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Tchonté Silué: una joven marfileña organiza una biblioteca en su comunidad

 

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Tchonté Silue leyendo a los niños de su comunidad

 

En Costa de Marfil, Tchonté Silué, de 25 años de edad, ha abierto una biblioteca en un barrio popular de Abidján para que los niños desfavorecidos puedan leer…. y mucho más, Tchonté siempre intenta imaginar diversas actividades: lectura, clases de informática, talleres de dibujo, manualidades, salidas al jardín botánico, cine… En 2017, la joven marfileña sólo tenía 23 años cuando creó una biblioteca, llamada Centre Eulis (su apellido al revés) en Yopougon, una comuna desfavorecida de Abidján donde creció. Su objetivo es crear muchos más centros como este en su país y en el resto de África. 

 

 

Hace unos días en un Encuentro celebrado en Casa Áfríca en las Palmas de Gran Canaría, tuve el placer de conocer a Tchonté Silue, una joven marfileña de 25 años apasionada por la lectura, la escritura, los viajes y la educación. Una defensora de la juventud de Unicef de Costa de Marfil y fundadora del Centro Eulis en Yopougon. En 2017, fue reconocida como la mejor bloguera de Costa de Marfil en los Premios E-voir por su blog “Les Chroniques de Tchonte” y en 2018 recibió el Premio Impacto Social en los Premios Adicom por su trabajo en Centre Eulis. El Centre Eulis es un centro educativo que ayuda a los jóvenes marfileños a descubrir el mundo a través de libros, que organiza talleres y excursiones. Tchonte escribe  principalmente en blogs sobre los libros que lee y su apuesta para mejorar la educación en Costa de Marfil a través de Centre Eulis. Tiene una Maestría en Emprendimiento Social de Hult International Business School y una Licenciatura en Finanzas de Georgia State University.

Mientras trabajaba en su maestría, desarrolló interés en la educación. Sus clases eran interactivas, donde los estudiantes trabajaban en proyectos de equipo para proponer soluciones a problemas de su comunidad. Empezó a soñar con un sistema de educación inclusivo e interactivo en Costa de Marfil que crearía generaciones de solucionadores de problemas en lugar de buscadores de empleo. Cuando empezó a trabajar enseñando en su antigua universidad y cobrar algo de dinero creo el Centro Eulis, un espacio educativo destinado a ayudar a los niños a descubrir el mundo a través de libros, excursiones y talleres educativos. El centro se abrió al público en abril de 2017 y actualmente ofrece aproximadamente 1.500 libros.

La biblioteca, que se encuentra en un estudio de diez metros cuadrados, alberga tanto la colección «Barbie» como libros infantiles de autores africanos, o libros extranjeros que permiten a los niños «descubrir otras culturas». El dinosaurio del Kilimanjaro o «El oro azul de los tuaregs» de Donald Grant son muy populares entre los niños. Algunas estanterías están dedicadas a las novelas para adultos, desde Albert Camus hasta Harlan Coben en inglés. El centro cuenta con una decena de voluntarios. Tchoté utiliza las redes sociales para presentar las actividades del centro, sus visitantes curiosos y los eventos que tienen lugar allí, y cuenta la historia del entusiasmo de los jóvenes de Yopougon, que descubren las alegrías de la lectura. En Yopougon, una ciudad de 621.180 habitantes, el Centro Eulis representa, por tanto, un marco ideal para los estudiantes que no tienen a menudo la oportunidad de disfrutar de la lectura, convirtiéndose en una contribución real a la lucha perpetua que muchos Estados africanos están llevando a cabo: dar a los jóvenes ciudadanos la mejor educación posible.

 

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A veces, el Centro Eulis viaja en un carrito lleno de libros para conocer a la gente de Yopougon, niños y adultos por igual. Es una campaña para promover y popularizar la lectura para no dejar a nadie fuera. Y comenta «La educación es el arma más poderosa que se puede usar para cambiar el mundo como decía Nelson Mandela, entonces los libros son los mejores misiles.»

