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Biblioteca Recuperada: La Batalla por la memoria. Valparaíso, 1973

 

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San Martín, Luciano and Ballesteros, Karin and de Armas, Tania and Castillo, Ramón and Barrenechea, Carlos and Costa, Luis and Cancino, Juan Patricio and Copolla, Pavella and Guajardo, Ernesto and Díaz, Rosa and Llorens, Ramón and Riquelme, Marcela and Barría, Ghislaine Biblioteca Recuperada: La Batalla por la memoria. Valparaíso, 1973.,  Universidad de Playa Ancha, Valparaíso – Chile, 2017

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El interés por la recuperación de las memorias fracturadas o difíciles es fundamental a la hora de entender la configuración de las sociedades actuales. Sin la comprensión de esos episodios de la historia es imposible entender diversos aspectos de la sociedad del Chile de hoy; en este caso vinculado con prácticas lectoras, con la información, con el libro, con el conocimiento. 

 

En el caso del libro en Chile, el trauma que significó la dictadura militar del año 1973 es uno de los episodios que hace muy poco tiempo ha comenzado a estudiarse, abundando los últimos años diversos esfuerzos por describir y comprender distintos aspectos sobre los cuales actuó. Los estudios de memoria han destacado en América Latina por su vinculación con el análisis de los procesos sociopolíticos que la afectaron en el pasado reciente, como las dictaduras militares de las décadas de los 70-80 (Jelin, 2001). Sin embargo, respecto a la destrucción del libro estos estudios han sido insuficientes; prácticamente inexistentes. La perspectiva de la memoria permite evocar y significar desde el presente el proceso de eliminación del libro en Valparaíso; y al mismo tiempo captar la significación que la ciudadanía actualmente le asigna al libro, evidenciando el trauma social que implicó este episodio histórico, desconocido en detalle y que ha instalado en la memoria social al libro como un objeto peligroso, sospechoso, delictual.
Para la reconstrucción de este episodio del libro destruido en Valparaíso – Chile, adquieren vital importancia no solo los agentes vinculados a la cultura, sino también los miles de relatos anónimos de quienes vivieron este episodio de la historia nacional, siendo objetos de censura / autocensura, destruyendo todos aquellos títulos que pudieran constituirse como material subversivo o atentarorio al régimen que se estaba imponiendo, dando cabida a prácticas olvidadas o negadas, creando una especie de listado silencioso o imaginario de los libros considerados peligrosos.

 

 

 

 

El bibliocausto en la España de Franco (1936-1939)

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El bibliocausto en la España de Franco (1936-1939)
Francesc Tur
04/04/2018

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Cuando se habla de quema de libros en el siglo XX, la imagen que suele venir a la retina es la Beberplatz de Berlín el 10 de mayo de 1933, escenario de una gran hoguera en la que ardieron miles de ejemplares de obras consideradas “antialemanas”. Ni que decir tiene que, a lo largo de la historia, ha habido muchos otros episodios de fuego purificador, desde el incendio de la biblioteca de Alejandría pasando por la quema de libros de Confucio en China durante la dinastía Qin, o el auto de fe de octubre de 1861 en Barcelona en el que fueron pasto de las llamas 300 volúmenes espiritistas, por citar solo tres de ellos. Menos conocido es el hecho de que, desde el golpe de julio de 1936 hasta el final de la guerra, numerosas piras se encendieron en las ciudades y pueblos de la España nacional en las que ardieron gran número de publicaciones tildadas de “antiespañolas” y “envenenadoras del alma popular.”

En los primeras días del conflicto no se habían dictado todavía órdenes por parte de los nuevos gobernadores civiles sobre la prohibición de la literatura disolvente, pero el modus operandi de los sublevados incluía siempre la destrucción del “material peligroso” que constituían determinadas obras. Así, a la entrada de las fuerzas requetés en varias localidades de La Rioja, lo primero que hicieron fue depurar las bibliotecas y quemar los archivos de las distintas sedes sindicales, donde se suponía que existía “literatura perniciosa.”

