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Twitter cierra la cuenta de Sci-Hub

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La semana pasada, Twitter suspendió permanentemente la cuenta de Sci-Hub, el sitio web que ha publicado millones de copias de libre acceso de artículos científicos pirateados de revistas bajo barreras de suscripción. Según según la fundadora de Sci-Hub, Alexandra Elbakyan Twitter dijo que Sci-Hub había violado su política contra la promoción de “productos falsificados”.

Según los propietario de la cuenta de Sci-Hub en esta cuenta, con 180.000 seguidores, no se cómete ninguna infracción, solamente se habla de acceso abierto, por lo que consideran que es un error o una forma de censura. Además, el hecho se produjo poco después de la sentencia del Tribunal de Justicia indio qué decidió bloquear el acceso a Sci-Hub en ese país.

Caso Sci-Hub en la India: la justicia debería proteger la ciencia de editores académicos codiciosos

Arul George Scaria. Sci-Hub Case: The Court Should Protect Science From Greedy Academic Publishers. Wire, 20 dec. 2020

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Un tribunal de justicia en la India no debería permitirse convertirse en una herramienta para perpetuar las desigualdades en el acceso a la literatura científica en el mundo en desarrollo.

Una demanda por infracción de derechos de autor presentada por tres gigantes editoriales contra Sci-Hub y Libgen ante el Tribunal Superior de Delhi el 21 de diciembre de 2020.

Investigadores de todos los niveles han expresado su preocupación, desde estudiantes de pregrado que en un futuro pueden tener que escribir trabajos finales hasta profesores superiores cuya investigación futura está en juego. Y las reacciones no son sorprendentes: el tribunal superior de Delhi ahora tiene el deber de determinar el futuro del acceso a la literatura científica en India. La primera audiencia está programada para el 24 de diciembre.

La primera acusada en el caso es Alexandra Elbakyan, fundadora de Sci-Hub. El segundo es Libgen, que proporciona acceso gratuito a libros electrónicos.

En pocas palabras, los gigantes de la publicación están exigiendo que Sci-Hub y Libgen se bloqueen por completo en la India a través de un llamado mandato judicial dinámico. Los editores afirman que poseen los derechos exclusivos de los manuscritos que han publicado, y que Sci-Hub y Libgen están comprometidos en violar varios derechos exclusivos que les confiere la ley de derechos de autor al proporcionar acceso gratuito a sus contenidos con derechos de autor.

Los editores también sostienen que Sci-Hub y Libgen han creado, y continúan creando, numerosos dominios en la web para proporcionar acceso a artículos o capítulos de libros publicados por los demandantes, incluso cuando algunos de sus dominios han sido bloqueados por órdenes judiciales. en otros países.

Los editores exigen que el tribunal emita una orden judicial dinámica. Es decir, una vez que el sitio web de un acusado se clasifica como un “sitio web deshonesto”, el demandante no tendrá que volver a hacerlo para que se bloqueen nuevos dominios para compartir los mismos materiales, y simplemente puede obtener la orden judicial extendida con un solicitud al secretario adjunto del tribunal.

El problema es que si el tribunal superior de Delhi emite una orden judicial dinámica contra Sci-Hub y Libgen, es posible que la gran mayoría de los investigadores en India no puedan acceder a artículos revisados ​​por pares y capítulos de libros vitales para su investigación y educación a través de estas dos plataformas. El progreso de la ciencia depende del acceso a la literatura existente; la denegación de dicho acceso también puede resultar en graves tragedias sociales, económicas y de salud pública.

Amazon patenta una novedosa técnica para identificar a los piratas de contenidos en Prime

Amazon patents a novel technique to identify content pirates on Prime video platform

El gigante del comercio electrónico Amazon ha registrado una patente de la Oficina de Patentes y Marcas de los Estados Unidos para una técnica diseñada para identificar a los suscriptores que piratean el contenido en línea de Amazon en la plataforma Prime Video. El nuevo método identificará a los suscriptores que hacen duplicados del contenido protegido por derechos de autor de Amazon. La tecnología se basa en incluir marcadores individuales en cada sesión de streaming que permiten rastrear al usuario que ha puesto el vídeo en la red, permitiendo identificar al usuario, ubicación y dispositivo.

El acceso abierto pirata como desobediencia civil electrónica: ¿Es ético violar las barreras de pago de las publicaciones académicas?

