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La verdad no está en los libros

 

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«La verdad no está en los libros sino en la piel, en las miradas, en las ramas de los árboles, en los puentes sobre el río neblinoso y en las amadas palabras cotidianas. La amistad se fue cocinando mediante una infinidad de gestos de extrema delicadeza y con una mutua actitud de ternura vigilante.»

 

Carta de Julio Cortazar a Alejandra Pizarnik París, 9 de septiembre de 1971

 

Alejandra y Julio se conocieron tal vez en Pont des Arts, una mañana, casi por accidente. Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos.

Casi no hablaron. Pero se enamoraron con esa mezcla de asombro y distancia que suele unir a los amigos. Alejandra estaba sola y se sentía sola; había viajado a Europa luego de atravesar por un cúmulo de frustraciones. Muy pronto se hicieron evidentes, entre ellos, grandes y sutiles afinidades.

El último lector

 

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El último lector

Ricardo Piglia

 

«Sólo vemos una vez a don Quijote leer libros de caballería y es cuando hojea el falso Quijote de Avellaneda, donde se cuentan las aventuras que él nunca ha vivido: precisamente en el momento en que la novela pone en escena su capacidad de absorber el mundo para ficcionalizarlo todo. Tenemos las fotos en que Borges intenta descifrar las letras de un libro que sostiene casi pegado a su cara; la de Joyce, un ojo tapado con un parche, leyendo con una lupa de gran aumento. Y hay una instantánea en la que el Che Guevara, trepado a una rama en plena selva boliviana, se concentra en la lectura, y tenemos también a Hamlet apareciendo por primera vez en escena con un libro en la mano. Y a Anna Karenina, a Madame Bovary; a esos lectores tan locos, geniales e inadecuados como Hamlet y Alonso Quijano que son Bouvard y Pécuchet. ¿Qué significan estas escenas de lectura, escenas secundarias y casi irrelevantes para las tramas novelescas, pero en las que asoma su sistema secreto? Piglia vuelve a mostrar que es uno de los grandes maestros en la construcción de itinerarios insólitos para leer la literatura contemporánea, en un libro extraordinario que, en palabras del autor, es «el más personal y el más íntimo de todos los que he escrito».

 

  Fragmento

«Varias veces me hablaron del hombre que en una casa del barrio de Flores esconde la réplica de una ciudad en la que trabaja desde hace años. La ha construido con materiales mínimos y en una escala tan reducida que podemos verla de una sola vez, próxima y múltiple y como distante en la suave claridad del alba.

Siempre está lejos la ciudad y esa sensación de lejanía desde tan cerca es inolvidable. Se ven los edificios y las plazas y las avenidas y se ve el suburbio que declina hacia el oeste hasta perderse en el campo.

No es un mapa, ni una maqueta, es una máquina sinóptica; toda la ciudad está ahí, concentrada en sí misma, reducida a su esencia. La ciudad es Buenos Aires pero modificada y alterada por la locura y la visión microscópica del constructor.

El hombre dice llamarse Russell y es fotógrafo, o se gana la vida como fotógrafo, y tiene su laboratorio en la calle Bacacay y pasa meses sin salir de su casa reconstruyendo periódicamente los barrios del sur que la crecida del río arrasa y hunde cada vez que llega el otoño.

Russell cree que la ciudad real depende de su réplica y por eso está loco. Mejor dicho, por eso no es un simple fotógrafo. Ha alterado las relaciones de representación, de modo que la ciudad real es la que esconde en su casa y la otra es solo un espejismo o un recuerdo.

La planta sigue el trazado de la ciudad geométrica imaginada por Juan de Garay cuando fundó Buenos Aires con las ampliaciones y las modificaciones que la historia le ha impuesto a la remota estructura rectangular. Entre las barrancas que se ven desde el río y los altos edificios que forman una muralla en la frontera norte persisten los rastros del viejo Buenos Aires, con sus tranquilos barrios arbolados y sus potreros de pasto seco.»

 

Bibliotecas digitales indexadas: humanos encontrando a otros humanos

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“En Radical Tactics of the Offline Library, Henry Warwick reflexiona sobre el auge de las bibliotecas personales portátiles. Debido a la dramática caída en los precios de los dispositivos de almacenamiento de datos para consumidores, ahora podemos almacenar 10 mil libros en una memoria USB flash de 30 euros, o pasarnos discos duros de alrededor de 120 euros que contienen 800 películas. Bibliotecas universitarias completas pueden caber en una memoria de 3 terabytes. El mundo en línea se ha convertido en una trampa precaria debido a los regímenes draconianos de los derechos de autor que se diseñaron anteriormente y como reacción contra la ubicuidad que proporciona lo digital. Henry Warwick concluye:

“Resistiendo las precariedades de la red y las usurpaciones del estado de seguridad, en un reverso de las prácticas más antiguas, basadas en la replicación de sustratos de conocimiento, la Biblioteca Personal Portátil nos impulsa hacia un futuro más allá de la avaricia sociopática de los regímenes Propietarios. Poseer y administrar una Biblioteca Personal Portátil es más que solo una buena práctica de investigación: es una táctica radical de resistencia contra el feudalismo informacional, una estrategia para desmantelar la teoría propietaria y un acto que ennoblece el hecho de compartir los frutos de la cultura con todos, para el bien de todo.”