El objetivo del proyecto era para proporcionar un espacio de aprendizaje abierto a la gente de su vecindario. Yopougon es conocido sobre todo por sus bares y otros espacios para beber, pero carece de espacios donde los niños puedan seguir aprendiendo después de la escuela. Según sus propias palabras  «Quiero que Centre Eulis sea ese lugar donde les guste estar y aprender».  Para ello contó con el apoyo de otras personas, su padre le facilitó el local, y a través de su labor en medios sociales pidió ayuda a través de redes a otras personas y organizaciones para conseguir los libros. El principal desafío fue conseguir que la gente aprovechara realmente los recursos y leyera. Así que decidió centrarse en los alumnos de las escuelas primarias y secundarias de la zona, y empezó a organizar sesiones de lectura en la calle para promocionar la biblioteca. también organiza salidas al cine y a museos para sacar a los niños de su entorno y aprender cosas nuevas. «Es increíble ver a los niños invitar a sus amigos, hermanos y hermanas a leer en la biblioteca. Creo que las generaciones más jóvenes necesitan adquirir habilidades de pensamiento crítico y amor por el aprendizaje. En un mundo que siempre está cambiando, sentarse en clase y asistir a clases no es suficiente. Necesitan salir a buscar información adicional y adaptarse a cada situación. También tenemos que animarles a que sean promotores del cambio en sus comunidades. Tenemos que estimular su curiosidad y ayudarles a tener una mente abierta» comenta Tchonté. Su objetivo es tener un centro como Eulis en cada lugar de su país y posteriormente extender el proyecto a toda África. El 23 de junio de 2017, Tchonté recibió el premio Lili Women Creative Award por su compromiso con la educación del Centro Eulis.

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Tchonté Silué y Julio Alonso Arévalo en Casa África

Cazadores de información: cuando bibliotecarios, soldados y espías se unieron en Europa en la Segunda Guerra Mundial

 

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Peis Kathy. Information Hunters: when Librarians, Soldiers, and Spies Banded Together in World War II Europe. Oxford: Oxford University Press, 2019

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Si bien los ejércitos se han apoderado de los registros enemigos y textos raros como botín a lo largo de la historia, fue solo durante la Segunda Guerra Mundial que un grupo poco probable de bibliotecarios, archiveros y académicos viajaron al extranjero para recolectar libros y documentos para ayudar a la causa militar. Estimulados por los acontecimientos de la guerra para adquirir y preservar la palabra escrita, así como para proporcionar información crítica con fines de inteligencia, estos civiles estadounidenses emprendieron misiones para recopilar publicaciones e información extranjeras en toda Europa. Viajaron a ciudades neutrales en busca de textos enemigos, siguieron un paso detrás de los ejércitos que avanzaban para capturar registros y confiscaron obras nazis de librerías y escuelas. Cuando terminó la guerra, encontraron colecciones saqueadas escondidas en bodegas y cuevas. Su misión era documentar, explotar, preservar y restituir estas obras.

En este relato fascinante, la historiadora cultural Kathy Peiss revela cómo la recolección de libros y documentos se convirtió en parte del nuevo aparato de inteligencia y seguridad nacional, planificación militar y reconstrucción de posguerra. Centrándose en los estadounidenses que llevaron a cabo estas misiones, muestra cómo tomaron decisiones sobre el terreno para adquirir fuentes que serían útiles en la zona de guerra, como en el frente interno.

Estas misiones de recolección también impulsaron las ambiciones de posguerra de las bibliotecas de investigación estadounidenses, ofreciéndoles la oportunidad de convertirse en grandes depósitos internacionales de informes científicos, literatura y fuentes históricas. Su trabajo en tiempos de guerra no solo tuvo implicaciones duraderas para las instituciones académicas, la formulación de políticas exteriores y la seguridad nacional, sino que también condujo al desarrollo de las herramientas esenciales de ciencia de la información de hoy.