En Córdoba, ya el 19 de julio una de las prioridades de los sublevados era también la limpieza de librerías y kioscos como lo señalaba el Jefe de Orden Público y teniente general de la Guardia Civil Bruno Ibánez Gálvez en una nota publicada por el ABC de Sevilla el 26 de septiembre:

“En nuestra querida capital, al día siguiente de iniciarse el movimiento del Ejército salvador de España, por bravos muchachos de Falange Española fueron recogidos de kioscos y librerías centenares de ejemplares de esa escoria de la literatura que fueron quemados como merecían. Asimismo, muy recientemente, los valientes y abnegados Requetés realizaron análoga labor, recogiendo también otro gran número de ejemplares de esas malditas lecturas que deben desaparecer para siempre del pueblo español”

 

El papel de FET de las JONS fue también decisivo. Así, en 1938 el falangista Fernando García Montoto, furibundo partidario de la quema de libros, folletos, periódicos y de la eliminación física de sus autores en En el amanecer de España (Tetuán, Imprenta Hispana, 1938) denunciaba en estos términos las preversidades de ciertas obras:

“Significa que el libro y la prensa mal inspirados –verdaderamente estupefacientes del alma- habían intoxicado ya la conciencia colectiva, aletargándola. Significa, en fin, que el Enemigo estaba a punto de conseguir su objeto, de corromper la médula de un gran pueblo. Guerra, por tanto, al libro malo. Imitemos el ejemplo que nos brinda Cervantes en el capítulo sexto de su Obra inmortal.

E incitaba a encender hogueras en todos los pueblos para destruir los libros envenenadores del alma popular

Y que un día próximo se alcen en las plazas públicas de todos los pueblos de la nueva España las llamas justicieras de fogatas, que al destruir definitivamente los tóxicos del espíritu almacenados en librerías y bibliotecas, purifiquen el ambiente, librándolo de sus mismas contaminadores. ¡Arriba España! ¡Viva Franco! ¡Viva España!

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La quema de libros y la censura

 

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“Debido a su poder literal, simbólico y cultural, y porque se usaron a menudo para transmitir la doctrina religiosa, la magia y los ritos arcanos y narrativas e información cultural, los libros de este período eran símbolos de la contienda entre ideologías y discursos culturales en competencia. En este contexto, los libros podían perderse, podían ser censurados y prohibidos, y podían también ser quemados o destruidos.”

Rohmann, Dirk

 

LIBRO GRATIS Rohmann, Dirk. Christianity, Book-Burning and Censorship in Late Antiquity. Studies in Text Transmission. De Gruyter, 2016. 369 p. (Arbeiten zur Kirchengeschichte). ISBN: 9783110486070

Un bibliotecario de Harvard testificó ante el tribunal internacional por la destrucción de la biblioteca de Sarajevo

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Anna Burges. Harvard librarian puts this war crime on the map. Harvard Gazete, feb 2020

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András Riedlmayer catalogó años de destrucción del patrimonio cultural por nacionalistas serbios en los Balcanes. Por ello, el tribunal de la ONU le pidió que compilara informes periciales adicionales sobre la destrucción en los Balcanes, y testificó contra 14 funcionarios serbios y serbios de Bosnia acusados ​​de crímenes de guerra.

 

La destrucción de la biblioteca de Sarajevo hizo desaparecer casi 2 millones de libros que se quemaron durante la Guerra de los Balcanes. Los documentos de 500 años de antigüedad y manuscritos de la era otomana se desintegraron en cenizas cuando el edificio que los albergaba, la Biblioteca Nacional de Bosnia-Herzegovina, fue bombardeado y quemado. No fue el primer acto de destrucción cultural de las fuerzas serbias contra otros grupos étnicos en los Balcanes, y ciertamente no fue el último: en los siguientes siete años, los nacionalistas serbios dirigidos por el dictador Slobodan Milosevic causaron estragos en la región de los Balcanes.