Después de todo el término “biblioteca” podría ser preferible a la noción sobreteorizada del archivo, que hasta hace poco se asociaba principalmente con los archivos controlados por el Estado-nación. En un momento en que el tamaño de almacenamiento (ahora medido en terabytes) y el acceso ya no es importante, lo único que importa a los usuarios es la configuración social. Pronto las bibliotecas digitales indexadas, conectadas a redes WiFi offline o meshnets, serán centros sociales donde sus miembros vertirán sus necesidades informativas, combinadas con el irresistible plus de humanos encontrando a otros humanos a través de clubes de lectura, redes organizadas, reuniones, fiestas LAN, cafés, salones de estudiantes y otros foros híbridos. Cuando múltiples valores patrimoniales de medios, libros e información se pueden almacenar y compartir fácilmente con tecnología de consumo barata, ¿cómo se desarrollarán las políticas y poéticas de nuestras bibliotecas digitales cuando diseñemos la próxima generación de bibliotecas públicas?”

 

Geert Lovink “El abismo de las redes sociales Culturas críticas de internet y la fuerza de la negación”.Editorial Diecisiete Insitute of Network Culture, 2018

Texto completo

 

 

La historia de Jennifer. Historias de amor reales en bibliotecas

 

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«Jennifer’s Story».  de: Madeleine Lefebvre. “The Romance of Libraries”.  New York:  Scarecrow Press, 2019

En septiembre de 1989, estaba en mi año de graduación en San Francisco Javier. Como en la mayoría de las universidades, ir a la biblioteca era el deporte de moda. Chicas vestidos para ir allí, como si fueran a salir de fiesta o a un club. Pero ahí no es donde conocí a Brad. No, lo vi en el campo de rugby y en la actual sala de lectura de publicaciones periódicas. Estaba leyendo vorazmente un montón de periódicos y revistas, la mayoría no relevantes para su campo de estudio. Pronto empezamos a salir y nos encontrábamos a menudo delante del biblioteca después de las clases, tomabamos direcciones opuestas para poder estudiar y luego nos reunimos cuando cerraba la biblioteca para volver a casa.

Después de la graduación nos mudamos a Halifax. Empecé a trabajar en el Killam Library (en la Universidad de Dalhousie) como catalogadora. Brad trabajaba en un club nocturno muy concurrido y por eso nuestros horarios opuestos no nos permitían mucho tiempo juntos. Pero todos los días Brad me esperaba con una sonrisa en la cara, -por supuesto-, en la sala de lectura de la biblioteca.

Nos casamos en 1995 y emigramos al norte de Maine, para que Brad pudiera completar sus estudios de grado. Ahora los papeles se invirtieron y soy yo quien esperó a Brad en la biblioteca, llenaba mis días leyendo, haciendo de voluntaria en la búsqueda bases de datos, y ayudando a Brud con su investigación. En 2004, las cosas son muy diferentes de nuevo. Soy bibliotecaria en la Universidad de Acadia y Brad es profesor, pero no nos encontrarás a ninguno de los dos dando vueltas por la biblioteca de la universidad en nuestro tiempo libre. Ahora asistimos a Tiny Tales y no estamos leyendo tantos artículos de revistas, sino que estamos leyendonos en voz alta «The Critter», Robert Munsch, y «Captain Underpants».

 

Cualquiera puede ser bibliotecario

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“Siempre que haya libros para ser compartidos, catalogados meticulosamente, cualquiera puede ser bibliotecario. Cuando cualquiera puede ser bibliotecario, la biblioteca está en todas partes” ”

Marcell Mars.

Marcell Mars (Nenad Romić) es investigador cultural, artista y hacker. Es uno de los fundadores del repositorio abierto sobre conocimiento compartido Public Library

 

Construir una biblioteca

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“La adquisición de libros no es de ninguna manera una cuestión de dinero o de conocimiento experto solamente. Ni siquiera ambos factores juntos son suficientes para establecer una verdadera biblioteca, que siempre es algo impenetrable y al mismo tiempo única en sí misma. Porque, ¿qué es esta colección sino un desorden al que el hábito se ha acomodado hasta tal punto que puede aparecer como un orden? Todos vosotros habéis oído hablar de personas a las que la pérdida de sus libros ha convertido en inválidas, o de aquellos que para adquirirlos se han convertido en criminales. La propiedad es la relación más íntima que uno puede tener con los objetos».

