reuters titulado Dying for information? elaborado por el psicólogo Davis Lewis en octubre de 1996 tras estudiar a 1.300 directivos de Reino Unido, USA y Hong Kong. Aunque muchos años antes el neurólogo ruso Levon Badalian ya advertía sobre el daño que el exceso de información provocaba en el desarrollo neurológico y cerebral de los niños, siendo el causante de muchos de los trastornos del aprendizaje. En España Alfons Cornellá a principios en 1999 utilizaba el término intoxicación para referirse a la contaminación informativa por exceso de información siendo este exceso más perjudicial que provechoso. El síndrome se da en personas que tienden a manejar grandes cantidades de información procedente de libros, revistas, periódicos, correos electrónicos, móviles  y sobre todo redes sociales. Los síntomas más destacados del mismo son: estrés, ansiedad, confusión, superficialidad y  falta de atención, además de daños en las relaciones personales.

La encuesta del Pew Research Center se llevó recoge la opinión de 1.520 estadounidenses mayores de 18 años en abril de 2016  sobre cómo gestionan las demandas de información en sus vidas y cuáles son sus sensaciones en relación al volumen de información que encuentran en su día a día. En general, los estadounidenses valoran que puedan acceder a mucha información. La gran mayoría no considera que la sobrecarga de información sea un problema para ellos. Un 20% dicen que se sienten agobiados ante tanta información, -curiosamente esta cifra es menos que hace una década que la cifra era del 27%-, mientras que el 77% dicen que les gusta disponer de tanta información en sus manos. Además, el 67% afirma que tener más información a su disposición realmente ayuda a simplificar sus vidas.

Respecto a la siguiente frase  «Tengo confianza en mi capacidad para usar Internet y otros dispositivos de comunicación para estar al día con las demandas de información en mi vida.» fue suscrita por el 81% de los encuestados. El 80% también dijo que la mayoría de las veces es fácil para ellos determinar qué información es confiable. – esto a pesar de que hace poco apareció un estudio que aseguraba que un 82% de los estudiantes son incapaces de distinguir entre un contenido patrocinado y una noticia verdadera en una página web -. Y un 79% se identifica mucho con la frase «Tener mucha información me hace sentir que tengo más control sobre las cosas en mi vida».

En cuanto a las características demográficas, aquellos con menos vías de acceso a Internet son más dados a expresar sus preocupaciones sobre la sobrecarga de información y a informar de las dificultades que tienen para encontrar la información que necesitan. Aquellos que tienen más posibilidades de acceso dicen que tienen más tiempo y capacidad para gestionar la información que necesitan. Sólo una cuarta parte de este grupo (24%) dijo que a veces tenía dificultades para encontrar información. Por el contrario, la mitad (49%) de los que tienen menos posibilidades de acceso afirmaron tener dificultades para encontrar la información que necesitaban.

Estos hallazgos sugieren que la sobrecarga de información puede no ser la forma correcta de enmarcar las ansiedades sobre el volumen de información en la vida de las personas. Por el contrario, la sobrecarga de información es más situacional: situaciones específicas pueden surgir, como cuando las instituciones y organizaciones imponen altas tasas demandas de información a las personas para las transacciones, lo que crea una sensación de carga de información.

Ver además

¿Qué es y cómo se manifiesta la dependencia tecnológica? Planeta Biblioteca 2015/02/11

Redes sociales y Síndrome de Fatiga Informativa

Consumo y dependencia tecnológica: Global Mobile Consumer Survey 2014

The mobile ecosystem: growth and evolution. Insights from the 2014 Global Mobile Consumer Survey, United States edition. Deloitte, 2015