Las publicaciones se remontan a las décadas de 1930 y 1940, algunas incluso antes. Escritos en muchos idiomas, incluyen todo, desde documentos del gobierno y periódicos hasta panfletos clandestinos y ficción barata. Después de la Segunda Guerra Mundial, dos millones de libros y publicaciones periódicas extranjeras llegaron a la Biblioteca del Congreso y a las principales bibliotecas de investigación estadounidenses. Otros 160.000 volúmenes saqueados de judíos europeos se dirigieron a seminarios judíos y otros depósitos en Estados Unidos. Miles de carretes de microfilm llenos de publicaciones periódicas enemigas y otros materiales, una vez estudiados ávidamente por funcionarios del gobierno de Estados Unidos, están ahora dispersos, sin catalogar, e incluso en subasta en Internet. Rara vez los catálogos de las bibliotecas ofrecen a los lectores una manera de descubrir los orígenes de estas obras. Sólo un sello, un librero, una etiqueta o una anotación escrita a mano aluden a sus viajes. Estos son los vestigios de un esfuerzo estadounidense sin precedentes para adquirir publicaciones e información extranjeras durante la Segunda Guerra Mundial y en el período inmediatamente posterior.

Al inicio de este conflicto devastador, nadie podía prever que el coleccionismo de libros -el dominio de los bibliógrafos y los bibliófilos- se convertiría en un compromiso gubernamental. Al final, las habilidades, la experiencia y las aspiraciones de los bibliotecarios y coleccionistas se alinearon con los objetivos militares y políticos estadounidenses. Los participantes llevaban consigo un fuerte compromiso de ganar la guerra, sentían repugnancia contra el régimen nazi y compartían la confianza de que Estados Unidos rescataría la civilización en peligro. Sin embargo, en la base de este sentido de propósito nacional se encontraban preguntas incómodas sobre la ética de la adquisición, los derechos de los vencedores, la relación entre la lectura y la libertad, y la justicia de la restitución.

¿Por qué el coleccionismo llegó a ser tan importante en la lucha americana de la Segunda Guerra Mundial? La respuesta está en la naturaleza misma de los libros y de los textos impresos, y en el carácter particular de la guerra. Los libros sirven a los lectores de muchas maneras diferentes: como fuentes de información útil, como formas de comunicación y como manifestaciones materiales del conocimiento y la tradición cultural. En una guerra total, estos atributos generales se convirtieron en terrenos de batalla. Para luchar contra el enemigo se requería la movilización de conocimientos, lo que produjo un compromiso arrollador con la recopilación de inteligencia, incluida la inteligencia de «código abierto» recogida en las publicaciones. También exigía confrontaciones ideológicas que contrastaban fuertemente la libertad y el fascismo; los libros alemanes y otros medios de comunicación eran vistos como portadores de propaganda nazi que debían ser eliminados. El asalto de la guerra moderna a la vida civil también provocó una nueva atención a la preservación de libros y otros materiales culturales.

La idea de que las fuentes abiertas proporcionarían la información necesaria para ganar la guerra era una idea fascinante, no necesariamente evidente. A diferencia de la interceptación y el análisis de mensajes codificados (inteligencia de señales), las publicaciones estaban abiertamente disponibles y a menudo no eran oportunas. Sin embargo, en el transcurso de la guerra, las publicaciones se transmutaron en información valiosa -indicada, irónicamente, por el hecho de que se convirtieron en información clasificada-, fueron retiradas del acceso público y a menudo permanecieron en secreto mucho tiempo después de terminada la guerra. En el proceso, bibliotecarios y académicos se convirtieron en improbables agentes de inteligencia, que aplicaron sus conocimientos profesionales a la guerra clandestina y al gran esfuerzo por derrotar al Eje.