Pero quemar la biblioteca y su contenido fue el acto que llevó a András Riedlmayer al conflicto de los Balcanes. Y casi 30 años después, Riedlmayer, un bibliotecario y bibliógrafo de la Biblioteca de Bellas Artes de Harvard, que sabe más que nadie sobre la destrucción del patrimonio cultural de esa región,  ha testificado contra sus perpetradores en nueve juicios internacionales y ha ayudado a establecer un precedente al enjuiciar este tipo de destrucción como un crimen de guerra.

En 1992, cuando leyó sobre la quema de la Biblioteca Nacional, Riedlmayer sabía que era un ataque a algo más que a objetos físicos. Fue lo que luego testificó como “destrucción del patrimonio cultural”: destrucción intencional e innecesaria de sitios y registros que actúan como memoria colectiva de la comunidad.

El crimen provino de un deseo no solo de matar a personas que forman parte de un grupo étnico o religioso, explicó Riedlmayer, sino de borrar su existencia, “eliminar cualquier evidencia de que alguna vez estuvieron allí”.

Riedlmayer finalmente fue a los Balcanes en 1999 con una beca para documentar la destrucción cultural del patrimonio. Durante los siguientes 10 años, el tribunal de la ONU pidió a Riedlmayer que compilara informes periciales adicionales sobre la destrucción en los Balcanes. Finalmente testificó contra 14 funcionarios serbios y serbios de Bosnia acusados ​​de crímenes de guerra.

 

La bibliofilia. Planeta Biblioteca 2020/02/12

 

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Hemos tenido con nosotros en el programa a Noelia López-Souto, master y doctora por la Universidad de Salamanca especialista en bibliofilia, que se doctoró en 2018 con una tesis sobre el mundo del libro y la edición de la correspondencia entre Giambattista Bodoni y el diplomático José Nicolás de Azara. Hemos hablado con Noelia sobre qué es la bibliofilia, qué características concretas tiene una obra de bibliófilo, las razones que mueven a un bibliófilo a practicar esta pasión, la diferencia y la posible vinculación entre la bibliofilia y otras derivaciones como la bibliomanía o la biblioclástica. Y también nos ha hablado de algunos de los grandes bibliofilos.

Allí donde se queman los libros, se acaba quemando personas”

 

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“Allí donde se queman los libros, se acaba quemando personas”

Heinrich Heine, poeta y ensayista alemán del siglo XIX.

 

Christian Johann Heinrich Heine es considerado uno de los poetas románticos alemanes más importantes. Nacido en una familia de judíos alemanes asimilados en 1797, el padre de Heine era comerciante y la madre hija de un médico. Después de que el negocio de su padre fracasara, Heine fue enviado a Hamburgo para dedicarse a los negocios, pero pronto se dedicó al derecho. En ese momento, se prohibió a los judíos el acceso a ciertas profesiones, una de las cuales era la docencia universitaria, una profesión a la que Heine se sentía atraído. Se licenció en Derecho en 1825 y se convirtió del judaísmo al protestantismo el mismo año – más tarde describió su conversión como “el billete de admisión a la cultura europea”, y pasó gran parte de su vida luchando con los elementos incompatibles de sus identidades alemana y judía.

En 1835, las autoridades alemanas prohibieron su trabajo y el de otros asociados con el movimiento progresista de la joven Alemania; pero Heine continuó comentando sobre la política y la sociedad alemana por el resto de su vida desde su exilio en Francia, regresando a Alemania sólo una vez en secreto.