Sci-Hub (2020)

James, JE. Pirate open access as electronic civil disobedience: Is it ethical to breach the paywalls of monetized academic publishing? J Assoc Inf Sci Technol. 2020; 71: 1500– 1504. https://doi.org/10.1002/asi.24351

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El acceso abierto ha sido durante mucho tiempo un ideal de la publicación científica. Sin embargo, en contra de las expectativas iniciales, el costo del acceso a los conocimientos científicos publicados aumentó tras la llegada de Internet y la digitalización de contenidos. Un análisis de la ética de las disposiciones actuales en materia de publicaciones académicas muestra que la monetarizaciòn y el secuestro del conocimiento científico detrás de los muros de pago infringen el principio de equidad y perjudican el interés público. Tras decenios de esfuerzos fallidos por corregir la situación, existen motivos éticos para que los consumidores de conocimientos científicos invoquen el derecho a la desobediencia civil colectiva, incluido el apoyo al acceso abierto de los sitios piratas. ¿Podría ser ésta la mejor opción de que disponen los consumidores de conocimientos científicos para eliminar las barreras de pago a los conocimientos que pertenecen legítimamente al dominio público?

  1. INTRODUCCIÓN

Maximizar el acceso al conocimiento científico ha sido una aspiración de la publicación académica desde la fundación en 1665 de la revista científica de más larga trayectoria, Philosophical Transactions of the Royal Society (Fyfe, 2015). La solidez de esa aspiración se pone de manifiesto en numerosas afirmaciones a lo largo de los siglos, incluida la reciente afirmación de Science Europe de que el conocimiento científico “sólo puede funcionar correctamente” si es abiertamente accesible a todos (Schiltz, 2018). Así pues, a pesar del valor incalculable del conocimiento científico acumulado, la publicación académica persiguió durante mucho tiempo un “espíritu de compartir” (Fyfe, 2018) en lugar de comerciar con fines de lucro.

A pesar de los ideales igualitarios, los costos asociados a la publicación impresa obstaculizaban el acceso abierto universal (OA). Después, a finales del siglo XX, con la llegada de Internet y la publicación electrónica, la barrera del costo pareció por fin superable (Fyfe, Coate, Curry, et al., 2017). Sin embargo, la transición mundial de los formatos impresos a los digitales tuvo un resultado exactamente opuesto al que el sentido común consideró inevitable. El costo del acceso ha aumentado de hecho, exacerbando así los obstáculos al acceso de un número cada vez mayor de autores y lectores (James, 2017; Tickell, 2016).

En contraste con las operaciones altamente monetarizadas a las que nos hemos acostumbrado, la mayoría de las revistas científicas anteriores al decenio de 1950 no operaban con carácter comercial (Fyfe, 2018). Es decir, durante casi 300 años, hasta mediados del siglo XX, la publicación académica favoreció prácticas que hoy en día existen como meras aspiraciones encarnadas en el movimiento del Acceso Abierto. La monetarización del conocimiento científico es la norma actual, que implica que un inmenso canon de la producción científica publicada se encuentra secuestrado detrás de los barreras de pago (Fyfe et al., 2017). Tras decenios de esfuerzos fallidos por eliminar las barreras de los costos, existe la opinión de que la publicación académica está en crisis (Himmelstein y otros, 2018; Lagoze, Edwards, Sandvig y otros, 2018), lo que se pone de manifiesto en los boicots selectivos y las cancelaciones a gran escala de las suscripciones a revistas que ya no son asequibles ni siquiera en las universidades más ricas (Himmelstein y otros, 2018; Larivière, Haustein y Mongeon, 2015; Schiermeier, 2018).

Los acontecimientos en curso tienden a transmitir una creciente sensación de desesperación, de la que puede servir de ejemplo el recientemente anunciado Plan S, ampliamente respaldado por los financiadores europeos de la investigación y otros (por ejemplo, el mayor financiador gubernamental de la investigación en China; McNutt, 2019). Entre una serie de restricciones propuestas, el Plan S tiene por objeto obligar tanto a los financiadores como a los editores a aceptar topes en los gastos de publicación (Else, 2018). Sin embargo, este plan “radical” ha sido objeto de críticas generalizadas (Kowaltowski y Oliveira, 2019), incluida la preocupación de que amenaza la libertad académica al restringir la elección del autor del medio de publicación (Shrier y Schmid, 2019), amenaza la calidad de la ciencia al ignorar las diferencias de rigor editorial entre las revistas (Brainard, 2019; Spedding, Barrett, Morgan, et al, 2019), y no distingue entre las editoriales con y sin fines de lucro, en grave detrimento de estas últimas (Brainard, 2019; Eddy, 2019).