“Este libro surgió de un descubrimiento casual durante un homenaje en línea a un tío que nunca conocí. Reuben Peiss había sido bibliotecario en Harvard cuando comenzó la Segunda Guerra Mundial, y como muchos fue reclutado en la Oficina de Servicios Estratégicos, la primera agencia de inteligencia de la nación. Como agente de campo con sede en Lisboa y Berna, desarrolló una red de libreros y particulares para adquirir publicaciones oportunas para el análisis de inteligencia. Cuando los Aliados entraron en Alemania, trabajó con equipos de recolección de documentos para descubrir registros de crímenes de guerra, alijos de propaganda nazi y colecciones de libros enterrados en cuevas y minas. Después de la guerra, dirigió una misión en el extranjero de la Biblioteca del Congreso para adquirir obras publicadas en la Alemania de la época de la guerra y en los países ocupados para las bibliotecas de investigación estadounidenses. Cuando regresó, trabajó en el Departamento de Estado y enseñó en la escuela de la biblioteca de la Universidad de California, Berkeley. Plagado de enfermedades crónicas, vivió una corta vida, muriendo en 1952 a la edad de cuarenta años.”

El espacio del saber

 

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Espacio en el que se halla depositado el preciado bien del saber y que, por ello mismo, encierra una prolija simbología en la que asoman conceptos como la concepción del mundo, el aliento creativo del universo o la infinitud […]. Se cuenta que tras la caída del imperio de Alejandro, Ptolomeo I fundó su poderoso reino en el valle del Nilo y se afanó en lograr para la nueva capital, Alejandría, la hegemonía política, económica y cultural. Él y sobre todo su hijo Ptolomeo II, se rodearon de una corte de sabios griegos y les ofrecieron una desahogada posición como miembros de una academia radicada en el nuevo templo de las Musas, el Museion (que debe su nombre a la célebre escuela peripatética de Atenas  fundada por Aristóteles). El Museion estaba dedicado a la enseñanza y a la investigación y la gran biblioteca formada allí a lo largo del siglo III A. de C. era sumamente completa y comprendía también traducciones de las literaturas egipcia y babilonia. Esta biblioteca contenía la mayor de las dos colecciones que comprendía la biblioteca de Alejandría, la más vasta y esplendorosa del mundo antiguo; la segunda, más reducida, se hallaba adscrita al templo de la divinidad oficial Serapis y se llamaba Serapeion. La finalidad principal de la biblioteca de Alejandría era la recopilación total de la literatura griega en las mejoras copias posibles […]. No se conoce con seguridad el tamaño de la biblioteca de Alejandría, pero se cree que la colección principal alcanzó los 700 000 rollos, y la menor, los 45 000 (Albert de Paco, 2003: 193-195).

Albert de Paco, José María (2003). Diccionario de símbolos. Barcelona
España: Editorial Óptima

 

 

Malaquías defendía la biblioteca como un perro guardián

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«Roberto tenía un ayudante que luego murió, y su puesto pasó a Malaquías, que aún era muy joven. Muchos dijeron que no tenía mérito alguno, que decía saber el griego y el árabe, y que no era cierto, que no era más que un buen repetidor que copiaba con bella caligrafía los manuscritos escritos en esas lenguas, pero sin comprender lo que copiaba. Se decía que un bibliotecario tenía que ser mucho más culto. Alinardo, que por aquel entonces aún era un hombre lleno de fuerza, dijo cosas durísimas sobre aquel nombramiento. E insinuó que Malaquías había sido designado en aquel puesto para hacerle el juego a su enemigo. Pero no comprendí de quién hablaba. Eso es todo. Siempre se ha murmurado que Malaquías defendía la biblioteca como un perro de guardia, pero sin saber bien qué estaba custodiando. Por otra parte, también se murmuró mucho contra Berengario, cuando Malaquías lo escogió como ayudante. Se decía que tampoco él era más hábil que su maestro, y que sólo era un intrigante. También se dijo. . pero ya habrás escuchado esas murmuraciones. . . que existía una extraña relación entre Malaquías y él. . . Cosas viejas.