En 1933, los ejemplares de los libros de Heine estaban entre los muchos que se quemaban en la Opernplatz de Berlín. Para conmemorar el evento, una de las líneas más famosas de la obra de Heine de 1821 Almansor está ahora grabada en el sitio: “Dort, wo man Bücher verbrennt, verbrennt man am Ende auch Menschen.” (“Donde queman libros, al final también quemarán a los seres humanos”). En la obra, se hace referencia a la quema del Corán durante la Inquisición española en un esfuerzo por erradicar a los árabes de la Península Ibérica, que había sido un importante centro de la cultura islámica medieval. Más sobre  ,

De:

Julio Alonso Arevalo. Los libros, la lectura y los lectores a través de la literatura y las artes. Buenos Aires : Alfagrama Ediciones, 2019

Disponible en España en Canoa Libros

 

Algunos funcionarios de las bibliotecas de China están quemando libros que difieren de la ideología del partido comunista

 

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El fin de semana aparecieron en medios sociales informes y fotos de dos mujeres quemando una pila de libros frente a la biblioteca del condado de Zhenyuan en la provincia de Gansu. A principios de octubre, el Ministerio de Educación había ordenado a todas las escuelas primarias y secundarias que “limpiaran con firmeza” sus bibliotecas de material de lectura considerado ilegal, inadecuado o anticuado como parte de los esfuerzos por “crear un entorno sano y seguro para la educación”.

 

 

Según la información aparecida en The Washington Post, los funcionarios de la biblioteca en el noroeste de China esperaban recientemente demostrar su fervor ideológico y lealtad al Partido Comunista al quemar libros y materiales religiosos políticamente incorrectos de manera enfática. Después subieron un informe, y una foto, para mostrar su trabajo. La biblioteca dijo que quería mejorar su función como herramienta de propaganda principal en términos de promover los valores chinos generales. El mensaje, que se publicó originalmente el 22 de octubre, fue posteriormente eliminado. Según el mismo, el propósito de la purga era “educar a la gente” y crear el ambiente apropiado para “estudiar profundamente” el llamado Pensamiento Xi Jinping.

El incidente atrajo la atención de muchos el domingo después de que los usuarios de los medios sociales chinos encontraran un informe en el sitio web de la Sociedad de Bibliotecas de China de una biblioteca del condado de Zhenyuan. La biblioteca declaró que había eliminado “las publicaciones ilegales, las publicaciones religiosas y los papeles y libros desviados, los libros ilustrados y las fotografías” en un esfuerzo por “ejercer plenamente el papel de la biblioteca en la difusión de la ideología dominante”.

El anuncio de la biblioteca decía que el evento contó con la presencia de funcionarios de la Oficina de Educación y Cultura. Incluía una foto de dos empleadas quemando libros a la entrada de la biblioteca, que estaba adornada con una pancarta roja que decía que “proveeremos la educación y el desarrollo integral y estricto del partido”.  En total, la biblioteca destruyó 65 libros.

Durante el último año, China se ha centrado especialmente en la regulación del contenido que ven los jóvenes, desde lo que se puede publicar en línea hasta el tiempo que los menores pueden jugar a los videojuegos. El incidente fue probablemente una respuesta a una nueva directiva del Ministerio de Educación que pide a las bibliotecas escolares que eliminen los materiales de enseñanza, dijeron los analistas. La directiva del Ministerio de Educación ordena la eliminación de libros y otros materiales de lectura que pongan en peligro la seguridad nacional, perjudiquen la estabilidad social o el honor nacional. Los libros que promueven la superstición, las actividades religiosas ilegales o la “perspectiva y los valores globales incorrectos” también deben ser eliminados. Según la directiva, los libros considerados “impropios” para los estudiantes, así como los obsoletos y “sin valor”, deben ser retirados de la circulación y almacenados en un lugar diferente. La orden da a las escuelas hasta finales de marzo del próximo año para que informen sobre sus esfuerzos. Las escuelas deben revelar el nombre del autor, la editorial y la fecha, y los números ISBN de todos los libros que caen bajo estas categorías prohibidas. En las últimas semanas, las autoridades chinas han hablado de la importancia de reforzar su control sobre las aulas tras las protestas prodemocráticas de Hong Kong, que, en opinión de Pekín, son producto del sistema educativo independiente y caprichoso de esta ciudad. El memorándum nacional de octubre pedía la prohibición de materiales que dañaran la unidad y la soberanía nacionales, contradijera la dirección y el camino del Partido Comunista, o propagara la religión, entre otras cosas. El Partido Comunista en el poder controla estrictamente la publicación de libros en la China continental y todo contenido que se considere delicado, en particular el contenido político y religioso, está prohibido.