El descontento por la lentitud de la innovación en el Acc eso Abiertono es obviamente nuevo, ya que a menudo se expresan fuertes sentimientos como parte de los debates que aparecen en los medios de comunicación social y en los blogs. En un contexto de creciente frustración por los intentos fallidos del pasado, se percibe ampliamente que hace mucho tiempo que deberían haberse adoptado medidas eficaces. En particular, un aspecto de la crisis que a veces se insinúa, pero que por lo general no recibe más que una atención superficial, es la ética de los acuerdos actuales entre los principales interesados. Se argumenta aquí que los principios éticos ampliamente aceptados no se limitan a informar sobre las preocupaciones morales rara vez examinadas en las publicaciones académicas, sino que también sugieren medidas prácticas que muchos en la comunidad científica pueden estar inclinados a adoptar en este momento. Aunque no necesariamente se apaciguan todas las preocupaciones de los interesados, las medidas sugeridas por la aplicación de los principios éticos pertinentes pueden poner en tela de juicio las tendencias hacia una mayor monetarización de las publicaciones académicas que muchos consideran la causa principal del actual estancamiento de la OA.

2 JUSTICIA: EL PRINCIPIO ÉTICO EN EL CENTRO DE LA CRISIS DE LA PUBLICACIÓN ACADÉMICA

Dado que la publicación científica se basa en acuerdos supuestamente cooperativos entre autores, editores y custodios institucionales del conocimiento científico (por ejemplo, bibliotecas), el principio de equidad (Rawls, 1999; Simmons, 1979) es directamente aplicable a las cuestiones relativas a los derechos de acceso a ese conocimiento. El principio de equidad incorpora la equidad procesal y la equidad distributiva, que están inextricablemente vinculadas. Por su naturaleza, los acuerdos de cooperación generalmente tienen por objeto “establecer un procedimiento justo” para asegurar “la distribución adecuada de los beneficios y las cargas” de esos acuerdos (Rawls, 1999).

Si bien la apertura y la imparcialidad son elementos esenciales de la equidad procesal, las empresas editoriales han impuesto durante mucho tiempo el secreto en sus tratos con los custodios institucionales (acuerdo de confidencialidad), incluidos los acuerdos de no divulgación como parte de las negociaciones para la suscripción y otros tratos con bibliotecas y consorcios de bibliotecas (Schiermeier, 2018; Solomon, Laakso, & Björk, 2016). La no divulgación en este contexto obstaculiza la capacidad de los participantes para juzgar la equidad de los acuerdos y, por esa razón, puede decirse que viola la equidad procesal.

La equidad distributiva se basa en los principios de igualdad y proporcionalidad, en virtud de los cuales los participantes en un acuerdo de cooperación reciben beneficios proporcionales a la contribución que cada uno ha hecho (Simmons, 1979). Es injusto, por ejemplo, que una parte reciba más que otra cuando esta última ha aportado lo mismo o más a una empresa cooperativa. Por ese motivo, es evidente que los acuerdos predominantes en las publicaciones académicas son injustos. En comparación con las aportaciones comparativamente circunscritas de las editoriales, los autores y el público (como principal financiador) aportan la mayor proporción, con mucho, de recursos humanos y físicos responsables de la creación de conocimientos (James, 2016). Sin embargo, la monetarización de las transferencias de derechos de autor de los autores a los editores restringe necesariamente el acceso equitativo al nuevo conocimiento tanto para los autores como para los lectores, en detrimento del progreso científico y del interés público.

Ante la persistente injusticia en un acuerdo supuestamente cooperativo, los participantes agraviados sienten naturalmente un fuerte y justificado impulso de adoptar medidas correctivas. De hecho, numerosos organismos nacionales e internacionales han tratado durante más de dos décadas de abordar la injusticia que rodea a las publicaciones académicas corporativas. Es posible que el Plan S resulte ser simplemente el último de una larga historia de esfuerzos fallidos por invertir la perversa transición que se ha producido, en la que la costosa imprenta se transformó en una imprenta digital aún más costosa debido a la desenfrenada obtención de beneficios.