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The Dutch Perspective

Durante los últimos cuatro años Deloitte analiza el estado de la tecnología mundial en medios y telecomunicaciones a través de una encuesta en línea a consumidores en más de 20 países, con aproximadamente 35.000 encuestados – Encuesta Mundial del Consumidor Móvil (GMCS)-. La encuesta la realiza una firma independiente de investigación, y se centra en las opiniones del  comportamiento de los consumidores, tendencias, tecnologías, y servicios con respecto a un amplia gama de productos inalámbricos y móviles. Además de la importancia que supone para conocer la evolución anual y el progreso de hábitos, comportamientos, tendencias e ideas clave: la encuesta también está diseñada para resaltar las diferencias entre los consumidores a través de las brechas generacionales  en seis grupos de edad diferentes. La encuesta de este año además ofrece ideas interesantes,  algunas de ellas esperables, pero otras sorprendentes respecto a los hábitos de consumo tecnológico por edades. En general, el ecosistema móvil sigue mostrando dinamismo y crecimiento, y despierta el entusiasmo de las nuevas generaciones de consumidores, pero también aunque de manera más matizada entre los consumidores adultos.

Estas encuestas se publican de forma separada por países. La encuesta llevada a cabo en USA a 2000 estadounidenses pone de relieve que los consumidores de ese país aman sus dispositivos móviles, y que estos aparatos se han convertido en una parte indispensable de su vida cotidiana. La encuesta de este año tuvo una inmersión más profunda en la dependencia que tienen los consumidores estadounidense de sus dispositivos, y los resultados son sorprendentes. La encuesta preguntó a los consumidores si después de despertarse comprobaban sus teléfonos inteligentes, excluyendo el hecho más habitual de consultar la hora. En general, casi el 40 por ciento mira su teléfono en los cinco primeros minutos después de despertarse. Casi el 75 por ciento comprueban su dispositivo dentro de 30 minutos y casi el 90 por ciento de los consumidores informan que lo hacen en menos de una hora. Entre los más jóvenes (18-24), casi el 95 por ciento comprueba sus teléfonos en la primera hora después de despertar, pero los mayores (65-75) informaron que el 78 por ciento también lo hacían. La encuesta también preguntó a los consumidores por la cantidad de veces que comprueban su teléfono inteligente en un día determinado. Los resultados nuevamente apoyan la tendencia, ya que casi el 10 por ciento de los consumidores mira su teléfono inteligente más de 100 veces al día, casi un cuarto de verificación que lo hacen más de 50 veces al día, y casi la mitad mira su teléfono más de 25 veces al día. Y el 3% lo hacen más de 200 veces al día. En resumen, el móvil es claramente una parte crítica de la vida cotidiana de los consumidores.

Adicciones y nuevas tecnologías de la información y de la comunicación

 

http://farm8.staticflickr.com/7367/11195420253_4e144409ac_m_d.j

Pozo Irribarría, J. d., L. Pérez Gómez, et al.. [e-Book]  Adicciones y nuevas tecnologías de la información y de la comunicación: Perspectivas de su uso para la prevención y el tratamiento. Logroño, Gobierno de La Rioja, Consejería de Salud y Servicios Sociales, 2009

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Esta publicación recoge las ponencias presentadas en el Seminario Internacional “Aplicación de las nuevas tecnologías a la prevención y asistencia en adicciones”,que se desarrolló en el mes de junio de 2008 en Logroño, dentro del marco del proyecto europeo DROJNET. La utilización de las nuevas tecnologías de la comunicación y la información (internet y telefonía móvil) para la información y la prevención de la drogodependencias, es un campo novedoso. Desde hace ya unos años, la comunicación entre los jóvenes viene marcada por la utilización de tecnologías de la información y comunicación. Estos sistemas de comunicación, han tendido una rápida expansión en estos años, hasta en punto que, sin sustituir a la comunicación tradicional, el teléfono móvil y la utilización de páginas Web que crean comunidades virtuales, han adquirido una importancia central en el establecimiento de redes de comunicación que comparten gran cantidad de información y, lo que es más importante, crean nuevas actitudes y creencias compartidas.