Pero para muchos chinos, e incluso para algunos de los medios de comunicación más controlados del país, es algo excesivo ver a los funcionarios locales pregonando la quema de libros. La prominente revista Beijing News escribió en un editorial que luego fue censurado: “La forma en que una sociedad trata los libros es una prueba de su actitud hacia el conocimiento y la civilización y nunca debe ser arbitraria y bárbara.El incidente de la quema de libros ha aumentado la alarma en un momento en que los intelectuales chinos ven a su sociedad  inclinarse aún más hacia el autoritarismo. Muchos otros además, recordaron el ejemplo del tiránico emperador Qin Shihuang, que unificó a China hace más de 2.000 años y dirigió el movimiento “quemar los libros y enterrar a los eruditos”  que llevó a que unos 460 eruditos confucianos fueran enterrados vivos por su oposición a las políticas imperiales en el año 212 a. c.

Presentación del libro “Los libros, la lectura y los lectores a través de la literatura y las artes”. Planeta Biblioteca 2019/11/04

 

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Presentación del libro “Los libros, la lectura y los lectores a través de la literatura y las artes”.

Planeta Biblioteca 2019/11/04

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Julio Alonso Arevalo. Los libros, la lectura y los lectores a través de la literatura y las artes. Buenos Aires : Alfagrama Ediciones, 2019

Disponible en España en Canoa Libros

Presentación del libro  “Los libros, la lectura y los lectores a través de la literatura y las artes” publicado por Alfagrama, un libro sobre libros para cualquiera que ama los libros. Es más que un libro, son miles de libros, los que hemos leído, los que nos dejaron un sabor dulce, y a los que una vez terminados les pasamos la mano por la cubierta antes de volver a colocarlos en la estantería como si fuera un acto de amor. Como tantos compañeros de esta profesión, humilde y maravillosa, amamos lo que hacemos, y nos encanta pensar en lo que hacemos, cuando vamos a un sitio, uno de nuestros pasatiempos favoritos es ir a visitar bibliotecas, otro es recoger citas y escritos sobre el libro, la lectura, los lectores y las bibliotecas. Es bien cierto que aquí, en estas dos centenas de páginas, no cabe todo lo que se ha escrito sobre el tema, pero si están las que más profundamente nos han llegado.

En la próxima entrega, -si la editorial Alfagrama tiene a bien- la segunda parte del libro, el dedicado a los bibliotecarios, a los libreros y a los editores-. Un mundo en el que los profesionales del libro nos hemos visto reflejados, a veces más, y casi siempre menos acertadamente, pero es la imagen que proyectamos, a veces en los estereotipos que muy a menudo con cierto humor nosotros mismos reforzamos. Así nos ven, y así lo refleja la literatura. Porque alguien dijo en una ocasión que los libros no son la vida, pero son lo que más se le parece.

 

La guerra es el principal enemigo de las bibliotecas

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“La guerra es el principal enemigo de las bibliotecas. Habitualmente bibliotecas se encuentran en el centro de pueblos y ciudades, así que cuando una poblacion es atacada resultan dañadas. En otras ocasiones sin embargo, las Bibliotecas se convierten en objetivos específicos. En la Segunda Guerra Mundial se destruyeron más libros y bibliotecas que en cualquier otro momento de la humanidad. Sólo los nazis destruyeron unos 100 millones de libros durante los 12 años que estuviera en el poder. La quema de libros fue, como indicó George Orwell, una de las actividades nazis “más características”…