3 LA DESOBEDIENCIA CIVIL COMO UN MEDIO ANTIGUO PARA ABORDAR LA INJUSTICIA PERCIBIDA

La historia de la desobediencia civil como forma de protesta contra la injusticia percibida se remonta, al menos, a la antigua Grecia en el siglo IV a.C. (Bedau, 1991). Sin embargo, el término en sí mismo es de origen mucho más reciente, apareciendo por primera vez a mediados del siglo XIX en un célebre ensayo del naturalista estadounidense Henry David Thoreau (1849). La desobediencia civil, que ha llegado a considerarse ampliamente como un derecho de los ciudadanos, puede definirse como un acto de protesta intencionalmente ilícito pero basado en principios, destinado a cambiar una situación que se percibe como injusta, incluida una política o un estatuto jurídico específico, sin intención de poner en tela de juicio el estado de derecho en general (Celikates, 2016; Habermas, 1985).

En términos generales, la desobediencia civil es la expresión de principios destinados a servir al bien común y, a ese respecto, se distingue de la criminalidad interesada. Además, si bien la desobediencia civil puede infringir una ley, la ley que se infringe no suele ser la ley objeto de la protesta. Por ejemplo, los ciudadanos pueden bloquear las puertas de las fábricas para impedir la entrada de vehículos que transporten materiales tóxicos. El bloqueo puede infringir las ordenanzas de tráfico, aunque el objetivo del bloqueo en este caso no sea el control del tráfico, sino las deficiencias percibidas en la ley que permiten que los procesos industriales tóxicos se lleven a cabo en un entorno comunitario.

Un tema recurrente de los relatos académicos sobre la desobediencia civil es el concepto de conciencia, que se traduce en actos de protesta basados en convicciones sinceras que priorizan el bien general por encima de los intereses propios (Brownlee, 2017). En el contexto actual, Internet ofrece oportunidades sin parangón para la acción de conciencia colectiva en protesta por el predominio de las publicaciones académicas con fines de lucro, cuyos dividendos dañan el interés público al restringir el libre acceso al conocimiento científico. En su forma más simple, El OA implica un acceso libre de barreras, incluido el costo, tan abierto como sea posible. Las principales opciones existentes de la rutas dorada, verde e híbrida han evolucionado en un entorno de creciente monetarización (James, 2017), y si bien cada una de ellas profesa el “acceso abierto”, sólo están abiertas de nombre. El OA pirata tiene un historial de éxito en la elusión de la literatura publicada de pago, y un examen cuidadoso de esa capacidad puede ayudar a poner fin a la actual crisis de la publicación académica.

4 PIRATAS DE ACCESO ABIERTO: EL EJERCICIO DEL DERECHO A LA DESOBEDIENCIA CIVIL


El OA pirata generalmente se refiere al acceso no autorizado a la literatura científica secuestrada detrás de los barreras de pago. Su uso es habitual, como lo demuestra la importante plataforma de OA pirata, Sci-Hub, que proporciona acceso directo descargable a más de 50 millones de artículos de revistas científicas (Fyfe et al., 2017). Si bien se entiende en general que el OA pirata amenaza los intereses de los editores, se han hecho pocos análisis de los posibles beneficios del OA pirata para el interés público. Enmarcada en la desobediencia civil electrónica, la utilización del OA pirata puede considerarse una acción legítima encaminada a iniciar una nueva era del OA universal al hacer inviable la actual explotación con fines de lucro de los conocimientos científicos.

Sci-Hub fue fundada en 2011 por la neurocientífica kazaja Alexandra Elbakyan como reacción al alto costo de los artículos de pago. Aunque el acceso público a los detalles operativos es limitado, se ha afirmado que el sitio se sostiene en gran medida a través de donaciones (Elbakyan, 2016). Concretamente, parece que una proporción, al menos, de las credenciales en línea que Sci-Hub utiliza para eludir los muros de pago son donadas voluntariamente por personas anónimas que tienen un derecho de acceso legítimo. Sin embargo, es probable que la obtención de credenciales en línea obtenidas mediante phishing también ocurra (Hoy, 2017). En cualquier caso, el uso del sitio ha crecido rápidamente, con millones de usuarios en todo el mundo descargando un estimado de 28 millones de artículos en los 6 meses hasta marzo de 2016 (Bohannon, 2016). En marzo de 2017, se informó de que el sitio albergaba aproximadamente el 80% de todos los artículos de revistas científicas publicadas (Himmelstein et al., 2018).