Bencio es joven. Fue nombrado ayudante cuando Malaquías todavía estaba vivo. Una cosa es ser ayudante del bibliotecario y otra bibliotecario. Según la tradición, el bibliotecario ocupa después el cargo de Abad. . . -¡Ah, es así!… Por eso el cargo de bibliotecario es tan ambicionado. «

Humberto Eco. El nombre de la rosa

 

 

La biblioteca imaginaria

 

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Hay un libro que habla solo,
un libro que nadie ha escrito,
un libro con un espejo
y, dentro, un libro distinto.

Hay un libro de aventuras
donde nunca pasa nada,
un libro que inventa cuentos
con una sola palabra.

Hay un libro que se abre
con la llave de un castillo,
un libro para perderse
en medio de un laberinto.

Hay un libro donde el viento
arrastra todas las letras,
un libro con un camino
por donde nadie regresa.

Libros que lo dicen todo
y libros que se lo callan,
libros donde el mar va y viene
sin salirse de la página.

Juan C. Martín Ramos, “La biblioteca imaginaria”

Allí donde se queman los libros, se acaba quemando personas»

 

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«Allí donde se queman los libros, se acaba quemando personas»

Heinrich Heine, poeta y ensayista alemán del siglo XIX.

 

Christian Johann Heinrich Heine es considerado uno de los poetas románticos alemanes más importantes. Nacido en una familia de judíos alemanes asimilados en 1797, el padre de Heine era comerciante y la madre hija de un médico. Después de que el negocio de su padre fracasara, Heine fue enviado a Hamburgo para dedicarse a los negocios, pero pronto se dedicó al derecho. En ese momento, se prohibió a los judíos el acceso a ciertas profesiones, una de las cuales era la docencia universitaria, una profesión a la que Heine se sentía atraído. Se licenció en Derecho en 1825 y se convirtió del judaísmo al protestantismo el mismo año – más tarde describió su conversión como «el billete de admisión a la cultura europea», y pasó gran parte de su vida luchando con los elementos incompatibles de sus identidades alemana y judía.

En 1835, las autoridades alemanas prohibieron su trabajo y el de otros asociados con el movimiento progresista de la joven Alemania; pero Heine continuó comentando sobre la política y la sociedad alemana por el resto de su vida desde su exilio en Francia, regresando a Alemania sólo una vez en secreto.

En 1933, los ejemplares de los libros de Heine estaban entre los muchos que se quemaban en la Opernplatz de Berlín. Para conmemorar el evento, una de las líneas más famosas de la obra de Heine de 1821 Almansor está ahora grabada en el sitio: «Dort, wo man Bücher verbrennt, verbrennt man am Ende auch Menschen.» («Donde queman libros, al final también quemarán a los seres humanos»). En la obra, se hace referencia a la quema del Corán durante la Inquisición española en un esfuerzo por erradicar a los árabes de la Península Ibérica, que había sido un importante centro de la cultura islámica medieval. Más sobre  ,

De:

Julio Alonso Arevalo. Los libros, la lectura y los lectores a través de la literatura y las artes. Buenos Aires : Alfagrama Ediciones, 2019

Disponible en España en Canoa Libros

 

A menudo descuidamos nuestras bibliotecas

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«Con demasiada frecuencia damos por sentado y descuidamos nuestras bibliotecas, parques, mercados, escuelas, patios de recreo, jardines y espacios comunes, pero décadas de investigación demuestran ahora que estos lugares pueden tener un efecto extraordinario en nuestro bienestar personal y colectivo. Por qué? Porque dondequiera que la gente se cruza y se detiene, dondequiera que nos reunimos informalmente, donde entablamos una conversación y nos conocemos unos a otros, las relaciones florecen y surgen comunidades, y donde las comunidades son fuertes, las personas son más seguras y saludables, la delincuencia disminuye y el comercio prospera, y la paz, la tolerancia y la estabilidad arraigan. Diseñar y mantener adecuadamente esta «infraestructura social» puede ser nuestra mejor estrategia para una sociedad más igualitaria y unida.»