 

Walter Benjamin

Sobre la piratería digital

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“Compartir no es inmoral, es un imperativo moral. Sólo aquellos cegados por la codicia se negarían a dejar que un amigo haga una copia.”

Aaron Swartz (2008)

 

Hoy en día, un disco duro  de 1 TB puede contener más texto del que un ser humano podría leer en una sola vida, ya que cabrían aproximadamente 500.000.000 de páginas. Si uno vive hasta los ochenta años, tendría que leer unos siete libros al día, desde que nace hasta que muere para llegar a esa cifra. Una pequeña biblioteca local de 10.000 libros podría caber en una unidad de disco duro de 64 GB del tamaño de un paquete de chicles y valer en torno a los 40 dólares. La colección de libros más grande del mundo es la Library of Congress de Estados Unidos, que contiene 35 millones de libros, que en formato PDF ocuparían 174 TB.

A través del intercambio de archivos a través de sistemas sin conexión, y la copia e intercambio de estos sistemas sin conexión, un nuevo dispositivo ha llegado a la vanguardia: la Biblioteca Personal Portátil. Debido a que se centra en el intercambio de libros electrónicos, la Biblioteca Personal Portátil no sólo se refiere a Sneakernet, sino a la función clave que las bibliotecas tuvieron durante miles de años antes de la invención de la imprenta: Las bibliotecas fueron centros de copia de datos. Las bibliotecas como almacenes donde se almacenan los libros son un fenómeno relativamente reciente. Una Biblioteca Personal Portátil lleva la noción contemporánea de almacenar el conocimiento al disco duro y se alimenta de su propia historia. La biblioteca como almacén es ahora una copia, pero mientras que los pergaminos o códices de hace siglos tardaban años en copiarse hoy en día, muchos miles de libros pueden copiarse en minutos.

Los ordenadores, por su naturaleza, copian. Al escribir esta línea, la computadora ha copiado el texto varias veces en una variedad de registros de memoria. Toco un botón para escribir una letra, esto libera un voltaje que luego se traduce en valor digital, que luego se copia en un búfer de memoria y se envía a otra parte de la computadora, se copia nuevamente en la RAM y se envía a la tarjeta gráfica donde se copia nuevamente, y así sucesivamente. Todo el funcionamiento de un ordenador se basa en la copia de datos: la copia es una de las características más esenciales de la informática. Uno de los hechos ontológicos del almacenamiento digital es que no hay diferencia entre un programa de ordenador, un vídeo, una canción en mp3 o un libro electrónico. Todos ellos están compuestos por un voltaje representado por unos y ceros. Por lo tanto, todos están sujetos al mismo hecho electrónico: existen para ser copiados y sólo pueden existir como copias.

Los argumentos son desaconsejables y deben ser abordados: Las personas que han compartido archivos fuera de las regulaciones de los derechos de autor han sido llamadas ‘piratas’ durante siglos. Y fueron las fuerzas del capital y de la propiedad las que aplicaron este nombre como un epíteto. El intercambio de información no era más piratería en aquel entonces que en la actualidad. Dejar que la oposición controle los términos del debate significa que el debate se ha perdido. Dejar que otros definan el comportamiento de uno como piratería significa que toda la discusión se enmarcará en los términos de la teoría clásica de la propiedad, y es el marco de la teoría clásica de la propiedad lo que es esencial para el debate.

Los piratas tienen un cierto atractivo ‘romántico’ como pícaros espadachines, lo que ayuda a comercializar el modo de distribución de archivos compartidos. El atractivo romántico de Piratas es más bien un reflejo del autoengaño capitalista, ya que el propio capitalismo es un sistema pirata que extrae recursos y explota a otros, a menudo de forma brutal y mortal. En resumen, no hay razón para utilizar el término ‘piratería’. Los piratas no cambian la idea de propiedad, sino que la refuerzan. Los cazadores-recolectores que persiguen las manadas de bisontes no eran piratas – la idea no tiene sentido. ¿Cuáles son los términos adecuados para el hecho de compartir archivos? Esa es una discusión que vale la pena tener. No utilizaré el término piratería, ya que es inaplicable a la actividad o filosofía del intercambio de archivos y no guarda relación con el tipo de sociedad que el intercambio de archivos prevé. También sugeriría que el Partido Pirata se reestructurara para aprovechar lo que puede ofrecer el dejar atrás el epíteto ‘Piratería’.