A pesar de su evidente popularidad, Sci-Hub provoca diversas opiniones, incluido un palpable nivel de inquietud respecto a su papel y futuro en la publicación académica. En un reciente “análisis en gran escala de la prevalencia y el impacto de” la publicación de la OA, se definió el “acceso abierto” de manera que excluía de la consideración del OA y la Sci-Hub piratas (Piwowar y otros, 2018). El impulso para ignorar a Sci-Hub parece provenir de la opinión de que su cuestionable legalidad impide que se considere el papel que podría desempeñar en la promoción de las aspiraciones del OA. Sin embargo, a la luz de las pautas de uso actuales, los análisis que utilizan definiciones del OA que niegan la existencia y el impacto actual del OA pirata difícilmente pueden esperar producir recomendaciones sólidas para resolver los dilemas actuales en la publicación académica. Además, el rechazo preventivo de Sci-Hub como plataforma ilegal hace caso omiso del derecho que desde hace mucho tiempo tienen los ciudadanos de las sociedades democráticas a impugnar, incluso mediante la desobediencia civil, las convenciones legales que se consideran injustas.

4.1 ¿Qué se puede decir de la legalidad de Sci-Hub?

En 2015, Elsevier, la editorial académica más grande del mundo, presentó una demanda en los Estados Unidos contra Sci-Hub, alegando -entre otras cosas- que opera “una red internacional de piratería e infracción de derechos de autor (incluyendo) la reproducción y distribución ilegal de copias digitales de las obras con derechos de autor de Elsevier y de las obras con derechos de autor de otras editoriales” (DeMarco, Hirschberg y Sen, 2015). En 2017, el tribunal falló a favor de Elsevier, concediendo al editor 15 millones de dólares en daños y perjuicios. En un juicio separado en 2017, Elbakyan y Sci-Hub se enfrentaron a cargos similares presentados por la American Chemical Society, lo que dio lugar a una nueva multa de 4,8 millones de dólares por daños y perjuicios. Aunque se ha intentado dejar inactivos los dominios de Sci-Hub de conformidad con una orden judicial, el sitio ha permanecido más o menos continuamente accesible con la publicación en línea de nombres de dominio alternativos.

Ante el peligro de ser arrestada por piratería informática, Elbakyan optó por permanecer en la clandestinidad y fuera del alcance de la extradición. En sus declaraciones públicas, se ha alineado con el Open Access Movement, expresando opiniones similares a las del programador y activista informático estadounidense Aaron Swartz. En el Manifiesto de la Guerrilla por el Acceso Abierto, Swartz articuló la creencia del Movimiento de que los trabajos científicos deben publicarse “en condiciones que permitan a cualquier persona acceder a ellos”. Después de descargar masivamente trabajos académicos en 2011, Swartz fue arrestado por cargos similares a los que más tarde se presentaron contra Elbakyan y Sci-Hub. En 2013, al enfrentarse a devastadoras sanciones financieras y a una sentencia de cárcel potencialmente larga, Swartz se suicidó.

Cabe destacar que gran parte del uso de Sci-Hub tiene más que ver con la conveniencia que con la protesta, ya que muchos usuarios que tienen acceso legítimo a los artículos, según se informa, prefieren Sci-Hub porque ofrece una usabilidad superior (Gardner, McLaughlin y Asher, 2017). Podría decirse que los ciudadanos no deberían infringir las leyes por mera conveniencia o por la expectativa de poder hacerlo con impunidad. Por el contrario, tampoco debería ser la condición jurídica por sí sola la única consideración que obligue a los ciudadanos a cumplir las leyes. Más bien, corresponde a los ciudadanos de conciencia considerar la justicia de las leyes y comportarse como dicta la conciencia. Bajo esa premisa, cuando la conciencia lo dicta, los ciudadanos tienen el deber moral de protestar contra los gravámenes que consideran injustos. A veces, la objeción a los acuerdos injustos puede incluir el aumento de la protesta de conciencia hasta el nivel de la desobediencia civil si fallan otros medios de objeción.