El espectáculo de acabar con los libros les resultó especialmente doloroso a los judíos, a quienes se conocía desde tiempo atrás como “el pueblo del libro”, El judaismo considera sagrados los libros, y el más sagrado de sus textos, la Torá, suele estar vestido con un manto, decorado con joyas, una coraza de plata y una corona. Cuando los libros religiosos pasan a mejor vida, se los entierra y se oficia un funeral. Los judíos creen que los libros son algo más que documentos impresos: creen que tienen algo de humano y también tienen alma. Los autores rabínicos a menudo dejan de utilizar sus nombres propios y piden ser denominados con el título de sus libros. La ironía de la Feuersprüche “El hechizo del fuego” fue que trataron los libros con la misma seriedad que lo hacían los judíos; la necesidad de destruirlos admitía su poder y valor, y reconocía así el firme vinculo que los judíos mantenían con ellos.”

Susan Orlean “La biblioteca en llamas”

Un monumento en memoria de la quema de libros por parte de los nazis en Berlín

 

 

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Monumento a la quema de libros en Bebelplatz

 

La instalación espacial de Micha Ullman en Bebelplatz rememora una biblioteca con estantes vacíos para conmemorar la quema de libros por parte del «Tercer Reich» (en alemán Drittes Reich) es el nombre del período histórico y se utiliza como sinónimo para la Alemania nazi. Una placa de vidrio colocada en los adoquines de la calle, y debajo de ella una sala subterránea iluminada con estanterías vacías.

 

El monumento muestra lo que falta. Subterráneo, casi fuera de la vista, sin libros, estantes blancos vacíos, directamente debajo de la Bebelplatz. Lo que se perdió y se quemó fueron los libros de aquellos a quienes los nazis condenaron al ostracismo y la persecución, que tuvieron que abandonar el país y cuyas historias ya no se podían contar. Simbólicamente, las estanterías subterráneas tienen espacio para unos 20.000 libros, como recuerdo de los 20.000 libros que ardieron en llamas en Bebelplatz el 10 de mayo de 1933. En medio de la plaza, el 10 de mayo de 1933, estudiantes nazis quemaron las obras de cientos de autores independientes, periodistas, filósofos y académicos. El artista israelí Micha Ullman diseñó el monumento conmemorativo de la biblioteca, que fue inaugurado el 20 de marzo de 1995.

Dos placas de bronce también colocadas en el suelo contienen información y una inscripción con la advertencia:

“Eso no fue más que un preludio;
donde queman libros,
en última instancia, también quemarán a la gente.”

Heinrich Heine 1820

 

Los libros fueron escogidos de acuerdo a listas negras hechas por el bibliotecario Wolfgang Herrmann, que posteriormente se utilizaron para saquear estanterías privadas, bibliotecas públicas y colecciones académicas. Antes de que se quemaran los libros, los organizadores enviaron lo que llamaron sus “Doce tesis”, que debían leerse en las quema de libros de cada ciudad. Con las palabras:

“Contra la decadencia y la decadencia moral! Por la disciplina y la decencia en la familia y la nación! Entrego a las llamas los escritos de Heinrich Mann, Ernst Glaeser y Erich Kästner”,

La novela “Fabian” de Kästner fue lanzada al fuego.A demás de Kästner, los autores de la lista negra incluían a Sigmund Freud, Karl Marx, Heinrich y Klaus Mann, Rosa Luxemburg, August Bebel, Bertha von Suttner y Stefan Zweig. Muchos de los escritores vilipendiados y perseguidos ya habían abandonado Alemania y se habían exiliado.

Erich Kästner observaba sin ser reconocido mientras su libro “Fabian” era consumido por las llamas. Más tarde describió este día oscuro con la palabra “Begräbniswetter” (tiempo fúnebre). Llovió tan fuerte que las llamas se apagaron y los bomberos tuvieron que echar gasolina sobre el fuego para que ardiera correctamente.

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