Las sociedades en las que la gente comparte, especialmente las ideas, son sociedades que prosperan de forma natural. Donde la gente tiene mucho conocimiento e información, compartir conocimiento con otros menos informados mejora su capacidad individual y colectiva: aquellos menos dotados de información tendrán  un mayor acceso y estarán más informados, y aquellos con muchos datos para compartir recibirán mayor estima de sus conciudadanos por su acción de compartir.

En el plano político más mundano, también está la cuestión del derecho de cada uno al acceso al conocimiento, como se señala en la Declaración Universal de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, Artículo 27, sección 1: «Toda persona tiene derecho a tomar parte libremente en la vida cultural de la comunidad, a gozar de las artes y a participar en el progreso científico y en los beneficios que de él resulten». Esto constituye el fundamento ético (y la protección) de la Biblioteca Personal Portátil y, de hecho, de todo el Movimiento de Acceso al Conocimiento. Es a través de un nuevo compromiso con los propósitos y métodos de las bibliotecas antiguas y la historia de la Biblioteca Pública que los archivos digitales contemporáneos de archivos compartidos pueden recuperar un propósito significativo. De este modo, el encierro y almacenamiento del conocimiento por parte de la biblioteca moderna también podría reconocerse como la aberración histórica destructiva que es.

 

Warwick, Henry. Radical Tactics of the Offline Library. Network Notebooks 07, Institute of Network Cultures, Amsterdam, 2014. ISBN 978-90-818575-9-8.

 

Lo que los libros esconden. Hallados dos preservativos en un tratado de Medicina del siglo XVI

 

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«En la Biblioteca General Histórica de la Universidad de Salamanca se hallaron casualmente unos preservativos en el interior de un libro de medicina del siglo XVI. Los condones están elaborados con tripa natural de cerdo y llevan en su extremo la oportuna cinta de color azul que servía por entonces para astar dicho adminiculo al miembro viril, según cuentan los expertos en estos temas (que los hay). Los anticonceptivos fueron hallados durante el proceso de revisión y nueva catalogación de una parte de los fondos históricos de la biblioteca, considerada como una de las mejores de Europa por la cantidad y calidad de los textos que alberga. Se encontraron «perfectamente envueltos en una hoja de periódico de 1857 que, a su vez, estaba en el interior de un manual de medicina del siglo XVI. Las investigaciones posteriores han determinado que los condones son del siglo xix, por lo que se presume que fueron introducidos en el libro por algún estudiante que estaba consultando el manual médico. Uno
de los preservativos se expone en una de las vitrinas de la Biblioteca Histórica, en la que se muestran objetos curiosos encontrados en el interior de los libros.»

Gregorio Doval (Madrid, 1957″Casualidades, coincidencias y serendipias de la historia»

 

 

Una pequeña biblioteca libre para perros

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Un hombre en Australia decidió crear una ‘biblioteca de palos’ y colocarla en el parque para que todos los perros locales pudieran pedir prestado un palo para jugar.

 

Una de las cosas que más felices hacen a los perros son los palos. Así que el dueño de un perro, un hombre de 59 años llamado Andrew Taylor de Kaiapoi, Nueva Zelanda, decidió crear una «biblioteca de palos» y colocarla en el parque para que todos los perros locales pudieran pedir prestado un palo para jugar. Grabó en la caja el rótulo «Stick Library», alentando a las personas a que una vez se utilizarán devolverlos cuando el perro terminara de jugar. Los dueños de perros locales adoraron la idea.

El hombre que vive en Kaiapoi, Nueva Zelanda, recolectó unos cuantos palos después de podar lis árboles que tiene en su casa. Los lijó para que fueran suaves y limpios para los perros, y luego procedió a hacer una caja para colocar las ramitas.

Los dueños de perros adoraron la idea tam simple, pero muy útil; ya que todos que tenemos mascotas hemos experimentado en alguna ocasión la búsqueda de un buen palo para que juegue el perro en el parque, que no siempre es fructífera. Por eso grabó en la caja la palabra «biblioteca» que implica el concepto de préstamo temporal y posterior devolución,  según palabras del propio creador.

 

Entre las estanterías

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«En la biblioteca de la universidad se demoraba por los pasillos, entre los miles de libros, inhalando el olor rancio del cuero, la tela y las páginas secas como si fuese un incienso exótico. A veces se paraba, tomaba un volumen del estante y lo sostenía durante un momento entre sus grandes manos que le hormigueaban al contacto especial con el lomo y las manejables páginas. Luego hojeaba el libro, leyendo párrafos aquí y allá, pasando las páginas delicadamente con sus rígidos dedos, como si su torpeza pudiera arrancar y destruir lo que había supuesto tanto esfuerzo descubrir.»

JOHN WILLIANS en «Stoner».