Suponiendo, pues, que el ideal secular de maximizar el acceso al conocimiento científico sea de interés público, el principio de equidad justifica que los consumidores de conocimientos científicos consideren el estado actual de la publicación académica y hagan un balance de los imperativos morales implícitos. Sólo entonces cada individuo estará éticamente equipado para decidir qué medidas, si es que se requiere alguna, se requieren para desafiar las actuales barreras de acceso. Algunos, aun creyendo que la transferencia de los derechos de autor y los pagos de acceso no son éticos, pueden llegar a la conclusión de que el uso del OA pirata, con su consiguiente legalidad y moralidad discutible, no está justificado. Otros, sin embargo, pueden adoptar el punto de vista opuesto, concluyendo que el uso del OA pirata no es meramente justificable como una forma de desobediencia civil sino un imperativo moral. En ese caso, el acto de desobediencia civil no tiene por objeto violar la ley de seguridad cibernética o la ley de derecho de autor per se. Más bien, la desobediencia civil electrónica en ese caso es un acto de protesta contra la injusticia percibida en los actuales acuerdos de publicación que permiten (de hecho, alientan) la transferencia de los derechos de autor de los conocimientos científicos públicos para ser monetarizados con fines de lucro.

5 CONCLUSIONES

A pesar de su deseo de actuar, algunos pueden resistirse a pasar por alto activamente los beneficios del conocimiento científico por temor a perjudicar a las publicaciones académicas y a la propia ciencia. Sin embargo, es bueno recordar que la llegada de la publicación en línea ha eliminado casi por completo los costos de papel, impresión y difusión. Los principales costos de la actual publicación académica residen en la infraestructura electrónica y los costos administrativos humanos asociados que se derivan de las plataformas de hospedaje para recibir, examinar y procesar los artículos presentados. Por ello, no hay razón para creer que la publicación académica se verá irreparablemente perjudicada por la pérdida de beneficios de las empresas editoras que decidan abandonar el oficio. Más bien, cabe esperar lo contrario. Suponiendo que las aportaciones no remuneradas de los autores y revisores continuarán como en el pasado, se creará una enorme reserva de fondos al quedar obsoletos los gastos de publicación. Esa reserva excede en gran medida los costos de infraestructura y administración necesarios para mantener la publicación en línea de OA. De hecho, es probable que haya una importante reserva residual de fondos, que luego estaría disponible para el mejoramiento de la ciencia, como el mejoramiento de las normas de calidad que rigen el examen por homólogos y la supervisión editorial (James, 2017).

Las consideraciones éticas demuestran que las disposiciones actuales en materia de publicación académica infringen el principio de equidad y perjudican el interés público. A la luz del fracaso de decenios de intensos esfuerzos por resolver los arreglos injustos, no sería prudente rechazar el OA pirata simplemente porque es ilegal en algunas, pero no necesariamente en todas las jurisdicciones. Como medio probado para eludir las barreras a la aspiración secular de un acceso sin trabas a los conocimientos científicos, El OA pirata es, sin duda, un ejercicio éticamente justificable del derecho a la desobediencia civil. El uso del OA pirata como forma de desobediencia civil electrónica colectiva puede ser la mejor opción de que disponen los consumidores de conocimientos científicos para eliminar los obstáculos que permiten secuestrar y monetarizar con fines de lucro los conocimientos científicos que, con razón, pertenecen al dominio público.

Bibliografía:

Elsevier en lugar de negociar con las universidades propone un spywere contra Sci-Hub

Picture of a crow

No open access deal, but spyware against shadow libraries? Netzpolitik.org 26.10.2020 um 16:34 Uhr – Leonhard Dobusch – in Wissen – keine Ergänzungen

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Casi 200 universidades e institutos de investigación de Alemania no tienen actualmente acceso a las revistas publicadas por la mayor editorial científica, Elsevier. Sin embargo, en lugar de negociar un cambio hacia el acceso abierto, Elsevier prefiere luchar en la sombra contra las bibliotecas que hacen que la situación sin contrato sea más soportable para los investigadores.

Han pasado cinco años desde que las universidades, las universidades de ciencias aplicadas y las instituciones de investigación de Alemania iniciaron la rescisión de sus contratos con la mayor editorial científica del mundo, Elsevier. Actualmente hay casi 200 instituciones que ya no tienen contrato y, por lo tanto, no tienen acceso directo a las revistas de Elsevier. La razón de esta ola de cancelaciones fue una combinación de precios exorbitantes (aumentos) y la negativa del editor a cambiar a nuevos modelos de publicación de acceso abierto (acuerdos transformadores).