Eric Klinenberg. «Palaces for people»

Según Global News de Canadá, «Todos vivimos en una burbuja.» La BBC advierte que la «segregación de clases» está «en aumento» en Inglaterra. Hoy Online informa que «India está retrocediendo en el ranking de felicidad debido principalmente al abismal capital social y a la falta de confianza interpersonal». La desconfianza y el miedo derivados de la extrema desigualdad han alimentado un pico en las comunidades cerradas y la seguridad privada armada en toda América Latina. Associated Press informa que «los guardias privados superan en número a los policías públicos» por cuatro a uno en Brasil, cinco a uno en Guatemala, y casi siete a uno en Honduras. Foreign Policy señala que en China, «la estratificación ha surgido en una sociedad que hasta ahora había intentado erradicar el concepto mismo…..». La clase social está cada vez más arraigada, las oportunidades de ascenso son cada vez más limitadas». Incluso Internet, que debía ofrecer una diversidad cultural y una comunicación democrática sin precedentes, se ha convertido en una cámara de eco en la que la gente ve y escucha lo que ya cree.

En los Estados Unidos, la elección presidencial de 2016 fue un ejemplo especialmente preocupante de polarización política, y la larga campaña puso al descubierto abismos sociales mucho más profundos de lo que incluso los expertos más preocupados habían reconocido. El lenguaje de los estados rojos y azules parece demasiado débil para describir a America. Las oposiciones no son meramente ideológicas, y las divisiones son más profundas que Trump vs. Clinton, Black Lives Matter vs. Blue Lives Matter, Save the Planet vs. Drill, Baby, Drill. En todo Estados Unidos, la gente se queja de que sus comunidades se sienten más débiles, de que pasan más tiempo con sus dispositivos y menos tiempo juntos, de que las escuelas, los equipos deportivos y los lugares de trabajo se han vuelto insoportablemente competitivos, de que la inseguridad es galopante, de que el futuro es incierto y en algunos lugares sombrío. La preocupación por el declive de las comunidades es un rasgo distintivo de las sociedades modernas y un tropiezo entre los intelectuales públicos. Aunque he escrito extensamente sobre el aislamiento social, durante mucho tiempo he sido escéptico de las afirmaciones de que estamos más solos y más desconectados de lo que estábamos en otras épocas.

En los Estados Unidos, como en otras partes del mundo, el orden social ahora se siente precario. Los líderes autoritarios amenazan con deshacer sistemas democráticos arraigados. Las naciones rompen con las alianzas políticas. Las noticias por cable le dicen a sus televidentes sólo lo que quieren oír. Estas fisuras se expanden en un momento inoportuno. Estados Unidos, como la mayoría de los países desarrollados, enfrenta profundos desafíos -incluidos el cambio climático, el envejecimiento de la población, la desigualdad y las explosivas divisiones étnicas- que sólo podremos abordar si establecemos vínculos más fuertes entre nosotros y desarrollamos también algunos intereses compartidos. Después de todo, en una sociedad profundamente dividida, cada grupo se defiende por encima de todos los demás: Los ricos pueden hacer contribuciones filantrópicas, pero sus propios intereses son primordiales. Los jóvenes descuidan a los viejos. Las industrias contaminan sin tener en cuenta a los que están a favor del viento o río abajo.

Pocos parecen contentos con estas divisiones, ni siquiera los ganadores. Durante gran parte del siglo XX, los líderes empresariales y las familias adineradas creyeron que ellos también se beneficiarían de un pacto social con los obreros y los profesionales de clase media; después de la Depresión, incluso apoyaron la vivienda y el seguro de desempleo para los pobres. El sistema que Estados Unidos creó difícilmente fue perfecto, y programas sociales enteros (para la vivienda, la salud y la educación, entre otros) dijeron que beneficiaban al «público», en realidad excluían a los afroestadounidenses y latinos, que fueron relegados por la fuerza a mundos sociales separados. Pero al compartir la riqueza, invertir en infraestructura vital y promover una visión cada vez más amplia del bien común, la nación logró niveles sin precedentes no sólo de estabilidad social sino también de seguridad social.

¿Qué se considera infraestructura social? Lo defino en términos de capacidad. Las instituciones públicas, como las bibliotecas, las escuelas, los patios de recreo, los parques, los campos de deportes y las piscinas, son partes vitales de la infraestructura social. También lo son las aceras, los patios, los jardines comunitarios y otros espacios verdes que invitan a la gente a entrar en la esfera pública. Las organizaciones comunitarias, incluidas las iglesias y las asociaciones cívicas, actúan como infraestructuras sociales cuando tienen un espacio físico establecido donde la gente puede reunirse, al igual que los mercados de alimentos.

Algunos lugares, como bibliotecas, asociaciones juveniles y escuelas, proporcionan espacio para la interacción recurrente, a menudo programada, y tienden a fomentar relaciones más duraderas. Otros, como los patios de recreo y los mercados callejeros, tienden a apoyar conexiones más flojas, pero por supuesto estos vínculos pueden, y a veces lo hacen, volverse más sustanciales si las interacciones se vuelven más frecuentes o si las partes establecen un vínculo más profundo. Incontables amistades cercanas entre las madres, y luego familias enteras, comienzan porque dos niños pequeños visitan el mismo columpio. Los chicos que juegan al baloncesto en las canchas de los barrios a menudo se hacen amigos de personas con diferentes preferencias políticas, o con un estatus étnico, religioso o de clase diferente, y terminan expuestos a ideas que probablemente no encontrarían fuera de la cancha.

A medida que exploramos estos desafíos globales, veremos que en todos los casos la infraestructura social es tan importante como las redes críticas a las que siempre hemos dado prioridad, y que cada una depende de la otra en formas que aún no hemos apreciado plenamente. Mi argumento no es que la infraestructura social sea más importe que la infraestructura «dura» convencional, ni que la inversión en infraestructura social sea suficiente para resolver los problemas subyacentes de desigualdad económica y degradación ambiental que hacen que este momento sea tan peligroso. Es que construir nueva infraestructura social es tan urgente como reparar nuestros diques, aeropuertos y puentes. A menudo, como veremos, podemos fortalecer ambos simultáneamente, construyendo sistemas de línea de vida que también lo son, por tomar prestada la frase que Andrew Carnegie usó para describir las cerca de doscientas veintiocho grandes bibliotecas que construyó en todo el mundo, «palacios para la gente» Pero primero tenemos que reconocer la oportunidad.

El incendio de la biblioteca, el incendio de un sueño

 

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El 29 de abril de 1986 se incendió el depósito de la Biblioteca Pública de Los Ángeles, la tercera más grande de Estados Unidos.

El incendio de un sueño

Charles Bukowski

la vieja Biblioteca Pública de Los Ángeles
ha sido destruída por las llamas.
aquella biblioteca del centro.
con ella se fue
gran parte de mi
juventud.

yo era un lector
entonces
que iba de una sala a
otra: literatura, filosofía,
religión, incluso medicina
y geología.

muy pronto
decidí ser escritor,
pensaba que sería la salida
más fácil
y los grandes novelistas no me parecían
demasiado difíciles.

tenía más problemas con
Hegel y con Kant.

lo que más me fastidiaba
de todos ellos
es que
les llevara tanto
lograr decir algo
lúcido y/o
interesante.
yo creía
que en eso
los sobrepasaba a todos
entonces.