Sin embargo, son precisamente esos nuevos acuerdos de acceso abierto, casi de ámbito alemán, los que se han firmado con otras dos siguientes editoriales científicas importantes, Wiley (2019) y Springer Nature (2020), como parte del “Proyecto DEAL”. Estos acuerdos prevén que todas las universidades e instituciones de investigación participantes tengan acceso a las revistas de las editoriales y que todos los artículos escritos por sus investigadores sean accesibles libre y permanentemente en Internet en todo el mundo. A su vez, se cobran derechos de Publish & Read por cada artículo publicado. Los contratos se han publicado íntegramente en la web, incluidas las condiciones (véase el contrato con  contract with SpringerNature y contract with Wiley).

Con Elsevier, tal acuerdo no ha sido posible todavía. En julio de 2018 las negociaciones se rompieron y, según el proyecto DEAL, “las negociaciones formales aún no se han reanudado”. Una de las razones de la postura de línea dura en las negociaciones entre las instituciones científicas y Elsevier es la aprobación, al menos tácita, de los científicos principalmente afectados por las cancelaciones. Hasta ahora no se han registrado protestas notables contra las restricciones de acceso. Por el contrario, muchos científicos prominentes apoyan los objetivos de negociación del Proyecto DEAL, por ejemplo, cancelando sus actividades editoriales con Elsevier (una iniciativa de boicot similar a nivel internacional se está llevando a cabo bajo el título  “The Cost of Knowledge“).

Sin embargo, en lugar de ofrecer contratos transparentes de acceso abierto con condiciones justas, Elsevier ha adoptado una estrategia diferente en la lucha contra las bibliotecas en la sombra como Sci-Hub. Éstas deben ser combatidas como “ciberdelincuencia”, si es necesario también con medios tecnológicos. En el marco de la  “Scholarly Networks Security Initiative (SNSI)“, fundada junto con otras grandes editoriales, Elsevier está haciendo campaña para que las bibliotecas se actualicen con tecnología de seguridad. En un seminario web de la SNSI titulado Cybersecurity Landscape – Protecting the Scholarly Infrastructure, organizado por dos altos directivos de Elsevier, un orador recomendó que los editores elaboraran su propio proxy o un complemento de proxy para que las bibliotecas accedieran a más datos (de uso) (“desarrollar o subvencionar un proxy de bajo costo o un complemento de los proxies existentes”). Con la ayuda de un “motor de análisis”, no sólo se podría delimitar mejor la ubicación del acceso, sino que también se podrían registrar datos biométricos (por ejemplo, la velocidad de tecleo) o patrones de uso llamativos (por ejemplo, un estudiante de farmacia interesado repentinamente en la astrofísica). Cualquier duda de que este software también pudiera utilizarse -si no primariamente- contra las bibliotecas de sombras como SCI-HUB fue disipada por el siguiente orador. Un ex analista del FBI y consultor de seguridad informática habló de los riesgos de seguridad asociados con el uso de Sci-Hub.

En cualquier caso, casi ningún usuario de Sci-Hub tiene una conciencia culpable. En una encuesta publicada en Sciencemag, casi el 90 por ciento de más de 10.000 encuestados admitió que no creía que estuviera mal descargar artículos copiados ilegalmente. Y: más de un tercio de ellos usan Sci-Hub incluso si el acceso al documento está disponible a través de la biblioteca, en ello están también los problemas de usabilidad de las plataformas comerciales. A un investigador le es más fácil descargar un artículo de Sci-Hub que encontrarlo en una de las plataformas comerciales.

Conferencia magistral de Alexandra Elbakyan creadora de SCI-HUB

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Opening Science with Sci-Hub

Alexandra Ebakyan

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Conferencia Magistral de Alexandra Elbakyan: Opening science with SCI-HUB – Live – wPixls

Ciclo de Conferencias del Instituto Tecnológico de Tuxtla Gutiérrez

 KM 29020, Carr. Panamericana 1080, Boulevares, 29050 Tuxtla Gutiérrez, Chis., Mexico

Hackear las bibliotecas

Mad Hackers Invade Danbury Library!

Schütte González, Daniela Hackear las bibliotecas. Serie Bibliotecología y Gestión de Información, 2019, n. 109, pp. 1-19

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La autora, considerando la evolución histórica de las bibliotecas, intenta demostrar que, desde el nacimiento de las primeras bibliotecas y archivos, la preservación y el acopio eran parte fundamental de su quehacer y que el acceso y generación de nuevo conocimiento, si bien eran parte de este proceso, no formaban parte del imaginario de los bibliotecarios de un modo evidente. Citando las ideas de John Palfrey, propone que el ethos del hacker, en un buen sentido, es la habilidad de deconstruir y reconstruir sistemas de información y que, en el caso de las bibliotecas esta tarea implicaría resolver cómo desarticular las tareas convencionales y rearticularlas en servicios apoyados en las facilidades de la era digital. Luego de revisar el concepto de biblioteca digital, propone algunos de los desafíos medulares para su desarrollo y preservación de la información que contienen, para concluir que la libertad es un concepto central en la creación de nuevo conocimiento y que la digitalización y puesta en línea, como una forma de garantizar el acceso a documentos, información y a nuestra memoria, es un gesto político que permite vislumbrar un nuevo matiz en la misión de bibliotecas y archivos y en el desarrollo de sus servicios.

Por qué Open Library de Internet Archive no es una biblioteca real

 

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Hoffelder, Nate. Why the Internet Archive’s The Open Library is Not a Real Library 13 June, 2020

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Open Library

 

Uno de los argumentos más comunes de los defensores del sitio del Archivo de Internet, The Open Library, es que es una biblioteca. Señalan que presta libros electrónicos con licencias que caducan y tecnología DRM bastante similar a la que usan las bibliotecas públicas a través de Overdrive.

Lo que esperan que pase por alto es que The Open Library no obtiene sus libros electrónicos como lo hacen las bibliotecas reales. Una biblioteca real paga licencias de libros electrónicos de distribuidores legítimos como Overdrive o Biblioteca, mientras que The Open Library compra y escanea copias impresas usadas, y luego comparte copias de los escaneos. (Esta es la razón por la cual cuatro editores presentaron una demanda por infracción de derechos de autor la semana pasada).

Open Library incluso alienta a las personas a donar sus libros para que pueda escanearse y distribuirse. Incluso tienen una página en su sitio dedicada al esfuerzo donde proporcionan argumentos confusos a los partidarios sobre la legalidad del proyecto.

Las bibliotecas obtienen los libros electrónicos de un distribuidor legalmente autorizado, asegurando que el editor y el autor recibieran un pago por su trabajo. Cuando The Open Library presta un libro electrónico, realmente no se le paga a nadie.

La simple verdad es que The Open Library no actúa como otras bibliotecas porque no es una biblioteca, es un sitio pirata.

 

Nate Hoffelder es el fundador y editor de The Digital Reader

Antropología de los mundos virtuales : avatares, comunidades y piratas digitales

2019666672

 

 Estrella Heredia, Carla. Antropología de los mundos virtuales : avatares, comunidades y piratas digitales. Quito : FLACSO Ecuador : 2011

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Esta investigación surge, como muchas de las propuestas de tesis que se presentan, por motivaciones y preguntas personales. Los mundos virtuales aparecen como un avance tecnológico novedoso dentro de la cultura de los juegos de video, en la que he estado inmersa desde mi adolescencia: Atari, Nintendo y, por último, los juegos de computadora, como Diablo, Baldurs Gate y otros. Cuando me pregunté qué me gustaría investigar retomé esta parte de mi historia personal que involucra dos temas que me interesan de forma particular: tanto las nuevas tecnologías como los mundos virtuales. Mi participación en el mundo de World of Warcraft, desde hace dos años, me generó preguntas acerca de las formas en que estos dispositivos tecnológicos se superponen con otros campos de la vida cotidiana de las personas y de qué manera son apropiados y resignificados por ellas. Al mismo tiempo realizaba mis estudios de maestría en antropología lo que me llevó a interrogarme sobre las posibilidades de la disciplina para hacer una investigación
etnográfica en estos mundos

 

Little brother, el libro sobre desobediencia digital de Cory Doctorow

 

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Doctorow, Cory. Little brother. New York : Tom Doherty Associates, [2008]

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Español

 

Little brother es una aventura aterradoramente realista sobre cómo la tecnología de seguridad nacional podría utilizarse de manera represiva para encarcelar injustamente a ciudadanos inocentes. Un adolescente convertido en héroe se enfrenta al gobierno para luchar por sus libertades básicas. Este libro está lleno de historias de coraje, tecnología y demostraciones de desobediencia digital como la civilización del tecnófilo

Traducción realizada con la versión gratuita del traductor http://www.DeepL.com/Translator

Después de ser interrogado durante días por el Departamento de Seguridad Nacional tras un importante ataque terrorista en San Francisco, California, Marcus, de diecisiete años, liberado en lo que ahora es un estado policial, decide utilizar su experiencia en la piratería informática para arreglar las cosas.