descubrí dos cosas:
a) que la mayoría de los editores creía que
todo lo que era aburrido
era profundo.
b)que yo pasaría décadas enteras
viviendo y escribiendo
antes de poder
plasmar
una frase que
se aproximara un poco
a lo que quería
decir.

la vieja Biblioteca de Los Ángeles
seguía siendo
mi hogar
y el hogar de muchos otros
vagabundos.
discretamente utilizábamos los
aseos
y a los únicos que
echaban de allí
era a los que
se quedaban dormidos en las
mesas
de la bilioteca; nadie ronca como un
vagabundo
a menos que sea alguien con quién estás
casado.

bueno, yo no era realmente un
vagabundo, yo tenía tarjeta de la biblioteca
y sacaba y devolvía
libros,
montones de libros,
siempre hasta el límite de lo permitido:
Aldous Huxley, D.H. Lawrence,
e.e. cummings, Conrad Aiken, Fiódor
Dos, Dos Passos, Túrgenev, Gorki,
H.D., Freddie Nietzsche,
Schopenhauer,
Steinbeck,
Hemingway,
etc.

siempre esperaba que la bibliotecaria
me dijera: «qué buen gusto tiene usted,
joven».

pero la vieja
puta
ni siquiera sabía
quién era ella,
cómo iba a saber
quién era yo.

James Thurber
John Fante
Rabelais
de Maupassant

algunos no me
decían nada: Shakespeare, G.B. Shaw,
Tolstoi, Robert Frost, F. Scott
Fitzgerald
y consideraba a Gogol y a
Dreiser tontos
de remate.

la vieja biblioteca de Los Ángeles
muy probablemente evitó
que me convirtiera en un
suicida,
un ladrón
de bancos,
un tipo
que pega a su mujer,
un carnicero
o un motorista de la policía.
y, aunque reconozco que
puede que alguno sea estupendo,
gracias
a mi buena suerte
y al camino que tenía que recorrer,
aquella bilioteca estaba
allí cuando yo era
joven y buscaba
algo
a lo que aferrarme
y no parecía que hubiera
mucho.

Presentación del libro «Los libros, la lectura y los lectores a través de la literatura y las artes». Planeta Biblioteca 2019/11/04

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Presentación del libro «Los libros, la lectura y los lectores a través de la literatura y las artes».

Planeta Biblioteca 2019/11/04

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Julio Alonso Arevalo. Los libros, la lectura y los lectores a través de la literatura y las artes. Buenos Aires : Alfagrama Ediciones, 2019

Disponible en España en Canoa Libros

Presentación del libro  “Los libros, la lectura y los lectores a través de la literatura y las artes” publicado por Alfagrama, un libro sobre libros para cualquiera que ama los libros. Es más que un libro, son miles de libros, los que hemos leído, los que nos dejaron un sabor dulce, y a los que una vez terminados les pasamos la mano por la cubierta antes de volver a colocarlos en la estantería como si fuera un acto de amor. Como tantos compañeros de esta profesión, humilde y maravillosa, amamos lo que hacemos, y nos encanta pensar en lo que hacemos, cuando vamos a un sitio, uno de nuestros pasatiempos favoritos es ir a visitar bibliotecas, otro es recoger citas y escritos sobre el libro, la lectura, los lectores y las bibliotecas. Es bien cierto que aquí, en estas dos centenas de páginas, no cabe todo lo que se ha escrito sobre el tema, pero si están las que más profundamente nos han llegado.

En la próxima entrega, -si la editorial Alfagrama tiene a bien- la segunda parte del libro, el dedicado a los bibliotecarios, a los libreros y a los editores-. Un mundo en el que los profesionales del libro nos hemos visto reflejados, a veces más, y casi siempre menos acertadamente, pero es la imagen que proyectamos, a veces en los estereotipos que muy a menudo con cierto humor nosotros mismos reforzamos. Así nos ven, y así lo refleja la literatura. Porque alguien dijo en una ocasión que los libros no son la vida, pero son lo que más se le parece.